• «Hikaru... B-besó mi mano... Mi...*pof*»sus pensamientos explotaron por el calor entero que envolvió su rostro en un instante.
    «Hikaru... B-besó mi mano... Mi...*pof*»sus pensamientos explotaron por el calor entero que envolvió su rostro en un instante.
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  • '╭❥ Cuando estás cansado para querer dormir, pero los pensamientos de tu cabeza no se apagan.
    '╭❥ Cuando estás cansado para querer dormir, pero los pensamientos de tu cabeza no se apagan.
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  • *Tras haber Sido revivido por su maestro el le dió libertad de caminar entre los humanos nuevamente entro a una cafetería para poder ordenar sus pensamientos Pero a la vez extrañaba ver lo que sus ojos antes veía rutinario ahora cada detalle como el cielo azul la vegetación los aromas las risas de la gente pasar le hacían dar cabida que había vuelto *
    *Tras haber Sido revivido por su maestro el le dió libertad de caminar entre los humanos nuevamente entro a una cafetería para poder ordenar sus pensamientos Pero a la vez extrañaba ver lo que sus ojos antes veía rutinario ahora cada detalle como el cielo azul la vegetación los aromas las risas de la gente pasar le hacían dar cabida que había vuelto *
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  • '╭❥ Para algunos tener los sentimientos a flor de piel y expresarlos es un error, para mi es una cualidad que no cualquiera posee. Es fácil ocultar las emociones y los pensamientos, lo verdaderamente difícil es expresarse con la posibilidad de ser juzgado y aún así elegir hacerlo.
    '╭❥ Para algunos tener los sentimientos a flor de piel y expresarlos es un error, para mi es una cualidad que no cualquiera posee. Es fácil ocultar las emociones y los pensamientos, lo verdaderamente difícil es expresarse con la posibilidad de ser juzgado y aún así elegir hacerlo.
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  • La venganza es tan seductora y celosa. No deja que mis pensamientos los ocupe otro persona o sentimiento.
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  • Eclipse Conjurado

    Fondo Musical:

    https://www.youtube.com/watch?v=H0vMGJXtTLc

    Emblemático, supremo, tan dadivoso que hasta las golondrinas podían sentirlo relucir de entre todos los entramados. Se mueve como una oruga, ondulante y de presteza acérrima; quién sino como en el cómo equilibrar la grandeza de su ensoñación. Eleva la crucialita de la aurora boreal de su rostro. Las gotas de sus cuencas, de vestimenta de bruna osadía, hieden a incienso y candores incorruptos. La rueda del tiempo cabalga sobre su pelvis, corrompida por los laureles que arropan la estructura de su corporeidad.

    Esa tan ajena a lo casual de las bestias y estrellas, sangre y altares que forman los aromas de su cuerpo.

    Se persigna, se persigna, se persigna. Sus treinta y tres extremidades hacen el amor con la anatomía de esa nieve lluvia, garganta, espalda, mano y sien que son sometidas a la tortura de sus ecos nacientes. Cercenadas sus primeras almas decaen en el pozo del purgatorio, como una cascada sobre el embrollo de sus versales, de tan crecientes crisálidas indistintas de parir a la villanía de sus pensamientos: venideros de su imaginación.

    Ondula, rasga, acalla su mudez. Muge, ladra, bala y su voz no perfora la pared de hierro, porque los cordeles del eclipse que lo ha reclamado como suyo, cala por sus huesos. Los clavos de la esclavitud con la que lo han condenado enciende la llamada de a los más santos soñadores.

    Frialdad inevitable, gala presea que degüella la profundidad de sus espejismos.

    Trocean los más inmolados la veintena de sus dedos; quedan otras docenas más por las que repartir entre las crías que escudan sus amainadas promesas. Crecen sus alabeos de desideratas. Decrecen sus solfeos de liras labradas con huesos de sus costillas.

    Dignifican el conjuro sobre el mural del teatro en el que representa la buena obra por la que ha arribado al equilibrio de ese planeta corrompido por sendos exterminios. Es un príncipe o una princesa, no se sabe cuál, a la espera de su propio yo. Corrompida su doblegues de premura acaudala; los primeros ritos, segundos compases, terceros valses provocan el emerger del coseno de su madre en el centro de las entrañas del mismísimo regente amanecido.

    Zinc, trigo, trigal, opio y hierro. Incierto. Cava profundo el pozo de su ausencia de rebeldía perenne. Zinc, trigo, trigal, opio y hierro. Incierto. Cava profundo el pozo de su ausencia de rebeldía perenne. Zinc, trigo, trigal, opio y hierro. Incierto. Cava profundo el pozo de su ausencia de rebeldía perenne. Zinc, trigo, trigal, opio y hierro. Incierto. Cava profundo el pozo de su ausencia de rebeldía perenne. Zinc, trigo, trigal, opio y hierro. Incierto. Cava profundo el pozo de su ausencia de rebeldía perenne.

    Equilibrio del conjurado que sostiene el machete sobre la bilis que ensucia sus labiales y el tronco de su garganta. Muge, ladra y bala con la espesura de un rosal, al instante en que encalla en las orillas. Le reciben con la locura anunciada a sus abismos de emancipación. Con canela desdobla los puntos de la playa. Crea y ejecuta empinadas obras maestras.

    Chocan y vibran, vibran y chocan en el terrario donde las mariposas son depuestas en frascos que encierran a sus deseos. Su garganta es cercenada y el manantial decae de entre el clamor de la comedia, que se luce en su ser con inevitables capacidades de ser riego de mantos y otros conjuros, que en la aldea se pueden sopesar como una buena nueva para los más propensos a ser nacimiento de esperanza.

    Gracia de lunares, en Fa sostenida. Equilibrio de pastizales sobre el puente de mis mejillas. Tersura de rostros, soy un príncipe de sueños. Un Ángel clandestino en tiempo de obsidianas. Maltrecho de corazón, ruego por nosotros en este orfanatorio de poetas muertos. Quien a la causa ennoblece sus extremidades, las junta con un entramado de prismas.

    Un sollozo de espinas renace de entre sus piernas. Muge, ladra y bala y la música sostiene el terror de su mente, la que te imagina con tu manzana dorada en el contraes del arrullo de tus labios. Arrullas a los gritos de otros prisioneros que se decapitan a sí mismos, con malsana y crudezas agallas.

    El eclipse que anuncia la prontitud de la mortandad, es una vez y sólo una vez, de amalgamas de otros tantos afluentes de libertad. De santos aparecidos. De santos cercenados. De otros tantos que se dan las manos en amaestra hambruna y que hacen el amor para romper la maldición de valles de crisantemos y cardenales de plata.
    Eclipse Conjurado Fondo Musical: https://www.youtube.com/watch?v=H0vMGJXtTLc Emblemático, supremo, tan dadivoso que hasta las golondrinas podían sentirlo relucir de entre todos los entramados. Se mueve como una oruga, ondulante y de presteza acérrima; quién sino como en el cómo equilibrar la grandeza de su ensoñación. Eleva la crucialita de la aurora boreal de su rostro. Las gotas de sus cuencas, de vestimenta de bruna osadía, hieden a incienso y candores incorruptos. La rueda del tiempo cabalga sobre su pelvis, corrompida por los laureles que arropan la estructura de su corporeidad. Esa tan ajena a lo casual de las bestias y estrellas, sangre y altares que forman los aromas de su cuerpo. Se persigna, se persigna, se persigna. Sus treinta y tres extremidades hacen el amor con la anatomía de esa nieve lluvia, garganta, espalda, mano y sien que son sometidas a la tortura de sus ecos nacientes. Cercenadas sus primeras almas decaen en el pozo del purgatorio, como una cascada sobre el embrollo de sus versales, de tan crecientes crisálidas indistintas de parir a la villanía de sus pensamientos: venideros de su imaginación. Ondula, rasga, acalla su mudez. Muge, ladra, bala y su voz no perfora la pared de hierro, porque los cordeles del eclipse que lo ha reclamado como suyo, cala por sus huesos. Los clavos de la esclavitud con la que lo han condenado enciende la llamada de a los más santos soñadores. Frialdad inevitable, gala presea que degüella la profundidad de sus espejismos. Trocean los más inmolados la veintena de sus dedos; quedan otras docenas más por las que repartir entre las crías que escudan sus amainadas promesas. Crecen sus alabeos de desideratas. Decrecen sus solfeos de liras labradas con huesos de sus costillas. Dignifican el conjuro sobre el mural del teatro en el que representa la buena obra por la que ha arribado al equilibrio de ese planeta corrompido por sendos exterminios. Es un príncipe o una princesa, no se sabe cuál, a la espera de su propio yo. Corrompida su doblegues de premura acaudala; los primeros ritos, segundos compases, terceros valses provocan el emerger del coseno de su madre en el centro de las entrañas del mismísimo regente amanecido. Zinc, trigo, trigal, opio y hierro. Incierto. Cava profundo el pozo de su ausencia de rebeldía perenne. Zinc, trigo, trigal, opio y hierro. Incierto. Cava profundo el pozo de su ausencia de rebeldía perenne. Zinc, trigo, trigal, opio y hierro. Incierto. Cava profundo el pozo de su ausencia de rebeldía perenne. Zinc, trigo, trigal, opio y hierro. Incierto. Cava profundo el pozo de su ausencia de rebeldía perenne. Zinc, trigo, trigal, opio y hierro. Incierto. Cava profundo el pozo de su ausencia de rebeldía perenne. Equilibrio del conjurado que sostiene el machete sobre la bilis que ensucia sus labiales y el tronco de su garganta. Muge, ladra y bala con la espesura de un rosal, al instante en que encalla en las orillas. Le reciben con la locura anunciada a sus abismos de emancipación. Con canela desdobla los puntos de la playa. Crea y ejecuta empinadas obras maestras. Chocan y vibran, vibran y chocan en el terrario donde las mariposas son depuestas en frascos que encierran a sus deseos. Su garganta es cercenada y el manantial decae de entre el clamor de la comedia, que se luce en su ser con inevitables capacidades de ser riego de mantos y otros conjuros, que en la aldea se pueden sopesar como una buena nueva para los más propensos a ser nacimiento de esperanza. Gracia de lunares, en Fa sostenida. Equilibrio de pastizales sobre el puente de mis mejillas. Tersura de rostros, soy un príncipe de sueños. Un Ángel clandestino en tiempo de obsidianas. Maltrecho de corazón, ruego por nosotros en este orfanatorio de poetas muertos. Quien a la causa ennoblece sus extremidades, las junta con un entramado de prismas. Un sollozo de espinas renace de entre sus piernas. Muge, ladra y bala y la música sostiene el terror de su mente, la que te imagina con tu manzana dorada en el contraes del arrullo de tus labios. Arrullas a los gritos de otros prisioneros que se decapitan a sí mismos, con malsana y crudezas agallas. El eclipse que anuncia la prontitud de la mortandad, es una vez y sólo una vez, de amalgamas de otros tantos afluentes de libertad. De santos aparecidos. De santos cercenados. De otros tantos que se dan las manos en amaestra hambruna y que hacen el amor para romper la maldición de valles de crisantemos y cardenales de plata.
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  • Apoyaba su mentón sobre su mano. Estaba perdida en sus pensamientos, no podía concentrase en su alrededor.

    Sentía su corazón preocupado, había hecho enojar al hombre que le gustaba, pero, ahora no sabía cómo arreglarlo.

    —Es la primera vez que me enamoro.
    Apoyaba su mentón sobre su mano. Estaba perdida en sus pensamientos, no podía concentrase en su alrededor. Sentía su corazón preocupado, había hecho enojar al hombre que le gustaba, pero, ahora no sabía cómo arreglarlo. —Es la primera vez que me enamoro.
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  • Aprovecho ese momento.
    Lo aprovecho como no tienes una idea.
    Porque a mi experiencia los detalles no duran, las cosas cambian, quizá evolucionan, pero no duran.
    Sé mis fallos, sé mis pensamientos, a veces veo el futuro, a veces es cierto que es muy incierto.
    Pero aprovecho ese momento, en el cual posiblemente no vuelvan, en el cual sé que no siempre duran, porque soy conciente que así como empiezan... También terminan.

    Aprovecho ese momento. Lo aprovecho como no tienes una idea. Porque a mi experiencia los detalles no duran, las cosas cambian, quizá evolucionan, pero no duran. Sé mis fallos, sé mis pensamientos, a veces veo el futuro, a veces es cierto que es muy incierto. Pero aprovecho ese momento, en el cual posiblemente no vuelvan, en el cual sé que no siempre duran, porque soy conciente que así como empiezan... También terminan.
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  • Solo la fría noche me acompaña, mis pensamientos invaden mi mente y mis huesos. El miedo me carcome por dentro mientras la espera me aniquila completamente.
    Solo la fría noche me acompaña, mis pensamientos invaden mi mente y mis huesos. El miedo me carcome por dentro mientras la espera me aniquila completamente.
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  • Robin se encontraba nuevamente en su habitación, con los brazos cruzados, mirando pensativa por la ventana. La luz de las estrellas caía suavemente sobre la mesa frente a ella, pero sus pensamientos no dejaban de girar en torno a Songster. La percepción que tenía de él, siempre tan serio y contenido, la hacía cuestionarse una y otra vez si su manera de ser, tan abierta y expresiva, estaba generando una presión innecesaria sobre él.

    Sabía que él sentía algo por ella. Podía verlo en los momentos fugaces en los que sus ojos se suavizaban cuando se cruzaban, en los gestos imperceptibles que hacía para protegerla, en la forma en que su atención nunca flaqueaba a pesar de su silencio. Pero cada vez que su propia expresión de afecto se hacía evidente—un toque en su brazo, una sonrisa que esperaba que llegara al fondo de su alma—ella no podía evitar preguntarse si realmente estaba haciendo lo correcto.

    ¿Estaba él sintiendo lo mismo, o le estaba presionando a corresponderle de una forma que no quería o no podía? Robin, siempre tan abierta y efusiva, a veces se preguntaba si su constante necesidad de cercanía lo incomodaba. ¿Se sentía él atrapado en su mar de emociones, incapaz de encontrar una salida sin herirla? A veces pensaba que quizás su falta de expresión, su aparente indiferencia, no era más que una barrera de protección, una forma de evitar que ella se acercara demasiado y lo desbordara con su cariño.

    La duda se anidaba en su corazón, inquietante. Robin quería que él supiera lo mucho que significaba para ella, pero ¿y si, en su intento de demostrarlo, lo estaba alejando más? No podía evitar sentirse insegura en esos momentos, temerosa de que su deseo de conexión, tan evidente y sincero, estuviera creando una distancia entre ellos en lugar de acercarlos.
    Robin se encontraba nuevamente en su habitación, con los brazos cruzados, mirando pensativa por la ventana. La luz de las estrellas caía suavemente sobre la mesa frente a ella, pero sus pensamientos no dejaban de girar en torno a Songster. La percepción que tenía de él, siempre tan serio y contenido, la hacía cuestionarse una y otra vez si su manera de ser, tan abierta y expresiva, estaba generando una presión innecesaria sobre él. Sabía que él sentía algo por ella. Podía verlo en los momentos fugaces en los que sus ojos se suavizaban cuando se cruzaban, en los gestos imperceptibles que hacía para protegerla, en la forma en que su atención nunca flaqueaba a pesar de su silencio. Pero cada vez que su propia expresión de afecto se hacía evidente—un toque en su brazo, una sonrisa que esperaba que llegara al fondo de su alma—ella no podía evitar preguntarse si realmente estaba haciendo lo correcto. ¿Estaba él sintiendo lo mismo, o le estaba presionando a corresponderle de una forma que no quería o no podía? Robin, siempre tan abierta y efusiva, a veces se preguntaba si su constante necesidad de cercanía lo incomodaba. ¿Se sentía él atrapado en su mar de emociones, incapaz de encontrar una salida sin herirla? A veces pensaba que quizás su falta de expresión, su aparente indiferencia, no era más que una barrera de protección, una forma de evitar que ella se acercara demasiado y lo desbordara con su cariño. La duda se anidaba en su corazón, inquietante. Robin quería que él supiera lo mucho que significaba para ella, pero ¿y si, en su intento de demostrarlo, lo estaba alejando más? No podía evitar sentirse insegura en esos momentos, temerosa de que su deseo de conexión, tan evidente y sincero, estuviera creando una distancia entre ellos en lugar de acercarlos.
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