• Sentada en aquella rama, la noche ya había caído, solo espera las ordenes del avistamiento de un demonio para ponerse en accion, mientras tanto.

    Ume contempla la luna llena, imaginado de como seria ya el mundo, una vez que muzan sea derrotado.

    Esos pensamientos son los que le dan fuerzas para seguir cada batalla, pues desea ya un mundo de paz.
    Sentada en aquella rama, la noche ya había caído, solo espera las ordenes del avistamiento de un demonio para ponerse en accion, mientras tanto. Ume contempla la luna llena, imaginado de como seria ya el mundo, una vez que muzan sea derrotado. Esos pensamientos son los que le dan fuerzas para seguir cada batalla, pues desea ya un mundo de paz.
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  • En mis pensamientos sigues pero debo seguir con mi deber como trazacaminos, anónima de expreso Astral, es importante ayudar y crear vínculos qué nos ayuden a futuro...

    Solo recueda donde sea que estés, estas palabras son solo para ti.

    "No tienes la culpa de nada, un amor construido en expectativas ajenas, es tan frágil como un copo de nieve, quien te ame te aceptará con tus defectos y virtudes, no te pedirá cambiar para encajar en su ideal, el amor es libertar, no ataduras, el amor es respetar la esencia misma de la persona amada, no obligarle a cambiar, el amor es construir, complementar..

    Porque pese a la distancia, el amor de la persona que realmente te ama, estará a tu lado, respetando tu libertad y tu esencia misma sin pedirte cambiar... "

    *Sonríe con melancolía tocado el cristal de la ventana*

    Además ya eres perfecto y valioso tal y como eres, respeto esa forma tuya de ser, junto a todo lo que te hace ser tu mismo, para mi eres una persona de lo mas maravillosa y especial....
    En mis pensamientos sigues pero debo seguir con mi deber como trazacaminos, anónima de expreso Astral, es importante ayudar y crear vínculos qué nos ayuden a futuro... Solo recueda donde sea que estés, estas palabras son solo para ti. "No tienes la culpa de nada, un amor construido en expectativas ajenas, es tan frágil como un copo de nieve, quien te ame te aceptará con tus defectos y virtudes, no te pedirá cambiar para encajar en su ideal, el amor es libertar, no ataduras, el amor es respetar la esencia misma de la persona amada, no obligarle a cambiar, el amor es construir, complementar.. Porque pese a la distancia, el amor de la persona que realmente te ama, estará a tu lado, respetando tu libertad y tu esencia misma sin pedirte cambiar... " *Sonríe con melancolía tocado el cristal de la ventana* Además ya eres perfecto y valioso tal y como eres, respeto esa forma tuya de ser, junto a todo lo que te hace ser tu mismo, para mi eres una persona de lo mas maravillosa y especial....
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  • Era una noche bastante bonita, pese a la ligera neblina y la escasa nubosidad, la luna se podía ver en todo su esplendor, era una noche que el realmente no podía ignorar, sobre todo porque ese clima le era nostálgico. El último día que tuvo de libertad absoluta, la noche del lugar donde se encontraba la biblioteca de los Dioses Arquetípicos, era todo tan similar, que podría pensar que volvió en el tiempo, el único detalle que lo mantenía centrado de que eso no había pasado, era que al observar su mano, podía ver la transparencia que su cuerpo poseía, como por mas que este usara energía para manifestarse, no podía realmente estar ahí, esa realización era en cierta medida deprimente, pero el peso de esas emociones era aun mayor cuando recordaba esa maldición, esa macabra e innecesaria maldición que sus captores le pusieron, la locura que causaba el mero hecho de estar en presencia de él, una locura que por mas que intentara reducir los efectos, no lo lograba del todo, causando que la gente tuviera rechazo hacia su ser, lo único que podía contener ese remanente de poder eran los cadáveres.

    Ya en cierta medida estaba harto de usar cadáveres para poder moverse en la tierra, aunque los tiempos cambiaban, los cadáveres seguirían descomponiéndose, causando un aroma desagradable y delator, las pieles que poco a poco se caían al roce con cualquier objeto, la sangre podrida como un aceite espeso y negro, el hecho de que ante el más mínimo impacto las partes de los cadáveres se cayeran sin posibilidad de arreglarlos. Era obligatorio para él rotar de cuerpos todo el tiempo, esperar que no lo destrozaran antes de salir de este, cosa de poder continuar su rumbo.

    El hecho de también depender de una persona para poder manifestarse era otra de las espinas que le molestaba, como si esa persona moría, era inmediatamente regresado a Carcosa, aunque no tenia nada contra su reino, se había vuelto aburrido, siempre que llegaba una nueva alma ahí, Hastur los recibía con mucha emoción, puesto a que un nuevo ocupante significaba nuevo conocimiento y punto de vista.

    Él sabía que no era como los otros Dioses Primigenios, si bien fue concebido por Yog-Sothoth, el carecía de poder, a diferencia de su progenitor y hermanos, esa era la razón por los que los Dioses Arquetípicos lo habían escogido como guardián de la biblioteca de ellos, pero en momentos así, no era fácil controlar la pregunta que le plago por mucho tiempo después de que fuese encerrado, ¿A caso su existencia era un error? ¿Por qué de todos los Dioses Primigenios, él no había nacido con un poder que le permitiera hacer lo que quisiera? Todo su poder se lo debía a sí mismo, todo el tiempo que paso leyendo en la librería de los Dioses Arquetípicos, como él se enseñaba magia, como aprendió a manipular la alquimia, todo el conocimiento que poseía pensó que eso le seria suficiente, pero había un vacío que no podía explicar, un vacío que se acrecentó conforme pasaba su penitencia en Carcosa.

    En ese momento un cuervo grazno, sacándolo de sus pensamientos, odiaba las noches así, esos pensamientos, o ¿Realmente las odiaba por eso? ¿O era otra cosa lo que le hacia odiar estas noches? No importaba cuanto conocimiento poseyera, cuantos libros leyera, esa respuesta nunca llegaba.

    —¿Qué diría “él” si me viera en estos momentos? —

    Había venido con la intención de robar un cuerpo, pero ahora no tenia ganas de eso, por lo que se sentó en una de las bancas que había por ahí, viendo la luna, aunque no tuviera rostro, se podía sentir la melancolía, como si unos ojos invisibles delataran lo que pensaba.
    Era una noche bastante bonita, pese a la ligera neblina y la escasa nubosidad, la luna se podía ver en todo su esplendor, era una noche que el realmente no podía ignorar, sobre todo porque ese clima le era nostálgico. El último día que tuvo de libertad absoluta, la noche del lugar donde se encontraba la biblioteca de los Dioses Arquetípicos, era todo tan similar, que podría pensar que volvió en el tiempo, el único detalle que lo mantenía centrado de que eso no había pasado, era que al observar su mano, podía ver la transparencia que su cuerpo poseía, como por mas que este usara energía para manifestarse, no podía realmente estar ahí, esa realización era en cierta medida deprimente, pero el peso de esas emociones era aun mayor cuando recordaba esa maldición, esa macabra e innecesaria maldición que sus captores le pusieron, la locura que causaba el mero hecho de estar en presencia de él, una locura que por mas que intentara reducir los efectos, no lo lograba del todo, causando que la gente tuviera rechazo hacia su ser, lo único que podía contener ese remanente de poder eran los cadáveres. Ya en cierta medida estaba harto de usar cadáveres para poder moverse en la tierra, aunque los tiempos cambiaban, los cadáveres seguirían descomponiéndose, causando un aroma desagradable y delator, las pieles que poco a poco se caían al roce con cualquier objeto, la sangre podrida como un aceite espeso y negro, el hecho de que ante el más mínimo impacto las partes de los cadáveres se cayeran sin posibilidad de arreglarlos. Era obligatorio para él rotar de cuerpos todo el tiempo, esperar que no lo destrozaran antes de salir de este, cosa de poder continuar su rumbo. El hecho de también depender de una persona para poder manifestarse era otra de las espinas que le molestaba, como si esa persona moría, era inmediatamente regresado a Carcosa, aunque no tenia nada contra su reino, se había vuelto aburrido, siempre que llegaba una nueva alma ahí, Hastur los recibía con mucha emoción, puesto a que un nuevo ocupante significaba nuevo conocimiento y punto de vista. Él sabía que no era como los otros Dioses Primigenios, si bien fue concebido por Yog-Sothoth, el carecía de poder, a diferencia de su progenitor y hermanos, esa era la razón por los que los Dioses Arquetípicos lo habían escogido como guardián de la biblioteca de ellos, pero en momentos así, no era fácil controlar la pregunta que le plago por mucho tiempo después de que fuese encerrado, ¿A caso su existencia era un error? ¿Por qué de todos los Dioses Primigenios, él no había nacido con un poder que le permitiera hacer lo que quisiera? Todo su poder se lo debía a sí mismo, todo el tiempo que paso leyendo en la librería de los Dioses Arquetípicos, como él se enseñaba magia, como aprendió a manipular la alquimia, todo el conocimiento que poseía pensó que eso le seria suficiente, pero había un vacío que no podía explicar, un vacío que se acrecentó conforme pasaba su penitencia en Carcosa. En ese momento un cuervo grazno, sacándolo de sus pensamientos, odiaba las noches así, esos pensamientos, o ¿Realmente las odiaba por eso? ¿O era otra cosa lo que le hacia odiar estas noches? No importaba cuanto conocimiento poseyera, cuantos libros leyera, esa respuesta nunca llegaba. —¿Qué diría “él” si me viera en estos momentos? — Había venido con la intención de robar un cuerpo, pero ahora no tenia ganas de eso, por lo que se sentó en una de las bancas que había por ahí, viendo la luna, aunque no tuviera rostro, se podía sentir la melancolía, como si unos ojos invisibles delataran lo que pensaba.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    ****Edad del Caos.****
    "Encuentro inesperado"

    La guerra había cambiado, eso era algo que incluso los Ogros y Kijins podían sentir. Durante semanas enteras no hubo ataques importantes,
    ni tampoco ejércitos Elunai usando a otras razas para combatir. Los templos no movilizaban inquisidores, ni siquiera monstruos alterados por los Dioses.

    Los Kijins celebraban aquello como una victoria en las fortalezas improvisadas y ciudades conquistadas corría el alcohol. Los guerreros reían, algunos incluso comenzaban a hablar de un posible final para la guerra.

    -¡Los Dioses finalmente se escondieron!
    -¡Temen al gran Ozma!
    -¡La princesa del Caos los hizo retroceder!

    Los soldados gritaban entre risas mientras golpeaban las mesas, pero Ozma no compartía aquella tranquilidad, desde lo alto del Castillo de la Ruina, observaba el horizonte en silencio, sus ojos rojos permanecían fijos en el cielo mientras pensaba y analizaba, porque algo no encajaba. Los seres alados, aquellos dos guerreros no habían vuelto a aparecer y eso era precisamente lo que le preocupaba.

    -Si poseen armas así… ¿por qué no las usan? -Murmuraba.

    Aquellas criaturas no eran simples soldados, habían logrado enfrentarlo directamente e incluso obligarlo a esforzarse. No tenía sentido que los Dioses escondieran un poder semejante.

    A menos que… Estuvieran preparando algo más. Ozma cerró lentamente los ojos, por primera vez en mucho tiempo sintió una sensación incómoda, no era miedo, era incertidumbre y eso era peor.

    Muy lejos del castillo, completamente ajenas a aquellos pensamientos, Yen y Onix aprovechaban las semanas de calma. El pequeño pueblo fronterizo estaba lleno de vida, mercaderes recorrían las calles, niños corrían entre puestos de comida, la música sonaba suavemente desde una taberna cercana.

    Yen observaba todo con cierta tranquilidad, aquellos lugares eran precisamente la razón por la que había peleado durante tantos años.

    -Es raro ver gente sonriendo- *Comentó Onix mientras mordía una fruta.*

    *Yen soltó una pequeña risa.* -Supongo que eso significa que no lo hemos hecho tan mal.

    La gente del pueblo las reconocía, algunos saludaban a Yen con respeto, otros incluso inclinaban ligeramente la cabeza.

    No la llamaban monstruo, aquí no. Aquí todavía la recordaban como una libertadora pero entonces se escucharon gritos emocionados desde la entrada principal del pueblo. Una caravana dañada acababa de llegar, los mercaderes estaban heridos, las ruedas de algunos carruajes estaban destruidas y delante de ellos caminaban dos jóvenes aventureros.

    Un chico rubio con espada y una joven de capa azul. La gente comenzó a reunirse rápidamente.

    -Son ellos!
    -¡Los héroes!
    -¡Salvaron la caravana!
    -¡Derrotaron a los monstruos del bosque!

    Los aldeanos los rodearon llenos de admiración y entonces los dos héroes vieron a Yen. El aire se congeló, sus sonrisas desaparecieron apenas un instante porque reconocieron inmediatamente a la joven de piel verde; La hija del Monstruo.

    La guerrera que había luchado junto a Ozma contra ellos. Por puro instinto, ambos estuvieron a punto de retroceder. El héroe incluso tensó ligeramente la mano cerca de su espada.

    -¿Qué hace ella aquí…? *Pensó.

    La heroína sintió sudor frío recorrerle la espalda, si los descubría todo terminaría ahí mismo, pero antes de que pudieran reaccionar, Onix caminó hacia ellos con total naturalidad.

    -¿Ustedes son los aventureros del pueblo vecino?- *Preguntó con curiosidad.

    *Los dos quedaron inmóviles, Onix inclinó un poco la cabeza.* -Escuchamos rumores sobre ustedes cuando veníamos hacia acá. Dijeron que salvaron varias caravanas.

    Los héroes intercambiaron miradas, dudaron por unos instantes, pero negar aquello ahora sería sospechoso.

    -S-Sí…- *Respondió finalmente el chico rubio.*
    -Solo hicimos lo que cualquiera haría.

    Entonces Yen se acercó y ambos sintieron una presión terrible recorrer sus cuerpos, instintivamente prepararon mana dentro de sus cuerpos, esperando ser descubiertos pero Yen simplemente sonrió levemente.

    -Escuché que ayudaron a mucha gente. Eso fue admirable.- *Comento Yen de forma casual.

    Hubo un momento de silencio, los héroes no entendían, la miraron fijamente esperando alguna reacción, alguna señal pero no había nada, ningún reconocimiento ni hostilidad, nada

    Entonces comprendieron algo aterrador, ella no podía sentirlos, la heroína abrió ligeramente los ojos. Durante la batalla, Yen había percibido inmediatamente la energía divina pero ahora no reaccionaba en absoluto. El héroe relajó lentamente los hombros.

    Mientras tanto, Yen seguía observándolos con curiosidad genuina.

    -Así que ustedes son los nuevos héroes de los que todos hablan…- *La pareja sonrió con cierta tensión y por primera vez desde que comenzó aquella misión comprendieron que podían acercarse a la hija del Monstruo sin ser descubiertos.
    ****Edad del Caos.**** "Encuentro inesperado" La guerra había cambiado, eso era algo que incluso los Ogros y Kijins podían sentir. Durante semanas enteras no hubo ataques importantes, ni tampoco ejércitos Elunai usando a otras razas para combatir. Los templos no movilizaban inquisidores, ni siquiera monstruos alterados por los Dioses. Los Kijins celebraban aquello como una victoria en las fortalezas improvisadas y ciudades conquistadas corría el alcohol. Los guerreros reían, algunos incluso comenzaban a hablar de un posible final para la guerra. -¡Los Dioses finalmente se escondieron! -¡Temen al gran Ozma! -¡La princesa del Caos los hizo retroceder! Los soldados gritaban entre risas mientras golpeaban las mesas, pero Ozma no compartía aquella tranquilidad, desde lo alto del Castillo de la Ruina, observaba el horizonte en silencio, sus ojos rojos permanecían fijos en el cielo mientras pensaba y analizaba, porque algo no encajaba. Los seres alados, aquellos dos guerreros no habían vuelto a aparecer y eso era precisamente lo que le preocupaba. -Si poseen armas así… ¿por qué no las usan? -Murmuraba. Aquellas criaturas no eran simples soldados, habían logrado enfrentarlo directamente e incluso obligarlo a esforzarse. No tenía sentido que los Dioses escondieran un poder semejante. A menos que… Estuvieran preparando algo más. Ozma cerró lentamente los ojos, por primera vez en mucho tiempo sintió una sensación incómoda, no era miedo, era incertidumbre y eso era peor. Muy lejos del castillo, completamente ajenas a aquellos pensamientos, Yen y Onix aprovechaban las semanas de calma. El pequeño pueblo fronterizo estaba lleno de vida, mercaderes recorrían las calles, niños corrían entre puestos de comida, la música sonaba suavemente desde una taberna cercana. Yen observaba todo con cierta tranquilidad, aquellos lugares eran precisamente la razón por la que había peleado durante tantos años. -Es raro ver gente sonriendo- *Comentó Onix mientras mordía una fruta.* *Yen soltó una pequeña risa.* -Supongo que eso significa que no lo hemos hecho tan mal. La gente del pueblo las reconocía, algunos saludaban a Yen con respeto, otros incluso inclinaban ligeramente la cabeza. No la llamaban monstruo, aquí no. Aquí todavía la recordaban como una libertadora pero entonces se escucharon gritos emocionados desde la entrada principal del pueblo. Una caravana dañada acababa de llegar, los mercaderes estaban heridos, las ruedas de algunos carruajes estaban destruidas y delante de ellos caminaban dos jóvenes aventureros. Un chico rubio con espada y una joven de capa azul. La gente comenzó a reunirse rápidamente. -Son ellos! -¡Los héroes! -¡Salvaron la caravana! -¡Derrotaron a los monstruos del bosque! Los aldeanos los rodearon llenos de admiración y entonces los dos héroes vieron a Yen. El aire se congeló, sus sonrisas desaparecieron apenas un instante porque reconocieron inmediatamente a la joven de piel verde; La hija del Monstruo. La guerrera que había luchado junto a Ozma contra ellos. Por puro instinto, ambos estuvieron a punto de retroceder. El héroe incluso tensó ligeramente la mano cerca de su espada. -¿Qué hace ella aquí…? *Pensó. La heroína sintió sudor frío recorrerle la espalda, si los descubría todo terminaría ahí mismo, pero antes de que pudieran reaccionar, Onix caminó hacia ellos con total naturalidad. -¿Ustedes son los aventureros del pueblo vecino?- *Preguntó con curiosidad. *Los dos quedaron inmóviles, Onix inclinó un poco la cabeza.* -Escuchamos rumores sobre ustedes cuando veníamos hacia acá. Dijeron que salvaron varias caravanas. Los héroes intercambiaron miradas, dudaron por unos instantes, pero negar aquello ahora sería sospechoso. -S-Sí…- *Respondió finalmente el chico rubio.* -Solo hicimos lo que cualquiera haría. Entonces Yen se acercó y ambos sintieron una presión terrible recorrer sus cuerpos, instintivamente prepararon mana dentro de sus cuerpos, esperando ser descubiertos pero Yen simplemente sonrió levemente. -Escuché que ayudaron a mucha gente. Eso fue admirable.- *Comento Yen de forma casual. Hubo un momento de silencio, los héroes no entendían, la miraron fijamente esperando alguna reacción, alguna señal pero no había nada, ningún reconocimiento ni hostilidad, nada Entonces comprendieron algo aterrador, ella no podía sentirlos, la heroína abrió ligeramente los ojos. Durante la batalla, Yen había percibido inmediatamente la energía divina pero ahora no reaccionaba en absoluto. El héroe relajó lentamente los hombros. Mientras tanto, Yen seguía observándolos con curiosidad genuina. -Así que ustedes son los nuevos héroes de los que todos hablan…- *La pareja sonrió con cierta tensión y por primera vez desde que comenzó aquella misión comprendieron que podían acercarse a la hija del Monstruo sin ser descubiertos.
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  • ×despues de haber desayunado en el departamento revisaría la heladera para ver qué estaba medio vacía así que tome lo necesario para salir y dirigirme a la tienda más cercana, una vez ahí tomé un carrito de comprar y me puse a revisar todo•

    Gracias al trabajo en el club puedo hacer compras grandes y todo gracias a la señorita Seryn, ahora que lo pienso hoy debo ir al club nocturno a verla porque al parecer tendremos una reunión sobre unos clientes a los que ella llama VIP

    •diria todo esto en mis pensamientos mientras iba colocando algunas cosas en el carrito•

    No sé que tipo de clientes son esos pero aún así mí labor es muy obvia, debo proteger a las bailarinas a toda costa.. en fin, ¿Que más me falta?
    ×despues de haber desayunado en el departamento revisaría la heladera para ver qué estaba medio vacía así que tome lo necesario para salir y dirigirme a la tienda más cercana, una vez ahí tomé un carrito de comprar y me puse a revisar todo• Gracias al trabajo en el club puedo hacer compras grandes y todo gracias a la señorita Seryn, ahora que lo pienso hoy debo ir al club nocturno a verla porque al parecer tendremos una reunión sobre unos clientes a los que ella llama VIP •diria todo esto en mis pensamientos mientras iba colocando algunas cosas en el carrito• No sé que tipo de clientes son esos pero aún así mí labor es muy obvia, debo proteger a las bailarinas a toda costa.. en fin, ¿Que más me falta?
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  • -para el estar solo ya era costumbre ya que parte de su vida la tubo , entre sus pensamientos y planes en su cabeza , un caos en su interior de emociones.-
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  • El Juicio del Purgador
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    *Estaba esposado mágicamente con grilletes sobrenaturales en los pies y manos para no poder escapar, sin embargo, el mayor peso que llevaba en el alma, era el haber decepcionado a Bianca Bianca Auditore y a Shane Shane Miller. Quizás ya no me verían nunca más a los ojos. Quizás ya no las vuelva a ver. Quizás sus vidas serían mejor sin mi presencia, ya que solo les traigo problemas. Incluso hasta mi mente me traiciona con esos pensamientos.*

    *En ese momento, después de eones, volvía a aquella palestra, a aquel campo de batalla Verbal donde en antaño se tomaban las desiciones de como se debía moldear el universo, aún vacío, solamente la energía incesante de los 5 soles que rigen el poder como estrellas insaciables ante el cosmos.*

    *Aún con la cabeza baja observé la vieja sala de Reuniones, y a pesar de todo, no pude evitar soltar cierto sarcasmo.*

    "Parece que aún no te encuentras con el resto Dromar....."
    [Zelkhagok01] *Estaba esposado mágicamente con grilletes sobrenaturales en los pies y manos para no poder escapar, sin embargo, el mayor peso que llevaba en el alma, era el haber decepcionado a Bianca [Freaky_Ghost_Ovni_531] y a Shane [ShaneMiller2000]. Quizás ya no me verían nunca más a los ojos. Quizás ya no las vuelva a ver. Quizás sus vidas serían mejor sin mi presencia, ya que solo les traigo problemas. Incluso hasta mi mente me traiciona con esos pensamientos.* *En ese momento, después de eones, volvía a aquella palestra, a aquel campo de batalla Verbal donde en antaño se tomaban las desiciones de como se debía moldear el universo, aún vacío, solamente la energía incesante de los 5 soles que rigen el poder como estrellas insaciables ante el cosmos.* *Aún con la cabeza baja observé la vieja sala de Reuniones, y a pesar de todo, no pude evitar soltar cierto sarcasmo.* "Parece que aún no te encuentras con el resto Dromar....."
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  • 《 ARCHIVE 002 - A CRIME WITHOUT A CULPRIT 》
    La luz tenue del candelabro de cristal apenas conseguía disipar las sombras que se alargaban por el salón. Joon Bokkel permanecía de pie en medio de aquella opulenta habitación, con la cabeza ligeramente inclinada y una mano enguantada presionando su sien, como si intentara contener el torrente de pensamientos que lo invadían.

    El nuevo expediente descansaba sobre el piano de cola, abierto como una herida fría y silenciosa. Otro caso. Otro escenario impecable.

    No había huellas que no pertenecieran a la víctima. No había señales de forcejeo. Ningún rastro de ADN extraño, ni una sola cámara en los alrededores que hubiera captado algo más que oscuridad. El crimen había sido ejecutado con una precisión quirúrgica, casi artística, dejando solo un vacío absoluto donde debería haber estado el culpable.

    Era uno de esos casos que parecían burlarse de la razón misma: un rompecabezas sin piezas. Un asesino que se había desvanecido como humo entre las cortinas de terciopelo y los muebles antiguos.

    Joon exhaló lentamente, su mirada cansada recorriendo los detalles del salón. La chaqueta oscura le pesaba sobre los hombros. A sus 28 años, había aprendido que los peores monstruos no siempre dejaban sangre en las manos; a veces dejaban solo silencio, elegancia y una ausencia tan perfecta que rayaba en lo insultante.

    Se acercó al piano con pasos lentos. Sus dedos rozaron el borde del expediente, deteniéndose sobre una fotografía de la escena.

    Familias destrozadas esperaban respuestas. La prensa empezaba a murmurar sobre “el crimen imposible”. Y él… él solo sentía ese fuego familiar ardiendo en el pecho: la obstinada negativa a aceptar que existiera un caso sin culpable.
    《 ARCHIVE 002 - A CRIME WITHOUT A CULPRIT 》 La luz tenue del candelabro de cristal apenas conseguía disipar las sombras que se alargaban por el salón. Joon Bokkel permanecía de pie en medio de aquella opulenta habitación, con la cabeza ligeramente inclinada y una mano enguantada presionando su sien, como si intentara contener el torrente de pensamientos que lo invadían. El nuevo expediente descansaba sobre el piano de cola, abierto como una herida fría y silenciosa. Otro caso. Otro escenario impecable. No había huellas que no pertenecieran a la víctima. No había señales de forcejeo. Ningún rastro de ADN extraño, ni una sola cámara en los alrededores que hubiera captado algo más que oscuridad. El crimen había sido ejecutado con una precisión quirúrgica, casi artística, dejando solo un vacío absoluto donde debería haber estado el culpable. Era uno de esos casos que parecían burlarse de la razón misma: un rompecabezas sin piezas. Un asesino que se había desvanecido como humo entre las cortinas de terciopelo y los muebles antiguos. Joon exhaló lentamente, su mirada cansada recorriendo los detalles del salón. La chaqueta oscura le pesaba sobre los hombros. A sus 28 años, había aprendido que los peores monstruos no siempre dejaban sangre en las manos; a veces dejaban solo silencio, elegancia y una ausencia tan perfecta que rayaba en lo insultante. Se acercó al piano con pasos lentos. Sus dedos rozaron el borde del expediente, deteniéndose sobre una fotografía de la escena. Familias destrozadas esperaban respuestas. La prensa empezaba a murmurar sobre “el crimen imposible”. Y él… él solo sentía ese fuego familiar ardiendo en el pecho: la obstinada negativa a aceptar que existiera un caso sin culpable.
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  • 𝙻𝚞𝚌𝚎𝚜 𝙵𝚞𝚎𝚛𝚊
    Categoría Original
    El sol ya se había ocultado tras el horizonte hacía varias horas, más allá de los rascacielos. Una joven, con la cabeza cubierta por la capucha de su sudadera blanca, caminaba con las manos en los bolsillos por las sombrías calles de la ciudad. Su piel pálida y vestimenta de colores claros resaltaban más de lo conveniente para alguien de su perfil; la falda gris claro, las medias altas y las zapatillas la hacían ver como una bailarina de ballet regresando de sus clases nocturnas. Para su fortuna, las aceras se encontraban casi desiertas.

    Le dolía la cabeza. Horas antes había dado su primer gran concierto y necesitaba un respiro. ¿Qué mejor que salir a caminar y explorar un poco? Por supuesto, a escondidas de su mánager, quien seguía creyendo que estaba en el baño de su residencia.

    El rugido de un coche la sacó de sus pensamientos. Tuvo los reflejos para apartarse antes de ser rociada por el agua estancada de la lluvia matutina. Antes de poder maldecir al conductor, notó un modesto establecimiento en la esquina opuesta. Parecía un bar café... quizá justo lo que necesitaba para bajar la adrenalina.

    Cruzó la calle, empujó la puerta haciendo sonar las campanillas y miró a su alrededor con curiosidad.

    —Buenas noches...
    El sol ya se había ocultado tras el horizonte hacía varias horas, más allá de los rascacielos. Una joven, con la cabeza cubierta por la capucha de su sudadera blanca, caminaba con las manos en los bolsillos por las sombrías calles de la ciudad. Su piel pálida y vestimenta de colores claros resaltaban más de lo conveniente para alguien de su perfil; la falda gris claro, las medias altas y las zapatillas la hacían ver como una bailarina de ballet regresando de sus clases nocturnas. Para su fortuna, las aceras se encontraban casi desiertas. Le dolía la cabeza. Horas antes había dado su primer gran concierto y necesitaba un respiro. ¿Qué mejor que salir a caminar y explorar un poco? Por supuesto, a escondidas de su mánager, quien seguía creyendo que estaba en el baño de su residencia. El rugido de un coche la sacó de sus pensamientos. Tuvo los reflejos para apartarse antes de ser rociada por el agua estancada de la lluvia matutina. Antes de poder maldecir al conductor, notó un modesto establecimiento en la esquina opuesta. Parecía un bar café... quizá justo lo que necesitaba para bajar la adrenalina. Cruzó la calle, empujó la puerta haciendo sonar las campanillas y miró a su alrededor con curiosidad. —Buenas noches...
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  • Al ver a Poe 𝐸𝑑𝑤𝑎𝑟𝑑 Miller algo distraído mientras ven juntos una peli, le lanza un par de palomitas que le golpean suavemente en la sien.

    —¿Un penique por tus pensamientos? —pregunta con una sonrisita burlona y divertida antes de meterse un par de palomitas a la boca.
    Al ver a [N0TZEUS] algo distraído mientras ven juntos una peli, le lanza un par de palomitas que le golpean suavemente en la sien. —¿Un penique por tus pensamientos? —pregunta con una sonrisita burlona y divertida antes de meterse un par de palomitas a la boca.
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