•  El joven cura permanecía inmóvil mientras el sudor descendía lentamente por su rostro, frío a pesar del viento que golpeaba su cuerpo como una ola invisible surgida de la oscuridad. Se encontraba perdido en el purgatorio de sus propias pesadillas; un lugar silencioso y distorsionado donde el cielo parecía muerto y el aire cargaba una sensación insoportable de culpa. Miró a ambos lados con respiración agitada. A lo lejos, las únicas luces visibles provenían de las ventanas de enormes edificios sin forma clara, pequeños destellos cálidos en medio de aquel vacío interminable. Él, en cambio, permanecía atrapado entre campos de herbáceos dorados que se mecían lentamente bajo el viento, como si ocultaran algo bajo sus raíces.

    -¿Este será mi castigo eterno...?

    Por un instante bajó la mirada, sintiendo cómo el peso en su pecho se hacía más insoportable que el propio miedo. Comprendió, con amarga resignación, que su pecado seguía vivo dentro de él… carcomiéndolo lentamente desde el alma.
     El joven cura permanecía inmóvil mientras el sudor descendía lentamente por su rostro, frío a pesar del viento que golpeaba su cuerpo como una ola invisible surgida de la oscuridad. Se encontraba perdido en el purgatorio de sus propias pesadillas; un lugar silencioso y distorsionado donde el cielo parecía muerto y el aire cargaba una sensación insoportable de culpa. Miró a ambos lados con respiración agitada. A lo lejos, las únicas luces visibles provenían de las ventanas de enormes edificios sin forma clara, pequeños destellos cálidos en medio de aquel vacío interminable. Él, en cambio, permanecía atrapado entre campos de herbáceos dorados que se mecían lentamente bajo el viento, como si ocultaran algo bajo sus raíces. -¿Este será mi castigo eterno...? Por un instante bajó la mirada, sintiendo cómo el peso en su pecho se hacía más insoportable que el propio miedo. Comprendió, con amarga resignación, que su pecado seguía vivo dentro de él… carcomiéndolo lentamente desde el alma.
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  • No olvides que eres mía para siempre… khkhehe

    -Mis palabras rebosan de mi emblema, de mi pecado… del orgullo que llevo tatuado en el alma. Pero, aunque jamás lo admitiría en voz alta, ambas sabemos la verdad.-

    -No podría existir en un mundo donde tú no estuvieras conmigo.-
    No olvides que eres mía para siempre… khkhehe -Mis palabras rebosan de mi emblema, de mi pecado… del orgullo que llevo tatuado en el alma. Pero, aunque jamás lo admitiría en voz alta, ambas sabemos la verdad.- -No podría existir en un mundo donde tú no estuvieras conmigo.-
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  • Le debo una muy gorda a James por hablar con la realeza mágica.... Sin él yo y Mia solo con pisar suelo mágico seriamos capturados por pecados del pasado.
    Le debo una muy gorda a James por hablar con la realeza mágica.... Sin él yo y Mia solo con pisar suelo mágico seriamos capturados por pecados del pasado.
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  • Si dejáramos que los pecados capitales se hicieran cargo de nuestro cuerpo ¿Cual pecado te representaria más?
    Si dejáramos que los pecados capitales se hicieran cargo de nuestro cuerpo ¿Cual pecado te representaria más?
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  • 𝙐𝙣 𝙧𝙤𝙨𝙩𝙧𝙤 𝙘𝙪𝙗𝙞𝙚𝙧𝙩𝙤. 𝙐𝙣 𝙣𝙤𝙢𝙗𝙧𝙚 𝙦𝙪𝙚 𝙣𝙤 𝙨𝙚 𝙤𝙡𝙫𝙞𝙙𝙖.

    𝘌𝘯𝘵𝘳𝘢 𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘤𝘢𝘴𝘢 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘥𝘦𝘴𝘦𝘰𝘴 𝘮𝘶𝘥𝘰𝘴...

    𝗨𝘀𝗲𝗿 𝗱𝗲𝘁𝗿á𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝘃𝗲𝗹𝗼:
    Narrador apasionado, lector insaciable de erotismo elegante, fantasía oscura y simbolismo bíblico. Doy vida a Sand N Jadaka, un personaje masculino con un aura de misterio, deseo, contradicción y poder.
    Si lo tuyo es lo simple o apurado, este no es tu altar.
    Aquí se reza con palabras, se peca con estilo y se escribe para dejar cicatriz.

    ¿𝗤𝘂é 𝗯𝘂𝘀𝗰𝗼?:
    — Partners de rol en tercera persona que amen el detalle, el desarrollo, el susurro antes del clímax. (Opcional)
    — Historias que no se precipiten, que maduren lentamente, entre diálogos, roces y decisiones.
    — Ambientes ricos, cargados de tensión, simbolismo, placer y consecuencias.
    — Ya sea un romance prohibido, una guerra celestial, una intriga política o un pecado compartido, si hay elegancia y emoción, hay espacio para ti.

    𝐅𝐢𝐥𝐨𝐬𝐨𝐟í𝐚:
    Calidad sobre velocidad.
    Respetaré tus tiempos si tú respetas mi fuego. No escribo con prisa. Escribo con intención.

    𝐓𝐨𝐧𝐨 𝐲 𝐞𝐬𝐭𝐢𝐥𝐨:
    Misterioso.
    Oscuro.
    Sensual.
    Irónico.
    Siempre escrito con el alma… y a veces con el cuerpo.

    ¿𝐓𝐞 𝐚𝐧𝐢𝐦𝐚𝐬 𝐚 𝐜𝐫𝐮𝐳𝐚𝐫 𝐞𝐥 𝐯𝐞𝐥𝐨?
    No necesitas presentarte con reverencias.
    Solo sé alguien con quien pueda construir un mundo.
    Si tu personaje está lleno de conflictos, secretos o tentaciones...
    Sand ya está observándote.
    𝙐𝙣 𝙧𝙤𝙨𝙩𝙧𝙤 𝙘𝙪𝙗𝙞𝙚𝙧𝙩𝙤. 𝙐𝙣 𝙣𝙤𝙢𝙗𝙧𝙚 𝙦𝙪𝙚 𝙣𝙤 𝙨𝙚 𝙤𝙡𝙫𝙞𝙙𝙖. 𝘌𝘯𝘵𝘳𝘢 𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘤𝘢𝘴𝘢 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘥𝘦𝘴𝘦𝘰𝘴 𝘮𝘶𝘥𝘰𝘴... 𝗨𝘀𝗲𝗿 𝗱𝗲𝘁𝗿á𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝘃𝗲𝗹𝗼: Narrador apasionado, lector insaciable de erotismo elegante, fantasía oscura y simbolismo bíblico. Doy vida a Sand N Jadaka, un personaje masculino con un aura de misterio, deseo, contradicción y poder. Si lo tuyo es lo simple o apurado, este no es tu altar. Aquí se reza con palabras, se peca con estilo y se escribe para dejar cicatriz. ¿𝗤𝘂é 𝗯𝘂𝘀𝗰𝗼?: — Partners de rol en tercera persona que amen el detalle, el desarrollo, el susurro antes del clímax. (Opcional) — Historias que no se precipiten, que maduren lentamente, entre diálogos, roces y decisiones. — Ambientes ricos, cargados de tensión, simbolismo, placer y consecuencias. — Ya sea un romance prohibido, una guerra celestial, una intriga política o un pecado compartido, si hay elegancia y emoción, hay espacio para ti. 𝐅𝐢𝐥𝐨𝐬𝐨𝐟í𝐚: Calidad sobre velocidad. Respetaré tus tiempos si tú respetas mi fuego. No escribo con prisa. Escribo con intención. 𝐓𝐨𝐧𝐨 𝐲 𝐞𝐬𝐭𝐢𝐥𝐨: Misterioso. Oscuro. Sensual. Irónico. Siempre escrito con el alma… y a veces con el cuerpo. ¿𝐓𝐞 𝐚𝐧𝐢𝐦𝐚𝐬 𝐚 𝐜𝐫𝐮𝐳𝐚𝐫 𝐞𝐥 𝐯𝐞𝐥𝐨? No necesitas presentarte con reverencias. Solo sé alguien con quien pueda construir un mundo. Si tu personaje está lleno de conflictos, secretos o tentaciones... Sand ya está observándote.
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  • ¿Cómo superar tu pasado?
    Fandom Final Fantasy
    Categoría Drama
    -Observó el cristal, con la respiración temblando y las manos marcadas por la batalla. La luz fría atravesaba el cuerpo inmóvil de Lucrecia, intacta y lejana, con un sueño condenado a no despertar jamás.-

    Lucrecia…Si pudieras escucharme aunque fuera una última vez… quizás entenderías todo lo que nunca fui capaz de decir...

    -Bajó la mirada, incapaz de sostener el reflejo de ella atrapada en aquella prisión transparente.-

    Pasé tanto tiempo culpando al mundo… culpando a Hojo… culpándome a mí mismo… pero ninguna culpa cambia esto.
    Ningún castigo devuelve el tiempo....
    Yo debía protegerte, debía quedarme a tu lado, era mi trabajo...y aun así… te dejé sola en el momento más oscuro de tu vida.

    -Su voz se quebró.-

    Te amé desde antes de entender lo que significaba amar, y quizá ese fue mi pecado… amarte en silencio mientras te hundías frente a mis ojos.
    Creí que tendría tiempo, tiempo para salvarte...tiempo para decirte que no eras una egoista… que nunca lo fuiste.

    -Vincent apoyó lentamente una mano sobre el cristal.-

    Mírame… sigo aquí. Después de toda la sangre, de todos los años malditos… sigo viniendo a verte como un hombre que no sabe cómo despedirse porque...
    .
    .
    .
    Porque una parte de mí todavía espera que abras los ojos y me hables otra vez.

    Perdóname, Lucrecia.
    No por no haber podido salvar el mundo en su momento…
    Sino por no haber podido salvarte a ti.

    -Cerró los ojos unos segundos.-

    Y aun así… aunque este dolor nunca termine… gracias.
    Porque incluso dentro de esta oscuridad… tú sigues siendo lo único hermoso que quedó en mí.
    Ahora tengo uno compañeros, son sinceros y amigables, me hacen sentir....vivo de nuevo, me tratan como si fuera alguien normal, sobretodo una chica de Wutai, ella es... enfin hablamos de eso otro día..

    Les acompaño en su viaje a detener... a tu hijo...ese hijo tuyo que tenía que haber ayudado aún cuando era un niño, mi duelo se alargó tanto, que no pude pensar nada mas que en ti cuando me despertaron, ya era un hombre enloquecido por la ira... quizás es tarde para hacerle entrar en razón, necesito que me des tu fuerza Lucrecia, no me veo capaz de enfrentarme a la sangre de tu sangre... no sin ti...
    -Observó el cristal, con la respiración temblando y las manos marcadas por la batalla. La luz fría atravesaba el cuerpo inmóvil de Lucrecia, intacta y lejana, con un sueño condenado a no despertar jamás.- Lucrecia…Si pudieras escucharme aunque fuera una última vez… quizás entenderías todo lo que nunca fui capaz de decir... -Bajó la mirada, incapaz de sostener el reflejo de ella atrapada en aquella prisión transparente.- Pasé tanto tiempo culpando al mundo… culpando a Hojo… culpándome a mí mismo… pero ninguna culpa cambia esto. Ningún castigo devuelve el tiempo.... Yo debía protegerte, debía quedarme a tu lado, era mi trabajo...y aun así… te dejé sola en el momento más oscuro de tu vida. -Su voz se quebró.- Te amé desde antes de entender lo que significaba amar, y quizá ese fue mi pecado… amarte en silencio mientras te hundías frente a mis ojos. Creí que tendría tiempo, tiempo para salvarte...tiempo para decirte que no eras una egoista… que nunca lo fuiste. -Vincent apoyó lentamente una mano sobre el cristal.- Mírame… sigo aquí. Después de toda la sangre, de todos los años malditos… sigo viniendo a verte como un hombre que no sabe cómo despedirse porque... . . . Porque una parte de mí todavía espera que abras los ojos y me hables otra vez. Perdóname, Lucrecia. No por no haber podido salvar el mundo en su momento… Sino por no haber podido salvarte a ti. -Cerró los ojos unos segundos.- Y aun así… aunque este dolor nunca termine… gracias. Porque incluso dentro de esta oscuridad… tú sigues siendo lo único hermoso que quedó en mí. Ahora tengo uno compañeros, son sinceros y amigables, me hacen sentir....vivo de nuevo, me tratan como si fuera alguien normal, sobretodo una chica de Wutai, ella es... enfin hablamos de eso otro día.. Les acompaño en su viaje a detener... a tu hijo...ese hijo tuyo que tenía que haber ayudado aún cuando era un niño, mi duelo se alargó tanto, que no pude pensar nada mas que en ti cuando me despertaron, ya era un hombre enloquecido por la ira... quizás es tarde para hacerle entrar en razón, necesito que me des tu fuerza Lucrecia, no me veo capaz de enfrentarme a la sangre de tu sangre... no sin ti...
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    Grupal
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    Cualquier línea
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Creo que ya lo escribí y sino bueno una vez más no me matará.. | Hubo vari@s que confundieron mi información y es entendible pero aquí quitaré las dudas por si alguien se acerca por rolcito... :

    1 (Mi relación no la pude editar asi que dice asi y seguramente seguirá así hasta que conozca a alguién..)

    2 (Soy demonio pero mas bien es como un pecador.. No recibo sacrificios, no sean locos..)

    3 ( ¿Tengo habilidades especiales? Si... Pero aunque me invoquen NO soy camarero.. Soy una persona.

    4 (Nuevamente con mi naturaleza... Soy demonio y dentro de la categoría cae -la lujuria- como pecado de Kaon pero... NO doy servicios sexuales a menos que seas mujer(?) okno jajaj.. Ya.)

    Creo que ya lo escribí y sino bueno una vez más no me matará.. | Hubo vari@s que confundieron mi información y es entendible pero aquí quitaré las dudas por si alguien se acerca por rolcito... : 1 (Mi relación no la pude editar asi que dice asi y seguramente seguirá así hasta que conozca a alguién..) 2 (Soy demonio pero mas bien es como un pecador.. No recibo sacrificios, no sean locos..) 3 ( ¿Tengo habilidades especiales? Si... Pero aunque me invoquen NO soy camarero.. Soy una persona. 4 (Nuevamente con mi naturaleza... Soy demonio y dentro de la categoría cae -la lujuria- como pecado de Kaon pero... NO doy servicios sexuales a menos que seas mujer(?) okno jajaj.. Ya.)
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  • ──── Mírenlo bien. Todo el mundo quiere ser el santo de la historia, pero nadie quiere pagar el precio de la virtud.

    Yo no inventé el pecado, solo le puse un espejo delante a la humanidad para que dejara de mentirse.

    No me culpen por el incendio cuando fueron ustedes quienes trajeron los fósforos y pidieron un poco de calor. ─
    ──── Mírenlo bien. Todo el mundo quiere ser el santo de la historia, pero nadie quiere pagar el precio de la virtud. Yo no inventé el pecado, solo le puse un espejo delante a la humanidad para que dejara de mentirse. No me culpen por el incendio cuando fueron ustedes quienes trajeron los fósforos y pidieron un poco de calor. ─
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  • A veces las misiones eran fáciles, rápidas. Otras, llevaban más tiempo o presentaban más obstáculos que le hacían tomar un camino diferente al planeado. No obstante, en ciertas ocasiones, los obstáculos eran más internos que externos, pequeñas dudas colándose en su mente que dejaban raíz.

    Había tenido una de esas. Y es que tuvo que purificar el centro de una maldición. Tan solo era un niño, pero le ordenaron poner un fin completo. Si el niño vivía, la maldición volvería sin cesar. Se deshizo del pequeño con tanta rapidez y limpieza posible, pero antes de ello se preguntó si en verdad era necesario. Aunque quiso proponer más la iglesia ya había dado sentencia.

    Todavía sentía el olor a humo y quemado en sus ropas. Pequeñas manchas de cenizas en sus manos, mezcladas con algunas salpicaduras de sangre ya seca.

    Y ahí, en la pequeña capilla que parecía más abandonada que habitada, con apenas algunas velas iluminando el área, se arrodilló y juntó sus manos, entrelazando los dedos. Agachó su cabeza, mas no rezó, no de la forma que se esperaba.

    Aún sin vista escuchaba los gritos del niño, de cómo le imploró que se detuviera. Dolía. No en su pecho, como antes ocurría, ahora dolía en las yemas de sus dedos, en la cabeza, en sus ojos, incluso sus pies. Era un dolor que adormecía el tacto.

    Quería centrarse, volver al presente. Tener la certeza que lo hizo por bien mayor, porque la iglesia siempre buscaba eso, porque siempre sabía cómo...

    —¿De verdad? —soltó en un susurro apagado— ¿De verdad fue esta la solución?

    Había pedido perdón incontables, pero ya no era suficiente. Todavía pesaba, todavía se sentía incorrecto. Un pecado.

    —Perdóname...
    A veces las misiones eran fáciles, rápidas. Otras, llevaban más tiempo o presentaban más obstáculos que le hacían tomar un camino diferente al planeado. No obstante, en ciertas ocasiones, los obstáculos eran más internos que externos, pequeñas dudas colándose en su mente que dejaban raíz. Había tenido una de esas. Y es que tuvo que purificar el centro de una maldición. Tan solo era un niño, pero le ordenaron poner un fin completo. Si el niño vivía, la maldición volvería sin cesar. Se deshizo del pequeño con tanta rapidez y limpieza posible, pero antes de ello se preguntó si en verdad era necesario. Aunque quiso proponer más la iglesia ya había dado sentencia. Todavía sentía el olor a humo y quemado en sus ropas. Pequeñas manchas de cenizas en sus manos, mezcladas con algunas salpicaduras de sangre ya seca. Y ahí, en la pequeña capilla que parecía más abandonada que habitada, con apenas algunas velas iluminando el área, se arrodilló y juntó sus manos, entrelazando los dedos. Agachó su cabeza, mas no rezó, no de la forma que se esperaba. Aún sin vista escuchaba los gritos del niño, de cómo le imploró que se detuviera. Dolía. No en su pecho, como antes ocurría, ahora dolía en las yemas de sus dedos, en la cabeza, en sus ojos, incluso sus pies. Era un dolor que adormecía el tacto. Quería centrarse, volver al presente. Tener la certeza que lo hizo por bien mayor, porque la iglesia siempre buscaba eso, porque siempre sabía cómo... —¿De verdad? —soltó en un susurro apagado— ¿De verdad fue esta la solución? Había pedido perdón incontables, pero ya no era suficiente. Todavía pesaba, todavía se sentía incorrecto. Un pecado. —Perdóname...
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    El pasillo, antes un símbolo de pulcritud institucional, ahora era un lienzo grotesco teñido de rojo. El olor a ozono y sangre fresca llenaba el aire saturado por la luz mortecina de los tubos fluorescentes. Al final del pasillo, Maral Romanov permanecía inmóvil, una figura de negro absoluto cortando la penumbra. Su uniforme táctico, limpio y ajustado, contrastaba violentamente con la carnicería que la rodeaba. Sus ojos carmesí, fríos como el hielo de Siberia, recorrían la escena con una satisfacción glacial.

    A sus pies, tres hombres yacían esparcidos, sus vidas segadas por la implacable eficiencia de la Bratva. Habían cometido el error fatal de creer que la lealtad se podía negociar, que los secretos de la organización eran mercancía. Peor aún, habían intentado robarle a ella, a la Boss o a la Zarina. En el mundo de Maral, la traición no era un pecado; era una sentencia de muerte. Y ella era la jueza, el jurado y la ejecución.

    A su izquierda, una presencia inmensa y plateada dominaba el espacio. Koldun, su león albino, era más que una mascota; era la encarnación de su poder, una bestia sagrada vinculada a ella por sangre y magia antigua. Su pelaje blanco como la nieve estaba manchado de carmesí, un testimonio mudo de su propia letalidad. Sus ojos azules, tan gélidos como los de su dueña, vigilaban a los supervivientes con una paciencia depredadora.

    Maral se giró hacia el único hombre que quedaba en pie, un joven soldado que había sido el último en unirse a la conspiración. Estaba de rodillas, temblando incontrolablemente, su rostro pálido como la cera, sus ojos fijos en la figura de pesadilla que era Koldun. La traición había parecido una buena idea en el momento, una forma rápida de ganar poder y riqueza. Ahora, con la realidad de la muerte respirándole en la nuca, el remordimiento era un sabor amargo en su boca.

    — No hay segundas oportunidades en la Bratva, pequeño cuervo —

    La voz de Maral era un susurro que cortaba el silencio como un cuchillo.

    — Especialmente no para aquellos que intentan robar lo que es mío—

    El joven intentó hablar, pero el miedo le había robado la voz. Solo pudo emitir un sollozo ahogado, un sonido patético que solo sirvió para aumentar el desdén de Maral. Ella no sentía lástima, ni ira. Solo una resolución fría y calculada. La limpieza era necesaria para mantener la pureza de la organización, para enviar un mensaje que nadie se atrevería a ignorar.

    — Koldun —

    Ordenó, su voz suave pero con la fuerza de un decreto real.

    — Acaba con esto —

    El león no dudó. Con un rugido que hizo vibrar las paredes, se lanzó hacia adelante, una masa de pelaje y furia. El joven no tuvo tiempo de gritar. El fin fue rápido, limpio y absoluto. Koldun regresó a su lado, lamiendo la sangre de sus garras, sus ojos azules fijos en ella, esperando su próxima orden.
    Maral observó el cuerpo inerte, la última pieza del rompecabezas de la traición colocada en su lugar. La Bratva estaba limpia. Su poder estaba intacto. Pero la lección de hoy, escrita en sangre y miedo, nunca sería olvidada. Nadie traiciona a la Bratva. Nadie le roba a Maral Romanov. Y vivir para contarlo era un lujo que nadie podía permitirse.
    El pasillo, antes un símbolo de pulcritud institucional, ahora era un lienzo grotesco teñido de rojo. El olor a ozono y sangre fresca llenaba el aire saturado por la luz mortecina de los tubos fluorescentes. Al final del pasillo, Maral Romanov permanecía inmóvil, una figura de negro absoluto cortando la penumbra. Su uniforme táctico, limpio y ajustado, contrastaba violentamente con la carnicería que la rodeaba. Sus ojos carmesí, fríos como el hielo de Siberia, recorrían la escena con una satisfacción glacial. A sus pies, tres hombres yacían esparcidos, sus vidas segadas por la implacable eficiencia de la Bratva. Habían cometido el error fatal de creer que la lealtad se podía negociar, que los secretos de la organización eran mercancía. Peor aún, habían intentado robarle a ella, a la Boss o a la Zarina. En el mundo de Maral, la traición no era un pecado; era una sentencia de muerte. Y ella era la jueza, el jurado y la ejecución. A su izquierda, una presencia inmensa y plateada dominaba el espacio. Koldun, su león albino, era más que una mascota; era la encarnación de su poder, una bestia sagrada vinculada a ella por sangre y magia antigua. Su pelaje blanco como la nieve estaba manchado de carmesí, un testimonio mudo de su propia letalidad. Sus ojos azules, tan gélidos como los de su dueña, vigilaban a los supervivientes con una paciencia depredadora. Maral se giró hacia el único hombre que quedaba en pie, un joven soldado que había sido el último en unirse a la conspiración. Estaba de rodillas, temblando incontrolablemente, su rostro pálido como la cera, sus ojos fijos en la figura de pesadilla que era Koldun. La traición había parecido una buena idea en el momento, una forma rápida de ganar poder y riqueza. Ahora, con la realidad de la muerte respirándole en la nuca, el remordimiento era un sabor amargo en su boca. — No hay segundas oportunidades en la Bratva, pequeño cuervo — La voz de Maral era un susurro que cortaba el silencio como un cuchillo. — Especialmente no para aquellos que intentan robar lo que es mío— El joven intentó hablar, pero el miedo le había robado la voz. Solo pudo emitir un sollozo ahogado, un sonido patético que solo sirvió para aumentar el desdén de Maral. Ella no sentía lástima, ni ira. Solo una resolución fría y calculada. La limpieza era necesaria para mantener la pureza de la organización, para enviar un mensaje que nadie se atrevería a ignorar. — Koldun — Ordenó, su voz suave pero con la fuerza de un decreto real. — Acaba con esto — El león no dudó. Con un rugido que hizo vibrar las paredes, se lanzó hacia adelante, una masa de pelaje y furia. El joven no tuvo tiempo de gritar. El fin fue rápido, limpio y absoluto. Koldun regresó a su lado, lamiendo la sangre de sus garras, sus ojos azules fijos en ella, esperando su próxima orden. Maral observó el cuerpo inerte, la última pieza del rompecabezas de la traición colocada en su lugar. La Bratva estaba limpia. Su poder estaba intacto. Pero la lección de hoy, escrita en sangre y miedo, nunca sería olvidada. Nadie traiciona a la Bratva. Nadie le roba a Maral Romanov. Y vivir para contarlo era un lujo que nadie podía permitirse.
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