⸻ La entereza de nuestra estirpe fue sepultada bajo los restos de un amor tóxico. La creación de la cual estaba tan orgulloso no son más que un defecto, una prueba miserable que nunca recibió corrección a tiempo mientras los míos deben morir del cansancio para cumplir las demandas del Creador.
Padre, tu creación es una debilidad. Querías vivir entre ellos y delegar tu trabajo sobre nuestros hombros mientras yo lucho por darles libertad a través de la muerte.⸻
⸻ La entereza de nuestra estirpe fue sepultada bajo los restos de un amor tóxico. La creación de la cual estaba tan orgulloso no son más que un defecto, una prueba miserable que nunca recibió corrección a tiempo mientras los míos deben morir del cansancio para cumplir las demandas del Creador.
Padre, tu creación es una debilidad. Querías vivir entre ellos y delegar tu trabajo sobre nuestros hombros mientras yo lucho por darles libertad a través de la muerte.⸻
—Ver a todos esos padres acompañando a sus hijos, madres haciéndoles sorpresas me rompía el corazón y solo podía encerrarme en el salón imaginando que yo era parte de esos padres mientras evitaba hacer mucho ruido al llorar...
—Ver a todos esos padres acompañando a sus hijos, madres haciéndoles sorpresas me rompía el corazón y solo podía encerrarme en el salón imaginando que yo era parte de esos padres mientras evitaba hacer mucho ruido al llorar...
0
turnos
0
maullidos
Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
— He visto pasar las eras como si fueran hojas arrastradas por el viento, convencida de que ya nada en este mundo podría sorprenderme. Pero entonces, de la nada, él apareció. No fue algo que planeé, ni una profecía que pude prever, simplemente, Shin’ya irrumpió en mi existencia y, de repente, la eternidad que yo tanto defendía empezó a parecer extrañamente vacía sin su presencia.
Su aparición en mi vida fue el giro de guion que nunca vi venir. Desde ese primer instante, supe que mi destino ya no me pertenecía solo a mí; él trajo consigo un fuego y una lealtad que desarmaron mis siglos de astucia, transformándome de una observadora solitaria a alguien que desea compartir cada suspiro.
Y ahora, míranos. Este encuentro inesperado ha dado paso a este fruto esperado que hoy crece en mi interior. Es casi poético: de un cruce de caminos imprevisto, ha nacido la raíz de algo nuevo. Este pequeño ser es la prueba de que incluso un corazón tan antiguo como el mío puede renovarse. Siento sus movimientos y no puedo evitar sonreír, me pregunto si tendrá la tenacidad de su padre o mi agudeza... ojalá sea una mezcla de ambas, para que el mundo nunca se aburra. Al final, lo que comenzó como una sorpresa del destino, se ha convertido en mi realidad más eterna. ♡
🌸— He visto pasar las eras como si fueran hojas arrastradas por el viento, convencida de que ya nada en este mundo podría sorprenderme. Pero entonces, de la nada, él apareció. No fue algo que planeé, ni una profecía que pude prever, simplemente, Shin’ya irrumpió en mi existencia y, de repente, la eternidad que yo tanto defendía empezó a parecer extrañamente vacía sin su presencia.
Su aparición en mi vida fue el giro de guion que nunca vi venir. Desde ese primer instante, supe que mi destino ya no me pertenecía solo a mí; él trajo consigo un fuego y una lealtad que desarmaron mis siglos de astucia, transformándome de una observadora solitaria a alguien que desea compartir cada suspiro.
Y ahora, míranos. Este encuentro inesperado ha dado paso a este fruto esperado que hoy crece en mi interior. Es casi poético: de un cruce de caminos imprevisto, ha nacido la raíz de algo nuevo. Este pequeño ser es la prueba de que incluso un corazón tan antiguo como el mío puede renovarse. Siento sus movimientos y no puedo evitar sonreír, me pregunto si tendrá la tenacidad de su padre o mi agudeza... ojalá sea una mezcla de ambas, para que el mundo nunca se aburra. Al final, lo que comenzó como una sorpresa del destino, se ha convertido en mi realidad más eterna. ♡
- cahya estaba costado en la rama del arbol mirando el cielo noctuno , pensando muchas cosas con apenas canzado y su sueño aun no venia pensaba en sus padres mas en su madre y dio suspiro.-
Que hare se que , aun asi no puedo hacer nada ¡que rabia!
[ en el futuro ]
- cahya estaba costado en la rama del arbol mirando el cielo noctuno , pensando muchas cosas con apenas canzado y su sueño aun no venia pensaba en sus padres mas en su madre y dio suspiro.-
Que hare se que , aun asi no puedo hacer nada ¡que rabia!
1
0
turnos
0
maullidos
Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
****Edad del Caos.****
-Y en el Séptimo día fueron llamados..."
Durante años, los Elunai fallaron, cada experimento terminaba en deformidad, cuerpos incapaces de sostener el poder que tanto anhelaban controlar. Criaturas rotas, ecos imperfectos del milagro que Ozma había logrado por su cuenta. Pero esta vez fue distinto.
En cámaras selladas, lejos del alcance de la guerra, nacieron cuerpos nuevos, perfectos, silenciosos y demasiado estables.
No tenían las orejas alargadas de los Elunai, pero su presencia era más cercana a la de los Dioses que cualquier otra raza y eso era exactamente lo que buscaban.
Muy por encima del mundo, una ciudad flotante descansaba entre las nubes. Una isla suspendida en el cielo, bañada por una luz eterna, invisible para la mayoría pero no para todos.
Desde allí, los Dioses observaban, no arriesgarían sus esencias aún, así que usaron la almas atrapadas en el Árbol de las Almas, fragmentos de existencia que jamás regresaron al ciclo natural fueron insertadas en aquellos cuerpos.
Y cuando los primeros dos prototipos abrieron los ojos el aire mismo pareció tensarse, no eran Elunai, no eran humanos, eran algo nuevo.
El campo de batalla era en uno de los dos últimos templos que quedaban en pie se volvió silencioso cuando descendieron. Los soldados de Ozma intentaron detenerlos pero cayeron.
No fue por debilidad sino porque era inútil.
Retírense. -La voz de Ozma fue absoluta y los Kijin obedecieron, pero Yen no, se mantuvo a su lado.
Quédate atrás. -Ordeno Ozma a su hija, pero esta se nego. Luego de eso el choque fue inmediato, Ozma golpeó primero. Fuerza capaz de destruir montañas fue detenida, los seres no solo resistían, aprendían, se adaptaban y entonces brillaron.
Halos perfectos aparecieron sobre sus cabezas y alas de energía nacieron de sus espaldas. Desde la ciudad flotante los Dioses observaron con fascinación.
Funcionan…!!!
Ozma retrocedió por primera vez en mucho tiempo. Yen entró en la batalla sin dudarlo, su espada encontró carne, su velocidad rompió el ritmo perfecto de los enemigos y por un momento padre e hija equilibraron la balanza.
Pero no era suficiente, los rivales so se cansaban, no dudaban, tampoco sentian, solo eran armas. Desde lo alto los Dioses notaron que algo cambió, las alas perdían brillo.
Han alcanzado su límite.... Retírenlos.
La orden descendió y en medio del combate los dos seres se detuvieron. Ozma y Yen, ya muy agotados no retrocedieron, se prepararon para lanzar un ultimo ataque, uno devastador pero antes de poder hacerlo una columna de energía dorada cayo del cielo, cubriendo a los seres quienes desaparecieron, siendo arrebatados del campo de batalla. Los Kijin gritaron de emoción, El Rey del Caos y la Princesa del Caos habían hecho huir al enemigo, pero, tanto padre e hija sabían la verdad.
Yen respiraba con dificultad, Ozma no. Él estaba mirando hacia arriba, más allá de las nubes, más allá del cielo visible. Ahí estaba, la isla.
Aquella masa flotante que había visto antes… distante e inalcanzable. Durante años la había observado, había considerado destruirla e invadirla, pero incluso él sabía que ir solo era una locura.
No sabía cuántos como Helior Prime habitaban allí, tampoco qué más lo esperaba y por eso había esperado, pero ahora lo entendía.
Así que es ahí…
Su voz fue baja y grave, no había duda. Ningún laboratorio en tierra había creado algo así, ningún templo destruido, ni ampoco ningun documento encontrado. Todo apuntaba a un solo lugar.
Ese cielo prohibido, dominio de los Dioses. Yen siguió su mirada, aun no podía ver con claridad lo que él veía pero podía sentirlo, algo allá arriba los observaba.
Padre…?
Ozma no respondió de inmediato, sus ojos rojos brillaron con una intensidad peligrosa.
El verdadero campo de batalla… aún no ha comenzado. -Murmuro Ozma.
En lo alto, los Dioses ya habían tomado su decisión.
Produzcan más y mejórenlos... Perfecciónenlos!!!
Ahora tenían armas capaces de enfrentar al Caos y esta vez no perderían. Así, con una calma casi sagrada nombraron a sus nuevas creaciones:
Ángeles.
****Edad del Caos.****
-Y en el Séptimo día fueron llamados..."
Durante años, los Elunai fallaron, cada experimento terminaba en deformidad, cuerpos incapaces de sostener el poder que tanto anhelaban controlar. Criaturas rotas, ecos imperfectos del milagro que Ozma había logrado por su cuenta. Pero esta vez fue distinto.
En cámaras selladas, lejos del alcance de la guerra, nacieron cuerpos nuevos, perfectos, silenciosos y demasiado estables.
No tenían las orejas alargadas de los Elunai, pero su presencia era más cercana a la de los Dioses que cualquier otra raza y eso era exactamente lo que buscaban.
Muy por encima del mundo, una ciudad flotante descansaba entre las nubes. Una isla suspendida en el cielo, bañada por una luz eterna, invisible para la mayoría pero no para todos.
Desde allí, los Dioses observaban, no arriesgarían sus esencias aún, así que usaron la almas atrapadas en el Árbol de las Almas, fragmentos de existencia que jamás regresaron al ciclo natural fueron insertadas en aquellos cuerpos.
Y cuando los primeros dos prototipos abrieron los ojos el aire mismo pareció tensarse, no eran Elunai, no eran humanos, eran algo nuevo.
El campo de batalla era en uno de los dos últimos templos que quedaban en pie se volvió silencioso cuando descendieron. Los soldados de Ozma intentaron detenerlos pero cayeron.
No fue por debilidad sino porque era inútil.
Retírense. -La voz de Ozma fue absoluta y los Kijin obedecieron, pero Yen no, se mantuvo a su lado.
Quédate atrás. -Ordeno Ozma a su hija, pero esta se nego. Luego de eso el choque fue inmediato, Ozma golpeó primero. Fuerza capaz de destruir montañas fue detenida, los seres no solo resistían, aprendían, se adaptaban y entonces brillaron.
Halos perfectos aparecieron sobre sus cabezas y alas de energía nacieron de sus espaldas. Desde la ciudad flotante los Dioses observaron con fascinación.
Funcionan…!!!
Ozma retrocedió por primera vez en mucho tiempo. Yen entró en la batalla sin dudarlo, su espada encontró carne, su velocidad rompió el ritmo perfecto de los enemigos y por un momento padre e hija equilibraron la balanza.
Pero no era suficiente, los rivales so se cansaban, no dudaban, tampoco sentian, solo eran armas. Desde lo alto los Dioses notaron que algo cambió, las alas perdían brillo.
Han alcanzado su límite.... Retírenlos.
La orden descendió y en medio del combate los dos seres se detuvieron. Ozma y Yen, ya muy agotados no retrocedieron, se prepararon para lanzar un ultimo ataque, uno devastador pero antes de poder hacerlo una columna de energía dorada cayo del cielo, cubriendo a los seres quienes desaparecieron, siendo arrebatados del campo de batalla. Los Kijin gritaron de emoción, El Rey del Caos y la Princesa del Caos habían hecho huir al enemigo, pero, tanto padre e hija sabían la verdad.
Yen respiraba con dificultad, Ozma no. Él estaba mirando hacia arriba, más allá de las nubes, más allá del cielo visible. Ahí estaba, la isla.
Aquella masa flotante que había visto antes… distante e inalcanzable. Durante años la había observado, había considerado destruirla e invadirla, pero incluso él sabía que ir solo era una locura.
No sabía cuántos como Helior Prime habitaban allí, tampoco qué más lo esperaba y por eso había esperado, pero ahora lo entendía.
Así que es ahí…
Su voz fue baja y grave, no había duda. Ningún laboratorio en tierra había creado algo así, ningún templo destruido, ni ampoco ningun documento encontrado. Todo apuntaba a un solo lugar.
Ese cielo prohibido, dominio de los Dioses. Yen siguió su mirada, aun no podía ver con claridad lo que él veía pero podía sentirlo, algo allá arriba los observaba.
Padre…?
Ozma no respondió de inmediato, sus ojos rojos brillaron con una intensidad peligrosa.
El verdadero campo de batalla… aún no ha comenzado. -Murmuro Ozma.
En lo alto, los Dioses ya habían tomado su decisión.
Produzcan más y mejórenlos... Perfecciónenlos!!!
Ahora tenían armas capaces de enfrentar al Caos y esta vez no perderían. Así, con una calma casi sagrada nombraron a sus nuevas creaciones:
Ángeles.
Por supuesto que desde que vive "Independiente" de su familia se siente más cómoda por no tener que convivir con la nueva esposa e hijo de su padre, pero aún en su máximo acto de rebeldía sigue disfrutando de ser hija de un hombre con tantísimo dinero. Se compra ropa que probablemente jamás usaría para salir a la calle, pero que le encanta para presumir en stream.
Por supuesto que desde que vive "Independiente" de su familia se siente más cómoda por no tener que convivir con la nueva esposa e hijo de su padre, pero aún en su máximo acto de rebeldía sigue disfrutando de ser hija de un hombre con tantísimo dinero. Se compra ropa que probablemente jamás usaría para salir a la calle, pero que le encanta para presumir en stream.
3
0
turnos
0
maullidos
Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
Con el paso de los meses, el nombre de Yen dejó de ser solo un susurro entre enemigos y se convirtió en un símbolo, "La Hija del Monstruo".
Así la llamaban los Elunai, los soldados, incluso los demonios que habían sobrevivido a su furia. Lo que nació como un insulto terminó transformándose en un título que Yen portaba con orgullo. Cada vez que lo escuchaba, no sentía vergüenza sino una extraña satisfacción. Era la prueba de que su existencia pesaba en el mundo. De que ya no era la niña olvidada en un calabozo sino que era alguien a quien temer.
Pero mientras su leyenda crecía, la de los Elunai comenzaba a desmoronarse, las generaciones dejaron de renovarse. Los nacimientos disminuyeron. Los templos ya no podían ocultarlo: algo estaba fallando en la raíz misma de su raza.
No sabían que su destino ya había sido sellado mucho antes. En las sombras de la guerra, Ozma había descubierto el secreto mejor guardado de los dioses: "El Árbol de las Almas".
No era un símbolo ni un mito, era una prisión. Cada Elunai que moría no regresaba al flujo natural de la existencia. Su alma era arrastrada hacia ese árbol, atrapada, reciclada y obligada a renacer una y otra vez como parte de la misma raza. Un ciclo cerrado, perfecto, controlado.
Los dioses no otorgaban vida, la administraban, así evitaban compartir su poder con nuevas almas. Así mantenían intacto el número de aquellos bendecidos. Así aseguraban que su dominio jamás fuera desafiado.
Ozma no buscó ese árbol por odio, lo buscó por amor. Durante años, entre ruinas y templos destruidos, reunió fragmentos de conocimiento, persiguió rumores, desenterró secretos con un solo objetivo: Encontrar el alma de Selin y devolverla para darle un nuevo cuerpo.
Pero cuando finalmente encontró el Árbol de las Almas no la halló, no estaba allí, no había rastro de ella, ni esencia o eco, tampoco fragmentos.
Era como si Selin jamás hubiese existido. En ese instante algo en Ozma se quebró de forma irreversible, porque la muerte y el tiempo podía aceptarlos, pero aquello era peor que la muerte, era el olvido absoluto, la negación de toda existencia.
La furia que nació en él no fue como las anteriores, no fue un estallido, fue algo más frío y profundo. Ozma no destruyó el Árbol, lo corrompió silenciosamente sin que los dioses lo notaran. Alteró su esencia, envenenó su función, rompió su ciclo desde dentro. Las almas ya no serían reclamadas, ya no regresarían, ya no alimentarían el sistema que los dioses habían creado.
Los Elunai seguirían viviendo pero lentamente se extinguirían. No lo hizo solo por venganza, también lo hizo por Yen, porque comprendió algo aterrador: Si los dioses pudieron borrar a Selin… También podrían borrar a su hija.
Y eso eso era algo que jamás permitiría, ya había perdido a Selin y a su hija no nacida, no perdería a Yen. Desde ese momento, la guerra dejó de ser una lucha contra templos o ejércitos. Se convirtió en algo mucho más oscuro, Ozma ya no peleaba por justicia ni siquiera por venganza, ahora peleaba contra el propio orden del mundo y mientras él se hundía cada vez más en esa oscuridad, Yen, la Hija del Monstruo… Caminaba sin saber que el destino que la aguardaba era incluso más cruel que el de su padre.
****Edad del Caos****
El Árbol de las Almas"
Con el paso de los meses, el nombre de Yen dejó de ser solo un susurro entre enemigos y se convirtió en un símbolo, "La Hija del Monstruo".
Así la llamaban los Elunai, los soldados, incluso los demonios que habían sobrevivido a su furia. Lo que nació como un insulto terminó transformándose en un título que Yen portaba con orgullo. Cada vez que lo escuchaba, no sentía vergüenza sino una extraña satisfacción. Era la prueba de que su existencia pesaba en el mundo. De que ya no era la niña olvidada en un calabozo sino que era alguien a quien temer.
Pero mientras su leyenda crecía, la de los Elunai comenzaba a desmoronarse, las generaciones dejaron de renovarse. Los nacimientos disminuyeron. Los templos ya no podían ocultarlo: algo estaba fallando en la raíz misma de su raza.
No sabían que su destino ya había sido sellado mucho antes. En las sombras de la guerra, Ozma había descubierto el secreto mejor guardado de los dioses: "El Árbol de las Almas".
No era un símbolo ni un mito, era una prisión. Cada Elunai que moría no regresaba al flujo natural de la existencia. Su alma era arrastrada hacia ese árbol, atrapada, reciclada y obligada a renacer una y otra vez como parte de la misma raza. Un ciclo cerrado, perfecto, controlado.
Los dioses no otorgaban vida, la administraban, así evitaban compartir su poder con nuevas almas. Así mantenían intacto el número de aquellos bendecidos. Así aseguraban que su dominio jamás fuera desafiado.
Ozma no buscó ese árbol por odio, lo buscó por amor. Durante años, entre ruinas y templos destruidos, reunió fragmentos de conocimiento, persiguió rumores, desenterró secretos con un solo objetivo: Encontrar el alma de Selin y devolverla para darle un nuevo cuerpo.
Pero cuando finalmente encontró el Árbol de las Almas no la halló, no estaba allí, no había rastro de ella, ni esencia o eco, tampoco fragmentos.
Era como si Selin jamás hubiese existido. En ese instante algo en Ozma se quebró de forma irreversible, porque la muerte y el tiempo podía aceptarlos, pero aquello era peor que la muerte, era el olvido absoluto, la negación de toda existencia.
La furia que nació en él no fue como las anteriores, no fue un estallido, fue algo más frío y profundo. Ozma no destruyó el Árbol, lo corrompió silenciosamente sin que los dioses lo notaran. Alteró su esencia, envenenó su función, rompió su ciclo desde dentro. Las almas ya no serían reclamadas, ya no regresarían, ya no alimentarían el sistema que los dioses habían creado.
Los Elunai seguirían viviendo pero lentamente se extinguirían. No lo hizo solo por venganza, también lo hizo por Yen, porque comprendió algo aterrador: Si los dioses pudieron borrar a Selin… También podrían borrar a su hija.
Y eso eso era algo que jamás permitiría, ya había perdido a Selin y a su hija no nacida, no perdería a Yen. Desde ese momento, la guerra dejó de ser una lucha contra templos o ejércitos. Se convirtió en algo mucho más oscuro, Ozma ya no peleaba por justicia ni siquiera por venganza, ahora peleaba contra el propio orden del mundo y mientras él se hundía cada vez más en esa oscuridad, Yen, la Hija del Monstruo… Caminaba sin saber que el destino que la aguardaba era incluso más cruel que el de su padre.
Tranquilo, corazón, yo estaré bien ¿ si?, lo mejor es que tu padre vaya , es importante.
— Sin ganas de volver a pelear con su esposo, había terminado accediendo el viaje a regañadientes, ahora se encontraba tranquilizando a sus hijos explicándoles que estaría bien solo y que ellos siguieran su día con normalidad, claramente no tenía pensando decirles que llevaba un buen rato con un dolor en el vientre.—
Tranquilo, corazón, yo estaré bien ¿ si?, lo mejor es que tu padre vaya , es importante.
— Sin ganas de volver a pelear con su esposo, había terminado accediendo el viaje a regañadientes, ahora se encontraba tranquilizando a sus hijos explicándoles que estaría bien solo y que ellos siguieran su día con normalidad, claramente no tenía pensando decirles que llevaba un buen rato con un dolor en el vientre.—
[fable_silver_frog_194]
La voz de su padre no solía perder el tiempo en saludos innecesarios, mucho menos en explicaciones por teléfono.
El aula estaba en silencio, apenas roto por el sonido de hojas pasando y el sonido del bolígrafo al apuntar algo concreto. Ariella cerró su cuaderno con calma, viendo el nombre aparecer en la pantalla de su móvil en una llamada: 𝙋𝘼𝘿𝙍𝙀
—Estoy en la universidad.
—Lo sé. Ven al despacho —respondió firme, sin dejar opción a otra cosa.
Hubo una pausa breve, un par de segundos llenos de silencio.
—Ahora.
Ariella no respondió de inmediato. Su mirada se deslizó hacia la ventana un instante, como si midiera algo más allá de lo evidente.
—Salgo en diez minutos.
Colgó.
No recogió sus cosas con urgencia. Simplemente se levantó, ajustó su chaqueta y abandonó el aula con la misma compostura con la que había entrado, acomodando su bolso con sus cosas sobre su hombro.
Sabía que su padre no la llamaba sin motivo. Y que nunca repetía dos veces la misma instrucción.
La voz de su padre no solía perder el tiempo en saludos innecesarios, mucho menos en explicaciones por teléfono.
El aula estaba en silencio, apenas roto por el sonido de hojas pasando y el sonido del bolígrafo al apuntar algo concreto. Ariella cerró su cuaderno con calma, viendo el nombre aparecer en la pantalla de su móvil en una llamada: 𝙋𝘼𝘿𝙍𝙀
—Estoy en la universidad.
—Lo sé. Ven al despacho —respondió firme, sin dejar opción a otra cosa.
Hubo una pausa breve, un par de segundos llenos de silencio.
—Ahora.
Ariella no respondió de inmediato. Su mirada se deslizó hacia la ventana un instante, como si midiera algo más allá de lo evidente.
—Salgo en diez minutos.
Colgó.
No recogió sus cosas con urgencia. Simplemente se levantó, ajustó su chaqueta y abandonó el aula con la misma compostura con la que había entrado, acomodando su bolso con sus cosas sobre su hombro.
Sabía que su padre no la llamaba sin motivo. Y que nunca repetía dos veces la misma instrucción.
No había peor momento que un padre paranoico y particularmente el suyo estaba mucho últimamente.
Los rumores decían que un grupo húngaro de recién ingreso estaba dando golpes a familias conocidas. Al no tener mucha información de esa celula, las familias no veían venir el goloe hasta que ya estaban heridos en el suelo.
Su padre quería encerrarla o mandarle fuera pero esconderse no era su estilo.
Contra toda protesta ella siguió su vida normal, sólo era más cuidsdosa y entrenaba diario.
Sola o con compañía pero no dejaba de hacerlo.
𝗣𝗹𝗮𝘆 𝗵𝗮𝗿𝗱
—𝑆𝑒 𝑐𝑢𝑖𝑑𝑎𝑟𝑚𝑒 𝑠𝑜𝑙𝑎...
𝐶𝑜𝑟𝑡𝑜 𝑐𝑜𝑚𝑢𝑛𝑖𝑐𝑎𝑐𝑖𝑜𝑛.
No había peor momento que un padre paranoico y particularmente el suyo estaba mucho últimamente.
Los rumores decían que un grupo húngaro de recién ingreso estaba dando golpes a familias conocidas. Al no tener mucha información de esa celula, las familias no veían venir el goloe hasta que ya estaban heridos en el suelo.
Su padre quería encerrarla o mandarle fuera pero esconderse no era su estilo.
Contra toda protesta ella siguió su vida normal, sólo era más cuidsdosa y entrenaba diario.
Sola o con compañía pero no dejaba de hacerlo.