❝𝑇𝘩𝑒𝑟𝑒 𝑎𝑟𝑒 𝑎𝑓𝑓𝑒𝑐𝑡𝑖𝑜𝑛𝑠 𝑡𝘩𝑎𝑡 𝑒𝑛𝑑 𝑏𝑒𝑡𝑤𝑒𝑒𝑛 𝑡𝘩𝑒 𝑡𝑒𝑒𝑡𝘩, 𝑎𝑛𝑑 𝑡𝘩𝑒 𝑡𝑒𝑟𝑟𝑖𝑏𝑙𝑒 𝑛𝑒𝑒𝑑 𝑡𝑜 𝑝𝑟𝑒𝑠𝑒𝑟𝑣𝑒 𝑠𝑜𝑚𝑒𝑡𝘩𝑖𝑛𝑔❞
El restaurante ardía en tonos dorados y elegantes. La lluvia golpeaba los ventanales con suavidad allá afuera, deshaciendo las luces de la ciudad en manchas líquidas que temblaban sobre el cristal. Dentro, todo era tibio: vino sirviéndose en copas delicadas, humo escapando de los platos recién llevados a las mesas, conversaciones suaves flotando entre la música lenta como si nadie en el lugar hubiese conocido jamás algo verdaderamente monstruoso.
Y aún así, sentado frente a frente, había algo que no pertenecía ahí; algo que no encaja, como si la habitación quedara demasiado pequeña para la densidad de su presencia.
No había pedido comida, ni siquiera algo de beber. El vaso de agua junto a su mano sigue intacto, olvidado desde hacía demasiado tiempo. Permanecía inmóvil bajo la luz tenue. No como alguien castigado, solo alguien que aprendió de alguna manera u otra a controlar el impulso creciente que intenta derrumbarlo con cada segundo que pasa. En la forma en que mantiene los brazos cruzados con demasiada firmeza denota un esfuerzo real por parecer tranquilo. En cómo desviaba la mirada cada vez que el aroma de la comida recién servida se volvía más intenso... o más bien cuando el personal se desplaza a su lado a cada oportunidad.
«¿𝐸𝑠 𝘩𝑎𝑚𝑏𝑟𝑒 𝑜....ᐣ»
—𝘚𝘪𝘨𝘶𝘦 𝘤𝘰𝘮𝘪𝘦𝘯𝘥𝘰 —por fin se pronunció. La voz salió grave y baja, arrastrando el cansancio de alguien que lleva demasiado tiempo negándose a algo; lo que sea que eso fuese. Afuera, un relámpago iluminó brevemente el cristal mojado del restaurante, pintando reflejos pálidos sobre el bozal y el verde de sus ojos.
—𝘌𝘴 𝘤𝘶𝘳𝘪𝘰𝘴𝘰 —murmuró al final, casi como si hablara consigo mismo—. 𝘓𝘢 𝘮𝘢𝘺𝘰𝘳𝜄́𝘢 𝘥𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘱𝘦𝘳𝘴𝘰𝘯𝘢𝘴 𝘮𝘪𝘳𝘢𝘯 𝘢 𝘲𝘶𝘪𝘦𝘯 𝘥𝘦𝘴𝘦𝘢𝘯 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘴𝘪 𝘲𝘶𝘪𝘴𝘪𝘦𝘳𝘢𝘯 𝘵𝘰𝘤𝘢𝘳𝘭𝘰. 𝘖 𝘦𝘯 𝘴𝘶 𝘥𝘦𝘧𝘦𝘤𝘵𝘰, 𝘤𝘰𝘯𝘴𝘶𝘮𝘪𝘳𝘭𝘰 —sus dedos se tensaron apenas bajo el brazo—. 𝘠𝘰 𝘴𝘪𝘦𝘮𝘱𝘳𝘦 𝘵𝘦𝘳𝘮𝘪𝘯𝘰 𝘱𝘦𝘯𝘴𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘦𝘯... 𝘥𝘪𝘦𝘯𝘵𝘦𝘴.
𝘈𝘔𝘉𝘐𝘌𝘕𝘛 𝘔𝘜𝘚𝘐𝘊: https://youtu.be/ZoxwHHOwVJw
El restaurante ardía en tonos dorados y elegantes. La lluvia golpeaba los ventanales con suavidad allá afuera, deshaciendo las luces de la ciudad en manchas líquidas que temblaban sobre el cristal. Dentro, todo era tibio: vino sirviéndose en copas delicadas, humo escapando de los platos recién llevados a las mesas, conversaciones suaves flotando entre la música lenta como si nadie en el lugar hubiese conocido jamás algo verdaderamente monstruoso.
Y aún así, sentado frente a frente, había algo que no pertenecía ahí; algo que no encaja, como si la habitación quedara demasiado pequeña para la densidad de su presencia.
No había pedido comida, ni siquiera algo de beber. El vaso de agua junto a su mano sigue intacto, olvidado desde hacía demasiado tiempo. Permanecía inmóvil bajo la luz tenue. No como alguien castigado, solo alguien que aprendió de alguna manera u otra a controlar el impulso creciente que intenta derrumbarlo con cada segundo que pasa. En la forma en que mantiene los brazos cruzados con demasiada firmeza denota un esfuerzo real por parecer tranquilo. En cómo desviaba la mirada cada vez que el aroma de la comida recién servida se volvía más intenso... o más bien cuando el personal se desplaza a su lado a cada oportunidad.
«¿𝐸𝑠 𝘩𝑎𝑚𝑏𝑟𝑒 𝑜....ᐣ»
—𝘚𝘪𝘨𝘶𝘦 𝘤𝘰𝘮𝘪𝘦𝘯𝘥𝘰 —por fin se pronunció. La voz salió grave y baja, arrastrando el cansancio de alguien que lleva demasiado tiempo negándose a algo; lo que sea que eso fuese. Afuera, un relámpago iluminó brevemente el cristal mojado del restaurante, pintando reflejos pálidos sobre el bozal y el verde de sus ojos.
—𝘌𝘴 𝘤𝘶𝘳𝘪𝘰𝘴𝘰 —murmuró al final, casi como si hablara consigo mismo—. 𝘓𝘢 𝘮𝘢𝘺𝘰𝘳𝜄́𝘢 𝘥𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘱𝘦𝘳𝘴𝘰𝘯𝘢𝘴 𝘮𝘪𝘳𝘢𝘯 𝘢 𝘲𝘶𝘪𝘦𝘯 𝘥𝘦𝘴𝘦𝘢𝘯 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘴𝘪 𝘲𝘶𝘪𝘴𝘪𝘦𝘳𝘢𝘯 𝘵𝘰𝘤𝘢𝘳𝘭𝘰. 𝘖 𝘦𝘯 𝘴𝘶 𝘥𝘦𝘧𝘦𝘤𝘵𝘰, 𝘤𝘰𝘯𝘴𝘶𝘮𝘪𝘳𝘭𝘰 —sus dedos se tensaron apenas bajo el brazo—. 𝘠𝘰 𝘴𝘪𝘦𝘮𝘱𝘳𝘦 𝘵𝘦𝘳𝘮𝘪𝘯𝘰 𝘱𝘦𝘯𝘴𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘦𝘯... 𝘥𝘪𝘦𝘯𝘵𝘦𝘴.
𝘈𝘔𝘉𝘐𝘌𝘕𝘛 𝘔𝘜𝘚𝘐𝘊: https://youtu.be/ZoxwHHOwVJw
❝𝑇𝘩𝑒𝑟𝑒 𝑎𝑟𝑒 𝑎𝑓𝑓𝑒𝑐𝑡𝑖𝑜𝑛𝑠 𝑡𝘩𝑎𝑡 𝑒𝑛𝑑 𝑏𝑒𝑡𝑤𝑒𝑒𝑛 𝑡𝘩𝑒 𝑡𝑒𝑒𝑡𝘩, 𝑎𝑛𝑑 𝑡𝘩𝑒 𝑡𝑒𝑟𝑟𝑖𝑏𝑙𝑒 𝑛𝑒𝑒𝑑 𝑡𝑜 𝑝𝑟𝑒𝑠𝑒𝑟𝑣𝑒 𝑠𝑜𝑚𝑒𝑡𝘩𝑖𝑛𝑔❞
El restaurante ardía en tonos dorados y elegantes. La lluvia golpeaba los ventanales con suavidad allá afuera, deshaciendo las luces de la ciudad en manchas líquidas que temblaban sobre el cristal. Dentro, todo era tibio: vino sirviéndose en copas delicadas, humo escapando de los platos recién llevados a las mesas, conversaciones suaves flotando entre la música lenta como si nadie en el lugar hubiese conocido jamás algo verdaderamente monstruoso.
Y aún así, sentado frente a frente, había algo que no pertenecía ahí; algo que no encaja, como si la habitación quedara demasiado pequeña para la densidad de su presencia.
No había pedido comida, ni siquiera algo de beber. El vaso de agua junto a su mano sigue intacto, olvidado desde hacía demasiado tiempo. Permanecía inmóvil bajo la luz tenue. No como alguien castigado, solo alguien que aprendió de alguna manera u otra a controlar el impulso creciente que intenta derrumbarlo con cada segundo que pasa. En la forma en que mantiene los brazos cruzados con demasiada firmeza denota un esfuerzo real por parecer tranquilo. En cómo desviaba la mirada cada vez que el aroma de la comida recién servida se volvía más intenso... o más bien cuando el personal se desplaza a su lado a cada oportunidad.
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—𝘚𝘪𝘨𝘶𝘦 𝘤𝘰𝘮𝘪𝘦𝘯𝘥𝘰 —por fin se pronunció. La voz salió grave y baja, arrastrando el cansancio de alguien que lleva demasiado tiempo negándose a algo; lo que sea que eso fuese. Afuera, un relámpago iluminó brevemente el cristal mojado del restaurante, pintando reflejos pálidos sobre el bozal y el verde de sus ojos.
—𝘌𝘴 𝘤𝘶𝘳𝘪𝘰𝘴𝘰 —murmuró al final, casi como si hablara consigo mismo—. 𝘓𝘢 𝘮𝘢𝘺𝘰𝘳𝜄́𝘢 𝘥𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘱𝘦𝘳𝘴𝘰𝘯𝘢𝘴 𝘮𝘪𝘳𝘢𝘯 𝘢 𝘲𝘶𝘪𝘦𝘯 𝘥𝘦𝘴𝘦𝘢𝘯 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘴𝘪 𝘲𝘶𝘪𝘴𝘪𝘦𝘳𝘢𝘯 𝘵𝘰𝘤𝘢𝘳𝘭𝘰. 𝘖 𝘦𝘯 𝘴𝘶 𝘥𝘦𝘧𝘦𝘤𝘵𝘰, 𝘤𝘰𝘯𝘴𝘶𝘮𝘪𝘳𝘭𝘰 —sus dedos se tensaron apenas bajo el brazo—. 𝘠𝘰 𝘴𝘪𝘦𝘮𝘱𝘳𝘦 𝘵𝘦𝘳𝘮𝘪𝘯𝘰 𝘱𝘦𝘯𝘴𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘦𝘯... 𝘥𝘪𝘦𝘯𝘵𝘦𝘴.
𝘈𝘔𝘉𝘐𝘌𝘕𝘛 𝘔𝘜𝘚𝘐𝘊: https://youtu.be/ZoxwHHOwVJw