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    Creo que cambiaré de pj ya que no hay mucho de Jimm que pueda usar debido a que el manga entró en hiatus y quien sabe hasta cuando volverá
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    Akane llevaba semanas sintiéndose agotada. Dormía, pero nunca descansaba realmente. El cansancio seguía acumulándose dentro de ella hasta que una noche apenas logró llegar a su habitación antes de caer sobre la cama todavía vestida. Pensó que cerraría los ojos solo un momento.

    Cuando despertó, la habitación estaba oscura. Se incorporó lentamente sintiendo el cuerpo extraño. La ropa le quedaba floja. Confundida, miró sus manos cubiertas por las mangas del vestido y una sensación incómoda le recorrió el pecho.

    Era más pequeña, Akane se levantó rápido y caminó hasta el espejo. El vestido rojo colgaba sobre su cuerpo como si perteneciera a alguien más. Pero al ver su reflejo, se quedó inmóvil.

    Su estatura había desaparecido, ya no superaba los 2 metros. La figura alta y elegante de su forma Elunia ya no estaba. Frente al espejo había una versión más humana y joven de sí misma. Entonces vio lo peor, su cabello era negro.

    Akane levantó lentamente una mano hacia su cabeza mientras observaba el reflejo en silencio. El plateado había desaparecido por completo, como si nunca hubiera existido. Durante siglos aquella apariencia había sido parte de ella, la prueba de la vida que vivió bajo el cielo de dos lunas.

    Y ahora estaba desapareciendo, Akane bajó lentamente la mirada mientras apretaba la tela sobrante del vestido entre sus dedos. Por primera vez sintió miedo de verdad. No porque hubiera perdido poder, sino porque comenzaba a sentir que el otro mundo también la estaba olvidando.
    Akane llevaba semanas sintiéndose agotada. Dormía, pero nunca descansaba realmente. El cansancio seguía acumulándose dentro de ella hasta que una noche apenas logró llegar a su habitación antes de caer sobre la cama todavía vestida. Pensó que cerraría los ojos solo un momento. Cuando despertó, la habitación estaba oscura. Se incorporó lentamente sintiendo el cuerpo extraño. La ropa le quedaba floja. Confundida, miró sus manos cubiertas por las mangas del vestido y una sensación incómoda le recorrió el pecho. Era más pequeña, Akane se levantó rápido y caminó hasta el espejo. El vestido rojo colgaba sobre su cuerpo como si perteneciera a alguien más. Pero al ver su reflejo, se quedó inmóvil. Su estatura había desaparecido, ya no superaba los 2 metros. La figura alta y elegante de su forma Elunia ya no estaba. Frente al espejo había una versión más humana y joven de sí misma. Entonces vio lo peor, su cabello era negro. Akane levantó lentamente una mano hacia su cabeza mientras observaba el reflejo en silencio. El plateado había desaparecido por completo, como si nunca hubiera existido. Durante siglos aquella apariencia había sido parte de ella, la prueba de la vida que vivió bajo el cielo de dos lunas. Y ahora estaba desapareciendo, Akane bajó lentamente la mirada mientras apretaba la tela sobrante del vestido entre sus dedos. Por primera vez sintió miedo de verdad. No porque hubiera perdido poder, sino porque comenzaba a sentir que el otro mundo también la estaba olvidando.
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  • ────Y llegó la hora del descanso. Eso solo puede significar una cosa, es momento de la revancha jugando Uno. Por supuesto, esta vez planeo llevarme la victoria. Algo me dice que hoy la suerte finalmente ha decidido ponerse de mi lado sin cobrar intereses. Aunque solo es una corazonada; después de todo el destino tiene unas formas muy divertidas de sorprender –guardó dos cartas de +4 en el interior de la manga–.
    ────Y llegó la hora del descanso. Eso solo puede significar una cosa, es momento de la revancha jugando Uno. Por supuesto, esta vez planeo llevarme la victoria. Algo me dice que hoy la suerte finalmente ha decidido ponerse de mi lado sin cobrar intereses. Aunque solo es una corazonada; después de todo el destino tiene unas formas muy divertidas de sorprender –guardó dos cartas de +4 en el interior de la manga–.
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  • - E..escucha, Max estamos todos como locos buscándote, tu madre y yo, vamos, vuelve a casa... Los demás están contigo, solo quieren cuidarte, ¿vale? Ya has visto lo que me han hecho ellos... Ellos también quieren que vuelvas.

    *Max estaba en shock, paralizado. De repente, Nombre Provisional le agarró de la manga y empezó a alejarse con él. Miró al científico con absoluto desprecio en su pantalla.

    NP: Dejadlo en paz de una vez, no va a volver, si seguís persiguiéndole, os mato.
    - E..escucha, Max estamos todos como locos buscándote, tu madre y yo, vamos, vuelve a casa... Los demás están contigo, solo quieren cuidarte, ¿vale? Ya has visto lo que me han hecho ellos... Ellos también quieren que vuelvas. *Max estaba en shock, paralizado. De repente, Nombre Provisional le agarró de la manga y empezó a alejarse con él. Miró al científico con absoluto desprecio en su pantalla. NP: Dejadlo en paz de una vez, no va a volver, si seguís persiguiéndole, os mato.
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  • ---

    Riega ante tus hilos;
    este rito de paradisos;
    húndeme en el trono de tus fauces,
    mudo antepasado pernoctado con la asiedad;
    temple de los ruegos; más de augurios;
    más osados, sesga el puente.

    Caen ante tu morada, de rodillas, con el rostro:
    al aire se arremangan las lianas del mentir;
    me entrego; me devano; instalo la estampa de tus líricos cosenos.
    Mis instantes son tan turbios como tus ilícitos corruptos.

    ¿Quién espera que reviente el estomágo del corazón?
    Riegame un río entre tus sienes.
    Y escapa de la espada de los lirios;
    sino de un si no de un sueño que no pernocta,
    el valle de los abismos del espirítu.

    Reaspiro el torrente de la acuosidad;
    me retiene en líricas almicas;
    tan demente; tan irreverente;
    tan creciente;
    como lo que puedo ser y no ser;
    en este mundo de magno juego.

    Mi peinar se acrecenta en tus cabellos;
    persisten ángeles en ellos;
    brindaré por tu paz; esa más amada;
    tan de nosotros dos.
    --- Riega ante tus hilos; este rito de paradisos; húndeme en el trono de tus fauces, mudo antepasado pernoctado con la asiedad; temple de los ruegos; más de augurios; más osados, sesga el puente. Caen ante tu morada, de rodillas, con el rostro: al aire se arremangan las lianas del mentir; me entrego; me devano; instalo la estampa de tus líricos cosenos. Mis instantes son tan turbios como tus ilícitos corruptos. ¿Quién espera que reviente el estomágo del corazón? Riegame un río entre tus sienes. Y escapa de la espada de los lirios; sino de un si no de un sueño que no pernocta, el valle de los abismos del espirítu. Reaspiro el torrente de la acuosidad; me retiene en líricas almicas; tan demente; tan irreverente; tan creciente; como lo que puedo ser y no ser; en este mundo de magno juego. Mi peinar se acrecenta en tus cabellos; persisten ángeles en ellos; brindaré por tu paz; esa más amada; tan de nosotros dos.
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  • Coᥒtιᥒυᥲᥴιóᥒ > Roᥣᥱρᥣᥲყ Exᥴᥣυsινᥱ >> 𝐃𝐫𝐚 𝐒𝐚𝐦𝐚𝐧𝐭𝐡𝐚 𝐓𝐚𝐤𝐚𝐡𝐚𝐬𝐡𝐢

    《𝐀 𝐭𝐡𝐢𝐬 𝐜𝐨𝐫𝐧𝐞𝐫 𝐨𝐟 𝐭𝐡𝐞 𝐰𝐨𝐫𝐥𝐝, 𝐞𝐯𝐞𝐫𝐲𝐭𝐡𝐢𝐧𝐠 𝐠𝐨𝐞𝐬 𝐬𝐦𝐨𝐨𝐭𝐡𝐥𝐲.》

    La puerta del consultorio finalmente se abrió tras dos horas de espera, dejando escapar ese olor aséptico y metálico tan propio de las clínicas de alta gama.

    Frederick emergió con el saco descansando sobre el antebrazo y las mangas de la camisa recogidas; en su muñeca, el acero de su Vacheron Constantin captó la luz del pasillo con un destello frío, una marca de éxito que no necesitaba gritar para ser reconocida.

    Su mano derecha, ahora una masa blanca y rígida de vendajes, contrastaba con la soltura de su andar.

    Mientras observaba a la Dra. Samantha intercambiar saludos con el cirujano, Frederick sintió una punzada de admiración.
    «Se mueve en este mundo con una gracia que yo apenas estoy aprendiendo», pensó, adoptando una postura de guardián silencioso. Había algo casi infantil en su docilidad actual, producto de un cóctel de fármacos que suavizaba sus facciones y hacía que el peso del folder con documentos se sintiera extrañamente ligero.

    Una reverencia después, una despedida corta y una "amenaza" de no automedicarse después y ya estaban caminando de regreso por los pasillos.

    —Cuando me hablaron del nivel de la cirugía en Japón, pensé que era puro marketing, una forma elegante de atraer divisas —admitió con una risa breve, el tono de su voz arrastrado levemente por el efecto de los analgésicos.
    —Tuve que tragarme mi orgullo europeo para aceptar que aquí el futuro ya llegó. Jamás imaginé que, a mis años, mi mayor reto sería dominar los kanjis, pero este país tiene una paciencia que te obliga a ser mejor. —

    Pese a la bruma en su cabeza, su instinto de caballero no flaqueó. Con la mano izquierda, la "sana", se las ingenió para empujar las pesadas puertas batientes, ignorando el ligero desequilibrio que sentía. Al llegar al estacionamiento, el calor del asfalto le subió por las piernas, pero se mantuvo firme para abrirle la puerta a ella antes de desplomarse con elegancia en el asiento del copiloto.

    En la pantalla de su móvil, Tabelog mostraba un sinfín de opciones, pero sus ojos se iluminaron al ver un diner de estética americana. El contraste de un refugio occidental en medio de la metrópolis japonesa le pareció el cierre perfecto.

    Con la ruta ya trazada y el ánimo elevado por la química del medicamento y la calidez de su compañía, Frederick se permitió hundirse en el cuero del asiento. Aquella ciudad ya no se sentía extraña; se sentía como un destino que valía la pena habitar.
    Coᥒtιᥒυᥲᥴιóᥒ > Roᥣᥱρᥣᥲყ Exᥴᥣυsινᥱ >> [Samantha_Takahashi] 《𝐀 𝐭𝐡𝐢𝐬 𝐜𝐨𝐫𝐧𝐞𝐫 𝐨𝐟 𝐭𝐡𝐞 𝐰𝐨𝐫𝐥𝐝, 𝐞𝐯𝐞𝐫𝐲𝐭𝐡𝐢𝐧𝐠 𝐠𝐨𝐞𝐬 𝐬𝐦𝐨𝐨𝐭𝐡𝐥𝐲.》 La puerta del consultorio finalmente se abrió tras dos horas de espera, dejando escapar ese olor aséptico y metálico tan propio de las clínicas de alta gama. Frederick emergió con el saco descansando sobre el antebrazo y las mangas de la camisa recogidas; en su muñeca, el acero de su Vacheron Constantin captó la luz del pasillo con un destello frío, una marca de éxito que no necesitaba gritar para ser reconocida. Su mano derecha, ahora una masa blanca y rígida de vendajes, contrastaba con la soltura de su andar. Mientras observaba a la Dra. Samantha intercambiar saludos con el cirujano, Frederick sintió una punzada de admiración. «Se mueve en este mundo con una gracia que yo apenas estoy aprendiendo», pensó, adoptando una postura de guardián silencioso. Había algo casi infantil en su docilidad actual, producto de un cóctel de fármacos que suavizaba sus facciones y hacía que el peso del folder con documentos se sintiera extrañamente ligero. Una reverencia después, una despedida corta y una "amenaza" de no automedicarse después y ya estaban caminando de regreso por los pasillos. —Cuando me hablaron del nivel de la cirugía en Japón, pensé que era puro marketing, una forma elegante de atraer divisas —admitió con una risa breve, el tono de su voz arrastrado levemente por el efecto de los analgésicos. —Tuve que tragarme mi orgullo europeo para aceptar que aquí el futuro ya llegó. Jamás imaginé que, a mis años, mi mayor reto sería dominar los kanjis, pero este país tiene una paciencia que te obliga a ser mejor. — Pese a la bruma en su cabeza, su instinto de caballero no flaqueó. Con la mano izquierda, la "sana", se las ingenió para empujar las pesadas puertas batientes, ignorando el ligero desequilibrio que sentía. Al llegar al estacionamiento, el calor del asfalto le subió por las piernas, pero se mantuvo firme para abrirle la puerta a ella antes de desplomarse con elegancia en el asiento del copiloto. En la pantalla de su móvil, Tabelog mostraba un sinfín de opciones, pero sus ojos se iluminaron al ver un diner de estética americana. El contraste de un refugio occidental en medio de la metrópolis japonesa le pareció el cierre perfecto. Con la ruta ya trazada y el ánimo elevado por la química del medicamento y la calidez de su compañía, Frederick se permitió hundirse en el cuero del asiento. Aquella ciudad ya no se sentía extraña; se sentía como un destino que valía la pena habitar.
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  • *La batalla había sido cruel y cumpliendo con los clichés de un anime, el oponente no sabía que tenía un as bajo la manga. Entonces me quité la camiseta.*

    "¡Ahora sufrirás el poder del Fan Service!....aunque....no tengo ni fans.....ni Service.....creo que en realidad fue una mala idea..."

    #SeductiveSunday
    *La batalla había sido cruel y cumpliendo con los clichés de un anime, el oponente no sabía que tenía un as bajo la manga. Entonces me quité la camiseta.* "¡Ahora sufrirás el poder del Fan Service!....aunque....no tengo ni fans.....ni Service.....creo que en realidad fue una mala idea..." #SeductiveSunday :STK-88:
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  • 09 de abril, Mundo espiritual.
    Celda de almas peligrosas.

    -Nathaniel le envió un mensaje a Angyar.
    “ Angye debes venir, hay un motín de las almas peligrosas. Necesitamos tu ayuda”
    Angyar al leer eso en el hotel donde estaba en NY, suspiro rascándose la cabeza se levantó de la cama y se acercó al espejo cuerpo completo que había en la habitación, el material como si fuera líquido logró que la mujer pasará al otro lado llegando rápidamente al mundo espiritual. La ropa de la mujer era un vestido cuello cubierto estilo sirena mangas en globo transparente con espalda descubierta, con un adorno de tres cadenas en su hombro derecho y cabello tomado en tomate. En su mano derecha su arma se había convertido en un largo dije con punta que brillaba.
    El lugar llovía cuando la mujer llegó las almas al verla se dispersaron rápidamente, pero las almas más pesadas o de categoría más alta estaban al frente.
    El clima comenzó a cambiar, era más templado a cálido.
    Nathaniel, observó a la mujer y se colocó a su mano izquierda, mientras le daba los estatus avanzando hacia el frente-

    Nathaniel: los pilares 4 y 5 están bien, el pilar 1 tiene grietas muy grandes habrá que hacer reparación. El pilar 2 y 3 tenemos que recuperarlos

    -Angyar no comento nada solo avanzó su energía daba la orden necesaria “o vuelves o te desintegró”, las almas pequeñas se alejaban-

    Angyar: Drankun debe liderar esto, yo me encargo de eso, tú encárgate de Doomsy.
    Mantengamoslo separado, junto nos será un dolor de cabeza.

    -Nathaniel asintió y rápidamente se movió hacia la derecha de la mujer, mientras ella fue al frente donde claramente se veía un coloso gigante de cuatro brazos -

    Angyar: Hello Drankun vengo por mi abrazo de cumpleaños, tanto tiempo sin verte!! .. Así que aprovecho de darte tú bono por comportamiento..
    -Dijo la mujer con sarcasmo mientras, empuñaba su mano derecha dando un salto tan alto que alcanzo la mandíbula del coloso impactando directo en esta desestabilizandolo. Cuando aterrizó desplegó el dije que colgaba en su hombro y este se aferró a las piernas del gigante tirando de él con una fuerza sobrenatural derribandolo-

    Angyar: Vamos a dormir pequeño bebé.. Yo te aviso cuando venga papá Noel
    -Se escuchó un gran golpe seguido de una polvareda cuando el gigante cayó. La mujer se sacudió las manos suspirando, las otras almas la miraron con miedo-

    Angyar: Qué ¿Ustedes también quieren dormir?
    -Comenzaron a correr las almas en dirección a sus celdas mientras la mujer se comía un dulce. Nathaniel venía con un tipo parecido a una araña de muchos brazos alto envuelto en las sombras -

    Angyar: Espero tengas medialunas .. tengo hambre..
    -Nathaniel se rió, al ver a la mujer tan calmada-

    Angyar: Está no son formas de terminar la semana..

    Nathaniel: pues quejate con el sindicato.. y ¿ya encontraste tu crucifijo?

    -La mujer de masajeó la frente mientras iba arrastrando al coloso para su celda-

    Angyar: No.. ni siquiera sé quién lo tiene..Y ahora debo reparar 3 pilares… como si no tuviera nada que hacer..
    -Miró un momento al coloso y volvió a mirar hacia el camino-

    Angyar: Debería cortarle los brazos y hacerlo material para los pilares que rompió..
    -Nathaniel se rió fuertemente -

    Nathaniel: sería bueno, pero eres todo menos cruel..

    Angyar: lo sé, así que trabajará para restaurar los pilares, hasta que se le caigan los brazos.



    09 de abril, Mundo espiritual. Celda de almas peligrosas. -Nathaniel le envió un mensaje a Angyar. “ Angye debes venir, hay un motín de las almas peligrosas. Necesitamos tu ayuda” Angyar al leer eso en el hotel donde estaba en NY, suspiro rascándose la cabeza se levantó de la cama y se acercó al espejo cuerpo completo que había en la habitación, el material como si fuera líquido logró que la mujer pasará al otro lado llegando rápidamente al mundo espiritual. La ropa de la mujer era un vestido cuello cubierto estilo sirena mangas en globo transparente con espalda descubierta, con un adorno de tres cadenas en su hombro derecho y cabello tomado en tomate. En su mano derecha su arma se había convertido en un largo dije con punta que brillaba. El lugar llovía cuando la mujer llegó las almas al verla se dispersaron rápidamente, pero las almas más pesadas o de categoría más alta estaban al frente. El clima comenzó a cambiar, era más templado a cálido. Nathaniel, observó a la mujer y se colocó a su mano izquierda, mientras le daba los estatus avanzando hacia el frente- Nathaniel: los pilares 4 y 5 están bien, el pilar 1 tiene grietas muy grandes habrá que hacer reparación. El pilar 2 y 3 tenemos que recuperarlos -Angyar no comento nada solo avanzó su energía daba la orden necesaria “o vuelves o te desintegró”, las almas pequeñas se alejaban- Angyar: Drankun debe liderar esto, yo me encargo de eso, tú encárgate de Doomsy. Mantengamoslo separado, junto nos será un dolor de cabeza. -Nathaniel asintió y rápidamente se movió hacia la derecha de la mujer, mientras ella fue al frente donde claramente se veía un coloso gigante de cuatro brazos - Angyar: Hello Drankun vengo por mi abrazo de cumpleaños, tanto tiempo sin verte!! .. Así que aprovecho de darte tú bono por comportamiento.. -Dijo la mujer con sarcasmo mientras, empuñaba su mano derecha dando un salto tan alto que alcanzo la mandíbula del coloso impactando directo en esta desestabilizandolo. Cuando aterrizó desplegó el dije que colgaba en su hombro y este se aferró a las piernas del gigante tirando de él con una fuerza sobrenatural derribandolo- Angyar: Vamos a dormir pequeño bebé.. Yo te aviso cuando venga papá Noel -Se escuchó un gran golpe seguido de una polvareda cuando el gigante cayó. La mujer se sacudió las manos suspirando, las otras almas la miraron con miedo- Angyar: Qué ¿Ustedes también quieren dormir? -Comenzaron a correr las almas en dirección a sus celdas mientras la mujer se comía un dulce. Nathaniel venía con un tipo parecido a una araña de muchos brazos alto envuelto en las sombras - Angyar: Espero tengas medialunas .. tengo hambre.. -Nathaniel se rió, al ver a la mujer tan calmada- Angyar: Está no son formas de terminar la semana.. Nathaniel: pues quejate con el sindicato.. y ¿ya encontraste tu crucifijo? -La mujer de masajeó la frente mientras iba arrastrando al coloso para su celda- Angyar: No.. ni siquiera sé quién lo tiene..Y ahora debo reparar 3 pilares… como si no tuviera nada que hacer.. -Miró un momento al coloso y volvió a mirar hacia el camino- Angyar: Debería cortarle los brazos y hacerlo material para los pilares que rompió.. -Nathaniel se rió fuertemente - Nathaniel: sería bueno, pero eres todo menos cruel.. Angyar: lo sé, así que trabajará para restaurar los pilares, hasta que se le caigan los brazos.
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  • Carne humana
    Fandom Original
    Categoría Terror
    La sangre resbaló de su boca en un hilo espeso. El demonio, que adoraba la carne humana, escupió un trozo al suelo con desdén y se limpió con las mangas blancas de su camisa, dejando manchas que se abrían como flores marchitas en la tela.

    Una vez más, sus garras estaban cubiertas, teñidas hasta las grietas de carmesí. El aire del callejón se había vuelto pesado y saturado de un olor agrio y metálico que se pegaba a la garganta....
    Sin darse cuenta, se estaba riendo; una risa rota, que vibraba en su pecho. ¿Había perdido la cordura? Tal vez...O quizá nunca la tuvo.

    Se había escapado del infierno. Había vagado por la tierra durante tres días, arrastrando consigo ese vacío insaciable que no conocía descanso. En ese tiempo, había dejado tras de sí un rastro invisible de ausencias y de silencios abruptos en calles que ya no volverían a ser las mismas. Había devorado a incontables personas… excepto una.

    Una presencia firme en medio del hedor y la penumbra. ¿Qué hacía esa persona ahí? ¿Por qué no retrocedía, por qué no huía como los demás? ¿Acaso no comprendía el peligro que respiraba en cada centímetro de ese lugar?

    El demonio inclinó ligeramente la cabeza, observándola con curiosidad. Aún así, la decisión ya estaba tomada. La devoraría lentamente, sin dejar rastro alguno, hasta que no quedara más que el recuerdo distorsionado de haber existido.
    La sangre resbaló de su boca en un hilo espeso. El demonio, que adoraba la carne humana, escupió un trozo al suelo con desdén y se limpió con las mangas blancas de su camisa, dejando manchas que se abrían como flores marchitas en la tela. Una vez más, sus garras estaban cubiertas, teñidas hasta las grietas de carmesí. El aire del callejón se había vuelto pesado y saturado de un olor agrio y metálico que se pegaba a la garganta.... Sin darse cuenta, se estaba riendo; una risa rota, que vibraba en su pecho. ¿Había perdido la cordura? Tal vez...O quizá nunca la tuvo. Se había escapado del infierno. Había vagado por la tierra durante tres días, arrastrando consigo ese vacío insaciable que no conocía descanso. En ese tiempo, había dejado tras de sí un rastro invisible de ausencias y de silencios abruptos en calles que ya no volverían a ser las mismas. Había devorado a incontables personas… excepto una. Una presencia firme en medio del hedor y la penumbra. ¿Qué hacía esa persona ahí? ¿Por qué no retrocedía, por qué no huía como los demás? ¿Acaso no comprendía el peligro que respiraba en cada centímetro de ese lugar? El demonio inclinó ligeramente la cabeza, observándola con curiosidad. Aún así, la decisión ya estaba tomada. La devoraría lentamente, sin dejar rastro alguno, hasta que no quedara más que el recuerdo distorsionado de haber existido.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    20
    Estado
    Disponible
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  • Como cualquier otro japonés, Mine solía frecuentar lugares así; especialmente en esas noches donde el silencio de su casa se volvía demasiado aburrido. Era un asalto a los sentidos: demasiado ruido, demasiadas luces, demasiado todo. Y, sin embargo, allí estaba, entregado a una emoción genuina mientras se perdía en su juego de ritmo favorito. Llevaba las mangas de la remera arremangadas con descuido y su cabello, habitualmente peinado hacia atrás con rigor, caía ahora sobre su cabeza. Ese simple desorden lo volvía casi irreconocible; le otorgaba un aire más joven y mas accesible.

    Sus dedos se desplazaban sobre los botones con una precisión mecánica, casi coreográfica. Mientras la pantalla estallaba en colores y patrones frenéticos, el rostro de Mine se iluminaba con el reflejo del monitor. Se movía como un profesional, como si hubiera repetido esa secuencia miles de veces, y quizás así era. No sonreía, pero tampoco cargaba con su habitual ceño fruncido; su expresión era de una calma absoluta, algo dificil de ver en él.

    Finalmente, la música cesó. Mine dejó escapar un suspiro contenido y observó la pantalla con interés, esperando haber superado su propia marca. Dio un paso atrás para retirarse, y entonces, sucedió.

    Sintió un contacto inesperado y firme. Unos dedos ajenos sujetaron su barbilla sin previo aviso, obligándolo a alzar el rostro. Lo movieron de un lado a otro, escudriñándolo, como si evaluaran si aquel era realmente EL Mine y no un impostor. Su cuerpo reaccionó antes que su mente: se tensó al instante, los hombros se endurecieron y sus manos dudaron un segundo eterno entre apartar bruscamente aquel agarre o quedarse congeladas donde estaban.

    Su mirada, siempre afilada y bajo control, vaciló al verse forzada a una cercanía tan invasiva. Demasiado cerca. Podía percibir el calor de la otra persona, registrar detalles que no se había autorizado a notar. Su ceño se contrajo, pero no con la severidad de siempre; esta vez era una mueca más frágil, teñida de incomodidad. Tragó saliva, un gesto sutil pero delator.
    No apartó la vista de inmediato, y ese fue su error.

    —…¿Ya terminaste?

    Su voz emergió más baja de lo normal, con una aspereza que no nacía de la irritación, sino de algo mucho más profundo, del miedo de haber sido descubierto. Aunque su rigidez lo traicionaba, no hizo el menor ademán de apartar la mano que aún sostenía su barbilla.
    Como cualquier otro japonés, Mine solía frecuentar lugares así; especialmente en esas noches donde el silencio de su casa se volvía demasiado aburrido. Era un asalto a los sentidos: demasiado ruido, demasiadas luces, demasiado todo. Y, sin embargo, allí estaba, entregado a una emoción genuina mientras se perdía en su juego de ritmo favorito. Llevaba las mangas de la remera arremangadas con descuido y su cabello, habitualmente peinado hacia atrás con rigor, caía ahora sobre su cabeza. Ese simple desorden lo volvía casi irreconocible; le otorgaba un aire más joven y mas accesible. Sus dedos se desplazaban sobre los botones con una precisión mecánica, casi coreográfica. Mientras la pantalla estallaba en colores y patrones frenéticos, el rostro de Mine se iluminaba con el reflejo del monitor. Se movía como un profesional, como si hubiera repetido esa secuencia miles de veces, y quizás así era. No sonreía, pero tampoco cargaba con su habitual ceño fruncido; su expresión era de una calma absoluta, algo dificil de ver en él. Finalmente, la música cesó. Mine dejó escapar un suspiro contenido y observó la pantalla con interés, esperando haber superado su propia marca. Dio un paso atrás para retirarse, y entonces, sucedió. Sintió un contacto inesperado y firme. Unos dedos ajenos sujetaron su barbilla sin previo aviso, obligándolo a alzar el rostro. Lo movieron de un lado a otro, escudriñándolo, como si evaluaran si aquel era realmente EL Mine y no un impostor. Su cuerpo reaccionó antes que su mente: se tensó al instante, los hombros se endurecieron y sus manos dudaron un segundo eterno entre apartar bruscamente aquel agarre o quedarse congeladas donde estaban. Su mirada, siempre afilada y bajo control, vaciló al verse forzada a una cercanía tan invasiva. Demasiado cerca. Podía percibir el calor de la otra persona, registrar detalles que no se había autorizado a notar. Su ceño se contrajo, pero no con la severidad de siempre; esta vez era una mueca más frágil, teñida de incomodidad. Tragó saliva, un gesto sutil pero delator. No apartó la vista de inmediato, y ese fue su error. —…¿Ya terminaste? Su voz emergió más baja de lo normal, con una aspereza que no nacía de la irritación, sino de algo mucho más profundo, del miedo de haber sido descubierto. Aunque su rigidez lo traicionaba, no hizo el menor ademán de apartar la mano que aún sostenía su barbilla.
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