• – No me acuerdo de su rostro, ni de dónde fue, ni que camiseta llevaba. Lo único de lo que me acuerdo es de como se miró la mano tras tocarse la cara llena de sangre. No mostró miedo ni enfado, solo... Resignación. Cómo si tras ver morir a sus padres delante suya ya no tenía motivos para importarle lo que le iba a pasar. El flequillo le llegaba hasta los ojos, pero aunque hubiera querido verselos, la sangre se los cubría, el golpe que le di en el cráneo fue contundente. Tenía la misma edad que yo cuando empecé en esto. Seguramente debí haberme puesto un límite moral tras aquello, una línea... Pero no lo hice.
    – No me acuerdo de su rostro, ni de dónde fue, ni que camiseta llevaba. Lo único de lo que me acuerdo es de como se miró la mano tras tocarse la cara llena de sangre. No mostró miedo ni enfado, solo... Resignación. Cómo si tras ver morir a sus padres delante suya ya no tenía motivos para importarle lo que le iba a pasar. El flequillo le llegaba hasta los ojos, pero aunque hubiera querido verselos, la sangre se los cubría, el golpe que le di en el cráneo fue contundente. Tenía la misma edad que yo cuando empecé en esto. Seguramente debí haberme puesto un límite moral tras aquello, una línea... Pero no lo hice.
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  • ... Y sin importar que digan. El pastel de calamar del vacío tiene muchas vitaminas y solo necesita un poquito de sal.

    — Rina está tratando de convencerte para que comas su pastel. Sigue pensando que si Ellen se come todo eso debe ser por qué está delicioso —
    ... Y sin importar que digan. El pastel de calamar del vacío tiene muchas vitaminas y solo necesita un poquito de sal. — Rina está tratando de convencerte para que comas su pastel. Sigue pensando que si Ellen se come todo eso debe ser por qué está delicioso —
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  • Soy bastante buena desapareciendo cuando noto que algo empieza a importarme de verdad.

    Huyendo y mirando atrás. ¿Ridícula hasta el final?.

    La inteligencia me dura aproximadamente cinco minutos.

    Pa dum tss.
    Soy bastante buena desapareciendo cuando noto que algo empieza a importarme de verdad. Huyendo y mirando atrás. ¿Ridícula hasta el final?. La inteligencia me dura aproximadamente cinco minutos. Pa dum tss.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Feliz Día de las Madres a Sasha Ishtar.

    Hoy celebramos a una verdadera reina, llena de fuerza, elegancia y una presencia que jamás pasa desapercibida. Con esa mirada imponente y esa energía tan poderosa, representas perfectamente a una mujer capaz de proteger, cuidar y salir adelante sin importar los obstáculos.

    Sasha Ishtar no solo destaca por su belleza y su aura dominante, sino también por transmitir carácter, seguridad y grandeza en cada momento. Eres de esas personas que dejan huella con solo aparecer.

    Que este día esté lleno de cariño, reconocimiento y momentos especiales, porque mujeres tan increíbles como tú merecen ser celebradas siempre.

    Feliz Día de las Madres para la reina azul más hermosa y poderosa.
    Feliz Día de las Madres a Sasha Ishtar. 💙 Hoy celebramos a una verdadera reina, llena de fuerza, elegancia y una presencia que jamás pasa desapercibida. Con esa mirada imponente y esa energía tan poderosa, representas perfectamente a una mujer capaz de proteger, cuidar y salir adelante sin importar los obstáculos. Sasha Ishtar no solo destaca por su belleza y su aura dominante, sino también por transmitir carácter, seguridad y grandeza en cada momento. Eres de esas personas que dejan huella con solo aparecer. Que este día esté lleno de cariño, reconocimiento y momentos especiales, porque mujeres tan increíbles como tú merecen ser celebradas siempre. Feliz Día de las Madres para la reina azul más hermosa y poderosa. 👑💙
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  • El cielo nocturno ya no era un manto de promesas, sino una bóveda asfixiante, una prisión a la que le aterraba volver. Mirando hacia la inmensidad oscura, los ojos dorados de Raziel dejaron escapar nuevas lágrimas. Reprimir los siglos de devoción que atesoraba por ella era una tarea imposible, incluso cuando la imagen de la Comandante, empapada en la sangre de sus hermanos, monopolizaba cada una de sus pesadillas.

    La necesitaba con desesperación. La distancia era un veneno corrosivo que le devoraba el alma más rápido que el propio abandono de Padre. El corazón le latía dividido: por un lado, el pánico de que Mikhael la encontrara; por el otro, la agonía de querer sentir su presencia una vez más.

    Desplegó sus alas rotas, forzando un último impulso que la llevó hasta la azotea de un edificio desolado. Tenía que estar lejos. Lejos de la casa de Vael, asegurándose de que su propia imprudencia no lo arrastrara a la muerte. Una vez a salvo en la cornisa, cerró los ojos y dejó que su voz viajara a través de ese vínculo mental que alguna vez juraron que sería eterno. Un hilo que ahora se sentía infectado por la guerra, pero al que Raziel se aferraba con obstinación.

    —He caminado entre ellos... he visto de cerca lo pútrido de su alma... lo inmoral de sus acciones... —Su confesión viajó por el hilo invisible, dándole la razón a todas esas noches de preguntas que siempre la atormentaron. Si tan solo hubiera prestado más atención... quizá habría podido evitar esto, pero ya era muy tarde—. Pero también he visto el rezago del amor de Padre en ellos, Mikhael... lo que alguna vez habitó en ti y en mí... ese amor...

    La palabra le quemó la garganta, dejándole un sabor a ceniza—… el que ya no tiene cabida en tu pecho... he decidido que voy a protegerlo.

    La declaración se cortó por el llanto. Se estaba convirtiendo en la enemiga de la dueña de su corazón, pero se aferró a la certeza de que detenerla era la única forma de salvarla de sí misma; de evitar que las manos puras de la General se perdieran para siempre en la sangre inocente.

    —Sé que pretendes asesinarlos a todos. Y solo quería que supieras... amor mío... que voy a detenerte. Sin importar el costo.
    El cielo nocturno ya no era un manto de promesas, sino una bóveda asfixiante, una prisión a la que le aterraba volver. Mirando hacia la inmensidad oscura, los ojos dorados de Raziel dejaron escapar nuevas lágrimas. Reprimir los siglos de devoción que atesoraba por ella era una tarea imposible, incluso cuando la imagen de la Comandante, empapada en la sangre de sus hermanos, monopolizaba cada una de sus pesadillas. La necesitaba con desesperación. La distancia era un veneno corrosivo que le devoraba el alma más rápido que el propio abandono de Padre. El corazón le latía dividido: por un lado, el pánico de que Mikhael la encontrara; por el otro, la agonía de querer sentir su presencia una vez más. Desplegó sus alas rotas, forzando un último impulso que la llevó hasta la azotea de un edificio desolado. Tenía que estar lejos. Lejos de la casa de Vael, asegurándose de que su propia imprudencia no lo arrastrara a la muerte. Una vez a salvo en la cornisa, cerró los ojos y dejó que su voz viajara a través de ese vínculo mental que alguna vez juraron que sería eterno. Un hilo que ahora se sentía infectado por la guerra, pero al que Raziel se aferraba con obstinación. —He caminado entre ellos... he visto de cerca lo pútrido de su alma... lo inmoral de sus acciones... —Su confesión viajó por el hilo invisible, dándole la razón a todas esas noches de preguntas que siempre la atormentaron. Si tan solo hubiera prestado más atención... quizá habría podido evitar esto, pero ya era muy tarde—. Pero también he visto el rezago del amor de Padre en ellos, Mikhael... lo que alguna vez habitó en ti y en mí... ese amor... La palabra le quemó la garganta, dejándole un sabor a ceniza—… el que ya no tiene cabida en tu pecho... he decidido que voy a protegerlo. La declaración se cortó por el llanto. Se estaba convirtiendo en la enemiga de la dueña de su corazón, pero se aferró a la certeza de que detenerla era la única forma de salvarla de sí misma; de evitar que las manos puras de la General se perdieran para siempre en la sangre inocente. —Sé que pretendes asesinarlos a todos. Y solo quería que supieras... amor mío... que voy a detenerte. Sin importar el costo.
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  • -despues de algunos días recorriendo el infierno finalmente encontraría a los 3 maestros con los que debía hablar-

    Maestro 1: te estábamos esperando, drogo hitosaki, sabemos lo que sucedió en la batalla contra Alhoon y es por eso que estás aquí

    Maestro 2: antes de que llegarás tomamos una decisión acerca de lo que haremos contigo

    Maestro 3: los tres hemos llegado a un acuerdo, vamos a darte el poder que tanto deseas.. pero todo tiene un precio.

    Sin importar las consecuencias voy a aceptar, lucharé por un mundo donde mí hermana viva en paz.. no dejaré que lo que sucedió con Drizz se repita.

    Maestro 3: el precio que pagarás es el siguiente. Cuando la batalla contra Alhoon llegue a su final te volverás un humano común y corriente, eso significa que perderás todos tus poderes.

    No me importa, aceptaré esa consecuencia...
    -despues de algunos días recorriendo el infierno finalmente encontraría a los 3 maestros con los que debía hablar- Maestro 1: te estábamos esperando, drogo hitosaki, sabemos lo que sucedió en la batalla contra Alhoon y es por eso que estás aquí Maestro 2: antes de que llegarás tomamos una decisión acerca de lo que haremos contigo Maestro 3: los tres hemos llegado a un acuerdo, vamos a darte el poder que tanto deseas.. pero todo tiene un precio. Sin importar las consecuencias voy a aceptar, lucharé por un mundo donde mí hermana viva en paz.. no dejaré que lo que sucedió con Drizz se repita. Maestro 3: el precio que pagarás es el siguiente. Cuando la batalla contra Alhoon llegue a su final te volverás un humano común y corriente, eso significa que perderás todos tus poderes. No me importa, aceptaré esa consecuencia...
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  • El jardín permanecía en un gran silencio, siempre lo hacía sin importar la hora. Y era un silencio agradable, de los que cualquiera podría aprovechar para descansar la mente y apagarse por un momento, disfrutar del presente. Ahí era como estar dentro de una burbuja que alejaba toda molestia, apenas oyéndose un murmullo muy lejano de la ciudad. De hecho, el movimiento de las hojas ayudaba a ahogar los sonidos distantes.

    Las rosas del Scarlet Garden crecían muy hermosas en ese jardín, rosales de diferentes colores, y que estaban ocultas de clientes curiosos y ojos indiscretos. No se hablaba demasiado de ese lugar, la mayoría ni sabía que existía ahí, detrás del edificio. Era mejor así.

    En ese momento el sol estaba en lo alto y los rayos daban una calidez acogedora al jardín.

    Su mano se deslizó con una gran delicadeza a una de las rosas, rozando con las yemas de sus dedos los pétalos antes de sostener la flor.

    —Es curioso... —murmuró, casi como si saboreara las palabras—, las personas suelen asumir que lo hermoso debe ser frágil.

    Parecía estar hablando a la nada, ¿o tal vez a alguien?

    Los pétalos de la flor se movieron ligeramente como si estuvieran acomodándose en su mano, y él la mantuvo allí, sin arrancarla.

    El perfume del jardín se mezclaba con ese aroma indescriptible tan característico de él.

    Se fijó en las espinas del tallo y ladeó la cabeza para mostrar una suave sonrisa.

    —Creo que lo que se considera lo más hermoso es lo que aprende a detalle cómo hacer daño. Es algo divertido. —al momento de soplar una brisa, su mano se retiró de la flor, rozando las espinas en el camino.
    El jardín permanecía en un gran silencio, siempre lo hacía sin importar la hora. Y era un silencio agradable, de los que cualquiera podría aprovechar para descansar la mente y apagarse por un momento, disfrutar del presente. Ahí era como estar dentro de una burbuja que alejaba toda molestia, apenas oyéndose un murmullo muy lejano de la ciudad. De hecho, el movimiento de las hojas ayudaba a ahogar los sonidos distantes. Las rosas del Scarlet Garden crecían muy hermosas en ese jardín, rosales de diferentes colores, y que estaban ocultas de clientes curiosos y ojos indiscretos. No se hablaba demasiado de ese lugar, la mayoría ni sabía que existía ahí, detrás del edificio. Era mejor así. En ese momento el sol estaba en lo alto y los rayos daban una calidez acogedora al jardín. Su mano se deslizó con una gran delicadeza a una de las rosas, rozando con las yemas de sus dedos los pétalos antes de sostener la flor. —Es curioso... —murmuró, casi como si saboreara las palabras—, las personas suelen asumir que lo hermoso debe ser frágil. Parecía estar hablando a la nada, ¿o tal vez a alguien? Los pétalos de la flor se movieron ligeramente como si estuvieran acomodándose en su mano, y él la mantuvo allí, sin arrancarla. El perfume del jardín se mezclaba con ese aroma indescriptible tan característico de él. Se fijó en las espinas del tallo y ladeó la cabeza para mostrar una suave sonrisa. —Creo que lo que se considera lo más hermoso es lo que aprende a detalle cómo hacer daño. Es algo divertido. —al momento de soplar una brisa, su mano se retiró de la flor, rozando las espinas en el camino.
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  • ⸻ ¿El amor? Claro que lo echo de menos, pero creo que eso es algo que solo experimentas una vez en la vida, y yo ya lo he hecho, además ¿Acaso lo merezco? No lo creo, en tal caso ¿Para qué torturarme por algo inalcanzable? ⸻ Un suspiro escapó de los labios de la peliblanca. ⸻ Quizás hay corazones que sin importar cuanto sufran, seguirán anhelando ser amados. ⸻ Y, aunque no le gustase admitirlo, era su caso.
    ⸻ ¿El amor? Claro que lo echo de menos, pero creo que eso es algo que solo experimentas una vez en la vida, y yo ya lo he hecho, además ¿Acaso lo merezco? No lo creo, en tal caso ¿Para qué torturarme por algo inalcanzable? ⸻ Un suspiro escapó de los labios de la peliblanca. ⸻ Quizás hay corazones que sin importar cuanto sufran, seguirán anhelando ser amados. ⸻ Y, aunque no le gustase admitirlo, era su caso.
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  • 𝐂𝐫𝐨́𝐧𝐢𝐜𝐚 𝐝𝐞 𝐒𝐢𝐞𝐠𝐦𝐞𝐲𝐞𝐫 "𝐿𝑎 𝐶𝑎𝑝𝑖𝑙𝑙𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑀𝑖𝑟𝑜́ 𝑑𝑒 𝑉𝑢𝑒𝑙𝑡𝑎".

    La niebla se pegaba a mis botas como un sudario vivo aquella noche de hace más de 200 años. Marchaba al frente de la compañía del Reino de Valdris. Doce hombres, entre ellos tres inquisidores con sus cruces de hierro al cuello, dos caballeros juramentados y el resto mercenarios como yo. El rey nos había enviado a este rincón olvidado del mundo porque los campesinos hablaban de una capilla donde los herejes invocaban demonios. “Blasfemia”, decían. “Brujería”. A estas alturas ya había visto de todo y pensé que sería otro nido de cultistas baratos.

    El camino fue largo y el viento olía a tierra podrida. Los árboles se torcían como dedos rotos, sin hojas, solo ramas que parecían susurrar nombres que no eran de este mundo. Al fin, bajo un cielo que parecía una herida abierta, apareció la capilla. Exactamente como en mis pesadillas de hoy. Madera negra, aguja puntiaguda que rasgaba las nubes, ventanas en arco que brillaban con una luz interna que no era luz. Y figuras, tres o cuatro siluetas encapuchadas, como nosotros, que se arrastraban hacia la puerta principal. No huían. Caminaban como quien va a misa o a la tumba.

    Entramos y dentro no había altar, no había crucifijo. Solo un vacío que se tragaba el sonido de nuestras botas. El aire era espeso, como si respiráramos agua fría. Los inquisidores empezaron a recitar salmos, pero sus voces se ahogaban antes de llegar a las paredes. Entonces lo oímos, un latido lento, profundo, que no provenía de ninguna garganta. Venía de arriba, del techo, del cielo mismo.
    Miré hacia las ventanas altas, y vi.

    No eran demonios, ni ángeles caídos. Eran algo más antiguo. Tentáculos gruesos como troncos de roble, cubiertos de ventosas que se abrían y cerraban como bocas ciegas, descendiendo desde una oscuridad que no era oscuridad, sino la ausencia misma de todo lo que conocemos. Se movían con una lentitud deliberada, como si el tiempo no les importara. Uno de ellos rozó la aguja de la capilla y la madera gimió, no de dolor, sino de placer. Otro se enroscó alrededor de un inquisidor antes de que pudiera gritar. Lo levantó. Lo apretó y sus huesos crujieron como ramas secas y su sangre cayó sobre nosotros como lluvia tibia.

    Grité, todos gritamos, pero los gritos se convertían en risas. En oraciones que nadie había enseñado. Uno de los caballeros se arrodilló, quitó su yelmo y comenzó a arrancarse los ojos con los dedos, murmurando que “al fin veía la verdad”. Otro mercenario corrió hacia la puerta y un tentáculo lo atravesó por la espalda, sacándolo por la boca como un pez ensartado. La sangre dibujaba símbolos que yo reconocí de pesadillas que no eran mías.

    Sentí que mi mente se rompía, no era miedo, era comprensión. Una comprensión que ningún hombre debería tener, que este lugar no era un templo profanado. Que la capilla era solo una costra, una herida abierta en la piel del mundo, y que algo inmenso, indiferente y hambriento la estaba usando como boca. Que nuestros dioses, nuestros demonios, nuestras cruzadas, todo era un chiste para esa cosa. Que el universo entero era un chiste.

    Caí de rodillas y sentí cómo uno de esos tentáculos me envolvía la cintura. La presión fue lenta, cariñosa. Mis costillas se rompieron una a una. La sangre me llenó la boca, había muerto. Pero mi propia maldición no me lo permitió. Desperté horas después, o días, no lo sé. La capilla seguía allí, pero ahora estaba en silencio. Los tentáculos habían regresado al cielo, dejando solo un agujero en las nubes que no se cerraba. Los cuerpos de mis compañeros yacían desparramados, sus bocas abiertas en una sonrisa que nunca se borraría. Intente varias veces levantarme hasta que mis pies volvieron a sentirse firmes. Mis heridas ya se cerraban. Mi mente tardó años en volver a ser mía. Aún hoy, tengo pesadillas recordando algo que pasó hace muchos años. Hay cosas peores que nuestras creencias, el bien y el mal son moldeables.
    𝐂𝐫𝐨́𝐧𝐢𝐜𝐚 𝐝𝐞 𝐒𝐢𝐞𝐠𝐦𝐞𝐲𝐞𝐫 "𝐿𝑎 𝐶𝑎𝑝𝑖𝑙𝑙𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑀𝑖𝑟𝑜́ 𝑑𝑒 𝑉𝑢𝑒𝑙𝑡𝑎". La niebla se pegaba a mis botas como un sudario vivo aquella noche de hace más de 200 años. Marchaba al frente de la compañía del Reino de Valdris. Doce hombres, entre ellos tres inquisidores con sus cruces de hierro al cuello, dos caballeros juramentados y el resto mercenarios como yo. El rey nos había enviado a este rincón olvidado del mundo porque los campesinos hablaban de una capilla donde los herejes invocaban demonios. “Blasfemia”, decían. “Brujería”. A estas alturas ya había visto de todo y pensé que sería otro nido de cultistas baratos. El camino fue largo y el viento olía a tierra podrida. Los árboles se torcían como dedos rotos, sin hojas, solo ramas que parecían susurrar nombres que no eran de este mundo. Al fin, bajo un cielo que parecía una herida abierta, apareció la capilla. Exactamente como en mis pesadillas de hoy. Madera negra, aguja puntiaguda que rasgaba las nubes, ventanas en arco que brillaban con una luz interna que no era luz. Y figuras, tres o cuatro siluetas encapuchadas, como nosotros, que se arrastraban hacia la puerta principal. No huían. Caminaban como quien va a misa o a la tumba. Entramos y dentro no había altar, no había crucifijo. Solo un vacío que se tragaba el sonido de nuestras botas. El aire era espeso, como si respiráramos agua fría. Los inquisidores empezaron a recitar salmos, pero sus voces se ahogaban antes de llegar a las paredes. Entonces lo oímos, un latido lento, profundo, que no provenía de ninguna garganta. Venía de arriba, del techo, del cielo mismo. Miré hacia las ventanas altas, y vi. No eran demonios, ni ángeles caídos. Eran algo más antiguo. Tentáculos gruesos como troncos de roble, cubiertos de ventosas que se abrían y cerraban como bocas ciegas, descendiendo desde una oscuridad que no era oscuridad, sino la ausencia misma de todo lo que conocemos. Se movían con una lentitud deliberada, como si el tiempo no les importara. Uno de ellos rozó la aguja de la capilla y la madera gimió, no de dolor, sino de placer. Otro se enroscó alrededor de un inquisidor antes de que pudiera gritar. Lo levantó. Lo apretó y sus huesos crujieron como ramas secas y su sangre cayó sobre nosotros como lluvia tibia. Grité, todos gritamos, pero los gritos se convertían en risas. En oraciones que nadie había enseñado. Uno de los caballeros se arrodilló, quitó su yelmo y comenzó a arrancarse los ojos con los dedos, murmurando que “al fin veía la verdad”. Otro mercenario corrió hacia la puerta y un tentáculo lo atravesó por la espalda, sacándolo por la boca como un pez ensartado. La sangre dibujaba símbolos que yo reconocí de pesadillas que no eran mías. Sentí que mi mente se rompía, no era miedo, era comprensión. Una comprensión que ningún hombre debería tener, que este lugar no era un templo profanado. Que la capilla era solo una costra, una herida abierta en la piel del mundo, y que algo inmenso, indiferente y hambriento la estaba usando como boca. Que nuestros dioses, nuestros demonios, nuestras cruzadas, todo era un chiste para esa cosa. Que el universo entero era un chiste. Caí de rodillas y sentí cómo uno de esos tentáculos me envolvía la cintura. La presión fue lenta, cariñosa. Mis costillas se rompieron una a una. La sangre me llenó la boca, había muerto. Pero mi propia maldición no me lo permitió. Desperté horas después, o días, no lo sé. La capilla seguía allí, pero ahora estaba en silencio. Los tentáculos habían regresado al cielo, dejando solo un agujero en las nubes que no se cerraba. Los cuerpos de mis compañeros yacían desparramados, sus bocas abiertas en una sonrisa que nunca se borraría. Intente varias veces levantarme hasta que mis pies volvieron a sentirse firmes. Mis heridas ya se cerraban. Mi mente tardó años en volver a ser mía. Aún hoy, tengo pesadillas recordando algo que pasó hace muchos años. Hay cosas peores que nuestras creencias, el bien y el mal son moldeables.
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  • "A veces me pregunto que hubiera sucedido si me hubiera quedado en aquel lugar. Si, al crecer, sería alguien sin sentimientos, creando armas para matar, con las manos manchadas se sangre y una cadena alrededor del cuello, sin poder hacer nada, me pregunto si aún me importaría. Aún me da miedo convertirme en esa persona."
    "A veces me pregunto que hubiera sucedido si me hubiera quedado en aquel lugar. Si, al crecer, sería alguien sin sentimientos, creando armas para matar, con las manos manchadas se sangre y una cadena alrededor del cuello, sin poder hacer nada, me pregunto si aún me importaría. Aún me da miedo convertirme en esa persona."
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