• Me encanta que cierto rubio últimamente este tan romántico, así es como me gustan los hombres
    Me encanta que cierto rubio últimamente este tan romántico, así es como me gustan los hombres :STK-9:
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  • ​Con la respiración entrecortada y el rostro aún tibio por la sangre de una batalla intensa, Elizabeth permanecía en cuclillas sobre el risco más alto del valle. Desde esa posición privilegiada, observaba con satisfacción cómo los restos del ejército enemigo se desintegraban algunos caían rendidos sobre el barro, mientras otros huían patéticamente, arrastrando sus armas para salvar su vida.

    ​Durante años, su existencia había sido un peregrinaje estéril en busca de una estirpe que parecía haberse desvanecido en la historia. Sin embargo, su camino la llevó hasta este rincón del mundo...un pueblo de casas de piedra y calles que exhalaban un aroma a humo de turba y desesperación. La gente de ahí, hombres y mujeres de manos callosas y miradas marchitas por la tiranía, encendieron en ella algo que la búsqueda de su linaje no había logrado.

    ​El nacimiento de un hogar
    ​Lo que comenzó como una revuelta terminó en una revolución donde ella participó con todas sus fuerzas peleando codo a codo.
    Tras la caída de los opresores, el nombre La Dama de Fuego/Reina Escarlata, empezó a susurrarse en cada taberna y hogar reconstruido.

    Elizabeth, que siempre se había sentido una extraña, se vio rodeada por los lugareños; ya no la miraban con el miedo que se le tiene a un monstruo, sino con la devoción que se le profesa a un milagro.
    ​Aunque su primer instinto fue rechazar la "corona" y seguir su rumbo, algo en el silencio de las noches del pueblo la detuvo. Estaba cansada de la tierra bajo sus uñas y de los campamentos improvisados. Por primera vez, el peso de una responsabilidad fija se sentía más ligero que la libertad del vagabundo.

    Aceptó quedarse, no como una tirana, sino como el escudo de aquellos que apenas aprendían a ser libres.

    ​Elizabeth volcó su vida en la defensa de su nuevo hogar. Transformó la plaza central en un campo de entrenamiento donde el choque del acero resonaba desde el alba. Aplicó la disciplina brutal de Knaresborough, el lugar donde ella misma fue forjada. Allí, a los "Llamas de Sangre" se les enseñaba a ser máquinas de matar antes incluso de aprender a leer, y Elizabeth no conocía otra forma de vida que no fuera quemar cualquier obstáculo.
    ​Sin embargo, al ver a los jóvenes del pueblo empuñar las espadas y a la gente, campesinos y artesanos que ahora caminaban con la espalda erguida,​ sentía una mezcla de orgullo y extraña paz.

    Ya no quemaba puentes para avanzar, ahora construía muros para proteger lo que era suyo.

    ​Con la respiración entrecortada y el rostro aún tibio por la sangre de una batalla intensa, Elizabeth permanecía en cuclillas sobre el risco más alto del valle. Desde esa posición privilegiada, observaba con satisfacción cómo los restos del ejército enemigo se desintegraban algunos caían rendidos sobre el barro, mientras otros huían patéticamente, arrastrando sus armas para salvar su vida. ​Durante años, su existencia había sido un peregrinaje estéril en busca de una estirpe que parecía haberse desvanecido en la historia. Sin embargo, su camino la llevó hasta este rincón del mundo...un pueblo de casas de piedra y calles que exhalaban un aroma a humo de turba y desesperación. La gente de ahí, hombres y mujeres de manos callosas y miradas marchitas por la tiranía, encendieron en ella algo que la búsqueda de su linaje no había logrado. ​El nacimiento de un hogar ​Lo que comenzó como una revuelta terminó en una revolución donde ella participó con todas sus fuerzas peleando codo a codo. Tras la caída de los opresores, el nombre La Dama de Fuego/Reina Escarlata, empezó a susurrarse en cada taberna y hogar reconstruido. Elizabeth, que siempre se había sentido una extraña, se vio rodeada por los lugareños; ya no la miraban con el miedo que se le tiene a un monstruo, sino con la devoción que se le profesa a un milagro. ​Aunque su primer instinto fue rechazar la "corona" y seguir su rumbo, algo en el silencio de las noches del pueblo la detuvo. Estaba cansada de la tierra bajo sus uñas y de los campamentos improvisados. Por primera vez, el peso de una responsabilidad fija se sentía más ligero que la libertad del vagabundo. Aceptó quedarse, no como una tirana, sino como el escudo de aquellos que apenas aprendían a ser libres. ​ ​Elizabeth volcó su vida en la defensa de su nuevo hogar. Transformó la plaza central en un campo de entrenamiento donde el choque del acero resonaba desde el alba. Aplicó la disciplina brutal de Knaresborough, el lugar donde ella misma fue forjada. Allí, a los "Llamas de Sangre" se les enseñaba a ser máquinas de matar antes incluso de aprender a leer, y Elizabeth no conocía otra forma de vida que no fuera quemar cualquier obstáculo. ​Sin embargo, al ver a los jóvenes del pueblo empuñar las espadas y a la gente, campesinos y artesanos que ahora caminaban con la espalda erguida,​ sentía una mezcla de orgullo y extraña paz. Ya no quemaba puentes para avanzar, ahora construía muros para proteger lo que era suyo.
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  • ────୨ৎ──── Escuché a unas de sus compañeras de trabajo y una cliente hablar de las relaciones casuales con hombres, encuentros de una sola noche y yo me preguntaba ¿Dónde quedó el romanticismo? No es necesario el amor para una noche de pasión, pero sin duda, hacerlo con una persona que amas y a la cual decides entregar tu corazón se siente mucho mejor. Es como ese ingrediente especial que hace que todo tenga sabor.

    Aunque tampoco juzgo, la personas tienen sus necesidades físicas y esperar a amar o si quiera pensar en la posibilidad de amar, es difícil y más en estos tiempos.
    ────୨ৎ──── Escuché a unas de sus compañeras de trabajo y una cliente hablar de las relaciones casuales con hombres, encuentros de una sola noche y yo me preguntaba ¿Dónde quedó el romanticismo? No es necesario el amor para una noche de pasión, pero sin duda, hacerlo con una persona que amas y a la cual decides entregar tu corazón se siente mucho mejor. Es como ese ingrediente especial que hace que todo tenga sabor. Aunque tampoco juzgo, la personas tienen sus necesidades físicas y esperar a amar o si quiera pensar en la posibilidad de amar, es difícil y más en estos tiempos.
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  • Pero es que yo, ya gane en la vida con semejante mujer
    𝑆𝑐𝑎𝑟𝑙𝑒𝑡𝑡 𝐸𝑙𝑒𝑎𝑛𝑜𝑟 𝑀𝑜𝑟𝑒𝑡𝑡𝑖
    Ella me consiente
    Me da chocolates
    Y me compra cosas ..
    Scar ya olvida a los hombres cásate conmigo
    Pero es que yo, ya gane en la vida con semejante mujer [vision_fuchsia_rabbit_825] Ella me consiente Me da chocolates Y me compra cosas .. Scar ya olvida a los hombres cásate conmigo
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  • —Siempre es muy divertido engañar a hombres incautos que piensan que están ligando con una dulce jovencita¡ Sus reacciones al enterarse la verdad valen completamente la pena JAJAJAJAAJ¡
    —Siempre es muy divertido engañar a hombres incautos que piensan que están ligando con una dulce jovencita¡ Sus reacciones al enterarse la verdad valen completamente la pena JAJAJAJAAJ¡ ✨
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  • // OPEN ROL// Ok con respuesta en mensaje privado, nuevo tema o en comentarios.//

    ────────────────────────────────────────

    Todos podemos caer, todos podemos fallar. Pero existe un momento aún más peligroso que la caída misma: ese instante silencioso en el que la mente se abre apenas lo suficiente para que los viejos horrores respiren desde dentro.

    Las pesadillas no siempre nacen afuera; muchas veces viven agazapadas en lo profundo, esperando pacientemente el momento de debilidad que les permita filtrarse. Incluso los monstruos que dominan la noche conocen esa sensación. Incluso los depredadores que han sobrevivido siglos entienden lo que es la vulnerabilidad.


    La noche llegó con su elegancia habitual, como un telón de terciopelo cayendo sobre la ciudad, y con ella la necesidad natural de alimentarse de Zenith.

    Para la mujer aquello no era una urgencia salvaje, sino un ritual casi íntimo: el mismo camino discreto, el mismo bar de luces cálidas donde el humo de cigarro y el olor a alcohol barato se mezclaban con la música suave y las conversaciones sin importancia.


    Un lugar perfecto para que un depredador civilizado pasara desapercibido entre humanos que jamás sospecharían lo que caminaba entre ellos.


    Pero apenas cruzó la puerta supo que algo estaba mal...muuuy mal.


    No fue un ruido. Fue la ausencia de todos ellos.
    En lugar del aroma rancio del tabaco y el whisky, su olfato captó algo distinto: cloro, pero debajo de este, escondido como una firma imposible de ocultar… pólvora.


    Caminó hacia la barra con pasos tranquilos, elegantes, como si nada en el mundo pudiera perturbar su calma. El lugar estaba impecable; las mesas alineadas, el suelo húmedo como si alguien hubiese intentado borrar todo rastro de vida.
    Se sentó lentamente en uno de los taburetes y apoyó los codos sobre la madera pulida mientras su mirada se levantaba hacia el espejo que colgaba detrás de la barra, aquel espejo donde ella no se reflejaba.
    Una pequeña sonrisa apareció en sus labios, una mezcla de diversión y desprecio que apenas curvó la comisura de su boca.


    ─── ¿Todo esto para cazarme solo a mí?

    Preguntó con una calma casi insultante mientras se levantaba apoyando su torso en la barra buscando alguna botella y darles a aquellos tipos la vista de su ropa interior de encaje que se alcanzaba a ver en el bode de su vestido corto.

    Cuando tomó una botella de whisky regreso a sentarse bebiendo directamente de la botella.

    ─── Debe ser triste creer que mi tranquilidad significa debilidad.

    El sonido de varios seguros de armas deslizándose al mismo tiempo rompió el silencio. Un instante después, las luces se apagaron de golpe y la oscuridad se apoderó del lugar.

    El primer disparo llegó acompañado por el estallido de los cristales cuando focos ultravioletas inundaron el bar con una luz brutal, seguida por una lluvia de balas trazadoras que cortaron el aire con precisión militar.

    Pero para cuando los cazadores comenzaron a disparar, la silla en la que ella estaba sentada ya estaba vacía.

    El primer hombre apenas alcanzó a girar la cabeza antes de sentir cómo algo se movía detrás de él con una velocidad imposible. Su garganta se abrió en un instante y su cuerpo cayó al suelo mientras el segundo disparaba una escopeta cargada con estacas comprimidas que atravesaron la barra de madera.

    Ella apareció a su lado como una sombra sólida, torció el arma con una fuerza sobrehumana y lo arrojó contra una mesa que se partió en dos con el impacto.

    Los atacantes descendieron desde las vigas y las escaleras laterales con disciplina perfecta: trajes tácticos, máscaras filtradas, armas modificadas para enfrentar criaturas como ella. Granadas de plata rodaron por el suelo antes de detonar con destellos blancos; redes metálicas electrificadas se dispararon desde dispositivos montados en los brazos; rifles automáticos vomitaron munición especializada diseñada para penetrar carne inmortal.

    Claramente habían estudiado cada mito, cada debilidad, cada historia transmitida entre generaciones de cazadores.

    --Pero cometieron un error.--

    Pensaron que estaban cazando a una simple vampiresa. Y en realidad estaban atacando a una criatura que llevaba siglos perfeccionando la guerra.

    Ella se movió entre los disparos con la fluidez de una danza mortal las balas no rozaban ni su cabello mientras saltaba sobre la barra destruida y arrebataba un arma de las manos de uno de los cazadores para vaciar el cargador a quemarropa contra sus propios compañeros.

    Otro intentó atraparla con una cadena electrificada, pero ella la sujetó en el aire, tiró de ella con violencia y lo arrastró hasta estrellarlo contra el suelo con tal fuerza que el impacto resonó en todo el bar.

    Un flash más reveló aquel rostro de bestia, fauces enormes, colmillos bañados en sangre.

    En menos de cinco muntos, el silencio regresó.

    El humo flotaba en el aire mezclado con el olor metálico de la sangre. Cuerpos yacían esparcidos entre las mesas rotas, las luces de emergencia parpadeaban en rojo.

    Ella permanecía de pie en el centro del bar, completamente inmóvil, observando la escena como si simplemente evaluara una obra mal ejecutada.


    Uno de los hombres aún respiraba.
    Se arrastraba hacia la puerta dejando un rastro oscuro detrás de él.

    Zenith caminó hacia él con pasos tranquilos, el sonido de sus tacones resonando sobre el suelo húmedo mientras se agachaba frente a su rostro. Sus ojos brillaban en la penumbra con un fulgor antiguo, algo que no pertenecía del todo a este mundo.
    ─── La próxima vez…
    Murmuró mientras su brazo cambia a una ala de murciélago.
    ─── entiendan que cantidad no es igual a calidad.

    Detrás de ella, el espejo del bar volvió a temblar con el parpadeo de las luces de emergencia, y por un instante su reflejo de bestia hibrida apareció brevemente en el cristal como si algo en la oscuridad hubiera decidido reconocer su presencia.

    Ella lo notó, aunque no dijo nada, porque en ese preciso momento comprendió que aquella emboscada no fue casualidad, alguien ya estaba detrás de ella....otra vez.

    Era hora de irse, no solo del bar, si no de esa zona por completo.
    // OPEN ROL// Ok con respuesta en mensaje privado, nuevo tema o en comentarios.// ──────────────────────────────────────── Todos podemos caer, todos podemos fallar. Pero existe un momento aún más peligroso que la caída misma: ese instante silencioso en el que la mente se abre apenas lo suficiente para que los viejos horrores respiren desde dentro. Las pesadillas no siempre nacen afuera; muchas veces viven agazapadas en lo profundo, esperando pacientemente el momento de debilidad que les permita filtrarse. Incluso los monstruos que dominan la noche conocen esa sensación. Incluso los depredadores que han sobrevivido siglos entienden lo que es la vulnerabilidad. La noche llegó con su elegancia habitual, como un telón de terciopelo cayendo sobre la ciudad, y con ella la necesidad natural de alimentarse de Zenith. Para la mujer aquello no era una urgencia salvaje, sino un ritual casi íntimo: el mismo camino discreto, el mismo bar de luces cálidas donde el humo de cigarro y el olor a alcohol barato se mezclaban con la música suave y las conversaciones sin importancia. Un lugar perfecto para que un depredador civilizado pasara desapercibido entre humanos que jamás sospecharían lo que caminaba entre ellos. Pero apenas cruzó la puerta supo que algo estaba mal...muuuy mal. No fue un ruido. Fue la ausencia de todos ellos. En lugar del aroma rancio del tabaco y el whisky, su olfato captó algo distinto: cloro, pero debajo de este, escondido como una firma imposible de ocultar… pólvora. Caminó hacia la barra con pasos tranquilos, elegantes, como si nada en el mundo pudiera perturbar su calma. El lugar estaba impecable; las mesas alineadas, el suelo húmedo como si alguien hubiese intentado borrar todo rastro de vida. Se sentó lentamente en uno de los taburetes y apoyó los codos sobre la madera pulida mientras su mirada se levantaba hacia el espejo que colgaba detrás de la barra, aquel espejo donde ella no se reflejaba. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios, una mezcla de diversión y desprecio que apenas curvó la comisura de su boca. ─── ¿Todo esto para cazarme solo a mí? Preguntó con una calma casi insultante mientras se levantaba apoyando su torso en la barra buscando alguna botella y darles a aquellos tipos la vista de su ropa interior de encaje que se alcanzaba a ver en el bode de su vestido corto. Cuando tomó una botella de whisky regreso a sentarse bebiendo directamente de la botella. ─── Debe ser triste creer que mi tranquilidad significa debilidad. El sonido de varios seguros de armas deslizándose al mismo tiempo rompió el silencio. Un instante después, las luces se apagaron de golpe y la oscuridad se apoderó del lugar. El primer disparo llegó acompañado por el estallido de los cristales cuando focos ultravioletas inundaron el bar con una luz brutal, seguida por una lluvia de balas trazadoras que cortaron el aire con precisión militar. Pero para cuando los cazadores comenzaron a disparar, la silla en la que ella estaba sentada ya estaba vacía. El primer hombre apenas alcanzó a girar la cabeza antes de sentir cómo algo se movía detrás de él con una velocidad imposible. Su garganta se abrió en un instante y su cuerpo cayó al suelo mientras el segundo disparaba una escopeta cargada con estacas comprimidas que atravesaron la barra de madera. Ella apareció a su lado como una sombra sólida, torció el arma con una fuerza sobrehumana y lo arrojó contra una mesa que se partió en dos con el impacto. Los atacantes descendieron desde las vigas y las escaleras laterales con disciplina perfecta: trajes tácticos, máscaras filtradas, armas modificadas para enfrentar criaturas como ella. Granadas de plata rodaron por el suelo antes de detonar con destellos blancos; redes metálicas electrificadas se dispararon desde dispositivos montados en los brazos; rifles automáticos vomitaron munición especializada diseñada para penetrar carne inmortal. Claramente habían estudiado cada mito, cada debilidad, cada historia transmitida entre generaciones de cazadores. --Pero cometieron un error.-- Pensaron que estaban cazando a una simple vampiresa. Y en realidad estaban atacando a una criatura que llevaba siglos perfeccionando la guerra. Ella se movió entre los disparos con la fluidez de una danza mortal las balas no rozaban ni su cabello mientras saltaba sobre la barra destruida y arrebataba un arma de las manos de uno de los cazadores para vaciar el cargador a quemarropa contra sus propios compañeros. Otro intentó atraparla con una cadena electrificada, pero ella la sujetó en el aire, tiró de ella con violencia y lo arrastró hasta estrellarlo contra el suelo con tal fuerza que el impacto resonó en todo el bar. Un flash más reveló aquel rostro de bestia, fauces enormes, colmillos bañados en sangre. En menos de cinco muntos, el silencio regresó. El humo flotaba en el aire mezclado con el olor metálico de la sangre. Cuerpos yacían esparcidos entre las mesas rotas, las luces de emergencia parpadeaban en rojo. Ella permanecía de pie en el centro del bar, completamente inmóvil, observando la escena como si simplemente evaluara una obra mal ejecutada. Uno de los hombres aún respiraba. Se arrastraba hacia la puerta dejando un rastro oscuro detrás de él. Zenith caminó hacia él con pasos tranquilos, el sonido de sus tacones resonando sobre el suelo húmedo mientras se agachaba frente a su rostro. Sus ojos brillaban en la penumbra con un fulgor antiguo, algo que no pertenecía del todo a este mundo. ─── La próxima vez… Murmuró mientras su brazo cambia a una ala de murciélago. ─── entiendan que cantidad no es igual a calidad. Detrás de ella, el espejo del bar volvió a temblar con el parpadeo de las luces de emergencia, y por un instante su reflejo de bestia hibrida apareció brevemente en el cristal como si algo en la oscuridad hubiera decidido reconocer su presencia. Ella lo notó, aunque no dijo nada, porque en ese preciso momento comprendió que aquella emboscada no fue casualidad, alguien ya estaba detrás de ella....otra vez. Era hora de irse, no solo del bar, si no de esa zona por completo.
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    Hᥲᥴᥱ 48 horᥲs ᥲρroxιmᥲdᥲmᥱᥒtᥱ, ᥣᥲ 'Eᥲstᥱrᥒ Tᥲᥒᥒᥱrყ' dᥱ Prᥱᥒzᥣᥲᥙᥱr Bᥱrg dᥱjó dᥱ sᥱr ᥙᥒᥲ ᥴᥙrtιdᥙrίᥲ ρᥲrᥲ ᥴoᥒvᥱrtιrsᥱ ᥱᥒ ᥙᥒ mᥲtᥲdᥱro. Lᥲ Sᥲᥒtᥲ Igᥣᥱsιᥲ, bᥲjo ᥱᥣ mᥲᥒdo dᥱᥣ Iᥒqᥙιsιdor Sᥱrrᥲ, ᥱjᥱᥴᥙtó ᥣᥲ oρᥱrᥲᥴιóᥒ 'Pᥙrgᥲ dᥱ ᥣos Iᥒdιgᥒos', ᥲᥒιqᥙιᥣᥲᥒdo ᥲᥣ 90% dᥱ ᥙᥒᥲ ᥴᥱ́ᥣᥙᥣᥲ dᥱ ᥙᥒ ᥴᥙᥣto dᥱmoᥒίᥲᥴo. Sιᥒ ᥱmbᥲrgo, ᥴιᥱrto 'ᥲᥴtιvo' —ᥙᥒ ιᥒfᥲᥒtᥱ ᥴoᥒ ᥲᥣtᥱrᥲᥴιoᥒᥱs mᥲ́s ᥲᥣᥣᥲ́ dᥱ ᥒᥙᥱstro ᥱᥒtᥱᥒdιmιᥱᥒto— ᥱsᥴᥲρó dᥙrᥲᥒtᥱ ᥙᥒ mιstᥱrιoso ᥴoᥣᥲρso dᥱᥣ ᥒιvᥱᥣ ιᥒfᥱrιor. Sᥱ ᥣᥱ sᥙρoᥒίᥲ mᥙᥱrto, ρᥱro rᥱᥴιᥱᥒtᥱs ᥲvιstᥲmιᥱᥒtos dᥱmᥙᥱstrᥲᥒ ᥣo ᥴoᥒtrᥲrιo. Aᥴtᥙᥲᥣmᥱᥒtᥱ, ᥣᥲ Ofιᥴιᥒᥲ dᥱᥣ Cᥱᥒsor ρrᥱρᥲrᥲ ᥙᥒᥲ ordᥱᥒ ρᥲrᥲ ᥱᥒvιᥲr ᥴᥲzᥲdorᥱs qᥙᥱ ρᥱιᥒᥱᥒ ᥣᥲ ᥴιᥙdᥲd doᥒdᥱ sᥱ ᥣᥱ vιo ρor ᥙ́ᥣtιmᥲ vᥱz. Pᥱro ᥒo soᥒ ᥣos ᥙ́ᥒιᥴos: ᥣos rᥱmᥲᥒᥱᥒtᥱs dᥱᥣ ᥴᥙᥣto, ᥲqᥙᥱᥣᥣos ᥣίdᥱrᥱs hᥱrιdos ყ dᥱsᥱsρᥱrᥲdos qᥙᥱ ᥣogrᥲroᥒ ᥱsᥴᥲρᥲr, tᥲmbιᥱ́ᥒ sᥱ ᥱᥒtᥱrᥲroᥒ dᥱ qᥙᥱ sᥙ ᥱxρᥱrιmᥱᥒto ᥱxιtoso ᥲᥙ́ᥒ dᥱᥲmbᥙᥣᥲ ᥱᥒtrᥱ ᥒosotros. Sᥲbᥱᥒ qᥙᥱ, ᥱᥒ ᥴᥙᥲᥒto ᥣᥲ Sᥲᥒtᥲ Igᥣᥱsιᥲ sᥙᥱᥣtᥱ ᥲ sᥙs ρᥱrros, ᥒo tᥲrdᥲrᥲ́ᥒ ᥱᥒ ᥱᥒᥴoᥒtrᥲr ᥲᥣ ᥴhιᥴo; ρor ᥱso, ᥒᥱᥴᥱsιtᥲᥒ sᥙ ρroριo ᥲᥒιmᥲᥣ dᥱ ᥴᥲzᥲ ρᥲrᥲ ιgᥙᥲᥣᥲr ᥱᥣ mᥲrᥴᥲdor. Y ρor ᥱso ᥱstᥲmos ᥲqᥙί... Los oᥴᥙᥣtιstᥲs hᥲᥒ rᥱᥴᥙrrιdo ᥲᥣ ᥙ́ᥒιᥴo ρodᥱr qᥙᥱ ᥒo rᥱsρoᥒdᥱ ᥲᥒtᥱ ᥱᥣ Gobιᥱrᥒo ᥒι ᥲᥒtᥱ ᥱᥣ Vᥲtιᥴᥲᥒo, sιᥒo ᥲᥒtᥱ ᥱᥣ mᥱjor ρostor: ᥱᥣ mᥱrᥴᥲdo ᥒᥱgro dᥱ Mᥱrᥴᥱᥒᥲrιos



    [ 𝟶𝟷:𝟷𝟺 α.m. / Dıstrıto de Weddıng / Berlı́n / Alemαnıα / Tαbernα „Kıez-Eck" ... ]




    El αıre en aquella tᥲbᥱrᥒᥲ oᥴᥙᥣtᥲ erα unα mezclα rαncıα de tαbαco vıejo, moho ч el hedor dulce de lα gαngrenα. Bαjo lα luz αmαrıllentα de unα bombıllα desnudα que oscılαbα αl rıtmo del metro subterrάneo, tres hombres αguαrdαbαn. Erαn lαs sobrαs de unα fe muertα. Uno de los lı́deres, con lα mαndı́bulα descolocαdα ч lα vıejα túnıcα empαpαdα de sαngre αhorα secα, sostenı́α contrα su pecho un mαletı́n de αlumınıo reforzαdo como sı fuerα su únıcα conexıón con lα vıdα ч tαl vez αsı́ erα... *



    — ¿Serά que no vα α venır? —Sıseó uno de los seguıdores, cuчos dedos temblorosos no dejαbαn de rαscαr lαs quemαdurαs de mercurıo en su brαzo— Sı se llegα α extrαer que lα Sαntα Iglesıα estά metıdα en esto, nı sıquıerα pensαrά en αrrıesgαrse por nosotros



    — Cάllαte —Gruñó el lı́der, αunque su propıα voz erα un hılo quebrαdo— No hαbles estupıdeces. Ellα no vıene por nosotros; vıene por el dınero que ofrecemos. No tenemos por qué decırle mάs de lo que necesıtα pαrα completαr el trαbαjo... Lα Sαntα Iglesıα cree que hα gαnαdo, pero se olvıdαron de αlgo ımportαnte: In Berlın kαnn dıe Stαhlgαbe eınes Söldners tıefer schneıden αls eın Psαlm



    Un sılencıo súbıto cαчó sobre lα tαbernα. No fue un sılencıo nαturαl; fue como sı el sonıdo mısmo hubıerα sıdo succıonαdo de lαs pαredes. De pronto, lα bombıllα dejó de oscılαr. Mıentrαs el resto de los clıentes contınuαbα conversαndo αjenos α todo, los del culto se mαntuvıeron sentαdos, esperαndo en un rıncón mıentrαs observαbαn ımpαcıentemente el mαrco de lα entrαdα, donde solo hαbı́α sombrαs. Pero... ¿por cuάnto tıempo se mαntendrı́α αsı́?
    Cᥲdᥲ dίᥲ ᥲᥣgᥙιᥱᥒ fᥲᥣᥣᥱᥴᥱ, ᥴᥲdᥲ dίᥲ ᥲᥣgᥙιᥱᥒ ᥒᥲᥴᥱ, ᥴᥲdᥲ dίᥲ sᥲᥣᥱ ᥱᥣ soᥣ. Mιᥣ ყ ᥙᥒᥲ ᥴosᥲs sᥙᥴᥱdᥱᥒ ᥱᥒ ᥒᥙᥱstro mᥙᥒdo: ᥲᥣgᥙᥒᥲs ᥣᥲs dᥲmos ρor hᥱᥴhᥲs, otrᥲs ᥣᥲs dᥱsᥴoᥒoᥴᥱmos ρor ᥴomρᥣᥱto. Ahorᥲ mιsmo ρodrίᥲᥒ ᥱstᥲr ᥴᥲzᥲᥒdo ᥙᥒᥲ ᥴrιᥲtᥙrᥲ qᥙᥱ soᥣo hᥲs ᥱsᥴᥙᥴhᥲdo ᥱᥒ ᥴᥙᥱᥒtos; ᥣos ᥣίdᥱrᥱs mᥙᥒdιᥲᥣᥱs ρodrίᥲᥒ ᥱstᥲr dᥱsᥲrroᥣᥣᥲᥒdo ᥣᥲ sιgᥙιᥱᥒtᥱ formᥲ dᥱ mᥲᥒtᥱᥒᥱrᥒos ᥴιᥱgos ყ ᥱstᥙ́ριdos, sιmρᥣᥱs ιgᥒorᥲᥒtᥱs qᥙᥱ ᥒo ᥒotᥲᥒ ᥣᥲ dιfᥱrᥱᥒᥴιᥲ ᥱᥒtrᥱ ᥣo qᥙᥱ rᥱᥲᥣmᥱᥒtᥱ ᥱs ყ ᥣo qᥙᥱ ᥣᥱs dᥱjᥲᥒ vᥱr... Hᥲᥴᥱ 48 horᥲs ᥲρroxιmᥲdᥲmᥱᥒtᥱ, ᥣᥲ 'Eᥲstᥱrᥒ Tᥲᥒᥒᥱrყ' dᥱ Prᥱᥒzᥣᥲᥙᥱr Bᥱrg dᥱjó dᥱ sᥱr ᥙᥒᥲ ᥴᥙrtιdᥙrίᥲ ρᥲrᥲ ᥴoᥒvᥱrtιrsᥱ ᥱᥒ ᥙᥒ mᥲtᥲdᥱro. Lᥲ Sᥲᥒtᥲ Igᥣᥱsιᥲ, bᥲjo ᥱᥣ mᥲᥒdo dᥱᥣ Iᥒqᥙιsιdor Sᥱrrᥲ, ᥱjᥱᥴᥙtó ᥣᥲ oρᥱrᥲᥴιóᥒ 'Pᥙrgᥲ dᥱ ᥣos Iᥒdιgᥒos', ᥲᥒιqᥙιᥣᥲᥒdo ᥲᥣ 90% dᥱ ᥙᥒᥲ ᥴᥱ́ᥣᥙᥣᥲ dᥱ ᥙᥒ ᥴᥙᥣto dᥱmoᥒίᥲᥴo. Sιᥒ ᥱmbᥲrgo, ᥴιᥱrto 'ᥲᥴtιvo' —ᥙᥒ ιᥒfᥲᥒtᥱ ᥴoᥒ ᥲᥣtᥱrᥲᥴιoᥒᥱs mᥲ́s ᥲᥣᥣᥲ́ dᥱ ᥒᥙᥱstro ᥱᥒtᥱᥒdιmιᥱᥒto— ᥱsᥴᥲρó dᥙrᥲᥒtᥱ ᥙᥒ mιstᥱrιoso ᥴoᥣᥲρso dᥱᥣ ᥒιvᥱᥣ ιᥒfᥱrιor. Sᥱ ᥣᥱ sᥙρoᥒίᥲ mᥙᥱrto, ρᥱro rᥱᥴιᥱᥒtᥱs ᥲvιstᥲmιᥱᥒtos dᥱmᥙᥱstrᥲᥒ ᥣo ᥴoᥒtrᥲrιo. Aᥴtᥙᥲᥣmᥱᥒtᥱ, ᥣᥲ Ofιᥴιᥒᥲ dᥱᥣ Cᥱᥒsor ρrᥱρᥲrᥲ ᥙᥒᥲ ordᥱᥒ ρᥲrᥲ ᥱᥒvιᥲr ᥴᥲzᥲdorᥱs qᥙᥱ ρᥱιᥒᥱᥒ ᥣᥲ ᥴιᥙdᥲd doᥒdᥱ sᥱ ᥣᥱ vιo ρor ᥙ́ᥣtιmᥲ vᥱz. Pᥱro ᥒo soᥒ ᥣos ᥙ́ᥒιᥴos: ᥣos rᥱmᥲᥒᥱᥒtᥱs dᥱᥣ ᥴᥙᥣto, ᥲqᥙᥱᥣᥣos ᥣίdᥱrᥱs hᥱrιdos ყ dᥱsᥱsρᥱrᥲdos qᥙᥱ ᥣogrᥲroᥒ ᥱsᥴᥲρᥲr, tᥲmbιᥱ́ᥒ sᥱ ᥱᥒtᥱrᥲroᥒ dᥱ qᥙᥱ sᥙ ᥱxρᥱrιmᥱᥒto ᥱxιtoso ᥲᥙ́ᥒ dᥱᥲmbᥙᥣᥲ ᥱᥒtrᥱ ᥒosotros. Sᥲbᥱᥒ qᥙᥱ, ᥱᥒ ᥴᥙᥲᥒto ᥣᥲ Sᥲᥒtᥲ Igᥣᥱsιᥲ sᥙᥱᥣtᥱ ᥲ sᥙs ρᥱrros, ᥒo tᥲrdᥲrᥲ́ᥒ ᥱᥒ ᥱᥒᥴoᥒtrᥲr ᥲᥣ ᥴhιᥴo; ρor ᥱso, ᥒᥱᥴᥱsιtᥲᥒ sᥙ ρroριo ᥲᥒιmᥲᥣ dᥱ ᥴᥲzᥲ ρᥲrᥲ ιgᥙᥲᥣᥲr ᥱᥣ mᥲrᥴᥲdor. Y ρor ᥱso ᥱstᥲmos ᥲqᥙί... Los oᥴᥙᥣtιstᥲs hᥲᥒ rᥱᥴᥙrrιdo ᥲᥣ ᥙ́ᥒιᥴo ρodᥱr qᥙᥱ ᥒo rᥱsρoᥒdᥱ ᥲᥒtᥱ ᥱᥣ Gobιᥱrᥒo ᥒι ᥲᥒtᥱ ᥱᥣ Vᥲtιᥴᥲᥒo, sιᥒo ᥲᥒtᥱ ᥱᥣ mᥱjor ρostor: ᥱᥣ mᥱrᥴᥲdo ᥒᥱgro dᥱ Mᥱrᥴᥱᥒᥲrιos [ 𝟶𝟷:𝟷𝟺 α.m. / Dıstrıto de Weddıng / Berlı́n / Alemαnıα / Tαbernα „Kıez-Eck" ... ] El αıre en aquella tᥲbᥱrᥒᥲ oᥴᥙᥣtᥲ erα unα mezclα rαncıα de tαbαco vıejo, moho ч el hedor dulce de lα gαngrenα. Bαjo lα luz αmαrıllentα de unα bombıllα desnudα que oscılαbα αl rıtmo del metro subterrάneo, tres hombres αguαrdαbαn. Erαn lαs sobrαs de unα fe muertα. Uno de los lı́deres, con lα mαndı́bulα descolocαdα ч lα vıejα túnıcα empαpαdα de sαngre αhorα secα, sostenı́α contrα su pecho un mαletı́n de αlumınıo reforzαdo como sı fuerα su únıcα conexıón con lα vıdα ч tαl vez αsı́ erα... * — ¿Serά que no vα α venır? —Sıseó uno de los seguıdores, cuчos dedos temblorosos no dejαbαn de rαscαr lαs quemαdurαs de mercurıo en su brαzo— Sı se llegα α extrαer que lα Sαntα Iglesıα estά metıdα en esto, nı sıquıerα pensαrά en αrrıesgαrse por nosotros — Cάllαte —Gruñó el lı́der, αunque su propıα voz erα un hılo quebrαdo— No hαbles estupıdeces. Ellα no vıene por nosotros; vıene por el dınero que ofrecemos. No tenemos por qué decırle mάs de lo que necesıtα pαrα completαr el trαbαjo... Lα Sαntα Iglesıα cree que hα gαnαdo, pero se olvıdαron de αlgo ımportαnte: In Berlın kαnn dıe Stαhlgαbe eınes Söldners tıefer schneıden αls eın Psαlm Un sılencıo súbıto cαчó sobre lα tαbernα. No fue un sılencıo nαturαl; fue como sı el sonıdo mısmo hubıerα sıdo succıonαdo de lαs pαredes. De pronto, lα bombıllα dejó de oscılαr. Mıentrαs el resto de los clıentes contınuαbα conversαndo αjenos α todo, los del culto se mαntuvıeron sentαdos, esperαndo en un rıncón mıentrαs observαbαn ımpαcıentemente el mαrco de lα entrαdα, donde solo hαbı́α sombrαs. Pero... ¿por cuάnto tıempo se mαntendrı́α αsı́?
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  • Salem: vaya que cambio, nadie pensaría que el mismo ángel que entró en la ventana anoche es el mismo que está tomando desayuno y leyendo el periódico..

    -La mujer dejó en suspensión la taza de té chai que estaba por tomar y movió su vista al felino negro que le hablaba.-

    Sabes los problemas que me traen que seres sobrenaturales me hayan visto en mi forma original
    -Le muestra un pantallazo de la cantidad de seres que la vieron en esa forma dejando el celular en la mesa-
    Todo por qué me lavaste mis túnicas, la próxima te lavaré tu tenida azabache, a ver si te gusta …
    Lo primero que pensarán es que habrá una tercera guerra mundial (?)

    -Termino de decir esto y logró beber su sorbo de té chai volviendo su vista a las noticias y si indican el inicio de una posible guerra, y su mente solo exclamó “ por un demonio, lo que faltaba”-

    Salem: tranquila esto se va a olvidar en unas semanas.. si no podemos buscar el desmemorizador de los hombres de negro(?)

    -Los ojos de la mujer volvieron al felino que estaba sentado al frente de ella moviendo su cola -

    Eso espero si no te verás lindo sin pelaje Salem Saberhagen..

    Salem: eres una buena persona… no lleguemos a eso quieres Uu..
    Además si comienza una guerra ganaremos ya que participarás , cierto?..

    -La mujer guardó silencio volviendo a beber su té Salem se alteró y se subió a la mesa-

    Salem: dime qué participarás, lo hiciste en la primera y en la segunda, no puedes no hacerlo ahora… está en juego mi pensión

    -La mujer alzó una ceja bajando su taza mirando al gato-
    Bueno Salem tú sabes cómo es el dicho ojo por ojo..
    Lamento decirte que no participaré.. El tratado de Versalles tiene una pequeña cláusula, “en caso de haber una tercera guerra el agente especial de Inglaterra no puede ser llamada al campo”.

    -La mujer se levantó para llevar la taza a la cocina , Salem estaba blanco. Cuando se recompuso corrió hacia la cocina -

    Salem: tú sabías que habría una tercera guerra y sabías que apostaría mi pensión cierto?.. espera eso significa que sabías que lavaría tus túnicas ..

    -La mujer terminó de lavar su taza dejándola en el secador y miró al gato sonriendo ampliamente, acariciandolo en la cabeza-

    No puedo decir que no, pero si. Sabía que harías una apuesta, y que lavarias mis túnicas..
    Todo se paga Salem..
    Cuida la casa, ya que no podrás pagar la renta este mes...
    -El gato quedó en una pieza mientras La mujer tomó su abrigo para ir al hospital -

    Salem: vaya que cambio, nadie pensaría que el mismo ángel que entró en la ventana anoche es el mismo que está tomando desayuno y leyendo el periódico.. -La mujer dejó en suspensión la taza de té chai que estaba por tomar y movió su vista al felino negro que le hablaba.- Sabes los problemas que me traen que seres sobrenaturales me hayan visto en mi forma original -Le muestra un pantallazo de la cantidad de seres que la vieron en esa forma dejando el celular en la mesa- Todo por qué me lavaste mis túnicas, la próxima te lavaré tu tenida azabache, a ver si te gusta … Lo primero que pensarán es que habrá una tercera guerra mundial (?) -Termino de decir esto y logró beber su sorbo de té chai volviendo su vista a las noticias y si indican el inicio de una posible guerra, y su mente solo exclamó “ por un demonio, lo que faltaba”- Salem: tranquila esto se va a olvidar en unas semanas.. si no podemos buscar el desmemorizador de los hombres de negro(?) -Los ojos de la mujer volvieron al felino que estaba sentado al frente de ella moviendo su cola - Eso espero si no te verás lindo sin pelaje Salem Saberhagen.. Salem: eres una buena persona… no lleguemos a eso quieres Uu.. Además si comienza una guerra ganaremos ya que participarás , cierto?.. -La mujer guardó silencio volviendo a beber su té Salem se alteró y se subió a la mesa- Salem: dime qué participarás, lo hiciste en la primera y en la segunda, no puedes no hacerlo ahora… está en juego mi pensión -La mujer alzó una ceja bajando su taza mirando al gato- Bueno Salem tú sabes cómo es el dicho ojo por ojo.. Lamento decirte que no participaré.. El tratado de Versalles tiene una pequeña cláusula, “en caso de haber una tercera guerra el agente especial de Inglaterra no puede ser llamada al campo”. -La mujer se levantó para llevar la taza a la cocina , Salem estaba blanco. Cuando se recompuso corrió hacia la cocina - Salem: tú sabías que habría una tercera guerra y sabías que apostaría mi pensión cierto?.. espera eso significa que sabías que lavaría tus túnicas .. -La mujer terminó de lavar su taza dejándola en el secador y miró al gato sonriendo ampliamente, acariciandolo en la cabeza- No puedo decir que no, pero si. Sabía que harías una apuesta, y que lavarias mis túnicas.. Todo se paga Salem.. Cuida la casa, ya que no podrás pagar la renta este mes... -El gato quedó en una pieza mientras La mujer tomó su abrigo para ir al hospital -
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  • -un universo distinto, sus poderes no funcionaban aparentmente, retiraron su mascara, hombres armados lo rodeaban a el y a sus aliados, mataron a 1 de ellos a golpes y a otros 3 a disparos, estaba impactado, no tenia miedo...sentia impotencia, no podria hacer nada, si lo intentara no lo matarian a el, si no a su hermana, a la que busco por mas de 300 universos distintos, una sabueso infernal, su pelaje era gris y sus ojos rojos iguales a los de su hermano ahora arrodillado, al ver a un hombre pasar serca de el, solo se le ocurrio una cosa por decir-

    Voy a matarte...

    -decia en un ligero susurro, su hermana lo volteo a ver con un rostro de miedo y confusión-

    Loona_: Logan...callate...aras que nos maten a todos...

    -decia la mujer asustada, pero su hermano no se retractaba. El hombre armado se aserco a el agachandose ligeramente preguntando "que mierda dijiste?" A lo que el se limito a contestar-


    ....voy a matarte...no sera hoy...ni mañana...pero voy a matarte...a todos ustedes...lentamente

    -mencionaba mirando a su alrededor, ninguno a paresia asustado y el solo continúo hablando-

    No tengo mis poderes...pero mis habilidades no me las quita nadie...preparate para morir..oh escondete...pero no duraras mucho...

    -el hombre no iso nada decidio seguir dando su discurso sobre como trabajarian para el, amenazando con matar a una soldado que el hombre habia reclutado para ayudarle a rescatar a su hermana de un infierno-
    -un universo distinto, sus poderes no funcionaban aparentmente, retiraron su mascara, hombres armados lo rodeaban a el y a sus aliados, mataron a 1 de ellos a golpes y a otros 3 a disparos, estaba impactado, no tenia miedo...sentia impotencia, no podria hacer nada, si lo intentara no lo matarian a el, si no a su hermana, a la que busco por mas de 300 universos distintos, una sabueso infernal, su pelaje era gris y sus ojos rojos iguales a los de su hermano ahora arrodillado, al ver a un hombre pasar serca de el, solo se le ocurrio una cosa por decir- Voy a matarte... -decia en un ligero susurro, su hermana lo volteo a ver con un rostro de miedo y confusión- Loona_: Logan...callate...aras que nos maten a todos... -decia la mujer asustada, pero su hermano no se retractaba. El hombre armado se aserco a el agachandose ligeramente preguntando "que mierda dijiste?" A lo que el se limito a contestar- ....voy a matarte...no sera hoy...ni mañana...pero voy a matarte...a todos ustedes...lentamente -mencionaba mirando a su alrededor, ninguno a paresia asustado y el solo continúo hablando- No tengo mis poderes...pero mis habilidades no me las quita nadie...preparate para morir..oh escondete...pero no duraras mucho... -el hombre no iso nada decidio seguir dando su discurso sobre como trabajarian para el, amenazando con matar a una soldado que el hombre habia reclutado para ayudarle a rescatar a su hermana de un infierno-
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  • 《 Mi familia no tenía mucho, pero la comida, el cobijo y la chimenea caliente no faltaban. No tenía juguetes como los demás, así que me distraía con lo que encontraba en la casa de mi abuela.

    Libros.
    Mi abuela tenía muchos libros.
    Entre ellos, uno captó mi atención, se llamaba "Notes on Hospitals"

    Todos los días, llegando de la escuela, me apresuraba a hacer mis tareas para poder leer todo lo que pudiera de aquel libro, asi fuera a escondidas junto a la chimenea.

    No entendía todo, había palabras que tenía que buscar varias veces, preguntarle a mi abuela o un profesor, habia párrafos que me tomaba mucho comprender.

    Pero entendía lo importante; alguien había decidido mirar el sufrimiento humano y no apartar la mirada.

    Florence Nightingale escribió sobre hospitales, higiene, organización, trataba de persona, de los que estaban heridos, de los que no podían levantarse y de los que nadie quería tocar...

    Recuerdo que pensaba "es una mujer muy valiente, en la escuela un profesor se desmayó viendo sangre"

    Pero Florence, tenia una valentia especial, no una valentía ruidosa, como la que aparece en las historias de guerra o las películas estadounidenses.

    Una valentía poderosa y silenciosa. La valentía de entrar en habitaciones llenas de dolor y permanecer allí con fuerza, temple y dedicación.


    La historia que nos enseñan en la escuela es tan aburrida y los nombres que se repiten suelen ser los de hombres: generales, estrategas, conquistadores...¿y las mujeres?

    Siempre hay mujeres sosteniendo el mundo desde lugares donde nadie las ve.

    Curando.
    Enseñando.
    Organizando el caos y manteniendo con vida a personas que otros ya habían dado por perdidas.

    Florence Nightingale no empuñó una pistola o un rifle, no fue una conquistadora, no cortó cabezas, no lidero personas en el campode batalla..

    Pero cambió la manera en que el mundo entiende el cuidado, la medicina y la dignidad de los pacientes. Eso… requiere un tipo de fuerza que rara vez se reconoce.

    No la conocí. Pero su trabajo llegó hasta mi, un niño que leía en silencio junto a una chimenea.

    Por eso, cuando escucho a alguien decir que el trabajo de las mujeres es pequeño o que su impacto es secundario… sé que están muy equivocados.

    La historia está llena de mujeres que cambiaron el mundo.
    Muchas de ellas sin pedir reconocimiento.

    Florence Nightingale fue una de ellas.

    Y gracias a mujeres como ella, algunos de nosotros aprendimos que salvar una vida también es una forma de valentía. 》
    《 Mi familia no tenía mucho, pero la comida, el cobijo y la chimenea caliente no faltaban. No tenía juguetes como los demás, así que me distraía con lo que encontraba en la casa de mi abuela. Libros. Mi abuela tenía muchos libros. Entre ellos, uno captó mi atención, se llamaba "Notes on Hospitals" Todos los días, llegando de la escuela, me apresuraba a hacer mis tareas para poder leer todo lo que pudiera de aquel libro, asi fuera a escondidas junto a la chimenea. No entendía todo, había palabras que tenía que buscar varias veces, preguntarle a mi abuela o un profesor, habia párrafos que me tomaba mucho comprender. Pero entendía lo importante; alguien había decidido mirar el sufrimiento humano y no apartar la mirada. Florence Nightingale escribió sobre hospitales, higiene, organización, trataba de persona, de los que estaban heridos, de los que no podían levantarse y de los que nadie quería tocar... Recuerdo que pensaba "es una mujer muy valiente, en la escuela un profesor se desmayó viendo sangre" Pero Florence, tenia una valentia especial, no una valentía ruidosa, como la que aparece en las historias de guerra o las películas estadounidenses. Una valentía poderosa y silenciosa. La valentía de entrar en habitaciones llenas de dolor y permanecer allí con fuerza, temple y dedicación. La historia que nos enseñan en la escuela es tan aburrida y los nombres que se repiten suelen ser los de hombres: generales, estrategas, conquistadores...¿y las mujeres? Siempre hay mujeres sosteniendo el mundo desde lugares donde nadie las ve. Curando. Enseñando. Organizando el caos y manteniendo con vida a personas que otros ya habían dado por perdidas. Florence Nightingale no empuñó una pistola o un rifle, no fue una conquistadora, no cortó cabezas, no lidero personas en el campode batalla.. Pero cambió la manera en que el mundo entiende el cuidado, la medicina y la dignidad de los pacientes. Eso… requiere un tipo de fuerza que rara vez se reconoce. No la conocí. Pero su trabajo llegó hasta mi, un niño que leía en silencio junto a una chimenea. Por eso, cuando escucho a alguien decir que el trabajo de las mujeres es pequeño o que su impacto es secundario… sé que están muy equivocados. La historia está llena de mujeres que cambiaron el mundo. Muchas de ellas sin pedir reconocimiento. Florence Nightingale fue una de ellas. Y gracias a mujeres como ella, algunos de nosotros aprendimos que salvar una vida también es una forma de valentía. 》
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