• Tal vez debería dejar todo lo que hago y ocuparme de la fortuna familiar... ¡o tal vez no!!!!
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  • EL REENCUENTRO FAMILIAR NO TAN BONITO

    Luego de aquel evento en dónde se han visto por primera vez después de que Judith haya muerto, se volvieron a ver por primera vez fuera, en la vida real. Ahora tuvo más tiempo para verla mejor, y tratar de dialogar con ella, a pesar de su expresión aterradora, Nicole mantuvo la calma, sin embargo, lo que alguna vez fué su hermana, hoy no queda casi nada, no estaría por dialogar con Judith Thompson, sino que con la Princesa del Inframundo.

    Judith Thompson
    EL REENCUENTRO FAMILIAR NO TAN BONITO Luego de aquel evento en dónde se han visto por primera vez después de que Judith haya muerto, se volvieron a ver por primera vez fuera, en la vida real. Ahora tuvo más tiempo para verla mejor, y tratar de dialogar con ella, a pesar de su expresión aterradora, Nicole mantuvo la calma, sin embargo, lo que alguna vez fué su hermana, hoy no queda casi nada, no estaría por dialogar con Judith Thompson, sino que con la Princesa del Inframundo. [illusion_amethyst_horse_472]
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    en la madre el pollo verde a llegado RAPIDO ESCONDAN A SUS FAMILIAS ANTES DE QUE SE LAS LLEVE POR LA RACHA!, pero fuera de bromas bienvenid@ Duolingo
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  • Las garras de la inocencia

    Razor era conocido en Mondstadt como un chico enérgico, tranquilo e inocente. Para muchos, incluso tierno. Sin embargo, bajo esa apariencia se escondía una mente alerta al peligro, una inteligencia nata para el combate y, por encima de todo, un instinto feroz por proteger a su manada, a quienes consideraba su verdadera familia.

    El mercado negro surtía de todo a quienes buscaban lo que no podía conseguirse por medios legales: pociones adulteradas, alcohol, ingredientes a sobreprecio, armas, materiales… y pieles. Demasiadas pieles.

    Tras los últimos aullidos, profundos y majestuosos, la noche cayó sobre el bosque. La manada dormía. Razor se encontraba acurrucado bajo el tronco de un árbol, abrazado a uno de los lobos más viejos; los cachorros descansaban junto a sus madres, y el alfa vigilaba desde lo alto de una roca.

    Entonces, un crujido.

    Las orejas del alfa se alzaron de golpe. Razor abrió los ojos al mismo tiempo, conteniendo la respiración. No era un animal nocturno.

    Las antorchas se encendieron de repente, rodeando a la manada. El fuego crepitó, proyectando sombras torcidas entre los árboles. Humanos avanzaban con cautela, cuchillos y mazos en mano, sonriendo mientras hablaban del botín.

    El alfa saltó frente a su manada, erizando el pelaje y gruñendo. Dudaron un segundo… pero eran demasiados.

    Desde un punto ciego, varios bandidos se lanzaron sobre una de las lobas. Los chillidos de los cachorros cortaron el aire cuando fueron arrancados de su madre y metidos en un saco.

    La risa de uno de los hombres se apagó de golpe.

    Un impacto seco. Brutal.

    Razor había caído sobre él, clavándole la rodilla en el pecho. El bandido quedó inconsciente antes de tocar el suelo.

    +¿Q-qué fue eso? ¡Dijeron que no había nadie cuidando!

    Las espadas se alzaron. Entonces lo vieron.

    +¡Es solo un niño!
    —¡Yo… proteger… familia! —gruñó Razor, con los colmillos apretados—. ¡Ustedes… ser… malos!

    Se lanzó.

    Los lobos se unieron al ataque. Dientes, garras, gritos. Cada alarido de dolor de su manada hacía que los golpes de Razor fueran más fuertes, más salvajes.

    No luchaba como un caballero. No había técnica elegante, solo reflejos afilados, agilidad y una fuerza nacida del instinto.

    +¡No puede ser… tiene una Visión!

    Las garras Electro brillaron en la oscuridad. Uno a uno, los bandidos cayeron. Razor sangraba, respiraba con dificultad… pero en sus ojos no había dolor. Solo furia. Y determinación.

    Cuando el silencio volvió al bosque, todos yacían en el suelo.

    Razor los ató con ayuda de la manada. El bosque exigía sangre, y él lo sabía. Lo sentía. Pero recordó voces. Jean. Lisa. Kaeya.

    Convenció a los lobos de no matar.

    La ley del bosque era una. La de Mondstadt, otra.

    Y esta vez, eligió confiar. Herido y cansado llegó a Mondstadt bajo los primeros rayos del sol, dando pasos lentos con un pie y leves arrastres con el otro, herias en el cuerpo que si bien no eran mortales la cantidad de ellas hubieran dejado fuera de combate a cualquier otro. Los guardias de la puerta principal a la ciudad reconocieron a Razor de inmediato y, al ver el estado en el que se encontraba fueron a su auxilio de inmediato.

    -Gente...mala....bosque... -Alcanzó a decir a penas había sido alcanzado por uno de los guardias sosteniéndolo en brazos. Razor cayó inconsciente.-
    Las garras de la inocencia Razor era conocido en Mondstadt como un chico enérgico, tranquilo e inocente. Para muchos, incluso tierno. Sin embargo, bajo esa apariencia se escondía una mente alerta al peligro, una inteligencia nata para el combate y, por encima de todo, un instinto feroz por proteger a su manada, a quienes consideraba su verdadera familia. El mercado negro surtía de todo a quienes buscaban lo que no podía conseguirse por medios legales: pociones adulteradas, alcohol, ingredientes a sobreprecio, armas, materiales… y pieles. Demasiadas pieles. Tras los últimos aullidos, profundos y majestuosos, la noche cayó sobre el bosque. La manada dormía. Razor se encontraba acurrucado bajo el tronco de un árbol, abrazado a uno de los lobos más viejos; los cachorros descansaban junto a sus madres, y el alfa vigilaba desde lo alto de una roca. Entonces, un crujido. Las orejas del alfa se alzaron de golpe. Razor abrió los ojos al mismo tiempo, conteniendo la respiración. No era un animal nocturno. Las antorchas se encendieron de repente, rodeando a la manada. El fuego crepitó, proyectando sombras torcidas entre los árboles. Humanos avanzaban con cautela, cuchillos y mazos en mano, sonriendo mientras hablaban del botín. El alfa saltó frente a su manada, erizando el pelaje y gruñendo. Dudaron un segundo… pero eran demasiados. Desde un punto ciego, varios bandidos se lanzaron sobre una de las lobas. Los chillidos de los cachorros cortaron el aire cuando fueron arrancados de su madre y metidos en un saco. La risa de uno de los hombres se apagó de golpe. Un impacto seco. Brutal. Razor había caído sobre él, clavándole la rodilla en el pecho. El bandido quedó inconsciente antes de tocar el suelo. +¿Q-qué fue eso? ¡Dijeron que no había nadie cuidando! Las espadas se alzaron. Entonces lo vieron. +¡Es solo un niño! —¡Yo… proteger… familia! —gruñó Razor, con los colmillos apretados—. ¡Ustedes… ser… malos! Se lanzó. Los lobos se unieron al ataque. Dientes, garras, gritos. Cada alarido de dolor de su manada hacía que los golpes de Razor fueran más fuertes, más salvajes. No luchaba como un caballero. No había técnica elegante, solo reflejos afilados, agilidad y una fuerza nacida del instinto. +¡No puede ser… tiene una Visión! Las garras Electro brillaron en la oscuridad. Uno a uno, los bandidos cayeron. Razor sangraba, respiraba con dificultad… pero en sus ojos no había dolor. Solo furia. Y determinación. Cuando el silencio volvió al bosque, todos yacían en el suelo. Razor los ató con ayuda de la manada. El bosque exigía sangre, y él lo sabía. Lo sentía. Pero recordó voces. Jean. Lisa. Kaeya. Convenció a los lobos de no matar. La ley del bosque era una. La de Mondstadt, otra. Y esta vez, eligió confiar. Herido y cansado llegó a Mondstadt bajo los primeros rayos del sol, dando pasos lentos con un pie y leves arrastres con el otro, herias en el cuerpo que si bien no eran mortales la cantidad de ellas hubieran dejado fuera de combate a cualquier otro. Los guardias de la puerta principal a la ciudad reconocieron a Razor de inmediato y, al ver el estado en el que se encontraba fueron a su auxilio de inmediato. -Gente...mala....bosque... -Alcanzó a decir a penas había sido alcanzado por uno de los guardias sosteniéndolo en brazos. Razor cayó inconsciente.-
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  • -Las montañas se alzaban como colosos silenciosos bajo un cielo pálido. Nubes delgadas serpenteaban entre picos afilados mientras el viento arrastraba el olor del incienso y la nieve vieja.
    Durante semanas ,quizá meses,Vergil había permanecido allí, en un templo olvidado encaramado sobre un abismo, entrenando su mente y su espada en absoluta soledad.
    No había demonios que vencer.
    No había rival que superar.
    Solo respiración, equilibrio… y la voz del viento.
    Cada amanecer, desenvainaba a Yamato con un movimiento lento y preciso, cortando el aire como si estuviera dividiendo el mundo mismo. No buscaba furia ni dominio, sino claridad. Cada tajo era una meditación. Cada paso, una aceptación de lo que era.
    Por primera vez en mucho tiempo, Vergil no sentía el peso de su pasado oprimiéndole el pecho.
    Cuando finalmente descendió de las montañas, su presencia era distinta. No había perdido su filo… pero algo se había asentado en su interior. Su mirada seguía siendo fría, aunque ahora tenía una quietud peligrosa, como un lago profundo antes de una tormenta.
    Días después, una figura azul apareció entre la neblina de Red Grave City.
    Vergil caminaba por las calles como si regresara de un largo sueño. El ruido del mundo ya no lo irritaba. Los murmullos humanos no le parecían tan insignificantes como antes. Había aprendido algo entre esas montañas: el poder sin control era ruido… pero el poder con propósito era armonía.
    Se detuvo frente a un edificio en ruinas, sintiendo una energía familiar en el aire.
    Sus labios se curvaron apenas, en algo que casi parecía una sonrisa.-

    …Veamos qué ha cambiado mientras no estaba.

    La noche parecía contener la respiración.
    -Las montañas se alzaban como colosos silenciosos bajo un cielo pálido. Nubes delgadas serpenteaban entre picos afilados mientras el viento arrastraba el olor del incienso y la nieve vieja. Durante semanas ,quizá meses,Vergil había permanecido allí, en un templo olvidado encaramado sobre un abismo, entrenando su mente y su espada en absoluta soledad. No había demonios que vencer. No había rival que superar. Solo respiración, equilibrio… y la voz del viento. Cada amanecer, desenvainaba a Yamato con un movimiento lento y preciso, cortando el aire como si estuviera dividiendo el mundo mismo. No buscaba furia ni dominio, sino claridad. Cada tajo era una meditación. Cada paso, una aceptación de lo que era. Por primera vez en mucho tiempo, Vergil no sentía el peso de su pasado oprimiéndole el pecho. Cuando finalmente descendió de las montañas, su presencia era distinta. No había perdido su filo… pero algo se había asentado en su interior. Su mirada seguía siendo fría, aunque ahora tenía una quietud peligrosa, como un lago profundo antes de una tormenta. Días después, una figura azul apareció entre la neblina de Red Grave City. Vergil caminaba por las calles como si regresara de un largo sueño. El ruido del mundo ya no lo irritaba. Los murmullos humanos no le parecían tan insignificantes como antes. Había aprendido algo entre esas montañas: el poder sin control era ruido… pero el poder con propósito era armonía. Se detuvo frente a un edificio en ruinas, sintiendo una energía familiar en el aire. Sus labios se curvaron apenas, en algo que casi parecía una sonrisa.- …Veamos qué ha cambiado mientras no estaba. La noche parecía contener la respiración.
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  • Vamos a confundir a la familia, llego con cachorro que es igual a él, obviamente es prestado.*(?)
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    —¡Ow! ¡Está irá al álbum familiar!—

    Se había tomado una selfie con él y, moviendo su cola con emoción junto a una amplia sonrisa, ya estaba guardando esa foto con cariño
    —¡Ow! ¡Está irá al álbum familiar!— Se había tomado una selfie con él y, moviendo su cola con emoción junto a una amplia sonrisa, ya estaba guardando esa foto con cariño
    De tal palo, tal astilla y su pequeña niña es igualita a él. No por nada él fue quien la parió aunque nadie más lo sepa.
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    Red White and Royal Blue.
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    se busca a personaje interesado en formar parte del palacio de Kensington como empleado de la familia real. El puesto es a elección siempre que se mantenga cierta lógica.

    este personaje es asignado a viajar a los Estados Unidos cuando el príncipe Henry decide mudarse a Norte América, allí conocerá a June Claremont Diaz con quién en un principio tendrá sus desacuerdos, para pasar a volverse su amigo cercano y quizás algo más en el futuro.

    Personaje original.
    fc sugerido : Tom Blyth.
    se busca a personaje interesado en formar parte del palacio de Kensington como empleado de la familia real. El puesto es a elección siempre que se mantenga cierta lógica. este personaje es asignado a viajar a los Estados Unidos cuando el príncipe Henry decide mudarse a Norte América, allí conocerá a [THCJOURNALIST] con quién en un principio tendrá sus desacuerdos, para pasar a volverse su amigo cercano y quizás algo más en el futuro. Personaje original. fc sugerido : Tom Blyth.
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  • -solamente lleva 1/3 de su embarazo y ya se quiere morir por las náuseas descontroladas que le dan. Hoy no amaneció con ánimos de nada, quizás demasiado hormonal no puede evitar mirar con recelo y tristeza a las parejas animales siendo una familia para cuidar a sus crías en cambio ella...
    Apretó la mano contra su vientre con fuerza, si quiera está en condiciones para ser madre/padre solter@? Serán ellos contra un mundo cruel e injusto que desprecia a los seres que tiene que hacer el trabajo sucio por los demás -
    -solamente lleva 1/3 de su embarazo y ya se quiere morir por las náuseas descontroladas que le dan. Hoy no amaneció con ánimos de nada, quizás demasiado hormonal no puede evitar mirar con recelo y tristeza a las parejas animales siendo una familia para cuidar a sus crías en cambio ella... Apretó la mano contra su vientre con fuerza, si quiera está en condiciones para ser madre/padre solter@? Serán ellos contra un mundo cruel e injusto que desprecia a los seres que tiene que hacer el trabajo sucio por los demás -
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  • Bᥱɱ-νιᥒᏧos ᥲo Rιo
    Categoría Contemporáneo
    https://youtu.be/J_GfrDR7_Bw?si=2Xvo7h-LwgtQ5BoC


    Desde que era niña no recordaba que el tiempo pasara tan, pero tan lento. Los días parecían tener cincuenta horas y ese mes se sintió como un lustro.

    Pero ya es Febrero, por fin; el día tan esperado ha llegado y Sada estaba tan ansiosa que las casi treinta horas de vuelo - con sus respectivas escalas - desde Narita hasta el aeropuerto de Galeão se hicieron veloces entre bien merecidas siestas, lectura (por fin oudo terminarse "El psicópata integrado") y sesiones de skincare a bordo.

    El panorama de las montañas Brasileñas era, sin duda, un sueño; desde los vastos terrenos amazónicos hasta la periferia de Rio de Janeiro, el verdor era hermoso e ininterrumpido. Ni siquiera sus estados con sus ciudades, competían con lo absoluto del majestuoso pulmón del mundo.

    Y ni qué decir de esa deliciosa cadencia del idioma; escuchaba a los tripulantes en charlas distintas, no prestando atención al contenido pero sí a la musicalidad del portugués. Era como volver a esos días que compartió con Bruno bajo el mismo techo. Y lo relacionô con algo bueno que sabía a hogar, a colores, a alegría.

    Un par de horas después de abordar el último avión desde São Paulo, la japonesa ya estaba caminando por el largo pasillo que daba la bienvenida a la "Cidade maravilhosa".

    ¿Primera impresión?; ¡hacía un calor tremendo! La chica se estaba echando aire con la mano, su ropa Tokiota no era nada adecuada para el clima carioca.

    — Bueno, mejor para mí. Necesitaba una excusa para ir de compras. —

    « Estoy en la zona de Recepción de Equipaje, ya tengo mis maletas y voy de salida.»

    El estómago le hormigueó. Después de tantos meses, después de su ruptura, volvería a ver a Bruno. Y lo vería en su tierra, en su hogar.

    Pensar en ello le provocaba taquicardias. De las buenas. Pues a pesar de que ella misma tiene sangre brasileña, no se sentía en absoluto familiarizada con la vida carioca. Y así como ella hizo las de guía para su ex novio, ahora los papeles se invertirían; había tanto que deseaba visitar, ver, comer, bailar.

    Y quería hacerlo con él. Como tanto lo habían planeado cuando estaban juntos.

    — Oi. Tudo bom?... —

    Quería llenarse de Río. Del Carnaval, de su gente risueña, de sus voces cantarinas, de su calor, de sus escenarios.

    Con él.

    https://youtu.be/J_GfrDR7_Bw?si=2Xvo7h-LwgtQ5BoC Desde que era niña no recordaba que el tiempo pasara tan, pero tan lento. Los días parecían tener cincuenta horas y ese mes se sintió como un lustro. Pero ya es Febrero, por fin; el día tan esperado ha llegado y Sada estaba tan ansiosa que las casi treinta horas de vuelo - con sus respectivas escalas - desde Narita hasta el aeropuerto de Galeão se hicieron veloces entre bien merecidas siestas, lectura (por fin oudo terminarse "El psicópata integrado") y sesiones de skincare a bordo. El panorama de las montañas Brasileñas era, sin duda, un sueño; desde los vastos terrenos amazónicos hasta la periferia de Rio de Janeiro, el verdor era hermoso e ininterrumpido. Ni siquiera sus estados con sus ciudades, competían con lo absoluto del majestuoso pulmón del mundo. Y ni qué decir de esa deliciosa cadencia del idioma; escuchaba a los tripulantes en charlas distintas, no prestando atención al contenido pero sí a la musicalidad del portugués. Era como volver a esos días que compartió con Bruno bajo el mismo techo. Y lo relacionô con algo bueno que sabía a hogar, a colores, a alegría. Un par de horas después de abordar el último avión desde São Paulo, la japonesa ya estaba caminando por el largo pasillo que daba la bienvenida a la "Cidade maravilhosa". ¿Primera impresión?; ¡hacía un calor tremendo! La chica se estaba echando aire con la mano, su ropa Tokiota no era nada adecuada para el clima carioca. — Bueno, mejor para mí. Necesitaba una excusa para ir de compras. — « Estoy en la zona de Recepción de Equipaje, ya tengo mis maletas y voy de salida.» El estómago le hormigueó. Después de tantos meses, después de su ruptura, volvería a ver a Bruno. Y lo vería en su tierra, en su hogar. Pensar en ello le provocaba taquicardias. De las buenas. Pues a pesar de que ella misma tiene sangre brasileña, no se sentía en absoluto familiarizada con la vida carioca. Y así como ella hizo las de guía para su ex novio, ahora los papeles se invertirían; había tanto que deseaba visitar, ver, comer, bailar. Y quería hacerlo con él. Como tanto lo habían planeado cuando estaban juntos. — Oi. Tudo bom?... — Quería llenarse de Río. Del Carnaval, de su gente risueña, de sus voces cantarinas, de su calor, de sus escenarios. Con él.
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