• Ni siquiera piensa preguntar como fue que todo se transformó durante esa semana en el mar, está seguro que ni los dioses son capaces de comprenderlo.

    Quien fuera su agresor más grande, ahora lo trataba con una delicadeza que le parecía ridícula, pero también era bastante ¿Lindo?
    Sonrojado al pensar en ello, negó y siguió su camino, carraspeando.

    —Bien, es hora de empezar con la alianza.
    La diplomacia se me da mejor que la lucha.
    Ni siquiera piensa preguntar como fue que todo se transformó durante esa semana en el mar, está seguro que ni los dioses son capaces de comprenderlo. Quien fuera su agresor más grande, ahora lo trataba con una delicadeza que le parecía ridícula, pero también era bastante ¿Lindo? Sonrojado al pensar en ello, negó y siguió su camino, carraspeando. —Bien, es hora de empezar con la alianza. La diplomacia se me da mejor que la lucha.
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  • Jacob recuerda vagamente una noche que no quería que existiera, una cena que empezó con promesas de diplomacia y terminó en vergüenza y humillación. Aaron Smith, el presidente, sonrió como siempre, demasiado amable, y cuando Jacob se negó a seguirle el juego lo tranquilizaron con palabras y una copa que no debió aceptar. Después de eso hay lagunas, fragmentos sueltos... risas lejanas, una puerta cerrándose, la sensación de perder el control y calor.

    Cuando despertó desnudo no tenía recuerdos claros de lo ocurrido, y en su lugar apareció un día después la peor amenaza posible. Aaron tenía material íntimo de esa noche, imágenes que Jacob no recordaba pero que demostraban cosas que él jamás contaría si podía evitarlo. La vergüenza lo consumió, la rabia y el miedo se mezclaron, y pronto quedó claro que aquello no era sólo una deuda personal, era una moneda de cambio.

    Para asegurarse de que Jacob cumpliera, Aaron le ofreció —o mejor dicho le impuso— un encargo, proteger a su hija Irina y vigilar que cumpliera con su agenda, sus compromisos y su seguridad pública. Jacob aceptó porque no tuvo alternativa, porque llevaba encima la amenaza de ver su vida y su reputación destrozadas si no obedecía. Ahora, cada gesto hacia Irina está teñido por la culpa y la coacción, y Jacob vive con el peso de algo que no puede confesar.

    Jacob recuerda vagamente una noche que no quería que existiera, una cena que empezó con promesas de diplomacia y terminó en vergüenza y humillación. Aaron Smith, el presidente, sonrió como siempre, demasiado amable, y cuando Jacob se negó a seguirle el juego lo tranquilizaron con palabras y una copa que no debió aceptar. Después de eso hay lagunas, fragmentos sueltos... risas lejanas, una puerta cerrándose, la sensación de perder el control y calor. Cuando despertó desnudo no tenía recuerdos claros de lo ocurrido, y en su lugar apareció un día después la peor amenaza posible. Aaron tenía material íntimo de esa noche, imágenes que Jacob no recordaba pero que demostraban cosas que él jamás contaría si podía evitarlo. La vergüenza lo consumió, la rabia y el miedo se mezclaron, y pronto quedó claro que aquello no era sólo una deuda personal, era una moneda de cambio. Para asegurarse de que Jacob cumpliera, Aaron le ofreció —o mejor dicho le impuso— un encargo, proteger a su hija Irina y vigilar que cumpliera con su agenda, sus compromisos y su seguridad pública. Jacob aceptó porque no tuvo alternativa, porque llevaba encima la amenaza de ver su vida y su reputación destrozadas si no obedecía. Ahora, cada gesto hacia Irina está teñido por la culpa y la coacción, y Jacob vive con el peso de algo que no puede confesar.
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  • -Estaba cansada y estresada, entre las reuniones del mundo espiritual, las reuniones humanas, y el hecho que habían cabos sueltos, le faltaban brazos y días para poder cubrir todo. Además del hecho que el día miércoles vería a dos personas que de por sí no se llevan en una mesa de reuniones invocada por ella, Jack le sugirió tomar clases de diplomacia. Por ese motivo hizo lo que cualquiera persona adulta responsable haría, se fue a un bar en Viena, dejando a los dos gatos a cargo de Jack. Estacionó su Jeep negro en dos estacionamientos, y se bajo con una aura asesina, no estaba de humor que alguien le dijera nada. Camino hacia la puerta y se detuvo esperando su turno, y llegó adelante frente al guardia mirándolo por sobre los lentes de sol , el guardia no dijo nada y le dió el pase.
    Lo primero que hizo fue sentarse en la barra y pedir un sunshine, se puso a jugar con la bombilla y luego miro a los presente.
    Volvió a su trago y bebió un sorbo, hasta que de reojo en el lado izquierdo de ella sentado había un sujeto, @Gabriel Reyes, que le parecía familiar-

    Creo que lo conozco…

    -Era mala con los nombres pero si se acordaba de los rostros que veía una vez-
    -Estaba cansada y estresada, entre las reuniones del mundo espiritual, las reuniones humanas, y el hecho que habían cabos sueltos, le faltaban brazos y días para poder cubrir todo. Además del hecho que el día miércoles vería a dos personas que de por sí no se llevan en una mesa de reuniones invocada por ella, Jack le sugirió tomar clases de diplomacia. Por ese motivo hizo lo que cualquiera persona adulta responsable haría, se fue a un bar en Viena, dejando a los dos gatos a cargo de Jack. Estacionó su Jeep negro en dos estacionamientos, y se bajo con una aura asesina, no estaba de humor que alguien le dijera nada. Camino hacia la puerta y se detuvo esperando su turno, y llegó adelante frente al guardia mirándolo por sobre los lentes de sol , el guardia no dijo nada y le dió el pase. Lo primero que hizo fue sentarse en la barra y pedir un sunshine, se puso a jugar con la bombilla y luego miro a los presente. Volvió a su trago y bebió un sorbo, hasta que de reojo en el lado izquierdo de ella sentado había un sujeto, @[reaper], que le parecía familiar- Creo que lo conozco… -Era mala con los nombres pero si se acordaba de los rostros que veía una vez-
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  • -Hmg...mi cabeza...

    Los primeros rayos del sol lejos de acariciar la casi porcelana piel de la rubia parecían haberla golpeado, su cabello alborotado y aquellos gemidos somnolientos le hacía ver como si tuviera una fuerte resaca, y, aunque parecía así no fue por alcohol. Los últimos días se la había pasado en su oficina; planeando actividades para los caballeros, organizando las hojas de misiones para el tablón de trabajos, ajustando el pago de honorarios de los mismos caballeros, diplomacias, pagando los daños ocasionados por Klee, etc, etc.

    Lo último en recordar fue estar hablando con Lisa la tarde anterior, sentir un ligero mareo y una visualización borrosa con un ruido a ciegas y la voz de Lisa regañándola a lo lejos, había caído dormida sobre su escritorio. Con la mirada perdida mira el lugar donde se encontraba, deduce que Lisa la había llevado a su casa

    -Hmm...¿Dónde...?....

    De verdad era tanto el tiempo que pasaba fuera de su casa que ni ella misma parecía reconocerla en ocasiones y menos con esa resaca por trabajo.
    -Hmg...mi cabeza... Los primeros rayos del sol lejos de acariciar la casi porcelana piel de la rubia parecían haberla golpeado, su cabello alborotado y aquellos gemidos somnolientos le hacía ver como si tuviera una fuerte resaca, y, aunque parecía así no fue por alcohol. Los últimos días se la había pasado en su oficina; planeando actividades para los caballeros, organizando las hojas de misiones para el tablón de trabajos, ajustando el pago de honorarios de los mismos caballeros, diplomacias, pagando los daños ocasionados por Klee, etc, etc. Lo último en recordar fue estar hablando con Lisa la tarde anterior, sentir un ligero mareo y una visualización borrosa con un ruido a ciegas y la voz de Lisa regañándola a lo lejos, había caído dormida sobre su escritorio. Con la mirada perdida mira el lugar donde se encontraba, deduce que Lisa la había llevado a su casa -Hmm...¿Dónde...?.... De verdad era tanto el tiempo que pasaba fuera de su casa que ni ella misma parecía reconocerla en ocasiones y menos con esa resaca por trabajo.
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