• Había permanecido lejos de los mortales más tiempo del habitual. La causa no era una guerra, ni una calamidad; es una disputa con uno de sus hermanos acerca de la decisión que él y otro oniro tomaron al abandonar sus deberes. Atrapado entre argumentos, reproches y  diferencias, el dios de los sueños relegó por un tiempo sus deberes, hasta que las aguas del conflicto comenzaron finalmente a calmarse.
    Había permanecido lejos de los mortales más tiempo del habitual. La causa no era una guerra, ni una calamidad; es una disputa con uno de sus hermanos acerca de la decisión que él y otro oniro tomaron al abandonar sus deberes. Atrapado entre argumentos, reproches y  diferencias, el dios de los sueños relegó por un tiempo sus deberes, hasta que las aguas del conflicto comenzaron finalmente a calmarse.
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  • 𝖀𝖓... ¿𝖗𝖔𝖘𝖙𝖗𝖔 𝖋𝖆𝖒𝖎𝖑𝖎𝖆𝖗?
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    𝓡𝓸𝓵𝓮𝓹𝓵𝓪𝔂 𝔀𝓲𝓽𝓱: Eʀɪɴ



    𝕻𝖊𝖘𝖙𝖊 𝕭𝖚𝖇ó𝖓𝖎𝖈𝖆 𝖞 𝖇𝖗𝖔𝖙𝖊 𝖉𝖊 𝖛𝖎𝖗𝖚𝖊𝖑𝖆. 𝕮𝖎𝖗𝖈𝖆. 𝟏𝟓𝟗𝟑

    El miedo y la desesperación recorrían cada rincón del país. Las ciudades más grandes notaban en demasía cómo las vidas eran arrasadas por la enfermedad y la imposibilidad de ayudar a cada víctima, sin importar las medidas y cuarentenas que se tomaran. La viruela era lo peor, sin embargo, porque sin importar la casta llegaba a cualquier hogar.

    Fue así con los Lancaster. Quien la padeció terriblemente fue una joven llamada Erin. Por supuesto, los padres de esta hicieron todo lo posible para que se mejorara, pagando por los tratamientos más caros y los mejores doctores que pudieran encontrar. No parecía dar demasiados resultados y el pánico comenzaba a apoderarse del hogar. Pero entonces escucharon sobre otro médico en la ciudad. Uno extraño, de quien muchas malas lenguas decían que la muerte lo seguía allí donde fuera; otras aseguraban que hacía milagros si pagaban bien y le daban las libertades necesarias.

    Loimos fue convocado una noche. Su presencia provocó más inquietud que consuelo mientras se presentaba ante los nobles. Era muy educado, a pesar de que la máscara y el atuendo de cuero negro no transmitían precisamente tranquilidad.

    Llegó a los aposentos de la joven ya postrada en cama y no perdió tiempo en revisarla. Casi no hizo preguntas, solo cuando era estrictamente necesario; el resto lo averiguó a base de observación y pruebas, muchas de ellas realizándolas en privado. La viruela era un problema para el que aún no encontraba una respuesta clara, pero cada paciente lo acercaba un poco más a ella. Por desgracia, sin importar todo lo que hizo e intentó(sin dañar a la joven, pues los padres fueron muy estrictos respecto a su integridad), no encontró solución alguna. Muy a su propia frustración, luego de meses, tuvo que aceptar que no podría ayudarla. Necesitaba otro tipo de pacientes para examinarlos mejor.

    Su presencia desapareció de aquella vivienda como si solo se hubiese tratado de una ilusión, un fantasma y nada más. Incluso dejó de verse en la ciudad. Algunos pensaron que solo había sido un sueño febril colectivo.


    𝕷𝖆𝖘 𝖊𝖓𝖋𝖊𝖗𝖒𝖊𝖉𝖆𝖉𝖊𝖘 𝖈𝖔𝖓𝖙𝖎𝖓𝖚𝖆𝖗𝖔𝖓. 𝕮𝖎𝖗𝖈𝖆. 𝟏𝟕𝟒𝟖

    El tiempo avanzó con relativa rapidez. Las ciudades se veían más refinadas, más elegantes; se levantaron academias prestigiosas y la medicina avanzó, dando paso también a nuevos instrumentos. Los médicos se modernizaron un poco más. Loimos no había cambiado demasiado salvo por algunas prendas. Pero la máscara de pico, el sombrero, los guantes de cuero y el bastón seguían allí. Además, su cuerpo permanecía bien cubierto, como si aún intentara alejar toda peste de sí mismo a pesar de haber estado rodeado de ella durante tantos siglos.

    Las personas caminaban por las calles como si la ciudad no estuviera marcada por enfermedades y guerras. Querían olvidar. Había más control, pero todavía no existían soluciones definitivas. El doctor no creía que fuese momento para relajarse tanto.

    Sus pasos eran tranquilos, escuchándose en ocasiones el golpeteo de su bastón contra el suelo, pero todo se detuvo cuando se paró frente a una plaza. Ladeó apenas la cabeza y luego giró la mirada hacia la izquierda. Creyó haber visto algo que captó su atención. Alguien, más bien.

    Al principio pensó que era coincidencia, pero entonces observó mejor a aquella joven mujer.
    El recuerdo llegó de inmediato, aunque las diferencias eran claras. Ya no había dolor en el rostro, no se veía la fiebre reflejada en cada facción ni el debilitamiento evidente, tampoco la muerte acechando a su lado. Se veía sana. Apenas pálida, quizá. Con fuerza... e igual a la última vez que la vio. Curioso. Demasiado curioso.

    Continuó avanzando, ahora con una nueva dirección, directamente hacia la mujer. Todavía sin prisa; tampoco deseaba arruinarle el paseo o aquello que estuviese haciendo. La analizó un poco más antes de acercarse lo suficiente para que pudiera escucharlo.

    —Lady Lancaster —la voz estaba amortiguada por la máscara, aunque eso no impidió que se notara aquel tono tranquilo de siempre—. Vaya sorpresa encontrarla por aquí.

    Fue evidente que aquellas palabras solo intentaban evitar mencionar directamente el verdadero interés que despertaba en él verla todavía con vida, cuando había observado cómo esta abandonaba lentamente su cuerpo siglo y tanto atrás.

    —Admito que habría esperado encontrar sus huesos bajo tierra antes que verla paseando... o comprobar que los años no han pasado por usted ni un poco.
    𝓡𝓸𝓵𝓮𝓹𝓵𝓪𝔂 𝔀𝓲𝓽𝓱: [Black.Rose] 𝕻𝖊𝖘𝖙𝖊 𝕭𝖚𝖇ó𝖓𝖎𝖈𝖆 𝖞 𝖇𝖗𝖔𝖙𝖊 𝖉𝖊 𝖛𝖎𝖗𝖚𝖊𝖑𝖆. 𝕮𝖎𝖗𝖈𝖆. 𝟏𝟓𝟗𝟑 El miedo y la desesperación recorrían cada rincón del país. Las ciudades más grandes notaban en demasía cómo las vidas eran arrasadas por la enfermedad y la imposibilidad de ayudar a cada víctima, sin importar las medidas y cuarentenas que se tomaran. La viruela era lo peor, sin embargo, porque sin importar la casta llegaba a cualquier hogar. Fue así con los Lancaster. Quien la padeció terriblemente fue una joven llamada Erin. Por supuesto, los padres de esta hicieron todo lo posible para que se mejorara, pagando por los tratamientos más caros y los mejores doctores que pudieran encontrar. No parecía dar demasiados resultados y el pánico comenzaba a apoderarse del hogar. Pero entonces escucharon sobre otro médico en la ciudad. Uno extraño, de quien muchas malas lenguas decían que la muerte lo seguía allí donde fuera; otras aseguraban que hacía milagros si pagaban bien y le daban las libertades necesarias. Loimos fue convocado una noche. Su presencia provocó más inquietud que consuelo mientras se presentaba ante los nobles. Era muy educado, a pesar de que la máscara y el atuendo de cuero negro no transmitían precisamente tranquilidad. Llegó a los aposentos de la joven ya postrada en cama y no perdió tiempo en revisarla. Casi no hizo preguntas, solo cuando era estrictamente necesario; el resto lo averiguó a base de observación y pruebas, muchas de ellas realizándolas en privado. La viruela era un problema para el que aún no encontraba una respuesta clara, pero cada paciente lo acercaba un poco más a ella. Por desgracia, sin importar todo lo que hizo e intentó(sin dañar a la joven, pues los padres fueron muy estrictos respecto a su integridad), no encontró solución alguna. Muy a su propia frustración, luego de meses, tuvo que aceptar que no podría ayudarla. Necesitaba otro tipo de pacientes para examinarlos mejor. Su presencia desapareció de aquella vivienda como si solo se hubiese tratado de una ilusión, un fantasma y nada más. Incluso dejó de verse en la ciudad. Algunos pensaron que solo había sido un sueño febril colectivo. 𝕷𝖆𝖘 𝖊𝖓𝖋𝖊𝖗𝖒𝖊𝖉𝖆𝖉𝖊𝖘 𝖈𝖔𝖓𝖙𝖎𝖓𝖚𝖆𝖗𝖔𝖓. 𝕮𝖎𝖗𝖈𝖆. 𝟏𝟕𝟒𝟖 El tiempo avanzó con relativa rapidez. Las ciudades se veían más refinadas, más elegantes; se levantaron academias prestigiosas y la medicina avanzó, dando paso también a nuevos instrumentos. Los médicos se modernizaron un poco más. Loimos no había cambiado demasiado salvo por algunas prendas. Pero la máscara de pico, el sombrero, los guantes de cuero y el bastón seguían allí. Además, su cuerpo permanecía bien cubierto, como si aún intentara alejar toda peste de sí mismo a pesar de haber estado rodeado de ella durante tantos siglos. Las personas caminaban por las calles como si la ciudad no estuviera marcada por enfermedades y guerras. Querían olvidar. Había más control, pero todavía no existían soluciones definitivas. El doctor no creía que fuese momento para relajarse tanto. Sus pasos eran tranquilos, escuchándose en ocasiones el golpeteo de su bastón contra el suelo, pero todo se detuvo cuando se paró frente a una plaza. Ladeó apenas la cabeza y luego giró la mirada hacia la izquierda. Creyó haber visto algo que captó su atención. Alguien, más bien. Al principio pensó que era coincidencia, pero entonces observó mejor a aquella joven mujer. El recuerdo llegó de inmediato, aunque las diferencias eran claras. Ya no había dolor en el rostro, no se veía la fiebre reflejada en cada facción ni el debilitamiento evidente, tampoco la muerte acechando a su lado. Se veía sana. Apenas pálida, quizá. Con fuerza... e igual a la última vez que la vio. Curioso. Demasiado curioso. Continuó avanzando, ahora con una nueva dirección, directamente hacia la mujer. Todavía sin prisa; tampoco deseaba arruinarle el paseo o aquello que estuviese haciendo. La analizó un poco más antes de acercarse lo suficiente para que pudiera escucharlo. —Lady Lancaster —la voz estaba amortiguada por la máscara, aunque eso no impidió que se notara aquel tono tranquilo de siempre—. Vaya sorpresa encontrarla por aquí. Fue evidente que aquellas palabras solo intentaban evitar mencionar directamente el verdadero interés que despertaba en él verla todavía con vida, cuando había observado cómo esta abandonaba lentamente su cuerpo siglo y tanto atrás. —Admito que habría esperado encontrar sus huesos bajo tierra antes que verla paseando... o comprobar que los años no han pasado por usted ni un poco.
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  • "𝑬𝒍 𝑵𝒐𝒓𝒕𝒆 𝒆𝒔 𝒐𝒓𝒈𝒖𝒍𝒍𝒐𝒔𝒐"
    Fandom Game of Thrones
    Categoría Slice of Life
    Advertencia: El starter contiene obvios spoiler de la última temporada de "Game of Thrones".

    Con intenciones de cambiar la historia de ciertos personajes y del rumbo de la trama, mi grupo de rol y yo hemos realizado cambios en las escenas de la temporada. De ahi las evidentes diferencias con respecto al material original.


    El invierno habia llegado. El lema de su casa llevaba siglos anunciándolo. “Se acerca el invierno”. La nieve que habia comenzado a caer en finas capas perezosas era un claro aviso de que pronto se enfrentarían a un invierno crudo tras el largo verano del que habían disfrutado. Sansa no recordaba haber vivido invierno alguno, por supuesto. Ella nació en el largo verano, a pesar de que el norte estuviera siempre nevado.

    Asi que… habia muchos preparativos que organizar. Esperaban la llegada de habitantes de aldeas cercanas y tendrían que dar de comer a todos ellos, además se estaban habilitando zonas del castillo y las murallas que pudieran resguardar a los norteños que acudieran a la fortaleza. Y todo aquello solo seria posible si lograban sobrevivir a la batalla contra los muertos. Algo para lo que, sinceramente, no demasiados tenían esperanzas. Pero Sansa Stark no podía dejarse llevar por esperanzas o deseos. Desde que Jon le habia dejado al mando de Invernalia y del norte para acudir en busca de la ayuda de Daenerys Targaryen, Sansa habia hecho lo que se esperaba de ella en una situación como la suya. No tenia formación asi que habia tenido que aprender a hacer aquello a pasos agigantados. Habia aprendido de los recuerdos que tenia de su padre, de lo que habia visto en Cersei y de lo poco que haba podido vivir al lado de Jon. En cuanto a gobernar cualquiera de los tres habia tenido más experiencia que la joven Sansa. Aun asi, el mando no se le habia resistido y, en ausencia de Jon y dado que Bran habia rechazado el nombramiento de Señor de Invernalia, todo el mundo en la ciudad habia empezado a considerar a Sansa como la legitima responsable. Sansa no pretendía quitarle el asiento a Jon pero alguien debía mirar por el Norte mientras Jon estaba en el sur.


    Sansa habia esperado que sus obligaciones disminuyeran con el regreso de Jon, mas lo cierto fue que el pueblo seguía confiando y solicitando su ayuda del mismo modo.

    Y Jon no regresó solo. Trajo consigo a Daenerys Targaryen, sus dothrakis, sus inmaculados, dos dragones… Demasiadas bocas que alimentar. Asi quee, no habia dejado de reunirse con señores, guardias y maestres.

    -En cuanto salga toda la soldadesca al campo, debemos cerrar las puertas de Invernalia, mi señora- le aconsejó Lord Yohn Royce aquel día.

    Sansa replicó de forma educada.

    -Mantenedlas abiertas todo lo posible. Aun hay mucha gente llegando del campo- dijo cerrando los mapas que el señor de Piedra de las Runas le habia entregado para ilustrar la situación más allá de las murallas.

    En aquel momento ambos fueron conscientes de la llegada de Daenerys Targaryen a las puertas de la estancia. Estaba sola, sin la acostumbrada compañía de sus consejeros, ni su mano, ni ese bárbaro barbudo que parecía haberse convertido en su sombra. Vista asi parecía mucho más humilde de lo que auguraba su apellido.

    Los ojos azules de Sansa y, por ende la mirada de Lord Royce se desviaron hacia la recién llegada.

    ㅤ✧ ㅤㅤ𝑫𝑨𝑬𝑵𝑬𝑹𝒀𝑺 𝑻𝑨𝑹𝑮𝑨𝑹𝒀𝑬𝑵
    ❗ Advertencia: El starter contiene obvios spoiler de la última temporada de "Game of Thrones". ❗ Con intenciones de cambiar la historia de ciertos personajes y del rumbo de la trama, mi grupo de rol y yo hemos realizado cambios en las escenas de la temporada. De ahi las evidentes diferencias con respecto al material original. El invierno habia llegado. El lema de su casa llevaba siglos anunciándolo. “Se acerca el invierno”. La nieve que habia comenzado a caer en finas capas perezosas era un claro aviso de que pronto se enfrentarían a un invierno crudo tras el largo verano del que habían disfrutado. Sansa no recordaba haber vivido invierno alguno, por supuesto. Ella nació en el largo verano, a pesar de que el norte estuviera siempre nevado. Asi que… habia muchos preparativos que organizar. Esperaban la llegada de habitantes de aldeas cercanas y tendrían que dar de comer a todos ellos, además se estaban habilitando zonas del castillo y las murallas que pudieran resguardar a los norteños que acudieran a la fortaleza. Y todo aquello solo seria posible si lograban sobrevivir a la batalla contra los muertos. Algo para lo que, sinceramente, no demasiados tenían esperanzas. Pero Sansa Stark no podía dejarse llevar por esperanzas o deseos. Desde que Jon le habia dejado al mando de Invernalia y del norte para acudir en busca de la ayuda de Daenerys Targaryen, Sansa habia hecho lo que se esperaba de ella en una situación como la suya. No tenia formación asi que habia tenido que aprender a hacer aquello a pasos agigantados. Habia aprendido de los recuerdos que tenia de su padre, de lo que habia visto en Cersei y de lo poco que haba podido vivir al lado de Jon. En cuanto a gobernar cualquiera de los tres habia tenido más experiencia que la joven Sansa. Aun asi, el mando no se le habia resistido y, en ausencia de Jon y dado que Bran habia rechazado el nombramiento de Señor de Invernalia, todo el mundo en la ciudad habia empezado a considerar a Sansa como la legitima responsable. Sansa no pretendía quitarle el asiento a Jon pero alguien debía mirar por el Norte mientras Jon estaba en el sur. Sansa habia esperado que sus obligaciones disminuyeran con el regreso de Jon, mas lo cierto fue que el pueblo seguía confiando y solicitando su ayuda del mismo modo. Y Jon no regresó solo. Trajo consigo a Daenerys Targaryen, sus dothrakis, sus inmaculados, dos dragones… Demasiadas bocas que alimentar. Asi quee, no habia dejado de reunirse con señores, guardias y maestres. -En cuanto salga toda la soldadesca al campo, debemos cerrar las puertas de Invernalia, mi señora- le aconsejó Lord Yohn Royce aquel día. Sansa replicó de forma educada. -Mantenedlas abiertas todo lo posible. Aun hay mucha gente llegando del campo- dijo cerrando los mapas que el señor de Piedra de las Runas le habia entregado para ilustrar la situación más allá de las murallas. En aquel momento ambos fueron conscientes de la llegada de Daenerys Targaryen a las puertas de la estancia. Estaba sola, sin la acostumbrada compañía de sus consejeros, ni su mano, ni ese bárbaro barbudo que parecía haberse convertido en su sombra. Vista asi parecía mucho más humilde de lo que auguraba su apellido. Los ojos azules de Sansa y, por ende la mirada de Lord Royce se desviaron hacia la recién llegada. [THEUNBURNT]
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  • — Dejé de preguntarme qué es real y qué es un sueño, cuando me di cuenta que la realidad y la ilusión comparten más similitudes que diferencias.

    ¿Estoy despierta ahora? No sé. ¿Y qué importa? Si este es otro sueño, lo voy a aprovechar antes de que termine.

    Porque todos invariablemente terminan. —
    — Dejé de preguntarme qué es real y qué es un sueño, cuando me di cuenta que la realidad y la ilusión comparten más similitudes que diferencias. ¿Estoy despierta ahora? No sé. ¿Y qué importa? Si este es otro sueño, lo voy a aprovechar antes de que termine. Porque todos invariablemente terminan. —
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  • Epístola 1 - El demonio de las armas.

    26 segundos fueron suficientes para hacer cambiar el mundo. Varios millares de muertes se sucedieron en ese tan corto lapso de tiempo y nadie podía darse el lujo de quedarse quieto...pero a la vez nadie podía ir a por él. Quien quisiera que fuese, si alguien empuñaba un arma contra él solamente sumaba un número más al contador. ¿Atacar al fuego con el fuego? Sí, pero la humanidad pensaba de esa forma y en parte era lógico. No hay tantas diferencias entre la humanidad y los animales al fin y al cabo.

    Pocos días después de haber firmado el contrato, mi poder era inestable. Mi propia cordura pagaba el precio y muchas son las lagunas que han quedado de ese tiempo.

    ¿Era yo quien apestaba a sangre?

    ¿Era mi propia percepción?

    ¿Era el entorno quien lo hacía?

    Nada de ello importaba. Sólo necesitaba matar. Y mi principal víctima se encontraba cada vez más cerca, dedicándose a cazar indiscriminadamente disparando trozos de si mismo. ¿Quién se ha creído que es?

    Desapareciendo del lugar donde me encontraba, en pocos segundos me encontraba flotando sobre él. En ese momento pensé, quise y deseé poder anticipar cualquier ataque suyo. Que hiciese un ridículo espantoso tratando de darle a alguien que se encuentra en el aire flotando como una hoja.

    Por momentos y mientras soy capaz de percibir la trayectoria, comienzo a entender dos cosas. El inmensísimo poder y posibilidades que se despegan ante mi me permiten ser consciente de ver con tanta claridad cada uno de los impactos pasar cerca de mi en cámara lenta que soy capaz de esquivarlos con mínimos movimientos. La otra, es que mi propia cordura está siendo llevada a un ansia homicida que echará todo esto por tierra.

    Un impacto me alcanza. Dos. Tres. Me he confiado y de repente, mientras chasqueo la lengua, sé que algo se desboca. Cada uno de mis errores me ha llevado a esto. A que los demás impactos continúen haciendo mella sobre mi cuerpo cada vez más herido y terminen por matarme.

    No quería sumirme en el abismo, pero...

    Mi cabello se volvió completamente oscuro y peinado hacia atrás. Y con ello, vino el resto de cambios. Mi mente ha bajado un escalón que no sé si volverá a subir, pero sé que mi cuerpo se acaba de convertir en una bomba atómica. Seguramente, con el mínimo descuido, acabe siendo completamente borrado de la existencia si no controlo mi impacto.

    Pero mis actos fueron más rápidos que mis pensamientos. Mi mente había considerado la primera variable y cuando quise darme cuenta, mi enemigo había estallado con tal violencia que cualquier parte del mundo ahora mismo tendría un trozo suyo. El vacío provocado en el aire llegó a mover las placas tectónicas y causó un enorme terremoto. Y quién sabe cuántos desastres más sucedieron a ese.

    Definitivamente, este poder debe quedar sellado. No debo usarlo.

    No puedo permitirme que un simple demonio me supere. Ni siquiera el mismo demonio que sabe lo que pasa por la cabeza.

    Yo seré quien lo controle.

    Yo seré quien decida si existen demonios o no.

    Te tomaré en mis manos, aprenderé a usarte, y serás mi medio.

    Y la cuenta comienza...ya.
    Epístola 1 - El demonio de las armas. 26 segundos fueron suficientes para hacer cambiar el mundo. Varios millares de muertes se sucedieron en ese tan corto lapso de tiempo y nadie podía darse el lujo de quedarse quieto...pero a la vez nadie podía ir a por él. Quien quisiera que fuese, si alguien empuñaba un arma contra él solamente sumaba un número más al contador. ¿Atacar al fuego con el fuego? Sí, pero la humanidad pensaba de esa forma y en parte era lógico. No hay tantas diferencias entre la humanidad y los animales al fin y al cabo. Pocos días después de haber firmado el contrato, mi poder era inestable. Mi propia cordura pagaba el precio y muchas son las lagunas que han quedado de ese tiempo. ¿Era yo quien apestaba a sangre? ¿Era mi propia percepción? ¿Era el entorno quien lo hacía? Nada de ello importaba. Sólo necesitaba matar. Y mi principal víctima se encontraba cada vez más cerca, dedicándose a cazar indiscriminadamente disparando trozos de si mismo. ¿Quién se ha creído que es? Desapareciendo del lugar donde me encontraba, en pocos segundos me encontraba flotando sobre él. En ese momento pensé, quise y deseé poder anticipar cualquier ataque suyo. Que hiciese un ridículo espantoso tratando de darle a alguien que se encuentra en el aire flotando como una hoja. Por momentos y mientras soy capaz de percibir la trayectoria, comienzo a entender dos cosas. El inmensísimo poder y posibilidades que se despegan ante mi me permiten ser consciente de ver con tanta claridad cada uno de los impactos pasar cerca de mi en cámara lenta que soy capaz de esquivarlos con mínimos movimientos. La otra, es que mi propia cordura está siendo llevada a un ansia homicida que echará todo esto por tierra. Un impacto me alcanza. Dos. Tres. Me he confiado y de repente, mientras chasqueo la lengua, sé que algo se desboca. Cada uno de mis errores me ha llevado a esto. A que los demás impactos continúen haciendo mella sobre mi cuerpo cada vez más herido y terminen por matarme. No quería sumirme en el abismo, pero... Mi cabello se volvió completamente oscuro y peinado hacia atrás. Y con ello, vino el resto de cambios. Mi mente ha bajado un escalón que no sé si volverá a subir, pero sé que mi cuerpo se acaba de convertir en una bomba atómica. Seguramente, con el mínimo descuido, acabe siendo completamente borrado de la existencia si no controlo mi impacto. Pero mis actos fueron más rápidos que mis pensamientos. Mi mente había considerado la primera variable y cuando quise darme cuenta, mi enemigo había estallado con tal violencia que cualquier parte del mundo ahora mismo tendría un trozo suyo. El vacío provocado en el aire llegó a mover las placas tectónicas y causó un enorme terremoto. Y quién sabe cuántos desastres más sucedieron a ese. Definitivamente, este poder debe quedar sellado. No debo usarlo. No puedo permitirme que un simple demonio me supere. Ni siquiera el mismo demonio que sabe lo que pasa por la cabeza. Yo seré quien lo controle. Yo seré quien decida si existen demonios o no. Te tomaré en mis manos, aprenderé a usarte, y serás mi medio. Y la cuenta comienza...ya.
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  • 𝓣𝓼𝓾𝓴𝓾𝓶𝓸 𝓢𝓪𝓷𝓪

    *Se encontraba sentada en medio del arido panorama que era la Luna. Pudiendo ver la Tierra facilmente. Sentada sobre la arena con las piernas dobladas y apoyando sus manos sobre estas mientras observa. Sumergida en sus pensamientos. Tenia mucho que atender, un problema detras de otro que surgian sin cesar. Y poco a poco se siente como las veces anteriores*

    *Como las lineas de tiempo que ya conoce donde las cosas salen mal. Y aunque apenas esta comenzando por un momento la inseguridad le asalta. Y si nuevamente todo acabara mal? La ultima en la que estuvo no tuvo un final feliz, el mundo no se destruyo pero perdio a sus amigas. Quedando sola nuevamente. Y ahora era un nuevo inicio. Con nuevas y a la vez las mismas compañeras que conoce tan bien. Con pequeñas diferencias que hacen un mundo de diferencia*

    Ironico que sienta que no tengo el tiempo suficiente para hacer esto... *Comentaba con ironia para si misma inclinando el rostro hacia abajo apoyandolo sobre sus manos mientras continuaba observando el planeta que se supone debia proteger sin importar que pase*

    [blaze_titanium_scorpion_916] *Se encontraba sentada en medio del arido panorama que era la Luna. Pudiendo ver la Tierra facilmente. Sentada sobre la arena con las piernas dobladas y apoyando sus manos sobre estas mientras observa. Sumergida en sus pensamientos. Tenia mucho que atender, un problema detras de otro que surgian sin cesar. Y poco a poco se siente como las veces anteriores* *Como las lineas de tiempo que ya conoce donde las cosas salen mal. Y aunque apenas esta comenzando por un momento la inseguridad le asalta. Y si nuevamente todo acabara mal? La ultima en la que estuvo no tuvo un final feliz, el mundo no se destruyo pero perdio a sus amigas. Quedando sola nuevamente. Y ahora era un nuevo inicio. Con nuevas y a la vez las mismas compañeras que conoce tan bien. Con pequeñas diferencias que hacen un mundo de diferencia* Ironico que sienta que no tengo el tiempo suficiente para hacer esto... *Comentaba con ironia para si misma inclinando el rostro hacia abajo apoyandolo sobre sus manos mientras continuaba observando el planeta que se supone debia proteger sin importar que pase*
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  • -El joven pelirrojo fruncía el ceño al ver a una pareja pelear mientras iba en su auto, había llegado hace unos años al mundo humano y tenía un status alto, solo que no se dedicaba a nada, solo a hacer negocios, estaba enojado al ver como las emociones se caldeaban por las discusiones-

    Humanos inútiles, no saben arreglar diferencias con tan solo hablar, parecen animales peleando por ver quien ladra mas alto, eso no es pasional, es detestable

    -Murmuraba con cierto enojo, se colocó sus gafas y fue hasta el edificio donde debía recibir su encargo, era un chico muy explosivo y temperamental pero solo cuando las cosas no iban bien, quizás su parentesco con los dioses era muy fuerte-
    -El joven pelirrojo fruncía el ceño al ver a una pareja pelear mientras iba en su auto, había llegado hace unos años al mundo humano y tenía un status alto, solo que no se dedicaba a nada, solo a hacer negocios, estaba enojado al ver como las emociones se caldeaban por las discusiones- Humanos inútiles, no saben arreglar diferencias con tan solo hablar, parecen animales peleando por ver quien ladra mas alto, eso no es pasional, es detestable -Murmuraba con cierto enojo, se colocó sus gafas y fue hasta el edificio donde debía recibir su encargo, era un chico muy explosivo y temperamental pero solo cuando las cosas no iban bien, quizás su parentesco con los dioses era muy fuerte-
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  • 𝑃𝑜𝑜𝑙𝑃𝑎𝑟𝑡𝑦.ᐟ 𝘔𝘶́𝘴𝘪𝘤𝘢, 𝘢𝘮𝘪𝘨𝘰𝘴, 𝘢𝘨𝘶𝘢 𝘺 𝘥𝘪𝘷𝘦𝘳𝘴𝘪𝘰́𝘯.
    Fandom League of Legends, Fantasyverse
    Categoría Otros
    Como todos los veranos, Sona y sus amigos celebran la famosa fiesta "PoolParty" donde todos usan sus ropas más veraniegas para festejar la llegada del buen tiempo a Runaterra.

    Aquella fiesta en la piscina iba a ser en una de las piscinas más grandes de Demacia, a la que todos estaban invitados, estaba Ziggs con sus flotadores, Renekton cuidando de que nadie se ahogase, Lux, Ezreal y Taric paseaban juntos por el perímetro del recinto, Seraphine estaba amenizando el lugar con su hermosa voz, así como Yone disfrutaba en primera fila del espectáculo y Nidalee le daba esos golpes de cadera a la música de Seraphine que tan necesarios eran. Mundo, Lulu y Zac chapoteaban juntos mientras Mundo tocaba el ukelele, Draven exhibía sus músculos como buen Noxiano. Graves recargaba su pistola de agua para disparar a Lee Sin y a Leona que estaban tomando el sol junto con Sett y Garen. Orianna y Taliya se encargaban de crear olas en la piscina para que los demás rieran y saltasen, Zoe hacía una exhibición de sus saltos cerca de la Sheriff Caitlyn, Syndra jugaba al Volley junto con Heimerdinger y Fiora. Katarina Darius y Braum estaban ofreciendo crema solar a sus amigos y Sona, Ahri y Twitch disfrutaban de un cóctel en la parte menos cubriente de la piscina, sentados en el borde de esta bajo una sombrilla.

    Era de las pocas veces en la que todos dejaban sus diferencias y se tomaban un tiempo para estar juntos en paz, Sona amaba aquellas fiestas en la piscina, y hacía que la mayor parte del año estuviera preparandose para ese acontecimiento.
    Como todos los veranos, Sona y sus amigos celebran la famosa fiesta "PoolParty" donde todos usan sus ropas más veraniegas para festejar la llegada del buen tiempo a Runaterra. Aquella fiesta en la piscina iba a ser en una de las piscinas más grandes de Demacia, a la que todos estaban invitados, estaba Ziggs con sus flotadores, Renekton cuidando de que nadie se ahogase, Lux, Ezreal y Taric paseaban juntos por el perímetro del recinto, Seraphine estaba amenizando el lugar con su hermosa voz, así como Yone disfrutaba en primera fila del espectáculo y Nidalee le daba esos golpes de cadera a la música de Seraphine que tan necesarios eran. Mundo, Lulu y Zac chapoteaban juntos mientras Mundo tocaba el ukelele, Draven exhibía sus músculos como buen Noxiano. Graves recargaba su pistola de agua para disparar a Lee Sin y a Leona que estaban tomando el sol junto con Sett y Garen. Orianna y Taliya se encargaban de crear olas en la piscina para que los demás rieran y saltasen, Zoe hacía una exhibición de sus saltos cerca de la Sheriff Caitlyn, Syndra jugaba al Volley junto con Heimerdinger y Fiora. Katarina Darius y Braum estaban ofreciendo crema solar a sus amigos y Sona, Ahri y Twitch disfrutaban de un cóctel en la parte menos cubriente de la piscina, sentados en el borde de esta bajo una sombrilla. Era de las pocas veces en la que todos dejaban sus diferencias y se tomaban un tiempo para estar juntos en paz, Sona amaba aquellas fiestas en la piscina, y hacía que la mayor parte del año estuviera preparandose para ese acontecimiento.
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