• Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Tenlo en cuenta al responder.
    Voy a hablar como user, no como Jason, lo primero. Procedo con lo que tengo que decir:

    En su mayoría la gente e interacciones que tengo por aquí es absolutamente maravillosa, y más de la mitad de la lista de amigos que tengo los adoro.
    Pero hay excepciones bastante desagradables a su manera sobre las que me tengo que pronunciar. Contadas, es cierto, pero han estado pasando puntualmente los últimos meses hasta recientemente.

    Por ello voy a ser brutalmente claro. No es ninguna amenaza ni llamado de atención a nadie, simplemente quiero que sirva como un recordatorio. Quizás no muy amable, pero recordatorio.

    No tengo ningún impedimento a la hora de hablar a nivel personal. No pongo límite a ningún rol. Si hace falta, termino a veces incluso modificando o adaptando a mi personaje a vuestro mundo. Creo que son un montón las concesiones que hago, me tengo por una persona MUY dialogante, y creo que jamás me he cerrado ni a nivel personal, ni a nivel rol, mucho menos me he enfadado, siempre he puesto todo de mi parte (o lo he considerado) y he ofrecido y ofrezco siempre mi mejor cara así como todas las conversaciones off rol que sean y hayan sido necesarias.

    Lo que sí no voy a hacer, es rogarle a nadie.
    Si me bloqueas de algún lado, a nivel personal o por aquí, no voy a ir detrás.
    Si borras la conversación o mensaje que me hayas enviado, te elimino.
    Si tienes algún problema conmigo y en vez de hablarlo prefieres tomar tus soluciones y medidas, nunca más cuentes conmigo, para nada y en absoluto.
    Doy lo mismo que espero recibir.

    Ni me sobra la gente, ni me sobra la paciencia. No voy a perder el tiempo, y tampoco voy a hacer que nadie lo pierda.

    Es la última vez que me pronuncio en nada al respecto de esto, y que me veo medianamente obligado a tener que tomar este tono.
    Voy a hablar como user, no como Jason, lo primero. Procedo con lo que tengo que decir: En su mayoría la gente e interacciones que tengo por aquí es absolutamente maravillosa, y más de la mitad de la lista de amigos que tengo los adoro. Pero hay excepciones bastante desagradables a su manera sobre las que me tengo que pronunciar. Contadas, es cierto, pero han estado pasando puntualmente los últimos meses hasta recientemente. Por ello voy a ser brutalmente claro. No es ninguna amenaza ni llamado de atención a nadie, simplemente quiero que sirva como un recordatorio. Quizás no muy amable, pero recordatorio. No tengo ningún impedimento a la hora de hablar a nivel personal. No pongo límite a ningún rol. Si hace falta, termino a veces incluso modificando o adaptando a mi personaje a vuestro mundo. Creo que son un montón las concesiones que hago, me tengo por una persona MUY dialogante, y creo que jamás me he cerrado ni a nivel personal, ni a nivel rol, mucho menos me he enfadado, siempre he puesto todo de mi parte (o lo he considerado) y he ofrecido y ofrezco siempre mi mejor cara así como todas las conversaciones off rol que sean y hayan sido necesarias. Lo que sí no voy a hacer, es rogarle a nadie. Si me bloqueas de algún lado, a nivel personal o por aquí, no voy a ir detrás. Si borras la conversación o mensaje que me hayas enviado, te elimino. Si tienes algún problema conmigo y en vez de hablarlo prefieres tomar tus soluciones y medidas, nunca más cuentes conmigo, para nada y en absoluto. Doy lo mismo que espero recibir. Ni me sobra la gente, ni me sobra la paciencia. No voy a perder el tiempo, y tampoco voy a hacer que nadie lo pierda. Es la última vez que me pronuncio en nada al respecto de esto, y que me veo medianamente obligado a tener que tomar este tono.
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  • ¡Recordatorio amistoso para empezar la semana!

    Duo sabe donde vives, y le ENCANTA visitarte para "hablar" sobre tus lecciones.

    ¿Ya sabes hablar ruso?

    ¡Pues empieza hoy a aprender! :)
    ¡Recordatorio amistoso para empezar la semana! Duo sabe donde vives, y le ENCANTA visitarte para "hablar" sobre tus lecciones. ¿Ya sabes hablar ruso? ¡Pues empieza hoy a aprender! :)
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  • *En un solemne silencio, me arrodillé ante sus tumbas que improvisé cuando desaparecieron. Un breve recordatorio de quienes llevamos siempre en la memoria.*

    "Jamás saldrán de mis recuerdos y memorias. Pasé preciosos momentos junto a ustedes, y estarán grabados en mi alma.....Descansen en paz."
    *En un solemne silencio, me arrodillé ante sus tumbas que improvisé cuando desaparecieron. Un breve recordatorio de quienes llevamos siempre en la memoria.* "Jamás saldrán de mis recuerdos y memorias. Pasé preciosos momentos junto a ustedes, y estarán grabados en mi alma.....Descansen en paz."
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  • El sol del día llevaba tiempo irrumpiendo en la habitación, Nairis estaba acostada en la cama, con la mirada fija en el techo. La vida había cambiado, aunque no demasiado; nuevos amigos, un nuevo lugar, un nuevo trabajo... Pero en el fondo, todo seguía igual que siempre.

    El sol del día llevaba tiempo irrumpiendo en la habitación, pero Nairis aún no daba un paso, el silencio podía ser un refugio para muchos, pero para ella, era ensordecedor... Pues no hay ruido mayor que el de los pensamientos.

    El sol del día llevaba tiempo irrumpiendo en la habitación, sus rayos un cruel recordatorio de la existencia, de la obligación de fingir normalidad, de las emociones que desbordaban en su interior ¿Cuánto más duraría esto? Nadie lo sabía, y eso era lo peor, nadie podía darle una respuesta a Nairis.

    Un suspiro y, finalmente, hubo movimiento, sin decir ni una palabra se levantó, dispuesta a comenzar un nuevo día, caminó al espejo y mostró su mejor sonrisa.

    El sol del día llevaba tiempo irrumpiendo en la habitación... Y Nairis ya quería que se escondiera, vivir era cansado, pero estaba obligada a ello.
    El sol del día llevaba tiempo irrumpiendo en la habitación, Nairis estaba acostada en la cama, con la mirada fija en el techo. La vida había cambiado, aunque no demasiado; nuevos amigos, un nuevo lugar, un nuevo trabajo... Pero en el fondo, todo seguía igual que siempre. El sol del día llevaba tiempo irrumpiendo en la habitación, pero Nairis aún no daba un paso, el silencio podía ser un refugio para muchos, pero para ella, era ensordecedor... Pues no hay ruido mayor que el de los pensamientos. El sol del día llevaba tiempo irrumpiendo en la habitación, sus rayos un cruel recordatorio de la existencia, de la obligación de fingir normalidad, de las emociones que desbordaban en su interior ¿Cuánto más duraría esto? Nadie lo sabía, y eso era lo peor, nadie podía darle una respuesta a Nairis. Un suspiro y, finalmente, hubo movimiento, sin decir ni una palabra se levantó, dispuesta a comenzar un nuevo día, caminó al espejo y mostró su mejor sonrisa. El sol del día llevaba tiempo irrumpiendo en la habitación... Y Nairis ya quería que se escondiera, vivir era cansado, pero estaba obligada a ello.
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  • - Día 7, y el vecino aún no se ha dado cuenta que sigo llevándome sus mini tomates... -La vida es bella [?]

    *Recordatorio: Hoy no ha visto a su rubio favorito Masth. La vida ya no es tan bella [??]
    - Día 7, y el vecino aún no se ha dado cuenta que sigo llevándome sus mini tomates... -La vida es bella [?] *Recordatorio: Hoy no ha visto a su rubio favorito Masth. La vida ya no es tan bella [??]
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  • #UnDiaEnLaVidaDe Scarlett DuBois.

    El salón aún estaba vacío cuando Scarlett encendió las luces.

    La madera crujió suavemente bajo sus zapatillas mientras cruzaba el estudio. El aire olía a resina y a silencio, a esa calma tensa que precede a la disciplina. Dejó el bolso junto al piano, se acercó a la barra y apoyó las manos con suavidad.

    Primera posición.

    Sus talones se tocaron como si nunca hubieran dejado de hacerlo. La espalda se alargó, el mentón apenas elevado. Cerró los ojos un segundo. El cuerpo recordaba incluso lo que el destino le había quitado.

    Plié.

    Lento. Controlado. Las rodillas se abrieron con precisión. La cadera respondió con una leve protesta muda, un recordatorio constante de lo que fue y ya no es. Scarlett no frunció el ceño. No le concedía dramatismo al dolor. Solo lo gestionaba.

    Tendu.

    El pie se deslizó hacia delante como una caricia contenida. El empeine se extendió con elegancia intacta. Nadie diría que hubo un accidente. Nadie vería la cicatriz bajo las medias.

    Giró hacia el espejo.

    Por un instante, no era la profesora. No era la entrenadora obligada a corregir futbolistas con exceso de ego. Era la bailarina que una vez llenó escenarios, la que sostenía la respiración del público en cada relevé.

    Subió a demi-pointe.

    El equilibrio fue perfecto.

    Su reflejo le devolvió una imagen serena, impecable. Solo ella sabía cuánto costaba cada segundo de estabilidad.

    La puerta del estudio se abrió con un leve chirrido. Voces jóvenes comenzaron a llenar el espacio.

    Scarlett bajó los talones con suavidad y su expresión cambió: se volvió firme, profesional, inquebrantable.

    —A la barra —indicó sin elevar la voz.

    Las alumnas ocuparon sus lugares. Ella caminó entre ellas como una sombra elegante, corrigiendo una muñeca caída, alineando un hombro, ajustando la rotación de una pierna con apenas dos dedos.

    —El equilibrio no se negocia —dijo con calma—. Si vuestra mente duda, el cuerpo cae.

    Se detuvo frente a la más pequeña del grupo, que luchaba por sostener un relevé tembloroso.

    Scarlett colocó su mano en su espalda baja.

    —Aquí —susurró—. No en el pie. El equilibrio empieza en el centro.

    La niña se estabilizó.

    Scarlett retiró la mano con la misma delicadeza con la que se recoge un recuerdo frágil.

    Durante un segundo, una chispa —breve, casi invisible— atravesó su mirada. No era entusiasmo. Era algo más profundo. Algo que no se había perdido del todo.

    El salón ya no estaba vacío. Pero la disciplina seguía siendo la misma.

    Y ella también.
    #UnDiaEnLaVidaDe Scarlett DuBois. El salón aún estaba vacío cuando Scarlett encendió las luces. La madera crujió suavemente bajo sus zapatillas mientras cruzaba el estudio. El aire olía a resina y a silencio, a esa calma tensa que precede a la disciplina. Dejó el bolso junto al piano, se acercó a la barra y apoyó las manos con suavidad. Primera posición. Sus talones se tocaron como si nunca hubieran dejado de hacerlo. La espalda se alargó, el mentón apenas elevado. Cerró los ojos un segundo. El cuerpo recordaba incluso lo que el destino le había quitado. Plié. Lento. Controlado. Las rodillas se abrieron con precisión. La cadera respondió con una leve protesta muda, un recordatorio constante de lo que fue y ya no es. Scarlett no frunció el ceño. No le concedía dramatismo al dolor. Solo lo gestionaba. Tendu. El pie se deslizó hacia delante como una caricia contenida. El empeine se extendió con elegancia intacta. Nadie diría que hubo un accidente. Nadie vería la cicatriz bajo las medias. Giró hacia el espejo. Por un instante, no era la profesora. No era la entrenadora obligada a corregir futbolistas con exceso de ego. Era la bailarina que una vez llenó escenarios, la que sostenía la respiración del público en cada relevé. Subió a demi-pointe. El equilibrio fue perfecto. Su reflejo le devolvió una imagen serena, impecable. Solo ella sabía cuánto costaba cada segundo de estabilidad. La puerta del estudio se abrió con un leve chirrido. Voces jóvenes comenzaron a llenar el espacio. Scarlett bajó los talones con suavidad y su expresión cambió: se volvió firme, profesional, inquebrantable. —A la barra —indicó sin elevar la voz. Las alumnas ocuparon sus lugares. Ella caminó entre ellas como una sombra elegante, corrigiendo una muñeca caída, alineando un hombro, ajustando la rotación de una pierna con apenas dos dedos. —El equilibrio no se negocia —dijo con calma—. Si vuestra mente duda, el cuerpo cae. Se detuvo frente a la más pequeña del grupo, que luchaba por sostener un relevé tembloroso. Scarlett colocó su mano en su espalda baja. —Aquí —susurró—. No en el pie. El equilibrio empieza en el centro. La niña se estabilizó. Scarlett retiró la mano con la misma delicadeza con la que se recoge un recuerdo frágil. Durante un segundo, una chispa —breve, casi invisible— atravesó su mirada. No era entusiasmo. Era algo más profundo. Algo que no se había perdido del todo. El salón ya no estaba vacío. Pero la disciplina seguía siendo la misma. Y ella también.
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  • Es increíble lo rápido que pasa el tiempo.
    Parece hace poco cuando estaba comprando regalos de navidad.
    La próxima semana es mi cumpleaños y este año no quiero hacer fiesta o gala Bueno, solo unos cuantos desfiles, unas compras mustias y me regreso.


    -

    (Recordatorio de que Jillian no es un twink o femboy, solo es una diva (?))
    Es increíble lo rápido que pasa el tiempo. Parece hace poco cuando estaba comprando regalos de navidad. La próxima semana es mi cumpleaños y este año no quiero hacer fiesta o gala Bueno, solo unos cuantos desfiles, unas compras mustias y me regreso. - (Recordatorio de que Jillian no es un twink o femboy, solo es una diva (?))
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  • Si, todos los "desviantes" somos humanos, incluso el sujeto que tiene tentáculos por extremidades, algunos necesitan un violento recordatorio
    Si, todos los "desviantes" somos humanos, incluso el sujeto que tiene tentáculos por extremidades, algunos necesitan un violento recordatorio
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  • https://www.youtube.com/watch?v=zdZtMJySQio

    Despertar sin necesariamente ser consciente, atrapado en la oscuridad más deslumbrante, vuelve imposible diferenciar ese estado de somnolencia intelectual de la vivacidad exclusiva de los iluminados. No hay extremidades que padezcan el entumecimiento de haber flotado a la deriva; así debería entenderse el significado del vacío, pero asumir que en la nada nada existe sería tan ingenuo como intentar divisar un horizonte.

    Sabe dónde se encuentra: el océano formado por el primer lamento, tan denso que niega cualquier clase de disparidad; ni siquiera los pensamientos tienen forma. No obstante, allí produjo una ínfima corriente que amenazó con perderse en la más ansiada tranquilidad.

    ¿Para qué huir? Fue la cuna, y desde ese momento no existió más un final; el encierro en la infinitud es la hipérbole más genuina de la libertad. Seguir pensando es limitarse; fingir es definirse, erosionar esa naturaleza empujada por el hambre y el eco de espejismos intangibles, ocurrencias de un lugar que no le es propio y al que jamás debió llegar.

    ¿Para qué despertar? ¿Por qué seguir durmiendo? Tantos años desperdiciados con inaudita soberbia no son sino un esfuerzo innecesario. La relevancia se vuelve lejana con la percepción; ¿y si el cierre de todo es lo ya predispuesto? Ese momento iba a llegar, más temprano que tarde, aunque el terror indique lo contrario.

    Es tan sencillo como decidir una vez más: vuelve a cerrar los ojos, que los párpados se fundan con el silencio. Nadie esperará tu regreso; el reencuentro ocurrirá cuando todos sean reducidos a la mínima expresión, y te ahogarás en ellos.

    Una tentación sin gusto sedujo sus inmensurables fauces; como nunca antes, debió cerrarlas, devorar la insulsa eternidad. Mas su cuerpo dejó de ser tan extenso como irreconocible.

    Sus dedos se flexionaron con pétrea rigidez. Las falanges, forjadas desde un conocimiento imaginario, y los incontables tejidos crearon vulnerabilidad. Un soplido lunar pigmentó aquella carcasa y, cuando supo del firmamento, lo que parecía impenetrable se desdibujó en el celeste de una bóveda tan imperfecta como embaucadora.

    Sensaciones abrumadoras sobrepasaron la descoordinación. De forma intermitente, la brisa del mediodía anunció la reciente poda del césped. Bisbiseos, zumbidos y maquinarias móviles quebraron su blanca quietud con la desprolijidad de un horrísono exabrupto; la superposición violenta de una frecuencia que no condice con la mal llamada realidad. Peor aún ocurrió con su visión, cuando lo que era tan colorido y armonioso perdió toda configuración en la duración de un parpadeo.

    Un recordatorio de toda aquella pretensión: fingir que importa, que se convertirá en el aliento del mundo, que habrá siquiera un motivo por el cual todo tenga sentido.

    Su mano encierra el sol; lo devora como podredumbres errantes lo harían en su imaginario. Cierra los ojos para cerciorarse de que no ha desmenuzado su entorno, solo las texturas deben imperar en la imperfección a la que decidió aferrarse una vez más.

    Aunque hace trampa, porque se ahorra el malestar y la desprolijidad de haber convertido unos quince minutos en la totalidad de un mes.

    Tenía una vida qué retomar.
    https://www.youtube.com/watch?v=zdZtMJySQio Despertar sin necesariamente ser consciente, atrapado en la oscuridad más deslumbrante, vuelve imposible diferenciar ese estado de somnolencia intelectual de la vivacidad exclusiva de los iluminados. No hay extremidades que padezcan el entumecimiento de haber flotado a la deriva; así debería entenderse el significado del vacío, pero asumir que en la nada nada existe sería tan ingenuo como intentar divisar un horizonte. Sabe dónde se encuentra: el océano formado por el primer lamento, tan denso que niega cualquier clase de disparidad; ni siquiera los pensamientos tienen forma. No obstante, allí produjo una ínfima corriente que amenazó con perderse en la más ansiada tranquilidad. ¿Para qué huir? Fue la cuna, y desde ese momento no existió más un final; el encierro en la infinitud es la hipérbole más genuina de la libertad. Seguir pensando es limitarse; fingir es definirse, erosionar esa naturaleza empujada por el hambre y el eco de espejismos intangibles, ocurrencias de un lugar que no le es propio y al que jamás debió llegar. ¿Para qué despertar? ¿Por qué seguir durmiendo? Tantos años desperdiciados con inaudita soberbia no son sino un esfuerzo innecesario. La relevancia se vuelve lejana con la percepción; ¿y si el cierre de todo es lo ya predispuesto? Ese momento iba a llegar, más temprano que tarde, aunque el terror indique lo contrario. Es tan sencillo como decidir una vez más: vuelve a cerrar los ojos, que los párpados se fundan con el silencio. Nadie esperará tu regreso; el reencuentro ocurrirá cuando todos sean reducidos a la mínima expresión, y te ahogarás en ellos. Una tentación sin gusto sedujo sus inmensurables fauces; como nunca antes, debió cerrarlas, devorar la insulsa eternidad. Mas su cuerpo dejó de ser tan extenso como irreconocible. Sus dedos se flexionaron con pétrea rigidez. Las falanges, forjadas desde un conocimiento imaginario, y los incontables tejidos crearon vulnerabilidad. Un soplido lunar pigmentó aquella carcasa y, cuando supo del firmamento, lo que parecía impenetrable se desdibujó en el celeste de una bóveda tan imperfecta como embaucadora. Sensaciones abrumadoras sobrepasaron la descoordinación. De forma intermitente, la brisa del mediodía anunció la reciente poda del césped. Bisbiseos, zumbidos y maquinarias móviles quebraron su blanca quietud con la desprolijidad de un horrísono exabrupto; la superposición violenta de una frecuencia que no condice con la mal llamada realidad. Peor aún ocurrió con su visión, cuando lo que era tan colorido y armonioso perdió toda configuración en la duración de un parpadeo. Un recordatorio de toda aquella pretensión: fingir que importa, que se convertirá en el aliento del mundo, que habrá siquiera un motivo por el cual todo tenga sentido. Su mano encierra el sol; lo devora como podredumbres errantes lo harían en su imaginario. Cierra los ojos para cerciorarse de que no ha desmenuzado su entorno, solo las texturas deben imperar en la imperfección a la que decidió aferrarse una vez más. Aunque hace trampa, porque se ahorra el malestar y la desprolijidad de haber convertido unos quince minutos en la totalidad de un mes. Tenía una vida qué retomar.
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  • Fotografía de Asura Kaos y Umbra Eterna tomada por "Niní" la paparazzi del reino.

    En la parte posterior de la foto hay algo escrito: "Recordatorio: A Lord Umbra no le gustan las fotos. x'D"

    Asura Sphatari Kaos
    Fotografía de Asura Kaos y Umbra Eterna tomada por "Niní" la paparazzi del reino. En la parte posterior de la foto hay algo escrito: "Recordatorio: A Lord Umbra no le gustan las fotos. x'D" [AsuraKaos]
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