• [ https://youtu.be/DybCZvW1mBo?si=G8K2bKr6XonuBCg4 ]

    El ruido incesante de la metrópoli quedaba siempre en su memoria. A donde fuese el sonido parecía un recordatorio soez del lugar donde pasó sus momentos más trágicos y los más felices. Dónde existió un todo; un nada.
    [ https://youtu.be/DybCZvW1mBo?si=G8K2bKr6XonuBCg4 ] El ruido incesante de la metrópoli quedaba siempre en su memoria. A donde fuese el sonido parecía un recordatorio soez del lugar donde pasó sus momentos más trágicos y los más felices. Dónde existió un todo; un nada.
    Me encocora
    Me gusta
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • #SeductiveSunday

    Pequeño recordatorio no todos los príncipes azules nos puedo encontrar en cuentos, últimamente prefiero ese lobo que mataría a cualquiera que fuera capaz de volver a lastimarme.

    Gracias por amarme pese las cicatrices del pasado, prometo ser tu mayor apoyo en lo bueno y en lo malo. Jason Anderson
    #SeductiveSunday Pequeño recordatorio no todos los príncipes azules nos puedo encontrar en cuentos, últimamente prefiero ese lobo que mataría a cualquiera que fuera capaz de volver a lastimarme. Gracias por amarme pese las cicatrices del pasado, prometo ser tu mayor apoyo en lo bueno y en lo malo. [fireman91]
    Me encocora
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • 𝙩𝙞𝙩𝙖𝙣𝙞𝙖! 𓃠 ⸻ .
    ㅤ ㅤ⠀ㅤ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠ


    El sol de Shurima ardía con un peso insoportable, pero para Titania aquello no era más que otro campo de batalla disfrazado de desierto. Sus manos y pies estaban sujetos por grilletes pesados, las cadenas clavándose en su piel curtida. La tela raída que cubría su cuerpo apenas ocultaba las cicatrices de un pasado labrado entre guerras y contratos manchados de sangre. Su mirada, dorada y fiera bajo la sombra de su flequillo, no mostraba sumisión, aunque todo en su postura aparentaba lo contrario.ᅠᅠᅠᅠᅠᅠᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ

    Los soldados noxianos que la escoltaban marchaban con aire de victoria. Habían capturado a “la Inquebrantable”, la vastaya que había dado muerte a uno de los voceros de Swain en Shurima. La orden era clara: llevarla viva a Noxus, encadenada, para que sirviera de ejemplo ante otros mercenarios que osaran alzarse contra la voluntad del Gran General.ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ

    ─────Mírenla… ─────rió uno de los guardias, escupiendo al suelo—. Famosa por su fuerza y ahora reducida a poco más que una bestia encadenada.
    ─────Que disfrute el silencio ─────gruñó otro, tensando la cadena de su cuello—. Cuando llegue a Noxus, sus gritos no se apagarán tan fácilmente.
    ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ
    Titania no respondió. Su boca permaneció cerrada, sus orejas atentas a cada palabra, a cada vibración en el aire. El desierto era su cómplice, y el sudor de sus captores comenzaba a delatarlos. Los notaba impacientes, agotados, convencidos de que aquella mujer con mirada salvaje había sido quebrada.
    ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ
    Caminó en silencio hasta que la noche cubrió las dunas con un manto oscuro. Fue entonces cuando los soldados hicieron un alto, encendiendo una hoguera en medio de la nada. Uno de ellos se permitió reír mientras le ofrecía un trozo de pan duro.ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ

    ─────¿Quieres, perra? Come. Mañana quizá no tengas fuerzas ni para arrastrarte.─────
    ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ
    Titania alzó la vista, sus ojos brillando con un destello frío.
    ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ
    ─────Las bestias no ruegan ─────respondió, su voz grave, cargada de amenaza contenida.───── Las bestias muerden.─────
    ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ
    El soldado apenas alcanzó a fruncir el ceño antes de que la cadena que colgaba de su cuello chirriara violentamente. Titania, tensando los músculos de sus brazos como si el acero no fuera más que barro, giró bruscamente y partió el eslabón que lo unía al suelo. El movimiento fue tan rápido que el guardia apenas pudo gritar antes de sentir cómo la vastaya le enterraba el grillete de sus muñecas en el rostro, destrozándole el cráneo.
    ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ
    ─────¡Está libre! ¡Sujétenla! ─────rugió otro, desenvainando la espada.
    ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ
    Pero ya era demasiado tarde. Titania se lanzó contra él, con una violencia descomunal, embistiendo con su hombro y quebrando costillas al contacto. Con un movimiento seco, arrebató su arma y atravesó su garganta. La sangre tiñó la arena bajo la luz rojiza del fuego.
    ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ
    Los demás reaccionaron tarde, confiados en que la cadena la mantendría débil. Ella, en cambio, usó los grilletes de sus tobillos como armas, girando con una patada brutal que impactó de lleno en la sien de otro soldado. Cayó muerto antes de tocar el suelo.
    ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ
    ─────¡Monstruo! ─────vociferó el último, retrocediendo mientras veía a sus camaradas desplomarse uno tras otro.
    ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ
    Titania caminó hacia él con calma, la espada goteando sangre, el fuego iluminando su silueta imponente.
    ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ
    ─────No… ─────balbuceó el hombre, temblando. ─────El General… sabrá lo que has hecho…
    ─────Entonces que sepa que la cacería continúa ─────sentenció Titania, atravesando su pecho con un solo movimiento.
    ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ
    El silencio regresó al desierto. Solo quedaban los cuerpos, la hoguera y el tintineo de las cadenas al caer al suelo. Titania respiró hondo, el aire nocturno llenando sus pulmones como un recordatorio de que aún era libre.
    ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ
    Se inclinó sobre el cadáver del capitán, arrancando un cuchillo de su cinturón. Con precisión, cortó el cuero que sostenía el mapa de la ruta hacia Noxus. Sonrió con fiereza mientras lo guardaba.
    ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ
    ─────Creyeron que estaba derrotada… ─────murmuró, alzando la vista al horizonte.───── Ahora, me llevaré la guerra hasta sus puertas.─────
    ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ
    Y con paso firme, Titania desapareció entre las dunas, dejando tras de sí solo muerte y un rastro de temor que pronto llegaría a oídos de Swain.
    𝙩𝙞𝙩𝙖𝙣𝙞𝙖! 𓃠 ⸻ . ㅤ ㅤ⠀ㅤ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠ ᅠ El sol de Shurima ardía con un peso insoportable, pero para Titania aquello no era más que otro campo de batalla disfrazado de desierto. Sus manos y pies estaban sujetos por grilletes pesados, las cadenas clavándose en su piel curtida. La tela raída que cubría su cuerpo apenas ocultaba las cicatrices de un pasado labrado entre guerras y contratos manchados de sangre. Su mirada, dorada y fiera bajo la sombra de su flequillo, no mostraba sumisión, aunque todo en su postura aparentaba lo contrario.ᅠᅠᅠᅠᅠᅠᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ Los soldados noxianos que la escoltaban marchaban con aire de victoria. Habían capturado a “la Inquebrantable”, la vastaya que había dado muerte a uno de los voceros de Swain en Shurima. La orden era clara: llevarla viva a Noxus, encadenada, para que sirviera de ejemplo ante otros mercenarios que osaran alzarse contra la voluntad del Gran General.ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ─────Mírenla… ─────rió uno de los guardias, escupiendo al suelo—. Famosa por su fuerza y ahora reducida a poco más que una bestia encadenada. ─────Que disfrute el silencio ─────gruñó otro, tensando la cadena de su cuello—. Cuando llegue a Noxus, sus gritos no se apagarán tan fácilmente. ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ Titania no respondió. Su boca permaneció cerrada, sus orejas atentas a cada palabra, a cada vibración en el aire. El desierto era su cómplice, y el sudor de sus captores comenzaba a delatarlos. Los notaba impacientes, agotados, convencidos de que aquella mujer con mirada salvaje había sido quebrada. ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ Caminó en silencio hasta que la noche cubrió las dunas con un manto oscuro. Fue entonces cuando los soldados hicieron un alto, encendiendo una hoguera en medio de la nada. Uno de ellos se permitió reír mientras le ofrecía un trozo de pan duro.ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ─────¿Quieres, perra? Come. Mañana quizá no tengas fuerzas ni para arrastrarte.───── ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ Titania alzó la vista, sus ojos brillando con un destello frío. ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ─────Las bestias no ruegan ─────respondió, su voz grave, cargada de amenaza contenida.───── Las bestias muerden.───── ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ El soldado apenas alcanzó a fruncir el ceño antes de que la cadena que colgaba de su cuello chirriara violentamente. Titania, tensando los músculos de sus brazos como si el acero no fuera más que barro, giró bruscamente y partió el eslabón que lo unía al suelo. El movimiento fue tan rápido que el guardia apenas pudo gritar antes de sentir cómo la vastaya le enterraba el grillete de sus muñecas en el rostro, destrozándole el cráneo. ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ─────¡Está libre! ¡Sujétenla! ─────rugió otro, desenvainando la espada. ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ Pero ya era demasiado tarde. Titania se lanzó contra él, con una violencia descomunal, embistiendo con su hombro y quebrando costillas al contacto. Con un movimiento seco, arrebató su arma y atravesó su garganta. La sangre tiñó la arena bajo la luz rojiza del fuego. ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ Los demás reaccionaron tarde, confiados en que la cadena la mantendría débil. Ella, en cambio, usó los grilletes de sus tobillos como armas, girando con una patada brutal que impactó de lleno en la sien de otro soldado. Cayó muerto antes de tocar el suelo. ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ─────¡Monstruo! ─────vociferó el último, retrocediendo mientras veía a sus camaradas desplomarse uno tras otro. ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ Titania caminó hacia él con calma, la espada goteando sangre, el fuego iluminando su silueta imponente. ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ─────No… ─────balbuceó el hombre, temblando. ─────El General… sabrá lo que has hecho… ─────Entonces que sepa que la cacería continúa ─────sentenció Titania, atravesando su pecho con un solo movimiento. ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ El silencio regresó al desierto. Solo quedaban los cuerpos, la hoguera y el tintineo de las cadenas al caer al suelo. Titania respiró hondo, el aire nocturno llenando sus pulmones como un recordatorio de que aún era libre. ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ Se inclinó sobre el cadáver del capitán, arrancando un cuchillo de su cinturón. Con precisión, cortó el cuero que sostenía el mapa de la ruta hacia Noxus. Sonrió con fiereza mientras lo guardaba. ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ─────Creyeron que estaba derrotada… ─────murmuró, alzando la vista al horizonte.───── Ahora, me llevaré la guerra hasta sus puertas.───── ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ ᅠᅠᅠᅠᅠ Y con paso firme, Titania desapareció entre las dunas, dejando tras de sí solo muerte y un rastro de temor que pronto llegaría a oídos de Swain.
    Me encocora
    Me endiabla
    5
    0 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Maral Romanov se encontraba de pie en el centro de la capilla, su silueta negra recortada contra el resplandor de los vitrales. Habían pasado exactamente dos meses desde la noche en que su hermano Vladimir fue arrebatado. Sesenta días de un silencio sepulcral que la habían impulsado, hoy, a buscar un refugio en la antigua capilla familiar, donde las sombras parecían ofrecerle un consuelo esquivo.

    Con las manos enguantadas, Maral se acercó al altar mayor, donde un ramillete de rosas oscuras y azules recordaba los colores que tanto le gustaban a Vladimir. Su mirada, de un rojo profundo que contrastaba con la palidez de su piel, se clavó en las llamas de las velas que parpadeaban. En el fondo, otros dolientes guardaban un silencio respetuoso, pero para Maral, el mundo entero se había detenido en ese instante, en ese lugar, con la única presencia de sus recuerdos.

    Ella no vino a llorar; las lágrimas se habían secado semanas atrás. Vino a rezar, a recordarlo, a reconectarse con su memoria. Su vestido de terciopelo negro y el velo de encaje no eran solo prendas de luto, sino un recordatorio de la solemnidad de su juramento: nunca dejaría que la llama de Vladimir se apagara. Con la espalda recta, se inclinó ligeramente, cerrando los ojos para rezar en silencio, esperando que, en algún rincón de ese espacio sagrado, el espíritu de su hermano la escuchara.
    Maral Romanov se encontraba de pie en el centro de la capilla, su silueta negra recortada contra el resplandor de los vitrales. Habían pasado exactamente dos meses desde la noche en que su hermano Vladimir fue arrebatado. Sesenta días de un silencio sepulcral que la habían impulsado, hoy, a buscar un refugio en la antigua capilla familiar, donde las sombras parecían ofrecerle un consuelo esquivo. ​ Con las manos enguantadas, Maral se acercó al altar mayor, donde un ramillete de rosas oscuras y azules recordaba los colores que tanto le gustaban a Vladimir. Su mirada, de un rojo profundo que contrastaba con la palidez de su piel, se clavó en las llamas de las velas que parpadeaban. En el fondo, otros dolientes guardaban un silencio respetuoso, pero para Maral, el mundo entero se había detenido en ese instante, en ese lugar, con la única presencia de sus recuerdos. ​ Ella no vino a llorar; las lágrimas se habían secado semanas atrás. Vino a rezar, a recordarlo, a reconectarse con su memoria. Su vestido de terciopelo negro y el velo de encaje no eran solo prendas de luto, sino un recordatorio de la solemnidad de su juramento: nunca dejaría que la llama de Vladimir se apagara. Con la espalda recta, se inclinó ligeramente, cerrando los ojos para rezar en silencio, esperando que, en algún rincón de ese espacio sagrado, el espíritu de su hermano la escuchara.
    Me gusta
    Me encocora
    2
    0 comentarios 0 compartidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Fiel recordatorio de que le pueden caerle sin miedo a mi Joonsey. Estoy abierta a todo tipo de roles y romances ♡ Batea hacia ambos lados.

    Eso sí, no suelo ser la que abra el dm al menos que encuentre algo por donde agarrar. Digo, al final solo sigo cuentas cuyos personajes me cautivan. Así ni terminen de encajar bien con el mío o menos terminen interactuando, jaja.

    Oh, algo más. Si estás leyendo esto y solo buscas más seguidores (porque he visto que abundan esas acc), lo siento. No aceptaré tu solicitud ♡
    Fiel recordatorio de que le pueden caerle sin miedo a mi Joonsey. Estoy abierta a todo tipo de roles y romances ♡ Batea hacia ambos lados. Eso sí, no suelo ser la que abra el dm al menos que encuentre algo por donde agarrar. Digo, al final solo sigo cuentas cuyos personajes me cautivan. Así ni terminen de encajar bien con el mío o menos terminen interactuando, jaja. Oh, algo más. Si estás leyendo esto y solo buscas más seguidores (porque he visto que abundan esas acc), lo siento. No aceptaré tu solicitud ♡
    Me encocora
    Me gusta
    Me endiabla
    6
    3 comentarios 0 compartidos
  • El ambiente en el salón privado había cambiado. Ya no era el choque rítmico de las fichas de Mahjong, sino el deslizamiento sedoso de las cartas sobre el tapete carmesí.

    Un juego de Occidente, decían. El Póker. ~~

    Renji observaba las cartas que caían frente a él con una curiosidad casi infantil, aunque sus ojos mantenían esa frialdad analítica de quien ve números en lugar de figuras. Sus dedos, largos y adornados con la elegancia de un modelo, jugueteaban con una ficha solitaria mientras el resto de su montículo crecía de forma obscena.

    — Interesante... —
    murmuró, dejando que una pequeña sonrisa, magnética y ensayada, asomara en sus labios.

    — Así que todo se resume en quién miente mejor, ¿no es así? —

    Era divertido, casi relajante; para un matemático como él, calcular las probabilidades de una escalera era un juego de niños comparado con el lavado de activos de una red de casinos clandestinos.
    Se sentía ligero, disfrutando de la tensión ajena, de cómo el sudor perlaba la frente de los hombres frente a él.

    Por un momento, casi podía olvidar el vacío que dejó su protector, el silencio de la celda que lo separaba del único hombre al que le debía todo.

    Pero mientras lanzaba una carta al centro con despreocupación, la realidad se filtraba por su punto ciego, ese recordatorio constante de que nada era gratis.
    Sabía leer el aire de la habitación. Las miradas de los "superiores" ya no estaban en sus cartas, sino en el ajuste de su kimono, en la línea de su cuello y en la forma en que su voz, suave como la de un cantante, vibraba en el aire.

    "Disfruta el triunfo ahora, Renji", se dijo a sí mismo, manteniendo la espalda recta y la elegancia intacta.

    Él no era solo el estratega que les hacía ganar millones. Para esos hombres de mirada turbia, él era la siguiente mano. Una pieza de colección, un trofeo carismático que usarían para "celebrar" la victoria una vez que las cartas se guardaran.

    El verdadero juego empezaría cuando las luces se atenuaran y las apuestas dejaran de ser dinero para convertirse en su propia piel.

    — Parece que he vuelto a ganar —dijo, revelando su mano con una parsimonia letal mientras sentía el peso de las miradas lujuriosas sobre él.

    — ¿Qué vamos a apostar en la siguiente ronda? ¿O prefieren pasar directamente a las ganancias...? —
    Soltó una risa baja, contenida. Sabía que era una presa en una jaula de oro, pero incluso un loto negro tiene espinas antes de ser arrancado.
    El ambiente en el salón privado había cambiado. Ya no era el choque rítmico de las fichas de Mahjong, sino el deslizamiento sedoso de las cartas sobre el tapete carmesí. Un juego de Occidente, decían. El Póker. ~~ Renji observaba las cartas que caían frente a él con una curiosidad casi infantil, aunque sus ojos mantenían esa frialdad analítica de quien ve números en lugar de figuras. Sus dedos, largos y adornados con la elegancia de un modelo, jugueteaban con una ficha solitaria mientras el resto de su montículo crecía de forma obscena. — Interesante... — murmuró, dejando que una pequeña sonrisa, magnética y ensayada, asomara en sus labios. — Así que todo se resume en quién miente mejor, ¿no es así? — Era divertido, casi relajante; para un matemático como él, calcular las probabilidades de una escalera era un juego de niños comparado con el lavado de activos de una red de casinos clandestinos. Se sentía ligero, disfrutando de la tensión ajena, de cómo el sudor perlaba la frente de los hombres frente a él. Por un momento, casi podía olvidar el vacío que dejó su protector, el silencio de la celda que lo separaba del único hombre al que le debía todo. Pero mientras lanzaba una carta al centro con despreocupación, la realidad se filtraba por su punto ciego, ese recordatorio constante de que nada era gratis. Sabía leer el aire de la habitación. Las miradas de los "superiores" ya no estaban en sus cartas, sino en el ajuste de su kimono, en la línea de su cuello y en la forma en que su voz, suave como la de un cantante, vibraba en el aire. "Disfruta el triunfo ahora, Renji", se dijo a sí mismo, manteniendo la espalda recta y la elegancia intacta. Él no era solo el estratega que les hacía ganar millones. Para esos hombres de mirada turbia, él era la siguiente mano. Una pieza de colección, un trofeo carismático que usarían para "celebrar" la victoria una vez que las cartas se guardaran. El verdadero juego empezaría cuando las luces se atenuaran y las apuestas dejaran de ser dinero para convertirse en su propia piel. — Parece que he vuelto a ganar —dijo, revelando su mano con una parsimonia letal mientras sentía el peso de las miradas lujuriosas sobre él. — ¿Qué vamos a apostar en la siguiente ronda? ¿O prefieren pasar directamente a las ganancias...? — Soltó una risa baja, contenida. Sabía que era una presa en una jaula de oro, pero incluso un loto negro tiene espinas antes de ser arrancado.
    Me gusta
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • — Algunas heridas nunca sanan por más tiempo que pase, las cicatrices son un recordatorio constante de todo lo que tuvimos que dejar atrás.
    — Algunas heridas nunca sanan por más tiempo que pase, las cicatrices son un recordatorio constante de todo lo que tuvimos que dejar atrás.
    Me entristece
    Me gusta
    Me encocora
    6
    30 turnos 0 maullidos
  • •Las crónicas de Fenrir Queen•

    KAEL VIREON — ORIGEN

    “El niño que aprendió a romper”

    Antes de que nombres como Fenrir Queen o Yrus alteraran el equilibrio del universo, hubo una guerra. No fue una guerra cualquiera, sino una invasión que desgarró mundos enteros. El cielo se abría como si fuera frágil, la tierra se partía bajo fuerzas imposibles y civilizaciones completas desaparecían sin dejar rastro. En medio de ese caos, donde la destrucción era ley, un niño sobrevivía.

    Herido, abandonado y al borde de la muerte, Kael yacía en una cueva oculta entre montañas devastadas. Su respiración era débil, irregular, y sus heridas no eran normales; no solo estaba roto por fuera, algo en su interior ya mostraba señales de inestabilidad, como si la propia realidad rechazara su existencia.

    Fue allí donde lo encontró una niña. Fenrir, aún joven e inocente, sin comprender la magnitud de la guerra ni el papel que su propia familia jugaba en ella, solo vio a alguien que iba a morir… y decidió que no podía permitirlo. Se acercó lentamente, se arrodilló a su lado y apoyó sus manos sobre la herida. No sabía usar su poder, no lo controlaba, ni siquiera entendía lo que hacía, pero lo intentó. Su energía, pura e inestable, comenzó a fluir de forma torpe y desigual. La curación no fue inmediata ni perfecta; fue lenta, dolorosa, incompleta… pero constante.

    Pasaron días, y esos días se convirtieron en semanas. Fenrir regresaba cada jornada a la cueva, llevándole agua, comida y algo que Kael ya no tenía: compañía. Al principio él apenas reaccionaba, pero con el tiempo empezó a abrir los ojos más seguido, a observarla en silencio, a escucharla. Luego a responder. Poco a poco, sin darse cuenta, dejó de estar completamente solo.

    Una tarde, mientras la luz se colaba débilmente por la entrada de la cueva, ambos estaban sentados en silencio.

    —¿Siempre hablas tanto? —murmuró Kael, con la voz aún débil.

    Fenrir lo miró, sorprendida… y luego sonrió levemente.

    —¿Siempre eres tan serio?

    Kael desvió la mirada.

    —No.

    —Pues deberías —respondió ella, apoyando el mentón sobre sus rodillas—. Si no hablas, todo se vuelve más aburrido.

    —No creo que este lugar pueda ser más aburrido.

    Fenrir soltó una pequeña risa.

    —Entonces tendré que esforzarme más.

    Hubo un breve silencio, pero esta vez no era incómodo.

    —¿Cómo te llamas? —preguntó ella.

    Kael tardó unos segundos en responder.

    —Kael.

    —Kael… —repitió ella, como si probara el nombre—. Suena bien.

    —¿Y tú?

    —Fenrir.

    Kael frunció ligeramente el ceño.

    —Es un nombre raro.

    —El tuyo también —respondió ella sin dudar.

    Por un momento, ambos se miraron… y una ligera sonrisa apareció en el rostro de Kael.

    —Supongo que estamos igual.

    Días después, el ambiente ya no era tan tenso. Kael podía sentarse sin dificultad, y Fenrir seguía llegando cada día con la misma constancia.

    —¿Qué hay fuera? —preguntó Kael un día, mirando hacia la entrada.

    Fenrir dudó.

    —Cosas… malas.

    —¿Guerra?

    Ella bajó la mirada.

    —Creo que sí.

    Kael guardó silencio unos segundos.

    —¿Tienes miedo?

    Fenrir negó lentamente.

    —No… pero tampoco me gusta.

    —A mí tampoco.

    Ella lo miró con curiosidad.

    —Entonces, cuando todo termine… ¿qué harás?

    Kael pensó por un momento.

    —No lo sé… supongo que volver a casa.

    Fenrir sonrió suavemente.

    —Entonces asegúrate de llegar.

    Kael la observó en silencio, como si quisiera decir algo más, pero no lo hizo.

    —¿Y tú? —preguntó finalmente.

    Fenrir levantó la vista hacia el exterior.

    —Creo que… tengo que irme a algún lugar.

    —¿Volverás?

    Ella no respondió de inmediato.

    —…sí.

    Pero en su mirada había duda.

    Pasaron más días. Momentos simples, pequeñas conversaciones, silencios compartidos. Durante ese breve periodo, la guerra dejó de existir para ellos. Eran solo dos niños, construyendo un refugio en medio del fin del mundo.

    Hasta que un día, Fenrir dejó de venir.

    Kael despertó completamente recuperado, solo en la cueva que había sido su refugio. Esperó. Un día, luego otro, y otro más, pero Fenrir no regresó. Finalmente salió al exterior… y el mundo real lo golpeó sin piedad. Su hogar había desaparecido. Todo estaba destruido. El aire era denso, cargado de muerte, y los cuerpos cubrían el suelo como un recordatorio silencioso de lo ocurrido. Los pocos sobrevivientes tenían miradas vacías, rotas. Sus padres… ya no estaban.

    Fue entonces cuando, en la distancia, algo captó su atención. Una nave se elevaba lentamente, abandonando aquel mundo destruido. En ella viajaban los responsables, aquellos que habían causado la guerra, aquellos que lo habían arrebatado todo. Y entre ellos… estaba Fenrir. De pie, sin mirar atrás, marchándose junto a quienes habían provocado la masacre.

    No hubo gritos, ni lágrimas, ni desesperación visible. Solo una comprensión silenciosa, distorsionada y profunda. Sus manos temblaron levemente, y por primera vez el aire a su alrededor se quebró. Una pequeña grieta apareció, casi imperceptible, como si la realidad misma no pudiera sostener lo que estaba naciendo dentro de él. En ese instante, Kael entendió el mundo a su manera, una forma fría y definitiva que marcaría su destino para siempre.

    Ese momento no dio origen a un monstruo ni a un villano. Dio origen a algo mucho más peligroso: alguien que percibía la realidad como algo defectuoso, algo inherentemente roto. Desde ese día, Kael Vireon dejó de ver el mundo como algo estable y comenzó a entenderlo como algo que podía quebrarse, distorsionarse y corregirse. Porque en lo más profundo de su ser, una verdad quedó grabada para siempre: todo lo que existe puede romperse, incluso aquello que una vez te salvó.
    •Las crónicas de Fenrir Queen• 🔥 KAEL VIREON — ORIGEN “El niño que aprendió a romper” Antes de que nombres como Fenrir Queen o Yrus alteraran el equilibrio del universo, hubo una guerra. No fue una guerra cualquiera, sino una invasión que desgarró mundos enteros. El cielo se abría como si fuera frágil, la tierra se partía bajo fuerzas imposibles y civilizaciones completas desaparecían sin dejar rastro. En medio de ese caos, donde la destrucción era ley, un niño sobrevivía. Herido, abandonado y al borde de la muerte, Kael yacía en una cueva oculta entre montañas devastadas. Su respiración era débil, irregular, y sus heridas no eran normales; no solo estaba roto por fuera, algo en su interior ya mostraba señales de inestabilidad, como si la propia realidad rechazara su existencia. Fue allí donde lo encontró una niña. Fenrir, aún joven e inocente, sin comprender la magnitud de la guerra ni el papel que su propia familia jugaba en ella, solo vio a alguien que iba a morir… y decidió que no podía permitirlo. Se acercó lentamente, se arrodilló a su lado y apoyó sus manos sobre la herida. No sabía usar su poder, no lo controlaba, ni siquiera entendía lo que hacía, pero lo intentó. Su energía, pura e inestable, comenzó a fluir de forma torpe y desigual. La curación no fue inmediata ni perfecta; fue lenta, dolorosa, incompleta… pero constante. Pasaron días, y esos días se convirtieron en semanas. Fenrir regresaba cada jornada a la cueva, llevándole agua, comida y algo que Kael ya no tenía: compañía. Al principio él apenas reaccionaba, pero con el tiempo empezó a abrir los ojos más seguido, a observarla en silencio, a escucharla. Luego a responder. Poco a poco, sin darse cuenta, dejó de estar completamente solo. Una tarde, mientras la luz se colaba débilmente por la entrada de la cueva, ambos estaban sentados en silencio. —¿Siempre hablas tanto? —murmuró Kael, con la voz aún débil. Fenrir lo miró, sorprendida… y luego sonrió levemente. —¿Siempre eres tan serio? Kael desvió la mirada. —No. —Pues deberías —respondió ella, apoyando el mentón sobre sus rodillas—. Si no hablas, todo se vuelve más aburrido. —No creo que este lugar pueda ser más aburrido. Fenrir soltó una pequeña risa. —Entonces tendré que esforzarme más. Hubo un breve silencio, pero esta vez no era incómodo. —¿Cómo te llamas? —preguntó ella. Kael tardó unos segundos en responder. —Kael. —Kael… —repitió ella, como si probara el nombre—. Suena bien. —¿Y tú? —Fenrir. Kael frunció ligeramente el ceño. —Es un nombre raro. —El tuyo también —respondió ella sin dudar. Por un momento, ambos se miraron… y una ligera sonrisa apareció en el rostro de Kael. —Supongo que estamos igual. Días después, el ambiente ya no era tan tenso. Kael podía sentarse sin dificultad, y Fenrir seguía llegando cada día con la misma constancia. —¿Qué hay fuera? —preguntó Kael un día, mirando hacia la entrada. Fenrir dudó. —Cosas… malas. —¿Guerra? Ella bajó la mirada. —Creo que sí. Kael guardó silencio unos segundos. —¿Tienes miedo? Fenrir negó lentamente. —No… pero tampoco me gusta. —A mí tampoco. Ella lo miró con curiosidad. —Entonces, cuando todo termine… ¿qué harás? Kael pensó por un momento. —No lo sé… supongo que volver a casa. Fenrir sonrió suavemente. —Entonces asegúrate de llegar. Kael la observó en silencio, como si quisiera decir algo más, pero no lo hizo. —¿Y tú? —preguntó finalmente. Fenrir levantó la vista hacia el exterior. —Creo que… tengo que irme a algún lugar. —¿Volverás? Ella no respondió de inmediato. —…sí. Pero en su mirada había duda. Pasaron más días. Momentos simples, pequeñas conversaciones, silencios compartidos. Durante ese breve periodo, la guerra dejó de existir para ellos. Eran solo dos niños, construyendo un refugio en medio del fin del mundo. Hasta que un día, Fenrir dejó de venir. Kael despertó completamente recuperado, solo en la cueva que había sido su refugio. Esperó. Un día, luego otro, y otro más, pero Fenrir no regresó. Finalmente salió al exterior… y el mundo real lo golpeó sin piedad. Su hogar había desaparecido. Todo estaba destruido. El aire era denso, cargado de muerte, y los cuerpos cubrían el suelo como un recordatorio silencioso de lo ocurrido. Los pocos sobrevivientes tenían miradas vacías, rotas. Sus padres… ya no estaban. Fue entonces cuando, en la distancia, algo captó su atención. Una nave se elevaba lentamente, abandonando aquel mundo destruido. En ella viajaban los responsables, aquellos que habían causado la guerra, aquellos que lo habían arrebatado todo. Y entre ellos… estaba Fenrir. De pie, sin mirar atrás, marchándose junto a quienes habían provocado la masacre. No hubo gritos, ni lágrimas, ni desesperación visible. Solo una comprensión silenciosa, distorsionada y profunda. Sus manos temblaron levemente, y por primera vez el aire a su alrededor se quebró. Una pequeña grieta apareció, casi imperceptible, como si la realidad misma no pudiera sostener lo que estaba naciendo dentro de él. En ese instante, Kael entendió el mundo a su manera, una forma fría y definitiva que marcaría su destino para siempre. Ese momento no dio origen a un monstruo ni a un villano. Dio origen a algo mucho más peligroso: alguien que percibía la realidad como algo defectuoso, algo inherentemente roto. Desde ese día, Kael Vireon dejó de ver el mundo como algo estable y comenzó a entenderlo como algo que podía quebrarse, distorsionarse y corregirse. Porque en lo más profundo de su ser, una verdad quedó grabada para siempre: todo lo que existe puede romperse, incluso aquello que una vez te salvó.
    Me gusta
    Me endiabla
    Me shockea
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • Up for the challenge. - So called Invincible.
    Fandom OC
    Categoría Acción
    Mark Grayson™

    Otro día cualquiera, la guardiana se encontraba cumpliendo con su labor. la torre tras ella era un constante recordatorio de su deber impuesto por una entidad mayor, un recordatorio de su debilidad, de su falta de libertad...

    Siglos habían pasado desde que nuevos contendientes venían a la torre, desde que su labor tenía sentido, después de todo, ahora la torre no era más que un recuerdo abandonado por el mundo. En su aburrimiento se dedicaba al entrenamiento, sin otro propósito que despejar su mente.

    Por algún motivo, hoy decidió tomar una de sus otras apariencias, quizás porque dentro de poco pretendía adentrarse en la torre, siendo esta apariencia la que muchos, satíricamente apodaron "Kitty".

    Los golpes dejaban salir ráfagas de viento dignas de una tormenta, las pisadas dejaban marcas visibles bajo sus pies, junto con el estruendo de el suelo de piedra resquebrajándose, podía permitirse no preocuparse, después de todo, la torre se encargaría de reconstruir la tierra a su alrededor, por lo que era el lugar perfecto para entrenar.

    Eve siempre fue una verdadera fuerza de la naturaleza, pero cada día que pasaba se enfocaba en volverse más fuerte, esto porque esperaba que algún día esto la ayudara a liberarse de las cadenas que la ataban.

    Quién se esperaría que hoy tendría un nuevo contrincante... Y es que la torre tenía maneras de sorprender incluso a su guardiana...
    [Invencible_Prime] Otro día cualquiera, la guardiana se encontraba cumpliendo con su labor. la torre tras ella era un constante recordatorio de su deber impuesto por una entidad mayor, un recordatorio de su debilidad, de su falta de libertad... Siglos habían pasado desde que nuevos contendientes venían a la torre, desde que su labor tenía sentido, después de todo, ahora la torre no era más que un recuerdo abandonado por el mundo. En su aburrimiento se dedicaba al entrenamiento, sin otro propósito que despejar su mente. Por algún motivo, hoy decidió tomar una de sus otras apariencias, quizás porque dentro de poco pretendía adentrarse en la torre, siendo esta apariencia la que muchos, satíricamente apodaron "Kitty". Los golpes dejaban salir ráfagas de viento dignas de una tormenta, las pisadas dejaban marcas visibles bajo sus pies, junto con el estruendo de el suelo de piedra resquebrajándose, podía permitirse no preocuparse, después de todo, la torre se encargaría de reconstruir la tierra a su alrededor, por lo que era el lugar perfecto para entrenar. Eve siempre fue una verdadera fuerza de la naturaleza, pero cada día que pasaba se enfocaba en volverse más fuerte, esto porque esperaba que algún día esto la ayudara a liberarse de las cadenas que la ataban. Quién se esperaría que hoy tendría un nuevo contrincante... Y es que la torre tenía maneras de sorprender incluso a su guardiana...
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    Me encocora
    2
    12 turnos 0 maullidos
  • - Prayer in C -
    00:00 ●━━━━━━━━━ 03:13
    ⇆ㅤ ㅤ◁ㅤ ❚❚ ㅤ▷ ㅤㅤ↻
    ılıılıılıılıılıılı ᴠᴏʟᴜᴍᴇ : ▮▮

    [Unas semanas atrás]

    No tenía mucha importancia.
    No había motivo.
    Mi vida había dejado de ser lo que era y me encuentro en una dirección sin un sentido identificable.
    Y ahora mismo, son preguntas las que surgen en mi mente.
    Más curiosamente, no inquietudes.

    Recopilemos.
    Hagamos un poco de historia.

    Hacía un buen tiempo que mi alma y cuerpo resonaban en su más pura esencia demoníaca. Genuina. Mía.
    No siempre había sido así.
    Buena parte de mi historia la pasé siendo humano. En ese estado, un contrato con algo inconcebiblemente poderoso incluso en mi forma actual fue establecido.
    Y un poder tan magnánimo si bien era compatible con mi alma, fue devastando mi cuerpo.
    Pero el principal cambio comenzó en mi mente.
    Esa noche, durante el contrato, mi ser quedó completamente zarandeado. Hacía unos minutos, doce vidas habían sido arrancadas fríamente por mí de sus cuerpos.
    Alguien normal hubiese quedado aterrorizado y en shock.
    Yo no pensaba en otra cosa que no fuese cómo dejar de oler a esto.

    Casi al instante lo acepté.
    Mal. Bien. Mejor. Peor. Eso era yo.
    Siempre lo había sido.
    Aunque nunca antes hubiese matado, siempre había retorcido cualquier situación a mi favor.
    De manera indirecta, todo iba generalmente encaminado a las pinceladas que forzaba mi destino.

    Pero mi papel no era puro.
    Estaba siendo influenciado por mi contratista.
    Podían no ser mis pensamientos. Podía estar siendo manipulado.
    Y cuando Lili me comunicó que mi forma humana debía morir y mi alma trascender a un estado puro, demoníaco y nacer en un nuevo cuerpo, lo sentí.
    Mi antigua personalidad. El poder que mi contratista me había otorgado sobre la cognición. Se habían sellado.
    Y un nuevo poder recorría mis venas. Mi linaje. La Luna Violeta, astro maldito que marcó una inesperada entrada en el Consejo Jaegerjaquez.
    Leviatán, bestia demoníaca que en los primigenios anales de la historia representó el poder de destrucción más puro, reconoció mi alma como aquella de la cual se escindió, y sacudiendo al mundo entero en un violento temblor, aceptó que nuestra existencia estaba ligada y confiaba en mi para ser moldeado temporalmente en la forma de una tosca arma que me daba el derecho de usar unos poderes con los cuales podía cortar, explotar o implosionar aquello en lo que mi voluntad se posase.
    La única marca física que perduraba era mi cabello, platinado.
    Me recordaba que no tenía el control. Que alguna vez, algo me había superado.
    Que existía un orden.
    Inconscientemente, mi propia alma quería dejarlo como un recordatorio.
    Cada vez que alguien me lo mencionaba o me veía al espejo, recordaba mi lugar.

    Entonces, ¿por qué ese pasado deja verse tras las grietas de un sello aparentemente perfecto?
    ¿Por qué una personalidad que haría estremecerse de asco incluso a los mismos demonios estaba observando desde la oscuridad?
    ¿Por qué mi contratista, aún desconociendo su verdadera forma más allá de unas infinitas y confusas escaleras de Escher a lo que respondía mi limitada percepción, sentía que sonreía ante cada uno de mis actos como si estuviese contemplando una película de la cual supiese el final?

    Lo desconocía.
    Pero el hecho de que a diario, esa antigua identidad que siempre había formado parte de mi me susurraba lo mismo.
    No somos enemigos.
    No mandamos uno sobre el otro.
    No estamos escindidos.
    No es necesario reintegrar nada.
    Al igual que mi poder.
    Podía combinar cognición, Leviatán, mi propio linaje.
    Utilizar esa técnica prohibida que había hecho que tantos libros y grimorios fuesen destruidos, olvidados y censurados.
    Aquella que nadie aceptaba y violaba claramente cualquier escala de poder.

    Negación.

    Si reconciliaba a mis poderes en un solo canal…
    Si aceptaba todas mis identidades como una sola…
    Podría hacer que aquel presente ante mi, por más poder que tuviese, viese sus poderes completamente cancelados.
    Mi contrincante, así disparase esferas de vacío, alterase la realidad, me pudiese cambiar de lugar con el objeto más recóndito del universo, ante mi sería un mortal que dependería de solamente sus habilidades de combate y su fuerza física.
    Al igual que yo.
    Ambos estaríamos en idénticas condiciones.
    Sin poderes. Sin reflejos extremos. Sin habilidades infinitamente superiores.
    Una táctica maldita de doble rasero.
    Negada. Prohibida. Perseguida. Sólo al alcance de aquellos que quisieron ser borrados de la existencia
    Un profundo insulto que mancillaba historias enteras y menospreciaba el ingenio.
    Una herramienta de conquista. Y mal usada, autodestrucción.

    Es aquello que mi parte, una vez humana, me hacía ver que precisamente él era el demonio que nadie tendría que haber dejado salir.

    Cada vez que me lo susurra, mi cabello se oscurece.
    Ese platinado que parecía iluminar un poco entre la oscuridad comenzaba a teñirse de nuevo.
    Poco a poco.
    Como si el ocaso fuese llegando.

    Y abrí los ojos.

    Cuando quise darme cuenta, mi antigua daga estaba en mi mano, mi cara de nuevo cubierta por sangre ajena y cualquier escalofrío había abandonado definitivamente mi ser, el primer cuerpo al que vilmente le había arrancado el alma tras tanto tiempo yacía ante mi.

    ¿Hay vuelta atrás?
    ¿O ya es demasiado tarde?
    - Prayer in C - 00:00 ●━━━━━━━━━ 03:13 ⇆ㅤ ㅤ◁ㅤ ❚❚ ㅤ▷ ㅤㅤ↻ ılıılıılıılıılıılı ᴠᴏʟᴜᴍᴇ : ▮▮ [Unas semanas atrás] No tenía mucha importancia. No había motivo. Mi vida había dejado de ser lo que era y me encuentro en una dirección sin un sentido identificable. Y ahora mismo, son preguntas las que surgen en mi mente. Más curiosamente, no inquietudes. Recopilemos. Hagamos un poco de historia. Hacía un buen tiempo que mi alma y cuerpo resonaban en su más pura esencia demoníaca. Genuina. Mía. No siempre había sido así. Buena parte de mi historia la pasé siendo humano. En ese estado, un contrato con algo inconcebiblemente poderoso incluso en mi forma actual fue establecido. Y un poder tan magnánimo si bien era compatible con mi alma, fue devastando mi cuerpo. Pero el principal cambio comenzó en mi mente. Esa noche, durante el contrato, mi ser quedó completamente zarandeado. Hacía unos minutos, doce vidas habían sido arrancadas fríamente por mí de sus cuerpos. Alguien normal hubiese quedado aterrorizado y en shock. Yo no pensaba en otra cosa que no fuese cómo dejar de oler a esto. Casi al instante lo acepté. Mal. Bien. Mejor. Peor. Eso era yo. Siempre lo había sido. Aunque nunca antes hubiese matado, siempre había retorcido cualquier situación a mi favor. De manera indirecta, todo iba generalmente encaminado a las pinceladas que forzaba mi destino. Pero mi papel no era puro. Estaba siendo influenciado por mi contratista. Podían no ser mis pensamientos. Podía estar siendo manipulado. Y cuando Lili me comunicó que mi forma humana debía morir y mi alma trascender a un estado puro, demoníaco y nacer en un nuevo cuerpo, lo sentí. Mi antigua personalidad. El poder que mi contratista me había otorgado sobre la cognición. Se habían sellado. Y un nuevo poder recorría mis venas. Mi linaje. La Luna Violeta, astro maldito que marcó una inesperada entrada en el Consejo Jaegerjaquez. Leviatán, bestia demoníaca que en los primigenios anales de la historia representó el poder de destrucción más puro, reconoció mi alma como aquella de la cual se escindió, y sacudiendo al mundo entero en un violento temblor, aceptó que nuestra existencia estaba ligada y confiaba en mi para ser moldeado temporalmente en la forma de una tosca arma que me daba el derecho de usar unos poderes con los cuales podía cortar, explotar o implosionar aquello en lo que mi voluntad se posase. La única marca física que perduraba era mi cabello, platinado. Me recordaba que no tenía el control. Que alguna vez, algo me había superado. Que existía un orden. Inconscientemente, mi propia alma quería dejarlo como un recordatorio. Cada vez que alguien me lo mencionaba o me veía al espejo, recordaba mi lugar. Entonces, ¿por qué ese pasado deja verse tras las grietas de un sello aparentemente perfecto? ¿Por qué una personalidad que haría estremecerse de asco incluso a los mismos demonios estaba observando desde la oscuridad? ¿Por qué mi contratista, aún desconociendo su verdadera forma más allá de unas infinitas y confusas escaleras de Escher a lo que respondía mi limitada percepción, sentía que sonreía ante cada uno de mis actos como si estuviese contemplando una película de la cual supiese el final? Lo desconocía. Pero el hecho de que a diario, esa antigua identidad que siempre había formado parte de mi me susurraba lo mismo. No somos enemigos. No mandamos uno sobre el otro. No estamos escindidos. No es necesario reintegrar nada. Al igual que mi poder. Podía combinar cognición, Leviatán, mi propio linaje. Utilizar esa técnica prohibida que había hecho que tantos libros y grimorios fuesen destruidos, olvidados y censurados. Aquella que nadie aceptaba y violaba claramente cualquier escala de poder. Negación. Si reconciliaba a mis poderes en un solo canal… Si aceptaba todas mis identidades como una sola… Podría hacer que aquel presente ante mi, por más poder que tuviese, viese sus poderes completamente cancelados. Mi contrincante, así disparase esferas de vacío, alterase la realidad, me pudiese cambiar de lugar con el objeto más recóndito del universo, ante mi sería un mortal que dependería de solamente sus habilidades de combate y su fuerza física. Al igual que yo. Ambos estaríamos en idénticas condiciones. Sin poderes. Sin reflejos extremos. Sin habilidades infinitamente superiores. Una táctica maldita de doble rasero. Negada. Prohibida. Perseguida. Sólo al alcance de aquellos que quisieron ser borrados de la existencia Un profundo insulto que mancillaba historias enteras y menospreciaba el ingenio. Una herramienta de conquista. Y mal usada, autodestrucción. Es aquello que mi parte, una vez humana, me hacía ver que precisamente él era el demonio que nadie tendría que haber dejado salir. Cada vez que me lo susurra, mi cabello se oscurece. Ese platinado que parecía iluminar un poco entre la oscuridad comenzaba a teñirse de nuevo. Poco a poco. Como si el ocaso fuese llegando. Y abrí los ojos. Cuando quise darme cuenta, mi antigua daga estaba en mi mano, mi cara de nuevo cubierta por sangre ajena y cualquier escalofrío había abandonado definitivamente mi ser, el primer cuerpo al que vilmente le había arrancado el alma tras tanto tiempo yacía ante mi. ¿Hay vuelta atrás? ¿O ya es demasiado tarde?
    Me gusta
    3
    0 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados