• 𝑉𝑒𝑛𝑡𝑖𝑠𝑐𝑎, 𝑒𝑙 𝑠𝑢𝑠𝑢𝑟𝑟𝑎𝑑𝑜𝑟
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    ⸻⸻ krai de Jabárovsk, 11:40 pm
    ⸻⸻⸻ Jueves, 19 de septiembre

    Prólogo.

    𝑉𝑒𝑛𝑡𝑖𝑠𝑐𝑎, el recipiente maldito que fue liberado tras años de prisión. Una entidad que se alimenta de las pesadillas en el norte del continente Ruso y que, por obvias razones, no se ha podido eliminar.

    La misión aunque no era sencilla, dictaba la necesidad de la Iglesia y la fuerza de la armada para eliminar este mal a como diera lugar, sus soldados afectados por el insomnio comenzaban a perecer alucinaciones que atentaban contra sus propias vidas poniendo en riesgo futuras misiones.

    < Un arma siempre será lo que es, sin importar sus características están hechas para matar. >

    ⸻⸻⸻⸻

    De vez en cuando hubiera preferido la paz, pero aquello era un sueño nada más. Las ordenes (y por programación) eran absolutas, limitantes. Claude tenía una pésima costumbre de actuar solo, sin demandas ni manos que pudieran estropear su trabajo.

    Pero recientemente hicieron un llamado para él y un desconocido de la Iglesia. ¿Tan grave era el asunto para mezclar dos lados opuestos?. Pensó, más no se quejo, viajando desde Praga a Moscú donde el primer contacto se haría presente.

    Su aspecto irreversible, esa mirada de seriedad y la cicatriz expresaban casi a gritos que no lo molestaran. Su distancia se resume a pequeñas conversaciones necesarias y que solo por cortesía llegaba a expresar, nada más ni menos.

    El miércoles 18 de septiembre a las 3:45 pm llego al aeropuerto, un automóvil escoltado por la guardia nacional lo escoltó a la sede central donde la reunión se llevaría a cabo. Respetaban sus horarios y una suma generosa en un portafolio se le ofreció por adelantado.

    No más quejas de su parte.

    Cruzaron el puente y llegaron a una iglesia estilo barroco que tenia las puertas abiertas. Con el mismo silencio bajo y se adentro a las instalaciones donde ya lo estaban esperando.

    Cruzo el umbral y por su nombre fue llamado.

    "Claude, gracias por asistir a la reunión." Declaró el arzobispo Anton Smirnov con una túnica negra y lentes de botella que hacían ver graciosos sus ojos.

    Claude solo asintió. ⸻ Si. ¿Podemos ir directo al grano?.⸻ Pero antes de comenzar tenían que presentarle al hombre con quien iría a trabajar.

    Rol privado.
    ⸻⸻ krai de Jabárovsk, 11:40 pm ⸻⸻⸻ Jueves, 19 de septiembre Prólogo. 𝑉𝑒𝑛𝑡𝑖𝑠𝑐𝑎, el recipiente maldito que fue liberado tras años de prisión. Una entidad que se alimenta de las pesadillas en el norte del continente Ruso y que, por obvias razones, no se ha podido eliminar. La misión aunque no era sencilla, dictaba la necesidad de la Iglesia y la fuerza de la armada para eliminar este mal a como diera lugar, sus soldados afectados por el insomnio comenzaban a perecer alucinaciones que atentaban contra sus propias vidas poniendo en riesgo futuras misiones. < Un arma siempre será lo que es, sin importar sus características están hechas para matar. > ⸻⸻⸻⸻ De vez en cuando hubiera preferido la paz, pero aquello era un sueño nada más. Las ordenes (y por programación) eran absolutas, limitantes. Claude tenía una pésima costumbre de actuar solo, sin demandas ni manos que pudieran estropear su trabajo. Pero recientemente hicieron un llamado para él y un desconocido de la Iglesia. ¿Tan grave era el asunto para mezclar dos lados opuestos?. Pensó, más no se quejo, viajando desde Praga a Moscú donde el primer contacto se haría presente. Su aspecto irreversible, esa mirada de seriedad y la cicatriz expresaban casi a gritos que no lo molestaran. Su distancia se resume a pequeñas conversaciones necesarias y que solo por cortesía llegaba a expresar, nada más ni menos. El miércoles 18 de septiembre a las 3:45 pm llego al aeropuerto, un automóvil escoltado por la guardia nacional lo escoltó a la sede central donde la reunión se llevaría a cabo. Respetaban sus horarios y una suma generosa en un portafolio se le ofreció por adelantado. No más quejas de su parte. Cruzaron el puente y llegaron a una iglesia estilo barroco que tenia las puertas abiertas. Con el mismo silencio bajo y se adentro a las instalaciones donde ya lo estaban esperando. Cruzo el umbral y por su nombre fue llamado. "Claude, gracias por asistir a la reunión." Declaró el arzobispo Anton Smirnov con una túnica negra y lentes de botella que hacían ver graciosos sus ojos. Claude solo asintió. ⸻ Si. ¿Podemos ir directo al grano?.⸻ Pero antes de comenzar tenían que presentarle al hombre con quien iría a trabajar. Rol privado.
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  • parece que la siguiente fiesta decidieron hacerla en los jardines inundados... me pregunto que planean
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  • -Y así nuevamente, la androide estaba caminado por aquella ciudad del desierto, ya las arenas había reclamado lo que tiempo atrás fue suyo, todos los edificios cubiertos de arena, algunos hasta enterrados, el sol estaba en su apogeo pero eso no parece molestar en nada a 12B, quien estaba caminado por las calles abandonadas, las cuales estan cubiertas por arena, algunos autos ya estaba oxidados por la exposición a el ardiente sol desertico.


    12B solo estaba ahi para buscar información que fuera útil para la guerra contra las maquinas, ella al igual que el resto de todos los androides, desea que los humanos regresen a poblar el planeta azul.

    Segun la información obtenida por su pod, que capto una fluctuacion de energía en dicha zona, 12B se traslado directamente para explorar, estaba investigando cada zona de desolado sitio, explorando cada edificio o lugar donde pudiera entrar, solo se escuchaba sus pasos por la arena y una que otra zona despejada cubierta de cemento, el viento seco y ardiente es lo que acaricia su piel expuesta.-

    Supongo que aquí no hay nada, vayamos al siguiente edificio.

    -Comentó la androide a su pod, quien le hizo aparecer la información de la estructura del siguiente edificio a explorar. -

    Bien, gracias pod.

    -Agradece para seguir su labor. -
    -Y así nuevamente, la androide estaba caminado por aquella ciudad del desierto, ya las arenas había reclamado lo que tiempo atrás fue suyo, todos los edificios cubiertos de arena, algunos hasta enterrados, el sol estaba en su apogeo pero eso no parece molestar en nada a 12B, quien estaba caminado por las calles abandonadas, las cuales estan cubiertas por arena, algunos autos ya estaba oxidados por la exposición a el ardiente sol desertico. 12B solo estaba ahi para buscar información que fuera útil para la guerra contra las maquinas, ella al igual que el resto de todos los androides, desea que los humanos regresen a poblar el planeta azul. Segun la información obtenida por su pod, que capto una fluctuacion de energía en dicha zona, 12B se traslado directamente para explorar, estaba investigando cada zona de desolado sitio, explorando cada edificio o lugar donde pudiera entrar, solo se escuchaba sus pasos por la arena y una que otra zona despejada cubierta de cemento, el viento seco y ardiente es lo que acaricia su piel expuesta.- Supongo que aquí no hay nada, vayamos al siguiente edificio. -Comentó la androide a su pod, quien le hizo aparecer la información de la estructura del siguiente edificio a explorar. - Bien, gracias pod. -Agradece para seguir su labor. -
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  • Thamyr
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    ╰─── Fiadh ˢᵉˡᵏⁱᵉ

    ────────── ☼ ──────────

    En Nazarkh, un imperio de oriente, ubicado en medio del desierto, habían diferentes maravillas e historias por las que turistas de todos lados llegaban para contemplar. Una de las actividades más importantes era el pasar por el Gran Mercado, lugar construído en el gran oasis Thamyr. Era el punto medio antes de llegar a la capital, Oradis.

    Para llegar allí se debían seguir senderos marcados, pues de desviarse de ellos era muy fácil perderse entre las grandes montañas de arena y, por ende, en las Dunas de Karesh, donde se decía habitaban criaturas enormes, como leones de arena, o las serpientes gigantes por las noches, entre otros.

    Al ser un punto muy turístico era común ver todo tipo de comerciantes y puestos: comidas, telas, metales, artesanías, plantas, cristales, etc. En ese momento era la época donde llegaban muchos pescadores para brindar lo mejor que lograron conseguir, así que las caravanas iban repletas de mariscos bien conservados para la venta.

    Zarukhan, que prefería estar lejos del palacio y de la capital en general, siempre tomaba la más mínima oportunidad para escaparse. Pero debía ser cuidadoso para que nadie lo notara, en especial los guardias, o iba a tener que volver y escuchar una de las miles reprimendas del sultán o de los sacerdotes, a veces ambos a la vez.

    Se vistió con ropas oscuras a pesar del calor y el sol a mitad del cielo, pero eran colores diferentes a los que solía vestir. Menos adornos y bordados, pero manteniendo algunos accesorios para no verse extraño entre la multitud. Lo más difícil era cubrir sus ojos dorados que podrían delatarlo al instante, así que utilizaba una especie de velo sobre ellos que apaciguaba el brillo.

    Había escapado temprano ese día, queriendo estar presente cuando las caravanas con la mercancía llegara, siempre le había interesado ver cómo entre las personas regateaban o conversaban porque sí, muchos con historias que él mismo deseaba experimentar por cuenta propia. Por tal razón, y estando ya en el Gran Mercado, se paseó entre dichos transportes mientras iban bajando la mercadería, a veces ayudando si veía a alguien con dificultad para bajar las cajas o barriles.
    ╰─── [Fiadh_Selkie] ────────── ☼ ────────── En Nazarkh, un imperio de oriente, ubicado en medio del desierto, habían diferentes maravillas e historias por las que turistas de todos lados llegaban para contemplar. Una de las actividades más importantes era el pasar por el Gran Mercado, lugar construído en el gran oasis Thamyr. Era el punto medio antes de llegar a la capital, Oradis. Para llegar allí se debían seguir senderos marcados, pues de desviarse de ellos era muy fácil perderse entre las grandes montañas de arena y, por ende, en las Dunas de Karesh, donde se decía habitaban criaturas enormes, como leones de arena, o las serpientes gigantes por las noches, entre otros. Al ser un punto muy turístico era común ver todo tipo de comerciantes y puestos: comidas, telas, metales, artesanías, plantas, cristales, etc. En ese momento era la época donde llegaban muchos pescadores para brindar lo mejor que lograron conseguir, así que las caravanas iban repletas de mariscos bien conservados para la venta. Zarukhan, que prefería estar lejos del palacio y de la capital en general, siempre tomaba la más mínima oportunidad para escaparse. Pero debía ser cuidadoso para que nadie lo notara, en especial los guardias, o iba a tener que volver y escuchar una de las miles reprimendas del sultán o de los sacerdotes, a veces ambos a la vez. Se vistió con ropas oscuras a pesar del calor y el sol a mitad del cielo, pero eran colores diferentes a los que solía vestir. Menos adornos y bordados, pero manteniendo algunos accesorios para no verse extraño entre la multitud. Lo más difícil era cubrir sus ojos dorados que podrían delatarlo al instante, así que utilizaba una especie de velo sobre ellos que apaciguaba el brillo. Había escapado temprano ese día, queriendo estar presente cuando las caravanas con la mercancía llegara, siempre le había interesado ver cómo entre las personas regateaban o conversaban porque sí, muchos con historias que él mismo deseaba experimentar por cuenta propia. Por tal razón, y estando ya en el Gran Mercado, se paseó entre dichos transportes mientras iban bajando la mercadería, a veces ayudando si veía a alguien con dificultad para bajar las cajas o barriles.
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  • ʙɪᴛáᴄᴏʀᴀ ᴘáɢ. 𝟦𝟩
    ────────────
    》ᴛʀᴇᴅᴊᴇ ᴍåɴᴇᴅ, ᴠɪɴᴛᴇʀᴊᴇᴠɴᴅøɢɴ

    Han pasado ya un par de meses desde que mis pasos se detuvieron en estas tierras.

    Hoy lidero la resistencia.

    Es gratificante observar cómo el pueblo, tras tanto tiempo en las sombras, comienza a entender lo que significa vivir en libertad. Aunque el gobernante del Norte persiste en su ambición de conquistar este suelo, se ha topado con un muro de hombres y mujeres que pelean con el corazón en la mano, defendiendo lo que les pertenece por derecho.

    Piedra a piedra, este lugar se levanta de nuevo.
    ​Al principio, me negué rotundamente a sus súplicas de quedarme de forma definitiva. Sin embargo, encontré una paz extraña al caminar por las callejuelas; el sonido de los artesanos volviendo a sus yunques y las risas de los niños que han regresado a jugar me desarmaron. ¿Para qué seguir viajando? He recorrido cada rincón de los siete reinos buscando algo que no aparecía. Quizás, luchar junto a esta gente y echar raíces para proteger lo que de verdad vale la pena sea, al fin, mi destino.

    ​Ahora resido en la antigua casa del Lord, es un espacio gigante, silencioso, y admito que no me acostumbro a tener tanto sitio para mí sola. El pueblo me mira con una reverencia que me incomoda...preferiría que me vieran como a una igual, pero la responsabilidad sobre mis hombros no me permite el lujo de la modestia.

    He tenido que aprender a delegar, a establecer cargos y a forjar soldados de donde antes solo había campesinos.
    ​En este proceso, tres personas se han vuelto pilares fundamentales para mí. Su lealtad es inquebrantable

    ​◇ Gunnar, el mayor de todos. Es un hombre de proporciones colosales y un temperamento que estalla con la facilidad de una chispa en la paja seca. Tiene un vozarrón gutural capaz de imponer orden en el caos más absoluto del campo de batalla. Aunque sigue mis instrucciones al pie de la letra y ha convertido la plaza de armas en un nido de guerreros eficientes, sigue siendo un testarudo. Le he insistido en que use la espada, pero no suelta su hacha; una compañera fiel que, sospecho, pesa casi tanto como él.

    ​◇ Sigurd a diferencia de Gunnar, es torpe con las manos pero posee una mente brillante. Es un hombre de pluma, papel y estrategia. Lleva el recuento exacto de cada alma en este pueblo y gestiona nuestros recursos con una precisión quirúrgica para que el fantasma de la escasez nunca cruce nuestras puertas. Sin su intelecto, la logística de esta guerra se desmoronaría.

    ​◇ Milenka, mi mano derecha y, en mi fuero interno, la hermana menor que nunca tuve. Tenemos caracteres similares y chocamos constantemente, pues su alma alberga una fuerza indomable. Está en esa etapa de transición, descubriendo la mujer en la que se convertirá, pero su destreza con el arco es algo que incluso yo envidio, tiene una puntería excepcional que no conoce el error.

    ​A los tres les he cedido estancias en el castillo para que vivan con total libertad. Lo mismo ocurre con los antiguos sirvientes; siguen desempeñando sus labores de cocina, limpieza y custodia, pero ya no como esclavos de un linaje, sino como ciudadanos autónomos que reciben techo, abrigo y alimento a cambio de su esfuerzo.


    ​No sé si en algún momento esta vida dejará de resultarme extraña, pero supongo que el tiempo tendrá la última palabra. Hasta entonces seguiré haciendo registro en esta bitácora de todo lo que acontezca
    ʙɪᴛáᴄᴏʀᴀ ᴘáɢ. 𝟦𝟩 ──────────── 》ᴛʀᴇᴅᴊᴇ ᴍåɴᴇᴅ, ᴠɪɴᴛᴇʀᴊᴇᴠɴᴅøɢɴ Han pasado ya un par de meses desde que mis pasos se detuvieron en estas tierras. Hoy lidero la resistencia. Es gratificante observar cómo el pueblo, tras tanto tiempo en las sombras, comienza a entender lo que significa vivir en libertad. Aunque el gobernante del Norte persiste en su ambición de conquistar este suelo, se ha topado con un muro de hombres y mujeres que pelean con el corazón en la mano, defendiendo lo que les pertenece por derecho. Piedra a piedra, este lugar se levanta de nuevo. ​Al principio, me negué rotundamente a sus súplicas de quedarme de forma definitiva. Sin embargo, encontré una paz extraña al caminar por las callejuelas; el sonido de los artesanos volviendo a sus yunques y las risas de los niños que han regresado a jugar me desarmaron. ¿Para qué seguir viajando? He recorrido cada rincón de los siete reinos buscando algo que no aparecía. Quizás, luchar junto a esta gente y echar raíces para proteger lo que de verdad vale la pena sea, al fin, mi destino. ​Ahora resido en la antigua casa del Lord, es un espacio gigante, silencioso, y admito que no me acostumbro a tener tanto sitio para mí sola. El pueblo me mira con una reverencia que me incomoda...preferiría que me vieran como a una igual, pero la responsabilidad sobre mis hombros no me permite el lujo de la modestia. He tenido que aprender a delegar, a establecer cargos y a forjar soldados de donde antes solo había campesinos. ​En este proceso, tres personas se han vuelto pilares fundamentales para mí. Su lealtad es inquebrantable ​◇ Gunnar, el mayor de todos. Es un hombre de proporciones colosales y un temperamento que estalla con la facilidad de una chispa en la paja seca. Tiene un vozarrón gutural capaz de imponer orden en el caos más absoluto del campo de batalla. Aunque sigue mis instrucciones al pie de la letra y ha convertido la plaza de armas en un nido de guerreros eficientes, sigue siendo un testarudo. Le he insistido en que use la espada, pero no suelta su hacha; una compañera fiel que, sospecho, pesa casi tanto como él. ​◇ Sigurd a diferencia de Gunnar, es torpe con las manos pero posee una mente brillante. Es un hombre de pluma, papel y estrategia. Lleva el recuento exacto de cada alma en este pueblo y gestiona nuestros recursos con una precisión quirúrgica para que el fantasma de la escasez nunca cruce nuestras puertas. Sin su intelecto, la logística de esta guerra se desmoronaría. ​◇ Milenka, mi mano derecha y, en mi fuero interno, la hermana menor que nunca tuve. Tenemos caracteres similares y chocamos constantemente, pues su alma alberga una fuerza indomable. Está en esa etapa de transición, descubriendo la mujer en la que se convertirá, pero su destreza con el arco es algo que incluso yo envidio, tiene una puntería excepcional que no conoce el error. ​A los tres les he cedido estancias en el castillo para que vivan con total libertad. Lo mismo ocurre con los antiguos sirvientes; siguen desempeñando sus labores de cocina, limpieza y custodia, pero ya no como esclavos de un linaje, sino como ciudadanos autónomos que reciben techo, abrigo y alimento a cambio de su esfuerzo. ​No sé si en algún momento esta vida dejará de resultarme extraña, pero supongo que el tiempo tendrá la última palabra. Hasta entonces seguiré haciendo registro en esta bitácora de todo lo que acontezca
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Tenlo en cuenta al responder.
    //Busco partner para rol narrativo serio, estilo novela.
    La idea es construir una historia bien escrita, con párrafos cuidados y diálogo natural.
    El personaje que maneje la otra persona debe ser femenino.
    Puede tener habilidades mágicas, pero no demonios, súcubos ni derivados.
    Importante: ritmo de respuesta activo. Prefiero gente que no deje el rol parado durante días.
    Si te interesa, envía privado y lo hablamos. (Escribo en rol on para que se publique en el global)
    //Busco partner para rol narrativo serio, estilo novela. La idea es construir una historia bien escrita, con párrafos cuidados y diálogo natural. El personaje que maneje la otra persona debe ser femenino. Puede tener habilidades mágicas, pero no demonios, súcubos ni derivados. Importante: ritmo de respuesta activo. Prefiero gente que no deje el rol parado durante días. Si te interesa, envía privado y lo hablamos. (Escribo en rol on para que se publique en el global)
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  • 𝐋𝐚 𝐧𝐚𝐭𝐮𝐫𝐚𝐥𝐞𝐳𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐞𝐬𝐢𝐨́𝐧.





    El hombre habla con la urgencia de quien teme que el silencio revele demasiado. Sus palabras llegan en ráfagas desordenadas: insomnio, ansiedad, una irritación constante que dice no comprender. Intenta hilar los hechos como si fuesen síntomas de algo externo, algo que pudiera señalarse, nombrarse, tratarse.

    Frente a él, el Dr. Lecter permanece inmóvil.

    Las manos descansan entrelazadas por encima de una de sus rodillas, las cuales están cruzadas una encima de la otra. La postura es impecable, la expresión serena, casi indulgente. A primera vista parece la imagen perfecta de la atención profesional. El paciente interpreta esa quietud como paciencia. Como compasión.

    Es un error garrafal como delicado, cabe mencionar. Hannibal escucha, sí, pero no las palabras.

    Observa.

    El ritmo irregular de la respiración. La forma en que los dedos del hombre se crispan cuando menciona a su hermano. La manera casi imperceptible en que su mirada se aparta cada vez que la conversación se aproxima a algo que preferiría no mirar directamente. Las confesiones humanas rara vez se encuentran en lo que dice.

    𝑆𝑒 𝑒𝑠𝑐𝑜𝑛𝑑𝑒𝑛 𝑒𝑛 𝑙𝑜𝑠 𝑝𝑒𝑞𝑢𝑒𝑛̃𝑜𝑠 𝑎𝑐𝑡𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑒𝑣𝑎𝑠𝑖𝑜́𝑛.

    Qué criatura más transparente, piensa Hannibal con una calma que roza lo contemplativo.

    El paciente continúa hablando, ahora más rápido, como si el simple acto de hablar pudiera mantener a raya aquello que se agita en su interior. Habla de frustración. De rabia contenida, o de una incomodidad de impulso.

    La palabra no llega siquiera a pronunciarse. No todavía.

    Hannibal inclina apenas la cabeza, observándolo como un conservador de museo examinaría una pintura antigua bajo una luz más cuidadosa. Cada grieta en la superficie revela algo del artista.

    Cada silencio revela algo del alma.

    El paciente finalmente se queda sin palabras. El aire del consultorio se aquieta, cargado con esa tensión suave que aparece cuando alguien espera ser juzgado.

    El Dr. Lecter sostiene su mirada durante un instante. Luego una leve sonrisa, tan educada como inescrutable, aparece en sus labios.

    —Es curioso —dice finalmente, con una voz baja y perfectamente cálida—.

    Una pausa elegante, casi pensativa.

    —Las personas suelen venir aquí creyendo que desean respuestas.

    Sus ojos permanecen tranquilos, atentos.

    —Pero con frecuencia... lo que realmente buscan es permiso para reconocer aquello que ya saben.
    𝐋𝐚 𝐧𝐚𝐭𝐮𝐫𝐚𝐥𝐞𝐳𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐞𝐬𝐢𝐨́𝐧. El hombre habla con la urgencia de quien teme que el silencio revele demasiado. Sus palabras llegan en ráfagas desordenadas: insomnio, ansiedad, una irritación constante que dice no comprender. Intenta hilar los hechos como si fuesen síntomas de algo externo, algo que pudiera señalarse, nombrarse, tratarse. Frente a él, el Dr. Lecter permanece inmóvil. Las manos descansan entrelazadas por encima de una de sus rodillas, las cuales están cruzadas una encima de la otra. La postura es impecable, la expresión serena, casi indulgente. A primera vista parece la imagen perfecta de la atención profesional. El paciente interpreta esa quietud como paciencia. Como compasión. Es un error garrafal como delicado, cabe mencionar. Hannibal escucha, sí, pero no las palabras. Observa. El ritmo irregular de la respiración. La forma en que los dedos del hombre se crispan cuando menciona a su hermano. La manera casi imperceptible en que su mirada se aparta cada vez que la conversación se aproxima a algo que preferiría no mirar directamente. Las confesiones humanas rara vez se encuentran en lo que dice. 𝑆𝑒 𝑒𝑠𝑐𝑜𝑛𝑑𝑒𝑛 𝑒𝑛 𝑙𝑜𝑠 𝑝𝑒𝑞𝑢𝑒𝑛̃𝑜𝑠 𝑎𝑐𝑡𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑒𝑣𝑎𝑠𝑖𝑜́𝑛. Qué criatura más transparente, piensa Hannibal con una calma que roza lo contemplativo. El paciente continúa hablando, ahora más rápido, como si el simple acto de hablar pudiera mantener a raya aquello que se agita en su interior. Habla de frustración. De rabia contenida, o de una incomodidad de impulso. La palabra no llega siquiera a pronunciarse. No todavía. Hannibal inclina apenas la cabeza, observándolo como un conservador de museo examinaría una pintura antigua bajo una luz más cuidadosa. Cada grieta en la superficie revela algo del artista. Cada silencio revela algo del alma. El paciente finalmente se queda sin palabras. El aire del consultorio se aquieta, cargado con esa tensión suave que aparece cuando alguien espera ser juzgado. El Dr. Lecter sostiene su mirada durante un instante. Luego una leve sonrisa, tan educada como inescrutable, aparece en sus labios. —Es curioso —dice finalmente, con una voz baja y perfectamente cálida—. Una pausa elegante, casi pensativa. —Las personas suelen venir aquí creyendo que desean respuestas. Sus ojos permanecen tranquilos, atentos. —Pero con frecuencia... lo que realmente buscan es permiso para reconocer aquello que ya saben.
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  • -Ese día, en la atardecer frente al mar, caminaba en soledad, ella estaba sola, mirando aquel lugar, pese a tener los ojos "vendados" pues lo que lleva solo es un visor, desde que llego a la tierra, habia estado pelea tras pelea sin descanso, es una soldado al fin y acabo, solo estaba para cumplir órdenes.

    Aunque deseaba también saber... ¿Como seria todo después de la guerra? ¿Cuando todo termine? ¿Se le dara otro cargo o.... Solo sería descartada?

    Dejo un suspiro profundo, el viento comenzó a soplar acariciando suavemente su mejilla, su rostro, su piel, el sol ahora suave, alumbra cada parte de su cuerpo, en ese momento era ella sola con esa paz momentánea, hasta parecía mentira la guerra actual contra los invasores de espacio.

    Paso tras paso, camino por la playa, tras ella dejaba marcas de su pisadas, las cuales eran borradas por las olas cuando llegaban a la costa, a la playa.

    Llevo la mano a su visor y lo retiro, dejando ver por primera vez el color de sus ojos, en su mirada cargada de melancolía, por todo lo que había vivido.. Por lo que estaba viviendo ahora, no queda mas qué seguir caminado adelante, seguir su camino, seguir contra todo lo que llegara con gran valor, cerro los ojos, dejando escapar un suspiro.-

    Tanto silencio, no imagine llegar a ver tan hermosa vista.

    -Comentó mientras se arreglaba el cabello, mirando el horizonte, su mirada se perdía más allá, donde su mirada no alcanzaba. -
    -Ese día, en la atardecer frente al mar, caminaba en soledad, ella estaba sola, mirando aquel lugar, pese a tener los ojos "vendados" pues lo que lleva solo es un visor, desde que llego a la tierra, habia estado pelea tras pelea sin descanso, es una soldado al fin y acabo, solo estaba para cumplir órdenes. Aunque deseaba también saber... ¿Como seria todo después de la guerra? ¿Cuando todo termine? ¿Se le dara otro cargo o.... Solo sería descartada? Dejo un suspiro profundo, el viento comenzó a soplar acariciando suavemente su mejilla, su rostro, su piel, el sol ahora suave, alumbra cada parte de su cuerpo, en ese momento era ella sola con esa paz momentánea, hasta parecía mentira la guerra actual contra los invasores de espacio. Paso tras paso, camino por la playa, tras ella dejaba marcas de su pisadas, las cuales eran borradas por las olas cuando llegaban a la costa, a la playa. Llevo la mano a su visor y lo retiro, dejando ver por primera vez el color de sus ojos, en su mirada cargada de melancolía, por todo lo que había vivido.. Por lo que estaba viviendo ahora, no queda mas qué seguir caminado adelante, seguir su camino, seguir contra todo lo que llegara con gran valor, cerro los ojos, dejando escapar un suspiro.- Tanto silencio, no imagine llegar a ver tan hermosa vista. -Comentó mientras se arreglaba el cabello, mirando el horizonte, su mirada se perdía más allá, donde su mirada no alcanzaba. -
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  • La cabeza le daba vueltas mientras colgaba la llamada de su teléfono... Otra llamada no atendida, otra vez de vuelta en el buzón de voz, de nuevo un mensaje que había dejado con la esperanza de una respuesta que probablemente nunca llegaría.
    Suspiró mientras detenía sus pasos al andar por el pasillo del hotel, sin prestar verdadera atención a su alrededor sino hasta varios minutos después donde, distraídamente, observó la pared de su costado percatándose de un viejo cuadro que allí había colgado. Uno de tantos que ella misma había distribuido por el hotel. Nunca había sido fan o de presumirse a sí misma en cuadros, tal vez fuera la costumbre pero distintos de ellos solían mostrar que no era sólo una fundadora de un hotel de segunda.... Sino la misma princesa del infierno. Cuadros sola, otros con sus padres, otros sólo con su padre y otros como aquel que ahora observaba...

    Solo con su madre.

    Ella siempre se había visto espléndida en los cuadros tan cuidadosa y rigurosamente pintados a mano. Incluso en simples pinturas se podía notar la magnificencia de su madre como reina, el poder y la seguridad que ella irradiaba sólo con su sonrisa y su mirada. Siempre perfecta, siempre.... Ella.
    Mientras que, por otro lado, estaba ella a su lado tan sólo intentándolo. Ni siquiera siendo la sombra de lo que su madre era, de lo que su madre también había esperado que fuera. Aquello le había removido recuerdos del día en que ese cuadro había sido pintado....


    Sólo era otro día como cualquier otro, viviendo junto a su madre. Los sirvientes iban y venían mientras su madre sencillamente tarareaba en lo que se observaba en un espejo inspeccionando hasta el más mínimo de los detalles en su apariencia; que cada mechón de su cabello estuviese en su lugar, que ni una arruga se mostrara en sus prendas, que su corona estuviera perfecta sobre su cabeza e, incluso, que la sombra de sus ojos o el tinte de sus labios no se hubiera corrido ni siquiera un milímetro.

    — ¿Mamá? —

    Se había asomado por la puerta de la habitación, en realidad hacía varios minutos pero no se había atrevido a interrumpir a su madre. No cuando se la veía tan ocupada con ella misma por lo que había aguardado hasta que creyó había terminado.
    Recordaba a su madre voltear a su llamado, verla con el atuendo que había elegido para ella aunque portaba una postura más bien cohibida.

    — Ah, ah, Charlie. Cariño. ¿Qué dijimos de tu postura? No querrás verte tan.... Tú ¿No es cierto?

    Recordaba su sonrisa, tan cálida, tan segura, mientras se acercaba con elegante andar hasta ella para modificar su postura. Alzando su cabeza desde el mentón, la espalda recta.
    Al acabar la había observado con aquella mirada tan crítica, tan pensativa, tan solo un momento antes de negar con la cabeza e ir a su tocador donde revolvió entre sus cosas acercándose con un labial en manos.

    — Quédate quieta, sólo un poco más...

    Había tomado su rostro desde el mentón, pintando sus labios mientras ella se dejaba dócilmente ni siquiera atreviéndose a hablar para no arruinar el arduo trabajo que hacía en ella.

    — Y listo. Ahora sí te pareces un poco más a mi

    Su risa, tan melodiosa, elegante. Su propio corazón hinchándose de alegría cuando decía se le parecía pues nada anhelaba más que ser como su madre, tener su misma seguridad, su aura, su destreza... Ella era la reina que aspiraba a hacer.
    Siempre servicial pensando en el bienestar de los pecadores, de su pueblo, pero sin olvidarse de ella misma.
    Habiéndola tomado de los hombros la había animado a acercarse a un espejo donde ambas se posaron delante mientras los imps comenzaban a preparar los materiales para el cuadro de ambas que se pintaría.

    — Y no lo olvides, Charlie. Mantén la cabeza en alto, muéstrate segura y recuerda que un día el trono será tuyo... Entonces tal vez puedas ser como yo un día.
    Ow, pero no te preocupes. Yo sí creo en ti ¿Quién lo haría sino tu madre?


    Su madre creía, como siempre lo había hecho. Volvió a bajar la mirada del cuadro a su celular... Ni un mensaje. Ni una llamada devuelta. Frunció el ceño con cierta tristeza por ello pero enseguida sacudió la cabeza; debía recordar lo que su madre le había enseñado. Debía enorgullecerla aún si ahora no podía verla.
    Su madre creía en ella y eso era todo lo que necesitaba. Debía seguir sus pasos
    La cabeza le daba vueltas mientras colgaba la llamada de su teléfono... Otra llamada no atendida, otra vez de vuelta en el buzón de voz, de nuevo un mensaje que había dejado con la esperanza de una respuesta que probablemente nunca llegaría. Suspiró mientras detenía sus pasos al andar por el pasillo del hotel, sin prestar verdadera atención a su alrededor sino hasta varios minutos después donde, distraídamente, observó la pared de su costado percatándose de un viejo cuadro que allí había colgado. Uno de tantos que ella misma había distribuido por el hotel. Nunca había sido fan o de presumirse a sí misma en cuadros, tal vez fuera la costumbre pero distintos de ellos solían mostrar que no era sólo una fundadora de un hotel de segunda.... Sino la misma princesa del infierno. Cuadros sola, otros con sus padres, otros sólo con su padre y otros como aquel que ahora observaba... Solo con su madre. Ella siempre se había visto espléndida en los cuadros tan cuidadosa y rigurosamente pintados a mano. Incluso en simples pinturas se podía notar la magnificencia de su madre como reina, el poder y la seguridad que ella irradiaba sólo con su sonrisa y su mirada. Siempre perfecta, siempre.... Ella. Mientras que, por otro lado, estaba ella a su lado tan sólo intentándolo. Ni siquiera siendo la sombra de lo que su madre era, de lo que su madre también había esperado que fuera. Aquello le había removido recuerdos del día en que ese cuadro había sido pintado.... Sólo era otro día como cualquier otro, viviendo junto a su madre. Los sirvientes iban y venían mientras su madre sencillamente tarareaba en lo que se observaba en un espejo inspeccionando hasta el más mínimo de los detalles en su apariencia; que cada mechón de su cabello estuviese en su lugar, que ni una arruga se mostrara en sus prendas, que su corona estuviera perfecta sobre su cabeza e, incluso, que la sombra de sus ojos o el tinte de sus labios no se hubiera corrido ni siquiera un milímetro. — ¿Mamá? — Se había asomado por la puerta de la habitación, en realidad hacía varios minutos pero no se había atrevido a interrumpir a su madre. No cuando se la veía tan ocupada con ella misma por lo que había aguardado hasta que creyó había terminado. Recordaba a su madre voltear a su llamado, verla con el atuendo que había elegido para ella aunque portaba una postura más bien cohibida. — Ah, ah, Charlie. Cariño. ¿Qué dijimos de tu postura? No querrás verte tan.... Tú ¿No es cierto? Recordaba su sonrisa, tan cálida, tan segura, mientras se acercaba con elegante andar hasta ella para modificar su postura. Alzando su cabeza desde el mentón, la espalda recta. Al acabar la había observado con aquella mirada tan crítica, tan pensativa, tan solo un momento antes de negar con la cabeza e ir a su tocador donde revolvió entre sus cosas acercándose con un labial en manos. — Quédate quieta, sólo un poco más... Había tomado su rostro desde el mentón, pintando sus labios mientras ella se dejaba dócilmente ni siquiera atreviéndose a hablar para no arruinar el arduo trabajo que hacía en ella. — Y listo. Ahora sí te pareces un poco más a mi Su risa, tan melodiosa, elegante. Su propio corazón hinchándose de alegría cuando decía se le parecía pues nada anhelaba más que ser como su madre, tener su misma seguridad, su aura, su destreza... Ella era la reina que aspiraba a hacer. Siempre servicial pensando en el bienestar de los pecadores, de su pueblo, pero sin olvidarse de ella misma. Habiéndola tomado de los hombros la había animado a acercarse a un espejo donde ambas se posaron delante mientras los imps comenzaban a preparar los materiales para el cuadro de ambas que se pintaría. — Y no lo olvides, Charlie. Mantén la cabeza en alto, muéstrate segura y recuerda que un día el trono será tuyo... Entonces tal vez puedas ser como yo un día. Ow, pero no te preocupes. Yo sí creo en ti ¿Quién lo haría sino tu madre? Su madre creía, como siempre lo había hecho. Volvió a bajar la mirada del cuadro a su celular... Ni un mensaje. Ni una llamada devuelta. Frunció el ceño con cierta tristeza por ello pero enseguida sacudió la cabeza; debía recordar lo que su madre le había enseñado. Debía enorgullecerla aún si ahora no podía verla. Su madre creía en ella y eso era todo lo que necesitaba. Debía seguir sus pasos
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    "¿¡Tienes la osadia de visitar mi hogar y rechazar mi propuesta!? ¡Es mejor que te arrodilles y beses mis pies llorando clemencia si no quieres que te mate!"

    Buen dia.

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    "¿¡Tienes la osadia de visitar mi hogar y rechazar mi propuesta!? ¡Es mejor que te arrodilles y beses mis pies llorando clemencia si no quieres que te mate!" Buen dia. Busco: - Roleplay escrito, llamada, con dados, con bots, whatsapp, etc. - Partner, relacion, etc - Alguien que haga de mujer dominante - Diversion - Roleplay biblico, extenso y/o detallado Ofresco: - Cosas muy similares, mi amabilidad y mas. Mandenme mensaje o solicitud y mensaje.
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