• — Estás cositas peludas son lo que me mantienen aquí en el mundo humano, ¡Ah! No olvidemos mencionar sus deliciosas proviciones — Tomo al gatito en sus brazos cuidadosamente ya que no quería matarlo, ahora era suyo
    — Estás cositas peludas son lo que me mantienen aquí en el mundo humano, ¡Ah! No olvidemos mencionar sus deliciosas proviciones — Tomo al gatito en sus brazos cuidadosamente ya que no quería matarlo, ahora era suyo
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  • <<Cuál es lechuga o cuál es una col (?) porque siempre me hacen hacer los mandados acaso es una especie de tortura mental que mi maestro infringe en mi (?)>>
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  • ¿Es una historia sin conclusión
    Una que carece de razón?
    ¿Somos sólo los resultados?
    ¿No importa la historia de su girar,
    Sino sólo el número en los dados?
    ¿Es una historia sin conclusión Una que carece de razón? ¿Somos sólo los resultados? ¿No importa la historia de su girar, Sino sólo el número en los dados?
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  • ᴀɴᴛᴇꜱ ᴅᴇ ʟᴀ ɴɪᴇʙʟᴀ: 𝟣𝟫𝟦𝟤

    La niebla matutina se desvanecía lentamente en el campo de entrenamiento, revelando filas de jóvenes soldados que se preparaban para la batalla. Entre ellos, Bucky Barnes, su rostro firme y determinado mientras se sometía a la rutina diaria de ejercicios y entrenamiento. El aire estaba lleno del sonido de botas que marchaban, del clangor de metales que chocaban y del grito de los instructores que exigían más esfuerzo. James se movía con precisión, su cuerpo endurecido por el trabajo duro y la disciplina.

    Siempre. Mientras corrían a través del barro y la lluvia, el sonido de los disparos y las explosiones se escuchaba en la distancia, un recordatorio constante de la realidad de la guerra. James nunca se detenía, su respiración agitada y su corazón latiendo con fuerza mientras se esforzaba por superar sus límites. En ese momento, no era más que un joven soldado, ansioso por demostrar su valía y proteger a su país. No sabía que pronto se convertiría en algo más, algo que lo llevaría a los límites de la humanidad y lo cambiaría para siempre. Pero por ahora, solo se concentraría en el presente, en la tarea que tenía ante sí, y en la determinación de sobrevivir.
    ᴀɴᴛᴇꜱ ᴅᴇ ʟᴀ ɴɪᴇʙʟᴀ: 𝟣𝟫𝟦𝟤 La niebla matutina se desvanecía lentamente en el campo de entrenamiento, revelando filas de jóvenes soldados que se preparaban para la batalla. Entre ellos, Bucky Barnes, su rostro firme y determinado mientras se sometía a la rutina diaria de ejercicios y entrenamiento. El aire estaba lleno del sonido de botas que marchaban, del clangor de metales que chocaban y del grito de los instructores que exigían más esfuerzo. James se movía con precisión, su cuerpo endurecido por el trabajo duro y la disciplina. Siempre. Mientras corrían a través del barro y la lluvia, el sonido de los disparos y las explosiones se escuchaba en la distancia, un recordatorio constante de la realidad de la guerra. James nunca se detenía, su respiración agitada y su corazón latiendo con fuerza mientras se esforzaba por superar sus límites. En ese momento, no era más que un joven soldado, ansioso por demostrar su valía y proteger a su país. No sabía que pronto se convertiría en algo más, algo que lo llevaría a los límites de la humanidad y lo cambiaría para siempre. Pero por ahora, solo se concentraría en el presente, en la tarea que tenía ante sí, y en la determinación de sobrevivir.
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    — Un día un colega del trabajo me dijo que, para crecer en una empresa, tienes que aprender a besar los pies. Lo que él no sabe, es que, ese es mi fetiche (?). Na es broma . . . Bueno no lo es, a menos que los pies estén perfectamente bien cuidados . . . 9.9
    — Un día un colega del trabajo me dijo que, para crecer en una empresa, tienes que aprender a besar los pies. Lo que él no sabe, es que, ese es mi fetiche (?). Na es broma . . . Bueno no lo es, a menos que los pies estén perfectamente bien cuidados . . . 9.9
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  • Mientras que para otros, la ausencia de la pareja significaba desenfreno, un respiro de la rutina, un escape fugaz hacia lo prohibido, para Takeo...
    También significaba un desenfreno, despues de todo, él mismo se llamaba un animal poco racional. Era una rebelión silenciosa, una transgresión cuidadosamente calculada, un acto de insubordinación contra su propia sensatez.

    Lejos de Ohime, lejos de ella y su mirada inquisitiva, de la dulzura que siempre lo anclaba a él a la realidad, Takeo se permitía soñar sin ataduras, sin la prudencia que solía regir sus días. Se convertía en presa fácil de sus impulsos más intensos, de esos deseos que hervían en su interior y que, por más que intentara ignorarlos, seguían tentándolo con una promesa. Sabía que era una locura, que no debía, que no podía… pero aún así, lo hacía, lo imaginaba dia y noche.

    Porque había algo irresistible en la clandestinidad de aquel pensamiento, en la emoción de sumergirse en un deseo oculto, uno que no se atrevía a confesarle a Ohime. Porque era un anhelo egoísta que temía no encontrar eco en su voz. No quería que ella lo juzgara, no quería que lo detuviera, no quería que le preguntara si estaba seguro. Porque no lo estaba. Y, al mismo tiempo, lo estaba más que nunca.

    Cada noche, en la soledad de su habitación, Takeo cerraba los ojos y se permitía imaginarlo: un refugio en medio del bullicio, un lugar donde pudiera estar más cerca de sin las limitaciones de la distancia. Un departamento en Tokio, elegante pero acogedor, donde cada rincón estuviera impregnado de su presencia.

    Era un pensamiento que le aceleraba el pulso, que lo hacía sentir vivo. Era el sabor embriagador de un secreto bien guardado. Era la emoción de un riesgo disfrazado de certeza, el vértigo de tomar una decisión, de anticiparse a su reacción, de apostar todo en una jugada impulsiva.

    Y sin embargo, en el fondo de su ser, Takeo sabía que no era un capricho pasajero. Sabía que, una vez que diera el paso, no habría vuelta atrás. Pero ¿acaso no era eso lo más emocionante de todo?

    Finalmente, lo hizo.

    Firmó los papeles~
    Ahora era el dueño de una casa muy cerca de la Tokio Tower.
    Recorrió cada habitación sintiendo cómo la realidad tomaba forma ante sus ojos. No se quedó solo en la compra; eligió cuidadosamente algunos de los muebles, los detalles que harían de aquel espacio un hogar. Un sofá cómodo donde pudieran acurrucarse, una mesa de madera donde compartir desayunos, estantes que esperaban ser llenados con sus libros y pequeños objetos que hablaran de ellos.

    Era solo el inicio, pero ya podían comenzar a vivir en él. Y cuando Ohime cruzara por primera vez aquella puerta, cuando viera lo que había hecho por ellos, Takeo sabría que todo, cada impulso, cada locura, había valido la pena.
    Mientras que para otros, la ausencia de la pareja significaba desenfreno, un respiro de la rutina, un escape fugaz hacia lo prohibido, para Takeo... También significaba un desenfreno, despues de todo, él mismo se llamaba un animal poco racional. Era una rebelión silenciosa, una transgresión cuidadosamente calculada, un acto de insubordinación contra su propia sensatez. Lejos de Ohime, lejos de ella y su mirada inquisitiva, de la dulzura que siempre lo anclaba a él a la realidad, Takeo se permitía soñar sin ataduras, sin la prudencia que solía regir sus días. Se convertía en presa fácil de sus impulsos más intensos, de esos deseos que hervían en su interior y que, por más que intentara ignorarlos, seguían tentándolo con una promesa. Sabía que era una locura, que no debía, que no podía… pero aún así, lo hacía, lo imaginaba dia y noche. Porque había algo irresistible en la clandestinidad de aquel pensamiento, en la emoción de sumergirse en un deseo oculto, uno que no se atrevía a confesarle a Ohime. Porque era un anhelo egoísta que temía no encontrar eco en su voz. No quería que ella lo juzgara, no quería que lo detuviera, no quería que le preguntara si estaba seguro. Porque no lo estaba. Y, al mismo tiempo, lo estaba más que nunca. Cada noche, en la soledad de su habitación, Takeo cerraba los ojos y se permitía imaginarlo: un refugio en medio del bullicio, un lugar donde pudiera estar más cerca de sin las limitaciones de la distancia. Un departamento en Tokio, elegante pero acogedor, donde cada rincón estuviera impregnado de su presencia. Era un pensamiento que le aceleraba el pulso, que lo hacía sentir vivo. Era el sabor embriagador de un secreto bien guardado. Era la emoción de un riesgo disfrazado de certeza, el vértigo de tomar una decisión, de anticiparse a su reacción, de apostar todo en una jugada impulsiva. Y sin embargo, en el fondo de su ser, Takeo sabía que no era un capricho pasajero. Sabía que, una vez que diera el paso, no habría vuelta atrás. Pero ¿acaso no era eso lo más emocionante de todo? Finalmente, lo hizo. Firmó los papeles~ Ahora era el dueño de una casa muy cerca de la Tokio Tower. Recorrió cada habitación sintiendo cómo la realidad tomaba forma ante sus ojos. No se quedó solo en la compra; eligió cuidadosamente algunos de los muebles, los detalles que harían de aquel espacio un hogar. Un sofá cómodo donde pudieran acurrucarse, una mesa de madera donde compartir desayunos, estantes que esperaban ser llenados con sus libros y pequeños objetos que hablaran de ellos. Era solo el inicio, pero ya podían comenzar a vivir en él. Y cuando Ohime cruzara por primera vez aquella puerta, cuando viera lo que había hecho por ellos, Takeo sabría que todo, cada impulso, cada locura, había valido la pena.
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  • "Entre la bruma helada y el eco de la tormenta, susurros olvidados me llaman de nuevo. ¿Eres tú, sombra querida, que danza en lo profundo de mi alma? Te extrañé como la noche extraña a las estrellas que el invierno oculta."
    "Entre la bruma helada y el eco de la tormenta, susurros olvidados me llaman de nuevo. ¿Eres tú, sombra querida, que danza en lo profundo de mi alma? Te extrañé como la noche extraña a las estrellas que el invierno oculta."
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    ~El interior del árbol estaba sumido en la total oscuridad. sólo la destellante luz provocaba por el impacto del martillo contra las runas brindaban unos breves instantes de claridad cegadora. Sin embargo, sus ojos no derramaban lágrimas por el brillo del círculo; Las perlas de sus ojos surgían cada vez que miraba la dorada sangre manchando sus brazos desde las manos hasta los codos. Y asimismo golpeaba con más fuerza. Según los martillazos eran dados notaba como su piel, su cuerpo en si, empezaba a romperse, como si fuera una muñeca de porcelana. Pero le daba igual; en ese momento la ira, frustración y tristeza que sentía en ese momento la hacían olvidar, que su cuerpo se fragmentaba. El quería salir, quería reparar el daño que ella estaba haciendo; pero no estaba dispuesta a dejarle aparecer. La bestia intentaba detener sus brazos y alejarla del círculo del Elden, cuál marioneta, más no estaba dispuesta a permitírselo una vez más.

    Un martillazo, otro, otro, todos acompañados de un solemne impacto que resonaba por las paredes con un eco fantasmal.....Hasta que acabó.

    Las runas estaban esparcidas como piezas de un puzzle de oro y santidad; y gran parte de su brazo izquierdo se fragmentó en pedazos, dejando a la vista una oscura sombra. Se arrodilló, agotada y aturdida, mientras parte de su cuerpo empezaba a desprenderse y convertirse en piedra, desde su pierna hasta la cabeza. Involuntariamente, movida por la bestia, sus brazos se abrieron y postrada en el suelo, agachada. finalmente la cabeza, siendo alzada y tomada presa.

    Ya, después de todo lo ocurrido, no le importaba lo que fuera a pasar ahora.
    ~El interior del árbol estaba sumido en la total oscuridad. sólo la destellante luz provocaba por el impacto del martillo contra las runas brindaban unos breves instantes de claridad cegadora. Sin embargo, sus ojos no derramaban lágrimas por el brillo del círculo; Las perlas de sus ojos surgían cada vez que miraba la dorada sangre manchando sus brazos desde las manos hasta los codos. Y asimismo golpeaba con más fuerza. Según los martillazos eran dados notaba como su piel, su cuerpo en si, empezaba a romperse, como si fuera una muñeca de porcelana. Pero le daba igual; en ese momento la ira, frustración y tristeza que sentía en ese momento la hacían olvidar, que su cuerpo se fragmentaba. El quería salir, quería reparar el daño que ella estaba haciendo; pero no estaba dispuesta a dejarle aparecer. La bestia intentaba detener sus brazos y alejarla del círculo del Elden, cuál marioneta, más no estaba dispuesta a permitírselo una vez más. Un martillazo, otro, otro, todos acompañados de un solemne impacto que resonaba por las paredes con un eco fantasmal.....Hasta que acabó. Las runas estaban esparcidas como piezas de un puzzle de oro y santidad; y gran parte de su brazo izquierdo se fragmentó en pedazos, dejando a la vista una oscura sombra. Se arrodilló, agotada y aturdida, mientras parte de su cuerpo empezaba a desprenderse y convertirse en piedra, desde su pierna hasta la cabeza. Involuntariamente, movida por la bestia, sus brazos se abrieron y postrada en el suelo, agachada. finalmente la cabeza, siendo alzada y tomada presa. Ya, después de todo lo ocurrido, no le importaba lo que fuera a pasar ahora.
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  • ── Yuta se había marchado a una importante misión fuera del país, al principio se comunicaba con sus seres queridos a través de llamadas o cartas, las cuales relataban que la misión cada vez se alargaba más y más, el enemigo al que se enfrentaban era sumamente inteligente y poderoso por lo que debían ser cuidadosos.──

    “ Te aseguro de que en muy poco tiempo estaré nuevamente en casa, no te preocupes por mi, estoy comiendo y durmiendo lo mejor que puedo, te prometo ganaremos esta batalla y pronto estaré al lado tuyo.

    ── Aquellas promesas no se cumplieron, a los pocos días de ser enviadas aquellas cartas Okkutsu desapareció al igual que sus compañeros , no se volvió a tener noticias de Yuta por muchos meses, lo único que quedaba de él eran sus cartas. ───
    ── Yuta se había marchado a una importante misión fuera del país, al principio se comunicaba con sus seres queridos a través de llamadas o cartas, las cuales relataban que la misión cada vez se alargaba más y más, el enemigo al que se enfrentaban era sumamente inteligente y poderoso por lo que debían ser cuidadosos.── “ Te aseguro de que en muy poco tiempo estaré nuevamente en casa, no te preocupes por mi, estoy comiendo y durmiendo lo mejor que puedo, te prometo ganaremos esta batalla y pronto estaré al lado tuyo. ── Aquellas promesas no se cumplieron, a los pocos días de ser enviadas aquellas cartas Okkutsu desapareció al igual que sus compañeros , no se volvió a tener noticias de Yuta por muchos meses, lo único que quedaba de él eran sus cartas. ───
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  • ♛┈⛧┈┈•༶
    𝑃𝑜𝑟𝑞𝑢𝑒 𝑎𝑠𝑖 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑜𝑛 𝑙𝑜𝑠 𝑐𝑜𝑦𝑜𝑡𝑒𝑠: 𝑁𝑎𝑐𝑖𝑑𝑜𝑠 𝑑𝑒𝑙 ℎ𝑎𝑚𝑏𝑟𝑒, 𝑐𝑟𝑖𝑎𝑑𝑜𝑠 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑣𝑖𝑐𝑖𝑜 𝑦 𝑐𝑜𝑛𝑑𝑒𝑛𝑎𝑑𝑜𝑠 𝑝𝑜𝑟 𝑙𝑎 𝑎𝑚𝑏𝑖𝑐𝑖𝑜𝑛.
    ༶•┈┈⛧┈♛

    Bandidos. Así les decían entre las grandes ciudades, que solo eran canallas y pobres diablos muertos de hambre. Pero las personas, esas que sufrieron sus ataques y que apenas sobrevivían, los llamaban monstruos, heraldos de la desgracia.

    A simple vista no eran muy distintos a otros grupos de bandidos; llegaban, saqueaban, mataban a alguien y luego huían. Lo que los hizo diferentes fue la malicia con la que actuaban; torturar y matar, solamente para conseguir dinero y gastarlo en apuestas, y para satisfacer una desagradable morbosidad.

    Comerciantes asaltados a mitad de camino, trenes abordados e inocentes secuestrados. Rehenes, víctimas de sus burlas violentas. Pero toda esa malicia debía de tener un porqué, una razón debía haber para justificar un actuar tan desagradable. Sin embargo la verdad era cruda. Tal vez honor, tal vez orgullo, un deseo inmenso de respeto o el anhelo de reconocimiento.

    -No tiene caso atribuirles valores a los coyotes... Al final del día siguen siendo unos animales; nacen con hambre, crecen para satisfacerse y morirán con tal de nunca sentir hambre de nuevo.

    El sheriff Mccarthy, viejo pero astuto, cuelga el último de los carteles de búsqueda en su pared. Siete hombres, distintos en apariencia pero igual de aberrantes, cuya recompensa era lo suficientemente gorda para llamar la atención de los cazarrecompensas y adecuada para unos "bandalos cualquiera". Pero no eran bandalos cualquiera, no eran niños armados y mucho menos ebrios violentos. Se hacían llamar la banda de los coyotes carmesí.

    Los odia. Mientras ellos vivan, incluso si solo quedan uno o dos, él vivirá en una eterna cacería de coyotes.
    ♛┈⛧┈┈•༶ 𝑃𝑜𝑟𝑞𝑢𝑒 𝑎𝑠𝑖 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑜𝑛 𝑙𝑜𝑠 𝑐𝑜𝑦𝑜𝑡𝑒𝑠: 𝑁𝑎𝑐𝑖𝑑𝑜𝑠 𝑑𝑒𝑙 ℎ𝑎𝑚𝑏𝑟𝑒, 𝑐𝑟𝑖𝑎𝑑𝑜𝑠 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑣𝑖𝑐𝑖𝑜 𝑦 𝑐𝑜𝑛𝑑𝑒𝑛𝑎𝑑𝑜𝑠 𝑝𝑜𝑟 𝑙𝑎 𝑎𝑚𝑏𝑖𝑐𝑖𝑜𝑛. ༶•┈┈⛧┈♛ Bandidos. Así les decían entre las grandes ciudades, que solo eran canallas y pobres diablos muertos de hambre. Pero las personas, esas que sufrieron sus ataques y que apenas sobrevivían, los llamaban monstruos, heraldos de la desgracia. A simple vista no eran muy distintos a otros grupos de bandidos; llegaban, saqueaban, mataban a alguien y luego huían. Lo que los hizo diferentes fue la malicia con la que actuaban; torturar y matar, solamente para conseguir dinero y gastarlo en apuestas, y para satisfacer una desagradable morbosidad. Comerciantes asaltados a mitad de camino, trenes abordados e inocentes secuestrados. Rehenes, víctimas de sus burlas violentas. Pero toda esa malicia debía de tener un porqué, una razón debía haber para justificar un actuar tan desagradable. Sin embargo la verdad era cruda. Tal vez honor, tal vez orgullo, un deseo inmenso de respeto o el anhelo de reconocimiento. -No tiene caso atribuirles valores a los coyotes... Al final del día siguen siendo unos animales; nacen con hambre, crecen para satisfacerse y morirán con tal de nunca sentir hambre de nuevo. El sheriff Mccarthy, viejo pero astuto, cuelga el último de los carteles de búsqueda en su pared. Siete hombres, distintos en apariencia pero igual de aberrantes, cuya recompensa era lo suficientemente gorda para llamar la atención de los cazarrecompensas y adecuada para unos "bandalos cualquiera". Pero no eran bandalos cualquiera, no eran niños armados y mucho menos ebrios violentos. Se hacían llamar la banda de los coyotes carmesí. Los odia. Mientras ellos vivan, incluso si solo quedan uno o dos, él vivirá en una eterna cacería de coyotes.
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