• -Aunque resultó herida, 12B se sentía satisfecha pues la misión fue todo un éxito, la máquina clase Goliat fue destruida, pero el daño que recibió fue demasiado, ahora mismo estaba curando sus heridas, podría volver al búnker y ser atendida pero eso quitaría tiempo valioso que podría aprovechar para alguna misión.

    Ya que la distancia del búnker a la tierra es demasiada, suspirando viendo las heridas en su cuerpos y como algunas vendas se teñían de rojo, pues aunque es androide, ella y los demás fueron hechos los mas cercano posible a los humanos.-

    Deberé ser más cuidadosa la próxima vez.

    -Se dijo así misma mientras terminaba de atender sus heridas-.
    -Aunque resultó herida, 12B se sentía satisfecha pues la misión fue todo un éxito, la máquina clase Goliat fue destruida, pero el daño que recibió fue demasiado, ahora mismo estaba curando sus heridas, podría volver al búnker y ser atendida pero eso quitaría tiempo valioso que podría aprovechar para alguna misión. Ya que la distancia del búnker a la tierra es demasiada, suspirando viendo las heridas en su cuerpos y como algunas vendas se teñían de rojo, pues aunque es androide, ella y los demás fueron hechos los mas cercano posible a los humanos.- Deberé ser más cuidadosa la próxima vez. -Se dijo así misma mientras terminaba de atender sus heridas-.
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  • Debes ser mas cuidadoso kalim, sabes que no estare siempre alli para cuidarte tus espaldas .... no seas decuidado
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  • 𝗘𝗹 𝗖𝗵𝗮𝗺𝗮́𝗻 𝘆 𝗲𝗹 𝗔𝗹𝗾𝘂𝗶𝗺𝗶𝘀𝘁𝗮 - 𝗣𝗧. 𝟭
    Fandom O.C. - Xros / Over.
    Categoría Acción
    ㅤㅤㅤ¿Qué tienen en común los mitos con la realidad?, que ambos se basan parcialmente en una mentira y parcialmente en una verdad, parecen opuestos, pero en realidad, beben de la incredulidad de la gente... Habían pasado años desde que un feroz y cercano cataclismo le mostró a la humanidad que había mucho más en el universo, fuerzas primordiales que eran incapaces de controlar o contener, personas que eran capaces de desafiar el sistema porque contaban con un poder natural, sobrehumano, que ni la naturaleza ni el dinero podían contener... Pero aquellas historias, en alguna vez, una sociedad humana común y corriente que experimentó el horror habían quedado en el pasado para un hombre que fue un protagonista de tantos entre las historias que se cuentan en el mundo. Apodado el ''Último Alquimista'' por quiénes lo veían como un salvador, y el ''Relámpago Negro'' por aquellos que lo veían como un castigo, aunque nadie parecía conocer al hombre detrás de una leyenda que se forjó en la inexactitud. Diez años habían pasado, diez años donde todo lo que alguna vez llegó a representar algo para él desapareció, conceptos como la familia, la amistad o la compañía lo habían abandonado... ese ''héroe legendario'', alguna vez joven y vivaz se había convertido en una pieza olvidada por quienes jamás conocieron su verdadera historia, su verdadero ser.

    En una isla lejana, en alguna parte aún cercana pero a su vez, alejada América, descansaba de las personas en una pequeña granja que había montado con sus propias manos... una granja que servía a su vez, como un hogar, y su santuario, su laboratorio... era humilde, con lo poco que había podido rescatar de los escombros de lo que alguna vez fue su casa, su cuna y, que, por poco, se convertía en su tumba... y mientras disfrutaba de un atardecer propicio, en lo que él llamaba ''La Cueva'', una gran edificación como una mansión hecha de madera y piedra perfectamente tallada, se podía ver la cándida luz de una chimenea encendida a leña... a costado de un asiento construido a mano con madera, algodón y telas, reposaba una pequeña tortuga descansando en su compañía. El alquimista, con las manos en la espalda, observaba la costa silenciosa como siempre, no sabía el porqué había adquirido ese extraño hábito últimamente, esperaba algún día encontrarse con un barco, y podía verlos a veces a la lejanía, pero nadie se acercaba allí, y tampoco le interesaba que así sucediera... prefería la soledad, la tranquilidad de la naturaleza que lo había aceptado, o que al menos, él se había aceptado dentro de ella.

    Su túnica negra ondeaba cuidadosamente con el viento nocturno que entraba a través de los vidrios ligeramente entreabiertos, brisa traída por las olas que se movían de manera inquieta para su curiosidad. ¿Será que debería ir a ver?, un resoplido de resignación salió de sus labios, y tomando el pliegue de su capucha, comenzó a levantarla cuidadosamente para colocársela sobre la cabeza, no sin antes, esconder a su preciada mascota de patas rojas en su gran pecera junto a su poca compañía, una tortuguita más pequeña que resultó ser su cría. El hombre abandonó la mansión, cerrando la puerta con un candado que solo él sabía abrir... sabía que la entrada podía ser forzada, pero había pasado tanto tiempo sin visitas que sabía que nadie vendría a husmear su hogar... por lo que cuando la densa noche lo recibió con un sordo eco de la brisa nocturna, el alquimista comenzó a caminar... tenía esa extraña sensación de que alguien, o algo, se había osado a entrar a sus tierras... Y aunque no era un bárbaro que lanzaba flechas y cuchillos a lo que sea que veía, el que alguien llegara ahí, la sola idea, le generaba algo de incomodidad.

    Su caminata lo llevó a la zona de la isla dónde se encontraban las arboledas, se agachó por un momento para presenciar una pequeña hoja que parecía quebrada, estaba seca, si, pero quebrada, pisoteada, como si alguien la hubiera pasado por alto... La tomó, como una pequeña prueba y la inspeccionó silenciosamente, el suelo cubierto de restos de pasto y fango hacían difícil encontrar un patrón de huellas o algo similar, sea quien sea que estaba allí, o parecía ser muy cuidadoso con sus pasos, o caminaba por encima del suelo como un fantasma.

    — Esto no me agrada. —

    @Illán
    ㅤㅤㅤ¿Qué tienen en común los mitos con la realidad?, que ambos se basan parcialmente en una mentira y parcialmente en una verdad, parecen opuestos, pero en realidad, beben de la incredulidad de la gente... Habían pasado años desde que un feroz y cercano cataclismo le mostró a la humanidad que había mucho más en el universo, fuerzas primordiales que eran incapaces de controlar o contener, personas que eran capaces de desafiar el sistema porque contaban con un poder natural, sobrehumano, que ni la naturaleza ni el dinero podían contener... Pero aquellas historias, en alguna vez, una sociedad humana común y corriente que experimentó el horror habían quedado en el pasado para un hombre que fue un protagonista de tantos entre las historias que se cuentan en el mundo. Apodado el ''Último Alquimista'' por quiénes lo veían como un salvador, y el ''Relámpago Negro'' por aquellos que lo veían como un castigo, aunque nadie parecía conocer al hombre detrás de una leyenda que se forjó en la inexactitud. Diez años habían pasado, diez años donde todo lo que alguna vez llegó a representar algo para él desapareció, conceptos como la familia, la amistad o la compañía lo habían abandonado... ese ''héroe legendario'', alguna vez joven y vivaz se había convertido en una pieza olvidada por quienes jamás conocieron su verdadera historia, su verdadero ser. En una isla lejana, en alguna parte aún cercana pero a su vez, alejada América, descansaba de las personas en una pequeña granja que había montado con sus propias manos... una granja que servía a su vez, como un hogar, y su santuario, su laboratorio... era humilde, con lo poco que había podido rescatar de los escombros de lo que alguna vez fue su casa, su cuna y, que, por poco, se convertía en su tumba... y mientras disfrutaba de un atardecer propicio, en lo que él llamaba ''La Cueva'', una gran edificación como una mansión hecha de madera y piedra perfectamente tallada, se podía ver la cándida luz de una chimenea encendida a leña... a costado de un asiento construido a mano con madera, algodón y telas, reposaba una pequeña tortuga descansando en su compañía. El alquimista, con las manos en la espalda, observaba la costa silenciosa como siempre, no sabía el porqué había adquirido ese extraño hábito últimamente, esperaba algún día encontrarse con un barco, y podía verlos a veces a la lejanía, pero nadie se acercaba allí, y tampoco le interesaba que así sucediera... prefería la soledad, la tranquilidad de la naturaleza que lo había aceptado, o que al menos, él se había aceptado dentro de ella. Su túnica negra ondeaba cuidadosamente con el viento nocturno que entraba a través de los vidrios ligeramente entreabiertos, brisa traída por las olas que se movían de manera inquieta para su curiosidad. ¿Será que debería ir a ver?, un resoplido de resignación salió de sus labios, y tomando el pliegue de su capucha, comenzó a levantarla cuidadosamente para colocársela sobre la cabeza, no sin antes, esconder a su preciada mascota de patas rojas en su gran pecera junto a su poca compañía, una tortuguita más pequeña que resultó ser su cría. El hombre abandonó la mansión, cerrando la puerta con un candado que solo él sabía abrir... sabía que la entrada podía ser forzada, pero había pasado tanto tiempo sin visitas que sabía que nadie vendría a husmear su hogar... por lo que cuando la densa noche lo recibió con un sordo eco de la brisa nocturna, el alquimista comenzó a caminar... tenía esa extraña sensación de que alguien, o algo, se había osado a entrar a sus tierras... Y aunque no era un bárbaro que lanzaba flechas y cuchillos a lo que sea que veía, el que alguien llegara ahí, la sola idea, le generaba algo de incomodidad. Su caminata lo llevó a la zona de la isla dónde se encontraban las arboledas, se agachó por un momento para presenciar una pequeña hoja que parecía quebrada, estaba seca, si, pero quebrada, pisoteada, como si alguien la hubiera pasado por alto... La tomó, como una pequeña prueba y la inspeccionó silenciosamente, el suelo cubierto de restos de pasto y fango hacían difícil encontrar un patrón de huellas o algo similar, sea quien sea que estaba allí, o parecía ser muy cuidadoso con sus pasos, o caminaba por encima del suelo como un fantasma. — Esto no me agrada. — @[Cursed_Bastard]
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  • . La maleta colgaba de su mano aquella madrugada. Era la hora perfecta para irse y alcanzar los primeros rayos del sol. Nunca había viajado tan lejos y menos en los métodos humanos asi que sería un arduo viaje. Frente a él estaba aquel piano que a veces solía mirar cuando limpiaba las enormes ventanas del salón de música. Claro que no tenía permitido tocarlo pero no había nadie en ese momento.

    No tocaba un piano desde hace un par de años. Desde que su primer contratista le pedía una melodía en los días de fiesta. ¿Cuánto había pasado de eso? ¿Tres, cinco años?

    Sentado en el pequeño cojin rojo sus manos tocaron el instrumento. Deslizando sus yemas por esas teclas blancas hasta hundirlas.

    La canción melancólica sonó en las cuatro paredes. Lenta y suave como un vals, trayendole recuerdos del pasado de los cuales no eran muy gratos en su momento pero ahora eran recordados con nostalgia.

    Una bonita música que fue interrumpida abruptamente cuando Akashi marcó una tecla incorrecta. Todo a propósito como si la perfección o las cualidades bonitas no fueran permitidas en su cabeza. Simplemente se levantó de ahí dejando de jugar al niño rico y tomó de nuevo su maleta. Un barco lo estaba esperando.
    🥀. La maleta colgaba de su mano aquella madrugada. Era la hora perfecta para irse y alcanzar los primeros rayos del sol. Nunca había viajado tan lejos y menos en los métodos humanos asi que sería un arduo viaje. Frente a él estaba aquel piano que a veces solía mirar cuando limpiaba las enormes ventanas del salón de música. Claro que no tenía permitido tocarlo pero no había nadie en ese momento. No tocaba un piano desde hace un par de años. Desde que su primer contratista le pedía una melodía en los días de fiesta. ¿Cuánto había pasado de eso? ¿Tres, cinco años? Sentado en el pequeño cojin rojo sus manos tocaron el instrumento. Deslizando sus yemas por esas teclas blancas hasta hundirlas. La canción melancólica sonó en las cuatro paredes. Lenta y suave como un vals, trayendole recuerdos del pasado de los cuales no eran muy gratos en su momento pero ahora eran recordados con nostalgia. Una bonita música que fue interrumpida abruptamente cuando Akashi marcó una tecla incorrecta. Todo a propósito como si la perfección o las cualidades bonitas no fueran permitidas en su cabeza. Simplemente se levantó de ahí dejando de jugar al niño rico y tomó de nuevo su maleta. Un barco lo estaba esperando.
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  • El Sol imperioso no perdona a nadie, del alba al ocaso los estragos son notables.

    Piensa cuidadosamente en conseguir aire acondicionado aunque él quiere nubes en el cielo.
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  • Nunca supimos con seguridad quiénes eran los sagrados, ni siquiera nos dimos cuenta de que vivían entre nosotros. No fue hasta que se mostraron ante los ojos como algo extraordinario. Fue a partir de entonces que comenzamos a venerarlos, aunque volvían a esconderse entre los mortales. No los distinguíamos entre nosotros, pero ya sabíamos que existían como dioses encarnados.

    Era nueve sagrados, y a cada uno se le veneró por cada uno de los conceptos que representaban en su forma terrenal: La Guardiana del Umbral era la patrona del cambio, de la transición y de los secretos; El Forjador de Cadenas era nuestro patrón de las leyes, de los juramentos y del orden; la Cantora de las Raíces no tardó en ser venerada como patrona de la familia, la comunidad y la naturaleza; el impredecible Bailarín del Abismo se convirtió en el patrón de la inspiración, la pasión y la rebeldía, siendo el favorito de los artistas y los revolucionarios; la Tejedora de Soles fue adorada como patrona del honor, el sacrificio y el vigor, siendo la preferida de los guerreros; el Cazador de Ecos fue venerado como patrón de la verdad, la memoria y la ciencia; la Sonriente sin Rostro fue quizás la más inquietante, a día de hoy es venerada como patrona del vacío, el olvido y la paz, y sus fieles son afligidos que buscan dejar atrás el dolor; el Navegante de las Brumas representa la tirada de los dados, el azar y la apuesta que se juega todo, patrón de los jugadores, los marinos y los aventureros; y por último el Alquimista Retorcido, patrón de los alquimistas, señor del renacimiento, la degradacion y la transformación.

    Su influencia, sus órdenes, moldearon el mundo, lo cambiaron dramáticamente, durante siglos hemos visto nacer y caer naciones. Hoy cinco de ellas son las que siguen en pie, pero la veneración de los nueve sagrados aún prevalece, y se dice que aún ahora siguen caminando entre los mortales.

    A día de hoy hemos visto un siglo entero de guerras y un siglo de relativa paz. Las canciones de los bardos ya no se escuchan junto al rasgueo de las cuerdas de un laúd. El crepitar del fuego se ha reemplazado por el chasquido de las teclas en un teclado, los códices se almacenan cada vez menos en grandes tomos y más en ordenadores.

    La magia antigua y la tecnología ahora caminan a la par, pero los sagrados aún caminan, las viejas razas coexisten como pueden en éste mundo y las viejas tradiciones se rehúsan a morir en éste mundo indistinguible. Grandes cambios se ven en el horizonte. Ya es un milagro que la paz durase un siglo, pero la generosidad del destino no es eterna…
    Nunca supimos con seguridad quiénes eran los sagrados, ni siquiera nos dimos cuenta de que vivían entre nosotros. No fue hasta que se mostraron ante los ojos como algo extraordinario. Fue a partir de entonces que comenzamos a venerarlos, aunque volvían a esconderse entre los mortales. No los distinguíamos entre nosotros, pero ya sabíamos que existían como dioses encarnados. Era nueve sagrados, y a cada uno se le veneró por cada uno de los conceptos que representaban en su forma terrenal: La Guardiana del Umbral era la patrona del cambio, de la transición y de los secretos; El Forjador de Cadenas era nuestro patrón de las leyes, de los juramentos y del orden; la Cantora de las Raíces no tardó en ser venerada como patrona de la familia, la comunidad y la naturaleza; el impredecible Bailarín del Abismo se convirtió en el patrón de la inspiración, la pasión y la rebeldía, siendo el favorito de los artistas y los revolucionarios; la Tejedora de Soles fue adorada como patrona del honor, el sacrificio y el vigor, siendo la preferida de los guerreros; el Cazador de Ecos fue venerado como patrón de la verdad, la memoria y la ciencia; la Sonriente sin Rostro fue quizás la más inquietante, a día de hoy es venerada como patrona del vacío, el olvido y la paz, y sus fieles son afligidos que buscan dejar atrás el dolor; el Navegante de las Brumas representa la tirada de los dados, el azar y la apuesta que se juega todo, patrón de los jugadores, los marinos y los aventureros; y por último el Alquimista Retorcido, patrón de los alquimistas, señor del renacimiento, la degradacion y la transformación. Su influencia, sus órdenes, moldearon el mundo, lo cambiaron dramáticamente, durante siglos hemos visto nacer y caer naciones. Hoy cinco de ellas son las que siguen en pie, pero la veneración de los nueve sagrados aún prevalece, y se dice que aún ahora siguen caminando entre los mortales. A día de hoy hemos visto un siglo entero de guerras y un siglo de relativa paz. Las canciones de los bardos ya no se escuchan junto al rasgueo de las cuerdas de un laúd. El crepitar del fuego se ha reemplazado por el chasquido de las teclas en un teclado, los códices se almacenan cada vez menos en grandes tomos y más en ordenadores. La magia antigua y la tecnología ahora caminan a la par, pero los sagrados aún caminan, las viejas razas coexisten como pueden en éste mundo y las viejas tradiciones se rehúsan a morir en éste mundo indistinguible. Grandes cambios se ven en el horizonte. Ya es un milagro que la paz durase un siglo, pero la generosidad del destino no es eterna…
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  • No soy una persona amable ni cuidadosa. Pero planeo gustarte igualmente.
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  • La joven se encontraba en paz, su alma parecía estar tomando una siesta entre las flores que la rodeaban y abrazaban con cariño.

    ¿Quién podía gozar de esta tranquilidad? Nadie realmente, las almas puras y bondadosas son las que normalmente se dan estos respiros, pero a veces estás mismas almas le dan a las personas pecadoras un destello de luz.
    La joven se encontraba en paz, su alma parecía estar tomando una siesta entre las flores que la rodeaban y abrazaban con cariño. ¿Quién podía gozar de esta tranquilidad? Nadie realmente, las almas puras y bondadosas son las que normalmente se dan estos respiros, pero a veces estás mismas almas le dan a las personas pecadoras un destello de luz.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Maral Romanov no recordaba haber sentido el aire tan pesado.

    —Vladimir… —empezó, pero la palabra se le rompió en la garganta.

    Se obligó a enderezar la espalda. No podía quebrarse. No todavía. Sus manos temblaban, así que las entrelazó con fuerza frente a su cuerpo, clavando las uñas en la piel hasta sentir un leve dolor que la mantuviera presente.

    —Vladimir está muerto.

    El silencio que siguió fue antinatural, como si el mundo mismo se negara a aceptar lo que acababa de decir.

    Miró a sus padres.

    Los ojos de su padre eran dos pozos oscuros, inmóviles, esperando… negando. Pero fue su madre quien reaccionó primero.

    —No… —susurró, y luego el susurro se convirtió en un grito desgarrador—. ¡No!

    El sonido le atravesó el pecho a Maral.

    Su madre cayó de rodillas, las manos temblorosas buscando algo que ya no estaba, algo que nunca volvería a estar. Su llanto llenó la habitación, crudo, sin dignidad, sin control. Era el dolor en su forma más pura.

    Maral sintió cómo algo dentro de ella se resquebrajaba.

    No llores.

    No llores.

    No llores.

    Se repitió esas palabras como una oración mientras su visión se nublaba apenas. Parpadeó con rapidez, tragándose el ardor en los ojos. No podía permitirse caer. No ahora. No frente a ellos.

    Su padre se movió al fin.

    Se inclinó para sostener a su esposa, envolviéndola con una fuerza que no era consuelo, sino contención. Sus manos temblaban también. Maral lo notó. Nadie más lo habría hecho, pero ella sí.

    Y entonces habló.

    —¿Quién?

    Una sola palabra. Fría. Mortal.

    Maral sintió cómo su voz quería traicionarla otra vez, cómo el temblor amenazaba con romper su fachada cuidadosamente construida.

    —Aún no lo sabemos —respondió, aunque cada sílaba le raspó la garganta—. Pero lo sabremos.

    Su madre seguía llorando, llamando el nombre de Vladimir una y otra vez, como si pudiera traerlo de vuelta. Como si el amor fuera suficiente para vencer a la muerte.

    Maral desvió la mirada apenas un segundo.

    Solo un segundo.

    Y en ese instante, el dolor la atravesó completa. Un vacío brutal, un golpe seco en el pecho, como si le hubieran arrancado algo esencial. Su hermano. Su compañero. Su historia compartida.

    Casi se rompe.

    Pero no.

    Volvió a alzar la mirada.

    Su padre la observaba ahora, y en sus ojos ya no había solo dolor.

    Había fuego.

    —Sangre por sangre —dijo él, con una voz baja, cargada de una promesa oscura.

    Maral respiró hondo.

    Sintió el temblor… y lo aplastó.

    —Sangre por sangre —repitió.

    Y esta vez, su voz no tembló.
    Maral Romanov no recordaba haber sentido el aire tan pesado. —Vladimir… —empezó, pero la palabra se le rompió en la garganta. Se obligó a enderezar la espalda. No podía quebrarse. No todavía. Sus manos temblaban, así que las entrelazó con fuerza frente a su cuerpo, clavando las uñas en la piel hasta sentir un leve dolor que la mantuviera presente. —Vladimir está muerto. El silencio que siguió fue antinatural, como si el mundo mismo se negara a aceptar lo que acababa de decir. Miró a sus padres. Los ojos de su padre eran dos pozos oscuros, inmóviles, esperando… negando. Pero fue su madre quien reaccionó primero. —No… —susurró, y luego el susurro se convirtió en un grito desgarrador—. ¡No! El sonido le atravesó el pecho a Maral. Su madre cayó de rodillas, las manos temblorosas buscando algo que ya no estaba, algo que nunca volvería a estar. Su llanto llenó la habitación, crudo, sin dignidad, sin control. Era el dolor en su forma más pura. Maral sintió cómo algo dentro de ella se resquebrajaba. No llores. No llores. No llores. Se repitió esas palabras como una oración mientras su visión se nublaba apenas. Parpadeó con rapidez, tragándose el ardor en los ojos. No podía permitirse caer. No ahora. No frente a ellos. Su padre se movió al fin. Se inclinó para sostener a su esposa, envolviéndola con una fuerza que no era consuelo, sino contención. Sus manos temblaban también. Maral lo notó. Nadie más lo habría hecho, pero ella sí. Y entonces habló. —¿Quién? Una sola palabra. Fría. Mortal. Maral sintió cómo su voz quería traicionarla otra vez, cómo el temblor amenazaba con romper su fachada cuidadosamente construida. —Aún no lo sabemos —respondió, aunque cada sílaba le raspó la garganta—. Pero lo sabremos. Su madre seguía llorando, llamando el nombre de Vladimir una y otra vez, como si pudiera traerlo de vuelta. Como si el amor fuera suficiente para vencer a la muerte. Maral desvió la mirada apenas un segundo. Solo un segundo. Y en ese instante, el dolor la atravesó completa. Un vacío brutal, un golpe seco en el pecho, como si le hubieran arrancado algo esencial. Su hermano. Su compañero. Su historia compartida. Casi se rompe. Pero no. Volvió a alzar la mirada. Su padre la observaba ahora, y en sus ojos ya no había solo dolor. Había fuego. —Sangre por sangre —dijo él, con una voz baja, cargada de una promesa oscura. Maral respiró hondo. Sintió el temblor… y lo aplastó. —Sangre por sangre —repitió. Y esta vez, su voz no tembló.
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  • (Se escucha el sonido de estática de radio de los años 30, seguido de una risa enlatada y alegre)

    —¡Muy buenas tardes y noches a todos mis queridos e infernales oyentes! ¿Cómo va ese ánimo? ¡Mmm! Ya es fin de semana y puedo verlos desde aquí, resguardados en sus pequeñas casitas... o en esos agujeros que llaman escondites, ¡escabulléndose como auténticos roedores! ¡Qué espectáculo tan pintoresco!
    ¿Qué les parece si para aligerar el ambiente y ponerle una pizca de chispa a su aburrida existencia les cuento una historia? ¿Verdad que suena tentador? ¡Claro que sí! Entonces, pónganse cómodos en sus asientos. Incluso pueden aferrarse a sus parejas... si es que algún alma valiente ha tenido la osadía de soportar su presencia. ¡Hahaha! ¡Sepan apreciar semejante milagro de la vida, mis amigos!
    ¡Y ahora, sin más preámbulos... que comience el show!—


    El sonido de una guitarra acústica empieza a marcar un ritmo de jazz rápido. De fondo, se escucha el eco de una risa sombría mientras las sombras cobran vida
    Mi propia sombra se desliza hacia el piano, golpeando las teclas con una energía melodiosa vibrante, mientras otras siluetas se unen en un coro espectral de risas y armonías distorsionadas. El estruendo de la batería marca el pulso.






    https://youtu.be/PAMHM2HtiQk?si=FPbec8H3C0f_lPS5
    (Se escucha el sonido de estática de radio de los años 30, seguido de una risa enlatada y alegre) 🎙️—¡Muy buenas tardes y noches a todos mis queridos e infernales oyentes! ¿Cómo va ese ánimo? 🎙️¡Mmm! Ya es fin de semana y puedo verlos desde aquí, resguardados en sus pequeñas casitas... o en esos agujeros que llaman escondites, ¡escabulléndose como auténticos roedores! ¡Qué espectáculo tan pintoresco!🎙️ ¿Qué les parece si para aligerar el ambiente y ponerle una pizca de chispa a su aburrida existencia les cuento una historia? ¿Verdad que suena tentador? ¡Claro que sí! Entonces, pónganse cómodos en sus asientos. Incluso pueden aferrarse a sus parejas... si es que algún alma valiente ha tenido la osadía de soportar su presencia. ¡Hahaha! ¡Sepan apreciar semejante milagro de la vida, mis amigos! 🎙️¡Y ahora, sin más preámbulos... que comience el show!—🎙️ El sonido de una guitarra acústica empieza a marcar un ritmo de jazz rápido. De fondo, se escucha el eco de una risa sombría mientras las sombras cobran vida Mi propia sombra se desliza hacia el piano, golpeando las teclas con una energía melodiosa vibrante, mientras otras siluetas se unen en un coro espectral de risas y armonías distorsionadas. El estruendo de la batería marca el pulso. https://youtu.be/PAMHM2HtiQk?si=FPbec8H3C0f_lPS5
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