• *En la parte de atrás de casa en una zona lejana del cementerio tenía un libro flotando a mi lado justo a la altura de la cabeza, de brazos cruzados leyendo su contenido muy concentrado en entenderlo, frente a mi tenía un maniquí hecho con sacos, palos y un cubo como cabeza*

    Mmm… la energía maldita es un tipo de energía en casi todos los humanos, esta energía es utilizada por hechiceros… *leyendo rápido para saltarme hasta la parte más importante* Aja aquí esta, la energía bruta maldita parece ser capaz de ser manipulada para endurecer o fortalecer el cuerpo de un hechicero o proteger el alma de este, si los hechiceros de ese mundo podían recrear esa energía para esto… podría recrearlo para que fuera para el flujo de maná, es decir si hago lo mismo que pone en el libro usando mi maná…

    *Con postura de combate concentrándome como si meditara con las cuencas cerradas haciendo que mi mana fluyera por todo mi cuerpo acumulando gran parte en mis puños, estos brillaron de color azul y al abrir las cuencas golpee el maniquí con fuerza (aunque fuese ínfima) pero sorprendentemente ese al recibir el golpe el palo que lo sujetaba se rompió saliendo disparado hacia atrás volando varios metros, al ver eso parpadee un par de veces sorprendido, mis puños dejaron de brillar y los mire*

    Vale, nota mental, practicar para no usar más maná del necesario… no quisiera ir destrozándolo todo sin querer.

    //Que no se note que me gusta JJK (?)
    *En la parte de atrás de casa en una zona lejana del cementerio tenía un libro flotando a mi lado justo a la altura de la cabeza, de brazos cruzados leyendo su contenido muy concentrado en entenderlo, frente a mi tenía un maniquí hecho con sacos, palos y un cubo como cabeza* Mmm… la energía maldita es un tipo de energía en casi todos los humanos, esta energía es utilizada por hechiceros… *leyendo rápido para saltarme hasta la parte más importante* Aja aquí esta, la energía bruta maldita parece ser capaz de ser manipulada para endurecer o fortalecer el cuerpo de un hechicero o proteger el alma de este, si los hechiceros de ese mundo podían recrear esa energía para esto… podría recrearlo para que fuera para el flujo de maná, es decir si hago lo mismo que pone en el libro usando mi maná… *Con postura de combate concentrándome como si meditara con las cuencas cerradas haciendo que mi mana fluyera por todo mi cuerpo acumulando gran parte en mis puños, estos brillaron de color azul y al abrir las cuencas golpee el maniquí con fuerza (aunque fuese ínfima) pero sorprendentemente ese al recibir el golpe el palo que lo sujetaba se rompió saliendo disparado hacia atrás volando varios metros, al ver eso parpadee un par de veces sorprendido, mis puños dejaron de brillar y los mire* Vale, nota mental, practicar para no usar más maná del necesario… no quisiera ir destrozándolo todo sin querer. //Que no se note que me gusta JJK (?)
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    (( Descargo, otra vez: Creo que ya estoy al corriente con las deudas, pero tengo que aclarar que, si te debo rol puede ser porque se me traspapeló la escena que compartimos o bien sentí que todo lo que quieres de Samantha es el sinrespeto o una excusa para exponer los pedos mentales de tu personaje.

    Cabe aclarar que roleo a una psicóloga porque me encanta sumergirme en las historias y personalidades de otros personajes, pero si lo que dice y hace la doctora no tiene ninguna influencia en el rol, si en cada respuesta la reduces a una sexdoll o una simple espectadora, no tiene sentido que rolee contigo; puedes hacer un oneshot con el mismo contenido, más rápido y seguro más bonito.

    Dicho esto, si sientes que nuestro rol tiene profundidad y aún no te he respondido, dime aquí abajito para poder ponerme al corriente y me disculpo por el despiste. ))
    (( Descargo, otra vez: Creo que ya estoy al corriente con las deudas, pero tengo que aclarar que, si te debo rol puede ser porque se me traspapeló la escena que compartimos o bien sentí que todo lo que quieres de Samantha es el sinrespeto o una excusa para exponer los pedos mentales de tu personaje. Cabe aclarar que roleo a una psicóloga porque me encanta sumergirme en las historias y personalidades de otros personajes, pero si lo que dice y hace la doctora no tiene ninguna influencia en el rol, si en cada respuesta la reduces a una sexdoll o una simple espectadora, no tiene sentido que rolee contigo; puedes hacer un oneshot con el mismo contenido, más rápido y seguro más bonito. Dicho esto, si sientes que nuestro rol tiene profundidad y aún no te he respondido, dime aquí abajito para poder ponerme al corriente y me disculpo por el despiste. ))
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  • ~ Sssh.

    Se observó en el espejo. Esa no era la clase de Stream que hacía, pero... Verse en esas ropas le gustaba, a pesar de que fuese contenido meramente personal.
    ~ Sssh. Se observó en el espejo. Esa no era la clase de Stream que hacía, pero... Verse en esas ropas le gustaba, a pesar de que fuese contenido meramente personal.
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  • ¿Vas a quedarte ahí solo mirándome? ¿O vas a querer un trago para ver qué tan interesantes pueden ponerse las cosas?

    ¬La mujer peliverde se bebe el contenido de su pequeño vaso para posteriormente sonreír burlonamente mientras se sirve otro mas¬
    ¿Vas a quedarte ahí solo mirándome? ¿O vas a querer un trago para ver qué tan interesantes pueden ponerse las cosas? ¬La mujer peliverde se bebe el contenido de su pequeño vaso para posteriormente sonreír burlonamente mientras se sirve otro mas¬
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  • Subasta privada
    Categoría Original
    𝑺𝒂𝒊𝒏𝒕 𝑪𝒂𝒍𝒂𝒕𝒓𝒂𝒗𝒂

    El acceso a la gala Cavallaro estaba diseñado para impresionar sin necesidad de exagerar. Todo en el ambiente transmitía control: la iluminación medida, la música suave, el murmullo constante de conversaciones que nunca llegaban a elevarse. No era un evento social cualquiera, sino un espacio donde el poder se exhibía de forma sutil, casi elegante.

    La familia Romano hizo su entrada sin prisa, sin anunciarse, pero sin pasar desapercibida. Ariella caminaba junto a sus padres, ligeramente por detrás por protocolo, aunque su presencia no quedaba en segundo plano. Vestía en tonos oscuros, con una elegancia sobria y precisa, y mantenía esa expresión neutra que parecía ajena a todo lo que ocurría a su alrededor. No necesitaba mirar directamente para notar cómo algunas miradas se posaban sobre ellos. Era algo esperado.

    Durante los primeros momentos, se mantuvo cerca de su familia, interviniendo solo cuando era necesario, dejando que su padre llevara el peso de las interacciones. Mientras tanto, observaba. Siempre observaba. Reconocía rostros, posiciones, pequeñas dinámicas que se formaban en la sala.

    Y entonces la identificó.
    Saint Cavallaro.

    No hubo reacción visible, solo un leve ajuste interno. Ariella ya conocía su nombre, su lugar, lo suficiente como para no necesitar confirmaciones. Aun así, verla allí, ocupando el espacio con naturalidad, terminó de encajar todo. No sostuvo la mirada. No era necesario. Bastó con reconocerla y continuar.

    La velada avanzó con normalidad hasta que la subasta comenzó, y el ambiente cambió lo justo para volverse más contenido. Ariella tomó asiento junto a sus padres, con la misma calma con la que había entrado, prestando atención sin mostrar interés evidente.

    Las primeras piezas no le resultaron relevantes. Escuchaba, observaba, dejaba que otros participaran. No tenía intención de intervenir… hasta que una en particular apareció.

    No era la más llamativa, pero había algo en ella que la hizo decidir de inmediato. No comentó nada. No cambió su expresión. Simplemente esperó.

    Dejó que la puja avanzara unos momentos antes de intervenir. Cuando lo hizo, su voz fue clara, precisa, sin esfuerzo. Dio una cifra y volvió al silencio.

    A partir de ahí, sus intervenciones fueron puntuales, sin urgencia. No competía de forma visible, pero tampoco cedía. Poco a poco, la sala dejó de responder.

    Y la pieza fue suya.
    [whisper_sapphire_lizard_510] El acceso a la gala Cavallaro estaba diseñado para impresionar sin necesidad de exagerar. Todo en el ambiente transmitía control: la iluminación medida, la música suave, el murmullo constante de conversaciones que nunca llegaban a elevarse. No era un evento social cualquiera, sino un espacio donde el poder se exhibía de forma sutil, casi elegante. La familia Romano hizo su entrada sin prisa, sin anunciarse, pero sin pasar desapercibida. Ariella caminaba junto a sus padres, ligeramente por detrás por protocolo, aunque su presencia no quedaba en segundo plano. Vestía en tonos oscuros, con una elegancia sobria y precisa, y mantenía esa expresión neutra que parecía ajena a todo lo que ocurría a su alrededor. No necesitaba mirar directamente para notar cómo algunas miradas se posaban sobre ellos. Era algo esperado. Durante los primeros momentos, se mantuvo cerca de su familia, interviniendo solo cuando era necesario, dejando que su padre llevara el peso de las interacciones. Mientras tanto, observaba. Siempre observaba. Reconocía rostros, posiciones, pequeñas dinámicas que se formaban en la sala. Y entonces la identificó. Saint Cavallaro. No hubo reacción visible, solo un leve ajuste interno. Ariella ya conocía su nombre, su lugar, lo suficiente como para no necesitar confirmaciones. Aun así, verla allí, ocupando el espacio con naturalidad, terminó de encajar todo. No sostuvo la mirada. No era necesario. Bastó con reconocerla y continuar. La velada avanzó con normalidad hasta que la subasta comenzó, y el ambiente cambió lo justo para volverse más contenido. Ariella tomó asiento junto a sus padres, con la misma calma con la que había entrado, prestando atención sin mostrar interés evidente. Las primeras piezas no le resultaron relevantes. Escuchaba, observaba, dejaba que otros participaran. No tenía intención de intervenir… hasta que una en particular apareció. No era la más llamativa, pero había algo en ella que la hizo decidir de inmediato. No comentó nada. No cambió su expresión. Simplemente esperó. Dejó que la puja avanzara unos momentos antes de intervenir. Cuando lo hizo, su voz fue clara, precisa, sin esfuerzo. Dio una cifra y volvió al silencio. A partir de ahí, sus intervenciones fueron puntuales, sin urgencia. No competía de forma visible, pero tampoco cedía. Poco a poco, la sala dejó de responder. Y la pieza fue suya.
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  • Muy buenas mí estimado público hoy les enseño esta foto tomada desde mí móvil ¿Cuál es el contenido?

    -en la imagen aparecía una joven mujer atada desde los pies hasta sus brazos la cual se encontraba en el interior de una caja-

    Les presento a la señorita Valeria Smith y ahora se preguntarán.. ¿Porque está atada? Pues ella solía ser una de mis empleados hasta que decidió pasarse de lista y trato de robar una gran cantidad de mí dinero.. pero fue descubierta~

    El motivo de que yo publique esto es para que les sirva a todos como una enseñanza.. si deciden enfrentarse a mí terminarán como Valeria.. enterrada bajo tierra siendo el alimento de los insectos
    Muy buenas mí estimado público hoy les enseño esta foto tomada desde mí móvil ¿Cuál es el contenido? -en la imagen aparecía una joven mujer atada desde los pies hasta sus brazos la cual se encontraba en el interior de una caja- Les presento a la señorita Valeria Smith y ahora se preguntarán.. ¿Porque está atada? Pues ella solía ser una de mis empleados hasta que decidió pasarse de lista y trato de robar una gran cantidad de mí dinero.. pero fue descubierta~ El motivo de que yo publique esto es para que les sirva a todos como una enseñanza.. si deciden enfrentarse a mí terminarán como Valeria.. enterrada bajo tierra siendo el alimento de los insectos
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    ***Edad del Caos***
    - Los Guerreros del Caos.

    La aldea nómada había conocido años de una calma frágil, una paz sostenida por costumbre más que por seguridad. Bajo ese cielo abierto, Yen creció sin ser rechazada, sin ser señalada, aprendiendo a vivir como una más entre los suyos. Cazaba junto a Onix, reía, y por momentos parecía que el mundo había olvidado su existencia.

    Cada mes, sin excepción, una criatura aparecía en los límites de la aldea. Un cuervo, un lobo, alguna bestia común. Nadie le daba importancia salvo Yen. Ella sabía que no era un animal. Era su padre un fragmento de su poder, un vigilante silencioso que observaba, protegía y, si era necesario, la sacaría de allí sin mirar atrás.

    Porque para Oz, todo podía perderse menos ella pero ese mes, sin embargo, el vigilante nunca llegó y el mundo respondió.

    Los Elunai descendieron sobre la aldea sin aviso. No buscaban a Yen, no sabían que estaba ahí. Solo venían por más sujetos, más cuerpos, más niños que convertir en herramientas. Su ataque fue frío, calculado y despiadado.

    Los nómadas resistieron como siempre lo habían hecho, con fuerza y con rabia pero también con un miedo arraigado durante generaciones. Los Elunai eran, para muchos, los elegidos de los dioses.

    Yen no compartía ese miedo, cuando el caos estalló, ella luchó. Recibió heridas, muchas y profundas pero su cuerpo no obedecía las reglas de los demás. La sangre apenas tocaba el suelo antes de que la piel volviera a cerrarse. El dolor no desaparecía, pero su cuerpo lo ignoraba.

    Entonces todo cambió, Onix estuvo a punto de morir. Un soldado Elunai la superó, la acorraló, y en ese instante Yen dejó de ser una niña.

    No hubo duda ni pensamientos, solo una reacción absoluta. Yen apareció entre ambos y acabó con el soldado sin titubear. La violencia fue directa, brutal, definitiva y con ello, su poder despertó.

    Su cuerpo cambió en cuestión de instantes. Su figura creció, sus rasgos se definieron, su presencia se volvió más pesada, más imponente. Donde antes había una niña ahora había una joven poderosa, hermosa.

    El campo de batalla se detuvo por un instante y luego, los nómadas entendieron. Si ella podía enfrentarlos ellos también.

    El miedo se rompió y lo que siguió fue una respuesta feroz. Los Elunai cayeron uno tras otro. La aldea sangró, perdió a muchos de los suyos pero no se doblegó. Cuando el silencio regresó, no era paz, era el eco de lo que habían sobrevivido.

    Otra vez, Oz llegó tarde, había enviado a su vigilante cuando ya era demasiado tarde. Cuando apareció, no lo hizo solo. Un ejército marchaba con él, criaturas de distintas razas que lo seguían en su guerra.

    Pero nada de eso importó al ver la aldea, la destrucción, la sangre y entre todo ello… su hija.

    Yen lo vio, por un segundo, el mundo desapareció, no importó su nueva forma, no importó lo que había hecho ni lo que se había convertido.

    Corrió hacia él y al alcanzarlo, se quebró y lloró, no como una guerrera, no como alguien que había sobrevivido a una masacre sino como lo que realmente era, una niña que había pasado más de un mes sin saber si su padre seguía con vida.

    Se aferró a él con todas sus fuerzas, como si al soltarlo fuera a desaparecer. Su cuerpo había cambiado, su presencia era distinta pero su llanto revelaba la verdad que nada podía ocultar. Oz la abrazó con fuerza perocon cuidado, con algo que había estado enterrado bajo capas de ira: Amor.

    Pero dentro de él ardía algo más, rabia contra los Elunai, contra los dioses pero sobre todo... Contra sí mismo porque había fallado, habían estado a punto de arrebatárle lo único que le quedaba.

    Onix observó la escena en silencio, reconoció a Oz de inmediato, incluso con su nueva forma. Para ella, no era un monstruo. Era el Nómada que se había alzado contra los dioses. El que no se había arrodillado, el que había demostrado que podían resistir.

    Cuando Oz se separó de Yen y habló a los supervivientes, su voz no fue una orden sino una advertencia. Aceptaría a los nómadas en sus filas pero solo bajo una condición, debían aceptar su poder y ese poder los cambiaría como lo había cambiado a él.

    Hubo silencio, un instante de duda y entonces, Onix dio un paso al frente sin titubear, sin miedo. Se inclinó ante Oz, ese gesto rompió la incertidumbre, los demás la siguieron.

    Oz la observó por un momento y en lugar de otorgarle un poder salvaje e inestable, eligió algo distinto, algo más contenido, más refinado.

    El cambio en Onix fue inmediato, su cuerpo creció, maduró, su presencia se volvió más fuerte pero no perdió su forma. Se transformó en una ogra joven, poderosa, con una belleza imponente que contrastaba con la brutalidad del poder que ahora habitaba en ella.

    Era fuerza pero también control, Oz se acercó a ella y, con una voz más baja, le encomendó algo que no era una orden militar, era una petición, que permaneciera al lado de Yen, que la protegiera, Onix aceptó sin dudar.

    Yen, al verla sonrió porque su mejor amiga seguía ahí y ahora, eran más fuertes.

    Así, en medio de la destrucción, nació algo nuevo, los Nómadas dejaron de ser solo sobrevivientes, se convirtieron en algo más.

    Con el tiempo, el mundo les daría nombres; Orcs, Ogros y aquellos que siguieran creciendo: Onis.

    Pero en ese momento no eran monstruos, eran los que habían decidido no volver a arrodillarse y en el centro de todo una niña que ya no podía volver a serlo y un padre que había decidido que el mundo entero ardería antes de volver a perderla.

    ***Edad del Caos*** - Los Guerreros del Caos. La aldea nómada había conocido años de una calma frágil, una paz sostenida por costumbre más que por seguridad. Bajo ese cielo abierto, Yen creció sin ser rechazada, sin ser señalada, aprendiendo a vivir como una más entre los suyos. Cazaba junto a Onix, reía, y por momentos parecía que el mundo había olvidado su existencia. Cada mes, sin excepción, una criatura aparecía en los límites de la aldea. Un cuervo, un lobo, alguna bestia común. Nadie le daba importancia salvo Yen. Ella sabía que no era un animal. Era su padre un fragmento de su poder, un vigilante silencioso que observaba, protegía y, si era necesario, la sacaría de allí sin mirar atrás. Porque para Oz, todo podía perderse menos ella pero ese mes, sin embargo, el vigilante nunca llegó y el mundo respondió. Los Elunai descendieron sobre la aldea sin aviso. No buscaban a Yen, no sabían que estaba ahí. Solo venían por más sujetos, más cuerpos, más niños que convertir en herramientas. Su ataque fue frío, calculado y despiadado. Los nómadas resistieron como siempre lo habían hecho, con fuerza y con rabia pero también con un miedo arraigado durante generaciones. Los Elunai eran, para muchos, los elegidos de los dioses. Yen no compartía ese miedo, cuando el caos estalló, ella luchó. Recibió heridas, muchas y profundas pero su cuerpo no obedecía las reglas de los demás. La sangre apenas tocaba el suelo antes de que la piel volviera a cerrarse. El dolor no desaparecía, pero su cuerpo lo ignoraba. Entonces todo cambió, Onix estuvo a punto de morir. Un soldado Elunai la superó, la acorraló, y en ese instante Yen dejó de ser una niña. No hubo duda ni pensamientos, solo una reacción absoluta. Yen apareció entre ambos y acabó con el soldado sin titubear. La violencia fue directa, brutal, definitiva y con ello, su poder despertó. Su cuerpo cambió en cuestión de instantes. Su figura creció, sus rasgos se definieron, su presencia se volvió más pesada, más imponente. Donde antes había una niña ahora había una joven poderosa, hermosa. El campo de batalla se detuvo por un instante y luego, los nómadas entendieron. Si ella podía enfrentarlos ellos también. El miedo se rompió y lo que siguió fue una respuesta feroz. Los Elunai cayeron uno tras otro. La aldea sangró, perdió a muchos de los suyos pero no se doblegó. Cuando el silencio regresó, no era paz, era el eco de lo que habían sobrevivido. Otra vez, Oz llegó tarde, había enviado a su vigilante cuando ya era demasiado tarde. Cuando apareció, no lo hizo solo. Un ejército marchaba con él, criaturas de distintas razas que lo seguían en su guerra. Pero nada de eso importó al ver la aldea, la destrucción, la sangre y entre todo ello… su hija. Yen lo vio, por un segundo, el mundo desapareció, no importó su nueva forma, no importó lo que había hecho ni lo que se había convertido. Corrió hacia él y al alcanzarlo, se quebró y lloró, no como una guerrera, no como alguien que había sobrevivido a una masacre sino como lo que realmente era, una niña que había pasado más de un mes sin saber si su padre seguía con vida. Se aferró a él con todas sus fuerzas, como si al soltarlo fuera a desaparecer. Su cuerpo había cambiado, su presencia era distinta pero su llanto revelaba la verdad que nada podía ocultar. Oz la abrazó con fuerza perocon cuidado, con algo que había estado enterrado bajo capas de ira: Amor. Pero dentro de él ardía algo más, rabia contra los Elunai, contra los dioses pero sobre todo... Contra sí mismo porque había fallado, habían estado a punto de arrebatárle lo único que le quedaba. Onix observó la escena en silencio, reconoció a Oz de inmediato, incluso con su nueva forma. Para ella, no era un monstruo. Era el Nómada que se había alzado contra los dioses. El que no se había arrodillado, el que había demostrado que podían resistir. Cuando Oz se separó de Yen y habló a los supervivientes, su voz no fue una orden sino una advertencia. Aceptaría a los nómadas en sus filas pero solo bajo una condición, debían aceptar su poder y ese poder los cambiaría como lo había cambiado a él. Hubo silencio, un instante de duda y entonces, Onix dio un paso al frente sin titubear, sin miedo. Se inclinó ante Oz, ese gesto rompió la incertidumbre, los demás la siguieron. Oz la observó por un momento y en lugar de otorgarle un poder salvaje e inestable, eligió algo distinto, algo más contenido, más refinado. El cambio en Onix fue inmediato, su cuerpo creció, maduró, su presencia se volvió más fuerte pero no perdió su forma. Se transformó en una ogra joven, poderosa, con una belleza imponente que contrastaba con la brutalidad del poder que ahora habitaba en ella. Era fuerza pero también control, Oz se acercó a ella y, con una voz más baja, le encomendó algo que no era una orden militar, era una petición, que permaneciera al lado de Yen, que la protegiera, Onix aceptó sin dudar. Yen, al verla sonrió porque su mejor amiga seguía ahí y ahora, eran más fuertes. Así, en medio de la destrucción, nació algo nuevo, los Nómadas dejaron de ser solo sobrevivientes, se convirtieron en algo más. Con el tiempo, el mundo les daría nombres; Orcs, Ogros y aquellos que siguieran creciendo: Onis. Pero en ese momento no eran monstruos, eran los que habían decidido no volver a arrodillarse y en el centro de todo una niña que ya no podía volver a serlo y un padre que había decidido que el mundo entero ardería antes de volver a perderla.
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    ***Edad del Caos***
    - Helior Prime y los Pecados de Padre e Hija.

    Con el paso de los años, la aldea nómada dejó de ser un refugio temporal para Yen y se convirtió en su verdadero hogar. Bajo cielos abiertos y lejos del juicio de otros, creció como una más entre los suyos. Cazaba junto a Onix, aprendía de los mayores y, por primera vez en su vida, no era vista como algo extraño ni como un error.

    Ese entorno de calma tuvo un efecto inesperado en ella, el poder de Yen dejó de hacerla crecer de forma descontrolada. Ya no era una llama salvaje que amenazaba con devorarlo todo, sino un fuego contenido, estable, que crecía al ritmo de su propia vida. Como cualquier otra niña aunque en su interior habitara algo mucho más antiguo.

    Aun así, había algo que nunca cambiaba. Una vez al mes su padre venía pero no lo hacía con su verdadero cuerpo, nunca se arriesgaría a exponerla. En su lugar, pequeños animales aparecían en los límites de la aldea: un cuervo de ojos oscuros, un lobo silencioso, incluso criaturas más pequeñas que pasaban desapercibidas. Nadie sospechaba nada.

    Pero Yen sí lo sabía., podía sentirlo, no era presencia, no era mana, era algo más profundo, un eco, una resonancia que nacía desde lo más hondo de su existencia.

    Del mismo modo en que Oz, en un tiempo olvidado, podía reconocer a aquellos seres nacidos del gran poder sin necesidad de palabras ni nombres, Yen podía reconocerlo a él porque estaban conectados.

    Oz nunca rompió su vínculo con el poder original y Yen comenzaba a formar el suyo, no era algo aprendido, era algo que simplemente ocurría.

    Por eso, cada mes, cuando ese eco aparecía, Yen sonreía sin importar dónde estuviera. Sabía que su padre la estaba observando, sabía que seguía con vida.

    Mientras tanto, el mundo seguía ardiendo, lo que comenzó como una venganza, se convirtió en algo más grande. Razas enteras comenzaron a seguir a Oz; hombres bestia, cansados de ser tratados como inferiores, tribus olvidadas, borradas de la historia por los Elunai.
    Incluso algunos demonios, que reconocían en él algo familiar.

    No lo seguían solo por poder, lo seguían por lo que representaba: Libertad, venganza, caos. Fue entonces cuando los cielos respondieron, uno de los dioses descendió, Helior Prime, no como símbolo de autoridad sino como ejecutor.

    El enfrentamiento sacudió la tierra misma., donde chocaron el mundo se quebró. Fuego contra caos, divinidad contra origen. Durante un breve momento, el destino del mundo quedó suspendido entre ambos y terminó… sin un vencedor.

    Helior Prime se retiró, Oz permaneció en pie pero la verdad fue otra. Oz había sido herido gravemente, aun así, no mostró debilidad, no frente a un dios. Helior, incapaz de asegurar su victoria, decidió retirarse… sin saber que, de haber continuado, aquel combate habría terminado de forma muy distinta.

    Desde ese día, los rumores comenzaron, los seguidores de Helior empezaron a referirse a Oz con un nuevo nombre: "Mao.” De esa forma, cada region, cada tribu lo llamaba de diferentes formas: Señor demonio, Rey del caos, Destructor de templos.

    Los nombres se extendieron, cruzó lenguas, culturas, razas, y con el tiempo el nombre de oz fue cambiado por Oz-Mao

    Hasta que el mundo comenzó a susurrarlo de otra forma, un nombre que ya no era solo un apodo sino una leyenda naciente, Ozma.

    Ese mes… no pudo ir a ver a su hija.

    Las heridas que recibió no eran normales. Aunque su cuerpo podía regenerarse, el daño fue tan profundo que se vio obligado a usar una cantidad excesiva de su poder para regenerarse. Aquello lo dejó en un estado de agotamiento total que no había experimentado en mucho tiempo.

    En la aldea, Yen sintio el silencio, la ausencia del eco. Por primera vez desde que entendía ese vínculo no estaba y aun así no dudó, no lloró.

    Simplemente esperó con la certeza de que su padre volvería, porque él siempre volvía. Quizás como un cuervo, como un lobo pero volvería.

    Mientras tanto, Oz comprendió algo durante su recuperación, algo que cambiaría el curso de todo. Su poder estaba evolucionando, no como resultado del combate sino como respuesta a su propia esencia.

    Oz no buscaba poder por ambición, no deseaba dominar por simple deseo, lo que lo movía era proteger a su hija, proteger lo poco que le quedaba y fue precisamente ese deseo el que deformó su habilidad.

    Cuando su fuerza no era suficiente para cumplir ese propósito su poder tomaba lo que necesitaba, absorbía y acumulaba.

    Hacía suyo aquello que le faltaba, los Elunai, al observar esto en enfrentamientos posteriores, le dieron un nombre: "Codicia".

    Pero estaban equivocados, no era codicia, era protección llevada al extremo. Era un instinto que, al no poder cumplir su función de forma natural comenzó a devorar todo lo necesario para hacerlo.

    Y eso lo volvía mucho más peligroso que cualquier interpretación superficial, por otra parte, Yen también comenzaba a ser observada.

    Los registros que sobrevivieron del laboratorio no se habían perdido, los Elunai sabían lo que era. Sabían lo que podía llegar a ser pero no entendían su esencia.

    Para ellos, su deseo de aprender, de comprender, de descubrir era visto como algo voraz, insaciable. La llamaron "Gula".

    Pero, al igual que con Oz estaban equivocados, Yen no deseaba consumir, deseaba entender, desde pequeña había buscado respuestas.

    ¿Por qué era diferente?

    ¿Quién era su padre realmente?

    ¿Cuál era su lugar en el mundo?

    Ese deseo de conocimiento era su verdadera naturaleza, no devoraba por hambre, buscaba porque necesitaba comprender.

    Así, sin saberlo, padre e hija caminaban por senderos distintos pero reflejando la misma verdad. Los llamados "Pecados" no eran más que interpretaciones erróneas, nombres dados por miedo, etiquetas creadas por quienes no podían comprender algo más grande que ellos.

    Porque lo que habitaba en Oz y lo que comenzaba a despertar en Yen no eran pecados, eran fragmentos de algo mucho más antiguo, más puro, más peligroso.

    El eco del origen mismo de todo.
    ***Edad del Caos*** - Helior Prime y los Pecados de Padre e Hija. Con el paso de los años, la aldea nómada dejó de ser un refugio temporal para Yen y se convirtió en su verdadero hogar. Bajo cielos abiertos y lejos del juicio de otros, creció como una más entre los suyos. Cazaba junto a Onix, aprendía de los mayores y, por primera vez en su vida, no era vista como algo extraño ni como un error. Ese entorno de calma tuvo un efecto inesperado en ella, el poder de Yen dejó de hacerla crecer de forma descontrolada. Ya no era una llama salvaje que amenazaba con devorarlo todo, sino un fuego contenido, estable, que crecía al ritmo de su propia vida. Como cualquier otra niña aunque en su interior habitara algo mucho más antiguo. Aun así, había algo que nunca cambiaba. Una vez al mes su padre venía pero no lo hacía con su verdadero cuerpo, nunca se arriesgaría a exponerla. En su lugar, pequeños animales aparecían en los límites de la aldea: un cuervo de ojos oscuros, un lobo silencioso, incluso criaturas más pequeñas que pasaban desapercibidas. Nadie sospechaba nada. Pero Yen sí lo sabía., podía sentirlo, no era presencia, no era mana, era algo más profundo, un eco, una resonancia que nacía desde lo más hondo de su existencia. Del mismo modo en que Oz, en un tiempo olvidado, podía reconocer a aquellos seres nacidos del gran poder sin necesidad de palabras ni nombres, Yen podía reconocerlo a él porque estaban conectados. Oz nunca rompió su vínculo con el poder original y Yen comenzaba a formar el suyo, no era algo aprendido, era algo que simplemente ocurría. Por eso, cada mes, cuando ese eco aparecía, Yen sonreía sin importar dónde estuviera. Sabía que su padre la estaba observando, sabía que seguía con vida. Mientras tanto, el mundo seguía ardiendo, lo que comenzó como una venganza, se convirtió en algo más grande. Razas enteras comenzaron a seguir a Oz; hombres bestia, cansados de ser tratados como inferiores, tribus olvidadas, borradas de la historia por los Elunai. Incluso algunos demonios, que reconocían en él algo familiar. No lo seguían solo por poder, lo seguían por lo que representaba: Libertad, venganza, caos. Fue entonces cuando los cielos respondieron, uno de los dioses descendió, Helior Prime, no como símbolo de autoridad sino como ejecutor. El enfrentamiento sacudió la tierra misma., donde chocaron el mundo se quebró. Fuego contra caos, divinidad contra origen. Durante un breve momento, el destino del mundo quedó suspendido entre ambos y terminó… sin un vencedor. Helior Prime se retiró, Oz permaneció en pie pero la verdad fue otra. Oz había sido herido gravemente, aun así, no mostró debilidad, no frente a un dios. Helior, incapaz de asegurar su victoria, decidió retirarse… sin saber que, de haber continuado, aquel combate habría terminado de forma muy distinta. Desde ese día, los rumores comenzaron, los seguidores de Helior empezaron a referirse a Oz con un nuevo nombre: "Mao.” De esa forma, cada region, cada tribu lo llamaba de diferentes formas: Señor demonio, Rey del caos, Destructor de templos. Los nombres se extendieron, cruzó lenguas, culturas, razas, y con el tiempo el nombre de oz fue cambiado por Oz-Mao Hasta que el mundo comenzó a susurrarlo de otra forma, un nombre que ya no era solo un apodo sino una leyenda naciente, Ozma. Ese mes… no pudo ir a ver a su hija. Las heridas que recibió no eran normales. Aunque su cuerpo podía regenerarse, el daño fue tan profundo que se vio obligado a usar una cantidad excesiva de su poder para regenerarse. Aquello lo dejó en un estado de agotamiento total que no había experimentado en mucho tiempo. En la aldea, Yen sintio el silencio, la ausencia del eco. Por primera vez desde que entendía ese vínculo no estaba y aun así no dudó, no lloró. Simplemente esperó con la certeza de que su padre volvería, porque él siempre volvía. Quizás como un cuervo, como un lobo pero volvería. Mientras tanto, Oz comprendió algo durante su recuperación, algo que cambiaría el curso de todo. Su poder estaba evolucionando, no como resultado del combate sino como respuesta a su propia esencia. Oz no buscaba poder por ambición, no deseaba dominar por simple deseo, lo que lo movía era proteger a su hija, proteger lo poco que le quedaba y fue precisamente ese deseo el que deformó su habilidad. Cuando su fuerza no era suficiente para cumplir ese propósito su poder tomaba lo que necesitaba, absorbía y acumulaba. Hacía suyo aquello que le faltaba, los Elunai, al observar esto en enfrentamientos posteriores, le dieron un nombre: "Codicia". Pero estaban equivocados, no era codicia, era protección llevada al extremo. Era un instinto que, al no poder cumplir su función de forma natural comenzó a devorar todo lo necesario para hacerlo. Y eso lo volvía mucho más peligroso que cualquier interpretación superficial, por otra parte, Yen también comenzaba a ser observada. Los registros que sobrevivieron del laboratorio no se habían perdido, los Elunai sabían lo que era. Sabían lo que podía llegar a ser pero no entendían su esencia. Para ellos, su deseo de aprender, de comprender, de descubrir era visto como algo voraz, insaciable. La llamaron "Gula". Pero, al igual que con Oz estaban equivocados, Yen no deseaba consumir, deseaba entender, desde pequeña había buscado respuestas. ¿Por qué era diferente? ¿Quién era su padre realmente? ¿Cuál era su lugar en el mundo? Ese deseo de conocimiento era su verdadera naturaleza, no devoraba por hambre, buscaba porque necesitaba comprender. Así, sin saberlo, padre e hija caminaban por senderos distintos pero reflejando la misma verdad. Los llamados "Pecados" no eran más que interpretaciones erróneas, nombres dados por miedo, etiquetas creadas por quienes no podían comprender algo más grande que ellos. Porque lo que habitaba en Oz y lo que comenzaba a despertar en Yen no eran pecados, eran fragmentos de algo mucho más antiguo, más puro, más peligroso. El eco del origen mismo de todo.
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    ISHTAR´S DEMONIC DÉESSE INFERNAL GLAMOUR
    Edición Especial: “ISHTAR´S WEDDING”

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    FICHA EDITORIAL
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    Título de la Revista:
    ISHTAR´S WEDDING – The Definitive Guide to a Radiant Union

    Agencia:
    Ishtar´s Demonic Déesse Infernal Glamour

    Edición:
    Especial – Mayo 2024

    Temática:
    Unión celestial entre lo divino y lo oscuro, donde el amor trasciende lo humano y lo infernal.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    MODELOS PRINCIPALES
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    Modelo Estrella:
    Jason Jaegerjaquez Ishtar
    — Elegancia dominante, presencia imponente y carisma infernal que redefine el concepto del novio perfecto.

    Modelo Reina:
    Loki Queen Ishtar
    — Belleza mística, seducción etérea y un aura que mezcla lo celestial con lo demoníaco.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    CONTENIDO DESTACADO
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    El Comienzo del Amor
    Un viaje desde la oscuridad hasta el altar, donde el destino une almas eternas.

    Una Promesa Eterna
    Entrevista exclusiva con el novio sobre dominar el corazón de una reina sobrenatural.

    Wedding Gowns for the Undead
    Vestidos diseñados para novias que renacen en cada latido oscuro.

    Ceremonias Crepusculares
    Rituales de luz y sombra que sellan vínculos más allá de la vida.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    ESTILO VISUAL
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    Paleta: Blanco celestial, dorado sagrado y sombras profundas.
    Ambientación: Catedral luminosa con toques etéreos y elegancia gótica.
    Vestuario: Alta costura nupcial con detalles místicos y acabados divinos.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    ESENCIA DE LA EDICIÓN
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    “Donde el amor no es solo eterno…
    sino inmortal, oscuro y absolutamente irresistible.”

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    ✨🕊️ ISHTAR´S DEMONIC DÉESSE INFERNAL GLAMOUR 🕊️✨ 💍 Edición Especial: “ISHTAR´S WEDDING” 💍 ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🌹 FICHA EDITORIAL 🌹 ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 👑 Título de la Revista: ISHTAR´S WEDDING – The Definitive Guide to a Radiant Union 🔥 Agencia: Ishtar´s Demonic Déesse Infernal Glamour 📅 Edición: Especial – Mayo 2024 🎭 Temática: Unión celestial entre lo divino y lo oscuro, donde el amor trasciende lo humano y lo infernal. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 💫 MODELOS PRINCIPALES 💫 ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🖤 Modelo Estrella: Jason Jaegerjaquez Ishtar — Elegancia dominante, presencia imponente y carisma infernal que redefine el concepto del novio perfecto. 👑 Modelo Reina: Loki Queen Ishtar — Belleza mística, seducción etérea y un aura que mezcla lo celestial con lo demoníaco. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🌸 CONTENIDO DESTACADO 🌸 ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 📖 El Comienzo del Amor Un viaje desde la oscuridad hasta el altar, donde el destino une almas eternas. 💍 Una Promesa Eterna Entrevista exclusiva con el novio sobre dominar el corazón de una reina sobrenatural. 🕯️ Wedding Gowns for the Undead Vestidos diseñados para novias que renacen en cada latido oscuro. 🌙 Ceremonias Crepusculares Rituales de luz y sombra que sellan vínculos más allá de la vida. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ✨ ESTILO VISUAL ✨ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🎨 Paleta: Blanco celestial, dorado sagrado y sombras profundas. 🌹 Ambientación: Catedral luminosa con toques etéreos y elegancia gótica. 👗 Vestuario: Alta costura nupcial con detalles místicos y acabados divinos. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🔥 ESENCIA DE LA EDICIÓN 🔥 ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ “Donde el amor no es solo eterno… sino inmortal, oscuro y absolutamente irresistible.” ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
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  • Cuando Fenrir nació…
    lo supe.

    Nada volvería a ser igual.

    No era duda.
    No era miedo.
    Era certeza.

    Necesitaba poder.

    Para protegerla.

    Para protegerme.

    Para dominar.

    …Pero yo ya tenía poder.

    No había sido bendecido por la Luna Violeta.
    Aquella entidad… poderosa, codiciosa, egoísta…
    me veía como poco más que un instrumento.
    Un siervo útil en su tablero.

    Y, sin embargo…
    yo sabía lo que era.

    Siempre lo había sabido.

    Conocía mi lugar.

    Y era la hora de, por fin, ponerse un poco serio.

    Entonces…
    los recuerdos regresaron.

    No como fragmentos.
    No como ecos.

    Sino como una verdad enterrada demasiado tiempo.

    El poder de creación contenido en las lunas…
    no era más que una fracción.

    Una parte ínfima… de algo mucho más antiguo.

    Mucho más profundo.

    Había aceptado mi naturaleza como catástrofe.
    Como maldición.

    …Pero aún no había aceptado lo que realmente era.

    Un demonio.

    Y lo más irónico…

    es que nunca había dejado de serlo.

    Ni siquiera hizo falta que pronunciara su nombre.

    Porque ya estaba allí.

    Esperando.

    Y entonces…
    con una calma que recorrió cada valle,
    que rozó cada brisa…

    el mundo se estremeció.

    No hubo explosión.
    No hubo ruido.

    Sólo presencia.

    La tierra tembló…
    no por impacto,
    sino por reconocimiento.

    El aire… desapareció.
    Convertido en un vacío que devoraba incluso los nombres.

    Los océanos… se replegaron.
    No por miedo…

    sino porque, por un instante,
    algo infinitamente más antiguo que ellos
    había reclamado la existencia.

    Y en ese silencio absoluto…

    todo se arrodilló.

    Incluso el rey del inframundo.

    Porque lo que emergía…

    no era poder.

    Era autoridad.

    Una espada.

    Olvidada.
    Arcana.
    Rota.

    No forjada como un arte…
    sino nacida de la furia de una bestia.

    Su tamaño… suficiente para ocultarme dos veces tras su hoja.
    Su forma… imperfecta, brutal.

    Y su filo…

    maldito.

    Cada corte no sólo destruía…
    alteraba la presión misma de la realidad,
    colapsándola sin vacilación.

    No dejaba heridas.

    Borraba la existencia.

    Y ante ella…

    incliné la cabeza.

    No por sumisión.

    Sino por respeto.

    Porque ese poder…
    siempre había sido mío.

    Y entonces…

    la voz que no necesitaba ser pronunciada…
    atravesó el mundo.

    "Arrasa, Leviatán."
    Cuando Fenrir nació… lo supe. Nada volvería a ser igual. No era duda. No era miedo. Era certeza. Necesitaba poder. Para protegerla. Para protegerme. Para dominar. …Pero yo ya tenía poder. No había sido bendecido por la Luna Violeta. Aquella entidad… poderosa, codiciosa, egoísta… me veía como poco más que un instrumento. Un siervo útil en su tablero. Y, sin embargo… yo sabía lo que era. Siempre lo había sabido. Conocía mi lugar. Y era la hora de, por fin, ponerse un poco serio. Entonces… los recuerdos regresaron. No como fragmentos. No como ecos. Sino como una verdad enterrada demasiado tiempo. El poder de creación contenido en las lunas… no era más que una fracción. Una parte ínfima… de algo mucho más antiguo. Mucho más profundo. Había aceptado mi naturaleza como catástrofe. Como maldición. …Pero aún no había aceptado lo que realmente era. Un demonio. Y lo más irónico… es que nunca había dejado de serlo. Ni siquiera hizo falta que pronunciara su nombre. Porque ya estaba allí. Esperando. Y entonces… con una calma que recorrió cada valle, que rozó cada brisa… el mundo se estremeció. No hubo explosión. No hubo ruido. Sólo presencia. La tierra tembló… no por impacto, sino por reconocimiento. El aire… desapareció. Convertido en un vacío que devoraba incluso los nombres. Los océanos… se replegaron. No por miedo… sino porque, por un instante, algo infinitamente más antiguo que ellos había reclamado la existencia. Y en ese silencio absoluto… todo se arrodilló. Incluso el rey del inframundo. Porque lo que emergía… no era poder. Era autoridad. Una espada. Olvidada. Arcana. Rota. No forjada como un arte… sino nacida de la furia de una bestia. Su tamaño… suficiente para ocultarme dos veces tras su hoja. Su forma… imperfecta, brutal. Y su filo… maldito. Cada corte no sólo destruía… alteraba la presión misma de la realidad, colapsándola sin vacilación. No dejaba heridas. Borraba la existencia. Y ante ella… incliné la cabeza. No por sumisión. Sino por respeto. Porque ese poder… siempre había sido mío. Y entonces… la voz que no necesitaba ser pronunciada… atravesó el mundo. "Arrasa, Leviatán."
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