• -Las puertas automaticas se abrieron con un suave siseo, permitiendo que Vaelith ingresara al inmenso complejo cientifico. Sus pasos fueron silenciosos mientras sus ojos rojizos recorrian cada rincon, pantallas luminosas, brazos mecanicos, enormes capsulas de cristal y maquinas cuyo funcionamiento escapaba de los conocimientos del Elfo, no habia asombro en su rostro, sino una curiosidad tranquila mientras observaba como la humanidad habia aprendido a crear herramientas capcaces de desafiar los limites de la naturaleza.-

    "Seres con una vida tan fugaz.. siendo capaces de ir contra el orden natural, es.. facintante."

    -El Laboratorio se encontraba completamente vacio. Solo el zumbido constante de las maquinas y el brillo de las pantallas rompian el silencio. Frente a enormes camaras de contencion descansaban criaturas de distintas especies, algunas dormidas y otras inmoviles, conectadas a innumerables dispositivos.-

    "Experimentar en otras especies.. la malicia humana no tiene limites."

    -Vaelith camino entre ellas con calma, deteniendose frente a cada experimento para estudiar su funcionamiento. No habia nadie a quien preguntarle, a quien observar. Unicamente maquinas seguian trabajando por si solas-

    "El nombre de este lugar era...Corp.."
    -Las puertas automaticas se abrieron con un suave siseo, permitiendo que Vaelith ingresara al inmenso complejo cientifico. Sus pasos fueron silenciosos mientras sus ojos rojizos recorrian cada rincon, pantallas luminosas, brazos mecanicos, enormes capsulas de cristal y maquinas cuyo funcionamiento escapaba de los conocimientos del Elfo, no habia asombro en su rostro, sino una curiosidad tranquila mientras observaba como la humanidad habia aprendido a crear herramientas capcaces de desafiar los limites de la naturaleza.- "Seres con una vida tan fugaz.. siendo capaces de ir contra el orden natural, es.. facintante." -El Laboratorio se encontraba completamente vacio. Solo el zumbido constante de las maquinas y el brillo de las pantallas rompian el silencio. Frente a enormes camaras de contencion descansaban criaturas de distintas especies, algunas dormidas y otras inmoviles, conectadas a innumerables dispositivos.- "Experimentar en otras especies.. la malicia humana no tiene limites." -Vaelith camino entre ellas con calma, deteniendose frente a cada experimento para estudiar su funcionamiento. No habia nadie a quien preguntarle, a quien observar. Unicamente maquinas seguian trabajando por si solas- "El nombre de este lugar era...Corp.."
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    ▸ Se pide actividad no constante pero interés.
    ▸ Se requiere compromiso y conocimiento del personaje.
    ▸ Se promete drama y cariño.
    ▸ Tanto para personajes canon como OCs
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  • No lo cuestionaba, mucho menos lo peleaba.
    Para él, era obvio que su hermano era el digno heredero y el mayor, así fuese por minutos.
    Pero en donde todos creerían que existiría el rencor, la rivalidad o intento de un asesinato; solo reinó la paz.

    Valerius no buscaba reconocimiento, mucho menos un trono, sus manos ya estaban bastante llenas de sangre, sus ojos habían visto tanto sufrimiento que se tiñeron de ese rojo escarlata por toda la eternidad.

    ¿Qué deseaba ahora?
    Paz.
    Ayudar a otros.
    No volver a pensar en guerras, en sufrimiento, en días de oscuridad.
    No lo cuestionaba, mucho menos lo peleaba. Para él, era obvio que su hermano era el digno heredero y el mayor, así fuese por minutos. Pero en donde todos creerían que existiría el rencor, la rivalidad o intento de un asesinato; solo reinó la paz. Valerius no buscaba reconocimiento, mucho menos un trono, sus manos ya estaban bastante llenas de sangre, sus ojos habían visto tanto sufrimiento que se tiñeron de ese rojo escarlata por toda la eternidad. ¿Qué deseaba ahora? Paz. Ayudar a otros. No volver a pensar en guerras, en sufrimiento, en días de oscuridad.
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  • -eh etsado pensando largo y tentido- Nova miro sus manos que sostenian su espejo -creo que finalmente comprendo que concepto represento- solto unas risitas suaves mientras rompia el espejo dejando caer los cristales al suelo.

    -Mi madre representa el saber y el deseo por el conocimiento, su hijo, no es nad amas que la duda, el reflejo del desconocimiento y la curiosidad- los critsales en el suelo empezaorna brillar y vibrar creando una plataforma reflectante bajo los pies de Nova -el espejo que muestra el desconocmiento a lo que los ojos ocultan.... que soy?- se solto a reir un poco -exactamente eso, la ausencia de repsuesta y el temor a saber, la insertidumbre- sonrio con calma mientras en aquella plataforma se reflejaban mil y una cosas solo visibles por el rabillo del ojo como un caleidoscopio que se ocultaba en la vicinidad el cual se movia a donde Nova fuera.

    BGM: https://music.youtube.com/watch?v=L8ARy8CruyU&si=IL6FpifBsw9vdNkh
    -eh etsado pensando largo y tentido- Nova miro sus manos que sostenian su espejo -creo que finalmente comprendo que concepto represento- solto unas risitas suaves mientras rompia el espejo dejando caer los cristales al suelo. -Mi madre representa el saber y el deseo por el conocimiento, su hijo, no es nad amas que la duda, el reflejo del desconocimiento y la curiosidad- los critsales en el suelo empezaorna brillar y vibrar creando una plataforma reflectante bajo los pies de Nova -el espejo que muestra el desconocmiento a lo que los ojos ocultan.... que soy?- se solto a reir un poco -exactamente eso, la ausencia de repsuesta y el temor a saber, la insertidumbre- sonrio con calma mientras en aquella plataforma se reflejaban mil y una cosas solo visibles por el rabillo del ojo como un caleidoscopio que se ocultaba en la vicinidad el cual se movia a donde Nova fuera. BGM: https://music.youtube.com/watch?v=L8ARy8CruyU&si=IL6FpifBsw9vdNkh
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  • -La biblioteca prohibida se encontraba bajo el Reino del Eclipse, oculta en las profundidades de la montaña negra sobre la que se alzaba el castillo. No había guardianes. No hacian falta. Pocos seres poseian el valor suficiente para descender hasta aquel lugar donde se almacenaban conocimientos olvidados por los dioses.-

    -Vaelith caminaba entre los interminables pasillos de piedra oscura con una lampara antigua en una mano. No buscaba armas, tesoros ni secretos para aumentar su poder. Buscaba historias. Miles de libros cubrian las estanterias, algunos escritos por imperios desaparecidos, otros por pueblos cuyos nombres ya no existian en ningun mapa. Alli, entre el polvo y el silencio, el Rey del Eclipse Carmesi parecia mas un estudioso solitario que un monarca inmortal.-

    -Finalmente encontro un volumen pequeño, gastado por el tiempo. Al abrirlo, una sonrisa casi imperceptible apareció en su rostro. No contenía magia ni profecías. Era el diario de un campesino que había vivido hacía más de mil años. Sus páginas hablaban de cosechas, lluvias, amores sencillos y preocupaciones mundanas. Vaelith tomó asiento sobre una vieja escalera de madera y comenzó a leer.-

    -Las horas transcurrieron sin que él lo notara. Mientras el reino dormía y las estrellas giraban sobre las torres del Eclipse, el soberano permaneció allí, pasando páginas con cuidado. Había contemplado guerras capaces de destruir continentes y observado el nacimiento de civilizaciones enteras. Sin embargo, eran aquellas pequeñas vidas olvidadas las que más captaban su atencion. Porque para alguien que había vivido demasiado tiempo, los verdaderos tesoros no eran las coronas ni los imperios. Eran los recuerdos de quienes el mundo había olvidado.-
    -La biblioteca prohibida se encontraba bajo el Reino del Eclipse, oculta en las profundidades de la montaña negra sobre la que se alzaba el castillo. No había guardianes. No hacian falta. Pocos seres poseian el valor suficiente para descender hasta aquel lugar donde se almacenaban conocimientos olvidados por los dioses.- -Vaelith caminaba entre los interminables pasillos de piedra oscura con una lampara antigua en una mano. No buscaba armas, tesoros ni secretos para aumentar su poder. Buscaba historias. Miles de libros cubrian las estanterias, algunos escritos por imperios desaparecidos, otros por pueblos cuyos nombres ya no existian en ningun mapa. Alli, entre el polvo y el silencio, el Rey del Eclipse Carmesi parecia mas un estudioso solitario que un monarca inmortal.- -Finalmente encontro un volumen pequeño, gastado por el tiempo. Al abrirlo, una sonrisa casi imperceptible apareció en su rostro. No contenía magia ni profecías. Era el diario de un campesino que había vivido hacía más de mil años. Sus páginas hablaban de cosechas, lluvias, amores sencillos y preocupaciones mundanas. Vaelith tomó asiento sobre una vieja escalera de madera y comenzó a leer.- -Las horas transcurrieron sin que él lo notara. Mientras el reino dormía y las estrellas giraban sobre las torres del Eclipse, el soberano permaneció allí, pasando páginas con cuidado. Había contemplado guerras capaces de destruir continentes y observado el nacimiento de civilizaciones enteras. Sin embargo, eran aquellas pequeñas vidas olvidadas las que más captaban su atencion. Porque para alguien que había vivido demasiado tiempo, los verdaderos tesoros no eran las coronas ni los imperios. Eran los recuerdos de quienes el mundo había olvidado.-
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  • Esa maraña burocrática llena de desdicha, muerte y explotación siempre ha significado lo correcto dentro de la delgada línea que existe entre lo inmoralmente incorrecto y el sadismo, pero... ¿Otro nombre tallado en piedra? ¿Otro joven consumido en la desesperación?

    — No será el mismo reconocimiento. ¿Qué pensarán los muchachos si me independizo y regreso de nuevo a la tranquilidad de las oficinas?
    Esa maraña burocrática llena de desdicha, muerte y explotación siempre ha significado lo correcto dentro de la delgada línea que existe entre lo inmoralmente incorrecto y el sadismo, pero... ¿Otro nombre tallado en piedra? ¿Otro joven consumido en la desesperación? — No será el mismo reconocimiento. ¿Qué pensarán los muchachos si me independizo y regreso de nuevo a la tranquilidad de las oficinas?
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  • [El mercenario aprovecho su conocimiento sobre los embarazos en la raza dragón para saber que día debía infiltrarse a la mansión Feu donde esperaría pacientemente el día del parto, cuando el día llego este se acercó a la habitación de Serynthia]

    Mercenario: veamos que tan resistente son tus escamas ahora que te encuentras más débil.. ¡Hora de cazar!

    ×el mercenario entro a la habitación pero se llevó una sorpresa al no encontrar a Seryn pero si a alguien que conocia, y entonces se acercó a un lado de la cama para ver a esa persona×

    Mercenario: ¿Que haces aquí..? Creí que después de lo ocurrido en el club escaparias al saber que esté asunto no es de tu incumbencia.

    La información que encontré hace poco en un puerto comercial me dio una pista sobre que vendrías aquí pero no le dije nada a la familia de Seryn para no alterarlos.

    Mercenario: si claro no me vengas con eso, si de verdad no les dijiste entonces ¿Donde estan?

    Eso fue gracias a ellos, decidieron a último segundo hacer el parto en un refugio lejos de aquí

    Mercenario: en ese caso no perderé tiempo aquí contigo o sino será tarde y ese mocoso nacerá.

    No llames mocoso ¡A tu futuro Rey!

    ×en ese momento el collar de mí cuello libero un destello de luz que cubrió la habitación por completo, esto nos teletransporto al mercenario y a mí dentro del antiguo castillo de la reina dragon×

    He decidió que aquí le daré fin a tu existencia.. no te mereces tal privilegio pero aún así te permitiré descansar en donde nuestra reina dio su último respiro.

    Mercenario: ¿Me traes al castillo? Eso sí que es patético de verdad te sientes muy pegado a este lugar.. ¿¡Tanto te dolió la muerte de esa niña mediocre!?

    ×de mí bolsillo sacaría una extraña daga oscura y me quedé viendo a mí rival bajo la luz de aquella luna llena a lo lejos×

    No permitiré que hables así de la única mujer por la que he sentido amor. Ahora seré tu ejecutor y tu castigo es la pena de muerte.

    Mercenario: deja de hablar así ¡Esta no es la época medieval!

    ×el mercenario se lanzó a atacarme con varias estocadas de su cuchillo pero con movimientos precisos y elegantes los frenaba con la punta de la daga que tenía conmigo×

    Eso no te va a servir..

    Mercenario: es imposible ¿Cómo mejoraste en tan poco? Claramente no eres al que enfrente aquella vez.

    Siempre he llevado un alma guerrera desde mí nacimiento pero en nuestro primer encuentro no estaba pulida.. eso es por las heridas de mí pasado

    ×esquivaria de forma fácil los últimos estoques antes de dar un giro con rapidez y hacerle un corte directo en la mejilla con esa daga×

    Mercenario: desgraciado.. aún no lo comprendo ¿Porque te involucras? No tienes ningún lazo forjado con esa familia ¡No deberían importarte sus muertes!

    Debemos ser mejores.. admito que en el pasado mí reina cometió errores y que quizás por eso los humanos hicieron lo que hicieron.. pero la muerte de una sola reina no significa que se haya terminado.. ese niño es el ejemplo de que lo que digo es verdad, verás que el cambiará el destino de nuestra raza y nos dará la oportunidad de cambiar lo que somos.. ¡Debemos ser mejores!

    Continuará...
    [El mercenario aprovecho su conocimiento sobre los embarazos en la raza dragón para saber que día debía infiltrarse a la mansión Feu donde esperaría pacientemente el día del parto, cuando el día llego este se acercó a la habitación de Serynthia] Mercenario: veamos que tan resistente son tus escamas ahora que te encuentras más débil.. ¡Hora de cazar! ×el mercenario entro a la habitación pero se llevó una sorpresa al no encontrar a Seryn pero si a alguien que conocia, y entonces se acercó a un lado de la cama para ver a esa persona× Mercenario: ¿Que haces aquí..? Creí que después de lo ocurrido en el club escaparias al saber que esté asunto no es de tu incumbencia. La información que encontré hace poco en un puerto comercial me dio una pista sobre que vendrías aquí pero no le dije nada a la familia de Seryn para no alterarlos. Mercenario: si claro no me vengas con eso, si de verdad no les dijiste entonces ¿Donde estan? Eso fue gracias a ellos, decidieron a último segundo hacer el parto en un refugio lejos de aquí Mercenario: en ese caso no perderé tiempo aquí contigo o sino será tarde y ese mocoso nacerá. No llames mocoso ¡A tu futuro Rey! ×en ese momento el collar de mí cuello libero un destello de luz que cubrió la habitación por completo, esto nos teletransporto al mercenario y a mí dentro del antiguo castillo de la reina dragon× He decidió que aquí le daré fin a tu existencia.. no te mereces tal privilegio pero aún así te permitiré descansar en donde nuestra reina dio su último respiro. Mercenario: ¿Me traes al castillo? Eso sí que es patético de verdad te sientes muy pegado a este lugar.. ¿¡Tanto te dolió la muerte de esa niña mediocre!? ×de mí bolsillo sacaría una extraña daga oscura y me quedé viendo a mí rival bajo la luz de aquella luna llena a lo lejos× No permitiré que hables así de la única mujer por la que he sentido amor. Ahora seré tu ejecutor y tu castigo es la pena de muerte. Mercenario: deja de hablar así ¡Esta no es la época medieval! ×el mercenario se lanzó a atacarme con varias estocadas de su cuchillo pero con movimientos precisos y elegantes los frenaba con la punta de la daga que tenía conmigo× Eso no te va a servir.. Mercenario: es imposible ¿Cómo mejoraste en tan poco? Claramente no eres al que enfrente aquella vez. Siempre he llevado un alma guerrera desde mí nacimiento pero en nuestro primer encuentro no estaba pulida.. eso es por las heridas de mí pasado ×esquivaria de forma fácil los últimos estoques antes de dar un giro con rapidez y hacerle un corte directo en la mejilla con esa daga× Mercenario: desgraciado.. aún no lo comprendo ¿Porque te involucras? No tienes ningún lazo forjado con esa familia ¡No deberían importarte sus muertes! Debemos ser mejores.. admito que en el pasado mí reina cometió errores y que quizás por eso los humanos hicieron lo que hicieron.. pero la muerte de una sola reina no significa que se haya terminado.. ese niño es el ejemplo de que lo que digo es verdad, verás que el cambiará el destino de nuestra raza y nos dará la oportunidad de cambiar lo que somos.. ¡Debemos ser mejores! Continuará...
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  • Jane dió un par de pasos atrás, dejando la libreta sobre la cama, como si ganando distancia pudiera apreciarla mejor.

    — Vale, así servirá, no parece una libreta que concede deseos. Tras experimentar un poco he averiguado que...

    Empezó a enumerar con los dedos de la mano.

    – Uno, no puedo hacer que las personas pierdan la memoria. Dos, no puedo auto concederme conocimientos importantes como en medicina o física, pero si que puedo otorgarmelos en campos de menos importancia como el ajedrez. Y tres, no puedo alterar con deseos nada de la libreta, pero si que puedo darme habilidades sobrehumanas de menor escala que me ayuden.

    Chasqueó los dedos, haciendo que la libreta desparezca y aparezca en su bandolera, luego volvió a chasquearlos, provocando que volviera a la cama.

    — Se ve que esto no cuenta como alterar el espacio, dado que no la estoy enviando a la nada o a otra dimensión, y solo afecta al movimiento de la libreta, no a ella en sí.
    Jane dió un par de pasos atrás, dejando la libreta sobre la cama, como si ganando distancia pudiera apreciarla mejor. — Vale, así servirá, no parece una libreta que concede deseos. Tras experimentar un poco he averiguado que... Empezó a enumerar con los dedos de la mano. – Uno, no puedo hacer que las personas pierdan la memoria. Dos, no puedo auto concederme conocimientos importantes como en medicina o física, pero si que puedo otorgarmelos en campos de menos importancia como el ajedrez. Y tres, no puedo alterar con deseos nada de la libreta, pero si que puedo darme habilidades sobrehumanas de menor escala que me ayuden. Chasqueó los dedos, haciendo que la libreta desparezca y aparezca en su bandolera, luego volvió a chasquearlos, provocando que volviera a la cama. — Se ve que esto no cuenta como alterar el espacio, dado que no la estoy enviando a la nada o a otra dimensión, y solo afecta al movimiento de la libreta, no a ella en sí.
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  • —Las Crónicas De Fenrir Queen—

    •Capítulo 1: Las heridas que no sanan•

    El viaje comenzó una mañana fría y silenciosa. Recuerdo haber permanecido unos segundos frente a la puerta de casa antes de marcharme, observando el camino que se extendía ante mí mientras ajustaba las correas de la mochila sobre mis hombros. No estaba segura de cuánto tiempo estaría fuera ni de si realmente encontraría lo que buscaba, pero quedarme tampoco iba a solucionar nada. Bajo la ropa, ocultos a la vista de cualquiera, los vendajes seguían envolviendo gran parte de mi cuerpo y las grietas permanecían allí, tan presentes como el día en que aparecieron. Algunas veces el dolor era soportable, otras parecía extenderse por cada músculo y cada hueso, recordándome constantemente aquel encuentro que había cambiado mi vida. Todavía podía ver aquella escena cuando cerraba los ojos: el aire deformándose, el suelo rompiéndose bajo nuestros pies y aquella sensación insoportable de impotencia al comprender que no podía hacer nada para detenerlo. No sabía quién era aquel muchacho, ni por qué me había atacado, ni qué clase de poder era capaz de causar semejante destrucción. Lo único que sabía era que había sobrevivido de milagro y que, si quería seguir adelante, debía encontrar alguna forma de curarme.

    Los primeros días viajé con optimismo. Había escuchado historias sobre curanderos capaces de sanar enfermedades imposibles, alquimistas que creaban remedios legendarios y magos especializados en maldiciones antiguas. Pensé que, tarde o temprano, alguien sabría reconocer mis heridas. Sin embargo, la realidad fue muy distinta. El primer curandero que visité vivía en un pequeño pueblo costero. Su casa estaba construida junto al puerto y olía intensamente a hierbas medicinales y sal marina. Tras examinar las grietas durante varios minutos, el anciano permaneció en silencio con el ceño fruncido antes de dejar escapar un largo suspiro.

    Curandero: —Nunca había visto algo parecido.

    Fenrir: —Ni siquiera sabe qué es?

    El hombre volvió a observar las marcas mientras acariciaba su barba pensativo.

    Curandero: —No parece una enfermedad. Tampoco una herida común. Es como si algo hubiese quedado atrapado dentro de tu cuerpo.

    Fenrir: —Entonces… puede curarlo?

    La expresión del anciano fue suficiente para responder antes incluso de que abriera la boca.

    Curandero: —Lo siento, muchacha.

    Aquella respuesta fue la primera de muchas. Durante las semanas siguientes recorrí pueblos, ciudades y aldeas escondidas entre montañas. Una alquimista famosa examinó las grietas utilizando cristales mágicos y herramientas que jamás había visto. Un sacerdote intentó purificarlas mediante rituales antiguos. Incluso una anciana que afirmaba haber vivido más de cien años pasó una tarde entera estudiándolas. Ninguno encontró una solución.

    Alquimista: —No entiendo cómo sigues caminando.

    Fenrir: —Tan mal están?

    Alquimista: —He visto guerreros perder miembros por heridas menos graves.

    Fenrir: —Puede ayudarme?

    La mujer apartó lentamente la mirada.

    Alquimista: —No.

    Cada respuesta negativa hacía que el viaje pesara un poco más. Había momentos en los que me sentaba junto al camino para cambiar las vendas y observaba las grietas preguntándome si terminarían formando parte de mí para siempre. No era una guerrera legendaria ni una gran maga. Apenas estaba aprendiendo a utilizar mis propias habilidades. Mis hechizos de curación eran básicos, mis barreras rúnicas servían principalmente para protegerme y todavía tenía mucho que aprender sobre la magia. Comparada con los verdaderos aventureros y héroes de las historias, me sentía débil. Aquella sensación se volvía aún más intensa cuando recordaba cómo había terminado mi combate. No había ganado. Ni siquiera había estado cerca de hacerlo.

    Cuando llegué al pueblo de montaña ya había pasado casi un mes desde mi partida. El lugar estaba escondido entre colinas cubiertas de bosques y parecía tranquilo a simple vista, pero algo no encajaba. Los habitantes caminaban deprisa, las conversaciones se apagaban cuando alguien se acercaba y más de una persona observaba constantemente los caminos que conducían al exterior. No sabía qué estaba ocurriendo allí y tampoco quería involucrarme. Mi objetivo seguía siendo el mismo, así que recorrí las calles preguntando por curanderos hasta que terminé frente a un anciano que atendía un pequeño puesto en la plaza principal.

    Fenrir: —Disculpe, hay algún curandero en el pueblo?

    Anciano: —No.

    Fenrir: —Y algún alquimista?

    Anciano: —Tampoco.

    Solté un suspiro resignado. Aquella conversación empezaba a resultarme demasiado familiar.

    Fenrir: —Entiendo… gracias igualmente.

    Ya me había girado para marcharme cuando el anciano volvió a hablar.

    Anciano: —Aunque llegó alguien hace unos días buscando algo parecido.

    Me detuve inmediatamente y volví a mirarlo.

    Fenrir: —Parecido?

    Anciano: —Un joven viajero.

    Fenrir: —También está herido?

    El hombre asintió.

    Anciano: —Eso parece.

    No era una respuesta demasiado útil, pero despertó mi curiosidad. Después de tantas semanas buscando una cura sin resultados, encontrar a otra persona cargando con heridas extrañas era suficiente para llamar mi atención. Cuando cayó la noche terminé entrando en la única posada del pueblo. El interior estaba iluminado por la luz cálida de una gran chimenea y el sonido de las conversaciones llenaba el ambiente. Mientras buscaba una mesa libre, una figura sentada en una esquina apartada llamó mi atención. Era un muchacho de cabello blanco plateado, más o menos de mi edad, acompañado por una katana que descansaba apoyada junto a la pared. Parecía cansado, como alguien que llevaba mucho tiempo viajando sin descanso, pero lo que realmente captó mi atención fue su brazo izquierdo.

    Estaba vendado. Y entre los huecos de las vendas asomaban pequeñas grietas oscuras. Mi corazón dio un vuelco. Se parecían demasiado a las mías.

    Instintivamente llevé una mano hacia mi costado y una punzada atravesó mi cuerpo. Las grietas reaccionaron de inmediato, obligándome a apretar los dientes para contener el dolor. El movimiento llamó la atención del muchacho, que levantó la mirada y se quedó observándome. Durante unos segundos ninguno apartó los ojos. No había hostilidad. Tampoco confianza. Solo una extraña sensación de reconocimiento imposible de explicar.

    Finalmente reuní valor y me acerqué.

    Fenrir: —Puedo sentarme?

    El muchacho me observó durante unos instantes antes de responder.

    Desconocido: —Haz lo que quieras.

    Tomé asiento frente a él y durante unos segundos ninguno dijo nada. El silencio resultaba incómodo, pero al mismo tiempo parecía que ambos estábamos intentando averiguar lo mismo.

    Desconocido: —No pareces de aquí.

    Fenrir: —Porque no lo soy.

    Desconocido: —Viajas sola.

    Fenrir: —Sí.

    El muchacho asintió levemente antes de volver a guardar silencio. Mis ojos terminaron desviándose nuevamente hacia su brazo. Él lo notó al instante.

    Desconocido: —Qué pasa?

    Fenrir: —Tu brazo.

    Su expresión se endureció ligeramente.

    Desconocido: —Qué ocurre con él?

    Apoyé una mano sobre mi costado, justo donde se ocultaban mis propios vendajes.

    Fenrir: —Creo que se parece un poco a lo mío.

    Por primera vez pareció realmente sorprendido.

    Desconocido: —También estás herida?

    Solté una pequeña risa cansada.

    Fenrir: —Bastante más de lo que me gustaría admitir.

    El muchacho permaneció callado unos segundos antes de formular una pregunta que me hizo levantar la vista.

    Desconocido: —Fue un chico?

    Fenrir: —Cómo lo sabes?

    Desconocido: —Porque a mí me hizo esto.

    Durante unos segundos me quedé inmóvil. Aquella era la primera vez que encontraba a alguien que parecía haber pasado por algo parecido.

    Fenrir: —Yo no sé quién era.

    Desconocido: —Yo tampoco sé mucho.

    Fenrir: —Ni siquiera me explicó por qué me atacó.

    Desconocido: —A mí tampoco.

    La conversación continuó durante largo rato. Ninguno conocía el nombre de aquel muchacho. Ninguno entendía el origen de su poder. Lo único que compartíamos eran las consecuencias. Yo le hablé de cómo las grietas recorrían gran parte de mi cuerpo y de cómo ningún curandero había conseguido ayudarme. Él me contó que las suyas estaban concentradas únicamente en su brazo izquierdo y que, aunque podía seguir luchando, tampoco lograban sanar.

    Fenrir: —Sentí cómo el aire se rompía.

    Desconocido: —Porque se rompe.

    Fenrir: —Qué quieres decir?

    Desconocido: —Que su poder no destruye solo lo que toca. Es como si dañara todo lo que hay alrededor.

    Bajé la mirada hacia la mesa.

    Fenrir: —Casi me mata.

    El muchacho permaneció unos segundos en silencio.

    Desconocido: —A mí también.

    Las llamas de la chimenea continuaban danzando a nuestra espalda mientras el murmullo de la posada seguía llenando el ambiente. Sin embargo, en aquel momento todo parecía lejano. Porque por primera vez desde que había comenzado mi viaje ya no me sentía completamente sola. Seguía sin conocer el nombre del muchacho sentado frente a mí. Él tampoco conocía el mío. Tampoco sabíamos quién era realmente el responsable de nuestras heridas ni por qué había decidido atacarnos. Pero una cosa estaba clara.

    Fuera quien fuese aquel muchacho…
    Seguía ahí fuera y tarde o temprano volveríamos a cruzarnos con él.
    —Las Crónicas De Fenrir Queen— •Capítulo 1: Las heridas que no sanan• El viaje comenzó una mañana fría y silenciosa. Recuerdo haber permanecido unos segundos frente a la puerta de casa antes de marcharme, observando el camino que se extendía ante mí mientras ajustaba las correas de la mochila sobre mis hombros. No estaba segura de cuánto tiempo estaría fuera ni de si realmente encontraría lo que buscaba, pero quedarme tampoco iba a solucionar nada. Bajo la ropa, ocultos a la vista de cualquiera, los vendajes seguían envolviendo gran parte de mi cuerpo y las grietas permanecían allí, tan presentes como el día en que aparecieron. Algunas veces el dolor era soportable, otras parecía extenderse por cada músculo y cada hueso, recordándome constantemente aquel encuentro que había cambiado mi vida. Todavía podía ver aquella escena cuando cerraba los ojos: el aire deformándose, el suelo rompiéndose bajo nuestros pies y aquella sensación insoportable de impotencia al comprender que no podía hacer nada para detenerlo. No sabía quién era aquel muchacho, ni por qué me había atacado, ni qué clase de poder era capaz de causar semejante destrucción. Lo único que sabía era que había sobrevivido de milagro y que, si quería seguir adelante, debía encontrar alguna forma de curarme. Los primeros días viajé con optimismo. Había escuchado historias sobre curanderos capaces de sanar enfermedades imposibles, alquimistas que creaban remedios legendarios y magos especializados en maldiciones antiguas. Pensé que, tarde o temprano, alguien sabría reconocer mis heridas. Sin embargo, la realidad fue muy distinta. El primer curandero que visité vivía en un pequeño pueblo costero. Su casa estaba construida junto al puerto y olía intensamente a hierbas medicinales y sal marina. Tras examinar las grietas durante varios minutos, el anciano permaneció en silencio con el ceño fruncido antes de dejar escapar un largo suspiro. Curandero: —Nunca había visto algo parecido. Fenrir: —Ni siquiera sabe qué es? El hombre volvió a observar las marcas mientras acariciaba su barba pensativo. Curandero: —No parece una enfermedad. Tampoco una herida común. Es como si algo hubiese quedado atrapado dentro de tu cuerpo. Fenrir: —Entonces… puede curarlo? La expresión del anciano fue suficiente para responder antes incluso de que abriera la boca. Curandero: —Lo siento, muchacha. Aquella respuesta fue la primera de muchas. Durante las semanas siguientes recorrí pueblos, ciudades y aldeas escondidas entre montañas. Una alquimista famosa examinó las grietas utilizando cristales mágicos y herramientas que jamás había visto. Un sacerdote intentó purificarlas mediante rituales antiguos. Incluso una anciana que afirmaba haber vivido más de cien años pasó una tarde entera estudiándolas. Ninguno encontró una solución. Alquimista: —No entiendo cómo sigues caminando. Fenrir: —Tan mal están? Alquimista: —He visto guerreros perder miembros por heridas menos graves. Fenrir: —Puede ayudarme? La mujer apartó lentamente la mirada. Alquimista: —No. Cada respuesta negativa hacía que el viaje pesara un poco más. Había momentos en los que me sentaba junto al camino para cambiar las vendas y observaba las grietas preguntándome si terminarían formando parte de mí para siempre. No era una guerrera legendaria ni una gran maga. Apenas estaba aprendiendo a utilizar mis propias habilidades. Mis hechizos de curación eran básicos, mis barreras rúnicas servían principalmente para protegerme y todavía tenía mucho que aprender sobre la magia. Comparada con los verdaderos aventureros y héroes de las historias, me sentía débil. Aquella sensación se volvía aún más intensa cuando recordaba cómo había terminado mi combate. No había ganado. Ni siquiera había estado cerca de hacerlo. Cuando llegué al pueblo de montaña ya había pasado casi un mes desde mi partida. El lugar estaba escondido entre colinas cubiertas de bosques y parecía tranquilo a simple vista, pero algo no encajaba. Los habitantes caminaban deprisa, las conversaciones se apagaban cuando alguien se acercaba y más de una persona observaba constantemente los caminos que conducían al exterior. No sabía qué estaba ocurriendo allí y tampoco quería involucrarme. Mi objetivo seguía siendo el mismo, así que recorrí las calles preguntando por curanderos hasta que terminé frente a un anciano que atendía un pequeño puesto en la plaza principal. Fenrir: —Disculpe, hay algún curandero en el pueblo? Anciano: —No. Fenrir: —Y algún alquimista? Anciano: —Tampoco. Solté un suspiro resignado. Aquella conversación empezaba a resultarme demasiado familiar. Fenrir: —Entiendo… gracias igualmente. Ya me había girado para marcharme cuando el anciano volvió a hablar. Anciano: —Aunque llegó alguien hace unos días buscando algo parecido. Me detuve inmediatamente y volví a mirarlo. Fenrir: —Parecido? Anciano: —Un joven viajero. Fenrir: —También está herido? El hombre asintió. Anciano: —Eso parece. No era una respuesta demasiado útil, pero despertó mi curiosidad. Después de tantas semanas buscando una cura sin resultados, encontrar a otra persona cargando con heridas extrañas era suficiente para llamar mi atención. Cuando cayó la noche terminé entrando en la única posada del pueblo. El interior estaba iluminado por la luz cálida de una gran chimenea y el sonido de las conversaciones llenaba el ambiente. Mientras buscaba una mesa libre, una figura sentada en una esquina apartada llamó mi atención. Era un muchacho de cabello blanco plateado, más o menos de mi edad, acompañado por una katana que descansaba apoyada junto a la pared. Parecía cansado, como alguien que llevaba mucho tiempo viajando sin descanso, pero lo que realmente captó mi atención fue su brazo izquierdo. Estaba vendado. Y entre los huecos de las vendas asomaban pequeñas grietas oscuras. Mi corazón dio un vuelco. Se parecían demasiado a las mías. Instintivamente llevé una mano hacia mi costado y una punzada atravesó mi cuerpo. Las grietas reaccionaron de inmediato, obligándome a apretar los dientes para contener el dolor. El movimiento llamó la atención del muchacho, que levantó la mirada y se quedó observándome. Durante unos segundos ninguno apartó los ojos. No había hostilidad. Tampoco confianza. Solo una extraña sensación de reconocimiento imposible de explicar. Finalmente reuní valor y me acerqué. Fenrir: —Puedo sentarme? El muchacho me observó durante unos instantes antes de responder. Desconocido: —Haz lo que quieras. Tomé asiento frente a él y durante unos segundos ninguno dijo nada. El silencio resultaba incómodo, pero al mismo tiempo parecía que ambos estábamos intentando averiguar lo mismo. Desconocido: —No pareces de aquí. Fenrir: —Porque no lo soy. Desconocido: —Viajas sola. Fenrir: —Sí. El muchacho asintió levemente antes de volver a guardar silencio. Mis ojos terminaron desviándose nuevamente hacia su brazo. Él lo notó al instante. Desconocido: —Qué pasa? Fenrir: —Tu brazo. Su expresión se endureció ligeramente. Desconocido: —Qué ocurre con él? Apoyé una mano sobre mi costado, justo donde se ocultaban mis propios vendajes. Fenrir: —Creo que se parece un poco a lo mío. Por primera vez pareció realmente sorprendido. Desconocido: —También estás herida? Solté una pequeña risa cansada. Fenrir: —Bastante más de lo que me gustaría admitir. El muchacho permaneció callado unos segundos antes de formular una pregunta que me hizo levantar la vista. Desconocido: —Fue un chico? Fenrir: —Cómo lo sabes? Desconocido: —Porque a mí me hizo esto. Durante unos segundos me quedé inmóvil. Aquella era la primera vez que encontraba a alguien que parecía haber pasado por algo parecido. Fenrir: —Yo no sé quién era. Desconocido: —Yo tampoco sé mucho. Fenrir: —Ni siquiera me explicó por qué me atacó. Desconocido: —A mí tampoco. La conversación continuó durante largo rato. Ninguno conocía el nombre de aquel muchacho. Ninguno entendía el origen de su poder. Lo único que compartíamos eran las consecuencias. Yo le hablé de cómo las grietas recorrían gran parte de mi cuerpo y de cómo ningún curandero había conseguido ayudarme. Él me contó que las suyas estaban concentradas únicamente en su brazo izquierdo y que, aunque podía seguir luchando, tampoco lograban sanar. Fenrir: —Sentí cómo el aire se rompía. Desconocido: —Porque se rompe. Fenrir: —Qué quieres decir? Desconocido: —Que su poder no destruye solo lo que toca. Es como si dañara todo lo que hay alrededor. Bajé la mirada hacia la mesa. Fenrir: —Casi me mata. El muchacho permaneció unos segundos en silencio. Desconocido: —A mí también. Las llamas de la chimenea continuaban danzando a nuestra espalda mientras el murmullo de la posada seguía llenando el ambiente. Sin embargo, en aquel momento todo parecía lejano. Porque por primera vez desde que había comenzado mi viaje ya no me sentía completamente sola. Seguía sin conocer el nombre del muchacho sentado frente a mí. Él tampoco conocía el mío. Tampoco sabíamos quién era realmente el responsable de nuestras heridas ni por qué había decidido atacarnos. Pero una cosa estaba clara. Fuera quien fuese aquel muchacho… Seguía ahí fuera y tarde o temprano volveríamos a cruzarnos con él.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    y yo que le iba a dar un reconocimiento...
    Ya ni modo, la vida sigue
    :STK-67: y yo que le iba a dar un reconocimiento... Ya ni modo, la vida sigue
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