• Una primera impresión
    Categoría Original
    Joon Bokkel

    — Una ola de crímenes particularmente extraños azotaban la ciudad hace ya varias semanas; extrañas desapariciones y algunos asesinatos sin patrón aparente, pero que, justamente esa falta de patrones y las escenas sospechosamente limpias, habían llevado a la policía a una deducción arriesgada pero posible.

    Algunos rechazaban firmemente la idea de que tales acontecimientos tuvieran alguna clase de relación, otros más arriesgados, afirmaban que se trataba de una sola persona que operaba bajo las sombras, pero la realidad era que la teoría más factible, sugería la existencia de una organización criminal que operaba a nivel internacional.
    ¿Lo extraño? Parecían ejecutar sus movimientos en lugares específicos, todos al mismo tiempo, a veces era una víctima, otras, diversas personas vinculadas a un mismo entorno.
    Está vez, las desapariciones y las muertes, correspondían a personas presuntamente vinculadas a una red de tráfico de armas, entre las que se encontraban ex militares e influencias del entorno político, un escándalo público, esto había encendido las alarmas entre las autoridades rápidamente.

    Uno de los principales obstáculos para dar con los responsables era la falta de pruebas, no había rastros, pistas o movimientos previos que indicaran los ataques, las víctimas solían desparecer como si el viento las llevara de repente o aparecer sin vida, sin más que un solo disparo certero, sin rastro del arma o de algún acercamiento con el atacante.

    Tras la insistencia de algunas influencias de la política —por más motivos turbios que preocupación humana— la agencia a cargo había puesto al mando a uno de sus mejores detectives, sin embargo, había algo que no le dirían hasta el final y era que además de él, requerirían de un servicio adicional, un jóven detective que brillaba en el entorno por sus hazañas y que había sido reclutado especialmente para el caso. —

    Cómo última indicación — Le fue informado al detective — Le queremos presentar al hombre que lo acompañara en la investigación, entendemos que sus métodos serán de utilidad en el proceso.

    — De espaldas a ellos, sentado en la sala con una paciencia silenciosa, aquel jóven de cabellos negros aguardaba a su nuevo compañero. Al oir la puerta se limitó a voltear la cabeza y observar de reojo, pero al instante que reconoció a su colega, el jóven Bekya se puso de pie, caminó hacia él y le extendió la mano con una sonrisa que cualquiera distinguiría a kilómetros por falsa y arrogante. —

    Señor Bokkel, que placer conocerlo, detective Bekya Leavitt, para servirle a usted y a los suyos. Espero que el trabajo juntos sea ameno...

    — Esa voz, suave y serena, ocultaba vagamente una superioridad imperante en su persona, una hipocresía tal, que se palpaba en el aire, en las palabras que salían de sus labios hasta los oídos del otro, pero esa sonrisa, tenía esa sonrisa encantadora que distraía a casi cualquier persona de una segunda intención.
    Una buena primera impresión, eso parecía. —

    [nightfall_b0y] — Una ola de crímenes particularmente extraños azotaban la ciudad hace ya varias semanas; extrañas desapariciones y algunos asesinatos sin patrón aparente, pero que, justamente esa falta de patrones y las escenas sospechosamente limpias, habían llevado a la policía a una deducción arriesgada pero posible. Algunos rechazaban firmemente la idea de que tales acontecimientos tuvieran alguna clase de relación, otros más arriesgados, afirmaban que se trataba de una sola persona que operaba bajo las sombras, pero la realidad era que la teoría más factible, sugería la existencia de una organización criminal que operaba a nivel internacional. ¿Lo extraño? Parecían ejecutar sus movimientos en lugares específicos, todos al mismo tiempo, a veces era una víctima, otras, diversas personas vinculadas a un mismo entorno. Está vez, las desapariciones y las muertes, correspondían a personas presuntamente vinculadas a una red de tráfico de armas, entre las que se encontraban ex militares e influencias del entorno político, un escándalo público, esto había encendido las alarmas entre las autoridades rápidamente. Uno de los principales obstáculos para dar con los responsables era la falta de pruebas, no había rastros, pistas o movimientos previos que indicaran los ataques, las víctimas solían desparecer como si el viento las llevara de repente o aparecer sin vida, sin más que un solo disparo certero, sin rastro del arma o de algún acercamiento con el atacante. Tras la insistencia de algunas influencias de la política —por más motivos turbios que preocupación humana— la agencia a cargo había puesto al mando a uno de sus mejores detectives, sin embargo, había algo que no le dirían hasta el final y era que además de él, requerirían de un servicio adicional, un jóven detective que brillaba en el entorno por sus hazañas y que había sido reclutado especialmente para el caso. — Cómo última indicación — Le fue informado al detective — Le queremos presentar al hombre que lo acompañara en la investigación, entendemos que sus métodos serán de utilidad en el proceso. — De espaldas a ellos, sentado en la sala con una paciencia silenciosa, aquel jóven de cabellos negros aguardaba a su nuevo compañero. Al oir la puerta se limitó a voltear la cabeza y observar de reojo, pero al instante que reconoció a su colega, el jóven Bekya se puso de pie, caminó hacia él y le extendió la mano con una sonrisa que cualquiera distinguiría a kilómetros por falsa y arrogante. — Señor Bokkel, que placer conocerlo, detective Bekya Leavitt, para servirle a usted y a los suyos. Espero que el trabajo juntos sea ameno... — Esa voz, suave y serena, ocultaba vagamente una superioridad imperante en su persona, una hipocresía tal, que se palpaba en el aire, en las palabras que salían de sus labios hasta los oídos del otro, pero esa sonrisa, tenía esa sonrisa encantadora que distraía a casi cualquier persona de una segunda intención. Una buena primera impresión, eso parecía. —
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  • —Quizás algún día las personas dejen de considerar Taboo ciertos temas. Tal vez...no sea tan difícil algún día tener a alguien con quien compartir una cama... Tal vez algún día pueda llegar a acostarme con alguien.
    —Quizás algún día las personas dejen de considerar Taboo ciertos temas. Tal vez...no sea tan difícil algún día tener a alguien con quien compartir una cama... Tal vez algún día pueda llegar a acostarme con alguien.
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  • “De vuelta al mundo…”
    Fandom Harry Potter
    Categoría Acción
    𝓙𝑒𝑠𝑠 𝓦𝑖𝑙𝑙𝑜𝑤𝑠

    Todavía sentía el vértigo en su estómago y las náuseas. Quería vomitar. Riley levantó la mirada del lavabo hacía su reflejo en el espejo de su cuarto de baño y una pálida muchacha de cabello oscuro y ojos marrones le devolvía la mirada. Hacía menos de 20 minutos que había echado a Balt de su apartamento.

    Cerró los ojos ante otra nueva náusea, y se concentró en respirar profundamente.

    “ — Uno,... dos,... tres,... –” Respiración profunda.

    – Estoy bien… Estoy bien… – se dijo, y apretó los bordes del mueble de lavabo como si fuera su ancla a ese estado de bienestar que estaba muy lejos de ser real.

    Volvió a respirar profundamente, y a contar hasta diez. Otra vez, y una vez más. Abrió los ojos, y la Riley que esta vez le devolvía la mirada no parecía estar a punto de perder el conocimiento o de echar hasta su primera papilla. La mujer que ahora le devolvía la mirada respiraba casi con normalidad y tenía un color menos… fantasmagórico.

    – Vale… Que no cunda el pánico… Vamos a analizar la situación y decidiré si mato a Balt… ¡Al idiota de Balthazar! Si se llama así, y no me ha mentido también en eso… – el pánico parecía que iba a volver a ganar la guerra — La idiota soy yo… Una idiota de los pies a la cabeza… Red Flags. Las malditas Red Flags, una tras otra, pero nooooo…. ¡NO! Yo como estúpida que soy, voy y decido ignorarlas toooodas… Un tío interesante, alto y guapo, con acento británico en Nueva York aparece por casualidad en mi biblioteca accediendo a una cita, que no era una cita, aun teniendo pareja… Y yo soy tan idiota de acceder a una amistad cuando siempre tomo distancia… Pero nooo, en esa ocasión decido… ¡Qué leches! Soy tan idiota que, aunque él me encanta y tengo cero oportunidades, dejarle entrar en mi vida… Y ¡Sorpresa! Todo lo hace porque soy la maldita hija de Alexander Barrow, no porque realmente hayamos conectado… No… solo era un jodido trabajo.. Y lo peor es que mi padre viene a por mí… Mi padre quien debería estar en Azkaban y tiene a todo el mundo engañado… Y yo en vez de estar aquí contándole mis dramas familiares y amoroso a un maldito espejo, debería estar denunciándolo en el Macusa…–.

    El discurso dicho en voz alta le robó las fuerzas en las piernas, sintiendo como le temblaban, y pudiendo caer al suelo sino fuera porque se mantenía bien sujeta al lavamanos. Decir en voz alta lo sucedido ayudaba. Era una táctica, no solo para poder sacar todos sus pensamientos de la cabeza y que no se convirtieran en un bucle de pensamientos recurrentes, también para tomar conciencia sobre sus siguientes pasos.

    Por el momento, y lo que Riley había sacado en claro de todo lo que Bob, apodo cariñoso por el que también se dirigía a él siendo la única que lo hacía, le había confesado era que, además de haberse acercado a ella por tema laboral, sin ahondar en cuestiones sentimentales (como era que Riley estaba enamorada de él), que la persona que estaba detrás de todo era Alexander Barrow, su padre. La estaba buscando, y eso implicaba que debía de hacer algo antes de que él la encontrase. En esos momentos no podía fiarse de nadie, y eso dejaba claro que si las cosas no habían funcionado, a su manera, tendría que utilizar otras formas; hacer una denuncia oficial.

    - Vale, vale, vale… Sé lo que tengo que hacer y… respira… uff, uno, dos, tres… mantengamos la calma… – Tomó aire, y agitó las manos intentando descargar tanta tensión. Se cuadró frente al espejo y se miró directamente. – Soy Anna… – dijo con inseguridad – Soy Anna Elise… Soy Anna Elise Barrow y vengo a denunciar la desaparición de Alexander Barrow… – Asintió con menos determinación de lo que su reflejo le devolvía.

    – Soy Anna Elise Barrow, y vengo a denunciar la desaparición de Alexander Barrow. Lo siento, papá, pero has ido demasiado lejos y es hora de volver al mundo –.

    Media hora después Riley, Anna, salía de su apartamento en Nueva York con la apariencia de cualquier muggle más. Llevaba su habitual vestimenta, y su chaquetón largo y un paraguas de mano. Además, de su bolso repleto de cosas muggles. Solo una cosa nueva; su varita. Un nuevo destino, el Macusa.

    El Macusa, un edificio subterráneo en el centro de Nueva York, mucho más monumental y señorial que el británico, al menos a ojos de Riley. Imponía estar allí. No solo por sus líneas rectas y el aspecto que daba la sensación de poder y control, también porque se sentía fuera de lugar. Se sentía extraña, como si ahora realmente fuera una farsante.

    Caminó por la amplia y majestuosa sala principal intentando disimular lo perdida que se sentía. Miró los diferentes carteles que derivan a salas que se distribuían por pasillos. “Archivos, juicios, cámaras de interrogatorios, Confiscación de artefactos…”. Continuó caminando por la sala en silencio leyendo los carteles que se encontraba y evitando los brujos y magos que se cruzaba con pasos apresurados.

    Parecía que no encontraría a dónde debía ir, y que aquel lugar donde no había siquiera ventanas y parecía que todo estaba hecho para sentirte pequeño, la devoraría sin tregua. Sus pasos se volvieron erráticos mirando a una u otra columnas hasta que se chocó de pronto contra alguien.

    – Lo siento… – se disculpó, encontrando a un hombre algo mayor que ella.

    – Tranquila… ¿Necesitas ayuda? –. preguntó mirando a la joven, claramente Riley daba la impresión de estar perdida.

    – Quería… quería ir al departamento de seguridad, pero estoy un poco pérdida… – se atrevió a confesar que no sabía a donde tenía que ir, tampoco es que estuviera haciendo nada malo, y en el Macusa no tenía nada que temer. Si Alexander la buscaba, allí no entraría.

    – No se preocupe, la acompaño… – dijo, señalando un pasillo que se perdía al fondo de la sala – Yo voy una planta más abajo, pero le indicaré cómo llegar –.

    Caminó junto al mago hacía el pasillo, y allí, en lo alto de la primera columna de granito oscuro que iba desde el suelo al techo, había un cartel que indicaba “Seguridad” encima de “Licencias”.

    – No te preocupes… La primera vez que entré en este edificio, bueno, digamos que terminé en una sala de juicios y me confundieron con el acusado… Fue un gran primer día –.

    Menos de cinco minutos después, Riley se encontraba en la recepción del departamento de seguridad.

    – Buenas tardes, soy Anna Elise Barrow y necesito hablar con un auror sobre Alexander Barrow… –
    [FIGHTERAUR0R] Todavía sentía el vértigo en su estómago y las náuseas. Quería vomitar. Riley levantó la mirada del lavabo hacía su reflejo en el espejo de su cuarto de baño y una pálida muchacha de cabello oscuro y ojos marrones le devolvía la mirada. Hacía menos de 20 minutos que había echado a Balt de su apartamento. Cerró los ojos ante otra nueva náusea, y se concentró en respirar profundamente. “ — Uno,... dos,... tres,... –” Respiración profunda. – Estoy bien… Estoy bien… – se dijo, y apretó los bordes del mueble de lavabo como si fuera su ancla a ese estado de bienestar que estaba muy lejos de ser real. Volvió a respirar profundamente, y a contar hasta diez. Otra vez, y una vez más. Abrió los ojos, y la Riley que esta vez le devolvía la mirada no parecía estar a punto de perder el conocimiento o de echar hasta su primera papilla. La mujer que ahora le devolvía la mirada respiraba casi con normalidad y tenía un color menos… fantasmagórico. – Vale… Que no cunda el pánico… Vamos a analizar la situación y decidiré si mato a Balt… ¡Al idiota de Balthazar! Si se llama así, y no me ha mentido también en eso… – el pánico parecía que iba a volver a ganar la guerra — La idiota soy yo… Una idiota de los pies a la cabeza… Red Flags. Las malditas Red Flags, una tras otra, pero nooooo…. ¡NO! Yo como estúpida que soy, voy y decido ignorarlas toooodas… Un tío interesante, alto y guapo, con acento británico en Nueva York aparece por casualidad en mi biblioteca accediendo a una cita, que no era una cita, aun teniendo pareja… Y yo soy tan idiota de acceder a una amistad cuando siempre tomo distancia… Pero nooo, en esa ocasión decido… ¡Qué leches! Soy tan idiota que, aunque él me encanta y tengo cero oportunidades, dejarle entrar en mi vida… Y ¡Sorpresa! Todo lo hace porque soy la maldita hija de Alexander Barrow, no porque realmente hayamos conectado… No… solo era un jodido trabajo.. Y lo peor es que mi padre viene a por mí… Mi padre quien debería estar en Azkaban y tiene a todo el mundo engañado… Y yo en vez de estar aquí contándole mis dramas familiares y amoroso a un maldito espejo, debería estar denunciándolo en el Macusa…–. El discurso dicho en voz alta le robó las fuerzas en las piernas, sintiendo como le temblaban, y pudiendo caer al suelo sino fuera porque se mantenía bien sujeta al lavamanos. Decir en voz alta lo sucedido ayudaba. Era una táctica, no solo para poder sacar todos sus pensamientos de la cabeza y que no se convirtieran en un bucle de pensamientos recurrentes, también para tomar conciencia sobre sus siguientes pasos. Por el momento, y lo que Riley había sacado en claro de todo lo que Bob, apodo cariñoso por el que también se dirigía a él siendo la única que lo hacía, le había confesado era que, además de haberse acercado a ella por tema laboral, sin ahondar en cuestiones sentimentales (como era que Riley estaba enamorada de él), que la persona que estaba detrás de todo era Alexander Barrow, su padre. La estaba buscando, y eso implicaba que debía de hacer algo antes de que él la encontrase. En esos momentos no podía fiarse de nadie, y eso dejaba claro que si las cosas no habían funcionado, a su manera, tendría que utilizar otras formas; hacer una denuncia oficial. - Vale, vale, vale… Sé lo que tengo que hacer y… respira… uff, uno, dos, tres… mantengamos la calma… – Tomó aire, y agitó las manos intentando descargar tanta tensión. Se cuadró frente al espejo y se miró directamente. – Soy Anna… – dijo con inseguridad – Soy Anna Elise… Soy Anna Elise Barrow y vengo a denunciar la desaparición de Alexander Barrow… – Asintió con menos determinación de lo que su reflejo le devolvía. – Soy Anna Elise Barrow, y vengo a denunciar la desaparición de Alexander Barrow. Lo siento, papá, pero has ido demasiado lejos y es hora de volver al mundo –. Media hora después Riley, Anna, salía de su apartamento en Nueva York con la apariencia de cualquier muggle más. Llevaba su habitual vestimenta, y su chaquetón largo y un paraguas de mano. Además, de su bolso repleto de cosas muggles. Solo una cosa nueva; su varita. Un nuevo destino, el Macusa. El Macusa, un edificio subterráneo en el centro de Nueva York, mucho más monumental y señorial que el británico, al menos a ojos de Riley. Imponía estar allí. No solo por sus líneas rectas y el aspecto que daba la sensación de poder y control, también porque se sentía fuera de lugar. Se sentía extraña, como si ahora realmente fuera una farsante. Caminó por la amplia y majestuosa sala principal intentando disimular lo perdida que se sentía. Miró los diferentes carteles que derivan a salas que se distribuían por pasillos. “Archivos, juicios, cámaras de interrogatorios, Confiscación de artefactos…”. Continuó caminando por la sala en silencio leyendo los carteles que se encontraba y evitando los brujos y magos que se cruzaba con pasos apresurados. Parecía que no encontraría a dónde debía ir, y que aquel lugar donde no había siquiera ventanas y parecía que todo estaba hecho para sentirte pequeño, la devoraría sin tregua. Sus pasos se volvieron erráticos mirando a una u otra columnas hasta que se chocó de pronto contra alguien. – Lo siento… – se disculpó, encontrando a un hombre algo mayor que ella. – Tranquila… ¿Necesitas ayuda? –. preguntó mirando a la joven, claramente Riley daba la impresión de estar perdida. – Quería… quería ir al departamento de seguridad, pero estoy un poco pérdida… – se atrevió a confesar que no sabía a donde tenía que ir, tampoco es que estuviera haciendo nada malo, y en el Macusa no tenía nada que temer. Si Alexander la buscaba, allí no entraría. – No se preocupe, la acompaño… – dijo, señalando un pasillo que se perdía al fondo de la sala – Yo voy una planta más abajo, pero le indicaré cómo llegar –. Caminó junto al mago hacía el pasillo, y allí, en lo alto de la primera columna de granito oscuro que iba desde el suelo al techo, había un cartel que indicaba “Seguridad” encima de “Licencias”. – No te preocupes… La primera vez que entré en este edificio, bueno, digamos que terminé en una sala de juicios y me confundieron con el acusado… Fue un gran primer día –. Menos de cinco minutos después, Riley se encontraba en la recepción del departamento de seguridad. – Buenas tardes, soy Anna Elise Barrow y necesito hablar con un auror sobre Alexander Barrow… –
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  • *Cuando al tomar algo con los compas de teatro te toca pasar por el baño sí o sí y te das cuenta de que aunque es un espacio full cerrado y pequeño, ya no te parece que dé tanto mal rollo.*
    *Cuando al tomar algo con los compas de teatro te toca pasar por el baño sí o sí y te das cuenta de que aunque es un espacio full cerrado y pequeño, ya no te parece que dé tanto mal rollo.*
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  • Hice muchos muffins con glaseados aunque no tengo con quién compartirlos.
    Hice muchos muffins con glaseados aunque no tengo con quién compartirlos.
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  • Era innegable que Carmina habitaba una contradicción silenciosa. A veces, su corazón se desviaba hacia la vida de sus amigas: alianzas brillando en los dedos, promesas de futuro, títulos por concluir y esa idea de éxito cuidadosamente adornada para existir en pantallas ajenas.
    Otras veces —las más sinceras—, se aferraba a la calma de lo que ya tenía. Al murmullo cotidiano del negocio familiar, a la rutina compartida con su abuela, la mujer que la había criado y que, sin saberlo, se había convertido en su centro. ¿Cómo abandonarla? La sola idea resultaba inconcebible.
    Por eso, una tarde cualquiera de viernes, después del trabajo, con el té humeante entre las manos, algo sencillo para comer y la silenciosa compañía de los gatos del barrio que iban y venían como viejos conocidos, era un pequeño refugio. Un instante tan pleno que no cambiaría por nada.
    Era innegable que Carmina habitaba una contradicción silenciosa. A veces, su corazón se desviaba hacia la vida de sus amigas: alianzas brillando en los dedos, promesas de futuro, títulos por concluir y esa idea de éxito cuidadosamente adornada para existir en pantallas ajenas. Otras veces —las más sinceras—, se aferraba a la calma de lo que ya tenía. Al murmullo cotidiano del negocio familiar, a la rutina compartida con su abuela, la mujer que la había criado y que, sin saberlo, se había convertido en su centro. ¿Cómo abandonarla? La sola idea resultaba inconcebible. Por eso, una tarde cualquiera de viernes, después del trabajo, con el té humeante entre las manos, algo sencillo para comer y la silenciosa compañía de los gatos del barrio que iban y venían como viejos conocidos, era un pequeño refugio. Un instante tan pleno que no cambiaría por nada.
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  • —Compartir tu dolor, lo difumina. Compartir tu alegría, la multiplica.
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  • 𝐆𝐑𝐖𝐌 𝘧𝘰𝘳 𝘢 𝘯𝘪𝘨𝘩𝘵 @ 𝘵𝘩𝘦 𝘰𝘱𝘦𝘳𝘢

    ⋅•⋅⊰∙∘☽༓☾∘∙⊱⋅•⋅

    Hoy era una noche que Rowan esperaba con anticipación. Apenas unos días antes había recibido una invitación para la función de la ópera. La cuenta regresiva hasta el viernes la mantenía emocionada y expectante.

    Afortunadamente logró conseguir un día libre en el trabajo, así que podría asistir sin complicaciones. Vistió el único vestido que tenía en su clóset y se embarcó a esa nueva 𝘢𝘷𝘦𝘯𝘵𝘶𝘳𝘢. Siempre había tenido una fascinación por la escena artística local, pero nunca le había surgido la oportunidad de ir a uno de esos grandilocuentes teatros.

    No había comenzado la función y ya se encontraba hipnotizada por el ambiente, lleno de luces y decoraciones complejas. Una vez encontró su asiento, observó el que estaba vacío a su costado.

    “𝘓á𝘴𝘵𝘪𝘮𝘢”, pensó ella. Quien la había invitado ya le había advertido de su posible ausencia, aún así, hubiese sido ideal compartir esa experiencia. Sacudió su cabeza de un lado a otro, disipando cualquier pensamiento negativo y decidida a disfrutar de la noche a pesar de todo.

    Horas después, Rowan saldría completamente satisfecha, complacida, con su cariño por las artes más vivo que nunca y con una calidez recorriéndole todo su ser mientras caminaba por las calles nocturnas en dirección a su apartamento, tarareando una de las últimas canciones de la obra y meciendo su cuerpo lentamente de un lado a otro.

    Fue una noche 𝘪𝘯𝘰𝘭𝘷𝘪𝘥𝘢𝘣𝘭𝘦.
    Definitivamente algún día tenía que volver a ese teatro.
    𝐆𝐑𝐖𝐌 𝘧𝘰𝘳 𝘢 𝘯𝘪𝘨𝘩𝘵 @ 𝘵𝘩𝘦 𝘰𝘱𝘦𝘳𝘢 ⋅•⋅⊰∙∘☽༓☾∘∙⊱⋅•⋅ Hoy era una noche que Rowan esperaba con anticipación. Apenas unos días antes había recibido una invitación para la función de la ópera. La cuenta regresiva hasta el viernes la mantenía emocionada y expectante. Afortunadamente logró conseguir un día libre en el trabajo, así que podría asistir sin complicaciones. Vistió el único vestido que tenía en su clóset y se embarcó a esa nueva 𝘢𝘷𝘦𝘯𝘵𝘶𝘳𝘢. Siempre había tenido una fascinación por la escena artística local, pero nunca le había surgido la oportunidad de ir a uno de esos grandilocuentes teatros. No había comenzado la función y ya se encontraba hipnotizada por el ambiente, lleno de luces y decoraciones complejas. Una vez encontró su asiento, observó el que estaba vacío a su costado. “𝘓á𝘴𝘵𝘪𝘮𝘢”, pensó ella. Quien la había invitado ya le había advertido de su posible ausencia, aún así, hubiese sido ideal compartir esa experiencia. Sacudió su cabeza de un lado a otro, disipando cualquier pensamiento negativo y decidida a disfrutar de la noche a pesar de todo. Horas después, Rowan saldría completamente satisfecha, complacida, con su cariño por las artes más vivo que nunca y con una calidez recorriéndole todo su ser mientras caminaba por las calles nocturnas en dirección a su apartamento, tarareando una de las últimas canciones de la obra y meciendo su cuerpo lentamente de un lado a otro. Fue una noche 𝘪𝘯𝘰𝘭𝘷𝘪𝘥𝘢𝘣𝘭𝘦. Definitivamente algún día tenía que volver a ese teatro.
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  • Mi pequeña Kira la adoro es la mejor compañía que tengo
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  • — ¡Vin! Dice Vale que si vamos por sushi hoy. —Marco, su compañero del departamento de finanzas, no dudó en abordarlo con emoción a la salida del trabajo.— Hace mucho tiempo que no vamos y, siendo realista, la verdad es que también me gustaría. ¿Qué dices, vamos?

    Vincent se le quedó mirando con duda e intriga. No es que no tuviese antojo de sushi o que no quisiera distraerse un rato de su monótona rutina en el trabajo pero, la verdad, detestaba la idea de tener que conducir por más tiempo para llevar a Valentina hasta su casa y después regresar a dejar a Marco, porque le quedaba de camino a su hogar, y así terminar retrasándose más tiempo. Además, entendía que era el único que tenía vehículo y por eso lo invitaban, porque nadie más se iba a tomar la molestia de llevarlos al otro extremo de la ciudad, regresarlos a sus hogares y no pedir un solo centavo para la gasolina. ¿Quién más iba a ser tan noble para dejar que se aprovecharan de él tan descaradamente?

    — No lo sé. Tengo que terminar un trabajo llegando a casa, también le dije al jefe de nómina que veríamos su tema cuando estuviese en casa y mañana tengo una reunión con el equipo de auditoria. No sé si realmente pueda...

    — Hoy hay promoción. Todos los rollos están al dos por uno.

    — ¿Todos? Pero no lo sé, realmente tengo trabajo que...

    — Los helados de yogur también están al tres por dos. —Marco agregó de inmediato. Como si quisiera interrumpirlo sin darle oportunidad de negarse una vez más ante su petición.— Esos son los que te gustan, ¿no? Además, no sé si lo habías notado, pero ya nos pagaron.

    Ya nos pagaron. Nos pagaron. Pagaron. Promoción. Dos por uno. Tres por dos.

    Por un momento Vincent se quedó pensando en aquellas palabras que resonaron con fuerza en su mente. Aunque las deudas del mes le pasaron por la cabeza, el hecho de entender que su salario había sido pagado era suficiente para cambiar su humor. Su rostro cambió, pasando de esa incomodidad por el aprovechamiento, a una expresión más relajada en la que enviaba todo al carajo.

    — Bueno. Por mí está bien, ya hablaré mañana con los demás. Vamos, pero ustedes dos deberán invitarme el helado esta vez. —Vincent asintió, confirmando sus palabras y estando satisfecho con su propia decisión. De verdad que ya comenzaba a saborearse el helado cubierto de chocolate y con trozos de fruta como decoración para mejorar el dulzor.— Ya me hacía falta salir de esa oficina.

    Del dinero gastado hoy, se preocupará el Vincent del mañana.
    — ¡Vin! Dice Vale que si vamos por sushi hoy. —Marco, su compañero del departamento de finanzas, no dudó en abordarlo con emoción a la salida del trabajo.— Hace mucho tiempo que no vamos y, siendo realista, la verdad es que también me gustaría. ¿Qué dices, vamos? Vincent se le quedó mirando con duda e intriga. No es que no tuviese antojo de sushi o que no quisiera distraerse un rato de su monótona rutina en el trabajo pero, la verdad, detestaba la idea de tener que conducir por más tiempo para llevar a Valentina hasta su casa y después regresar a dejar a Marco, porque le quedaba de camino a su hogar, y así terminar retrasándose más tiempo. Además, entendía que era el único que tenía vehículo y por eso lo invitaban, porque nadie más se iba a tomar la molestia de llevarlos al otro extremo de la ciudad, regresarlos a sus hogares y no pedir un solo centavo para la gasolina. ¿Quién más iba a ser tan noble para dejar que se aprovecharan de él tan descaradamente? — No lo sé. Tengo que terminar un trabajo llegando a casa, también le dije al jefe de nómina que veríamos su tema cuando estuviese en casa y mañana tengo una reunión con el equipo de auditoria. No sé si realmente pueda... — Hoy hay promoción. Todos los rollos están al dos por uno. — ¿Todos? Pero no lo sé, realmente tengo trabajo que... — Los helados de yogur también están al tres por dos. —Marco agregó de inmediato. Como si quisiera interrumpirlo sin darle oportunidad de negarse una vez más ante su petición.— Esos son los que te gustan, ¿no? Además, no sé si lo habías notado, pero ya nos pagaron. Ya nos pagaron. Nos pagaron. Pagaron. Promoción. Dos por uno. Tres por dos. Por un momento Vincent se quedó pensando en aquellas palabras que resonaron con fuerza en su mente. Aunque las deudas del mes le pasaron por la cabeza, el hecho de entender que su salario había sido pagado era suficiente para cambiar su humor. Su rostro cambió, pasando de esa incomodidad por el aprovechamiento, a una expresión más relajada en la que enviaba todo al carajo. — Bueno. Por mí está bien, ya hablaré mañana con los demás. Vamos, pero ustedes dos deberán invitarme el helado esta vez. —Vincent asintió, confirmando sus palabras y estando satisfecho con su propia decisión. De verdad que ya comenzaba a saborearse el helado cubierto de chocolate y con trozos de fruta como decoración para mejorar el dulzor.— Ya me hacía falta salir de esa oficina. Del dinero gastado hoy, se preocupará el Vincent del mañana.
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