• Las garras de la inocencia

    Razor era conocido en Mondstadt como un chico enérgico, tranquilo e inocente. Para muchos, incluso tierno. Sin embargo, bajo esa apariencia se escondía una mente alerta al peligro, una inteligencia nata para el combate y, por encima de todo, un instinto feroz por proteger a su manada, a quienes consideraba su verdadera familia.

    El mercado negro surtía de todo a quienes buscaban lo que no podía conseguirse por medios legales: pociones adulteradas, alcohol, ingredientes a sobreprecio, armas, materiales… y pieles. Demasiadas pieles.

    Tras los últimos aullidos, profundos y majestuosos, la noche cayó sobre el bosque. La manada dormía. Razor se encontraba acurrucado bajo el tronco de un árbol, abrazado a uno de los lobos más viejos; los cachorros descansaban junto a sus madres, y el alfa vigilaba desde lo alto de una roca.

    Entonces, un crujido.

    Las orejas del alfa se alzaron de golpe. Razor abrió los ojos al mismo tiempo, conteniendo la respiración. No era un animal nocturno.

    Las antorchas se encendieron de repente, rodeando a la manada. El fuego crepitó, proyectando sombras torcidas entre los árboles. Humanos avanzaban con cautela, cuchillos y mazos en mano, sonriendo mientras hablaban del botín.

    El alfa saltó frente a su manada, erizando el pelaje y gruñendo. Dudaron un segundo… pero eran demasiados.

    Desde un punto ciego, varios bandidos se lanzaron sobre una de las lobas. Los chillidos de los cachorros cortaron el aire cuando fueron arrancados de su madre y metidos en un saco.

    La risa de uno de los hombres se apagó de golpe.

    Un impacto seco. Brutal.

    Razor había caído sobre él, clavándole la rodilla en el pecho. El bandido quedó inconsciente antes de tocar el suelo.

    +¿Q-qué fue eso? ¡Dijeron que no había nadie cuidando!

    Las espadas se alzaron. Entonces lo vieron.

    +¡Es solo un niño!
    —¡Yo… proteger… familia! —gruñó Razor, con los colmillos apretados—. ¡Ustedes… ser… malos!

    Se lanzó.

    Los lobos se unieron al ataque. Dientes, garras, gritos. Cada alarido de dolor de su manada hacía que los golpes de Razor fueran más fuertes, más salvajes.

    No luchaba como un caballero. No había técnica elegante, solo reflejos afilados, agilidad y una fuerza nacida del instinto.

    +¡No puede ser… tiene una Visión!

    Las garras Electro brillaron en la oscuridad. Uno a uno, los bandidos cayeron. Razor sangraba, respiraba con dificultad… pero en sus ojos no había dolor. Solo furia. Y determinación.

    Cuando el silencio volvió al bosque, todos yacían en el suelo.

    Razor los ató con ayuda de la manada. El bosque exigía sangre, y él lo sabía. Lo sentía. Pero recordó voces. Jean. Lisa. Kaeya.

    Convenció a los lobos de no matar.

    La ley del bosque era una. La de Mondstadt, otra.

    Y esta vez, eligió confiar. Herido y cansado llegó a Mondstadt bajo los primeros rayos del sol, dando pasos lentos con un pie y leves arrastres con el otro, herias en el cuerpo que si bien no eran mortales la cantidad de ellas hubieran dejado fuera de combate a cualquier otro. Los guardias de la puerta principal a la ciudad reconocieron a Razor de inmediato y, al ver el estado en el que se encontraba fueron a su auxilio de inmediato.

    -Gente...mala....bosque... -Alcanzó a decir a penas había sido alcanzado por uno de los guardias sosteniéndolo en brazos. Razor cayó inconsciente.-
    Las garras de la inocencia Razor era conocido en Mondstadt como un chico enérgico, tranquilo e inocente. Para muchos, incluso tierno. Sin embargo, bajo esa apariencia se escondía una mente alerta al peligro, una inteligencia nata para el combate y, por encima de todo, un instinto feroz por proteger a su manada, a quienes consideraba su verdadera familia. El mercado negro surtía de todo a quienes buscaban lo que no podía conseguirse por medios legales: pociones adulteradas, alcohol, ingredientes a sobreprecio, armas, materiales… y pieles. Demasiadas pieles. Tras los últimos aullidos, profundos y majestuosos, la noche cayó sobre el bosque. La manada dormía. Razor se encontraba acurrucado bajo el tronco de un árbol, abrazado a uno de los lobos más viejos; los cachorros descansaban junto a sus madres, y el alfa vigilaba desde lo alto de una roca. Entonces, un crujido. Las orejas del alfa se alzaron de golpe. Razor abrió los ojos al mismo tiempo, conteniendo la respiración. No era un animal nocturno. Las antorchas se encendieron de repente, rodeando a la manada. El fuego crepitó, proyectando sombras torcidas entre los árboles. Humanos avanzaban con cautela, cuchillos y mazos en mano, sonriendo mientras hablaban del botín. El alfa saltó frente a su manada, erizando el pelaje y gruñendo. Dudaron un segundo… pero eran demasiados. Desde un punto ciego, varios bandidos se lanzaron sobre una de las lobas. Los chillidos de los cachorros cortaron el aire cuando fueron arrancados de su madre y metidos en un saco. La risa de uno de los hombres se apagó de golpe. Un impacto seco. Brutal. Razor había caído sobre él, clavándole la rodilla en el pecho. El bandido quedó inconsciente antes de tocar el suelo. +¿Q-qué fue eso? ¡Dijeron que no había nadie cuidando! Las espadas se alzaron. Entonces lo vieron. +¡Es solo un niño! —¡Yo… proteger… familia! —gruñó Razor, con los colmillos apretados—. ¡Ustedes… ser… malos! Se lanzó. Los lobos se unieron al ataque. Dientes, garras, gritos. Cada alarido de dolor de su manada hacía que los golpes de Razor fueran más fuertes, más salvajes. No luchaba como un caballero. No había técnica elegante, solo reflejos afilados, agilidad y una fuerza nacida del instinto. +¡No puede ser… tiene una Visión! Las garras Electro brillaron en la oscuridad. Uno a uno, los bandidos cayeron. Razor sangraba, respiraba con dificultad… pero en sus ojos no había dolor. Solo furia. Y determinación. Cuando el silencio volvió al bosque, todos yacían en el suelo. Razor los ató con ayuda de la manada. El bosque exigía sangre, y él lo sabía. Lo sentía. Pero recordó voces. Jean. Lisa. Kaeya. Convenció a los lobos de no matar. La ley del bosque era una. La de Mondstadt, otra. Y esta vez, eligió confiar. Herido y cansado llegó a Mondstadt bajo los primeros rayos del sol, dando pasos lentos con un pie y leves arrastres con el otro, herias en el cuerpo que si bien no eran mortales la cantidad de ellas hubieran dejado fuera de combate a cualquier otro. Los guardias de la puerta principal a la ciudad reconocieron a Razor de inmediato y, al ver el estado en el que se encontraba fueron a su auxilio de inmediato. -Gente...mala....bosque... -Alcanzó a decir a penas había sido alcanzado por uno de los guardias sosteniéndolo en brazos. Razor cayó inconsciente.-
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  • Tocó salir a cenar sólo.
    Necesito calor en mi cama después de dos botellas de Champagne.
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  • Un bar infernal en los límites de Red Grave City. Humo espeso, luces rojas, demonios apostando almas, armas y reliquias. En una mesa apartada, Dante juega cartas contra un demonio de alto rango.

    El demonio frente a Dante tenía la piel negra como obsidiana y ojos amarillos que ardían con rabia contenida. Sobre la mesa ya había una pequeña montaña de fichas demoníacas… casi todas del lado de Dante.
    El demonio gruñó, mostrando colmillos..

    —No es posible…

    dijo apretando sus cartas

    —. Ningún humano gana tantas manos seguidas.

    Dante, recostado en su silla con las botas sobre la mesa, barajó tranquilamente una nueva mano.

    —¿Humano? Vamos, colega, eso duele.

    sonrió ladeado

    —. Además, no es mi culpa que tengas cara de mal jugador profesional.

    Las cartas cayeron una a una sobre la mesa.

    ♠ As infernal
    ♥ Reina carmesí
    ♦ Joker del abismo
    Una mano perfecta.

    El bar entero quedó en silencio.

    —Ups…

    Dante se encogió de hombros

    —. Creo que eso significa que ahora tu espada maldita… es mía.

    El demonio golpeó la mesa con furia, haciendo temblar las copas.

    —¡Estás haciendo trampa!

    Dante alzó una ceja, divertido.

    —Si pudiera hacer trampa tan bien, no estaría endeudado con el diablo cada dos semanas.

    Se inclinó hacia él, con una sonrisa peligrosa.

    —¿Quieres retirarte… o prefieres perder algo más interesante?
    Un bar infernal en los límites de Red Grave City. Humo espeso, luces rojas, demonios apostando almas, armas y reliquias. En una mesa apartada, Dante juega cartas contra un demonio de alto rango. El demonio frente a Dante tenía la piel negra como obsidiana y ojos amarillos que ardían con rabia contenida. Sobre la mesa ya había una pequeña montaña de fichas demoníacas… casi todas del lado de Dante. El demonio gruñó, mostrando colmillos.. —No es posible… dijo apretando sus cartas —. Ningún humano gana tantas manos seguidas. Dante, recostado en su silla con las botas sobre la mesa, barajó tranquilamente una nueva mano. —¿Humano? Vamos, colega, eso duele. sonrió ladeado —. Además, no es mi culpa que tengas cara de mal jugador profesional. Las cartas cayeron una a una sobre la mesa. ♠ As infernal ♥ Reina carmesí ♦ Joker del abismo Una mano perfecta. El bar entero quedó en silencio. —Ups… Dante se encogió de hombros —. Creo que eso significa que ahora tu espada maldita… es mía. El demonio golpeó la mesa con furia, haciendo temblar las copas. —¡Estás haciendo trampa! Dante alzó una ceja, divertido. —Si pudiera hacer trampa tan bien, no estaría endeudado con el diablo cada dos semanas. Se inclinó hacia él, con una sonrisa peligrosa. —¿Quieres retirarte… o prefieres perder algo más interesante?
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  • El cuartel de Devil May Cry estaba envuelto en una calma extraña, casi sospechosa.

    En el sofá, con las piernas cruzadas y una caja de pizza apoyada sobre varios pergaminos demoníacos antiguos, estaba Dante… chaqueta roja abierta, botas sobre la mesa, cabello desordenado y mirada afilada, aunque en ese momento estaba más concentrada en no manchar los textos arcanos con grasa.

    —Mmh…

    murmuró mientras mordía una rebanada de pizza

    —. Pepperoni. Clásico infernal.

    Con la otra mano sostenía un pergamino cubierto de símbolos demoníacos que brillaban tenuemente.

    —“El Devoraalmas puede poseer cuerpos vacíos si el ritual se ejecuta bajo una luna sangrante…”

    leyó en voz baja

    —. Wow. Qué intenso. Ni yo cuando no me han dado de comer.

    Una gota de queso cayó peligrosamente sobre un sello de invocación.

    —¡Ey, no!

    la limpió rápido con una servilleta

    —. Esto vale más que la pizza… bueno… casi.

    Dante siguió leyendo, sorprendentemente enfocada.

    —“…los demonios abisales reaccionan a frecuencias sonoras específicas.”

    alzó una ceja

    —. ¿Entonces si les pongo heavy metal los puedo desintegrar? Huh. Lo anoto.

    Escribió con letra ordenada en una hoja llena de notas tácticas, a pesar de estar rodeada de cajas de pizza, libros malditos y migas.

    —Si combino este sello con un círculo de sangre…

    murmuró pensativa

    —. Podría atrapar a un archidemonio sin que destruya la ciudad…

    Miró su pizza.

    —…pero también podría pedirme otra de cuatro quesos.

    Se recostó en el sofá con un suspiro dramático.

    —Ser una cazademonios genial es duro, ¿sabes?

    Le dio otro mordisco a la pizza y siguió estudiando magia prohibida como si fuera lo más normal del mundo.
    El cuartel de Devil May Cry estaba envuelto en una calma extraña, casi sospechosa. En el sofá, con las piernas cruzadas y una caja de pizza apoyada sobre varios pergaminos demoníacos antiguos, estaba Dante… chaqueta roja abierta, botas sobre la mesa, cabello desordenado y mirada afilada, aunque en ese momento estaba más concentrada en no manchar los textos arcanos con grasa. —Mmh… murmuró mientras mordía una rebanada de pizza —. Pepperoni. Clásico infernal. Con la otra mano sostenía un pergamino cubierto de símbolos demoníacos que brillaban tenuemente. —“El Devoraalmas puede poseer cuerpos vacíos si el ritual se ejecuta bajo una luna sangrante…” leyó en voz baja —. Wow. Qué intenso. Ni yo cuando no me han dado de comer. Una gota de queso cayó peligrosamente sobre un sello de invocación. —¡Ey, no! la limpió rápido con una servilleta —. Esto vale más que la pizza… bueno… casi. Dante siguió leyendo, sorprendentemente enfocada. —“…los demonios abisales reaccionan a frecuencias sonoras específicas.” alzó una ceja —. ¿Entonces si les pongo heavy metal los puedo desintegrar? Huh. Lo anoto. Escribió con letra ordenada en una hoja llena de notas tácticas, a pesar de estar rodeada de cajas de pizza, libros malditos y migas. —Si combino este sello con un círculo de sangre… murmuró pensativa —. Podría atrapar a un archidemonio sin que destruya la ciudad… Miró su pizza. —…pero también podría pedirme otra de cuatro quesos. Se recostó en el sofá con un suspiro dramático. —Ser una cazademonios genial es duro, ¿sabes? Le dio otro mordisco a la pizza y siguió estudiando magia prohibida como si fuera lo más normal del mundo.
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  • — . . . . —

    Silencio. Silencio absoluto mientras con la sonrisa plantada en su rostro observaba al animalito. Incluso su sombra emergió a su lado y, juntos, ladearon la cabeza a la vez entrecerrando sus ojos... ¿Sería acaso imaginación suya?...

    Ni siquiera se molestó en tocarlo. Tan solo usó un tentáculo de sombra para alzarlo y verlo mejor.

    — Ugh, no tengo tiempo para mascotas —

    Soltó tan de repente como su forma de dejarlo caer al piso. Pero era un gato, teóricamente debería caer de pie así que no se molestó, dándole la espalda mientras comenzaba a alejarse. ¿Enserio Charlie creía que quería una mascota? Ya tenía una, con una correa muy firme y que era muy obediente a sus órdenes. ¿Para que quería una inútil?
    Se sentó en un asiento cerca de su tocador donde reposaba una botella de licor, sin embargo cuando estuvo dispuesto a servirse un vaso sintió un repentino peso en el regazo que le hizo sobresaltarse de sorpresa exclamando un sonido de ciervo. Con un gruñido bajó la mirada para encontrarse con el animal que parecía haberse acurrucado. Esta vez lo tomó él entre sus manos, levantandolo y haciendo que lo mirase a la cara.

    — ¿Qué crees que estás haciendo inútil bola de pelo? —

    Cuestionó como si el animal fuera a responder. Por supuesto, no solo no lo hizo sino que ladeó la cabeza antes de maullar y ronronear. ¿Parecía que estaba sonriendo? En su mente se le vino la imagen de Lucifer.... Era igual de adorable....
    Gruñendo, lo dejó finalmente sobre su regazo. Permitiendo que se acomodara de nuevo mientras él gruñía resignado y su sombra parecía burlarse detrás de él.
    — . . . . — Silencio. Silencio absoluto mientras con la sonrisa plantada en su rostro observaba al animalito. Incluso su sombra emergió a su lado y, juntos, ladearon la cabeza a la vez entrecerrando sus ojos... ¿Sería acaso imaginación suya?... Ni siquiera se molestó en tocarlo. Tan solo usó un tentáculo de sombra para alzarlo y verlo mejor. — Ugh, no tengo tiempo para mascotas — Soltó tan de repente como su forma de dejarlo caer al piso. Pero era un gato, teóricamente debería caer de pie así que no se molestó, dándole la espalda mientras comenzaba a alejarse. ¿Enserio Charlie creía que quería una mascota? Ya tenía una, con una correa muy firme y que era muy obediente a sus órdenes. ¿Para que quería una inútil? Se sentó en un asiento cerca de su tocador donde reposaba una botella de licor, sin embargo cuando estuvo dispuesto a servirse un vaso sintió un repentino peso en el regazo que le hizo sobresaltarse de sorpresa exclamando un sonido de ciervo. Con un gruñido bajó la mirada para encontrarse con el animal que parecía haberse acurrucado. Esta vez lo tomó él entre sus manos, levantandolo y haciendo que lo mirase a la cara. — ¿Qué crees que estás haciendo inútil bola de pelo? — Cuestionó como si el animal fuera a responder. Por supuesto, no solo no lo hizo sino que ladeó la cabeza antes de maullar y ronronear. ¿Parecía que estaba sonriendo? En su mente se le vino la imagen de Lucifer.... Era igual de adorable.... Gruñendo, lo dejó finalmente sobre su regazo. Permitiendo que se acomodara de nuevo mientras él gruñía resignado y su sombra parecía burlarse detrás de él.
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  • Un día más en la mira
    Fandom OC
    Categoría Aventura
    Nada cambia, nunca, la vida no es mejor para ciertas personas, puedes evitar que alguien sufra por un tiempo sacrificándote a ti mismo, pero incluso eso es temporal, puedes fingir que estás bien, pero sabemos que eso es mentira, puede ser más grave o más insignificante, pero todo el mundo sufre, la vida no se apiada de nadie.

    Aquel chico sentado frente a una lápida de piernas cruzadas era la representación de alguien que no soportaba más esa verdad, con un pequeño vaso destinado para alcohol agarrado por sus dedos, su cara estaba cubierta por su pelo debido a su mirada baja, de vez en cuando toma de su vaso y lo vuelve a llenar con una botella que descansaba junto a dicha lápida.

    La atmósfera era desesperanzadora, todo aquel que lo veía mientras pasaban se les quedaba mirando con pena y, al mismo tiempo, de desagrado debido a su fuerte olor a alcohol.

    Cada vez que tiene día libre se la pasa bebiendo alcohol barato desde por la mañana hasta por la noche, siempre frente a aquella dichosa lápida que le recuerda al dolor que intenta sanar con cada sorbo, aunque solo fuera por un momento.

    Es entonces, cuando estaba empezando aquel atardecer, alguien se acercaba a paso lento mientras que aquel chico asomaba un ojo entre todo ese pelo, no se veía rojo ni con lágrimas, lo cuál era raro teniendo en cuenta donde estaba. Esperaba que fuera alguien bajo órdenes de los superiores para asignarle una misión...o quizás no.
    Nada cambia, nunca, la vida no es mejor para ciertas personas, puedes evitar que alguien sufra por un tiempo sacrificándote a ti mismo, pero incluso eso es temporal, puedes fingir que estás bien, pero sabemos que eso es mentira, puede ser más grave o más insignificante, pero todo el mundo sufre, la vida no se apiada de nadie. Aquel chico sentado frente a una lápida de piernas cruzadas era la representación de alguien que no soportaba más esa verdad, con un pequeño vaso destinado para alcohol agarrado por sus dedos, su cara estaba cubierta por su pelo debido a su mirada baja, de vez en cuando toma de su vaso y lo vuelve a llenar con una botella que descansaba junto a dicha lápida. La atmósfera era desesperanzadora, todo aquel que lo veía mientras pasaban se les quedaba mirando con pena y, al mismo tiempo, de desagrado debido a su fuerte olor a alcohol. Cada vez que tiene día libre se la pasa bebiendo alcohol barato desde por la mañana hasta por la noche, siempre frente a aquella dichosa lápida que le recuerda al dolor que intenta sanar con cada sorbo, aunque solo fuera por un momento. Es entonces, cuando estaba empezando aquel atardecer, alguien se acercaba a paso lento mientras que aquel chico asomaba un ojo entre todo ese pelo, no se veía rojo ni con lágrimas, lo cuál era raro teniendo en cuenta donde estaba. Esperaba que fuera alguien bajo órdenes de los superiores para asignarle una misión...o quizás no.
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  • Feeling like I'm filled with pins and knives
    Don't care if I make it out alive
    Take a drink
    Feel myself
    Pull a string
    Erase myself
    Don't know how to stop once I start
    If you wanna follow, it's a long way to the bottom
    Snake eyes staring back from the bottom of the bottle
    Cemetery angel come to life
    On into the night, we drink and drive
    Feeling like I'm filled with pins and knives Don't care if I make it out alive Take a drink Feel myself Pull a string Erase myself Don't know how to stop once I start If you wanna follow, it's a long way to the bottom Snake eyes staring back from the bottom of the bottle Cemetery angel come to life On into the night, we drink and drive
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  • a estas alturas del año me pregunto donde esta mi primogénito Chantle Queen Ishtar le das vida lo consientes y te botan asi sin decir chao mami te quiero mucho ........ ósea lo llevas 9 meses en la panza soportas los antojos raros y el peso extra almeno un abracito me gane no ?
    a estas alturas del año me pregunto donde esta mi primogénito [frost_platinum_hare_393] le das vida lo consientes y te botan asi sin decir chao mami te quiero mucho ........ ósea lo llevas 9 meses en la panza soportas los antojos raros y el peso extra almeno un abracito me gane no ? :STK-31:
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  • No juzgues un libro por su portada.
    Fandom OC
    Categoría Suspenso
    Rhett Zakharov

    Una invitación había sido entregada.

    Ella y el hombre habían tenido un pequeño encuentro en una situación peculiar. Morana se encontraba en su apartamento, un lugar lujoso en lo alto de un edificio. Se podían ver las luces de la ciudad a la distancia.

    Era una noche de lluvia, las gotas golpeaban los cristales, el humo del tabaco se acumulaba en el salón, ya que estaba todo cerrado. El aire acondicionado mantenía el lugar a una temperatura agradable. La luz del lugar era blanca y tenue, a Morana nunca le gustaron las luces intensas.

    En una pequeña mesa de cristal reposaban dos copas, una botella de Pétrus (Vino francés de alta calidad). Rodeando la mesa había un sofá grande en forma de L, de tono grisáceo.

    Morana no acostumbraba a ser paciente, pero ahora mismo no tenía prisa y había encargado a su "compañera" de piso que saliera a hacer unos trabajos para ella, así habría soledad para ambos al momento de hablar de "negocios".

    El sonido de la puerta se hizo presente, Morana se levantó con calma... El sonido de los tacones se hizo notar al acercarse a la puerta.

    Abrió la puerta con calma. — Parece que alguien llega pronto. — Comentó con una tenue sonrisa, abriendo la puerta por completo y permitiendo el paso a su "invitado".
    [theannoyingcriminal75] Una invitación había sido entregada. Ella y el hombre habían tenido un pequeño encuentro en una situación peculiar. Morana se encontraba en su apartamento, un lugar lujoso en lo alto de un edificio. Se podían ver las luces de la ciudad a la distancia. Era una noche de lluvia, las gotas golpeaban los cristales, el humo del tabaco se acumulaba en el salón, ya que estaba todo cerrado. El aire acondicionado mantenía el lugar a una temperatura agradable. La luz del lugar era blanca y tenue, a Morana nunca le gustaron las luces intensas. En una pequeña mesa de cristal reposaban dos copas, una botella de Pétrus (Vino francés de alta calidad). Rodeando la mesa había un sofá grande en forma de L, de tono grisáceo. Morana no acostumbraba a ser paciente, pero ahora mismo no tenía prisa y había encargado a su "compañera" de piso que saliera a hacer unos trabajos para ella, así habría soledad para ambos al momento de hablar de "negocios". El sonido de la puerta se hizo presente, Morana se levantó con calma... El sonido de los tacones se hizo notar al acercarse a la puerta. Abrió la puerta con calma. — Parece que alguien llega pronto. — Comentó con una tenue sonrisa, abriendo la puerta por completo y permitiendo el paso a su "invitado".
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  • Una vez más en este bosque... Una vez más los recuerdos inundarían su ahora lúcida mente...

    El camino había sido breve esta vez, lo recordaba con más claridad que antes, un efecto que tenía en ella el retomar su forma original.

    La noche era iluminada solamente por la luna llena. El único ruido en estos lugares era el viento silbando a través de los árboles, pues los animales eran escasos en estas tierras. Sus botas apenas hacían algún ruido al caminar.

    Sus ojos de un color plateado se notaban bajo la sombra proyectada por su sombrero. Su cabellera rubia era iluminada parcialmente por la luz lunar.

    Finalmente alcanzó su destino, la tumba que había visitado miles de veces. Las flores se amontonaban, la mayoría marchitas, apenas un recuerdo, una plegaria para que volviese con ella.

    Su voz rompió el silencio. — Pensé que querrías verme así. — Pues no venía como Morana, sino como Adela, aquella mujer de campo que, de alguna forma, consiguió cautivar la mirada de un noble.

    Adela suspiró, tenía sus girasoles en mano, una flor que simbolizaba la lealtad y la admiración. Colocó las flores sobre la tumba con delicadeza. — Es posible que no vuelva. — Comentó como si su esposo fuera a escucharla a través de la tierra.

    Si bien era poderosa, el conflicto por venir era a gran escala, y no sabría si le sería posible volver a verlo, no sabría si su vida terminaría en este siglo.

    — Espero que lo entiendas. — Su voz sonaba... Cansada más que triste. Tantos años repitiendo el mismo camino, tantos años repitiendo el mismo ritual ¿Para qué? Debería dejar de hacer esto, él ya no está y le dejó claro que no quería una segunda vida.

    — Adiós Gerhard. — Dijo en voz baja al momento de voltearse, quiso decir que lo amaba, pero realmente... Ya no lo tenía tan claro. El tiempo había hecho mella en su corazón, pero ahora no había tiempo de dudar...

    Así se alejó, caminando tan tranquilamente como llegó al lugar, pero con una nueva duda en su corazón.
    Una vez más en este bosque... Una vez más los recuerdos inundarían su ahora lúcida mente... El camino había sido breve esta vez, lo recordaba con más claridad que antes, un efecto que tenía en ella el retomar su forma original. La noche era iluminada solamente por la luna llena. El único ruido en estos lugares era el viento silbando a través de los árboles, pues los animales eran escasos en estas tierras. Sus botas apenas hacían algún ruido al caminar. Sus ojos de un color plateado se notaban bajo la sombra proyectada por su sombrero. Su cabellera rubia era iluminada parcialmente por la luz lunar. Finalmente alcanzó su destino, la tumba que había visitado miles de veces. Las flores se amontonaban, la mayoría marchitas, apenas un recuerdo, una plegaria para que volviese con ella. Su voz rompió el silencio. — Pensé que querrías verme así. — Pues no venía como Morana, sino como Adela, aquella mujer de campo que, de alguna forma, consiguió cautivar la mirada de un noble. Adela suspiró, tenía sus girasoles en mano, una flor que simbolizaba la lealtad y la admiración. Colocó las flores sobre la tumba con delicadeza. — Es posible que no vuelva. — Comentó como si su esposo fuera a escucharla a través de la tierra. Si bien era poderosa, el conflicto por venir era a gran escala, y no sabría si le sería posible volver a verlo, no sabría si su vida terminaría en este siglo. — Espero que lo entiendas. — Su voz sonaba... Cansada más que triste. Tantos años repitiendo el mismo camino, tantos años repitiendo el mismo ritual ¿Para qué? Debería dejar de hacer esto, él ya no está y le dejó claro que no quería una segunda vida. — Adiós Gerhard. — Dijo en voz baja al momento de voltearse, quiso decir que lo amaba, pero realmente... Ya no lo tenía tan claro. El tiempo había hecho mella en su corazón, pero ahora no había tiempo de dudar... Así se alejó, caminando tan tranquilamente como llegó al lugar, pero con una nueva duda en su corazón.
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