Era insoportable... esa constante sensación de vacío que no entendía y por qué tan repentina. Era algo que hacía que su cerebro fuese a mil por hora sin descanso.

Las noches de insomnio le hacían eternas, ni siquiera su bosque le daba paz. Aquella tarde bajó de la montaña hasta la población, entrando en el primer local donde servían comida y bebida.

Ya era de madrugada. Kazuo tenía un increíble aguante con el alcohol, pero había bebido una cantidad ingente que lo había dejado bastante indispuesto.

El señor, dueño del establecimiento, intentaba con amables palabras decirle que era hora de irse a casa, sin embargo... Kazuo seguía allí, aferrado a una botella de sake barato, como si eso pudiera suplir el vacío que algo o alguien le había dejado sin permiso.
Era insoportable... esa constante sensación de vacío que no entendía y por qué tan repentina. Era algo que hacía que su cerebro fuese a mil por hora sin descanso. Las noches de insomnio le hacían eternas, ni siquiera su bosque le daba paz. Aquella tarde bajó de la montaña hasta la población, entrando en el primer local donde servían comida y bebida. Ya era de madrugada. Kazuo tenía un increíble aguante con el alcohol, pero había bebido una cantidad ingente que lo había dejado bastante indispuesto. El señor, dueño del establecimiento, intentaba con amables palabras decirle que era hora de irse a casa, sin embargo... Kazuo seguía allí, aferrado a una botella de sake barato, como si eso pudiera suplir el vacío que algo o alguien le había dejado sin permiso.
Me entristece
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