• [Durante la noche anterior cuando Gyuseki termino de trabajar puso su plan en marcha y en el horario de las 01:30am se dirigió a un puerto industrial donde los barcos se encargaban de comercializar cosas de gran valor]

    ×una vez en el lugar me oculte detrás de una pila de maderas para observar a cuatro miembros de la organización que vine a buscar, podía oírlos hablar desde ahi×

    Sujeto 1: oigan la última carga que nos llegó es sin duda muy valiosa, deben ser como 500 millones de tenés

    Sujeto 2: ¿¡Tanta cantidad!? Cielos no sabía que esas cosas daban tanto dinero

    Sujeto 3: pues son escamas de diferentes dragones, incluso vi escamas de oro ¿Puedes creerlo?

    Sujeto 4: oigan no hablen tan fuerte haber si el dragón ejecutor viene por nuestras cabezas

    Sujeto 1: jajajaja esa historia es más falsa que tus relaciones todos saben que ese dragón murió junto a su reina, seguramente fue algo como "su majestad no se preocupe la protegeré con mí vida" ¡Y no protegió un carajo! Jajaja

    ×sin dudarlo ni un solo segundo salí de mí escondite y moviéndome a la velocidad de un fuerte viento alcance por la espalda al primero de ellos dejándole clavados ambos cuchillos en el cuello, uno en cada lado y entonces los gire como si fueran una rueda para así arrancar su cabeza de lugar y está iría rodando hasta sus compañeros×

    Sujeto 2: ¿¡Que acabas de hacerle!? ¡Eres un desgraciado!

    ×todos empezaron a disparar siendo inútil al cubrirme con las escamas únicamente en las zonas donde iban a impactar las balas, me coloque en posición y volví a moverme a esa velocidad y cuando estuve delate del segundo di un salto junto a un giro para así encajarle un fuerte golpe con mí pierna izquierda en su cuello el cual se quebraria en el acto, el siguiente fue el tercero por el que fui acercándome a medida que esquivaba el resto de balas y al llegar hice aparecer escamas en los nudillos de mí puño para golpearlo con fuerza en las costillas de la derecha para así fracturarlas todas y mandarlo a volar contra un monton de madera×

    ya solo quedas tu ¿verdad? no voy a preguntar dónde está el hangar que busco ya lo encontraré yo mismo

    Sujeto 4: desquiciado.. los mataste a todos ¿¡quien se supone que eres!?

    ¿no es obvio? te lo diré, me llaman el ejecutor.

    ×al escuchar esto el último de ellos empezó a disparar todo el cartucho pero con los cuchillos bloquearía cada una de sus balas antes de lanzarme con rapidez y acabar con su vida no sin antes escuchar como este me llamaba monstruo con su último aliento×

    [después de ese enfrentamiento Gyuseki encontró el hangar que estaba buscando pero como era de esperarse quedó completamente rodeado de enemigos al entrar]

    que amables son al esperarme con tanta paciencia.. no me enorgullezco de lo que voy a hacerles pero obviamente me odiarán..

    ×todos ellos empezaron a atacarme utilizando armas de filo pero antes de que me alcanzaran sacaría mis alas para elevarme en el cielo y así formar una X con estás mismas×

    que sus almas descansen sin importan en donde les toque estar ¡Ventisca asesina!

    ×separaria mis alas hacia los lados con rapidez provocando un fuerte viento por el aleteo que los alcanzo a todos ellos y de la nada aparecieron cortes muy profundos en el cuerpo de cada uno provocándoles una muerte rápida, mientras tanto me encargaría de los pocos que quedaban y al terminar subí unas escaleras que me llevaron a una vieja oficina y antes de que pueda notar su presencia alguien colocaría una pistola cerca de mí frente×

    ???: déjame decir que tienes agallas chico muchas agallas.. vienes a mí puerto comercial y masacras a todos mis hombres haciéndote pasar por el difunto Ejecutor aunque nosotros los humanos le pusimos un apodo distinto.. El Juggernaut.

    me da igual que apodo hayan usado así como también me da igual si me crees o no cuando digo que soy el ejecutor.. creí haber podido dejar todo ese pasado atrás y vivir sin tener que asesinar a otros.. tengo pesadillas cada noche donde escucho los gritos de todos a los que hice sufrir.. pero en este momento sin duda puedo admitir que he regresado una vez más para cumplir mí último deber.. ¡Protegeré a ese niño! ¡se volverá el nuevo príncipe!

    ×ditia esto con una larga sonrisa en el rostro mientras me acercaba a el dejando que el cañón de su arma quede apoyado en mí frente×

    Ese pequeño va a ser la persona que lleve a nuestra raza hacia un nuevo destino ¡una vez más los dragones se levantaran!

    ???: ahora entiendo así que de eso se trata.. ¿buscas a ese mercenario? estás loco si crees que te diré algo

    no te preocupes con revisar los archivos de tu celular y computadora será suficiente.. ahora respóndeme algo, ¿disfrutas siendo un traficante de escamas? maldito asesino.

    ×aquel sujeto no tardo en soltar el disparo y esto provocó que su arma explotará debido a que en mí frente habían escamas que recibieron la bala haciéndola estallar dentro del cañón, sin embargo este no se quiso rendir y se lanzó a golpearme con su puño derecho pero simplemente me agache y con un corte rápido de mí cuchillo le abrí el vientre provocándole una muerte agonizante mientras me quedaba mirando como se retorcía en el suelo igual que un gusano×

    (me da igual a quien deba asesinar.. cumpliré mí objetivo y quizás después logré descansar en paz..)
    [Durante la noche anterior cuando Gyuseki termino de trabajar puso su plan en marcha y en el horario de las 01:30am se dirigió a un puerto industrial donde los barcos se encargaban de comercializar cosas de gran valor] ×una vez en el lugar me oculte detrás de una pila de maderas para observar a cuatro miembros de la organización que vine a buscar, podía oírlos hablar desde ahi× Sujeto 1: oigan la última carga que nos llegó es sin duda muy valiosa, deben ser como 500 millones de tenés Sujeto 2: ¿¡Tanta cantidad!? Cielos no sabía que esas cosas daban tanto dinero Sujeto 3: pues son escamas de diferentes dragones, incluso vi escamas de oro ¿Puedes creerlo? Sujeto 4: oigan no hablen tan fuerte haber si el dragón ejecutor viene por nuestras cabezas Sujeto 1: jajajaja esa historia es más falsa que tus relaciones todos saben que ese dragón murió junto a su reina, seguramente fue algo como "su majestad no se preocupe la protegeré con mí vida" ¡Y no protegió un carajo! Jajaja ×sin dudarlo ni un solo segundo salí de mí escondite y moviéndome a la velocidad de un fuerte viento alcance por la espalda al primero de ellos dejándole clavados ambos cuchillos en el cuello, uno en cada lado y entonces los gire como si fueran una rueda para así arrancar su cabeza de lugar y está iría rodando hasta sus compañeros× Sujeto 2: ¿¡Que acabas de hacerle!? ¡Eres un desgraciado! ×todos empezaron a disparar siendo inútil al cubrirme con las escamas únicamente en las zonas donde iban a impactar las balas, me coloque en posición y volví a moverme a esa velocidad y cuando estuve delate del segundo di un salto junto a un giro para así encajarle un fuerte golpe con mí pierna izquierda en su cuello el cual se quebraria en el acto, el siguiente fue el tercero por el que fui acercándome a medida que esquivaba el resto de balas y al llegar hice aparecer escamas en los nudillos de mí puño para golpearlo con fuerza en las costillas de la derecha para así fracturarlas todas y mandarlo a volar contra un monton de madera× ya solo quedas tu ¿verdad? no voy a preguntar dónde está el hangar que busco ya lo encontraré yo mismo Sujeto 4: desquiciado.. los mataste a todos ¿¡quien se supone que eres!? ¿no es obvio? te lo diré, me llaman el ejecutor. ×al escuchar esto el último de ellos empezó a disparar todo el cartucho pero con los cuchillos bloquearía cada una de sus balas antes de lanzarme con rapidez y acabar con su vida no sin antes escuchar como este me llamaba monstruo con su último aliento× [después de ese enfrentamiento Gyuseki encontró el hangar que estaba buscando pero como era de esperarse quedó completamente rodeado de enemigos al entrar] que amables son al esperarme con tanta paciencia.. no me enorgullezco de lo que voy a hacerles pero obviamente me odiarán.. ×todos ellos empezaron a atacarme utilizando armas de filo pero antes de que me alcanzaran sacaría mis alas para elevarme en el cielo y así formar una X con estás mismas× que sus almas descansen sin importan en donde les toque estar ¡Ventisca asesina! ×separaria mis alas hacia los lados con rapidez provocando un fuerte viento por el aleteo que los alcanzo a todos ellos y de la nada aparecieron cortes muy profundos en el cuerpo de cada uno provocándoles una muerte rápida, mientras tanto me encargaría de los pocos que quedaban y al terminar subí unas escaleras que me llevaron a una vieja oficina y antes de que pueda notar su presencia alguien colocaría una pistola cerca de mí frente× ???: déjame decir que tienes agallas chico muchas agallas.. vienes a mí puerto comercial y masacras a todos mis hombres haciéndote pasar por el difunto Ejecutor aunque nosotros los humanos le pusimos un apodo distinto.. El Juggernaut. me da igual que apodo hayan usado así como también me da igual si me crees o no cuando digo que soy el ejecutor.. creí haber podido dejar todo ese pasado atrás y vivir sin tener que asesinar a otros.. tengo pesadillas cada noche donde escucho los gritos de todos a los que hice sufrir.. pero en este momento sin duda puedo admitir que he regresado una vez más para cumplir mí último deber.. ¡Protegeré a ese niño! ¡se volverá el nuevo príncipe! ×ditia esto con una larga sonrisa en el rostro mientras me acercaba a el dejando que el cañón de su arma quede apoyado en mí frente× Ese pequeño va a ser la persona que lleve a nuestra raza hacia un nuevo destino ¡una vez más los dragones se levantaran! ???: ahora entiendo así que de eso se trata.. ¿buscas a ese mercenario? estás loco si crees que te diré algo no te preocupes con revisar los archivos de tu celular y computadora será suficiente.. ahora respóndeme algo, ¿disfrutas siendo un traficante de escamas? maldito asesino. ×aquel sujeto no tardo en soltar el disparo y esto provocó que su arma explotará debido a que en mí frente habían escamas que recibieron la bala haciéndola estallar dentro del cañón, sin embargo este no se quiso rendir y se lanzó a golpearme con su puño derecho pero simplemente me agache y con un corte rápido de mí cuchillo le abrí el vientre provocándole una muerte agonizante mientras me quedaba mirando como se retorcía en el suelo igual que un gusano× (me da igual a quien deba asesinar.. cumpliré mí objetivo y quizás después logré descansar en paz..)
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  • ──── Ey, me estaba gustando ese sueño. Tendré que volver a dormir un rato más para volver en donde me quedé. Era algo muy surrealista; una viejita muy simpática me estaba enseñando kung fu con una chancla. Aún recuerdo los movimientos, era algo así... y así... oye, lo tengo bastante bien dominado. Si vuelvo a dormirme otros veinte minutos, creo que voy a desbloquear la técnica ancestral de mamá furiosa.
    ──── Ey, me estaba gustando ese sueño. Tendré que volver a dormir un rato más para volver en donde me quedé. Era algo muy surrealista; una viejita muy simpática me estaba enseñando kung fu con una chancla. Aún recuerdo los movimientos, era algo así... y así... oye, lo tengo bastante bien dominado. Si vuelvo a dormirme otros veinte minutos, creo que voy a desbloquear la técnica ancestral de mamá furiosa.
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    Entiendo perfectamente que haya cierto odio o repudio por los furrys... Pero bro, el insultar y bloquear está un poco de más; aparte, NO SOY FURRO, que mi personaje sea antropomorfo es por temas del pasado y que es mi OC de hace década y media.

    Reflexión, CONOZCAN antes de INSULTAR. Buenas noches
    Entiendo perfectamente que haya cierto odio o repudio por los furrys... Pero bro, el insultar y bloquear está un poco de más; aparte, NO SOY FURRO, que mi personaje sea antropomorfo es por temas del pasado y que es mi OC de hace década y media. Reflexión, CONOZCAN antes de INSULTAR. Buenas noches :STK-93:
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    ****Edad del Caos.****
    "El Ángel con Rostro Humano"

    Habían pasado varios meses desde que Yen y Onix conocieron a los llamados héroes. Durante ese tiempo, ambos aventureros comenzaron a hacerse cada vez más famosos en distintas regiones del reino de Ozma. Siempre aparecían ayudando caravanas, defendiendo aldeas de monstruos o resolviendo problemas que nadie más podía enfrentar. La gente comenzó a admirarlos rápidamente, sobre todo en los territorios que habían sido liberados hacía muchos años, donde las nuevas generaciones jamás vivieron la esclavitud de los Elunai y solo conocían la guerra que Ozma mantenía desde hacía décadas.

    Sin embargo, mientras su fama crecía, también comenzaron a cambiar ciertas cosas dentro del reino. En algunos pueblos la gente empezó a desconfiar de Ozma. Surgieron rumores sobre abusos de su ejército, sobre ciudades explotadas para mantener la guerra y sobre cómo el supuesto libertador en realidad solo deseaba convertirse en rey de un mundo destruido. Al principio parecían simples comentarios aislados, pero poco a poco comenzaron a aparecer grupos organizados que hablaban abiertamente de rebelión.

    Yen no prestó demasiada atención a esos rumores. Para ella, la guerra había durado tanto tiempo que era normal que algunas personas estuvieran cansadas o tuvieran miedo. Por otro lado, confiaba en los héroes, admiraba el valor de ambos al arriesgar sus vidas sin poseer un poder monstruoso como el suyo o el de Ozma.

    Onix, en cambio, comenzó a sospechar, había algo extraño en el patrón de aquellas revueltas. Los rumores y el resentimiento siempre aparecían en lugares donde los héroes habían estado antes. Nunca ocurría en territorios recién liberados, solo en regiones donde la gente llevaba generaciones viviendo en paz. Onix comenzó a investigar por su cuenta sin decirle nada a Yen, pues sabía que ella jamás aceptaría tan fácilmente que aquellos dos pudieran estar involucrados en algo así.

    Aprovechando una misión especial que debía realizar lejos del castillo, Onix decidió seguir el rastro de los héroes en secreto. Antes de partir habló únicamente con algunos soldados de absoluta confianza y les pidió que, si algo llegaba a ocurrirle, buscaran a Yen de inmediato. Después de eso desapareció, pasaron días, luego semanas y Onix jamás regresó.

    Yen comenzó a inquietarse cuando la misión que debía durar poco tiempo se extendió demasiado. Finalmente, los soldados que conocían la investigación secreta de Onix decidieron hablar con ella, aunque fueron cuidadosos al explicar lo ocurrido. No mencionaron directamente a los héroes, temiendo que Yen no les creyera. Solo le dijeron que Onix seguía el rastro de un grupo que se hacía pasar por héroes y que esos individuos poseían poderes extraños.

    Eso bastó para que Yen partiera de inmediato, acompañada por un pequeño escuadrón, recorrió varias regiones siguiendo las pistas dejadas por Onix. La búsqueda duró semanas hasta que finalmente llegaron a las ruinas de una antigua ciudad destruida siglos atrás por los propios Elunai como castigo contra una rebelión. El lugar estaba cubierto de ceniza, edificios derrumbados, pero con estatuas de los Dioses aun en pie. Yen reconoció aquel sitio al instante y eso la incomodó, porque entendió que alguien había elegido ese lugar deliberadamente.

    Entonces apareció Asuna. Yen al inicio se alegró de verla, pensando que quizás había encontrado a Onix o descubierto algo importante, pero rápidamente notó que algo estaba mal. Asuna no sonreía como siempre y la presión mágica que desprendía no se parecía a nada humano. Antes de que Yen pudiera preguntarle algo, Asuna la atacó directamente. Yen apenas logró bloquear el golpe y la explosión destruyó parte de las ruinas cercanas.

    En ese instante comprendió que aquello no era normal. Asuna jamás debió poseer semejante poder. La pelea comenzó de inmediato y Asuna dejó de contenerse. Un halo apareció sobre su cabeza mientras alas hechas de maná emergían de su espalda. Su presencia cambió por completo y Yen finalmente entendió por qué aquella energía le resultaba familiar. Creyó que el ser alado contra el que había peleado años atrás había tomado la apariencia de Asuna después de matarla. Esa idea la enfureció y confundió al mismo tiempo, porque frente a ella seguía viendo el rostro de alguien a quien admiraba.

    Asuna tampoco estaba tranquila. Ella esperaba encontrarse con un monstruo, con la hija del supuesto Rey Demonio, pero en lugar de eso veía a alguien desesperada por encontrar a su amiga desaparecida. Aun así no dudó, porque estaba convencida de que Yen y Ozma eran una amenaza para el mundo.

    El combate se volvió cada vez más violento. Yen peleaba intentando entender qué ocurría mientras Asuna luchaba directamente para matarla. Varias veces Yen le exigió que le dijera qué había hecho con la verdadera Asuna, lo que solo provocó más dudas en la heroína al darse cuenta de que Yen realmente creía que ella era otra persona usando ese cuerpo.

    Finalmente Asuna utilizó la magia de sellado, cuando el hechizo impactó, Yen sintió algo que jamás había experimentado. No fue dolor físico, sino vacío. Por primera vez sintió que su conexión con el poder primordial era arrancada violentamente de su existencia. El mundo pareció apagarse durante un instante y su cuerpo perdió fuerzas de inmediato.

    Ese momento aterró a Yen, porque nunca antes había sentido verdadera debilidad. Asuna, al ver que la técnica funcionaba, confirmó que las enseñanzas de los Dioses eran ciertas. Yen realmente estaba conectada con algo prohibido. La batalla acababa de cambiar por completo.
    ****Edad del Caos.**** "El Ángel con Rostro Humano" Habían pasado varios meses desde que Yen y Onix conocieron a los llamados héroes. Durante ese tiempo, ambos aventureros comenzaron a hacerse cada vez más famosos en distintas regiones del reino de Ozma. Siempre aparecían ayudando caravanas, defendiendo aldeas de monstruos o resolviendo problemas que nadie más podía enfrentar. La gente comenzó a admirarlos rápidamente, sobre todo en los territorios que habían sido liberados hacía muchos años, donde las nuevas generaciones jamás vivieron la esclavitud de los Elunai y solo conocían la guerra que Ozma mantenía desde hacía décadas. Sin embargo, mientras su fama crecía, también comenzaron a cambiar ciertas cosas dentro del reino. En algunos pueblos la gente empezó a desconfiar de Ozma. Surgieron rumores sobre abusos de su ejército, sobre ciudades explotadas para mantener la guerra y sobre cómo el supuesto libertador en realidad solo deseaba convertirse en rey de un mundo destruido. Al principio parecían simples comentarios aislados, pero poco a poco comenzaron a aparecer grupos organizados que hablaban abiertamente de rebelión. Yen no prestó demasiada atención a esos rumores. Para ella, la guerra había durado tanto tiempo que era normal que algunas personas estuvieran cansadas o tuvieran miedo. Por otro lado, confiaba en los héroes, admiraba el valor de ambos al arriesgar sus vidas sin poseer un poder monstruoso como el suyo o el de Ozma. Onix, en cambio, comenzó a sospechar, había algo extraño en el patrón de aquellas revueltas. Los rumores y el resentimiento siempre aparecían en lugares donde los héroes habían estado antes. Nunca ocurría en territorios recién liberados, solo en regiones donde la gente llevaba generaciones viviendo en paz. Onix comenzó a investigar por su cuenta sin decirle nada a Yen, pues sabía que ella jamás aceptaría tan fácilmente que aquellos dos pudieran estar involucrados en algo así. Aprovechando una misión especial que debía realizar lejos del castillo, Onix decidió seguir el rastro de los héroes en secreto. Antes de partir habló únicamente con algunos soldados de absoluta confianza y les pidió que, si algo llegaba a ocurrirle, buscaran a Yen de inmediato. Después de eso desapareció, pasaron días, luego semanas y Onix jamás regresó. Yen comenzó a inquietarse cuando la misión que debía durar poco tiempo se extendió demasiado. Finalmente, los soldados que conocían la investigación secreta de Onix decidieron hablar con ella, aunque fueron cuidadosos al explicar lo ocurrido. No mencionaron directamente a los héroes, temiendo que Yen no les creyera. Solo le dijeron que Onix seguía el rastro de un grupo que se hacía pasar por héroes y que esos individuos poseían poderes extraños. Eso bastó para que Yen partiera de inmediato, acompañada por un pequeño escuadrón, recorrió varias regiones siguiendo las pistas dejadas por Onix. La búsqueda duró semanas hasta que finalmente llegaron a las ruinas de una antigua ciudad destruida siglos atrás por los propios Elunai como castigo contra una rebelión. El lugar estaba cubierto de ceniza, edificios derrumbados, pero con estatuas de los Dioses aun en pie. Yen reconoció aquel sitio al instante y eso la incomodó, porque entendió que alguien había elegido ese lugar deliberadamente. Entonces apareció Asuna. Yen al inicio se alegró de verla, pensando que quizás había encontrado a Onix o descubierto algo importante, pero rápidamente notó que algo estaba mal. Asuna no sonreía como siempre y la presión mágica que desprendía no se parecía a nada humano. Antes de que Yen pudiera preguntarle algo, Asuna la atacó directamente. Yen apenas logró bloquear el golpe y la explosión destruyó parte de las ruinas cercanas. En ese instante comprendió que aquello no era normal. Asuna jamás debió poseer semejante poder. La pelea comenzó de inmediato y Asuna dejó de contenerse. Un halo apareció sobre su cabeza mientras alas hechas de maná emergían de su espalda. Su presencia cambió por completo y Yen finalmente entendió por qué aquella energía le resultaba familiar. Creyó que el ser alado contra el que había peleado años atrás había tomado la apariencia de Asuna después de matarla. Esa idea la enfureció y confundió al mismo tiempo, porque frente a ella seguía viendo el rostro de alguien a quien admiraba. Asuna tampoco estaba tranquila. Ella esperaba encontrarse con un monstruo, con la hija del supuesto Rey Demonio, pero en lugar de eso veía a alguien desesperada por encontrar a su amiga desaparecida. Aun así no dudó, porque estaba convencida de que Yen y Ozma eran una amenaza para el mundo. El combate se volvió cada vez más violento. Yen peleaba intentando entender qué ocurría mientras Asuna luchaba directamente para matarla. Varias veces Yen le exigió que le dijera qué había hecho con la verdadera Asuna, lo que solo provocó más dudas en la heroína al darse cuenta de que Yen realmente creía que ella era otra persona usando ese cuerpo. Finalmente Asuna utilizó la magia de sellado, cuando el hechizo impactó, Yen sintió algo que jamás había experimentado. No fue dolor físico, sino vacío. Por primera vez sintió que su conexión con el poder primordial era arrancada violentamente de su existencia. El mundo pareció apagarse durante un instante y su cuerpo perdió fuerzas de inmediato. Ese momento aterró a Yen, porque nunca antes había sentido verdadera debilidad. Asuna, al ver que la técnica funcionaba, confirmó que las enseñanzas de los Dioses eran ciertas. Yen realmente estaba conectada con algo prohibido. La batalla acababa de cambiar por completo.
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  • 𝐶𝑟𝑜́𝑛𝑖𝑐𝑎 𝑑𝑒 𝑆𝑖𝑒𝑔𝑚𝑒𝑦𝑒𝑟 — 𝐷𝑢𝑒𝑙𝑜 𝑑𝑒 𝑖𝑛𝑚𝑜𝑟𝑡𝑎𝑙𝑒𝑠

    Estaba a punto de llegar a Karadath el ultimo bastion humano en el norte. La nieve caía con más furia que nunca, como si el cielo mismo quisiera borrar todo rastro de lo que estaba a punto de suceder. Mis botas pesadas crujían sobre la capa helada que cubría las ruinas de la antigua fortaleza de Valthor. El frío se filtraba a traves de mi armadurade placas, mordiendo la carne que había sobrevivido a cien muertes.

    Frente a mí estaba ella. Una única caza recompenzas, siempre venían una docena tras el inmortal. Una mujer de cabello negro que ondeaba y se congelaba en un vaivén. Equipaba una armadura ligera sólida. Se hacía llamar la Segadora, la reconoci por su bufanda roja, siempre pense que era un mito, ya que decían que había cazado a otros inmortales antes que yo.

    Nuestras espadas chocaron y el mundo se redujo a acero y nieve. Su hoja era más ligera, más rápida, un relámpago vivo que buscaba los huecos de mi defensa. Yo blandía mi gran espada de dos manos, pesada y brutal, pero cada golpe que lanzaba ella lo esquivaba con una gracia inhumana, como si bailara con la tormenta.

    “Eres lento, viejo inmortal”, susurró con una voz que cortaba más que el viento. “¿Todavía sigues aferrándote a esa carne podrida?”

    Su espada busco y me abrió el costado justo en la unión de las placas. Sentí cómo la hoja rasgaba malla, piel y costilla. El dolor fue tan intenso que por un segundo creí que esta vez sí moriría de verdad. Caí sobre una rodilla, la nieve tiñéndose de rojo bajo mi peso. Ella no se apresuró. Caminó alrededor mío, disfrutando el momento.

    “¿Cuántas veces has muerto, Siegmeyer? ¿Y todavía sigues aquí, arrastrando esa maldición como un perro viejo?”

    Me levanté rugiendo. Mi espada chocó contra la suya. Ella retrocedió, pero no cayó. Contraatacó con una serie de estocadas tan rápidas que apenas pude bloquearlas. Una me atravesó un punto debil en el muslo, otra rn la unión de la hombreras, hiriendome hombro. Sangre caliente salpicaba la nieve con cada movimiento.

    En un momento de furia ciega logré atraparla. La embestí con el hombro y la lancé contra una pared derruida. El impacto fue brutal. Ella tosió sangre, pero sonrió. Sus ojos brillaban con algo que no era solo odio era reconocimiento.

    “Por fin”, murmuró, limpiándose la boca con el dorso de la mano. “Un inmortal que vale la pena matar.”

    Volvimos a cruzarnos. Esta vez no fue técnica. Fue pura rabia animal. Nuestras espadas cantaban una melodía mortal mientras girábamos entre las ruinas. La nieve nos cubría, nos cegaba, nos hacía resbalar. Perdí la cuenta de cuántas veces me hirió y tambien de cuántas veces la herí yo a ella.

    En el clímax del duelo, nuestras hojas se trabaron en un forcejeo mortal. Cara a cara, respiraciones entrecortadas, sangre cayendo de ambos. Podía ver mi propio reflejo roto en sus ojos.

    “¿Por qué no mueres?”, gruñí.

    “Porque yo también estoy maldita”, respondió ella, y entonces vi algo parecido a dolor en su rostro.

    Con un último esfuerzo giré mi espada y la liberé de su agarre. Mi hoja descendió en un arco perfecto. Ella levantó la suya para parar, pero su arma se quebró. Mi acero le atravesó el pecho.

    Cayó de rodillas en la nieve, sosteniendo la hoja que la mataba como si fuera un viejo amigo. Me miró una última vez y sonrió con sangre en los dientes.

    “Al fin… alguien que pudo terminarlo.”

    Se desplomó. La tormenta se calmó casi al instante, dejando solo el silencio y el sonido de mi propia respiración entrecortada.

    Me quedé allí, tambaleándome, con más heridas de las que podía contar. La inmortalidad me mantenía en pie, pero nunca me había sentido tan cerca de la muerte verdadera. Quedé con muchas preguntas. Espere que sanara como yo lo hacía pero no volvió a abrir los ojos. Sus heridas no cerraron, ¿Por que decía estar maldita? Fue otro enigma que quedó grabado en mi mente.
    𝐶𝑟𝑜́𝑛𝑖𝑐𝑎 𝑑𝑒 𝑆𝑖𝑒𝑔𝑚𝑒𝑦𝑒𝑟 — 𝐷𝑢𝑒𝑙𝑜 𝑑𝑒 𝑖𝑛𝑚𝑜𝑟𝑡𝑎𝑙𝑒𝑠 Estaba a punto de llegar a Karadath el ultimo bastion humano en el norte. La nieve caía con más furia que nunca, como si el cielo mismo quisiera borrar todo rastro de lo que estaba a punto de suceder. Mis botas pesadas crujían sobre la capa helada que cubría las ruinas de la antigua fortaleza de Valthor. El frío se filtraba a traves de mi armadurade placas, mordiendo la carne que había sobrevivido a cien muertes. Frente a mí estaba ella. Una única caza recompenzas, siempre venían una docena tras el inmortal. Una mujer de cabello negro que ondeaba y se congelaba en un vaivén. Equipaba una armadura ligera sólida. Se hacía llamar la Segadora, la reconoci por su bufanda roja, siempre pense que era un mito, ya que decían que había cazado a otros inmortales antes que yo. Nuestras espadas chocaron y el mundo se redujo a acero y nieve. Su hoja era más ligera, más rápida, un relámpago vivo que buscaba los huecos de mi defensa. Yo blandía mi gran espada de dos manos, pesada y brutal, pero cada golpe que lanzaba ella lo esquivaba con una gracia inhumana, como si bailara con la tormenta. “Eres lento, viejo inmortal”, susurró con una voz que cortaba más que el viento. “¿Todavía sigues aferrándote a esa carne podrida?” Su espada busco y me abrió el costado justo en la unión de las placas. Sentí cómo la hoja rasgaba malla, piel y costilla. El dolor fue tan intenso que por un segundo creí que esta vez sí moriría de verdad. Caí sobre una rodilla, la nieve tiñéndose de rojo bajo mi peso. Ella no se apresuró. Caminó alrededor mío, disfrutando el momento. “¿Cuántas veces has muerto, Siegmeyer? ¿Y todavía sigues aquí, arrastrando esa maldición como un perro viejo?” Me levanté rugiendo. Mi espada chocó contra la suya. Ella retrocedió, pero no cayó. Contraatacó con una serie de estocadas tan rápidas que apenas pude bloquearlas. Una me atravesó un punto debil en el muslo, otra rn la unión de la hombreras, hiriendome hombro. Sangre caliente salpicaba la nieve con cada movimiento. En un momento de furia ciega logré atraparla. La embestí con el hombro y la lancé contra una pared derruida. El impacto fue brutal. Ella tosió sangre, pero sonrió. Sus ojos brillaban con algo que no era solo odio era reconocimiento. “Por fin”, murmuró, limpiándose la boca con el dorso de la mano. “Un inmortal que vale la pena matar.” Volvimos a cruzarnos. Esta vez no fue técnica. Fue pura rabia animal. Nuestras espadas cantaban una melodía mortal mientras girábamos entre las ruinas. La nieve nos cubría, nos cegaba, nos hacía resbalar. Perdí la cuenta de cuántas veces me hirió y tambien de cuántas veces la herí yo a ella. En el clímax del duelo, nuestras hojas se trabaron en un forcejeo mortal. Cara a cara, respiraciones entrecortadas, sangre cayendo de ambos. Podía ver mi propio reflejo roto en sus ojos. “¿Por qué no mueres?”, gruñí. “Porque yo también estoy maldita”, respondió ella, y entonces vi algo parecido a dolor en su rostro. Con un último esfuerzo giré mi espada y la liberé de su agarre. Mi hoja descendió en un arco perfecto. Ella levantó la suya para parar, pero su arma se quebró. Mi acero le atravesó el pecho. Cayó de rodillas en la nieve, sosteniendo la hoja que la mataba como si fuera un viejo amigo. Me miró una última vez y sonrió con sangre en los dientes. “Al fin… alguien que pudo terminarlo.” Se desplomó. La tormenta se calmó casi al instante, dejando solo el silencio y el sonido de mi propia respiración entrecortada. Me quedé allí, tambaleándome, con más heridas de las que podía contar. La inmortalidad me mantenía en pie, pero nunca me había sentido tan cerca de la muerte verdadera. Quedé con muchas preguntas. Espere que sanara como yo lo hacía pero no volvió a abrir los ojos. Sus heridas no cerraron, ¿Por que decía estar maldita? Fue otro enigma que quedó grabado en mi mente.
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    Primera parte: : El Mundo que Perdí.

    Akane nunca entendió por qué la observaban tanto. Desde pequeña notó miradas que desaparecían cuando giraba la cabeza, personas demasiado quietas entre la multitud y presencias que parecían seguirla incluso cuando caminaba sola por la ciudad. Jennifer siempre le dijo que ignorara esas cosas, que mientras la familia Queen no interfiriera con nadie, nadie tendría razones para atacar primero. Durante años eso pareció funcionar. Los llamados nuevos Dioses observaban desde lejos, estudiaban a la familia y esperaban. Jennifer era poderosa, pero solo quería vivir tranquila junto a sus hijas y nietos. Para ellos era mejor dejar el hormiguero quieto antes que provocar una guerra innecesaria.

    Akane, sin embargo, era diferente. No actuaba como una Queen y tampoco como una Ishtar. Había algo extraño en ella, algo que ni siquiera su propia familia terminaba de entender. Peleaba bajo sus propias reglas, tomaba decisiones impulsivas y nunca mostró interés en seguir caminos marcados por otros. Eso fue lo que llamó la atención de los seguidores de los nuevos Dioses. Al principio solo pensaron que era una anomalía más dentro de una familia peligrosa, pero luego descubrieron algo peor.

    Akane llevaba la marca de Ozma, el nombre seguía siendo temido incluso siglos después de su desaparición. El antiguo Señor del Caos, el hombre que había destruido ciudades enteras y que para muchos jamás debió existir. Las profecías hablaban de su regreso, de alguien que heredaría su voluntad y abriría otra vez el camino hacia el desastre. Cuando encontraron la marca sobre Akane comenzaron a llamarla Ozmira.

    No podían matarla. No estaban seguros de poder hacerlo y tampoco querían arriesgarse a despertar algo peor durante el intento. Decidieron sellarla antes de que creciera demasiado.

    Esperaron el momento correcto, la emboscada ocurrió cuando Akane salía de clases. Todo fue rápido. Varias figuras bloquearon las calles cercanas mientras otros activaban barreras para aislar la zona. Akane reaccionó de inmediato y el combate comenzó antes de que pudiera hacer preguntas. Al principio parecía que ella tenía el control. Derribó enemigos, destruyó sellos y obligó a varios a retroceder. Los seguidores de los nuevos Dioses parecían demasiado débiles para alguien como ella y Akane comenzó a creer que aquello era solo otro intento inútil de intimidarla.

    Entonces entendió el error, la pelea nunca fue el objetivo. Mientras combatía, otro grupo terminaba de preparar el verdadero sello. Un círculo gigantesco apareció bajo sus pies y cuando Akane intentó escapar ya era demasiado tarde. El espacio se deformó a su alrededor y una fuerza desconocida la arrastró hacia la oscuridad.

    Cuando despertó estaba sola, el lugar parecía la Tierra, pero no lo era. Había aldeas de piedra, castillos viejos y caminos de tierra. Por un momento creyó que había sido enviada al pasado, hasta que levantó la vista y vio dos lunas en el cielo.

    Ese mundo no pertenecía a la Tierra, Akane intentó regresar durante años. Buscó magos, ruinas antiguas y criaturas capaces de abrir portales. Peleó guerras que no eran suyas solo para conseguir información. Recorrió continentes enteros esperando encontrar una forma de volver a casa, pero el tiempo siguió avanzando y poco a poco la idea de regresar comenzó a sentirse lejana.

    El nuevo mundo terminó cambiándola, aprendió a vivir ahí. Construyó una vida, encontró personas en las que pudo confiar y con el tiempo formó una familia. Tuvo hijos, levantó un hogar y durante siglos dejó de pensar en la Tierra como su verdadero lugar. La gente de ese mundo conoció a Akane como guerrera, y no como monstruo, sino como protectora. Las historias sobre ella crecieron tanto que algunas regiones comenzaron a verla como una figura casi legendaria.

    Y aun así nunca pudo escapar por completo de lo que era. Tres siglos pasaron para Akane, tres siglos de guerras, pérdidas y nuevas generaciones.

    Entonces ocurrió otra vez.... Un portal parecido al que la había atrapado apareció frente a ella sin previo aviso. No tuvo tiempo de entender qué estaba pasando. La misma fuerza que una vez la arrancó de la Tierra volvió a envolverla y el mundo que había aprendido a llamar hogar desapareció frente a sus ojos.

    Cuando despertó estaba otra vez en la Tierra, solo habían pasado quince años. Para el mundo Akane apenas había desaparecido un tiempo. Para ella habían muerto siglos enteros. Su familia de aquel otro mundo ya no estaba con ella, sus hijos habían quedado atrás y todo lo que construyó desapareció en un instante. Volvió a ver calles modernas, ciudades iluminadas y rostros familiares, pero nada se sentía correcto.

    La Tierra seguía siendo el lugar donde nació, el mundo al que alguna vez llamó hogar, pero al levantar la vista y encontrar una sola luna en el cielo, Akane sintió algo que nunca esperó sentir al regresar. No era alivio, tampoco paz. Era una sensación de encierro. Durante siglos había vivido bajo un cielo distinto, uno donde dos lunas iluminaban sus noches y donde aún permanecían las personas que amaba. Sus hijos, su pareja, la vida que construyó con sus propias manos. Todo seguía allá, en ese mundo lejano que con el tiempo dejó de ser una prisión para convertirse en su verdadero hogar. Akane había regresado físicamente a la Tierra, pero su corazón seguía atrapado bajo aquel cielo de dos lunas.
    Primera parte: : El Mundo que Perdí. Akane nunca entendió por qué la observaban tanto. Desde pequeña notó miradas que desaparecían cuando giraba la cabeza, personas demasiado quietas entre la multitud y presencias que parecían seguirla incluso cuando caminaba sola por la ciudad. Jennifer siempre le dijo que ignorara esas cosas, que mientras la familia Queen no interfiriera con nadie, nadie tendría razones para atacar primero. Durante años eso pareció funcionar. Los llamados nuevos Dioses observaban desde lejos, estudiaban a la familia y esperaban. Jennifer era poderosa, pero solo quería vivir tranquila junto a sus hijas y nietos. Para ellos era mejor dejar el hormiguero quieto antes que provocar una guerra innecesaria. Akane, sin embargo, era diferente. No actuaba como una Queen y tampoco como una Ishtar. Había algo extraño en ella, algo que ni siquiera su propia familia terminaba de entender. Peleaba bajo sus propias reglas, tomaba decisiones impulsivas y nunca mostró interés en seguir caminos marcados por otros. Eso fue lo que llamó la atención de los seguidores de los nuevos Dioses. Al principio solo pensaron que era una anomalía más dentro de una familia peligrosa, pero luego descubrieron algo peor. Akane llevaba la marca de Ozma, el nombre seguía siendo temido incluso siglos después de su desaparición. El antiguo Señor del Caos, el hombre que había destruido ciudades enteras y que para muchos jamás debió existir. Las profecías hablaban de su regreso, de alguien que heredaría su voluntad y abriría otra vez el camino hacia el desastre. Cuando encontraron la marca sobre Akane comenzaron a llamarla Ozmira. No podían matarla. No estaban seguros de poder hacerlo y tampoco querían arriesgarse a despertar algo peor durante el intento. Decidieron sellarla antes de que creciera demasiado. Esperaron el momento correcto, la emboscada ocurrió cuando Akane salía de clases. Todo fue rápido. Varias figuras bloquearon las calles cercanas mientras otros activaban barreras para aislar la zona. Akane reaccionó de inmediato y el combate comenzó antes de que pudiera hacer preguntas. Al principio parecía que ella tenía el control. Derribó enemigos, destruyó sellos y obligó a varios a retroceder. Los seguidores de los nuevos Dioses parecían demasiado débiles para alguien como ella y Akane comenzó a creer que aquello era solo otro intento inútil de intimidarla. Entonces entendió el error, la pelea nunca fue el objetivo. Mientras combatía, otro grupo terminaba de preparar el verdadero sello. Un círculo gigantesco apareció bajo sus pies y cuando Akane intentó escapar ya era demasiado tarde. El espacio se deformó a su alrededor y una fuerza desconocida la arrastró hacia la oscuridad. Cuando despertó estaba sola, el lugar parecía la Tierra, pero no lo era. Había aldeas de piedra, castillos viejos y caminos de tierra. Por un momento creyó que había sido enviada al pasado, hasta que levantó la vista y vio dos lunas en el cielo. Ese mundo no pertenecía a la Tierra, Akane intentó regresar durante años. Buscó magos, ruinas antiguas y criaturas capaces de abrir portales. Peleó guerras que no eran suyas solo para conseguir información. Recorrió continentes enteros esperando encontrar una forma de volver a casa, pero el tiempo siguió avanzando y poco a poco la idea de regresar comenzó a sentirse lejana. El nuevo mundo terminó cambiándola, aprendió a vivir ahí. Construyó una vida, encontró personas en las que pudo confiar y con el tiempo formó una familia. Tuvo hijos, levantó un hogar y durante siglos dejó de pensar en la Tierra como su verdadero lugar. La gente de ese mundo conoció a Akane como guerrera, y no como monstruo, sino como protectora. Las historias sobre ella crecieron tanto que algunas regiones comenzaron a verla como una figura casi legendaria. Y aun así nunca pudo escapar por completo de lo que era. Tres siglos pasaron para Akane, tres siglos de guerras, pérdidas y nuevas generaciones. Entonces ocurrió otra vez.... Un portal parecido al que la había atrapado apareció frente a ella sin previo aviso. No tuvo tiempo de entender qué estaba pasando. La misma fuerza que una vez la arrancó de la Tierra volvió a envolverla y el mundo que había aprendido a llamar hogar desapareció frente a sus ojos. Cuando despertó estaba otra vez en la Tierra, solo habían pasado quince años. Para el mundo Akane apenas había desaparecido un tiempo. Para ella habían muerto siglos enteros. Su familia de aquel otro mundo ya no estaba con ella, sus hijos habían quedado atrás y todo lo que construyó desapareció en un instante. Volvió a ver calles modernas, ciudades iluminadas y rostros familiares, pero nada se sentía correcto. La Tierra seguía siendo el lugar donde nació, el mundo al que alguna vez llamó hogar, pero al levantar la vista y encontrar una sola luna en el cielo, Akane sintió algo que nunca esperó sentir al regresar. No era alivio, tampoco paz. Era una sensación de encierro. Durante siglos había vivido bajo un cielo distinto, uno donde dos lunas iluminaban sus noches y donde aún permanecían las personas que amaba. Sus hijos, su pareja, la vida que construyó con sus propias manos. Todo seguía allá, en ese mundo lejano que con el tiempo dejó de ser una prisión para convertirse en su verdadero hogar. Akane había regresado físicamente a la Tierra, pero su corazón seguía atrapado bajo aquel cielo de dos lunas.
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  • EL DUELO SANGRIENTO DE LAS SOMBRAS: CRISANA VS. EL ABISMO
    Escenario: La Cámara del Espejo Negro.

    En Un anfiteatro subterráneo de basalto pulido, tan oscuro que parece tragar la luz. En el centro, una única columna de luz blanca que me ilumina. Mi armadura de plata y el corsé con detalles de telaraña brillan intensamente, proyectando una sombra nítida y profunda que parece tener vida propia sobre el suelo de piedra negra.

    ajustando mi posición. Mis botas metálica golpea el basalto con un eco seco. Pone su mano izquierda sobre su nuca, asegurando la caída de su trenza, mientras la derecha se cierne sobre el pomo de su espada. Respira hondo. Sus ojos turquesa se clavan en la mancha oscura a sus pies.

    "No eres mi reflejo. Eres mi duda. Eres mi debilidad. La razón por la que me siguen viendo cómo una chiquilla pero esto se termina hoy."

    Sin previo aviso, el suelo bajo mis pies oscila. Con un sonido sibilante, la sombra de ella misma se levanta. Es una silueta tridimensional de oscuridad absoluta que imita exactamente la armadura de dragón y mi figura. Ella sonríe de forma depredadora; el entrenamiento ha comenzado.

    Ambas se mueven a la vez. El estallido es instantáneo desenvaino, mi hoja es una línea de plata pura, mientras la Sombra genera una hoja idéntica hecha de noche líquida. Chocan con un estruendo sordo que vibra en mis huesos.

    Ella lanza una estocada rápida al abdomen. La Sombra hace un parry perfecto e inmediatamente lanza un tajo horizontal al cuello. Me agacho, sintiendo el frío de la oscuridad rozar su cabello, y usa el impulso para lanzar una patada giratoria con su rodillera blindada. Su bota atraviesa el pecho de la Sombra, que se disipa en humo solo para reformarse un milisegundo después a su espalda.

    El combate se vuelve un borrón de velocidad sobrehumana. bailando entre destellos de plata y ráfagas de oscuridad, su capa púrpura ondeando violentamente. La Sombra es despiadada: conoce cada truco de Crisana porque es ella. Sangre real salpica el basalto cuando la Sombra logra rozar el brazo expuesto de la joven. no retrocedo; el dolor solo aviva mi enfoque.
    Están atrapadas en un torbellino. Usando la pared para impulsarme, lanzando un ataque descendente que la Sombra bloquea, obligando a ambas a retroceder por la fuerza del impacto.

    Cambiando mi postura. No ataca; espera. La Sombra, imitando la impulsividad que Crisana lucha por controlar, se lanza a un ataque final. Es exactamente lo que ella esperaba.
    En lugar de bloquear, me dejo caer, deslizándose por el suelo pulido justo por debajo del acero oscuro. Mientras pasa, agarra con fuerza la armadura de humo de su oponente y gira con violencia. Con un grito que resuena en toda la cámara, empalo a la Sombra desde la espalda, hundiendo su hoja de plata justo donde late el origen de esa oscuridad.

    La Sombra se congela y un sonido como cristal rompiéndose llena el aire. La oscuridad se resquebraja, dejando que la luz blanca de la cámara la consuma desde dentro. Con un último suspiro, la silueta colapsa y vuelve a ser una simple mancha inanimada a sus pies

    ella se queda de pie, jadeando, con el sudor mezclándose con la herida de su brazo. Envaina su espada con un "clic" firme y se limpia la boca con el dorso de su guantelete de plata. Mira a su sombra, ahora pacífica y sumisa.

    "Gracias por la lección y dejar que me desahogara un poco, supongo que Hasta mañana."

    De forma calmada deshago la trenza que ataba mi cabello después de aquella pelea, como dando mis cabellos mientras mi respiración se ajusta poco a poco para regresar a la normalidad
    EL DUELO SANGRIENTO DE LAS SOMBRAS: CRISANA VS. EL ABISMO Escenario: La Cámara del Espejo Negro. En Un anfiteatro subterráneo de basalto pulido, tan oscuro que parece tragar la luz. En el centro, una única columna de luz blanca que me ilumina. Mi armadura de plata y el corsé con detalles de telaraña brillan intensamente, proyectando una sombra nítida y profunda que parece tener vida propia sobre el suelo de piedra negra. ajustando mi posición. Mis botas metálica golpea el basalto con un eco seco. Pone su mano izquierda sobre su nuca, asegurando la caída de su trenza, mientras la derecha se cierne sobre el pomo de su espada. Respira hondo. Sus ojos turquesa se clavan en la mancha oscura a sus pies. "No eres mi reflejo. Eres mi duda. Eres mi debilidad. La razón por la que me siguen viendo cómo una chiquilla pero esto se termina hoy." Sin previo aviso, el suelo bajo mis pies oscila. Con un sonido sibilante, la sombra de ella misma se levanta. Es una silueta tridimensional de oscuridad absoluta que imita exactamente la armadura de dragón y mi figura. Ella sonríe de forma depredadora; el entrenamiento ha comenzado. Ambas se mueven a la vez. El estallido es instantáneo desenvaino, mi hoja es una línea de plata pura, mientras la Sombra genera una hoja idéntica hecha de noche líquida. Chocan con un estruendo sordo que vibra en mis huesos. Ella lanza una estocada rápida al abdomen. La Sombra hace un parry perfecto e inmediatamente lanza un tajo horizontal al cuello. Me agacho, sintiendo el frío de la oscuridad rozar su cabello, y usa el impulso para lanzar una patada giratoria con su rodillera blindada. Su bota atraviesa el pecho de la Sombra, que se disipa en humo solo para reformarse un milisegundo después a su espalda. El combate se vuelve un borrón de velocidad sobrehumana. bailando entre destellos de plata y ráfagas de oscuridad, su capa púrpura ondeando violentamente. La Sombra es despiadada: conoce cada truco de Crisana porque es ella. Sangre real salpica el basalto cuando la Sombra logra rozar el brazo expuesto de la joven. no retrocedo; el dolor solo aviva mi enfoque. Están atrapadas en un torbellino. Usando la pared para impulsarme, lanzando un ataque descendente que la Sombra bloquea, obligando a ambas a retroceder por la fuerza del impacto. Cambiando mi postura. No ataca; espera. La Sombra, imitando la impulsividad que Crisana lucha por controlar, se lanza a un ataque final. Es exactamente lo que ella esperaba. En lugar de bloquear, me dejo caer, deslizándose por el suelo pulido justo por debajo del acero oscuro. Mientras pasa, agarra con fuerza la armadura de humo de su oponente y gira con violencia. Con un grito que resuena en toda la cámara, empalo a la Sombra desde la espalda, hundiendo su hoja de plata justo donde late el origen de esa oscuridad. La Sombra se congela y un sonido como cristal rompiéndose llena el aire. La oscuridad se resquebraja, dejando que la luz blanca de la cámara la consuma desde dentro. Con un último suspiro, la silueta colapsa y vuelve a ser una simple mancha inanimada a sus pies ella se queda de pie, jadeando, con el sudor mezclándose con la herida de su brazo. Envaina su espada con un "clic" firme y se limpia la boca con el dorso de su guantelete de plata. Mira a su sombra, ahora pacífica y sumisa. "Gracias por la lección y dejar que me desahogara un poco, supongo que Hasta mañana." De forma calmada deshago la trenza que ataba mi cabello después de aquella pelea, como dando mis cabellos mientras mi respiración se ajusta poco a poco para regresar a la normalidad
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  • Iba recién saliendo de la ducha con una toalla húmeda elegantemente colgada sobre su cuello, cuando sintió el flash de un teléfono celular. A diferencia de su amargura usual en esta ocasión mantuvo la calma, tratando de lidiar con la situación sin alterarse, simplemente alzó la palma para bloquear la pantalla del dispositivo móvil.

    — No me saques fotos cuando acabo de bañarme.

    Por suerte también llevaba una toalla atada a su cintura para estar suficientemente tapado, lo último que quería era un nuevo escándalo en el mundo de la hechicería con su cara en él.

    #SeductiveSunday
    Iba recién saliendo de la ducha con una toalla húmeda elegantemente colgada sobre su cuello, cuando sintió el flash de un teléfono celular. A diferencia de su amargura usual en esta ocasión mantuvo la calma, tratando de lidiar con la situación sin alterarse, simplemente alzó la palma para bloquear la pantalla del dispositivo móvil. — No me saques fotos cuando acabo de bañarme. Por suerte también llevaba una toalla atada a su cintura para estar suficientemente tapado, lo último que quería era un nuevo escándalo en el mundo de la hechicería con su cara en él. #SeductiveSunday
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    ||Me complace informarles que aún si tardaron varios días en solucionar el asunto, esa persona fue baneada y bloquearon su IP por incumplir las normas de convivencia y con pruebas en mano se puede reportar estos casos. Gracias por resolver este asunto administradores de Ficrol.
    ||Me complace informarles que aún si tardaron varios días en solucionar el asunto, esa persona fue baneada y bloquearon su IP por incumplir las normas de convivencia y con pruebas en mano se puede reportar estos casos. Gracias por resolver este asunto administradores de Ficrol.
    ¡IMPORTANTE! ¡QUIEN SEA O NO SEA MI AMIGO! QUIERO QUE LEAN ESTO!!!

    //Muy bien… Todo lo que voy a decir en esta publicación será completamente fuera de rol.

    Voy a explicar una situación bastante larga para dejar en evidencia a ciertas personas —dos, para ser exacta. A una de ellas aún la respeto, porque no me atacó directamente a mí, sino al personaje que muchos conocen como “Kaida Ichiryūsai, la dragón de sangre”. Y eso lo respeto, porque Kaida es solo un personaje.

    Pero hay otros dos “pjs” —si es que se les puede llamar así— que han estado atacando constantemente a la user detrás de Kaida. Sí, tengo pruebas, y las mostraré más adelante. Primero quiero contar todo con claridad, sin mentiras ni exageraciones.

    Cuando llegué a la app de fic, fui aprendiendo poco a poco cómo funcionaba todo. Empecé a conocer personajes y a rolear con ellos. En ese proceso, Kaida comenzó a interactuar con un personaje de hombre lobo (no diré su nombre, porque terminamos en buenos términos fuera de rol y no tiene nada que ver con esto). Con el tiempo, Kaida se fue enamorando, hasta que se confesó. Sin embargo, ese personaje estaba con varios pjs al mismo tiempo, y como eso no era lo que yo quería para mi personaje, decidí terminar la relación ahí.

    Todo quedó bien… hasta que apareció otro pj. Yo realmente pensaba que estábamos roleando (énfasis en eso). Kaida mostró interés por él, pero desde mi punto de vista, ese personaje no estaba realmente enamorado. Revisando su perfil, vi que llevaba tiempo buscando a alguien porque se sentía solo, lo que me hizo dudar más.

    Kaida, siendo insegura, le preguntó si realmente la amaba. Su respuesta fue algo como: “Creo que ya sé por dónde va esto”, insinuando que Kaida quería volver con el hombre lobo. Eso dejó claro que no confiaba en ella. Intenté explicarlo, pero no me creyó. Así que decidí terminar la relación.

    Aquí admito un error mío: le escribí por privado y luego borré el chat, olvidando que en esta app desaparece para ambos. Después, dejé un mensaje en una publicación suya dando por terminada la relación, pensando que todo quedaría ahí… pero no fue así.

    Luego apareció una familiar de ese pj a discutir en una publicación. Después, en otra publicación mía, expresé que el personaje del hombre lobo había sido un idiota (sin insultar al user), explicando cómo eso había afectado a Kaida emocionalmente.

    Este pj volvió a intervenir, creyendo que hablaba de él, y empezó a molestar. Intenté aclararlo, pero nuevamente no me creyó. Ya agotada por la situación, decidí borrar mi cuenta junto con el personaje de Kaida.

    Yo vine a esta app a rolear y divertirme, no a ser acosada fuera de rol. Porque sí: estas personas comenzaron a atacarme a mí como user, no al personaje.

    Más adelante volví con otro pj (Yuki), intentando evitar el acoso. Pero la situación continuó. Incluso llegaron a pensar que yo usaba cuentas falsas para interactuar con el personaje del hombre lobo, lo cual es completamente falso.

    Intenté reportar la situación, pero no aún no puedo hablar con nadie, ustedes diran “bloquéalos y ya”, no es tan simple: esto no solo me afecta a mí, también afecta a otras personas que solo quieren rolear tranquilamente.

    Por eso hago esta publicación.

    Las personas involucradas son:

    [orbit_sapphire_monkey_475]

    [shimmer_teal_buffalo_985]

    Ambos me han llamado “patética” y por supuestamente cambiarme a un pj que no tiene nada que ver conmigo.

    Los etiqueto para que sepan con quién están tratando. Porque si algo no sale como ellos quieren en "rol", lo llevan a lo personal.

    Y si intenten reportar esto, no hay problema. Tengo este msj guardado y si me lo borran lo vuelvo a publicar sin problemas.

    Tanto que predicabas "amar" a Kaida y te andas ligando a alguien más... Tan obsesionado con Kaida y no se que... Acosando a una pobre chica que nada que ver.

    Ahora sí, para quienes pensaban que yo era la mala…
    ¿lo siguen pensando?

    Pido mil disculpas a los involucrados que no tenían nada que ver con todo esto...

    Ahora para que lo sepas seiko... ¡Kaida ya está con alguien!

    ¡JODANSE!

    ¿Felices? Que bueno.

    Al final¿Quien quedó de patético?
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    Basado en el relato publicado por Ozma

    ***Edad del Caos***
    El Encuentro con Arcyelle

    El Templo del Norte se alzaba imponente entre los árboles, antiguo y silencioso, como si observara el paso del tiempo sin pertenecer a él.

    Oz avanzaba sin detenerse, a su lado, Onix lo seguía en silencio, atenta a cada detalle. No comprendía del todo lo que ocurría, pero podía sentirlo con claridad: el ser que caminaba frente a ella ya no era simplemente un hombre, era algo más, algo que incluso el mundo parecía rechazar pero aun así, para esta niña, aquel ser era el único en el que ella podía confiar.

    Los guardianes Elunai descendieron los escalones del templo y bloquearon el camino. Sus armaduras reflejaban la luz plateada de Yue, pero sus expresiones estaban tensas, marcadas por una mezcla de desconfianza y temor.

    Oz no redujo el paso hasta estar frente a ellos, los guardianes percibían lo mismo: el rastro de poder que venía con él. Una energía que no pertenecía a ese lugar, era poder corrupto, algo que no debía existir. Para ellos, no había duda, Oz era el origen de ese caos y entonces lo llamaron "Señor del Caos", un título no fue rechazado ni negado. Por primera vez, Oz no solo permitió que lo definieran de esa forma… sino que lo llevó más allá.

    Si aquello era lo que veían en él, entonces no tenía sentido ocultarlo, n cuando el mundo ya había decidido lo que era. Su presencia se volvió más pesada, más opresiva, como si el aire mismo comenzara a ceder ante su voluntad.

    Los guardianes intentaron detenerlo pero no fue suficiente, un solo movimiento bastó para apartarlos. Sus cuerpos fueron lanzados contra las estructuras del templo, cayendo sin conciencia. No hubo combate, solo una diferencia absoluta de poder.

    Fue entonces cuando ella apareció, Arcyelle Veltharys, la luz lunar la envolvía, dándole una presencia casi irreal, como si perteneciera a otro plano, pero Oz no vio divinidad en ella, por lo que no le importo que el titulo de Santa que los guardianes usaban con ella para exigir respeto al intruso.

    Oz solo vio a alguien que había tenido el poder de actuar y no lo hizo. La distancia entre ambos desapareció en un instante.

    Oz se lanzó hacia ella sin contenerse. Arcyelle reaccionó de inmediato, levantó una barrera de luz pero no era una defensa cualquiera, era una creación específica. Ella conocía la verdad, había sido parte del grupo que investigó los cuerpos artificiales. Sabía que el cuerpo actual de Oz estaba basado en los Nómadas, una estructura imperfecta, vulnerable a ciertos tipos de energía.

    Aquella barrera había sido diseñada para romperlo pero algo había cambiado. Cuando Oz la atravesó, la barrera no lo destruyó, sino que lo reveló.

    El poder que recorría su cuerpo reaccionó al contacto, se expandió, se desbordó, tomó forma. Lo que antes estaba contenido dejó de estarlo, su cuerpo mutó y creció aun mas.

    Se volvió más denso, más violento en su estructura. La piel verde se oscureció, endurecida como si ya no fuera completamente orgánica. Sus músculos se tensaron con una fuerza que parecía romper los límites de su forma anterior.

    Sus colmillos se alargaron, sus rasgos se deformaron hacia algo más primitivo y más cercano a una bestia que a un hombre.

    No era una transformación elegante, sino que era una verdad expuesta. Onix retrocedió, incapaz de ocultar el miedo, Arcyelle, por su parte, comprendió de inmediato lo que estaba ocurriendo.

    No lo había herido, había liberado algo y eso era peor. Oz avanzó un paso más y con él, el peso de su existencia pareció aplastar el entorno.

    Pero más allá de la ira… había algo más, "Dolor". Arcyelle lo entendió y supo que no podía detenerlo. Así que eligió la única opción que le quedaba, la verdad. La revelación cayó como un balde agua fria. Su hija estaba viva.

    El cambio fue inmediato, el poder dejó de crecer, la presión desapareció, el caos… se detuvo.

    Oz no se movió pero todo en él cambió, por primera vez desde que había llegado, no era destrucción lo que lo sostenía. Era algo más frágil, era esperanza.

    Arcyelle continuó, ya no confiaba en los dioses. Había visto señales y escuchado rumores. Los experimentos con los niños Nómadas ya no eran simples teorías, ya que aquella niña que acompañaba a Oz era la prueba de sus mas grandes temores.

    Anteriormente, aunque sus sospechas no se habían confirmado, Arcyelle uso la escusa que la pequeña Yen’naferiel no soportaría el viaje hasta el templo principal de los Dioses, esto porque había sido herida durante su secuestro, por lo que la Santa de los Elunia ordeno que la llevaran a otro templo mientras se recuperaba, de esa forma había ganado algo de tiempo mientras investigaba el templo del Oeste.

    Le llegada de Oz cambio los planes de Arcyelle, si bien había confirmado sus sospechas, también había perdido la oportunidad de escapar con la niña, pero aun tenia la esperanza de recuperar a Yen’naferiel, ya que tampoco podía dejarla con su padre.

    Oz escuchó todo en silencio mientras Arcyelle le decía la ubicación de su hija. Antes de irse le dejo algo muy claro, si Yen’naferiel no estaba en aquel lugar con vida, no habría lugar en el mundo donde ocultarse.

    Oz salio del templo acompañado de Onix, habia dejado vivir un poco mas a Arcyelle, no por compasión ni por perdón, sino porque había algo más importante que la venganza en ese momento,

    Arcyelle permaneció inmóvil, consciente de que había sobrevivido a algo que no debía tener forma.

    Mientras tanto, el mundo comenzaba a susurrar un nuevo nombre, un nombre nacido del miedo: "Mao" , y con el tiempo… uno que ni siquiera los dioses podrían ignorar... Ozma.

    Basado en el relato publicado por [Oz_The_Chaos] ***Edad del Caos*** El Encuentro con Arcyelle El Templo del Norte se alzaba imponente entre los árboles, antiguo y silencioso, como si observara el paso del tiempo sin pertenecer a él. Oz avanzaba sin detenerse, a su lado, Onix lo seguía en silencio, atenta a cada detalle. No comprendía del todo lo que ocurría, pero podía sentirlo con claridad: el ser que caminaba frente a ella ya no era simplemente un hombre, era algo más, algo que incluso el mundo parecía rechazar pero aun así, para esta niña, aquel ser era el único en el que ella podía confiar. Los guardianes Elunai descendieron los escalones del templo y bloquearon el camino. Sus armaduras reflejaban la luz plateada de Yue, pero sus expresiones estaban tensas, marcadas por una mezcla de desconfianza y temor. Oz no redujo el paso hasta estar frente a ellos, los guardianes percibían lo mismo: el rastro de poder que venía con él. Una energía que no pertenecía a ese lugar, era poder corrupto, algo que no debía existir. Para ellos, no había duda, Oz era el origen de ese caos y entonces lo llamaron "Señor del Caos", un título no fue rechazado ni negado. Por primera vez, Oz no solo permitió que lo definieran de esa forma… sino que lo llevó más allá. Si aquello era lo que veían en él, entonces no tenía sentido ocultarlo, n cuando el mundo ya había decidido lo que era. Su presencia se volvió más pesada, más opresiva, como si el aire mismo comenzara a ceder ante su voluntad. Los guardianes intentaron detenerlo pero no fue suficiente, un solo movimiento bastó para apartarlos. Sus cuerpos fueron lanzados contra las estructuras del templo, cayendo sin conciencia. No hubo combate, solo una diferencia absoluta de poder. Fue entonces cuando ella apareció, Arcyelle Veltharys, la luz lunar la envolvía, dándole una presencia casi irreal, como si perteneciera a otro plano, pero Oz no vio divinidad en ella, por lo que no le importo que el titulo de Santa que los guardianes usaban con ella para exigir respeto al intruso. Oz solo vio a alguien que había tenido el poder de actuar y no lo hizo. La distancia entre ambos desapareció en un instante. Oz se lanzó hacia ella sin contenerse. Arcyelle reaccionó de inmediato, levantó una barrera de luz pero no era una defensa cualquiera, era una creación específica. Ella conocía la verdad, había sido parte del grupo que investigó los cuerpos artificiales. Sabía que el cuerpo actual de Oz estaba basado en los Nómadas, una estructura imperfecta, vulnerable a ciertos tipos de energía. Aquella barrera había sido diseñada para romperlo pero algo había cambiado. Cuando Oz la atravesó, la barrera no lo destruyó, sino que lo reveló. El poder que recorría su cuerpo reaccionó al contacto, se expandió, se desbordó, tomó forma. Lo que antes estaba contenido dejó de estarlo, su cuerpo mutó y creció aun mas. Se volvió más denso, más violento en su estructura. La piel verde se oscureció, endurecida como si ya no fuera completamente orgánica. Sus músculos se tensaron con una fuerza que parecía romper los límites de su forma anterior. Sus colmillos se alargaron, sus rasgos se deformaron hacia algo más primitivo y más cercano a una bestia que a un hombre. No era una transformación elegante, sino que era una verdad expuesta. Onix retrocedió, incapaz de ocultar el miedo, Arcyelle, por su parte, comprendió de inmediato lo que estaba ocurriendo. No lo había herido, había liberado algo y eso era peor. Oz avanzó un paso más y con él, el peso de su existencia pareció aplastar el entorno. Pero más allá de la ira… había algo más, "Dolor". Arcyelle lo entendió y supo que no podía detenerlo. Así que eligió la única opción que le quedaba, la verdad. La revelación cayó como un balde agua fria. Su hija estaba viva. El cambio fue inmediato, el poder dejó de crecer, la presión desapareció, el caos… se detuvo. Oz no se movió pero todo en él cambió, por primera vez desde que había llegado, no era destrucción lo que lo sostenía. Era algo más frágil, era esperanza. Arcyelle continuó, ya no confiaba en los dioses. Había visto señales y escuchado rumores. Los experimentos con los niños Nómadas ya no eran simples teorías, ya que aquella niña que acompañaba a Oz era la prueba de sus mas grandes temores. Anteriormente, aunque sus sospechas no se habían confirmado, Arcyelle uso la escusa que la pequeña Yen’naferiel no soportaría el viaje hasta el templo principal de los Dioses, esto porque había sido herida durante su secuestro, por lo que la Santa de los Elunia ordeno que la llevaran a otro templo mientras se recuperaba, de esa forma había ganado algo de tiempo mientras investigaba el templo del Oeste. Le llegada de Oz cambio los planes de Arcyelle, si bien había confirmado sus sospechas, también había perdido la oportunidad de escapar con la niña, pero aun tenia la esperanza de recuperar a Yen’naferiel, ya que tampoco podía dejarla con su padre. Oz escuchó todo en silencio mientras Arcyelle le decía la ubicación de su hija. Antes de irse le dejo algo muy claro, si Yen’naferiel no estaba en aquel lugar con vida, no habría lugar en el mundo donde ocultarse. Oz salio del templo acompañado de Onix, habia dejado vivir un poco mas a Arcyelle, no por compasión ni por perdón, sino porque había algo más importante que la venganza en ese momento, Arcyelle permaneció inmóvil, consciente de que había sobrevivido a algo que no debía tener forma. Mientras tanto, el mundo comenzaba a susurrar un nuevo nombre, un nombre nacido del miedo: "Mao" , y con el tiempo… uno que ni siquiera los dioses podrían ignorar... Ozma.
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