• El humo del cigarro se mezclaba con las luces del escenario mientras observaba el club desde un sofá terciopelo rojo, mientras en mi mano derecha reposaba un whisky. Milán seguía intentando vender la idea de que el lujo podía llenar vacíos… curioso. Porque mientras más caro era el lugar, más rotas parecían las personas dentro.

    Le di otro trago al whisky antes de soltar una pequeña risa para mí mismo.
    —Dios… qué aburridos están todos esta noche.
    Una pareja discutía cerca de la barra. Un político sonreía demasiado falso. Y una mujer intentaba coquetear con un hombre que claramente prefería mirarse a sí mismo en el reflejo de las botellas, nada nuevo, nada interesante hasta el momento.
    Apoyé la cabeza contra el respaldo mientras el jazz sonaba de fondo.
    —Si esto sigue así voy a tener que empezar problemas yo mismo… y técnicamente me prometí comportarme esta semana.
    El cigarro volvió lentamente entre mis labios mientras observaba el escenario con expresión que no solo mostraba lo cansado que estaba si no también lo aburrido que me encontraba.
    —Milán tiene demasiada gente poderosa y muy poca gente interesante.
    El humo del cigarro se mezclaba con las luces del escenario mientras observaba el club desde un sofá terciopelo rojo, mientras en mi mano derecha reposaba un whisky. Milán seguía intentando vender la idea de que el lujo podía llenar vacíos… curioso. Porque mientras más caro era el lugar, más rotas parecían las personas dentro. Le di otro trago al whisky antes de soltar una pequeña risa para mí mismo. —Dios… qué aburridos están todos esta noche. Una pareja discutía cerca de la barra. Un político sonreía demasiado falso. Y una mujer intentaba coquetear con un hombre que claramente prefería mirarse a sí mismo en el reflejo de las botellas, nada nuevo, nada interesante hasta el momento. Apoyé la cabeza contra el respaldo mientras el jazz sonaba de fondo. —Si esto sigue así voy a tener que empezar problemas yo mismo… y técnicamente me prometí comportarme esta semana. El cigarro volvió lentamente entre mis labios mientras observaba el escenario con expresión que no solo mostraba lo cansado que estaba si no también lo aburrido que me encontraba. —Milán tiene demasiada gente poderosa y muy poca gente interesante.
    Me gusta
    Me encocora
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • — Últimamente he descuidado un poco mi aspecto físico, varias personas me han dicho que me afeitó mal la barba...
    — Últimamente he descuidado un poco mi aspecto físico, varias personas me han dicho que me afeitó mal la barba...
    Me shockea
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • Con la llegada de la noticia de que pronto sería papá, una emoción que nunca había sentido antes inundó todo su ser, pero con ello también llegaron nuevas preocupaciones y responsabilidades. Empezando por el delicado estado en el que se encontraría su amada esposa durante todo el proceso hasta el esperado momento del parto. Se le había dado una misión muy importante, encontrar una fuente de calor constante para la madre de sus hijos, ya que la forma de vida que estaba creciendo en su vientre consumía su temperatura corporal casi en su totalidad, dejándola muy débil.

    — Ya es hora.

    El día anterior había realizado los preparativos para partir a primera hora por la mañana, tan pronto saliera el sol, pidió a los empleados de la mansión Feu que le facilitaran el saco más grande que tuvieran, hecho con escamas de dragón para asegurarse de que no se fuera a romper a mitad de camino. Con todo eso listo pudo desplegar sus alas desde el balcón de su habitación para salir volando después de despedirse de su pareja, quien seguía durmiendo, ahora estaba más cansada que nunca.

    Se dirigió al volcán más cercano, aterrizando en el interior del mismo, entonces comenzó a recoger las dichosas piedras de fuego, que contenían una fuente de calor tan intensa que solo el cuerpo de un dragón podría soportar. Sujetó la primera en la palma de su mano, un segundo después esta se convirtió en polvo, deslizándose entre el espacio que había entre sus dedos hasta caer al suelo. Era de mala calidad, simplemente no le servía, se encogió de hombros con pesadez, dándose cuenta de que esto sería más difícil de lo que pensó en un inicio.

    Estuvo todo el día recogiendo piedras de fuego para llenar el saco hasta que no entrara una más, para eso fue necesario visitar varios volcanes, solo se detuvo cuando empezó a anochecer, ya que el sol se ocultó por completo decidió volver a su hogar. Había quedado hecho un desastre, cada parte de su cuerpo, ropa, cabello e incluso la joyería estaba negra de polvo y carbón, lo menos que podía esperarse tras pasar desde la mañana entre volcanes.

    Al llegar a las puertas de la mansión se encontró con un problema, el saco estaba tan lleno que no entraba por la puerta principal de ninguna manera, pero antes de eso había otro problema del que encargarse. Colocó la palma de la mano sobre el contenedor de las piedras, para infundir cada una de ellas de su energía solar, la criatura que estaba dentro de la dragona sin duda alguna tenía su sangre, no solo necesitaba calor, también el poder del sol para subsistir, pero sobretodo para crecer grande y fuerte.

    Desplegando sus alas una vez más llevó el botín hasta el patio trasero, aún habían otras preparaciones que hacer antes de poder darles uso a las piedras, hasta hace poco estaban en un volcán, por lo que era de esperarse que estuvieran repletas de suciedad, polvo e impurezas, no podía dejar que la madre de sus hijos las ingiera en ese estado, sería necesario limpiarlas apropiadamente.

    — Aún hay mucho trabajo que hacer...

    Estaba agotado de no haber comido nada desde la mañana, sin embargo, sentía que no podía relajarse hasta tener todo listo, quizás debería confiar en los empleados de la mansión, lo que se lo impedía era el temor de que cometieran algún fallo y, que fuera quien pronto sería madre quien sufra las consecuencias.
    Con la llegada de la noticia de que pronto sería papá, una emoción que nunca había sentido antes inundó todo su ser, pero con ello también llegaron nuevas preocupaciones y responsabilidades. Empezando por el delicado estado en el que se encontraría su amada esposa durante todo el proceso hasta el esperado momento del parto. Se le había dado una misión muy importante, encontrar una fuente de calor constante para la madre de sus hijos, ya que la forma de vida que estaba creciendo en su vientre consumía su temperatura corporal casi en su totalidad, dejándola muy débil. — Ya es hora. El día anterior había realizado los preparativos para partir a primera hora por la mañana, tan pronto saliera el sol, pidió a los empleados de la mansión Feu que le facilitaran el saco más grande que tuvieran, hecho con escamas de dragón para asegurarse de que no se fuera a romper a mitad de camino. Con todo eso listo pudo desplegar sus alas desde el balcón de su habitación para salir volando después de despedirse de su pareja, quien seguía durmiendo, ahora estaba más cansada que nunca. Se dirigió al volcán más cercano, aterrizando en el interior del mismo, entonces comenzó a recoger las dichosas piedras de fuego, que contenían una fuente de calor tan intensa que solo el cuerpo de un dragón podría soportar. Sujetó la primera en la palma de su mano, un segundo después esta se convirtió en polvo, deslizándose entre el espacio que había entre sus dedos hasta caer al suelo. Era de mala calidad, simplemente no le servía, se encogió de hombros con pesadez, dándose cuenta de que esto sería más difícil de lo que pensó en un inicio. Estuvo todo el día recogiendo piedras de fuego para llenar el saco hasta que no entrara una más, para eso fue necesario visitar varios volcanes, solo se detuvo cuando empezó a anochecer, ya que el sol se ocultó por completo decidió volver a su hogar. Había quedado hecho un desastre, cada parte de su cuerpo, ropa, cabello e incluso la joyería estaba negra de polvo y carbón, lo menos que podía esperarse tras pasar desde la mañana entre volcanes. Al llegar a las puertas de la mansión se encontró con un problema, el saco estaba tan lleno que no entraba por la puerta principal de ninguna manera, pero antes de eso había otro problema del que encargarse. Colocó la palma de la mano sobre el contenedor de las piedras, para infundir cada una de ellas de su energía solar, la criatura que estaba dentro de la dragona sin duda alguna tenía su sangre, no solo necesitaba calor, también el poder del sol para subsistir, pero sobretodo para crecer grande y fuerte. Desplegando sus alas una vez más llevó el botín hasta el patio trasero, aún habían otras preparaciones que hacer antes de poder darles uso a las piedras, hasta hace poco estaban en un volcán, por lo que era de esperarse que estuvieran repletas de suciedad, polvo e impurezas, no podía dejar que la madre de sus hijos las ingiera en ese estado, sería necesario limpiarlas apropiadamente. — Aún hay mucho trabajo que hacer... Estaba agotado de no haber comido nada desde la mañana, sin embargo, sentía que no podía relajarse hasta tener todo listo, quizás debería confiar en los empleados de la mansión, lo que se lo impedía era el temor de que cometieran algún fallo y, que fuera quien pronto sería madre quien sufra las consecuencias.
    Me gusta
    Me encocora
    4
    2 turnos 0 maullidos
  • Estoy muy feliz por que mi hombre haya logrado aprobar la última prueba.
    Ahora finalmente ha logrado entrar en los SWAT y siempre voy a estar muy orgullosa de él
    Estoy muy feliz por que mi hombre haya logrado aprobar la última prueba. Ahora finalmente ha logrado entrar en los SWAT y siempre voy a estar muy orgullosa de él
    Me encocora
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • Así es. Yo hice que tumbaran tu stream para quedarme con tus viewers~
    Así es. Yo hice que tumbaran tu stream para quedarme con tus viewers~
    Me gusta
    Me enjaja
    Me encocora
    Me endiabla
    Me shockea
    8
    0 turnos 0 maullidos
  • Su viaje apenas comienza, sin rumbo y motivo fijo pero con la seguridad de que su andar lo llevará al destino merecido.

    Atravesó el desierto, su cuerpo entero soporto las olas de calor, arena peligrosa como púas que rompían la piel si no se termina cuidado en las tormentas.

    Navego por mares, la fuerza de la naturaleza volvía a mostrarle que en un parpadeo podía morir.

    Y hoy atraviesa el boscoso, lugar de nacimiento de la magia eterna donde se han establecido leyendas de los primeros Arcanos y sus secretos guardados con recelo permanecen custodiados por el Gran Árbol. — Fiuuu, asombroso para ser una estructura natural.— Tocó la barrera acorazada de madera, una superficie plana imposible de escalar por la dimensión ancho y largo. Se apoyo de espaldas, pensaría como pasar al otro lado si rodeando, escalando o finalmente buscando una opción alterna con los habitantes del lugar.
    Su viaje apenas comienza, sin rumbo y motivo fijo pero con la seguridad de que su andar lo llevará al destino merecido. Atravesó el desierto, su cuerpo entero soporto las olas de calor, arena peligrosa como púas que rompían la piel si no se termina cuidado en las tormentas. Navego por mares, la fuerza de la naturaleza volvía a mostrarle que en un parpadeo podía morir. Y hoy atraviesa el boscoso, lugar de nacimiento de la magia eterna donde se han establecido leyendas de los primeros Arcanos y sus secretos guardados con recelo permanecen custodiados por el Gran Árbol. — Fiuuu, asombroso para ser una estructura natural.— Tocó la barrera acorazada de madera, una superficie plana imposible de escalar por la dimensión ancho y largo. Se apoyo de espaldas, pensaría como pasar al otro lado si rodeando, escalando o finalmente buscando una opción alterna con los habitantes del lugar.
    Me shockea
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    ****Edad del Caos.****
    La Hija del Caos y la Luz de Yue

    La técnica de sellado atravesó el cuerpo de Yen como una descarga helada. Por un instante sintió que algo dentro de ella se rompía violentamente, como si le hubieran arrancado una parte del alma. La energía oscura que envolvía su espada desapareció de golpe y sus piernas cedieron. Cayó de rodillas entre los escombros mientras respiraba con dificultad.

    Asuna descendió lentamente frente a ella. Sus alas doradas iluminaban las ruinas y la sonrisa en su rostro mostraba una satisfacción cruel.

    -Por fin…- Dijo mientras bajaba su espada. -Por fin corté tu conexión con el poder del Caos.-

    Yen levantó la mirada confundida, sentía el cuerpo pesado, vacío.

    -¿Caos…? ¿De qué estás hablando…?-

    Asuna frunció el ceño, como si la pregunta le pareciera ridícula.

    -No te hagas la ignorante. Todos saben que tú y Ozma provienen del Mundo del Caos. Tu padre es el Rey del Caos… el monstruo que trajo destrucción a este mundo.-

    Por primera vez desde que comenzó la guerra, Yen entendió algo importante, sos Elunai realmente creían aquellas historias. Ella siempre pensó que “monstruos del caos” era solo una forma despectiva de referirse a ellos por su apariencia y poder. Nunca imaginó que los Dioses hubieran construido toda una mentira alrededor de su existencia.

    Yen apretó los dientes y logró levantarse un poco. -Mi padre no es ningún rey del caos…-

    Asuna rodó los ojos con fastidio. -Claro que lo es.

    -¡No!- Gritó Yen. -¡Oz no es un monstruo! ¡Es un esposo al que le arrebataron a su esposa! ¡Un padre al que le robaron a su hija… y le mataron a la otra!

    El viento recorrió las ruinas mientras su voz temblaba de rabia. -Los Elunai comenzaron todo esto. Mi padre solo se cansó de su crueldad… de sus experimentos… de sus mentiras!!-

    Pero Asuna ni siquiera tomó en serio sus palabras. Para ella, aquello no era más que la manipulación de una criatura nacida del Caos.

    -Siempre dicen cosas así.- Respondió con desprecio y antes de que Yen pudiera reaccionar, Asuna le golpeó el rostro con la empuñadura de su espada. Yen cayó inconsciente sobre las piedras destruidas.

    Horas después, despertó lentamente, el ambiente era frío y húmedo. Un débil olor a polvo antiguo llenaba el aire, Yen abrió los ojos y vio gruesos barrotes de la celda. Al girar la vista encontró a Onix encadenada contra la pared. Su cuerpo estaba lleno de heridas y marcas de golpes. La joven apenas podía mantenerse consciente. -Onix…!!!-

    Yen intentó levantarse, pero el sellado seguía afectándola. Su cuerpo se sentía extrañamente débil. Cada movimiento era pesado, antinatural. Onix levantó un poco la cabeza al escucharla.

    -Yen… ¿qué haces aquí…?-

    Yen ignoró el dolor y avanzó hasta ella tambaleándose. Se arrodilló frente a su amiga y observó las cadenas en sus brazos. Intentó usar nuevamente el poder oscuro al que estaba acostumbrada pero no ocurrió nada, el vacío seguía ahí, pero entonces, casi por instinto, recordó algo diferente, una sensación cálida, lejana y suave, la misma presencia que a veces sentía bajo la luna llena. Yen cerró los ojos y una pequeña luz blanca comenzó a aparecer entre sus manos.

    No era el poder oscuro que siempre había utilizado junto a Ozma, este era distinto, puro y sereno. La energía recorrió las cadenas y el cuerpo de Onix. Las heridas comenzaron a cerrarse lentamente mientras un brillo plateado envolvía la celda.

    Los ojos de Onix se abrieron con sorpresa. -¿Ese poder…?

    En el exterior, Asuna sintió aquella presencia y su expresión cambió por completo, el aura que provenía de la celda era imposible. Asuna corrió por los pasillos de las ruinas y abrió la puerta de golpe. La luz de la luna entraba por una pequeña ventana con barrotes, iluminando a Yen desde atrás. Su cabello oscuro reflejaba la luz plateada de tal forma que parecía volverse blanco por momentos, y entre sus manos seguía brillando aquella energía sagrada.

    Asuna retrocedió un paso, su mente no podía comprender lo que estaba viendo. Ese poder era idéntico al que las sacerdotisas Elunai utilizaban en los templos de la Diosa Yue.

    "¿Cómo es esto posible…?" *Se pregunto en su cabeaza. ¿Cómo podía una criatura nacida del Caos poseer un poder sagrado?
    ****Edad del Caos.**** La Hija del Caos y la Luz de Yue La técnica de sellado atravesó el cuerpo de Yen como una descarga helada. Por un instante sintió que algo dentro de ella se rompía violentamente, como si le hubieran arrancado una parte del alma. La energía oscura que envolvía su espada desapareció de golpe y sus piernas cedieron. Cayó de rodillas entre los escombros mientras respiraba con dificultad. Asuna descendió lentamente frente a ella. Sus alas doradas iluminaban las ruinas y la sonrisa en su rostro mostraba una satisfacción cruel. -Por fin…- Dijo mientras bajaba su espada. -Por fin corté tu conexión con el poder del Caos.- Yen levantó la mirada confundida, sentía el cuerpo pesado, vacío. -¿Caos…? ¿De qué estás hablando…?- Asuna frunció el ceño, como si la pregunta le pareciera ridícula. -No te hagas la ignorante. Todos saben que tú y Ozma provienen del Mundo del Caos. Tu padre es el Rey del Caos… el monstruo que trajo destrucción a este mundo.- Por primera vez desde que comenzó la guerra, Yen entendió algo importante, sos Elunai realmente creían aquellas historias. Ella siempre pensó que “monstruos del caos” era solo una forma despectiva de referirse a ellos por su apariencia y poder. Nunca imaginó que los Dioses hubieran construido toda una mentira alrededor de su existencia. Yen apretó los dientes y logró levantarse un poco. -Mi padre no es ningún rey del caos…- Asuna rodó los ojos con fastidio. -Claro que lo es. -¡No!- Gritó Yen. -¡Oz no es un monstruo! ¡Es un esposo al que le arrebataron a su esposa! ¡Un padre al que le robaron a su hija… y le mataron a la otra! El viento recorrió las ruinas mientras su voz temblaba de rabia. -Los Elunai comenzaron todo esto. Mi padre solo se cansó de su crueldad… de sus experimentos… de sus mentiras!!- Pero Asuna ni siquiera tomó en serio sus palabras. Para ella, aquello no era más que la manipulación de una criatura nacida del Caos. -Siempre dicen cosas así.- Respondió con desprecio y antes de que Yen pudiera reaccionar, Asuna le golpeó el rostro con la empuñadura de su espada. Yen cayó inconsciente sobre las piedras destruidas. Horas después, despertó lentamente, el ambiente era frío y húmedo. Un débil olor a polvo antiguo llenaba el aire, Yen abrió los ojos y vio gruesos barrotes de la celda. Al girar la vista encontró a Onix encadenada contra la pared. Su cuerpo estaba lleno de heridas y marcas de golpes. La joven apenas podía mantenerse consciente. -Onix…!!!- Yen intentó levantarse, pero el sellado seguía afectándola. Su cuerpo se sentía extrañamente débil. Cada movimiento era pesado, antinatural. Onix levantó un poco la cabeza al escucharla. -Yen… ¿qué haces aquí…?- Yen ignoró el dolor y avanzó hasta ella tambaleándose. Se arrodilló frente a su amiga y observó las cadenas en sus brazos. Intentó usar nuevamente el poder oscuro al que estaba acostumbrada pero no ocurrió nada, el vacío seguía ahí, pero entonces, casi por instinto, recordó algo diferente, una sensación cálida, lejana y suave, la misma presencia que a veces sentía bajo la luna llena. Yen cerró los ojos y una pequeña luz blanca comenzó a aparecer entre sus manos. No era el poder oscuro que siempre había utilizado junto a Ozma, este era distinto, puro y sereno. La energía recorrió las cadenas y el cuerpo de Onix. Las heridas comenzaron a cerrarse lentamente mientras un brillo plateado envolvía la celda. Los ojos de Onix se abrieron con sorpresa. -¿Ese poder…? En el exterior, Asuna sintió aquella presencia y su expresión cambió por completo, el aura que provenía de la celda era imposible. Asuna corrió por los pasillos de las ruinas y abrió la puerta de golpe. La luz de la luna entraba por una pequeña ventana con barrotes, iluminando a Yen desde atrás. Su cabello oscuro reflejaba la luz plateada de tal forma que parecía volverse blanco por momentos, y entre sus manos seguía brillando aquella energía sagrada. Asuna retrocedió un paso, su mente no podía comprender lo que estaba viendo. Ese poder era idéntico al que las sacerdotisas Elunai utilizaban en los templos de la Diosa Yue. "¿Cómo es esto posible…?" *Se pregunto en su cabeaza. ¿Cómo podía una criatura nacida del Caos poseer un poder sagrado?
    0 comentarios 1 compartido
  • -me encontraba detrás del mostrador preparando otro café más, moviendo la pequeña jarra metálica con absoluta calma mientras el sonido de la máquina llenaba el silencio del local… mis ojos se mantenían cansados debajo del flequillo oscuro y solté un suspiro pesado antes de servir lentamente la bebida dentro del vaso-(?)

    —…A veces me gustaría poder renunciar a este trabajo, y simplemente vivir una vida normal como todos los demás(?)

    -murmuré con la voz apagada mientras dejaba el vaso sobre la mesa, observando la cafetería prácticamente vacía a esas horas… el reloj avanzaba lento y el ambiente se sentía tedioso, casi sofocante-(?)

    -me apoyé contra la barra cruzándome de brazos, dejando escapar otro suspiro mientras miraba hacia la entrada esperando que alguien apareciera aunque sea para romper el aburrimiento-(?)

    —Qué día tan aburrido… ni siquiera entra un solo cliente, almenos Puedo comer las donas yo solo y tranquilo.

    -golpeé suavemente mis dedos contra el mostrador con impaciencia mientras desviaba la mirada hacia la calle a través del vidrio, permaneciendo completamente solo en aquel silencio incómodo-
    -me encontraba detrás del mostrador preparando otro café más, moviendo la pequeña jarra metálica con absoluta calma mientras el sonido de la máquina llenaba el silencio del local… mis ojos se mantenían cansados debajo del flequillo oscuro y solté un suspiro pesado antes de servir lentamente la bebida dentro del vaso-(?) —…A veces me gustaría poder renunciar a este trabajo, y simplemente vivir una vida normal como todos los demás(?) -murmuré con la voz apagada mientras dejaba el vaso sobre la mesa, observando la cafetería prácticamente vacía a esas horas… el reloj avanzaba lento y el ambiente se sentía tedioso, casi sofocante-(?) -me apoyé contra la barra cruzándome de brazos, dejando escapar otro suspiro mientras miraba hacia la entrada esperando que alguien apareciera aunque sea para romper el aburrimiento-(?) —Qué día tan aburrido… ni siquiera entra un solo cliente, almenos Puedo comer las donas yo solo y tranquilo. -golpeé suavemente mis dedos contra el mostrador con impaciencia mientras desviaba la mirada hacia la calle a través del vidrio, permaneciendo completamente solo en aquel silencio incómodo-
    Me gusta
    Me encocora
    Me entristece
    6
    14 turnos 0 maullidos
  • ¡Omurice! Simple, barato, facil, delicioso. ¿A quien no le gusta el omurice?
    ¡Omurice! Simple, barato, facil, delicioso. ¿A quien no le gusta el omurice?
    Me encocora
    2
    10 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    ****Edad del Caos.****
    "El Ángel con Rostro Humano"

    Habían pasado varios meses desde que Yen y Onix conocieron a los llamados héroes. Durante ese tiempo, ambos aventureros comenzaron a hacerse cada vez más famosos en distintas regiones del reino de Ozma. Siempre aparecían ayudando caravanas, defendiendo aldeas de monstruos o resolviendo problemas que nadie más podía enfrentar. La gente comenzó a admirarlos rápidamente, sobre todo en los territorios que habían sido liberados hacía muchos años, donde las nuevas generaciones jamás vivieron la esclavitud de los Elunai y solo conocían la guerra que Ozma mantenía desde hacía décadas.

    Sin embargo, mientras su fama crecía, también comenzaron a cambiar ciertas cosas dentro del reino. En algunos pueblos la gente empezó a desconfiar de Ozma. Surgieron rumores sobre abusos de su ejército, sobre ciudades explotadas para mantener la guerra y sobre cómo el supuesto libertador en realidad solo deseaba convertirse en rey de un mundo destruido. Al principio parecían simples comentarios aislados, pero poco a poco comenzaron a aparecer grupos organizados que hablaban abiertamente de rebelión.

    Yen no prestó demasiada atención a esos rumores. Para ella, la guerra había durado tanto tiempo que era normal que algunas personas estuvieran cansadas o tuvieran miedo. Por otro lado, confiaba en los héroes, admiraba el valor de ambos al arriesgar sus vidas sin poseer un poder monstruoso como el suyo o el de Ozma.

    Onix, en cambio, comenzó a sospechar, había algo extraño en el patrón de aquellas revueltas. Los rumores y el resentimiento siempre aparecían en lugares donde los héroes habían estado antes. Nunca ocurría en territorios recién liberados, solo en regiones donde la gente llevaba generaciones viviendo en paz. Onix comenzó a investigar por su cuenta sin decirle nada a Yen, pues sabía que ella jamás aceptaría tan fácilmente que aquellos dos pudieran estar involucrados en algo así.

    Aprovechando una misión especial que debía realizar lejos del castillo, Onix decidió seguir el rastro de los héroes en secreto. Antes de partir habló únicamente con algunos soldados de absoluta confianza y les pidió que, si algo llegaba a ocurrirle, buscaran a Yen de inmediato. Después de eso desapareció, pasaron días, luego semanas y Onix jamás regresó.

    Yen comenzó a inquietarse cuando la misión que debía durar poco tiempo se extendió demasiado. Finalmente, los soldados que conocían la investigación secreta de Onix decidieron hablar con ella, aunque fueron cuidadosos al explicar lo ocurrido. No mencionaron directamente a los héroes, temiendo que Yen no les creyera. Solo le dijeron que Onix seguía el rastro de un grupo que se hacía pasar por héroes y que esos individuos poseían poderes extraños.

    Eso bastó para que Yen partiera de inmediato, acompañada por un pequeño escuadrón, recorrió varias regiones siguiendo las pistas dejadas por Onix. La búsqueda duró semanas hasta que finalmente llegaron a las ruinas de una antigua ciudad destruida siglos atrás por los propios Elunai como castigo contra una rebelión. El lugar estaba cubierto de ceniza, edificios derrumbados, pero con estatuas de los Dioses aun en pie. Yen reconoció aquel sitio al instante y eso la incomodó, porque entendió que alguien había elegido ese lugar deliberadamente.

    Entonces apareció Asuna. Yen al inicio se alegró de verla, pensando que quizás había encontrado a Onix o descubierto algo importante, pero rápidamente notó que algo estaba mal. Asuna no sonreía como siempre y la presión mágica que desprendía no se parecía a nada humano. Antes de que Yen pudiera preguntarle algo, Asuna la atacó directamente. Yen apenas logró bloquear el golpe y la explosión destruyó parte de las ruinas cercanas.

    En ese instante comprendió que aquello no era normal. Asuna jamás debió poseer semejante poder. La pelea comenzó de inmediato y Asuna dejó de contenerse. Un halo apareció sobre su cabeza mientras alas hechas de maná emergían de su espalda. Su presencia cambió por completo y Yen finalmente entendió por qué aquella energía le resultaba familiar. Creyó que el ser alado contra el que había peleado años atrás había tomado la apariencia de Asuna después de matarla. Esa idea la enfureció y confundió al mismo tiempo, porque frente a ella seguía viendo el rostro de alguien a quien admiraba.

    Asuna tampoco estaba tranquila. Ella esperaba encontrarse con un monstruo, con la hija del supuesto Rey Demonio, pero en lugar de eso veía a alguien desesperada por encontrar a su amiga desaparecida. Aun así no dudó, porque estaba convencida de que Yen y Ozma eran una amenaza para el mundo.

    El combate se volvió cada vez más violento. Yen peleaba intentando entender qué ocurría mientras Asuna luchaba directamente para matarla. Varias veces Yen le exigió que le dijera qué había hecho con la verdadera Asuna, lo que solo provocó más dudas en la heroína al darse cuenta de que Yen realmente creía que ella era otra persona usando ese cuerpo.

    Finalmente Asuna utilizó la magia de sellado, cuando el hechizo impactó, Yen sintió algo que jamás había experimentado. No fue dolor físico, sino vacío. Por primera vez sintió que su conexión con el poder primordial era arrancada violentamente de su existencia. El mundo pareció apagarse durante un instante y su cuerpo perdió fuerzas de inmediato.

    Ese momento aterró a Yen, porque nunca antes había sentido verdadera debilidad. Asuna, al ver que la técnica funcionaba, confirmó que las enseñanzas de los Dioses eran ciertas. Yen realmente estaba conectada con algo prohibido. La batalla acababa de cambiar por completo.
    ****Edad del Caos.**** "El Ángel con Rostro Humano" Habían pasado varios meses desde que Yen y Onix conocieron a los llamados héroes. Durante ese tiempo, ambos aventureros comenzaron a hacerse cada vez más famosos en distintas regiones del reino de Ozma. Siempre aparecían ayudando caravanas, defendiendo aldeas de monstruos o resolviendo problemas que nadie más podía enfrentar. La gente comenzó a admirarlos rápidamente, sobre todo en los territorios que habían sido liberados hacía muchos años, donde las nuevas generaciones jamás vivieron la esclavitud de los Elunai y solo conocían la guerra que Ozma mantenía desde hacía décadas. Sin embargo, mientras su fama crecía, también comenzaron a cambiar ciertas cosas dentro del reino. En algunos pueblos la gente empezó a desconfiar de Ozma. Surgieron rumores sobre abusos de su ejército, sobre ciudades explotadas para mantener la guerra y sobre cómo el supuesto libertador en realidad solo deseaba convertirse en rey de un mundo destruido. Al principio parecían simples comentarios aislados, pero poco a poco comenzaron a aparecer grupos organizados que hablaban abiertamente de rebelión. Yen no prestó demasiada atención a esos rumores. Para ella, la guerra había durado tanto tiempo que era normal que algunas personas estuvieran cansadas o tuvieran miedo. Por otro lado, confiaba en los héroes, admiraba el valor de ambos al arriesgar sus vidas sin poseer un poder monstruoso como el suyo o el de Ozma. Onix, en cambio, comenzó a sospechar, había algo extraño en el patrón de aquellas revueltas. Los rumores y el resentimiento siempre aparecían en lugares donde los héroes habían estado antes. Nunca ocurría en territorios recién liberados, solo en regiones donde la gente llevaba generaciones viviendo en paz. Onix comenzó a investigar por su cuenta sin decirle nada a Yen, pues sabía que ella jamás aceptaría tan fácilmente que aquellos dos pudieran estar involucrados en algo así. Aprovechando una misión especial que debía realizar lejos del castillo, Onix decidió seguir el rastro de los héroes en secreto. Antes de partir habló únicamente con algunos soldados de absoluta confianza y les pidió que, si algo llegaba a ocurrirle, buscaran a Yen de inmediato. Después de eso desapareció, pasaron días, luego semanas y Onix jamás regresó. Yen comenzó a inquietarse cuando la misión que debía durar poco tiempo se extendió demasiado. Finalmente, los soldados que conocían la investigación secreta de Onix decidieron hablar con ella, aunque fueron cuidadosos al explicar lo ocurrido. No mencionaron directamente a los héroes, temiendo que Yen no les creyera. Solo le dijeron que Onix seguía el rastro de un grupo que se hacía pasar por héroes y que esos individuos poseían poderes extraños. Eso bastó para que Yen partiera de inmediato, acompañada por un pequeño escuadrón, recorrió varias regiones siguiendo las pistas dejadas por Onix. La búsqueda duró semanas hasta que finalmente llegaron a las ruinas de una antigua ciudad destruida siglos atrás por los propios Elunai como castigo contra una rebelión. El lugar estaba cubierto de ceniza, edificios derrumbados, pero con estatuas de los Dioses aun en pie. Yen reconoció aquel sitio al instante y eso la incomodó, porque entendió que alguien había elegido ese lugar deliberadamente. Entonces apareció Asuna. Yen al inicio se alegró de verla, pensando que quizás había encontrado a Onix o descubierto algo importante, pero rápidamente notó que algo estaba mal. Asuna no sonreía como siempre y la presión mágica que desprendía no se parecía a nada humano. Antes de que Yen pudiera preguntarle algo, Asuna la atacó directamente. Yen apenas logró bloquear el golpe y la explosión destruyó parte de las ruinas cercanas. En ese instante comprendió que aquello no era normal. Asuna jamás debió poseer semejante poder. La pelea comenzó de inmediato y Asuna dejó de contenerse. Un halo apareció sobre su cabeza mientras alas hechas de maná emergían de su espalda. Su presencia cambió por completo y Yen finalmente entendió por qué aquella energía le resultaba familiar. Creyó que el ser alado contra el que había peleado años atrás había tomado la apariencia de Asuna después de matarla. Esa idea la enfureció y confundió al mismo tiempo, porque frente a ella seguía viendo el rostro de alguien a quien admiraba. Asuna tampoco estaba tranquila. Ella esperaba encontrarse con un monstruo, con la hija del supuesto Rey Demonio, pero en lugar de eso veía a alguien desesperada por encontrar a su amiga desaparecida. Aun así no dudó, porque estaba convencida de que Yen y Ozma eran una amenaza para el mundo. El combate se volvió cada vez más violento. Yen peleaba intentando entender qué ocurría mientras Asuna luchaba directamente para matarla. Varias veces Yen le exigió que le dijera qué había hecho con la verdadera Asuna, lo que solo provocó más dudas en la heroína al darse cuenta de que Yen realmente creía que ella era otra persona usando ese cuerpo. Finalmente Asuna utilizó la magia de sellado, cuando el hechizo impactó, Yen sintió algo que jamás había experimentado. No fue dolor físico, sino vacío. Por primera vez sintió que su conexión con el poder primordial era arrancada violentamente de su existencia. El mundo pareció apagarse durante un instante y su cuerpo perdió fuerzas de inmediato. Ese momento aterró a Yen, porque nunca antes había sentido verdadera debilidad. Asuna, al ver que la técnica funcionaba, confirmó que las enseñanzas de los Dioses eran ciertas. Yen realmente estaba conectada con algo prohibido. La batalla acababa de cambiar por completo.
    0 comentarios 1 compartido
Ver más resultados
Patrocinados