• "-El insomnio se había convertido en una presencia asfixiante, una vez más que no me permitía encontrar descanso alguno. Incapaz de seguir luchando contra las sábanas, decidí levantarme y vestirme con movimientos mecánicos. Sabía perfectamente a dónde debía ir. Con un gesto decidido, invoqué un portal, un paso directo hacia el único refugio capaz de apaciguar el caos que reinaba en mi mente.
    Al cruzar el umbral, me envolvió instantáneamente la espesura de un bosque ancestral. El aire, cargado con el perfume inconfundible a tierra húmeda, resina y madera antigua, recorrió mis sentidos como un escalofrío que me obligó a estremecerme. Una sonrisa llena de una profunda nostalgia se dibujó en mi rostro mientras me adentraba en la penumbra arbolada, guiado por la familiaridad del camino, hasta que, entre la vegetación, comenzó a vislumbrarse la silueta de aquella cabaña que no visitaba desde hacía una eternidad.-"

    —Oh, mi pequeño refugio… mi nido maternal —
    susurré para mí mismo, con la voz cargada de emocion y nostalgia
    —. Por fin he vuelto a casa.—

    "-Al posar mi mano sobre el pomo frío de la puerta, una sensación de calidez me invadió al instante. Al abrirla, la estancia cobró vida propia: las luces se encendieron automáticamente, revelando una decoración que parecía haber quedado congelada en el tiempo, esperando pacientemente mi retorno. Mis pasos me llevaron hacia una pequeña mesa donde descansaba un retrato. Con delicadeza, acaricié la superficie del cristal, reviviendo recuerdos en el silencio del lugar antes de devolverlo con suavidad a su sitio.
    Mi atención fue atraído hacia un rincón, una figura alta e inamovible cubierta por una sábana blanca, que ocultaba un secreto bien guardado. Con un movimiento lento, retiré la tela, dejando al descubierto un piano antiguo, una pieza adornada con grabados intrincados que brillaban bajo la luz tenue.-"

    —Oh, mi viejo amigo… —
    murmuré con ternura, rozando con reverencia la madera.
    — Cuántos años han pasado desde nuestro último encuentro. Debes haberte sentido muy solo esperando mi regreso, ¿verdad? Pero no te preocupes, ya estoy aquí es momento de devolverte la vida. Acompáñame esta noche, ¿qué te parece?—

    "-Me acomodé en el asiento y, con una suavidad, apoyé mis dedos sobre las teclas. Al primer contacto, una melodía empezó a fluir, llenando cada rincón de la cabaña con notas que hablaban de ausencias y reencuentros. Cerré los ojos, dejándome arrastrar por la armonía, sumergiéndome profundamente en cada nota hasta desaparecer dentro de la propia música.-"

    https://music.youtube.com/watch?v=PiCa76Ch5O8&si=v4kHGcww6bQ8mSds
    "-El insomnio se había convertido en una presencia asfixiante, una vez más que no me permitía encontrar descanso alguno. Incapaz de seguir luchando contra las sábanas, decidí levantarme y vestirme con movimientos mecánicos. Sabía perfectamente a dónde debía ir. Con un gesto decidido, invoqué un portal, un paso directo hacia el único refugio capaz de apaciguar el caos que reinaba en mi mente. Al cruzar el umbral, me envolvió instantáneamente la espesura de un bosque ancestral. El aire, cargado con el perfume inconfundible a tierra húmeda, resina y madera antigua, recorrió mis sentidos como un escalofrío que me obligó a estremecerme. Una sonrisa llena de una profunda nostalgia se dibujó en mi rostro mientras me adentraba en la penumbra arbolada, guiado por la familiaridad del camino, hasta que, entre la vegetación, comenzó a vislumbrarse la silueta de aquella cabaña que no visitaba desde hacía una eternidad.-" —Oh, mi pequeño refugio… mi nido maternal — susurré para mí mismo, con la voz cargada de emocion y nostalgia —. Por fin he vuelto a casa.— "-Al posar mi mano sobre el pomo frío de la puerta, una sensación de calidez me invadió al instante. Al abrirla, la estancia cobró vida propia: las luces se encendieron automáticamente, revelando una decoración que parecía haber quedado congelada en el tiempo, esperando pacientemente mi retorno. Mis pasos me llevaron hacia una pequeña mesa donde descansaba un retrato. Con delicadeza, acaricié la superficie del cristal, reviviendo recuerdos en el silencio del lugar antes de devolverlo con suavidad a su sitio. Mi atención fue atraído hacia un rincón, una figura alta e inamovible cubierta por una sábana blanca, que ocultaba un secreto bien guardado. Con un movimiento lento, retiré la tela, dejando al descubierto un piano antiguo, una pieza adornada con grabados intrincados que brillaban bajo la luz tenue.-" —Oh, mi viejo amigo… — murmuré con ternura, rozando con reverencia la madera. — Cuántos años han pasado desde nuestro último encuentro. Debes haberte sentido muy solo esperando mi regreso, ¿verdad? Pero no te preocupes, ya estoy aquí es momento de devolverte la vida. Acompáñame esta noche, ¿qué te parece?— "-Me acomodé en el asiento y, con una suavidad, apoyé mis dedos sobre las teclas. Al primer contacto, una melodía empezó a fluir, llenando cada rincón de la cabaña con notas que hablaban de ausencias y reencuentros. Cerré los ojos, dejándome arrastrar por la armonía, sumergiéndome profundamente en cada nota hasta desaparecer dentro de la propia música.-" https://music.youtube.com/watch?v=PiCa76Ch5O8&si=v4kHGcww6bQ8mSds
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  • -La ciudad respiraba bajo un cielo cubierto por nubes ceniza. Las calles de piedra estaban llenas de comerciantes, viajeros y almas errantes que avanzaban con prisa entre los callejones iluminados por lamparas rojizas. Sin Embargo, para Vaelith, todo aquello parecia distante, casi irreal. Permanecia inmovil en medio de la multitud como una sombra ajena al mundo, observando como los cuerpos pasaban a su alrededor sin siquiera rozar su existencia. Los rostros de las personas se deformaban ante su mirada, convertidos en manchas difusas atravesadas por lineas negras erraticas, como si la realidad misma se negara a otorgarles identidad-

    -Sus ojos rojos recorrian cada rincon de la ciudad con una serenidad totalmente inquietante, el brillo de las ventanas.. las conversaciones apagadas y el Eco de los pasos..-

    -Todo parecia tan distante.. La esencia del eclipse dormia bajo su piel oscura, filtrandose en delicadas grietas doradas que resplandecian debilmente bajo las sombras. Alli, entre miles de vidas efimeras-

    -Vaelith sentia el mismo aislamiento que habia conocido durante siglos, la extraña sensacion de estar presente y ausente al mismo tiempo, una suave corriente de viento agito sus cabellos plateados mientras su mirada se elevaba hacia las altas torres de la ciudad. No existia melancolia en su expresion, pero tampoco satisfaccion. Solo una calma antigua, pesada y eterna sobre sus hombros. Observaba aquel mundo como quien contempla una obra destinada a desaparecer tarde o temprano..-

    -Y mientras las figuras borrosas continuaban avanzando sin percibirlo, Vaelith permanecio alli, silencioso, observando-
    -La ciudad respiraba bajo un cielo cubierto por nubes ceniza. Las calles de piedra estaban llenas de comerciantes, viajeros y almas errantes que avanzaban con prisa entre los callejones iluminados por lamparas rojizas. Sin Embargo, para Vaelith, todo aquello parecia distante, casi irreal. Permanecia inmovil en medio de la multitud como una sombra ajena al mundo, observando como los cuerpos pasaban a su alrededor sin siquiera rozar su existencia. Los rostros de las personas se deformaban ante su mirada, convertidos en manchas difusas atravesadas por lineas negras erraticas, como si la realidad misma se negara a otorgarles identidad- -Sus ojos rojos recorrian cada rincon de la ciudad con una serenidad totalmente inquietante, el brillo de las ventanas.. las conversaciones apagadas y el Eco de los pasos..- -Todo parecia tan distante.. La esencia del eclipse dormia bajo su piel oscura, filtrandose en delicadas grietas doradas que resplandecian debilmente bajo las sombras. Alli, entre miles de vidas efimeras- -Vaelith sentia el mismo aislamiento que habia conocido durante siglos, la extraña sensacion de estar presente y ausente al mismo tiempo, una suave corriente de viento agito sus cabellos plateados mientras su mirada se elevaba hacia las altas torres de la ciudad. No existia melancolia en su expresion, pero tampoco satisfaccion. Solo una calma antigua, pesada y eterna sobre sus hombros. Observaba aquel mundo como quien contempla una obra destinada a desaparecer tarde o temprano..- -Y mientras las figuras borrosas continuaban avanzando sin percibirlo, Vaelith permanecio alli, silencioso, observando-
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  • Mi don, tu maldición
    Fandom Crossover
    Categoría Acción
    El Mito y la Condena
    En los anales ocultos de la historia humana, el nombre de los Dessendre se pronuncia con un respeto que raya en la adoración. Para los pocos que han visto rasgarse el velo de la realidad y han sobrevivido a las fauces de lo innombrable, esta dinastía es el escudo definitivo de la humanidad. Ser un Dessendre es, a ojos de los desesperados, una bendición divina; pertenecer a un linaje de héroes semidioses que, desde la Europa medieval, han caminado entre las sombras para que el mundo pueda vivir bajo la luz.

    Pero la verdad detrás de las baladas es una tragedia bañada en sangre.

    Todo comenzó con el Primer Ancestro, un coloso de barba indomable y una fuerza que desafiaba las leyes de la naturaleza. En una época de caos, forjó un pacto con una deidad primigenia y sin nombre. El precio fue devastador: la servidumbre eterna de toda su descendencia. A cambio, la entidad selló el pacto con un regalo ponzoñoso; al cumplir los catorce años, cada miembro de la sangre Dessendre despertaría un don místico único, una herramienta de destrucción diseñada específicamente para matar monstruos.

    Lo que el mundo ve como una herencia excepcional, la familia lo conoce por su verdadero nombre: una tortura generacional. Los dones no son una bendición, son las cadenas que los arrastran al matadero. A lo largo de los siglos, el árbol genealógico de los Dessendre no ha crecido hacia el cielo, sino que se ha enterrado en tumbas prematuras. Madres, padres, hijos y hermanos... la inmensa mayoría ha perecido entre gritos, desmembrados en la oscuridad por las mismas bestias que juraron cazar. Cada victoria de la familia se ha pagado con la extinción de sus propios miembros. Para el resto del mundo son leyendas vivientes; para ellos mismos, son fantasmas en lista de espera.

    A este calvario se suma la crueldad del aislamiento. Mientras los pocos salvados los alaban como deidades, la masa ignorante los ha repudiado durante siglos, tachándolos de charlatanes, locos y herejes. Los Dessendre mueren en la más absoluta soledad, protegiendo a un mundo que los desprecia, sirviendo a un dios que los condenó.

    Hoy, las cenizas de esta dinastía maldita descansan sobre los hombros de un solo hombre: Verso.

    Sobre él pesa la corona más amarga, pues Verso es una anomalía viviente. Sus catorce años quedaron atrás, y el eco de la deidad antigua jamás resonó en su espíritu. No hubo destello místico, ni fuego en sus manos, ni visiones del más allá. La sangre sagrada parece haberlo ignorado, dejándolo completamente desarmado ante la herencia familiar.

    En una dinastía donde no tener un don equivale a una sentencia de muerte inmediata, cualquiera se habría rendido al miedo. Pero Verso no es un Dessendre ordinario. Entendiendo que la debilidad sería su fin, decidió desafiar el designio de los dioses y de los monstruos. Convirtió la ausencia de magia en su mayor fortaleza, sometiéndose a un calvario de entrenamiento físico y mental que horrorizaría a sus propios ancestros. Si no nació para ser un arma, se forjaría a sí mismo en una.

    El Intelecto Arquitectónico: Mientras otros confían en la fuerza bruta de sus dones, Verso opera con una fría precisión quirúrgica. Su mente es una enciclopedia de lo arcano; disecciona la mitología, calcula las variables y estudia la anatomía de sus presas hasta encontrar la única fisura en su inmortalidad. Él no pelea contra los monstruos; los ejecuta tras haberlos desmantelado estratégicamente en su cabeza.

    La Agilidad del Espectro: Sabiendo que su cuerpo no sanará de un golpe sobrenatural, Verso perfeccionó el arte de la evasión absoluta. Se mueve con una fluidez casi fantasmal, anticipando el peligro antes de que se materialice. En el campo de batalla, es una sombra inalcanzable.

    El Arsenal de la Venganza: Su cuerpo es una extensión viviente de cualquier herramienta de muerte. Manipula con igual maestría las espadas de plata bendecidas que sus antepasados usaron en las Cruzadas, como el armamento táctico y balístico más avanzado de la era moderna.

    Verso Dessendre camina hacia la noche sabiendo que es el eslabón más frágil de una cadena de mártires, pero también el más implacable. No tiene el poder de un dios, pero posee la voluntad inquebrantable de los hombres que se niegan a morir.

    "Mis antepasados murieron protegiendo este mundo con la magia de una deidad que nos odia. Yo no tengo milagros. Solo tengo mi ingenio, mi velocidad y un arsenal de hierro. Y esta noche, eso será más que suficiente para demostrarles a los monstruos por qué deberían temernos a los humanos."
    — Verso Dessendre.

    ____________________________________
    «Época actual»

    Había llegado a la mansión Dessendre una nota, una petición. Se decía qué en una antigua central eléctrica abandonada se habían hallado cuerpos sin vida. La policía había determinado qué se trataba de "suicidas desangrándose hasta morir". ¿Quién carajo pensaría qué encontrar cuerpos desangrados sería por suicidio? Solo policías queriendo huir del inminente destino.

    Verso, un hombre de mediana edad, pisando ya los 40's. Sabía lo qué dicha carta solicitaba y a qué cláse de esperpentos se refería. Por lo qué tomó su equipamiento, lo subió a la camioneta tipo Jeep todo terreno qué guardaba en uno de lo garages y se encaminó a plena luz del día cayendo por el oeste, rumbo a la dichosa central eléctrica.

    «Hoy solo quería recostarme y ver televisión cómo la gente común, pero aquí vamos de nuevo»

    Se veía en su rostro rebosante de "emoción" el poco interés qué tenía, pero se tomaba muy en serio el trabajo; era la clase de hombre qué jamás subestimaría una situación peligrosa.

    Pasaron un par de horas conduciendo, el sol había caído por completo y era solo la luna la qué observaba desde el firmamento.
    Llegó al lugar, se estacionó en lo qué era un parking abandonado a su suerte, sucio, amplio y totalmente vacío hasta ahora.

    El hombre se preparó, un par de dagas ocultas bajo la gabardina, una ballesta de mano en la funda de su espalda, la espada de plata envainada a su costado izquierdo, el colgante en forma de cruz a la altura de la clavícula y un frasco qué ocultó en el bolsillo superior izquierdo de la gabardina. Tomó también una lámpara de baterías con la mano izuquierda y cerró la camioneta con llave.

    Estaba ahora en la entrada, se veía tétrico y lo qué daba una sensación escalofriante era qué no se escuchaba nada más qué el viento zarandeando uno qué otro cable o láminas de metal qué golpeaban entre sí.

    Inspiró y exhaló con tranquilidad achinando los ojos, para posteriormente abrirlos por completo y adentrarse en el lugar lentamente, observando a todos lados y en todas direcciones. Podría ser qué hubiese uno de esos seres o quizás le tocaría regresar a casa a descansar.
    El Mito y la Condena En los anales ocultos de la historia humana, el nombre de los Dessendre se pronuncia con un respeto que raya en la adoración. Para los pocos que han visto rasgarse el velo de la realidad y han sobrevivido a las fauces de lo innombrable, esta dinastía es el escudo definitivo de la humanidad. Ser un Dessendre es, a ojos de los desesperados, una bendición divina; pertenecer a un linaje de héroes semidioses que, desde la Europa medieval, han caminado entre las sombras para que el mundo pueda vivir bajo la luz. Pero la verdad detrás de las baladas es una tragedia bañada en sangre. Todo comenzó con el Primer Ancestro, un coloso de barba indomable y una fuerza que desafiaba las leyes de la naturaleza. En una época de caos, forjó un pacto con una deidad primigenia y sin nombre. El precio fue devastador: la servidumbre eterna de toda su descendencia. A cambio, la entidad selló el pacto con un regalo ponzoñoso; al cumplir los catorce años, cada miembro de la sangre Dessendre despertaría un don místico único, una herramienta de destrucción diseñada específicamente para matar monstruos. Lo que el mundo ve como una herencia excepcional, la familia lo conoce por su verdadero nombre: una tortura generacional. Los dones no son una bendición, son las cadenas que los arrastran al matadero. A lo largo de los siglos, el árbol genealógico de los Dessendre no ha crecido hacia el cielo, sino que se ha enterrado en tumbas prematuras. Madres, padres, hijos y hermanos... la inmensa mayoría ha perecido entre gritos, desmembrados en la oscuridad por las mismas bestias que juraron cazar. Cada victoria de la familia se ha pagado con la extinción de sus propios miembros. Para el resto del mundo son leyendas vivientes; para ellos mismos, son fantasmas en lista de espera. A este calvario se suma la crueldad del aislamiento. Mientras los pocos salvados los alaban como deidades, la masa ignorante los ha repudiado durante siglos, tachándolos de charlatanes, locos y herejes. Los Dessendre mueren en la más absoluta soledad, protegiendo a un mundo que los desprecia, sirviendo a un dios que los condenó. Hoy, las cenizas de esta dinastía maldita descansan sobre los hombros de un solo hombre: Verso. Sobre él pesa la corona más amarga, pues Verso es una anomalía viviente. Sus catorce años quedaron atrás, y el eco de la deidad antigua jamás resonó en su espíritu. No hubo destello místico, ni fuego en sus manos, ni visiones del más allá. La sangre sagrada parece haberlo ignorado, dejándolo completamente desarmado ante la herencia familiar. En una dinastía donde no tener un don equivale a una sentencia de muerte inmediata, cualquiera se habría rendido al miedo. Pero Verso no es un Dessendre ordinario. Entendiendo que la debilidad sería su fin, decidió desafiar el designio de los dioses y de los monstruos. Convirtió la ausencia de magia en su mayor fortaleza, sometiéndose a un calvario de entrenamiento físico y mental que horrorizaría a sus propios ancestros. Si no nació para ser un arma, se forjaría a sí mismo en una. El Intelecto Arquitectónico: Mientras otros confían en la fuerza bruta de sus dones, Verso opera con una fría precisión quirúrgica. Su mente es una enciclopedia de lo arcano; disecciona la mitología, calcula las variables y estudia la anatomía de sus presas hasta encontrar la única fisura en su inmortalidad. Él no pelea contra los monstruos; los ejecuta tras haberlos desmantelado estratégicamente en su cabeza. La Agilidad del Espectro: Sabiendo que su cuerpo no sanará de un golpe sobrenatural, Verso perfeccionó el arte de la evasión absoluta. Se mueve con una fluidez casi fantasmal, anticipando el peligro antes de que se materialice. En el campo de batalla, es una sombra inalcanzable. El Arsenal de la Venganza: Su cuerpo es una extensión viviente de cualquier herramienta de muerte. Manipula con igual maestría las espadas de plata bendecidas que sus antepasados usaron en las Cruzadas, como el armamento táctico y balístico más avanzado de la era moderna. Verso Dessendre camina hacia la noche sabiendo que es el eslabón más frágil de una cadena de mártires, pero también el más implacable. No tiene el poder de un dios, pero posee la voluntad inquebrantable de los hombres que se niegan a morir. "Mis antepasados murieron protegiendo este mundo con la magia de una deidad que nos odia. Yo no tengo milagros. Solo tengo mi ingenio, mi velocidad y un arsenal de hierro. Y esta noche, eso será más que suficiente para demostrarles a los monstruos por qué deberían temernos a los humanos." — Verso Dessendre. ____________________________________ «Época actual» Había llegado a la mansión Dessendre una nota, una petición. Se decía qué en una antigua central eléctrica abandonada se habían hallado cuerpos sin vida. La policía había determinado qué se trataba de "suicidas desangrándose hasta morir". ¿Quién carajo pensaría qué encontrar cuerpos desangrados sería por suicidio? Solo policías queriendo huir del inminente destino. Verso, un hombre de mediana edad, pisando ya los 40's. Sabía lo qué dicha carta solicitaba y a qué cláse de esperpentos se refería. Por lo qué tomó su equipamiento, lo subió a la camioneta tipo Jeep todo terreno qué guardaba en uno de lo garages y se encaminó a plena luz del día cayendo por el oeste, rumbo a la dichosa central eléctrica. «Hoy solo quería recostarme y ver televisión cómo la gente común, pero aquí vamos de nuevo» Se veía en su rostro rebosante de "emoción" el poco interés qué tenía, pero se tomaba muy en serio el trabajo; era la clase de hombre qué jamás subestimaría una situación peligrosa. Pasaron un par de horas conduciendo, el sol había caído por completo y era solo la luna la qué observaba desde el firmamento. Llegó al lugar, se estacionó en lo qué era un parking abandonado a su suerte, sucio, amplio y totalmente vacío hasta ahora. El hombre se preparó, un par de dagas ocultas bajo la gabardina, una ballesta de mano en la funda de su espalda, la espada de plata envainada a su costado izquierdo, el colgante en forma de cruz a la altura de la clavícula y un frasco qué ocultó en el bolsillo superior izquierdo de la gabardina. Tomó también una lámpara de baterías con la mano izuquierda y cerró la camioneta con llave. Estaba ahora en la entrada, se veía tétrico y lo qué daba una sensación escalofriante era qué no se escuchaba nada más qué el viento zarandeando uno qué otro cable o láminas de metal qué golpeaban entre sí. Inspiró y exhaló con tranquilidad achinando los ojos, para posteriormente abrirlos por completo y adentrarse en el lugar lentamente, observando a todos lados y en todas direcciones. Podría ser qué hubiese uno de esos seres o quizás le tocaría regresar a casa a descansar.
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  • -El inmenso salón del trono permanecía sumido en una penumbra rojiza. Las velas ardían lentamente a ambos lados de la estancia, proyectando sombras danzantes sobre las columnas negras y los enormes cortinajes de terciopelo carmesí. En lo alto de la escalinata, sentado sobre un trono de oscura majestuosidad, se encontraba el elfo. Su piel semejante a obsidiana reflejaba los destellos de las llamas, mientras delicadas vetas doradas recorrían su cuerpo como grietas de oro fundido. Sus largos cabellos blancos caían sobre sus hombros y pecho, contrastando con la oscuridad de su figura de una forma casi irreal.-

    -Permanecía reclinado con elegancia, apoyando el rostro sobre una mano mientras observaba el vacío con sus brillantes ojos carmesí. Las sedas rojas envolvían parcialmente su cuerpo, descendiendo por los brazos del trono como una cascada de sangre y terciopelo. No parecía un rey esperando audiencia, sino una entidad antigua que había contemplado el nacimiento y la caída de innumerables imperios. Su expresión era serena, distante, imposible de descifrar, como si sus pensamientos vagaran por recuerdos mucho más antiguos que la propia historia.-

    "Llegas tarde, cuanto tiempo pensabas hacerme esperar."
    -El inmenso salón del trono permanecía sumido en una penumbra rojiza. Las velas ardían lentamente a ambos lados de la estancia, proyectando sombras danzantes sobre las columnas negras y los enormes cortinajes de terciopelo carmesí. En lo alto de la escalinata, sentado sobre un trono de oscura majestuosidad, se encontraba el elfo. Su piel semejante a obsidiana reflejaba los destellos de las llamas, mientras delicadas vetas doradas recorrían su cuerpo como grietas de oro fundido. Sus largos cabellos blancos caían sobre sus hombros y pecho, contrastando con la oscuridad de su figura de una forma casi irreal.- -Permanecía reclinado con elegancia, apoyando el rostro sobre una mano mientras observaba el vacío con sus brillantes ojos carmesí. Las sedas rojas envolvían parcialmente su cuerpo, descendiendo por los brazos del trono como una cascada de sangre y terciopelo. No parecía un rey esperando audiencia, sino una entidad antigua que había contemplado el nacimiento y la caída de innumerables imperios. Su expresión era serena, distante, imposible de descifrar, como si sus pensamientos vagaran por recuerdos mucho más antiguos que la propia historia.- "Llegas tarde, cuanto tiempo pensabas hacerme esperar."
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  • «Toda vida tiene un valor, toda historia representa una vida»
    Categoría Slice of Life
    París siempre huele a lluvia vieja y a asfalto húmedo cuando la tarde decide retirarse sin pedir permiso. Es de esas ciudades melancólicas que avivan las emociones de los bien aventurados; llámense enamorados o incrédulos del romanticismo barato. Su folclor y cabizbajo ambiente citadino se impregna en la memoria como la fotografía de una infancia calurosa, y entre callejuelas, cada una más vagabunda que la anterior, se encuentran plasmados los retazos de una historia antigua que respeta a sus ancestros y padres fundadores.

    Es así como escondida en una de las venas adoquinadas del los suburbios adormecidos, la biblioteca popular se levanta como un santuario de madera crujiente y techos asfixiados por hileras interminables de estanterías. El ambiente dentro es denso, cargado de una quietud sagrada que solo se interrumpe por el susurro ocasional de una página al girar o el goteo rítmico del agua contra los ventanales altos. La luz filtrada por los cristales sucios es de un oro pálido, casi enfermo, que hace bailar los miles de motas de polvo en el aire como si fueran estrellas enanas flotando en un nexo olvidado. Huele a cuero gastado, a pegamento de encuadernación reseco y a esa dulce decadencia del papel antiguo que ha sobrevivido a demasiadas manos mortales. Para el común de los hombres, es solo un edificio viejo; para él, es un cementerio de intenciones y destinos atrapados en tinta.

    Entre los pasillos estrechos se mueve con la parsimonia de un felino que conoce de memoria los límites de su jaula. Sus botas apenas provocan un quejido en el parqué encerado. Viste con una sencillez oscura que contrasta con la opulencia de algunos tomos clásicos: una camiseta negra holgada que deja al descubierto la musculatura definida de sus brazos y la intrincada caligrafía de las runas que serpentean por sus antebrazos. Lleva las manos sepultadas en los bolsillos, adoptando una postura ligeramente encorvada, perezosa, como si el peso de su propia inmortalidad le fatigara los hombros. Al detenerse frente a una sección de poesía francesa del siglo XIX, alza la mano izquierda y, con un movimiento lento del índice, se baja apenas las gafas redondas de sol. El fucsia artificial de sus ojos divinos relampaguea un milisegundo en la penumbra, escaneando los títulos grabados en pan de oro con el hambre fría de un corrector de pruebas que busca un error en la creación.

    «Cuánta belleza inútil se acumula en los estantes de los hombres», piensa él, mientras el dedo índice de su otra mano juguetea de forma inconsciente con el expansor negro de su oreja derecha, haciéndolo girar sobre su propio eje.

    Colaboración: -𝓨𝐯𝐨𝐧𝐧𝐞
    París siempre huele a lluvia vieja y a asfalto húmedo cuando la tarde decide retirarse sin pedir permiso. Es de esas ciudades melancólicas que avivan las emociones de los bien aventurados; llámense enamorados o incrédulos del romanticismo barato. Su folclor y cabizbajo ambiente citadino se impregna en la memoria como la fotografía de una infancia calurosa, y entre callejuelas, cada una más vagabunda que la anterior, se encuentran plasmados los retazos de una historia antigua que respeta a sus ancestros y padres fundadores. Es así como escondida en una de las venas adoquinadas del los suburbios adormecidos, la biblioteca popular se levanta como un santuario de madera crujiente y techos asfixiados por hileras interminables de estanterías. El ambiente dentro es denso, cargado de una quietud sagrada que solo se interrumpe por el susurro ocasional de una página al girar o el goteo rítmico del agua contra los ventanales altos. La luz filtrada por los cristales sucios es de un oro pálido, casi enfermo, que hace bailar los miles de motas de polvo en el aire como si fueran estrellas enanas flotando en un nexo olvidado. Huele a cuero gastado, a pegamento de encuadernación reseco y a esa dulce decadencia del papel antiguo que ha sobrevivido a demasiadas manos mortales. Para el común de los hombres, es solo un edificio viejo; para él, es un cementerio de intenciones y destinos atrapados en tinta. Entre los pasillos estrechos se mueve con la parsimonia de un felino que conoce de memoria los límites de su jaula. Sus botas apenas provocan un quejido en el parqué encerado. Viste con una sencillez oscura que contrasta con la opulencia de algunos tomos clásicos: una camiseta negra holgada que deja al descubierto la musculatura definida de sus brazos y la intrincada caligrafía de las runas que serpentean por sus antebrazos. Lleva las manos sepultadas en los bolsillos, adoptando una postura ligeramente encorvada, perezosa, como si el peso de su propia inmortalidad le fatigara los hombros. Al detenerse frente a una sección de poesía francesa del siglo XIX, alza la mano izquierda y, con un movimiento lento del índice, se baja apenas las gafas redondas de sol. El fucsia artificial de sus ojos divinos relampaguea un milisegundo en la penumbra, escaneando los títulos grabados en pan de oro con el hambre fría de un corrector de pruebas que busca un error en la creación. «Cuánta belleza inútil se acumula en los estantes de los hombres», piensa él, mientras el dedo índice de su otra mano juguetea de forma inconsciente con el expansor negro de su oreja derecha, haciéndolo girar sobre su propio eje. Colaboración: -[doucevi3]
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  • ㅤㅤㅤㅤ⸻ La noche guarda en sus pliegues las palabras que la conciencia destierra; en su seno germinan los secretos y bebe los pecados de su propia sombra. El día, en cambio, viste de oro las cadenas, adormece la fiera bajo la piel y sepulta los deseos bajo un jardín de apariencias.

    ¿No percibes el murmullo bajo el velo nocturno?

    Toda existencia gira en un remolino de espejismos, una danza de máscaras que se contemplan unas a otras y se llaman verdad. Nos alimentamos de ficciones cuidadosamente pulidas, de mentiras tan antiguas que han aprendido a confundirse con nuestra sangre.

    Y mientras el abismo sonríe desde el fondo de cada certeza, seguimos llamando realidad al eco de nuestros propios engaños.
    ㅤㅤㅤㅤ⸻ La noche guarda en sus pliegues las palabras que la conciencia destierra; en su seno germinan los secretos y bebe los pecados de su propia sombra. El día, en cambio, viste de oro las cadenas, adormece la fiera bajo la piel y sepulta los deseos bajo un jardín de apariencias. ¿No percibes el murmullo bajo el velo nocturno? Toda existencia gira en un remolino de espejismos, una danza de máscaras que se contemplan unas a otras y se llaman verdad. Nos alimentamos de ficciones cuidadosamente pulidas, de mentiras tan antiguas que han aprendido a confundirse con nuestra sangre. Y mientras el abismo sonríe desde el fondo de cada certeza, seguimos llamando realidad al eco de nuestros propios engaños.
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  • +El Huevo Fosilizado de la Escarcha Ardiente+

    Estado: Inactivo

    Origen: Desconocido

    Edad estimada: Incalculable



    *Descripción*

    A simple vista parece una roca de origen volcánico.

    Su superficie está compuesta por capas de piedra oscura endurecida por presiones imposibles, atravesadas por extrañas vetas cristalinas de color azul pálido. Algunos aseguran que dichas vetas son hielo antiguo. Otros afirman que son minerales desconocidos.

    Posee una forma vagamente ovalada, similar a la de un huevo gigantesco.

    No emite energía mágica.

    No contiene calor.

    No reacciona a hechizos de detección.

    Durante siglos fue catalogado como una curiosidad geológica sin valor alguno.

    Leyenda

    Las historias más antiguas hablan de una erupción ocurrida cuando el mundo aún era joven.

    Un volcán primordial despertó en medio de una tormenta glacial tan violenta que el fuego y la escarcha colisionaron en el mismo instante.

    Entre las rocas expulsadas por aquella explosión viajaba un único objeto.

    Un huevo.

    Antes de tocar tierra quedó atrapado en un océano congelado, donde permaneció sepultado durante eras enteras.

    Los glaciares avanzaron.

    Los imperios nacieron.

    Los imperios desaparecieron.

    Y el huevo continuó allí.

    Dormido.

    Olvidado.

    Esperando.



    *Descubrimiento.*

    Miles de años después, el retroceso de los hielos dejó al descubierto una extraña roca con forma de huevo.

    Fue encontrada por casualidad por un comerciante ambulante durante uno de sus viajes.

    Sin conocer su origen, la transportó junto al resto de mercancías extrañas que vendía en mercados y aldeas.

    El objeto permaneció durante años en su puesto.

    Nadie quiso comprarlo.

    Nadie encontró utilidad alguna en él.

    Para la mayoría no era más que una piedra curiosa.

    Sin embargo, algunos afirmaban escuchar algo extraño cuando permanecían cerca.

    No era un sonido.

    No era una voz.

    Era algo parecido al eco de un latido extremadamente lejano.

    Tan débil que podía confundirse con la imaginación.

    Y aun así...

    Nunca desaparecía por completo.
    +El Huevo Fosilizado de la Escarcha Ardiente+ Estado: Inactivo Origen: Desconocido Edad estimada: Incalculable *Descripción* A simple vista parece una roca de origen volcánico. Su superficie está compuesta por capas de piedra oscura endurecida por presiones imposibles, atravesadas por extrañas vetas cristalinas de color azul pálido. Algunos aseguran que dichas vetas son hielo antiguo. Otros afirman que son minerales desconocidos. Posee una forma vagamente ovalada, similar a la de un huevo gigantesco. No emite energía mágica. No contiene calor. No reacciona a hechizos de detección. Durante siglos fue catalogado como una curiosidad geológica sin valor alguno. Leyenda Las historias más antiguas hablan de una erupción ocurrida cuando el mundo aún era joven. Un volcán primordial despertó en medio de una tormenta glacial tan violenta que el fuego y la escarcha colisionaron en el mismo instante. Entre las rocas expulsadas por aquella explosión viajaba un único objeto. Un huevo. Antes de tocar tierra quedó atrapado en un océano congelado, donde permaneció sepultado durante eras enteras. Los glaciares avanzaron. Los imperios nacieron. Los imperios desaparecieron. Y el huevo continuó allí. Dormido. Olvidado. Esperando. *Descubrimiento.* Miles de años después, el retroceso de los hielos dejó al descubierto una extraña roca con forma de huevo. Fue encontrada por casualidad por un comerciante ambulante durante uno de sus viajes. Sin conocer su origen, la transportó junto al resto de mercancías extrañas que vendía en mercados y aldeas. El objeto permaneció durante años en su puesto. Nadie quiso comprarlo. Nadie encontró utilidad alguna en él. Para la mayoría no era más que una piedra curiosa. Sin embargo, algunos afirmaban escuchar algo extraño cuando permanecían cerca. No era un sonido. No era una voz. Era algo parecido al eco de un latido extremadamente lejano. Tan débil que podía confundirse con la imaginación. Y aun así... Nunca desaparecía por completo.
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  • Contempló a Daozhang Xiao Xingchen con la serenidad implacable de las divinidades antiguas. El taotista, aunque advertía la naturaleza del ser que se erguía ante él, permaneció inmóvil, pues había aprendido que el temor concede poder a aquello que lo inspira. Sin embargo, el dios de las pesadillas no había acudido para disputar con un mortal, sino para servirse de él como de un instrumento. La tenue claridad del sueño se extinguió paulatinamente, y el mundo quedó reducido a un espacio informe donde sólo subsistían el dios y el hombre.

    —Conozco el vínculo que te une a Morfeo —dijo, cuya voz parecía surgir de todas las direcciones a un tiempo. —Sé que Morfeo ha depositado en ti una confianza que no prodiga a los hombres.

    Avanzó un paso. A su alrededor comenzaron a surgir las formas de innumerables bestias, criaturas nacidas del espanto y alimentadas por las sombras del corazón humano.

    —No he venido a doblegar tu espíritu. He venido a quebrantar tu reposo. Dormirás, y en tus sueños levantaré tales horrores que el nombre de Morfeo escapará de tus labios antes de que tu razón pueda contenerlo.

    Entonces alzó la diestra y, sin necesidad de conjuro ni ademán solemne, pronunció su sentencia con la altivez de quien sabe que sus decretos son irrevocables.

    — Puesto que te ufanas de gobernar tu espíritu, conocerás el peso de mi voluntad. Te despojo del privilegio de la vigilia y te condeno a una somnolencia insaciable. El sueño descenderá sobre tus párpados con la gravedad de una montaña, tus miembros se tornarán débiles y tu mente, por más que se resista, será arrastrada hacia mi reino. No hallarás refugio en la meditación, ni fortaleza en tu disciplina, ni auxilio en las doctrinas que profesas; pues allí donde cierres los ojos, mis sombras te aguardarán. Y en el fondo de cada pesadilla sembraré un terror tan profundo que tus propios sueños clamarán por Morfeo, quien, ignorante de mi designio, acudirá a tu socorro sólo para descubrir que ha cruzado el umbral de la trampa que he dispuesto para él. — Dichas estas palabras, una pesadez antinatural se apoderó de Daozhang Xiao Xingchen
    Contempló a [Daozhang_XiaoXingchen] con la serenidad implacable de las divinidades antiguas. El taotista, aunque advertía la naturaleza del ser que se erguía ante él, permaneció inmóvil, pues había aprendido que el temor concede poder a aquello que lo inspira. Sin embargo, el dios de las pesadillas no había acudido para disputar con un mortal, sino para servirse de él como de un instrumento. La tenue claridad del sueño se extinguió paulatinamente, y el mundo quedó reducido a un espacio informe donde sólo subsistían el dios y el hombre. —Conozco el vínculo que te une a Morfeo —dijo, cuya voz parecía surgir de todas las direcciones a un tiempo. —Sé que Morfeo ha depositado en ti una confianza que no prodiga a los hombres. Avanzó un paso. A su alrededor comenzaron a surgir las formas de innumerables bestias, criaturas nacidas del espanto y alimentadas por las sombras del corazón humano. —No he venido a doblegar tu espíritu. He venido a quebrantar tu reposo. Dormirás, y en tus sueños levantaré tales horrores que el nombre de Morfeo escapará de tus labios antes de que tu razón pueda contenerlo. Entonces alzó la diestra y, sin necesidad de conjuro ni ademán solemne, pronunció su sentencia con la altivez de quien sabe que sus decretos son irrevocables. — Puesto que te ufanas de gobernar tu espíritu, conocerás el peso de mi voluntad. Te despojo del privilegio de la vigilia y te condeno a una somnolencia insaciable. El sueño descenderá sobre tus párpados con la gravedad de una montaña, tus miembros se tornarán débiles y tu mente, por más que se resista, será arrastrada hacia mi reino. No hallarás refugio en la meditación, ni fortaleza en tu disciplina, ni auxilio en las doctrinas que profesas; pues allí donde cierres los ojos, mis sombras te aguardarán. Y en el fondo de cada pesadilla sembraré un terror tan profundo que tus propios sueños clamarán por Morfeo, quien, ignorante de mi designio, acudirá a tu socorro sólo para descubrir que ha cruzado el umbral de la trampa que he dispuesto para él. — Dichas estas palabras, una pesadez antinatural se apoderó de [Daozhang_XiaoXingchen]
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  • "La mayoria me conoce por los rumores.."

    -Fueron las palabras que dieron invitacion a sus apocentos. La estancia donde se encontraban parece suspendida fuera del tiempo. Altas paredes de piedra negra se elevan hacia un techo perdido entre la oscuridad, cubiertas por detalles dorados que brillan debilmente bajo la luz danzante de una enorme chimenea. Las llamas no son naranjas ni doradas. Son Carmesi, ardientes lenguas rojas que crepitaban en silencio, proyectando destellos sangrientos sobre cada rincon de la habitacion.-

    -El fuego iluminaba estanterias antiguas repletas de libros olvidados, cuadros ennegrecidos por los siglos y pesados cortinajes de terciopelo rojo que cubren ventanales imposibles de atravesar con la mirada. El aroma de la madera quemandose se mezcla con el perfume tenue del vino y el incienso, creando una atmosfera extrañamente calida para un lugar tan sombrio, sentado junto a la chimenea, en un amplio sillon de madera oscura y detalles ornamentados, el Elfo oscuro sostine su copa de cristal entre los dedos. El liquido rojo en su interior refleja el resplandor del fuego como si contuviera fragmentos del eclipse que da nombre a su reino, su mirada permanecia fija en las llamas durante varios segundos, observandolas consumir lentamente la leña antes de desviarla hacia quien acaba de cruzar la puerta-

    "No suelo buscar compañia, las conversaciones son efimeras, igual que las promesas y los nombres. Sin embargo, la eternidad puede resultar aburrida incluso para alguien como yo, asi que.. te escuchare invitad@"
    "La mayoria me conoce por los rumores.." -Fueron las palabras que dieron invitacion a sus apocentos. La estancia donde se encontraban parece suspendida fuera del tiempo. Altas paredes de piedra negra se elevan hacia un techo perdido entre la oscuridad, cubiertas por detalles dorados que brillan debilmente bajo la luz danzante de una enorme chimenea. Las llamas no son naranjas ni doradas. Son Carmesi, ardientes lenguas rojas que crepitaban en silencio, proyectando destellos sangrientos sobre cada rincon de la habitacion.- -El fuego iluminaba estanterias antiguas repletas de libros olvidados, cuadros ennegrecidos por los siglos y pesados cortinajes de terciopelo rojo que cubren ventanales imposibles de atravesar con la mirada. El aroma de la madera quemandose se mezcla con el perfume tenue del vino y el incienso, creando una atmosfera extrañamente calida para un lugar tan sombrio, sentado junto a la chimenea, en un amplio sillon de madera oscura y detalles ornamentados, el Elfo oscuro sostine su copa de cristal entre los dedos. El liquido rojo en su interior refleja el resplandor del fuego como si contuviera fragmentos del eclipse que da nombre a su reino, su mirada permanecia fija en las llamas durante varios segundos, observandolas consumir lentamente la leña antes de desviarla hacia quien acaba de cruzar la puerta- "No suelo buscar compañia, las conversaciones son efimeras, igual que las promesas y los nombres. Sin embargo, la eternidad puede resultar aburrida incluso para alguien como yo, asi que.. te escuchare invitad@"
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  • Donde estará el fin del universo.. sera que ahí estará el que todo lo ve?..
    Su sangre eterna, sabrá bien?
    Que le pasaría a una vulgar vampira como yo si se alimenta de tal.. ente supremo.

    *Murmuraba mientras leia un libro envuelto en cueros rojos y quemados, lleno de símbolos que ni la lengua mas antigua registraban..
    En medio estaba eso que yo veía, el Omega.. el todo..
    Un bebe que representaba al hijo del tan alabado trio divino..
    todo mientras me relamia fantaseando con hacer gotear su sangre en mis comillos..*

    //Alguien para un rolcito intenso?)
    Donde estará el fin del universo.. sera que ahí estará el que todo lo ve?.. Su sangre eterna, sabrá bien? Que le pasaría a una vulgar vampira como yo si se alimenta de tal.. ente supremo. *Murmuraba mientras leia un libro envuelto en cueros rojos y quemados, lleno de símbolos que ni la lengua mas antigua registraban.. En medio estaba eso que yo veía, el Omega.. el todo.. Un bebe que representaba al hijo del tan alabado trio divino.. todo mientras me relamia fantaseando con hacer gotear su sangre en mis comillos..* //Alguien para un rolcito intenso?)
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