• ▶▶ Maggie guardó silencio unos segundos, observando aquellos profundos iris verdosos que tanto habia temido mirar el día que lo conoció, y que tanto habia odiado cuando solo eran un mal recuerdo. Esos iris que ahora parecían tan cansados como ella. Ese silencio… no era tenso, más bien una antesala calma. Esa clase de silencios que se aposentan cuando ha pasado la tormenta. Inspiró profundamente.

    -No sé qué hacer contigo…- reconoció de forma sincera- Y no lo digo como amenaza, ni como acusación… -negó discretamente con la cabeza- Todo esto es tan inverosímil… Durante años todo fue más facil porque te habia puesto una etiqueta. Monstruo. Ya está. Punto final -sus labios se curvaron en una mueca- No habia nada que pensar, no habia dudas. No tenía que hacerme preguntas.

    Se humedeció los labios con la punta de la lengua antes de dejar pasear su mirada por el rostro ajeno.

    -Y ahora que ya no encajas ahí… No se si me cabrea, me confunde… o se aclaran todas las dudas… Tienes razón… Una parte de mi siempre ha sabido que Glenn no querría esto para mí. Él te habría perdonado. Era asi. Si tan solo hubieras matado a Abraham, él habría terminado por encontrar algo bueno en ti al final de todo… -inspiró profundamente- Ya no quiero seguir viviendo asi, porque Hershel ha visto que odiarte es todo lo que me queda de Glenn…

    Se quedó allí unos segundos, respirando despacio, consciente del calor del cuerpo masculino tan cerca del propio, y de su propia pierna sobre la ajena.

    -Eso es lo que no sé cómo manejar… Y es muy frustrante…- sonrió de forma cómplice- Saber que Glenn lo habría hecho mucho mejor que yo. Porque no soy él… No tengo su paciencia y ya no veo el mundo como él. Yo me aferré al odio porque creí que era todo lo que tenía…

    Movió su cuerpo para acomodarlo mejor sobre el colchón haciendo que irremediablemente este se acercara al cuerpo del salvador, aunque solo fuera un par de centímetros.

    -Ahora mismo… ya no me siento en peligro contigo… Y eso, para mí, ya lo cambia absolutamente todo. Porque por primera vez ya no quiero huir de ti… Asi que… Dime una cosa… -una suave sonrisa amistosa y algo curiosa se esbozó en sus labios. Era la primera vez que tenía interés en mantener una conversación con Negan y quería aprovecharlo- ¿Quién eres ahora cuando ya no quiero seguir huyendo de ti?


    ⸻ 𝑒𝑥𝑡𝑟𝑎𝑐𝑡𝑜 𝑑𝑒 𝑚𝑖 𝑟𝑜𝑙 𝑐𝑜𝑛 Negan Smith
    ▶▶ Maggie guardó silencio unos segundos, observando aquellos profundos iris verdosos que tanto habia temido mirar el día que lo conoció, y que tanto habia odiado cuando solo eran un mal recuerdo. Esos iris que ahora parecían tan cansados como ella. Ese silencio… no era tenso, más bien una antesala calma. Esa clase de silencios que se aposentan cuando ha pasado la tormenta. Inspiró profundamente. -No sé qué hacer contigo…- reconoció de forma sincera- Y no lo digo como amenaza, ni como acusación… -negó discretamente con la cabeza- Todo esto es tan inverosímil… Durante años todo fue más facil porque te habia puesto una etiqueta. Monstruo. Ya está. Punto final -sus labios se curvaron en una mueca- No habia nada que pensar, no habia dudas. No tenía que hacerme preguntas. Se humedeció los labios con la punta de la lengua antes de dejar pasear su mirada por el rostro ajeno. -Y ahora que ya no encajas ahí… No se si me cabrea, me confunde… o se aclaran todas las dudas… Tienes razón… Una parte de mi siempre ha sabido que Glenn no querría esto para mí. Él te habría perdonado. Era asi. Si tan solo hubieras matado a Abraham, él habría terminado por encontrar algo bueno en ti al final de todo… -inspiró profundamente- Ya no quiero seguir viviendo asi, porque Hershel ha visto que odiarte es todo lo que me queda de Glenn… Se quedó allí unos segundos, respirando despacio, consciente del calor del cuerpo masculino tan cerca del propio, y de su propia pierna sobre la ajena. -Eso es lo que no sé cómo manejar… Y es muy frustrante…- sonrió de forma cómplice- Saber que Glenn lo habría hecho mucho mejor que yo. Porque no soy él… No tengo su paciencia y ya no veo el mundo como él. Yo me aferré al odio porque creí que era todo lo que tenía… Movió su cuerpo para acomodarlo mejor sobre el colchón haciendo que irremediablemente este se acercara al cuerpo del salvador, aunque solo fuera un par de centímetros. -Ahora mismo… ya no me siento en peligro contigo… Y eso, para mí, ya lo cambia absolutamente todo. Porque por primera vez ya no quiero huir de ti… Asi que… Dime una cosa… -una suave sonrisa amistosa y algo curiosa se esbozó en sus labios. Era la primera vez que tenía interés en mantener una conversación con Negan y quería aprovecharlo- ¿Quién eres ahora cuando ya no quiero seguir huyendo de ti? ⸻ 𝑒𝑥𝑡𝑟𝑎𝑐𝑡𝑜 𝑑𝑒 𝑚𝑖 𝑟𝑜𝑙 𝑐𝑜𝑛 [Here.Is.Negan] ⸻
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  • --Entiendo. En síntesis, fuiste víctima de una injusticia tal que tu voz en vida fue silenciada por la persona en la que mas confiabas… lamento mucho el acto tan repugnante perpetuado por tu padre, lo digo de corazón. En todo caso, tu presencia atada a mi sombra es temporal, puedes regresar al descanso eterno que mereces.

    Yo me encargo de lo demás.--

    La nigromancia era la mejor habilidad para alguien cuya labor se enfoca mas en lo policiaco. Un forense encargado de crímenes especialmente violentos… que en vida quizás no podrían tener justicia. Lo mas complicado era justificar legalmente las acusaciones venidas de la boca de un muerto.

    Pero….
    --Entiendo. En síntesis, fuiste víctima de una injusticia tal que tu voz en vida fue silenciada por la persona en la que mas confiabas… lamento mucho el acto tan repugnante perpetuado por tu padre, lo digo de corazón. En todo caso, tu presencia atada a mi sombra es temporal, puedes regresar al descanso eterno que mereces. Yo me encargo de lo demás.-- La nigromancia era la mejor habilidad para alguien cuya labor se enfoca mas en lo policiaco. Un forense encargado de crímenes especialmente violentos… que en vida quizás no podrían tener justicia. Lo mas complicado era justificar legalmente las acusaciones venidas de la boca de un muerto. Pero….
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  • Un detalle curioso de los Corleone son las características y miradas fulminantes , desde pequeños siempre "han visto feo" todo aquello que consideran repulsivo: el acoso, las malas intenciones, acusaciones sin fundamento, entre otras cosas.

    Es más evidente cuando se trata de sus parejas.
    Sabrá solo su padre a cuantos vio con esos ojos amenazantes.
    Sabrá él a cuantos ha mirado "feo" por pasarse de la raya.
    Un detalle curioso de los Corleone son las características y miradas fulminantes , desde pequeños siempre "han visto feo" todo aquello que consideran repulsivo: el acoso, las malas intenciones, acusaciones sin fundamento, entre otras cosas. Es más evidente cuando se trata de sus parejas. Sabrá solo su padre a cuantos vio con esos ojos amenazantes. Sabrá él a cuantos ha mirado "feo" por pasarse de la raya.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Hice enojar a Hugo jajaja y hablo del juego (Zenless zone zero)
    Me acusaron de ser miembro de Ruiseñor y como se que Hugo es el líder, quise ver como se ponia cuando acepte la acusación y no le pareció.. Jajaja.
    Aunque verlo molesto, no se, me provoca besar su carita.
    Hice enojar a Hugo jajaja y hablo del juego (Zenless zone zero) Me acusaron de ser miembro de Ruiseñor y como se que Hugo es el líder, quise ver como se ponia cuando acepte la acusación y no le pareció.. Jajaja. Aunque verlo molesto, no se, me provoca besar su carita.
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  • Akane frente al espejo
    (2 días después del conflicto)

    La noche era densa, pero Akane no podía dormir. Cada vez que cerraba los ojos, el ardor en su pecho se intensificaba, como si su propio poder estuviera rebelándose, descontrolado dentro de un recipiente dañado.

    Se acercó al espejo y lo que vio casi no lo reconoció. La mitad de su cabello ahora era plateado. No un cambio gradual, sino una línea clara, como una cicatriz de magia pura que partía su identidad en dos. Y debajo de sus ojos, dos sombras oscuras, no solo de cansancio, sino de algo que la estaba drenando lentamente.

    "Esa mujer me hirió peor de lo que esperaba..." murmuró sin voz, sintiendo una punzada de algo que no era odio, pero tampoco perdón.

    "Mi torrente... ¿se quebró?"

    Sintió un estremecimiento, no por frío, sino por una ausencia: la conexión con algo más grande, ese flujo espiritual que siempre había sentido recorrerla, era ahora errático, quebrado como un río que ha cambiado de cauce.

    Tal vez “esa mujer” no buscaba matarla. Tal vez buscaba algo más profundo. Un castigo. Una advertencia. O una ruptura irreversible.

    El reflejo en el espejo parpadeó. Akane retrocedió un paso, sintiendo que la habitación se volvía más estrecha, sofocante. El mundo a su alrededor se oscureció. De pronto ya no estaba en su casa.

    Estaba de pie otra vez sobre el campo de batalla, envuelta en sombras deformes. Todo era familiar… pero torcido. El cielo estaba teñido de rojo oscuro. La figura delante de ella, esa mujer, no tenía rostro al principio. Solo una silueta alargada, con los ojos encendidos como brasas contenidas.

    La voz llegó distorsionada, como si viniera desde el fondo de un pozo: "Eres una híbrida."

    Pero no sonaba como una acusación, ni siquiera como una advertencia. Sonaba como una sentencia, una condena.

    "No abrazas tu legado… la sangre de los Ishtar fluye por ti como un veneno inútil..."

    La Akane de la visión intentó moverse, gritar, reaccionar… pero no pudo. Sus pies estaban clavados al suelo, su cuerpo se deshacía en hilos de energía blanca y plateada que se desvanecían en el aire.

    "No fue así," pensó con desesperación. "No lo dijo con ese odio. ¿O sí?"

    La silueta de su hermana se acercó, y por un instante, su rostro se definió. Tenía lágrimas en los ojos… o quizás era sangre.

    "Si no te doblegas, te romperás."

    Y entonces su mano atravesó su costado como una espada una vez más, pero esta vez Akane sintió cómo algo dentro de ella estallaba, como un cristal que se parte sin remedio.

    Volvió en sí, jadeando, de rodillas frente al espejo. El pecho ardía como un horno sellado.

    "¿Fue mi mente... o fue ella quien deseó romperme de verdad?". La pregunta quedó suspendida, como ceniza en el aire.
    Akane frente al espejo (2 días después del conflicto) La noche era densa, pero Akane no podía dormir. Cada vez que cerraba los ojos, el ardor en su pecho se intensificaba, como si su propio poder estuviera rebelándose, descontrolado dentro de un recipiente dañado. Se acercó al espejo y lo que vio casi no lo reconoció. La mitad de su cabello ahora era plateado. No un cambio gradual, sino una línea clara, como una cicatriz de magia pura que partía su identidad en dos. Y debajo de sus ojos, dos sombras oscuras, no solo de cansancio, sino de algo que la estaba drenando lentamente. "Esa mujer me hirió peor de lo que esperaba..." murmuró sin voz, sintiendo una punzada de algo que no era odio, pero tampoco perdón. "Mi torrente... ¿se quebró?" Sintió un estremecimiento, no por frío, sino por una ausencia: la conexión con algo más grande, ese flujo espiritual que siempre había sentido recorrerla, era ahora errático, quebrado como un río que ha cambiado de cauce. Tal vez “esa mujer” no buscaba matarla. Tal vez buscaba algo más profundo. Un castigo. Una advertencia. O una ruptura irreversible. El reflejo en el espejo parpadeó. Akane retrocedió un paso, sintiendo que la habitación se volvía más estrecha, sofocante. El mundo a su alrededor se oscureció. De pronto ya no estaba en su casa. Estaba de pie otra vez sobre el campo de batalla, envuelta en sombras deformes. Todo era familiar… pero torcido. El cielo estaba teñido de rojo oscuro. La figura delante de ella, esa mujer, no tenía rostro al principio. Solo una silueta alargada, con los ojos encendidos como brasas contenidas. La voz llegó distorsionada, como si viniera desde el fondo de un pozo: "Eres una híbrida." Pero no sonaba como una acusación, ni siquiera como una advertencia. Sonaba como una sentencia, una condena. "No abrazas tu legado… la sangre de los Ishtar fluye por ti como un veneno inútil..." La Akane de la visión intentó moverse, gritar, reaccionar… pero no pudo. Sus pies estaban clavados al suelo, su cuerpo se deshacía en hilos de energía blanca y plateada que se desvanecían en el aire. "No fue así," pensó con desesperación. "No lo dijo con ese odio. ¿O sí?" La silueta de su hermana se acercó, y por un instante, su rostro se definió. Tenía lágrimas en los ojos… o quizás era sangre. "Si no te doblegas, te romperás." Y entonces su mano atravesó su costado como una espada una vez más, pero esta vez Akane sintió cómo algo dentro de ella estallaba, como un cristal que se parte sin remedio. Volvió en sí, jadeando, de rodillas frente al espejo. El pecho ardía como un horno sellado. "¿Fue mi mente... o fue ella quien deseó romperme de verdad?". La pregunta quedó suspendida, como ceniza en el aire.
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  • Una noche dura. [+18]
    Fandom OC
    Categoría Drama
    Atención, este rol puede contener violencia doméstica y lenguaje soez. Abstenerse de leer si es sensible. Gracias por la comprensión.




    Aurora había llegado a su casa de estudiar y conforme llegó, pensaba no tener que lidiar con la presencia de su madre pensando que dormiría pero, una zancadilla la hizo caer al suelo y ahí estaba.

    Su madre con un cigarro empezó a reírse como una maldita loca en lo que Aurora trataba de levantarse con dificultad intentando reprimir sus lágrimas.

    — Hija de puta.. ¿Dónde estabas? ¿Huyes de mi? — Su boca apestaba a tabaco y bebida, algo que daba a entender que estaba borracha.

    Aurora tragó saliva y observó sus rodillas amorotonadas.

    — Tuve que hacer trabajo de clase..

    Una bofetada fue dada en su mejilla resonando en toda la casa y ahora, una marca de su mano.

    — Mientes, siempre mientes, fracasada de mierda. ¿Te crees que no se que te vas por ahí a follar con desconocidos?

    Aurora abrió los ojos como platos al escuchar las acusaciones falsas de su madre, ella simplemente huía de ella a estudiar a otro lugar, no podía estudiar con su presencia llena de negatividad, llena de dolor y aquello le dolió demasiado.

    — Hoy no vas a dormir en casa, así que vete de aquí, inútil. Qué desgracia eres, tenías que haberte ido con tu padre. Me has amargado la vida.

    Aurora hizo todo lo posible para aguantar las lágrimas posibles y antes de que ella se girase, su madre la agarró del pero en una coleta tirando de ella para acercarla.

    — Algún día.. te vas a morir, y vas a saber lo que estoy sufriendo yo. Maldita niñata que da problemas..

    La empujó al suelo haciéndole daño y se fue a la cama, Aurora dolida entre golpe y golpe no pudo más y empezó a salir más lágrimas, sin poder decir nada más definitivamente no iba a pasar la noche allí y salió rápidamente.

    Nisiquiera agarró chaqueta, ella con su uniforme del instituto caminó abrazándose mientras lloraba en voz baja. Esperando que en esa noche tan fría, nadie le hiciera nada malo.
    ⚠️ Atención, este rol puede contener violencia doméstica y lenguaje soez. Abstenerse de leer si es sensible. Gracias por la comprensión. ⚠️ Aurora había llegado a su casa de estudiar y conforme llegó, pensaba no tener que lidiar con la presencia de su madre pensando que dormiría pero, una zancadilla la hizo caer al suelo y ahí estaba. Su madre con un cigarro empezó a reírse como una maldita loca en lo que Aurora trataba de levantarse con dificultad intentando reprimir sus lágrimas. — Hija de puta.. ¿Dónde estabas? ¿Huyes de mi? — Su boca apestaba a tabaco y bebida, algo que daba a entender que estaba borracha. Aurora tragó saliva y observó sus rodillas amorotonadas. — Tuve que hacer trabajo de clase.. Una bofetada fue dada en su mejilla resonando en toda la casa y ahora, una marca de su mano. — Mientes, siempre mientes, fracasada de mierda. ¿Te crees que no se que te vas por ahí a follar con desconocidos? Aurora abrió los ojos como platos al escuchar las acusaciones falsas de su madre, ella simplemente huía de ella a estudiar a otro lugar, no podía estudiar con su presencia llena de negatividad, llena de dolor y aquello le dolió demasiado. — Hoy no vas a dormir en casa, así que vete de aquí, inútil. Qué desgracia eres, tenías que haberte ido con tu padre. Me has amargado la vida. Aurora hizo todo lo posible para aguantar las lágrimas posibles y antes de que ella se girase, su madre la agarró del pero en una coleta tirando de ella para acercarla. — Algún día.. te vas a morir, y vas a saber lo que estoy sufriendo yo. Maldita niñata que da problemas.. La empujó al suelo haciéndole daño y se fue a la cama, Aurora dolida entre golpe y golpe no pudo más y empezó a salir más lágrimas, sin poder decir nada más definitivamente no iba a pasar la noche allí y salió rápidamente. Nisiquiera agarró chaqueta, ella con su uniforme del instituto caminó abrazándose mientras lloraba en voz baja. Esperando que en esa noche tan fría, nadie le hiciera nada malo.
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  • 𝐏𝐑𝐄𝐋𝐔𝐃𝐈𝐎: 𝐄𝐋 𝐒𝐈𝐋𝐄𝐍𝐂𝐈𝐎 𝐃𝐄 𝐋𝐀 𝐏𝐄́𝐑𝐃𝐈𝐃𝐀
    Fandom DnD, Baldur's Gate
    Categoría Slice of Life
    En los juzgados de Baldur’s Gate reinaba el silencio, un silencio que se constituía por las cosas que faltaban, si uno oía atentamente podría escuchar que no había el murmullo de alguien que necesitase ayuda por ser salvado de una acusación injusta, ni tampoco el movimiento apresurado de los becarios, tampoco estaba el sonido de las plumas escribiendo sobre pergaminos, ni el de los jueces debatiendo entre ellos sobre un caso concreto, aquel silencio era el silencio de la pérdida y Rennyn que estaba sentada en su lujosa silla y leía el periódico, era su dueña.



    Aquella mañana, que no era especial, ni diferente a las demás, Rennyn sentía todavía más el abrazo de la Dama de la Pérdida. Pocos eran los adoradores de la dama Sharr en Puerta de Baldur, pero… ella había perdido algo demasiado valioso y el consuelo de la dama oscura le había llenado un vacío en el corazón que nadie era capaz de rellenar.
    Rennyn revisaba viejos papeles, viejos periódicos rememorando una noche fatídica, aquella en la que perdió su hermosa perla, una perla que era la más valiosa. Era una perla especial.

    El silencio se vio interrumpido por alguien que llamaba a la puerta.

    — ¿Sí?

    Alzó la voz Rennyn que miró por encima de una lupa que tenía en la mano derecha, la puerta se abrió y dio paso a un hombre moreno, que ya algunas canas peinaba de ojos fríos como el hielo y un tanto musculoso, era el carcelero.

    — Magistrada, deberíamos hablar.

    — ¿Hmpf?

    Ella no se metía en los “dominios” del carcelero ni él en los suyos, por lo que aquella interacción le resultó tan extraña como molesta.

    — Hay un prisionero que deberías de escuchar, ha pedido la cabeza pero…

    — Muchos pierden la cabeza bajo tu mando, y no lo juzgo pero ¿Para qué querría yo escuchar los lamentos de un loco?

    — Porque a veces los locos dicen la verdad.

    Si bien era cierto aquello que decían, pues los locos no tenían conciencia de lo que estaba “bien” o “mal” o lo que era “correcto contar” o no, Rennyn asintió.

    — Bien, pero espero que al menos hoy haya desayunado.

    — Como siempre, Magistrada. Alimento mínimo, una vez por día.

    — Denigrante.

    — Son presos, no merecen dignidad alguna, cometieron crimenes.

    — No pienso discutir contigo sobre la reinserción de presos dentro de la sociedad, y menos cuando eres un bruto sin cerebro, llévame ante el preso.

    Y así fue, el carcelero y la magistrada bajaron aquellas escaleras de piedra que daban a los calabozos, era un lugar frío y húmedo, no tenía ninguna comodidad, muchos presos habían muerto entre aquellas rocas, ya fuera por los malos tratos, por su vejez o por que sencillamente habían encontrado la forma de quitarse la vida. Los fantasmas de aquellas atrocidades atormentaban a Rennyn, a decir verdad, odiaba aquel lugar oscuro y frío, lo odiaba con toda su alma. Pero un canturreo la sacó de un monólogo obsesivo interno.

    “ A los escudos de plata una perla robaron,
    ellos se la comieron, ellos se la zamparon.”

    Rennyn abrió tanto los ojos que una rabia intensa hizo que de su cintura descolgara su martillo de plata, sin pensarlo, pero fue el carcelero quien con una delicadeza poco propia de un hombre de su tamaño posó la mano sobre el martillo y lentamente lo bajo observando a través de sus pestañas a la magistrada.

    — Ahora lo entiendes.

    — Mátalo.

    Rennyn mostró su rostro más estoico e inexpresivo.
    El carcelero se llevó la mano al pecho, sonrió.

    — Como ordene, mi señora.

    Rennyn era la ley de plata, la ley de la pérdida, la ley. Ella determinaba quién bajo su mirada debía ser juzgado de muerte y quién no… y cuando encontrase a aquel ser que le robó su perla, iba a matarlo con sus propias manos.
    En los juzgados de Baldur’s Gate reinaba el silencio, un silencio que se constituía por las cosas que faltaban, si uno oía atentamente podría escuchar que no había el murmullo de alguien que necesitase ayuda por ser salvado de una acusación injusta, ni tampoco el movimiento apresurado de los becarios, tampoco estaba el sonido de las plumas escribiendo sobre pergaminos, ni el de los jueces debatiendo entre ellos sobre un caso concreto, aquel silencio era el silencio de la pérdida y Rennyn que estaba sentada en su lujosa silla y leía el periódico, era su dueña. Aquella mañana, que no era especial, ni diferente a las demás, Rennyn sentía todavía más el abrazo de la Dama de la Pérdida. Pocos eran los adoradores de la dama Sharr en Puerta de Baldur, pero… ella había perdido algo demasiado valioso y el consuelo de la dama oscura le había llenado un vacío en el corazón que nadie era capaz de rellenar. Rennyn revisaba viejos papeles, viejos periódicos rememorando una noche fatídica, aquella en la que perdió su hermosa perla, una perla que era la más valiosa. Era una perla especial. El silencio se vio interrumpido por alguien que llamaba a la puerta. — ¿Sí? Alzó la voz Rennyn que miró por encima de una lupa que tenía en la mano derecha, la puerta se abrió y dio paso a un hombre moreno, que ya algunas canas peinaba de ojos fríos como el hielo y un tanto musculoso, era el carcelero. — Magistrada, deberíamos hablar. — ¿Hmpf? Ella no se metía en los “dominios” del carcelero ni él en los suyos, por lo que aquella interacción le resultó tan extraña como molesta. — Hay un prisionero que deberías de escuchar, ha pedido la cabeza pero… — Muchos pierden la cabeza bajo tu mando, y no lo juzgo pero ¿Para qué querría yo escuchar los lamentos de un loco? — Porque a veces los locos dicen la verdad. Si bien era cierto aquello que decían, pues los locos no tenían conciencia de lo que estaba “bien” o “mal” o lo que era “correcto contar” o no, Rennyn asintió. — Bien, pero espero que al menos hoy haya desayunado. — Como siempre, Magistrada. Alimento mínimo, una vez por día. — Denigrante. — Son presos, no merecen dignidad alguna, cometieron crimenes. — No pienso discutir contigo sobre la reinserción de presos dentro de la sociedad, y menos cuando eres un bruto sin cerebro, llévame ante el preso. Y así fue, el carcelero y la magistrada bajaron aquellas escaleras de piedra que daban a los calabozos, era un lugar frío y húmedo, no tenía ninguna comodidad, muchos presos habían muerto entre aquellas rocas, ya fuera por los malos tratos, por su vejez o por que sencillamente habían encontrado la forma de quitarse la vida. Los fantasmas de aquellas atrocidades atormentaban a Rennyn, a decir verdad, odiaba aquel lugar oscuro y frío, lo odiaba con toda su alma. Pero un canturreo la sacó de un monólogo obsesivo interno. “ A los escudos de plata una perla robaron, ellos se la comieron, ellos se la zamparon.” Rennyn abrió tanto los ojos que una rabia intensa hizo que de su cintura descolgara su martillo de plata, sin pensarlo, pero fue el carcelero quien con una delicadeza poco propia de un hombre de su tamaño posó la mano sobre el martillo y lentamente lo bajo observando a través de sus pestañas a la magistrada. — Ahora lo entiendes. — Mátalo. Rennyn mostró su rostro más estoico e inexpresivo. El carcelero se llevó la mano al pecho, sonrió. — Como ordene, mi señora. Rennyn era la ley de plata, la ley de la pérdida, la ley. Ella determinaba quién bajo su mirada debía ser juzgado de muerte y quién no… y cuando encontrase a aquel ser que le robó su perla, iba a matarlo con sus propias manos.
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  • —Espero no haber importunado su tiempo, estimado Wong.

    La voz de Sung se escucharia serena en todo momento, mientras recibia al hombre; Wong, un abogado de gran influencia en el mundo del derecho, hace no mucho este habia llegado a la comisaria interponiendo una denuncia. Su hija, su unica, y adorada hija, lo unico que tenia en el mundo tras la prematura muerte de su esposa, habia sido encontrada sin vida en la ducha de su casa. Un crimen ciertamente peculiar.. de el se sabe que no se encontraba en casa cuando ocurrio la situacion, un completo sin sentido que ciertamente dejaba a todos sin una sola pista de cual fuese la razon para que esto sucediera.

    No hay huellas digitales evidentes, quien lo hubiese hecho se cuido bastante de no dejar siquiera una sombra de su presencia. La medicina forense era una de las ramas mas poderosas en cuanto a conocer lo que ha pasado antes y despues de un crimen como este, sin embargo, entre los mejores investigadores, el coreano era uno de los que mas renombre poseian, no sabian como, pero siempre encontraba una respuesta a todo lo que no pareciera tener luz.

    Como si los muertos le hablasen.

    El, tras semanas de investigacion, tendria el permiso para accesar al sitio de los hechos. Donde recibio las respuestas que habia estado buscando durante tanto tiempo, uniendo las piezas que faltaban en este oscuro rompecabezas

    .— ¿Le cuento algo? Sinceramente, no pudimos encontrar una respuesta para lo ocurrido con su hija…— El rostro de Sung denotaba una tristeza imposible de fingir, por su lado, Wong parecía primero mostrarse molesto ante su respuesta, antes de dejarlo decir algo más —Desgraciadamente, quien haya hecho esto, fue inteligente. Era como si supiera moverse cuál sombra… no habían restos, no habían huellas, era como si…—

    Ante esta respuesta, quien lo escuchaba poco a poco dibujó una pequeña sonrisa en sus labios… como si, contrario a recibir una terrible noticia, lo que estaba escuchando le fuese agradable… más intentó no perder la compostura mientras Sung hablaba.

    —Como si conociera cada centímetro de la casa a la cual entró— La sonrisa del hombre se borró por un momento, el tono de Sung en ese comentario expresaba cierta duda, no una cual pregunta… si no, una acusación silenciosa.

    —Así que me di la tarea de conseguir información a mi manera.—

    Hubo algo en esa respuesta, el ambiente del lugar empezó a sentirse helado poco a poco, un escalofrío que recorrió la espalda del anciano mientras el aura de Sung pasaba de ser apacible, a poco a poco volverse más frívola.

    —¿Sabe algo curioso señor Wong? Este tipo de crímenes, por lo general son de personas cercanas. Amigos, hermanos… amantes o novios celosos que quieren venganza. Solo alguien que tuviese confianza con ella podría entrar a la casa como si nada y llegar hasta el baño donde estaba duchándose.—

    Supo dónde iban las piedras, así que el hombre arremetió

    “¿Cómo te atreves? Yo soy el afectado aquí. Fue mi hija a la que arrancaron de mis brazos. No permitiré que..”

    De pronto un escalofrío, ese mismo ambiente gélido pasaba ahora de solo una mala sensación, a volverse en una especie de recorrido por su espina dorsal, como si algo estuviese tocándolo desde la espalda baja hasta el centro de la misma.

    —¿Su hija? Oh cierto, Sun-Hee. La dulce joven que usted cuidaba como premio…

    La chica que cuando creció se parecía tanto a su madre. Que usted no pudo evitar querer tenerla más, más y más a su lado.

    Al punto de tocarla para intentar recordar como se sentía estar con su esposa ¿no es así?—

    El hombre intentó responderle, pero entonces sintió algo en su cuello. Una mano que lo sostuvo, fueron dos en total que lo rodeaban cual frívolo abrazo. Instintivamente, trató de alzar la vista

    Y ahí estaba ella. Pálida, sus ojos perdidos en una negrura absoluta, pero Sung no se inmutaba.

    —¿Sabe que dicen de nosotros los forenses? Hablamos con los que han partido de este mundo. Sin embargo, en mi caso; aquellos que se fueron bajo circunstancias horribles, me cuentan toda su historia de inicio a fin.

    Mi estimado señor Wong. Tiene muchos pecados que pagar, pero su hija será quien se encargue de usted esta noche.—

    Gritos se escucharon a lo lejos, horribles, desgarradores, agónicos. Gritos que tardaron horas, hasta que todo se silencio, al escucharse un sonido de desgarre.

    Como si algo, hubiese sido separado de un cuerpo.

    #HappyHalloween
    —Espero no haber importunado su tiempo, estimado Wong. La voz de Sung se escucharia serena en todo momento, mientras recibia al hombre; Wong, un abogado de gran influencia en el mundo del derecho, hace no mucho este habia llegado a la comisaria interponiendo una denuncia. Su hija, su unica, y adorada hija, lo unico que tenia en el mundo tras la prematura muerte de su esposa, habia sido encontrada sin vida en la ducha de su casa. Un crimen ciertamente peculiar.. de el se sabe que no se encontraba en casa cuando ocurrio la situacion, un completo sin sentido que ciertamente dejaba a todos sin una sola pista de cual fuese la razon para que esto sucediera. No hay huellas digitales evidentes, quien lo hubiese hecho se cuido bastante de no dejar siquiera una sombra de su presencia. La medicina forense era una de las ramas mas poderosas en cuanto a conocer lo que ha pasado antes y despues de un crimen como este, sin embargo, entre los mejores investigadores, el coreano era uno de los que mas renombre poseian, no sabian como, pero siempre encontraba una respuesta a todo lo que no pareciera tener luz. Como si los muertos le hablasen. El, tras semanas de investigacion, tendria el permiso para accesar al sitio de los hechos. Donde recibio las respuestas que habia estado buscando durante tanto tiempo, uniendo las piezas que faltaban en este oscuro rompecabezas .— ¿Le cuento algo? Sinceramente, no pudimos encontrar una respuesta para lo ocurrido con su hija…— El rostro de Sung denotaba una tristeza imposible de fingir, por su lado, Wong parecía primero mostrarse molesto ante su respuesta, antes de dejarlo decir algo más —Desgraciadamente, quien haya hecho esto, fue inteligente. Era como si supiera moverse cuál sombra… no habían restos, no habían huellas, era como si…— Ante esta respuesta, quien lo escuchaba poco a poco dibujó una pequeña sonrisa en sus labios… como si, contrario a recibir una terrible noticia, lo que estaba escuchando le fuese agradable… más intentó no perder la compostura mientras Sung hablaba. —Como si conociera cada centímetro de la casa a la cual entró— La sonrisa del hombre se borró por un momento, el tono de Sung en ese comentario expresaba cierta duda, no una cual pregunta… si no, una acusación silenciosa. —Así que me di la tarea de conseguir información a mi manera.— Hubo algo en esa respuesta, el ambiente del lugar empezó a sentirse helado poco a poco, un escalofrío que recorrió la espalda del anciano mientras el aura de Sung pasaba de ser apacible, a poco a poco volverse más frívola. —¿Sabe algo curioso señor Wong? Este tipo de crímenes, por lo general son de personas cercanas. Amigos, hermanos… amantes o novios celosos que quieren venganza. Solo alguien que tuviese confianza con ella podría entrar a la casa como si nada y llegar hasta el baño donde estaba duchándose.— Supo dónde iban las piedras, así que el hombre arremetió “¿Cómo te atreves? Yo soy el afectado aquí. Fue mi hija a la que arrancaron de mis brazos. No permitiré que..” De pronto un escalofrío, ese mismo ambiente gélido pasaba ahora de solo una mala sensación, a volverse en una especie de recorrido por su espina dorsal, como si algo estuviese tocándolo desde la espalda baja hasta el centro de la misma. —¿Su hija? Oh cierto, Sun-Hee. La dulce joven que usted cuidaba como premio… La chica que cuando creció se parecía tanto a su madre. Que usted no pudo evitar querer tenerla más, más y más a su lado. Al punto de tocarla para intentar recordar como se sentía estar con su esposa ¿no es así?— El hombre intentó responderle, pero entonces sintió algo en su cuello. Una mano que lo sostuvo, fueron dos en total que lo rodeaban cual frívolo abrazo. Instintivamente, trató de alzar la vista Y ahí estaba ella. Pálida, sus ojos perdidos en una negrura absoluta, pero Sung no se inmutaba. —¿Sabe que dicen de nosotros los forenses? Hablamos con los que han partido de este mundo. Sin embargo, en mi caso; aquellos que se fueron bajo circunstancias horribles, me cuentan toda su historia de inicio a fin. Mi estimado señor Wong. Tiene muchos pecados que pagar, pero su hija será quien se encargue de usted esta noche.— Gritos se escucharon a lo lejos, horribles, desgarradores, agónicos. Gritos que tardaron horas, hasta que todo se silencio, al escucharse un sonido de desgarre. Como si algo, hubiese sido separado de un cuerpo. #HappyHalloween
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  • Ya la noche comenzaba a caer y con ella la luna menguante se podía ver en el cielo. Alexa caminaba escoltada por los guardias, como si de un criminal se tratara. Los cargos en su contra eran amplios, siendo el más grave la traición, basado en el hecho de que había abandonado a su pueblo y costumbres para vivir una vida fuera de las creencias y normas del reino Fae.

    Sin embargo, nada era más lejano a la realidad. El juzgado estaba lleno de rostros conocidos; sus padres, su hermano y algunos amigos se encontraban entre los asistentes. Se molestó al ver a Daniel, pues le había pedido que no fuera. Le apenaba que su pequeño hermano escuchara las cosas que había tenido que hacer para sobrevivir. Miró el tragaluz que estaba justo arriba de donde ella sería juzgada. La luna entraría por el cristal iluminándola como parte de las pruebas de inocencia que se le harían.

    Como colmo de su mala suerte, Cesare Moonlight sería parte del juicio, quien estaba segura haría todo por volverla a comprometer a su hijo o deslindarlo de toda la responsabilidad del desastre con los corrompidos.

    Alexa se encontraba en la vasta sala del consejo de los sabios del reino Fae. Los muros estaban adornados con símbolos antiguos y runas sagradas, y la luz de la luna menguante se filtraba por las ventanas altas, iluminando el rostro de la joven mujer. Su cabello platinado caía en cascada sobre sus hombros, y sus ojos azules reflejaban una mezcla de determinación, miedo y enojo. Vestía aquel vestido que había sido elegido por la mañana por su nana y otras mujeres, simbolizando tanto su pureza como su aceptación del juicio que estaba a punto de enfrentar.

    Los sabios, todos descendientes de los dioses, se sentaban en un semicírculo frente a ella. Sus rostros eran serios y sus miradas penetrantes, algunos mirándola con desprecio, otros con lastima. En el centro, el Gran Sabio Luthien, un hombre de edad avanzada con una larga barba plateada, levantó una mano para silenciar el murmullo de la audiencia. A su lado, Cesare Moonlight, patriarca de una de las familias más poderosas del reino Fae y padre de Ian, observaba con una expresión severa.

    — Alexandra Selene —comenzó Luthien con una voz profunda y resonante—, te encuentras aquí para enfrentar el juicio de los sabios por tus acciones pasadas y por abandonar tus deberes como hija de la luna y guardiana del conocimiento.

    Alexa se mantuvo firme, aunque su corazón latía con fuerza en su pecho. Sabía que este momento llegaría, y había pasado años preparándose mentalmente para ello.

    —Acepto mi juicio, Gran Sabio —respondió con voz clara—. Estoy aquí para enfrentar mis responsabilidades y para rectificar mis errores, si es que el consejo así lo considera.

    Luthien asintió solemnemente y continuó.

    —Alexandra Selene, se te acusa de los siguientes crímenes: primero, traición a tu comunidad y a tus juramentos; segundo, ser cómplice de Ian en el desequilibrio de los espíritus; tercero, romper tu juramento de castidad; cuarto, vivir fuera de las normas establecidas por nuestra sociedad; quinto incumplir la orden de este mismo consejo de contraer nupcias con Ian Moonlight y finalmente, bloquear tu magia, lo cual se toma como una grave ofensa a tu madre la diosa Selene.

    Sabia que la lista era corta pues no se menciono las vidas que había arrebatado en sus intentos por huir de los cazadores que la persiguieron durante años. Los murmullos crecieron entre la audiencia. Alexa sintió las miradas de los aldeanos sobre ella algunos llenos de reproche, otros de curiosidad y unos pocos de compasión. Sabía que muchos no comprendían la magnitud de su sacrificio. Pues no conocían la verdad del porque lo había hecho.

    Miro de reojo a su familia, le dolía hacerlos pasar por todo esto.

    —Lo que hice —dijo Alexa, con voz temblorosa pero firme—, lo hice para protegerme a mí misma y a aquellos que amo. Ian, el hombre con el que estaba destinada a unirme, no era el ser honorable que todos creíamos. Descubrí sus atrocidades y su deseo de usarme como una herramienta para obtener más poder. En un acto desesperado, sellé mi magia y mis dones para evitar que él pudiera usarlos para el mal. Me envolvió en sus trucos y engaños, enamorándome usando el vinculo de nuestra madre como herramienta para que me entregara a el uniendo nuestras almas.

    Levantó su brazo, mostrando la marca en su muñeca donde antes se encontraba el brazalete que sellaba sus dones.

    —Rompí aquel sello y volví tras el ataque de los corrompidos para curar a mis padres sin miedo a enfrentar las consecuencias de mis decisiones.

    Un murmullo más fuerte recorrió la sala cuando Cesare Moonlight, uno de los sabios, se levantó de su asiento. Con su porte imponente y su rostro severo, se acercó al centro de la sala, pidiendo la palabra.

    —Gran Sabio, solicito hablar —dijo Cesare con voz autoritaria.

    Luthien asintió, permitiéndole continuar. Cesare se volvió hacia Alexa, sus ojos verde grisáceos destellando con una mezcla de ira y desdén.

    —Alexa, tus acusaciones contra mi hijo son graves y carecen de fundamento. Ian es un legítimo hijo de la luna, bendecido por la diosa Selene. ¿Cómo te atreves a implicar que él sería capaz de tales atrocidades?

    Alexa lo miró directamente, sin amedrentarse. Sabia que seria momento de sacar a la luz su única carta, la que había mantenido oculta durante años, aunque su corazón dio una ligera punzada al pensar que iba a traicionar de alguna manera la confianza que el Ian que juraba amarla le había dado hace algunos años, alejo aquel pensamiento de su mente y hablo con decisión.

    —Hablamos del mismo Ian... ¿Verdad?... El que es tu hijo bastardo producto de uno de tus muchos amoríos extramaritales...

    Una exclamación colectiva lleno la sala, aquello era un secreto a voces, sin embargo nadie había podido confirmar que fuera cierto aunque era mas que sabido lo libertino que era el patriarca de la familia Moonlight. Alexa continuo hablando.

    —Ian es hijo de la luna, sí, pero también es mestizo de oscuridad. Nació una noche sin luna en el cielo, y esa ausencia de luz ha marcado su corazón. Su madre, una hechicera oscura, dejó su esencia en él. Él es víctima de una maldición por no haber nacido bajo la luz de la luna.

    Cesare apretó los puños, sus ojos brillando de furia.

    —¡Mentiras! —rugió—. Ian ha sido criado como un Moonlight, un hijo legítimo y digno de su linaje. Es un heredero bendecido, y tus palabras solo buscan deshonrar a nuestra familia.

    —La verdad no deshonra, Cesare —replicó Alexa con firmeza—. La verdad libera. Ian utilizó sus dones para el mal, aun cundo es producto de aquella locura oscura que he podido presenciar con mis propios ojos cuando la luna se ausenta en el cielo.

    Su voz se quebró al recordar las múltiples veces que vio con sus propios ojos como la oscuridad se apoderaba de aquel hombre y se trasformaba en un monstro sin escrúpulos dotado de los dones de la luna, una mezcla muy peligrosa.

    —El manipuló y traicionó. La maldición que lleva en su sangre no es culpa suya, pero las decisiones que tomó, sí lo son.

    Luthien levantó una mano para calmar la situación.

    —Basta —ordenó con voz firme—. La verdad será revelada bajo la luz de la luna menguante. Alexandra Selene, ¿Estás dispuesta a someterte a la prueba de la luna menguante para demostrar la veracidad de tus palabras?

    Alexa asintió sin dudar.

    —Sí, Gran Sabio. Estoy lista para enfrentar la verdad y las consecuencias que ella traiga.

    Luthien la observó con una expresión inescrutable. Vio como la luz ilumino a la joven mujer dejando ver el azul brillante de sus ojos y las runas iluminar el cuerpo femenino para después iluminarse las del salón dejando ver la luz azul brillante, Alexa sabia que decía la verdad, pues jamás mintió sobre amar a Ian o sobre no haber estado junto pues en mas de una ocasión callo en la tentación de estar entre los brazos de aquel hombre que la hacia arden solo con mirarla, después de un momento de silencio, habló de nuevo.

    —Tus palabras son sinceras, Alexandra. Ahora que sabemos del poder y la maldad de Ian, y comprendemos las razones detrás de tu huida. Sin embargo, el consejo debe decidir si tu sacrificio y tus acciones pueden ser perdonados.

    Se giró hacia los otros sabios, que empezaron a murmurar entre ellos. La tensión en la sala era palpable. La luna menguante, símbolo de la diosa Selene, funcionaba como un detector de mentiras, asegurando que la verdad prevaleciera en este juicio. Después de lo que pareció una eternidad, Luthien levantó una mano para silenciar el murmullo.

    —Hemos deliberado —anunció—. Alexandra Selene, en reconocimiento a tu sacrificio y al peligro que enfrentaste, el consejo ha decidido que tu castigo será exorcizar y capturar a todos los espíritus corrompidos por Ian. Además, deberás restaurar la confianza de nuestra comunidad y cumplir con tus responsabilidades como dama de noble cuna e hija de la luna. Solo entonces podrás ser perdonada y liberada de tu unión a Ian.

    Alexa asintió, sintiendo una mezcla de alivio y determinación. Sabía que la tarea que le esperaba sería ardua, pero estaba lista para enfrentarla. No solo por su libertad, sino también por la justicia y la protección de su comunidad.

    —Acepto mi castigo, Gran Sabio —dijo con firmeza—. Haré todo lo posible para corregir mis errores y proteger a nuestro pueblo.

    Con esas palabras, Alexa dio un paso adelante, lista para enfrentar los desafíos que le aguardaban y para redimir su nombre y su linaje. La sala de los sabios observó en silencio mientras la hija de la luna, la noble heredera de los Selene, se preparaba para una nueva batalla, una que definiría su destino y el de toda su comunidad.
    Ya la noche comenzaba a caer y con ella la luna menguante se podía ver en el cielo. Alexa caminaba escoltada por los guardias, como si de un criminal se tratara. Los cargos en su contra eran amplios, siendo el más grave la traición, basado en el hecho de que había abandonado a su pueblo y costumbres para vivir una vida fuera de las creencias y normas del reino Fae. Sin embargo, nada era más lejano a la realidad. El juzgado estaba lleno de rostros conocidos; sus padres, su hermano y algunos amigos se encontraban entre los asistentes. Se molestó al ver a Daniel, pues le había pedido que no fuera. Le apenaba que su pequeño hermano escuchara las cosas que había tenido que hacer para sobrevivir. Miró el tragaluz que estaba justo arriba de donde ella sería juzgada. La luna entraría por el cristal iluminándola como parte de las pruebas de inocencia que se le harían. Como colmo de su mala suerte, Cesare Moonlight sería parte del juicio, quien estaba segura haría todo por volverla a comprometer a su hijo o deslindarlo de toda la responsabilidad del desastre con los corrompidos. Alexa se encontraba en la vasta sala del consejo de los sabios del reino Fae. Los muros estaban adornados con símbolos antiguos y runas sagradas, y la luz de la luna menguante se filtraba por las ventanas altas, iluminando el rostro de la joven mujer. Su cabello platinado caía en cascada sobre sus hombros, y sus ojos azules reflejaban una mezcla de determinación, miedo y enojo. Vestía aquel vestido que había sido elegido por la mañana por su nana y otras mujeres, simbolizando tanto su pureza como su aceptación del juicio que estaba a punto de enfrentar. Los sabios, todos descendientes de los dioses, se sentaban en un semicírculo frente a ella. Sus rostros eran serios y sus miradas penetrantes, algunos mirándola con desprecio, otros con lastima. En el centro, el Gran Sabio Luthien, un hombre de edad avanzada con una larga barba plateada, levantó una mano para silenciar el murmullo de la audiencia. A su lado, Cesare Moonlight, patriarca de una de las familias más poderosas del reino Fae y padre de Ian, observaba con una expresión severa. — Alexandra Selene —comenzó Luthien con una voz profunda y resonante—, te encuentras aquí para enfrentar el juicio de los sabios por tus acciones pasadas y por abandonar tus deberes como hija de la luna y guardiana del conocimiento. Alexa se mantuvo firme, aunque su corazón latía con fuerza en su pecho. Sabía que este momento llegaría, y había pasado años preparándose mentalmente para ello. —Acepto mi juicio, Gran Sabio —respondió con voz clara—. Estoy aquí para enfrentar mis responsabilidades y para rectificar mis errores, si es que el consejo así lo considera. Luthien asintió solemnemente y continuó. —Alexandra Selene, se te acusa de los siguientes crímenes: primero, traición a tu comunidad y a tus juramentos; segundo, ser cómplice de Ian en el desequilibrio de los espíritus; tercero, romper tu juramento de castidad; cuarto, vivir fuera de las normas establecidas por nuestra sociedad; quinto incumplir la orden de este mismo consejo de contraer nupcias con Ian Moonlight y finalmente, bloquear tu magia, lo cual se toma como una grave ofensa a tu madre la diosa Selene. Sabia que la lista era corta pues no se menciono las vidas que había arrebatado en sus intentos por huir de los cazadores que la persiguieron durante años. Los murmullos crecieron entre la audiencia. Alexa sintió las miradas de los aldeanos sobre ella algunos llenos de reproche, otros de curiosidad y unos pocos de compasión. Sabía que muchos no comprendían la magnitud de su sacrificio. Pues no conocían la verdad del porque lo había hecho. Miro de reojo a su familia, le dolía hacerlos pasar por todo esto. —Lo que hice —dijo Alexa, con voz temblorosa pero firme—, lo hice para protegerme a mí misma y a aquellos que amo. Ian, el hombre con el que estaba destinada a unirme, no era el ser honorable que todos creíamos. Descubrí sus atrocidades y su deseo de usarme como una herramienta para obtener más poder. En un acto desesperado, sellé mi magia y mis dones para evitar que él pudiera usarlos para el mal. Me envolvió en sus trucos y engaños, enamorándome usando el vinculo de nuestra madre como herramienta para que me entregara a el uniendo nuestras almas. Levantó su brazo, mostrando la marca en su muñeca donde antes se encontraba el brazalete que sellaba sus dones. —Rompí aquel sello y volví tras el ataque de los corrompidos para curar a mis padres sin miedo a enfrentar las consecuencias de mis decisiones. Un murmullo más fuerte recorrió la sala cuando Cesare Moonlight, uno de los sabios, se levantó de su asiento. Con su porte imponente y su rostro severo, se acercó al centro de la sala, pidiendo la palabra. —Gran Sabio, solicito hablar —dijo Cesare con voz autoritaria. Luthien asintió, permitiéndole continuar. Cesare se volvió hacia Alexa, sus ojos verde grisáceos destellando con una mezcla de ira y desdén. —Alexa, tus acusaciones contra mi hijo son graves y carecen de fundamento. Ian es un legítimo hijo de la luna, bendecido por la diosa Selene. ¿Cómo te atreves a implicar que él sería capaz de tales atrocidades? Alexa lo miró directamente, sin amedrentarse. Sabia que seria momento de sacar a la luz su única carta, la que había mantenido oculta durante años, aunque su corazón dio una ligera punzada al pensar que iba a traicionar de alguna manera la confianza que el Ian que juraba amarla le había dado hace algunos años, alejo aquel pensamiento de su mente y hablo con decisión. —Hablamos del mismo Ian... ¿Verdad?... El que es tu hijo bastardo producto de uno de tus muchos amoríos extramaritales... Una exclamación colectiva lleno la sala, aquello era un secreto a voces, sin embargo nadie había podido confirmar que fuera cierto aunque era mas que sabido lo libertino que era el patriarca de la familia Moonlight. Alexa continuo hablando. —Ian es hijo de la luna, sí, pero también es mestizo de oscuridad. Nació una noche sin luna en el cielo, y esa ausencia de luz ha marcado su corazón. Su madre, una hechicera oscura, dejó su esencia en él. Él es víctima de una maldición por no haber nacido bajo la luz de la luna. Cesare apretó los puños, sus ojos brillando de furia. —¡Mentiras! —rugió—. Ian ha sido criado como un Moonlight, un hijo legítimo y digno de su linaje. Es un heredero bendecido, y tus palabras solo buscan deshonrar a nuestra familia. —La verdad no deshonra, Cesare —replicó Alexa con firmeza—. La verdad libera. Ian utilizó sus dones para el mal, aun cundo es producto de aquella locura oscura que he podido presenciar con mis propios ojos cuando la luna se ausenta en el cielo. Su voz se quebró al recordar las múltiples veces que vio con sus propios ojos como la oscuridad se apoderaba de aquel hombre y se trasformaba en un monstro sin escrúpulos dotado de los dones de la luna, una mezcla muy peligrosa. —El manipuló y traicionó. La maldición que lleva en su sangre no es culpa suya, pero las decisiones que tomó, sí lo son. Luthien levantó una mano para calmar la situación. —Basta —ordenó con voz firme—. La verdad será revelada bajo la luz de la luna menguante. Alexandra Selene, ¿Estás dispuesta a someterte a la prueba de la luna menguante para demostrar la veracidad de tus palabras? Alexa asintió sin dudar. —Sí, Gran Sabio. Estoy lista para enfrentar la verdad y las consecuencias que ella traiga. Luthien la observó con una expresión inescrutable. Vio como la luz ilumino a la joven mujer dejando ver el azul brillante de sus ojos y las runas iluminar el cuerpo femenino para después iluminarse las del salón dejando ver la luz azul brillante, Alexa sabia que decía la verdad, pues jamás mintió sobre amar a Ian o sobre no haber estado junto pues en mas de una ocasión callo en la tentación de estar entre los brazos de aquel hombre que la hacia arden solo con mirarla, después de un momento de silencio, habló de nuevo. —Tus palabras son sinceras, Alexandra. Ahora que sabemos del poder y la maldad de Ian, y comprendemos las razones detrás de tu huida. Sin embargo, el consejo debe decidir si tu sacrificio y tus acciones pueden ser perdonados. Se giró hacia los otros sabios, que empezaron a murmurar entre ellos. La tensión en la sala era palpable. La luna menguante, símbolo de la diosa Selene, funcionaba como un detector de mentiras, asegurando que la verdad prevaleciera en este juicio. Después de lo que pareció una eternidad, Luthien levantó una mano para silenciar el murmullo. —Hemos deliberado —anunció—. Alexandra Selene, en reconocimiento a tu sacrificio y al peligro que enfrentaste, el consejo ha decidido que tu castigo será exorcizar y capturar a todos los espíritus corrompidos por Ian. Además, deberás restaurar la confianza de nuestra comunidad y cumplir con tus responsabilidades como dama de noble cuna e hija de la luna. Solo entonces podrás ser perdonada y liberada de tu unión a Ian. Alexa asintió, sintiendo una mezcla de alivio y determinación. Sabía que la tarea que le esperaba sería ardua, pero estaba lista para enfrentarla. No solo por su libertad, sino también por la justicia y la protección de su comunidad. —Acepto mi castigo, Gran Sabio —dijo con firmeza—. Haré todo lo posible para corregir mis errores y proteger a nuestro pueblo. Con esas palabras, Alexa dio un paso adelante, lista para enfrentar los desafíos que le aguardaban y para redimir su nombre y su linaje. La sala de los sabios observó en silencio mientras la hija de la luna, la noble heredera de los Selene, se preparaba para una nueva batalla, una que definiría su destino y el de toda su comunidad.
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