• Si no existe el destino, ¿qué motiva a la vida? Si el destino puede cambiarse, ¿qué sentido tiene el orden?

    -Fueron aquellas preguntas las más concurrentes en los debates con sus discípulos. Una reflexión constante en aquellos que luchan por entender los motivos de su existencia y de aquellos cuya fe flaquea. No obstante, existió un discípulo que intentó indagar más en ello. Claramente, Dragoir no dudó en ofrecerle otro punto de vista de la vida que tal vez aclarase aquellas dudas que aquejaban el alma de su aprendiz. Ambos se encontraban en el suelo de una iglesia abandonada, meditando sobre cojines distintos, cuando Dragoir procedió a contestar su pregunta.-

    "Cierto es que podrían ajustarse nuestros pensamientos y lo que nos rodea a seres más allá de nuestra comprensión. De igual forma, podríamos argumentar que todo ello se trata de fuerzas de las que nunca podemos huir. Sin embargo, ¿y si la respuesta estuviera más cerca de lo que solemos pensar?"

    -Su discípulo claramente observaba a su maestro extrañado. Era la primera vez que escuchaba algo como eso. Algo tan... hereje. ¿Tantos años que su maestro dedicó a la fe y responde con esto?-

    ???: "Maestro. ¿A qué se refiere con eso?"

    -Fue entonces que Dragoir se levantó de aquel cojín. Con sus manos en su espalda, unidas una a la otra, caminó unos pasos por el lugar mientras recitaba unos versos que, por la forma en que se escuchaban, debía ser alguna filosofía del país asiático-

    "En el reino de tres, en la orilla de cuatro, sin deseo, la redención ya no existe."

    "Ya ha llegado el atardecer, que supera en peso a la luz del día y al Dao."

    "Te aferras al sentido y a la pasión en esta tierra inmunda."

    "Tienes miedo de cómo se siembra el karma."

    "Ya no hay ataduras"

    -Un silencio hizo eco entre aquel lugar, mientras Dragoir simplemente se detuvo frente a las puertas abiertas de par en par de aquel templo cristiano abandonado. Su discípulo trataba de entender aquellas palabras con la experiencia obtenida de las lecciones de su maestro. Lo que parecieron minutos de silencio, fueron simples segundos que fueron terminados una vez su discípulo, quien se rindió en su intento de comprender aquellas expresiones, habló.-

    ???: "Eso... ¿qué significa maestro?"

    -Fue entonces cuando el sacerdote sonrió y emitió una leve risa entre dientes. Era de esperarse que su discípulo no conociese tal filosofía, si de por sí era muy rechazada incluso en aquellas tierras.-

    "Es simple. Es una reflexión hacia nuestra propia voluntad. El primer verso, respecto a los tres reinos, se refiere al Cielo, a la Tierra y al Inframundo. Las 4 orillas son los 4 continentes. Claro, tomando en cuenta el tiempo en que se escribió dicho poema, se pensaba que el planeta solo tenía 4 masas de tierra gigantes.”

    “La explicación es, que en todo el mundo mortal no habita el afán, por lo tanto, no hay redención.”

    “El segundo verso explica que la larga noche ha caído, y ahora, lo que era bueno y lo que era malo están invertidos.”

    “El tercer verso hace alusión a que, el deseo del ser mortal, su amor, pasión, codicia, odio y afán, ahora se entrelazan.”

    “El cuarto verso es claro, el karma, las consecuencias de lo que ha venido, no podemos olvidarlo, debido a que son los rastros de nuestras acciones en nuestra vida.”

    “Y el último verso concluye afirmando que el deseo humano, es pues, el camino al cielo."

    "Los dioses que no existieron antes de que la misma existencia fuese siquiera concebida, surgieron debido a sus ambiciones. Incluso, aquellos que no creen en la existencia de tales seres, opinan que solo son las explicaciones del ser humano ante lo que no podían explicar tanto a su alrededor, como de aquello que surge del interior de cada uno de ellos. Muchos de esos dioses representan determinación, amor, tristeza, lujuria, ira, venganza, en fin, una gran parte de nuestras emociones."

    -Una suave brisa ingresó por aquellas puertas, sacudiendo levemente la brisa del sacerdote, mientras su vista se mantenía fija en algo que el discípulo no podía ver, o tal vez su maestro estaba soñando despierto.-

    "Si es así que muchos de esos dioses se convirtieron en lo que son hoy en día... ¿Qué fue lo que los impulsó? ¿El destino? No, para nada, fueron dichas emociones. El deseo de obtener, la ambición de alcanzar lo que sus almas o su carne anhelan. Si es así, los mortales realizan la misma dinámica, llegando a obtener lo que desean por medio de su voluntad. Sean estas buenas o malas, es el combustible que hace que sus vidas continúen."

    "Por tal razón, el apagar la voluntad de un mortal, lo destruye por completo. El brillo de sus ojos se pierde y deja de ver la vida como un regalo."

    -El discípulo entonces observó a su maestro extrañado. De cierta forma, lo que acababa de decir era contradictorio.-

    ???: "Pero... ¿Desear dejar de existir no es la voluntad de una persona?"

    "Pudiese ser, en el sentido simple de esta reflexión. Pero, ¿realmente es su voluntad, o la que le fue impuesta al destruir la que ya tenía?"

    -El discípulo abrió sus ojos con sorpresa como si hubiera obtenido una revelación. Dragoir no dejó de sonreír antes de continuar aquella reflexión. Observando ahora aquel paisaje que adornaba aquel edificio del cual incluso la naturaleza se apoderó con el pasar del tiempo.-

    "Pero siempre recuerda lo siguiente. Los dioses una vez obtuvieron lo que deseaban, dejaron de cumplir sus roles. Perdieron sus cabezas, su norte. Abandonaron a los mortales a su suerte y evitan, sin embargo, que los mortales asciendan. Fueron muy pocos los que continuaron sus funciones, encontrando nuevas formas de voluntad o la continuación de las ya tomadas. Por ello, aunque todo tipo de deseo puede impulsarte a continuar viviendo, no todos mantienen dicha llama encendida y puede llegar a ser una piedra de tropiezos para otros. Elije bien tu motivación para continuar adelante."

    -Una vez más el discípulo se encontraba sorprendido por aquellas palabras. Su maestro al parecer comprendía el ámbito de la divinidad, más de lo que cualquier persona, incluso con años de experiencia en dicho camino, pudiese conocer. Esto lo impulsó a realizar una última pregunta.-

    ???: "Maestro...lo que dice... ¿Acaso se refiere a que los dioses no sirven para nada?"

    -El hombre apretó levemente sus manos ante aquella pregunta. Era casi como si de alguna forma estuviera frustrado por algo relacionado a dicha interrogante, como si años de decepción recorrieran su mente. Sin embargo, su agarre se suavizó con el pasar de los segundos y luego de suspirar levemente, asintió.-

    "Esa es la segunda parte de esta reflexión. Desear ser inmortal, obtener todo lo que pueda el mundo ofrecer y mucho más, es una ruta meramente egoísta en muchos de los aspectos.”

    “¿Por qué razón la mayoría de dioses anhelan mantener su círculo de divinidad solo para ellos? ¿Orden? ¿Control? ¿Balance? Para nada, y ello se demuestra en sus acciones.”

    “Existen varios héroes mortales que han enfrentado a los dioses por las injusticias que han realizado o su falta de acción. Y en cuanto comienzan a olvidarlos o a perderles respeto, toman represalia, aunque nunca hubiese existido algún acto que justificase dicha acción."

    "Este poema es una crítica del hipócrita sistema de castas de las deidades, donde la "inmortalidad" es una farsa reservada para los poderosos, burlándose de aquellos que intentan ascender a través de buenas acciones, mientras que las masas siguen siendo meras almas para el consumo. Esta obra pues, destaca un espíritu humano profundo y rebelde contra las reglas cósmicas opresivas. Es por tal razón que debes reflexionar de cuál será la voluntad que impulsará tu vida.”

    “Si los mortales pueden realizar las acciones de los dioses y ascender, de igual forma un mortal, a pesar de haber alcanzado la inmortalidad, puede terminar como aquellos dioses que corrompen el verdadero significado de la divinidad."
    Si no existe el destino, ¿qué motiva a la vida? Si el destino puede cambiarse, ¿qué sentido tiene el orden? -Fueron aquellas preguntas las más concurrentes en los debates con sus discípulos. Una reflexión constante en aquellos que luchan por entender los motivos de su existencia y de aquellos cuya fe flaquea. No obstante, existió un discípulo que intentó indagar más en ello. Claramente, Dragoir no dudó en ofrecerle otro punto de vista de la vida que tal vez aclarase aquellas dudas que aquejaban el alma de su aprendiz. Ambos se encontraban en el suelo de una iglesia abandonada, meditando sobre cojines distintos, cuando Dragoir procedió a contestar su pregunta.- "Cierto es que podrían ajustarse nuestros pensamientos y lo que nos rodea a seres más allá de nuestra comprensión. De igual forma, podríamos argumentar que todo ello se trata de fuerzas de las que nunca podemos huir. Sin embargo, ¿y si la respuesta estuviera más cerca de lo que solemos pensar?" -Su discípulo claramente observaba a su maestro extrañado. Era la primera vez que escuchaba algo como eso. Algo tan... hereje. ¿Tantos años que su maestro dedicó a la fe y responde con esto?- ???: "Maestro. ¿A qué se refiere con eso?" -Fue entonces que Dragoir se levantó de aquel cojín. Con sus manos en su espalda, unidas una a la otra, caminó unos pasos por el lugar mientras recitaba unos versos que, por la forma en que se escuchaban, debía ser alguna filosofía del país asiático- "En el reino de tres, en la orilla de cuatro, sin deseo, la redención ya no existe." "Ya ha llegado el atardecer, que supera en peso a la luz del día y al Dao." "Te aferras al sentido y a la pasión en esta tierra inmunda." "Tienes miedo de cómo se siembra el karma." "Ya no hay ataduras" -Un silencio hizo eco entre aquel lugar, mientras Dragoir simplemente se detuvo frente a las puertas abiertas de par en par de aquel templo cristiano abandonado. Su discípulo trataba de entender aquellas palabras con la experiencia obtenida de las lecciones de su maestro. Lo que parecieron minutos de silencio, fueron simples segundos que fueron terminados una vez su discípulo, quien se rindió en su intento de comprender aquellas expresiones, habló.- ???: "Eso... ¿qué significa maestro?" -Fue entonces cuando el sacerdote sonrió y emitió una leve risa entre dientes. Era de esperarse que su discípulo no conociese tal filosofía, si de por sí era muy rechazada incluso en aquellas tierras.- "Es simple. Es una reflexión hacia nuestra propia voluntad. El primer verso, respecto a los tres reinos, se refiere al Cielo, a la Tierra y al Inframundo. Las 4 orillas son los 4 continentes. Claro, tomando en cuenta el tiempo en que se escribió dicho poema, se pensaba que el planeta solo tenía 4 masas de tierra gigantes.” “La explicación es, que en todo el mundo mortal no habita el afán, por lo tanto, no hay redención.” “El segundo verso explica que la larga noche ha caído, y ahora, lo que era bueno y lo que era malo están invertidos.” “El tercer verso hace alusión a que, el deseo del ser mortal, su amor, pasión, codicia, odio y afán, ahora se entrelazan.” “El cuarto verso es claro, el karma, las consecuencias de lo que ha venido, no podemos olvidarlo, debido a que son los rastros de nuestras acciones en nuestra vida.” “Y el último verso concluye afirmando que el deseo humano, es pues, el camino al cielo." "Los dioses que no existieron antes de que la misma existencia fuese siquiera concebida, surgieron debido a sus ambiciones. Incluso, aquellos que no creen en la existencia de tales seres, opinan que solo son las explicaciones del ser humano ante lo que no podían explicar tanto a su alrededor, como de aquello que surge del interior de cada uno de ellos. Muchos de esos dioses representan determinación, amor, tristeza, lujuria, ira, venganza, en fin, una gran parte de nuestras emociones." -Una suave brisa ingresó por aquellas puertas, sacudiendo levemente la brisa del sacerdote, mientras su vista se mantenía fija en algo que el discípulo no podía ver, o tal vez su maestro estaba soñando despierto.- "Si es así que muchos de esos dioses se convirtieron en lo que son hoy en día... ¿Qué fue lo que los impulsó? ¿El destino? No, para nada, fueron dichas emociones. El deseo de obtener, la ambición de alcanzar lo que sus almas o su carne anhelan. Si es así, los mortales realizan la misma dinámica, llegando a obtener lo que desean por medio de su voluntad. Sean estas buenas o malas, es el combustible que hace que sus vidas continúen." "Por tal razón, el apagar la voluntad de un mortal, lo destruye por completo. El brillo de sus ojos se pierde y deja de ver la vida como un regalo." -El discípulo entonces observó a su maestro extrañado. De cierta forma, lo que acababa de decir era contradictorio.- ???: "Pero... ¿Desear dejar de existir no es la voluntad de una persona?" "Pudiese ser, en el sentido simple de esta reflexión. Pero, ¿realmente es su voluntad, o la que le fue impuesta al destruir la que ya tenía?" -El discípulo abrió sus ojos con sorpresa como si hubiera obtenido una revelación. Dragoir no dejó de sonreír antes de continuar aquella reflexión. Observando ahora aquel paisaje que adornaba aquel edificio del cual incluso la naturaleza se apoderó con el pasar del tiempo.- "Pero siempre recuerda lo siguiente. Los dioses una vez obtuvieron lo que deseaban, dejaron de cumplir sus roles. Perdieron sus cabezas, su norte. Abandonaron a los mortales a su suerte y evitan, sin embargo, que los mortales asciendan. Fueron muy pocos los que continuaron sus funciones, encontrando nuevas formas de voluntad o la continuación de las ya tomadas. Por ello, aunque todo tipo de deseo puede impulsarte a continuar viviendo, no todos mantienen dicha llama encendida y puede llegar a ser una piedra de tropiezos para otros. Elije bien tu motivación para continuar adelante." -Una vez más el discípulo se encontraba sorprendido por aquellas palabras. Su maestro al parecer comprendía el ámbito de la divinidad, más de lo que cualquier persona, incluso con años de experiencia en dicho camino, pudiese conocer. Esto lo impulsó a realizar una última pregunta.- ???: "Maestro...lo que dice... ¿Acaso se refiere a que los dioses no sirven para nada?" -El hombre apretó levemente sus manos ante aquella pregunta. Era casi como si de alguna forma estuviera frustrado por algo relacionado a dicha interrogante, como si años de decepción recorrieran su mente. Sin embargo, su agarre se suavizó con el pasar de los segundos y luego de suspirar levemente, asintió.- "Esa es la segunda parte de esta reflexión. Desear ser inmortal, obtener todo lo que pueda el mundo ofrecer y mucho más, es una ruta meramente egoísta en muchos de los aspectos.” “¿Por qué razón la mayoría de dioses anhelan mantener su círculo de divinidad solo para ellos? ¿Orden? ¿Control? ¿Balance? Para nada, y ello se demuestra en sus acciones.” “Existen varios héroes mortales que han enfrentado a los dioses por las injusticias que han realizado o su falta de acción. Y en cuanto comienzan a olvidarlos o a perderles respeto, toman represalia, aunque nunca hubiese existido algún acto que justificase dicha acción." "Este poema es una crítica del hipócrita sistema de castas de las deidades, donde la "inmortalidad" es una farsa reservada para los poderosos, burlándose de aquellos que intentan ascender a través de buenas acciones, mientras que las masas siguen siendo meras almas para el consumo. Esta obra pues, destaca un espíritu humano profundo y rebelde contra las reglas cósmicas opresivas. Es por tal razón que debes reflexionar de cuál será la voluntad que impulsará tu vida.” “Si los mortales pueden realizar las acciones de los dioses y ascender, de igual forma un mortal, a pesar de haber alcanzado la inmortalidad, puede terminar como aquellos dioses que corrompen el verdadero significado de la divinidad."
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  • Tarde libre
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    Categoría Contemporáneo
    Tras varias semanas de trabajo y de estar prácticamente fuera de casa lo que más necesitaba ahora mismo, era estar con mi brujita no quería dejar abandonada nuestra relación.

    Además que ella también por su cuenta estaba logrando sus metas, era una gran psicóloga y eso me hacía estar tan orgulloso de ella, cuando aparque el coche en el garaje solté un suspiro viendo que el suyo estaba ahí. Así que sin más dudas salí y me fui en su búsqueda, en la cocina no estaba, ni en la zona de lectura, así que me fui a la habitación donde hacía sus cosas de bruja y tocó.

    - ¿ Estás ahí brujita ? -

    Pregunto sin entrar, ya que pese todo esa habitación me causaba respecto total..

    Elisabeth Turner
    Tras varias semanas de trabajo y de estar prácticamente fuera de casa lo que más necesitaba ahora mismo, era estar con mi brujita no quería dejar abandonada nuestra relación. Además que ella también por su cuenta estaba logrando sus metas, era una gran psicóloga y eso me hacía estar tan orgulloso de ella, cuando aparque el coche en el garaje solté un suspiro viendo que el suyo estaba ahí. Así que sin más dudas salí y me fui en su búsqueda, en la cocina no estaba, ni en la zona de lectura, así que me fui a la habitación donde hacía sus cosas de bruja y tocó. - ¿ Estás ahí brujita ? - Pregunto sin entrar, ya que pese todo esa habitación me causaba respecto total.. [Turney_thcx]
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  • La pirotecnia comprada por puro capricho, yacía abandonada en el sótano. Olvidada, como tantas cosas en aquella mansión. Sus niveles de energía solían oscilar entre tormenta eléctrica con ganas de pelear... y esto. El bajón. Un descenso energético y emocional tan profundo que se sentía como un agujero negro en el pecho.

    Recostada en su cama, escuchaba como, más allá de los muros y las ventanas sucias, estallaba la pirotecnia de los demás. Fuegos artificiales de una normalidad que no le pertenecía. Celebraciones que giraban entorno a la familia, al hogar, al encuentro...

    Hogar, claro. Pero, ¿qué hogar?, cuando todo lo que tenía era una mansión decadente, dónde el único sonido era el goteo obstinado de una gotera que nunca se molestó en reparar. Y, además, ¡¿qué diferencia guardaba este día de cualquier otro miércoles o jueves de invierno?! En teoría, ninguna.

    Pero por alguna razón, hoy, el vacío tenía un filo distinto. Más personal. Más punzante.

    Afuera, estallaban las risas y la música. Aquí, dentro, solo el goteo de la gotera.

    Quizás, debería abrir una brecha hacia un plano donde estas fechas no existan. O, más fiel a su naturaleza, conceder un deseo estúpido al primero que pasara, solo para ver qué tragedia le regala el Caos a cambio.

    Pero, claro, incluso para eso hace falta una chispa de energía que hoy... no tenía.

    —Que absurda obsesión con cambiar números en un calendario —se quejó hacia la penumbra, cubriendose con la manta— ...Tsk, como si el universo se reiniciara con el último segundo...

    Al final, el año no nacía ni moría. Solo se acumulaba, capa sobre capa, como el polvo sobre sus muebles, como el cansancio sobre sus huesos...

    Entonces,
    ¿Por qué tanto drama... si al final nada cambia?
    ¿Por qué, entonces, ese vacío que se siente tan ajeno... y tan propio?
    La pirotecnia comprada por puro capricho, yacía abandonada en el sótano. Olvidada, como tantas cosas en aquella mansión. Sus niveles de energía solían oscilar entre tormenta eléctrica con ganas de pelear... y esto. El bajón. Un descenso energético y emocional tan profundo que se sentía como un agujero negro en el pecho. Recostada en su cama, escuchaba como, más allá de los muros y las ventanas sucias, estallaba la pirotecnia de los demás. Fuegos artificiales de una normalidad que no le pertenecía. Celebraciones que giraban entorno a la familia, al hogar, al encuentro... Hogar, claro. Pero, ¿qué hogar?, cuando todo lo que tenía era una mansión decadente, dónde el único sonido era el goteo obstinado de una gotera que nunca se molestó en reparar. Y, además, ¡¿qué diferencia guardaba este día de cualquier otro miércoles o jueves de invierno?! En teoría, ninguna. Pero por alguna razón, hoy, el vacío tenía un filo distinto. Más personal. Más punzante. Afuera, estallaban las risas y la música. Aquí, dentro, solo el goteo de la gotera. Quizás, debería abrir una brecha hacia un plano donde estas fechas no existan. O, más fiel a su naturaleza, conceder un deseo estúpido al primero que pasara, solo para ver qué tragedia le regala el Caos a cambio. Pero, claro, incluso para eso hace falta una chispa de energía que hoy... no tenía. —Que absurda obsesión con cambiar números en un calendario —se quejó hacia la penumbra, cubriendose con la manta— ...Tsk, como si el universo se reiniciara con el último segundo... Al final, el año no nacía ni moría. Solo se acumulaba, capa sobre capa, como el polvo sobre sus muebles, como el cansancio sobre sus huesos... Entonces, ¿Por qué tanto drama... si al final nada cambia? ¿Por qué, entonces, ese vacío que se siente tan ajeno... y tan propio?
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    ‎["Vallis Sanctorum" pueblo fronterizo de Aviñón - 6:03 p.m.]



    — El equipo de dieciocho cazadores se movía cautelosamente por las calles empedradas de aquel pueblo. El ambiente era tenso, pues ya se empazaba a hacer tarde y tampoco teníamos a nuestro "protector" acompañándonos. El sujeto que estaba dos hombres por delante de mí lideraba un flanco; se veía confiado en su entrenamiento, todos lo estábamos... Una vez que nos acercamos a la ubicación designada en el reporte, allí fue cuando todo se empezó a tornar complicado. Fuimos recibidos por un profundo olor a azufre y carne quemada, pero no flaqueamos; nos recordamos que teníamos la orden de "limpiar y asegurar", y eso íbamos a hacer. El caballero que nos había acompañado, Caspian, se había separado del grupo principal (24 cazadores en total) llevándoce a cinco con el (Dejando a los 18 actuales) apenas entramos al pueblo; no dijo su razón para hacerlo, pero sí que nos encomendó a los demás que nos encargáramos de la misión... Al parecer no iba a reagruparse con nosotros pronto, por lo que nos preparamos lo mejor que podíamos. Aunque, supongo que tampoco estábamos tan preocupados; después de todo, se supone que Aviñón no es un lugar tan grande como para perderse, pero lo que no entendíamos era que sus callejones son traicioneros...



    ‎  Con poca delicadeza entramos a la casa. Todo estaba despejado, pero uno de mis compañeros descubrió que había un pasadizo bajo una de las camas; aquello parecía dar al sótano de la casa donde seguramente el nigromante operaba. Todos nos detuvimos a evaluar la situación, pero no había suficiente tiempo como para hacer advertencias, así que fuimos allí. Después de unos minutos caminando entre la oscuridad, únicamente iluminados por las linternas en nuestros chalecos, lo encontramos. Dimos con el nigromante y su laboratorio: era un hombre caucásico, flaco, y su actitud era la de un completo fanático. Gritaba palabras en lo que me pareció un dialecto olvidado. Uno de mis compañeros le gritaba que se detuviera, pero no lo hizo; y justo en el momento en que abrimos fuego, el círculo a sus pies estalló en llamas azules. La onda expansiva nos lanzó a todos por los alrededores; yo choqué contra una pared. El que estaba más cerca del bastardo salió disparado contra el techo y, por increíble que parezca, aquel impacto hizo que este colapsara... Para cuando el polvo se disipaba, noté que dos de mis compañeros habían sido empalados por vigas de madera. Los demás estábamos aún aturdidos, pero aun así levantamos nuestras armas y evaluamos el lugar. Pasaron ocho minutos sin señal de vida del nigromante; había muchos montones de escombros en los cuales buscar, pero todo parecía indicar que el infeliz había muerto... Y en parte lo hizo, pero no del todo. De una de las pilas de escombros salió, pero no un hombre. Salió algo que desafiaba cualquier anatomía sagrada. Los cuerpos sin vida que estuvieron colgando en el techo del laboratorio antes de colapsar, ahora se empezaban a ser arrastrados hacia el centro, como si se tratara de un metal siendo atraido por un gran imán y así fue, hasta que estos acabaron fusionándose con el cuerpo del nigromante.



    ‎  Esa cosa... esa "Abominación" empezó a rugir con diez gargantas diferentes al mismo tiempo. El nigromante se había convertido en una masa amorfa de unos tres metros de altura. No tenía una piel definida; era una combinación de cadáveres fusionados por una energía necrótica inestable, con rostros deformados pero humanos sobresaliendo de su espalda y torso, gritando en un silencio eterno. Usando sus "piernas" pateó unos escombros que alcanzaron la velocidad de un misil; por suerte no apuntaba a ninguno de los nuestros, pero aquello nos demostró que no solo era más fuerte que antes. En cuanto comenzó a moverse, desprendía un gas denso y fétido que no solo nos ralentizaba; eso parecía incluso oxidar el metal de nuestras armas. Ante una amenaza así, todos abrimos fuego al unísono, pero parecía que las balas solo se perdían en su masa sin llegar a tocar los órganos vitales, suponiendo que tuviera alguno... Todos éramos conscientes de nuestro final si peleábamos contra esa cosa en un lugar tan cerrado. Como pudimos, escapamos de la casa, pero afuera no era muy diferente: salimos de la jaula para caer en la ratonera. Esa criatura no era lenta; se desplazaba como una marea de carne que se arrastra por las paredes de los callejones. El líder del flanco nos dio la orden de dividirnos en dos grupos: A y B. El A estaba conformado por los más heridos y el B por aquellos con heridas menores. Se supone que los del grupo B nos encargábamos de retrasar a la bestia mientras dejábamos que el grupo A tomara distancia para que luego nos cubrieran mientras nos movilizabamos. Durante un tiempo corto todo parecía funcionar bien: la bestia comenzaba a volverse más lenta y cada vez sus capas de carne se reducían a un montón de agujeros de carne. Pero mientras el grupo B intentaba sellar un callejón para ganar tiempo, una de las manos desproporcionadas de la abominación —formada por tres brazos humanos trenzados— aplastó a uno de los nuestros. Aquel sujeto no tuvo tiempo de gritar; la masa de carne lo envolvió y lo succionó hacia el interior de su cuerpo.



    ‎  Yo vi cómo el rostro de mi compañero intentaba emerger de la espalda del monstruo, integrándose a la masa necrótica, volviéndose parte del motor que movía a la criatura. Pero eso no nos detuvo. El plan seguía siendo el mismo, pero mientras más hombres perdíamos, peor era la situación. Había dos gemelos en mi equipo que servían como escudo; ellos estaban en la retaguardia. Nos dieron más tiempo que nadie, pero para cuando llegamos a la plaza del pueblo, solo pudimos ver cómo el gas fétido de la Abominación rodeaba todo a su alrededor. No pudimos ver a los gemelos, pero escuchar el grito desgarrador desde donde estaban dejaba en claro qué les ocurrió. Sus pulmones empezaron a arder; tirados en el suelo, sus movimientos se volvieron erráticos hasta que solo se escuchó el crujido de sus armaduras tácticas siendo aplastadas y el sonido de sus armas disparando hasta que solo quedó el silencio y el chapoteo de la carne avanzando. Ahora, en un lugar más abierto como aquella plaza, los que quedábamos no desaprovechamos el sacrificio de los caídos y nos resguardamos. Algunos tenían las bombas incendiarias listas; otros preparaban su mira láser esperando que el monstruo saliera de la jodida niebla que dejaba aquel gas. Para cuando lo hizo, los disparos no se hicieron esperar. El sol ya estaba cayendo, pero la plaza estaba totalmente iluminada por el flash de los proyectiles saliendo de los cañónes junto con una luz naranja que se hacía cada vez más grande. Resultó ser que las bombas incendiarias eran las más efectivas, pero aun así la criatura se rehusaba a morir. En un descuido dejamos que la abominación se acercara demasiado, y yo en un intento por evitar que golpearan por completo a uno de mis compañeros, intenté jalarlo del chaleco, pero al final ese monstruo solo estiró su brazo y así nos golpeó a ambos. Recorrimos una gran distancia; yo terminé atravesando la ventana de una catedral abandonada. Para cuando me pude levantar, podía sentir que el aire de aquella habitación donde caí era extremadamente denso  —pero estaba seguro de que se debía a que mis costillas fracturadas me dificultaban la respiración—  intenté buscar con la vista a mi compañero, pero no parecía haber caído en el mismo lugar que yo



    ‎  Aprovechando aquellos segundos de calma mientras caminaba para salir del lugar, me puse a pensar en todo lo que había salido mal... Nosotros corrimos de esa cosa, y no por valentía, sino por puro instinto de supervivencia. Justo ahora mis hermanos y hermanas estaban afuera, luchando contra esa abominación sin tener la certeza de ganar, pero lo hacían, y yo iba a volver para luchar con ellos. Aunque podía sentir la sangre en mi uniforme y los gritos de los gemelos aún me perforaban los oídos, yo estaba decidido a volver... Hasta que me detuve. Recordé al Gladius Dei que nos había acompañado, Caspian; pensé en aprovechar ese momento e irlo a buscar o contactarlo, pero aquel golpe me había quitado muchas cosas, e incluso si quisiera salir a buscarlo, no sabía ni siquiera por dónde empezar. Esto era frustrante, pero lo que más me molestaba era esa sensación de no poder respirar adecuadamente. Ese malestar que se intensificaba a medida que me acercaba a la puerta para salir de aquella habitación; era como si al otro lado de la catedral hubiera un umbral que me impedía permanecer en el lugar. Seguramente esa sensación de asfixia solo era una de las muchas cosas que transmitía aquel lugar... Y ahora que lo pienso, seguramente la adrenalina y la euforia me mantenían en un estado de relativa insensibilidad; no sabía que mi cuerpo me gritaba que huyera en cuanto tomé el pomo de la puerta y lo giré para encontrarme con lo que había al otro lado. Fue en ese momento cuando me llegó un escalofrío tan fuerte que me hizo temblar como si tuviera fiebre. Inconsientemente busque el hacha que colgaba a mi costado, pues sentía la necesidad vital de sostener un arma con la mano izquierda mientras que con la derecha sostenía mi torso, ya que sentía como si aquel temblor fuera a romper aún más costillas... Justo delante de mí estaba aquella escena que no sabría describir, pero sí que puedo decir algo con claridad: allí se encontraba esa cosa de apariencia femenina, pero yo lo sabía, eso era todo menos una simple y hermosa mujer...
    ‎["Vallis Sanctorum" pueblo fronterizo de Aviñón - 6:03 p.m.] — El equipo de dieciocho cazadores se movía cautelosamente por las calles empedradas de aquel pueblo. El ambiente era tenso, pues ya se empazaba a hacer tarde y tampoco teníamos a nuestro "protector" acompañándonos. El sujeto que estaba dos hombres por delante de mí lideraba un flanco; se veía confiado en su entrenamiento, todos lo estábamos... Una vez que nos acercamos a la ubicación designada en el reporte, allí fue cuando todo se empezó a tornar complicado. Fuimos recibidos por un profundo olor a azufre y carne quemada, pero no flaqueamos; nos recordamos que teníamos la orden de "limpiar y asegurar", y eso íbamos a hacer. El caballero que nos había acompañado, Caspian, se había separado del grupo principal (24 cazadores en total) llevándoce a cinco con el (Dejando a los 18 actuales) apenas entramos al pueblo; no dijo su razón para hacerlo, pero sí que nos encomendó a los demás que nos encargáramos de la misión... Al parecer no iba a reagruparse con nosotros pronto, por lo que nos preparamos lo mejor que podíamos. Aunque, supongo que tampoco estábamos tan preocupados; después de todo, se supone que Aviñón no es un lugar tan grande como para perderse, pero lo que no entendíamos era que sus callejones son traicioneros... ‎ ‎ ‎ ‎  Con poca delicadeza entramos a la casa. Todo estaba despejado, pero uno de mis compañeros descubrió que había un pasadizo bajo una de las camas; aquello parecía dar al sótano de la casa donde seguramente el nigromante operaba. Todos nos detuvimos a evaluar la situación, pero no había suficiente tiempo como para hacer advertencias, así que fuimos allí. Después de unos minutos caminando entre la oscuridad, únicamente iluminados por las linternas en nuestros chalecos, lo encontramos. Dimos con el nigromante y su laboratorio: era un hombre caucásico, flaco, y su actitud era la de un completo fanático. Gritaba palabras en lo que me pareció un dialecto olvidado. Uno de mis compañeros le gritaba que se detuviera, pero no lo hizo; y justo en el momento en que abrimos fuego, el círculo a sus pies estalló en llamas azules. La onda expansiva nos lanzó a todos por los alrededores; yo choqué contra una pared. El que estaba más cerca del bastardo salió disparado contra el techo y, por increíble que parezca, aquel impacto hizo que este colapsara... Para cuando el polvo se disipaba, noté que dos de mis compañeros habían sido empalados por vigas de madera. Los demás estábamos aún aturdidos, pero aun así levantamos nuestras armas y evaluamos el lugar. Pasaron ocho minutos sin señal de vida del nigromante; había muchos montones de escombros en los cuales buscar, pero todo parecía indicar que el infeliz había muerto... Y en parte lo hizo, pero no del todo. De una de las pilas de escombros salió, pero no un hombre. Salió algo que desafiaba cualquier anatomía sagrada. Los cuerpos sin vida que estuvieron colgando en el techo del laboratorio antes de colapsar, ahora se empezaban a ser arrastrados hacia el centro, como si se tratara de un metal siendo atraido por un gran imán y así fue, hasta que estos acabaron fusionándose con el cuerpo del nigromante. ‎ ‎ ‎ ‎  Esa cosa... esa "Abominación" empezó a rugir con diez gargantas diferentes al mismo tiempo. El nigromante se había convertido en una masa amorfa de unos tres metros de altura. No tenía una piel definida; era una combinación de cadáveres fusionados por una energía necrótica inestable, con rostros deformados pero humanos sobresaliendo de su espalda y torso, gritando en un silencio eterno. Usando sus "piernas" pateó unos escombros que alcanzaron la velocidad de un misil; por suerte no apuntaba a ninguno de los nuestros, pero aquello nos demostró que no solo era más fuerte que antes. En cuanto comenzó a moverse, desprendía un gas denso y fétido que no solo nos ralentizaba; eso parecía incluso oxidar el metal de nuestras armas. Ante una amenaza así, todos abrimos fuego al unísono, pero parecía que las balas solo se perdían en su masa sin llegar a tocar los órganos vitales, suponiendo que tuviera alguno... Todos éramos conscientes de nuestro final si peleábamos contra esa cosa en un lugar tan cerrado. Como pudimos, escapamos de la casa, pero afuera no era muy diferente: salimos de la jaula para caer en la ratonera. Esa criatura no era lenta; se desplazaba como una marea de carne que se arrastra por las paredes de los callejones. El líder del flanco nos dio la orden de dividirnos en dos grupos: A y B. El A estaba conformado por los más heridos y el B por aquellos con heridas menores. Se supone que los del grupo B nos encargábamos de retrasar a la bestia mientras dejábamos que el grupo A tomara distancia para que luego nos cubrieran mientras nos movilizabamos. Durante un tiempo corto todo parecía funcionar bien: la bestia comenzaba a volverse más lenta y cada vez sus capas de carne se reducían a un montón de agujeros de carne. Pero mientras el grupo B intentaba sellar un callejón para ganar tiempo, una de las manos desproporcionadas de la abominación —formada por tres brazos humanos trenzados— aplastó a uno de los nuestros. Aquel sujeto no tuvo tiempo de gritar; la masa de carne lo envolvió y lo succionó hacia el interior de su cuerpo. ‎ ‎ ‎ ‎  Yo vi cómo el rostro de mi compañero intentaba emerger de la espalda del monstruo, integrándose a la masa necrótica, volviéndose parte del motor que movía a la criatura. Pero eso no nos detuvo. El plan seguía siendo el mismo, pero mientras más hombres perdíamos, peor era la situación. Había dos gemelos en mi equipo que servían como escudo; ellos estaban en la retaguardia. Nos dieron más tiempo que nadie, pero para cuando llegamos a la plaza del pueblo, solo pudimos ver cómo el gas fétido de la Abominación rodeaba todo a su alrededor. No pudimos ver a los gemelos, pero escuchar el grito desgarrador desde donde estaban dejaba en claro qué les ocurrió. Sus pulmones empezaron a arder; tirados en el suelo, sus movimientos se volvieron erráticos hasta que solo se escuchó el crujido de sus armaduras tácticas siendo aplastadas y el sonido de sus armas disparando hasta que solo quedó el silencio y el chapoteo de la carne avanzando. Ahora, en un lugar más abierto como aquella plaza, los que quedábamos no desaprovechamos el sacrificio de los caídos y nos resguardamos. Algunos tenían las bombas incendiarias listas; otros preparaban su mira láser esperando que el monstruo saliera de la jodida niebla que dejaba aquel gas. Para cuando lo hizo, los disparos no se hicieron esperar. El sol ya estaba cayendo, pero la plaza estaba totalmente iluminada por el flash de los proyectiles saliendo de los cañónes junto con una luz naranja que se hacía cada vez más grande. Resultó ser que las bombas incendiarias eran las más efectivas, pero aun así la criatura se rehusaba a morir. En un descuido dejamos que la abominación se acercara demasiado, y yo en un intento por evitar que golpearan por completo a uno de mis compañeros, intenté jalarlo del chaleco, pero al final ese monstruo solo estiró su brazo y así nos golpeó a ambos. Recorrimos una gran distancia; yo terminé atravesando la ventana de una catedral abandonada. Para cuando me pude levantar, podía sentir que el aire de aquella habitación donde caí era extremadamente denso  —pero estaba seguro de que se debía a que mis costillas fracturadas me dificultaban la respiración—  intenté buscar con la vista a mi compañero, pero no parecía haber caído en el mismo lugar que yo ‎ ‎ ‎ ‎  Aprovechando aquellos segundos de calma mientras caminaba para salir del lugar, me puse a pensar en todo lo que había salido mal... Nosotros corrimos de esa cosa, y no por valentía, sino por puro instinto de supervivencia. Justo ahora mis hermanos y hermanas estaban afuera, luchando contra esa abominación sin tener la certeza de ganar, pero lo hacían, y yo iba a volver para luchar con ellos. Aunque podía sentir la sangre en mi uniforme y los gritos de los gemelos aún me perforaban los oídos, yo estaba decidido a volver... Hasta que me detuve. Recordé al Gladius Dei que nos había acompañado, Caspian; pensé en aprovechar ese momento e irlo a buscar o contactarlo, pero aquel golpe me había quitado muchas cosas, e incluso si quisiera salir a buscarlo, no sabía ni siquiera por dónde empezar. Esto era frustrante, pero lo que más me molestaba era esa sensación de no poder respirar adecuadamente. Ese malestar que se intensificaba a medida que me acercaba a la puerta para salir de aquella habitación; era como si al otro lado de la catedral hubiera un umbral que me impedía permanecer en el lugar. Seguramente esa sensación de asfixia solo era una de las muchas cosas que transmitía aquel lugar... Y ahora que lo pienso, seguramente la adrenalina y la euforia me mantenían en un estado de relativa insensibilidad; no sabía que mi cuerpo me gritaba que huyera en cuanto tomé el pomo de la puerta y lo giré para encontrarme con lo que había al otro lado. Fue en ese momento cuando me llegó un escalofrío tan fuerte que me hizo temblar como si tuviera fiebre. Inconsientemente busque el hacha que colgaba a mi costado, pues sentía la necesidad vital de sostener un arma con la mano izquierda mientras que con la derecha sostenía mi torso, ya que sentía como si aquel temblor fuera a romper aún más costillas... Justo delante de mí estaba aquella escena que no sabría describir, pero sí que puedo decir algo con claridad: allí se encontraba esa cosa de apariencia femenina, pero yo lo sabía, eso era todo menos una simple y hermosa mujer...
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  • "Eres un dolor en el culo, Kieran".

    El hórrido chirrido de la reja aniquiló al silencio. El letrero de "Prohibido el paso", tan viejo y oxidado que lo hace sonar más a chiste que a advertencia, le da la bienvenida una vez más, iluminado por la danzante llama de la antorcha.

    "Lo haces a propósito, ¿verdad?"

    El vigilante que le dio acceso refunfuñó. ¿Tener que despertar a mitad de la noche, salir a la lluvia y el frío, para abrir la maldita puerta que daba al abismo? Sí, un dolor en todos lados. En el que mencionó él, sobre todo.

    "Sólo lo haces para joder. Admítelo. ¿A qué carajo sigues viniendo? ¡Ella no responde! ¡Es un puto vegetal! Si la visitas ahora, es para romper las bolas".

    Un suspiro, uno que no se atrevió a producir un ruido muy alto. ¿Era de resignación? ¿Tristeza? ¿Una sardónica risa, carente de alegría? Quizás todo al mismo tiempo.

    Ya estaba bajando por las sinuosas, accidentadas pendientes, brechas y laberínticos pasajes de esa mina abandonada, ahora poblada por nada más que la oscuridad y el silencio.

    Silencio, sí. Espeluznantemente profundo.

    Espeluznante, pues, ¿cómo podía una prisión ser tan silenciosa? Es que de mina ya no tenía nada: Los "incómodos" encontraban ahí un hogar en forma de celda, una celda en forma de infierno.

    Los incómodos que eran, ahora, silenciosos, pero no por voluntad propia. ¿Alguien estaría tan desquiciado para guardar silencio ahí?

    ...Sí. Sí había alguien. Alguien que no había sido silenciada, porque falta no hizo.

    —Hola.

    El sonido de una voz humana, en la profundidad de esa penumbra, era tan extraño que sonaba como a un ruido de otro planeta, algo que no pertenecía ahí.

    —¿Cómo te sientes? ¿Has comido bien?

    El visitante cerró el paraguas, sacudió sus cabellos, después secó sus gafas con un pañuelo. Uno que le había sido regalado años atrás, por quien había venido a visitar.

    —Esta es tu... ¿onceava Navidad aquí? Vuela el tiempo, ¿no?

    ¿Había respuesta?

    No. Nunca la había. No podía haberla.

    ¿Por qué, entonces, seguía hablando? ¿Por qué descender a las profundidades de este abismo, si sólo iba a obtener silencio a cambio?

    —Toma.

    La mano entró entre los barrotes y dejó, en el suelo, otra caja pequeña, envuelta en papel colorido, sellada por un listón. Otra caja, once eran ya. Las diez anteriores, llenas de polvo, deterioradas por la humedad del lugar, aún selladas. La onceava a ser ignorada, a recibir silencio a cambio de sus colores.

    Y, en el fondo de la celda, apenas visible, una silueta.

    Sentada contra la roca estaba ella, meciéndose adelante y atrás, en un vaivén eterno. Sus pupilas, expandidas hasta la grotesca deformidad, sus maltrechas uñas carocomiendo. ¿Había perdido aún más peso? ¿Le había crecido el cabello? Ojalá no estuviera tan oscuro.

    Porque la antocha sólo le alcanzaba para unas líneas difusas que dibujaban los contornos de lo que alguna vez fue el rostro que sabía sonreír mejor que nadie. Sonreír de manera tan radiante, que... que si pudiera hacerlo una, sólo una vez más...

    —...

    No.

    ¿Qué caso tenía pensar en milagros?

    —Feliz Navidad, Kyrie.
    "Eres un dolor en el culo, Kieran". El hórrido chirrido de la reja aniquiló al silencio. El letrero de "Prohibido el paso", tan viejo y oxidado que lo hace sonar más a chiste que a advertencia, le da la bienvenida una vez más, iluminado por la danzante llama de la antorcha. "Lo haces a propósito, ¿verdad?" El vigilante que le dio acceso refunfuñó. ¿Tener que despertar a mitad de la noche, salir a la lluvia y el frío, para abrir la maldita puerta que daba al abismo? Sí, un dolor en todos lados. En el que mencionó él, sobre todo. "Sólo lo haces para joder. Admítelo. ¿A qué carajo sigues viniendo? ¡Ella no responde! ¡Es un puto vegetal! Si la visitas ahora, es para romper las bolas". Un suspiro, uno que no se atrevió a producir un ruido muy alto. ¿Era de resignación? ¿Tristeza? ¿Una sardónica risa, carente de alegría? Quizás todo al mismo tiempo. Ya estaba bajando por las sinuosas, accidentadas pendientes, brechas y laberínticos pasajes de esa mina abandonada, ahora poblada por nada más que la oscuridad y el silencio. Silencio, sí. Espeluznantemente profundo. Espeluznante, pues, ¿cómo podía una prisión ser tan silenciosa? Es que de mina ya no tenía nada: Los "incómodos" encontraban ahí un hogar en forma de celda, una celda en forma de infierno. Los incómodos que eran, ahora, silenciosos, pero no por voluntad propia. ¿Alguien estaría tan desquiciado para guardar silencio ahí? ...Sí. Sí había alguien. Alguien que no había sido silenciada, porque falta no hizo. —Hola. El sonido de una voz humana, en la profundidad de esa penumbra, era tan extraño que sonaba como a un ruido de otro planeta, algo que no pertenecía ahí. —¿Cómo te sientes? ¿Has comido bien? El visitante cerró el paraguas, sacudió sus cabellos, después secó sus gafas con un pañuelo. Uno que le había sido regalado años atrás, por quien había venido a visitar. —Esta es tu... ¿onceava Navidad aquí? Vuela el tiempo, ¿no? ¿Había respuesta? No. Nunca la había. No podía haberla. ¿Por qué, entonces, seguía hablando? ¿Por qué descender a las profundidades de este abismo, si sólo iba a obtener silencio a cambio? —Toma. La mano entró entre los barrotes y dejó, en el suelo, otra caja pequeña, envuelta en papel colorido, sellada por un listón. Otra caja, once eran ya. Las diez anteriores, llenas de polvo, deterioradas por la humedad del lugar, aún selladas. La onceava a ser ignorada, a recibir silencio a cambio de sus colores. Y, en el fondo de la celda, apenas visible, una silueta. Sentada contra la roca estaba ella, meciéndose adelante y atrás, en un vaivén eterno. Sus pupilas, expandidas hasta la grotesca deformidad, sus maltrechas uñas carocomiendo. ¿Había perdido aún más peso? ¿Le había crecido el cabello? Ojalá no estuviera tan oscuro. Porque la antocha sólo le alcanzaba para unas líneas difusas que dibujaban los contornos de lo que alguna vez fue el rostro que sabía sonreír mejor que nadie. Sonreír de manera tan radiante, que... que si pudiera hacerlo una, sólo una vez más... —... No. ¿Qué caso tenía pensar en milagros? —Feliz Navidad, Kyrie.
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  • ❝ Y con la muerte del vientre progenitor el mundo colorido se ha teñido de rojo. He aquí el resultado de vuestra insolencia. ❞

    Cuánto tiempo me tomaría conseguir un cuerpo físico extraordinario cuando dentro de mi están los genes de generaciones abandonadas en un oxidado sepulcro. Incluso días solo fueron días desde la muerte de esa mujer que llamaba madre desde el descenso del tirano a quien no tuve el placer de conocer para su desgracia alguien más ha hecho el sucio trabajo.

    𝐿ǣ𝑤𝑒𝑛𝑑 o maestro quizás papá me han ubicado en un lugar acogedor ayudando a qué mi cuerpo no formado en su totalidad pueda encontrar los nutrientes necesarios para establecer un cuerpo físico saludable y ha sido todo un éxito.

    Días solo días ha tomado tengo brazos y piernas músculos fuertes mi tamaño de ha disparado todo gracias a Benedic mi querido padre, maestro y tutor.

    ¿Cuál es mi misión?

    Destruir todo lo que habitantes de este mundo nos han robado durante años hacerlos sufrir en su piel todo el horror que provocaron en mi madre hacerlos pagar.

    Aún soy pequeño para entender pero mi cuerpo y mi mente tienen por naturaleza el instinto de asesinato lo he reflejado justo ahora con mis manos sedientas de sangre campirana. Con lenguaje de señas indique ** fueron ellos quien han entrado a nuestra casa ** inútiles aventureros que buscaban tesoros donde nunca debieron.
    ❝ Y con la muerte del vientre progenitor el mundo colorido se ha teñido de rojo. He aquí el resultado de vuestra insolencia. ❞ Cuánto tiempo me tomaría conseguir un cuerpo físico extraordinario cuando dentro de mi están los genes de generaciones abandonadas en un oxidado sepulcro. Incluso días solo fueron días desde la muerte de esa mujer que llamaba madre desde el descenso del tirano a quien no tuve el placer de conocer para su desgracia alguien más ha hecho el sucio trabajo. [conturbatio.0men] o maestro quizás papá me han ubicado en un lugar acogedor ayudando a qué mi cuerpo no formado en su totalidad pueda encontrar los nutrientes necesarios para establecer un cuerpo físico saludable y ha sido todo un éxito. Días solo días ha tomado tengo brazos y piernas músculos fuertes mi tamaño de ha disparado todo gracias a Benedic mi querido padre, maestro y tutor. ¿Cuál es mi misión? Destruir todo lo que habitantes de este mundo nos han robado durante años hacerlos sufrir en su piel todo el horror que provocaron en mi madre hacerlos pagar. Aún soy pequeño para entender pero mi cuerpo y mi mente tienen por naturaleza el instinto de asesinato lo he reflejado justo ahora con mis manos sedientas de sangre campirana. Con lenguaje de señas indique ** fueron ellos quien han entrado a nuestra casa ** inútiles aventureros que buscaban tesoros donde nunca debieron.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    muchas cosas y tengo a Kat abandonada jajaja
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  • Visitas inesperadas en el bosque.
    Fandom The Walking Dead
    Categoría Original
    ---- ROL ABIERTO

    Tres días de caminata continua después de su última parada le dejaron los pies hechos trizas. Para cuando encontraba un lugar para descansar y recuperar el aliento, los infectados se acercaban en grupo, si se pasa demasiado tiempo en un solo lugar es fácil que otros grupos de vivos puedan tomar ventaja de una viajera solitaria. La regla de oro era, nunca confiar en nadie ni en nada, cuando algo es seguro el riesgo siempre existe, cuando hay poca seguridad, la muerte es segura.

    Las casas abandonadas en el medio de la nada eran reconfortantes y tenían su carisma único con olor a humedad acompañada algunos animales del bosque que eran mejor compañía que las arañas de la cueva pasada le podían proveer.

    -Hogar dulce hogar. -Suspiro tirándose frente a la puerta vieja.- Hasta que el próximo imbécil nos meta quiera meter un tiro en la cabeza.

    Desde el fin del mundo y mucho antes de eso, las personas eran mas aterradoras que las criaturas muertas que no hacían mas que seguir impulsos.

    El sueño la envolvió rapidamente, rezando que el mundo le diera un respiro antes de dejarla destruida luego de un viaje exhaustivo de tres o cuatro dias, si el clima, sus pies y su condición se lo permitian, con el consuelo de que si seguía caminando llegaría a encontrarse nuevamente con su familia.
    ---- ROL ABIERTO Tres días de caminata continua después de su última parada le dejaron los pies hechos trizas. Para cuando encontraba un lugar para descansar y recuperar el aliento, los infectados se acercaban en grupo, si se pasa demasiado tiempo en un solo lugar es fácil que otros grupos de vivos puedan tomar ventaja de una viajera solitaria. La regla de oro era, nunca confiar en nadie ni en nada, cuando algo es seguro el riesgo siempre existe, cuando hay poca seguridad, la muerte es segura. Las casas abandonadas en el medio de la nada eran reconfortantes y tenían su carisma único con olor a humedad acompañada algunos animales del bosque que eran mejor compañía que las arañas de la cueva pasada le podían proveer. -Hogar dulce hogar. -Suspiro tirándose frente a la puerta vieja.- Hasta que el próximo imbécil nos meta quiera meter un tiro en la cabeza. Desde el fin del mundo y mucho antes de eso, las personas eran mas aterradoras que las criaturas muertas que no hacían mas que seguir impulsos. El sueño la envolvió rapidamente, rezando que el mundo le diera un respiro antes de dejarla destruida luego de un viaje exhaustivo de tres o cuatro dias, si el clima, sus pies y su condición se lo permitian, con el consuelo de que si seguía caminando llegaría a encontrarse nuevamente con su familia.
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  • Sus orbes nuevamente resplandecen en un tono ambarino en la penumbra de una vieja estructura abandonada pero con muchos objetos que le llamaron la atención, principalmente cruces de madera y roca, dibujos descoloridos por el paso del tiempo y la ausencia total de limpieza, pulcredad y claridad.

    Deducio antes de apagarse temporalmente que debía estar dentro de una especie de taller para humanos, donde alguien impartía algún conocimiento delante de un auditorio pequeño donde seguramente estarían ocupando donde su cuerpo yace inactivo, rodeado de bancas de madera rota y roida.

    Solo ve un par de ratas corriendo de un pasillo al otro sin cruzar jamás el salón, solo el perímetro, luego gira la cabeza detectando la fuente de la luz que se filtra al interior del recinto, un cristal que no es transparente, pero que permite el paso de la luz y la imagen de un humano atravesando a una criatura similar a su anatomía.

    – ¿Unidad 44 es peligroso para ellos?
    Sus orbes nuevamente resplandecen en un tono ambarino en la penumbra de una vieja estructura abandonada pero con muchos objetos que le llamaron la atención, principalmente cruces de madera y roca, dibujos descoloridos por el paso del tiempo y la ausencia total de limpieza, pulcredad y claridad. Deducio antes de apagarse temporalmente que debía estar dentro de una especie de taller para humanos, donde alguien impartía algún conocimiento delante de un auditorio pequeño donde seguramente estarían ocupando donde su cuerpo yace inactivo, rodeado de bancas de madera rota y roida. Solo ve un par de ratas corriendo de un pasillo al otro sin cruzar jamás el salón, solo el perímetro, luego gira la cabeza detectando la fuente de la luz que se filtra al interior del recinto, un cristal que no es transparente, pero que permite el paso de la luz y la imagen de un humano atravesando a una criatura similar a su anatomía. – ¿Unidad 44 es peligroso para ellos?
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  • Pasaron semanas desde que empecé a buscar a mi hermano y mi historia. Fue solo tiempo perdido que me hace querer destrozar todo a mi paso.

    No conforme con el fracaso, he vuelto a la boca del lobo, a la mansión de mis "padres", en busca de la verdad, antes de ello recolecte inflamación por si se les ocurría mentirme. Mis investigaciones en internet solo confirmaron la brutalidad de la época: Un sistema podrido del que probablemente mi hermano formó parte.

    Finalmente, nos sentamos a "platicar". Mi madre me miraba con esa culpa y arrepentimiento tan típicos de ella, una sentimentalidad que me irrita. Mi padre, por otro lado, mantenía la misma mirada vacía y distante de siempre, teñida de un sutil desprecio.

    Yo, acostumbrada a su frialdad, rompí el silencio con irritación contenida, esforzándome por mantener la neutralidad:

    —Hablen. Y quiero la verdad. ¿Cómo llegué a su vida? ¿Por qué me recogieron?

    Mi madre, temblorosa, habló primero:

    —Tu padre y yo queríamos una bebé, pero sabrás que la procreación en nuestra especie es imposible.

    Mi padre la interrumpió de inmediato, con voz firme:

    —Por ese capricho de tu madre, decidimos buscar a alguien. Me negué al principio, pero su insistencia fue tanta que terminé aceptando con una condición: la huérfana nos serviría en el futuro. Como inmortales, yo me encargaría de asegurar esos intereses.

    Lo interrumpí sin importarme los modales:

    —Entonces, ¿fue tu idea condenarme a una vida de matrimonios por conveniencia?

    Mi padre respondió con total indiferencia:

    —Tú nos perteneces. Te compramos y te concedimos un don. No tienes más opción que obedecer el trato. Si lo rompes, tu vida acabará y tu hija ocupará tu puesto, Lianna. No sera difícil encontrar su paradero, después de todo le brindaste a tu madre suficiente información del padre y con su ayuda quizás lleguemos a un buen acuerdo.

    Ahora lo miraba con un odio puro. El desprecio de antes por su lejanía se transformó en repudio absoluto.

    El señor Benedetti continuó, levantándose para servirse una copa de vino con sangre:

    —Tenerte fue suerte, coincidencia o como quieras llamarlo. Eras apenas una recién nacida abandonada en las calles. Tu madre y yo decidimos llevarte con nosotros. A tu hermano, lo entregamos al sistema parroquial para que se encargan de el.

    Escuché la historia con sentimientos encontrados. Ya ni siquiera sabía cómo reaccionar. Pregunté por el nombre de aquel chico desconocido:

    —¿Recuerdan su nombre? —pregunté con cautela, queriendo saberlo todo sobre mi vida pasada.

    Mi madre respondió:

    —Recuerdo que el niño nos dijo que se llamaba Lian, y tú Lianna. No llevaban apellido. Hasta la fecha no sabemos nada de tu verdadera familia, cielo.

    Mi padre, con tono de fastidio, se alejó.

    —Tampoco veo la necesidad de preguntar. Él probablemente ya esté muerto, y los muertos no son nuestro problema. Somos los condenados a vivir por siempre los que importamos.

    Sus palabras fueron una losa de cemento sobre la poca esperanza que me quedaba. Mataron cualquier atisbo de ilusión con cada palabra.

    —Céntrate en las riquezas —ordenó mi "padre".

    —Olvídate del polvo del que vienes. Eres una Benedetti ahora.

    Me levanté del sofá sin decir nada una vez acabada toda la charla , los cabos sueltos aún seguían sin resolverse , luego les di la espalda y me retire.

    Han cerrado toda esperanza en mi. Ya no sé dónde buscar, y francamente, no perderé más tiempo en esto. Me concentraré en mi vida.
    A partir de ahora, solo soy una Benedetti que busca poder.

    Ignorando la molestia persistente por el rompecabezas sin armar, me dirigí a mi habitación en aquel castillo donde me crié.
    Pasaron semanas desde que empecé a buscar a mi hermano y mi historia. Fue solo tiempo perdido que me hace querer destrozar todo a mi paso. No conforme con el fracaso, he vuelto a la boca del lobo, a la mansión de mis "padres", en busca de la verdad, antes de ello recolecte inflamación por si se les ocurría mentirme. Mis investigaciones en internet solo confirmaron la brutalidad de la época: Un sistema podrido del que probablemente mi hermano formó parte. Finalmente, nos sentamos a "platicar". Mi madre me miraba con esa culpa y arrepentimiento tan típicos de ella, una sentimentalidad que me irrita. Mi padre, por otro lado, mantenía la misma mirada vacía y distante de siempre, teñida de un sutil desprecio. Yo, acostumbrada a su frialdad, rompí el silencio con irritación contenida, esforzándome por mantener la neutralidad: —Hablen. Y quiero la verdad. ¿Cómo llegué a su vida? ¿Por qué me recogieron? Mi madre, temblorosa, habló primero: —Tu padre y yo queríamos una bebé, pero sabrás que la procreación en nuestra especie es imposible. Mi padre la interrumpió de inmediato, con voz firme: —Por ese capricho de tu madre, decidimos buscar a alguien. Me negué al principio, pero su insistencia fue tanta que terminé aceptando con una condición: la huérfana nos serviría en el futuro. Como inmortales, yo me encargaría de asegurar esos intereses. Lo interrumpí sin importarme los modales: —Entonces, ¿fue tu idea condenarme a una vida de matrimonios por conveniencia? Mi padre respondió con total indiferencia: —Tú nos perteneces. Te compramos y te concedimos un don. No tienes más opción que obedecer el trato. Si lo rompes, tu vida acabará y tu hija ocupará tu puesto, Lianna. No sera difícil encontrar su paradero, después de todo le brindaste a tu madre suficiente información del padre y con su ayuda quizás lleguemos a un buen acuerdo. Ahora lo miraba con un odio puro. El desprecio de antes por su lejanía se transformó en repudio absoluto. El señor Benedetti continuó, levantándose para servirse una copa de vino con sangre: —Tenerte fue suerte, coincidencia o como quieras llamarlo. Eras apenas una recién nacida abandonada en las calles. Tu madre y yo decidimos llevarte con nosotros. A tu hermano, lo entregamos al sistema parroquial para que se encargan de el. Escuché la historia con sentimientos encontrados. Ya ni siquiera sabía cómo reaccionar. Pregunté por el nombre de aquel chico desconocido: —¿Recuerdan su nombre? —pregunté con cautela, queriendo saberlo todo sobre mi vida pasada. Mi madre respondió: —Recuerdo que el niño nos dijo que se llamaba Lian, y tú Lianna. No llevaban apellido. Hasta la fecha no sabemos nada de tu verdadera familia, cielo. Mi padre, con tono de fastidio, se alejó. —Tampoco veo la necesidad de preguntar. Él probablemente ya esté muerto, y los muertos no son nuestro problema. Somos los condenados a vivir por siempre los que importamos. Sus palabras fueron una losa de cemento sobre la poca esperanza que me quedaba. Mataron cualquier atisbo de ilusión con cada palabra. —Céntrate en las riquezas —ordenó mi "padre". —Olvídate del polvo del que vienes. Eres una Benedetti ahora. Me levanté del sofá sin decir nada una vez acabada toda la charla , los cabos sueltos aún seguían sin resolverse , luego les di la espalda y me retire. Han cerrado toda esperanza en mi. Ya no sé dónde buscar, y francamente, no perderé más tiempo en esto. Me concentraré en mi vida. A partir de ahora, solo soy una Benedetti que busca poder. Ignorando la molestia persistente por el rompecabezas sin armar, me dirigí a mi habitación en aquel castillo donde me crié.
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