• #Seductivesunday
    -Tras solventar el tedioso papeleo del hotel y librarme de las sofocantes responsabilidades de Charlie, emprendí una huida que pretendía ser definitiva, solo para ser interceptada por el mensaje que dejó Ozy en recepción para mí esa voz que no admite ignorancia. El Anillo de la Lujuria me recibió con su atmósfera cargada, y allí, entre el neón y el deseo, Asmodeo se debatía en un mar de nerviosismo que se evaporó en cuanto sus ojos se posaron en mi actual e impecable apariencia femenina.-

    —No preguntes...

    -sentencié con un tono que cortaba el aire. -

    Solo dime por qué me has invocado y espero que esta interrupción no sea un desperdicio de mi tiempo....

    -El pecado del Deseo, con esa astucia que le caracteriza, invocó la deuda que pendía sobre mi cabeza. Sin más remedio que ceder, escuché sus exigencias para la nueva gala. A medida que sus especificaciones tomaban forma, una visión arquitectónica y macabra comenzó a cristalizarse en mi mente. El escenario, una mole de esplendor levantada bajo su mando, esperaba mi toque final. Fue entonces cuando mis sombras, esas extensiones de mi propia voluntad, se entrelazaron con el personal de Ozzie para dar vida a una estructura que desafiaba la cordura de los círculos infernales.
    Cuando el recinto alcanzó su punto de ebullición, el aire se volvió denso, eléctrico. Vestida con mi atuendo carmesí característico, liberé un torrente de poder arcano que hizo que las luces del lugar no solo brillaran, sino que sangraran luminiscencia.
    Un preludio enigmático, una melodía que parecía arrastrada desde el vacío mismo, silenció a la masa por un breve instante antes del estallido.
    En cuanto mi silueta emergió entre las sombras, el público estalló en un rugido eufórico, un clamor de almas sedientas que alimentó mi espíritu con una energía renovada.
    Bajo mi batuta invisible, el show se convirtió en una coreografía de caos perfecto. Mientras mis sombras ejecutaban movimientos imposibles, mi voz se elevó, envolviendo cada rincón del Anillo de la Lujuria.
    Desde su palco de honor, Asmodeo observaba con una satisfacción depredadora, proyectando su autoridad indiscutible como Pecado Capital. Sin embargo, sobre el escenario, la verdadera autoridad era el ritmo de mi canto, una frecuencia que mantenía a la audiencia en un estado de trance absoluto, adorando cada nota que emanaba de mis labios mientras el infierno entero se rendía ante el espectáculo más magnífico jamás concebido.-

    https://vt.tiktok.com/ZSm15hobv/
    #Seductivesunday -Tras solventar el tedioso papeleo del hotel y librarme de las sofocantes responsabilidades de Charlie, emprendí una huida que pretendía ser definitiva, solo para ser interceptada por el mensaje que dejó Ozy en recepción para mí esa voz que no admite ignorancia. El Anillo de la Lujuria me recibió con su atmósfera cargada, y allí, entre el neón y el deseo, Asmodeo se debatía en un mar de nerviosismo que se evaporó en cuanto sus ojos se posaron en mi actual e impecable apariencia femenina.- —No preguntes... -sentencié con un tono que cortaba el aire. - Solo dime por qué me has invocado y espero que esta interrupción no sea un desperdicio de mi tiempo.... -El pecado del Deseo, con esa astucia que le caracteriza, invocó la deuda que pendía sobre mi cabeza. Sin más remedio que ceder, escuché sus exigencias para la nueva gala. A medida que sus especificaciones tomaban forma, una visión arquitectónica y macabra comenzó a cristalizarse en mi mente. El escenario, una mole de esplendor levantada bajo su mando, esperaba mi toque final. Fue entonces cuando mis sombras, esas extensiones de mi propia voluntad, se entrelazaron con el personal de Ozzie para dar vida a una estructura que desafiaba la cordura de los círculos infernales. Cuando el recinto alcanzó su punto de ebullición, el aire se volvió denso, eléctrico. Vestida con mi atuendo carmesí característico, liberé un torrente de poder arcano que hizo que las luces del lugar no solo brillaran, sino que sangraran luminiscencia. Un preludio enigmático, una melodía que parecía arrastrada desde el vacío mismo, silenció a la masa por un breve instante antes del estallido. En cuanto mi silueta emergió entre las sombras, el público estalló en un rugido eufórico, un clamor de almas sedientas que alimentó mi espíritu con una energía renovada. Bajo mi batuta invisible, el show se convirtió en una coreografía de caos perfecto. Mientras mis sombras ejecutaban movimientos imposibles, mi voz se elevó, envolviendo cada rincón del Anillo de la Lujuria. Desde su palco de honor, Asmodeo observaba con una satisfacción depredadora, proyectando su autoridad indiscutible como Pecado Capital. Sin embargo, sobre el escenario, la verdadera autoridad era el ritmo de mi canto, una frecuencia que mantenía a la audiencia en un estado de trance absoluto, adorando cada nota que emanaba de mis labios mientras el infierno entero se rendía ante el espectáculo más magnífico jamás concebido.- https://vt.tiktok.com/ZSm15hobv/
    @xmenj69

    “Acto I: Gaga desata el caos sagrado” Bloody Mary, Abracadabra, Judas y Scheiße. Tremendo Mix.. #ladygaga #coachella #fridaynight #2oshow #livemusic #live #CapCut

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  • La fe: la forma más fácil de manipular a la gente.
    Es el atajo más rápido para dominar a alguien. No necesitas demostrar nada. Sólo prometerlo.
    Cuando una persona cree, baja la guardia.
    Entrega su duda, su criterio, su miedo.
    Y en ese espacio vacío entra la voz que dice: "Dios quiere esto".
    Con fe puedes hacer que alguien soporte abuso.
    Que justifique pobreza.
    Que acepte dolor como prueba.
    Que obedezca sin entender.
    No hace falta violencia. La creencia hace el trabajo sucio.
    Todo en nombre de algo invisible.
    La fe convierte órdenes humanas en mandatos divinos.
    Y contra Dios no se discute.
    Por eso es tan peligrosa en manos equivocadas. Porque no controla el cuerpo: controla la conciencia.
    No te quitan la libertad. Te hacen creer que entregarla es virtud.
    Y cuando dudar se vuelve pecado, la manipulación ya no necesita cadenas.
    Sólo necesita creencias.
    La fe: la forma más fácil de manipular a la gente. Es el atajo más rápido para dominar a alguien. No necesitas demostrar nada. Sólo prometerlo. Cuando una persona cree, baja la guardia. Entrega su duda, su criterio, su miedo. Y en ese espacio vacío entra la voz que dice: "Dios quiere esto". Con fe puedes hacer que alguien soporte abuso. Que justifique pobreza. Que acepte dolor como prueba. Que obedezca sin entender. No hace falta violencia. La creencia hace el trabajo sucio. Todo en nombre de algo invisible. La fe convierte órdenes humanas en mandatos divinos. Y contra Dios no se discute. Por eso es tan peligrosa en manos equivocadas. Porque no controla el cuerpo: controla la conciencia. No te quitan la libertad. Te hacen creer que entregarla es virtud. Y cuando dudar se vuelve pecado, la manipulación ya no necesita cadenas. Sólo necesita creencias.
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  • "Dime todas las cosas terribles que has hecho y déjame amarte de todos modos"

    -- E.A.P

    La pintura se había cuarteado con los años, como si también ella hubiera tenido cosas terribles que confesar. La “E” casi borrada, la “P” apenas sosteniéndose, y aun así el mensaje seguía ahí, terco, esperando a alguien que se detuviera a leerlo.

    Olía a humedad y a polvo viejo. A tardes que no volvieron.
    Alguien la escribió cuando todavía importaba decirlo en voz alta, cuando amar “de todos modos” era un acto de valentía y no una frase bonita para compartir.

    Tal vez fue una promesa.
    Tal vez una despedida.
    O una súplica escrita con manos temblorosas, una noche en la que nadie más estaba escuchando.

    La pelirroja paso los dedos por la pared, como si al tocarla pudiera sentir a quien la dejó ahí. Pensó en todo lo que no se dice, en las cosas terribles que cargamos en silencio, y en lo raro que es encontrar, aunque sea en una pared descascarada, la posibilidad de ser amado sin explicación.

    — Un té de manzanilla con leche y canela...tal vez eso te hubiera dado un pequeño abrazo al corazón —
    "Dime todas las cosas terribles que has hecho y déjame amarte de todos modos" -- E.A.P La pintura se había cuarteado con los años, como si también ella hubiera tenido cosas terribles que confesar. La “E” casi borrada, la “P” apenas sosteniéndose, y aun así el mensaje seguía ahí, terco, esperando a alguien que se detuviera a leerlo. Olía a humedad y a polvo viejo. A tardes que no volvieron. Alguien la escribió cuando todavía importaba decirlo en voz alta, cuando amar “de todos modos” era un acto de valentía y no una frase bonita para compartir. Tal vez fue una promesa. Tal vez una despedida. O una súplica escrita con manos temblorosas, una noche en la que nadie más estaba escuchando. La pelirroja paso los dedos por la pared, como si al tocarla pudiera sentir a quien la dejó ahí. Pensó en todo lo que no se dice, en las cosas terribles que cargamos en silencio, y en lo raro que es encontrar, aunque sea en una pared descascarada, la posibilidad de ser amado sin explicación. — Un té de manzanilla con leche y canela...tal vez eso te hubiera dado un pequeño abrazo al corazón —
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  • – Me prometieron que todo pararía, me prometieron que estaría bien, ¡Mal- maldita sea, me min- mintieron! Me mintieron ...

    Una fuerte tos se apoderaba de su voz, pero esta sonaba extraña, distorsionada, como si se tratara de un tubo de escape expulsando los gases de un motor desgastado, no muy alejado a lo que era ahora, y eso lo hacía aún más lamentable.

    – El dolor no para, me- me dijeron que pararía ...
    – Me prometieron que todo pararía, me prometieron que estaría bien, ¡Mal- maldita sea, me min- mintieron! Me mintieron ... Una fuerte tos se apoderaba de su voz, pero esta sonaba extraña, distorsionada, como si se tratara de un tubo de escape expulsando los gases de un motor desgastado, no muy alejado a lo que era ahora, y eso lo hacía aún más lamentable. – El dolor no para, me- me dijeron que pararía ...
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  • El eco resonaba por las paredes de la bóveda, no era su voz, eran los murmullos. Para la gente era más fácil hablar de supuestos, sin saber que aquel eco solo era el sonido de una corona cayendo al vacío. Eco... Eco...... Eco.

    El eco resonaba por las paredes de la bóveda, no era su voz, eran los murmullos. Para la gente era más fácil hablar de supuestos, sin saber que aquel eco solo era el sonido de una corona cayendo al vacío. Eco... Eco...... Eco.
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  • — Aunque el mundo me rechace, yo seguiré adelante. — la arqueóloga alza la mirada con serenidad. No hay rencor en su voz, solo una determinación silenciosa nacida de años de huida y supervivencia. Sus manos florecen a su alrededor, listas no para atacar, sino para proteger aquello que por fin ha decidido conservar: su derecho a vivir.
    — Aunque el mundo me rechace, yo seguiré adelante. — la arqueóloga alza la mirada con serenidad. No hay rencor en su voz, solo una determinación silenciosa nacida de años de huida y supervivencia. Sus manos florecen a su alrededor, listas no para atacar, sino para proteger aquello que por fin ha decidido conservar: su derecho a vivir.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    || La voz de Ada Wong en el doblaje latino es tan adshdjdbjs
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  • Los ojos de Chantle Parte II
    Fandom Linaje Queen
    Categoría Acción
    Akane Qᵘᵉᵉⁿ Ishtar Akane
    Hannah Queen Queen Hannah
    Ryu リュウ・イシュタル・ヨキン Ryu
    Chantle Queen Ishtar Chantle
    Jenny Queen Orc Jenny
    𝐀yane 𝐈𝐬𝐡𝐭𝐚𝐫 Ayane
    Jason Jaegerjaquez Ishtar Jason

    El castillo surge ante nosotras como una herida abierta en la realidad.

    No es una construcción.
    Es un recuerdo solidificado a base de Caos, culpa y sangre antigua.

    Las torres se alzan en ángulos imposibles, las paredes palpitan como si estuvieran vivas y el aire pesa, denso, cargado de una energía que reconoce nuestro linaje… y lo reclama.

    Akane entra primero, protegiendo a Chantle y Hannah contra su pecho. Su paso es firme, pero su cuerpo está en tensión constante. Ryu camina a mi lado, en silencio, con la mandíbula apretada y los ojos atentos a cada sombra.

    En cuanto cruzamos el umbral, el castillo reacciona.

    Las paredes se mueven con violencia.

    El suelo cruje.

    Los corredores se retuercen, cerrándose a nuestras espaldas y abriéndose en direcciones imposibles. Donde había una puerta ahora hay piedra viva; donde había un pasillo, un muro que late como carne.

    —Un laberinto… —alcanza a decir Akane.

    El castillo intenta separarnos.
    Confundirnos.
    Jugar con nosotras.
    Y entonces algo dentro de mí revienta.

    La imagen de Jason cayendo.
    Su despedida.
    El sacrificio que no pude impedir.

    No.
    No voy a seguirle el juego a este maldito lugar.
    Doy un paso al frente y golpeo la pared con el puño.

    El impacto resuena como un trueno… pero el muro no cede.

    Igual que cuando era pequeña.
    Igual que cuando golpeaba el metal del Caos hasta sangrar.
    El día que conocí a Oz.
    El día que me enseñó que el Caos no se suplica: se moldea.

    —¡Está en mi sangre! —gruño, con la voz rota de rabia— ¡Está en mis venas!

    Vuelvo a golpear.
    El castillo tiembla, pero se burla.

    —¡Aquí me tienes! —grito hacia las alturas imposibles— ¡Estoy aquí, muéstrate!

    Un tercer golpe.

    —¡Mentiroso!
    —¡Tramposo!
    —¡Estoy aquí… padre!

    El último impacto abre mi piel.
    La sangre cae al suelo negro… y el castillo se detiene.

    Durante un instante eterno, nada se mueve.

    La piedra absorbe mi sangre como si la reconociera. Los muros crujen, tensándose, y el laberinto entero parece contener la respiración.

    Entonces, cede.

    Las paredes se deslizan, se reordenan, y el laberinto se abre ante nosotras, revelando una sala inmensa.

    La biblioteca.

    Estanterías infinitas se alzan como columnas vivas, los libros se mueven solos, reacomodándose con un susurro constante. El aire huele a polvo antiguo, a luna y a Caos dormido.

    Al fondo, inmóvil, eterno, el bibliotecario.
    Su mirada se fija directamente en Chantle.

    —Chantle… Hijo del Caos… —dice con una voz que no pertenece al tiempo—.
    —Te estaba esperando. Descubre tu rostro para ver lo que permanece oculto...

    Siento cómo las fuerzas me abandonan de golpe. El esfuerzo, la rabia, la herida abierta… todo me alcanza al mismo tiempo. Mis piernas fallan y caigo al suelo, apenas consciente.

    Hannah se aferra a mí.
    Y entonces ocurre.
    Una luz suave, lunar, brota de ella por primera vez. No quema. No invade. Protege. La siento envolverme, cerrar la herida, calmar el Caos desbocado en mis venas.

    ¿Magia Elunai?
    ¿La protección de Selin?
    No lo sé. Solo sé que funciona.
    Respiro de nuevo.
    Cuando alzo la vista, el bibliotecario sostiene un libro antiguo entre sus manos. No parece cuero ni metal. Late, como si tuviera un corazón propio.

    No lo ofrece a nadie más.
    Solo a Chantle.
    Y en ese instante, un frío recorre mi espalda.

    —¿Ayane…? —susurro.
    Miro alrededor.
    No está.

    La comprensión llega tarde.

    Demasiado tarde.
    [akane_qi] Akane [stellar_white_bear_102] Hannah [Ryu] Ryu [frost_platinum_hare_393] Chantle [queen_0] Jenny [Ayane_Ishtar] Ayane [Jason07] Jason El castillo surge ante nosotras como una herida abierta en la realidad. No es una construcción. Es un recuerdo solidificado a base de Caos, culpa y sangre antigua. Las torres se alzan en ángulos imposibles, las paredes palpitan como si estuvieran vivas y el aire pesa, denso, cargado de una energía que reconoce nuestro linaje… y lo reclama. Akane entra primero, protegiendo a Chantle y Hannah contra su pecho. Su paso es firme, pero su cuerpo está en tensión constante. Ryu camina a mi lado, en silencio, con la mandíbula apretada y los ojos atentos a cada sombra. En cuanto cruzamos el umbral, el castillo reacciona. Las paredes se mueven con violencia. El suelo cruje. Los corredores se retuercen, cerrándose a nuestras espaldas y abriéndose en direcciones imposibles. Donde había una puerta ahora hay piedra viva; donde había un pasillo, un muro que late como carne. —Un laberinto… —alcanza a decir Akane. El castillo intenta separarnos. Confundirnos. Jugar con nosotras. Y entonces algo dentro de mí revienta. La imagen de Jason cayendo. Su despedida. El sacrificio que no pude impedir. No. No voy a seguirle el juego a este maldito lugar. Doy un paso al frente y golpeo la pared con el puño. El impacto resuena como un trueno… pero el muro no cede. Igual que cuando era pequeña. Igual que cuando golpeaba el metal del Caos hasta sangrar. El día que conocí a Oz. El día que me enseñó que el Caos no se suplica: se moldea. —¡Está en mi sangre! —gruño, con la voz rota de rabia— ¡Está en mis venas! Vuelvo a golpear. El castillo tiembla, pero se burla. —¡Aquí me tienes! —grito hacia las alturas imposibles— ¡Estoy aquí, muéstrate! Un tercer golpe. —¡Mentiroso! —¡Tramposo! —¡Estoy aquí… padre! El último impacto abre mi piel. La sangre cae al suelo negro… y el castillo se detiene. Durante un instante eterno, nada se mueve. La piedra absorbe mi sangre como si la reconociera. Los muros crujen, tensándose, y el laberinto entero parece contener la respiración. Entonces, cede. Las paredes se deslizan, se reordenan, y el laberinto se abre ante nosotras, revelando una sala inmensa. La biblioteca. Estanterías infinitas se alzan como columnas vivas, los libros se mueven solos, reacomodándose con un susurro constante. El aire huele a polvo antiguo, a luna y a Caos dormido. Al fondo, inmóvil, eterno, el bibliotecario. Su mirada se fija directamente en Chantle. —Chantle… Hijo del Caos… —dice con una voz que no pertenece al tiempo—. —Te estaba esperando. Descubre tu rostro para ver lo que permanece oculto... Siento cómo las fuerzas me abandonan de golpe. El esfuerzo, la rabia, la herida abierta… todo me alcanza al mismo tiempo. Mis piernas fallan y caigo al suelo, apenas consciente. Hannah se aferra a mí. Y entonces ocurre. Una luz suave, lunar, brota de ella por primera vez. No quema. No invade. Protege. La siento envolverme, cerrar la herida, calmar el Caos desbocado en mis venas. ¿Magia Elunai? ¿La protección de Selin? No lo sé. Solo sé que funciona. Respiro de nuevo. Cuando alzo la vista, el bibliotecario sostiene un libro antiguo entre sus manos. No parece cuero ni metal. Late, como si tuviera un corazón propio. No lo ofrece a nadie más. Solo a Chantle. Y en ese instante, un frío recorre mi espalda. —¿Ayane…? —susurro. Miro alrededor. No está. La comprensión llega tarde. Demasiado tarde.
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  • Dean no había planeado terminar en un bar de Lebanon esa noche. En realidad, su idea original era “solo una cerveza rápida” después de una cacería particularmente asquerosa. Pero el Rusty Spur estaba más lleno de lo normal: luces de neón parpadeando, música country demasiado alta y un grupo de personas reunidas alrededor de algo que parecía… divertido.

    Un toro mecánico.

    Dean levantó una ceja.
    —Esto es nuevo —murmuró, entrando como si aquel fuera su territorio natural.

    Un cartel hecho con cartulina anunciaba: TORNEO DE TORO MECÁNICO – GANADOR: BEBIDAS GRATIS TODA LA NOCHE.

    Sus ojos brillaron con la intensidad de alguien que acababa de encontrar su propósito en la vida.

    Se apoyó en la barra y pidió una cerveza mientras observaba a los participantes: un tipo demasiado borracho cayó a los tres segundos, una chica aguantó casi veinte antes de salir volando entre risas, y otro terminó enredado con la cuerda como si el toro lo hubiera declarado enemigo personal.

    Dean sonrió de medio lado.
    —Vamos, cariño… tú y yo tenemos asuntos pendientes.

    Cuando anunciaron su turno, algunos lo miraron con curiosidad: camisa de franela, botas gastadas, expresión confiada. El operador del toro le explicó las reglas con voz aburrida.

    —El que dure más tiempo gana.

    Dean se subió al toro con una facilidad insultante y se ajustó el agarre.

    —Hazlo interesante —le dijo al operador—. No seas tímido.

    La música subió. El toro empezó lento, casi burlón. Dean se balanceaba con naturalidad, como si hubiera nacido para eso. La gente comenzó a animar. Luego el toro aceleró, giró con violencia, saltó de un lado a otro.
    Dean apretó los dientes cuando el toro hizo un giro brusco que habría lanzado a cualquiera al suelo. Pero él se mantuvo firme, una mano en alto, la otra aferrada como si fuera una cacería más.

    —¡Vamos! —gritó alguien desde la barra.

    El operador subió la dificultad al máximo. El toro parecía poseído por algo del infierno. Dean estuvo a punto de caer cuando el animal dio un latigazo final… pero logró recuperar el equilibrio con una risa salvaje.

    Y entonces… se detuvo.

    Silencio.

    Un segundo después, el bar explotó en aplausos y vítores.

    —¡Tenemos ganador! —anunció el camarero—. ¡El vaquero de cuadros!

    Dean se dejó caer al suelo, respirando agitado, con una sonrisa enorme.

    —Eso… ha sido lo mejor de la semana —dijo, levantándose.

    Alguien le puso una cerveza en la mano. Luego otra. Y otra más.

    Durante el resto de la noche fue tratado como una leyenda local: palmadas en la espalda, fotos con desconocidos y comentarios como “Ese tipo montó el toro como si fuera el Apocalipsis”.

    Cuando volvió al búnker horas después, oliendo a cerveza y gloria, Sam lo miró desde la mesa de mapas.

    —¿Dónde estabas?

    Dean dejó el trofeo sobre la mesa con orgullo.

    —Ganando el primero torneo de toro mecánico de Lebanon.

    Sam parpadeó.
    —…¿Por qué no me sorprende?

    Dean se encogió de hombros, sonriendo.

    —Hay cosas que simplemente están escritas en mi destino, Sammy.

    Y esa noche, el destino llevaba botas, música country y bebidas gratis.
    Dean no había planeado terminar en un bar de Lebanon esa noche. En realidad, su idea original era “solo una cerveza rápida” después de una cacería particularmente asquerosa. Pero el Rusty Spur estaba más lleno de lo normal: luces de neón parpadeando, música country demasiado alta y un grupo de personas reunidas alrededor de algo que parecía… divertido. Un toro mecánico. Dean levantó una ceja. —Esto es nuevo —murmuró, entrando como si aquel fuera su territorio natural. Un cartel hecho con cartulina anunciaba: TORNEO DE TORO MECÁNICO – GANADOR: BEBIDAS GRATIS TODA LA NOCHE. Sus ojos brillaron con la intensidad de alguien que acababa de encontrar su propósito en la vida. Se apoyó en la barra y pidió una cerveza mientras observaba a los participantes: un tipo demasiado borracho cayó a los tres segundos, una chica aguantó casi veinte antes de salir volando entre risas, y otro terminó enredado con la cuerda como si el toro lo hubiera declarado enemigo personal. Dean sonrió de medio lado. —Vamos, cariño… tú y yo tenemos asuntos pendientes. Cuando anunciaron su turno, algunos lo miraron con curiosidad: camisa de franela, botas gastadas, expresión confiada. El operador del toro le explicó las reglas con voz aburrida. —El que dure más tiempo gana. Dean se subió al toro con una facilidad insultante y se ajustó el agarre. —Hazlo interesante —le dijo al operador—. No seas tímido. La música subió. El toro empezó lento, casi burlón. Dean se balanceaba con naturalidad, como si hubiera nacido para eso. La gente comenzó a animar. Luego el toro aceleró, giró con violencia, saltó de un lado a otro. Dean apretó los dientes cuando el toro hizo un giro brusco que habría lanzado a cualquiera al suelo. Pero él se mantuvo firme, una mano en alto, la otra aferrada como si fuera una cacería más. —¡Vamos! —gritó alguien desde la barra. El operador subió la dificultad al máximo. El toro parecía poseído por algo del infierno. Dean estuvo a punto de caer cuando el animal dio un latigazo final… pero logró recuperar el equilibrio con una risa salvaje. Y entonces… se detuvo. Silencio. Un segundo después, el bar explotó en aplausos y vítores. —¡Tenemos ganador! —anunció el camarero—. ¡El vaquero de cuadros! Dean se dejó caer al suelo, respirando agitado, con una sonrisa enorme. —Eso… ha sido lo mejor de la semana —dijo, levantándose. Alguien le puso una cerveza en la mano. Luego otra. Y otra más. Durante el resto de la noche fue tratado como una leyenda local: palmadas en la espalda, fotos con desconocidos y comentarios como “Ese tipo montó el toro como si fuera el Apocalipsis”. Cuando volvió al búnker horas después, oliendo a cerveza y gloria, Sam lo miró desde la mesa de mapas. —¿Dónde estabas? Dean dejó el trofeo sobre la mesa con orgullo. —Ganando el primero torneo de toro mecánico de Lebanon. Sam parpadeó. —…¿Por qué no me sorprende? Dean se encogió de hombros, sonriendo. —Hay cosas que simplemente están escritas en mi destino, Sammy. Y esa noche, el destino llevaba botas, música country y bebidas gratis.
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  • -Después de una tediosa jornada asistiendo a Charlie y viéndome obligada a sepultarme bajo una montaña interminable de papeleo monótono, sentía cómo mi paciencia se evaporaba, dejando un rastro de irritación ácida en mi pecho. Necesitaba un escape, un refugio de paz que el hotel no parecía querer ofrecerme... hasta que la solución vibró en mi garganta. -

    ¿Qué mejor catarsis existe que el dulce veneno de la melodía?

    -Mis pasos me guiaron hasta el salón del restaurante, donde el aroma a licor y el murmullo de los condenados flotaba en el aire. En cuanto mis tacones golpearon las tablas del escenario, el lugar pareció cobrar vida propia; silbidos de admiración y aplausos eufóricos estallaron al reconocer mi silueta bajo el reflector. Con una sonrisa cargada de elegancia y un brillo travieso en los ojos, me acerqué al micrófono-

    'Oh, caballeros, me abruman con tan exquisita bienvenida... ¿Qué les parece si les pago el favor con una pequeña sintonía?'

    -Tras un chasquido de mis dedos que resonó como un disparo de mando, los músicos arrancaron con el primer acorde, y mi voz, como un hechizo líquido, comenzó a llenar los rincones vacíos, atrayendo a las almas errantes desde los pasillos hacia mi propia frecuencia.-


    https://youtu.be/jTwBQ0H5SsM?si=HnlF6ozRb6cRJNOj
    -Después de una tediosa jornada asistiendo a Charlie y viéndome obligada a sepultarme bajo una montaña interminable de papeleo monótono, sentía cómo mi paciencia se evaporaba, dejando un rastro de irritación ácida en mi pecho. Necesitaba un escape, un refugio de paz que el hotel no parecía querer ofrecerme... hasta que la solución vibró en mi garganta. - ¿Qué mejor catarsis existe que el dulce veneno de la melodía? -Mis pasos me guiaron hasta el salón del restaurante, donde el aroma a licor y el murmullo de los condenados flotaba en el aire. En cuanto mis tacones golpearon las tablas del escenario, el lugar pareció cobrar vida propia; silbidos de admiración y aplausos eufóricos estallaron al reconocer mi silueta bajo el reflector. Con una sonrisa cargada de elegancia y un brillo travieso en los ojos, me acerqué al micrófono- 'Oh, caballeros, me abruman con tan exquisita bienvenida... ¿Qué les parece si les pago el favor con una pequeña sintonía?' -Tras un chasquido de mis dedos que resonó como un disparo de mando, los músicos arrancaron con el primer acorde, y mi voz, como un hechizo líquido, comenzó a llenar los rincones vacíos, atrayendo a las almas errantes desde los pasillos hacia mi propia frecuencia.- https://youtu.be/jTwBQ0H5SsM?si=HnlF6ozRb6cRJNOj
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