• #Undíaenlavidade Araminta Gunningworth


    La noche anterior ordené que me trajeran a las nueve y media el desayuno a mi habitación.
    Aproveche para decirla a la doncella que trajo la bandeja que avisara a mi hija Rosamund para que viniera, ayer salió a montar a caballo en compañía del señor Rockesby.
    La doncella que los acompañó no me contó nada digno de contar, menuda estúpida.

    Mi hija no se digno a venir, mi cuñada se adelantó y estuvieron conversando sobre esa salida toda la mañana.

    Estoy bastante furiosa pero lo escondo para mis adentros, consigo interceptar a mi hija mayor en la biblioteca.
    Lugar donde antes nunca llegaba a pasar, creía que podría librarse de su madre.
    Mis hijas siempre se equivocan, yo siempre consigo lo que quiero.

    Los Rockesby se marcharán pronto y ninguna de las dos conseguirá que el hijo mayor, le pida su mano a una de las dos.

    Tengo que actuar cuanto antes, no puedo continuar ni un mes más en el campo.

    Necesito volver a Londres.
    #Undíaenlavidade Araminta Gunningworth La noche anterior ordené que me trajeran a las nueve y media el desayuno a mi habitación. Aproveche para decirla a la doncella que trajo la bandeja que avisara a mi hija Rosamund para que viniera, ayer salió a montar a caballo en compañía del señor Rockesby. La doncella que los acompañó no me contó nada digno de contar, menuda estúpida. Mi hija no se digno a venir, mi cuñada se adelantó y estuvieron conversando sobre esa salida toda la mañana. Estoy bastante furiosa pero lo escondo para mis adentros, consigo interceptar a mi hija mayor en la biblioteca. Lugar donde antes nunca llegaba a pasar, creía que podría librarse de su madre. Mis hijas siempre se equivocan, yo siempre consigo lo que quiero. Los Rockesby se marcharán pronto y ninguna de las dos conseguirá que el hijo mayor, le pida su mano a una de las dos. Tengo que actuar cuanto antes, no puedo continuar ni un mes más en el campo. Necesito volver a Londres.
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  • #Undíaenlavidade Francesca Stirling


    Hace tan solo apenas dos semanas que regresamos de vuelta a Kilmartin, debido a un escándalo provocado por Michael, el primo de mi esposo.

    De nuevo esta mañana también desayuno sola, no hay ningún lacayo dentro del comedor.
    Cada uno está ocupado con sus respectivas tareas, luego como siempre salgo a los extensos jardines del castillo para hacer ejercicio y tomar aire.

    Durante la comida mi esposo Jhon se digno a salir de su escondite, los primos llevan tres días sin hablarse y apenas me hablan a mí.

    Varias veces he intentado sacarle temas de conversación, pero Jhon sigue actuando como si estuviera comiendo solo.

    ¿Qué puedo hacer para que vuelva a hablarme?.

    Decido pasar el resto de la tarde en mis aposentos, leyendo la carta que recibí de mi hermana Eloise.

    Es muy agradable recibir noticias de algún miembro de mi extensa familia.

    Al abrir lentamente mis ojos me doy cuenta de que me quedé dormida sobre varios folios.
    Comienzo a escuchar unas voces, no las reconozco a la primera pero enseguida mis oídos se agudizaron aún más y aquellas voces son de mi esposo y su primo.

    Camino por uno de los pasillos principales portando una vela en mis manos, en el salón familiar sentados sobre la alfombra riendo animadamente, ahí están los dos hombres.

    Sin lugar a dudas los hombres Stirling son una especie en peligro de extinción.
    #Undíaenlavidade Francesca Stirling Hace tan solo apenas dos semanas que regresamos de vuelta a Kilmartin, debido a un escándalo provocado por Michael, el primo de mi esposo. De nuevo esta mañana también desayuno sola, no hay ningún lacayo dentro del comedor. Cada uno está ocupado con sus respectivas tareas, luego como siempre salgo a los extensos jardines del castillo para hacer ejercicio y tomar aire. Durante la comida mi esposo Jhon se digno a salir de su escondite, los primos llevan tres días sin hablarse y apenas me hablan a mí. Varias veces he intentado sacarle temas de conversación, pero Jhon sigue actuando como si estuviera comiendo solo. ¿Qué puedo hacer para que vuelva a hablarme?. Decido pasar el resto de la tarde en mis aposentos, leyendo la carta que recibí de mi hermana Eloise. Es muy agradable recibir noticias de algún miembro de mi extensa familia. Al abrir lentamente mis ojos me doy cuenta de que me quedé dormida sobre varios folios. Comienzo a escuchar unas voces, no las reconozco a la primera pero enseguida mis oídos se agudizaron aún más y aquellas voces son de mi esposo y su primo. Camino por uno de los pasillos principales portando una vela en mis manos, en el salón familiar sentados sobre la alfombra riendo animadamente, ahí están los dos hombres. Sin lugar a dudas los hombres Stirling son una especie en peligro de extinción.
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  • #UnDíaenlavidade Mike Spellman

    El despertador suena como cada mañana de entre semana, a las 6:15 de la mañana.
    Normalmente suelo ducharme por las noches, ayer cene más tarde de lo habitual.

    Después de ducharme y vestirme, en la cocina Paulina nuestra sirvienta ya tiene preparado el desayuno.
    Mi madre como siempre sea marchado muy temprano sin desayunar, mi padre y yo desayunamos cada mañana juntos.

    Antes de ir al trabajo me lleva al instituto, hoy después de clases tengo reunión con mi grupo de Dragones y mazmorras.

    Las clases fueron rápidas y aburridas, durante la reunión para hablar de nuestra próxima batalla, pedimos dos pizzas familiares.

    Regrese a casa justo para ocuparme de poner una lavadora y mientras aprovecho para hacer los deberes.

    Paulina no viene todos los días solo los lunes y miércoles, por las mañanas.

    Mis padres van a llegar tarde, por lo que después de sacar mi ropa de la secadora, hice algo rápido para hacerme la cena y mientras como veo un episodio de “ Peaky Blinders”

    Antes de meterme en la cama conecto el móvil para que cargue durante la noche.
    #UnDíaenlavidade Mike Spellman El despertador suena como cada mañana de entre semana, a las 6:15 de la mañana. Normalmente suelo ducharme por las noches, ayer cene más tarde de lo habitual. Después de ducharme y vestirme, en la cocina Paulina nuestra sirvienta ya tiene preparado el desayuno. Mi madre como siempre sea marchado muy temprano sin desayunar, mi padre y yo desayunamos cada mañana juntos. Antes de ir al trabajo me lleva al instituto, hoy después de clases tengo reunión con mi grupo de Dragones y mazmorras. Las clases fueron rápidas y aburridas, durante la reunión para hablar de nuestra próxima batalla, pedimos dos pizzas familiares. Regrese a casa justo para ocuparme de poner una lavadora y mientras aprovecho para hacer los deberes. Paulina no viene todos los días solo los lunes y miércoles, por las mañanas. Mis padres van a llegar tarde, por lo que después de sacar mi ropa de la secadora, hice algo rápido para hacerme la cena y mientras como veo un episodio de “ Peaky Blinders” Antes de meterme en la cama conecto el móvil para que cargue durante la noche.
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  • Una mujer puede curarte... hacerte un hombre... hacerte padre... te hace humano. Una mujer te cura las heridas más profundas, ellas ven las heridas del alma. Una mujet sabe lo que sientes mucho antes de que se lo digas.
    Una mujer puede curarte... hacerte un hombre... hacerte padre... te hace humano. Una mujer te cura las heridas más profundas, ellas ven las heridas del alma. Una mujet sabe lo que sientes mucho antes de que se lo digas.
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  • #UnDiaEnLaVidaDe Thalya Valcourt

    El avión aterrizó a media mañana. Cuando las ruedas tocaron pista, Thalya no sintió alivio como la primera vez que volvió después de años, sino una tensión rara en el pecho.

    Al salir del aeropuerto el aire era distinto. Se colgó la mochila al hombro y tomó un taxi. No miró el móvil en todo el trayecto, igual ya sabía que ningún mensaje de nadie le había llegado.

    Bajó cerca del edificio de su abuelo con una sensación extraña, como volver a una casa que realmente solo consideraste tuya un par de semanas. Se quedó unos segundos en la acera antes de subir, observando el balcón. La persiana seguía a medio bajar, igual que siempre por las mañanas. Tomó aire y subió las escaleras en silencio, escuchando cada paso contra el mármol como si solo pudiese centrarse en eso.

    Su abuelo abrió antes de que llamara por segunda vez. Se miraron sin hablar y él la abrazó con fuerza, Thalya por su parte tardó un segundo, pero acabó rodeándolo también.

    —Has adelgazado —murmuró él.

    —Gracias yayo, también me alegro de verte —respondió, intentando sonar normal con una ligera sonrisa.

    Dejó la mochila, bebió un vaso de agua en la cocina y después de pasar un rato con él, escuchó las indicaciones para llegar al hospital. Prefería ir enseguida, antes de pensárselo demasiado.

    El hospital olía a desinfectante y café de máquina, todo lo que odiaba. Pasó por el mostrador, dijo su nombre, y siguió el pasillo blanco hasta la habitación. Antes de entrar se detuvo un momento, mirando la puerta cerrada mientras su mano dudaba en el pomo.

    Dentro, su abuela dormía. Más pequeña de lo que recordaba, hundida entre las sábanas. El monitor marcaba un ritmo lento y constante. Thalya se acercó despacio, como si cualquier mínimo ruido pudiera llegar a despertarla.

    Se sentó a su lado, pasando un buen rato mirando sus manos, las mismas que recordaba preparando café, limpiando harina del delantal, acomodándole el cuello de la chaqueta al salir de casa. Ahora parecían livianas.
    No dijo nada, sino que solo las sostuvo entre las suyas.

    A media tarde salió a despejarse. Caminó sin rumbo fijo hasta llegar al paseo marítimo. Compró un café frío con hielo (como de costumbre) y se sentó frente al mar. Observó el movimiento del agua, intentando ordenar pensamientos que no terminaban de acomodarse.

    Había imaginado este regreso muchas veces, pero nunca con esta prisa, ni con esa sensación de haber llegado tarde a algo importante, ni mucho menos sola. No sabía cuánto tiempo tenía, ni qué iba a decir cuando su abuela despertara. Solo sabía que quedarse lejos de ella ya no era una opción.

    El sol empezó a bajar. El ruido de la gente alrededor continuaba como siempre, ajeno a ella. Thalya dio el último sorbo al vaso, dejó el envase en la papelera y regresó hacia el hospital antes de que anocheciera.
    #UnDiaEnLaVidaDe Thalya Valcourt El avión aterrizó a media mañana. Cuando las ruedas tocaron pista, Thalya no sintió alivio como la primera vez que volvió después de años, sino una tensión rara en el pecho. Al salir del aeropuerto el aire era distinto. Se colgó la mochila al hombro y tomó un taxi. No miró el móvil en todo el trayecto, igual ya sabía que ningún mensaje de nadie le había llegado. Bajó cerca del edificio de su abuelo con una sensación extraña, como volver a una casa que realmente solo consideraste tuya un par de semanas. Se quedó unos segundos en la acera antes de subir, observando el balcón. La persiana seguía a medio bajar, igual que siempre por las mañanas. Tomó aire y subió las escaleras en silencio, escuchando cada paso contra el mármol como si solo pudiese centrarse en eso. Su abuelo abrió antes de que llamara por segunda vez. Se miraron sin hablar y él la abrazó con fuerza, Thalya por su parte tardó un segundo, pero acabó rodeándolo también. —Has adelgazado —murmuró él. —Gracias yayo, también me alegro de verte —respondió, intentando sonar normal con una ligera sonrisa. Dejó la mochila, bebió un vaso de agua en la cocina y después de pasar un rato con él, escuchó las indicaciones para llegar al hospital. Prefería ir enseguida, antes de pensárselo demasiado. El hospital olía a desinfectante y café de máquina, todo lo que odiaba. Pasó por el mostrador, dijo su nombre, y siguió el pasillo blanco hasta la habitación. Antes de entrar se detuvo un momento, mirando la puerta cerrada mientras su mano dudaba en el pomo. Dentro, su abuela dormía. Más pequeña de lo que recordaba, hundida entre las sábanas. El monitor marcaba un ritmo lento y constante. Thalya se acercó despacio, como si cualquier mínimo ruido pudiera llegar a despertarla. Se sentó a su lado, pasando un buen rato mirando sus manos, las mismas que recordaba preparando café, limpiando harina del delantal, acomodándole el cuello de la chaqueta al salir de casa. Ahora parecían livianas. No dijo nada, sino que solo las sostuvo entre las suyas. A media tarde salió a despejarse. Caminó sin rumbo fijo hasta llegar al paseo marítimo. Compró un café frío con hielo (como de costumbre) y se sentó frente al mar. Observó el movimiento del agua, intentando ordenar pensamientos que no terminaban de acomodarse. Había imaginado este regreso muchas veces, pero nunca con esta prisa, ni con esa sensación de haber llegado tarde a algo importante, ni mucho menos sola. No sabía cuánto tiempo tenía, ni qué iba a decir cuando su abuela despertara. Solo sabía que quedarse lejos de ella ya no era una opción. El sol empezó a bajar. El ruido de la gente alrededor continuaba como siempre, ajeno a ella. Thalya dio el último sorbo al vaso, dejó el envase en la papelera y regresó hacia el hospital antes de que anocheciera.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    — Nosotros detuvimos el Fin en nuestro mundo, ahora te toca a ti trazar un destino que las estrellas no puedan predecir. Pero no olvides que, bajo esa armadura de héroe, siempre habrá espacio para una sonrisa y un momento de paz. Prométenos que, sin importar cuán lejos llegues, seguirás amando este mundo tanto como nosotros lo hicimos.

    ​"Buen viaje, Trazacaminos... que nuestro brillo sea el viento en tus velas hasta el final del camino."
    — Nosotros detuvimos el Fin en nuestro mundo, ahora te toca a ti trazar un destino que las estrellas no puedan predecir. Pero no olvides que, bajo esa armadura de héroe, siempre habrá espacio para una sonrisa y un momento de paz. Prométenos que, sin importar cuán lejos llegues, seguirás amando este mundo tanto como nosotros lo hicimos. ​"Buen viaje, Trazacaminos... que nuestro brillo sea el viento en tus velas hasta el final del camino."
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  • #UnDiaEnLaVidaDe Daenora Targaryen

    Unas doncellas se encargan de despertar cada día a Daenora por su condición de princesa. Y cada día sienten más lástima por ella viendo el estado en el que se encuentra. Atrapada en un matrimonio que ella no ha pedido, parece estar contando las horas para volver a su cama.

    Mientras desayuna, intenta evitar coincidir con Aerion, y en ese momento es cuando imagina diferentes maneras en las cuales podría terminar con su vida. Una fantasía que le ocupa casi todo su desayuno.

    Tras ello, dedica una hora a rezar a los dioses, intentando que la suerte la acompañe, o que ellos mismos intervengan y asesinen a su marido.

    En la comida, cuando se reúne con su familia política, vuelve a pensar si sería tan complicado poner veneno en la copa del contrario, para no tener que soportar nuevamente su presencia.

    Y sobre todo a las noches, cuando busca pretextos para no consumir su matrimonio, imagina que tiene un cuchillo en su almohada. El cual, clava en el cuello ajeno si se atreviese a entrar en su habitación.
    #UnDiaEnLaVidaDe Daenora Targaryen Unas doncellas se encargan de despertar cada día a Daenora por su condición de princesa. Y cada día sienten más lástima por ella viendo el estado en el que se encuentra. Atrapada en un matrimonio que ella no ha pedido, parece estar contando las horas para volver a su cama. Mientras desayuna, intenta evitar coincidir con Aerion, y en ese momento es cuando imagina diferentes maneras en las cuales podría terminar con su vida. Una fantasía que le ocupa casi todo su desayuno. Tras ello, dedica una hora a rezar a los dioses, intentando que la suerte la acompañe, o que ellos mismos intervengan y asesinen a su marido. En la comida, cuando se reúne con su familia política, vuelve a pensar si sería tan complicado poner veneno en la copa del contrario, para no tener que soportar nuevamente su presencia. Y sobre todo a las noches, cuando busca pretextos para no consumir su matrimonio, imagina que tiene un cuchillo en su almohada. El cual, clava en el cuello ajeno si se atreviese a entrar en su habitación.
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  • #UnDiaEnLaVidaDe Niki Sanada Kirijo

    El sonido de la alarma del móvil me despierta, son las 6:30 de la mañana y me esperaba un día un tanto intenso. Lo primero que hago es darme una ducha fría y luego mi rutina de día. En el desayuno hablo con mis padres de las clases y de mi labor como delegada de los de los últimos cursos.

    Madre me lleva a clase hoy, ya que tiene unas horas antes de irse a Portland. Ya en el instituto voy a mis clases, para luego almorzar con mis amigos. A la tarde tengo mis ultimas clases, para luego estar dos horas con la clase de ballet. Tras estás tengo una reunión de cómo organizar la llegada de las personas que vienen de intercambio, además de ver cómo van los preparativos del baile de primavera.

    Al salir padre me espera, por el camino voy haciendo algún deber que tengo que hacer, ya en casa me ducho y me pongo mi pijama. Para luego cenar con mis padres. Antes de dormir acabo de hacer los deberes que me quedan y me hago la skincare de noche para luego descansar. Ha sido un día largo pero me siento muy afortunada de tener unos padres maravillosos.
    #UnDiaEnLaVidaDe Niki Sanada Kirijo El sonido de la alarma del móvil me despierta, son las 6:30 de la mañana y me esperaba un día un tanto intenso. Lo primero que hago es darme una ducha fría y luego mi rutina de día. En el desayuno hablo con mis padres de las clases y de mi labor como delegada de los de los últimos cursos. Madre me lleva a clase hoy, ya que tiene unas horas antes de irse a Portland. Ya en el instituto voy a mis clases, para luego almorzar con mis amigos. A la tarde tengo mis ultimas clases, para luego estar dos horas con la clase de ballet. Tras estás tengo una reunión de cómo organizar la llegada de las personas que vienen de intercambio, además de ver cómo van los preparativos del baile de primavera. Al salir padre me espera, por el camino voy haciendo algún deber que tengo que hacer, ya en casa me ducho y me pongo mi pijama. Para luego cenar con mis padres. Antes de dormir acabo de hacer los deberes que me quedan y me hago la skincare de noche para luego descansar. Ha sido un día largo pero me siento muy afortunada de tener unos padres maravillosos.
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  • Me encanta observar lo bello de este mundo, tiene cosas tan hermosas y bellas que a cualquiera dejaría impresionado.

    Y prefiero ver lo bello antes que lo malo, si veo lo malo lo único que aria al menos yo, sería ser una dragóna negativa y que no tiene sueños... No quiero algo así quiero tener sueños y esperanzas en que el mundo pueda ser un lugar mejor y aún más bello de lo que ya es y puede ser.
    Me encanta observar lo bello de este mundo, tiene cosas tan hermosas y bellas que a cualquiera dejaría impresionado. Y prefiero ver lo bello antes que lo malo, si veo lo malo lo único que aria al menos yo, sería ser una dragóna negativa y que no tiene sueños... No quiero algo así quiero tener sueños y esperanzas en que el mundo pueda ser un lugar mejor y aún más bello de lo que ya es y puede ser.
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  • #UnDiaEnLaVidaDe Scarlett DuBois.

    El salón aún estaba vacío cuando Scarlett encendió las luces.

    La madera crujió suavemente bajo sus zapatillas mientras cruzaba el estudio. El aire olía a resina y a silencio, a esa calma tensa que precede a la disciplina. Dejó el bolso junto al piano, se acercó a la barra y apoyó las manos con suavidad.

    Primera posición.

    Sus talones se tocaron como si nunca hubieran dejado de hacerlo. La espalda se alargó, el mentón apenas elevado. Cerró los ojos un segundo. El cuerpo recordaba incluso lo que el destino le había quitado.

    Plié.

    Lento. Controlado. Las rodillas se abrieron con precisión. La cadera respondió con una leve protesta muda, un recordatorio constante de lo que fue y ya no es. Scarlett no frunció el ceño. No le concedía dramatismo al dolor. Solo lo gestionaba.

    Tendu.

    El pie se deslizó hacia delante como una caricia contenida. El empeine se extendió con elegancia intacta. Nadie diría que hubo un accidente. Nadie vería la cicatriz bajo las medias.

    Giró hacia el espejo.

    Por un instante, no era la profesora. No era la entrenadora obligada a corregir futbolistas con exceso de ego. Era la bailarina que una vez llenó escenarios, la que sostenía la respiración del público en cada relevé.

    Subió a demi-pointe.

    El equilibrio fue perfecto.

    Su reflejo le devolvió una imagen serena, impecable. Solo ella sabía cuánto costaba cada segundo de estabilidad.

    La puerta del estudio se abrió con un leve chirrido. Voces jóvenes comenzaron a llenar el espacio.

    Scarlett bajó los talones con suavidad y su expresión cambió: se volvió firme, profesional, inquebrantable.

    —A la barra —indicó sin elevar la voz.

    Las alumnas ocuparon sus lugares. Ella caminó entre ellas como una sombra elegante, corrigiendo una muñeca caída, alineando un hombro, ajustando la rotación de una pierna con apenas dos dedos.

    —El equilibrio no se negocia —dijo con calma—. Si vuestra mente duda, el cuerpo cae.

    Se detuvo frente a la más pequeña del grupo, que luchaba por sostener un relevé tembloroso.

    Scarlett colocó su mano en su espalda baja.

    —Aquí —susurró—. No en el pie. El equilibrio empieza en el centro.

    La niña se estabilizó.

    Scarlett retiró la mano con la misma delicadeza con la que se recoge un recuerdo frágil.

    Durante un segundo, una chispa —breve, casi invisible— atravesó su mirada. No era entusiasmo. Era algo más profundo. Algo que no se había perdido del todo.

    El salón ya no estaba vacío. Pero la disciplina seguía siendo la misma.

    Y ella también.
    #UnDiaEnLaVidaDe Scarlett DuBois. El salón aún estaba vacío cuando Scarlett encendió las luces. La madera crujió suavemente bajo sus zapatillas mientras cruzaba el estudio. El aire olía a resina y a silencio, a esa calma tensa que precede a la disciplina. Dejó el bolso junto al piano, se acercó a la barra y apoyó las manos con suavidad. Primera posición. Sus talones se tocaron como si nunca hubieran dejado de hacerlo. La espalda se alargó, el mentón apenas elevado. Cerró los ojos un segundo. El cuerpo recordaba incluso lo que el destino le había quitado. Plié. Lento. Controlado. Las rodillas se abrieron con precisión. La cadera respondió con una leve protesta muda, un recordatorio constante de lo que fue y ya no es. Scarlett no frunció el ceño. No le concedía dramatismo al dolor. Solo lo gestionaba. Tendu. El pie se deslizó hacia delante como una caricia contenida. El empeine se extendió con elegancia intacta. Nadie diría que hubo un accidente. Nadie vería la cicatriz bajo las medias. Giró hacia el espejo. Por un instante, no era la profesora. No era la entrenadora obligada a corregir futbolistas con exceso de ego. Era la bailarina que una vez llenó escenarios, la que sostenía la respiración del público en cada relevé. Subió a demi-pointe. El equilibrio fue perfecto. Su reflejo le devolvió una imagen serena, impecable. Solo ella sabía cuánto costaba cada segundo de estabilidad. La puerta del estudio se abrió con un leve chirrido. Voces jóvenes comenzaron a llenar el espacio. Scarlett bajó los talones con suavidad y su expresión cambió: se volvió firme, profesional, inquebrantable. —A la barra —indicó sin elevar la voz. Las alumnas ocuparon sus lugares. Ella caminó entre ellas como una sombra elegante, corrigiendo una muñeca caída, alineando un hombro, ajustando la rotación de una pierna con apenas dos dedos. —El equilibrio no se negocia —dijo con calma—. Si vuestra mente duda, el cuerpo cae. Se detuvo frente a la más pequeña del grupo, que luchaba por sostener un relevé tembloroso. Scarlett colocó su mano en su espalda baja. —Aquí —susurró—. No en el pie. El equilibrio empieza en el centro. La niña se estabilizó. Scarlett retiró la mano con la misma delicadeza con la que se recoge un recuerdo frágil. Durante un segundo, una chispa —breve, casi invisible— atravesó su mirada. No era entusiasmo. Era algo más profundo. Algo que no se había perdido del todo. El salón ya no estaba vacío. Pero la disciplina seguía siendo la misma. Y ella también.
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