• -- Susurro de Plutón --

    El Susurro de Plutón crece en grandes racimos, es raro encontrar a un especímen lejos de un grupo. El tallo es largo y de grosor promedio, mientras que la tapa es gruesa, lisa, de textura aceitosa. Resaltan zonas bioluminiscentes con forma similar a estrellas.

    En las zonas subterráneas del refugio, la principal fuente de luz proviene de estas setas.

    El Susurro crece exclusivamente sobre materia orgánica en descomposición, como por ejemplo, otras setas, las pocas plantas que crecen en las zonas profundas del refugio, y más notablemente, los cadáveres de los pocos animales que se aventuran a estas zonas. Los que brotan de animales parecen tener ciertas propiedades pricotrópicas aunque son los más difíciles de encontrar.

    Este hongo puede, a través de un mecanismo que no entendemos aún, absorber los pensamientos y recuerdos del animal sobre el que brota y transferir esos recuerdos a cualquiera que consuma el hongo. Hemos recibido ofertas millonarias de ciertos grupos y sectas espiritistas, interesadas en sus supuestas propiedades para vincular el alma humana con su espíritu animal.
    -- Susurro de Plutón -- El Susurro de Plutón crece en grandes racimos, es raro encontrar a un especímen lejos de un grupo. El tallo es largo y de grosor promedio, mientras que la tapa es gruesa, lisa, de textura aceitosa. Resaltan zonas bioluminiscentes con forma similar a estrellas. En las zonas subterráneas del refugio, la principal fuente de luz proviene de estas setas. El Susurro crece exclusivamente sobre materia orgánica en descomposición, como por ejemplo, otras setas, las pocas plantas que crecen en las zonas profundas del refugio, y más notablemente, los cadáveres de los pocos animales que se aventuran a estas zonas. Los que brotan de animales parecen tener ciertas propiedades pricotrópicas aunque son los más difíciles de encontrar. Este hongo puede, a través de un mecanismo que no entendemos aún, absorber los pensamientos y recuerdos del animal sobre el que brota y transferir esos recuerdos a cualquiera que consuma el hongo. Hemos recibido ofertas millonarias de ciertos grupos y sectas espiritistas, interesadas en sus supuestas propiedades para vincular el alma humana con su espíritu animal.
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  • Tengo muchas cosas que hacer, heredar la responsabilidad de manejar un hospital para criaturas subterráneas no estaba en mi bingo card de este año, de ninguno. ¡Uff! Y apenas es siete de enero.
    Sepan que necesitaré ayuda y pacientes.
    Tengo muchas cosas que hacer, heredar la responsabilidad de manejar un hospital para criaturas subterráneas no estaba en mi bingo card de este año, de ninguno. ¡Uff! Y apenas es siete de enero. Sepan que necesitaré ayuda y pacientes.
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  • Dottore

    *tratar con la princesa del abismo es... interesante, a demás de que suele relajarse cuando ella entra al laboratorio... cosa que permite incluso dándole la llave de este, solo ponía las etiquetas correspondientes en sustancias peligrosas.

    Habiendo creado un piso subterráneo para sus experimentos mas peligrosos, junto a las criaturas que formaba, con tal de protegerla indirectamente, poniendo atención a las ideas de Lumine, claro las llevaba a cabo para verla sonreir*

    Incluso tengo algo para Lumi hoy...
    🩺 Dottore 🧪 *tratar con la princesa del abismo es... interesante, a demás de que suele relajarse cuando ella entra al laboratorio... cosa que permite incluso dándole la llave de este, solo ponía las etiquetas correspondientes en sustancias peligrosas. Habiendo creado un piso subterráneo para sus experimentos mas peligrosos, junto a las criaturas que formaba, con tal de protegerla indirectamente, poniendo atención a las ideas de Lumine, claro las llevaba a cabo para verla sonreir* Incluso tengo algo para Lumi hoy...
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  • 𝓨𝒐𝒖𝒓 𝒎𝒐𝒔𝒕 𝒉𝒖𝒎𝒃𝒍𝒆 𝒂𝒏𝒅 𝒐𝒃𝒆𝒅𝒊𝒆𝒏𝒕 𝒔𝒆𝒓𝒗𝒂𝒏𝒕, 𝓞.𝓖
    Fandom The phantom of the opera
    Categoría Slice of Life
    Las catacumbas subterráneas de la ópera escondían su morada, el único lugar al que podía llamar un hogar. Lo había construido con sus propias manos, era suyo y estaba meticulosamente protegido por un lago artificial que solo se podía cruzar con una góndola. Conocía cada rincón de la ópera como la palma de su mano, no obstante no podía decir lo mismo de las calles de París.

    El persa, su buen, y único amigo en la ópera le había sugerido visitar un viejo teatro al final de calle. Le había dicho que allí encontraría a un sobrino suyo, un vionilista que necesitaba algunas clases extras y que el fantasma era un excelente candidato para convertirse en su maestro.

    Erik dudó un poco, pero al cabo de un momento acepto. Después de todo, era lo menos que podía hacer por él, le debía la vida, literalmente y si ayudar a su sobrino a mejorar con su instrumento lo haría feliz; no había nada más que decir.

    Se escabullo a media noche, cuando todo el personal de la opera dormía. Se cubrio con una capa y oculto su rostro debajo de un sombrero de ala ancha. No tuvo complicaciones para encontrar el teatro, era el único en esa calle y el menos agraciado.

    La puerta estaba abierta, pero no había nadie para recibirlo. Decidió encontrar al muchacho por su cuenta y avanzo por el lugar hasta llegar a los camerinos detrás del escenario. Se quito el sombrero y siguió un ruido que se asemejanba al de las ratas masticando cables, pero a medida que se acercaba encontraba familiaridad en ese sonido, rítmico y mecánico; el de una máquina de coser en funcionamiento.

    ──¿Darío? ── Lo llamó antes de asomar la cabeza en el umbral del único camerino que tenía la puerta abierta. Primer error... En lugar de ver al joven de tez morena, se encontro con una mujer que dejó de lados sus labores y alzó la cabeza para verlo.

    Los segundos que hicieron contacto visual le parecieron eternos y pensó en darse la vuelta, salir de allí lo más rápido posible pero si la mujer se asustaba y gritaba, llamaría la atención de algún otro artista que estuviera en alguna parte del teatro por lo que marcharse, no era una opcion inteligente.

    Se quedo en su sitio, abrazandose a la oscuridad que le proporcionaba el pasillo y levanto sus manos enguantadas a la altura del torso para demostrarle que no era un peligro. Un hombre que usaba la mitad de una máscara de porcelana blanca para cubrirse la mitad del rostro era algo que no se veía todos los días.

    ──Madame, no le haré daño. Estaba buscando a alguien, a un muchacho, no soy un ladrón ni nada parecido.

    Viktoria Harrow
    Las catacumbas subterráneas de la ópera escondían su morada, el único lugar al que podía llamar un hogar. Lo había construido con sus propias manos, era suyo y estaba meticulosamente protegido por un lago artificial que solo se podía cruzar con una góndola. Conocía cada rincón de la ópera como la palma de su mano, no obstante no podía decir lo mismo de las calles de París. El persa, su buen, y único amigo en la ópera le había sugerido visitar un viejo teatro al final de calle. Le había dicho que allí encontraría a un sobrino suyo, un vionilista que necesitaba algunas clases extras y que el fantasma era un excelente candidato para convertirse en su maestro. Erik dudó un poco, pero al cabo de un momento acepto. Después de todo, era lo menos que podía hacer por él, le debía la vida, literalmente y si ayudar a su sobrino a mejorar con su instrumento lo haría feliz; no había nada más que decir. Se escabullo a media noche, cuando todo el personal de la opera dormía. Se cubrio con una capa y oculto su rostro debajo de un sombrero de ala ancha. No tuvo complicaciones para encontrar el teatro, era el único en esa calle y el menos agraciado. La puerta estaba abierta, pero no había nadie para recibirlo. Decidió encontrar al muchacho por su cuenta y avanzo por el lugar hasta llegar a los camerinos detrás del escenario. Se quito el sombrero y siguió un ruido que se asemejanba al de las ratas masticando cables, pero a medida que se acercaba encontraba familiaridad en ese sonido, rítmico y mecánico; el de una máquina de coser en funcionamiento. ──¿Darío? ── Lo llamó antes de asomar la cabeza en el umbral del único camerino que tenía la puerta abierta. Primer error... En lugar de ver al joven de tez morena, se encontro con una mujer que dejó de lados sus labores y alzó la cabeza para verlo. Los segundos que hicieron contacto visual le parecieron eternos y pensó en darse la vuelta, salir de allí lo más rápido posible pero si la mujer se asustaba y gritaba, llamaría la atención de algún otro artista que estuviera en alguna parte del teatro por lo que marcharse, no era una opcion inteligente. Se quedo en su sitio, abrazandose a la oscuridad que le proporcionaba el pasillo y levanto sus manos enguantadas a la altura del torso para demostrarle que no era un peligro. Un hombre que usaba la mitad de una máscara de porcelana blanca para cubrirse la mitad del rostro era algo que no se veía todos los días. ──Madame, no le haré daño. Estaba buscando a alguien, a un muchacho, no soy un ladrón ni nada parecido. [threads.of.fate]
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  • Se encuentra tan aburrido y fastidiado que ha pensado en seriamente salir del subterráneo para caminar bajo el abrazador sol.

    Todo es mejor que aguantar otro día de la chica con orejas grandes hablando sin parar.
    Se encuentra tan aburrido y fastidiado que ha pensado en seriamente salir del subterráneo para caminar bajo el abrazador sol. Todo es mejor que aguantar otro día de la chica con orejas grandes hablando sin parar.
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  • Las temperaturas han comenzado a bajar, es una pena que un lugar como el subterráneo en donde viven no tenga acceso a la nieve, seguro los niños de la ciudad amarían ver un lugar nevado.

    Quizá deba buscar una manera de cumplir tal fantasía.
    Las temperaturas han comenzado a bajar, es una pena que un lugar como el subterráneo en donde viven no tenga acceso a la nieve, seguro los niños de la ciudad amarían ver un lugar nevado. Quizá deba buscar una manera de cumplir tal fantasía.
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  • #monorol
    -- Pilares de la Creación --

    [ Décadas atrás ]

    Nada más que un simple pueblo rural olvidado por Dios. Ni turismo, ni minería, ni cosechas abundantes, solo un par de casuchas polvorientas a mitad del desierto. Un lugar tan insignificante que bien podria ni existir y nadie notaría la diferencia.

    Sin embargo en los túneles subterráneos se ocultaba un secreto hasta ese día desconocido por el hombre. Secretos ancestrales tan antiguos que desafiaban todo lo establecido.

    "¡Apúrate, Cornelius!"
    El hombre que lideraba la expedición era Dominic Ryzenga, un joven micólogo que se había hecho de fama inusitada a su corta edad. No sólo fue él quien descubrió ese lugar, sino que habia descubierto nada menos que 78 especies diferentes de setas en ese abismo.

    "¿Podemos tomar un descanso? Saben que mi pierna ya no puede con este tipo de excursiones"
    El que se estaba rezagando era Cornelius Lenheim, un veterano de guerra que había heredado una fortuna tan inmensa de la noche a la mañana, tanto asi que no tenia idea qué hacer con ella. Se apoyaba de un bastón para caminar, cuando uno de los excursionistas regresó a ayudarle.

    "Creo que es buena idea tomar un descanso, Dominic".
    Su larga cabellera negra como la noche y su espada oriental eran inconfundibles. Amadeus Crowley, el filántropo y coleccionista que había decidido financiar la investigación del joven Ryzenga cuando el resto del mundo científico le había dado la espalda. Ahora la envidia de muchos gracias a la fructífera investigación del talentoso científico.

    Frente a los tres hombres y el resto de su expedición se encontraba una gruta natural, sinuosa y traicionera que llevaba a lo que Dominic habia llamado "Los Pilares de la Creación".

    Los pilares eran nada más que tres hongos de un colosal tamaño que desafiaba todo entendimiento moderno. Dominic había estimado que cada uno alcanzaba una profundidad de nada menos que ¡400 kilómetros!

    Desde ahí se esparcía una red de setas no solo a traves de esa área, sino a todos los rincones del mundo. Una red de información tan vieja como el propio planeta, aunque según Dominic, era aún más vieja que la tierra misma, o así lo explicaba una descabellada y atrevida teoría que él tenía.

    "La desdoblabilidad reversible del ADN" le llamaba. Fue recibida con burlas, pero Amadeus escuchó con atención e interés, y por supuesto, con fondos casi ilimitados. Fondos que provenían en gran parte de la familia Lenheim, ahora liderada por Cornelius.

    "¿Por qué siempre cargas esa espada?"
    Preguntó Cornelius como si fuera un tabú. Lo conocía desde hace casi un año y le había llamado la atención.

    "¿De qué hablas?"
    Amadeus respondió perplejo.
    "Yo no cargo nada. Ella es la que ha decidido acompañarme"

    "Es más que una espada para ti"
    Acotó Dominic con certeza.

    "Como estas setas son más que simples hongos para ti, ¿no es así?"
    Afirmó Amadeus.

    "Aquí no hay hongos ni setas"
    Dominic explicó.
    "Esos son los nombres que decidimos para los verdaderos habitantes de este mundo. Estuvieron aquí primero y estarán cuando nuestro turno termine. Ellos son los que deberían decidir si 'humano' es como nos deberíamos llamar"

    "¿En serio son así de importantes?"
    Pregunta Cornelius con cautela pues sabe lo apasionado que Dominic es en cuanto a este tema.

    "¿Importantes? Es lo único que importa, este planeta solo fue creado como un hogar para los Pilares. Comparados con ellos, los humanos somos solo personajes secundarios en este mundo"
    Dominic mostraba más intensidad a cada palabra.

    "En ese caso..."
    Completó Amadeus.
    "¿Qué tal si nosotros tres tomamos el papel protagónico de este mundo prestado?" Sólo un momento"
    #monorol -- Pilares de la Creación -- [ Décadas atrás ] Nada más que un simple pueblo rural olvidado por Dios. Ni turismo, ni minería, ni cosechas abundantes, solo un par de casuchas polvorientas a mitad del desierto. Un lugar tan insignificante que bien podria ni existir y nadie notaría la diferencia. Sin embargo en los túneles subterráneos se ocultaba un secreto hasta ese día desconocido por el hombre. Secretos ancestrales tan antiguos que desafiaban todo lo establecido. "¡Apúrate, Cornelius!" El hombre que lideraba la expedición era Dominic Ryzenga, un joven micólogo que se había hecho de fama inusitada a su corta edad. No sólo fue él quien descubrió ese lugar, sino que habia descubierto nada menos que 78 especies diferentes de setas en ese abismo. "¿Podemos tomar un descanso? Saben que mi pierna ya no puede con este tipo de excursiones" El que se estaba rezagando era Cornelius Lenheim, un veterano de guerra que había heredado una fortuna tan inmensa de la noche a la mañana, tanto asi que no tenia idea qué hacer con ella. Se apoyaba de un bastón para caminar, cuando uno de los excursionistas regresó a ayudarle. "Creo que es buena idea tomar un descanso, Dominic". Su larga cabellera negra como la noche y su espada oriental eran inconfundibles. Amadeus Crowley, el filántropo y coleccionista que había decidido financiar la investigación del joven Ryzenga cuando el resto del mundo científico le había dado la espalda. Ahora la envidia de muchos gracias a la fructífera investigación del talentoso científico. Frente a los tres hombres y el resto de su expedición se encontraba una gruta natural, sinuosa y traicionera que llevaba a lo que Dominic habia llamado "Los Pilares de la Creación". Los pilares eran nada más que tres hongos de un colosal tamaño que desafiaba todo entendimiento moderno. Dominic había estimado que cada uno alcanzaba una profundidad de nada menos que ¡400 kilómetros! Desde ahí se esparcía una red de setas no solo a traves de esa área, sino a todos los rincones del mundo. Una red de información tan vieja como el propio planeta, aunque según Dominic, era aún más vieja que la tierra misma, o así lo explicaba una descabellada y atrevida teoría que él tenía. "La desdoblabilidad reversible del ADN" le llamaba. Fue recibida con burlas, pero Amadeus escuchó con atención e interés, y por supuesto, con fondos casi ilimitados. Fondos que provenían en gran parte de la familia Lenheim, ahora liderada por Cornelius. "¿Por qué siempre cargas esa espada?" Preguntó Cornelius como si fuera un tabú. Lo conocía desde hace casi un año y le había llamado la atención. "¿De qué hablas?" Amadeus respondió perplejo. "Yo no cargo nada. Ella es la que ha decidido acompañarme" "Es más que una espada para ti" Acotó Dominic con certeza. "Como estas setas son más que simples hongos para ti, ¿no es así?" Afirmó Amadeus. "Aquí no hay hongos ni setas" Dominic explicó. "Esos son los nombres que decidimos para los verdaderos habitantes de este mundo. Estuvieron aquí primero y estarán cuando nuestro turno termine. Ellos son los que deberían decidir si 'humano' es como nos deberíamos llamar" "¿En serio son así de importantes?" Pregunta Cornelius con cautela pues sabe lo apasionado que Dominic es en cuanto a este tema. "¿Importantes? Es lo único que importa, este planeta solo fue creado como un hogar para los Pilares. Comparados con ellos, los humanos somos solo personajes secundarios en este mundo" Dominic mostraba más intensidad a cada palabra. "En ese caso..." Completó Amadeus. "¿Qué tal si nosotros tres tomamos el papel protagónico de este mundo prestado?" Sólo un momento"
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  • Recluida en la sala de contención del complejo subterráneo, Anomaly descansa al fin. Su cuerpo duerme, rendido tras una misión que la exprimió hasta dejarla exhausta… pero no todo en ella disfruta el placer del sueño.

    Su cuerpo y su consciencia se hundieron en la oscuridad, pero el instinto, esa segunda alma hecha de alquitrán y hambre, permanece despierto. Ella se enrosca sobre sí misma, pero el alquitrán se alza, se extiende en formas retorcidas y grotescas, vigilando con una atención antinatural.

    Cuando pasos se acercan a su “habitación”, la sustancia se retuerce con una marcada lentitud, agónica, definitiva. El cuello se arquea y esa mirada brillante se clava en el paisaje al otro lado del cristal blindado con fijeza obsesiva.

    Un gorgoteo brota del alquitrán, húmedo y bajo, más un susurro que cualquier otra cosa, aún así, lleva la intención de un gruñido, una advertencia densa y viscosa.
    Recluida en la sala de contención del complejo subterráneo, Anomaly descansa al fin. Su cuerpo duerme, rendido tras una misión que la exprimió hasta dejarla exhausta… pero no todo en ella disfruta el placer del sueño. Su cuerpo y su consciencia se hundieron en la oscuridad, pero el instinto, esa segunda alma hecha de alquitrán y hambre, permanece despierto. Ella se enrosca sobre sí misma, pero el alquitrán se alza, se extiende en formas retorcidas y grotescas, vigilando con una atención antinatural. Cuando pasos se acercan a su “habitación”, la sustancia se retuerce con una marcada lentitud, agónica, definitiva. El cuello se arquea y esa mirada brillante se clava en el paisaje al otro lado del cristal blindado con fijeza obsesiva. Un gorgoteo brota del alquitrán, húmedo y bajo, más un susurro que cualquier otra cosa, aún así, lleva la intención de un gruñido, una advertencia densa y viscosa.
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  • Las sombras se retorcían al final del pasillo del metro subterráneo, tal y como si una fuerza invisible las hubiera hecho cobrar vida, arrastrándolas en caóticas espirales. Se pegaban a las paredes, estirándose hacia las luces intermitentes, ocupando los huecos que la oscuridad normalmente rechaza.

    El repiqueteo de incontables garras impregnó el ambiente; cada choque contra la losa reverberó por los túneles. El sonido era una lluvia de pequeñas puntas que se acumuló en la garganta de quien escuchara y no dejó espacio para otra cosa que no fuera el miedo. Y golpeó el hedor de la muerte. Un olor agrio y caliente ascendió desde los escalones, llenó las fosas nasales hasta borrar cualquier rastro de perfume o frescor. La pestilencia habló de heridas abiertas y supurantes, carne ennegrecida y fauces hambrientas.

    En el suelo, un rastro de sangre indicaba el camino hacia la oscuridad; gotas irregulares derramadas hasta perderse donde la luz no llegaba, un hilo bermellón indicando que aquello, sea lo que fuera, ya había tomado sus primeras víctimas.

    Aunque fuera imposible saber que forma tomaría al llegar, aquello se acercaba. La negrura misma pareció compactarse y avanzar, una masa sin contorno, ganando terreno.

    También se acercó la Criatura: su enorme silueta encorvada apareció en la penumbra, desde el extremo opuesto. Llevaba un abrigo corroído que pendía de sus hombros y rozaba el suelo, ocultando su cabeza casi por completo, pero no sus fuertes manos cubiertas de cicatrices, echas puño bajo la presión de un inminente enfrentamiento.

    Sus pasos fueron lentos, pesados e inevitables.

    Se detuvo frente al rastro de sangre y respiró el aire enrarecido, su olfato era mucho más capaz de lo que cabría esperar.

    ▬▬▬ Quizá debería... correr ▬▬▬murmuró con esa voz desgasta, suave pero profundo; compasión y advertencia, un consejo, nunca una orden▬▬▬ Están hambrientos...

    El próximo tren llegaría pronto.
    Las sombras se retorcían al final del pasillo del metro subterráneo, tal y como si una fuerza invisible las hubiera hecho cobrar vida, arrastrándolas en caóticas espirales. Se pegaban a las paredes, estirándose hacia las luces intermitentes, ocupando los huecos que la oscuridad normalmente rechaza. El repiqueteo de incontables garras impregnó el ambiente; cada choque contra la losa reverberó por los túneles. El sonido era una lluvia de pequeñas puntas que se acumuló en la garganta de quien escuchara y no dejó espacio para otra cosa que no fuera el miedo. Y golpeó el hedor de la muerte. Un olor agrio y caliente ascendió desde los escalones, llenó las fosas nasales hasta borrar cualquier rastro de perfume o frescor. La pestilencia habló de heridas abiertas y supurantes, carne ennegrecida y fauces hambrientas. En el suelo, un rastro de sangre indicaba el camino hacia la oscuridad; gotas irregulares derramadas hasta perderse donde la luz no llegaba, un hilo bermellón indicando que aquello, sea lo que fuera, ya había tomado sus primeras víctimas. Aunque fuera imposible saber que forma tomaría al llegar, aquello se acercaba. La negrura misma pareció compactarse y avanzar, una masa sin contorno, ganando terreno. También se acercó la Criatura: su enorme silueta encorvada apareció en la penumbra, desde el extremo opuesto. Llevaba un abrigo corroído que pendía de sus hombros y rozaba el suelo, ocultando su cabeza casi por completo, pero no sus fuertes manos cubiertas de cicatrices, echas puño bajo la presión de un inminente enfrentamiento. Sus pasos fueron lentos, pesados e inevitables. Se detuvo frente al rastro de sangre y respiró el aire enrarecido, su olfato era mucho más capaz de lo que cabría esperar. ▬▬▬ Quizá debería... correr ▬▬▬murmuró con esa voz desgasta, suave pero profundo; compasión y advertencia, un consejo, nunca una orden▬▬▬ Están hambrientos... El próximo tren llegaría pronto.
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  • "No..."

    Lo había imaginado como algo que nunca haría ninguna colmena infestada de las que ha dado cacería, pero que haya consumido el único tren que conecta a muchas colonias de manera subterranea jamas, un ser colosal que en su vientre de acero y sangre alberga miles de infestados en hibernación esperando su momento para salir de los poros de esa piel que se desliza sobre los rieles.

    Podrían matar infestados en un lugar pero esa serpiente de carne ira propagando su infección en otra zona, eso explicaría porque aunque la cuarentena fue bien aplicada, habían brotes simultáneos en diferentes colonias no relacionadas en una velocidad alarmante.
    "No..." Lo había imaginado como algo que nunca haría ninguna colmena infestada de las que ha dado cacería, pero que haya consumido el único tren que conecta a muchas colonias de manera subterranea jamas, un ser colosal que en su vientre de acero y sangre alberga miles de infestados en hibernación esperando su momento para salir de los poros de esa piel que se desliza sobre los rieles. Podrían matar infestados en un lugar pero esa serpiente de carne ira propagando su infección en otra zona, eso explicaría porque aunque la cuarentena fue bien aplicada, habían brotes simultáneos en diferentes colonias no relacionadas en una velocidad alarmante.
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