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    Sueño de Selin — Parte I


    Anoche Selin volvió a visitarme.
    Pero no como otras veces.
    Esta vez no era la mujer que recuerdo, ni la sombra luminosa que camina entre futuros posibles.

    Era una niña con apariencia de 13 años.
    Pequeña, serena… y terriblemente firme.

    No habló con la boca.
    Sus labios no se movieron.
    Su voz nació dentro de mí, en la parte del alma donde no existe la mentira.

    Y me contó una historia que ya conocía…
    pero esta vez dolía distinto.

    Durante el reinado del Caos de Oz, dos facciones Elunai —enemigas irreconciliables, obsesionadas con el control del poder lunar— se unieron por un mismo temor.
    Lo sabes bien.

    Cientos de soldados fueron movilizados para eliminar a Selin.
    Estaba embarazada de Veythra…
    y ya habían visto lo que podía engendrar su sangre en Jennifer.
    No fue justicia.
    Fue miedo.
    La rodearon.
    La acorralaron.
    Y la asesinaron.

    Muchos atacaron.
    Pero solo una dio el golpe de gracia.
    Una elfa.
    Movida por el temor…
    y por las órdenes de sus superiores.
    Sueño de Selin — Parte I Anoche Selin volvió a visitarme. Pero no como otras veces. Esta vez no era la mujer que recuerdo, ni la sombra luminosa que camina entre futuros posibles. Era una niña con apariencia de 13 años. Pequeña, serena… y terriblemente firme. No habló con la boca. Sus labios no se movieron. Su voz nació dentro de mí, en la parte del alma donde no existe la mentira. Y me contó una historia que ya conocía… pero esta vez dolía distinto. Durante el reinado del Caos de Oz, dos facciones Elunai —enemigas irreconciliables, obsesionadas con el control del poder lunar— se unieron por un mismo temor. Lo sabes bien. Cientos de soldados fueron movilizados para eliminar a Selin. Estaba embarazada de Veythra… y ya habían visto lo que podía engendrar su sangre en Jennifer. No fue justicia. Fue miedo. La rodearon. La acorralaron. Y la asesinaron. Muchos atacaron. Pero solo una dio el golpe de gracia. Una elfa. Movida por el temor… y por las órdenes de sus superiores.
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  • Ya tengo 33 años, soy un adulto ... Soldado condecorado y especialista en sacar información de diversos métodos, e estado en inumerables misiones y guerras...
    Y aún asi tengo que pedirle permiso a mi mujer para tatuar mi cuerpo..
    Aún que está vez en su ausencia no le avisé...
    Veamos su reacción Nari Kim
    Ya tengo 33 años, soy un adulto ... Soldado condecorado y especialista en sacar información de diversos métodos, e estado en inumerables misiones y guerras... Y aún asi tengo que pedirle permiso a mi mujer para tatuar mi cuerpo.. Aún que está vez en su ausencia no le avisé... Veamos su reacción [NOBODYSHOME]
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  • Mañana Astapor... después, ¿quién sabe?
    Fandom Game of Thrones
    Categoría Slice of Life
    ㅤㅤㅤ
    ㅤㅤㅤㅤ ⧽ 𝐒𝐓𝐀𝐑𝐓𝐄𝐑
    ㅤㅤㅤㅤ˹ 『 𝑺𝑬𝑹 𝑱𝑂𝑅𝐴𝐻 𝑴𝐎𝐑𝐌𝐎𝐍𝐓


    ㅤㅤ
    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤLa noche, como todos los días, finalmente había caído sobre el campamento con un silencio algo tenso que solo era roto por el murmullo lejano de hombres de guardia y el crepitar ocasional del fuego de algunas hogueras encendidas para mantener el calor en medio de la fría noche del desierto. La Targaryen tenía la sensación de llevar horas dando vueltas en su lecho sin lograr conciliar el sueño. Astapor la esperaba al amanecer… y con ella, una decisión que no tendría vuelta atrás. Sabia lo que tenía que hacer y sabia que estaba bien. Pero, no podía evitar sentirse nerviosa. No gustaba demostrarlo, por supuesto, pero el fuero interno de la heredera de Aerys era un insondable abismo de misterios al cual no permitía que nadie asomara. Necesitaba un ejército. Necesitaba esos soldados Inmaculados. Cada vez que se habia enfrentado a la liberación de una ciudad. No gustaba de tratar con indeseables como Kraznys mo Nakloz quien parecía creer que su puesto de poder le daba derecho a insultar, vejar y maltratar.

    Finalmente, dándose por vencida, se incorporó en el catre y apartó las cobijas. Drogon gorjeó dentro de su jaula en medio de un sueño y la reina de cabellos plateados lo miró un instante recordando el desagradable trato al que habia llegado con el esclavista. Por supuesto, no entregaría un solo dragón. La sola idea de deshacerse de cualquiera de ellos le provocaba náuseas en la boca del estómago. Descalza, se cubrió con una capa ligera y salió de la tienda sin hacer ruido con una ligereza innata, pero como si realmente temiera despertar no a sus hombres, sino a sus propios pensamientos.

    La brisa de la noche de Astapor era fresca, cargada de arena y sal. Caminó despacio entre las sombras, meditando sobre los hechos que habia vivido en las horas recientes. hasta que el resplandor anaranjado de una hoguera llamó su atención. Reconoció aquella figura. La del hombre que la habia acompañado desde que partió en la comitiva con Drogo hacia Vaes Dothrak.

    Sir Jorah Mormont permanecía sentado, totalmente solo, con la mirada fija en las llamas como si pareciera buscar respuestas en ellas. La armadura descansaba a su lado; aquella imagen -el guerrero sin hierro, vulnerable bajo la luz del fuego- la hizo detenerse un instante antes de avanzar. Lo habia visto antes sin armadura, claro. Pero aquella noche, después del trato que habia hecho con el tal Kraznys y el encuentro tenso que habia tenido con él y con Sir Barristan cuando habia ofrecido a uno de sus dragones a cambio de los Inmaculados, aquella escena vulnerable parecía hablar de las dudas del guerrero acerca del devenir de los acontecimientos.

    -Por lo que veo, no soy la única a la que el sueño le rehúye esta noche -dijo por fin, con voz baja pero firme, rompiendo el silencio mientras caminaba hacia él al cobijo de las llamas..

    Se acercó lo suficiente para sentir el calor de la hoguera y se detuvo frente a su consejero, sosteniendo la capa sobre los hombros. Sus ojos lilas reflejaban el crepitar lento de las llamas, cargados de cansancio… pero también de determinación. Porque Yunkai, Astapor… La bahía de los Esclavos era solo un medio para un fin… Nada más.

    -Mañana Astapor cambiará para siempre -continuó, sin apartar la mirada de Sir Jorah- Y, en cambio, ahora mismo… todo me parece terriblemente frágil.

    Guardó un breve silencio.

    —¿Os preocupa lo que está por venir, ser Jorah… o confiáis en que vuestra reina esté tomando la decisión correcta?


    #Personajes3D #3D #Comunidad3D #NuevoStarter #GameOfThrones
    ㅤㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤ ⧽ 𝐒𝐓𝐀𝐑𝐓𝐄𝐑 ㅤㅤㅤㅤ˹ [THEM0RMONTBEAR] ㅤ ㅤ ㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤㅤㅤLa noche, como todos los días, finalmente había caído sobre el campamento con un silencio algo tenso que solo era roto por el murmullo lejano de hombres de guardia y el crepitar ocasional del fuego de algunas hogueras encendidas para mantener el calor en medio de la fría noche del desierto. La Targaryen tenía la sensación de llevar horas dando vueltas en su lecho sin lograr conciliar el sueño. Astapor la esperaba al amanecer… y con ella, una decisión que no tendría vuelta atrás. Sabia lo que tenía que hacer y sabia que estaba bien. Pero, no podía evitar sentirse nerviosa. No gustaba demostrarlo, por supuesto, pero el fuero interno de la heredera de Aerys era un insondable abismo de misterios al cual no permitía que nadie asomara. Necesitaba un ejército. Necesitaba esos soldados Inmaculados. Cada vez que se habia enfrentado a la liberación de una ciudad. No gustaba de tratar con indeseables como Kraznys mo Nakloz quien parecía creer que su puesto de poder le daba derecho a insultar, vejar y maltratar. Finalmente, dándose por vencida, se incorporó en el catre y apartó las cobijas. Drogon gorjeó dentro de su jaula en medio de un sueño y la reina de cabellos plateados lo miró un instante recordando el desagradable trato al que habia llegado con el esclavista. Por supuesto, no entregaría un solo dragón. La sola idea de deshacerse de cualquiera de ellos le provocaba náuseas en la boca del estómago. Descalza, se cubrió con una capa ligera y salió de la tienda sin hacer ruido con una ligereza innata, pero como si realmente temiera despertar no a sus hombres, sino a sus propios pensamientos. La brisa de la noche de Astapor era fresca, cargada de arena y sal. Caminó despacio entre las sombras, meditando sobre los hechos que habia vivido en las horas recientes. hasta que el resplandor anaranjado de una hoguera llamó su atención. Reconoció aquella figura. La del hombre que la habia acompañado desde que partió en la comitiva con Drogo hacia Vaes Dothrak. Sir Jorah Mormont permanecía sentado, totalmente solo, con la mirada fija en las llamas como si pareciera buscar respuestas en ellas. La armadura descansaba a su lado; aquella imagen -el guerrero sin hierro, vulnerable bajo la luz del fuego- la hizo detenerse un instante antes de avanzar. Lo habia visto antes sin armadura, claro. Pero aquella noche, después del trato que habia hecho con el tal Kraznys y el encuentro tenso que habia tenido con él y con Sir Barristan cuando habia ofrecido a uno de sus dragones a cambio de los Inmaculados, aquella escena vulnerable parecía hablar de las dudas del guerrero acerca del devenir de los acontecimientos. -Por lo que veo, no soy la única a la que el sueño le rehúye esta noche -dijo por fin, con voz baja pero firme, rompiendo el silencio mientras caminaba hacia él al cobijo de las llamas.. Se acercó lo suficiente para sentir el calor de la hoguera y se detuvo frente a su consejero, sosteniendo la capa sobre los hombros. Sus ojos lilas reflejaban el crepitar lento de las llamas, cargados de cansancio… pero también de determinación. Porque Yunkai, Astapor… La bahía de los Esclavos era solo un medio para un fin… Nada más. -Mañana Astapor cambiará para siempre -continuó, sin apartar la mirada de Sir Jorah- Y, en cambio, ahora mismo… todo me parece terriblemente frágil. Guardó un breve silencio. —¿Os preocupa lo que está por venir, ser Jorah… o confiáis en que vuestra reina esté tomando la decisión correcta? #Personajes3D #3D #Comunidad3D #NuevoStarter #GameOfThrones ㅤ
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  • Kazuha Protoype

    —Y como te venía explicando, esa cosa de allá abajo de la barrera, es un eater. Muchas patas, muchos dientes, peor carácter que yo y posiblemente no te gustara si empieza a escupir ácido.

    La situación era… cuanto menos… surreal. Se había encontrado a Kazuha por accidente en una base desconocida, luego de haber caído por un portal sin querer. Al activarla, y luego de cierto cruce de palabras e ideas, resultó que pudieron llevarse bien, y más que eso.

    Hasta ese momento, habían ciertas cosas que Kazuha le mencionó pero que S aún no había completado, principalmente por falta de tiempo, pero bien… ahora viajaba con el. Y eso ya implicaba que era alguien muy importante para el soldado.

    —Mira no estoy cien por ciento seguro que esté bien dejar que vayas al frente… pero estoy seguro que no te gustaría quedarte de brazos cruzados así que.. ¿me das una mano?
    [KazuhaPrototype2] —Y como te venía explicando, esa cosa de allá abajo de la barrera, es un eater. Muchas patas, muchos dientes, peor carácter que yo y posiblemente no te gustara si empieza a escupir ácido. La situación era… cuanto menos… surreal. Se había encontrado a Kazuha por accidente en una base desconocida, luego de haber caído por un portal sin querer. Al activarla, y luego de cierto cruce de palabras e ideas, resultó que pudieron llevarse bien, y más que eso. Hasta ese momento, habían ciertas cosas que Kazuha le mencionó pero que S aún no había completado, principalmente por falta de tiempo, pero bien… ahora viajaba con el. Y eso ya implicaba que era alguien muy importante para el soldado. —Mira no estoy cien por ciento seguro que esté bien dejar que vayas al frente… pero estoy seguro que no te gustaría quedarte de brazos cruzados así que.. ¿me das una mano?
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  • Bumblebee...?
    [ - Decía prime, mientras se acercaba al cuerpo de su amigo, sin dar ninguna respuesta ante el llamado - ]
    Oh...Oh no...Porfavor no...
    [ - Prime se acercó y tomo en brazos el cuerpo de su más valiente soldado, en silencio lo vio durante un momento, aunque su rostro no lo mostraba, estaba devastado - ]
    Bumblebee...? [ - Decía prime, mientras se acercaba al cuerpo de su amigo, sin dar ninguna respuesta ante el llamado - ] Oh...Oh no...Porfavor no... [ - Prime se acercó y tomo en brazos el cuerpo de su más valiente soldado, en silencio lo vio durante un momento, aunque su rostro no lo mostraba, estaba devastado - ]
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    Parte 9 - El regreso del cazador.

    Akane lo sabía, el aire cambió antes de que él apareciera, el silencio se volvió pesado, como si el mundo mismo contuviera la respiración.
    Ella estaba lista, había entrenado cada día, cada noche, con el recuerdo de la espada en su estómago y el fuego de la aldea ardiendo en su memoria. Ahora podía acceder a su forma oni lunar, y a un fragmento del poder de su forma licántropa aunque no todo pero lo suficiente.

    El hombre llegó solo, sin soldados, sin escoltas,
    solo él y su aura oscura. Akane lo miró desde la entrada de su casa.

    —¿Y tus hombres? — Preguntó con ironía.
    Él sonrió, era una sonrisa rota.
    —Ya tomé lo que necesitaba de ellos.

    Akane sintió el grito de las almas atrapadas en su aura, era un coro de dolor, un eco de muerte.
    —Así que, tanto miedo me tienes?— Dijo, con sarcasmo. —Tuviste que consumirlos para enfrentarte a mí.

    —Sacrificios necesarios — Respondió él, con voz grave. —Ahora sí tengo el poder para matarte de verdad.

    Parte 10 - La batalla de las almas

    El choque fue inmediato, oscuridad contra fuego.
    Odio contra voluntad.

    La pelea era pareja, cada golpe, cada hechizo, cada movimiento resonaba con la fuerza de dos destinos que se negaban a ceder.
    Pero poco a poco, las almas atrapadas en el hombre comenzaron a moverse, a buscar, a intentar arrancar el alma de Akane.

    Ella sintió las garras invisibles en su pecho, el frío en su sangre, el vacío en su mente, no tenía otra alternativa. Akane invocó el poder de su forma licántropa pero no se transformó, aunque su cuerpo adquirió velocidad, agilidad e instinto.

    Esquivó los ataques oscuros, moviéndose como un relámpago entre las sombras y entonces, con un rugido que no era humano, activó las llamas de la loba. El fuego brotó de sus manos, ardiente, indomable, golpeando el núcleo del hombre, un cristal oscuro incrustado en su pecho.

    Las almas fueron liberadas, el grito colectivo se convirtió en un canto de libertad pero las llamas se salieron de control. Akane no pudo contenerlas, su cuerpo se quebró bajo el peso de su propio poder.

    El hombre cayó al suelo, su cuerpo comenzó a desintegrarse, consumido por las llamas que lo habían sostenido, eso fue lo ultimo que vio Akane antes que su propio fuego la envolvió también. Y cuando ya no pudo resistir, cayó al río cercano. Las aguas la arrastraron, apagando las llamas, llevándola lejos de la aldea, lejos del combate, lejos de todo.

    Su última visión fue el cuerpo del hombre destruyéndose, convertido en polvo y ceniza.

    Y luego, nada, solo el río, solo el silencio.
    Parte 9 - El regreso del cazador. Akane lo sabía, el aire cambió antes de que él apareciera, el silencio se volvió pesado, como si el mundo mismo contuviera la respiración. Ella estaba lista, había entrenado cada día, cada noche, con el recuerdo de la espada en su estómago y el fuego de la aldea ardiendo en su memoria. Ahora podía acceder a su forma oni lunar, y a un fragmento del poder de su forma licántropa aunque no todo pero lo suficiente. El hombre llegó solo, sin soldados, sin escoltas, solo él y su aura oscura. Akane lo miró desde la entrada de su casa. —¿Y tus hombres? — Preguntó con ironía. Él sonrió, era una sonrisa rota. —Ya tomé lo que necesitaba de ellos. Akane sintió el grito de las almas atrapadas en su aura, era un coro de dolor, un eco de muerte. —Así que, tanto miedo me tienes?— Dijo, con sarcasmo. —Tuviste que consumirlos para enfrentarte a mí. —Sacrificios necesarios — Respondió él, con voz grave. —Ahora sí tengo el poder para matarte de verdad. Parte 10 - La batalla de las almas El choque fue inmediato, oscuridad contra fuego. Odio contra voluntad. La pelea era pareja, cada golpe, cada hechizo, cada movimiento resonaba con la fuerza de dos destinos que se negaban a ceder. Pero poco a poco, las almas atrapadas en el hombre comenzaron a moverse, a buscar, a intentar arrancar el alma de Akane. Ella sintió las garras invisibles en su pecho, el frío en su sangre, el vacío en su mente, no tenía otra alternativa. Akane invocó el poder de su forma licántropa pero no se transformó, aunque su cuerpo adquirió velocidad, agilidad e instinto. Esquivó los ataques oscuros, moviéndose como un relámpago entre las sombras y entonces, con un rugido que no era humano, activó las llamas de la loba. El fuego brotó de sus manos, ardiente, indomable, golpeando el núcleo del hombre, un cristal oscuro incrustado en su pecho. Las almas fueron liberadas, el grito colectivo se convirtió en un canto de libertad pero las llamas se salieron de control. Akane no pudo contenerlas, su cuerpo se quebró bajo el peso de su propio poder. El hombre cayó al suelo, su cuerpo comenzó a desintegrarse, consumido por las llamas que lo habían sostenido, eso fue lo ultimo que vio Akane antes que su propio fuego la envolvió también. Y cuando ya no pudo resistir, cayó al río cercano. Las aguas la arrastraron, apagando las llamas, llevándola lejos de la aldea, lejos del combate, lejos de todo. Su última visión fue el cuerpo del hombre destruyéndose, convertido en polvo y ceniza. Y luego, nada, solo el río, solo el silencio.
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  • —Ah… reportes.

    Debería dejar a un soldado sombra haciéndolos pero me sentiría tremendamente perezoso si hiciera eso.

    Odio ser diligente —(?)
    —Ah… reportes. Debería dejar a un soldado sombra haciéndolos pero me sentiría tremendamente perezoso si hiciera eso. Odio ser diligente —(?)
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  • “No lo llaman cazador de la milla negra por nada.

    Dentro de la orden, es el soldado mas rápido de todos, al menos según los registros. Fuera de sus problemas de actitud, resulta ser bastante eficiente cuando se lo propone”
    “No lo llaman cazador de la milla negra por nada. Dentro de la orden, es el soldado mas rápido de todos, al menos según los registros. Fuera de sus problemas de actitud, resulta ser bastante eficiente cuando se lo propone”
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  • El campo de entrenamiento ya no fue un lugar al que pudiera volver, pues no hubo maniquí que no acabara como peluche destrozado. Tan solo pequeños pedazos de lo que alguna vez fueron muñecos de entrenamiento ¿Y sus compañeras exorcistas? Adán las habría echado de una patada aunque ella no se contuvo de casi agarrarlas de las greñas. Ni una sola competente ¿Cómo era que se habían vuelto tan débiles? Se suponía que ellas eran el batallón de defensa del cielo, la única arma capaz de evitar una rebelión de parte del infierno... Ahora reducido a un patético grupo de niñitas que jugaban a ser soldados, pues sólo requería de un fuerte golpe a cada una para derrotarlas; un hecho que sucedió en la tarde. Ninguna fue un reto, no uno verdadero.

    ¿Y en las calles celestiales? Su humor no mejoró. Todos estaban tan tranquilos y alegres como de costumbre ¿Es que a nadie le importaba lo que sucedía? ¿Ni siquiera a Sera?

    — Tsk... —

    Chasqueó la lengua. Por supuesto que a Sera no le importaba ¿Cómo podía esperar que lo hiciera si había puesto al más patético de los ángeles como líder de las exterminadoras? Probablemente allí estaba la respuesta a la decadencia de eficacia en lo que alguna vez fueron sus compañeras.
    En su habitación, los pensamientos se entremezclaron con sus sentimientos, con su alma rota y con su ira convertida en un fuego que era imposible de extinguir. La frustración creció mientras más pensaba; la decadencia en las exterminadoras, la indiferencia del cielo, los cambios en Adán....

    — ¡Agh! — Y finalmente explotó, su puño metálico golpeando la pared de su cuarto hasta agrietarlo en todas direcciones.
    Sus dos manos se cerraron como puños contra el muro, su frente apoyándose en la pared resquebrajada.

    "¿Otra vez histérica? ¿Es que acaso siempre te baja la regla?"

    Escuchó aquella voz, una que reconoció perfectamente. Se apartó del muro, levantando la mirada antes de voltear para ver a quien ya imaginaba; Adán. De brazos cruzados y recargado sobre un mueble.
    Parpadeó varias veces con los ojos bien abiertos a punto de preguntarle cuándo había llegado... Hasta que se dió cuenta. No era Adán, no al menos con el que se había encontrado. No con el vivo, no... Ese era el Adán que ella recordaba. No era la primera vez que se le parecía, la única ilusión que parecía consolarla.

    — Nadie me escucha. ¡Cada vez están más cegados, caen en tentación por las palabras de ellos! ¿¡Puedes creerlo!? ¡Prohibieron los exterminios! —

    En su voz latente la frustración mientras el fantasma alzaba una ceja tras oírle, incluso sobresaltandose al oírla. Rápidamente acercándose con alerta.

    "¿Estás de puta broma? ¿En qué puto momento?"

    — Y eso no es lo peor... Cambiaste. ¡Te cambiaron! Ni siquiera eres tú... Te ves igual, pareces igual.... — Las lágrimas de nuevo se habían acumulado en sus ojos, alejándose algunos pasos de aquella ilusión mientras se dirigía hacia la ventana que daba al exterior. Observando sin ver el paisaje que le revelaba. — ¡¡Quieres a Abel!! Lo... ¡Lo defiendes! —

    Soltó como si aquella hubiera sido la más grandes de las señales de su cambio. Como si aquel detalle le hubiera encendido las alarmas pues en lo otro sólo podía encontrar justificación a que se contenía porque eran órdenes de Sera... Aunque también le extrañó haberle visto tan tranquilo en ese aspecto. Adán habría puesto el grito en el cielo, más después de que casi lo habían asesinado, si tan sólo prohibieran los exterminios como si nada.
    El fantasma de su Adán se sobresaltó tras lo que escuchó, incluso llevándose una mano al pecho.

    "¿Defender? ¿¡A ese mocoso!? ¡Es como un grano en los huevos! Carajo. Me lavaron el puto cerebro, dime que al menos me consta que todavía soy la primera puta polla de la humanidad"

    Inhaló, profundo, en silencio y lentamente fue exhalando en lo que, observando el paisaje, pasó a observar su reflejo en el cristal. Otro reflejo, aunque en realidad no estaba, cerniendose sobre ella desde su espalda; Adán que se le había acercado.

    "No pensarás dejar que me quede como un retrasado ¿Verdad? Ya me dejaste atrás una vez"

    Apretó los labios. Ni una sola lágrima había salido de sus ojos a pesar de que antes de habían acumulado en ellos, sus manos cerrandose fuertemente en puños a sus lados mientras su mirada no se apartaba del reflejo de Adán.

    — No, señor. Voy a recuperarlo y lo llevaré a su antigua gloria —

    "¿Y qué hay de las escorias? ¿De los traidores? ¿De todos los que se cagaron en mi casi puta muerte?"

    — Pagarán. Todos lo harán... Acabaré hasta con el último de esos demonios. Limpiaré la podredumbre del infierno y abriré los ojos de todos en el cielo o los haré caer al abismo. Así deba hacerlo sola —

    Juro con su mirada oscurecida en lo que, son un gruñido de furia de tan solo pensar en todos ellos, en la forma en la que los ángeles ignoraban deliberadamente para su comodidad los cambios en la personalidad de Adán, daba un nuevo puñetazo al vidrio de su ventana hasta quebrarlo, agrietarlo, al ounto de que tal vez hasta una pequeña brisa podría hacerlo estallar.
    El campo de entrenamiento ya no fue un lugar al que pudiera volver, pues no hubo maniquí que no acabara como peluche destrozado. Tan solo pequeños pedazos de lo que alguna vez fueron muñecos de entrenamiento ¿Y sus compañeras exorcistas? Adán las habría echado de una patada aunque ella no se contuvo de casi agarrarlas de las greñas. Ni una sola competente ¿Cómo era que se habían vuelto tan débiles? Se suponía que ellas eran el batallón de defensa del cielo, la única arma capaz de evitar una rebelión de parte del infierno... Ahora reducido a un patético grupo de niñitas que jugaban a ser soldados, pues sólo requería de un fuerte golpe a cada una para derrotarlas; un hecho que sucedió en la tarde. Ninguna fue un reto, no uno verdadero. ¿Y en las calles celestiales? Su humor no mejoró. Todos estaban tan tranquilos y alegres como de costumbre ¿Es que a nadie le importaba lo que sucedía? ¿Ni siquiera a Sera? — Tsk... — Chasqueó la lengua. Por supuesto que a Sera no le importaba ¿Cómo podía esperar que lo hiciera si había puesto al más patético de los ángeles como líder de las exterminadoras? Probablemente allí estaba la respuesta a la decadencia de eficacia en lo que alguna vez fueron sus compañeras. En su habitación, los pensamientos se entremezclaron con sus sentimientos, con su alma rota y con su ira convertida en un fuego que era imposible de extinguir. La frustración creció mientras más pensaba; la decadencia en las exterminadoras, la indiferencia del cielo, los cambios en Adán.... — ¡Agh! — Y finalmente explotó, su puño metálico golpeando la pared de su cuarto hasta agrietarlo en todas direcciones. Sus dos manos se cerraron como puños contra el muro, su frente apoyándose en la pared resquebrajada. "¿Otra vez histérica? ¿Es que acaso siempre te baja la regla?" Escuchó aquella voz, una que reconoció perfectamente. Se apartó del muro, levantando la mirada antes de voltear para ver a quien ya imaginaba; Adán. De brazos cruzados y recargado sobre un mueble. Parpadeó varias veces con los ojos bien abiertos a punto de preguntarle cuándo había llegado... Hasta que se dió cuenta. No era Adán, no al menos con el que se había encontrado. No con el vivo, no... Ese era el Adán que ella recordaba. No era la primera vez que se le parecía, la única ilusión que parecía consolarla. — Nadie me escucha. ¡Cada vez están más cegados, caen en tentación por las palabras de ellos! ¿¡Puedes creerlo!? ¡Prohibieron los exterminios! — En su voz latente la frustración mientras el fantasma alzaba una ceja tras oírle, incluso sobresaltandose al oírla. Rápidamente acercándose con alerta. "¿Estás de puta broma? ¿En qué puto momento?" — Y eso no es lo peor... Cambiaste. ¡Te cambiaron! Ni siquiera eres tú... Te ves igual, pareces igual.... — Las lágrimas de nuevo se habían acumulado en sus ojos, alejándose algunos pasos de aquella ilusión mientras se dirigía hacia la ventana que daba al exterior. Observando sin ver el paisaje que le revelaba. — ¡¡Quieres a Abel!! Lo... ¡Lo defiendes! — Soltó como si aquella hubiera sido la más grandes de las señales de su cambio. Como si aquel detalle le hubiera encendido las alarmas pues en lo otro sólo podía encontrar justificación a que se contenía porque eran órdenes de Sera... Aunque también le extrañó haberle visto tan tranquilo en ese aspecto. Adán habría puesto el grito en el cielo, más después de que casi lo habían asesinado, si tan sólo prohibieran los exterminios como si nada. El fantasma de su Adán se sobresaltó tras lo que escuchó, incluso llevándose una mano al pecho. "¿Defender? ¿¡A ese mocoso!? ¡Es como un grano en los huevos! Carajo. Me lavaron el puto cerebro, dime que al menos me consta que todavía soy la primera puta polla de la humanidad" Inhaló, profundo, en silencio y lentamente fue exhalando en lo que, observando el paisaje, pasó a observar su reflejo en el cristal. Otro reflejo, aunque en realidad no estaba, cerniendose sobre ella desde su espalda; Adán que se le había acercado. "No pensarás dejar que me quede como un retrasado ¿Verdad? Ya me dejaste atrás una vez" Apretó los labios. Ni una sola lágrima había salido de sus ojos a pesar de que antes de habían acumulado en ellos, sus manos cerrandose fuertemente en puños a sus lados mientras su mirada no se apartaba del reflejo de Adán. — No, señor. Voy a recuperarlo y lo llevaré a su antigua gloria — "¿Y qué hay de las escorias? ¿De los traidores? ¿De todos los que se cagaron en mi casi puta muerte?" — Pagarán. Todos lo harán... Acabaré hasta con el último de esos demonios. Limpiaré la podredumbre del infierno y abriré los ojos de todos en el cielo o los haré caer al abismo. Así deba hacerlo sola — Juro con su mirada oscurecida en lo que, son un gruñido de furia de tan solo pensar en todos ellos, en la forma en la que los ángeles ignoraban deliberadamente para su comodidad los cambios en la personalidad de Adán, daba un nuevo puñetazo al vidrio de su ventana hasta quebrarlo, agrietarlo, al ounto de que tal vez hasta una pequeña brisa podría hacerlo estallar.
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  • Rol privado con: ⁂ 𝐀ndreas Zimmerman𝄒

    El tiempo pasó, era obvio, un frasco que parecía perfume, en verdad era un potente somnífero que ella casualmente dejó en el ambiente, ambos durmieron mientras el auto era transportado, ya los esperaban.

    Cuando ambos despertaron, estaban en una locación secreta, recostados en los sillones suaves, en el ambiente un exquisito aroma a sándalo, en la mesita en frente de los sofás donde ellos se encontraban té, bocadillos, asi como sus identificaciones.

    Pero no solo eso, los habían vestido con otra ropa, para él, un traje de tres piezas, con solapas de satin, incluso lo habían peinado y colocado mancuernillas y guantes negros.

    Para ella, un vestido negro de terciopelo largo, con el cabello recogido y zapatos de tacón de alguna marca de prestigio.

    Cuando ella despertó, se sentó a su lado, revisando a detalle su ropa y lo atractivo que se veía de esa manera, acarició suavemente su rostro.

    ── Despierta, mi soldado de plomo. ──
    Siguió con las suaves caricias hasta que lo vio moverse un poco.

    Ella se giró para servirse una taza de té el cual ya sabía que tenía lo necesario para despertar, desintoxicarse y volver a completa lucidez.

    Observó a su alrededor, esbozó una sonrisa más amplia y luego suspiró con alivio.

    ── vamos a conocerlo a él.... mein Doktor ──
    llevó su mano a su pecho.

    ── Andrew, vas a conocer a Joseph Goebbels ──
    Mencionó, pero todo era silencio, ni un solo paso a la distancia, nada, tal y como si estuvieran ellos dos solos.

    Rol privado con: [ame.tourmentee] El tiempo pasó, era obvio, un frasco que parecía perfume, en verdad era un potente somnífero que ella casualmente dejó en el ambiente, ambos durmieron mientras el auto era transportado, ya los esperaban. Cuando ambos despertaron, estaban en una locación secreta, recostados en los sillones suaves, en el ambiente un exquisito aroma a sándalo, en la mesita en frente de los sofás donde ellos se encontraban té, bocadillos, asi como sus identificaciones. Pero no solo eso, los habían vestido con otra ropa, para él, un traje de tres piezas, con solapas de satin, incluso lo habían peinado y colocado mancuernillas y guantes negros. Para ella, un vestido negro de terciopelo largo, con el cabello recogido y zapatos de tacón de alguna marca de prestigio. Cuando ella despertó, se sentó a su lado, revisando a detalle su ropa y lo atractivo que se veía de esa manera, acarició suavemente su rostro. ── Despierta, mi soldado de plomo. ── Siguió con las suaves caricias hasta que lo vio moverse un poco. Ella se giró para servirse una taza de té el cual ya sabía que tenía lo necesario para despertar, desintoxicarse y volver a completa lucidez. Observó a su alrededor, esbozó una sonrisa más amplia y luego suspiró con alivio. ── vamos a conocerlo a él.... mein Doktor ── llevó su mano a su pecho. ── Andrew, vas a conocer a Joseph Goebbels ── Mencionó, pero todo era silencio, ni un solo paso a la distancia, nada, tal y como si estuvieran ellos dos solos.
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