• —A veces me vuelvo loco y solo me dejó llevar por la música. (?)
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  • la niebla era ams densa que nunca en el territorio de la bruja, Yuhi parecia estresada su piel mas palida que nunca pues algo merodeaba en la nada -un dios olvidado.... muy bien Yuhi, ya todos los humanos estan en resguardo solo debo mantener la niebla lo ams densa posible si deseo que pasemos desapercividos- suspiro corriendo por las calles vacias mientras que el cielo completamente oscuro sobre ella observaba la capa blanca de niebla, las estrellas y la luna desaparecieron, solo una penumbra absoluta reinaba en los cielos acompañado de aquella sensacion de peligro inminente y hambre absoluta provenientes de la criatura acechante

    https://music.youtube.com/watch?v=rADczZBs-_E&si=CJlyCxU0rsaOPOAu
    la niebla era ams densa que nunca en el territorio de la bruja, Yuhi parecia estresada su piel mas palida que nunca pues algo merodeaba en la nada -un dios olvidado.... muy bien Yuhi, ya todos los humanos estan en resguardo solo debo mantener la niebla lo ams densa posible si deseo que pasemos desapercividos- suspiro corriendo por las calles vacias mientras que el cielo completamente oscuro sobre ella observaba la capa blanca de niebla, las estrellas y la luna desaparecieron, solo una penumbra absoluta reinaba en los cielos acompañado de aquella sensacion de peligro inminente y hambre absoluta provenientes de la criatura acechante https://music.youtube.com/watch?v=rADczZBs-_E&si=CJlyCxU0rsaOPOAu
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  • ​La noche en la villa era profunda, la gente del pueblo lo recorria con normalidad y seguridad las calles, pues ahora tenian entre sus filas al caza recompensas más famoso.

    -A ver, te lo juro por mi honor de nuevo caballero que el plan era perfecto en mi cabeza. Se suponía que solo íbamos a echar un vistazo al nido del grifo, no a terminar corriendo por el bosque con tres de ellos pisándonos los talones.

    Miro de reojo a su acompañante, intentando poner su mejor cara de 'aquí no ha pasado nada'. Tratando de disimular el sudor que recorría por su frente.

    -Vale, de acuerdo, admito que subestimé la velocidad de esas gallinas gigantes,

    una sonrisa un poco culpable se dibujaria en su rostro intentando acomodar su uniforme nuevo.


    -Además no me dejaron usar mi equipamiento que uso con normalidad, nisiquiera usar mis poderes...

    -Haria una breve pausa antes de entrar a la taberna del puelo.

    -¿Pero a que estuvo divertido? Además, mira el lado bueno: sigo teniendo mi espada intacta, tú sigues con todos tus dedos... y oye, si nos vuelven a atacar, tú haces de cebo y yo los sorprendo desde arriba, ¿trato hecho?'."
    ​La noche en la villa era profunda, la gente del pueblo lo recorria con normalidad y seguridad las calles, pues ahora tenian entre sus filas al caza recompensas más famoso. -A ver, te lo juro por mi honor de nuevo caballero que el plan era perfecto en mi cabeza. Se suponía que solo íbamos a echar un vistazo al nido del grifo, no a terminar corriendo por el bosque con tres de ellos pisándonos los talones. Miro de reojo a su acompañante, intentando poner su mejor cara de 'aquí no ha pasado nada'. Tratando de disimular el sudor que recorría por su frente. -Vale, de acuerdo, admito que subestimé la velocidad de esas gallinas gigantes, una sonrisa un poco culpable se dibujaria en su rostro intentando acomodar su uniforme nuevo. -Además no me dejaron usar mi equipamiento que uso con normalidad, nisiquiera usar mis poderes... -Haria una breve pausa antes de entrar a la taberna del puelo. -¿Pero a que estuvo divertido? Además, mira el lado bueno: sigo teniendo mi espada intacta, tú sigues con todos tus dedos... y oye, si nos vuelven a atacar, tú haces de cebo y yo los sorprendo desde arriba, ¿trato hecho?'."
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  • Henry Grimmtael Jaegerjaquez Black Sasha Ishtar 𝐀yane 𝐈𝐬𝐡𝐭𝐚𝐫

    Las sombras no nacieron aquella noche.

    Siempre estuvieron ahí.

    Dormidas entre mis huesos.
    Escondidas detrás de mis sonrisas.
    Esperando.

    El cielo crujió como cristal roto cuando mi cuerpo dejó de soportarlo más. No hubo parto. No hubo gritos de vida. No hubo manos sosteniendo un nacimiento sagrado.

    Solo oscuridad.

    La tierra se abrió bajo mis pies mientras la niebla negra escapaba desde mi pecho, desde mi garganta, desde cada herida que jamás cerró realmente. El Caos no pidió permiso. Nunca lo hace.

    Las sombras comenzaron a arrastrarse alrededor de mi cuerpo como bestias hambrientas. Miles de voces susurraban nombres olvidados mientras el mundo entero temblaba junto a mí.

    Dolía.

    Dolía tanto que incluso el aire parecía desgarrarme por dentro.

    Pero sonreí.

    Khkhehe…

    Porque al fin lo comprendí.

    No era una maldición.
    No era un error.

    Era un nacimiento.

    Las sombras comenzaron a comprimirse frente a mí, girando sobre sí mismas como un agujero devorándolo todo. Ojos rojos aparecieron primero dentro de la oscuridad. Después dientes. Después una silueta.

    Alta.

    Delgada.

    Hermosa de una manera equivocada.

    Cabello negro desordenado con mechones blancos cayendo sobre su rostro. Piel violácea marcada por el Caos. Ojos rojos brillando como heridas abiertas dentro de la noche. Sus garras todavía desprendían sombras vivas mientras el suelo se quebraba bajo sus pies descalzos.

    No era un niño.

    Nació ya como un heraldo.

    Como si el odio hubiese decidido tomar forma adolescente desde el primer instante.

    Y aun así…

    Cuando levantó lentamente la mirada hacia mí…

    Sentí algo parecido al amor.

    Mis dedos manchados de sangre rozaron su mejilla mientras alrededor nuestro el mundo seguía desmoronándose.

    —Bienvenido al comienzo del nuevo mundo…

    Mis labios se curvaron lentamente en aquella sonrisa torcida tan propia de mí.

    —Nyxar'Kael.

    Las sombras rugieron.

    —Heraldo del Caos.
    [Henry] [SashaIshtar] [Ayane_Ishtar] Las sombras no nacieron aquella noche. Siempre estuvieron ahí. Dormidas entre mis huesos. Escondidas detrás de mis sonrisas. Esperando. El cielo crujió como cristal roto cuando mi cuerpo dejó de soportarlo más. No hubo parto. No hubo gritos de vida. No hubo manos sosteniendo un nacimiento sagrado. Solo oscuridad. La tierra se abrió bajo mis pies mientras la niebla negra escapaba desde mi pecho, desde mi garganta, desde cada herida que jamás cerró realmente. El Caos no pidió permiso. Nunca lo hace. Las sombras comenzaron a arrastrarse alrededor de mi cuerpo como bestias hambrientas. Miles de voces susurraban nombres olvidados mientras el mundo entero temblaba junto a mí. Dolía. Dolía tanto que incluso el aire parecía desgarrarme por dentro. Pero sonreí. Khkhehe… Porque al fin lo comprendí. No era una maldición. No era un error. Era un nacimiento. Las sombras comenzaron a comprimirse frente a mí, girando sobre sí mismas como un agujero devorándolo todo. Ojos rojos aparecieron primero dentro de la oscuridad. Después dientes. Después una silueta. Alta. Delgada. Hermosa de una manera equivocada. Cabello negro desordenado con mechones blancos cayendo sobre su rostro. Piel violácea marcada por el Caos. Ojos rojos brillando como heridas abiertas dentro de la noche. Sus garras todavía desprendían sombras vivas mientras el suelo se quebraba bajo sus pies descalzos. No era un niño. Nació ya como un heraldo. Como si el odio hubiese decidido tomar forma adolescente desde el primer instante. Y aun así… Cuando levantó lentamente la mirada hacia mí… Sentí algo parecido al amor. Mis dedos manchados de sangre rozaron su mejilla mientras alrededor nuestro el mundo seguía desmoronándose. —Bienvenido al comienzo del nuevo mundo… Mis labios se curvaron lentamente en aquella sonrisa torcida tan propia de mí. —Nyxar'Kael. Las sombras rugieron. —Heraldo del Caos.
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  • No creí volverte a ver más...
    Fandom Persona 3
    Categoría Acción
    Sigo igual de perdida que anoche, Elizabeth no me ha podido explicar mucho de lo ocurrido. Pero estoy viva después de dos años que hice mi sacrificio, por lo poco que se de los demás es lo siguiente.

    Akihiko y Mitsuru siguen juntos aunque ya como personas publicas lidiando con ser personas públicas.
    Fuuka y Aigis trabajan para Mitsuru
    Jumpei y Chidori no lo sé no he visto nada de ellos. Y por último pero menos importante Shinjiro, ver qué seguía siendo soltero pero que cuando le daba la gana estaba con una chica distinta.

    Eso me hizo sentir dolor, pero bueno voy caminando por la calle se que debo ir a cambiarme, pero estoy en un sitio perdido aquí hablan en inglés. Miro el reloj de una tienda pronto sería medianoche.

    Shinjiro Aragaki
    Sigo igual de perdida que anoche, Elizabeth no me ha podido explicar mucho de lo ocurrido. Pero estoy viva después de dos años que hice mi sacrificio, por lo poco que se de los demás es lo siguiente. Akihiko y Mitsuru siguen juntos aunque ya como personas publicas lidiando con ser personas públicas. Fuuka y Aigis trabajan para Mitsuru Jumpei y Chidori no lo sé no he visto nada de ellos. Y por último pero menos importante Shinjiro, ver qué seguía siendo soltero pero que cuando le daba la gana estaba con una chica distinta. Eso me hizo sentir dolor, pero bueno voy caminando por la calle se que debo ir a cambiarme, pero estoy en un sitio perdido aquí hablan en inglés. Miro el reloj de una tienda pronto sería medianoche. [Diamon_cx]
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    Individual
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    Cualquier línea
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  • Que solitario es todo esto, no encuentra algo entretenido.
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  • *Es un día tranquilo y soleado en el parque Chris se siente un poco solitario a veces hay momentos así*

    "Espero haya algun trabajo de aventura pronto o alguna salida"

    *Mientras espera contempla la naturaleza, los arboles frondozos con un color naranjoso rojizo, el aire fresco que da aviso de la llegada del invierno, es bueno relajarse de vez en cuando, piensa el mientras ve a los niños jugando y riendo cerca del lago del parque*
    *Es un día tranquilo y soleado en el parque Chris se siente un poco solitario a veces hay momentos así* "Espero haya algun trabajo de aventura pronto o alguna salida" *Mientras espera contempla la naturaleza, los arboles frondozos con un color naranjoso rojizo, el aire fresco que da aviso de la llegada del invierno, es bueno relajarse de vez en cuando, piensa el mientras ve a los niños jugando y riendo cerca del lago del parque*
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  • *Dado que hoy era un día libre, me dediqué a revisar y ajustar las guitarras que me regalaron de cumpleaños. Les cambié cuerdas de distintas medidas para cada ocasión.*

    "Hmmmm, la guitarra Super strat signature que me regaló Bianca Auditore tiene un buen sustain y cápsulas activas. Definitivamente le pondré afinación baja para tocar cosas más extremas."

    "Por otra parte la 'Celestecaster' (nombre que le puse a la Telecaster que me regaló Lady Céleste) suena bastante cristalina. La dejaré en afinación estándar y la usaré para sonido bien limpio."

    "Y por último la exótica Les Paul que me mandó la Bratva de Mαrαl Roмαɴov tenía unas maderas que al parecer solo se pueden encontrar en Rusia. Tiene un sonido bastante especial, bastante opaco Pero le da un sustain muy particular. La usaré para los solos~."
    *Dado que hoy era un día libre, me dediqué a revisar y ajustar las guitarras que me regalaron de cumpleaños. Les cambié cuerdas de distintas medidas para cada ocasión.* "Hmmmm, la guitarra Super strat signature que me regaló [Freaky_Ghost_Ovni_531] tiene un buen sustain y cápsulas activas. Definitivamente le pondré afinación baja para tocar cosas más extremas." "Por otra parte la 'Celestecaster' (nombre que le puse a la Telecaster que me regaló [LadyCeleste2008]) suena bastante cristalina. La dejaré en afinación estándar y la usaré para sonido bien limpio." "Y por último la exótica Les Paul que me mandó la Bratva de [Maral_Romanov] tenía unas maderas que al parecer solo se pueden encontrar en Rusia. Tiene un sonido bastante especial, bastante opaco Pero le da un sustain muy particular. La usaré para los solos~."
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  • ༒ 𝕮𝖎𝖓𝖎𝖘 𝕽𝖔𝖘𝖆.

    La tormenta había cesado apenas unos minutos antes de que Odette cruzara el arco de piedra que marcaba la entrada a la ciudad.

    Las calles permanecían húmedas, brillando tenuemente bajo la luz de los faroles. El barro se adhería a los bajos de su falda negra mientras avanzaba sin prisa entre comerciantes agotados y mendigos que evitaban levantar la vista. El aroma a humo, cerveza agria y madera mojada impregnaba el aire nocturno.

    Al fondo de la calle principal, una vieja taberna aún permanecía abierta.

    Un letrero oxidado colgaba sobre la puerta balanceándose con el viento: El Cuervo Tuerto.

    Desde dentro escapaban risas toscas, el sonido de jarras golpeando mesas y una melodía mal tocada por algún bardo ebrio.

    Odette se detuvo frente a la entrada un instante.

    Luego empujó la puerta.

    El calor del interior la envolvió de golpe junto con el olor denso a sudor, alcohol y carne cocida. Algunos hombres giraron la cabeza apenas lo suficiente para observar a la extraña mujer de negro entrar bajo la tenue iluminación rojiza.

    Ella solo caminó hasta una mesa apartada, cerca de la pared, donde las sombras ocultaban parcialmente su rostro bajo la capucha oscura.

    El tabernero se aproximó limpiándose las manos en un trapo sucio.

    —¿Qué va a ordenar, hermana? —preguntó con cierta cautela al notar los pequeños frascos colgando de su cinturón.

    —Vino caliente. Y algo de pan, si aún queda.— respondió Odette con voz tranquila.

    El hombre arqueó una ceja.
    No parecía una monja pero tampoco deseaba hacer preguntas.

    Se alejó murmurando para sí mismo.

    La taberna continuó con su ruido habitual.
    Risas, Insultos, una pelea contenida apenas por la borrachera de los involucrados.

    Hasta que la puerta se abrió violentamente.

    Un hombre irrumpió empapado por la lluvia.

    Tropezó apenas cruzar el umbral y cayó de rodillas sobre el suelo. Respiraba agitado. Los ojos abiertos de par en par. Como si hubiese corrido huyendo de algo invisible.

    —¡La vi!— gritó con la voz quebrada.

    Nadie respondió al principio.
    Algunos soltaron risas cansadas.

    —Otra vez no, Edwin...— dijo entre dientes alguien que aparentemente lo conocía desde una mesa.

    Pero el hombre comenzó a señalar desesperadamente hacia las calles exteriores.

    —¡La Santa de los Venenos! ¡La vi en el bosque viejo! ¡Juro por Dios que era ella!

    La taberna estalló en carcajadas.

    —¿La bruja del luto?
    —Ese idiota volvió a beber aguardiente barato.
    —¿No se suponía que estaba muerta?

    Pero el hombre no reía... Temblaba.

    —¡No estaba muerta! ¡La vi caminar entre los árboles! ¡Las serpientes la seguían! ¡Y había cuerpos colgados cerca del río! ¡Hombres enfermos! ¡Todos con flores negras en la boca!

    Algunas risas comenzaron a apagarse.

    Incluso el bardo dejó de tocar.

    Edwin tragó saliva con dificultad.

    —Y entonces ella me miró...

    Un silencio incómodo recorrió la taberna.

    —¿Y cómo sabes que era “La Santa”?— preguntó finalmente el tabernero.

    Edwin señaló con mano temblorosa hacia el fondo del local, directamente hacia Odette.

    —Porque tenía esos mismos ojos.

    El silencio cayó de golpe.

    Varias miradas se clavaron lentamente sobre la mujer de negro.

    La tenue vela de su mesa iluminaba apenas su expresión serena mientras sostenía entre los dedos la taza de vino caliente que acababan de servirle.

    Entonces levantó la vista hacia el hombre.
    Y sonrió... No una sonrisa cálida, sino algo mucho peor: Una expresión tranquila, condescendiente.
    Como la de alguien que escucha a un niño describir un mal sueño que resulta ser completamente real.

    El hombre retrocedió horrorizado.

    —No... no...— balbuceó.

    Odette lentamente retiró la capucha que cubría su cabeza.

    —Deberías dejar de correr bajo la lluvia... Podrías enfermar.
    ༒ 𝕮𝖎𝖓𝖎𝖘 𝕽𝖔𝖘𝖆. La tormenta había cesado apenas unos minutos antes de que Odette cruzara el arco de piedra que marcaba la entrada a la ciudad. Las calles permanecían húmedas, brillando tenuemente bajo la luz de los faroles. El barro se adhería a los bajos de su falda negra mientras avanzaba sin prisa entre comerciantes agotados y mendigos que evitaban levantar la vista. El aroma a humo, cerveza agria y madera mojada impregnaba el aire nocturno. Al fondo de la calle principal, una vieja taberna aún permanecía abierta. Un letrero oxidado colgaba sobre la puerta balanceándose con el viento: El Cuervo Tuerto. Desde dentro escapaban risas toscas, el sonido de jarras golpeando mesas y una melodía mal tocada por algún bardo ebrio. Odette se detuvo frente a la entrada un instante. Luego empujó la puerta. El calor del interior la envolvió de golpe junto con el olor denso a sudor, alcohol y carne cocida. Algunos hombres giraron la cabeza apenas lo suficiente para observar a la extraña mujer de negro entrar bajo la tenue iluminación rojiza. Ella solo caminó hasta una mesa apartada, cerca de la pared, donde las sombras ocultaban parcialmente su rostro bajo la capucha oscura. El tabernero se aproximó limpiándose las manos en un trapo sucio. —¿Qué va a ordenar, hermana? —preguntó con cierta cautela al notar los pequeños frascos colgando de su cinturón. —Vino caliente. Y algo de pan, si aún queda.— respondió Odette con voz tranquila. El hombre arqueó una ceja. No parecía una monja pero tampoco deseaba hacer preguntas. Se alejó murmurando para sí mismo. La taberna continuó con su ruido habitual. Risas, Insultos, una pelea contenida apenas por la borrachera de los involucrados. Hasta que la puerta se abrió violentamente. Un hombre irrumpió empapado por la lluvia. Tropezó apenas cruzar el umbral y cayó de rodillas sobre el suelo. Respiraba agitado. Los ojos abiertos de par en par. Como si hubiese corrido huyendo de algo invisible. —¡La vi!— gritó con la voz quebrada. Nadie respondió al principio. Algunos soltaron risas cansadas. —Otra vez no, Edwin...— dijo entre dientes alguien que aparentemente lo conocía desde una mesa. Pero el hombre comenzó a señalar desesperadamente hacia las calles exteriores. —¡La Santa de los Venenos! ¡La vi en el bosque viejo! ¡Juro por Dios que era ella! La taberna estalló en carcajadas. —¿La bruja del luto? —Ese idiota volvió a beber aguardiente barato. —¿No se suponía que estaba muerta? Pero el hombre no reía... Temblaba. —¡No estaba muerta! ¡La vi caminar entre los árboles! ¡Las serpientes la seguían! ¡Y había cuerpos colgados cerca del río! ¡Hombres enfermos! ¡Todos con flores negras en la boca! Algunas risas comenzaron a apagarse. Incluso el bardo dejó de tocar. Edwin tragó saliva con dificultad. —Y entonces ella me miró... Un silencio incómodo recorrió la taberna. —¿Y cómo sabes que era “La Santa”?— preguntó finalmente el tabernero. Edwin señaló con mano temblorosa hacia el fondo del local, directamente hacia Odette. —Porque tenía esos mismos ojos. El silencio cayó de golpe. Varias miradas se clavaron lentamente sobre la mujer de negro. La tenue vela de su mesa iluminaba apenas su expresión serena mientras sostenía entre los dedos la taza de vino caliente que acababan de servirle. Entonces levantó la vista hacia el hombre. Y sonrió... No una sonrisa cálida, sino algo mucho peor: Una expresión tranquila, condescendiente. Como la de alguien que escucha a un niño describir un mal sueño que resulta ser completamente real. El hombre retrocedió horrorizado. —No... no...— balbuceó. Odette lentamente retiró la capucha que cubría su cabeza. —Deberías dejar de correr bajo la lluvia... Podrías enfermar.
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  • Hm. Buenos dias.

    -La demonio esta claramente aun medio dormida, pero hoy ha hecho un esfuerzo para que le de la luz del sol un poco, aunque sea-
    Hm. Buenos dias. -La demonio esta claramente aun medio dormida, pero hoy ha hecho un esfuerzo para que le de la luz del sol un poco, aunque sea-
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