• https://youtu.be/UI7RJkCXyq8?si=rsQ7zR8hwiHUS3jS

    *Buenos días. Me encontraba grabando guitarras y voces para una canción llamada 'Bonnie The Cat'. Una canción sobre un lindo gatito....QUE PUEDE VER A TRAVÉS DEL ALMA LOS SENTIMIENTOS MAS OSCUROS Y PERVERSOS DEL SER HUMANO....*


    "I know....what....Will be...."
    https://youtu.be/UI7RJkCXyq8?si=rsQ7zR8hwiHUS3jS *Buenos días. Me encontraba grabando guitarras y voces para una canción llamada 'Bonnie The Cat'. Una canción sobre un lindo gatito....QUE PUEDE VER A TRAVÉS DEL ALMA LOS SENTIMIENTOS MAS OSCUROS Y PERVERSOS DEL SER HUMANO....* "I know....what....Will be...."
    Me gusta
    Me encocora
    4
    2 turnos 0 maullidos
  • — La secuencia de malas decisiones que tomé en un corto periodo de tiempo fueron las que me trajeron al momento presente. Por más que me arrepienta es demasiado tarde para tratar de enmendar mis errores, lo hecho, hecho está. Ahora lo único que puedo hacer es prepararme para afrontar las consecuencias de las tonterías que hice. En serio que la soledad a veces puede llevarte a cometer toda clase de estupideces de las que luego te arrepientes, pero para cuando te das cuenta es muy tarde, pues ya te quedaste más solo de lo que estabas en un inicio.

    Me perdí de vista a mí mismo, olvidé quien soy, eso me llevó a caer tan bajo como un hombre puede caer, no es exageración decir que me comporté como toda una escoria.

    Si mis palabras carecen de sentido lo diré de otra forma, fui un completo idiota con las personas más importantes para mí, aquellas que siempre estuvieron apoyándome, quienes me ayudaron a levantarme en mis momentos más oscuros. ¿Y cómo se los agradecí? Con graves faltas de respeto, jugando con sus sentimientos, pisoteándolos de la peor forma posible. No sería ninguna sorpresa que ahora me odien, deben estar profundamente decepcionados, después de todo es lo que me merezco, yo mismo me lo gané.

    No voy a justificarme ni a poner excusas, sé que lo que hice estuvo mal, estuve muy mal, esa es la realidad. — Del bolsillo sacó un cigarro que colocó entre sus labios, para después usar un encendedor para prenderle fuego, dándole una calada un segundo después. — Así que solo por hoy me permitiré volver a fumar, y seguramente me emborrache hasta perder el conocimiento, porque lo necesito. Es mi manera de lidiar con los problemas, ya mañana pensaré en cómo afrontar las consecuencias de mis actos. Como siempre digo... Una vez al año no hace daño... Haha...ha...
    — La secuencia de malas decisiones que tomé en un corto periodo de tiempo fueron las que me trajeron al momento presente. Por más que me arrepienta es demasiado tarde para tratar de enmendar mis errores, lo hecho, hecho está. Ahora lo único que puedo hacer es prepararme para afrontar las consecuencias de las tonterías que hice. En serio que la soledad a veces puede llevarte a cometer toda clase de estupideces de las que luego te arrepientes, pero para cuando te das cuenta es muy tarde, pues ya te quedaste más solo de lo que estabas en un inicio. Me perdí de vista a mí mismo, olvidé quien soy, eso me llevó a caer tan bajo como un hombre puede caer, no es exageración decir que me comporté como toda una escoria. Si mis palabras carecen de sentido lo diré de otra forma, fui un completo idiota con las personas más importantes para mí, aquellas que siempre estuvieron apoyándome, quienes me ayudaron a levantarme en mis momentos más oscuros. ¿Y cómo se los agradecí? Con graves faltas de respeto, jugando con sus sentimientos, pisoteándolos de la peor forma posible. No sería ninguna sorpresa que ahora me odien, deben estar profundamente decepcionados, después de todo es lo que me merezco, yo mismo me lo gané. No voy a justificarme ni a poner excusas, sé que lo que hice estuvo mal, estuve muy mal, esa es la realidad. — Del bolsillo sacó un cigarro que colocó entre sus labios, para después usar un encendedor para prenderle fuego, dándole una calada un segundo después. — Así que solo por hoy me permitiré volver a fumar, y seguramente me emborrache hasta perder el conocimiento, porque lo necesito. Es mi manera de lidiar con los problemas, ya mañana pensaré en cómo afrontar las consecuencias de mis actos. Como siempre digo... Una vez al año no hace daño... Haha...ha...
    Me entristece
    Me shockea
    Me gusta
    10
    36 turnos 0 maullidos
  • Y una vez más, los buenos sentimientos no le ganaron a la de las t*t0tas.(??)
    Y una vez más, los buenos sentimientos no le ganaron a la de las t*t0tas.(??)
    Me enjaja
    Me gusta
    Me entristece
    Me encocora
    Me shockea
    11
    16 turnos 0 maullidos
  • "A veces me pregunto que hubiera sucedido si me hubiera quedado en aquel lugar. Si, al crecer, sería alguien sin sentimientos, creando armas para matar, con las manos manchadas se sangre y una cadena alrededor del cuello, sin poder hacer nada, me pregunto si aún me importaría. Aún me da miedo convertirme en esa persona."
    "A veces me pregunto que hubiera sucedido si me hubiera quedado en aquel lugar. Si, al crecer, sería alguien sin sentimientos, creando armas para matar, con las manos manchadas se sangre y una cadena alrededor del cuello, sin poder hacer nada, me pregunto si aún me importaría. Aún me da miedo convertirme en esa persona."
    Me shockea
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • El zumbido del aire acondicionado central era el único sonido que se atrevía a interrumpir la quietud en las oficinas ejecutivas del Clan Tojo. El espacio, conservaba un aroma persistente a tabaco caro; era una estancia diseñada, para proyectar una jerarquía de poder inamovible. Para el Sexto Presidente, un hombre de un idealismo frustrante que aún buscaba el sol tras cada sombra, esa habitación representaba una familia unida por el honor. Para Mine, no era más que una sala de juntas de clase alta; los hombres allí sentados eran solo activos y pasivos volátiles en un balance general.

    Mine se inclinó con movimientos fluidos y silenciosos, destacando como una silueta rígida dentro de su traje color carbón. Susurró al oído del Presidente con una frecuencia baja, casi imperceptible. En sus labios lucía esa sonrisa: una curva practicada que nunca alcanzaba sus ojos. Mientras hablaba, su mirada no se fijaba en su jefe, sino en el hombre sentado al otro lado del vasto escritorio de caoba: el patriarca de una pequeña familia subsidiaria cuya cartera mostraba más pérdidas que ganancias. El rostro del hombre, hinchado y cubierto por una fina película de sudor, delataba su pánico. Sus ojos se encontraron con los de Mine un segundo y cayeron de inmediato, estaba inquieto; para efectos prácticos, ya era culpable.

    ❛Señor, sabe cuánto respeto su deseo de armonía❜­­ ­ murmuró Mine, lanzando palabras como púas de seda. ❛Pero los rumores han dejado de serlo. Circulan, ganan tracción y, como usted bien sabe, la desinformación es el enemigo más temible.❜­­ ­

    Se incorporó y ajustó el puño de su camisa mientras el Presidente asentía con un peso de entendimiento en la mirada. El líder no necesitaba conocer los detalles de cómo Mine había verificado los hechos; solo necesitaba que el problema se resolviera. Mine era la mano que ejecutaba el trabajo sucio, el bisturí que extirpaba la podredumbre para que la conciencia de su superior permaneciera tan impoluta como sus trajes blancos.

    Mine no era una buena persona. Esto era un hecho cuantitativo, tan irrebatible como cualquier cifra en una hoja de cálculo. La variable común en cada catástrofe a su alrededor era él mismo. Había llegado a la conclusión de que era intrínsecamente malo, pero no de una forma teatral, sino de la manera en que un sistema operativo está defectuoso desde su primera línea de código. Su directiva principal era la eficiencia y la autopreservación; en su ejecución, siempre dejaba un rastro de escombros. Arruinaba vidas sin dudarlo, orquestando guerras internas para eliminar la "basura" y lograr que el Clan funcionara correctamente.
    La escena siguiente fue la conclusión lógica del proceso. Se encontraban en una habitación pequeña, estéril y sin ventanas, ubicada en el sótano que servía al departamento de auditoría interna.
    El patriarca subsidiario estaba de rodillas sobre una lona de plástico azul, con el rostro empapado en terror. Un tanto yacía sobre un paño blanco a su lado. El ritual se llamaba yubitsume: expiación mediante la amputación. Mine observaba a unos metros de distancia con un cigarrillo encendido entre los dedos, manteniendo algo irritado por los sollozos del hombre.
    ❛Dicen que es una oportunidad para la purificación❜­­ ­ dijo Mine, cortando el llanto con su voz afilada. ❛Personalmente, encuentro esa definición demasiado idealista. Su descuido al permitir el asesinato de varios oficiales de seguridad no fue un simple crimen, sino un error sísmico que atrajo investigaciones y volatilidad. Y yo, caballero, desprecio la volatilidad.❜­­ ­

    Dio una calada larga al cigarrillo. Observó la mano temblorosa alcanzar el cuchillo. Los sentimientos del hombre tenían para Mine la misma relevancia que las emociones de una hormiga.
    El hombre gritó, un sonido animal y crudo, cuando el filo penetró la piel del meñique izquierdo. El metal se hundió con una resistencia inicial antes de morder el hueso. Mine no parpadeó; escuchó el crujido húmedo de la articulación separándose. La hoja se abrió paso a través de tendones y cartílagos con un chirrido sordo contra la madera, liberando un chorro de carmesí espeso que salpicó la lona con un golpeteo rítmico. Mine se arrodilló lentamente, bajando al nivel del hombre que sollozaba, cuidando que sus zapatos de cuero no tocaran el charco que se expandía. Exhaló una pluma de humo.
    ❛Míreme❜­­ ­ ordenó en un susurro. Los ojos llenos de lágrimas del hombre se encontraron con los suyos. La sonrisa de Mine regresó, más esa sonrisa no expresaba nada.
    ❛Tome esto como una lección de responsabilidad, un concepto que parece haber olvidado al creer que podía matar oficiales de la ley sin consecuencias para el resto de nosotros.❜­­ ­ Hizo una pausa, permitiendo que el dolor se hundiera en la psique del otro.
    ❛Mañana por la mañana, su familia elegirá a un nuevo patriarca; alguien que entienda de responsabilidades. La pérdida de un dedo es un coste menor comparado con la pérdida del estatuto de toda su estirpe. Debería agradecerme la reestructuración.❜­­ ­
    El zumbido del aire acondicionado central era el único sonido que se atrevía a interrumpir la quietud en las oficinas ejecutivas del Clan Tojo. El espacio, conservaba un aroma persistente a tabaco caro; era una estancia diseñada, para proyectar una jerarquía de poder inamovible. Para el Sexto Presidente, un hombre de un idealismo frustrante que aún buscaba el sol tras cada sombra, esa habitación representaba una familia unida por el honor. Para Mine, no era más que una sala de juntas de clase alta; los hombres allí sentados eran solo activos y pasivos volátiles en un balance general. Mine se inclinó con movimientos fluidos y silenciosos, destacando como una silueta rígida dentro de su traje color carbón. Susurró al oído del Presidente con una frecuencia baja, casi imperceptible. En sus labios lucía esa sonrisa: una curva practicada que nunca alcanzaba sus ojos. Mientras hablaba, su mirada no se fijaba en su jefe, sino en el hombre sentado al otro lado del vasto escritorio de caoba: el patriarca de una pequeña familia subsidiaria cuya cartera mostraba más pérdidas que ganancias. El rostro del hombre, hinchado y cubierto por una fina película de sudor, delataba su pánico. Sus ojos se encontraron con los de Mine un segundo y cayeron de inmediato, estaba inquieto; para efectos prácticos, ya era culpable. ❛Señor, sabe cuánto respeto su deseo de armonía❜­­ ­ murmuró Mine, lanzando palabras como púas de seda. ❛Pero los rumores han dejado de serlo. Circulan, ganan tracción y, como usted bien sabe, la desinformación es el enemigo más temible.❜­­ ­ Se incorporó y ajustó el puño de su camisa mientras el Presidente asentía con un peso de entendimiento en la mirada. El líder no necesitaba conocer los detalles de cómo Mine había verificado los hechos; solo necesitaba que el problema se resolviera. Mine era la mano que ejecutaba el trabajo sucio, el bisturí que extirpaba la podredumbre para que la conciencia de su superior permaneciera tan impoluta como sus trajes blancos. Mine no era una buena persona. Esto era un hecho cuantitativo, tan irrebatible como cualquier cifra en una hoja de cálculo. La variable común en cada catástrofe a su alrededor era él mismo. Había llegado a la conclusión de que era intrínsecamente malo, pero no de una forma teatral, sino de la manera en que un sistema operativo está defectuoso desde su primera línea de código. Su directiva principal era la eficiencia y la autopreservación; en su ejecución, siempre dejaba un rastro de escombros. Arruinaba vidas sin dudarlo, orquestando guerras internas para eliminar la "basura" y lograr que el Clan funcionara correctamente. La escena siguiente fue la conclusión lógica del proceso. Se encontraban en una habitación pequeña, estéril y sin ventanas, ubicada en el sótano que servía al departamento de auditoría interna. El patriarca subsidiario estaba de rodillas sobre una lona de plástico azul, con el rostro empapado en terror. Un tanto yacía sobre un paño blanco a su lado. El ritual se llamaba yubitsume: expiación mediante la amputación. Mine observaba a unos metros de distancia con un cigarrillo encendido entre los dedos, manteniendo algo irritado por los sollozos del hombre. ❛Dicen que es una oportunidad para la purificación❜­­ ­ dijo Mine, cortando el llanto con su voz afilada. ❛Personalmente, encuentro esa definición demasiado idealista. Su descuido al permitir el asesinato de varios oficiales de seguridad no fue un simple crimen, sino un error sísmico que atrajo investigaciones y volatilidad. Y yo, caballero, desprecio la volatilidad.❜­­ ­ Dio una calada larga al cigarrillo. Observó la mano temblorosa alcanzar el cuchillo. Los sentimientos del hombre tenían para Mine la misma relevancia que las emociones de una hormiga. El hombre gritó, un sonido animal y crudo, cuando el filo penetró la piel del meñique izquierdo. El metal se hundió con una resistencia inicial antes de morder el hueso. Mine no parpadeó; escuchó el crujido húmedo de la articulación separándose. La hoja se abrió paso a través de tendones y cartílagos con un chirrido sordo contra la madera, liberando un chorro de carmesí espeso que salpicó la lona con un golpeteo rítmico. Mine se arrodilló lentamente, bajando al nivel del hombre que sollozaba, cuidando que sus zapatos de cuero no tocaran el charco que se expandía. Exhaló una pluma de humo. ❛Míreme❜­­ ­ ordenó en un susurro. Los ojos llenos de lágrimas del hombre se encontraron con los suyos. La sonrisa de Mine regresó, más esa sonrisa no expresaba nada. ❛Tome esto como una lección de responsabilidad, un concepto que parece haber olvidado al creer que podía matar oficiales de la ley sin consecuencias para el resto de nosotros.❜­­ ­ Hizo una pausa, permitiendo que el dolor se hundiera en la psique del otro. ❛Mañana por la mañana, su familia elegirá a un nuevo patriarca; alguien que entienda de responsabilidades. La pérdida de un dedo es un coste menor comparado con la pérdida del estatuto de toda su estirpe. Debería agradecerme la reestructuración.❜­­ ­
    Me gusta
    Me encocora
    8
    0 turnos 0 maullidos
  • https://youtu.be/Thwi4MajzUI?si=WmeRMvNzjbd36lD3

    *Cerrando mis ojos, escuchando aquellas melodías que resuenan con ella como un sutil eco de sentimientos y pensamiento*

    Dentro de cada corazón, se oculta un dejo de oscuridad, depende de nosotros tener la llave a la mano para dejar salir la verdadera luz, más en ocasiones es mejor dejarla encerrada
    https://youtu.be/Thwi4MajzUI?si=WmeRMvNzjbd36lD3 *Cerrando mis ojos, escuchando aquellas melodías que resuenan con ella como un sutil eco de sentimientos y pensamiento* Dentro de cada corazón, se oculta un dejo de oscuridad, depende de nosotros tener la llave a la mano para dejar salir la verdadera luz, más en ocasiones es mejor dejarla encerrada
    Me encocora
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • Se muy bien que es llevar aquellos sentimientos negativos en uno pero , son sentimientos que no controlamos sino que te comtrolan
    Se muy bien que es llevar aquellos sentimientos negativos en uno pero , son sentimientos que no controlamos sino que te comtrolan
    Me gusta
    Me encocora
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • *acostada en la cama, pensando y enojada*

    No hay nada q odie más en esta vida que los mentirosos, aprovechados y oportunistas!!

    *Respiro profundamente con mucho enojo*

    Después que no tenemos sentimientos y que el corazón es de piedra!!
    *acostada en la cama, pensando y enojada* No hay nada q odie más en esta vida que los mentirosos, aprovechados y oportunistas!! *Respiro profundamente con mucho enojo* Después que no tenemos sentimientos y que el corazón es de piedra!!
    Me shockea
    Me encocora
    4
    33 turnos 0 maullidos
  • ──── Las mujeres de Viltrum no respondemos a la infidelidad con sentimientos estúpidos como el rencor, y tampoco desquitamos nuestra frustración con palabras llenas de odio. La traición de un amante se paga con la vida.
    ──── Las mujeres de Viltrum no respondemos a la infidelidad con sentimientos estúpidos como el rencor, y tampoco desquitamos nuestra frustración con palabras llenas de odio. La traición de un amante se paga con la vida.
    Me gusta
    Me encocora
    Me shockea
    7
    3 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    El aire en el salón principal de la mansión Romanov se sentía más pesado que de costumbre. El tintineo de la cucharilla de plata contra la porcelana era el único sonido que se atrevía a desafiar el silencio, hasta que Sasha dejó la taza sobre la mesa con una elegancia que Maral reconoció como el preludio de un interrogatorio.

    —La paciencia, Maral, es una virtud en nuestro mundo, pero incluso la mía tiene límites —sentenció Sasha, sin apartar sus ojos gélidos de su hija—. Los nombres han estado sobre la mesa durante semanas. Alianzas que podrían consolidar nuestro imperio o destruirlo. ¿A qué esperas?

    Maral respiró hondo, sintiendo el frío contacto del metal de su daga, la Habibi, oculta bajo la tela de su ropa. Era su ancla, el recordatorio de que, aunque su madre controlara los hilos de la familia, ella aún era dueña de su propio acero.

    —No es una decisión que deba tomarse entre el desayuno y el almuerzo, madre —respondió Maral con una calma estudiada, aunque por dentro sus nervios se tensaban como cuerdas de violín—. Un matrimonio en la Bratva no es un romance, es un contrato de sangre. Y no estoy dispuesta a firmar mi sentencia con alguien que no sepa distinguir la lealtad del miedo.
    Sasha se inclinó hacia adelante, su sombra proyectándose larga sobre la mesa de caoba.

    —Me hablas de lealtad, pero tu silencio parece más bien una rebelión —dijo la matriarca con voz suave, casi peligrosa—. He recibido llamadas de Moscú, de Chicago, incluso de los clanes del sur. Todos preguntan por la joya de los Romanov. Si no eliges tú, elegiré yo. Y te aseguro que mi criterio no tendrá en cuenta tus sentimientos, solo los intereses del apellido.

    Maral sintió el impulso de llevarse la mano a la empuñadura de su daga, pero se obligó a mantener las manos entrelazadas sobre la mesa. No podía mostrar debilidad, ni tampoco una agresividad que su madre usaría en su contra.

    —Entiendo perfectamente lo que está en juego —replicó Maral, sosteniendo la mirada de la mujer que la había criado para ser un arma—. Pero si quieres que esta alianza sea duradera, necesito un hombre que sea un pilar, no una carga. Dame una semana más. Estoy analizando los movimientos de cada candidato. No quiero un esposo, quiero un socio que no me apuñale por la espalda cuando tú ya no estés para protegerme.

    Sasha guardó silencio durante unos segundos que parecieron eternos. Finalmente, se reclinó en su silla y soltó un suspiro imperceptible.

    —Una semana, Maral. Ni un día más —concedió Sasha, levantándose de la mesa—. Pero recuerda: en esta familia, el destino se escribe con sangre, no con dudas.

    Cuando la matriarca abandonó la habitación, Maral soltó el aire que no sabía que estaba reteniendo. Sacó la Habibi por un momento, observando el reflejo de la luz en la hoja afilada. Su madre quería una boda; Maral, por ahora, solo quería sobrevivir a la próxima cena sin que el peso de la corona Romanov terminara por asfixiarla.
    El aire en el salón principal de la mansión Romanov se sentía más pesado que de costumbre. El tintineo de la cucharilla de plata contra la porcelana era el único sonido que se atrevía a desafiar el silencio, hasta que Sasha dejó la taza sobre la mesa con una elegancia que Maral reconoció como el preludio de un interrogatorio. —La paciencia, Maral, es una virtud en nuestro mundo, pero incluso la mía tiene límites —sentenció Sasha, sin apartar sus ojos gélidos de su hija—. Los nombres han estado sobre la mesa durante semanas. Alianzas que podrían consolidar nuestro imperio o destruirlo. ¿A qué esperas? Maral respiró hondo, sintiendo el frío contacto del metal de su daga, la Habibi, oculta bajo la tela de su ropa. Era su ancla, el recordatorio de que, aunque su madre controlara los hilos de la familia, ella aún era dueña de su propio acero. —No es una decisión que deba tomarse entre el desayuno y el almuerzo, madre —respondió Maral con una calma estudiada, aunque por dentro sus nervios se tensaban como cuerdas de violín—. Un matrimonio en la Bratva no es un romance, es un contrato de sangre. Y no estoy dispuesta a firmar mi sentencia con alguien que no sepa distinguir la lealtad del miedo. Sasha se inclinó hacia adelante, su sombra proyectándose larga sobre la mesa de caoba. —Me hablas de lealtad, pero tu silencio parece más bien una rebelión —dijo la matriarca con voz suave, casi peligrosa—. He recibido llamadas de Moscú, de Chicago, incluso de los clanes del sur. Todos preguntan por la joya de los Romanov. Si no eliges tú, elegiré yo. Y te aseguro que mi criterio no tendrá en cuenta tus sentimientos, solo los intereses del apellido. Maral sintió el impulso de llevarse la mano a la empuñadura de su daga, pero se obligó a mantener las manos entrelazadas sobre la mesa. No podía mostrar debilidad, ni tampoco una agresividad que su madre usaría en su contra. —Entiendo perfectamente lo que está en juego —replicó Maral, sosteniendo la mirada de la mujer que la había criado para ser un arma—. Pero si quieres que esta alianza sea duradera, necesito un hombre que sea un pilar, no una carga. Dame una semana más. Estoy analizando los movimientos de cada candidato. No quiero un esposo, quiero un socio que no me apuñale por la espalda cuando tú ya no estés para protegerme. Sasha guardó silencio durante unos segundos que parecieron eternos. Finalmente, se reclinó en su silla y soltó un suspiro imperceptible. —Una semana, Maral. Ni un día más —concedió Sasha, levantándose de la mesa—. Pero recuerda: en esta familia, el destino se escribe con sangre, no con dudas. Cuando la matriarca abandonó la habitación, Maral soltó el aire que no sabía que estaba reteniendo. Sacó la Habibi por un momento, observando el reflejo de la luz en la hoja afilada. Su madre quería una boda; Maral, por ahora, solo quería sobrevivir a la próxima cena sin que el peso de la corona Romanov terminara por asfixiarla.
    Me shockea
    1
    0 comentarios 0 compartidos
Ver más resultados
Patrocinados