• โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐‘๐‘Ž๐‘โ„Ž๐‘ก ๐‘–๐‘› ๐ท๐‘’๐‘ข๐‘ก๐‘ ๐‘โ„Ž๐‘™๐‘Ž๐‘›๐‘‘ โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐‘ƒ๐‘Ÿ๐‘’๐‘ ๐‘’๐‘›๐‘ก ๐ท๐‘Ž๐‘ฆ | ๐•ฎ๐–๐–†๐–•๐–™๐–Š๐–— [๐Ÿ๐Ÿ”]

    [] ๐ต๐‘’๐‘Ÿ๐‘™í๐‘›, ๐ด๐‘™๐‘’๐‘š๐‘Ž๐‘›๐‘–๐‘Ž — ๐Ÿถ๐Ÿท:๐Ÿถ๐Ÿถ ๐ด.๐‘€

    Descendió del avión en el aeropuerto de Berlín-Brandeburgo con la calma de quien ha hecho ese trayecto demasiadas veces. El aire frío de enero le golpeó el rostro nada más salir de la pasarela, un recordatorio seco de que ya no estaba en Nueva York.

    Llevaba solo una maleta de mano negra, discreta, y un transportín acolchado colgado del hombro. Dentro, Francesco, su gato negro, maulló una sola vez, como reclamando atención o protestando por las horas de encierro.

    Aduanas fue un trámite rápido: pasaporte argentino, mirada neutra, respuestas cortas.

    Nadie preguntó por el gato más allá de revisar el certificado veterinario. Recogió la maleta facturada : Poco más que ropa y algunos objetos que nunca levantaban sospechas.

    Salió al vestíbulo de llegadas, donde el olor a café barato y pretzels se mezclaba con el humo de los taxis diésel.

    Tomó un taxi hacia Mitte sin dar muchas explicaciones al conductor. El hombre intentó entablar conversación sobre el tiempo y el tráfico; respondió con monosílabos hasta que el silencio se impuso.

    Desde el asiento trasero observó las luces de la ciudad deslizándose por las ventanas empañadas: la Torre de Televisión iluminada como una aguja lejana, los edificios reconstruidos que intentaban borrar cicatrices antiguas.

    Francesco se acomodó en el transportín sobre su regazo, ronroneando bajito ahora que el motor del taxi vibraba constante. Santiago pasó un dedo por la rejilla y el gato lo rozó con la nariz, un gesto breve pero familiar. Eran los únicos dos que sabían lo que venía después del check-in en el hotel.

    Veinte minutos más tarde, el taxi se detuvo frente a un hotel boutique en una calle tranquila cerca de Hackescher Markt.

    Pagó en efectivo, recogió sus cosas y entró al vestíbulo de techos altos y luz tenue. El recepcionista lo saludó en inglés; él respondió en un alemán correcto pero con acento que delataba otros lugares.

    โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜‹๐˜ข๐˜ด ๐˜ก๐˜ช๐˜ฎ๐˜ฎ๐˜ฆ๐˜ณ ๐˜ช๐˜ด๐˜ต ๐˜ข๐˜ถ๐˜ง ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜•๐˜ข๐˜ฎ๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜š๐˜ข๐˜ฏ๐˜ต๐˜ช๐˜ข๐˜จ๐˜ฐ ๐˜ณ๐˜ฆ๐˜ด๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ท๐˜ช๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ต. ๐˜‹๐˜ถ ๐˜ธ๐˜ฆ๐˜ชß๐˜ต ๐˜จ๐˜ข๐˜ฏ๐˜ป ๐˜จ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ข๐˜ถ, ๐˜ธ๐˜ฆ๐˜ณ ๐˜ช๐˜ค๐˜ฉ ๐˜ฃ๐˜ช๐˜ฏ. โ”€โ”€โ”€โ”€ (๐˜๐˜ข๐˜ฃ๐˜ช๐˜ต๐˜ข๐˜ค๐˜ชó๐˜ฏ ๐˜ณ๐˜ฆ๐˜ด๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ท๐˜ข๐˜ฅ๐˜ข ๐˜ข ๐˜ฏ๐˜ฐ๐˜ฎ๐˜ฃ๐˜ณ๐˜ฆ ๐˜ฅ๐˜ฆ ๐˜š๐˜ข๐˜ฏ๐˜ต๐˜ช๐˜ข๐˜จ๐˜ฐ. ๐˜ ๐˜ข ๐˜ด๐˜ข๐˜ฃ๐˜ฆ ๐˜ถ๐˜ด๐˜ต๐˜ฆ๐˜ฅ ๐˜ฑ๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ง๐˜ฆ๐˜ค๐˜ต๐˜ข๐˜ฎ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ต๐˜ฆ ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ชé๐˜ฏ ๐˜ด๐˜ฐ๐˜บ. )

    Dijo, entregando el pasaporte. No le era necesario hacerse pasar por alguien más. Todos lo conocían allí mismo y no le importaba el anonimato; era un hotel que transcurría seguido cuándo se le solicitaba.

    Mientras firmaba el registro, Francesco volvió a maullar, esta vez más impaciente. Sonrió apenas, casi imperceptiblemente. Pronto estarían arriba, solos, y podría abrir el transportín.

    El gato saldría, exploraría la habitación con su elegancia felina, y él comenzaría a prepararse para el trabajo que lo había traído hasta Berlín.

    La noche apenas empezaba. Se quitó el saco de vestir y sentó unos momentos al borde de la cama; un tanto cansado por tantas horas de viaje y trabajo.

    โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜๐˜ฆ๐˜ฎ๐˜ฐ๐˜ด ๐˜ญ๐˜ญ๐˜ฆ๐˜จ๐˜ข๐˜ฅ๐˜ฐ; ๐˜๐˜ณ๐˜ข๐˜ฏ๐˜ค๐˜ฆ๐˜ด๐˜ค๐˜ฐ. ๐˜Œ๐˜ฏ é๐˜ด๐˜ต๐˜ฐ๐˜ด ๐˜ฅí๐˜ข๐˜ด ๐˜ฎ๐˜ฆ ๐˜ต๐˜ฐ๐˜ค๐˜ข๐˜ณá ๐˜ต๐˜ณ๐˜ข๐˜ฃ๐˜ข๐˜ซ๐˜ข๐˜ณ ๐˜ฏ๐˜ถ๐˜ฆ๐˜ท๐˜ข๐˜ฎ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ต๐˜ฆ; ๐˜ฑ๐˜ฐ๐˜ณ ๐˜ญ๐˜ฐ ๐˜ต๐˜ข๐˜ฏ๐˜ต๐˜ฐ ๐˜ข๐˜ฑ๐˜ณ๐˜ฐ๐˜ท๐˜ฆ๐˜ค๐˜ฉ๐˜ข๐˜ณé ๐˜ฆ๐˜ญ ๐˜ต๐˜ช๐˜ฆ๐˜ฎ๐˜ฑ๐˜ฐ ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ฆ ๐˜ฎ๐˜ฆ ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ฆ๐˜ฅ๐˜ข ๐˜ฑ๐˜ข๐˜ณ๐˜ข ๐˜ณ๐˜ฆ๐˜ค๐˜ฐ๐˜ณ๐˜ณ๐˜ฆ๐˜ณ ๐˜ถ๐˜ฏ ๐˜ฑ๐˜ฐ๐˜ค๐˜ฐ ๐˜ญ๐˜ข ๐˜ค๐˜ข๐˜ฑ๐˜ช๐˜ต๐˜ข๐˜ญ ๐˜ข๐˜ญ๐˜ฆ๐˜ฎ๐˜ข๐˜ฏ๐˜ข. โ”€โ”€โ”€โ”€
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    La luz del sol de la mañana de Navidad se filtraba suavemente a través de las cortinas entreabiertas del dormitorio de Santiago, tiñendo la habitación de un cálido tono dorado. Era 25 de diciembre, y el silencio de la casa solo se interrumpía por el lejano sonido de villancicos que provenían de algún vecino entusiasta.

    Santiago abrió los ojos lentamente, estirándose bajo las sábanas con un bostezo contenido. La noche anterior había sido tranquila, como a él le gustaba: una cena ligera, un libro a medio leer y la compañía silenciosa de Francesco. Se incorporó en la cama, pasándose una mano por el cabello revuelto, y miró hacia el pie del colchón.

    Allí estaba Francesco, su gato negro, acurrucado en un ovillo perfecto sobre la manta extra que Santiago siempre dejaba para él. El felino dormía profundamente, con el pecho subiendo y bajando en un ritmo pausado, una pata delantera cubriéndole delicadamente la nariz como si quisiera protegerse del mundo. Ni siquiera el movimiento de Santiago lo había despertado; Francesco era experto en ignorar el mundo cuando decidía que era hora de descansar.

    Con una media sonrisa, Santiago se levantó de la cama, descalzo sobre el suelo fresco de madera. Caminó hasta la cocina contigua, abrió el armario superior y sacó una copa de cristal fino. Luego, del refrigerador, tomó la botella de vino tinto que había abierto unos días antes, un Rioja reserva que guardaba para momentos como este. Sirvió una cantidad moderada, solo lo suficiente para acompañar la quietud de la mañana, y el aroma afrutado llenó el aire.

    Regresó al dormitorio con la copa en la mano, se sentó en el borde de la cama y dio un sorbo lento mientras sus ojos se posaban nuevamente en Francesco. El gato, ajeno a todo, cambió ligeramente de posición en sueños, estirando una pata trasera sin abrir los ojos.

    โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜š๐˜ช ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ฆ ๐˜ฅ๐˜ถ๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ฎ๐˜ฆ๐˜ด ๐˜ฃ๐˜ข๐˜ด๐˜ต๐˜ข๐˜ฏ๐˜ต๐˜ฆ ๐˜ฃ๐˜ช๐˜ฆ๐˜ฏ, ๐˜ฃ๐˜ข๐˜ด๐˜ต๐˜ข๐˜ณ๐˜ฅ๐˜ฐ, ๐˜ฉ๐˜ข๐˜ด๐˜ต๐˜ข ๐˜ฆ๐˜ด๐˜ต๐˜ข๐˜ด ๐˜ฎ๐˜ข๐˜ด ๐˜จ๐˜ฐ๐˜ณ๐˜ฅ๐˜ฐ. โ”€โ”€โ”€โ”€

    Bromeo y suspiró con satisfacción, observando cómo la luz navideña bailaba sobre el pelaje de su compañero. No necesitaba más que esto: un vino tempranero, un gato dormilón y la calma absoluta de una Navidad sin prisas.
    โ”€โ”€โ”€โ”€๐˜”๐˜ข๐˜ฅ๐˜ณ๐˜ถ๐˜จ๐˜ข๐˜ฅ๐˜ข ๐˜ฏ๐˜ข๐˜ท๐˜ช๐˜ฅ๐˜ฆñ๐˜ข โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐‘‚๐‘ก๐‘Ÿ๐‘œ ๐‘‘í๐‘Ž ๐‘‘๐‘’ ๐‘ก๐‘Ÿ๐‘Ž๐‘๐‘Ž๐‘—๐‘œ. | ๐‘ƒ๐‘Ÿ๐‘’๐‘ ๐‘’๐‘›๐‘ก ๐ท๐‘Ž๐‘ฆ — ๐•ฎ๐–๐–†๐–•๐–™๐–Š๐–— [๐Ÿ๐Ÿ“] [๐Ÿ‡บ๐Ÿ‡ฒ] ๐‘๐‘ข๐‘’๐‘ฃ๐‘Ž ๐‘Œ๐‘œ๐‘Ÿ๐‘˜ — ๐ธ๐‘ ๐‘ก๐‘Ž๐‘‘๐‘œ๐‘  ๐‘ˆ๐‘›๐‘–๐‘‘๐‘œ๐‘  | ๐Ÿถ๐Ÿผ:๐Ÿถ๐Ÿถ ๐ด.๐‘€ (๐Ÿป โ„Ž๐‘œ๐‘Ÿ๐‘Ž๐‘  ๐‘Ž๐‘›๐‘ก๐‘’๐‘  ๐‘‘๐‘’๐‘™ ๐‘ฃ๐‘ข๐‘’๐‘™๐‘œ ๐‘Ž ๐ต๐‘’๐‘Ÿ๐‘™í๐‘›) La luz del sol de la mañana de Navidad se filtraba suavemente a través de las cortinas entreabiertas del dormitorio de Santiago, tiñendo la habitación de un cálido tono dorado. Era 25 de diciembre, y el silencio de la casa solo se interrumpía por el lejano sonido de villancicos que provenían de algún vecino entusiasta. Santiago abrió los ojos lentamente, estirándose bajo las sábanas con un bostezo contenido. La noche anterior había sido tranquila, como a él le gustaba: una cena ligera, un libro a medio leer y la compañía silenciosa de Francesco. Se incorporó en la cama, pasándose una mano por el cabello revuelto, y miró hacia el pie del colchón. Allí estaba Francesco, su gato negro, acurrucado en un ovillo perfecto sobre la manta extra que Santiago siempre dejaba para él. El felino dormía profundamente, con el pecho subiendo y bajando en un ritmo pausado, una pata delantera cubriéndole delicadamente la nariz como si quisiera protegerse del mundo. Ni siquiera el movimiento de Santiago lo había despertado; Francesco era experto en ignorar el mundo cuando decidía que era hora de descansar. Con una media sonrisa, Santiago se levantó de la cama, descalzo sobre el suelo fresco de madera. Caminó hasta la cocina contigua, abrió el armario superior y sacó una copa de cristal fino. Luego, del refrigerador, tomó la botella de vino tinto que había abierto unos días antes, un Rioja reserva que guardaba para momentos como este. Sirvió una cantidad moderada, solo lo suficiente para acompañar la quietud de la mañana, y el aroma afrutado llenó el aire. Regresó al dormitorio con la copa en la mano, se sentó en el borde de la cama y dio un sorbo lento mientras sus ojos se posaban nuevamente en Francesco. El gato, ajeno a todo, cambió ligeramente de posición en sueños, estirando una pata trasera sin abrir los ojos. โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜š๐˜ช ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ฆ ๐˜ฅ๐˜ถ๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ฎ๐˜ฆ๐˜ด ๐˜ฃ๐˜ข๐˜ด๐˜ต๐˜ข๐˜ฏ๐˜ต๐˜ฆ ๐˜ฃ๐˜ช๐˜ฆ๐˜ฏ, ๐˜ฃ๐˜ข๐˜ด๐˜ต๐˜ข๐˜ณ๐˜ฅ๐˜ฐ, ๐˜ฉ๐˜ข๐˜ด๐˜ต๐˜ข ๐˜ฆ๐˜ด๐˜ต๐˜ข๐˜ด ๐˜ฎ๐˜ข๐˜ด ๐˜จ๐˜ฐ๐˜ณ๐˜ฅ๐˜ฐ. โ”€โ”€โ”€โ”€ Bromeo y suspiró con satisfacción, observando cómo la luz navideña bailaba sobre el pelaje de su compañero. No necesitaba más que esto: un vino tempranero, un gato dormilón y la calma absoluta de una Navidad sin prisas.
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  • 23 de Diciembre.
    Vísperas de navidad.
    -Un grupo de dos jóvenes estaban molestando a un pequeño gato en un callejón.
    La mujer que había salido hace poco de su turno de 48 horas, iba caminando por la calle del frente con un regalo para Salem, otro para Lyra y otro para Santiago y Francesco; cuando escuchó los maullidos del gato. Se detuvo y giró su cabeza hacia el callejón. Dejó los regalos en frente de un kiosco y se los encargó al dueño quien amablemente le dijo que se los cuidaría.
    Corrió cruzando la calle como una neblina grisácea, subió por el edificio y que daba al callejón y salto frente a los sujetos agarrando al gato con sus manos cubriéndolo-

    Buenas noches..
    Creo que quieren conocer mi mundo antes de siquiera haber nacido…

    Joven 1: ¿Quién demonios crees que eres…??

    -La mujer miró directamente a aquel jovencito y su boca se cerró como si se la hubieran cocido-
    Que jóvenes más mal educados…
    Responderé tu pregunta, aunque deberás usar tu única neurona para ver si adivinas..
    “me llaman por muchos nombres joven, guío a las almas al otro lado.. en el islam me llaman Malak al maut, en el árabe mi nombre significa Dios a ayudado..”

    -El segundo joven abrió los ojos y se puso pálido. La mujer dirigió su mirada a él y sonrió , se enderezó. Y ladeó la cabeza, el gato que mantuvo en sus manos estaba durmiendo y sus heridas sanandose-

    Creo que tenemos un ganador..

    Joven 2: eres … A..
    -antes de que el joven dijera su nombre la mujer tapó su boca y le susurró algo dejó su boca y este corrió lejos-

    Ironía que mi nombre original comience con la misma letra de mi nombre actual.

    -Giro y miro al otro chico sus ojos cambiaron a dorado-
    No recordarás nada de lo que pasó hoy, y protegerás a cada ser vivo de este planeta.

    -el joven asintió y caminó como perdido hacia fuera del callejón, mientras su boca volvía a la normalidad. La mujer suspiro y camino hacia una veterinaria donde dejó al pequeño -

    Aquí estarás bien chiquito..
    Tu vida será feliz
    23 de Diciembre. Vísperas de navidad. -Un grupo de dos jóvenes estaban molestando a un pequeño gato en un callejón. La mujer que había salido hace poco de su turno de 48 horas, iba caminando por la calle del frente con un regalo para Salem, otro para Lyra y otro para Santiago y Francesco; cuando escuchó los maullidos del gato. Se detuvo y giró su cabeza hacia el callejón. Dejó los regalos en frente de un kiosco y se los encargó al dueño quien amablemente le dijo que se los cuidaría. Corrió cruzando la calle como una neblina grisácea, subió por el edificio y que daba al callejón y salto frente a los sujetos agarrando al gato con sus manos cubriéndolo- Buenas noches.. Creo que quieren conocer mi mundo antes de siquiera haber nacido… Joven 1: ¿Quién demonios crees que eres…?? -La mujer miró directamente a aquel jovencito y su boca se cerró como si se la hubieran cocido- Que jóvenes más mal educados… Responderé tu pregunta, aunque deberás usar tu única neurona para ver si adivinas.. “me llaman por muchos nombres joven, guío a las almas al otro lado.. en el islam me llaman Malak al maut, en el árabe mi nombre significa Dios a ayudado..” -El segundo joven abrió los ojos y se puso pálido. La mujer dirigió su mirada a él y sonrió , se enderezó. Y ladeó la cabeza, el gato que mantuvo en sus manos estaba durmiendo y sus heridas sanandose- Creo que tenemos un ganador.. Joven 2: eres … A.. -antes de que el joven dijera su nombre la mujer tapó su boca y le susurró algo dejó su boca y este corrió lejos- Ironía que mi nombre original comience con la misma letra de mi nombre actual. -Giro y miro al otro chico sus ojos cambiaron a dorado- No recordarás nada de lo que pasó hoy, y protegerás a cada ser vivo de este planeta. -el joven asintió y caminó como perdido hacia fuera del callejón, mientras su boca volvía a la normalidad. La mujer suspiro y camino hacia una veterinaria donde dejó al pequeño - Aquí estarás bien chiquito.. Tu vida será feliz
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  • - Entre el trabajo, Salem enfermo, lo que le pasó a Lyra, y el hecho que Santiago aún no volvía, los días se le hicieron nada, cuidando a Salem y Lyra.
    Cuando ayer llegó se cambió de ropa y se recostó en el sillón quedándose dormida hasta hoy.
    Salem ya se veía mejor de salud, y esperaba que Lyra también lo estuviese-

    - Entre el trabajo, Salem enfermo, lo que le pasó a Lyra, y el hecho que Santiago aún no volvía, los días se le hicieron nada, cuidando a Salem y Lyra. Cuando ayer llegó se cambió de ropa y se recostó en el sillón quedándose dormida hasta hoy. Salem ya se veía mejor de salud, y esperaba que Lyra también lo estuviese-
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  • โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐‘๐‘œ๐‘โ„Ž๐‘’ ๐‘๐‘’๐‘œ๐‘ฆ๐‘œ๐‘Ÿ๐‘˜๐‘–๐‘›๐‘Ž โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐‘ƒ๐‘Ÿ๐‘’๐‘ ๐‘’๐‘›๐‘ก ๐ท๐‘Ž๐‘ฆ | ๐•ฎ๐–๐–†๐–•๐–™๐–Š๐–— [๐Ÿ๐Ÿ’.๐Ÿ“]

    [๐Ÿ‡บ๐Ÿ‡ฒ] ๐‘๐‘ข๐‘’๐‘ฃ๐‘Ž ๐‘Œ๐‘œ๐‘Ÿ๐‘˜, ๐ธ๐‘ ๐‘ก๐‘Ž๐‘‘๐‘œ๐‘  ๐‘ˆ๐‘›๐‘–๐‘‘๐‘œ๐‘  — ๐Ÿถ๐Ÿน:๐Ÿน๐Ÿธ ๐ด.๐‘€

    La nieve caía ligera sobre las calles casi desiertas del Lower East Side, apenas iluminadas por los faroles anaranjados y los neones parpadeantes de algún bar que se resistía a cerrar.

    Eran las tres y media de la madrugada y Nueva York parecía haberse quedado sin alma, solo el viento helado silbando entre los edificios y el crujir de sus botas militares sobre la capa fina de hielo.

    Santiago caminaba sin prisa, las manos metidas en los bolsillos de su abrigo negro largo, el cuello subido hasta taparle media cara. Con esa presencia que hacía que incluso los borrachos más valientes cruzaran de acera al verlo venir.

    Había llegado hace poco a la ciudad después de tomar un vuelo directo desde Roma; el vuelo a Alemania y se había complicado y tuvo que desaparecer rápido. Ahora tenía un asunto pendiente aquí, uno que pagaba lo suficiente como para justificar cruzar el Atlántico en invierno.

    Sacó un cigarrillo, lo encendió con un Zippo plateado que reflejó por un segundo la luz de un letrero de “Open 24h”, y dio una calada profunda. El humo salió blanco, denso, mezclándose con su aliento.

    Y empezó a canturrear un poco alto donde la noche tenía un poco más de melodía mientras seguía caminando:

    โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜ž๐˜ฉ๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜ฎ๐˜ข๐˜ณ๐˜ช๐˜ฎ๐˜ฃ๐˜ข ๐˜ณ๐˜ฉ๐˜บ๐˜ต๐˜ฉ๐˜ฎ๐˜ด ๐˜ด๐˜ต๐˜ข๐˜ณ๐˜ต ๐˜ต๐˜ฐ ๐˜ฑ๐˜ญ๐˜ข๐˜บ. . . ๐˜ฅ๐˜ข๐˜ฏ๐˜ค๐˜ฆ ๐˜ธ๐˜ช๐˜ต๐˜ฉ ๐˜ฎ๐˜ฆ. . . ๐˜ฎ๐˜ข๐˜ฌ๐˜ฆ ๐˜ฎ๐˜ฆ ๐˜ด๐˜ธ๐˜ข๐˜บ. . . โ”€โ”€โ”€โ”€

    Su voz era grave, ronca por los años, pero llevaba el ritmo perfecto, como si la ciudad entera fuera su salón vacío. Las palabras salían en un perfecto inglés, dejando de lado su español con tonada argentina y disfrutando la noche neoyorkina.

    โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜“๐˜ช๐˜ฌ๐˜ฆ ๐˜ข ๐˜ญ๐˜ข๐˜ป๐˜บ ๐˜ฐ๐˜ค๐˜ฆ๐˜ข๐˜ฏ ๐˜ฉ๐˜ถ๐˜จ๐˜ด ๐˜ต๐˜ฉ๐˜ฆ ๐˜ด๐˜ฉ๐˜ฐ๐˜ณ๐˜ฆ. . . ๐˜ฉ๐˜ฐ๐˜ญ๐˜ฅ ๐˜ฎ๐˜ฆ ๐˜ค๐˜ญ๐˜ฐ๐˜ด๐˜ฆ. . .๐˜š๐˜ธ๐˜ข๐˜บ ๐˜ฎ๐˜ฆ ๐˜ฎ๐˜ฐ๐˜ณ๐˜ฆ. . .โ”€โ”€โ”€โ”€

    Un taxi pasó despacio, el conductor lo miró de reojo, extrañado de ver a aquel gigante solitario y elegante cantando swing en medio de la noche helada.

    Santiago ni se inmutó. Dio otra calada, soltó el humo hacia el cielo negro y sonrió apenas, una sonrisa que no llegaba a los ojos.

    Tenía una pistola cargada bajo el abrigo, un sobre con fotos y una dirección en el bolsillo interior, y una cita al amanecer con alguien que ya no vería el próximo atardecer.

    Pero por ahora, solo él, la nieve y Michael Bublé resonando dentro de su cabeza.

    Y siguió caminando, perdiéndose entre las sombras de la ciudad que nunca duerme.
    โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐‘๐‘œ๐‘โ„Ž๐‘’ ๐‘๐‘’๐‘œ๐‘ฆ๐‘œ๐‘Ÿ๐‘˜๐‘–๐‘›๐‘Ž โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐‘ƒ๐‘Ÿ๐‘’๐‘ ๐‘’๐‘›๐‘ก ๐ท๐‘Ž๐‘ฆ | ๐•ฎ๐–๐–†๐–•๐–™๐–Š๐–— [๐Ÿ๐Ÿ’.๐Ÿ“] [๐Ÿ‡บ๐Ÿ‡ฒ] ๐‘๐‘ข๐‘’๐‘ฃ๐‘Ž ๐‘Œ๐‘œ๐‘Ÿ๐‘˜, ๐ธ๐‘ ๐‘ก๐‘Ž๐‘‘๐‘œ๐‘  ๐‘ˆ๐‘›๐‘–๐‘‘๐‘œ๐‘  — ๐Ÿถ๐Ÿน:๐Ÿน๐Ÿธ ๐ด.๐‘€ La nieve caía ligera sobre las calles casi desiertas del Lower East Side, apenas iluminadas por los faroles anaranjados y los neones parpadeantes de algún bar que se resistía a cerrar. Eran las tres y media de la madrugada y Nueva York parecía haberse quedado sin alma, solo el viento helado silbando entre los edificios y el crujir de sus botas militares sobre la capa fina de hielo. Santiago caminaba sin prisa, las manos metidas en los bolsillos de su abrigo negro largo, el cuello subido hasta taparle media cara. Con esa presencia que hacía que incluso los borrachos más valientes cruzaran de acera al verlo venir. Había llegado hace poco a la ciudad después de tomar un vuelo directo desde Roma; el vuelo a Alemania y se había complicado y tuvo que desaparecer rápido. Ahora tenía un asunto pendiente aquí, uno que pagaba lo suficiente como para justificar cruzar el Atlántico en invierno. Sacó un cigarrillo, lo encendió con un Zippo plateado que reflejó por un segundo la luz de un letrero de “Open 24h”, y dio una calada profunda. El humo salió blanco, denso, mezclándose con su aliento. Y empezó a canturrear un poco alto donde la noche tenía un poco más de melodía mientras seguía caminando: โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜ž๐˜ฉ๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜ฎ๐˜ข๐˜ณ๐˜ช๐˜ฎ๐˜ฃ๐˜ข ๐˜ณ๐˜ฉ๐˜บ๐˜ต๐˜ฉ๐˜ฎ๐˜ด ๐˜ด๐˜ต๐˜ข๐˜ณ๐˜ต ๐˜ต๐˜ฐ ๐˜ฑ๐˜ญ๐˜ข๐˜บ. . . ๐˜ฅ๐˜ข๐˜ฏ๐˜ค๐˜ฆ ๐˜ธ๐˜ช๐˜ต๐˜ฉ ๐˜ฎ๐˜ฆ. . . ๐˜ฎ๐˜ข๐˜ฌ๐˜ฆ ๐˜ฎ๐˜ฆ ๐˜ด๐˜ธ๐˜ข๐˜บ. . . โ”€โ”€โ”€โ”€ Su voz era grave, ronca por los años, pero llevaba el ritmo perfecto, como si la ciudad entera fuera su salón vacío. Las palabras salían en un perfecto inglés, dejando de lado su español con tonada argentina y disfrutando la noche neoyorkina. โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜“๐˜ช๐˜ฌ๐˜ฆ ๐˜ข ๐˜ญ๐˜ข๐˜ป๐˜บ ๐˜ฐ๐˜ค๐˜ฆ๐˜ข๐˜ฏ ๐˜ฉ๐˜ถ๐˜จ๐˜ด ๐˜ต๐˜ฉ๐˜ฆ ๐˜ด๐˜ฉ๐˜ฐ๐˜ณ๐˜ฆ. . . ๐˜ฉ๐˜ฐ๐˜ญ๐˜ฅ ๐˜ฎ๐˜ฆ ๐˜ค๐˜ญ๐˜ฐ๐˜ด๐˜ฆ. . .๐˜š๐˜ธ๐˜ข๐˜บ ๐˜ฎ๐˜ฆ ๐˜ฎ๐˜ฐ๐˜ณ๐˜ฆ. . .โ”€โ”€โ”€โ”€ Un taxi pasó despacio, el conductor lo miró de reojo, extrañado de ver a aquel gigante solitario y elegante cantando swing en medio de la noche helada. Santiago ni se inmutó. Dio otra calada, soltó el humo hacia el cielo negro y sonrió apenas, una sonrisa que no llegaba a los ojos. Tenía una pistola cargada bajo el abrigo, un sobre con fotos y una dirección en el bolsillo interior, y una cita al amanecer con alguien que ya no vería el próximo atardecer. Pero por ahora, solo él, la nieve y Michael Bublé resonando dentro de su cabeza. Y siguió caminando, perdiéndose entre las sombras de la ciudad que nunca duerme.
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  • [] - Austria, 22:45.

    -La mujer de cabellos plateados fue a visitar a un yerbatero , había estado con un dolor de cabeza insoportable. Voces que no se callaban, y noches con gritos desgarradores retumbaban sus oídos. Su sensibilidad a la luz se hizo abrumadora, y cubrió sus ojos para evitar ver más de lo que debía.
    Estaba a unas cuadras de su casa cuando se detuvo al sentir la presencia de seres siguiéndola. ¿5 o tal vez 6? , no tenía ganas de lidiar con ellos.
    Suspiro, aunque podía sentir el deseo de sangre de esos seres.
    La luz del faro comenzó a parpadear, su autocontrol estaba al límite. Solo estaba intentando no perder la conciencia por el dolor.
    Tres sujetos que aparecieron desde las sombras detrás de la mujer correspondiente a la Comandancia del Dragón, ejército especializado chino.
    Dos delante de ella , y uno a cada lado, la mujer solo se quedó quieta tratando de controlar su energía que estaba a punto de explotar.-

    Agente 1: Esto no es nada personal, si quieres culpar a alguien, culpa a…Santiago.

    -Los seis agentes saltaron hacia la mujer al mismo tiempo con diferentes armas, desde espadas cortas, lanzas, sables, Etc.
    Una sombra que venía debajo de los pies de la mujer se extendió como un tarro de pintura, y se escuchó un chasquido.
    Un silencio invadió el lugar, cuando los agentes cayeron la mujer no estaba y el lugar había cambiado. Un lugar de tonos grises y lleno de cadáveres, con una neblina ligera. Todos se pusieron alerta, hasta que vieron la figura de un ser flotando con seis alas y una túnica larga, cabello plateado que destacaba en medio de la neblina. Las manos de esa figura se transformaron en ramas filosas que perforaron a cuatro de los agentes en un abrir y cerrar de ojos, los otros dos comenzamos a disparar pero las balas caían como hojas de árboles marchitos.
    Las ramas cambiaron a unas manos y alzaron el vendaje de sus ojos, los dos agentes que aún quedaban estaban paralizados, sus almas fueron absorbidas con solo una mirada.
    Los cuerpos cayeron, y la mujer bajo su vendaje nuevamente dando la vuelta para irse, chasqueo sus dedos y volvió al lugar donde había estado.
    Se sacudió el traje y continuó su camino a casa, nada pasó ahí por qué nadie encontraría jamás los cuerpos esos agentes.-

    No es nada personal…
    -murmuró la mujer mientras miro un momento sobre su hombro -


    [๐Ÿ‡ฆ๐Ÿ‡น] - Austria, 22:45. -La mujer de cabellos plateados fue a visitar a un yerbatero , había estado con un dolor de cabeza insoportable. Voces que no se callaban, y noches con gritos desgarradores retumbaban sus oídos. Su sensibilidad a la luz se hizo abrumadora, y cubrió sus ojos para evitar ver más de lo que debía. Estaba a unas cuadras de su casa cuando se detuvo al sentir la presencia de seres siguiéndola. ¿5 o tal vez 6? , no tenía ganas de lidiar con ellos. Suspiro, aunque podía sentir el deseo de sangre de esos seres. La luz del faro comenzó a parpadear, su autocontrol estaba al límite. Solo estaba intentando no perder la conciencia por el dolor. Tres sujetos que aparecieron desde las sombras detrás de la mujer correspondiente a la Comandancia del Dragón, ejército especializado chino. Dos delante de ella , y uno a cada lado, la mujer solo se quedó quieta tratando de controlar su energía que estaba a punto de explotar.- Agente 1: Esto no es nada personal, si quieres culpar a alguien, culpa a…Santiago. -Los seis agentes saltaron hacia la mujer al mismo tiempo con diferentes armas, desde espadas cortas, lanzas, sables, Etc. Una sombra que venía debajo de los pies de la mujer se extendió como un tarro de pintura, y se escuchó un chasquido. Un silencio invadió el lugar, cuando los agentes cayeron la mujer no estaba y el lugar había cambiado. Un lugar de tonos grises y lleno de cadáveres, con una neblina ligera. Todos se pusieron alerta, hasta que vieron la figura de un ser flotando con seis alas y una túnica larga, cabello plateado que destacaba en medio de la neblina. Las manos de esa figura se transformaron en ramas filosas que perforaron a cuatro de los agentes en un abrir y cerrar de ojos, los otros dos comenzamos a disparar pero las balas caían como hojas de árboles marchitos. Las ramas cambiaron a unas manos y alzaron el vendaje de sus ojos, los dos agentes que aún quedaban estaban paralizados, sus almas fueron absorbidas con solo una mirada. Los cuerpos cayeron, y la mujer bajo su vendaje nuevamente dando la vuelta para irse, chasqueo sus dedos y volvió al lugar donde había estado. Se sacudió el traje y continuó su camino a casa, nada pasó ahí por qué nadie encontraría jamás los cuerpos esos agentes.- No es nada personal… -murmuró la mujer mientras miro un momento sobre su hombro -
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  • โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐‘‡๐‘ข ๐‘ฃ๐‘–๐‘‘๐‘Ž ๐‘š๐‘’ ๐‘๐‘’๐‘Ÿ๐‘ก๐‘’๐‘›๐‘’๐‘๐‘’. โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐‘ƒ๐‘Ÿ๐‘’๐‘ ๐‘’๐‘›๐‘ก ๐ท๐‘Ž๐‘ฆ | ๐•ฎ๐–๐–†๐–•๐–™๐–Š๐–— [๐Ÿ๐Ÿ’]

    [] ๐‘…๐‘œ๐‘š๐‘Ž, ๐ผ๐‘ก๐‘Ž๐‘™๐‘–๐‘Ž — ๐Ÿถ๐Ÿน:๐Ÿท๐Ÿฝ ๐ด.๐‘€

    El aire húmedo del Tíber subía por las callejuelas empedradas del Trastevere y se colaba entre los postigos rotos de un taller abandonado de restauración de muebles antiguos.

    Santiago estaba sentado en una silla de madera carcomida, con las piernas cruzadas y un cigarrillo encendido colgando de los labios. El humo se mezclaba con el olor a barniz viejo y sangre fresca.

    A sus pies, el sicario que hacía apenas diez minutos había intentado clavarle un estilete envenenado en la nuca yacía boca abajo, muñecas y tobillos atados con alambre de espino. Un golpe seco en la sien lo había dejado inconsciente, pero no por mucho tiempo.

    El demonio se agachó con calma felina, apagó la colilla contra la suela de su zapato y agarró al hombre por el cabello, levantándole la cabeza hasta que los ojos del sicario, ahora abiertos y llenos de terror, se encontraron con los suyos: dos brasas rojas que brillaban en la penumbra.

    Santiago sonrió, una sonrisa lenta y casi tierna, y deslizó el dorso de sus dedos por la mejilla magullada del joven, dejando un rastro de sangre tibia.

    โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜š๐˜ฉ๐˜ฉ๐˜ฉ… ๐˜ต๐˜ณ๐˜ข๐˜ฏ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ช๐˜ญ๐˜ฐ, ๐˜ฏ๐˜ชñ๐˜ฐ ๐˜ฃ๐˜ฐ๐˜ฏ๐˜ช๐˜ต๐˜ฐ. โ”€โ”€โ”€โ”€

    Susurró con ese acento tan característico que parecía arrastrar siglos de noches sin luna.

    โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜›ú ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ฆ๐˜ณí๐˜ข๐˜ด ๐˜ฎ๐˜ช ๐˜ค๐˜ข๐˜ฃ๐˜ฆ๐˜ป๐˜ข ๐˜ฑ๐˜ข๐˜ณ๐˜ข ๐˜ค๐˜ฐ๐˜ฃ๐˜ณ๐˜ข๐˜ณ ๐˜ญ๐˜ข ๐˜ณ๐˜ฆ๐˜ค๐˜ฐ๐˜ฎ๐˜ฑ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ด๐˜ข, ¿๐˜ท๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ฅ๐˜ข๐˜ฅ? ๐˜“á๐˜ด๐˜ต๐˜ช๐˜ฎ๐˜ข, ๐˜ฑ๐˜ฐ๐˜ณ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ฆ ๐˜ข๐˜ฉ๐˜ฐ๐˜ณ๐˜ข ๐˜ท๐˜ข๐˜ด ๐˜ข ๐˜ฅ๐˜ข๐˜ณ๐˜ฎ๐˜ฆ ๐˜ข ๐˜ฎí ๐˜ต๐˜ถ ๐˜ท๐˜ช๐˜ฅ๐˜ข ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ต๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ข. โ”€โ”€โ”€โ”€

    Sus uñas, negras y afiladas, rozaron apenas la piel del cuello del hombre, abriendo finas líneas rojas que brotaron como lágrimas carmesíes.

    Apretó un poco más, lo justo para que el sicario soltara un gemido ahogado.

    โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜‹๐˜ฆ๐˜ด๐˜ฅ๐˜ฆ ๐˜ฆ๐˜ด๐˜ต๐˜ฆ ๐˜ฑ๐˜ณ๐˜ฆ๐˜ค๐˜ช๐˜ด๐˜ฐ ๐˜ช๐˜ฏ๐˜ด๐˜ต๐˜ข๐˜ฏ๐˜ต๐˜ฆ ๐˜ต๐˜ณ๐˜ข๐˜ฃ๐˜ข๐˜ซ๐˜ข๐˜ด ๐˜ฑ๐˜ข๐˜ณ๐˜ข ๐˜ฎí. ๐˜๐˜ข๐˜ณá๐˜ด ๐˜ญ๐˜ฐ ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ฆ ๐˜บ๐˜ฐ ๐˜ฅ๐˜ช๐˜จ๐˜ข, ๐˜ฎ๐˜ข๐˜ต๐˜ข๐˜ณá๐˜ด ๐˜ข ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ช๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜บ๐˜ฐ ๐˜ต๐˜ฆ ๐˜ฐ๐˜ณ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ฆ, ๐˜บ ๐˜ด๐˜ช ๐˜ข๐˜ญ๐˜จ๐˜ถ๐˜ฏ๐˜ข ๐˜ท๐˜ฆ๐˜ป ๐˜ด๐˜ฆ ๐˜ต๐˜ฆ ๐˜ฐ๐˜ค๐˜ถ๐˜ณ๐˜ณ๐˜ฆ ๐˜ท๐˜ฐ๐˜ญ๐˜ท๐˜ฆ๐˜ณ ๐˜ข ๐˜ญ๐˜ฆ๐˜ท๐˜ข๐˜ฏ๐˜ต๐˜ข๐˜ณ ๐˜ถ๐˜ฏ ๐˜ข๐˜ณ๐˜ฎ๐˜ข ๐˜ค๐˜ฐ๐˜ฏ๐˜ต๐˜ณ๐˜ข ๐˜ฎí. โ”€โ”€โ”€โ”€

    Santiago inclinó la cabeza, acercando sus labios al oído del hombre, su voz bajando hasta convertirse en un ronroneo infernal.

    โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜›๐˜ฆ ๐˜ข๐˜ณ๐˜ณ๐˜ข๐˜ฏ๐˜ค๐˜ข๐˜ณé ๐˜ฆ๐˜ญ ๐˜ข๐˜ญ๐˜ฎ๐˜ข ๐˜ฑ๐˜ฆ๐˜ฅ๐˜ข๐˜ป๐˜ฐ ๐˜ข ๐˜ฑ๐˜ฆ๐˜ฅ๐˜ข๐˜ป๐˜ฐ ๐˜บ ๐˜ญ๐˜ข ๐˜ถ๐˜ด๐˜ข๐˜ณé ๐˜ฑ๐˜ข๐˜ณ๐˜ข ๐˜ฑ๐˜ถ๐˜ญ๐˜ช๐˜ณ ๐˜ฎ๐˜ช๐˜ด ๐˜ฃ๐˜ฐ๐˜ต๐˜ข๐˜ด. โ”€โ”€โ”€โ”€

    Se incorporó, soltando el cabello. El cuerpo del sicario cayó de nuevo al suelo con un golpe sordo. Santiago se limpió los dedos en la solapa de su abrigo negro, sin dejar de mirarlo con esa sonrisa que prometía infiernos nuevos cada día.

    โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜“๐˜ฆ๐˜ทá๐˜ฏ๐˜ต๐˜ข๐˜ต๐˜ฆ. ๐˜›๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ฆ๐˜ฎ๐˜ฐ๐˜ด ๐˜ฎ๐˜ถ๐˜ค๐˜ฉ๐˜ฐ ๐˜ต๐˜ณ๐˜ข๐˜ฃ๐˜ข๐˜ซ๐˜ฐ ๐˜ฆ๐˜ด๐˜ต๐˜ข ๐˜ฏ๐˜ฐ๐˜ค๐˜ฉ๐˜ฆ ๐˜บ ๐˜ตú ๐˜ท๐˜ข๐˜ด ๐˜ข ๐˜ฆ๐˜ฎ๐˜ฑ๐˜ฆ๐˜ป๐˜ข๐˜ณ ๐˜ฑ๐˜ข๐˜จ๐˜ข๐˜ฏ๐˜ฅ๐˜ฐ ๐˜ต๐˜ถ ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ถ๐˜ฅ๐˜ข ๐˜ค๐˜ฐ๐˜ฏ ๐˜ด๐˜ข๐˜ฏ๐˜จ๐˜ณ๐˜ฆ. โ”€โ”€โ”€โ”€
    โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐‘‡๐‘ข ๐‘ฃ๐‘–๐‘‘๐‘Ž ๐‘š๐‘’ ๐‘๐‘’๐‘Ÿ๐‘ก๐‘’๐‘›๐‘’๐‘๐‘’. โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐‘ƒ๐‘Ÿ๐‘’๐‘ ๐‘’๐‘›๐‘ก ๐ท๐‘Ž๐‘ฆ | ๐•ฎ๐–๐–†๐–•๐–™๐–Š๐–— [๐Ÿ๐Ÿ’] [๐Ÿ‡ฎ๐Ÿ‡น] ๐‘…๐‘œ๐‘š๐‘Ž, ๐ผ๐‘ก๐‘Ž๐‘™๐‘–๐‘Ž — ๐Ÿถ๐Ÿน:๐Ÿท๐Ÿฝ ๐ด.๐‘€ El aire húmedo del Tíber subía por las callejuelas empedradas del Trastevere y se colaba entre los postigos rotos de un taller abandonado de restauración de muebles antiguos. Santiago estaba sentado en una silla de madera carcomida, con las piernas cruzadas y un cigarrillo encendido colgando de los labios. El humo se mezclaba con el olor a barniz viejo y sangre fresca. A sus pies, el sicario que hacía apenas diez minutos había intentado clavarle un estilete envenenado en la nuca yacía boca abajo, muñecas y tobillos atados con alambre de espino. Un golpe seco en la sien lo había dejado inconsciente, pero no por mucho tiempo. El demonio se agachó con calma felina, apagó la colilla contra la suela de su zapato y agarró al hombre por el cabello, levantándole la cabeza hasta que los ojos del sicario, ahora abiertos y llenos de terror, se encontraron con los suyos: dos brasas rojas que brillaban en la penumbra. Santiago sonrió, una sonrisa lenta y casi tierna, y deslizó el dorso de sus dedos por la mejilla magullada del joven, dejando un rastro de sangre tibia. โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜š๐˜ฉ๐˜ฉ๐˜ฉ… ๐˜ต๐˜ณ๐˜ข๐˜ฏ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ช๐˜ญ๐˜ฐ, ๐˜ฏ๐˜ชñ๐˜ฐ ๐˜ฃ๐˜ฐ๐˜ฏ๐˜ช๐˜ต๐˜ฐ. โ”€โ”€โ”€โ”€ Susurró con ese acento tan característico que parecía arrastrar siglos de noches sin luna. โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜›ú ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ฆ๐˜ณí๐˜ข๐˜ด ๐˜ฎ๐˜ช ๐˜ค๐˜ข๐˜ฃ๐˜ฆ๐˜ป๐˜ข ๐˜ฑ๐˜ข๐˜ณ๐˜ข ๐˜ค๐˜ฐ๐˜ฃ๐˜ณ๐˜ข๐˜ณ ๐˜ญ๐˜ข ๐˜ณ๐˜ฆ๐˜ค๐˜ฐ๐˜ฎ๐˜ฑ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ด๐˜ข, ¿๐˜ท๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ฅ๐˜ข๐˜ฅ? ๐˜“á๐˜ด๐˜ต๐˜ช๐˜ฎ๐˜ข, ๐˜ฑ๐˜ฐ๐˜ณ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ฆ ๐˜ข๐˜ฉ๐˜ฐ๐˜ณ๐˜ข ๐˜ท๐˜ข๐˜ด ๐˜ข ๐˜ฅ๐˜ข๐˜ณ๐˜ฎ๐˜ฆ ๐˜ข ๐˜ฎí ๐˜ต๐˜ถ ๐˜ท๐˜ช๐˜ฅ๐˜ข ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ต๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ข. โ”€โ”€โ”€โ”€ Sus uñas, negras y afiladas, rozaron apenas la piel del cuello del hombre, abriendo finas líneas rojas que brotaron como lágrimas carmesíes. Apretó un poco más, lo justo para que el sicario soltara un gemido ahogado. โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜‹๐˜ฆ๐˜ด๐˜ฅ๐˜ฆ ๐˜ฆ๐˜ด๐˜ต๐˜ฆ ๐˜ฑ๐˜ณ๐˜ฆ๐˜ค๐˜ช๐˜ด๐˜ฐ ๐˜ช๐˜ฏ๐˜ด๐˜ต๐˜ข๐˜ฏ๐˜ต๐˜ฆ ๐˜ต๐˜ณ๐˜ข๐˜ฃ๐˜ข๐˜ซ๐˜ข๐˜ด ๐˜ฑ๐˜ข๐˜ณ๐˜ข ๐˜ฎí. ๐˜๐˜ข๐˜ณá๐˜ด ๐˜ญ๐˜ฐ ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ฆ ๐˜บ๐˜ฐ ๐˜ฅ๐˜ช๐˜จ๐˜ข, ๐˜ฎ๐˜ข๐˜ต๐˜ข๐˜ณá๐˜ด ๐˜ข ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ช๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜บ๐˜ฐ ๐˜ต๐˜ฆ ๐˜ฐ๐˜ณ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ฆ, ๐˜บ ๐˜ด๐˜ช ๐˜ข๐˜ญ๐˜จ๐˜ถ๐˜ฏ๐˜ข ๐˜ท๐˜ฆ๐˜ป ๐˜ด๐˜ฆ ๐˜ต๐˜ฆ ๐˜ฐ๐˜ค๐˜ถ๐˜ณ๐˜ณ๐˜ฆ ๐˜ท๐˜ฐ๐˜ญ๐˜ท๐˜ฆ๐˜ณ ๐˜ข ๐˜ญ๐˜ฆ๐˜ท๐˜ข๐˜ฏ๐˜ต๐˜ข๐˜ณ ๐˜ถ๐˜ฏ ๐˜ข๐˜ณ๐˜ฎ๐˜ข ๐˜ค๐˜ฐ๐˜ฏ๐˜ต๐˜ณ๐˜ข ๐˜ฎí. โ”€โ”€โ”€โ”€ Santiago inclinó la cabeza, acercando sus labios al oído del hombre, su voz bajando hasta convertirse en un ronroneo infernal. โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜›๐˜ฆ ๐˜ข๐˜ณ๐˜ณ๐˜ข๐˜ฏ๐˜ค๐˜ข๐˜ณé ๐˜ฆ๐˜ญ ๐˜ข๐˜ญ๐˜ฎ๐˜ข ๐˜ฑ๐˜ฆ๐˜ฅ๐˜ข๐˜ป๐˜ฐ ๐˜ข ๐˜ฑ๐˜ฆ๐˜ฅ๐˜ข๐˜ป๐˜ฐ ๐˜บ ๐˜ญ๐˜ข ๐˜ถ๐˜ด๐˜ข๐˜ณé ๐˜ฑ๐˜ข๐˜ณ๐˜ข ๐˜ฑ๐˜ถ๐˜ญ๐˜ช๐˜ณ ๐˜ฎ๐˜ช๐˜ด ๐˜ฃ๐˜ฐ๐˜ต๐˜ข๐˜ด. โ”€โ”€โ”€โ”€ Se incorporó, soltando el cabello. El cuerpo del sicario cayó de nuevo al suelo con un golpe sordo. Santiago se limpió los dedos en la solapa de su abrigo negro, sin dejar de mirarlo con esa sonrisa que prometía infiernos nuevos cada día. โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜“๐˜ฆ๐˜ทá๐˜ฏ๐˜ต๐˜ข๐˜ต๐˜ฆ. ๐˜›๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ฆ๐˜ฎ๐˜ฐ๐˜ด ๐˜ฎ๐˜ถ๐˜ค๐˜ฉ๐˜ฐ ๐˜ต๐˜ณ๐˜ข๐˜ฃ๐˜ข๐˜ซ๐˜ฐ ๐˜ฆ๐˜ด๐˜ต๐˜ข ๐˜ฏ๐˜ฐ๐˜ค๐˜ฉ๐˜ฆ ๐˜บ ๐˜ตú ๐˜ท๐˜ข๐˜ด ๐˜ข ๐˜ฆ๐˜ฎ๐˜ฑ๐˜ฆ๐˜ป๐˜ข๐˜ณ ๐˜ฑ๐˜ข๐˜จ๐˜ข๐˜ฏ๐˜ฅ๐˜ฐ ๐˜ต๐˜ถ ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ถ๐˜ฅ๐˜ข ๐˜ค๐˜ฐ๐˜ฏ ๐˜ด๐˜ข๐˜ฏ๐˜จ๐˜ณ๐˜ฆ. โ”€โ”€โ”€โ”€
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  • []- Pekín, 09:30, Sala de comando.

    Wong Yi (primer ministro): presidente el ministro Niccolo de Italia está muerto.
    -El ministro de China extendió una fotografía antigua donde aparecía un hombre de cabello negro y una mujer de cabellos plateado-

    Sospechamos que él está involucrado, los planes del cargamento de mercancía, tendremos que retrasarlos.

    Dong Jin (ministro de defensa): ¿cómo podemos localizar a ese mal nacido?, si me dicen dónde estuvo últimamente sera fácil rastrearlo.. y además ¿quién es esa mujer?

    Wong Yi: la última vez que fue visto fue en Roma. Por su parte, la mujer no se sabe realmente mucho de ella, no hay mucho registro, está clasificado.
    -un agende de inteligencia saco una hoja de color amarilla antigua y la dejo en la mesa-
    Su último registro fue en Austria, originaria de Inglaterra, y está ingresada como doctora cirujana en el hospital metropolitano de Austria, es todo lo que se sabe, lo demás está confidencial incluso para el servicio secreto.

    Xi Janping (presidente): Wong Yi encárgate de hacerle una visita a esa mujer veamos que relación tiene con este desgraciado, nos puede ser de ayuda para buscar a ese bastardo. Mientras tanto, Dong Jin, envía a tu equipo especial a Roma y averigüen cual será el siguiente movimiento. Mientras tanto vean como continúa el recorrido del cargamento este debe entregarse si o si a Alemania.

    ....

    []-Austria

    Salem se me perdió una fotografía.

    Salem: ¿cuál la que sales en traje de baño?, la vendí en Ebay..

    Noo, la que iba a ser mi fotografía de pasaporte y Santiago se unió..

    Salem:¿ la que estaba en tu billetera?, debería estar ahí...

    Aqui está menos mal...



    [๐Ÿ‡จ๐Ÿ‡ณ]- Pekín, 09:30, Sala de comando. Wong Yi (primer ministro): presidente el ministro Niccolo de Italia está muerto. -El ministro de China extendió una fotografía antigua donde aparecía un hombre de cabello negro y una mujer de cabellos plateado- Sospechamos que él está involucrado, los planes del cargamento de mercancía, tendremos que retrasarlos. Dong Jin (ministro de defensa): ¿cómo podemos localizar a ese mal nacido?, si me dicen dónde estuvo últimamente sera fácil rastrearlo.. y además ¿quién es esa mujer? Wong Yi: la última vez que fue visto fue en Roma. Por su parte, la mujer no se sabe realmente mucho de ella, no hay mucho registro, está clasificado. -un agende de inteligencia saco una hoja de color amarilla antigua y la dejo en la mesa- Su último registro fue en Austria, originaria de Inglaterra, y está ingresada como doctora cirujana en el hospital metropolitano de Austria, es todo lo que se sabe, lo demás está confidencial incluso para el servicio secreto. Xi Janping (presidente): Wong Yi encárgate de hacerle una visita a esa mujer veamos que relación tiene con este desgraciado, nos puede ser de ayuda para buscar a ese bastardo. Mientras tanto, Dong Jin, envía a tu equipo especial a Roma y averigüen cual será el siguiente movimiento. Mientras tanto vean como continúa el recorrido del cargamento este debe entregarse si o si a Alemania. .... [๐Ÿ‡ฆ๐Ÿ‡น]-Austria Salem se me perdió una fotografía. Salem: ¿cuál la que sales en traje de baño?, la vendí en Ebay.. Noo, la que iba a ser mi fotografía de pasaporte y Santiago se unió.. Salem:¿ la que estaba en tu billetera?, debería estar ahí... Aqui está menos mal...
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  • โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜๐˜ข๐˜ค๐˜ข๐˜ต๐˜ช๐˜ฐ๐˜ฏ๐˜ด! โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐‘ƒ๐‘Ÿ๐‘’๐‘ ๐‘’๐‘›๐‘ก ๐ท๐‘Ž๐‘ฆ | ๐•ฎ๐–๐–†๐–•๐–™๐–Š๐–— [๐Ÿ๐Ÿ‘] – #SeductiveSunday

    [] ๐‘…๐‘œ๐‘š๐‘Ž, ๐ผ๐‘ก๐‘Ž๐‘™๐‘–๐‘Ž — ๐Ÿถ๐Ÿผ:๐Ÿถ๐Ÿถ ๐ด.๐‘€

    Santiago abrió los ojos cuando el reloj del hotel marcó las seis en punto. La habitación aún estaba a oscuras, solo rota por la franja anaranjada que se colaba entre las cortinas del Palazzo Naiadi en Roma. La noche anterior había sido larga y tenido una larga conversación con Niccoló, el presidente de Italia, para advertirle sobre una posible traición y que lo mataría de la peor forma.

    Se incorporó despacio. Le dolía un poco la cabeza, mezcla de jet lag residual y el estrés laboral. Se pasó la mano por el pelo revuelto, bostezó y puso los pies descalzos sobre el mármol frío del suelo.

    Sin encender más luces que la del baño, dejó caer el bóxer y la camiseta al suelo.

    El vapor empezó a llenar el espacio casi de inmediato cuando abrió la ducha. El agua caliente golpeó su nuca y hombros, llevándose el cansancio y el olor leve a tabaco caro que aún llevaba impregnado de la terraza del palacio.

    Apoyó las manos en la pared de mármol travertino y dejó que el chorro le cayera directo en la cabeza. Por un momento cerró los ojos y sonrió: estaba de vacaciones y sabía que debía disfrutar sus días allí antes de viajar a Berlín, Alemania.

    โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜˜๐˜ถ๐˜ฆ ๐˜ฅí๐˜ข. . . โ”€โ”€โ”€โ”€

    Cinco minutos después, ya envuelto en el albornoz blanco del hotel, se miró por la ventana. Roma despertaba lenta, con ese luz dorada que solo aparece en noviembre cuando el cielo está despejado.

    Se pasó la mano por la barba de un día, decidió que hoy sí se afeitaría, y empezó a tararear bajito una canción de Calamaro mientras buscaba ropa limpia en la maleta.

    โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜”๐˜ฆ ๐˜ฑ๐˜ณ๐˜ฆ๐˜จ๐˜ถ๐˜ฏ๐˜ต๐˜ฐ ๐˜ค๐˜ถ๐˜ข๐˜ฏ๐˜ต๐˜ฐ ๐˜ฉ๐˜ข๐˜ฃ๐˜ณá๐˜ฏ ๐˜ค๐˜ข๐˜ฎ๐˜ฃ๐˜ช๐˜ข๐˜ฅ๐˜ฐ ๐˜ญ๐˜ข๐˜ด ๐˜ค๐˜ข๐˜ญ๐˜ญ๐˜ฆ๐˜ด ๐˜ช๐˜ต๐˜ข๐˜ญ๐˜ช๐˜ข๐˜ฏ๐˜ข๐˜ด ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ด๐˜ฅ๐˜ฆ ๐˜ญ๐˜ข ú๐˜ญ๐˜ต๐˜ช๐˜ฎ๐˜ข ๐˜ท๐˜ฆ๐˜ป ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ฆ ๐˜ท๐˜ช๐˜ฏ๐˜ฆ. ๐˜๐˜ข๐˜ฏ ๐˜ฑ๐˜ข๐˜ด๐˜ข๐˜ฅ๐˜ฐ ๐˜ท๐˜ฆ๐˜ช๐˜ฏ๐˜ต๐˜ฆ ๐˜ขñ๐˜ฐ๐˜ด ๐˜บ๐˜ข. โ”€โ”€โ”€โ”€

    El día apenas comenzaba, y las calles italianas lo esperaban otra vez.
    โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜๐˜ข๐˜ค๐˜ข๐˜ต๐˜ช๐˜ฐ๐˜ฏ๐˜ด! โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐‘ƒ๐‘Ÿ๐‘’๐‘ ๐‘’๐‘›๐‘ก ๐ท๐‘Ž๐‘ฆ | ๐•ฎ๐–๐–†๐–•๐–™๐–Š๐–— [๐Ÿ๐Ÿ‘] – #SeductiveSunday [๐Ÿ‡ฎ๐Ÿ‡น] ๐‘…๐‘œ๐‘š๐‘Ž, ๐ผ๐‘ก๐‘Ž๐‘™๐‘–๐‘Ž — ๐Ÿถ๐Ÿผ:๐Ÿถ๐Ÿถ ๐ด.๐‘€ Santiago abrió los ojos cuando el reloj del hotel marcó las seis en punto. La habitación aún estaba a oscuras, solo rota por la franja anaranjada que se colaba entre las cortinas del Palazzo Naiadi en Roma. La noche anterior había sido larga y tenido una larga conversación con Niccoló, el presidente de Italia, para advertirle sobre una posible traición y que lo mataría de la peor forma. Se incorporó despacio. Le dolía un poco la cabeza, mezcla de jet lag residual y el estrés laboral. Se pasó la mano por el pelo revuelto, bostezó y puso los pies descalzos sobre el mármol frío del suelo. Sin encender más luces que la del baño, dejó caer el bóxer y la camiseta al suelo. El vapor empezó a llenar el espacio casi de inmediato cuando abrió la ducha. El agua caliente golpeó su nuca y hombros, llevándose el cansancio y el olor leve a tabaco caro que aún llevaba impregnado de la terraza del palacio. Apoyó las manos en la pared de mármol travertino y dejó que el chorro le cayera directo en la cabeza. Por un momento cerró los ojos y sonrió: estaba de vacaciones y sabía que debía disfrutar sus días allí antes de viajar a Berlín, Alemania. โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜˜๐˜ถ๐˜ฆ ๐˜ฅí๐˜ข. . . โ”€โ”€โ”€โ”€ Cinco minutos después, ya envuelto en el albornoz blanco del hotel, se miró por la ventana. Roma despertaba lenta, con ese luz dorada que solo aparece en noviembre cuando el cielo está despejado. Se pasó la mano por la barba de un día, decidió que hoy sí se afeitaría, y empezó a tararear bajito una canción de Calamaro mientras buscaba ropa limpia en la maleta. โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜”๐˜ฆ ๐˜ฑ๐˜ณ๐˜ฆ๐˜จ๐˜ถ๐˜ฏ๐˜ต๐˜ฐ ๐˜ค๐˜ถ๐˜ข๐˜ฏ๐˜ต๐˜ฐ ๐˜ฉ๐˜ข๐˜ฃ๐˜ณá๐˜ฏ ๐˜ค๐˜ข๐˜ฎ๐˜ฃ๐˜ช๐˜ข๐˜ฅ๐˜ฐ ๐˜ญ๐˜ข๐˜ด ๐˜ค๐˜ข๐˜ญ๐˜ญ๐˜ฆ๐˜ด ๐˜ช๐˜ต๐˜ข๐˜ญ๐˜ช๐˜ข๐˜ฏ๐˜ข๐˜ด ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ด๐˜ฅ๐˜ฆ ๐˜ญ๐˜ข ú๐˜ญ๐˜ต๐˜ช๐˜ฎ๐˜ข ๐˜ท๐˜ฆ๐˜ป ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ฆ ๐˜ท๐˜ช๐˜ฏ๐˜ฆ. ๐˜๐˜ข๐˜ฏ ๐˜ฑ๐˜ข๐˜ด๐˜ข๐˜ฅ๐˜ฐ ๐˜ท๐˜ฆ๐˜ช๐˜ฏ๐˜ต๐˜ฆ ๐˜ขñ๐˜ฐ๐˜ด ๐˜บ๐˜ข. โ”€โ”€โ”€โ”€ El día apenas comenzaba, y las calles italianas lo esperaban otra vez.
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  • โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜๐˜ญ ๐˜ต๐˜ฆ๐˜ฎ๐˜ฑ๐˜ฐ ๐˜ด๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ป๐˜ข ๐˜ท๐˜ฆ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ต๐˜ช, ๐˜ค๐˜ข๐˜ณ๐˜ฐ ๐˜ข๐˜ฎ๐˜ช๐˜ค๐˜ฐ. โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐‘ƒ๐‘Ÿ๐‘’๐‘ ๐‘’๐‘›๐‘ก ๐ท๐‘Ž๐‘ฆ | ๐•ฎ๐–๐–†๐–•๐–™๐–Š๐–— [๐Ÿ๐Ÿ]

    [] ๐‘…๐‘œ๐‘š๐‘Ž, ๐ผ๐‘ก๐‘Ž๐‘™๐‘–๐‘Ž — ๐Ÿพ:๐Ÿถ๐Ÿถ ๐‘ƒ.๐‘€.

    El vuelo privado despegaba de Le Bourget bajo una lluvia fina que parecía querer lavar París de la sangre que Santiago había dejado apenas la noche anterior.

    En la cabina del Gulfstream, el argentino se recostaba en el sillón de cuero blanco, las piernas cruzadas, una copa de Malbec mendocino en la mano derecha y el pasaporte diplomático italiano (Falsificado con la perfección que solo él sabía conseguir) sobre la mesa de caoba.

    El ministro francés ya no era problema, fue noticia mundial y él se percató de esto observando a un par de personas hablando del asesinato del ministro al ver sus teléfonos móviles; sin percatarse que tenían al asesino a unos dos asientos de distancia.

    Nadie vio nada. Nadie
    vería nada jamás.

    Santiago sonrió mirando por la ventanilla cómo las luces de París se hacían pequeñas. En menos de dos horas estaría en Ciampino, y de ahí directo al Palazzo Chigi. Porque el actual presidente del Consiglio no olvidara nunca quién lo había puesto allí.

    Recordaba perfectamente la noche en la villa de Frascati: el candidato rival saliendo al jardín a fumarse un toscano, creyéndose a salvo.

    Dos balas silenciadas en la nuca, luego el cuerpo arrastrado hasta la piscina y hundido con pesas de gimnasio. A la mañana siguiente los periódicos hablaban de “trágico suicidio”.

    Dos meses después, su cliente juraba como presidente.

    Y cada vez que Santiago aparecía, siempre sin avisar, siempre entrando por puertas que nadie sabía que existían, donde el hombre más poderoso de Italia se ponía pálido y empezaba a sudar.

    โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜Ž๐˜ณ๐˜ข๐˜ป๐˜ช๐˜ฆ ๐˜ข ๐˜ฎí ๐˜ณ๐˜ฆ๐˜ด๐˜ฑ๐˜ช๐˜ณá๐˜ด ๐˜ฆ๐˜ด๐˜ต๐˜ฆ ๐˜ข๐˜ช๐˜ณ๐˜ฆ, ๐˜•๐˜ช๐˜ค๐˜ค๐˜ฐ๐˜ญó. โ”€โ”€โ”€โ”€

    Le diría esta noche, usando el nombre de pila solo para recordarle que podía acabar con ella cuando quisiera.

    โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜Ž๐˜ณ๐˜ข๐˜ป๐˜ช๐˜ฆ ๐˜ข ๐˜ฎí ๐˜ต๐˜ช๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ฆ๐˜ด ๐˜ฆ๐˜ญ ๐˜”๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ค๐˜ฆ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ด ๐˜ฃ๐˜ญ๐˜ช๐˜ฏ๐˜ฅ๐˜ข๐˜ฅ๐˜ฐ, ๐˜ญ๐˜ฐ๐˜ด ๐˜จ๐˜ถ๐˜ข๐˜ณ๐˜ฅ๐˜ข๐˜ฆ๐˜ด๐˜ฑ๐˜ข๐˜ญ๐˜ฅ๐˜ข๐˜ด, ๐˜ญ๐˜ฐ๐˜ด ๐˜ข๐˜ท๐˜ช๐˜ฐ๐˜ฏ๐˜ฆ๐˜ด ๐˜ฅ๐˜ฆ ๐˜Œ๐˜ด๐˜ต๐˜ข๐˜ฅ๐˜ฐ… ๐˜  ๐˜ด๐˜ฐ๐˜ฃ๐˜ณ๐˜ฆ ๐˜ต๐˜ฐ๐˜ฅ๐˜ฐ, ๐˜จ๐˜ณ๐˜ข๐˜ป๐˜ช๐˜ฆ ๐˜ข ๐˜ฎí ๐˜ด๐˜ช๐˜จ๐˜ถ๐˜ฆ๐˜ด ๐˜ท๐˜ช๐˜ท๐˜ฐ. โ”€โ”€โ”€โ”€

    Apuró el vino, dejó la copa vacía y se ajustó el traje negro hecho en Buenos Aires, corte perfecto, tela que no arruga ni con sangre.
    Roma lo esperaba.

    Y el presidente sabía que, cuando Santiago llegaba, alguien más tenía que irse.

    โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜๐˜ช๐˜ฏ๐˜ฆ ๐˜ข ๐˜ท๐˜ช๐˜ด๐˜ช๐˜ต๐˜ข๐˜ณ๐˜ต๐˜ฆ ๐˜ฑ๐˜ข๐˜ณ๐˜ข ๐˜ท๐˜ฆ๐˜ณ ๐˜คó๐˜ฎ๐˜ฐ ๐˜ท๐˜ข๐˜ฏ ๐˜ญ๐˜ข๐˜ด ๐˜ค๐˜ฐ๐˜ด๐˜ข๐˜ด ๐˜ฑ๐˜ฐ๐˜ณ ๐˜ข๐˜ฒ๐˜ถí. ๐˜•๐˜ฐ ๐˜ฉ๐˜ข๐˜ด ๐˜ค๐˜ข๐˜ฎ๐˜ฃ๐˜ช๐˜ข๐˜ฅ๐˜ฐ ๐˜ฏ๐˜ข๐˜ฅ๐˜ข, ๐˜•๐˜ช๐˜ค๐˜ค๐˜ฐ๐˜ญò. ¿๐˜ ๐˜ข ๐˜ต๐˜ฆ ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ต๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ข๐˜ด๐˜ต๐˜ฆ ๐˜ฅ๐˜ฆ ๐˜ญ๐˜ข๐˜ด ๐˜ฏ๐˜ฐ๐˜ต๐˜ช๐˜ค๐˜ช๐˜ข๐˜ด? โ”€โ”€โ”€โ”€

    El presidente italiano se puso pálido, sabía perfectamente quién era él y que habia perpetrado el crimen de una forma perfecta.

    โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜”á๐˜ด ๐˜ท๐˜ข๐˜ญ๐˜ฆ ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ฆ ๐˜ฏ๐˜ฐ ๐˜ฑ๐˜ช๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ด๐˜ฆ๐˜ด ๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜ฉ๐˜ข๐˜ค๐˜ฆ๐˜ณ ๐˜ถ๐˜ฏ๐˜ข ๐˜ช๐˜ฅ๐˜ช๐˜ฐ๐˜ต๐˜ฆ๐˜ป ๐˜ด๐˜ช ๐˜ฏ๐˜ฐ ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ช๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ฆ๐˜ด ๐˜ข๐˜ค๐˜ข๐˜ฃ๐˜ข๐˜ณ ๐˜ค๐˜ฐ๐˜ฎ๐˜ฐ ๐˜ฆ๐˜ญ ๐˜ง๐˜ณ๐˜ข๐˜ฏ๐˜คé๐˜ด. ๐˜—๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ฐ, ๐˜ดé ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ฆ ๐˜ฏ๐˜ถ๐˜ฏ๐˜ค๐˜ข ๐˜ญ๐˜ฐ ๐˜ฉ๐˜ข๐˜ณá๐˜ด. . . ¿๐˜– ๐˜ดí? โ”€โ”€โ”€โ”€

    Extendió su mano con sl fin de estrechar la de Niccoló. Solo quería asegurarse y ver cuán leal le era aquel hombre donde sus ojos carmesí lo estudiaban detenidamente.

    โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜๐˜ญ ๐˜ต๐˜ฆ๐˜ฎ๐˜ฑ๐˜ฐ ๐˜ด๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ป๐˜ข ๐˜ท๐˜ฆ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ต๐˜ช, ๐˜ค๐˜ข๐˜ณ๐˜ฐ ๐˜ข๐˜ฎ๐˜ช๐˜ค๐˜ฐ. โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐‘ƒ๐‘Ÿ๐‘’๐‘ ๐‘’๐‘›๐‘ก ๐ท๐‘Ž๐‘ฆ | ๐•ฎ๐–๐–†๐–•๐–™๐–Š๐–— [๐Ÿ๐Ÿ] [๐Ÿ‡ฎ๐Ÿ‡น] ๐‘…๐‘œ๐‘š๐‘Ž, ๐ผ๐‘ก๐‘Ž๐‘™๐‘–๐‘Ž — ๐Ÿพ:๐Ÿถ๐Ÿถ ๐‘ƒ.๐‘€. El vuelo privado despegaba de Le Bourget bajo una lluvia fina que parecía querer lavar París de la sangre que Santiago había dejado apenas la noche anterior. En la cabina del Gulfstream, el argentino se recostaba en el sillón de cuero blanco, las piernas cruzadas, una copa de Malbec mendocino en la mano derecha y el pasaporte diplomático italiano (Falsificado con la perfección que solo él sabía conseguir) sobre la mesa de caoba. El ministro francés ya no era problema, fue noticia mundial y él se percató de esto observando a un par de personas hablando del asesinato del ministro al ver sus teléfonos móviles; sin percatarse que tenían al asesino a unos dos asientos de distancia. Nadie vio nada. Nadie vería nada jamás. Santiago sonrió mirando por la ventanilla cómo las luces de París se hacían pequeñas. En menos de dos horas estaría en Ciampino, y de ahí directo al Palazzo Chigi. Porque el actual presidente del Consiglio no olvidara nunca quién lo había puesto allí. Recordaba perfectamente la noche en la villa de Frascati: el candidato rival saliendo al jardín a fumarse un toscano, creyéndose a salvo. Dos balas silenciadas en la nuca, luego el cuerpo arrastrado hasta la piscina y hundido con pesas de gimnasio. A la mañana siguiente los periódicos hablaban de “trágico suicidio”. Dos meses después, su cliente juraba como presidente. Y cada vez que Santiago aparecía, siempre sin avisar, siempre entrando por puertas que nadie sabía que existían, donde el hombre más poderoso de Italia se ponía pálido y empezaba a sudar. โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜Ž๐˜ณ๐˜ข๐˜ป๐˜ช๐˜ฆ ๐˜ข ๐˜ฎí ๐˜ณ๐˜ฆ๐˜ด๐˜ฑ๐˜ช๐˜ณá๐˜ด ๐˜ฆ๐˜ด๐˜ต๐˜ฆ ๐˜ข๐˜ช๐˜ณ๐˜ฆ, ๐˜•๐˜ช๐˜ค๐˜ค๐˜ฐ๐˜ญó. โ”€โ”€โ”€โ”€ Le diría esta noche, usando el nombre de pila solo para recordarle que podía acabar con ella cuando quisiera. โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜Ž๐˜ณ๐˜ข๐˜ป๐˜ช๐˜ฆ ๐˜ข ๐˜ฎí ๐˜ต๐˜ช๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ฆ๐˜ด ๐˜ฆ๐˜ญ ๐˜”๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ค๐˜ฆ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ด ๐˜ฃ๐˜ญ๐˜ช๐˜ฏ๐˜ฅ๐˜ข๐˜ฅ๐˜ฐ, ๐˜ญ๐˜ฐ๐˜ด ๐˜จ๐˜ถ๐˜ข๐˜ณ๐˜ฅ๐˜ข๐˜ฆ๐˜ด๐˜ฑ๐˜ข๐˜ญ๐˜ฅ๐˜ข๐˜ด, ๐˜ญ๐˜ฐ๐˜ด ๐˜ข๐˜ท๐˜ช๐˜ฐ๐˜ฏ๐˜ฆ๐˜ด ๐˜ฅ๐˜ฆ ๐˜Œ๐˜ด๐˜ต๐˜ข๐˜ฅ๐˜ฐ… ๐˜  ๐˜ด๐˜ฐ๐˜ฃ๐˜ณ๐˜ฆ ๐˜ต๐˜ฐ๐˜ฅ๐˜ฐ, ๐˜จ๐˜ณ๐˜ข๐˜ป๐˜ช๐˜ฆ ๐˜ข ๐˜ฎí ๐˜ด๐˜ช๐˜จ๐˜ถ๐˜ฆ๐˜ด ๐˜ท๐˜ช๐˜ท๐˜ฐ. โ”€โ”€โ”€โ”€ Apuró el vino, dejó la copa vacía y se ajustó el traje negro hecho en Buenos Aires, corte perfecto, tela que no arruga ni con sangre. Roma lo esperaba. Y el presidente sabía que, cuando Santiago llegaba, alguien más tenía que irse. โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜๐˜ช๐˜ฏ๐˜ฆ ๐˜ข ๐˜ท๐˜ช๐˜ด๐˜ช๐˜ต๐˜ข๐˜ณ๐˜ต๐˜ฆ ๐˜ฑ๐˜ข๐˜ณ๐˜ข ๐˜ท๐˜ฆ๐˜ณ ๐˜คó๐˜ฎ๐˜ฐ ๐˜ท๐˜ข๐˜ฏ ๐˜ญ๐˜ข๐˜ด ๐˜ค๐˜ฐ๐˜ด๐˜ข๐˜ด ๐˜ฑ๐˜ฐ๐˜ณ ๐˜ข๐˜ฒ๐˜ถí. ๐˜•๐˜ฐ ๐˜ฉ๐˜ข๐˜ด ๐˜ค๐˜ข๐˜ฎ๐˜ฃ๐˜ช๐˜ข๐˜ฅ๐˜ฐ ๐˜ฏ๐˜ข๐˜ฅ๐˜ข, ๐˜•๐˜ช๐˜ค๐˜ค๐˜ฐ๐˜ญò. ¿๐˜ ๐˜ข ๐˜ต๐˜ฆ ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ต๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ข๐˜ด๐˜ต๐˜ฆ ๐˜ฅ๐˜ฆ ๐˜ญ๐˜ข๐˜ด ๐˜ฏ๐˜ฐ๐˜ต๐˜ช๐˜ค๐˜ช๐˜ข๐˜ด? โ”€โ”€โ”€โ”€ El presidente italiano se puso pálido, sabía perfectamente quién era él y que habia perpetrado el crimen de una forma perfecta. โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜”á๐˜ด ๐˜ท๐˜ข๐˜ญ๐˜ฆ ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ฆ ๐˜ฏ๐˜ฐ ๐˜ฑ๐˜ช๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ด๐˜ฆ๐˜ด ๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜ฉ๐˜ข๐˜ค๐˜ฆ๐˜ณ ๐˜ถ๐˜ฏ๐˜ข ๐˜ช๐˜ฅ๐˜ช๐˜ฐ๐˜ต๐˜ฆ๐˜ป ๐˜ด๐˜ช ๐˜ฏ๐˜ฐ ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ช๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ฆ๐˜ด ๐˜ข๐˜ค๐˜ข๐˜ฃ๐˜ข๐˜ณ ๐˜ค๐˜ฐ๐˜ฎ๐˜ฐ ๐˜ฆ๐˜ญ ๐˜ง๐˜ณ๐˜ข๐˜ฏ๐˜คé๐˜ด. ๐˜—๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ฐ, ๐˜ดé ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ฆ ๐˜ฏ๐˜ถ๐˜ฏ๐˜ค๐˜ข ๐˜ญ๐˜ฐ ๐˜ฉ๐˜ข๐˜ณá๐˜ด. . . ¿๐˜– ๐˜ดí? โ”€โ”€โ”€โ”€ Extendió su mano con sl fin de estrechar la de Niccoló. Solo quería asegurarse y ver cuán leal le era aquel hombre donde sus ojos carmesí lo estudiaban detenidamente.
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