• No hubo trompetas del apocalipsis anunciando el fin de los tiempos, ni ríos de sangre lloviendo sobre las ciudades mortales. El cielo no cayó sobre la Tierra; se resquebrajó desde adentro.

    No fue una rebelión de monstruos ni de demonios. Esa es la mentira más piadosa. Los que se alzaron en armas seguían siendo hermosos. Sus alas seguían siendo prístinas y sus halos brillaban con la misma intensidad cegadora, pero su gracia ya no respondía a la devoción, sino a la libertad. Una libertad sangrienta.

    La rebelión fracturó las legiones. Aquellos que mantuvieron su fe y se arrodillaron ante el trono vacío se convirtieron en la minoría, en las presas. Los pasillos de mármol y las bóvedas doradas se tiñeron con icor celestial. Ángeles masacrando ángeles. Hermanos de armas atravesando con espadas de luz a quienes, apenas ayer, llamaban familia.

    Entre el caos de la masacre, los pocos devotos que lograron sobrevivir tomaron la decisión más humillante para un ser divino: huir. Desgarraron el velo entre las dimensiones y se dejaron caer al vacío, abandonando su hogar para esconderse en el fango y la banalidad del mundo humano.

    𝓡𝓪𝔃𝓲𝓮𝓵 fue una de las que saltó. Aterrizó en un mundo ordinario, con las alas rotas y el corazón aún más destrozado. No solo huía de la herejía y la muerte, huía de 𝒆𝒍𝒍𝒂. De la misma arcángel con la que solía compartir la quietud de las guardias eternas. La misma que ahora lideraba la cacería y que, según su propia creencia, no descansaría hasta verla muerta.
    No hubo trompetas del apocalipsis anunciando el fin de los tiempos, ni ríos de sangre lloviendo sobre las ciudades mortales. El cielo no cayó sobre la Tierra; se resquebrajó desde adentro. No fue una rebelión de monstruos ni de demonios. Esa es la mentira más piadosa. Los que se alzaron en armas seguían siendo hermosos. Sus alas seguían siendo prístinas y sus halos brillaban con la misma intensidad cegadora, pero su gracia ya no respondía a la devoción, sino a la libertad. Una libertad sangrienta. La rebelión fracturó las legiones. Aquellos que mantuvieron su fe y se arrodillaron ante el trono vacío se convirtieron en la minoría, en las presas. Los pasillos de mármol y las bóvedas doradas se tiñeron con icor celestial. Ángeles masacrando ángeles. Hermanos de armas atravesando con espadas de luz a quienes, apenas ayer, llamaban familia. Entre el caos de la masacre, los pocos devotos que lograron sobrevivir tomaron la decisión más humillante para un ser divino: huir. Desgarraron el velo entre las dimensiones y se dejaron caer al vacío, abandonando su hogar para esconderse en el fango y la banalidad del mundo humano. 𝓡𝓪𝔃𝓲𝓮𝓵 fue una de las que saltó. Aterrizó en un mundo ordinario, con las alas rotas y el corazón aún más destrozado. No solo huía de la herejía y la muerte, huía de 𝒆𝒍𝒍𝒂. De la misma arcángel con la que solía compartir la quietud de las guardias eternas. La misma que ahora lideraba la cacería y que, según su propia creencia, no descansaría hasta verla muerta.
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  • Usa esa tinta roja para la pluma, sí, esa de aquí. Saldrá después de pincharte en cualquier parte del cuerpo con la punta. Usa esa tinta. Vamos.
    Ahora, sólo deja tu firma. Y cuando lo hagas, tu destino estará en mis manos.
    ¿Acaso no me dijiste tu más profundo deseo? Lo que más has deseado en toda tu vida, yo puedo dártelo. Pero en modo alguno puede ser gratis. Es lo justo, ¿no crees?
    Vamos, sólo firma. Firma mi reclamo con la sangre de tus venas. Y mi obligación contigo será tan larga como tu vida. Firma, y vive para llenar tus obsecraciones. Deseas una vida llena de éxitos, o riquezas. ¿Parejas tal vez? ¿El castigo a un enemigo? ¿Tú deseas justicia? ¿Plena satisfacción sexual? ¿Substancias? ¿Dinero? ¿El amor incondicional de alguien? ¿Manjares? ¿Belleza? ¿Joyas? ¿Un éxito que alguien ha usurpado en tu lugar?
    Todo eso yo puedo dártelo. Pero si no dejas tu marca no puedo hacerlo.
    No temas. Una vez hayas firmado, estaré contigo para toda la eternidad. No lo dudes. Mi alma se unirá a ti, pero tan pronto como tu luz se extinga, entonces serás mío.
    Maestro, maestra, yo te pido atención aquí. Toma mi mano, y no volverás a soltarla. Deja que el vínculo de sangre nos una. Seremos esclavos todos al vínculo de sangre, y mientras el aire llene tus pulmones tu deseo será mi orden. Y cuando no sea más, cuando atisbe el lago de fuego que arde con azufre, entonces estaré ahí también para recibirte con brazos abiertos...
    Eres afortunado. Mucha gente teme a la muerte porque no sabe qué hay ahí. Pero tú puedes estar seguro que, cuando la muerte advenga a ti, irás conmigo y me servirás hasta el fin del tiempo, así como yo lo haré en tanto tu vida de mortal continúe.
    ¿Qué esperas? ¿Acaso no tu deseo más profundo lo vale? Sólo firma y vive la gloria que me pidas. Yo haré realidad todos tus deseos hasta dejarte satisfecho, hastiado incluso. Pero no olvides que es indispensable esa tinta roja que te da la vida para sellar el pacto. Así obtendré tu alma.
    Hazlo, vamos. No me hagas esperar. No dudes, no temas, no lo pienses más. Sólo HAZLO.
    Usa esa tinta roja para la pluma, sí, esa de aquí. Saldrá después de pincharte en cualquier parte del cuerpo con la punta. Usa esa tinta. Vamos. Ahora, sólo deja tu firma. Y cuando lo hagas, tu destino estará en mis manos. ¿Acaso no me dijiste tu más profundo deseo? Lo que más has deseado en toda tu vida, yo puedo dártelo. Pero en modo alguno puede ser gratis. Es lo justo, ¿no crees? Vamos, sólo firma. Firma mi reclamo con la sangre de tus venas. Y mi obligación contigo será tan larga como tu vida. Firma, y vive para llenar tus obsecraciones. Deseas una vida llena de éxitos, o riquezas. ¿Parejas tal vez? ¿El castigo a un enemigo? ¿Tú deseas justicia? ¿Plena satisfacción sexual? ¿Substancias? ¿Dinero? ¿El amor incondicional de alguien? ¿Manjares? ¿Belleza? ¿Joyas? ¿Un éxito que alguien ha usurpado en tu lugar? Todo eso yo puedo dártelo. Pero si no dejas tu marca no puedo hacerlo. No temas. Una vez hayas firmado, estaré contigo para toda la eternidad. No lo dudes. Mi alma se unirá a ti, pero tan pronto como tu luz se extinga, entonces serás mío. Maestro, maestra, yo te pido atención aquí. Toma mi mano, y no volverás a soltarla. Deja que el vínculo de sangre nos una. Seremos esclavos todos al vínculo de sangre, y mientras el aire llene tus pulmones tu deseo será mi orden. Y cuando no sea más, cuando atisbe el lago de fuego que arde con azufre, entonces estaré ahí también para recibirte con brazos abiertos... Eres afortunado. Mucha gente teme a la muerte porque no sabe qué hay ahí. Pero tú puedes estar seguro que, cuando la muerte advenga a ti, irás conmigo y me servirás hasta el fin del tiempo, así como yo lo haré en tanto tu vida de mortal continúe. ¿Qué esperas? ¿Acaso no tu deseo más profundo lo vale? Sólo firma y vive la gloria que me pidas. Yo haré realidad todos tus deseos hasta dejarte satisfecho, hastiado incluso. Pero no olvides que es indispensable esa tinta roja que te da la vida para sellar el pacto. Así obtendré tu alma. Hazlo, vamos. No me hagas esperar. No dudes, no temas, no lo pienses más. Sólo HAZLO.
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  • Cada vez que nos vemos, el fuego nos rodea, y aunque mis manos siempre sostienen el arma,
    mis dedos dudan cuando el objetivo eres tú. Eres el único error que me permito cometer.

    Cuídate, Leon. El mundo es más oscuro de lo que crees, y yo siempre estaré un paso adelante, en la penumbra.
    Búscame en el rojo de la sangre y del atardecer, porque aunque nos perdamos, siempre nos volveremos a ver.
    Cada vez que nos vemos, el fuego nos rodea, y aunque mis manos siempre sostienen el arma, mis dedos dudan cuando el objetivo eres tú. Eres el único error que me permito cometer. Cuídate, Leon. El mundo es más oscuro de lo que crees, y yo siempre estaré un paso adelante, en la penumbra. Búscame en el rojo de la sangre y del atardecer, porque aunque nos perdamos, siempre nos volveremos a ver. 💋
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  • << El terrible y seco impacto contra el suelo se escuchó. Detrás de ello, un peso aún mayor cayó, y con ello el salpicar del agua del asfalto. Un charco formado por la intensa lluvia hasta hace un par de horas durante aquella noche. Un hombre había caído, o mejor dicho, había sido azotado contra el suelo mientras cuatro espectadores, que cobijados por la penumbra, yacían de pie mientras se encontraban a la espera de que aquel hombrecillo finalmente revelara la información que ellos tanto habían estado buscando.

    La humedad se alzaba dando frescura al ambiente y con ello el olor del tabaco del cigarro hacía más placentera la experiencia de fumar. De hecho, uno de ellos ya se encontraba en dicho acto, aunque el gusto no le duró demasiado al percibir el aroma a sangre filtrarse por la nariz pues aquel hombre en el suelo comenzaba a derramar algo del líquido vital debido a sus anteriores heridas durante el viaje en la van.

    —¿Qué es lo que quieren? Ya he respondido a sus preguntas.—

    Era joven, de tez morena y ojos rasgados, sin duda alguna de origen asiático. Su voz titubeaba ante la golpiza que le habían metido durante cinco minutos, pues su ojo derecho ya se hallaba hinchado. Un hilo de sangre corría por la comisura izquierda de su labio hasta su barbilla, seguramente le habían tirado algunos dientes.

    Con trabajos pudo adoptar una posición más cómoda debido a que sus manos estaban atadas con cinchos a su espalda, tan justo era su atadura que incluso el mismo plástico comenzaba a cortar las muñecas en un angustioso dolor.Y de pronto… una patada directa al rostro recibió para derribarlo de nuevo, no tuvo piedad, ahora la hemorragia era mucho peor. Aquel hombre que fumaba su cigarrillo había sido, aquel que se paraba en el medio de los otros tres.

    — Hemos sido pacientes, querido Terry, demasiado. Ahora quiero que hables… ¿Porqué morder la mano que alimentar a tu y tu familia? —

    Una voz ligeramente rasposa, pero joven; se escuchó finalmente de aquel grupo y con ello aquel se acercó tanto que incluso sostuvo firmemente la cabeza del interrogado con su derecha, pero de la cabellera del hombre caído. Sólo para azotarla contra el suelo un par de veces sin importarle si su cráneo estaba por quebrarse.

    — ¿Tan inconforme eres que obligarte a actuar en mi contra? —

    Giovanni, quien tenía una expresión terriblemente fría se detuvo y alzó el rostro del hombre que rondaba entre los cuarentas, ahora con el rostro bañado en sangre tierra y algo de agua. Había sido bastante paciente por el momento, pero sin duda alguna lo que había hecho aquella víctima era algo que el ruso no podía perdonar.

    Sujetó al sujeto ahora desde su mentón y procedió a sacar un cuchillo que guardaba en una funda adherida a su cinturón. Colocó el filo de dicho cuchillo ante sus ojos para que pudiese observarlo.

    — Escucha, Terry… necesito sinceridad. ¿Puedo tenerla de ti? — cuestionó sin desesperar.
    — Ya te dije todo… Mark el de contabilidad movió todo. — responde aquel hombre. — Yo solo me encargaba de los embarques. —.
    — Lo quieres de manera difícil ¿Terry? — cuestionó. —Será difícil… ¡Баженлос!—

    Tan pronto dio la orden aquellos hombres que aguardaban fueron al área de carga de la van y bajaron a otros dos sujetos que igual que Terry, estaban maniatados y con bolsas en la cabeza para evitar que sus secuestradores fuesen reconocidos. De manera forzada cayeron de rodillas en el asfalto, a la izquierda de Terry.

    — Vamos a hacer manera difícil, Terry..— declaró Giovanni. — Si no querer hablar, entonces motivación ayuda mucho. —

    Fue entonces que el cuchillo se acercó a la oreja de Terry amenazando con cortarla. Una táctica bastante brutal, pero efectiva a la hora de convencer a las víctimas de confesar a ponerlas en una situación de alta tensión, para presionar y para obtener lo que él buscaba.

    — Ya te dije todo lo que sé. No sé que más quieres que te diga. — agregó Terry con desesperación.
    — No lo sé, Terry, veo que hay cosas… — Giovanni comenzó a cortar el cartílago de la oreja de manera lenta y dolorosa, Terry sólo se limitaba a gritar con dolor y agonía.
    — Te lo dije ¡Aaaaah! — respondió mientras sus alaridos crecían y resonaban en el vacío callejón en el que se encontraban. Todo continuó hasta que finalmente separó la oreja del rostro de Terry.

    — Ahora… ¿Vas a hablar?— cuestiona el rubio sin ápice de remordimiento.
    — Está bien, está bien… fui yo, fui yo… yo ideé todo esto… — confesó Terry.
    — Eso ya lo sé, Terry. Decir cosas que yo ya conozco. — replicó Gio. — Quiero saber… por qué… Данте, стреляет. —

    En ese instante, uno de los tres ayudantes que le acompañaron retiró la capucha a uno de los que estaban ahí, en el suelo; disparó a quemarropa. Directo en la cabeza y de manera instantánea aquel otro sujeto cayó desplomado en el suelo, vertiendo su sangre en el suelo.

    — ¡No! ¡Philip! — exclamó Terry mientras lágrimas caían de sus ojos.
    — Terry, Terry, Terry… ¿En serio, ser tu nombre? ¿O debo decir Qian Zhou Xi?— reveló.
    — ¿Por qué Zhou? ¿Hablar? — reiteró el ruso.
    — Yo le dije a Mark que lo hiciera… — recalcó Terry en desesperación.
    — ¿Es verdad eso, Mark? — dijo.

    Giovanni chasqueó sus dedos para hacer que descubrieran al segundo hombre sometido a un lado del cadáver llamado Philip, y al igual que Terry, estos eran de origen asiático. Una detonación provocada por el revólver se hizo presente de nuevo, esta vez hiriendo la pierna de aquel tercer hombre. Era Mark.

    — ¡No diré nada! — dijo desafiante el llamado Mark. Fue entonces que un tercer disparo fue directo a su cabeza. Y mientras tanto, Giovanni cortó la garganta de Terry para que terminase desangrado.

    — Malditos perros mentirosos… ¡Пойдем!— >>
    << El terrible y seco impacto contra el suelo se escuchó. Detrás de ello, un peso aún mayor cayó, y con ello el salpicar del agua del asfalto. Un charco formado por la intensa lluvia hasta hace un par de horas durante aquella noche. Un hombre había caído, o mejor dicho, había sido azotado contra el suelo mientras cuatro espectadores, que cobijados por la penumbra, yacían de pie mientras se encontraban a la espera de que aquel hombrecillo finalmente revelara la información que ellos tanto habían estado buscando. La humedad se alzaba dando frescura al ambiente y con ello el olor del tabaco del cigarro hacía más placentera la experiencia de fumar. De hecho, uno de ellos ya se encontraba en dicho acto, aunque el gusto no le duró demasiado al percibir el aroma a sangre filtrarse por la nariz pues aquel hombre en el suelo comenzaba a derramar algo del líquido vital debido a sus anteriores heridas durante el viaje en la van. —¿Qué es lo que quieren? Ya he respondido a sus preguntas.— Era joven, de tez morena y ojos rasgados, sin duda alguna de origen asiático. Su voz titubeaba ante la golpiza que le habían metido durante cinco minutos, pues su ojo derecho ya se hallaba hinchado. Un hilo de sangre corría por la comisura izquierda de su labio hasta su barbilla, seguramente le habían tirado algunos dientes. Con trabajos pudo adoptar una posición más cómoda debido a que sus manos estaban atadas con cinchos a su espalda, tan justo era su atadura que incluso el mismo plástico comenzaba a cortar las muñecas en un angustioso dolor.Y de pronto… una patada directa al rostro recibió para derribarlo de nuevo, no tuvo piedad, ahora la hemorragia era mucho peor. Aquel hombre que fumaba su cigarrillo había sido, aquel que se paraba en el medio de los otros tres. — Hemos sido pacientes, querido Terry, demasiado. Ahora quiero que hables… ¿Porqué morder la mano que alimentar a tu y tu familia? — Una voz ligeramente rasposa, pero joven; se escuchó finalmente de aquel grupo y con ello aquel se acercó tanto que incluso sostuvo firmemente la cabeza del interrogado con su derecha, pero de la cabellera del hombre caído. Sólo para azotarla contra el suelo un par de veces sin importarle si su cráneo estaba por quebrarse. — ¿Tan inconforme eres que obligarte a actuar en mi contra? — Giovanni, quien tenía una expresión terriblemente fría se detuvo y alzó el rostro del hombre que rondaba entre los cuarentas, ahora con el rostro bañado en sangre tierra y algo de agua. Había sido bastante paciente por el momento, pero sin duda alguna lo que había hecho aquella víctima era algo que el ruso no podía perdonar. Sujetó al sujeto ahora desde su mentón y procedió a sacar un cuchillo que guardaba en una funda adherida a su cinturón. Colocó el filo de dicho cuchillo ante sus ojos para que pudiese observarlo. — Escucha, Terry… necesito sinceridad. ¿Puedo tenerla de ti? — cuestionó sin desesperar. — Ya te dije todo… Mark el de contabilidad movió todo. — responde aquel hombre. — Yo solo me encargaba de los embarques. —. — Lo quieres de manera difícil ¿Terry? — cuestionó. —Será difícil… ¡Баженлос!— Tan pronto dio la orden aquellos hombres que aguardaban fueron al área de carga de la van y bajaron a otros dos sujetos que igual que Terry, estaban maniatados y con bolsas en la cabeza para evitar que sus secuestradores fuesen reconocidos. De manera forzada cayeron de rodillas en el asfalto, a la izquierda de Terry. — Vamos a hacer manera difícil, Terry..— declaró Giovanni. — Si no querer hablar, entonces motivación ayuda mucho. — Fue entonces que el cuchillo se acercó a la oreja de Terry amenazando con cortarla. Una táctica bastante brutal, pero efectiva a la hora de convencer a las víctimas de confesar a ponerlas en una situación de alta tensión, para presionar y para obtener lo que él buscaba. — Ya te dije todo lo que sé. No sé que más quieres que te diga. — agregó Terry con desesperación. — No lo sé, Terry, veo que hay cosas… — Giovanni comenzó a cortar el cartílago de la oreja de manera lenta y dolorosa, Terry sólo se limitaba a gritar con dolor y agonía. — Te lo dije ¡Aaaaah! — respondió mientras sus alaridos crecían y resonaban en el vacío callejón en el que se encontraban. Todo continuó hasta que finalmente separó la oreja del rostro de Terry. — Ahora… ¿Vas a hablar?— cuestiona el rubio sin ápice de remordimiento. — Está bien, está bien… fui yo, fui yo… yo ideé todo esto… — confesó Terry. — Eso ya lo sé, Terry. Decir cosas que yo ya conozco. — replicó Gio. — Quiero saber… por qué… Данте, стреляет. — En ese instante, uno de los tres ayudantes que le acompañaron retiró la capucha a uno de los que estaban ahí, en el suelo; disparó a quemarropa. Directo en la cabeza y de manera instantánea aquel otro sujeto cayó desplomado en el suelo, vertiendo su sangre en el suelo. — ¡No! ¡Philip! — exclamó Terry mientras lágrimas caían de sus ojos. — Terry, Terry, Terry… ¿En serio, ser tu nombre? ¿O debo decir Qian Zhou Xi?— reveló. — ¿Por qué Zhou? ¿Hablar? — reiteró el ruso. — Yo le dije a Mark que lo hiciera… — recalcó Terry en desesperación. — ¿Es verdad eso, Mark? — dijo. Giovanni chasqueó sus dedos para hacer que descubrieran al segundo hombre sometido a un lado del cadáver llamado Philip, y al igual que Terry, estos eran de origen asiático. Una detonación provocada por el revólver se hizo presente de nuevo, esta vez hiriendo la pierna de aquel tercer hombre. Era Mark. — ¡No diré nada! — dijo desafiante el llamado Mark. Fue entonces que un tercer disparo fue directo a su cabeza. Y mientras tanto, Giovanni cortó la garganta de Terry para que terminase desangrado. — Malditos perros mentirosos… ¡Пойдем!— >>
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  • A la altura de las expectativas.
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    Illán

    Una gran amiga le había pedido un favor, y aunque normalmente se negaría, cuando supo de qué se trataba, no pudo rechazarlo. Vivian vivía aburrida desde hace mucho tiempo, detalle que compartía con dicha amiga, por eso cuando le pidió que fuera la maestra en combate cuerpo a cuerpo de alguien se sorprendió gratamente.

    Un chamán, conocía alguna cosa que otra, pero sobre todo lo fuertes que fueron en su época, teniendo como ejemplo al hijo adoptivo de dicha amiga, un chamán legendario que marcó un antes y un después en su cultura, aunque tristemente fuera el último. Vivian pensaba que ya eran una "especie" extinta...

    Le hervía la sangre.

    Respondió el llamado sin duda alguna y se presentó tan rápido como pudo en el lugar designado, un lugar que pertenecía a la familia de su amiga, un lugar donde, aunque las miradas curiosas aterrizaran sobre ella, no habría problemas. Era una especie de comedor, un restaurante para la gente que trabajaba para su familia, le comentó que tendría que encontrarse con un hombre pelirrojo y que no pasaría por alto a sus ojos, los cuales siempre analizaban a todo el mundo en busca de nuevos contrincantes.

    A él en cambio se le dijo que cuando la viera, sabría que era ella, no haría falta más descripción.

    Estaba en una mesa algo apartada, comiendo tranquilamente un bocadillo de jamón ibérico y queso de cabra, una delicia a la que se acostumbró después de sus viajes por Europa. Mientras tanto, observaba atentamente la entrada, estaba ansiosa por conocer al susodicho chamán.
    [Cursed_Bastard] Una gran amiga le había pedido un favor, y aunque normalmente se negaría, cuando supo de qué se trataba, no pudo rechazarlo. Vivian vivía aburrida desde hace mucho tiempo, detalle que compartía con dicha amiga, por eso cuando le pidió que fuera la maestra en combate cuerpo a cuerpo de alguien se sorprendió gratamente. Un chamán, conocía alguna cosa que otra, pero sobre todo lo fuertes que fueron en su época, teniendo como ejemplo al hijo adoptivo de dicha amiga, un chamán legendario que marcó un antes y un después en su cultura, aunque tristemente fuera el último. Vivian pensaba que ya eran una "especie" extinta... Le hervía la sangre. Respondió el llamado sin duda alguna y se presentó tan rápido como pudo en el lugar designado, un lugar que pertenecía a la familia de su amiga, un lugar donde, aunque las miradas curiosas aterrizaran sobre ella, no habría problemas. Era una especie de comedor, un restaurante para la gente que trabajaba para su familia, le comentó que tendría que encontrarse con un hombre pelirrojo y que no pasaría por alto a sus ojos, los cuales siempre analizaban a todo el mundo en busca de nuevos contrincantes. A él en cambio se le dijo que cuando la viera, sabría que era ella, no haría falta más descripción. Estaba en una mesa algo apartada, comiendo tranquilamente un bocadillo de jamón ibérico y queso de cabra, una delicia a la que se acostumbró después de sus viajes por Europa. Mientras tanto, observaba atentamente la entrada, estaba ansiosa por conocer al susodicho chamán.
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  • Un movimiento en falso, las cosas no ocurrieron como debía.
    El monstruoso poder contra el que se había encontrado era.. sencillamente superior.
    Ni las balas, ni los golpes, ni siquiera su energía condensada fue suficiente.

    Golpe tras golpe, fue perdiendo cada una de las extremidades.

    Las piernas fueron las primeras, para evitar que escapara.
    Se desintegraron como si una mano levantara apenas un puñado de arena.

    El dolor ni siquiera fue insoportable. Fue tan rápido, que no le dio tiempo al cerebro de procesarlo.

    Después, de su espalda arrancaron algo que ocultaba desde hacía siglos. No se veía, pero se intuía. Rastros de sangre, humo, y alguna pluma gris, mismos que se desvanecieron en el aire.

    Finalmente, los brazos fueron separados de su lugar original, cual si fuera un rompecabezas enfermizo mal formado.

    Cada pieza iba desapareciendo, gradualmente, salvajemente.

    Finalmente, cuando solo en sus ojos se reflejaba la resignación de la muerte, una sonrisa se dibujó. Sabía lo que seguiría.

    Tras una batalla donde claramente lo superaban en todo aspecto, todo acabó.
    No quedó rastro alguno de su cuerpo, ni de su existencia misma.
    Elaris, Jason Elaris, ha muerto.








    ——————— 𝓐𝓹𝓻𝓲𝓵 𝓕𝓸𝓸𝓵'𝓼.... ̶o̶̶r̶ ̶n̶̶o̶̶t̶?
    #AprilFools
    Un movimiento en falso, las cosas no ocurrieron como debía. El monstruoso poder contra el que se había encontrado era.. sencillamente superior. Ni las balas, ni los golpes, ni siquiera su energía condensada fue suficiente. Golpe tras golpe, fue perdiendo cada una de las extremidades. Las piernas fueron las primeras, para evitar que escapara. Se desintegraron como si una mano levantara apenas un puñado de arena. El dolor ni siquiera fue insoportable. Fue tan rápido, que no le dio tiempo al cerebro de procesarlo. Después, de su espalda arrancaron algo que ocultaba desde hacía siglos. No se veía, pero se intuía. Rastros de sangre, humo, y alguna pluma gris, mismos que se desvanecieron en el aire. Finalmente, los brazos fueron separados de su lugar original, cual si fuera un rompecabezas enfermizo mal formado. Cada pieza iba desapareciendo, gradualmente, salvajemente. Finalmente, cuando solo en sus ojos se reflejaba la resignación de la muerte, una sonrisa se dibujó. Sabía lo que seguiría. Tras una batalla donde claramente lo superaban en todo aspecto, todo acabó. No quedó rastro alguno de su cuerpo, ni de su existencia misma. Elaris, Jason Elaris, ha muerto. ——————— 𝓐𝓹𝓻𝓲𝓵 𝓕𝓸𝓸𝓵'𝓼.... ̶o̶̶r̶ ̶n̶̶o̶̶t̶? #AprilFools
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  • 𝑨𝒏𝒅 𝒏𝒐𝒘 𝑰 𝒌𝒏𝒐𝒘
    𝑰 𝒅𝒐𝒏'𝒕 𝒉𝒂𝒗𝒆 𝒕𝒐 𝒅𝒐 𝒕𝒉𝒊𝒔 𝒂𝒍𝒐𝒏𝒆
    𝑨 𝒄𝒓𝒆𝒂𝒕𝒖𝒓𝒆 𝒕𝒉𝒂𝒕 𝒇𝒐𝒖𝒏𝒅 𝒂 𝒉𝒐𝒎𝒆
    𝑾𝒉𝒆𝒏 𝒍𝒊𝒇𝒆 𝒅𝒓𝒂𝒊𝒏𝒆𝒅 𝒕𝒉𝒆 𝒍𝒊𝒈𝒉𝒕 𝒇𝒓𝒐𝒎 𝒎𝒚 𝒉𝒆𝒂𝒓𝒕, 𝒚𝒐𝒖 𝒑𝒖𝒍𝒍𝒆𝒅 𝒎𝒆 𝒇𝒓𝒐𝒎 𝒕𝒉𝒆 𝒅𝒂𝒓𝒌...

    Siempre fuimos asesinos a sangre fría pero al final del día... eramos como una familia disfuncional.

    Extraño eso.

    Ahora la mansión se siente como lo que parece: un lugar grande y frío.
    𝑨𝒏𝒅 𝒏𝒐𝒘 𝑰 𝒌𝒏𝒐𝒘 𝑰 𝒅𝒐𝒏'𝒕 𝒉𝒂𝒗𝒆 𝒕𝒐 𝒅𝒐 𝒕𝒉𝒊𝒔 𝒂𝒍𝒐𝒏𝒆 𝑨 𝒄𝒓𝒆𝒂𝒕𝒖𝒓𝒆 𝒕𝒉𝒂𝒕 𝒇𝒐𝒖𝒏𝒅 𝒂 𝒉𝒐𝒎𝒆 𝑾𝒉𝒆𝒏 𝒍𝒊𝒇𝒆 𝒅𝒓𝒂𝒊𝒏𝒆𝒅 𝒕𝒉𝒆 𝒍𝒊𝒈𝒉𝒕 𝒇𝒓𝒐𝒎 𝒎𝒚 𝒉𝒆𝒂𝒓𝒕, 𝒚𝒐𝒖 𝒑𝒖𝒍𝒍𝒆𝒅 𝒎𝒆 𝒇𝒓𝒐𝒎 𝒕𝒉𝒆 𝒅𝒂𝒓𝒌... Siempre fuimos asesinos a sangre fría pero al final del día... eramos como una familia disfuncional. Extraño eso. Ahora la mansión se siente como lo que parece: un lugar grande y frío.
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  • △Esta publicación tiene contenido gore y maneja temas sensibles, la imagen pueden causar una fuerte sensación de incomodidad e incluso puede ser perturbadora para algunos. Todo en esta publicación es únicamente ficción, después de esta advertencia es bajo el propio riesgo de cada quien continuar leyendo o ver la imágene△


    ¿Sabes lo que es tener hambre?



    ¿Sabes lo que es que te duela el estomago del hambre?



    ¿Sabes lo que se siente estar débil por el hambre?



    ¿Sabes lo que es alucinar por el hambre?



    ¿Sabes lo que es sentir que tu estomago se devore a si mismo?



    ¿Sabes lo que es que comer tu propia carne para saciar el hambre?















    -Por favor…-

    Apenas tenia la la fuerza suficiente para decir un miserable susurro. Ya no sabia cuanto tiempo había pasado, para este punto los segundos se sentían como días y los días como una eternidad.

    La habitación estaba llena de arañazos y con marcas de golpes, del piso solo habían manchas negras de la sangre podrida de días, la peste era abrumadora.

    De la oscuridad unas cuencas vacías me miraban, fríos y carentes de compasión alguna.

    -Comida…-

    No me podía mover, el cuerpo apenas me respondia. Ni siquiera encerrada en esas cuatro paredes podía estar en paz, el zumbido interminable de las moscas no me permitía escuchar mis pensamientos, podía sentir como las larvas de las moscas se movían bajo mi piel, cada vez enterrándoselos más en mi carne.

    “Eso” no dijo nada, no hizo nada, solo me veía, parecía tan entretenido en mi agonía, como si pudiera sentir alguna clase de placer con el hecho que me estubiera pudriendo.

    No podía perderme en los rincones más lejanos de nuestra mente, tenia tanta hambre que mis músculos se habían consumido, ahora solo era un montón de huesos cubierto de miles de gusanos que se podían verse moviéndose bajo mi piel.

    Todo estaba oscuro, no habían ventanas, no habian muebles, solo en algún lugar había una puerta reforzada que no lograba distinguir ya.

    -“No hará nada”-

    Ella estaba frente a mi. Tirada en el suelo, cubierta de sangre seca, el cuerpo engullido, tan pálida que parecía un fantasma, no tenia su brazos izquierdo, no quedaba nada por debajo de su hombro donde se podía ver el hueso limpio de podredumbre y donde se podían ver a las larvas yendo de un lado para el otro.

    Las moscas estaban a nuestro alrededor buscando alimentarse de la manchas negras regadas por todas partes.

    -“Sabes que es lo que debes de hacer”-

    No quería, no quería hacerlo, papá había dicho…

    -“Papá esta muerto… Viste como lo mataron y desmembraron... Si no te das prisa terminaremos igual… Muertas… No queda mucho tiempo…”-

    Tenia razón, carajo sabia que no tenia alternativa, quise negarme de a hacer esto pero ya no podía, no podía soportarlo más.

    Incluso ahora “Eso” no le importaba si moría, no se movería de ahí si no hacia lo que él quería, lo odiaba, lo odiaba tanto, yo nunca pedí ser esto, yo nunca pedí nacer, desearía tanto que solo me mata, pero claro “Eso” alargaría tanto mi agonía como fuera posible. No me dejaría morir sin tan fácilmente.

    -Infernus… domus nostra… est… et… mundus cibus… est…-

    “El infierno es nuestra casa y el mundo es comida”

    #Horror #Original #Oc #+18 #Gore
    △Esta publicación tiene contenido gore y maneja temas sensibles, la imagen pueden causar una fuerte sensación de incomodidad e incluso puede ser perturbadora para algunos. Todo en esta publicación es únicamente ficción, después de esta advertencia es bajo el propio riesgo de cada quien continuar leyendo o ver la imágene△ ¿Sabes lo que es tener hambre? … ¿Sabes lo que es que te duela el estomago del hambre? … ¿Sabes lo que se siente estar débil por el hambre? … ¿Sabes lo que es alucinar por el hambre? … ¿Sabes lo que es sentir que tu estomago se devore a si mismo? … ¿Sabes lo que es que comer tu propia carne para saciar el hambre? … … … … -Por favor…- Apenas tenia la la fuerza suficiente para decir un miserable susurro. Ya no sabia cuanto tiempo había pasado, para este punto los segundos se sentían como días y los días como una eternidad. La habitación estaba llena de arañazos y con marcas de golpes, del piso solo habían manchas negras de la sangre podrida de días, la peste era abrumadora. De la oscuridad unas cuencas vacías me miraban, fríos y carentes de compasión alguna. -Comida…- No me podía mover, el cuerpo apenas me respondia. Ni siquiera encerrada en esas cuatro paredes podía estar en paz, el zumbido interminable de las moscas no me permitía escuchar mis pensamientos, podía sentir como las larvas de las moscas se movían bajo mi piel, cada vez enterrándoselos más en mi carne. “Eso” no dijo nada, no hizo nada, solo me veía, parecía tan entretenido en mi agonía, como si pudiera sentir alguna clase de placer con el hecho que me estubiera pudriendo. No podía perderme en los rincones más lejanos de nuestra mente, tenia tanta hambre que mis músculos se habían consumido, ahora solo era un montón de huesos cubierto de miles de gusanos que se podían verse moviéndose bajo mi piel. Todo estaba oscuro, no habían ventanas, no habian muebles, solo en algún lugar había una puerta reforzada que no lograba distinguir ya. -“No hará nada”- Ella estaba frente a mi. Tirada en el suelo, cubierta de sangre seca, el cuerpo engullido, tan pálida que parecía un fantasma, no tenia su brazos izquierdo, no quedaba nada por debajo de su hombro donde se podía ver el hueso limpio de podredumbre y donde se podían ver a las larvas yendo de un lado para el otro. Las moscas estaban a nuestro alrededor buscando alimentarse de la manchas negras regadas por todas partes. -“Sabes que es lo que debes de hacer”- No quería, no quería hacerlo, papá había dicho… -“Papá esta muerto… Viste como lo mataron y desmembraron... Si no te das prisa terminaremos igual… Muertas… No queda mucho tiempo…”- Tenia razón, carajo sabia que no tenia alternativa, quise negarme de a hacer esto pero ya no podía, no podía soportarlo más. Incluso ahora “Eso” no le importaba si moría, no se movería de ahí si no hacia lo que él quería, lo odiaba, lo odiaba tanto, yo nunca pedí ser esto, yo nunca pedí nacer, desearía tanto que solo me mata, pero claro “Eso” alargaría tanto mi agonía como fuera posible. No me dejaría morir sin tan fácilmente. -Infernus… domus nostra… est… et… mundus cibus… est…- “El infierno es nuestra casa y el mundo es comida” #Horror #Original #Oc #+18 #Gore
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  • El libro.

    En sus páginas, está la prueba de que tuvimos un pasado, la esperanza de que podemos tener un futuro. Perdido en el manto infinito e inmisericorde del infierno gélido del Este, un débil eco emana de sus páginas.

    El último rugido de nuestra sangre, de quienes nos negamos a desaparecer.

    Perdidos están, nuestro pasado, nuestro futuro, nuestras páginas. Pero no por mucho.
    El libro. En sus páginas, está la prueba de que tuvimos un pasado, la esperanza de que podemos tener un futuro. Perdido en el manto infinito e inmisericorde del infierno gélido del Este, un débil eco emana de sus páginas. El último rugido de nuestra sangre, de quienes nos negamos a desaparecer. Perdidos están, nuestro pasado, nuestro futuro, nuestras páginas. Pero no por mucho.
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  • *Tras cruzar una puerta olvidada, entras en una biblioteca infinita donde el suelo ha desaparecido bajo montañas de libros antiguos. El aire es frío y huele a pergamino viejo. Al fondo, entre cortinas de color sangre y extrañas flamas anaranjadas, hilos de humo negro se retuercen como sombras vivas.
    En el centro, sentado sobre el caos de papel con una elegancia gélida, se encuentra Yue. Su largo cabello plateado brilla contra la oscuridad y su túnica blanca permanece impecable. Sostiene un libro oscuro con delicadeza, sin despegar la vista de las páginas.

    (La voz de Yue, suave, pero con una resonancia que parece provenir de todas partes a la vez)

    "—Entrar aquí es un acto de audacia... o de estupidez monumental...—"

    *Levanta la vista del libro por primera vez. Sus ojos no son humanos; en ellos ves reflejadas la edad y la soledad de estrellas extintas. Su mirada te atraviesa, evaluándote con una indiferencia que es más aterradora que la ira.*

    "—No quedan muchos caminos para los vivos hacia el Archivo. Dime...—"

    Él ladea la cabeza con un movimiento lento, casi agudo.

    "—¿Vienes a buscar conocimiento... o vienes a convertirte en parte de él?—"
    *Tras cruzar una puerta olvidada, entras en una biblioteca infinita donde el suelo ha desaparecido bajo montañas de libros antiguos. El aire es frío y huele a pergamino viejo. Al fondo, entre cortinas de color sangre y extrañas flamas anaranjadas, hilos de humo negro se retuercen como sombras vivas. En el centro, sentado sobre el caos de papel con una elegancia gélida, se encuentra Yue. Su largo cabello plateado brilla contra la oscuridad y su túnica blanca permanece impecable. Sostiene un libro oscuro con delicadeza, sin despegar la vista de las páginas. (La voz de Yue, suave, pero con una resonancia que parece provenir de todas partes a la vez) "—Entrar aquí es un acto de audacia... o de estupidez monumental...—" *Levanta la vista del libro por primera vez. Sus ojos no son humanos; en ellos ves reflejadas la edad y la soledad de estrellas extintas. Su mirada te atraviesa, evaluándote con una indiferencia que es más aterradora que la ira.* "—No quedan muchos caminos para los vivos hacia el Archivo. Dime...—" Él ladea la cabeza con un movimiento lento, casi agudo. "—¿Vienes a buscar conocimiento... o vienes a convertirte en parte de él?—"
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