• Ya han pasado días de que ella había regresado, o aparecido, como sea que se dijera... sabía que no iba a regresar.
    ¿Cómo alguien dejaría un trabajo de reportaje para dedicarse a una librería o cafetería? Aún si era medio tiempo...

    Nicolás, se mantuvo en el mostrador y fue entonces que se dedicó a distraer su mente con algo de lectura ligera. Aunque realmente estaba cargada de emociones, intrigas y demasiados cambios en la narrativa.

    — Definitivamente ese Wickham no es de fiar... Elizabeth se merece alguien mejor... —
    Fue un pensamiento en voz alta tan espontáneo que incluso Jimmy le miró un tanto tranquilo al ver que el jefe no estaba afligido. Y es que era la primera vez que se atrevía a leer aquel libro: Orgullo y Prejuicio.


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    #DiaMundialdelLibro
    Ya han pasado días de que ella había regresado, o aparecido, como sea que se dijera... sabía que no iba a regresar. ¿Cómo alguien dejaría un trabajo de reportaje para dedicarse a una librería o cafetería? Aún si era medio tiempo... Nicolás, se mantuvo en el mostrador y fue entonces que se dedicó a distraer su mente con algo de lectura ligera. Aunque realmente estaba cargada de emociones, intrigas y demasiados cambios en la narrativa. — Definitivamente ese Wickham no es de fiar... Elizabeth se merece alguien mejor... — Fue un pensamiento en voz alta tan espontáneo que incluso Jimmy le miró un tanto tranquilo al ver que el jefe no estaba afligido. Y es que era la primera vez que se atrevía a leer aquel libro: Orgullo y Prejuicio. ------------------------------- #DiaMundialdelLibro
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  • Noticias que lo cambiarían todo
    Fandom Harry Potter
    Categoría Drama
    Thomas, como siempre, había llegado antes de la hora acordada. Era una mezcla de nervios e impaciencia, en primer lugar por ella. Por volver a ver a Rose. En segundo lugar, por la noticia que se traía entre manos. Una noticia emocionante y, cuanto menos, positiva. Aquel recóndito enclave seguía igual que siempre: tranquilo, apartado, casi parecía suspendido fuera del tiempo en aquel pequeño rincón de Bibury que ambos habían hecho suyo verano tras verano. El murmullo del agua del estrecho arroyo y el vaivén de las hojas cuya sombra se proyectaba sobre el banco de madera le eran totalmente familiares, pero aquel día todo parecía pintado de una tensión distinta, un poco más espesa.

    Se había detenido un instante a la entrada del parque antes de decidirse a entrar finalmente, con la mirada fija en el punto donde solían sentarse desde que eran unos críos. Recordaba demasiadas cosas allí. El musical sonido de la risa de Rose, las conversaciones que parecían no tener fin, las promesas que nunca habían llegado a formularse en voz alta pero que para ambos eran reales. Y ahora… ahora todo pendía de un hilo muy fino. Era emocionante. Porque si salía bien… todo saldría MUY bien. Pero si algo iba mal… sus destinos se volverían oscuros y aciagos.

    Apretaba ligeramente la mandíbula, intentando mantener la compostura. Desde que Rose le había confesado lo del compromiso con Alexander Barrow, algo en Thomas se había quebrado de forma silenciosa pero irreversible. No era capaz de aceptar la sola idea de verla unida a otro. Y mucho menos si ese “otro” era alguien vinculado a todo aquello contra lo que él luchaba cada día. La sola mención de los Barrow y su lealtad hacia Lord Voldemort le revolvía el estómago y le hacía querer vomitar bilis.

    Pero esa vez era distinto.

    Esa vez tenía algo. Lo sabía. Un hilo del que tirar. Un chivatazo limpio. Había pasado días enteros aferrándose a aquella corazonada, habia insistido en la Oficina de Aurores hasta resultar casi insoportable. No podía actuar asi debido su rango. De hecho, no. Él no solía actuar así; él mismo lo sabía. Siempre había sido metódico, racional, un digno estudiante de la casa Ravenclaw. Pero aquello no era un caso más. Era ella. Y por ella estaba dispuesto a tensar todos los límites hasta donde hiciera falta.

    La redada estaba en marcha. Todo estaba preparado. No habia vuelta atrás. Si el chivatazo era cierto como él sentía que era, aquel golpe podría desestabilizar lo suficiente a Barrow como para frenar aquella dichosa boda. Le permitiría exponer vínculos de la familia Barrow con el señor tenebroso, lo cual provocaría muchísimas investigaciones, juicios.... Y a Thomas y Rose les permitiría ganar tiempo. Les daría una oportunidad.

    Respiraba despacio, intentando parecer tranquilo, llevándose una mano al rostro durante un segundo, intentando ordenar sus pensamientos antes de verla. Porque en cuanto la pelirroja apareciera, sabía que todo lo demás dejaría de tener importancia. Siempre pasaba.

    Cuando finalmente escuchó pasos acercándose, su cuerpo reaccionó antes que su propio cerebro. Se levantó del banco, girándose después hacia el sonido, con el corazón palpitando con fuerza contra su pecho.

    Había ensayado mil veces lo que iba a decirle.

    Pero en ese instante, al saber que estaba a punto de verla, todas las palabras parecían haberse borrado de un plumazo de su memoria.

    “Por Merlín, qué mala suerte”, pensó

    Rose La—Gâre
    Thomas, como siempre, había llegado antes de la hora acordada. Era una mezcla de nervios e impaciencia, en primer lugar por ella. Por volver a ver a Rose. En segundo lugar, por la noticia que se traía entre manos. Una noticia emocionante y, cuanto menos, positiva. Aquel recóndito enclave seguía igual que siempre: tranquilo, apartado, casi parecía suspendido fuera del tiempo en aquel pequeño rincón de Bibury que ambos habían hecho suyo verano tras verano. El murmullo del agua del estrecho arroyo y el vaivén de las hojas cuya sombra se proyectaba sobre el banco de madera le eran totalmente familiares, pero aquel día todo parecía pintado de una tensión distinta, un poco más espesa. Se había detenido un instante a la entrada del parque antes de decidirse a entrar finalmente, con la mirada fija en el punto donde solían sentarse desde que eran unos críos. Recordaba demasiadas cosas allí. El musical sonido de la risa de Rose, las conversaciones que parecían no tener fin, las promesas que nunca habían llegado a formularse en voz alta pero que para ambos eran reales. Y ahora… ahora todo pendía de un hilo muy fino. Era emocionante. Porque si salía bien… todo saldría MUY bien. Pero si algo iba mal… sus destinos se volverían oscuros y aciagos. Apretaba ligeramente la mandíbula, intentando mantener la compostura. Desde que Rose le había confesado lo del compromiso con Alexander Barrow, algo en Thomas se había quebrado de forma silenciosa pero irreversible. No era capaz de aceptar la sola idea de verla unida a otro. Y mucho menos si ese “otro” era alguien vinculado a todo aquello contra lo que él luchaba cada día. La sola mención de los Barrow y su lealtad hacia Lord Voldemort le revolvía el estómago y le hacía querer vomitar bilis. Pero esa vez era distinto. Esa vez tenía algo. Lo sabía. Un hilo del que tirar. Un chivatazo limpio. Había pasado días enteros aferrándose a aquella corazonada, habia insistido en la Oficina de Aurores hasta resultar casi insoportable. No podía actuar asi debido su rango. De hecho, no. Él no solía actuar así; él mismo lo sabía. Siempre había sido metódico, racional, un digno estudiante de la casa Ravenclaw. Pero aquello no era un caso más. Era ella. Y por ella estaba dispuesto a tensar todos los límites hasta donde hiciera falta. La redada estaba en marcha. Todo estaba preparado. No habia vuelta atrás. Si el chivatazo era cierto como él sentía que era, aquel golpe podría desestabilizar lo suficiente a Barrow como para frenar aquella dichosa boda. Le permitiría exponer vínculos de la familia Barrow con el señor tenebroso, lo cual provocaría muchísimas investigaciones, juicios.... Y a Thomas y Rose les permitiría ganar tiempo. Les daría una oportunidad. Respiraba despacio, intentando parecer tranquilo, llevándose una mano al rostro durante un segundo, intentando ordenar sus pensamientos antes de verla. Porque en cuanto la pelirroja apareciera, sabía que todo lo demás dejaría de tener importancia. Siempre pasaba. Cuando finalmente escuchó pasos acercándose, su cuerpo reaccionó antes que su propio cerebro. Se levantó del banco, girándose después hacia el sonido, con el corazón palpitando con fuerza contra su pecho. Había ensayado mil veces lo que iba a decirle. Pero en ese instante, al saber que estaba a punto de verla, todas las palabras parecían haberse borrado de un plumazo de su memoria. “Por Merlín, qué mala suerte”, pensó [R0SELG]
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Tenlo en cuenta al responder.
    Tener momentos de soledad, permiten reflexionar. Aoshi valora esos momentos, los disfruta.

    Los humanos son seres sociales y muchos temen a estar solos, pero también los humanos se adaptan. Cuando el tiempo pasa, la soledad pasa a convertirse en la compañía de uno con sus pensamientos, demonios y sueños.
    Tener momentos de soledad, permiten reflexionar. Aoshi valora esos momentos, los disfruta. Los humanos son seres sociales y muchos temen a estar solos, pero también los humanos se adaptan. Cuando el tiempo pasa, la soledad pasa a convertirse en la compañía de uno con sus pensamientos, demonios y sueños.
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  • Escuchó los pasos acercarse por el pasillo gracias a su oído vampírico. Pero no se puso en guardia, ni esperaba tensión. Reconocía los pasos de su tia. Era agradable estar en casa, o al menos de vuelta en Nueva Orleans. Por mucho que se hubiera acostumbrado a la vida en el bunker con Dean, Cass, Sam, Hati y Jack -pensar en Jack provocaba siempre un vuelco en su estomago- una parte de ella habia echado de menos su hogar familiar. Ese que pareció desdibujarse para ella en su adolescencia. Pero ahora su familia estaba unida de nuevo. Y tenían un mal mayor al que plantar cara. Un mal mayor que se tornaba menos difuso a medida que los miembros de la familia Mikaelson rellenaban los huecos.

    -Hola preciosa- saludó su tia Freya acercándose a ella y recolocándole el cabello de forma cariñosa acompañando en el gesto de una caricia en la espalda de Hope.

    La tríbrida esbozó una fugaz sonrisa, pues Freya más que una tia habia sido otra madre para ella, capaz de instruirla y de guiarla desde que era una niña. Habia sido su persona de confianza en más de una ocasión y su mejor amiga durante mucho tiempo.

    -Hola -respondió Hope.

    -¿Tienes algo? -preguntó Freya mirando el amasijo de mapas, textos, libros y hechizos que Hope tenia sobre la mesa.

    -No mucho. Si papá tiene razón y nos enfrentamos a una bruja tan antigua como el mito artúrico lo cierto es que ninguno de estos hechizos nos vale de nada. Seremos cenizas en segundos si ella se empeña -frunció los labios un momento- Pero... He pensado... que no hace falta defendernos, si no protegernos... ¿Y si encontramos la forma de ser invulnerables ante cualquier ataque?

    -Si, pero Hope es imposible. No tenemos tal poder...

    -No, pero ella si... -sonrió Hope y puso sobre la mesa el dibujo que sus padres, su tio y tantas otras criaturas llevaban grabado en la piel- Esta marca actúa como vinculo entre los dos y creo que los vincula a ella. Igual que la maldición del hombre lobo o la de papá con la piedra lunar y la réplica... -miró de nuevo a su tía- Es solo un hechizo. Siempre hay puerta trasera... ¿Y si encontramos el modo de cambiar las reglas del hechizo de vinculación de las marcas?

    -Eso protegería a tus padres y Elijah, pero.. ¿y los demás? preguntó Freya.

    -Nos vinculamos entre nosotros... La tia Rebekah me conto que Esther una vez vinculó a todos sus hijos con intención de matarlos. ¿Y si ahora nos vinculamos todos para salvarnos? -preguntó con esa convicción suya tan Mikaelson.
    Escuchó los pasos acercarse por el pasillo gracias a su oído vampírico. Pero no se puso en guardia, ni esperaba tensión. Reconocía los pasos de su tia. Era agradable estar en casa, o al menos de vuelta en Nueva Orleans. Por mucho que se hubiera acostumbrado a la vida en el bunker con Dean, Cass, Sam, Hati y Jack -pensar en Jack provocaba siempre un vuelco en su estomago- una parte de ella habia echado de menos su hogar familiar. Ese que pareció desdibujarse para ella en su adolescencia. Pero ahora su familia estaba unida de nuevo. Y tenían un mal mayor al que plantar cara. Un mal mayor que se tornaba menos difuso a medida que los miembros de la familia Mikaelson rellenaban los huecos. -Hola preciosa- saludó su tia Freya acercándose a ella y recolocándole el cabello de forma cariñosa acompañando en el gesto de una caricia en la espalda de Hope. La tríbrida esbozó una fugaz sonrisa, pues Freya más que una tia habia sido otra madre para ella, capaz de instruirla y de guiarla desde que era una niña. Habia sido su persona de confianza en más de una ocasión y su mejor amiga durante mucho tiempo. -Hola -respondió Hope. -¿Tienes algo? -preguntó Freya mirando el amasijo de mapas, textos, libros y hechizos que Hope tenia sobre la mesa. -No mucho. Si papá tiene razón y nos enfrentamos a una bruja tan antigua como el mito artúrico lo cierto es que ninguno de estos hechizos nos vale de nada. Seremos cenizas en segundos si ella se empeña -frunció los labios un momento- Pero... He pensado... que no hace falta defendernos, si no protegernos... ¿Y si encontramos la forma de ser invulnerables ante cualquier ataque? -Si, pero Hope es imposible. No tenemos tal poder... -No, pero ella si... -sonrió Hope y puso sobre la mesa el dibujo que sus padres, su tio y tantas otras criaturas llevaban grabado en la piel- Esta marca actúa como vinculo entre los dos y creo que los vincula a ella. Igual que la maldición del hombre lobo o la de papá con la piedra lunar y la réplica... -miró de nuevo a su tía- Es solo un hechizo. Siempre hay puerta trasera... ¿Y si encontramos el modo de cambiar las reglas del hechizo de vinculación de las marcas? -Eso protegería a tus padres y Elijah, pero.. ¿y los demás? preguntó Freya. -Nos vinculamos entre nosotros... La tia Rebekah me conto que Esther una vez vinculó a todos sus hijos con intención de matarlos. ¿Y si ahora nos vinculamos todos para salvarnos? -preguntó con esa convicción suya tan Mikaelson.
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  • "Nosotros"
    Fandom Oc
    Categoría Drama
    —Había vuelto a ocurrir luego de tanto... No me creí capaz, pero... Simplemente ocurrió.

    Me encontraba fuera de un hotel de cinco estrellas, mi investigación me había conducido hasta aquel edificio. Allí se encontraba el hombre que estaba buscando, el hombre que había investigado durante largos meses sin dormir. A veces incluso pasaba días sin acostarme en la cama, aquella investigación vació todo de mí, yo debía encontrarlo y debía atraparlo. Me esmeré como nunca y cuando finalmente di con el blanco, no dudé en actuar.
    Aquella noche el equipo especial rodeó el edificio, todas las salidas quedaron bloqueadas y a medida que revisabamos el hotel íbamos evacuando a los civiles. Todo estaba saliendo relativamente bien, digo... No tendría por qué haber algún inconveniente en todo eso...

    A medida que fuimos avanzando, las balas comenzaron a caer por los suelos de los pasillos. Hubieron muchos muertos, civiles incluso que no pudimos ayudar. Pero por sobre todas las cosas, criminales que conseguimos abatir, sin opción a captura.
    El hombre que buscaba se llamaba Max. Era un sujeto extremadamente estratégico y peligroso. Su conducta, su estilo, su manera de actuar, todo en él era impredecible, incluso aquella noche algo dentro de mí dudaba. Aunque todas las pistas habían dado a ese hotel, algo en mí dudaba... ¿Por qué dudaba? No tenía idea... Hasta que finalmente lo vi. Estaba parado frente al gran ventanal de una de las habitaciones, bebía una copa de whisky con tranquilidad. Lo rodeamos entre todos, pero él ni siquiera pareció molestarse o asustarse. Más bien, parecía como si lo tuviera todo bajo control.

    Había sido una emboscada: los pilares principales del edificio explotaron, el hotel comenzó a derrumbarse con todo el equipo dentro. Y fue cuestión de segundos hasta que todos quedamos bajo escombros. Cuando desperté, no era yo... Tenía ese pelaje de nuevo, esas garras... Ese hocico... Lo que pasó después fue simplemente masacre. Acabé asesinando al resto de mi escuadrón a sangre fría, sin control de mí mismo.

    *Haría una pequeña pausa, suspirando mientras recordaba los acontecimientos. Levantó la mirada y observó a Samantha a los ojos por unos segundos antes de continuar.*

    —Mi superior aceptó lo que sucedió. En consecuencia me pidió tomar estas terapias con usted: dicen que es la mejor en su trabajo —Comentaría desviando la mirada—. Es el motivo por el cual estoy aquí.

    Finalizó John, sentado sobre el diván con ambas manos sobre sus rodillas y la mirada perdida, intentando no pensar demasiado en los acontecimientos. Esperó respuesta de su contraria.
    —Había vuelto a ocurrir luego de tanto... No me creí capaz, pero... Simplemente ocurrió. Me encontraba fuera de un hotel de cinco estrellas, mi investigación me había conducido hasta aquel edificio. Allí se encontraba el hombre que estaba buscando, el hombre que había investigado durante largos meses sin dormir. A veces incluso pasaba días sin acostarme en la cama, aquella investigación vació todo de mí, yo debía encontrarlo y debía atraparlo. Me esmeré como nunca y cuando finalmente di con el blanco, no dudé en actuar. Aquella noche el equipo especial rodeó el edificio, todas las salidas quedaron bloqueadas y a medida que revisabamos el hotel íbamos evacuando a los civiles. Todo estaba saliendo relativamente bien, digo... No tendría por qué haber algún inconveniente en todo eso... A medida que fuimos avanzando, las balas comenzaron a caer por los suelos de los pasillos. Hubieron muchos muertos, civiles incluso que no pudimos ayudar. Pero por sobre todas las cosas, criminales que conseguimos abatir, sin opción a captura. El hombre que buscaba se llamaba Max. Era un sujeto extremadamente estratégico y peligroso. Su conducta, su estilo, su manera de actuar, todo en él era impredecible, incluso aquella noche algo dentro de mí dudaba. Aunque todas las pistas habían dado a ese hotel, algo en mí dudaba... ¿Por qué dudaba? No tenía idea... Hasta que finalmente lo vi. Estaba parado frente al gran ventanal de una de las habitaciones, bebía una copa de whisky con tranquilidad. Lo rodeamos entre todos, pero él ni siquiera pareció molestarse o asustarse. Más bien, parecía como si lo tuviera todo bajo control. Había sido una emboscada: los pilares principales del edificio explotaron, el hotel comenzó a derrumbarse con todo el equipo dentro. Y fue cuestión de segundos hasta que todos quedamos bajo escombros. Cuando desperté, no era yo... Tenía ese pelaje de nuevo, esas garras... Ese hocico... Lo que pasó después fue simplemente masacre. Acabé asesinando al resto de mi escuadrón a sangre fría, sin control de mí mismo. *Haría una pequeña pausa, suspirando mientras recordaba los acontecimientos. Levantó la mirada y observó a Samantha a los ojos por unos segundos antes de continuar.* —Mi superior aceptó lo que sucedió. En consecuencia me pidió tomar estas terapias con usted: dicen que es la mejor en su trabajo —Comentaría desviando la mirada—. Es el motivo por el cual estoy aquí. Finalizó John, sentado sobre el diván con ambas manos sobre sus rodillas y la mirada perdida, intentando no pensar demasiado en los acontecimientos. Esperó respuesta de su contraria.
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  • 𝗙𝗼𝗿𝗼 𝗱𝗲 𝗱𝗶𝘀𝗰𝘂𝘀𝗶ó𝗻 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗹𝗼 𝗼𝗰𝘂𝗹𝘁𝗼.
    𝗘𝗻𝘁𝗿𝗮𝗱𝗮: 𝗦í𝗻𝗱𝗿𝗼𝗺𝗲 𝗱𝗲 𝗣𝗲𝘁𝗲𝗿 𝗣𝗮𝗻 𝗰𝗼𝗻 𝗘𝘀𝘁𝗲𝗿𝗼𝗶𝗱𝗲𝘀 𝗗𝗶𝘃𝗶𝗻𝗼𝘀 𝘆 𝘂𝗻𝗮 𝗖𝗼𝗽𝗮 𝗱𝗲 𝗠𝗮𝗰𝗮𝗹𝗹𝗮𝗻 𝟭𝟮 𝗮ñ𝗼𝘀.
    𝗣𝘂𝗯𝗹𝗶𝗰𝗮𝗱𝗼 𝗽𝗼𝗿 @𝗧𝗵𝗲𝗥𝗮𝘁𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹𝗖𝗮𝘁𝗮𝗹𝘆𝘀𝘁

    Es estadísticamente improbable, y sin embargo aquí estoy: rodeada de una fauna de deidades y entidades inclasificables que pululan por esta ciudad. Resulta entretenido observar cómo sus complejos de superioridad están inversamente proporcionados con su estabilidad emocional. Es fascinante, en un sentido puramente académico, notar que su desarrollo psicoconductual permanece estancado, atado a la maduración física de su envase mortal; son niños caprichosos y adolescentes hormonados con el poder de colapsar realidades.

    Me produce curiosidad estudiar los estragos que la inmortalidad causa en la psique consciente. ¿Cómo se equilibra la balanza del afecto cuando el tiempo para uno es infinito y para el otro está contado? ¿Qué clase de apego puede desarrollar un inmortal en círculos cuyos integrantes constan de fecha de caducidad? He considerado seriamente sistematizar estos hallazgos en una tesis sobre 'Patologías de lo Eterno', pero sería un pésimo uso de recursos. Mientras los medios y las instituciones sigan empeñados en el encubrimiento sistemático de lo 'sobrenatural', cualquier publicación sería tratada como ficción barata. Y no me gradué con honores para escribir literatura fantástica.

    En fin, otra noche de frustración. Al menos, el whisky que reposa en mi vaso es una constante en la que puedo confiar. Su equilibrio y maduración, son, a diferencia de estos seres salidos de otras realidades, impecables. Este destilado entiende que la maduración no es cuestión de siglos, poder, abuso y soberbia, sino de calidad estructural sostenida a lo largo del tiempo. Salud por eso.
    𝗙𝗼𝗿𝗼 𝗱𝗲 𝗱𝗶𝘀𝗰𝘂𝘀𝗶ó𝗻 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗹𝗼 𝗼𝗰𝘂𝗹𝘁𝗼. 𝗘𝗻𝘁𝗿𝗮𝗱𝗮: 𝗦í𝗻𝗱𝗿𝗼𝗺𝗲 𝗱𝗲 𝗣𝗲𝘁𝗲𝗿 𝗣𝗮𝗻 𝗰𝗼𝗻 𝗘𝘀𝘁𝗲𝗿𝗼𝗶𝗱𝗲𝘀 𝗗𝗶𝘃𝗶𝗻𝗼𝘀 𝘆 𝘂𝗻𝗮 𝗖𝗼𝗽𝗮 𝗱𝗲 𝗠𝗮𝗰𝗮𝗹𝗹𝗮𝗻 𝟭𝟮 𝗮ñ𝗼𝘀. 𝗣𝘂𝗯𝗹𝗶𝗰𝗮𝗱𝗼 𝗽𝗼𝗿 @𝗧𝗵𝗲𝗥𝗮𝘁𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹𝗖𝗮𝘁𝗮𝗹𝘆𝘀𝘁 Es estadísticamente improbable, y sin embargo aquí estoy: rodeada de una fauna de deidades y entidades inclasificables que pululan por esta ciudad. Resulta entretenido observar cómo sus complejos de superioridad están inversamente proporcionados con su estabilidad emocional. Es fascinante, en un sentido puramente académico, notar que su desarrollo psicoconductual permanece estancado, atado a la maduración física de su envase mortal; son niños caprichosos y adolescentes hormonados con el poder de colapsar realidades. Me produce curiosidad estudiar los estragos que la inmortalidad causa en la psique consciente. ¿Cómo se equilibra la balanza del afecto cuando el tiempo para uno es infinito y para el otro está contado? ¿Qué clase de apego puede desarrollar un inmortal en círculos cuyos integrantes constan de fecha de caducidad? He considerado seriamente sistematizar estos hallazgos en una tesis sobre 'Patologías de lo Eterno', pero sería un pésimo uso de recursos. Mientras los medios y las instituciones sigan empeñados en el encubrimiento sistemático de lo 'sobrenatural', cualquier publicación sería tratada como ficción barata. Y no me gradué con honores para escribir literatura fantástica. En fin, otra noche de frustración. Al menos, el whisky que reposa en mi vaso es una constante en la que puedo confiar. Su equilibrio y maduración, son, a diferencia de estos seres salidos de otras realidades, impecables. Este destilado entiende que la maduración no es cuestión de siglos, poder, abuso y soberbia, sino de calidad estructural sostenida a lo largo del tiempo. Salud por eso.
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  • —Ahora sí es martes de frescura, y con ello el siguiente pensamiento mañanoso...





    ¿Qué pasaría si un camión de Maruchan se voltea en Aguascalientes? Traigo el pendiente.
    —Ahora sí es martes de frescura, y con ello el siguiente pensamiento mañanoso... ¿Qué pasaría si un camión de Maruchan se voltea en Aguascalientes? Traigo el pendiente.
    Me enjaja
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  • 𝐋𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞 𝐧𝐢𝐞𝐠𝐚 𝐚 𝐦𝐨𝐫𝐢𝐫
    Fandom Resident Evil
    Categoría Videojuegos

    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝟏𝟎 𝒅𝒆 𝒇𝒆𝒃𝒓𝒆𝒓𝒐, 𝟐𝟎𝟐𝟏

    Con lo último que le quedaba de aliento, Ethan empujó a Chris en aquel paso, antes que las vid de la megamiceta cubrieran todo y obstaculizara el paso, dejando a ambos separados.

    Con su mano izquierda, la que tan solo quedó con tres dedos, sostuvo el detonador de la bomba con fuerza mientras observó por última vez a la bebé en los brazos ajenos. El ardor en sus ojos fue intenso, la culpa por no haber podido hacer más lo carcomía. Debió hacer mucho más. Pero eso era lo que quedaba y lo mínimo que pudo hacer para darles tiempo al escuadrón y su esposa e hija en irse de allí.

    —Adiós, Rosemary. —su voz tembló antes de retroceder con dificultad, tanto por toda la carga física, el estar deteriorándose y el dolor de tener que abandonar a su pequeña. Todo por ella. Por eso volvió al corazón de la megamiceta, la cual se irguió con impotencia. Pocos segundos después, apretó el detonador.

    La explosión cubrió toda la aldea. Un destello enorme de luz que deshizo todo a su paso sin importar el tipo de tejido o estructura, hundiendo el terreno en un gran pozo. Finalmente había terminado, Miranda no volvería, la megamiceta fue destruída. Ethan hizo todo lo que estuvo en su poder para cumplir con su promesa de que los monstruos no alcanzarían a Rose.

    O eso se creyó al principio.


    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝟏𝟓 𝒅𝒆 𝒇𝒆𝒃𝒓𝒆𝒓𝒐, 𝟐𝟎𝟐𝟏

    No sirvió.

    La megamiceta no cedió; en cambio, pareció enfurecerse por el intento en vano de ser eliminada. Como mutomiceta comenzó a expandirse por todos lados, abarcando diferentes territorios, diferentes pueblos. No fue una rapidez abrumadora, pero sí la suficiente para alertar. Las esporas que dejaba a su paso infectaban, mutaban a todo organismo que las inhalara por apenas un mínimo de segundo.

    El hongo se expandió en puntos estratégicos, unas especies de colmenas, donde se concentraba más el poder para evitar ser destruído con facilidad, fueron distribuídas en diferentes puntos. Se aferraba con total fervor a lo que tuviera cerca.

    Las personas que fueron desafortunadas viviendo en los pueblos más cercanos ni siquiera tuvieron el tiempo suficiente de entender lo que ocurría. Enfermaron de forma abrupta para luego despertar como mutaciones. Sin embargo, los pocos que lograron sobrevivir en lugares un poco más alejados pudieron dar el aviso. Pero no solo se trataba de personas o animales actuando raro y con malformaciones que podrían aterrar hasta el adulto más valiente, sino que hubo avistamientos de otro tipo de gente… algunos ni siquiera estaban seguros de que lo fueran. Se veían demasiado altos y con un porte intimidante, caminando de forma firme alrededor y deshaciéndose de los humanos infectados o lo que fuera que tuvieran en frente como si se trataran de simples gusanos. Nadie se quedaba lo suficiente para verlos mejor o siquiera intentar preguntar nada.


    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝟏𝟔 𝒅𝒆 𝒇𝒆𝒃𝒓𝒆𝒓𝒐, 𝟐𝟎𝟐𝟏

    El aire quemó, pero era imposible no querer inhalar más y más para llenar sus pulmones. Tosió, se ahogó con su propia desesperación por respirar mientras que el movimiento por los espasmos apenas lo dejaba entender qué estaba pasando.

    La mente de Ethan era un caos de confusión, con una abrumadora sensación de dolor y de que algo estaba terriblemente mal.

    No podía ver demasiado, apenas unos pocos rayos de luz colándose entre los escombros. Sentía un peso encima suyo, una presión directa en su pecho que por unos segundos no supo si era real o solamente una ilusión.

    ¿Qué es lo que ocurrió?

    Apenas tenía fragmentos de los eventos anteriores que no le daban ninguna tranquilidad y solo traían más preguntas. También parecía sentir como si hubiera otra voz en su mente intentando colarse.. no, no era una sola voz. Eran muchas, superpuestas e imposibles de entender, ¿qué era? ¿quiénes?

    Movió apenas sus brazos, los únicos que parecían tener la libertad suficiente para hacerlo, y trató de aferrarse a lo que sea. Dolió al principio, pero pudo empezar a arrastrarse al ir elevando de a poco su cuerpo. Se sentía sospechosamente liviano a pesar de las circunstancias. No lo pensó mucho, su cabeza explotaba del dolor.

    De a poco la luz se hizo más intensa hasta que, al final, el aire frío chocó contra su rostro. Miró hacia todos lados, hacia la destrucción, y algunas cosas llegaron a su mente. Estaba buscando… ¿y había personas? Algo como hombres lobo. Y esos extraños sujetos… Dimitrescu, Beneviento, Moreau, Heisenberg… Sí, los recordó. Y a Miranda.

    —Rose… —apenas salió aire de entre sus labios antes de continuar arrastrándose, solo entonces mirando hacia abajo, a sus piernas… o donde se suponía que debían estar.

    Gritó, más por la sorpresa que por alguna clase de dolor. La parte inferior de su cuerpo no estaba, pero ni siquiera había sangre u órganos esparcidos, sino un líquido negro. De hecho, gran parte de lo que quedaba de su cuerpo estaba cubierto de ello. El hongo se movía de forma lenta, pero persistente, como si algo estuviera recordando cómo debía ser y tratando de reconstruirlo

    Al estar boca abajo se volteó, tocando con manos temblorosas su cintura, el extremo donde ya luego no había nada excepto esa masa negra.

    —¿Q-Qué carajos…? —su mano izquierda estaba bien, tenía sus dos dedos faltantes. Y habría sido perfecto que sus piernas también aparecieran. Pero era extraño, ¿cómo es que estaba vivo? No se suponía que lo estuviera. Se había estado deteriorando, secando.

    Casi como si fuera orden, el hongo continuó moviéndose, poco a poco aumentando la masa desde la cintura de Ethan, dando espacio a moldearse y tomar el aspecto de sus piernas de nuevo, incluyendo su ropa. Era extraño, como una extensión ajena a él conjunto con entumecimiento.

    El estar estupefacto duró poco, o más bien, no lo suficiente. Una vez sus piernas estuvieron completas se puso de pie. Tambaleó bastante hasta que logró quedar estable, una vez más viendo todo lo que lo rodeaba. Las vid de la mutomiceta se extendían, no tan gruesas como lo fueron antes, pero seguían vivas, moviéndose con sutileza.

    —¿Por qué nada se queda muerto a la primera? —vociferó con frustración, pero también era algo conveniente. Eso se aplicaba a él, y todavía estaba ahí.

    No era momento de preguntas, tenía que buscar la forma de salir de ahí. Si la bomba no funcionó entonces solo significaba una cosa: su trabajo no terminó. Daba igual su estado, primero era asegurarse que la megamiceta sea eliminada de una vez. Solo así estaría tranquilo de que su hija no correría peligro.

    ▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔

    𝐀𝐃𝐀 𝐖𝐎𝐍𝐆
    LEON S KENNEDY
    𝓡𝓮𝓫𝓮𝓬𝓬𝓪 𝓒𝓱𝓪𝓶𝓫𝓮𝓻𝓼

    ▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔
    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝟏𝟎 𝒅𝒆 𝒇𝒆𝒃𝒓𝒆𝒓𝒐, 𝟐𝟎𝟐𝟏 Con lo último que le quedaba de aliento, Ethan empujó a Chris en aquel paso, antes que las vid de la megamiceta cubrieran todo y obstaculizara el paso, dejando a ambos separados. Con su mano izquierda, la que tan solo quedó con tres dedos, sostuvo el detonador de la bomba con fuerza mientras observó por última vez a la bebé en los brazos ajenos. El ardor en sus ojos fue intenso, la culpa por no haber podido hacer más lo carcomía. Debió hacer mucho más. Pero eso era lo que quedaba y lo mínimo que pudo hacer para darles tiempo al escuadrón y su esposa e hija en irse de allí. —Adiós, Rosemary. —su voz tembló antes de retroceder con dificultad, tanto por toda la carga física, el estar deteriorándose y el dolor de tener que abandonar a su pequeña. Todo por ella. Por eso volvió al corazón de la megamiceta, la cual se irguió con impotencia. Pocos segundos después, apretó el detonador. La explosión cubrió toda la aldea. Un destello enorme de luz que deshizo todo a su paso sin importar el tipo de tejido o estructura, hundiendo el terreno en un gran pozo. Finalmente había terminado, Miranda no volvería, la megamiceta fue destruída. Ethan hizo todo lo que estuvo en su poder para cumplir con su promesa de que los monstruos no alcanzarían a Rose. O eso se creyó al principio. ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝟏𝟓 𝒅𝒆 𝒇𝒆𝒃𝒓𝒆𝒓𝒐, 𝟐𝟎𝟐𝟏 No sirvió. La megamiceta no cedió; en cambio, pareció enfurecerse por el intento en vano de ser eliminada. Como mutomiceta comenzó a expandirse por todos lados, abarcando diferentes territorios, diferentes pueblos. No fue una rapidez abrumadora, pero sí la suficiente para alertar. Las esporas que dejaba a su paso infectaban, mutaban a todo organismo que las inhalara por apenas un mínimo de segundo. El hongo se expandió en puntos estratégicos, unas especies de colmenas, donde se concentraba más el poder para evitar ser destruído con facilidad, fueron distribuídas en diferentes puntos. Se aferraba con total fervor a lo que tuviera cerca. Las personas que fueron desafortunadas viviendo en los pueblos más cercanos ni siquiera tuvieron el tiempo suficiente de entender lo que ocurría. Enfermaron de forma abrupta para luego despertar como mutaciones. Sin embargo, los pocos que lograron sobrevivir en lugares un poco más alejados pudieron dar el aviso. Pero no solo se trataba de personas o animales actuando raro y con malformaciones que podrían aterrar hasta el adulto más valiente, sino que hubo avistamientos de otro tipo de gente… algunos ni siquiera estaban seguros de que lo fueran. Se veían demasiado altos y con un porte intimidante, caminando de forma firme alrededor y deshaciéndose de los humanos infectados o lo que fuera que tuvieran en frente como si se trataran de simples gusanos. Nadie se quedaba lo suficiente para verlos mejor o siquiera intentar preguntar nada. ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝟏𝟔 𝒅𝒆 𝒇𝒆𝒃𝒓𝒆𝒓𝒐, 𝟐𝟎𝟐𝟏 El aire quemó, pero era imposible no querer inhalar más y más para llenar sus pulmones. Tosió, se ahogó con su propia desesperación por respirar mientras que el movimiento por los espasmos apenas lo dejaba entender qué estaba pasando. La mente de Ethan era un caos de confusión, con una abrumadora sensación de dolor y de que algo estaba terriblemente mal. No podía ver demasiado, apenas unos pocos rayos de luz colándose entre los escombros. Sentía un peso encima suyo, una presión directa en su pecho que por unos segundos no supo si era real o solamente una ilusión. ¿Qué es lo que ocurrió? Apenas tenía fragmentos de los eventos anteriores que no le daban ninguna tranquilidad y solo traían más preguntas. También parecía sentir como si hubiera otra voz en su mente intentando colarse.. no, no era una sola voz. Eran muchas, superpuestas e imposibles de entender, ¿qué era? ¿quiénes? Movió apenas sus brazos, los únicos que parecían tener la libertad suficiente para hacerlo, y trató de aferrarse a lo que sea. Dolió al principio, pero pudo empezar a arrastrarse al ir elevando de a poco su cuerpo. Se sentía sospechosamente liviano a pesar de las circunstancias. No lo pensó mucho, su cabeza explotaba del dolor. De a poco la luz se hizo más intensa hasta que, al final, el aire frío chocó contra su rostro. Miró hacia todos lados, hacia la destrucción, y algunas cosas llegaron a su mente. Estaba buscando… ¿y había personas? Algo como hombres lobo. Y esos extraños sujetos… Dimitrescu, Beneviento, Moreau, Heisenberg… Sí, los recordó. Y a Miranda. —Rose… —apenas salió aire de entre sus labios antes de continuar arrastrándose, solo entonces mirando hacia abajo, a sus piernas… o donde se suponía que debían estar. Gritó, más por la sorpresa que por alguna clase de dolor. La parte inferior de su cuerpo no estaba, pero ni siquiera había sangre u órganos esparcidos, sino un líquido negro. De hecho, gran parte de lo que quedaba de su cuerpo estaba cubierto de ello. El hongo se movía de forma lenta, pero persistente, como si algo estuviera recordando cómo debía ser y tratando de reconstruirlo Al estar boca abajo se volteó, tocando con manos temblorosas su cintura, el extremo donde ya luego no había nada excepto esa masa negra. —¿Q-Qué carajos…? —su mano izquierda estaba bien, tenía sus dos dedos faltantes. Y habría sido perfecto que sus piernas también aparecieran. Pero era extraño, ¿cómo es que estaba vivo? No se suponía que lo estuviera. Se había estado deteriorando, secando. Casi como si fuera orden, el hongo continuó moviéndose, poco a poco aumentando la masa desde la cintura de Ethan, dando espacio a moldearse y tomar el aspecto de sus piernas de nuevo, incluyendo su ropa. Era extraño, como una extensión ajena a él conjunto con entumecimiento. El estar estupefacto duró poco, o más bien, no lo suficiente. Una vez sus piernas estuvieron completas se puso de pie. Tambaleó bastante hasta que logró quedar estable, una vez más viendo todo lo que lo rodeaba. Las vid de la mutomiceta se extendían, no tan gruesas como lo fueron antes, pero seguían vivas, moviéndose con sutileza. —¿Por qué nada se queda muerto a la primera? —vociferó con frustración, pero también era algo conveniente. Eso se aplicaba a él, y todavía estaba ahí. No era momento de preguntas, tenía que buscar la forma de salir de ahí. Si la bomba no funcionó entonces solo significaba una cosa: su trabajo no terminó. Daba igual su estado, primero era asegurarse que la megamiceta sea eliminada de una vez. Solo así estaría tranquilo de que su hija no correría peligro. ▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔ [glimmer_salmon_owl_865] [Leon_Kennedy] [mirage_brass_snake_762] ▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔
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  • ─────  STARTER CALL .ᐟ
    ᅠᅠ                    ♡ Elijah Vítkov

    El vuelo privado despegó del aeropuerto de Haneda con un rugido sordo que hizo vibrar cada centímetro de la estructura, una sacudida que hizo que Mine frunciera el ceño. Se encontraba cómodamente instalado en su asiento de cuero beige, rodeado por la quietud absoluta de la cabina principal. Había dispuesto que el viaje fuera así, en total soledad, pues para un hombre como él, compartir un espacio tan reducido durante doce horas con otras personas representaba una forma de tortura que no estaba dispuesto a tolerar. Con un movimiento pausado, se ajustó el cinturón de seguridad sobre la cadera, y se permitió suspirar.
    Bajo la aeronave, Tokio comenzó a encogerse rápidamente hasta convertirse en un pequeño tablero de luces de neón en la penumbra de la madrugada. Mine observó por la ventanilla cómo la ciudad que lo había visto crecer se transformaba en un punto brillante antes de ser devorada por la nada. Pronto, el Mar de Japón se extendió ante él como una inmensa mancha negra que reflejaba la luna como si fuera un espejo sobre el agua.

    ❛...❜

    Mine guardó silencio, dejando que el peso de la situación se asentara, no había vuelta atrás. Cerró los ojos durante unos segundos, no con la intención de entregarse al sueño, sino para permitir que su mente recorriera una vez más el laberinto de planes que ya había memorizado. Las cifras, los nombres, los movimientos que debía ejecutar y aquellos que era imperativo evitar.
    Una vez que el avión se estabilizó en su altitud de crucero tras un suave cabeceo, Mine se desabrochó el cinturón y se puso en pie. En ese espacio suspendido, lo único que sabía hacer bien era procesar información. Caminó hacia la pequeña mesa que hacía las veces de escritorio en la parte trasera de la cabina. Sobre ella, una carpeta de cuero negro aguardaba, Mine la abrió.
    Los números se desplegaron ante sus ojos en columnas perfectas, allí estaban las transferencias a las cuentas en Luxemburgo, las participaciones en fondos de riesgo y las patentes farmacéuticas que se subastarían en Viena. Todo parecía estar en orden, pero Mine, impulsado por la paranoia, revisó cada línea una, dos y tres veces. Entendía mejor que nadie que la perfección no existía realmente; solo existía la ilusión de la misma, construida a base de repetición y de horas de trabajo que nadie más en su mundo estaba dispuesto a invertir.

    Sus pensamientos fueron interrumpidos por la llegada de la asistente de vuelo, una mujer joven y de uniforme impecable que se acercó con una bandeja. Le ofreció un té verde, específicamente Gyokuro. Mine no había tenido que pedirlo; sus subordinados conocían sus preferencias hasta el más mínimo detalle.
    ❛ Gracias ❜, dijo él, sin siquiera dirigirle la mirada.
    La mujer inclinó la cabeza y se retiró en un silencio sepulcral. Mine tomó la taza de porcelana, sintiendo el calor reconfortante en sus manos, y bebió un sorbo. El sabor herbáceo le llenó la boca y, por un brevísimo instante, se permitió sentirse en casa. Sin embargo, la realidad era complicada: estaba a treinta mil pies de altura, volando hacia una ciudad desconocida para enfrentar un negocio que podía salir terriblemente mal. Dejó la taza a un lado y volvió a sumergirse en los números.

    Pasaron las horas y el sol se levantó sobre algún punto de Siberia, pintando las nubes con matices rosa y naranja, pero Mine ni siquiera levantó la vista de la pantalla de su portátil. Había recibido una actualización crucial: el consorcio monegasco ya estaba en Viena, alojado en el Hotel Sacher. Mine, por su parte, había optado por el Palais Coburg por estrictas razones de seguridad. Analizó a los nueve miembros del grupo: tres empresarios legítimos, cuatro intermediarios expertos y dos figuras misteriosas que habían llegado en un vuelo privado bajo nombres falsos.
    ❛ Gente que sabe cómo pasar desapercibida ❜, murmuró Mine para sí mismo, frunciendo el ceño, ❛ eso no me gusta ❜.

    Cerró el portátil y regresó a la carpeta de cuero negro. Extrajo los documentos de la subasta, protegidos en bolsas selladas, y los extendió sobre la mesa como si fueran piezas de un artefacto explosivo que pudiera estallar al menor descuido. Novecientos millones de euros estaban en juego por un monopolio sobre tratamientos oncológicos. Si ganaba, el Clan Tojo tendría estabilidad por una década; si perdía, las consecuencias serían impensables. Pero Mine no se permitía pensar en la derrota.
    El avión cruzó la línea internacional de cambio de fecha y la luz exterior cambió, volviéndose de un azul pálido e infinito. Abajo, Europa comenzó a revelarse: los picos grises de los Urales, las luces parpadeantes de Moscú y las siluetas de Varsovia y Cracovia. ❛ Faltan tres horas ❜, anunció la voz metálica del piloto a través del altavoz, ❛ aterrizaremos en Viena a las 14:30 hora local ❜.

    Mine asintió para sus adentros. Tres horas eran suficientes para repasar los perfiles de seguridad una vez más. Abrió el compartimento trasero de su carpeta y sacó los expedientes del equipo de protección de Aegis Solutions. Nombres, fotografías y especialidades. Se preguntó brevemente qué clase de vida llevarían fuera de ese entorno, pero decidió que era mejor no saberlo.

    El aterrizaje en Viena-Schwechat fue tan suave que Mine solo supo que habían llegado por el leve chirrido de los neumáticos y el rugido de los motores invirtiendo su empuje. Por la ventanilla, Viena se mostraba bajo un cielo soleado, una ciudad de palacios preciosos y techos rojizos. Mine se ajustó la corbata y respiró hondo, sintiendo la vibración de su teléfono en el bolsillo. Era un mensaje de su secretaria.
    ❛ Patriarca. Bienvenido a Viena. Los documentos con los perfiles completos del equipo de seguridad han sido reenviados a su correo cifrado. Los seleccionados por Aegis Solutions le estarán esperando así podrán discutir los últimos detalles antes del traslado al hotel. ¿Necesita algo más? ❜

    Mine escribió la respuesta con sus propios dedos, pues jamás delegaba algo tan personal como sus palabras. ❛ Gracias. Los leeré en el coche. ¿El equipo sabe cómo identificarme? ❜

    La respuesta fue inmediata: ❛ Llevarán una señal acordada. No se preocupe, patriarca. Todo está bajo control ❜.

    Se levantó, ajustó los puños de su camisa, tomó su maletín y la carpeta de cuero negro. Caminó hacia la puerta de la aeronave, donde el sol de Viena acarició su piel bronceada. Viena es... preciosa, una joya del barrocco, una ciudad donde la historia se podía apreciar a simple vista, donde los jardines del Belvedere parecen sacados de un sueño y el aroma del café recién hecho invita a la contemplación. Es una verdadera lástima que para Mine toda esa belleza fuera una secundaria en este viaje.
    ─────  STARTER CALL .ᐟ ᅠᅠ                    ♡ [fusion_bronze_monkey_923] El vuelo privado despegó del aeropuerto de Haneda con un rugido sordo que hizo vibrar cada centímetro de la estructura, una sacudida que hizo que Mine frunciera el ceño. Se encontraba cómodamente instalado en su asiento de cuero beige, rodeado por la quietud absoluta de la cabina principal. Había dispuesto que el viaje fuera así, en total soledad, pues para un hombre como él, compartir un espacio tan reducido durante doce horas con otras personas representaba una forma de tortura que no estaba dispuesto a tolerar. Con un movimiento pausado, se ajustó el cinturón de seguridad sobre la cadera, y se permitió suspirar. Bajo la aeronave, Tokio comenzó a encogerse rápidamente hasta convertirse en un pequeño tablero de luces de neón en la penumbra de la madrugada. Mine observó por la ventanilla cómo la ciudad que lo había visto crecer se transformaba en un punto brillante antes de ser devorada por la nada. Pronto, el Mar de Japón se extendió ante él como una inmensa mancha negra que reflejaba la luna como si fuera un espejo sobre el agua. ❛...❜ Mine guardó silencio, dejando que el peso de la situación se asentara, no había vuelta atrás. Cerró los ojos durante unos segundos, no con la intención de entregarse al sueño, sino para permitir que su mente recorriera una vez más el laberinto de planes que ya había memorizado. Las cifras, los nombres, los movimientos que debía ejecutar y aquellos que era imperativo evitar. Una vez que el avión se estabilizó en su altitud de crucero tras un suave cabeceo, Mine se desabrochó el cinturón y se puso en pie. En ese espacio suspendido, lo único que sabía hacer bien era procesar información. Caminó hacia la pequeña mesa que hacía las veces de escritorio en la parte trasera de la cabina. Sobre ella, una carpeta de cuero negro aguardaba, Mine la abrió. Los números se desplegaron ante sus ojos en columnas perfectas, allí estaban las transferencias a las cuentas en Luxemburgo, las participaciones en fondos de riesgo y las patentes farmacéuticas que se subastarían en Viena. Todo parecía estar en orden, pero Mine, impulsado por la paranoia, revisó cada línea una, dos y tres veces. Entendía mejor que nadie que la perfección no existía realmente; solo existía la ilusión de la misma, construida a base de repetición y de horas de trabajo que nadie más en su mundo estaba dispuesto a invertir. Sus pensamientos fueron interrumpidos por la llegada de la asistente de vuelo, una mujer joven y de uniforme impecable que se acercó con una bandeja. Le ofreció un té verde, específicamente Gyokuro. Mine no había tenido que pedirlo; sus subordinados conocían sus preferencias hasta el más mínimo detalle. ❛ Gracias ❜, dijo él, sin siquiera dirigirle la mirada. La mujer inclinó la cabeza y se retiró en un silencio sepulcral. Mine tomó la taza de porcelana, sintiendo el calor reconfortante en sus manos, y bebió un sorbo. El sabor herbáceo le llenó la boca y, por un brevísimo instante, se permitió sentirse en casa. Sin embargo, la realidad era complicada: estaba a treinta mil pies de altura, volando hacia una ciudad desconocida para enfrentar un negocio que podía salir terriblemente mal. Dejó la taza a un lado y volvió a sumergirse en los números. Pasaron las horas y el sol se levantó sobre algún punto de Siberia, pintando las nubes con matices rosa y naranja, pero Mine ni siquiera levantó la vista de la pantalla de su portátil. Había recibido una actualización crucial: el consorcio monegasco ya estaba en Viena, alojado en el Hotel Sacher. Mine, por su parte, había optado por el Palais Coburg por estrictas razones de seguridad. Analizó a los nueve miembros del grupo: tres empresarios legítimos, cuatro intermediarios expertos y dos figuras misteriosas que habían llegado en un vuelo privado bajo nombres falsos. ❛ Gente que sabe cómo pasar desapercibida ❜, murmuró Mine para sí mismo, frunciendo el ceño, ❛ eso no me gusta ❜. Cerró el portátil y regresó a la carpeta de cuero negro. Extrajo los documentos de la subasta, protegidos en bolsas selladas, y los extendió sobre la mesa como si fueran piezas de un artefacto explosivo que pudiera estallar al menor descuido. Novecientos millones de euros estaban en juego por un monopolio sobre tratamientos oncológicos. Si ganaba, el Clan Tojo tendría estabilidad por una década; si perdía, las consecuencias serían impensables. Pero Mine no se permitía pensar en la derrota. El avión cruzó la línea internacional de cambio de fecha y la luz exterior cambió, volviéndose de un azul pálido e infinito. Abajo, Europa comenzó a revelarse: los picos grises de los Urales, las luces parpadeantes de Moscú y las siluetas de Varsovia y Cracovia. ❛ Faltan tres horas ❜, anunció la voz metálica del piloto a través del altavoz, ❛ aterrizaremos en Viena a las 14:30 hora local ❜. Mine asintió para sus adentros. Tres horas eran suficientes para repasar los perfiles de seguridad una vez más. Abrió el compartimento trasero de su carpeta y sacó los expedientes del equipo de protección de Aegis Solutions. Nombres, fotografías y especialidades. Se preguntó brevemente qué clase de vida llevarían fuera de ese entorno, pero decidió que era mejor no saberlo. El aterrizaje en Viena-Schwechat fue tan suave que Mine solo supo que habían llegado por el leve chirrido de los neumáticos y el rugido de los motores invirtiendo su empuje. Por la ventanilla, Viena se mostraba bajo un cielo soleado, una ciudad de palacios preciosos y techos rojizos. Mine se ajustó la corbata y respiró hondo, sintiendo la vibración de su teléfono en el bolsillo. Era un mensaje de su secretaria. ❛ Patriarca. Bienvenido a Viena. Los documentos con los perfiles completos del equipo de seguridad han sido reenviados a su correo cifrado. Los seleccionados por Aegis Solutions le estarán esperando así podrán discutir los últimos detalles antes del traslado al hotel. ¿Necesita algo más? ❜ Mine escribió la respuesta con sus propios dedos, pues jamás delegaba algo tan personal como sus palabras. ❛ Gracias. Los leeré en el coche. ¿El equipo sabe cómo identificarme? ❜ La respuesta fue inmediata: ❛ Llevarán una señal acordada. No se preocupe, patriarca. Todo está bajo control ❜. Se levantó, ajustó los puños de su camisa, tomó su maletín y la carpeta de cuero negro. Caminó hacia la puerta de la aeronave, donde el sol de Viena acarició su piel bronceada. Viena es... preciosa, una joya del barrocco, una ciudad donde la historia se podía apreciar a simple vista, donde los jardines del Belvedere parecen sacados de un sueño y el aroma del café recién hecho invita a la contemplación. Es una verdadera lástima que para Mine toda esa belleza fuera una secundaria en este viaje.
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  • —Estoy funcionando con dos horas de sueño, pensamientos intrusivos y una galleta Oreo; estoy listo para pelear contra Dios o convertirme en él.
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