• Robin se encontraba nuevamente en su habitación, con los brazos cruzados, mirando pensativa por la ventana. La luz de las estrellas caía suavemente sobre la mesa frente a ella, pero sus pensamientos no dejaban de girar en torno a Songster. La percepción que tenía de él, siempre tan serio y contenido, la hacía cuestionarse una y otra vez si su manera de ser, tan abierta y expresiva, estaba generando una presión innecesaria sobre él.

    Sabía que él sentía algo por ella. Podía verlo en los momentos fugaces en los que sus ojos se suavizaban cuando se cruzaban, en los gestos imperceptibles que hacía para protegerla, en la forma en que su atención nunca flaqueaba a pesar de su silencio. Pero cada vez que su propia expresión de afecto se hacía evidente—un toque en su brazo, una sonrisa que esperaba que llegara al fondo de su alma—ella no podía evitar preguntarse si realmente estaba haciendo lo correcto.

    ¿Estaba él sintiendo lo mismo, o le estaba presionando a corresponderle de una forma que no quería o no podía? Robin, siempre tan abierta y efusiva, a veces se preguntaba si su constante necesidad de cercanía lo incomodaba. ¿Se sentía él atrapado en su mar de emociones, incapaz de encontrar una salida sin herirla? A veces pensaba que quizás su falta de expresión, su aparente indiferencia, no era más que una barrera de protección, una forma de evitar que ella se acercara demasiado y lo desbordara con su cariño.

    La duda se anidaba en su corazón, inquietante. Robin quería que él supiera lo mucho que significaba para ella, pero ¿y si, en su intento de demostrarlo, lo estaba alejando más? No podía evitar sentirse insegura en esos momentos, temerosa de que su deseo de conexión, tan evidente y sincero, estuviera creando una distancia entre ellos en lugar de acercarlos.
    Robin se encontraba nuevamente en su habitación, con los brazos cruzados, mirando pensativa por la ventana. La luz de las estrellas caía suavemente sobre la mesa frente a ella, pero sus pensamientos no dejaban de girar en torno a Songster. La percepción que tenía de él, siempre tan serio y contenido, la hacía cuestionarse una y otra vez si su manera de ser, tan abierta y expresiva, estaba generando una presión innecesaria sobre él. Sabía que él sentía algo por ella. Podía verlo en los momentos fugaces en los que sus ojos se suavizaban cuando se cruzaban, en los gestos imperceptibles que hacía para protegerla, en la forma en que su atención nunca flaqueaba a pesar de su silencio. Pero cada vez que su propia expresión de afecto se hacía evidente—un toque en su brazo, una sonrisa que esperaba que llegara al fondo de su alma—ella no podía evitar preguntarse si realmente estaba haciendo lo correcto. ¿Estaba él sintiendo lo mismo, o le estaba presionando a corresponderle de una forma que no quería o no podía? Robin, siempre tan abierta y efusiva, a veces se preguntaba si su constante necesidad de cercanía lo incomodaba. ¿Se sentía él atrapado en su mar de emociones, incapaz de encontrar una salida sin herirla? A veces pensaba que quizás su falta de expresión, su aparente indiferencia, no era más que una barrera de protección, una forma de evitar que ella se acercara demasiado y lo desbordara con su cariño. La duda se anidaba en su corazón, inquietante. Robin quería que él supiera lo mucho que significaba para ella, pero ¿y si, en su intento de demostrarlo, lo estaba alejando más? No podía evitar sentirse insegura en esos momentos, temerosa de que su deseo de conexión, tan evidente y sincero, estuviera creando una distancia entre ellos en lugar de acercarlos.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Tenlo en cuenta al responder.
    No tengo claro como buscar gente aquí, pero si alguien le interesa, busco amiga para relación libre o quizás más adelante para algo más formal.
    (Uso a Samus por ahora, dependiendo de como valla la situación o si encuentro a alguien podría cambiar mi personaje si es necesario, pero solo por otro que si me guste)
    No tengo claro como buscar gente aquí, pero si alguien le interesa, busco amiga para relación libre o quizás más adelante para algo más formal. (Uso a Samus por ahora, dependiendo de como valla la situación o si encuentro a alguien podría cambiar mi personaje si es necesario, pero solo por otro que si me guste)
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  • Ya eran las 6am cuando su jornada laboral finalizó, algo que ocurría todos los días puesto que era host en un club. Pero el problema en realidad no radicaba en las horas a las que acabara (aunque eso le hiciera llevar una vida un poco desajustada), era más bien la forma en la que llegaba a su casa.

    Durante las horas de trabajo debía beber mucho, pues consumía alcohol junto a los clientes (hombres y mujeres), después de todo cuantas más botellas pidiera cada cliente más dinero ganaban y más subía el en el ranking. A demás no bastaba solo con eso pues, comúnmente, al salir del trabajo iba a algún antro que aún se mantuviera abierto para beber un poco más allí, quizá consumir alguna sustancia ilícita y, si tenía suerte, tener un rapidín en el baño con algún hombre atractivo tan colocado como él.
    Algunas veces, si podía y tenía el tiempo, también se llevaba a su casa a hombres que conocía en bares o apps de citas, siempre intentando encontrar a ese perfecto dom de sus sueños. Cosa que sabía era imposible y por eso comúnmente los acababa largando a patadas de su casa al terminar (otras veces incluso a mitad del acto si se aburría demasiado)

    Estaba por regresar a su apartamento a las 8am, completamente ebrio aunque no drogado, pues no había encontrado ningún vendedor en el antro al que fue. Se había acostado con un desconocido en el baño del mencionado sitio y se tambaleaba un poco por la calle, con la ropa algo descolocada pues llevaba la chaqueta en la mano, la camisa con varios botones abiertos tanto en la parte superior como inferior y el cinturón del pantalón muy mal puesto. A través de esos botones abiertos se podían apreciar un par de chupetones en su blanca piel y, por dios, apestaba a alcohol y estaba empapado, cualquiera diría que se lo echó por el encima en lugar de beberlo (tampoco sería un pensamiento muy alejado de la realidad).

    Aún le costaba acordarse de donde vivía ya que no hacía demasiado tiempo que se mudó a ese nuevo lugar, tuvo que dejar el anterior porque los vecinos se quejaban del ruido cuando traía compañía.

    -Puta mierda todo... Hip!... Desgraciado que no aguanta ni Hip!... Ni cinco... Minutos...- Sí, iba caminando por la calle quejándose del tipo con el que tuvo relaciones en aquel baño.
    Ya eran las 6am cuando su jornada laboral finalizó, algo que ocurría todos los días puesto que era host en un club. Pero el problema en realidad no radicaba en las horas a las que acabara (aunque eso le hiciera llevar una vida un poco desajustada), era más bien la forma en la que llegaba a su casa. Durante las horas de trabajo debía beber mucho, pues consumía alcohol junto a los clientes (hombres y mujeres), después de todo cuantas más botellas pidiera cada cliente más dinero ganaban y más subía el en el ranking. A demás no bastaba solo con eso pues, comúnmente, al salir del trabajo iba a algún antro que aún se mantuviera abierto para beber un poco más allí, quizá consumir alguna sustancia ilícita y, si tenía suerte, tener un rapidín en el baño con algún hombre atractivo tan colocado como él. Algunas veces, si podía y tenía el tiempo, también se llevaba a su casa a hombres que conocía en bares o apps de citas, siempre intentando encontrar a ese perfecto dom de sus sueños. Cosa que sabía era imposible y por eso comúnmente los acababa largando a patadas de su casa al terminar (otras veces incluso a mitad del acto si se aburría demasiado) Estaba por regresar a su apartamento a las 8am, completamente ebrio aunque no drogado, pues no había encontrado ningún vendedor en el antro al que fue. Se había acostado con un desconocido en el baño del mencionado sitio y se tambaleaba un poco por la calle, con la ropa algo descolocada pues llevaba la chaqueta en la mano, la camisa con varios botones abiertos tanto en la parte superior como inferior y el cinturón del pantalón muy mal puesto. A través de esos botones abiertos se podían apreciar un par de chupetones en su blanca piel y, por dios, apestaba a alcohol y estaba empapado, cualquiera diría que se lo echó por el encima en lugar de beberlo (tampoco sería un pensamiento muy alejado de la realidad). Aún le costaba acordarse de donde vivía ya que no hacía demasiado tiempo que se mudó a ese nuevo lugar, tuvo que dejar el anterior porque los vecinos se quejaban del ruido cuando traía compañía. -Puta mierda todo... Hip!... Desgraciado que no aguanta ni Hip!... Ni cinco... Minutos...- Sí, iba caminando por la calle quejándose del tipo con el que tuvo relaciones en aquel baño.
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  • ¿Jugamos? Quizás estoy muy vieja para esto... Además es muy pequeño el traje...
    ¿Jugamos? Quizás estoy muy vieja para esto... Además es muy pequeño el traje...
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  • *Salgo de mi templo con una seriedad poco característica en mi. Suspirante, me muevo lento hasta las escaleras, sacando de mi bolsillo un papel al tiempo que alzaba mi cabeza al cielo, hablando con voz potente.*

    - Queridos miembro del Olimpo, soy su mensajero, fiel informante de la verdad y solo la verdad - Moví mi brazo libre, subiéndolo hacía el cielo con exagerada teatralidad - Aquel que vuela con el viento quizás se pierda entre los bosques más oscuros y el que antaño brillaba en el cielo y los estadios, volverá de su autoexilio, para cobrarse lo que el herrero arrebató a la cazadora... El fuego arderá y la paz comprometida se verá.

    *Con esas palabras, hice una reverencia y desaparecí de escena entre hojas removidas por el viento, mientras las nubes se acercaban y la lluvia comenzaba a caer... Menos mal que me fui rápido, por que no tenía paraguas.*
    *Salgo de mi templo con una seriedad poco característica en mi. Suspirante, me muevo lento hasta las escaleras, sacando de mi bolsillo un papel al tiempo que alzaba mi cabeza al cielo, hablando con voz potente.* - Queridos miembro del Olimpo, soy su mensajero, fiel informante de la verdad y solo la verdad - Moví mi brazo libre, subiéndolo hacía el cielo con exagerada teatralidad - Aquel que vuela con el viento quizás se pierda entre los bosques más oscuros y el que antaño brillaba en el cielo y los estadios, volverá de su autoexilio, para cobrarse lo que el herrero arrebató a la cazadora... El fuego arderá y la paz comprometida se verá. *Con esas palabras, hice una reverencia y desaparecí de escena entre hojas removidas por el viento, mientras las nubes se acercaban y la lluvia comenzaba a caer... Menos mal que me fui rápido, por que no tenía paraguas.*
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  • *Una chica sonríe mientras con una mirada tímida se dirige a quien esta al frente de ella, por su apariencia espera poder poner una buena amistad y quizás algo mas*

    -Hola, ¿Qué tal? Espero que estés bien el día de hoy... ¿Quieres salir por algo de tomar o a ver una película en algún momento?

    *Una chica sonríe mientras con una mirada tímida se dirige a quien esta al frente de ella, por su apariencia espera poder poner una buena amistad y quizás algo mas* -Hola, ¿Qué tal? Espero que estés bien el día de hoy... ¿Quieres salir por algo de tomar o a ver una película en algún momento?
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  • — Júm. Puede que lo parezca, pero tonta no soy. Quizás sólo un poco despistada, cuando entro en confianza, fufuh. —
    — Júm. Puede que lo parezca, pero tonta no soy. Quizás sólo un poco despistada, cuando entro en confianza, fufuh. —
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  • La arena no era arena, eran fragmentos de deseos olvidados que crujían como huesos bajo sus pies. El mar no era mar, sino una masa oscura y espesa que reflejaba las caras distorsionadas cada vez que la luna falsa se asomaba entre las nubes. El aire olía a sal, hierro, y...a electricidad estática. Los dedos enguantados de los Vigilantes le hundían las garras en sus brazos, marcando su piel a través de la fina tela de su vestido. Ella respiró hondo, sintiendo como las runas de supresión en sus muñecas latían en sincronía con su pulso acelerado. Cada símbolo era un clavo en su magia, un intento del Consejo por domesticar lo que era indomable.

    El Capitán de los Vigilantes avanzó, su armadura chirriaba con cada paso sobre la arena brillante. La espada rúnica en su mano dejaba un rastro de luz azulada en el aire, como si cortara la realidad misma.

    — Terminemos esto, Kael —dijo uno de Los Vigilantes, mientras ajustaba su agarre en el brazo izquierdo de Svetla— hay que llevarla ante el Consejo antes de que...

    — Antes de que ¿qué? —interrumpió ella, alzando la vista con una sonrisa desafiante. Su mechón blanco brillaba bajo la luz lunar— ¿antes de que él Capitán recuerde que...su esposa también pidió un deseo una vez? Uno que él no supo darle.

    El Capitán se tensó. El filo de su espada tembló levemente

    "Si...ahí está. La grieta en tu armadura, capitán" Pensó.

    «𝘌𝘴𝘤𝘶𝘱𝘦 𝘦𝘯 𝘴𝘶 𝘤𝘢𝘳𝘢 𝘢𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘮𝘰𝘳𝘪𝘳.» Murmuró Luc, con su silueta semitransparente flotando a un lado de ella. Pero él sabía que ella no moriría. No hoy.

    Svetla cerró los ojos y escuchó. Más allá de las palabras de los Vigilantes, que seguían discutiendo que hacer. Más allá de la voz de la sombra fantasmal que siempre la acompañaba. Más allá del crujir de sus propios pasos. Allí, estaba el verdadero sonido de ese lugar:

    𝙀𝙡 𝙢𝙖𝙧.

    No. 𝘕𝘰 𝘦𝘳𝘢 𝘴𝘰𝘭𝘰 𝘦𝘭 𝘮𝘢𝘳. No era el simple oleaje de un océano humano, sino el susurro del Primer Caos, aquel que existía antes de que los deseos tuvieran un nombre. Era un murmullo que le hablaba en lenguas olvidadas, que le recordaba lo que era: hija del abismo, tejedora de costuras entre mundos, vendedora de deseos.

    — ¿Sabes que le pasa al mar cuando alguien le pide un deseo...? —susurró Svetla.

    — Cállate —gruñó el capitan, ignorando el significado tras las palabras de la castaña— No puedes escapar, Le'ron. tus poderes están...

    — ¿Bloqueados? —Svetla rió, y en ese momento, la primera gota de sangre cayó de su nariz a la arena. Los vigilantes no la vieron hundirse en el suelo, no sintieron como los granos de deseos olvidados absorbían la gota rojiza— quizás los poderes pueden ser robados, Kael. Pero el caos... 𝘦𝘭 𝘤𝘢𝘰𝘴 𝘴𝘪𝘮𝘱𝘭𝘦𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘴.

    Con un movimiento brusco, la castaña retorció su brazo izquierdo hasta sentir el crujido del hueso dislocándose. El dolor no importaba, porque había algo que callaría al dolor pronto...la libertad.

    Las runas de supresión necesitaban contacto completo para funcionar. Un hueso fuera de lugar, una herida abierta, y la cadena se rompía por un instante. Un segundo. Un segundo era todo lo que necesitaba.

    "Ven a mi" Susurró al mar, pero no con palabras, sino con el lenguaje de las cosas que se rompen. "Cómo yo voy a ti."

    𝙀𝙡 𝙤𝙘𝙚𝙖𝙣𝙤 𝙧𝙪𝙜𝙞𝙤.

    No fue una ola lo que vino, sino una herida en el mundo que se abrió desde las profundidades hasta la orilla. Los Vigilantes gritaron cuando el agua negra les golpeó, pero el verdadero horror llegó cuando vieran lo que realmente era:

    Millones de manos translucidas, bocas abiertas en gritos silenciados, dedos que buscaban agarrar, arrastrar. Los restos de todos los deseos no pagados, las promesas rotas que el mar había recolectado desde el principio de los tiempos.

    — ¡Sueltenla! —alcanzó a gritar uno de Los Vigilantes antes de que la primera mano se cerrara alrededor de su tobillo.

    No necesitó que se lo dijeran dos veces. Con un movimiento fluido –como si el dolor de su brazo le perteneciera a otro cuerpo–, se zafó de los agarres y saltó hacia la brecha.

    El agua fría la envolvió como un vientre materno. Por un momento, todo fue silencio y oscuridad. Luego, las voces comenzaron. "𝘜𝘯 𝘰𝘫𝘰 𝘱𝘰𝘳 𝘭𝘢 𝘷𝘪𝘴𝘵𝘢 𝘮𝘢𝘴 𝘢𝘨𝘶𝘥𝘢..." "𝘜𝘯 𝘨𝘳𝘪𝘵𝘰 𝘱𝘰𝘳 𝘦𝘭 𝘴𝘪𝘭𝘦𝘯𝘤𝘪𝘰..." "𝘜𝘯 𝘩𝘪𝘫𝘰 𝘱𝘰𝘳 𝘦𝘭 𝘱𝘰𝘥𝘦𝘳..."

    Eran los ecos de los pactos que el mar recordaba. Sintió cómo sus pulmones ardían, pero no por falta de aire –nadie se ahoga aqui– sino porque el caos le preguntaba: "¿𝘘𝘶𝘦 𝘥𝘢𝘴 𝘢 𝘤𝘢𝘮𝘣𝘪𝘰, 𝘱𝘦𝘲𝘶𝘦ñ𝘢 𝘮𝘦𝘯𝘵𝘪𝘳𝘰𝘴𝘢?"

    — ¡Lo que sea! —gritó, y su voz resonó en el mismo caos como un disparo.

    El mar rió. Y entonces, la escupió.

    La castaña cayó de rodillas en la arena. Una arena que no era más que solo arena. Frente a un mar que si era mar. Otra playa, está vez en el plano primario. El agua salada que escupió estaba teñida de rojo, pero no era sangre... 𝘦𝘳𝘢𝘯 𝘱𝘦𝘵𝘢𝘭𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘶𝘯𝘢 𝘧𝘭𝘰𝘳 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘦𝘹𝘪𝘴𝘵𝘪𝘢 𝘦𝘯 𝘦𝘴𝘵𝘦 𝘮𝘶𝘯𝘥𝘰.

    A su lado, Luc se materializó, más pálido que de costumbre –como si eso fuera posible–.

    «𝘕𝘶𝘯𝘤𝘢 𝘮𝘢𝘴 𝘩𝘢𝘨𝘢𝘴 𝘦𝘴𝘰. 𝘕𝘶𝘯𝘤𝘢 𝘮𝘢𝘴 𝘭𝘭𝘢𝘮𝘦𝘴 𝘢 𝘦𝘴𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘦𝘯𝘵𝘪𝘦𝘯𝘥𝘦𝘴.» Murmuró.

    Ella no respondió. Se limitó a mirar hacia el horizonte, dónde la luna –esta vez, una real. La luna que conocía– se reflejaba sobre aguas demasiado tranquilas.

    En su muñeca, dónde antes estaban las runas de supresión, ahora había una marca nueva. Una que parecía girar si la mirabas demasiado tiempo.

    "Todo deseo tiene un costo..." Pensó, acariciando la marca.
    La arena no era arena, eran fragmentos de deseos olvidados que crujían como huesos bajo sus pies. El mar no era mar, sino una masa oscura y espesa que reflejaba las caras distorsionadas cada vez que la luna falsa se asomaba entre las nubes. El aire olía a sal, hierro, y...a electricidad estática. Los dedos enguantados de los Vigilantes le hundían las garras en sus brazos, marcando su piel a través de la fina tela de su vestido. Ella respiró hondo, sintiendo como las runas de supresión en sus muñecas latían en sincronía con su pulso acelerado. Cada símbolo era un clavo en su magia, un intento del Consejo por domesticar lo que era indomable. El Capitán de los Vigilantes avanzó, su armadura chirriaba con cada paso sobre la arena brillante. La espada rúnica en su mano dejaba un rastro de luz azulada en el aire, como si cortara la realidad misma. — Terminemos esto, Kael —dijo uno de Los Vigilantes, mientras ajustaba su agarre en el brazo izquierdo de Svetla— hay que llevarla ante el Consejo antes de que... — Antes de que ¿qué? —interrumpió ella, alzando la vista con una sonrisa desafiante. Su mechón blanco brillaba bajo la luz lunar— ¿antes de que él Capitán recuerde que...su esposa también pidió un deseo una vez? Uno que él no supo darle. El Capitán se tensó. El filo de su espada tembló levemente "Si...ahí está. La grieta en tu armadura, capitán" Pensó. «𝘌𝘴𝘤𝘶𝘱𝘦 𝘦𝘯 𝘴𝘶 𝘤𝘢𝘳𝘢 𝘢𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘮𝘰𝘳𝘪𝘳.» Murmuró Luc, con su silueta semitransparente flotando a un lado de ella. Pero él sabía que ella no moriría. No hoy. Svetla cerró los ojos y escuchó. Más allá de las palabras de los Vigilantes, que seguían discutiendo que hacer. Más allá de la voz de la sombra fantasmal que siempre la acompañaba. Más allá del crujir de sus propios pasos. Allí, estaba el verdadero sonido de ese lugar: 𝙀𝙡 𝙢𝙖𝙧. No. 𝘕𝘰 𝘦𝘳𝘢 𝘴𝘰𝘭𝘰 𝘦𝘭 𝘮𝘢𝘳. No era el simple oleaje de un océano humano, sino el susurro del Primer Caos, aquel que existía antes de que los deseos tuvieran un nombre. Era un murmullo que le hablaba en lenguas olvidadas, que le recordaba lo que era: hija del abismo, tejedora de costuras entre mundos, vendedora de deseos. — ¿Sabes que le pasa al mar cuando alguien le pide un deseo...? —susurró Svetla. — Cállate —gruñó el capitan, ignorando el significado tras las palabras de la castaña— No puedes escapar, Le'ron. tus poderes están... — ¿Bloqueados? —Svetla rió, y en ese momento, la primera gota de sangre cayó de su nariz a la arena. Los vigilantes no la vieron hundirse en el suelo, no sintieron como los granos de deseos olvidados absorbían la gota rojiza— quizás los poderes pueden ser robados, Kael. Pero el caos... 𝘦𝘭 𝘤𝘢𝘰𝘴 𝘴𝘪𝘮𝘱𝘭𝘦𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘴. Con un movimiento brusco, la castaña retorció su brazo izquierdo hasta sentir el crujido del hueso dislocándose. El dolor no importaba, porque había algo que callaría al dolor pronto...la libertad. Las runas de supresión necesitaban contacto completo para funcionar. Un hueso fuera de lugar, una herida abierta, y la cadena se rompía por un instante. Un segundo. Un segundo era todo lo que necesitaba. "Ven a mi" Susurró al mar, pero no con palabras, sino con el lenguaje de las cosas que se rompen. "Cómo yo voy a ti." 𝙀𝙡 𝙤𝙘𝙚𝙖𝙣𝙤 𝙧𝙪𝙜𝙞𝙤. No fue una ola lo que vino, sino una herida en el mundo que se abrió desde las profundidades hasta la orilla. Los Vigilantes gritaron cuando el agua negra les golpeó, pero el verdadero horror llegó cuando vieran lo que realmente era: Millones de manos translucidas, bocas abiertas en gritos silenciados, dedos que buscaban agarrar, arrastrar. Los restos de todos los deseos no pagados, las promesas rotas que el mar había recolectado desde el principio de los tiempos. — ¡Sueltenla! —alcanzó a gritar uno de Los Vigilantes antes de que la primera mano se cerrara alrededor de su tobillo. No necesitó que se lo dijeran dos veces. Con un movimiento fluido –como si el dolor de su brazo le perteneciera a otro cuerpo–, se zafó de los agarres y saltó hacia la brecha. El agua fría la envolvió como un vientre materno. Por un momento, todo fue silencio y oscuridad. Luego, las voces comenzaron. "𝘜𝘯 𝘰𝘫𝘰 𝘱𝘰𝘳 𝘭𝘢 𝘷𝘪𝘴𝘵𝘢 𝘮𝘢𝘴 𝘢𝘨𝘶𝘥𝘢..." "𝘜𝘯 𝘨𝘳𝘪𝘵𝘰 𝘱𝘰𝘳 𝘦𝘭 𝘴𝘪𝘭𝘦𝘯𝘤𝘪𝘰..." "𝘜𝘯 𝘩𝘪𝘫𝘰 𝘱𝘰𝘳 𝘦𝘭 𝘱𝘰𝘥𝘦𝘳..." Eran los ecos de los pactos que el mar recordaba. Sintió cómo sus pulmones ardían, pero no por falta de aire –nadie se ahoga aqui– sino porque el caos le preguntaba: "¿𝘘𝘶𝘦 𝘥𝘢𝘴 𝘢 𝘤𝘢𝘮𝘣𝘪𝘰, 𝘱𝘦𝘲𝘶𝘦ñ𝘢 𝘮𝘦𝘯𝘵𝘪𝘳𝘰𝘴𝘢?" — ¡Lo que sea! —gritó, y su voz resonó en el mismo caos como un disparo. El mar rió. Y entonces, la escupió. La castaña cayó de rodillas en la arena. Una arena que no era más que solo arena. Frente a un mar que si era mar. Otra playa, está vez en el plano primario. El agua salada que escupió estaba teñida de rojo, pero no era sangre... 𝘦𝘳𝘢𝘯 𝘱𝘦𝘵𝘢𝘭𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘶𝘯𝘢 𝘧𝘭𝘰𝘳 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘦𝘹𝘪𝘴𝘵𝘪𝘢 𝘦𝘯 𝘦𝘴𝘵𝘦 𝘮𝘶𝘯𝘥𝘰. A su lado, Luc se materializó, más pálido que de costumbre –como si eso fuera posible–. «𝘕𝘶𝘯𝘤𝘢 𝘮𝘢𝘴 𝘩𝘢𝘨𝘢𝘴 𝘦𝘴𝘰. 𝘕𝘶𝘯𝘤𝘢 𝘮𝘢𝘴 𝘭𝘭𝘢𝘮𝘦𝘴 𝘢 𝘦𝘴𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘦𝘯𝘵𝘪𝘦𝘯𝘥𝘦𝘴.» Murmuró. Ella no respondió. Se limitó a mirar hacia el horizonte, dónde la luna –esta vez, una real. La luna que conocía– se reflejaba sobre aguas demasiado tranquilas. En su muñeca, dónde antes estaban las runas de supresión, ahora había una marca nueva. Una que parecía girar si la mirabas demasiado tiempo. "Todo deseo tiene un costo..." Pensó, acariciando la marca.
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  • #Quiz #BitchLife

    --- Oh, vamos. No te pongas así. Tampoco es como si fuera a pedirte la clave de tu tarjeta de crédito.

    Con el vape en una mano y una revista Seventeen en la otra, Nathan se deja caer sobre el sofá.

    --- Son preguntas tontas para pasar el rato. Mira, ¿Qué tal si comienzo yo? Así nos relajamos un poco.

    Abre la revista en página marcada y lee en voz alta:

    --- 1. ¿Alguna vez te enamoraste de alguien que sabías que no te convenía?
    Oh, honey... Empezamos arriba. Claro que sí. Y más de una vez.

    2. ¿Prefieres tener sexo o hacer el amor? ¿Por qué?
    Esta es fácil. Sexo. El amor es complicado y las expectativas arruinan el momento. Pero, si alguien logra que me quede más de una noche, tal vez lo reconsidere.

    3. ¿Cuál fue el momento más vulnerable que compartiste con alguien?
    Huy, justo en el corazón. ¿Dormir en el pecho de alguien después de una noche difícil? Dejar que me vean así… Ya sabes, sin defensas… no es algo que suela pasar.

    4. Si pudieras eliminar una experiencia romántica o sexual de tu memoria, ¿cuál sería?
    ¿Romántica? ¿Sexual? Difícil elegir. Tal vez esa vez en que terminé en un lugar del que no sabía cómo salir, con más simios de los que me hubiera gustado.

    5. ¿Te sientes más atraído por las personas que te desafían o las que te hacen sentir seguro?
    Me encantan los desafíos, pero cuando alguien me hace sentir seguro… eso sí que me desarma.

    6. ¿Alguna vez fingiste una emoción para complacer a alguien en la cama?
    La actuación es parte del juego~ Y soy un buen jugador.

    7. ¿Qué es más importante para ti en una relación: pasión o estabilidad?
    Pasión, obvio. Si no hay fuego, ¿para qué molestarse? Pero supongo que un poco de estabilidad no haría daño… a veces.

    8. ¿Alguna vez te arrepentiste de haber rechazado a alguien que realmente te quería?
    Sí… pero supongo que fue lo mejor. No habría terminado bien. Nunca termina bien cuando inviertes sentimientos.

    9. ¿Cuál es la fantasía que más te cuesta admitir, incluso a ti mismo?
    Que alguien se quede. Que alguien se dé el trabajo de conocerme... Y elija quedarse.

    10. ¿Serías capaz de comprometerte con alguien que no te atrae físicamente pero te llena emocionalmente?
    Difícil. La química es importante, pero… si alguien me hace sentir que pertenezco, tal vez lo intente. Siempre podemos ser una pareja abierta~

    Tras la última pregunta, le tiende la revista.

    --- ¿Haz visto? ¿A qué ha sido divertido? Tu turno. Sin mentir ni repetir, corazón~
    #Quiz #BitchLife --- Oh, vamos. No te pongas así. Tampoco es como si fuera a pedirte la clave de tu tarjeta de crédito. Con el vape en una mano y una revista Seventeen en la otra, Nathan se deja caer sobre el sofá. --- Son preguntas tontas para pasar el rato. Mira, ¿Qué tal si comienzo yo? Así nos relajamos un poco. Abre la revista en página marcada y lee en voz alta: --- 1. ¿Alguna vez te enamoraste de alguien que sabías que no te convenía? Oh, honey... Empezamos arriba. Claro que sí. Y más de una vez. 2. ¿Prefieres tener sexo o hacer el amor? ¿Por qué? Esta es fácil. Sexo. El amor es complicado y las expectativas arruinan el momento. Pero, si alguien logra que me quede más de una noche, tal vez lo reconsidere. 3. ¿Cuál fue el momento más vulnerable que compartiste con alguien? Huy, justo en el corazón. ¿Dormir en el pecho de alguien después de una noche difícil? Dejar que me vean así… Ya sabes, sin defensas… no es algo que suela pasar. 4. Si pudieras eliminar una experiencia romántica o sexual de tu memoria, ¿cuál sería? ¿Romántica? ¿Sexual? Difícil elegir. Tal vez esa vez en que terminé en un lugar del que no sabía cómo salir, con más simios de los que me hubiera gustado. 5. ¿Te sientes más atraído por las personas que te desafían o las que te hacen sentir seguro? Me encantan los desafíos, pero cuando alguien me hace sentir seguro… eso sí que me desarma. 6. ¿Alguna vez fingiste una emoción para complacer a alguien en la cama? La actuación es parte del juego~ Y soy un buen jugador. 7. ¿Qué es más importante para ti en una relación: pasión o estabilidad? Pasión, obvio. Si no hay fuego, ¿para qué molestarse? Pero supongo que un poco de estabilidad no haría daño… a veces. 8. ¿Alguna vez te arrepentiste de haber rechazado a alguien que realmente te quería? Sí… pero supongo que fue lo mejor. No habría terminado bien. Nunca termina bien cuando inviertes sentimientos. 9. ¿Cuál es la fantasía que más te cuesta admitir, incluso a ti mismo? Que alguien se quede. Que alguien se dé el trabajo de conocerme... Y elija quedarse. 10. ¿Serías capaz de comprometerte con alguien que no te atrae físicamente pero te llena emocionalmente? Difícil. La química es importante, pero… si alguien me hace sentir que pertenezco, tal vez lo intente. Siempre podemos ser una pareja abierta~ Tras la última pregunta, le tiende la revista. --- ¿Haz visto? ¿A qué ha sido divertido? Tu turno. Sin mentir ni repetir, corazón~
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  • - Espíritu Mariposa .

    Caminaba en silencio en los bastos jardines del Palacio Basil, era ya media noche, quizás un poco más tarde, como es costumbre solitario, silencioso, la silueta del varón es acompañada del olor a tabaco quemando, en sus manos la chispa roja de un cigarro a medio terminar, las Lunas de Basilia ofrecen luz radiante, los lotos negros de la familia Zeilen florecen, los jardines son extensos, planicies adornadas de flores distintas, el suelo a distancia parece un alfombrado de diversos colores, el Basilio lentamente se aleja del jardín, dejando atrás el imponente palacio Basilio, caminaba Zet por el pasillo de las Feridas, ahí cada una de las cinco espadas del Rey Dragón posee una imagen tallada en mármol, refinados y con detalles únicos que le caracterizan, fueron estás en su momento las señoras de la guerra, dos a su derecha y dos a su izquierda en medio un pasillo de cristal, al frente la imagen de Ana la primera, así se completaba el pasillo imperial, Zet dejo atrás el pasillo y siguió su camino, acabado ya el cigarro enciende otro y sigue avanzando, vestido con nada más que un pantalón de tela ligera y unas sandalias, una gabardina cubre su espalda dejando ver el pecho desnudo del imponente Rey, lejos del palacio, lejos del pasillo imperial, caminaba el varón en medio del bosque que rodea el palacio, buscando él las aguas del Lago Hakap, en silencio, las lunas de Basilia hacen brillar como estrellas azules las rosas que bordean el lago, cientos, Miles, era ya el tiempo de que florecieran y se manifestarán, tan hermosas y peligrosas, las rosas azules y su temido veneno del olvido, acercándose al tronco de un árbol caído ahí tomo asiento, en silencio admirando sus rosas desde lejos, en medio del hermoso paisaje algo capta su atención, una mariposa, mucho más grande que todas las que había tenido el placer de admirar antes, de hermosas alas blancas con destellos semejantes as escarcha, parece dejar un rastro de energía blanca al sobrevolar las aguas, era aquella mariposa extraña y diferente, normalmente no se dejan ver durante las noches y aunque miles existen en Basilia y miles ha visto el Rey, ninguna es semejante a la que admiraba sobrevolar el lago, tan única y tan distante, ha robado una sonrisa en el rostro del Rey Dragón y ha dejado en su mirada un leve brillo que expresaba nostalgia, ha recordado algo y ha dicho el Rey ..

    - De Miles conocidas y muchas parecidas, ninguna como tú .
    - Espíritu Mariposa . Caminaba en silencio en los bastos jardines del Palacio Basil, era ya media noche, quizás un poco más tarde, como es costumbre solitario, silencioso, la silueta del varón es acompañada del olor a tabaco quemando, en sus manos la chispa roja de un cigarro a medio terminar, las Lunas de Basilia ofrecen luz radiante, los lotos negros de la familia Zeilen florecen, los jardines son extensos, planicies adornadas de flores distintas, el suelo a distancia parece un alfombrado de diversos colores, el Basilio lentamente se aleja del jardín, dejando atrás el imponente palacio Basilio, caminaba Zet por el pasillo de las Feridas, ahí cada una de las cinco espadas del Rey Dragón posee una imagen tallada en mármol, refinados y con detalles únicos que le caracterizan, fueron estás en su momento las señoras de la guerra, dos a su derecha y dos a su izquierda en medio un pasillo de cristal, al frente la imagen de Ana la primera, así se completaba el pasillo imperial, Zet dejo atrás el pasillo y siguió su camino, acabado ya el cigarro enciende otro y sigue avanzando, vestido con nada más que un pantalón de tela ligera y unas sandalias, una gabardina cubre su espalda dejando ver el pecho desnudo del imponente Rey, lejos del palacio, lejos del pasillo imperial, caminaba el varón en medio del bosque que rodea el palacio, buscando él las aguas del Lago Hakap, en silencio, las lunas de Basilia hacen brillar como estrellas azules las rosas que bordean el lago, cientos, Miles, era ya el tiempo de que florecieran y se manifestarán, tan hermosas y peligrosas, las rosas azules y su temido veneno del olvido, acercándose al tronco de un árbol caído ahí tomo asiento, en silencio admirando sus rosas desde lejos, en medio del hermoso paisaje algo capta su atención, una mariposa, mucho más grande que todas las que había tenido el placer de admirar antes, de hermosas alas blancas con destellos semejantes as escarcha, parece dejar un rastro de energía blanca al sobrevolar las aguas, era aquella mariposa extraña y diferente, normalmente no se dejan ver durante las noches y aunque miles existen en Basilia y miles ha visto el Rey, ninguna es semejante a la que admiraba sobrevolar el lago, tan única y tan distante, ha robado una sonrisa en el rostro del Rey Dragón y ha dejado en su mirada un leve brillo que expresaba nostalgia, ha recordado algo y ha dicho el Rey .. - De Miles conocidas y muchas parecidas, ninguna como tú .
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