• Qué insolentes son los humanos de esta época, rechazarme a mí, ¡a mí! Si supieran el privilegio que es ser mi médium... Aunque, quizás no debí usar "fiel sirviente" para describir sus labores... jm...
    Qué insolentes son los humanos de esta época, rechazarme a mí, ¡a mí! Si supieran el privilegio que es ser mi médium... Aunque, quizás no debí usar "fiel sirviente" para describir sus labores... jm...
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    ;; DOS AÑOS DE ESTA OTP Emmeline Bletchley. Dos años que han pasado despacito en la trama para Emmeline y Acheron, pero qué bonito que es no tener prisa y no precipitar las cosas. A pasitos de tortuga, si. Pero tan preciosos como ellos solos.

    Emmeline y tú sois unas santas por soportarnos a este memo y a mi ♥
    ;; DOS AÑOS DE ESTA OTP [EmmlineB]. Dos años que han pasado despacito en la trama para Emmeline y Acheron, pero qué bonito que es no tener prisa y no precipitar las cosas. A pasitos de tortuga, si. Pero tan preciosos como ellos solos. Emmeline y tú sois unas santas por soportarnos a este memo y a mi ♥
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  • *Después de la caída temporal de la plataforma, me desplazo caminando de un lado a otro observando los estragos que había provocado la caída y lo desolado que estaba todo por aquí.*

    "Hmmmmm.....no sé ve nadie en las cercanías..."

    *Después de la caída temporal de la plataforma, me desplazo caminando de un lado a otro observando los estragos que había provocado la caída y lo desolado que estaba todo por aquí.* "Hmmmmm.....no sé ve nadie en las cercanías..."
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  • ㅤㅤㅤㅤ“𝑬𝒔𝒕𝒐𝒚 𝒕𝒂𝒏 𝒐𝒓𝒈𝒖𝒍𝒍𝒐𝒔𝒐…

    ㅤㅤㅤㅤㅤ𝒕𝒂𝒏 𝒐𝒓𝒈𝒖𝒍𝒍𝒐𝒔𝒐 𝒅𝒆 𝒕𝒊.

    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝑻𝒆 𝒂𝒎𝒐, 𝑹𝒐𝒔𝒆.”


    Las últimas palabras que le dedicó a su hija antes de desvanecerse, antes que todo dejara de tener sentido. Excepto una cosa: el querer protegerla.

    Tal vez Rose creyó que ese había sido el final, una despedida. Y, durante un tiempo, también lo fue para él. Pero Ethan no pudo aceptarlo.

    Pasó más tiempo del que hubiera querido. Aun así, siguió ahí… observando desde algún lugar que no terminaba de comprender. Hasta que, de alguna forma, encontró el camino de regreso. No se lo cuestionó, no esta vez.

    El Moho le dio otra oportunidad y no dudó en tomarla, todo por ella. Una vez más iba a poder protegerla, pero a distancia.

    Pudo haber vuelto con ella, y tal vez con Mia. Sin embargo, había demasiado en juego; habrían demasiados ojos, preguntas a las que no tenía respuesta, ni siquiera si llegaban a preguntarle de sí mismo.

    No lo entendía, el volver a existir. Y eso sería un problema también, llamaría demasiado la atención.

    Quedarse oculto fue lo más lógico. O tal vez se trató de su paranoia hablando. De cualquier forma, se mantuvo así, lejos de ser visto o reconocido. Pero sabía que solo era cuestión de tiempo porque nada duraba para siempre.
    ㅤㅤㅤㅤ“𝑬𝒔𝒕𝒐𝒚 𝒕𝒂𝒏 𝒐𝒓𝒈𝒖𝒍𝒍𝒐𝒔𝒐… ㅤㅤㅤㅤㅤ𝒕𝒂𝒏 𝒐𝒓𝒈𝒖𝒍𝒍𝒐𝒔𝒐 𝒅𝒆 𝒕𝒊. ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝑻𝒆 𝒂𝒎𝒐, 𝑹𝒐𝒔𝒆.” Las últimas palabras que le dedicó a su hija antes de desvanecerse, antes que todo dejara de tener sentido. Excepto una cosa: el querer protegerla. Tal vez Rose creyó que ese había sido el final, una despedida. Y, durante un tiempo, también lo fue para él. Pero Ethan no pudo aceptarlo. Pasó más tiempo del que hubiera querido. Aun así, siguió ahí… observando desde algún lugar que no terminaba de comprender. Hasta que, de alguna forma, encontró el camino de regreso. No se lo cuestionó, no esta vez. El Moho le dio otra oportunidad y no dudó en tomarla, todo por ella. Una vez más iba a poder protegerla, pero a distancia. Pudo haber vuelto con ella, y tal vez con Mia. Sin embargo, había demasiado en juego; habrían demasiados ojos, preguntas a las que no tenía respuesta, ni siquiera si llegaban a preguntarle de sí mismo. No lo entendía, el volver a existir. Y eso sería un problema también, llamaría demasiado la atención. Quedarse oculto fue lo más lógico. O tal vez se trató de su paranoia hablando. De cualquier forma, se mantuvo así, lejos de ser visto o reconocido. Pero sabía que solo era cuestión de tiempo porque nada duraba para siempre.
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    ****Edad del Caos****
    -La Primera Anomalía

    Lejos del alcance inmediato de su padre, Yen’naferiel fue trasladada a un templo secundario por orden de Arcyelle Veltharys. No fue un acto de traición, sino de desesperación. La Santa buscaba ganar tiempo, desviando su destino para poder rescatarla después. Sin embargo, el error fue sutil y fatal: aquel templo no estaba vacío, sino ocupado por investigadores Elunai que esperaban su traslado.

    Sin saberlo, Arcyelle la había entregado directamente en manos de quienes no debían encontrarla.

    La niña fue llevada a un laboratorio oculto, donde su consciencia fue apagada mediante magia de sueño. Bajo hechizos de evaluación, los Elunai comenzaron a estudiar su esencia. Los resultados los inquietaron desde el inicio: su capacidad de aprendizaje superaba incluso la de los magos más dotados. Uno de ellos, en un intento de restar peso a lo que observaba, bromeó con que la niña parecía poseer una insaciable hambre de conocimiento, una "Gula" según sus palabras.

    Su estructura era anómala. Su “pureza” no significaba perfección, sino compatibilidad absoluta. Yen’naferiel no estaba limitada por las barreras que regían a los Elunai. En teoría, podría engendrar descendencia con cualquier raza: Elunai, Nómadas… incluso demonios.

    Ese pensamiento sembró temor, no por lo que era… sino por lo que podría llegar a crear.

    Cuando despertó, no fue recibida por cadenas ni interrogatorios, sino por una ilusión cuidadosamente diseñada. Ante ella apareció una vasta biblioteca, y junto a ella, la figura de su madre, Selin, construida con magia.

    Yen no dudó, corrió hacia ella, la ilusión respondió con dulzura, guiándola hacia los libros, observando y esperando. Aquello no era compasión, sino experimento. Querían medir cuánto podía aprender y qué tan rápido.

    La niña tomó un libro. Sus páginas estaban llenas de complejos círculos mágicos, diseñados para producir un efecto trivial: pequeñas burbujas de agua. Hechizos inútiles, usados solo como prueba de comprensión.

    Los ojos de Yen recorrieron las líneas y sonrió, sin pronunciar palabra, trazó el círculo con su propio maná bajo los pies de la falsa Selin. Las burbujas comenzaron a emerger, flotando suavemente en el aire. Los observadores, ocultos tras su velo de invisibilidad contuvieron la respiración, aquello ya era impresionante, pero luego algo cambió.

    Las burbujas dejaron de ser transparentes. Su color se tornó rojo, espeso, como si cada una estuviera hecha de sangre. La más grande envolvió a la falsa Selin, sellándola en su interior. El aire desapareció y la ilusión comenzó a fallar, el cuerpo que la sostenía, la Elunai real, no podía escapar.

    No había oxígeno, no había forma de romper la prisión. Yen la observaba ya no como una niña.

    La voz que salió de ella no era furiosa, sino fría, precisa y sobre todo molesta. Aquella figura no era su madre, podía sentirlo, su maná era incorrecto, incompleto, además faltaba algo. Faltaba la vida que Selin llevaba dentro.

    Yen le expreso el asco que sintió por ella al sentir su mana sucio y falso. Los investigadores emergieron entonces, abandonando su escondite e intentaron contenerla, pero ya era tarde. Las mismas burbujas que consideraban inofensivas se convirtieron en jaulas mortales. Uno a uno, fueron atrapados en esferas donde el aire no existía.

    El experimento había terminado y el resultado era claro. Tuvieron que intervenir soldados para someterla por la fuerza. No fue fácil e incluso siendo una niña, su control era preciso, casi instintivo pero finalmente, fue contenida y encerrada.

    Los informes posteriores fueron unánimes... Yen’naferiel no era solo una anomalía, era un peligro, no solo por su poder bruto… sino por su capacidad de comprender, alterar y perfeccionar.

    Donde otros veían un hechizo inútil… ella veía una herramienta, donde otros seguían reglas… ella las reescribía.

    Y en medio del silencio que siguió a aquel incidente, uno de los Elunai se atrevió a decir lo que muchos ya pensaban pero ninguno quería admitir. Aquello que habitaba en la niña no podía ser llamado poder, no en el sentido puro que ellos conocían. No era la luz de los dioses, ni la armonía del maná. Era algo distinto, algo que tomaba lo simple, lo inocente y lo deformaba en algo peligroso. Un hechizo infantil convertido en una trampa mortal. Una risa suave escondiendo una mente que analizaba sin emoción. Para ellos, eso no era el don de una niña… sino la manifestación de algo oscuro. Algo que corrompía desde su origen. Y fue entonces cuando, por primera vez, comenzaron a llamarla en susurros: La hija del monstruo.

    No porque conocieran la verdad… sino porque, incluso antes de que el caos descendiera sobre ellos, ya temían aquello que la había creado.
    ****Edad del Caos**** -La Primera Anomalía Lejos del alcance inmediato de su padre, Yen’naferiel fue trasladada a un templo secundario por orden de Arcyelle Veltharys. No fue un acto de traición, sino de desesperación. La Santa buscaba ganar tiempo, desviando su destino para poder rescatarla después. Sin embargo, el error fue sutil y fatal: aquel templo no estaba vacío, sino ocupado por investigadores Elunai que esperaban su traslado. Sin saberlo, Arcyelle la había entregado directamente en manos de quienes no debían encontrarla. La niña fue llevada a un laboratorio oculto, donde su consciencia fue apagada mediante magia de sueño. Bajo hechizos de evaluación, los Elunai comenzaron a estudiar su esencia. Los resultados los inquietaron desde el inicio: su capacidad de aprendizaje superaba incluso la de los magos más dotados. Uno de ellos, en un intento de restar peso a lo que observaba, bromeó con que la niña parecía poseer una insaciable hambre de conocimiento, una "Gula" según sus palabras. Su estructura era anómala. Su “pureza” no significaba perfección, sino compatibilidad absoluta. Yen’naferiel no estaba limitada por las barreras que regían a los Elunai. En teoría, podría engendrar descendencia con cualquier raza: Elunai, Nómadas… incluso demonios. Ese pensamiento sembró temor, no por lo que era… sino por lo que podría llegar a crear. Cuando despertó, no fue recibida por cadenas ni interrogatorios, sino por una ilusión cuidadosamente diseñada. Ante ella apareció una vasta biblioteca, y junto a ella, la figura de su madre, Selin, construida con magia. Yen no dudó, corrió hacia ella, la ilusión respondió con dulzura, guiándola hacia los libros, observando y esperando. Aquello no era compasión, sino experimento. Querían medir cuánto podía aprender y qué tan rápido. La niña tomó un libro. Sus páginas estaban llenas de complejos círculos mágicos, diseñados para producir un efecto trivial: pequeñas burbujas de agua. Hechizos inútiles, usados solo como prueba de comprensión. Los ojos de Yen recorrieron las líneas y sonrió, sin pronunciar palabra, trazó el círculo con su propio maná bajo los pies de la falsa Selin. Las burbujas comenzaron a emerger, flotando suavemente en el aire. Los observadores, ocultos tras su velo de invisibilidad contuvieron la respiración, aquello ya era impresionante, pero luego algo cambió. Las burbujas dejaron de ser transparentes. Su color se tornó rojo, espeso, como si cada una estuviera hecha de sangre. La más grande envolvió a la falsa Selin, sellándola en su interior. El aire desapareció y la ilusión comenzó a fallar, el cuerpo que la sostenía, la Elunai real, no podía escapar. No había oxígeno, no había forma de romper la prisión. Yen la observaba ya no como una niña. La voz que salió de ella no era furiosa, sino fría, precisa y sobre todo molesta. Aquella figura no era su madre, podía sentirlo, su maná era incorrecto, incompleto, además faltaba algo. Faltaba la vida que Selin llevaba dentro. Yen le expreso el asco que sintió por ella al sentir su mana sucio y falso. Los investigadores emergieron entonces, abandonando su escondite e intentaron contenerla, pero ya era tarde. Las mismas burbujas que consideraban inofensivas se convirtieron en jaulas mortales. Uno a uno, fueron atrapados en esferas donde el aire no existía. El experimento había terminado y el resultado era claro. Tuvieron que intervenir soldados para someterla por la fuerza. No fue fácil e incluso siendo una niña, su control era preciso, casi instintivo pero finalmente, fue contenida y encerrada. Los informes posteriores fueron unánimes... Yen’naferiel no era solo una anomalía, era un peligro, no solo por su poder bruto… sino por su capacidad de comprender, alterar y perfeccionar. Donde otros veían un hechizo inútil… ella veía una herramienta, donde otros seguían reglas… ella las reescribía. Y en medio del silencio que siguió a aquel incidente, uno de los Elunai se atrevió a decir lo que muchos ya pensaban pero ninguno quería admitir. Aquello que habitaba en la niña no podía ser llamado poder, no en el sentido puro que ellos conocían. No era la luz de los dioses, ni la armonía del maná. Era algo distinto, algo que tomaba lo simple, lo inocente y lo deformaba en algo peligroso. Un hechizo infantil convertido en una trampa mortal. Una risa suave escondiendo una mente que analizaba sin emoción. Para ellos, eso no era el don de una niña… sino la manifestación de algo oscuro. Algo que corrompía desde su origen. Y fue entonces cuando, por primera vez, comenzaron a llamarla en susurros: La hija del monstruo. No porque conocieran la verdad… sino porque, incluso antes de que el caos descendiera sobre ellos, ya temían aquello que la había creado.
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  • Lo mismo que también me sucede con las dos opciones del vestido que escogí para la segunda boda que se celebrará en el mundo humano
    Lo mismo que también me sucede con las dos opciones del vestido que escogí para la segunda boda que se celebrará en el mundo humano
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  • — ¿Cómo podría abandonar un alma que está a punto de colapsar?. Es mi deber estar ahí.— Mascullo en su interior « para verlo caer más profundo » dibujando sobre su rostro una teatral sonrisa.
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  • El tintinear suave de una cucharilla contra la cerámica fue, por un momento, el sonido más importante del mundo, el placer más grande que podía experimentar. Masthian apoyó el codo sobre la barra, girando distraídamente una taza entre sus dedos, hasta dejarla perfectamente alineada con el patrón del platito. La cafetería respiraba en calma: un par de mesas ocupadas, murmullos bajos, nada caótico aún, a diferencia de cómo eran las mañanas.
    —Ojalá siempre fuera época de exámenes… —murmuró para sí, escondiéndose detrás de la vitrina con pastelitos, observando de reojo a las muchachas que estudiaban frente a la barra, unas cuantas mesas más allá.


    Disfrutaba la vista, disfrutaba el pasar de aquellas chicas sin más preocupaciones que las notas de clase, las fiestas sabatinas y algún que otro romance. No eran menores a él, de hecho estaba seguro que la mayoría serían unos cuantos años por los menos más grandes, pero ahí estaba él con una cafetería propia recién abierta y todo el tiempo del mundo para sacar más de un número telefónico de alguna que otra universitaria.
    La campanilla de la puerta sonó y Masthian solo tuvó que ver de reojo para reconocer la caballera negra. No sabía cómo se llamaba, pero sus ojos serían inconfundibles. Una sonrisa le cruzó el rostro y en automático estiró la mano para poner la taza en la cafetera.

    — ¿Esta vez si vas a aceptar la sugerencia de la casa o te sirvo lo mismo? —
    El tintinear suave de una cucharilla contra la cerámica fue, por un momento, el sonido más importante del mundo, el placer más grande que podía experimentar. Masthian apoyó el codo sobre la barra, girando distraídamente una taza entre sus dedos, hasta dejarla perfectamente alineada con el patrón del platito. La cafetería respiraba en calma: un par de mesas ocupadas, murmullos bajos, nada caótico aún, a diferencia de cómo eran las mañanas. —Ojalá siempre fuera época de exámenes… —murmuró para sí, escondiéndose detrás de la vitrina con pastelitos, observando de reojo a las muchachas que estudiaban frente a la barra, unas cuantas mesas más allá. Disfrutaba la vista, disfrutaba el pasar de aquellas chicas sin más preocupaciones que las notas de clase, las fiestas sabatinas y algún que otro romance. No eran menores a él, de hecho estaba seguro que la mayoría serían unos cuantos años por los menos más grandes, pero ahí estaba él con una cafetería propia recién abierta y todo el tiempo del mundo para sacar más de un número telefónico de alguna que otra universitaria. La campanilla de la puerta sonó y Masthian solo tuvó que ver de reojo para reconocer la caballera negra. No sabía cómo se llamaba, pero sus ojos serían inconfundibles. Una sonrisa le cruzó el rostro y en automático estiró la mano para poner la taza en la cafetera. — ¿Esta vez si vas a aceptar la sugerencia de la casa o te sirvo lo mismo? —
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  • Pasa otra vez, se fue el último tren,
    El camino de vuelta se siente peor que ayer.
    Y sin pensar me pongo a caminar,
    ¿Qué más da? No hay nadie esperando mi llegar.

    Aspiro fuerte, aroma a soledad,
    Mis pulmones resisten, mas quieren colapsar.
    Quiero pensar, una frase especial
    De las que decías, pero no hay tiempo,
    Hay que caminar.

    Es un borrón,
    El mundo entero es ruido sin alma y sin intención.
    No me hagas intentar,
    ¿Por qué no dejamos que esto nos consuma y ya?

    Y estás, de pronto, ahí en frente.
    "Ven, aquí estoy, corre hacia mí".
    Pero olvidé cómo moverme,
    ¿O es que aprendí, por fin, lo que es real?

    Y pasa otra vez, se fue el último tren,
    El camino de vuelta se siente peor que ayer.
    Y sin pensar me pongo a caminar,
    ¿Qué más da? No hay nadie esperando mi llegar.

    https://www.youtube.com/watch?v=UnIhRpIT7nc
    Pasa otra vez, se fue el último tren, El camino de vuelta se siente peor que ayer. Y sin pensar me pongo a caminar, ¿Qué más da? No hay nadie esperando mi llegar. Aspiro fuerte, aroma a soledad, Mis pulmones resisten, mas quieren colapsar. Quiero pensar, una frase especial De las que decías, pero no hay tiempo, Hay que caminar. Es un borrón, El mundo entero es ruido sin alma y sin intención. No me hagas intentar, ¿Por qué no dejamos que esto nos consuma y ya? Y estás, de pronto, ahí en frente. "Ven, aquí estoy, corre hacia mí". Pero olvidé cómo moverme, ¿O es que aprendí, por fin, lo que es real? Y pasa otra vez, se fue el último tren, El camino de vuelta se siente peor que ayer. Y sin pensar me pongo a caminar, ¿Qué más da? No hay nadie esperando mi llegar. https://www.youtube.com/watch?v=UnIhRpIT7nc
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  • No crees que es algo , molesto hacer ruido ya que estaba durmiendo y me interrupes
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