Vincent llevaba semanas enfermo. Aún no entendía cómo se había enfermado ni tenía idea de qué tipo de resfriado tenía, pero estaba harto de toser hasta sentir que todo el cuerpo le dolía por el esfuerzo. Las consultas médicas tenían siempre el mismo tipo de resultado: Es una infección, necesita medicamento, reposo y tomar muchos líquidos. Diagnósticos similares que oscilaban entre un simple resfrío, una infección de garganta o hasta influenza estacional. Lo entendía, comprendía que era una enfermedad de tiempo y que no debía durar mucho si tomaba los medicamentos correctos acorde a las indicaciones del médico pero... ¿Cuanto más medicamento iba tomar para estar bien?
— Según este jarabe es muy bueno.
Habló consigo mismo mientras que revisaba el frasco con medicamento. La farmacia tenía variedad de jarabes que, hasta ese momento, creía haber probado todos como si se tratara de sabores en una heladería: Jarabes simples, jarabes se fresa, jarabes de uva, jarabes de miel y limón; pastillas de ambroxol, paletas de miel, té caliente de eucalipto con limón y miel; pastillas para adormecer la garganta. Hasta había considerado los remedios caseros de tomar agua caliente con Jengibre, ajo y quién sabe qué otras cosas para encontrar una solución a su tos.
— Llevo tres semanas sintiéndome así, y ahora tengo la sensación que está empeorando. ¿Qué remedio debería probar ahora? —Se sentía perdido. Y lo peor era que los virus solo estaban rotando entre sus compañeros de trabajo y él. Primero había iniciado Michael, el encargado de soporte de equipos, después Gonza y Luanne -quién tenía la peor tos- para finalizar con él. Estaba seguro de que todos llevaban como tres meses, veinte pastillas para la gripe y como tres frascos de jarabe vacíos en las últimas semanas. Un caos, un martirio y una situación sin solución que parecía postergarse cada vez que volvía a toser hasta sentir que la garganta se le irritaba más— ¿Y si pido incapacidad me la darán? Lo dudo. —Murmuró para sí mismo y, sin remedio, terminó tomando el medicamento para verle la envoltura una vez más.— Supongo que me llevaré este otra vez, aunque este sabor no lo he probado.
— Según este jarabe es muy bueno.
Habló consigo mismo mientras que revisaba el frasco con medicamento. La farmacia tenía variedad de jarabes que, hasta ese momento, creía haber probado todos como si se tratara de sabores en una heladería: Jarabes simples, jarabes se fresa, jarabes de uva, jarabes de miel y limón; pastillas de ambroxol, paletas de miel, té caliente de eucalipto con limón y miel; pastillas para adormecer la garganta. Hasta había considerado los remedios caseros de tomar agua caliente con Jengibre, ajo y quién sabe qué otras cosas para encontrar una solución a su tos.
— Llevo tres semanas sintiéndome así, y ahora tengo la sensación que está empeorando. ¿Qué remedio debería probar ahora? —Se sentía perdido. Y lo peor era que los virus solo estaban rotando entre sus compañeros de trabajo y él. Primero había iniciado Michael, el encargado de soporte de equipos, después Gonza y Luanne -quién tenía la peor tos- para finalizar con él. Estaba seguro de que todos llevaban como tres meses, veinte pastillas para la gripe y como tres frascos de jarabe vacíos en las últimas semanas. Un caos, un martirio y una situación sin solución que parecía postergarse cada vez que volvía a toser hasta sentir que la garganta se le irritaba más— ¿Y si pido incapacidad me la darán? Lo dudo. —Murmuró para sí mismo y, sin remedio, terminó tomando el medicamento para verle la envoltura una vez más.— Supongo que me llevaré este otra vez, aunque este sabor no lo he probado.
Vincent llevaba semanas enfermo. Aún no entendía cómo se había enfermado ni tenía idea de qué tipo de resfriado tenía, pero estaba harto de toser hasta sentir que todo el cuerpo le dolía por el esfuerzo. Las consultas médicas tenían siempre el mismo tipo de resultado: Es una infección, necesita medicamento, reposo y tomar muchos líquidos. Diagnósticos similares que oscilaban entre un simple resfrío, una infección de garganta o hasta influenza estacional. Lo entendía, comprendía que era una enfermedad de tiempo y que no debía durar mucho si tomaba los medicamentos correctos acorde a las indicaciones del médico pero... ¿Cuanto más medicamento iba tomar para estar bien?
— Según este jarabe es muy bueno.
Habló consigo mismo mientras que revisaba el frasco con medicamento. La farmacia tenía variedad de jarabes que, hasta ese momento, creía haber probado todos como si se tratara de sabores en una heladería: Jarabes simples, jarabes se fresa, jarabes de uva, jarabes de miel y limón; pastillas de ambroxol, paletas de miel, té caliente de eucalipto con limón y miel; pastillas para adormecer la garganta. Hasta había considerado los remedios caseros de tomar agua caliente con Jengibre, ajo y quién sabe qué otras cosas para encontrar una solución a su tos.
— Llevo tres semanas sintiéndome así, y ahora tengo la sensación que está empeorando. ¿Qué remedio debería probar ahora? —Se sentía perdido. Y lo peor era que los virus solo estaban rotando entre sus compañeros de trabajo y él. Primero había iniciado Michael, el encargado de soporte de equipos, después Gonza y Luanne -quién tenía la peor tos- para finalizar con él. Estaba seguro de que todos llevaban como tres meses, veinte pastillas para la gripe y como tres frascos de jarabe vacíos en las últimas semanas. Un caos, un martirio y una situación sin solución que parecía postergarse cada vez que volvía a toser hasta sentir que la garganta se le irritaba más— ¿Y si pido incapacidad me la darán? Lo dudo. —Murmuró para sí mismo y, sin remedio, terminó tomando el medicamento para verle la envoltura una vez más.— Supongo que me llevaré este otra vez, aunque este sabor no lo he probado.