• -Es obvio que estoy cansado, que que sufro de explotación laboral, pero todavía tengo que entrenar mañana...
    -Es obvio que estoy cansado, que que sufro de explotación laboral, pero todavía tengo que entrenar mañana...
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • — Duré tooodo el día sin meterme en problemas. Creo que es un récord personal.
    — Duré tooodo el día sin meterme en problemas. Creo que es un récord personal. 💋
    Me encocora
    Me gusta
    4
    2 turnos 0 maullidos
  • —Al fin de durmió, ahora si podré robarme el tanque de gas.




    Hay dos versiones en este recuerdo. Por supuesto que me gusta pensar que eso fue lo que sucedió ese día.
    —Al fin de durmió, ahora si podré robarme el tanque de gas. Hay dos versiones en este recuerdo. Por supuesto que me gusta pensar que eso fue lo que sucedió ese día.
    Me enjaja
    Me gusta
    Me entristece
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • Primero hay celos de que hablé con otras personas siendo completamente posesiva, para de repente, de un día para otro ignorarte y pasar de ti olímpicamente después de reiterados intentos de comunicarme. Lo lamento Pero no estoy para ese tipo de bromas, así que adiós a la muchacha. Espero que le vaya muy bien. Así que estamos de regreso por estos lados por si alguien se acuerda del viejo Ororon.
    Primero hay celos de que hablé con otras personas siendo completamente posesiva, para de repente, de un día para otro ignorarte y pasar de ti olímpicamente después de reiterados intentos de comunicarme. Lo lamento Pero no estoy para ese tipo de bromas, así que adiós a la muchacha. Espero que le vaya muy bien. Así que estamos de regreso por estos lados por si alguien se acuerda del viejo Ororon.
    0 turnos 0 maullidos
  • ── No creo que esto sea necesario para "hacer ver" que soy tu novia.

    Dijo tranquila tratando de contener la risa por la demostración que estaba haciendo Demian.
    ── No creo que esto sea necesario para "hacer ver" que soy tu novia. Dijo tranquila tratando de contener la risa por la demostración que estaba haciendo Demian.
    Me gusta
    Me encocora
    2
    9 turnos 0 maullidos
  • Un joven rubio de cabello corto permanecía de pie frente al hombre. Sus manos temblaban apenas perceptiblemente y su voz sonaba quebradiza, como si cada palabra le costara un esfuerzo descomunal.

    °¿De verdad tengo que hacerlo?... ¿Es la única manera?

    El otro lo observó con aquella expresión vacía que parecía incapaz de transmitir emoción alguna.

    ○Tú mismo te metiste en este embrollo. Viniste a pedirme ayuda sabiendo perfectamente que te advertí de las consecuencias.

    El muchacho chasqueó la lengua con frustración.

    °Tch...

    Con movimientos lentos se remangó la chaqueta, dejando al descubierto el brazo.

    °Al menos... les dirás que la amo. Que jamás quise hacerle daño.

    Por primera vez el hombre desvió la mirada hacia la extremidad descubierta. Extrajo una jeringa de un pequeño estuche metálico y examinó el líquido oscuro que reposaba en su interior.

    ○Es tu destino formar parte del Drive.

    Su tono era tan indiferente que resultaba inquietante.

    ○Todo por andar husmeando donde no debías. Vaya hombre se enamoro mi estúpida hija.

    El joven apretó la mandíbula con fuerza. Intentó contener las lágrimas, pero sus ojos ya brillaban por la angustia. Sabía lo que ocurriría después. Sabía que aquella inyección marcaría el final de su vida tal como la conocía.

    Todos sus planes, sus sueños y las promesas que había compartido con ella se desvanecerían en cuestión de minutos.

    Frente a él, el hombre introdujo la aguja con la misma naturalidad con la que otros firmaban un documento. No había compasión en su mirada. No había odio tampoco. Solo una fría aceptación.

    Y mientras el contenido de la jeringa desaparecía lentamente de su interior, el muchacho comprendió que estaba cruzando un umbral del que nadie regresaba siendo la misma persona. Quizá sobreviviría. Quizá despertaría algún poder extraordinario. O quizá terminaría convertido en una aberración.

    Pero, en cualquier caso, el hombre que había amado a aquella muchacha acababa de comenzar a desaparecer.
    Un joven rubio de cabello corto permanecía de pie frente al hombre. Sus manos temblaban apenas perceptiblemente y su voz sonaba quebradiza, como si cada palabra le costara un esfuerzo descomunal. °¿De verdad tengo que hacerlo?... ¿Es la única manera? El otro lo observó con aquella expresión vacía que parecía incapaz de transmitir emoción alguna. ○Tú mismo te metiste en este embrollo. Viniste a pedirme ayuda sabiendo perfectamente que te advertí de las consecuencias. El muchacho chasqueó la lengua con frustración. °Tch... Con movimientos lentos se remangó la chaqueta, dejando al descubierto el brazo. °Al menos... les dirás que la amo. Que jamás quise hacerle daño. Por primera vez el hombre desvió la mirada hacia la extremidad descubierta. Extrajo una jeringa de un pequeño estuche metálico y examinó el líquido oscuro que reposaba en su interior. ○Es tu destino formar parte del Drive. Su tono era tan indiferente que resultaba inquietante. ○Todo por andar husmeando donde no debías. Vaya hombre se enamoro mi estúpida hija. El joven apretó la mandíbula con fuerza. Intentó contener las lágrimas, pero sus ojos ya brillaban por la angustia. Sabía lo que ocurriría después. Sabía que aquella inyección marcaría el final de su vida tal como la conocía. Todos sus planes, sus sueños y las promesas que había compartido con ella se desvanecerían en cuestión de minutos. Frente a él, el hombre introdujo la aguja con la misma naturalidad con la que otros firmaban un documento. No había compasión en su mirada. No había odio tampoco. Solo una fría aceptación. Y mientras el contenido de la jeringa desaparecía lentamente de su interior, el muchacho comprendió que estaba cruzando un umbral del que nadie regresaba siendo la misma persona. Quizá sobreviviría. Quizá despertaría algún poder extraordinario. O quizá terminaría convertido en una aberración. Pero, en cualquier caso, el hombre que había amado a aquella muchacha acababa de comenzar a desaparecer.
    Me gusta
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • *Nunca pensó tener que soportar alguno que otro insistente, Lilithia estaba ya llegando a la frustración, aún cuando había declinado la invitación, seguía buscado qué ella accedira, suspira para buscar auto control, Lilithia tuvo que estar apartada de todos hasta de su amado rey para no desquitar con nadie ni con su familia ni con su amado, la terrible malestar que personas así le estaban provocando.

    Quedado apartada mientras trata de calmarse. *
    *Nunca pensó tener que soportar alguno que otro insistente, Lilithia estaba ya llegando a la frustración, aún cuando había declinado la invitación, seguía buscado qué ella accedira, suspira para buscar auto control, Lilithia tuvo que estar apartada de todos hasta de su amado rey para no desquitar con nadie ni con su familia ni con su amado, la terrible malestar que personas así le estaban provocando. Quedado apartada mientras trata de calmarse. *
    Me gusta
    1
    10 turnos 0 maullidos
  • — Flavio... dicen que el poder se construye con miedo, pero yo aprendí que también puede construirse con lealtad. Y si hoy sigo de pie, es porque siempre supe que, sin importar cuántos enemigos nos rodearan, tenía a mi lado a la única persona que jamás me traicionaría.

    — Somos gemelos, pero más que eso, somos dos mitades de una misma historia. Tú elegiste tu propio camino y yo el mío, sin embargo, nunca dejamos de caminar bajo el mismo cielo. Podrán cuestionar mis decisiones, desafiar mi autoridad o incluso temer mi nombre, pero nadie podrá negar que eres una de las personas que más amo en este mundo.

    — Cuando éramos niños, creía que nada podría separarnos. Hoy sé que la vida nos llevó por rutas distintas, pero también me enseñó algo más importante: la distancia nunca ha sido rival para la sangre, ni para el cariño que siento por ti.

    — Así que recuerda esto, fratello mio: mientras yo respire, siempre tendrás un hogar al que volver, una hermana dispuesta a defenderte y una familia que jamás te dará la espalda. Porque antes de ser la Farfalla della Morte, antes de ser una Di Vincenzo... soy tu hermana.

    Flavio Di Vincenzo
    — Flavio... dicen que el poder se construye con miedo, pero yo aprendí que también puede construirse con lealtad. Y si hoy sigo de pie, es porque siempre supe que, sin importar cuántos enemigos nos rodearan, tenía a mi lado a la única persona que jamás me traicionaría. — Somos gemelos, pero más que eso, somos dos mitades de una misma historia. Tú elegiste tu propio camino y yo el mío, sin embargo, nunca dejamos de caminar bajo el mismo cielo. Podrán cuestionar mis decisiones, desafiar mi autoridad o incluso temer mi nombre, pero nadie podrá negar que eres una de las personas que más amo en este mundo. — Cuando éramos niños, creía que nada podría separarnos. Hoy sé que la vida nos llevó por rutas distintas, pero también me enseñó algo más importante: la distancia nunca ha sido rival para la sangre, ni para el cariño que siento por ti. — Así que recuerda esto, fratello mio: mientras yo respire, siempre tendrás un hogar al que volver, una hermana dispuesta a defenderte y una familia que jamás te dará la espalda. Porque antes de ser la Farfalla della Morte, antes de ser una Di Vincenzo... soy tu hermana.🦋💜 [Golden.Revolver]
    Me gusta
    Me encocora
    6
    2 turnos 0 maullidos
  • Fragmento extraído del rol con Elina Drakon.

    https://ficrol.com/posts/386585

    —Aahh...

    El suspiro del anciano hizo temblar las montañas.

    La roca crujió.

    Los árboles nacidos sobre su cuerpo se mecieron lentamente.

    —Estoy... tan cansado... vieja amiga...

    Sus enormes ojos permanecieron sobre Elina.

    —Cuánta guerra...

    —Cuánta muerte...

    —Cuántos nombres olvidados...

    Su voz sonaba cada vez más lejana.

    Como si hablara desde otro tiempo.

    Desde otro mundo.

    —Este viejo dragón ya no puede sostener más esta paz...

    Un silencio pesado cayó sobre el valle.

    —La paz...

    Sus párpados descendieron lentamente.

    —Es todo lo que anhelo...

    Volvió a mirarme.

    Sus pupilas antiguas reflejaban algo que jamás había visto.

    Esperanza.

    —Fuego...

    —Escarcha...

    Su respiración se volvió irregular.

    —Puede ser...

    —Pero no sola...

    Sus ojos parecieron perderse entre recuerdos imposibles.

    —Ellos creían en la unión...

    Los creadores de mi huevo.

    Los dos elementales que abandonaron la guerra.

    —Lo demostraron...

    Una pequeña carcajada escapó de su garganta.

    —Ha... ha...

    —Sí...

    —Elementos convergentes...

    Su cabeza descendió unos centímetros.

    —Acércate, niña...

    —Deja que estos viejos ojos puedan verte una última vez...

    Tragué saliva.

    Incluso para mí era difícil sostener aquella mirada.

    Pero avancé.

    Paso a paso.

    Hasta quedar frente a él.

    Su tamaño era tan inmenso que apenas podía abarcar una pequeña parte de su rostro.

    Sin embargo, sus ojos me observaban como si yo fuera todo su mundo.

    Durante unos segundos no dijo nada.

    Simplemente me contempló.

    Y sonrió.

    —Ahora lo entiendo...

    Sus palabras apenas fueron un susurro.

    —No naciste para continuar nuestra guerra...

    —Naciste para terminarla...

    El brillo de sus ojos comenzó a apagarse.

    Lentamente.

    Sin dolor.

    Sin miedo.

    Como quien finalmente puede descansar.

    Y entonces ocurrió.

    A mi lado apareció una pequeña figura encapuchada.

    Silenciosa.

    Antigua.

    Un diminuto shinigami.

    No pronunció palabra alguna.

    Ni parecía interesado en nosotros.

    Simplemente caminó hasta el anciano dragón.

    Extendió una pequeña mano.

    Y tomó algo que no podía verse.

    El alma de Terra.

    Pero no se la llevó.

    El pequeño ser observó el núcleo que latía en el pecho del dragón.

    Una última vez.

    Y lo separó cuidadosamente de su cuerpo.

    El corazón mineral del anciano cayó frente a mí.

    El suelo tembló.

    La piedra comenzó a resquebrajarse.

    Runas antiguas aparecieron sobre su superficie.

    Lentamente.

    Muy lentamente.

    El núcleo empezó a transformarse.

    La roca se alargó.

    Se refinó.

    Se condensó.

    Hasta adoptar la forma de un bastón.

    Un bastón de piedra primordial.

    Nacido de la tierra más antigua.

    De la voluntad del último dragón hadeico de ese elemento.

    Lo tomé entre mis manos.

    Y en cuanto mis dedos tocaron la piedra...

    Sentí algo.

    No poder.

    No fuerza.

    No dominio.

    Sentí compañía.

    Como si una montaña entera hubiera decidido caminar a mi lado.

    Por primera vez.

    Fuego.

    Escarcha.

    Y tierra.

    Tres elementos.

    No enfrentados.

    No dominándose unos a otros.

    Sino coexistiendo.

    Terra cerró los ojos.

    Y por primera vez en cuatro mil quinientos millones de años...

    El último dragón de tierra descansó.
    Fragmento extraído del rol con [Elina_Drakon]. https://ficrol.com/posts/386585 —Aahh... El suspiro del anciano hizo temblar las montañas. La roca crujió. Los árboles nacidos sobre su cuerpo se mecieron lentamente. —Estoy... tan cansado... vieja amiga... Sus enormes ojos permanecieron sobre Elina. —Cuánta guerra... —Cuánta muerte... —Cuántos nombres olvidados... Su voz sonaba cada vez más lejana. Como si hablara desde otro tiempo. Desde otro mundo. —Este viejo dragón ya no puede sostener más esta paz... Un silencio pesado cayó sobre el valle. —La paz... Sus párpados descendieron lentamente. —Es todo lo que anhelo... Volvió a mirarme. Sus pupilas antiguas reflejaban algo que jamás había visto. Esperanza. —Fuego... —Escarcha... Su respiración se volvió irregular. —Puede ser... —Pero no sola... Sus ojos parecieron perderse entre recuerdos imposibles. —Ellos creían en la unión... Los creadores de mi huevo. Los dos elementales que abandonaron la guerra. —Lo demostraron... Una pequeña carcajada escapó de su garganta. —Ha... ha... —Sí... —Elementos convergentes... Su cabeza descendió unos centímetros. —Acércate, niña... —Deja que estos viejos ojos puedan verte una última vez... Tragué saliva. Incluso para mí era difícil sostener aquella mirada. Pero avancé. Paso a paso. Hasta quedar frente a él. Su tamaño era tan inmenso que apenas podía abarcar una pequeña parte de su rostro. Sin embargo, sus ojos me observaban como si yo fuera todo su mundo. Durante unos segundos no dijo nada. Simplemente me contempló. Y sonrió. —Ahora lo entiendo... Sus palabras apenas fueron un susurro. —No naciste para continuar nuestra guerra... —Naciste para terminarla... El brillo de sus ojos comenzó a apagarse. Lentamente. Sin dolor. Sin miedo. Como quien finalmente puede descansar. Y entonces ocurrió. A mi lado apareció una pequeña figura encapuchada. Silenciosa. Antigua. Un diminuto shinigami. No pronunció palabra alguna. Ni parecía interesado en nosotros. Simplemente caminó hasta el anciano dragón. Extendió una pequeña mano. Y tomó algo que no podía verse. El alma de Terra. Pero no se la llevó. El pequeño ser observó el núcleo que latía en el pecho del dragón. Una última vez. Y lo separó cuidadosamente de su cuerpo. El corazón mineral del anciano cayó frente a mí. El suelo tembló. La piedra comenzó a resquebrajarse. Runas antiguas aparecieron sobre su superficie. Lentamente. Muy lentamente. El núcleo empezó a transformarse. La roca se alargó. Se refinó. Se condensó. Hasta adoptar la forma de un bastón. Un bastón de piedra primordial. Nacido de la tierra más antigua. De la voluntad del último dragón hadeico de ese elemento. Lo tomé entre mis manos. Y en cuanto mis dedos tocaron la piedra... Sentí algo. No poder. No fuerza. No dominio. Sentí compañía. Como si una montaña entera hubiera decidido caminar a mi lado. Por primera vez. Fuego. Escarcha. Y tierra. Tres elementos. No enfrentados. No dominándose unos a otros. Sino coexistiendo. Terra cerró los ojos. Y por primera vez en cuatro mil quinientos millones de años... El último dragón de tierra descansó.
    Me gusta
    6
    0 turnos 0 maullidos
  • Hmm pero que calor tengo.

    No sé que es peor si el calor que está haciendo mezclado con el malestar oh el hecho de que según dicen no puedo comer helado.

    Pero con el calor que tengo es lo que deseo.
    Hmm pero que calor tengo. No sé que es peor si el calor que está haciendo mezclado con el malestar oh el hecho de que según dicen no puedo comer helado. Pero con el calor que tengo es lo que deseo.
    Me encocora
    Me gusta
    Me endiabla
    7
    17 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados