• Mi mente me dice que es momento de dejar ir , pero mi corazón se niega, a veces solo quisiera irme lejos, muy lejos, para no volver a sentir ese dolor....
    Mi mente me dice que es momento de dejar ir , pero mi corazón se niega, a veces solo quisiera irme lejos, muy lejos, para no volver a sentir ese dolor....
    0 turnos 0 maullidos
  • "Mientras la mayoría de las personas tienen que aprender a estar solas, yo tengo que aprender a estar con la gente."

    ¿No les pasa que se cansan demasiado cuando conviven de forma seguida o prolongada con las personas? Se llama batería social, creo, la mía se agota muy fácil, no me desagrada convivir, platicar, pero me esfuerzo demasiado en ser agradable y entregada en las conversaciones.

    Cuando sales conmigo, ten en cuenta que daré el 200% de mi, aunque a veces me desgaste. pero cuando estoy en pareja, eso no parece agotarme, pues con la persona que estoy ahora. (Chris) Me conoce, me entiende y con el no me tengo que esforzar y soy realmente como soy, sin máscaras.
    "Mientras la mayoría de las personas tienen que aprender a estar solas, yo tengo que aprender a estar con la gente." ¿No les pasa que se cansan demasiado cuando conviven de forma seguida o prolongada con las personas? Se llama batería social, creo, la mía se agota muy fácil, no me desagrada convivir, platicar, pero me esfuerzo demasiado en ser agradable y entregada en las conversaciones. Cuando sales conmigo, ten en cuenta que daré el 200% de mi, aunque a veces me desgaste. pero cuando estoy en pareja, eso no parece agotarme, pues con la persona que estoy ahora. (Chris) Me conoce, me entiende y con el no me tengo que esforzar y soy realmente como soy, sin máscaras.
    Me gusta
    Me encocora
    Me shockea
    5
    2 turnos 0 maullidos
  • — ¿Cómo así que se hacen fiestas donde te regalan cosas para el bebé? —mira su móvil con una sonrisita. — …¿será que es muy pronto para un baby shower de esos? (?)
    — ¿Cómo así que se hacen fiestas donde te regalan cosas para el bebé? —mira su móvil con una sonrisita. — …¿será que es muy pronto para un baby shower de esos? (?)
    Me encocora
    2
    8 turnos 0 maullidos
  • Hanary Naeko
    12 M.D, ni tan tarde, ni tan temprano, ambos saben que una cena es casi imposible cómo una cita, pero un almuerzo es su mejor opción en medio de tanto caos, una hora, más que suficiente para compartir una cita cómo llevan días planeando.

    El castaño esperaba paciente a la albina, si tardaba un poco no importa, es normal, las chicas siempre procuran verse bonitas en una cita y muy probablemente que aquella joven lo tarde aún más. No había nada más que esperar su llegada.
    [tidal_titanium_lion_574] 12 M.D, ni tan tarde, ni tan temprano, ambos saben que una cena es casi imposible cómo una cita, pero un almuerzo es su mejor opción en medio de tanto caos, una hora, más que suficiente para compartir una cita cómo llevan días planeando. El castaño esperaba paciente a la albina, si tardaba un poco no importa, es normal, las chicas siempre procuran verse bonitas en una cita y muy probablemente que aquella joven lo tarde aún más. No había nada más que esperar su llegada.
    Me encocora
    Me shockea
    Me gusta
    Me endiabla
    6
    9 turnos 0 maullidos
  • Así que piensas retarme...Lo siento pero creo que eso te va a salir caro.
    Así que piensas retarme...Lo siento pero creo que eso te va a salir caro.
    Me gusta
    Me shockea
    2
    3 turnos 0 maullidos
  • 𝙲𝙰𝙿𝙸𝚃𝚄𝙻𝙾 [𝙸] ──── 𝙽𝙴𝙶𝙾𝙲𝙸𝙾𝚂 𝚈 𝙽𝚄𝙴𝚅𝙰𝚂 𝙲𝙰𝚁𝙰𝚂.
    Categoría Acción
    𝚆𝚒𝚝𝚑 : 𝙀𝙧𝙞𝙣

    La niebla se enredaba entre las columnas de piedra agrietada del viejo mausoleo olvidado, un rincón oculto en el cementerio de las afueras donde ni siquiera los más osados mortales se atrevían a entrar después del anochecer.

    El lugar olía a tierra húmeda, musgo y décadas de abandono. Apenas un par de velas negras titilaban sobre un altar improvisado, proyectando sombras largas que bailaban sobre los nombres borrados de los sepulcros.

    Santiago permanecía de pie, inmóvil como una estatua, con las manos entrelazadas a la espalda y la mirada fija en la única entrada visible entre los muros derruidos.

    Su traje oscuro se confundía con la penumbra, y solo el leve brillo plateado de sus ojos delataba su impaciencia contenida.

    Había elegido aquel sitio precisamente porque casi nadie acudía allí; ni vivos ni muertos. Un terreno neutral, discreto y cargado de historia. Era un punto de encuentro por ahora.

    Por varios medios se entero de la existencia de Erin y tenía en cuenta que era un elemento importante en la política vampírica actual, y Santiago no tenía intención de desperdiciar esta reunión.

    Los negocios que debían tratar eran delicados, de aquellos que podían inclinar balanzas de poder si se manejaban con astucia.

    Sacó un reloj de bolsillo antiguo, lo miró un instante y lo guardó de nuevo.

    ──── 𝘠𝘢 𝘭𝘭𝘦𝘨𝘢𝘳á. . . 𝘌𝘴𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘴𝘢𝘭𝘨𝘢 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘱𝘦𝘳𝘧𝘦𝘤𝘵𝘰. ────

    Su con voz baja y grave resonando en el ambiente.

    El silencio del mausoleo era absoluto, roto solo por el ocasional aleteo de algún murciélago en las alturas.

    Sonrió ligeramente, paciente, pero con esa tensión propia de quien sabe que está a punto de jugar una partida peligrosa. No sabe lo que le espera; no sabe como será ella, solo espera no llevarse una desilusión y no llegar a un acuerdo mutuo.
    𝚆𝚒𝚝𝚑 : [Black.Rose] La niebla se enredaba entre las columnas de piedra agrietada del viejo mausoleo olvidado, un rincón oculto en el cementerio de las afueras donde ni siquiera los más osados mortales se atrevían a entrar después del anochecer. El lugar olía a tierra húmeda, musgo y décadas de abandono. Apenas un par de velas negras titilaban sobre un altar improvisado, proyectando sombras largas que bailaban sobre los nombres borrados de los sepulcros. Santiago permanecía de pie, inmóvil como una estatua, con las manos entrelazadas a la espalda y la mirada fija en la única entrada visible entre los muros derruidos. Su traje oscuro se confundía con la penumbra, y solo el leve brillo plateado de sus ojos delataba su impaciencia contenida. Había elegido aquel sitio precisamente porque casi nadie acudía allí; ni vivos ni muertos. Un terreno neutral, discreto y cargado de historia. Era un punto de encuentro por ahora. Por varios medios se entero de la existencia de Erin y tenía en cuenta que era un elemento importante en la política vampírica actual, y Santiago no tenía intención de desperdiciar esta reunión. Los negocios que debían tratar eran delicados, de aquellos que podían inclinar balanzas de poder si se manejaban con astucia. Sacó un reloj de bolsillo antiguo, lo miró un instante y lo guardó de nuevo. ──── 𝘠𝘢 𝘭𝘭𝘦𝘨𝘢𝘳á. . . 𝘌𝘴𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘴𝘢𝘭𝘨𝘢 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘱𝘦𝘳𝘧𝘦𝘤𝘵𝘰. ──── Su con voz baja y grave resonando en el ambiente. El silencio del mausoleo era absoluto, roto solo por el ocasional aleteo de algún murciélago en las alturas. Sonrió ligeramente, paciente, pero con esa tensión propia de quien sabe que está a punto de jugar una partida peligrosa. No sabe lo que le espera; no sabe como será ella, solo espera no llevarse una desilusión y no llegar a un acuerdo mutuo.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    Me encocora
    9
    0 turnos 0 maullidos
  • *En el último trabajo había tenido un pequeño percance que había salido bastante mal, así que estaba recuperándome de las heridas y cambiando las vendas por unas nuevas, dolía bastante pero macho que se aprecia no debe derramar lágrimas por heridas tan pequeñas (spoiler: no eran tan pequeñas)*
    *En el último trabajo había tenido un pequeño percance que había salido bastante mal, así que estaba recuperándome de las heridas y cambiando las vendas por unas nuevas, dolía bastante pero macho que se aprecia no debe derramar lágrimas por heridas tan pequeñas (spoiler: no eran tan pequeñas)*
    0 turnos 0 maullidos
  • #Headcanon #DesmondSterling


    El dia que el agente murio
    [𝐀𝐮 𝐫𝐞𝐯𝐨𝐢𝐫 / 𝐅𝐫𝐚𝐠𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐮𝐧 𝐡𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞 𝐫𝐨𝐭𝐨 𝐩𝐭.𝟐]
    𝟐𝟎/𝟎𝟓/𝟐𝟎𝟐𝟑 𝐂𝐚𝐭𝐡𝐞𝐝𝐫𝐚𝐥𝐞 𝐒𝐚𝐢𝐧𝐭𝐞 𝐂𝐫𝐨𝐢𝐱, 𝐎𝐫𝐥𝐞𝐚𝐧𝐬, 𝐅𝐫𝐚𝐧𝐜𝐢𝐚.

    —¡Sólo repórtalo con Grey! ¡No tengo tiempo para estas cosas!

    Abandonó la escena del crimen sin mirar atrás, sin dar más detalles sobre el arresto y quebrando el frágil protocolo que lo venía asfixiando desde su juventud. Las calles barrocas de Orleans se convirtieron en un simple borrón bajo sus pisadas aceleradas, corría con la desesperación de quien intenta ganarle al tiempo, cruzando aquella ciudad nostálgica que, sin querer, se había adherido a su identidad; o al menos, eso era lo que su espíritu le suplicaba creer.

    La luz ambarina del ocaso comenzaba a caer, anunciando lo inevitable, era demasiado tarde; pues la promesa estaba rota; la única promesa que juró preservar, aun sin tener la certeza de poder hacerlo. Lo único que le dio la bienvenida al funesto evento fue el tañido implacable de las campanas marcando las seis de la tarde. El sonido lo devolvió de golpe a la realidad, a una verdad que no pudo sostener; en el día más importante de su vida, no solo se había fallado a sí mismo, sino que acababa de romperle el alma a la única mujer que juró no decepcionar tras aquel incidente en años anteriores en el este asiático.

    —¡SÉRAPHINE!

    No fue un grito; fue la voz rota de un hombre suplicándole al destino que se le concediera un rastro de piedad, pero, el destino le devolvió la mirada, y no de la manera que él anhelaba. La novia estaba de espaldas, frente al altar vacío.

    Sus brazos caían inertes a los costados y las flores del ramo yacían desparramadas sobre la piedra fría. No hubo una respuesta explosiva, ni llantos histéricos, ni escándalo. Ella simplemente giró con una lentitud sepulcral; tenía el maquillaje corrido, aquel que le había robado tantas horas de ilusión a la estilista, ahora descendía en surcos oscuros por su rostro.

    —Séraphine… Yo… Lo lamento tant…

    Las palabras del británico murieron en su garganta cuando la pelirroja alzó una mano, exigiendo silencio. Fue un gesto elegante y noble, pero con una carga ahora devastadora. El eco de los tacones de la novia resonó en la nave, sólo para ser devorado por su voz, fina, prístina y cargada de una decepción insondable.

    —Yo también lo lamento, Arthur. Lamento tanto haberme enamorado de ti. Lamento haberle entregado mi corazón a un hombre que prefirió su trabajo antes que a la mujer que se le entregó en cuerpo y alma…

    Arthur guardó silencio. Cuando intentó articular una excusa, fue interrumpido antes de emitir el más mínimo sonido.

    —«¿Quién se enamoraría de una simple bibliotecaria? Él es mucho para una mujer tan mediocre, era obvio que la dejaría plantada en el altar…». Eso es lo que decían. Lo que todos murmuraban a mis espaldas…

    La voz le tembló, pero sus ojos se clavaron en él como dagas.

    —Y tú… tú les diste toda la razón al no venir. Sabiendo que habíamos planeado esto durante meses… O quizá nunca me amaste, y solo fui una más en tu vida.

    Séraphine terminó de acortar la distancia hasta quedar frente a quien, hace unas horas, debía convertirse en su esposo. Levantó una mano temblorosa mientras las lágrimas caían sin contención, terminando de arruinar su casi inexistente maquillaje de novia; quiso abofetearlo. Quiso golpearlo con todas sus fuerzas, pero comprendió que cualquier castigo físico sería ínfimo en comparación con lo que él merecía. En lugar de eso, dejó caer la mano y lo escudriñó con un vacío tan absoluto que heló la sangre del británico.

    —Me hiciste creer que este amor era real, cuando para ti solo era un pasatiempo entre tus juicios y tu prestigioso bufete…

    Murmuró ella, con la voz ahogada en llanto, instantes antes de que el dolor mutara en una frialdad gélida. Enderezó la postura, aferrándose a la tela de su vestido blanco con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Su prístina voz resonó en el silencio sepulcral de la iglesia, destilando veneno y pura agonía.

    —Tu m’abandonnes sur cet autel comme une vulgaire fille de joie dont tu t'es lassé...
    (Me abandonas en este altar como a una vulgar ramera de la que te has cansado…)

    Arthur intentó dar un paso hacia ella, un reflejo inútil, pero Séraphine retrocedió al instante, mirándolo con absoluta repulsión.

    —Tu n'es pas un homme. Tu n'es qu'une coquille vide et égoïste... Tu es un misérable!
    (No eres un hombre. No eres más que un cascarón vacío y egoísta... ¡Eres un miserable!).

    El silencio cayó de nuevo, más pesado que el plomo. El espía, aquel hombre entrenado para resistir la tortura y mirar a la muerte a los ojos sin parpadear, no supo cómo soportar el aplastante peso de esa mirada llena de asco.

    Séraphine dio media vuelta lentamente. Ya no había ira en sus movimientos, solo la abrumadora pesadez de un duelo absoluto. Antes de dar el primer paso por el pasillo central, giró el rostro un milímetro, regalándole un último susurro; el tiro de gracia que destrozaría cualquier rastro de humanidad que aún habitara en él.

    —Au revoir... mon ange.
    (Adiós... mi ángel).

    El eco de los tacones sobre la piedra fría de la iglesia fue el único sonido que acompañó a Arthur Brubeck, mientras veía desaparecer a la única mujer que lo había amado por lo que fingía ser.

    NOTA: La identidad de Desmond en ese entonces era la de Arthur Brubeck, un abogado inglés que fue contratado temporalmente en un bufete francés.
    #Headcanon #DesmondSterling El dia que el agente murio [𝐀𝐮 𝐫𝐞𝐯𝐨𝐢𝐫 / 𝐅𝐫𝐚𝐠𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐮𝐧 𝐡𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞 𝐫𝐨𝐭𝐨 𝐩𝐭.𝟐] 𝟐𝟎/𝟎𝟓/𝟐𝟎𝟐𝟑 𝐂𝐚𝐭𝐡𝐞𝐝𝐫𝐚𝐥𝐞 𝐒𝐚𝐢𝐧𝐭𝐞 𝐂𝐫𝐨𝐢𝐱, 𝐎𝐫𝐥𝐞𝐚𝐧𝐬, 𝐅𝐫𝐚𝐧𝐜𝐢𝐚. —¡Sólo repórtalo con Grey! ¡No tengo tiempo para estas cosas! Abandonó la escena del crimen sin mirar atrás, sin dar más detalles sobre el arresto y quebrando el frágil protocolo que lo venía asfixiando desde su juventud. Las calles barrocas de Orleans se convirtieron en un simple borrón bajo sus pisadas aceleradas, corría con la desesperación de quien intenta ganarle al tiempo, cruzando aquella ciudad nostálgica que, sin querer, se había adherido a su identidad; o al menos, eso era lo que su espíritu le suplicaba creer. La luz ambarina del ocaso comenzaba a caer, anunciando lo inevitable, era demasiado tarde; pues la promesa estaba rota; la única promesa que juró preservar, aun sin tener la certeza de poder hacerlo. Lo único que le dio la bienvenida al funesto evento fue el tañido implacable de las campanas marcando las seis de la tarde. El sonido lo devolvió de golpe a la realidad, a una verdad que no pudo sostener; en el día más importante de su vida, no solo se había fallado a sí mismo, sino que acababa de romperle el alma a la única mujer que juró no decepcionar tras aquel incidente en años anteriores en el este asiático. —¡SÉRAPHINE! No fue un grito; fue la voz rota de un hombre suplicándole al destino que se le concediera un rastro de piedad, pero, el destino le devolvió la mirada, y no de la manera que él anhelaba. La novia estaba de espaldas, frente al altar vacío. Sus brazos caían inertes a los costados y las flores del ramo yacían desparramadas sobre la piedra fría. No hubo una respuesta explosiva, ni llantos histéricos, ni escándalo. Ella simplemente giró con una lentitud sepulcral; tenía el maquillaje corrido, aquel que le había robado tantas horas de ilusión a la estilista, ahora descendía en surcos oscuros por su rostro. —Séraphine… Yo… Lo lamento tant… Las palabras del británico murieron en su garganta cuando la pelirroja alzó una mano, exigiendo silencio. Fue un gesto elegante y noble, pero con una carga ahora devastadora. El eco de los tacones de la novia resonó en la nave, sólo para ser devorado por su voz, fina, prístina y cargada de una decepción insondable. —Yo también lo lamento, Arthur. Lamento tanto haberme enamorado de ti. Lamento haberle entregado mi corazón a un hombre que prefirió su trabajo antes que a la mujer que se le entregó en cuerpo y alma… Arthur guardó silencio. Cuando intentó articular una excusa, fue interrumpido antes de emitir el más mínimo sonido. —«¿Quién se enamoraría de una simple bibliotecaria? Él es mucho para una mujer tan mediocre, era obvio que la dejaría plantada en el altar…». Eso es lo que decían. Lo que todos murmuraban a mis espaldas… La voz le tembló, pero sus ojos se clavaron en él como dagas. —Y tú… tú les diste toda la razón al no venir. Sabiendo que habíamos planeado esto durante meses… O quizá nunca me amaste, y solo fui una más en tu vida. Séraphine terminó de acortar la distancia hasta quedar frente a quien, hace unas horas, debía convertirse en su esposo. Levantó una mano temblorosa mientras las lágrimas caían sin contención, terminando de arruinar su casi inexistente maquillaje de novia; quiso abofetearlo. Quiso golpearlo con todas sus fuerzas, pero comprendió que cualquier castigo físico sería ínfimo en comparación con lo que él merecía. En lugar de eso, dejó caer la mano y lo escudriñó con un vacío tan absoluto que heló la sangre del británico. —Me hiciste creer que este amor era real, cuando para ti solo era un pasatiempo entre tus juicios y tu prestigioso bufete… Murmuró ella, con la voz ahogada en llanto, instantes antes de que el dolor mutara en una frialdad gélida. Enderezó la postura, aferrándose a la tela de su vestido blanco con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Su prístina voz resonó en el silencio sepulcral de la iglesia, destilando veneno y pura agonía. —Tu m’abandonnes sur cet autel comme une vulgaire fille de joie dont tu t'es lassé... (Me abandonas en este altar como a una vulgar ramera de la que te has cansado…) Arthur intentó dar un paso hacia ella, un reflejo inútil, pero Séraphine retrocedió al instante, mirándolo con absoluta repulsión. —Tu n'es pas un homme. Tu n'es qu'une coquille vide et égoïste... Tu es un misérable! (No eres un hombre. No eres más que un cascarón vacío y egoísta... ¡Eres un miserable!). El silencio cayó de nuevo, más pesado que el plomo. El espía, aquel hombre entrenado para resistir la tortura y mirar a la muerte a los ojos sin parpadear, no supo cómo soportar el aplastante peso de esa mirada llena de asco. Séraphine dio media vuelta lentamente. Ya no había ira en sus movimientos, solo la abrumadora pesadez de un duelo absoluto. Antes de dar el primer paso por el pasillo central, giró el rostro un milímetro, regalándole un último susurro; el tiro de gracia que destrozaría cualquier rastro de humanidad que aún habitara en él. —Au revoir... mon ange. (Adiós... mi ángel). El eco de los tacones sobre la piedra fría de la iglesia fue el único sonido que acompañó a Arthur Brubeck, mientras veía desaparecer a la única mujer que lo había amado por lo que fingía ser. NOTA: La identidad de Desmond en ese entonces era la de Arthur Brubeck, un abogado inglés que fue contratado temporalmente en un bufete francés.
    Me gusta
    Me entristece
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • Backstage
    Categoría Original
    Bran descansaba después de un concierto particularmente agotador con su banda.

    Odiaba el cansancio más que a la gente, y eso ya era decir mucho, pues las únicas personas que soportaba eran sus compañeros de banda y algún que otro gato callejero.

    Oyó que alguien llamaba a la puerta de su camerino, así que, con un gruñido, se levantó del sofá para abrir. —¿Quién carajo es? ¿Es que no ven que estoy descansando? —preguntó Bran, claramente aburrido y cansado.
    Bran descansaba después de un concierto particularmente agotador con su banda. Odiaba el cansancio más que a la gente, y eso ya era decir mucho, pues las únicas personas que soportaba eran sus compañeros de banda y algún que otro gato callejero. Oyó que alguien llamaba a la puerta de su camerino, así que, con un gruñido, se levantó del sofá para abrir. —¿Quién carajo es? ¿Es que no ven que estoy descansando? —preguntó Bran, claramente aburrido y cansado.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    0 turnos 0 maullidos
  • ──── Esto comienza a ponerse complicado. Tendré que ser cuidadosa con las siguientes piezas. Respira, respira... que no me tiemble el pulso... –la mano le tembló un poco al elevar el bloque de madera hasta la parte más alta de la torre. La pieza encontró su lugar con un seco «toc», y Afro retiró la mano lentamente, milímetro a milímetro, segundo a segundo. La sola idea de que el más leve pestañeo bastara para derrumbar la torre le ponía los pelos de punta.

    A esas alturas, aquella estructura sinuosa sobrevivía de puro milagro. Tenía huecos por todas partes; una pronunciada curva en el medio que se inclinaba peligrosamente hacia la izquierda, y una increíble base cuyo soporte dependía de un solo bloque. Hasta el aleteo de una mariposa habría podido poner en peligro su estabilidad. Afortunadamente, ninguna mariposa maliciosa decidió aparecer. Afro contuvo la respiración.

    La torre permaneció inmóvil.

    ──── ¡Y ahí está! ¡Woooh! Eso sí que estuvo difícil. Si para mi próximo turno se cae, de una vez adelanto que, como castigo, entre verdad o reto, elijo verdad. Hoy me siento particularmente animada para responder cualquier pregunta. Eso sí, los únicos misterios del universo que no voy a responder son: cuál es el horario del fantasma que deambula por los pasillos del set. Ni el lugar en donde venden esas deliciosas chimichangas de frijol y queso.
    ──── Esto comienza a ponerse complicado. Tendré que ser cuidadosa con las siguientes piezas. Respira, respira... que no me tiemble el pulso... –la mano le tembló un poco al elevar el bloque de madera hasta la parte más alta de la torre. La pieza encontró su lugar con un seco «toc», y Afro retiró la mano lentamente, milímetro a milímetro, segundo a segundo. La sola idea de que el más leve pestañeo bastara para derrumbar la torre le ponía los pelos de punta. A esas alturas, aquella estructura sinuosa sobrevivía de puro milagro. Tenía huecos por todas partes; una pronunciada curva en el medio que se inclinaba peligrosamente hacia la izquierda, y una increíble base cuyo soporte dependía de un solo bloque. Hasta el aleteo de una mariposa habría podido poner en peligro su estabilidad. Afortunadamente, ninguna mariposa maliciosa decidió aparecer. Afro contuvo la respiración. La torre permaneció inmóvil. ──── ¡Y ahí está! ¡Woooh! Eso sí que estuvo difícil. Si para mi próximo turno se cae, de una vez adelanto que, como castigo, entre verdad o reto, elijo verdad. Hoy me siento particularmente animada para responder cualquier pregunta. Eso sí, los únicos misterios del universo que no voy a responder son: cuál es el horario del fantasma que deambula por los pasillos del set. Ni el lugar en donde venden esas deliciosas chimichangas de frijol y queso.
    Me encocora
    Me gusta
    5
    0 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados