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    Cómo ve haré cambios de personaje

    Ando teniendo problemas porque no se cómo cambiar raza, fandom, oficio esa información

    Tampoco ayuda lo lento que es la página
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  • El portal se cerró detrás de ellas con un chasquido seco. La incertidumbre del futuro invadió el lugar, el ambiente se sentía denso

    Raora Panthera , Dohanna ,
    Aikaterine Ouro y Baelz Cruzaron la barrera dimensional, llegando a un lugar muy apartado de la civilización. Este lugar, cubierto de árboles, estaba perfectamente protegido por la guardiana de la naturaleza, Fauna . Quien esperaba junto a Tsukumo Sana Espacio y a Serithra

    La sensación fue un choque violento, el olor y vista del lugar hacia contraste con el verdadero motivo de la reunión y con el desorden del grupo que acababa de llegar

    Fauna esperaba allí, serena e inmutable. A su lado se encontraba Sana, su presencia hacia que el asunto se sintiera diminuto a comparación del cosmos que representaba. Además la diosa del sol también acompañaba la reunión, con un aura imponente

    Baelz sintió un escalofrío, pero no podia temer, en ese momento, el futuro del mundo estaba en juego. Observó a todos los presentes que esperaban en silencio

    —Así que estamos de vuelta — dijo, su voz era baja, por fin había probado la libertad aunque sabia que la paz no duraría mucho tiempo
    El portal se cerró detrás de ellas con un chasquido seco. La incertidumbre del futuro invadió el lugar, el ambiente se sentía denso [divine_eyes], [moon_energy_goddess], [Mercenary1x] y Baelz Cruzaron la barrera dimensional, llegando a un lugar muy apartado de la civilización. Este lugar, cubierto de árboles, estaba perfectamente protegido por la guardiana de la naturaleza, [Fauna_Nature] . Quien esperaba junto a [blaze_titanium_scorpion_916] y a [Sun_Goddess] La sensación fue un choque violento, el olor y vista del lugar hacia contraste con el verdadero motivo de la reunión y con el desorden del grupo que acababa de llegar Fauna esperaba allí, serena e inmutable. A su lado se encontraba Sana, su presencia hacia que el asunto se sintiera diminuto a comparación del cosmos que representaba. Además la diosa del sol también acompañaba la reunión, con un aura imponente Baelz sintió un escalofrío, pero no podia temer, en ese momento, el futuro del mundo estaba en juego. Observó a todos los presentes que esperaban en silencio —Así que estamos de vuelta — dijo, su voz era baja, por fin había probado la libertad aunque sabia que la paz no duraría mucho tiempo
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  • Para Vee, el mundo se siente suave, parecía casi transparente, sus brazos pesaban demasiado pero.. sus piernas parecían nubes. Azul, verde, morado, sentía como los colores la tocaban y ella los perseguía para hacer lo mismo pero no lo lograba, acababa estampandose con alguna pared. Era la primera vez que vee se drogaba, y lo había hecho por error. Sus antenas, antes erguidas, parecian dos globos desinflados, y ella no estaba segura de si lo que veía era real o solamente un sueño. No sabía bien qué hacía, estaba aparentemente dando vueltas en la calle, la gente la miraba extraño y todo advertía a que estaba a punto de meterse en problemas... de nuevo.
    Para Vee, el mundo se siente suave, parecía casi transparente, sus brazos pesaban demasiado pero.. sus piernas parecían nubes. Azul, verde, morado, sentía como los colores la tocaban y ella los perseguía para hacer lo mismo pero no lo lograba, acababa estampandose con alguna pared. Era la primera vez que vee se drogaba, y lo había hecho por error. Sus antenas, antes erguidas, parecian dos globos desinflados, y ella no estaba segura de si lo que veía era real o solamente un sueño. No sabía bien qué hacía, estaba aparentemente dando vueltas en la calle, la gente la miraba extraño y todo advertía a que estaba a punto de meterse en problemas... de nuevo.
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  • —“La carretera siempre ha presentado un encanto sin igual, horas y horas de viaje por distintos estados me ha hecho valorar más estos momentos. Brinda una agradable paz, tanto cuando me detengo a observar el paisaje, así como cuando recorro las autopistas a toda velocidad. Esto es la definición de libertad, al menos lo más cercano a lo que esa sensación puede dar. Está es mi vida a partir de ahora y no pienso dejarla”.
    —“La carretera siempre ha presentado un encanto sin igual, horas y horas de viaje por distintos estados me ha hecho valorar más estos momentos. Brinda una agradable paz, tanto cuando me detengo a observar el paisaje, así como cuando recorro las autopistas a toda velocidad. Esto es la definición de libertad, al menos lo más cercano a lo que esa sensación puede dar. Está es mi vida a partir de ahora y no pienso dejarla”.
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  • Hoehh Fuwawaa mis mejillass -Trataba de sujetar las manos de su hermana que esta aferrada a sus mejillas-

    Fuwawa Abyssgard
    Hoehh Fuwawaa mis mejillass -Trataba de sujetar las manos de su hermana que esta aferrada a sus mejillas- [Inu_blue_1]
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  • Sin azúcar, amargo, fuerte. Café, como el café debe de ser. Es así como a ella le gustaba, y así lo había memorizado.

    — Cuántas voces nuevas.

    En efecto. Recientemente, muchas voces nuevas, timbres distintos que mensajes escondidos, entre sus líneas, en el aire dejaban suspendidas. Todas las había memorizado. Todas. Si cerca de ella tenían que estar, era necesario.

    A la aguda campanilla del temporizador se adelantó, apagándola un segundo antes de su escandaloso aviso. Es que, como sólo él había despertado aún, sacrílego hubiese sido el ruido.

    Era temprano. Temprano; la luz del alba un candor débil. El pan salió del horno, los haces de vapor grisáceo anunciándolo.

    "El truco para un pan bien esponjoso", de su memoria brotó el momento. Ese momento que, como tanto otros, había...

    "¡Memorízalo! Pon atención", el regaño con tinte a familia surgió.

    "Tienes que amasar con los pulgares primero, con el resto de los dedos haces que entre el aire, y..."

    ¿De quién era la voz? ¿Lo ha olvidado?

    No, claro que no.

    — Un libro, ¿hm? — Surgió su voz, ronca por el reciente despertar. Calentó el café su garganta, y de su pecho, un suspiro. En el periódico sobre la mesa, de fecha anacrónica, el título de un evento que... ¿había olvidado?

    Ah, no. Ya quedó claro que eso era imposible. Memorizar era lo suyo, después de todo.

    — Qué interesante.

    El desayuno, de ella, de ambos, estaba listo. Quizás de alguna de esas voces nueves, si se apuraban.
    Sin azúcar, amargo, fuerte. Café, como el café debe de ser. Es así como a ella le gustaba, y así lo había memorizado. — Cuántas voces nuevas. En efecto. Recientemente, muchas voces nuevas, timbres distintos que mensajes escondidos, entre sus líneas, en el aire dejaban suspendidas. Todas las había memorizado. Todas. Si cerca de ella tenían que estar, era necesario. A la aguda campanilla del temporizador se adelantó, apagándola un segundo antes de su escandaloso aviso. Es que, como sólo él había despertado aún, sacrílego hubiese sido el ruido. Era temprano. Temprano; la luz del alba un candor débil. El pan salió del horno, los haces de vapor grisáceo anunciándolo. "El truco para un pan bien esponjoso", de su memoria brotó el momento. Ese momento que, como tanto otros, había... "¡Memorízalo! Pon atención", el regaño con tinte a familia surgió. "Tienes que amasar con los pulgares primero, con el resto de los dedos haces que entre el aire, y..." ¿De quién era la voz? ¿Lo ha olvidado? No, claro que no. — Un libro, ¿hm? — Surgió su voz, ronca por el reciente despertar. Calentó el café su garganta, y de su pecho, un suspiro. En el periódico sobre la mesa, de fecha anacrónica, el título de un evento que... ¿había olvidado? Ah, no. Ya quedó claro que eso era imposible. Memorizar era lo suyo, después de todo. — Qué interesante. El desayuno, de ella, de ambos, estaba listo. Quizás de alguna de esas voces nueves, si se apuraban.
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    — ¿Ya vieron lo sexy que es mi marido?
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  • ¿y yo por que mierda tengo que estar haciendo esto?
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  • Cap: 00.

    Las paredes volvieron a temblar, igual que hace muchas veces, con la misma intensidad que hacía temblar el agua estancada en aquel cuarto que engendra penumbras más allá de la ausencia lumínica. Cuando los movimientos, aquellos que aquél ya los tomaba como un suceso inmutable de su rutina, el mundo, su pequeño páramo de sombras, murió, o más bien se transformó, bajo una presencia delgada, pero intensa para él; luz nocturna, cayendo como cascada por encima de su rojiza cabeza.

    Para esa luz no le fue suficiente con hostigar desde arriba sino que también lo hizo desde abajo, usando el agua como un trampolín para fragmentarse en mil rayos que rebotaron en mil direcciones distintas. No hubo centímetro de ladrillo negro que se salvará de la iluminación.

    Las manos, delgadas y pálidas, cubrieron los párpados en un intento por esconder sus adoloridos ojos. Un frote tras otro fue suficiente, así pudo volver a posar la mirada en lo que escondían las penumbras a las que llamaba compañía; una recamara fría, inundada de aguas turbias que le llegan hasta las rodillas, con cuatro paredes que se repiten en patrón y medidas.

    El niño de cabello rojo estaba absorto en el paisaje, pero un susurro distante le hizo mirar hacia arriba. El cielo miró al niño y este le devolvió la mirada. Esa noche, de manera abrupta, el resplandor del firmamento fue trastornado por la mera presencia de aquel que por primera vez pudo hacer uso de la palabra belleza.
    No pudo descifrar el susurro, así como tampoco logró cortar el contacto visual con las estrellas. Era perturbador para él, quien era totalmente ajeno al desprecio que recibía desde lo alto. Algo presionó el centro de su pecho, algo que pronto se extendería hasta su garganta y culminaría en sus temblorosos labios.

    Flexionó las piernas, acto que pronto provocaría un nuevo temblor entre los ladrillos y el agua de la recamara. Al entorno se le sumaron los anillos, esas piezas doradas con trazos y fragmentos de rocas rojas, pero con una intensidad mayor. Él era el origen, motivado por una necesidad que jamás había sentido; Saber el porque las estrellas le odiaban.

    El niño de cabello rojo fue el factor que rompería con la quietud de la noche, el desencadenante de un catastrófico efecto mariposa para el destino. Un estruendo recorrió los oscuros bosques, como el rugido de los truenos durante las tormentas, mientras que un borrón escarlata cortó la distancia entre la tierra y el firmamento con una velocidad vertiginosa.

    Sus delgados dedos fueron extendidos en dirección a la infinidad del glorioso cielo, y él los extendió sin importar que una delgada capa ardiente y blanca cubriera desde las puntas de sus uñas negras hasta la mitad de sus antebrazos.

    No alcanzó a las estrellas.
    La distancia entre la tierra y el cielo, entre él y las estrellas, fue retornando a su forma original.
    Con el alejamiento creciente, con cada metro que se alejaba, la presión en su pecho fue grabándose, como si quisiera quedarse allí para toda la eternidad.

    Por primera vez sintió emociones; tristeza, frustración e ira. Pero también sintió algo aún mayor: Esperanza. La esperanza de algún día poder cambiar las estrellas.
    Cap: 00. Las paredes volvieron a temblar, igual que hace muchas veces, con la misma intensidad que hacía temblar el agua estancada en aquel cuarto que engendra penumbras más allá de la ausencia lumínica. Cuando los movimientos, aquellos que aquél ya los tomaba como un suceso inmutable de su rutina, el mundo, su pequeño páramo de sombras, murió, o más bien se transformó, bajo una presencia delgada, pero intensa para él; luz nocturna, cayendo como cascada por encima de su rojiza cabeza. Para esa luz no le fue suficiente con hostigar desde arriba sino que también lo hizo desde abajo, usando el agua como un trampolín para fragmentarse en mil rayos que rebotaron en mil direcciones distintas. No hubo centímetro de ladrillo negro que se salvará de la iluminación. Las manos, delgadas y pálidas, cubrieron los párpados en un intento por esconder sus adoloridos ojos. Un frote tras otro fue suficiente, así pudo volver a posar la mirada en lo que escondían las penumbras a las que llamaba compañía; una recamara fría, inundada de aguas turbias que le llegan hasta las rodillas, con cuatro paredes que se repiten en patrón y medidas. El niño de cabello rojo estaba absorto en el paisaje, pero un susurro distante le hizo mirar hacia arriba. El cielo miró al niño y este le devolvió la mirada. Esa noche, de manera abrupta, el resplandor del firmamento fue trastornado por la mera presencia de aquel que por primera vez pudo hacer uso de la palabra belleza. No pudo descifrar el susurro, así como tampoco logró cortar el contacto visual con las estrellas. Era perturbador para él, quien era totalmente ajeno al desprecio que recibía desde lo alto. Algo presionó el centro de su pecho, algo que pronto se extendería hasta su garganta y culminaría en sus temblorosos labios. Flexionó las piernas, acto que pronto provocaría un nuevo temblor entre los ladrillos y el agua de la recamara. Al entorno se le sumaron los anillos, esas piezas doradas con trazos y fragmentos de rocas rojas, pero con una intensidad mayor. Él era el origen, motivado por una necesidad que jamás había sentido; Saber el porque las estrellas le odiaban. El niño de cabello rojo fue el factor que rompería con la quietud de la noche, el desencadenante de un catastrófico efecto mariposa para el destino. Un estruendo recorrió los oscuros bosques, como el rugido de los truenos durante las tormentas, mientras que un borrón escarlata cortó la distancia entre la tierra y el firmamento con una velocidad vertiginosa. Sus delgados dedos fueron extendidos en dirección a la infinidad del glorioso cielo, y él los extendió sin importar que una delgada capa ardiente y blanca cubriera desde las puntas de sus uñas negras hasta la mitad de sus antebrazos. No alcanzó a las estrellas. La distancia entre la tierra y el cielo, entre él y las estrellas, fue retornando a su forma original. Con el alejamiento creciente, con cada metro que se alejaba, la presión en su pecho fue grabándose, como si quisiera quedarse allí para toda la eternidad. Por primera vez sintió emociones; tristeza, frustración e ira. Pero también sintió algo aún mayor: Esperanza. La esperanza de algún día poder cambiar las estrellas.
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    Que este sea un buen sabado
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