Tal vez, en algún rincón profundo de mi alma, siempre supe la verdad.
El amor no dura.
Es una promesa frágil que el tiempo desgasta con la misma paciencia con la que el mar devora la piedra.
Por eso aprendí a encontrar otras formas de seguir adelante…
otras formas de existir sin necesitar a nadie.
A veces es más fácil caminar solo.
O simplemente mantener el rostro sereno, fingiendo que todo está bien.
He vivido así, a una distancia prudente del mundo.
Lo suficiente para observarlo, pero no tanto como para que pueda alcanzarme.
Y hasta hace poco me había jurado algo a mí mismo: que estaba en paz con la soledad.
Que era un precio pequeño por evitar el desastre inevitable.
Porque, al final, nunca parecía valer el riesgo.
Pero entonces apareciste tú.
Y ahora me encuentro frente a una verdad incómoda… una excepción que nunca quise contemplar.
Porque, entre todas las cosas que decidí no volver a creer,
tú eres la única que logró hacerme dudar.
Tú… eres la única excepción.
El amor no dura.
Es una promesa frágil que el tiempo desgasta con la misma paciencia con la que el mar devora la piedra.
Por eso aprendí a encontrar otras formas de seguir adelante…
otras formas de existir sin necesitar a nadie.
A veces es más fácil caminar solo.
O simplemente mantener el rostro sereno, fingiendo que todo está bien.
He vivido así, a una distancia prudente del mundo.
Lo suficiente para observarlo, pero no tanto como para que pueda alcanzarme.
Y hasta hace poco me había jurado algo a mí mismo: que estaba en paz con la soledad.
Que era un precio pequeño por evitar el desastre inevitable.
Porque, al final, nunca parecía valer el riesgo.
Pero entonces apareciste tú.
Y ahora me encuentro frente a una verdad incómoda… una excepción que nunca quise contemplar.
Porque, entre todas las cosas que decidí no volver a creer,
tú eres la única que logró hacerme dudar.
Tú… eres la única excepción.
Tal vez, en algún rincón profundo de mi alma, siempre supe la verdad.
El amor no dura.
Es una promesa frágil que el tiempo desgasta con la misma paciencia con la que el mar devora la piedra.
Por eso aprendí a encontrar otras formas de seguir adelante…
otras formas de existir sin necesitar a nadie.
A veces es más fácil caminar solo.
O simplemente mantener el rostro sereno, fingiendo que todo está bien.
He vivido así, a una distancia prudente del mundo.
Lo suficiente para observarlo, pero no tanto como para que pueda alcanzarme.
Y hasta hace poco me había jurado algo a mí mismo: que estaba en paz con la soledad.
Que era un precio pequeño por evitar el desastre inevitable.
Porque, al final, nunca parecía valer el riesgo.
Pero entonces apareciste tú.
Y ahora me encuentro frente a una verdad incómoda… una excepción que nunca quise contemplar.
Porque, entre todas las cosas que decidí no volver a creer,
tú eres la única que logró hacerme dudar.
Tú… eres la única excepción.
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