• Anne Halliwell

    Preciosa mía, sé que este año es diferente al resto de tus anteriores cumpleaños.
    Aún así te prometo que lo pasarás genial
    [Featherington_cx] Preciosa mía, sé que este año es diferente al resto de tus anteriores cumpleaños. Aún así te prometo que lo pasarás genial
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    ;; Ya he perdido la cuenta de la cantidad de años de esta otp. El Autumnchester se ha convertido ya en parte del lore de mi vida. Para una mente organizada como la mía debería ser un desastre no recordar la fecha exacta, pero... creo que es bonito haber interiorizado tanto esta historia de amor que no soy capaz de recordar el día que empezó.

    De algún modo cierra el circulo, ¿no? El hilo rojo que los mantiene conectados parece mucho más fuerte, como si esta otp hubiera estado con nosotras desde siempre. ¿Son ocho años? ¿Diez? No lo sé, pero los amo como el primer día. Feliz octavo o decimo aniversario ♥ Dean Winchester
    ;; Ya he perdido la cuenta de la cantidad de años de esta otp. El Autumnchester se ha convertido ya en parte del lore de mi vida. Para una mente organizada como la mía debería ser un desastre no recordar la fecha exacta, pero... creo que es bonito haber interiorizado tanto esta historia de amor que no soy capaz de recordar el día que empezó. De algún modo cierra el circulo, ¿no? El hilo rojo que los mantiene conectados parece mucho más fuerte, como si esta otp hubiera estado con nosotras desde siempre. ¿Son ocho años? ¿Diez? No lo sé, pero los amo como el primer día. Feliz octavo o decimo aniversario ♥ [Jerkwinchester]
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  • Antes de decir nada sobre lo que viene… Necesito despedirme de ti…. Sury Sakai.

    No sé ni por dónde empezar….Fueron años pero no se sienten como años se sienten como una vida entera compartida, porque Sury nunca fue solo un personaje….. En mis peores momentos cuando todo se sentía vacío, cuando no sabía a dónde ir siempre volvía a ella.

    A su historia….
    A su forma de existir….
    A cada detalle que construí, una y otra vez… como si al hacerlo pudiera sostenerme también a mí.

    Sury fue mi refugio…. Fue ese lugar donde podía respirar cuando todo lo demás pesaba demasiado.
    Donde el tiempo se detenía un poco… y el dolor también….. Y sé que para algunos esto será una estupidez tal vez algo sin importancia… Algo que no entenderán pero para mí no lo es.

    Porque lo que sentí por ella… Lo que construí con ella… No fue superficial, fue real a su manera pero real.

    Y por eso esto duele… Porque no es fácil soltar algo que amas.. No es fácil apartarte de algo que te sostuvo cuando más lo necesitabas… Pero hay momentos en los que incluso lo más importante…
    necesita descansar…..

    Hoy dejo a Sury…
    No como un final…
    No como un adiós definitivo…

    Sino como una despedida… de esas que se dicen con el corazón en la mano… Gracias por todo por cada momento por cada vez que estuviste ahí sin fallar… Te voy a extrañar.

    Y aunque ahora tenga que dejarte ir… Se que no es para siempre… Algún día… volveremos a encontrarnos no?….
    Antes de decir nada sobre lo que viene… Necesito despedirme de ti…. Sury Sakai. No sé ni por dónde empezar….Fueron años pero no se sienten como años se sienten como una vida entera compartida, porque Sury nunca fue solo un personaje….. En mis peores momentos cuando todo se sentía vacío, cuando no sabía a dónde ir siempre volvía a ella. A su historia…. A su forma de existir…. A cada detalle que construí, una y otra vez… como si al hacerlo pudiera sostenerme también a mí. Sury fue mi refugio…. Fue ese lugar donde podía respirar cuando todo lo demás pesaba demasiado. Donde el tiempo se detenía un poco… y el dolor también….. Y sé que para algunos esto será una estupidez tal vez algo sin importancia… Algo que no entenderán pero para mí no lo es. Porque lo que sentí por ella… Lo que construí con ella… No fue superficial, fue real a su manera pero real. Y por eso esto duele… Porque no es fácil soltar algo que amas.. No es fácil apartarte de algo que te sostuvo cuando más lo necesitabas… Pero hay momentos en los que incluso lo más importante… necesita descansar….. Hoy dejo a Sury… No como un final… No como un adiós definitivo… Sino como una despedida… de esas que se dicen con el corazón en la mano… Gracias por todo por cada momento por cada vez que estuviste ahí sin fallar… Te voy a extrañar. Y aunque ahora tenga que dejarte ir… Se que no es para siempre… Algún día… volveremos a encontrarnos no?….
    Me entristece
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  • —Si sigues afilando el saex, te vas quedar sin filo.

    Su voz, siempre plana, sonó más suave de lo habitual. Cargada de intención.

    Hakon pasó la piedra de afilar dos veces más por el filo antes de dejar sus brazos inertes entre sus piernas. Entonces la miró.

    Helga lo esperaba, con una sonrisa frágil que se fue esfumando a medida que lo leía. Su entrecejo se frunció. Lentamente. Dejó de hilar lana y se removió inquieta en el banco. La madera crujió bajo ella. Incómoda.

    —Dilo de una vez —instó, su voz un tono más elevado.

    Hakon resopló. Cansado.

    —Me encontré con tu padre.

    Esta vez fue Helga quien resopló, pero terminó en algo parecido a una risa entre dientes.

    —Y volvió a pedirte mi precio.

    El fuego del langeld crepitó, como si protestara. Después se hizo un silencio denso. Tan denso como el humo que ascendía y ennegrecía la madera del techo.

    Ella percibió algo en los ojos de él, y dejó el huso y la fusayola de hueso en el banco antes de acercarse a tomar el saex de las manos de Hakon. No fue una petición. Él no se resistió. Luego lo dejó a su lado, lejos de su alcance.

    —Mírame a los ojos, Hakon —exigió, sujetando sus manos—. Tengo todo. No necesito más.

    —No basta.

    Helga afiló la mirada. Él conocía bien ese gesto.

    —Basta y sobra. Somos libres, aunque eso moleste a todos. Me llaman bruja, por hacer de un vargr un bondi. Y ahora dicen que no muerdes, pero yo sé que sí. Siempre morderás, pero no quieres hacerlo.

    Helga consiguió lo que nadie: provocarle una sonrisa. Breve. Suficiente.

    Ella sonrió más.

    —Ante la asamblea, no soy tuya y tú no eres mío —añadió y le apretó las manos. Los nudillos de Hakon se blanquearon un instante—. Que vengan a mi casa y me quiten las llaves, si se atreven.

    Hakon respiró hondo por la nariz. Labios prensados. Exhaló después en un suspiro. Aún sonriendo.

    —Eres como una piedra en la nieve.

    La nariz chata de Helga se arrugó. Esa nariz le hacía parecer más terca. No engañaba a nadie. Luego ladeó la cabeza, el cabello dorado se teñía con el color del fuego que ardía frente a ellos.

    —Y tú un tronco hueco.

    Ambos rieron. Hakon no volvió a afilar el saex ese día.

    En el lecho, ella contempló la espalda de Hakon. Ese gesto no dejaba nunca de sorprenderla, y rara vez conseguía reprimir el impulso de tocar sus cicatrices. Esa noche no fue una excepción. Él no se quejaba nunca. Entonces tampoco lo hizo.

    La caricia le hizo removerse un instante.

    No era una protesta.
    —Si sigues afilando el saex, te vas quedar sin filo. Su voz, siempre plana, sonó más suave de lo habitual. Cargada de intención. Hakon pasó la piedra de afilar dos veces más por el filo antes de dejar sus brazos inertes entre sus piernas. Entonces la miró. Helga lo esperaba, con una sonrisa frágil que se fue esfumando a medida que lo leía. Su entrecejo se frunció. Lentamente. Dejó de hilar lana y se removió inquieta en el banco. La madera crujió bajo ella. Incómoda. —Dilo de una vez —instó, su voz un tono más elevado. Hakon resopló. Cansado. —Me encontré con tu padre. Esta vez fue Helga quien resopló, pero terminó en algo parecido a una risa entre dientes. —Y volvió a pedirte mi precio. El fuego del langeld crepitó, como si protestara. Después se hizo un silencio denso. Tan denso como el humo que ascendía y ennegrecía la madera del techo. Ella percibió algo en los ojos de él, y dejó el huso y la fusayola de hueso en el banco antes de acercarse a tomar el saex de las manos de Hakon. No fue una petición. Él no se resistió. Luego lo dejó a su lado, lejos de su alcance. —Mírame a los ojos, Hakon —exigió, sujetando sus manos—. Tengo todo. No necesito más. —No basta. Helga afiló la mirada. Él conocía bien ese gesto. —Basta y sobra. Somos libres, aunque eso moleste a todos. Me llaman bruja, por hacer de un vargr un bondi. Y ahora dicen que no muerdes, pero yo sé que sí. Siempre morderás, pero no quieres hacerlo. Helga consiguió lo que nadie: provocarle una sonrisa. Breve. Suficiente. Ella sonrió más. —Ante la asamblea, no soy tuya y tú no eres mío —añadió y le apretó las manos. Los nudillos de Hakon se blanquearon un instante—. Que vengan a mi casa y me quiten las llaves, si se atreven. Hakon respiró hondo por la nariz. Labios prensados. Exhaló después en un suspiro. Aún sonriendo. —Eres como una piedra en la nieve. La nariz chata de Helga se arrugó. Esa nariz le hacía parecer más terca. No engañaba a nadie. Luego ladeó la cabeza, el cabello dorado se teñía con el color del fuego que ardía frente a ellos. —Y tú un tronco hueco. Ambos rieron. Hakon no volvió a afilar el saex ese día. En el lecho, ella contempló la espalda de Hakon. Ese gesto no dejaba nunca de sorprenderla, y rara vez conseguía reprimir el impulso de tocar sus cicatrices. Esa noche no fue una excepción. Él no se quejaba nunca. Entonces tampoco lo hizo. La caricia le hizo removerse un instante. No era una protesta.
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  • . "¿Los demonios pueden soñar? Depende el tipo pero la mayoría siempre son lo que los humanos podrian llamar pesadillas. Ya que las cosas horribles tienen un contexto diferente para ellos pero lo que estaba escuchando fuera de su jaula sonaba como la pesadilla real. Sabia su destino sobre ser vendido pero ahora que habia llegado el día, no sabia si estaba asustado o no."
    🥀. "¿Los demonios pueden soñar? Depende el tipo pero la mayoría siempre son lo que los humanos podrian llamar pesadillas. Ya que las cosas horribles tienen un contexto diferente para ellos pero lo que estaba escuchando fuera de su jaula sonaba como la pesadilla real. Sabia su destino sobre ser vendido pero ahora que habia llegado el día, no sabia si estaba asustado o no."
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  • Parece ser que esta la ganas tu, Aventurine.
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  • 𝑰 𝑨𝒎 𝑯𝒆𝒓𝒆 𝑵𝒐𝒘
    Categoría Original
    ⊶⊷⊶⊷❍⊶⊷⊶⊷
    Nairis Tzélmur
    ⊶⊷⊶⊷❍⊶⊷⊶⊷


    Los días de lluvia eran especiales para Naelune. No por algo de ella misma, era más bien por lo que la lluvia traía en esos momentos. Aunque no fuera en todos los casos, por mayoría sí que empezaban a sentirse más tristes, decaídos, cuando el clima se oscurecía de esa forma. Le resultaba divertido. Los humanos muchas veces relacionaban la lluvia con melancolía, con cosas que bajaban los ánimos.

    Había otra parte que disfrutaba de ello y se regocijaba; de esos también se alimentaba. Toda emoción lo suficientemente fuerte como para llamar su atención eran de sus preferidas. Significaba más sustento, más para exprimir. Pero... cuando eran negativas, con sufrimiento, daban más amplitud para sus juegos.

    Con un paraguas en mano, sus pasos eran lentos, premeditados casi, mientras se dejaba llevar por su propia percepción de lo que ocurría con cada persona con la que se cruzaba. No sabía exactamente qué o quién causaba tales sensaciones en los demás, para eso debía ser más directa, pero veía cómo se acumulaban, dónde quedaban estancadas. Ella podría ofrecer un alivio temporal, era lo que muchas veces buscaban, pero ninguna persona le interesaba lo suficiente en ese momento.

    Iba a darse por rendida hasta que sus pies se detuvieron de golpe. Fue como una pared invisible con la que estuvo a punto de darse de lleno. Había tanta confusión... tanto temor, duda; una crisis que iba en aumento cual bola de nieve en bajada. Eso sí era interesante. Quería desglosar más cada sentimiento, saber el núcleo de cada uno para tratarlos "mejor".

    Cambió su rumbo, sin apresurarse, pues la persona no parecía estar moviéndose, así que se tomó su tiempo, alejándose de las calles más ajetreadas hasta llegar a una parada de autobús. Ahí mismo había una joven sentada, la fuente que Naelune perseguía.

    La zona apenas estaba alumbrada por un poste de luz que se veía estaba en sus últimos momentos de vida útil. Emitía una luz cálida en vano, pues los colores alrededor eran tan fríos y apagados que no daban lugar a que esa iluminación diera algún tipo de cobijo.

    Continuó para acercarse lo suficiente, con una suave sonrisa en sus labios que delataba su diversión interna. Sin embargo, a cierta cercanía, de repente sintió otra cosa: un odio profundo, tan grande que no podía darle ninguna escala. Era muy diferente al odio del que se haya alimentado antes o que solo haya percibido. No la paralizó, pero sí que despertó más la curiosidad, porque hasta lo sentía un poco ajeno. ¿Venía de esa chica también?

    —No creo que llegue ningún autobús... el temporal ha dejado las calles poco transitables. —comentó con una calma que rozaba la frialdad por más que su rostro estaba atento a la joven. Ojos blancos y brillantes que la miraban fijo.

    '¿Qué es lo que te atormenta tanto?' se preguntó, empezando a trazar un plan para averiguarlo a toda costa.
    ⊶⊷⊶⊷❍⊶⊷⊶⊷ [Possesed_By_Myself] ⊶⊷⊶⊷❍⊶⊷⊶⊷ Los días de lluvia eran especiales para Naelune. No por algo de ella misma, era más bien por lo que la lluvia traía en esos momentos. Aunque no fuera en todos los casos, por mayoría sí que empezaban a sentirse más tristes, decaídos, cuando el clima se oscurecía de esa forma. Le resultaba divertido. Los humanos muchas veces relacionaban la lluvia con melancolía, con cosas que bajaban los ánimos. Había otra parte que disfrutaba de ello y se regocijaba; de esos también se alimentaba. Toda emoción lo suficientemente fuerte como para llamar su atención eran de sus preferidas. Significaba más sustento, más para exprimir. Pero... cuando eran negativas, con sufrimiento, daban más amplitud para sus juegos. Con un paraguas en mano, sus pasos eran lentos, premeditados casi, mientras se dejaba llevar por su propia percepción de lo que ocurría con cada persona con la que se cruzaba. No sabía exactamente qué o quién causaba tales sensaciones en los demás, para eso debía ser más directa, pero veía cómo se acumulaban, dónde quedaban estancadas. Ella podría ofrecer un alivio temporal, era lo que muchas veces buscaban, pero ninguna persona le interesaba lo suficiente en ese momento. Iba a darse por rendida hasta que sus pies se detuvieron de golpe. Fue como una pared invisible con la que estuvo a punto de darse de lleno. Había tanta confusión... tanto temor, duda; una crisis que iba en aumento cual bola de nieve en bajada. Eso sí era interesante. Quería desglosar más cada sentimiento, saber el núcleo de cada uno para tratarlos "mejor". Cambió su rumbo, sin apresurarse, pues la persona no parecía estar moviéndose, así que se tomó su tiempo, alejándose de las calles más ajetreadas hasta llegar a una parada de autobús. Ahí mismo había una joven sentada, la fuente que Naelune perseguía. La zona apenas estaba alumbrada por un poste de luz que se veía estaba en sus últimos momentos de vida útil. Emitía una luz cálida en vano, pues los colores alrededor eran tan fríos y apagados que no daban lugar a que esa iluminación diera algún tipo de cobijo. Continuó para acercarse lo suficiente, con una suave sonrisa en sus labios que delataba su diversión interna. Sin embargo, a cierta cercanía, de repente sintió otra cosa: un odio profundo, tan grande que no podía darle ninguna escala. Era muy diferente al odio del que se haya alimentado antes o que solo haya percibido. No la paralizó, pero sí que despertó más la curiosidad, porque hasta lo sentía un poco ajeno. ¿Venía de esa chica también? —No creo que llegue ningún autobús... el temporal ha dejado las calles poco transitables. —comentó con una calma que rozaba la frialdad por más que su rostro estaba atento a la joven. Ojos blancos y brillantes que la miraban fijo. '¿Qué es lo que te atormenta tanto?' se preguntó, empezando a trazar un plan para averiguarlo a toda costa.
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  • ⊹₊˚‧︵‿₊ Me dijeron que espere aquí... ¿Es tu asiento? ₊‿︵‧˚₊⊹
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    || • Ante todo, saludos a la gente de FicRol. Sé que he estado ausente en estos días y no pude contestar roles pendientes, debido a que he estado en una situación bastante delicada por lo de mi abuela que fue trasladada al hospital. Llevaba días constantes de alucinaciones, que esto lo deriva con el síndrome confusión mediante por lo visual y audio. Con esto ha habido algun que otro día de agresividad por parte de las alucinaciones, y yo tuve que llamar a emergencias para que fuera trasladarla al hospital. Es por eso que en estos días atrás estuve triste, preocupado, bajones de animos, etc por la salud de mi abuela. Lo siento a todos por desaparecer asi de la nada... pero estas cosas me afectan mucho a mi. Os mando un abrazo a todos.
    || • Ante todo, saludos a la gente de FicRol. Sé que he estado ausente en estos días y no pude contestar roles pendientes, debido a que he estado en una situación bastante delicada por lo de mi abuela que fue trasladada al hospital. Llevaba días constantes de alucinaciones, que esto lo deriva con el síndrome confusión mediante por lo visual y audio. Con esto ha habido algun que otro día de agresividad por parte de las alucinaciones, y yo tuve que llamar a emergencias para que fuera trasladarla al hospital. Es por eso que en estos días atrás estuve triste, preocupado, bajones de animos, etc por la salud de mi abuela. Lo siento a todos por desaparecer asi de la nada... pero estas cosas me afectan mucho a mi. Os mando un abrazo a todos.
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  • Uno nunca se acostumbra del todo al frío. Aprende a cubrirse, a calentarse; que debe secarse los pies o perderá dedos; que el calor humano es raro y escaso.

    Se cubre mejor con la capa. Hasta el mentón.

    Luego está la nieve. Cruje. Te recuerda que está ahí. Que si uno la oye, otros también.

    La de hoy es demasiado blanca.

    Y entonces el pensamiento llega.

    Sin avisar.

    Habían transcurrido más de diez años. A veces sentía que podía oler el humo de aquella noche, pues no estaba adherido a su piel: lo estaba a su consciencia.

    La sangre resbalaba por el filo de su acero y caía gota a gota sobre la nieve.

    Rojo sobre blanco.

    El aire le quemaba los pulmones. La mandíbula estaba tan tensa, que las muelas chirriaron bajo el esfuerzo de soportar aquella tensión. Los músculos se endurecieron como el acero que empuñaban, y el cuero se quejó bajo los nudillos blancos.

    La choza ardía y frente a ella, siete cuerpos yacían sin vida en el suelo. Solo uno respiraba, entre sus semejantes. Sus ojos desorbitados entendieron que aquel hombre que tenía frente a él, no era un hombre común.

    No aquella noche.

    Y nunca más desde entonces.

    Tras la puerta que colgaba de una de sus bisagras, el pálido brazo de una mujer.

    Un pilar solo es una piedra alta y fría. Lo que lo hacía noble era sostener el arco con ella. El arco había caído.

    Hakon era solo un pilar sin nada que sostener.

    Salvo su espada.

    Y ese hombre con los ojos enrojecidos de dolor y rabia, la sostenía.

    Había cedido amargamente el control al dolor. La adrenalina le impedía sentir el profundo corte en su abdomen, o el frío que lo azotaba. El pulso acelerado le latía en las sienes como un tambor de guerra.

    Aquel hombre arrodillado balbuceaba súplicas que no estaban siendo escuchadas. Hakon ya no oía nada. Lo único que lo mantenía cuerdo yacía sin vida sobre un charco de sangre, dentro de un edificio de madera que se consumía y se desmoronaba.

    La cadena se había roto.

    La bestia campaba libre.

    Y rugió.

    No hubo duda. Fue un corte limpio y letal. La cabeza del desdichado cayó al suelo con un golpe seco. No rodó, se clavó en la nieve.

    Ese golpe se repite en su cabeza en ese instante. Su cuerpo incluso se resiente al revivir el momento y sus manos se aprietan en un gesto que logra contener sin esfuerzo.

    Un suspiro escapa entre sus labios.

    Corto. Fuerte.

    El vaho se expande hasta difuminarse ante sus ojos de color azul, y verde. En este momento más brillantes que hace un rato. Pero no se permite esa concesión, y afila la mirada antes de seguir descendiendo la ladera.
    Uno nunca se acostumbra del todo al frío. Aprende a cubrirse, a calentarse; que debe secarse los pies o perderá dedos; que el calor humano es raro y escaso. Se cubre mejor con la capa. Hasta el mentón. Luego está la nieve. Cruje. Te recuerda que está ahí. Que si uno la oye, otros también. La de hoy es demasiado blanca. Y entonces el pensamiento llega. Sin avisar. Habían transcurrido más de diez años. A veces sentía que podía oler el humo de aquella noche, pues no estaba adherido a su piel: lo estaba a su consciencia. La sangre resbalaba por el filo de su acero y caía gota a gota sobre la nieve. Rojo sobre blanco. El aire le quemaba los pulmones. La mandíbula estaba tan tensa, que las muelas chirriaron bajo el esfuerzo de soportar aquella tensión. Los músculos se endurecieron como el acero que empuñaban, y el cuero se quejó bajo los nudillos blancos. La choza ardía y frente a ella, siete cuerpos yacían sin vida en el suelo. Solo uno respiraba, entre sus semejantes. Sus ojos desorbitados entendieron que aquel hombre que tenía frente a él, no era un hombre común. No aquella noche. Y nunca más desde entonces. Tras la puerta que colgaba de una de sus bisagras, el pálido brazo de una mujer. Un pilar solo es una piedra alta y fría. Lo que lo hacía noble era sostener el arco con ella. El arco había caído. Hakon era solo un pilar sin nada que sostener. Salvo su espada. Y ese hombre con los ojos enrojecidos de dolor y rabia, la sostenía. Había cedido amargamente el control al dolor. La adrenalina le impedía sentir el profundo corte en su abdomen, o el frío que lo azotaba. El pulso acelerado le latía en las sienes como un tambor de guerra. Aquel hombre arrodillado balbuceaba súplicas que no estaban siendo escuchadas. Hakon ya no oía nada. Lo único que lo mantenía cuerdo yacía sin vida sobre un charco de sangre, dentro de un edificio de madera que se consumía y se desmoronaba. La cadena se había roto. La bestia campaba libre. Y rugió. No hubo duda. Fue un corte limpio y letal. La cabeza del desdichado cayó al suelo con un golpe seco. No rodó, se clavó en la nieve. Ese golpe se repite en su cabeza en ese instante. Su cuerpo incluso se resiente al revivir el momento y sus manos se aprietan en un gesto que logra contener sin esfuerzo. Un suspiro escapa entre sus labios. Corto. Fuerte. El vaho se expande hasta difuminarse ante sus ojos de color azul, y verde. En este momento más brillantes que hace un rato. Pero no se permite esa concesión, y afila la mirada antes de seguir descendiendo la ladera.
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