• Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    He devorado decenas de mundos en papel, pero sus historias empiezan a sentirse demasiado frías. Los autores siempre describen el deseo como una chispa apresurada, cuando yo sé que es un fuego lento que primero debe desvestir la mente. Sigo esperando esa lectura que me robe el aliento... un protagonista con una esencia tan abrumadora que me obligue a cerrar el libro y suspirar anhelando su calor.
    ¿Esa historia no se ha escrito aún, o simplemente la estoy buscando en el estante equivocado?
    He devorado decenas de mundos en papel, pero sus historias empiezan a sentirse demasiado frías. Los autores siempre describen el deseo como una chispa apresurada, cuando yo sé que es un fuego lento que primero debe desvestir la mente. Sigo esperando esa lectura que me robe el aliento... un protagonista con una esencia tan abrumadora que me obligue a cerrar el libro y suspirar anhelando su calor. ¿Esa historia no se ha escrito aún, o simplemente la estoy buscando en el estante equivocado?
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  • ℒ𝒶 𝓂𝒶𝓈𝒸𝒶𝓇𝒹𝒶 𝒹𝑒 𝓋𝑒𝓇𝒶𝓃𝑜
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    La mascarada de Verano finalmente había comenzado, así como el festival de las camelias la mascarada era una tradición en el territorio de Yuhi, la primavera es muy sensible y siempre llora mares cuando es hora de despedirse mientras que el Verano adora la fiesta y el baile fue así que se empezó a usar máscaras durante los primeros días de verano para alegrar a la primavera en su despedida mientras que la música, el color y el baile llenaba todas las calles de la ciudad, cada persona se vestía de forma elegante y extravagante festejando a la nueva estación y agradeciendo a la que ya se despide.

    Usen sus mejores ropajes y unanse al baile en el centro de la ciudad donde la línea entre realidad y fantasía se dispersa con el movimiento de las personas, desde listones hasta faldas enormes se mueven con gracia y actitud a la par que la música no termina, el aroma de la comida de temporada acompaña a todos en la festividad, cada traje cuenta una historia y comparte la diversión, que es lo que usaras tu para unirte a todos en el lugar?.

    Yuhi se encontraba disfrutando junto a sus ciudadanos en el centro de la ciudad bailando y divirtiéndose vistiendo como una geisha bailando y presentando sus respetos a las estaciones que acompañaban a la vida -la fiesta empieza y el baile a de continuar por tres días y tres noches, espero que estén listos para festejar por tanto tiempo- con una risita continuo bailando haciendo uso de su abanico en mano.
    La mascarada de Verano finalmente había comenzado, así como el festival de las camelias la mascarada era una tradición en el territorio de Yuhi, la primavera es muy sensible y siempre llora mares cuando es hora de despedirse mientras que el Verano adora la fiesta y el baile fue así que se empezó a usar máscaras durante los primeros días de verano para alegrar a la primavera en su despedida mientras que la música, el color y el baile llenaba todas las calles de la ciudad, cada persona se vestía de forma elegante y extravagante festejando a la nueva estación y agradeciendo a la que ya se despide. Usen sus mejores ropajes y unanse al baile en el centro de la ciudad donde la línea entre realidad y fantasía se dispersa con el movimiento de las personas, desde listones hasta faldas enormes se mueven con gracia y actitud a la par que la música no termina, el aroma de la comida de temporada acompaña a todos en la festividad, cada traje cuenta una historia y comparte la diversión, que es lo que usaras tu para unirte a todos en el lugar?. Yuhi se encontraba disfrutando junto a sus ciudadanos en el centro de la ciudad bailando y divirtiéndose vistiendo como una geisha bailando y presentando sus respetos a las estaciones que acompañaban a la vida -la fiesta empieza y el baile a de continuar por tres días y tres noches, espero que estén listos para festejar por tanto tiempo- con una risita continuo bailando haciendo uso de su abanico en mano.
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  • Haciendo cuentas, la posibilidad de que su esposo estuviera en estado de gravidez era ligeramente remoto, había pasado los últimos tres meses en Australia y lo conocía demasiado bien como para sospechar que le hubiera sido infiel...la última vez que estuvo en ese estado...no recordaba que se hubiera puesto así...pero tal vez...no, no, sólo era un resfriado...
    Haciendo cuentas, la posibilidad de que su esposo estuviera en estado de gravidez era ligeramente remoto, había pasado los últimos tres meses en Australia y lo conocía demasiado bien como para sospechar que le hubiera sido infiel...la última vez que estuvo en ese estado...no recordaba que se hubiera puesto así...pero tal vez...no, no, sólo era un resfriado...
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  • —Es bastante infantil de vuestra parte pensar que estas prendas son las adecuadas para salir a dar un paseo sin llamar la atención.

    Suspiro deslizando la mirada sobre las incontables capas de encaje, los lazos de seda, el delicado bordado floral y, finalmente, aquel enorme sombrero a juego.

    —Con este atuendo podrían localizarme desde el otro extremo del país.
    —Es bastante infantil de vuestra parte pensar que estas prendas son las adecuadas para salir a dar un paseo sin llamar la atención. Suspiro deslizando la mirada sobre las incontables capas de encaje, los lazos de seda, el delicado bordado floral y, finalmente, aquel enorme sombrero a juego. —Con este atuendo podrían localizarme desde el otro extremo del país.
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  • Se que esto consumirá mucha energía maldita pero no puedo perder más el tiempo...Expansión de Domino!.
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  • Habían transcurrido más de dos horas y ningún cliente aparecía en la cafetería, los párpados de Tangi pesaban demasiado. Había intentado mantenerse despierto limpiando mesas, acomodando vasos e incluso contando sobres de azúcar por aburrimiento, pero nada funcionaba. No era la primera vez que eso le sucedía así que a pesar de sus esfuerzos lo más probable es que volvieran a llamarle la atención por quedarse dormido en el trabajo.
    Habían transcurrido más de dos horas y ningún cliente aparecía en la cafetería, los párpados de Tangi pesaban demasiado. Había intentado mantenerse despierto limpiando mesas, acomodando vasos e incluso contando sobres de azúcar por aburrimiento, pero nada funcionaba. No era la primera vez que eso le sucedía así que a pesar de sus esfuerzos lo más probable es que volvieran a llamarle la atención por quedarse dormido en el trabajo.
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  • Hay momentos que aún creo que esto es un sueño, salir para disfrutar comidas deliciosas con el mejor novio del mundo. Te amo Alex, gracias por hacerme ver que no soy tan delicada y que puedo ser independiente a un hombre.

    Alex Roberts
    Hay momentos que aún creo que esto es un sueño, salir para disfrutar comidas deliciosas con el mejor novio del mundo. Te amo Alex, gracias por hacerme ver que no soy tan delicada y que puedo ser independiente a un hombre. [Blackthcx_2]
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  • Un nuevo amanecer reclama el mundo exterior con su luz implacable, pero la calidez que me abraza entre estas sábanas es un refugio demasiado perfecto como para abandonarlo. El descanso es tan dulce y malditamente relajante... que prefiero mantener los ojos cerrados, suspendido en este tierno letargo. Me complazco en pretender, aunque sea por unos minutos más, que el tiempo se ha detenido y el deber no existe; sin embargo, al delinear el vacío en la almohada contigua, no puedo evitar pensar que este nido de seda y calma solo necesita un pequeño eco ajeno para ser, finalmente, eterno.
    Un nuevo amanecer reclama el mundo exterior con su luz implacable, pero la calidez que me abraza entre estas sábanas es un refugio demasiado perfecto como para abandonarlo. El descanso es tan dulce y malditamente relajante... que prefiero mantener los ojos cerrados, suspendido en este tierno letargo. Me complazco en pretender, aunque sea por unos minutos más, que el tiempo se ha detenido y el deber no existe; sin embargo, al delinear el vacío en la almohada contigua, no puedo evitar pensar que este nido de seda y calma solo necesita un pequeño eco ajeno para ser, finalmente, eterno.
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  • *Lilithia supo las muertes que ese ser causaba cuando despertaba de su latergo, aunque no es muy de pelear, tampoco se podría quedar ajena a las pérdidas de vidas inocentes que ese ser había provocado, solo para ¿que?

    Un ser tan despreciable que solo alarga su vida, cambiado organos ya dañados por sanos de sus víctimas, un ser tan rastrero y caroñero como ese, no merece vivir.

    Por lo que esa noche fue a buscarlo, logrado por suerte salvar a dos personas que parecía que los tenía como objetivo, lo llevo lejos de ellos, dándoles oportunidad de escapar, mientras ella lo enfrentaria, no sabe cuanto tiempo le iba a tomar pues tenía ya tiempo y antes de ella naciera, que ese moustro había estado cazado a personas inocentes y seguramente en su interior alberga mas de un corazón.

    Para llegar a matarlo completame, Lilithia debía destruir cada uno de esos corazones, solo asi ese ser dejaría de vivir, esto al parecer será una batalla de desgaste.

    Aun asi no se va a rendir tan fácilmente, estaba dispuesta a acabar con ese engendro, cueste lo que cueste, aunque deberá vigilar una vez que lo derrote, cuando vuelva a desperar para volver a asesinarlo y para evitar que vuelva a acumular corazones deberá matenerlo en lugar apartado de las personas, ser la vigilante de eso hasta destruir su último corazón.

    Usado su espada roja comenzó la batalla, el ser tomo una hacha con ambas manos, aunque para sorpresa de Lilithia, de la nada sale otro brazo para atacarla, a duras penas logró esquivar el ataque, recibiendo un corte en uno de sus brazos, pronto la sangre comenzó a emerge por la herida, aun pese al dolor, sujeta con fuerza la empuñadora de su espada.

    Con una voluntad inquebrantable la pelea sigue, logrado asi destruir el primer corazón del ese ser, quien sorprendido, lanza un grito ensordesedor para hacer que pierda la concentración.

    Pese al potente grito, la chica no sede, debe debilitarlo más para asi capturado y tenerlo contenido para cada vez que vuelva a despertar, destruir otro corazón, hasta acabarlo, pero solo en mantenerlo preso, será suficiente para evitar que busque más víctimas para remplazar los corazones perdidos. *
    *Lilithia supo las muertes que ese ser causaba cuando despertaba de su latergo, aunque no es muy de pelear, tampoco se podría quedar ajena a las pérdidas de vidas inocentes que ese ser había provocado, solo para ¿que? Un ser tan despreciable que solo alarga su vida, cambiado organos ya dañados por sanos de sus víctimas, un ser tan rastrero y caroñero como ese, no merece vivir. Por lo que esa noche fue a buscarlo, logrado por suerte salvar a dos personas que parecía que los tenía como objetivo, lo llevo lejos de ellos, dándoles oportunidad de escapar, mientras ella lo enfrentaria, no sabe cuanto tiempo le iba a tomar pues tenía ya tiempo y antes de ella naciera, que ese moustro había estado cazado a personas inocentes y seguramente en su interior alberga mas de un corazón. Para llegar a matarlo completame, Lilithia debía destruir cada uno de esos corazones, solo asi ese ser dejaría de vivir, esto al parecer será una batalla de desgaste. Aun asi no se va a rendir tan fácilmente, estaba dispuesta a acabar con ese engendro, cueste lo que cueste, aunque deberá vigilar una vez que lo derrote, cuando vuelva a desperar para volver a asesinarlo y para evitar que vuelva a acumular corazones deberá matenerlo en lugar apartado de las personas, ser la vigilante de eso hasta destruir su último corazón. Usado su espada roja comenzó la batalla, el ser tomo una hacha con ambas manos, aunque para sorpresa de Lilithia, de la nada sale otro brazo para atacarla, a duras penas logró esquivar el ataque, recibiendo un corte en uno de sus brazos, pronto la sangre comenzó a emerge por la herida, aun pese al dolor, sujeta con fuerza la empuñadora de su espada. Con una voluntad inquebrantable la pelea sigue, logrado asi destruir el primer corazón del ese ser, quien sorprendido, lanza un grito ensordesedor para hacer que pierda la concentración. Pese al potente grito, la chica no sede, debe debilitarlo más para asi capturado y tenerlo contenido para cada vez que vuelva a despertar, destruir otro corazón, hasta acabarlo, pero solo en mantenerlo preso, será suficiente para evitar que busque más víctimas para remplazar los corazones perdidos. *
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  • La teoría de las cosas demasiado cerca
    Categoría Comedia
    —¿Un maullido tierno, a esta hora? Ja. ¿Por quién me toman?
    Me quedo con la lata en el aire, escuchando. Miro para la ventana, pero no veo un carajo. El atardecer, la cortina, el monitor apagado haciéndose el profundo. Nada más.
    Los lentes, andá a saber. Seguro cerca. Las cosas importantes siempre estaban cerca, pero del lado equivocado.
    —Taimado, el enemigo. Pero le erró de vieja.
    Me levanto rápido. Demasiado. La mesa ratona sigue donde estuvo siempre, supongo, pero mi rodilla no. Le doy de lleno contra la punta y veo estrellas. Estrellas feas, de entrecasa.
    La lata se me va.
    La manoteo antes del desastre.
    Menos mal. La rodilla era asunto de la rodilla. La cerveza era la última.
    —Hijos de puta —digo, apretando la rodilla como si eso cambiara algo sin soltar la lata—. Me quieren dejar ciega y sobria.
    Tomo un trago. Por las dudas. La rodilla late como si tuviera cosas para decir, pero no estaba la noche para quejarse por partes. Una sola desgracia a la vez.
    Voy hasta la ventana medio torcida, pegada a la pared. No por miedo. Por estrategia. Asomarse de frente era de principiante. O de mártir. Y yo no pensaba arrancar ninguna carrera nueva a esta altura.
    Corro la cortina con dos dedos.
    En el patio no se mueve nada.
    Después sí.
    Algo oscuro entre los arbustos. Dos ojos. O uno. Puede ser un gato. Puede ser una bolsa. Puede ser cualquier porquería, con esta luz.
    Me quedo quieta.
    Si era un gato, no estaba ahí porque sí. A esta altura de la vida, nada estaba porque sí. Ni el gato, ni la lata, ni la rodilla. Mucho menos la rodilla, que siempre había tenido opiniones de más.
    Apoyo la cerveza en el alféizar y señalo el jardín.
    —Escuchame bien. Si te mandaron mis antiguos perseguidores, avisales que La Fénix sigue en pie.
    Me miro la pierna.
    —Más o menos.
    El bulto no se mueve.
    —Si venís a matarme, hacé fila. Si venís a salvarme, llegás tarde. Y si sos una porquería del jardín, no me hagas quedar como una pelotuda.
    Espero.
    El arbusto se sacude apenas.
    Bajo la voz.
    —Dame una señal.
    La cosa maúlla.
    Cierro los ojos.
    —Una señal seria, animal. No me boludees.
    Cierro los ojos.
    Entonces algo golpea suave contra el vidrio.
    Abro un ojo.
    No fuerte. Peor. Educado.
    Tac.
    Manoteo los anteojos, le erro y caen por la ventana.
    —¡Pero será posible!
    El patio sigue igual de oscuro. El arbusto, quieto. La cortina, pegada a mi mano. En el alféizar, la lata transpira como un testigo débil.
    Tac.
    Esta vez lo veo. O creo que lo veo. Algo chiquito pega contra la ventana y cae del lado de afuera.
    Una piedrita.
    Me quedo mirando la piedrita como si acabara de firmar una confesión.
    —Ajá
    La rodilla late.
    El bulto se mueve entre las plantas. No sale. No entra. Espera. Como esperan los que saben que una ya entendió demasiado.
    Agarro la lata. Después la dejo. Una mano ocupada es una mano menos. Agarro, en cambio, el destapador que estaba sobre la mesa. No es un arma. Pero en manos de una mujer decidida, casi cualquier cosa puede serlo. No iba a malgastar la opción de mi brazo en cualquier cosa.
    Voy hasta la puerta del patio rengueando con dignidad irregular.
    —Buen... Si empezó el baile, tacos fuera.
    Abro la puerta.
    El aire de afuera entra frío, con olor a tierra mojada y a esa humedad vieja de los patios que no limpiamos ni en pedo.
    No hay nadie.
    Por supuesto.
    Doy un paso.
    Algo cruje bajo mi pantufla.
    Bajo la vista.
    Mis lentes.
    Enteros.
    Perfectamente acomodados sobre el felpudo, como si alguien los hubiera dejado ahí para mí.
    Me agacho despacio. La rodilla protesta con argumentos primarios. Levanto los lentes y me los pongo.
    El mundo vuelve de golpe. Feo, detallado, imperdonable.
    Y entonces veo lo que hay entre los arbustos.
    No es un gato.

    (Marta acaba de encontrar sus lentes afuera, sobre el felpudo. No sabe quién los dejó ahí ni qué hay entre los arbustos. Puede entrar cualquier personaje que tenga una razón —buena, mala o ridícula— para estar en ese patio.)
    —¿Un maullido tierno, a esta hora? Ja. ¿Por quién me toman? Me quedo con la lata en el aire, escuchando. Miro para la ventana, pero no veo un carajo. El atardecer, la cortina, el monitor apagado haciéndose el profundo. Nada más. Los lentes, andá a saber. Seguro cerca. Las cosas importantes siempre estaban cerca, pero del lado equivocado. —Taimado, el enemigo. Pero le erró de vieja. Me levanto rápido. Demasiado. La mesa ratona sigue donde estuvo siempre, supongo, pero mi rodilla no. Le doy de lleno contra la punta y veo estrellas. Estrellas feas, de entrecasa. La lata se me va. La manoteo antes del desastre. Menos mal. La rodilla era asunto de la rodilla. La cerveza era la última. —Hijos de puta —digo, apretando la rodilla como si eso cambiara algo sin soltar la lata—. Me quieren dejar ciega y sobria. Tomo un trago. Por las dudas. La rodilla late como si tuviera cosas para decir, pero no estaba la noche para quejarse por partes. Una sola desgracia a la vez. Voy hasta la ventana medio torcida, pegada a la pared. No por miedo. Por estrategia. Asomarse de frente era de principiante. O de mártir. Y yo no pensaba arrancar ninguna carrera nueva a esta altura. Corro la cortina con dos dedos. En el patio no se mueve nada. Después sí. Algo oscuro entre los arbustos. Dos ojos. O uno. Puede ser un gato. Puede ser una bolsa. Puede ser cualquier porquería, con esta luz. Me quedo quieta. Si era un gato, no estaba ahí porque sí. A esta altura de la vida, nada estaba porque sí. Ni el gato, ni la lata, ni la rodilla. Mucho menos la rodilla, que siempre había tenido opiniones de más. Apoyo la cerveza en el alféizar y señalo el jardín. —Escuchame bien. Si te mandaron mis antiguos perseguidores, avisales que La Fénix sigue en pie. Me miro la pierna. —Más o menos. El bulto no se mueve. —Si venís a matarme, hacé fila. Si venís a salvarme, llegás tarde. Y si sos una porquería del jardín, no me hagas quedar como una pelotuda. Espero. El arbusto se sacude apenas. Bajo la voz. —Dame una señal. La cosa maúlla. Cierro los ojos. —Una señal seria, animal. No me boludees. Cierro los ojos. Entonces algo golpea suave contra el vidrio. Abro un ojo. No fuerte. Peor. Educado. Tac. Manoteo los anteojos, le erro y caen por la ventana. —¡Pero será posible! El patio sigue igual de oscuro. El arbusto, quieto. La cortina, pegada a mi mano. En el alféizar, la lata transpira como un testigo débil. Tac. Esta vez lo veo. O creo que lo veo. Algo chiquito pega contra la ventana y cae del lado de afuera. Una piedrita. Me quedo mirando la piedrita como si acabara de firmar una confesión. —Ajá La rodilla late. El bulto se mueve entre las plantas. No sale. No entra. Espera. Como esperan los que saben que una ya entendió demasiado. Agarro la lata. Después la dejo. Una mano ocupada es una mano menos. Agarro, en cambio, el destapador que estaba sobre la mesa. No es un arma. Pero en manos de una mujer decidida, casi cualquier cosa puede serlo. No iba a malgastar la opción de mi brazo en cualquier cosa. Voy hasta la puerta del patio rengueando con dignidad irregular. —Buen... Si empezó el baile, tacos fuera. Abro la puerta. El aire de afuera entra frío, con olor a tierra mojada y a esa humedad vieja de los patios que no limpiamos ni en pedo. No hay nadie. Por supuesto. Doy un paso. Algo cruje bajo mi pantufla. Bajo la vista. Mis lentes. Enteros. Perfectamente acomodados sobre el felpudo, como si alguien los hubiera dejado ahí para mí. Me agacho despacio. La rodilla protesta con argumentos primarios. Levanto los lentes y me los pongo. El mundo vuelve de golpe. Feo, detallado, imperdonable. Y entonces veo lo que hay entre los arbustos. No es un gato. (Marta acaba de encontrar sus lentes afuera, sobre el felpudo. No sabe quién los dejó ahí ni qué hay entre los arbustos. Puede entrar cualquier personaje que tenga una razón —buena, mala o ridícula— para estar en ese patio.)
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