• - Auch.

    Justo cuando pensaba que era seguro salir, la última pared en pie, se le ocurre caer encima de él, menos mal que seguía dentro de Chroma, aunque estaba apenas recuperándose del último encuentro.

    Sale de los escombros más por el enojo que la supervivencia.
    - Auch. Justo cuando pensaba que era seguro salir, la última pared en pie, se le ocurre caer encima de él, menos mal que seguía dentro de Chroma, aunque estaba apenas recuperándose del último encuentro. Sale de los escombros más por el enojo que la supervivencia.
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  • [Mientras acontece la batalla contra los heraldos de Alhoon. Kyrie Hourglass permanece en el departamento de Bianca cuidando de Drizz. Quién aún permanece en coma]

    Kyrie Hourglass: Drizz. No dejaré que esa cosa te haga daño. Quisiera poder hacer algo más. Pero tengo el presentimiento de que si dejo este lugar. Jamás volveré a verte. Confiemos en el señor Jero y Bianca *acaricio el cabello de Drizz. Frustrada al no poder ser más útil en un momento tan crucial*
    [Mientras acontece la batalla contra los heraldos de Alhoon. Kyrie Hourglass permanece en el departamento de Bianca cuidando de Drizz. Quién aún permanece en coma] Kyrie Hourglass: Drizz. No dejaré que esa cosa te haga daño. Quisiera poder hacer algo más. Pero tengo el presentimiento de que si dejo este lugar. Jamás volveré a verte. Confiemos en el señor Jero y Bianca *acaricio el cabello de Drizz. Frustrada al no poder ser más útil en un momento tan crucial*
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  • Robot: ¿Pero, no crees que es un poco sádico si .... y .... me ven con mis entrañas abiertas?.
    -El Robot no quiere que su creador lo repare en público.-
    Robot: ¿Pero, no crees que es un poco sádico si .... y .... me ven con mis entrañas abiertas?. -El Robot no quiere que su creador lo repare en público.-
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  • -No solía vestir así de normal, sentía que esa clase de ropa le sentaban muy tontas. Sin embargo, por insistencia de cierta profesora para ir a visitarla sin llamar la atención, hoy vestía de ese modo para no destacar entre los estudiantes. Aunque igual pensaba que igual llamaría la atención con sus rasgos dracónidos.-
    -No solía vestir así de normal, sentía que esa clase de ropa le sentaban muy tontas. Sin embargo, por insistencia de cierta profesora para ir a visitarla sin llamar la atención, hoy vestía de ese modo para no destacar entre los estudiantes. Aunque igual pensaba que igual llamaría la atención con sus rasgos dracónidos.-
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  • • Las crónicas de fenrir queen•

    ~ El día de kael vireon prt1 ~

    La noche caía lentamente sobre las montañas del norte, el cielo teñido de tonos rojizos mientras pequeñas luces cálidas brillaban entre las casas de madera del poblado. El lugar no era grande, tampoco poderoso, ni siquiera importante para el resto del mundo… pero para Kael Vireon aquello era todo su universo. Un hogar sencillo rodeado de nieve, bosques inmensos y ríos cristalinos donde el silencio nunca era incómodo.

    Las chimeneas dejaban escapar columnas de humo mientras las personas terminaban su jornada entre risas suaves y conversaciones tranquilas. Algunos niños corrían por las calles con bufandas enormes, otros ayudaban a cargar leña antes de que el frío empeorara. No existía riqueza allí, pero tampoco hacía falta. La gente del pueblo aprendió hacía mucho tiempo a vivir con poco… y a protegerse entre todos.

    Kael caminaba despacio sobre la nieve acumulada, las manos dentro de los bolsillos de aquel abrigo demasiado grande para él. Su cabello claro se movía ligeramente con el viento helado mientras observaba el cielo. Todavía era un niño, uno silencioso… pero no frío. Sus ojos aún no conocían el odio.

    Entonces una voz rompió el silencio.

    —¡Kael! ¡Tu madre te está buscando otra vez!—

    El chico giró apenas el rostro viendo a uno de los vecinos reír desde una ventana abierta.

    —Dice que si vuelves tarde la sopa se enfría—

    Kael soltó una pequeña exhalación por la nariz, casi una risa disimulada, y siguió caminando cuesta arriba hacia su hogar.

    La casa estaba algo apartada del centro del pueblo, cerca del borde del bosque. Era humilde, construida con madera oscura y piedra vieja, pero siempre cálida por dentro. Apenas abrió la puerta el olor a comida caliente llenó sus sentidos.

    —Llegas tarde otra vez—

    La voz de su madre no sonaba molesta realmente. Nunca sonaba molesta con él.

    Kael dejó las botas cerca de la entrada mientras pequeñas gotas de nieve se derretían sobre el suelo.

    —Estaba viendo el río—

    —El río seguirá ahí mañana—

    Ella colocó el plato frente a él y despeinó suavemente su cabello al pasar.

    Su padre observaba la escena sentado cerca de la chimenea, limpiando una vieja herramienta metálica mientras una sonrisa cansada aparecía en su rostro.

    —Déjalo, tiene la cabeza en las nubes igual que tú—

    —Eso es exactamente lo preocupante—

    Respondió la mujer cruzándose de brazos aunque apenas pudo contener una risa.

    Kael los miró en silencio.
    Aquellos momentos eran pequeños… insignificantes para cualquiera de afuera.

    Pero años después… recordaría ese instante una y otra vez.

    El sonido de la madera ardiendo.
    La nieve golpeando las ventanas.
    La voz tranquila de su madre.
    La paz.

    Porque esa sería la última noche en la que el mundo todavía parecía un lugar seguro.

    El amanecer llegó acompañado de algo extraño.

    No fueron gritos al principio.
    Ni explosiones.

    Fue el cielo.

    El cielo había cambiado.

    Kael salió de casa lentamente mientras el viento helado recorría las calles y entonces lo vio… enormes estructuras flotando entre las nubes, sombras gigantescas avanzando sobre las montañas como si devoraran la luz del amanecer. El sonido era grave, profundo… imposible de describir.

    Todo el pueblo quedó inmóvil.

    Confusión.
    Miedo.
    Silencio.

    Y entonces ocurrió.

    Un estruendo.

    El suelo tembló violentamente.

    Una parte de la muralla del pueblo explotó en miles de fragmentos mientras fuego y humo cubrían la nieve blanca. Los gritos comenzaron inmediatamente después.

    —¡CORRAN!—

    —¡NOS ENCONTRARON!—

    —¡PROTEJAN A LOS NIÑOS!—

    Kael sintió cómo alguien lo sujetaba del brazo con fuerza.

    Su madre.

    —¡Dentro! ¡Ahora!—

    Pero él seguía mirando el cielo.

    Aquellas figuras descendían lentamente… soldados cubiertos con armaduras oscuras avanzando entre llamas y magia. No venían a negociar. No venían a advertir.

    Venían a conquistar.

    Y entre todo el caos… Kael vio algo que jamás olvidaría.

    Una enorme bandera ondeando entre el humo.

    El símbolo de la familia que había iniciado aquella guerra.
    • Las crónicas de fenrir queen• ~ El día de kael vireon prt1 ~ La noche caía lentamente sobre las montañas del norte, el cielo teñido de tonos rojizos mientras pequeñas luces cálidas brillaban entre las casas de madera del poblado. El lugar no era grande, tampoco poderoso, ni siquiera importante para el resto del mundo… pero para Kael Vireon aquello era todo su universo. Un hogar sencillo rodeado de nieve, bosques inmensos y ríos cristalinos donde el silencio nunca era incómodo. Las chimeneas dejaban escapar columnas de humo mientras las personas terminaban su jornada entre risas suaves y conversaciones tranquilas. Algunos niños corrían por las calles con bufandas enormes, otros ayudaban a cargar leña antes de que el frío empeorara. No existía riqueza allí, pero tampoco hacía falta. La gente del pueblo aprendió hacía mucho tiempo a vivir con poco… y a protegerse entre todos. Kael caminaba despacio sobre la nieve acumulada, las manos dentro de los bolsillos de aquel abrigo demasiado grande para él. Su cabello claro se movía ligeramente con el viento helado mientras observaba el cielo. Todavía era un niño, uno silencioso… pero no frío. Sus ojos aún no conocían el odio. Entonces una voz rompió el silencio. —¡Kael! ¡Tu madre te está buscando otra vez!— El chico giró apenas el rostro viendo a uno de los vecinos reír desde una ventana abierta. —Dice que si vuelves tarde la sopa se enfría— Kael soltó una pequeña exhalación por la nariz, casi una risa disimulada, y siguió caminando cuesta arriba hacia su hogar. La casa estaba algo apartada del centro del pueblo, cerca del borde del bosque. Era humilde, construida con madera oscura y piedra vieja, pero siempre cálida por dentro. Apenas abrió la puerta el olor a comida caliente llenó sus sentidos. —Llegas tarde otra vez— La voz de su madre no sonaba molesta realmente. Nunca sonaba molesta con él. Kael dejó las botas cerca de la entrada mientras pequeñas gotas de nieve se derretían sobre el suelo. —Estaba viendo el río— —El río seguirá ahí mañana— Ella colocó el plato frente a él y despeinó suavemente su cabello al pasar. Su padre observaba la escena sentado cerca de la chimenea, limpiando una vieja herramienta metálica mientras una sonrisa cansada aparecía en su rostro. —Déjalo, tiene la cabeza en las nubes igual que tú— —Eso es exactamente lo preocupante— Respondió la mujer cruzándose de brazos aunque apenas pudo contener una risa. Kael los miró en silencio. Aquellos momentos eran pequeños… insignificantes para cualquiera de afuera. Pero años después… recordaría ese instante una y otra vez. El sonido de la madera ardiendo. La nieve golpeando las ventanas. La voz tranquila de su madre. La paz. Porque esa sería la última noche en la que el mundo todavía parecía un lugar seguro. El amanecer llegó acompañado de algo extraño. No fueron gritos al principio. Ni explosiones. Fue el cielo. El cielo había cambiado. Kael salió de casa lentamente mientras el viento helado recorría las calles y entonces lo vio… enormes estructuras flotando entre las nubes, sombras gigantescas avanzando sobre las montañas como si devoraran la luz del amanecer. El sonido era grave, profundo… imposible de describir. Todo el pueblo quedó inmóvil. Confusión. Miedo. Silencio. Y entonces ocurrió. Un estruendo. El suelo tembló violentamente. Una parte de la muralla del pueblo explotó en miles de fragmentos mientras fuego y humo cubrían la nieve blanca. Los gritos comenzaron inmediatamente después. —¡CORRAN!— —¡NOS ENCONTRARON!— —¡PROTEJAN A LOS NIÑOS!— Kael sintió cómo alguien lo sujetaba del brazo con fuerza. Su madre. —¡Dentro! ¡Ahora!— Pero él seguía mirando el cielo. Aquellas figuras descendían lentamente… soldados cubiertos con armaduras oscuras avanzando entre llamas y magia. No venían a negociar. No venían a advertir. Venían a conquistar. Y entre todo el caos… Kael vio algo que jamás olvidaría. Una enorme bandera ondeando entre el humo. El símbolo de la familia que había iniciado aquella guerra.
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  • [Después de apagar las luces de toda la oficina Alexander recogió su abrigo para colgarlo por detrás de su hombro sosteniéndolo con un dedo mientras caminaba a la salida]

    Muy bien se acabó el turno laborar, mañana y el domingo tendremos día libre así que dime Emily ¿Que haremos?

    Emily: oye a mí no me dejes a cargo de tus decisiones humanas yo solo quiero comerme a alguien

    Pues con la hora que es dudo que encontremos a alguien por el camino al que puedas devorar

    -cuando salí afuera echaria un vistazo hacia los lados notando que alrededor no había gente, el cielo estaba despejado en aquella noche-

    Emily: no pierdas la fe seguramente encontraremos a alguien tu solo camina

    No pienso caminar sin motivo solo por tu apetito, iremos directo a nuestro departamento y si vemos a alguien tendras suerte.

    [Después de la conversacion Alexander caminaria por la vía peatonal de la ciudad dirigiendose hacia su casa]
    [Después de apagar las luces de toda la oficina Alexander recogió su abrigo para colgarlo por detrás de su hombro sosteniéndolo con un dedo mientras caminaba a la salida] Muy bien se acabó el turno laborar, mañana y el domingo tendremos día libre así que dime Emily ¿Que haremos? Emily: oye a mí no me dejes a cargo de tus decisiones humanas yo solo quiero comerme a alguien Pues con la hora que es dudo que encontremos a alguien por el camino al que puedas devorar -cuando salí afuera echaria un vistazo hacia los lados notando que alrededor no había gente, el cielo estaba despejado en aquella noche- Emily: no pierdas la fe seguramente encontraremos a alguien tu solo camina No pienso caminar sin motivo solo por tu apetito, iremos directo a nuestro departamento y si vemos a alguien tendras suerte. [Después de la conversacion Alexander caminaria por la vía peatonal de la ciudad dirigiendose hacia su casa]
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  • ༒ 𝕻𝖔𝖑𝖑𝖊𝖓 𝕾𝖊𝖕𝖚𝖑𝖈𝖗𝖊𝖙𝖚𝖒.

    Era una tarde de tormenta, la noche estaba por caer y la lluvia golpeaba los ventanales con una paciencia funeraria, lenta, insistente… como dedos huesudos reclamando entrar. Dentro de la pequeña botica apenas sobrevivía la luz de unas cuantas velas consumidas, cuya cera derretida caía sobre los muebles antiguos como lágrimas espesas. El aire olía a tierra húmeda, hierbas secas y algo más difícil de nombrar.
    Algo amargo. Algo medicinal. Algo que recordaba demasiado a las criptas.

    Odette permanecía de pie frente a la mesa de trabajo, rodeada de frascos etiquetados con tinta antigua y nombres que la mayoría prefería no pronunciar. Belladona. Beleño negro. Acónito. Estramonio.
    Sus dedos recorrían con delicadeza las páginas abiertas del herbario mientras separaba pequeñas ramas marchitas para dejarlas secar. Había aprendido hacía mucho que las plantas también podían pudrirse con elegancia.

    La tormenta rugió afuera.

    Ella no levantó la vista.

    Sólo cuando el viento hizo estremecer las paredes de madera, sus ojos verdes y apagados se desviaron lentamente hacia la ventana empañada. Durante un segundo creyó distinguir una silueta inmóvil al otro lado del cristal.

    Alta.

    Cubierta por un velo oscuro.

    Observándola.

    Odette permaneció quieta, con la misma serenidad con la que otros aceptaban una oración antes de morir. Sus dedos, manchados tenuemente por los pigmentos de las hierbas que martajaba, sostuvieron una planta seca de Ajenjo que descansaba entre las páginas del libro donde antes se encontraba su rosario de plata.

    La figura desapareció cuando un relámpago iluminó el bosque.

    Silencio otra vez.

    Sólo el crepitar de las velas.

    Sólo la lluvia.

    Sólo ella.

    O eso creyó… hasta que escuchó el sonido húmedo de unas pisadas detrás de su espalda.

    No fueron rápidas.

    No fueron agresivas.

    Odette cerró el herbario con suavidad.

    —La puerta estaba cerrada.—Murmuró tranquila.—Así que supongo que no viene buscando refugio.

    Las pisadas se detuvieron.

    Y en algún rincón oscuro de la botica… algo comenzó a reir.

    Odette permaneció inmóvil unos segundos más, escuchando.

    Aquella risa seguía ahí.

    Suave.

    Siniestra.

    Burlona.

    Parecía surgir desde algún rincón de la botica, mezclándose con el crujido de la madera vieja y el murmullo de la tormenta detrás de los cristales. No sonaba como la risa de una persona… tampoco como la de un niño. Había algo enfermo en ello. Algo demasiado profundo.

    La herborista tomó una vela de la mesa.

    La llama de la vela tembló mientras avanzaba despacio por la habitación. Las sombras de las plantas colgadas del techo se balanceaban sobre las paredes como cadáveres suspendidos.

    Un paso.

    Luego otro.

    Aquella risa parecía moverse cada vez que ella se acercaba.
    Burlona. Incitando a Odette a buscarla.

    Primero junto al estante de frascos.

    Luego detrás de las cortinas.

    Después cerca de la puerta.

    Pero siempre fuera de su alcance.

    Odette entrecerró apenas los ojos.

    —No me agradan los juegos.—Exhaló. Con aparente tono cansado.

    No obtuvo respuesta.

    Sólo aquel sonido.

    Más cerca ahora.

    Demasiado cerca.

    La llama de la vela vaciló violentamente cuando Odette se detuvo frente al rincón más oscuro de la botica: un pequeño espacio detrás de una cortina de hierbas secas y ramilletes marchitos colgando.

    La risa venía de ahí.

    Podía jurarlo.

    Con lentitud apartó las ramas.

    El rincón estaba vacío.

    No había nadie.

    Ni huellas húmedas sobre el suelo.

    Ni barro.

    Ni ropa empapada.

    Nada.

    Esa risa cesó por completo.

    Odette observó el espacio durante largos segundos sin moverse. Su expresión apenas cambió, aunque sintió el frío reptar lentamente bajo su piel.

    Entonces la vela iluminó algo sobre el suelo.

    Un pequeño charco oscuro.

    Espeso.

    No era agua.

    Odette descendió lentamente la vista… y sintió cómo el aire abandonaba sus pulmones.

    El líquido nacía desde debajo del suelo. Desde sus propios zapatos.

    Retrocedió apenas un paso.

    Confundida.

    Y fue entonces cuando lo escuchó otra vez.

    Detrás del cristal empañado donde antes había visto la sombra...

    La suave risa volvió a burlarse de ella.
    ༒ 𝕻𝖔𝖑𝖑𝖊𝖓 𝕾𝖊𝖕𝖚𝖑𝖈𝖗𝖊𝖙𝖚𝖒. Era una tarde de tormenta, la noche estaba por caer y la lluvia golpeaba los ventanales con una paciencia funeraria, lenta, insistente… como dedos huesudos reclamando entrar. Dentro de la pequeña botica apenas sobrevivía la luz de unas cuantas velas consumidas, cuya cera derretida caía sobre los muebles antiguos como lágrimas espesas. El aire olía a tierra húmeda, hierbas secas y algo más difícil de nombrar. Algo amargo. Algo medicinal. Algo que recordaba demasiado a las criptas. Odette permanecía de pie frente a la mesa de trabajo, rodeada de frascos etiquetados con tinta antigua y nombres que la mayoría prefería no pronunciar. Belladona. Beleño negro. Acónito. Estramonio. Sus dedos recorrían con delicadeza las páginas abiertas del herbario mientras separaba pequeñas ramas marchitas para dejarlas secar. Había aprendido hacía mucho que las plantas también podían pudrirse con elegancia. La tormenta rugió afuera. Ella no levantó la vista. Sólo cuando el viento hizo estremecer las paredes de madera, sus ojos verdes y apagados se desviaron lentamente hacia la ventana empañada. Durante un segundo creyó distinguir una silueta inmóvil al otro lado del cristal. Alta. Cubierta por un velo oscuro. Observándola. Odette permaneció quieta, con la misma serenidad con la que otros aceptaban una oración antes de morir. Sus dedos, manchados tenuemente por los pigmentos de las hierbas que martajaba, sostuvieron una planta seca de Ajenjo que descansaba entre las páginas del libro donde antes se encontraba su rosario de plata. La figura desapareció cuando un relámpago iluminó el bosque. Silencio otra vez. Sólo el crepitar de las velas. Sólo la lluvia. Sólo ella. O eso creyó… hasta que escuchó el sonido húmedo de unas pisadas detrás de su espalda. No fueron rápidas. No fueron agresivas. Odette cerró el herbario con suavidad. —La puerta estaba cerrada.—Murmuró tranquila.—Así que supongo que no viene buscando refugio. Las pisadas se detuvieron. Y en algún rincón oscuro de la botica… algo comenzó a reir. Odette permaneció inmóvil unos segundos más, escuchando. Aquella risa seguía ahí. Suave. Siniestra. Burlona. Parecía surgir desde algún rincón de la botica, mezclándose con el crujido de la madera vieja y el murmullo de la tormenta detrás de los cristales. No sonaba como la risa de una persona… tampoco como la de un niño. Había algo enfermo en ello. Algo demasiado profundo. La herborista tomó una vela de la mesa. La llama de la vela tembló mientras avanzaba despacio por la habitación. Las sombras de las plantas colgadas del techo se balanceaban sobre las paredes como cadáveres suspendidos. Un paso. Luego otro. Aquella risa parecía moverse cada vez que ella se acercaba. Burlona. Incitando a Odette a buscarla. Primero junto al estante de frascos. Luego detrás de las cortinas. Después cerca de la puerta. Pero siempre fuera de su alcance. Odette entrecerró apenas los ojos. —No me agradan los juegos.—Exhaló. Con aparente tono cansado. No obtuvo respuesta. Sólo aquel sonido. Más cerca ahora. Demasiado cerca. La llama de la vela vaciló violentamente cuando Odette se detuvo frente al rincón más oscuro de la botica: un pequeño espacio detrás de una cortina de hierbas secas y ramilletes marchitos colgando. La risa venía de ahí. Podía jurarlo. Con lentitud apartó las ramas. El rincón estaba vacío. No había nadie. Ni huellas húmedas sobre el suelo. Ni barro. Ni ropa empapada. Nada. Esa risa cesó por completo. Odette observó el espacio durante largos segundos sin moverse. Su expresión apenas cambió, aunque sintió el frío reptar lentamente bajo su piel. Entonces la vela iluminó algo sobre el suelo. Un pequeño charco oscuro. Espeso. No era agua. Odette descendió lentamente la vista… y sintió cómo el aire abandonaba sus pulmones. El líquido nacía desde debajo del suelo. Desde sus propios zapatos. Retrocedió apenas un paso. Confundida. Y fue entonces cuando lo escuchó otra vez. Detrás del cristal empañado donde antes había visto la sombra... La suave risa volvió a burlarse de ella.
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  • ¡ La felicidad se multiplica por dos !

    Estamos deseando de que estéis con nosotros, padre y madre os queremos.

    Akihiko Sanada
    ¡ La felicidad se multiplica por dos ! Estamos deseando de que estéis con nosotros, padre y madre os queremos. [Sanada_Thcx]
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  • UNA VOZ INTERIOR (PARTE 1)

    ×despues de comprar lo necesario en la tienda tome la decisión de caminar por un callejón vacío con tal de evitar a los humanos×

    Aun tengo tiempo así que iré al departamento a dejar esto y después visitaré a la señorita Seryn, solo espero que esa reunión no dure mucho.. ghmm..

    ×entre mas avanzaba en el callejón podía sentir un dolor punzante haciéndose más grande en mí cabeza hasta el punto en que me vi obligado a soltar las comprar para agarrarme la cabeza con ambas manos×

    ¡Aahg! ¿Que es esto..? Me duele demasiado la cabeza..

    ???: ¿¡Que estas esperando!? ¡Tienes que ir y matarlos a todos!

    Que.. ¿¡Quien dijo eso!?

    ×apesar del dolor me puse de pie mirando hacia todos lados en busca de ver a la persona que me hablaba pero después me di cuenta de algo×

    Tu voz es igual a la mia.. ¿Quien eres?

    ???: ¿No es obvio? Yo soy tu muchacho solo que una versión mejorada de ti

    Ahora entiendo estás en mí cabeza ¿Verdad? Que es lo que quieres

    ???: vine a recordarte tu pasado, ¿¡Enserio has olvidado quien eres!? ¿¡Olvidaste quien somos? La reina dragon te nombró el ejecutor por algo

    Prometí dejar esa vida para siempre.. antes de morir ella me permitió iniciar una nueva vida..

    ???: pero es obvio que yo me niego a dejarte vivir esa vida.. no eres más que un cobarde que decidió aceptar la derrota y ahora mira a tu alrededor ¡Los humanos conquistaron el mundo! ¡Y todo porque no hiciste absolutamente nada!

    ×me levantaría del suelo para correr hacia una de las paredes en el callejón y dar un fuerte cabezaso a la misma agrietando el muro×

    Cállate de una maldita vez.. prometi no volver a usar mis manos para asesinar a otros.. no seré como antes..

    ???: descuida poco a poco te irás debilitando y cuando menos te lo esperes yo seré libre y tu serás historia.. tomare venganza en nombre de nuestros camaradas asesinados

    ×buscabdo silenciar aquella voz comencé a dar cabezazos una y otra vez rompiendo más y más aquel muro hasta que escuche la voz de un sujeto cerca de mi×

    Desconocido: oye chico que estás haciendo.. ¿Te encuentras bien? ¿Llamo a una ambulancia?

    Estoy bien no se preocupe.. solo alejese de mí y por nada del mundo se acerque...

    ×me daría la vuelta para comenzar a correr y alejarme de aquel lugar, aquella voz había dejado de hablarme pero algo me decía que este no era el final sino el comienzo×
    UNA VOZ INTERIOR (PARTE 1) ×despues de comprar lo necesario en la tienda tome la decisión de caminar por un callejón vacío con tal de evitar a los humanos× Aun tengo tiempo así que iré al departamento a dejar esto y después visitaré a la señorita Seryn, solo espero que esa reunión no dure mucho.. ghmm.. ×entre mas avanzaba en el callejón podía sentir un dolor punzante haciéndose más grande en mí cabeza hasta el punto en que me vi obligado a soltar las comprar para agarrarme la cabeza con ambas manos× ¡Aahg! ¿Que es esto..? Me duele demasiado la cabeza.. ???: ¿¡Que estas esperando!? ¡Tienes que ir y matarlos a todos! Que.. ¿¡Quien dijo eso!? ×apesar del dolor me puse de pie mirando hacia todos lados en busca de ver a la persona que me hablaba pero después me di cuenta de algo× Tu voz es igual a la mia.. ¿Quien eres? ???: ¿No es obvio? Yo soy tu muchacho solo que una versión mejorada de ti Ahora entiendo estás en mí cabeza ¿Verdad? Que es lo que quieres ???: vine a recordarte tu pasado, ¿¡Enserio has olvidado quien eres!? ¿¡Olvidaste quien somos? La reina dragon te nombró el ejecutor por algo Prometí dejar esa vida para siempre.. antes de morir ella me permitió iniciar una nueva vida.. ???: pero es obvio que yo me niego a dejarte vivir esa vida.. no eres más que un cobarde que decidió aceptar la derrota y ahora mira a tu alrededor ¡Los humanos conquistaron el mundo! ¡Y todo porque no hiciste absolutamente nada! ×me levantaría del suelo para correr hacia una de las paredes en el callejón y dar un fuerte cabezaso a la misma agrietando el muro× Cállate de una maldita vez.. prometi no volver a usar mis manos para asesinar a otros.. no seré como antes.. ???: descuida poco a poco te irás debilitando y cuando menos te lo esperes yo seré libre y tu serás historia.. tomare venganza en nombre de nuestros camaradas asesinados ×buscabdo silenciar aquella voz comencé a dar cabezazos una y otra vez rompiendo más y más aquel muro hasta que escuche la voz de un sujeto cerca de mi× Desconocido: oye chico que estás haciendo.. ¿Te encuentras bien? ¿Llamo a una ambulancia? Estoy bien no se preocupe.. solo alejese de mí y por nada del mundo se acerque... ×me daría la vuelta para comenzar a correr y alejarme de aquel lugar, aquella voz había dejado de hablarme pero algo me decía que este no era el final sino el comienzo×
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    ****Edad del Caos.****
    "Encuentro inesperado"

    La guerra había cambiado, eso era algo que incluso los Ogros y Kijins podían sentir. Durante semanas enteras no hubo ataques importantes,
    ni tampoco ejércitos Elunai usando a otras razas para combatir. Los templos no movilizaban inquisidores, ni siquiera monstruos alterados por los Dioses.

    Los Kijins celebraban aquello como una victoria en las fortalezas improvisadas y ciudades conquistadas corría el alcohol. Los guerreros reían, algunos incluso comenzaban a hablar de un posible final para la guerra.

    -¡Los Dioses finalmente se escondieron!
    -¡Temen al gran Ozma!
    -¡La princesa del Caos los hizo retroceder!

    Los soldados gritaban entre risas mientras golpeaban las mesas, pero Ozma no compartía aquella tranquilidad, desde lo alto del Castillo de la Ruina, observaba el horizonte en silencio, sus ojos rojos permanecían fijos en el cielo mientras pensaba y analizaba, porque algo no encajaba. Los seres alados, aquellos dos guerreros no habían vuelto a aparecer y eso era precisamente lo que le preocupaba.

    -Si poseen armas así… ¿por qué no las usan? -Murmuraba.

    Aquellas criaturas no eran simples soldados, habían logrado enfrentarlo directamente e incluso obligarlo a esforzarse. No tenía sentido que los Dioses escondieran un poder semejante.

    A menos que… Estuvieran preparando algo más. Ozma cerró lentamente los ojos, por primera vez en mucho tiempo sintió una sensación incómoda, no era miedo, era incertidumbre y eso era peor.

    Muy lejos del castillo, completamente ajenas a aquellos pensamientos, Yen y Onix aprovechaban las semanas de calma. El pequeño pueblo fronterizo estaba lleno de vida, mercaderes recorrían las calles, niños corrían entre puestos de comida, la música sonaba suavemente desde una taberna cercana.

    Yen observaba todo con cierta tranquilidad, aquellos lugares eran precisamente la razón por la que había peleado durante tantos años.

    -Es raro ver gente sonriendo- *Comentó Onix mientras mordía una fruta.*

    *Yen soltó una pequeña risa.* -Supongo que eso significa que no lo hemos hecho tan mal.

    La gente del pueblo las reconocía, algunos saludaban a Yen con respeto, otros incluso inclinaban ligeramente la cabeza.

    No la llamaban monstruo, aquí no. Aquí todavía la recordaban como una libertadora pero entonces se escucharon gritos emocionados desde la entrada principal del pueblo. Una caravana dañada acababa de llegar, los mercaderes estaban heridos, las ruedas de algunos carruajes estaban destruidas y delante de ellos caminaban dos jóvenes aventureros.

    Un chico rubio con espada y una joven de capa azul. La gente comenzó a reunirse rápidamente.

    -Son ellos!
    -¡Los héroes!
    -¡Salvaron la caravana!
    -¡Derrotaron a los monstruos del bosque!

    Los aldeanos los rodearon llenos de admiración y entonces los dos héroes vieron a Yen. El aire se congeló, sus sonrisas desaparecieron apenas un instante porque reconocieron inmediatamente a la joven de piel verde; La hija del Monstruo.

    La guerrera que había luchado junto a Ozma contra ellos. Por puro instinto, ambos estuvieron a punto de retroceder. El héroe incluso tensó ligeramente la mano cerca de su espada.

    -¿Qué hace ella aquí…? *Pensó.

    La heroína sintió sudor frío recorrerle la espalda, si los descubría todo terminaría ahí mismo, pero antes de que pudieran reaccionar, Onix caminó hacia ellos con total naturalidad.

    -¿Ustedes son los aventureros del pueblo vecino?- *Preguntó con curiosidad.

    *Los dos quedaron inmóviles, Onix inclinó un poco la cabeza.* -Escuchamos rumores sobre ustedes cuando veníamos hacia acá. Dijeron que salvaron varias caravanas.

    Los héroes intercambiaron miradas, dudaron por unos instantes, pero negar aquello ahora sería sospechoso.

    -S-Sí…- *Respondió finalmente el chico rubio.*
    -Solo hicimos lo que cualquiera haría.

    Entonces Yen se acercó y ambos sintieron una presión terrible recorrer sus cuerpos, instintivamente prepararon mana dentro de sus cuerpos, esperando ser descubiertos pero Yen simplemente sonrió levemente.

    -Escuché que ayudaron a mucha gente. Eso fue admirable.- *Comento Yen de forma casual.

    Hubo un momento de silencio, los héroes no entendían, la miraron fijamente esperando alguna reacción, alguna señal pero no había nada, ningún reconocimiento ni hostilidad, nada

    Entonces comprendieron algo aterrador, ella no podía sentirlos, la heroína abrió ligeramente los ojos. Durante la batalla, Yen había percibido inmediatamente la energía divina pero ahora no reaccionaba en absoluto. El héroe relajó lentamente los hombros.

    Mientras tanto, Yen seguía observándolos con curiosidad genuina.

    -Así que ustedes son los nuevos héroes de los que todos hablan…- *La pareja sonrió con cierta tensión y por primera vez desde que comenzó aquella misión comprendieron que podían acercarse a la hija del Monstruo sin ser descubiertos.
    ****Edad del Caos.**** "Encuentro inesperado" La guerra había cambiado, eso era algo que incluso los Ogros y Kijins podían sentir. Durante semanas enteras no hubo ataques importantes, ni tampoco ejércitos Elunai usando a otras razas para combatir. Los templos no movilizaban inquisidores, ni siquiera monstruos alterados por los Dioses. Los Kijins celebraban aquello como una victoria en las fortalezas improvisadas y ciudades conquistadas corría el alcohol. Los guerreros reían, algunos incluso comenzaban a hablar de un posible final para la guerra. -¡Los Dioses finalmente se escondieron! -¡Temen al gran Ozma! -¡La princesa del Caos los hizo retroceder! Los soldados gritaban entre risas mientras golpeaban las mesas, pero Ozma no compartía aquella tranquilidad, desde lo alto del Castillo de la Ruina, observaba el horizonte en silencio, sus ojos rojos permanecían fijos en el cielo mientras pensaba y analizaba, porque algo no encajaba. Los seres alados, aquellos dos guerreros no habían vuelto a aparecer y eso era precisamente lo que le preocupaba. -Si poseen armas así… ¿por qué no las usan? -Murmuraba. Aquellas criaturas no eran simples soldados, habían logrado enfrentarlo directamente e incluso obligarlo a esforzarse. No tenía sentido que los Dioses escondieran un poder semejante. A menos que… Estuvieran preparando algo más. Ozma cerró lentamente los ojos, por primera vez en mucho tiempo sintió una sensación incómoda, no era miedo, era incertidumbre y eso era peor. Muy lejos del castillo, completamente ajenas a aquellos pensamientos, Yen y Onix aprovechaban las semanas de calma. El pequeño pueblo fronterizo estaba lleno de vida, mercaderes recorrían las calles, niños corrían entre puestos de comida, la música sonaba suavemente desde una taberna cercana. Yen observaba todo con cierta tranquilidad, aquellos lugares eran precisamente la razón por la que había peleado durante tantos años. -Es raro ver gente sonriendo- *Comentó Onix mientras mordía una fruta.* *Yen soltó una pequeña risa.* -Supongo que eso significa que no lo hemos hecho tan mal. La gente del pueblo las reconocía, algunos saludaban a Yen con respeto, otros incluso inclinaban ligeramente la cabeza. No la llamaban monstruo, aquí no. Aquí todavía la recordaban como una libertadora pero entonces se escucharon gritos emocionados desde la entrada principal del pueblo. Una caravana dañada acababa de llegar, los mercaderes estaban heridos, las ruedas de algunos carruajes estaban destruidas y delante de ellos caminaban dos jóvenes aventureros. Un chico rubio con espada y una joven de capa azul. La gente comenzó a reunirse rápidamente. -Son ellos! -¡Los héroes! -¡Salvaron la caravana! -¡Derrotaron a los monstruos del bosque! Los aldeanos los rodearon llenos de admiración y entonces los dos héroes vieron a Yen. El aire se congeló, sus sonrisas desaparecieron apenas un instante porque reconocieron inmediatamente a la joven de piel verde; La hija del Monstruo. La guerrera que había luchado junto a Ozma contra ellos. Por puro instinto, ambos estuvieron a punto de retroceder. El héroe incluso tensó ligeramente la mano cerca de su espada. -¿Qué hace ella aquí…? *Pensó. La heroína sintió sudor frío recorrerle la espalda, si los descubría todo terminaría ahí mismo, pero antes de que pudieran reaccionar, Onix caminó hacia ellos con total naturalidad. -¿Ustedes son los aventureros del pueblo vecino?- *Preguntó con curiosidad. *Los dos quedaron inmóviles, Onix inclinó un poco la cabeza.* -Escuchamos rumores sobre ustedes cuando veníamos hacia acá. Dijeron que salvaron varias caravanas. Los héroes intercambiaron miradas, dudaron por unos instantes, pero negar aquello ahora sería sospechoso. -S-Sí…- *Respondió finalmente el chico rubio.* -Solo hicimos lo que cualquiera haría. Entonces Yen se acercó y ambos sintieron una presión terrible recorrer sus cuerpos, instintivamente prepararon mana dentro de sus cuerpos, esperando ser descubiertos pero Yen simplemente sonrió levemente. -Escuché que ayudaron a mucha gente. Eso fue admirable.- *Comento Yen de forma casual. Hubo un momento de silencio, los héroes no entendían, la miraron fijamente esperando alguna reacción, alguna señal pero no había nada, ningún reconocimiento ni hostilidad, nada Entonces comprendieron algo aterrador, ella no podía sentirlos, la heroína abrió ligeramente los ojos. Durante la batalla, Yen había percibido inmediatamente la energía divina pero ahora no reaccionaba en absoluto. El héroe relajó lentamente los hombros. Mientras tanto, Yen seguía observándolos con curiosidad genuina. -Así que ustedes son los nuevos héroes de los que todos hablan…- *La pareja sonrió con cierta tensión y por primera vez desde que comenzó aquella misión comprendieron que podían acercarse a la hija del Monstruo sin ser descubiertos.
    Me encocora
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