• ¿Qué he hecho en mi ausencia? No mucho realmente, tratar de sanar emocionalmente es una montaña rusa, a veces te sientes muy bien, a veces muy mal, pero en este tiempo me he dado cuenta de algo, disfruto mucho cuando hago cosas por los demás, no hay nada que me ponga más contenta que ver el rostro de mis familiares o amigos disfrutando de algo que yo hago o que les doy.

    Pero necesito aprender a priorizarme, darme amor, cuidado, tiempo. Sé que pasará mucho tiempo para que esté preparada para volver a amar a alguien de nuevo y es mi culpa, me malaventuraba en relaciones cuando no sanaba la anterior. Ahora, quiero este tiempo para mi misma, para descubrir que es lo que realmente me pone feliz y no depender de alguien más para sentirme plena.
    ¿Qué he hecho en mi ausencia? No mucho realmente, tratar de sanar emocionalmente es una montaña rusa, a veces te sientes muy bien, a veces muy mal, pero en este tiempo me he dado cuenta de algo, disfruto mucho cuando hago cosas por los demás, no hay nada que me ponga más contenta que ver el rostro de mis familiares o amigos disfrutando de algo que yo hago o que les doy. Pero necesito aprender a priorizarme, darme amor, cuidado, tiempo. Sé que pasará mucho tiempo para que esté preparada para volver a amar a alguien de nuevo y es mi culpa, me malaventuraba en relaciones cuando no sanaba la anterior. Ahora, quiero este tiempo para mi misma, para descubrir que es lo que realmente me pone feliz y no depender de alguien más para sentirme plena.
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  • ➹ 𝗕𝗶𝘁𝗮́𝗰𝗼𝗿𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝘀𝗲𝗺𝗮𝗻𝗮; 𝗠𝗲𝘀𝗮 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗱𝗼𝘀.
    #𝖲𝗁𝗈𝗋𝗍𝖲𝗍𝗈𝗋𝗒 .

    Los motores encienden, pero no hay forma de mover el resto de las turbinas. El sistema está dañado, sin posibilidad de enviar señales pero ya no suena como la última vez que el tablero se encendió. La tecnología de la tierra es tan anticuada que no se puede ayudar de nada, menos cuando se está en lo que ellos llaman ''el campo''.

    Algunos días se sentía esperanzado, otros simplemente impotente. El calor en aquella zona rural requería descansos continuos, no tenía muchos suministros disponibles además del agua que encontraba de los ríos o algunos estanques, el sabor a tierra no era su favorito.
    Quejarse lo hacía sentir estúpido pues era lo que mantenía su energía, algo de cordura y la paciencia para seguir haciendo anotaciones en una libreta vieja de hojas quemadas.

    '' Revisión continua, al día de hoy no se han encontrado avances. El mismo mantenimiento se realizó ayer cuando aún había luz solar, no hay mejoría.''

    La boca de Shep se torció al plasmar esa última oración con el viejo bolígrafo en mano. Exhaló pesadamente por la nariz encorvándose un poco al bajar la mirada a sus pies. La libreta en sus manos seguía abierta, volviendo las pupilas a revisar lo pendiente.

    — Al menos tengo tiempo de sobra para comer.

    Se murmuró a sí mismo mientras recuperaba la postura, la puerta de la nave subía y bajaba por el viento si no se le colocaba un soporte mientras encontraba como reparar el circuito que la conectaba a la nave. Eso daba oportunidad a ciertos animales para curiosear su morada, entre ellos un conocido peludo de cuatro patas que, a ese punto exigía al menos una cena digna a lado del alienígena.

    El sonido agudo del animal propició a que este se alzara de su desgastado asiento, revisando una caja debajo de herramientas arrumbadas en las que almacenó maíz que encontró (robó) tras explorar algunos metros por el campo. Donde algunas pequeñas chozas se alzaban, corrales con especies animales se alertaban por su paso y las cosechas estaban libres a merced del viento y las criaturas salvajes, como él.

    — Supongo que hoy será mesa para dos.
    ➹ 𝗕𝗶𝘁𝗮́𝗰𝗼𝗿𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝘀𝗲𝗺𝗮𝗻𝗮; 𝗠𝗲𝘀𝗮 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗱𝗼𝘀. #𝖲𝗁𝗈𝗋𝗍𝖲𝗍𝗈𝗋𝗒 . Los motores encienden, pero no hay forma de mover el resto de las turbinas. El sistema está dañado, sin posibilidad de enviar señales pero ya no suena como la última vez que el tablero se encendió. La tecnología de la tierra es tan anticuada que no se puede ayudar de nada, menos cuando se está en lo que ellos llaman ''el campo''. Algunos días se sentía esperanzado, otros simplemente impotente. El calor en aquella zona rural requería descansos continuos, no tenía muchos suministros disponibles además del agua que encontraba de los ríos o algunos estanques, el sabor a tierra no era su favorito. Quejarse lo hacía sentir estúpido pues era lo que mantenía su energía, algo de cordura y la paciencia para seguir haciendo anotaciones en una libreta vieja de hojas quemadas. '' Revisión continua, al día de hoy no se han encontrado avances. El mismo mantenimiento se realizó ayer cuando aún había luz solar, no hay mejoría.'' La boca de Shep se torció al plasmar esa última oración con el viejo bolígrafo en mano. Exhaló pesadamente por la nariz encorvándose un poco al bajar la mirada a sus pies. La libreta en sus manos seguía abierta, volviendo las pupilas a revisar lo pendiente. — Al menos tengo tiempo de sobra para comer. Se murmuró a sí mismo mientras recuperaba la postura, la puerta de la nave subía y bajaba por el viento si no se le colocaba un soporte mientras encontraba como reparar el circuito que la conectaba a la nave. Eso daba oportunidad a ciertos animales para curiosear su morada, entre ellos un conocido peludo de cuatro patas que, a ese punto exigía al menos una cena digna a lado del alienígena. El sonido agudo del animal propició a que este se alzara de su desgastado asiento, revisando una caja debajo de herramientas arrumbadas en las que almacenó maíz que encontró (robó) tras explorar algunos metros por el campo. Donde algunas pequeñas chozas se alzaban, corrales con especies animales se alertaban por su paso y las cosechas estaban libres a merced del viento y las criaturas salvajes, como él. — Supongo que hoy será mesa para dos.
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  • La verdad, no quiero liriar con ustedes dos pero ya que estan aqui ¿que quien?
    La verdad, no quiero liriar con ustedes dos pero ya que estan aqui ¿que quien?
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  • ༒ 𝕻𝖆𝖕𝖆𝖛𝖊𝖗 𝕾𝖔𝖒𝖓𝖎𝖋𝖊𝖗𝖚𝖒.

    En la penumbra de una noche sin luna, las calles de la ciudad parecían más estrechas de lo habitual.
    La humedad descendía lentamente por los muros de piedra y las ventanas permanecían cerradas a cal y canto, como si los habitantes temieran mirar hacia el exterior. Solo algunas lámparas colgaban fuera de las casas. Moribundas, derramando una luz enfermiza que apenas lograba atravesar la niebla.

    Y aun así, alguien caminaba.

    El sonido suave de unas botas sobre el empedrado rompía el silencio con una cadencia tranquila, casi adormecedora.
    Odette avanzaba entre las sombras con la serenidad de quien no le teme a la noche. Su larga falda rozaba apenas el suelo húmedo mientras pequeños frascos tintineaban bajo su capa. El aroma tenue de hierbas secas y flores amargas parecía seguirla como un perfume fúnebre.

    Fue al cruzar una calle angosta cuando lo notó: Una ventana abierta en el tercer piso de una vieja pensión, dentro no había luz, solo una figura inmóvil observando hacia afuera.
    La silueta permanecía allí, completamente quieta detrás de las cortinas desgastadas. Ni siquiera parecía respirar.
    Entonces la ventana se cerró de golpe.

    Odette continuó caminando.
    Pero... al doblar la siguiente esquina volvió a verla.

    La misma ventana. La misma habitación. La misma figura inmóvil tras el cristal.

    Odette se detuvo esta vez.

    Sus ojos claros observaron lentamente la fachada del edificio. Las paredes estaban cubiertas de humedad y musgo oscuro. Ninguna luz habitaba el interior. Ni una sola.
    El aire olía extraño.
    No a cadáver. No a enfermedad.
    A flores.
    Flores demasiado dulces. Como lirios abandonados durante días junto a un ataúd.

    La figura detrás del cristal alzó una mano lentamente y señaló hacia abajo. Hacia la calle.

    Odette bajó la mirada.

    Había pétalos húmedos sobre el empedrado. Pequeños pétalos blancos dispersos entre los charcos oscuros, perdiéndose hacia un callejón estrecho entre dos edificios antiguos. Un camino.

    La ciudad entera parecía guardar silencio mientras ella seguía el rastro paso a paso y sin prisa, hasta llegar al final del callejón.
    Allí no había puertas ni ventanas.
    Solo un muro de piedra vieja cubierto de raíces secas.

    Y en medio de la pared… Una silla.
    Una simple silla de madera colocada frente al muro húmedo y encima de ella descansaba un ramo marchito atado con cinta negra.

    Odette observó el lugar en silencio.

    Después notó algo que hizo que sus dedos se tensaran apenas alrededor de la lámpara.
    Los pétalos no estaban sobre el suelo. Salían de las grietas entre las piedras.
    Como si algo hubiese florecido detrás del muro.

    Entonces escuchó el golpe.
    Suave. Del otro lado.

    …toc.

    Otro más.

    …toc.

    Lento... Paciente...
    Como alguien atrapado tras la pared intentando llamar la atención sin despertar a nadie.

    Odette siguió su camino.

    Lo que sea que estuviese ahí, paciente... Esperando ser notado... No formaba parte del lugar y no habría rezo o veneno que lo alejase.
    ༒ 𝕻𝖆𝖕𝖆𝖛𝖊𝖗 𝕾𝖔𝖒𝖓𝖎𝖋𝖊𝖗𝖚𝖒. En la penumbra de una noche sin luna, las calles de la ciudad parecían más estrechas de lo habitual. La humedad descendía lentamente por los muros de piedra y las ventanas permanecían cerradas a cal y canto, como si los habitantes temieran mirar hacia el exterior. Solo algunas lámparas colgaban fuera de las casas. Moribundas, derramando una luz enfermiza que apenas lograba atravesar la niebla. Y aun así, alguien caminaba. El sonido suave de unas botas sobre el empedrado rompía el silencio con una cadencia tranquila, casi adormecedora. Odette avanzaba entre las sombras con la serenidad de quien no le teme a la noche. Su larga falda rozaba apenas el suelo húmedo mientras pequeños frascos tintineaban bajo su capa. El aroma tenue de hierbas secas y flores amargas parecía seguirla como un perfume fúnebre. Fue al cruzar una calle angosta cuando lo notó: Una ventana abierta en el tercer piso de una vieja pensión, dentro no había luz, solo una figura inmóvil observando hacia afuera. La silueta permanecía allí, completamente quieta detrás de las cortinas desgastadas. Ni siquiera parecía respirar. Entonces la ventana se cerró de golpe. Odette continuó caminando. Pero... al doblar la siguiente esquina volvió a verla. La misma ventana. La misma habitación. La misma figura inmóvil tras el cristal. Odette se detuvo esta vez. Sus ojos claros observaron lentamente la fachada del edificio. Las paredes estaban cubiertas de humedad y musgo oscuro. Ninguna luz habitaba el interior. Ni una sola. El aire olía extraño. No a cadáver. No a enfermedad. A flores. Flores demasiado dulces. Como lirios abandonados durante días junto a un ataúd. La figura detrás del cristal alzó una mano lentamente y señaló hacia abajo. Hacia la calle. Odette bajó la mirada. Había pétalos húmedos sobre el empedrado. Pequeños pétalos blancos dispersos entre los charcos oscuros, perdiéndose hacia un callejón estrecho entre dos edificios antiguos. Un camino. La ciudad entera parecía guardar silencio mientras ella seguía el rastro paso a paso y sin prisa, hasta llegar al final del callejón. Allí no había puertas ni ventanas. Solo un muro de piedra vieja cubierto de raíces secas. Y en medio de la pared… Una silla. Una simple silla de madera colocada frente al muro húmedo y encima de ella descansaba un ramo marchito atado con cinta negra. Odette observó el lugar en silencio. Después notó algo que hizo que sus dedos se tensaran apenas alrededor de la lámpara. Los pétalos no estaban sobre el suelo. Salían de las grietas entre las piedras. Como si algo hubiese florecido detrás del muro. Entonces escuchó el golpe. Suave. Del otro lado. …toc. Otro más. …toc. Lento... Paciente... Como alguien atrapado tras la pared intentando llamar la atención sin despertar a nadie. Odette siguió su camino. Lo que sea que estuviese ahí, paciente... Esperando ser notado... No formaba parte del lugar y no habría rezo o veneno que lo alejase.
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  • 𝑈𝑛 𝑓𝑟𝑎𝑔𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑝𝑎𝑠𝑎𝑑𝑜.

    Me senté en aquella roca junto al agua, como tantas veces antes. El peso de la armadura ya no me molestaba; era solo otra capa más sobre un cuerpo que se negaba a morir. Miré mi reflejo en el lago quieto: un caballero roto, un casco vacío, ojos que habían visto demasiado.

    Aquella voz me inundó cuando era solo un niño. Una presencia fría y eterna que susurró en lo más profundo de mi ser: “Levantate. La guerra te ha elegido.”. Y cumplió su palabra, pero nunca entendi que guerra era la que tenia que pelear. Vi cómo mataban a mis padres y a mis hermanos y hermanas en aquella misma noche de sangre y fuego. Intenté morir con ellos… pero no pude. Desde entonces he enterrado a amigos, a mis compañeros de armas. Imperios enteros se levantaron y cayeron mientras yo seguía aquí, respirando.

    Intenté acabar con esto muchas veces, la espada en mi propio pecho, el precipicio, el veneno. Nada funcionó. La herida se cerraba antes de que pudiera sentir alivio.

    Quinientos años. Mil. Ya ni siquiera recordaba el número. Solo sabía que estaba cansado. Muy cansado.
    —¿Cuánto más? —susurré dentro del yelmo, y mi voz sonó como grava vieja—. ¿Hasta cuándo tendré que seguir cargando esto?
    El reflejo no respondió. Solo me devolvió la misma mirada resignada.
    𝑈𝑛 𝑓𝑟𝑎𝑔𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑝𝑎𝑠𝑎𝑑𝑜. Me senté en aquella roca junto al agua, como tantas veces antes. El peso de la armadura ya no me molestaba; era solo otra capa más sobre un cuerpo que se negaba a morir. Miré mi reflejo en el lago quieto: un caballero roto, un casco vacío, ojos que habían visto demasiado. Aquella voz me inundó cuando era solo un niño. Una presencia fría y eterna que susurró en lo más profundo de mi ser: “Levantate. La guerra te ha elegido.”. Y cumplió su palabra, pero nunca entendi que guerra era la que tenia que pelear. Vi cómo mataban a mis padres y a mis hermanos y hermanas en aquella misma noche de sangre y fuego. Intenté morir con ellos… pero no pude. Desde entonces he enterrado a amigos, a mis compañeros de armas. Imperios enteros se levantaron y cayeron mientras yo seguía aquí, respirando. Intenté acabar con esto muchas veces, la espada en mi propio pecho, el precipicio, el veneno. Nada funcionó. La herida se cerraba antes de que pudiera sentir alivio. Quinientos años. Mil. Ya ni siquiera recordaba el número. Solo sabía que estaba cansado. Muy cansado. —¿Cuánto más? —susurré dentro del yelmo, y mi voz sonó como grava vieja—. ¿Hasta cuándo tendré que seguir cargando esto? El reflejo no respondió. Solo me devolvió la misma mirada resignada.
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  • ― No lo llames "masoquismo". Ni siquiera se te ocurra la comparación.

    Aquí nadie disfruta el dolor. Aquí no hay cosa que se odie más, y eso que lo que sobra en este sitio es odio.

    Odio de esta agonía, odio de lo que nos llevo aquí. Odio de lo que somos y del hecho de que es nuestra responsabilidad, y nada más que nuestra.

    ¿Masoquismo? Aquí ningún cabrón la está pasando así de bien.

    Esto es el infierno.
    ― No lo llames "masoquismo". Ni siquiera se te ocurra la comparación. Aquí nadie disfruta el dolor. Aquí no hay cosa que se odie más, y eso que lo que sobra en este sitio es odio. Odio de esta agonía, odio de lo que nos llevo aquí. Odio de lo que somos y del hecho de que es nuestra responsabilidad, y nada más que nuestra. ¿Masoquismo? Aquí ningún cabrón la está pasando así de bien. Esto es el infierno.
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  • <<— El día está justo como me gusta... Nublado y con leves corrientes refrescantes... — Diría mientras se detiene frente a la ventana de su departamento en lo alto de uno de los edificios.

    Se acercó a una mesa que estaba a su lado para servir un poco de whisky en un vaso mientras contemplaba el resto de la ciudad moverse.>>
    <<— El día está justo como me gusta... Nublado y con leves corrientes refrescantes... — Diría mientras se detiene frente a la ventana de su departamento en lo alto de uno de los edificios. Se acercó a una mesa que estaba a su lado para servir un poco de whisky en un vaso mientras contemplaba el resto de la ciudad moverse.>>
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  • Antes de que mí siguiente turno laboral llegara recibí una llamada del dragón de fuego al que rescate.. me dio la ubicación de los mercenarios que los habían capturado

    Enseguida me prepare con lo necesario y volé por encima de las nubes hasta llegar y ocultarme detrás de unas rocas en la montaña.. necesito encontrar a la persona que está fabricando esos collares, no voy a permitir que nos controlen a su antojo.

    Después de observar un rato la base pude notar que de vez en cuando llegan camiones del ejército a darles provisiones y armamento.. como era de esperarse el gobierno está colaborando con ellos en secreto.. los humanos no tienen piedad.
    Antes de que mí siguiente turno laboral llegara recibí una llamada del dragón de fuego al que rescate.. me dio la ubicación de los mercenarios que los habían capturado Enseguida me prepare con lo necesario y volé por encima de las nubes hasta llegar y ocultarme detrás de unas rocas en la montaña.. necesito encontrar a la persona que está fabricando esos collares, no voy a permitir que nos controlen a su antojo. Después de observar un rato la base pude notar que de vez en cuando llegan camiones del ejército a darles provisiones y armamento.. como era de esperarse el gobierno está colaborando con ellos en secreto.. los humanos no tienen piedad.
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  • The death game
    Fandom Freerol
    Categoría Terror
    Había salido tarde de uno de los juicios nunca me gustaba salir tarde, pero en esta ocasión no tuve más remedio. Uno de los miembros del juzgados no tenía clara su decisión, sinceramente ese tipo de humanos me parecían agotador. Tuve que usar mi encanto para arrancar un corazón a uno de los que cuestionaba al juzgado.

    Justo me estaba lavando las manos cuando la puerta de uno de los cubitos de váter se abre, antes de que pudiera reaccionar, me dio un golpe en la nuca como si fuera una porra.

    Toda mi vista se nublo...

    Cuando logré abrir los ojos vi que estaba en una especie de sótano, la nuca me dolía a horrores. Con sumo cuidado me levantó del suelo.

    — Maldición como duele... —

    Susurro tocando esa parte notando como mi pelo estaba pegajoso. Tenía que averiguar dónde demonios estaba y sobre todo quien me tiene aquí.

    Anyel Martnes
    Había salido tarde de uno de los juicios nunca me gustaba salir tarde, pero en esta ocasión no tuve más remedio. Uno de los miembros del juzgados no tenía clara su decisión, sinceramente ese tipo de humanos me parecían agotador. Tuve que usar mi encanto para arrancar un corazón a uno de los que cuestionaba al juzgado. Justo me estaba lavando las manos cuando la puerta de uno de los cubitos de váter se abre, antes de que pudiera reaccionar, me dio un golpe en la nuca como si fuera una porra. Toda mi vista se nublo... Cuando logré abrir los ojos vi que estaba en una especie de sótano, la nuca me dolía a horrores. Con sumo cuidado me levantó del suelo. — Maldición como duele... — Susurro tocando esa parte notando como mi pelo estaba pegajoso. Tenía que averiguar dónde demonios estaba y sobre todo quien me tiene aquí. [anyelm1heru]
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  • Algo que esta fuera de lugar ..... que extraño esta todo esto
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