• Supongo que soy un desastre, las personas que me han gustado se van o simplemente son herméticos conmigo.
    No tengo ganas de nada, mas que estar en esta soledad, que parece no querer soltarme.
    Supongo que soy un desastre, las personas que me han gustado se van o simplemente son herméticos conmigo. No tengo ganas de nada, mas que estar en esta soledad, que parece no querer soltarme.
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  • ────Bueno, ya casi estamos a mitad de año, así que es momento de repasar esos propósitos de año nuevo que enlisté apresuradamente en mi cabeza durante el brindis, mientras trataba de no ahogarme con el pellejo de las uvas. Veamos qué tan ingenua fue la Afro del primero de enero.

    Pasó la página con la solemnidad que merecía ese momento, mientras se acomodaba las gafas.

    ────Ir al zumba. Ese sí que lo he cumplido, ahora cada vez que el instructor grita «vuelta a la derecha», ya no doy vuelta a mi otra derecha por error.

    Hizo la marca diminuta de una palomita junto al propósito.

    ────Ahorrar dinero. Este, ejem... –se quedó mirando el techo unos segundos–. En mi defensa, ese sillón reclinable no era un capricho, sino una necesidad. A veces las crisis existenciales requieren de un soporte de patas de buena calidad.

    Pasó al siguiente párrafo, mientras daba un sorbo a su bebida light.

    ────Encontrar el Laberinto de la Fractura. Media palomita; sigue en proceso. Lugares como ese no son precisamente sencillos de encontrar en el Mundo entre Mundos.

    Luego su sonrisa se enterneció al llegar al propósito más importante de toda su lista.

    ────Disfrutar de las cosas pequeñas. Creo... que ese también lo he cumplido –bajó un poco la libreta–. Las risas en el set, los pequeños viajes y salidas. Esos momentos divertidos en casa. Las nuevas canciones que se me ocurrieron a las tres de la mañana, y lo mucho que he crecido como actriz, incluso con los fracasos y esas audiciones que casi me hicieron colapsar del estrés, pero en las que terminé quedándome. Supongo... que eso... no ha estado tan mal.

    Su voz se suavizó tras decir esas últimas palabras, sonrió levemente. Marcó ese propósito y, justo cuando estuvo a punto de cerrar la libreta, se dio cuenta de que faltaba uno más.

    ────Oh, cierto... también escribí «aprender a cocinar». Bueno, creo que ese seguirá apareciendo como propósito para el próximo año. Y para el que le sigue, mientras la estufa siga viéndome como su enemiga natural.
    ────Bueno, ya casi estamos a mitad de año, así que es momento de repasar esos propósitos de año nuevo que enlisté apresuradamente en mi cabeza durante el brindis, mientras trataba de no ahogarme con el pellejo de las uvas. Veamos qué tan ingenua fue la Afro del primero de enero. Pasó la página con la solemnidad que merecía ese momento, mientras se acomodaba las gafas. ────Ir al zumba. Ese sí que lo he cumplido, ahora cada vez que el instructor grita «vuelta a la derecha», ya no doy vuelta a mi otra derecha por error. Hizo la marca diminuta de una palomita junto al propósito. ────Ahorrar dinero. Este, ejem... –se quedó mirando el techo unos segundos–. En mi defensa, ese sillón reclinable no era un capricho, sino una necesidad. A veces las crisis existenciales requieren de un soporte de patas de buena calidad. Pasó al siguiente párrafo, mientras daba un sorbo a su bebida light. ────Encontrar el Laberinto de la Fractura. Media palomita; sigue en proceso. Lugares como ese no son precisamente sencillos de encontrar en el Mundo entre Mundos. Luego su sonrisa se enterneció al llegar al propósito más importante de toda su lista. ────Disfrutar de las cosas pequeñas. Creo... que ese también lo he cumplido –bajó un poco la libreta–. Las risas en el set, los pequeños viajes y salidas. Esos momentos divertidos en casa. Las nuevas canciones que se me ocurrieron a las tres de la mañana, y lo mucho que he crecido como actriz, incluso con los fracasos y esas audiciones que casi me hicieron colapsar del estrés, pero en las que terminé quedándome. Supongo... que eso... no ha estado tan mal. Su voz se suavizó tras decir esas últimas palabras, sonrió levemente. Marcó ese propósito y, justo cuando estuvo a punto de cerrar la libreta, se dio cuenta de que faltaba uno más. ────Oh, cierto... también escribí «aprender a cocinar». Bueno, creo que ese seguirá apareciendo como propósito para el próximo año. Y para el que le sigue, mientras la estufa siga viéndome como su enemiga natural.
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  • Era una noche bastante bonita, pese a la ligera neblina y la escasa nubosidad, la luna se podía ver en todo su esplendor, era una noche que el realmente no podía ignorar, sobre todo porque ese clima le era nostálgico. El último día que tuvo de libertad absoluta, la noche del lugar donde se encontraba la biblioteca de los Dioses Arquetípicos, era todo tan similar, que podría pensar que volvió en el tiempo, el único detalle que lo mantenía centrado de que eso no había pasado, era que al observar su mano, podía ver la transparencia que su cuerpo poseía, como por mas que este usara energía para manifestarse, no podía realmente estar ahí, esa realización era en cierta medida deprimente, pero el peso de esas emociones era aun mayor cuando recordaba esa maldición, esa macabra e innecesaria maldición que sus captores le pusieron, la locura que causaba el mero hecho de estar en presencia de él, una locura que por mas que intentara reducir los efectos, no lo lograba del todo, causando que la gente tuviera rechazo hacia su ser, lo único que podía contener ese remanente de poder eran los cadáveres.

    Ya en cierta medida estaba harto de usar cadáveres para poder moverse en la tierra, aunque los tiempos cambiaban, los cadáveres seguirían descomponiéndose, causando un aroma desagradable y delator, las pieles que poco a poco se caían al roce con cualquier objeto, la sangre podrida como un aceite espeso y negro, el hecho de que ante el más mínimo impacto las partes de los cadáveres se cayeran sin posibilidad de arreglarlos. Era obligatorio para él rotar de cuerpos todo el tiempo, esperar que no lo destrozaran antes de salir de este, cosa de poder continuar su rumbo.

    El hecho de también depender de una persona para poder manifestarse era otra de las espinas que le molestaba, como si esa persona moría, era inmediatamente regresado a Carcosa, aunque no tenia nada contra su reino, se había vuelto aburrido, siempre que llegaba una nueva alma ahí, Hastur los recibía con mucha emoción, puesto a que un nuevo ocupante significaba nuevo conocimiento y punto de vista.

    Él sabía que no era como los otros Dioses Primigenios, si bien fue concebido por Yog-Sothoth, el carecía de poder, a diferencia de su progenitor y hermanos, esa era la razón por los que los Dioses Arquetípicos lo habían escogido como guardián de la biblioteca de ellos, pero en momentos así, no era fácil controlar la pregunta que le plago por mucho tiempo después de que fuese encerrado, ¿A caso su existencia era un error? ¿Por qué de todos los Dioses Primigenios, él no había nacido con un poder que le permitiera hacer lo que quisiera? Todo su poder se lo debía a sí mismo, todo el tiempo que paso leyendo en la librería de los Dioses Arquetípicos, como él se enseñaba magia, como aprendió a manipular la alquimia, todo el conocimiento que poseía pensó que eso le seria suficiente, pero había un vacío que no podía explicar, un vacío que se acrecentó conforme pasaba su penitencia en Carcosa.

    En ese momento un cuervo grazno, sacándolo de sus pensamientos, odiaba las noches así, esos pensamientos, o ¿Realmente las odiaba por eso? ¿O era otra cosa lo que le hacia odiar estas noches? No importaba cuanto conocimiento poseyera, cuantos libros leyera, esa respuesta nunca llegaba.

    —¿Qué diría “él” si me viera en estos momentos? —

    Había venido con la intención de robar un cuerpo, pero ahora no tenia ganas de eso, por lo que se sentó en una de las bancas que había por ahí, viendo la luna, aunque no tuviera rostro, se podía sentir la melancolía, como si unos ojos invisibles delataran lo que pensaba.
    Era una noche bastante bonita, pese a la ligera neblina y la escasa nubosidad, la luna se podía ver en todo su esplendor, era una noche que el realmente no podía ignorar, sobre todo porque ese clima le era nostálgico. El último día que tuvo de libertad absoluta, la noche del lugar donde se encontraba la biblioteca de los Dioses Arquetípicos, era todo tan similar, que podría pensar que volvió en el tiempo, el único detalle que lo mantenía centrado de que eso no había pasado, era que al observar su mano, podía ver la transparencia que su cuerpo poseía, como por mas que este usara energía para manifestarse, no podía realmente estar ahí, esa realización era en cierta medida deprimente, pero el peso de esas emociones era aun mayor cuando recordaba esa maldición, esa macabra e innecesaria maldición que sus captores le pusieron, la locura que causaba el mero hecho de estar en presencia de él, una locura que por mas que intentara reducir los efectos, no lo lograba del todo, causando que la gente tuviera rechazo hacia su ser, lo único que podía contener ese remanente de poder eran los cadáveres. Ya en cierta medida estaba harto de usar cadáveres para poder moverse en la tierra, aunque los tiempos cambiaban, los cadáveres seguirían descomponiéndose, causando un aroma desagradable y delator, las pieles que poco a poco se caían al roce con cualquier objeto, la sangre podrida como un aceite espeso y negro, el hecho de que ante el más mínimo impacto las partes de los cadáveres se cayeran sin posibilidad de arreglarlos. Era obligatorio para él rotar de cuerpos todo el tiempo, esperar que no lo destrozaran antes de salir de este, cosa de poder continuar su rumbo. El hecho de también depender de una persona para poder manifestarse era otra de las espinas que le molestaba, como si esa persona moría, era inmediatamente regresado a Carcosa, aunque no tenia nada contra su reino, se había vuelto aburrido, siempre que llegaba una nueva alma ahí, Hastur los recibía con mucha emoción, puesto a que un nuevo ocupante significaba nuevo conocimiento y punto de vista. Él sabía que no era como los otros Dioses Primigenios, si bien fue concebido por Yog-Sothoth, el carecía de poder, a diferencia de su progenitor y hermanos, esa era la razón por los que los Dioses Arquetípicos lo habían escogido como guardián de la biblioteca de ellos, pero en momentos así, no era fácil controlar la pregunta que le plago por mucho tiempo después de que fuese encerrado, ¿A caso su existencia era un error? ¿Por qué de todos los Dioses Primigenios, él no había nacido con un poder que le permitiera hacer lo que quisiera? Todo su poder se lo debía a sí mismo, todo el tiempo que paso leyendo en la librería de los Dioses Arquetípicos, como él se enseñaba magia, como aprendió a manipular la alquimia, todo el conocimiento que poseía pensó que eso le seria suficiente, pero había un vacío que no podía explicar, un vacío que se acrecentó conforme pasaba su penitencia en Carcosa. En ese momento un cuervo grazno, sacándolo de sus pensamientos, odiaba las noches así, esos pensamientos, o ¿Realmente las odiaba por eso? ¿O era otra cosa lo que le hacia odiar estas noches? No importaba cuanto conocimiento poseyera, cuantos libros leyera, esa respuesta nunca llegaba. —¿Qué diría “él” si me viera en estos momentos? — Había venido con la intención de robar un cuerpo, pero ahora no tenia ganas de eso, por lo que se sentó en una de las bancas que había por ahí, viendo la luna, aunque no tuviera rostro, se podía sentir la melancolía, como si unos ojos invisibles delataran lo que pensaba.
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  • *Pese a las heridas y la sangre que escurre por su rostro, la trazacaminos no se iba a rendir tan fácilmente, la Misma sangre dificulta su vista, pues caía por sus ojos.

    Mas su deseo de pelear y proteger a los demás la impulsa a ir mas allá, tanto que el eon de la conservación, Qlipoth, fijo su mirada en ella, dandole así el permiso de su via y de la espada de llamas *
    *Pese a las heridas y la sangre que escurre por su rostro, la trazacaminos no se iba a rendir tan fácilmente, la Misma sangre dificulta su vista, pues caía por sus ojos. Mas su deseo de pelear y proteger a los demás la impulsa a ir mas allá, tanto que el eon de la conservación, Qlipoth, fijo su mirada en ella, dandole así el permiso de su via y de la espada de llamas *
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  • - Auch.

    Justo cuando pensaba que era seguro salir, la última pared en pie, se le ocurre caer encima de él, menos mal que seguía dentro de Chroma, aunque estaba apenas recuperándose del último encuentro.

    Sale de los escombros más por el enojo que la supervivencia.
    - Auch. Justo cuando pensaba que era seguro salir, la última pared en pie, se le ocurre caer encima de él, menos mal que seguía dentro de Chroma, aunque estaba apenas recuperándose del último encuentro. Sale de los escombros más por el enojo que la supervivencia.
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  • [Mientras acontece la batalla contra los heraldos de Alhoon. Kyrie Hourglass permanece en el departamento de Bianca cuidando de Drizz. Quién aún permanece en coma]

    Kyrie Hourglass: Drizz. No dejaré que esa cosa te haga daño. Quisiera poder hacer algo más. Pero tengo el presentimiento de que si dejo este lugar. Jamás volveré a verte. Confiemos en el señor Jero y Bianca *acaricio el cabello de Drizz. Frustrada al no poder ser más útil en un momento tan crucial*
    [Mientras acontece la batalla contra los heraldos de Alhoon. Kyrie Hourglass permanece en el departamento de Bianca cuidando de Drizz. Quién aún permanece en coma] Kyrie Hourglass: Drizz. No dejaré que esa cosa te haga daño. Quisiera poder hacer algo más. Pero tengo el presentimiento de que si dejo este lugar. Jamás volveré a verte. Confiemos en el señor Jero y Bianca *acaricio el cabello de Drizz. Frustrada al no poder ser más útil en un momento tan crucial*
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  • Robot: ¿Pero, no crees que es un poco sádico si .... y .... me ven con mis entrañas abiertas?.
    -El Robot no quiere que su creador lo repare en público.-
    Robot: ¿Pero, no crees que es un poco sádico si .... y .... me ven con mis entrañas abiertas?. -El Robot no quiere que su creador lo repare en público.-
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  • -No solía vestir así de normal, sentía que esa clase de ropa le sentaban muy tontas. Sin embargo, por insistencia de cierta profesora para ir a visitarla sin llamar la atención, hoy vestía de ese modo para no destacar entre los estudiantes. Aunque igual pensaba que igual llamaría la atención con sus rasgos dracónidos.-
    -No solía vestir así de normal, sentía que esa clase de ropa le sentaban muy tontas. Sin embargo, por insistencia de cierta profesora para ir a visitarla sin llamar la atención, hoy vestía de ese modo para no destacar entre los estudiantes. Aunque igual pensaba que igual llamaría la atención con sus rasgos dracónidos.-
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  • • Las crónicas de fenrir queen•

    ~ El día de kael vireon prt1 ~

    La noche caía lentamente sobre las montañas del norte, el cielo teñido de tonos rojizos mientras pequeñas luces cálidas brillaban entre las casas de madera del poblado. El lugar no era grande, tampoco poderoso, ni siquiera importante para el resto del mundo… pero para Kael Vireon aquello era todo su universo. Un hogar sencillo rodeado de nieve, bosques inmensos y ríos cristalinos donde el silencio nunca era incómodo.

    Las chimeneas dejaban escapar columnas de humo mientras las personas terminaban su jornada entre risas suaves y conversaciones tranquilas. Algunos niños corrían por las calles con bufandas enormes, otros ayudaban a cargar leña antes de que el frío empeorara. No existía riqueza allí, pero tampoco hacía falta. La gente del pueblo aprendió hacía mucho tiempo a vivir con poco… y a protegerse entre todos.

    Kael caminaba despacio sobre la nieve acumulada, las manos dentro de los bolsillos de aquel abrigo demasiado grande para él. Su cabello claro se movía ligeramente con el viento helado mientras observaba el cielo. Todavía era un niño, uno silencioso… pero no frío. Sus ojos aún no conocían el odio.

    Entonces una voz rompió el silencio.

    —¡Kael! ¡Tu madre te está buscando otra vez!—

    El chico giró apenas el rostro viendo a uno de los vecinos reír desde una ventana abierta.

    —Dice que si vuelves tarde la sopa se enfría—

    Kael soltó una pequeña exhalación por la nariz, casi una risa disimulada, y siguió caminando cuesta arriba hacia su hogar.

    La casa estaba algo apartada del centro del pueblo, cerca del borde del bosque. Era humilde, construida con madera oscura y piedra vieja, pero siempre cálida por dentro. Apenas abrió la puerta el olor a comida caliente llenó sus sentidos.

    —Llegas tarde otra vez—

    La voz de su madre no sonaba molesta realmente. Nunca sonaba molesta con él.

    Kael dejó las botas cerca de la entrada mientras pequeñas gotas de nieve se derretían sobre el suelo.

    —Estaba viendo el río—

    —El río seguirá ahí mañana—

    Ella colocó el plato frente a él y despeinó suavemente su cabello al pasar.

    Su padre observaba la escena sentado cerca de la chimenea, limpiando una vieja herramienta metálica mientras una sonrisa cansada aparecía en su rostro.

    —Déjalo, tiene la cabeza en las nubes igual que tú—

    —Eso es exactamente lo preocupante—

    Respondió la mujer cruzándose de brazos aunque apenas pudo contener una risa.

    Kael los miró en silencio.
    Aquellos momentos eran pequeños… insignificantes para cualquiera de afuera.

    Pero años después… recordaría ese instante una y otra vez.

    El sonido de la madera ardiendo.
    La nieve golpeando las ventanas.
    La voz tranquila de su madre.
    La paz.

    Porque esa sería la última noche en la que el mundo todavía parecía un lugar seguro.

    El amanecer llegó acompañado de algo extraño.

    No fueron gritos al principio.
    Ni explosiones.

    Fue el cielo.

    El cielo había cambiado.

    Kael salió de casa lentamente mientras el viento helado recorría las calles y entonces lo vio… enormes estructuras flotando entre las nubes, sombras gigantescas avanzando sobre las montañas como si devoraran la luz del amanecer. El sonido era grave, profundo… imposible de describir.

    Todo el pueblo quedó inmóvil.

    Confusión.
    Miedo.
    Silencio.

    Y entonces ocurrió.

    Un estruendo.

    El suelo tembló violentamente.

    Una parte de la muralla del pueblo explotó en miles de fragmentos mientras fuego y humo cubrían la nieve blanca. Los gritos comenzaron inmediatamente después.

    —¡CORRAN!—

    —¡NOS ENCONTRARON!—

    —¡PROTEJAN A LOS NIÑOS!—

    Kael sintió cómo alguien lo sujetaba del brazo con fuerza.

    Su madre.

    —¡Dentro! ¡Ahora!—

    Pero él seguía mirando el cielo.

    Aquellas figuras descendían lentamente… soldados cubiertos con armaduras oscuras avanzando entre llamas y magia. No venían a negociar. No venían a advertir.

    Venían a conquistar.

    Y entre todo el caos… Kael vio algo que jamás olvidaría.

    Una enorme bandera ondeando entre el humo.

    El símbolo de la familia que había iniciado aquella guerra.
    • Las crónicas de fenrir queen• ~ El día de kael vireon prt1 ~ La noche caía lentamente sobre las montañas del norte, el cielo teñido de tonos rojizos mientras pequeñas luces cálidas brillaban entre las casas de madera del poblado. El lugar no era grande, tampoco poderoso, ni siquiera importante para el resto del mundo… pero para Kael Vireon aquello era todo su universo. Un hogar sencillo rodeado de nieve, bosques inmensos y ríos cristalinos donde el silencio nunca era incómodo. Las chimeneas dejaban escapar columnas de humo mientras las personas terminaban su jornada entre risas suaves y conversaciones tranquilas. Algunos niños corrían por las calles con bufandas enormes, otros ayudaban a cargar leña antes de que el frío empeorara. No existía riqueza allí, pero tampoco hacía falta. La gente del pueblo aprendió hacía mucho tiempo a vivir con poco… y a protegerse entre todos. Kael caminaba despacio sobre la nieve acumulada, las manos dentro de los bolsillos de aquel abrigo demasiado grande para él. Su cabello claro se movía ligeramente con el viento helado mientras observaba el cielo. Todavía era un niño, uno silencioso… pero no frío. Sus ojos aún no conocían el odio. Entonces una voz rompió el silencio. —¡Kael! ¡Tu madre te está buscando otra vez!— El chico giró apenas el rostro viendo a uno de los vecinos reír desde una ventana abierta. —Dice que si vuelves tarde la sopa se enfría— Kael soltó una pequeña exhalación por la nariz, casi una risa disimulada, y siguió caminando cuesta arriba hacia su hogar. La casa estaba algo apartada del centro del pueblo, cerca del borde del bosque. Era humilde, construida con madera oscura y piedra vieja, pero siempre cálida por dentro. Apenas abrió la puerta el olor a comida caliente llenó sus sentidos. —Llegas tarde otra vez— La voz de su madre no sonaba molesta realmente. Nunca sonaba molesta con él. Kael dejó las botas cerca de la entrada mientras pequeñas gotas de nieve se derretían sobre el suelo. —Estaba viendo el río— —El río seguirá ahí mañana— Ella colocó el plato frente a él y despeinó suavemente su cabello al pasar. Su padre observaba la escena sentado cerca de la chimenea, limpiando una vieja herramienta metálica mientras una sonrisa cansada aparecía en su rostro. —Déjalo, tiene la cabeza en las nubes igual que tú— —Eso es exactamente lo preocupante— Respondió la mujer cruzándose de brazos aunque apenas pudo contener una risa. Kael los miró en silencio. Aquellos momentos eran pequeños… insignificantes para cualquiera de afuera. Pero años después… recordaría ese instante una y otra vez. El sonido de la madera ardiendo. La nieve golpeando las ventanas. La voz tranquila de su madre. La paz. Porque esa sería la última noche en la que el mundo todavía parecía un lugar seguro. El amanecer llegó acompañado de algo extraño. No fueron gritos al principio. Ni explosiones. Fue el cielo. El cielo había cambiado. Kael salió de casa lentamente mientras el viento helado recorría las calles y entonces lo vio… enormes estructuras flotando entre las nubes, sombras gigantescas avanzando sobre las montañas como si devoraran la luz del amanecer. El sonido era grave, profundo… imposible de describir. Todo el pueblo quedó inmóvil. Confusión. Miedo. Silencio. Y entonces ocurrió. Un estruendo. El suelo tembló violentamente. Una parte de la muralla del pueblo explotó en miles de fragmentos mientras fuego y humo cubrían la nieve blanca. Los gritos comenzaron inmediatamente después. —¡CORRAN!— —¡NOS ENCONTRARON!— —¡PROTEJAN A LOS NIÑOS!— Kael sintió cómo alguien lo sujetaba del brazo con fuerza. Su madre. —¡Dentro! ¡Ahora!— Pero él seguía mirando el cielo. Aquellas figuras descendían lentamente… soldados cubiertos con armaduras oscuras avanzando entre llamas y magia. No venían a negociar. No venían a advertir. Venían a conquistar. Y entre todo el caos… Kael vio algo que jamás olvidaría. Una enorme bandera ondeando entre el humo. El símbolo de la familia que había iniciado aquella guerra.
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  • [Después de apagar las luces de toda la oficina Alexander recogió su abrigo para colgarlo por detrás de su hombro sosteniéndolo con un dedo mientras caminaba a la salida]

    Muy bien se acabó el turno laborar, mañana y el domingo tendremos día libre así que dime Emily ¿Que haremos?

    Emily: oye a mí no me dejes a cargo de tus decisiones humanas yo solo quiero comerme a alguien

    Pues con la hora que es dudo que encontremos a alguien por el camino al que puedas devorar

    -cuando salí afuera echaria un vistazo hacia los lados notando que alrededor no había gente, el cielo estaba despejado en aquella noche-

    Emily: no pierdas la fe seguramente encontraremos a alguien tu solo camina

    No pienso caminar sin motivo solo por tu apetito, iremos directo a nuestro departamento y si vemos a alguien tendras suerte.

    [Después de la conversacion Alexander caminaria por la vía peatonal de la ciudad dirigiendose hacia su casa]
    [Después de apagar las luces de toda la oficina Alexander recogió su abrigo para colgarlo por detrás de su hombro sosteniéndolo con un dedo mientras caminaba a la salida] Muy bien se acabó el turno laborar, mañana y el domingo tendremos día libre así que dime Emily ¿Que haremos? Emily: oye a mí no me dejes a cargo de tus decisiones humanas yo solo quiero comerme a alguien Pues con la hora que es dudo que encontremos a alguien por el camino al que puedas devorar -cuando salí afuera echaria un vistazo hacia los lados notando que alrededor no había gente, el cielo estaba despejado en aquella noche- Emily: no pierdas la fe seguramente encontraremos a alguien tu solo camina No pienso caminar sin motivo solo por tu apetito, iremos directo a nuestro departamento y si vemos a alguien tendras suerte. [Después de la conversacion Alexander caminaria por la vía peatonal de la ciudad dirigiendose hacia su casa]
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