• UN DIA NORMAL COMO TODOS LOS DIAS



    En el instituto Haedong era un lugar donde los golpes hablaban más fuerte que las palabras.
    Los profesores llegaban tarde, ignoraban los problemas y dejaban que los estudiantes resolvieran todo entre ellos. Los pasillos estaban llenos de rumores, peleas y miedo. Ahí dentro, si no sabías defenderte, terminabas convertido en una víctima.
    Yo Kang Woo-Ming llevaba pocas semanas en el instituto.
    Siempre ocupaba el asiento del fondo, junto a la ventana. Dormía durante las clases con la capucha puesta y los auriculares alrededor del cuello, como si el resto del mundo no le importara. Nadie sabía mucho sobre él, excepto que entrenaba boxeo y artes marciales mixtas desde hacía años.
    Sus nudillos marcados y los moretones constantes en sus brazos hablaban por sí solos.
    Aquella tarde la lluvia golpeaba fuerte las ventanas del salón 2-B. El profesor todavía no llegaba y el aula estaba completamente fuera de control.
    Algunos gritaban. Otros jugaban en sus celulares. Y varios observaban en silencio una escena que se repetía casi todos los días.

    Yoo Jae-Han estaba siendo arrinconado contra los pupitres por Park Tae-Jun y su grupo.
    —¿No entiendes cuando te hablamos? —dijo Tae-Jun empujándolo del pecho.
    Jae-Han intentó apartarse, pero otro estudiante lo sujetó del hombro mientras las risas llenaban el salón.
    —Mírenlo, parece que va a llorar otra vez.
    Un golpe seco hizo que Jae-Han cayera contra el suelo.

    Nadie intervenía.
    Nadie quería convertirse en el siguiente objetivo.
    En la última fila, Kang Woo-Ming seguía dormido con la cabeza apoyada sobre el brazo… hasta que el sonido de una silla arrastrándose violentamente por el piso rompió el ambiente.
    Sus ojos se abrieron lentamente.
    El salón quedó en silencio apenas levantó la mirada.
    Woo-Ming observó a Jae-Han en el suelo y después a Tae-Jun.
    Su expresión era fría. Molesta.
    Como alguien a quien acababan de despertar en el peor momento.

    —Oye —murmuró con voz baja—. ¿Pueden cerrar la boca?
    Tae-Jun soltó una risa burlona.
    —¿Y tú qué vas a hacer?
    Woo-Ming se levantó despacio de su asiento.
    El sonido de sus zapatillas contra el piso hizo que varios estudiantes retrocedieran instintivamente.
    No parecía enfadado. Eso era lo peor.
    Caminó hasta quedar frente a Tae-Jun y miró brevemente a Jae-Han antes de volver la vista hacia el bully.
    —Déjalo.
    —Hazme.
    El golpe salió sin aviso.
    Un jab directo al rostro.
    Rápido. Preciso. Limpio.
    La cabeza de Tae-Jun se movió hacia atrás mientras retrocedía tambaleándose entre las mesas. Los estudiantes soltaron exclamaciones sorprendidas.
    Nadie esperaba que alguien golpeara primero a Tae-Jun.
    Mucho menos Kang Woo-Ming.
    La expresión del bully cambió inmediatamente de burla a rabia.
    —¡Maldito bastardo!
    Tae-Jun agarró una silla metálica cercana y la levantó violentamente para lanzársela encima.
    Pero Woo-Ming reaccionó al instante.
    Esquivó el golpe moviendo apenas el cuerpo hacia un lado mientras la silla pasaba rozándolo y chocaba contra un pupitre.
    Y entonces contraatacó.
    Jab.
    Otro jab.
    Otro más.
    Golpes rápidos y secos impactaron directamente sobre el rostro de Tae-Jun. Su boxeo era demasiado técnico para una pelea escolar. Cada golpe encontraba el mismo lugar: nariz, mandíbula, boca.
    Tae-Jun intentó cubrirse, pero Woo-Ming no le daba espacio.
    Los puños salían como reflejos automáticos.
    Retroceder. Esquivar. Golpear.
    Todo perfectamente calculado.
    Un último cross impactó de lleno en la mandíbula del bully, haciéndolo caer pesadamente contra el suelo entre las sillas.
    Silencio.
    Completo silencio.
    Incluso los amigos de Tae-Jun habían retrocedido.
    Woo-Ming respiró lentamente mientras bajaba las manos. Miró al chico tirado en el piso y luego giró la cabeza hacia el resto del salón.
    La tensión seguía flotando en el aire.
    Y justo en ese momento, la puerta del aula comenzó a abrirse.

    La puerta apenas comenzaba a abrirse cuando Park Tae-Jun volvió a levantarse del suelo.
    Respiraba agitado, con sangre bajándole por la nariz y una mirada completamente llena de rabia. Las risas silenciosas de algunos compañeros terminaron de romperle el orgullo.
    —Te voy a matar… —escupió entre dientes.
    Woo-Ming ni siquiera se movió.
    Seguía de pie frente a él, relajado, con las manos bajas como si aquella pelea no significara nada.
    Fue entonces cuando Tae-Jun tomó nuevamente la silla metálica caída junto a los pupitres.
    Esta vez no dudó.
    La levantó por encima del hombro y corrió directamente hacia Woo-Ming dispuesto a golpearlo de lleno.
    Varias personas gritaron.
    El sonido del metal cortando el aire resonó en el salón.
    Pero Woo-Ming reaccionó por puro instinto de combate.
    Dio un paso corto hacia adelante, entrando dentro del rango antes de que la silla pudiera tomar fuerza completa.
    Y golpeó.
    Un puño directo al hígado.
    Seco. Rápido. Preciso.
    Tae-Jun soltó el aire de golpe, doblándose por el dolor mientras la silla resbalaba de sus manos.
    Woo-Ming aprovechó el momento.
    Otro golpe al abdomen.
    Luego un jab corto al rostro que terminó de hacerlo retroceder.
    El bully apenas podía respirar.
    Sus piernas temblaban mientras intentaba mantenerse de pie.
    Y justo en ese instante—
    —¡¡¿QUÉ ESTÁN HACIENDO?!!
    La voz atravesó el salón entero.
    La profesora Suzy acababa de entrar al aula.
    Todos se congelaron inmediatamente.
    Woo-Ming giró apenas la cabeza al escuchar el grito y luego miró de nuevo a Tae-Jun, que seguía intentando levantar la silla.
    El chico soltó un suspiro cansado antes de hablar con total tranquilidad.
    —Oye… baja la silla.
    Tae-Jun quedó inmóvil.
    —Te dije que tus problemas mentales no son asunto mío.
    El salón explotó en murmullos y risas ahogadas.
    La profesora Suzy caminó rápidamente hacia ellos con expresión furiosa.
    —¡¿Quién empezó esta pelea?!
    Por primera vez, Tae-Jun parecía completamente perdido.
    Woo-Ming observó a la profesora unos segundos y luego, de manera inesperada, bajó la cabeza educadamente.
    —Lo siento, profesora.
    Después tomó a Tae-Jun de la parte trasera del uniforme y lo obligó a inclinarse también frente a ella.
    —Pide perdón.
    —¿Qué…?
    Woo-Ming apretó un poco más el agarre.
    —Hazlo.
    Tae-Jun, todavía sin aire y humillado frente a todo el salón, terminó bajando la cabeza a la fuerza.
    —…Lo siento.
    Las carcajadas comenzaron inmediatamente.
    Varios estudiantes se taparon la boca para no reír más fuerte al ver al bully del instituto obligado a disculparse como un niño pequeño.
    Incluso algunos grababan escondidos con el celular.
    El rostro de Tae-Jun se puso rojo de vergüenza.
    Mientras tanto, Kang Woo-Ming simplemente soltó el uniforme del chico y volvió a acomodarse la manga del hoodie como si nada hubiera pasado.
    UN DIA NORMAL COMO TODOS LOS DIAS En el instituto Haedong era un lugar donde los golpes hablaban más fuerte que las palabras. Los profesores llegaban tarde, ignoraban los problemas y dejaban que los estudiantes resolvieran todo entre ellos. Los pasillos estaban llenos de rumores, peleas y miedo. Ahí dentro, si no sabías defenderte, terminabas convertido en una víctima. Yo Kang Woo-Ming llevaba pocas semanas en el instituto. Siempre ocupaba el asiento del fondo, junto a la ventana. Dormía durante las clases con la capucha puesta y los auriculares alrededor del cuello, como si el resto del mundo no le importara. Nadie sabía mucho sobre él, excepto que entrenaba boxeo y artes marciales mixtas desde hacía años. Sus nudillos marcados y los moretones constantes en sus brazos hablaban por sí solos. Aquella tarde la lluvia golpeaba fuerte las ventanas del salón 2-B. El profesor todavía no llegaba y el aula estaba completamente fuera de control. Algunos gritaban. Otros jugaban en sus celulares. Y varios observaban en silencio una escena que se repetía casi todos los días. Yoo Jae-Han estaba siendo arrinconado contra los pupitres por Park Tae-Jun y su grupo. —¿No entiendes cuando te hablamos? —dijo Tae-Jun empujándolo del pecho. Jae-Han intentó apartarse, pero otro estudiante lo sujetó del hombro mientras las risas llenaban el salón. —Mírenlo, parece que va a llorar otra vez. Un golpe seco hizo que Jae-Han cayera contra el suelo. Nadie intervenía. Nadie quería convertirse en el siguiente objetivo. En la última fila, Kang Woo-Ming seguía dormido con la cabeza apoyada sobre el brazo… hasta que el sonido de una silla arrastrándose violentamente por el piso rompió el ambiente. Sus ojos se abrieron lentamente. El salón quedó en silencio apenas levantó la mirada. Woo-Ming observó a Jae-Han en el suelo y después a Tae-Jun. Su expresión era fría. Molesta. Como alguien a quien acababan de despertar en el peor momento. —Oye —murmuró con voz baja—. ¿Pueden cerrar la boca? Tae-Jun soltó una risa burlona. —¿Y tú qué vas a hacer? Woo-Ming se levantó despacio de su asiento. El sonido de sus zapatillas contra el piso hizo que varios estudiantes retrocedieran instintivamente. No parecía enfadado. Eso era lo peor. Caminó hasta quedar frente a Tae-Jun y miró brevemente a Jae-Han antes de volver la vista hacia el bully. —Déjalo. —Hazme. El golpe salió sin aviso. Un jab directo al rostro. Rápido. Preciso. Limpio. La cabeza de Tae-Jun se movió hacia atrás mientras retrocedía tambaleándose entre las mesas. Los estudiantes soltaron exclamaciones sorprendidas. Nadie esperaba que alguien golpeara primero a Tae-Jun. Mucho menos Kang Woo-Ming. La expresión del bully cambió inmediatamente de burla a rabia. —¡Maldito bastardo! Tae-Jun agarró una silla metálica cercana y la levantó violentamente para lanzársela encima. Pero Woo-Ming reaccionó al instante. Esquivó el golpe moviendo apenas el cuerpo hacia un lado mientras la silla pasaba rozándolo y chocaba contra un pupitre. Y entonces contraatacó. Jab. Otro jab. Otro más. Golpes rápidos y secos impactaron directamente sobre el rostro de Tae-Jun. Su boxeo era demasiado técnico para una pelea escolar. Cada golpe encontraba el mismo lugar: nariz, mandíbula, boca. Tae-Jun intentó cubrirse, pero Woo-Ming no le daba espacio. Los puños salían como reflejos automáticos. Retroceder. Esquivar. Golpear. Todo perfectamente calculado. Un último cross impactó de lleno en la mandíbula del bully, haciéndolo caer pesadamente contra el suelo entre las sillas. Silencio. Completo silencio. Incluso los amigos de Tae-Jun habían retrocedido. Woo-Ming respiró lentamente mientras bajaba las manos. Miró al chico tirado en el piso y luego giró la cabeza hacia el resto del salón. La tensión seguía flotando en el aire. Y justo en ese momento, la puerta del aula comenzó a abrirse. La puerta apenas comenzaba a abrirse cuando Park Tae-Jun volvió a levantarse del suelo. Respiraba agitado, con sangre bajándole por la nariz y una mirada completamente llena de rabia. Las risas silenciosas de algunos compañeros terminaron de romperle el orgullo. —Te voy a matar… —escupió entre dientes. Woo-Ming ni siquiera se movió. Seguía de pie frente a él, relajado, con las manos bajas como si aquella pelea no significara nada. Fue entonces cuando Tae-Jun tomó nuevamente la silla metálica caída junto a los pupitres. Esta vez no dudó. La levantó por encima del hombro y corrió directamente hacia Woo-Ming dispuesto a golpearlo de lleno. Varias personas gritaron. El sonido del metal cortando el aire resonó en el salón. Pero Woo-Ming reaccionó por puro instinto de combate. Dio un paso corto hacia adelante, entrando dentro del rango antes de que la silla pudiera tomar fuerza completa. Y golpeó. Un puño directo al hígado. Seco. Rápido. Preciso. Tae-Jun soltó el aire de golpe, doblándose por el dolor mientras la silla resbalaba de sus manos. Woo-Ming aprovechó el momento. Otro golpe al abdomen. Luego un jab corto al rostro que terminó de hacerlo retroceder. El bully apenas podía respirar. Sus piernas temblaban mientras intentaba mantenerse de pie. Y justo en ese instante— —¡¡¿QUÉ ESTÁN HACIENDO?!! La voz atravesó el salón entero. La profesora Suzy acababa de entrar al aula. Todos se congelaron inmediatamente. Woo-Ming giró apenas la cabeza al escuchar el grito y luego miró de nuevo a Tae-Jun, que seguía intentando levantar la silla. El chico soltó un suspiro cansado antes de hablar con total tranquilidad. —Oye… baja la silla. Tae-Jun quedó inmóvil. —Te dije que tus problemas mentales no son asunto mío. El salón explotó en murmullos y risas ahogadas. La profesora Suzy caminó rápidamente hacia ellos con expresión furiosa. —¡¿Quién empezó esta pelea?! Por primera vez, Tae-Jun parecía completamente perdido. Woo-Ming observó a la profesora unos segundos y luego, de manera inesperada, bajó la cabeza educadamente. —Lo siento, profesora. Después tomó a Tae-Jun de la parte trasera del uniforme y lo obligó a inclinarse también frente a ella. —Pide perdón. —¿Qué…? Woo-Ming apretó un poco más el agarre. —Hazlo. Tae-Jun, todavía sin aire y humillado frente a todo el salón, terminó bajando la cabeza a la fuerza. —…Lo siento. Las carcajadas comenzaron inmediatamente. Varios estudiantes se taparon la boca para no reír más fuerte al ver al bully del instituto obligado a disculparse como un niño pequeño. Incluso algunos grababan escondidos con el celular. El rostro de Tae-Jun se puso rojo de vergüenza. Mientras tanto, Kang Woo-Ming simplemente soltó el uniforme del chico y volvió a acomodarse la manga del hoodie como si nada hubiera pasado.
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  • ❝Un villano a mi altura❞
    Fandom The Originals
    Categoría Drama
    𝑨𝒏𝒕𝒆𝒔 𝒅𝒆 𝒍𝒆𝒆𝒓:

    Esta trama contiene alusiones y referencias a la última temporada de "Los Originales"

    𝑷𝒆𝒓𝒔𝒐𝒏𝒂𝒋𝒆𝒔 𝒑𝒂𝒓𝒕𝒊𝒄𝒊𝒑𝒂𝒏𝒕𝒆𝒔:

    𝕮𝖆𝖗𝖔𝖑𝖎𝖓𝖊 𝕱𝖔𝖗𝖇𝖊𝖘
    Elijah Mikaelson
    Hayley Marshall
    Freya Mikaelson
    Keelan Malraux
    Hope Mikaelson
    𝑬𝒗𝒂
    Pierre LeRoi


    𝑬𝒏𝒍𝒂𝒄𝒆𝒔 𝒓𝒆𝒇𝒆𝒓𝒊𝒅𝒐𝒔 𝒑𝒐𝒓 𝒂𝒍𝒖𝒔𝒊𝒐𝒏𝒆𝒔:

    Esta trama contiene alusiones a aspectos roleados en otros starter:
    https://ficrol.com/posts/151270
    https://ficrol.com/posts/235248
    https://ficrol.com/posts/151277
    https://ficrol.com/posts/300895
    https://ficrol.com/posts/151274
    https://ficrol.com/posts/337154



    Convencer a Alaric Saltzman de ayudar a la familia Mikaelson, y más específicamente al propio Klaus como representante de toda la familia Mikaelson presente en Mystic Falls, no fue facil. Para nada facil. Las heridas del pasado no habían llegado a cerrarse del todo y, aunque Alaric habia sido una excelente figura paterna para Hope y aparentemente Saltzman tambien habia desarrollado cariño por la tríbrida, lo cierto era que esa relacion no habia ayudado a sanar los horrores del pasado ni el daño entre Alaric y Klaus.

    Pero, gracias a la intervención de Caroline, alguien cuya parcialidad por fin jugaba en favor de Klaus, Alaric terminó por consentir ayudar a los Mikaelson con la búsqueda del misterio de su extraña marca. Asi que Klaus y Alaric pasaron bastantes horas en la biblioteca. Uno no dejaba de traer libros seguro de haber visto antes ese símbolo en alguna parte. Y el otro, leía ávidamente agradeciendo los litros de café que Caroline traía para ellos de tanto en tanto. Llegado cierto punto de la noche incluso Caroline se habia unido al equipo de búsqueda de aquel extraño símbolo. Hasta que…

    -¡Lo sabía! -exclamó Alaric cuando las únicas luces de las que podían valerse eran las de las lámparas de la biblioteca. Hacia bastante rato que el sol se habia ocultado y que el silencio habia caído sobre la Escuela Salvatore.

    Klaus y Caroline lo miraron inmediatamente.

    -¿Qué? -preguntó Klaus poniéndose en pie a la vez que Caroline, rodeando los dos la mesa por extremos opuestos para llegar hasta Alaric quien dejó un libro extendido sobre la mesa.

    -Esa marca que tienes…- Alaric señaló el antebrazo de Klaus- Es antigua. Muy antigua. Tanto que he tenido que remontarme a mitos y leyendas. Nunca nadie habia visto esa marca antes, al menos no hay constancia de ello, por eso no está archivada en símbolos celta…

    -Al grano, amigo. ¿Qué es? -preguntó Klaus rodando los ojos.

    -Es la marca de una nigromante poderosa. La más antigua y poderosa del mundo. Su magia es tan antigua que no hay registros… Apenas leyendas en Inglaterra… Hablan de una bruja capaz de dominar la vida y la muerte… y de un hechicero cuyo poder rivalizaba con el suyo.

    Caroline cruzó los brazos.

    -De acuerdo, pero… ¿Qué tiene eso que ver con Klaus o con los resucitados?

    Alaric bajó la mirada hacia las páginas envejecidas.

    -Se amaban. Al menos eso dicen las historias. Durante años fueron inseparables. Pero algo ocurrió entre ellos… algo tan terrible que acabó convirtiendo su amor en una guerra. Él empezó a temer en quién podía convertirse ella. Y ella vio esa traición como el peor de los ataques.

    Klaus permaneció inmóvil, desviando la mirada hacia la marca de su brazo.

    -El problema -continuó Alaric- es que ninguno podía matar al otro. Habían sellado un pacto de sangre siglos atrás. Sus vidas quedaron unidas. Si uno moría… el otro también.

    Caroline frunció el ceño.

    -Pero entonces la guerra nunca podía terminar.

    -En efecto. Así que el hechicero hizo lo único que se le ocurrió, lo único que estaba en su mano. Creó un arma capaz de romper las leyes de ese pacto. Una espada forjada con magia antigua… entregada después a un rey que, según la profecía, sería el único capaz de detener a la bruja si algún día ella cruzaba el límite.

    Klaus alzó lentamente la mirada.

    -¿Excalibur…? -preguntó de forma irónica, pues era el único nombre de una espada que le vino a la mente. Y, no podía imaginarse lo acertado que estaba.

    Alaric asintió despacio. Klaus frunció las cejas y miró al primero esperando que aquello fuera una broma.

    -¿Qué tiene que ver la marca con esto…?

    Alaric tragó saliva de forma pesada antes de volver la página del libro. Las ilustraciones de los grabados estaban desgastadas por el tiempo, pero el símbolo dibujado sobre el papel era exactamente el mismo que ardía sobre la piel de Klaus. La medialuna entrelazada con una triqueta simple.

    -Porque esta marca no representa una maldición… No al uso, al menos… Representa pertenencia.

    Caroline dirigió tambien la mirada hacia el brazo de Klaus inmediatamente.

    -La leyenda dice -prosiguió Alaric- que, cuando comenzó la guerra, la bruja entendió algo: jamás podría derrotar al hechicero sola. No mientras él siguiera teniendo a reyes, ejércitos y magos luchando de su lado. Así que empezó a buscar una forma de crear su propio ejército.

    Klaus apretó la mandíbula, comprendiéndolo al instante. Después de haberse criado con una madre como la suya, comprendía que habia personas que no conocían el límite. Tampoco él, puede que le viniera por rama materna. Irónicamente.

    -Nigromancia… -dijo. No era una pregunta.

    -Al principio resucitaba soldados caídos -asintió Alaric- Guerreros. Brujos. Pero su magia evolucionó. Se volvió más oscura y mucho más poderosa. La marca era el vínculo que utilizaba para atar las almas resucitadas a su voluntad. Una llamada. Una invocación permanente.

    El silencio cayó entre los tres.

    -Según las leyendas -continuó Alaric en voz más baja-, aquellos que estaban marcados dejaban de pertenecer al mundo de los muertos. La bruja podía sentirlos, encontrarlos… incluso reclamar sus vidas otra vez si la traicionaban.

    Caroline negó con la cabeza lentamente.

    -No…

    -Y lo peor es que... -Alaric levantó la vista del libro-. Cuanto más poderoso era el resucitado, más valiosa resultaba la marca para ella. Porque no estaba creando simples soldados… estaba formando un ejército capaz de enfrentarse al único hombre al que jamás pudo destruir.

    Klaus sostuvo la mirada de Alaric unos segundos.

    -¿Y ese hombre era…?

    Alaric cerró el libro despacio.

    -Merlín. Y la mujer que te marcó… Morgana.

    Klaus dejó ir el aire de sus pulmones e intercambió una mirada con Caroline.

    -¿Hay algún modo de deshacernos de la marca? -preguntó Klaus- Como comprenderás, es una duda bastante acuciante para nosotros ahora mismo… Si esa bruja sigue resucitando gente, pronto Mystic Falls se encontrará ante una plaga de vampiros, brujos y lobos muertos hace siglos. ¿Qué tal os fue con el brujo Silas?

    Alaric tensó la mandíbula mirando el rostro de Klaus de abajo arriba.

    -Oye, que yo no tengo la culpa… Pero no… No hay registros que hablen de como deshacerse de la marca… -negó con la cabeza- Pero hay un hechizo de invocación. Podeis llamar a Morgana… Puede que tengas una oportunidad contra ella…

    Sin apartar la mirada de Klaus cerró el libro y se lo entregó.

    -Asegúrate de que nos devuelves el libro cuando termináis.

    Klaus tomó el libro sin apartar sus acerados orbes azules de los parejos de Alaric.

    -Solo una pregunta… en tu experiencia… Si matamos a Morgana… ¿moriremos tambien?

    Alaric no respondió. No al principio.

    -No lo sé.

    >> Regresar a Nueva Orleans fue más dulce que la marcha. Al menos ahora tenían un libro y le habían dado un nombre a su enemigo. Además, Klaus no regresó solo. Si bien Caroline sabia que Alaric sabría ocupar su puesto como director en funciones ninguno de los dos ocupantes del Audi de Klaus podían saber que les depararía aquella aventura. Pero saber que contaba con la presencia alentadora de Caroline era ya más que una ayuda para Klaus. No pretendía recuperar el tiempo perdido con ella, mucho menos sin saber si habría más tiempo después de aquella aventura. Pero Caroline no le habia abandonado la primera vez que su final se avecinaba y no quiso hacerlo aquella segunda vez.

    -Gracias, Caroline -le dijo el hibrido una vez que llegaron a Nueva Orleans- Es importante para mi que… quieras quedarte con nosotros. Y tu pericia nos será más útil en persona que por teléfono

    Salió del coche y recorrió a velocidad vampírica la distancia hasta la puerta de Caroline una vez que entraron en el complejo Mikaelson.

    -Estás a punto de entrar en la boca del lobo. ¿Lista, amor? -preguntó ofreciendo su mano para salir del coche.

    No dieron ni dos pasos dentro del Atrio del complejo cuando Freya y Keelan aparecieron por la puerta del salón de baile.
    𝑨𝒏𝒕𝒆𝒔 𝒅𝒆 𝒍𝒆𝒆𝒓: Esta trama contiene alusiones y referencias a la última temporada de "Los Originales" 𝑷𝒆𝒓𝒔𝒐𝒏𝒂𝒋𝒆𝒔 𝒑𝒂𝒓𝒕𝒊𝒄𝒊𝒑𝒂𝒏𝒕𝒆𝒔: [BarbieBxtch] [Nbl3Stag] [LittleWxlfie] [THE0LDERSISTER] [las7malraux] [thetribrid] [JUST.EVA] [ALS0NAMEDARTHUR] 𝑬𝒏𝒍𝒂𝒄𝒆𝒔 𝒓𝒆𝒇𝒆𝒓𝒊𝒅𝒐𝒔 𝒑𝒐𝒓 𝒂𝒍𝒖𝒔𝒊𝒐𝒏𝒆𝒔: Esta trama contiene alusiones a aspectos roleados en otros starter: — https://ficrol.com/posts/151270 — https://ficrol.com/posts/235248 — https://ficrol.com/posts/151277 — https://ficrol.com/posts/300895 — https://ficrol.com/posts/151274 — https://ficrol.com/posts/337154 Convencer a Alaric Saltzman de ayudar a la familia Mikaelson, y más específicamente al propio Klaus como representante de toda la familia Mikaelson presente en Mystic Falls, no fue facil. Para nada facil. Las heridas del pasado no habían llegado a cerrarse del todo y, aunque Alaric habia sido una excelente figura paterna para Hope y aparentemente Saltzman tambien habia desarrollado cariño por la tríbrida, lo cierto era que esa relacion no habia ayudado a sanar los horrores del pasado ni el daño entre Alaric y Klaus. Pero, gracias a la intervención de Caroline, alguien cuya parcialidad por fin jugaba en favor de Klaus, Alaric terminó por consentir ayudar a los Mikaelson con la búsqueda del misterio de su extraña marca. Asi que Klaus y Alaric pasaron bastantes horas en la biblioteca. Uno no dejaba de traer libros seguro de haber visto antes ese símbolo en alguna parte. Y el otro, leía ávidamente agradeciendo los litros de café que Caroline traía para ellos de tanto en tanto. Llegado cierto punto de la noche incluso Caroline se habia unido al equipo de búsqueda de aquel extraño símbolo. Hasta que… -¡Lo sabía! -exclamó Alaric cuando las únicas luces de las que podían valerse eran las de las lámparas de la biblioteca. Hacia bastante rato que el sol se habia ocultado y que el silencio habia caído sobre la Escuela Salvatore. Klaus y Caroline lo miraron inmediatamente. -¿Qué? -preguntó Klaus poniéndose en pie a la vez que Caroline, rodeando los dos la mesa por extremos opuestos para llegar hasta Alaric quien dejó un libro extendido sobre la mesa. -Esa marca que tienes…- Alaric señaló el antebrazo de Klaus- Es antigua. Muy antigua. Tanto que he tenido que remontarme a mitos y leyendas. Nunca nadie habia visto esa marca antes, al menos no hay constancia de ello, por eso no está archivada en símbolos celta… -Al grano, amigo. ¿Qué es? -preguntó Klaus rodando los ojos. -Es la marca de una nigromante poderosa. La más antigua y poderosa del mundo. Su magia es tan antigua que no hay registros… Apenas leyendas en Inglaterra… Hablan de una bruja capaz de dominar la vida y la muerte… y de un hechicero cuyo poder rivalizaba con el suyo. Caroline cruzó los brazos. -De acuerdo, pero… ¿Qué tiene eso que ver con Klaus o con los resucitados? Alaric bajó la mirada hacia las páginas envejecidas. -Se amaban. Al menos eso dicen las historias. Durante años fueron inseparables. Pero algo ocurrió entre ellos… algo tan terrible que acabó convirtiendo su amor en una guerra. Él empezó a temer en quién podía convertirse ella. Y ella vio esa traición como el peor de los ataques. Klaus permaneció inmóvil, desviando la mirada hacia la marca de su brazo. -El problema -continuó Alaric- es que ninguno podía matar al otro. Habían sellado un pacto de sangre siglos atrás. Sus vidas quedaron unidas. Si uno moría… el otro también. Caroline frunció el ceño. -Pero entonces la guerra nunca podía terminar. -En efecto. Así que el hechicero hizo lo único que se le ocurrió, lo único que estaba en su mano. Creó un arma capaz de romper las leyes de ese pacto. Una espada forjada con magia antigua… entregada después a un rey que, según la profecía, sería el único capaz de detener a la bruja si algún día ella cruzaba el límite. Klaus alzó lentamente la mirada. -¿Excalibur…? -preguntó de forma irónica, pues era el único nombre de una espada que le vino a la mente. Y, no podía imaginarse lo acertado que estaba. Alaric asintió despacio. Klaus frunció las cejas y miró al primero esperando que aquello fuera una broma. -¿Qué tiene que ver la marca con esto…? Alaric tragó saliva de forma pesada antes de volver la página del libro. Las ilustraciones de los grabados estaban desgastadas por el tiempo, pero el símbolo dibujado sobre el papel era exactamente el mismo que ardía sobre la piel de Klaus. La medialuna entrelazada con una triqueta simple. -Porque esta marca no representa una maldición… No al uso, al menos… Representa pertenencia. Caroline dirigió tambien la mirada hacia el brazo de Klaus inmediatamente. -La leyenda dice -prosiguió Alaric- que, cuando comenzó la guerra, la bruja entendió algo: jamás podría derrotar al hechicero sola. No mientras él siguiera teniendo a reyes, ejércitos y magos luchando de su lado. Así que empezó a buscar una forma de crear su propio ejército. Klaus apretó la mandíbula, comprendiéndolo al instante. Después de haberse criado con una madre como la suya, comprendía que habia personas que no conocían el límite. Tampoco él, puede que le viniera por rama materna. Irónicamente. -Nigromancia… -dijo. No era una pregunta. -Al principio resucitaba soldados caídos -asintió Alaric- Guerreros. Brujos. Pero su magia evolucionó. Se volvió más oscura y mucho más poderosa. La marca era el vínculo que utilizaba para atar las almas resucitadas a su voluntad. Una llamada. Una invocación permanente. El silencio cayó entre los tres. -Según las leyendas -continuó Alaric en voz más baja-, aquellos que estaban marcados dejaban de pertenecer al mundo de los muertos. La bruja podía sentirlos, encontrarlos… incluso reclamar sus vidas otra vez si la traicionaban. Caroline negó con la cabeza lentamente. -No… -Y lo peor es que... -Alaric levantó la vista del libro-. Cuanto más poderoso era el resucitado, más valiosa resultaba la marca para ella. Porque no estaba creando simples soldados… estaba formando un ejército capaz de enfrentarse al único hombre al que jamás pudo destruir. Klaus sostuvo la mirada de Alaric unos segundos. -¿Y ese hombre era…? Alaric cerró el libro despacio. -Merlín. Y la mujer que te marcó… Morgana. Klaus dejó ir el aire de sus pulmones e intercambió una mirada con Caroline. -¿Hay algún modo de deshacernos de la marca? -preguntó Klaus- Como comprenderás, es una duda bastante acuciante para nosotros ahora mismo… Si esa bruja sigue resucitando gente, pronto Mystic Falls se encontrará ante una plaga de vampiros, brujos y lobos muertos hace siglos. ¿Qué tal os fue con el brujo Silas? Alaric tensó la mandíbula mirando el rostro de Klaus de abajo arriba. -Oye, que yo no tengo la culpa… Pero no… No hay registros que hablen de como deshacerse de la marca… -negó con la cabeza- Pero hay un hechizo de invocación. Podeis llamar a Morgana… Puede que tengas una oportunidad contra ella… Sin apartar la mirada de Klaus cerró el libro y se lo entregó. -Asegúrate de que nos devuelves el libro cuando termináis. Klaus tomó el libro sin apartar sus acerados orbes azules de los parejos de Alaric. -Solo una pregunta… en tu experiencia… Si matamos a Morgana… ¿moriremos tambien? Alaric no respondió. No al principio. -No lo sé. >> Regresar a Nueva Orleans fue más dulce que la marcha. Al menos ahora tenían un libro y le habían dado un nombre a su enemigo. Además, Klaus no regresó solo. Si bien Caroline sabia que Alaric sabría ocupar su puesto como director en funciones ninguno de los dos ocupantes del Audi de Klaus podían saber que les depararía aquella aventura. Pero saber que contaba con la presencia alentadora de Caroline era ya más que una ayuda para Klaus. No pretendía recuperar el tiempo perdido con ella, mucho menos sin saber si habría más tiempo después de aquella aventura. Pero Caroline no le habia abandonado la primera vez que su final se avecinaba y no quiso hacerlo aquella segunda vez. -Gracias, Caroline -le dijo el hibrido una vez que llegaron a Nueva Orleans- Es importante para mi que… quieras quedarte con nosotros. Y tu pericia nos será más útil en persona que por teléfono Salió del coche y recorrió a velocidad vampírica la distancia hasta la puerta de Caroline una vez que entraron en el complejo Mikaelson. -Estás a punto de entrar en la boca del lobo. ¿Lista, amor? -preguntó ofreciendo su mano para salir del coche. No dieron ni dos pasos dentro del Atrio del complejo cuando Freya y Keelan aparecieron por la puerta del salón de baile.
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  • — No hay lugar en este mundo para quien la nostalgia es la única moneda de cambio. Qué apropiado es que esta condecoración de guerra por mis "heróicos" logros, una espada ornamental, ahora haya quedado sellada en su funda gracias al óxido, la corrosión y el olvido.

    Porque eso es el pasado sin un ancla el presente: Un emblema meramente simbólico, una espada que no puede ser usada. Sin un presente que lo contrapese, el pasado es veneno.

    Y sin un presente que lo guíe, el futuro es un monstruo.
    — No hay lugar en este mundo para quien la nostalgia es la única moneda de cambio. Qué apropiado es que esta condecoración de guerra por mis "heróicos" logros, una espada ornamental, ahora haya quedado sellada en su funda gracias al óxido, la corrosión y el olvido. Porque eso es el pasado sin un ancla el presente: Un emblema meramente simbólico, una espada que no puede ser usada. Sin un presente que lo contrapese, el pasado es veneno. Y sin un presente que lo guíe, el futuro es un monstruo.
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  • Dices conocer quien eres mejor que cualquier otro. Vamos a corroborarlo con un pequeño test de autodescubrimiento, pero cuidado, podría ponerte en contacto con partes de ti que creías perdidas:

    > ¿Qué es eso que perdonas en los demás pero jamás en ti?
    > ¿Cuál es el pensamiento recurrente que aparece en tu cabeza justo antes de dormir?
    > ¿Qué parte de tu personalidad ocultas de los demás?
    > ¿Cuántas veces te has mentido?
    > ¿Qué comportamiento ajeno te irrita porque refleja algo tuyo?
    > ¿Qué herida del pasado sigues usando como excusa en tu presente?
    > ¿Qué es lo más doloroso que has tenido que aceptar sobre tu propia naturaleza?
    > Fuera de bienes materiales y poderes cósmicos, ¿Qué es lo que realmente te diferencia de los demás?
    > ¿Cuál es tu definición de bondad y maldad?
    > ¿Qué es lo que te hace sentir realmente tu?
    > ¿Qué diría tu yo de la infancia de la persona que eres hoy?
    Dices conocer quien eres mejor que cualquier otro. Vamos a corroborarlo con un pequeño test de autodescubrimiento, pero cuidado, podría ponerte en contacto con partes de ti que creías perdidas: > ¿Qué es eso que perdonas en los demás pero jamás en ti? > ¿Cuál es el pensamiento recurrente que aparece en tu cabeza justo antes de dormir? > ¿Qué parte de tu personalidad ocultas de los demás? > ¿Cuántas veces te has mentido? > ¿Qué comportamiento ajeno te irrita porque refleja algo tuyo? > ¿Qué herida del pasado sigues usando como excusa en tu presente? > ¿Qué es lo más doloroso que has tenido que aceptar sobre tu propia naturaleza? > Fuera de bienes materiales y poderes cósmicos, ¿Qué es lo que realmente te diferencia de los demás? > ¿Cuál es tu definición de bondad y maldad? > ¿Qué es lo que te hace sentir realmente tu? > ¿Qué diría tu yo de la infancia de la persona que eres hoy?
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  • La cortina metálica de la veterinaria se alzó lentamente entre chirridos, dejando escapar el tenue olor a desinfectante y humedad atrapada de la noche anterior. Aún era temprano; las calles seguían medio dormidas, cubiertas por esa neblina gris azulada típica de las mañanas lluviosas en Tokio.

    Kurogawa Umi sostuvo el cigarrillo apagado entre los labios mientras acomodaba el letrero de OPEN sobre la puerta de cristal. Detrás de ella, el sonido seco de unas uñas reptilianas resonó contra el suelo; la vieja iguana que vivía en la clínica acababa de despertar.

    Al otro lado de la calle, dos vecinas bajaron la voz apenas la vieron salir.

    Señora 1: Dicen que anoche volvió a llegar alguien herido…
    Señora 2: ¿Humano?
    Señora 1: Eso escuché.

    Umi levantó apenas la mirada hacia ellas. Silencio incómodo.

    Las mujeres se tensaron un segundo… hasta que una sonrió con nerviosismo.

    Ambas: B-Buenos días, Umi-san.

    Ella sostuvo la puerta abierta mientras exhalaba por la nariz, cansada. —Buenos días. — Y como si nada hubiera pasado, volvió al interior de la veterinaria mientras las luces blancas del quirófano terminaban de encenderse.
    La cortina metálica de la veterinaria se alzó lentamente entre chirridos, dejando escapar el tenue olor a desinfectante y humedad atrapada de la noche anterior. Aún era temprano; las calles seguían medio dormidas, cubiertas por esa neblina gris azulada típica de las mañanas lluviosas en Tokio. Kurogawa Umi sostuvo el cigarrillo apagado entre los labios mientras acomodaba el letrero de OPEN sobre la puerta de cristal. Detrás de ella, el sonido seco de unas uñas reptilianas resonó contra el suelo; la vieja iguana que vivía en la clínica acababa de despertar. Al otro lado de la calle, dos vecinas bajaron la voz apenas la vieron salir. Señora 1: Dicen que anoche volvió a llegar alguien herido… Señora 2: ¿Humano? Señora 1: Eso escuché. Umi levantó apenas la mirada hacia ellas. Silencio incómodo. Las mujeres se tensaron un segundo… hasta que una sonrió con nerviosismo. Ambas: B-Buenos días, Umi-san. Ella sostuvo la puerta abierta mientras exhalaba por la nariz, cansada. —Buenos días. — Y como si nada hubiera pasado, volvió al interior de la veterinaria mientras las luces blancas del quirófano terminaban de encenderse.
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  • Era una noche bastante bonita, pese a la ligera neblina y la escasa nubosidad, la luna se podía ver en todo su esplendor, era una noche que el realmente no podía ignorar, sobre todo porque ese clima le era nostálgico. El último día que tuvo de libertad absoluta, la noche del lugar donde se encontraba la biblioteca de los Dioses Arquetípicos, era todo tan similar, que podría pensar que volvió en el tiempo, el único detalle que lo mantenía centrado de que eso no había pasado, era que al observar su mano, podía ver la transparencia que su cuerpo poseía, como por mas que este usara energía para manifestarse, no podía realmente estar ahí, esa realización era en cierta medida deprimente, pero el peso de esas emociones era aun mayor cuando recordaba esa maldición, esa macabra e innecesaria maldición que sus captores le pusieron, la locura que causaba el mero hecho de estar en presencia de él, una locura que por mas que intentara reducir los efectos, no lo lograba del todo, causando que la gente tuviera rechazo hacia su ser, lo único que podía contener ese remanente de poder eran los cadáveres.

    Ya en cierta medida estaba harto de usar cadáveres para poder moverse en la tierra, aunque los tiempos cambiaban, los cadáveres seguirían descomponiéndose, causando un aroma desagradable y delator, las pieles que poco a poco se caían al roce con cualquier objeto, la sangre podrida como un aceite espeso y negro, el hecho de que ante el más mínimo impacto las partes de los cadáveres se cayeran sin posibilidad de arreglarlos. Era obligatorio para él rotar de cuerpos todo el tiempo, esperar que no lo destrozaran antes de salir de este, cosa de poder continuar su rumbo.

    El hecho de también depender de una persona para poder manifestarse era otra de las espinas que le molestaba, como si esa persona moría, era inmediatamente regresado a Carcosa, aunque no tenia nada contra su reino, se había vuelto aburrido, siempre que llegaba una nueva alma ahí, Hastur los recibía con mucha emoción, puesto a que un nuevo ocupante significaba nuevo conocimiento y punto de vista.

    Él sabía que no era como los otros Dioses Primigenios, si bien fue concebido por Yog-Sothoth, el carecía de poder, a diferencia de su progenitor y hermanos, esa era la razón por los que los Dioses Arquetípicos lo habían escogido como guardián de la biblioteca de ellos, pero en momentos así, no era fácil controlar la pregunta que le plago por mucho tiempo después de que fuese encerrado, ¿A caso su existencia era un error? ¿Por qué de todos los Dioses Primigenios, él no había nacido con un poder que le permitiera hacer lo que quisiera? Todo su poder se lo debía a sí mismo, todo el tiempo que paso leyendo en la librería de los Dioses Arquetípicos, como él se enseñaba magia, como aprendió a manipular la alquimia, todo el conocimiento que poseía pensó que eso le seria suficiente, pero había un vacío que no podía explicar, un vacío que se acrecentó conforme pasaba su penitencia en Carcosa.

    En ese momento un cuervo grazno, sacándolo de sus pensamientos, odiaba las noches así, esos pensamientos, o ¿Realmente las odiaba por eso? ¿O era otra cosa lo que le hacia odiar estas noches? No importaba cuanto conocimiento poseyera, cuantos libros leyera, esa respuesta nunca llegaba.

    —¿Qué diría “él” si me viera en estos momentos? —

    Había venido con la intención de robar un cuerpo, pero ahora no tenia ganas de eso, por lo que se sentó en una de las bancas que había por ahí, viendo la luna, aunque no tuviera rostro, se podía sentir la melancolía, como si unos ojos invisibles delataran lo que pensaba.
    Era una noche bastante bonita, pese a la ligera neblina y la escasa nubosidad, la luna se podía ver en todo su esplendor, era una noche que el realmente no podía ignorar, sobre todo porque ese clima le era nostálgico. El último día que tuvo de libertad absoluta, la noche del lugar donde se encontraba la biblioteca de los Dioses Arquetípicos, era todo tan similar, que podría pensar que volvió en el tiempo, el único detalle que lo mantenía centrado de que eso no había pasado, era que al observar su mano, podía ver la transparencia que su cuerpo poseía, como por mas que este usara energía para manifestarse, no podía realmente estar ahí, esa realización era en cierta medida deprimente, pero el peso de esas emociones era aun mayor cuando recordaba esa maldición, esa macabra e innecesaria maldición que sus captores le pusieron, la locura que causaba el mero hecho de estar en presencia de él, una locura que por mas que intentara reducir los efectos, no lo lograba del todo, causando que la gente tuviera rechazo hacia su ser, lo único que podía contener ese remanente de poder eran los cadáveres. Ya en cierta medida estaba harto de usar cadáveres para poder moverse en la tierra, aunque los tiempos cambiaban, los cadáveres seguirían descomponiéndose, causando un aroma desagradable y delator, las pieles que poco a poco se caían al roce con cualquier objeto, la sangre podrida como un aceite espeso y negro, el hecho de que ante el más mínimo impacto las partes de los cadáveres se cayeran sin posibilidad de arreglarlos. Era obligatorio para él rotar de cuerpos todo el tiempo, esperar que no lo destrozaran antes de salir de este, cosa de poder continuar su rumbo. El hecho de también depender de una persona para poder manifestarse era otra de las espinas que le molestaba, como si esa persona moría, era inmediatamente regresado a Carcosa, aunque no tenia nada contra su reino, se había vuelto aburrido, siempre que llegaba una nueva alma ahí, Hastur los recibía con mucha emoción, puesto a que un nuevo ocupante significaba nuevo conocimiento y punto de vista. Él sabía que no era como los otros Dioses Primigenios, si bien fue concebido por Yog-Sothoth, el carecía de poder, a diferencia de su progenitor y hermanos, esa era la razón por los que los Dioses Arquetípicos lo habían escogido como guardián de la biblioteca de ellos, pero en momentos así, no era fácil controlar la pregunta que le plago por mucho tiempo después de que fuese encerrado, ¿A caso su existencia era un error? ¿Por qué de todos los Dioses Primigenios, él no había nacido con un poder que le permitiera hacer lo que quisiera? Todo su poder se lo debía a sí mismo, todo el tiempo que paso leyendo en la librería de los Dioses Arquetípicos, como él se enseñaba magia, como aprendió a manipular la alquimia, todo el conocimiento que poseía pensó que eso le seria suficiente, pero había un vacío que no podía explicar, un vacío que se acrecentó conforme pasaba su penitencia en Carcosa. En ese momento un cuervo grazno, sacándolo de sus pensamientos, odiaba las noches así, esos pensamientos, o ¿Realmente las odiaba por eso? ¿O era otra cosa lo que le hacia odiar estas noches? No importaba cuanto conocimiento poseyera, cuantos libros leyera, esa respuesta nunca llegaba. —¿Qué diría “él” si me viera en estos momentos? — Había venido con la intención de robar un cuerpo, pero ahora no tenia ganas de eso, por lo que se sentó en una de las bancas que había por ahí, viendo la luna, aunque no tuviera rostro, se podía sentir la melancolía, como si unos ojos invisibles delataran lo que pensaba.
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  • "»El tiempo había pasado inadvertido, reflejado únicamente en su cabello largo, pues su atención estaba totalmente cautivado por la perfección de su vida junto a León. Como su esposo, León había rebasado todo estándar imaginable, dejandome en un estado de mudez emocional ante tanta felicidad. Estaba tan centrado en disfrutar de esa plenitud que ignoraba los síntomas que mi cuerpo manifestaba, prefiriendo mantener la mirada fija en su amor antes que enfrentar las señales de que algo en su interior estaba cambiando.«"
    "»El tiempo había pasado inadvertido, reflejado únicamente en su cabello largo, pues su atención estaba totalmente cautivado por la perfección de su vida junto a León. Como su esposo, León había rebasado todo estándar imaginable, dejandome en un estado de mudez emocional ante tanta felicidad. Estaba tan centrado en disfrutar de esa plenitud que ignoraba los síntomas que mi cuerpo manifestaba, prefiriendo mantener la mirada fija en su amor antes que enfrentar las señales de que algo en su interior estaba cambiando.«"
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  • Lista para otra aventura. Evitar a la familia y buscar el pasado
    Lista para otra aventura. Evitar a la familia y buscar el pasado
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  • UNA VOZ INTERIOR (PARTE 1)

    ×despues de comprar lo necesario en la tienda tome la decisión de caminar por un callejón vacío con tal de evitar a los humanos×

    Aun tengo tiempo así que iré al departamento a dejar esto y después visitaré a la señorita Seryn, solo espero que esa reunión no dure mucho.. ghmm..

    ×entre mas avanzaba en el callejón podía sentir un dolor punzante haciéndose más grande en mí cabeza hasta el punto en que me vi obligado a soltar las comprar para agarrarme la cabeza con ambas manos×

    ¡Aahg! ¿Que es esto..? Me duele demasiado la cabeza..

    ???: ¿¡Que estas esperando!? ¡Tienes que ir y matarlos a todos!

    Que.. ¿¡Quien dijo eso!?

    ×apesar del dolor me puse de pie mirando hacia todos lados en busca de ver a la persona que me hablaba pero después me di cuenta de algo×

    Tu voz es igual a la mia.. ¿Quien eres?

    ???: ¿No es obvio? Yo soy tu muchacho solo que una versión mejorada de ti

    Ahora entiendo estás en mí cabeza ¿Verdad? Que es lo que quieres

    ???: vine a recordarte tu pasado, ¿¡Enserio has olvidado quien eres!? ¿¡Olvidaste quien somos? La reina dragon te nombró el ejecutor por algo

    Prometí dejar esa vida para siempre.. antes de morir ella me permitió iniciar una nueva vida..

    ???: pero es obvio que yo me niego a dejarte vivir esa vida.. no eres más que un cobarde que decidió aceptar la derrota y ahora mira a tu alrededor ¡Los humanos conquistaron el mundo! ¡Y todo porque no hiciste absolutamente nada!

    ×me levantaría del suelo para correr hacia una de las paredes en el callejón y dar un fuerte cabezaso a la misma agrietando el muro×

    Cállate de una maldita vez.. prometi no volver a usar mis manos para asesinar a otros.. no seré como antes..

    ???: descuida poco a poco te irás debilitando y cuando menos te lo esperes yo seré libre y tu serás historia.. tomare venganza en nombre de nuestros camaradas asesinados

    ×buscabdo silenciar aquella voz comencé a dar cabezazos una y otra vez rompiendo más y más aquel muro hasta que escuche la voz de un sujeto cerca de mi×

    Desconocido: oye chico que estás haciendo.. ¿Te encuentras bien? ¿Llamo a una ambulancia?

    Estoy bien no se preocupe.. solo alejese de mí y por nada del mundo se acerque...

    ×me daría la vuelta para comenzar a correr y alejarme de aquel lugar, aquella voz había dejado de hablarme pero algo me decía que este no era el final sino el comienzo×
    UNA VOZ INTERIOR (PARTE 1) ×despues de comprar lo necesario en la tienda tome la decisión de caminar por un callejón vacío con tal de evitar a los humanos× Aun tengo tiempo así que iré al departamento a dejar esto y después visitaré a la señorita Seryn, solo espero que esa reunión no dure mucho.. ghmm.. ×entre mas avanzaba en el callejón podía sentir un dolor punzante haciéndose más grande en mí cabeza hasta el punto en que me vi obligado a soltar las comprar para agarrarme la cabeza con ambas manos× ¡Aahg! ¿Que es esto..? Me duele demasiado la cabeza.. ???: ¿¡Que estas esperando!? ¡Tienes que ir y matarlos a todos! Que.. ¿¡Quien dijo eso!? ×apesar del dolor me puse de pie mirando hacia todos lados en busca de ver a la persona que me hablaba pero después me di cuenta de algo× Tu voz es igual a la mia.. ¿Quien eres? ???: ¿No es obvio? Yo soy tu muchacho solo que una versión mejorada de ti Ahora entiendo estás en mí cabeza ¿Verdad? Que es lo que quieres ???: vine a recordarte tu pasado, ¿¡Enserio has olvidado quien eres!? ¿¡Olvidaste quien somos? La reina dragon te nombró el ejecutor por algo Prometí dejar esa vida para siempre.. antes de morir ella me permitió iniciar una nueva vida.. ???: pero es obvio que yo me niego a dejarte vivir esa vida.. no eres más que un cobarde que decidió aceptar la derrota y ahora mira a tu alrededor ¡Los humanos conquistaron el mundo! ¡Y todo porque no hiciste absolutamente nada! ×me levantaría del suelo para correr hacia una de las paredes en el callejón y dar un fuerte cabezaso a la misma agrietando el muro× Cállate de una maldita vez.. prometi no volver a usar mis manos para asesinar a otros.. no seré como antes.. ???: descuida poco a poco te irás debilitando y cuando menos te lo esperes yo seré libre y tu serás historia.. tomare venganza en nombre de nuestros camaradas asesinados ×buscabdo silenciar aquella voz comencé a dar cabezazos una y otra vez rompiendo más y más aquel muro hasta que escuche la voz de un sujeto cerca de mi× Desconocido: oye chico que estás haciendo.. ¿Te encuentras bien? ¿Llamo a una ambulancia? Estoy bien no se preocupe.. solo alejese de mí y por nada del mundo se acerque... ×me daría la vuelta para comenzar a correr y alejarme de aquel lugar, aquella voz había dejado de hablarme pero algo me decía que este no era el final sino el comienzo×
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  • — Estos jóvenes y sus inventos mágicos, llaman a esto smartphone aunque desconozco su función total he descubierto que graba imágenes del pasado, con esto puedo revisar las manchas malditas que se extienden por mi dermis o verme con un exhibicionista.— Se revisa sin hallar nada particularmente raro.
    — Estos jóvenes y sus inventos mágicos, llaman a esto smartphone aunque desconozco su función total he descubierto que graba imágenes del pasado, con esto puedo revisar las manchas malditas que se extienden por mi dermis o verme con un exhibicionista.— Se revisa sin hallar nada particularmente raro.
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