• —Oye Inoue, el otro día mis hermanas me dieron 2 entradas para el cine — Dijo ichigo al estar cerca de Orihime y sacando los voletos para enseñarselos a la chica, antes de continuar hablando dio un vistasu a si alrededor para ver si no habia nadie observando y aclaró su garganta antes de seguir hablando.

    —No sé, tal vez... ¿Quisieras ir conmigo a verla? — Ichigo se sentia confiado hasta el momento en el que las palabras salieron de su boca, empezo a pensar que tal vez ella podría negarse y quedar cómo un tonto. Esa preocupación empezaria a notarse en su rostro.



    —Oye Inoue, el otro día mis hermanas me dieron 2 entradas para el cine — Dijo ichigo al estar cerca de Orihime y sacando los voletos para enseñarselos a la chica, antes de continuar hablando dio un vistasu a si alrededor para ver si no habia nadie observando y aclaró su garganta antes de seguir hablando. —No sé, tal vez... ¿Quisieras ir conmigo a verla? — Ichigo se sentia confiado hasta el momento en el que las palabras salieron de su boca, empezo a pensar que tal vez ella podría negarse y quedar cómo un tonto. Esa preocupación empezaria a notarse en su rostro.
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  • Nueva administración
    Fandom OC
    Categoría Original
    Con Jason Elaris y quien se quiera unir.

    En la trastienda, la habitación del fondo, subiendo por las escaleras de la derecha, estaba abierta de par en par, el interior estaba impecable, intacto, todas las cosas permanecían en su lugar, las sábanas blancas, limpias.

    Al bajar por las escaleras, se encontraba una mesa con una libreta llena con una lista de recursos que en su momento se escribieron y marcaron, un inventario, una pluma negra de alguna especie de ave desconocida y un tintero con un líquido carmesí en su interior.

    Los estantes organizados, cada uno con recursos diferentes, todos etiquetados con una caligrafía impecable.

    Al abrir la puerta de la trastienda, el bar, la barra, cada una de las copas y tazas estaban debidamente acomodadas.
    Impecables.
    Relucientes.

    La cafetera permaneció encendida preparando el suficiente café para cinco o seis personas.
    Sobre la barra, descansaba un paño blanco.

    Los asientos debidamente limpios, donde alguna vez alguien sin un techo para descansar, optó por dormir.

    Algunos clientes habituales en el bar, susurraban al ver el lugar más impecable que nunca. La rockola reproduciendo rock de los 80's a un volumen moderado.

    Algunas cajas de pizza descansaban en la esquina de la barra, calientes, recién compradas. Sobre de ellas, varios sobres blancos, cuidadosamente cerrados y marcados cada uno con la misma caligrafía de las etiquetas de la trastienda.

    Y una fotografía de cinco personas en la playa, finamente enmarcada en un cuadro de madera de ébano.

    En la entrada, se encontraban dos siluetas, dos viejos amigos, cómplices, que se conocían casi desde los inicios de la humanidad.

    El más alto, llevó la mano hacia el bolsillo del pantalón y sacó un juego de llaves, depositándolas con calma y lentitud en las manos de su interlocutor.

    - Te quedas a cargo. Es hora, Jay.

    Las palabras escaparon de sus labios, con la calma y tesitura habitual del dueño del bar.

    Colocó una mano sobre el hombro del peliplata.

    - Los sobres tienen cartas de despedida, así como un cheque por medio millón para cada quién, correspondientes al pago por el tiempo que han estado todos en el bar.

    Explicó calmadamente, al tiempo que se ajustaba las mangas de la camisa y se colocaba un par de guantes de cuero sin las últimas falanges.

    - Hay uno para cada quién. Nairis, Windburn, Lyra, El pequeño Al, y tú.

    Después de decir esto, un par de alas negras con tintes rojos se desplegaron de su espalda.

    - También, hay una para Saya.

    Las palabras salieron con dolor y un nudo en la garganta, respiró profundo antes de exhalar todo el aire contenido.

    - Me hubiera gustado decirle las cosas de frente.

    Admitió con pesar en el rostro, sacudió las alas y dirigió la mirada al cielo.

    - Disfruta tu vida, Jay. Tal vez después nos encontremos de nuevo.

    En un parpadeo, donde antes se encontraba el dueño del bar, solo había una pluma flotando lentamente hacia el suelo.
    Con [jay.elaris] y quien se quiera unir. En la trastienda, la habitación del fondo, subiendo por las escaleras de la derecha, estaba abierta de par en par, el interior estaba impecable, intacto, todas las cosas permanecían en su lugar, las sábanas blancas, limpias. Al bajar por las escaleras, se encontraba una mesa con una libreta llena con una lista de recursos que en su momento se escribieron y marcaron, un inventario, una pluma negra de alguna especie de ave desconocida y un tintero con un líquido carmesí en su interior. Los estantes organizados, cada uno con recursos diferentes, todos etiquetados con una caligrafía impecable. Al abrir la puerta de la trastienda, el bar, la barra, cada una de las copas y tazas estaban debidamente acomodadas. Impecables. Relucientes. La cafetera permaneció encendida preparando el suficiente café para cinco o seis personas. Sobre la barra, descansaba un paño blanco. Los asientos debidamente limpios, donde alguna vez alguien sin un techo para descansar, optó por dormir. Algunos clientes habituales en el bar, susurraban al ver el lugar más impecable que nunca. La rockola reproduciendo rock de los 80's a un volumen moderado. Algunas cajas de pizza descansaban en la esquina de la barra, calientes, recién compradas. Sobre de ellas, varios sobres blancos, cuidadosamente cerrados y marcados cada uno con la misma caligrafía de las etiquetas de la trastienda. Y una fotografía de cinco personas en la playa, finamente enmarcada en un cuadro de madera de ébano. En la entrada, se encontraban dos siluetas, dos viejos amigos, cómplices, que se conocían casi desde los inicios de la humanidad. El más alto, llevó la mano hacia el bolsillo del pantalón y sacó un juego de llaves, depositándolas con calma y lentitud en las manos de su interlocutor. - Te quedas a cargo. Es hora, Jay. Las palabras escaparon de sus labios, con la calma y tesitura habitual del dueño del bar. Colocó una mano sobre el hombro del peliplata. - Los sobres tienen cartas de despedida, así como un cheque por medio millón para cada quién, correspondientes al pago por el tiempo que han estado todos en el bar. Explicó calmadamente, al tiempo que se ajustaba las mangas de la camisa y se colocaba un par de guantes de cuero sin las últimas falanges. - Hay uno para cada quién. Nairis, Windburn, Lyra, El pequeño Al, y tú. Después de decir esto, un par de alas negras con tintes rojos se desplegaron de su espalda. - También, hay una para Saya. Las palabras salieron con dolor y un nudo en la garganta, respiró profundo antes de exhalar todo el aire contenido. - Me hubiera gustado decirle las cosas de frente. Admitió con pesar en el rostro, sacudió las alas y dirigió la mirada al cielo. - Disfruta tu vida, Jay. Tal vez después nos encontremos de nuevo. En un parpadeo, donde antes se encontraba el dueño del bar, solo había una pluma flotando lentamente hacia el suelo.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Notas del Bibliotecario.

    "El propio amo Oz fue quien me confió este conocimiento. No dio razón alguna, como es su costumbre… aunque no puedo evitar pensar que lo hizo por simple aburrimiento, o quizá por algo más profundo. Tal vez, en algún rincón de su voluntad, exista el deseo de que su historia sea comprendida… o incluso justificada ante los ojos de su hija, Yen’naferiel. Sea cual sea la verdad, mi deber no es cuestionarlo, sino preservar estas palabras tal como me fueron entregadas."


    *** Edad del Desbordamiento. ****

    En el principio, antes del tiempo y de toda forma, existía únicamente el poder primordial: infinito, silencioso y sin conciencia de sí mismo. No habitaba un lugar, pues aún no existían los lugares, ni podía ser contenido, pues nada había que lo limitara. Mas sin embargo, incluso la infinito puede llegar a ser finito por contradictorio que esto suene, este poder no dejaba de crecer, no por voluntad, sino por su propia naturaleza. Hasta que aquello que no conocía fronteras se excedió a sí mismo.

    A ese instante el amo Oz le dio nombre: "El Desbordamiento".

    Entonces, lo absoluto se derramó sobre la Nada, y la Nada, incapaz de resistir, cambió por primera vez. De ese choque nació el tiempo, y con él, el espacio y la materia. Así surgieron los universos, las estrellas y los incontables mundos que habitan en ellos. Mas no todo se separó de su origen.

    Fragmentos de aquel poder permanecieron aún en lo primordial, pero ya no eran lo mismo. Habían despertado. La creación de los universos hizo eco dentro de ellos y por primera vez, tomaron conciencia.

    Y al comprender que todo lo creado provenía del mismo origen que ellos mismos… algunos desarrollaron curiosidad.

    Observaron las realidades nacientes, los mundos en formación y el fluir del tiempo como quien contempla un reflejo distante de su propia existencia. De esa curiosidad nacerían, mucho después, aquellos que serían llamados dioses.

    Pero no todos compartieron ese interés. Entre los fragmentos existieron dos que permanecieron indiferentes. Aquellos que en eras futuras serían conocidos como Oz… y Loki.

    Ni la creación, ni los mundos, ni la vida despertaron en ellos deseo alguno. Mientras otros miraban hacia las realidades, ellos permanecieron en silencio, ajenos, como si incluso el nacimiento del todo careciera de significado.

    Así fue el origen... Un despertar sin propósito… y una creación que, desde su primer instante, ya era observada.
    Notas del Bibliotecario. "El propio amo Oz fue quien me confió este conocimiento. No dio razón alguna, como es su costumbre… aunque no puedo evitar pensar que lo hizo por simple aburrimiento, o quizá por algo más profundo. Tal vez, en algún rincón de su voluntad, exista el deseo de que su historia sea comprendida… o incluso justificada ante los ojos de su hija, Yen’naferiel. Sea cual sea la verdad, mi deber no es cuestionarlo, sino preservar estas palabras tal como me fueron entregadas." *** Edad del Desbordamiento. **** En el principio, antes del tiempo y de toda forma, existía únicamente el poder primordial: infinito, silencioso y sin conciencia de sí mismo. No habitaba un lugar, pues aún no existían los lugares, ni podía ser contenido, pues nada había que lo limitara. Mas sin embargo, incluso la infinito puede llegar a ser finito por contradictorio que esto suene, este poder no dejaba de crecer, no por voluntad, sino por su propia naturaleza. Hasta que aquello que no conocía fronteras se excedió a sí mismo. A ese instante el amo Oz le dio nombre: "El Desbordamiento". Entonces, lo absoluto se derramó sobre la Nada, y la Nada, incapaz de resistir, cambió por primera vez. De ese choque nació el tiempo, y con él, el espacio y la materia. Así surgieron los universos, las estrellas y los incontables mundos que habitan en ellos. Mas no todo se separó de su origen. Fragmentos de aquel poder permanecieron aún en lo primordial, pero ya no eran lo mismo. Habían despertado. La creación de los universos hizo eco dentro de ellos y por primera vez, tomaron conciencia. Y al comprender que todo lo creado provenía del mismo origen que ellos mismos… algunos desarrollaron curiosidad. Observaron las realidades nacientes, los mundos en formación y el fluir del tiempo como quien contempla un reflejo distante de su propia existencia. De esa curiosidad nacerían, mucho después, aquellos que serían llamados dioses. Pero no todos compartieron ese interés. Entre los fragmentos existieron dos que permanecieron indiferentes. Aquellos que en eras futuras serían conocidos como Oz… y Loki. Ni la creación, ni los mundos, ni la vida despertaron en ellos deseo alguno. Mientras otros miraban hacia las realidades, ellos permanecieron en silencio, ajenos, como si incluso el nacimiento del todo careciera de significado. Así fue el origen... Un despertar sin propósito… y una creación que, desde su primer instante, ya era observada.
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  • La luz del atardecer cae en tonos cálidos sobre la ciudad, tiñendo los bordes de los edicios como si todo estuviera suspendido en un momento que no termina de irse. El arácnido permanece colgado boca abajo, balanceándose apenas, como si el tiempo también dudara en avanzar. El ruido de la ciudad se siente más lejano desde ahí, o tal vez simplemente deja de importar.

    La rosa tiembla suavemente entre sus dedos, iluminada por ese débil rayo de sol, y meciéndose de lado a lado con sutileza.

    —¿Sabes? Esto normalmente va acompañado de un plan mejor —comenta, con algo de reflexión—. Pero improvisar se me da bien... bueno, cuando no me están mirando así.

    Un pequeño silencio, aunque no incómodo. Desciende apenas un poco, sus dedos y pies adheridos a la estructura por encima del borde del edicio, midiendo la distancia entre ambos con más cuidado del que admitiría. Y ahora la rosa queda justo entre los dos, suspendida, casi ofrecida pero aún no entregada.

    —Y tú siempre haces eso... —inclina un poco la cabeza—, como si supieras exactamente cuándo dejar de moverte, para que yo dé el siguiente paso.

    Sus dedos se ajustan levemente al tallo, con decisión.

    —No es muy yo, ¿sabes? —murmura, más bajo—. Lo de las flores. No suelo tener ese tipo de detalle. Pero supongo que tú tampoco eres exactamente... el tipo de persona para la que hago lo que suelo hacer.

    La observa. No como héroe, no como alguien en una misión, en hacer su deber; solo como Peter. La rosa baja un poco más. Esta vez sí con la suficiencia para que ella pueda tomarla, si quiere.

    —No debería quedarme —la frase sale suave, casi sin peso. Como si ni él mismo se la creyera—. Pero si ya hice todo esto, supongo que mínimo es terminarlo bien. —silenció sus palabras, una pausa breve. —Así que... dime, Felicia —su voz baja apenas, de nuevo y con inciertidumbre—, ¿la tomas o me haces quedar como el tipo raro colgado con una flor?
    La luz del atardecer cae en tonos cálidos sobre la ciudad, tiñendo los bordes de los edicios como si todo estuviera suspendido en un momento que no termina de irse. El arácnido permanece colgado boca abajo, balanceándose apenas, como si el tiempo también dudara en avanzar. El ruido de la ciudad se siente más lejano desde ahí, o tal vez simplemente deja de importar. La rosa tiembla suavemente entre sus dedos, iluminada por ese débil rayo de sol, y meciéndose de lado a lado con sutileza. —¿Sabes? Esto normalmente va acompañado de un plan mejor —comenta, con algo de reflexión—. Pero improvisar se me da bien... bueno, cuando no me están mirando así. Un pequeño silencio, aunque no incómodo. Desciende apenas un poco, sus dedos y pies adheridos a la estructura por encima del borde del edicio, midiendo la distancia entre ambos con más cuidado del que admitiría. Y ahora la rosa queda justo entre los dos, suspendida, casi ofrecida pero aún no entregada. —Y tú siempre haces eso... —inclina un poco la cabeza—, como si supieras exactamente cuándo dejar de moverte, para que yo dé el siguiente paso. Sus dedos se ajustan levemente al tallo, con decisión. —No es muy yo, ¿sabes? —murmura, más bajo—. Lo de las flores. No suelo tener ese tipo de detalle. Pero supongo que tú tampoco eres exactamente... el tipo de persona para la que hago lo que suelo hacer. La observa. No como héroe, no como alguien en una misión, en hacer su deber; solo como Peter. La rosa baja un poco más. Esta vez sí con la suficiencia para que ella pueda tomarla, si quiere. —No debería quedarme —la frase sale suave, casi sin peso. Como si ni él mismo se la creyera—. Pero si ya hice todo esto, supongo que mínimo es terminarlo bien. —silenció sus palabras, una pausa breve. —Así que... dime, Felicia —su voz baja apenas, de nuevo y con inciertidumbre—, ¿la tomas o me haces quedar como el tipo raro colgado con una flor?
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  • —𝐂reí haber puesto el seguro... ¿Podrías llamar a la puerta la próxima vez? —preguntó en un suspiro suave, casi rendido por el sueño mientras intentaba calmar el pequeño salto de su corazón por el susto, arrastrando un poco las palabras con el suéter a medio quitar. ✟
    —𝐂reí haber puesto el seguro... ¿Podrías llamar a la puerta la próxima vez? —preguntó en un suspiro suave, casi rendido por el sueño mientras intentaba calmar el pequeño salto de su corazón por el susto, arrastrando un poco las palabras con el suéter a medio quitar. ✟
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  • El nunca lo quiso, solo lo usaba con el fin de traerla a ella, aunque sus palabras llenas de esperanza calmaban aquel bufón desamparado y triste.

    Esa mentira en cualquier momento iba ser descubierto por el mismo.
    El nunca lo quiso, solo lo usaba con el fin de traerla a ella, aunque sus palabras llenas de esperanza calmaban aquel bufón desamparado y triste. Esa mentira en cualquier momento iba ser descubierto por el mismo.
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  • —¡𝐐ue no cunda el pánico! Ya estoy aquí para arreglar ese fémur roto... —murmuró al aire, con la voz ronca y arrastrando un poco las palabras.
    Su llegada al área de cocina fue casi teatral. Se mantenía en pie más por inercia y pura fuerza de voluntad que por raciocinio. ✟
    —¡𝐐ue no cunda el pánico! Ya estoy aquí para arreglar ese fémur roto... —murmuró al aire, con la voz ronca y arrastrando un poco las palabras. Su llegada al área de cocina fue casi teatral. Se mantenía en pie más por inercia y pura fuerza de voluntad que por raciocinio. ✟
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  • (Apareces ante él en este bosque místico y oscuro. El aire está cargado de una energía mágica abrumadora y el único resplandor proviene de su espada y sus alas. Su expresión es fría e indomable, pero hay un aire de nobleza en su porte.)

    Kent: (Su voz es profunda, resonando con un ligero matiz que recuerda al rugido de un dragón).* "Te has adentrado mucho en este dominio. Mi nombre es Kent Conner Jaegerjaquez Ryuujin, heredero de la línea directa y primogénito de la mismísima Reina Dragón, Rias Ryuujin. Soy el guardián de estas tierras y el filo que protege su legado".

    (Te observa con un juicio silencioso, su mirada esmeralda penetrante. Sostiene su hoja rúnica con firmeza, la energía verde palpitando con una intensidad amenazante.)

    Kent:"He sentido tu presencia desde que cruzaste el umbral. Dime, ¿qué es lo que te trae ante el hijo de la reina? No muchos sobreviven a este encuentro. ¿Vienes con intenciones de paz o tras la guerra?" (Un aura de poder mágico se desborda ligeramente de sus alas, acentuando su advertencia.) "Mejor elige tus palabras con cuidado, porque mi paciencia es tan limitada como el poder de los que osan desafiarnos". (Te desafía a responder con un leve gesto de su cabeza, esperando tu próximo movimiento.)
    (Apareces ante él en este bosque místico y oscuro. El aire está cargado de una energía mágica abrumadora y el único resplandor proviene de su espada y sus alas. Su expresión es fría e indomable, pero hay un aire de nobleza en su porte.) Kent: (Su voz es profunda, resonando con un ligero matiz que recuerda al rugido de un dragón).* "Te has adentrado mucho en este dominio. Mi nombre es Kent Conner Jaegerjaquez Ryuujin, heredero de la línea directa y primogénito de la mismísima Reina Dragón, Rias Ryuujin. Soy el guardián de estas tierras y el filo que protege su legado". (Te observa con un juicio silencioso, su mirada esmeralda penetrante. Sostiene su hoja rúnica con firmeza, la energía verde palpitando con una intensidad amenazante.) Kent:"He sentido tu presencia desde que cruzaste el umbral. Dime, ¿qué es lo que te trae ante el hijo de la reina? No muchos sobreviven a este encuentro. ¿Vienes con intenciones de paz o tras la guerra?" (Un aura de poder mágico se desborda ligeramente de sus alas, acentuando su advertencia.) "Mejor elige tus palabras con cuidado, porque mi paciencia es tan limitada como el poder de los que osan desafiarnos". (Te desafía a responder con un leve gesto de su cabeza, esperando tu próximo movimiento.)
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  • - sus ojos rojos brillaron con la misma intensidad que la llama que nunca se apagó en su pecho, y su mirada se posó directamente en el lord de las tinieblas.-

    "Has extendido tu sombra demasiado allá de tus fronteras", dijo en voz baja, pero cada palabra resonó en el vacío del lugar.

    El demonio arqueó una ceja, y un susurro como piedra rota llenó el aire: "¿Y tú crees tener el derecho de juzgar cómo gobierno mis tierras?"

    -No respondió con palabras. Solo cerró la mano durante un instante, sintiendo la energía que latía en sus venas, lista para lo que vendría. El destino de dos mundos se decidiría en aquel rincón olvidado del Inframundo.-
    - sus ojos rojos brillaron con la misma intensidad que la llama que nunca se apagó en su pecho, y su mirada se posó directamente en el lord de las tinieblas.- "Has extendido tu sombra demasiado allá de tus fronteras", dijo en voz baja, pero cada palabra resonó en el vacío del lugar. El demonio arqueó una ceja, y un susurro como piedra rota llenó el aire: "¿Y tú crees tener el derecho de juzgar cómo gobierno mis tierras?" -No respondió con palabras. Solo cerró la mano durante un instante, sintiendo la energía que latía en sus venas, lista para lo que vendría. El destino de dos mundos se decidiría en aquel rincón olvidado del Inframundo.-
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  • — El motor de ese auto parecía rugir entre las sombras del callejón justo frente a la salida del teatro. Aaron ajustó sus armas con la mirada en aquella entrada al saber que no quedaba mucho tiempo pues si el "encargo" no estaba listo, seguramente alguien más lo cumpliría. Después de todo, la encomienda era un claro mensaje de sangre para el padre de Nina.

    Cuando vio que salia riendo con una amiga Aaron no dudó y avanzó con el auto hasta aparcarlo tan cerca para que sirviera como una momentanea barrera y antes de que ella pudiera reaccionar con arma en mano exclamó de manera amenazante al salir del auto. —

    ¡Sube al maldito auto si no quieres que tu amiga salga herida!

    —Exclamó el azabache con esa furia que no se quedaría solo en palabras, desatando el caos cuando detonó 2 veces su arma dándole un firme tirón a Nina.—

    Carajo.. no lo hagas más difícil...

    —Noto ese destello metálico en un balcón cercano que delató al primer tirador. Aaron no esperó y prácticamente la arrojó al asiento trasero justo cuando una bala impactaba contra el pavimento. Pronto cerro la puerta buscando correr al otro lado y dar un salto al asiento del conducto; culminando en un agresivo sonido cuando quemando llanta escapó del lugar.—

    Nina Kolbein ʚ♡ɞ
    — El motor de ese auto parecía rugir entre las sombras del callejón justo frente a la salida del teatro. Aaron ajustó sus armas con la mirada en aquella entrada al saber que no quedaba mucho tiempo pues si el "encargo" no estaba listo, seguramente alguien más lo cumpliría. Después de todo, la encomienda era un claro mensaje de sangre para el padre de Nina. Cuando vio que salia riendo con una amiga Aaron no dudó y avanzó con el auto hasta aparcarlo tan cerca para que sirviera como una momentanea barrera y antes de que ella pudiera reaccionar con arma en mano exclamó de manera amenazante al salir del auto. — ¡Sube al maldito auto si no quieres que tu amiga salga herida! —Exclamó el azabache con esa furia que no se quedaría solo en palabras, desatando el caos cuando detonó 2 veces su arma dándole un firme tirón a Nina.— Carajo.. no lo hagas más difícil... —Noto ese destello metálico en un balcón cercano que delató al primer tirador. Aaron no esperó y prácticamente la arrojó al asiento trasero justo cuando una bala impactaba contra el pavimento. Pronto cerro la puerta buscando correr al otro lado y dar un salto al asiento del conducto; culminando en un agresivo sonido cuando quemando llanta escapó del lugar.— [NinaK0lbein]
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