• Había regresado del viaje con mi pareja Ashiël Volkøv a nuestro casa, el ambiente estaba algo tenso por una pequeña pelea que habíamos tenido pero sin embargo, seguíamos acurrucados juntos en el sofá.


    Entre suaves besos y suaves caricias empezamos a ceder un poco y decidimos salir, la noche estaba muy linda, muchas estrellas, clima frío y poco transito al parecer pero no sabíamos lo que nos esperaba.


    Ambos nos arreglamos para la ocasión, yo con un vestido azul medianoche y mi novio con un look casual pero elegante en los mismos tonos, dejamos a los tigres para salir camino al auto subiendo en este, yo había insistido en conducir pero no me dejaste entre suaves bromas y condujiste tu.


    Camino a nuestro lugar de cita nos encontramos pasando por un túnel, todo paso muy rápido, un auto se salio de su carril y en un intento por esquivarlo el asiento del copiloto quedó expuesto y recibí un gran impacto sintiendo un crujido seco en mi cabeza y luego... Nada, solo puedo ver oscuridad y escuchar la voz de alguien llamandome a lo lejos.
    Había regresado del viaje con mi pareja [Ashie1] a nuestro casa, el ambiente estaba algo tenso por una pequeña pelea que habíamos tenido pero sin embargo, seguíamos acurrucados juntos en el sofá. Entre suaves besos y suaves caricias empezamos a ceder un poco y decidimos salir, la noche estaba muy linda, muchas estrellas, clima frío y poco transito al parecer pero no sabíamos lo que nos esperaba. Ambos nos arreglamos para la ocasión, yo con un vestido azul medianoche y mi novio con un look casual pero elegante en los mismos tonos, dejamos a los tigres para salir camino al auto subiendo en este, yo había insistido en conducir pero no me dejaste entre suaves bromas y condujiste tu. Camino a nuestro lugar de cita nos encontramos pasando por un túnel, todo paso muy rápido, un auto se salio de su carril y en un intento por esquivarlo el asiento del copiloto quedó expuesto y recibí un gran impacto sintiendo un crujido seco en mi cabeza y luego... Nada, solo puedo ver oscuridad y escuchar la voz de alguien llamandome a lo lejos.
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  • Recopilación de escrituras, tomo 7.
    "El Heredero de la Luna Violeta"

    Bajo un cielo inmóvil,
    donde las estrellas parecían contener la respiración,
    nació un niño que no lloró.

    No gritó.
    No reclamó nada.

    Abrió los ojos.
    Y la noche cambió de color.

    No fue la Luna Blanca.
    No fue la Carmesí.

    Fue la Luna Violeta.

    Un astro que no anuncia guerras.
    Un reflejo que no celebra conquistas.

    Solo aparece
    cuando el equilibrio está a punto de romperse.

    Jason Jaegerjaquez Ishtar.

    Hijo de Henry Grimmtael Jaegerjaquez Black,
    portador del juicio antiguo.

    Hijo de Hazuki Ishtar,
    sangre ardiente,
    voluntad indomable.

    De su padre heredó la templanza.
    El peso de decidir.
    El silencio del liderazgo.

    De su madre heredó la furia contenida.
    La determinación que no se arrodilla.
    La certeza de no retroceder.

    Pero la Luna Violeta le dio algo distinto.

    La capacidad de caminar
    entre la luz
    y la oscuridad.

    Sin perderse en ninguna.

    Jason no fue creado para gobernar.
    Tampoco para juzgar.

    Fue creado para observar.

    Para medir el pulso del mundo.
    Para notar la grieta
    antes de que se vuelva abismo.

    Cuando el equilibrio se rompe,
    él puede detenerlo.

    Cuando la anomalía surge,
    él puede retenerla.

    No con destrucción.
    Sino con contención.

    Pero su existencia tiene un precio.

    Un alma demoníaca
    nacida en carne humana.

    Un contrato sellado
    antes incluso de su renacimiento.

    Murió una vez.
    Y regresó.

    Cadenas invisibles
    que ni la muerte pudo romper.

    Por eso incomoda.
    Por eso su presencia pesa.

    Jason no debería existir.

    Y aun así, existe.

    El día que cruzó el umbral del Consejo,
    las lunas ya estaban allí.

    Azul.
    Blanca.
    Carmesí.
    Verde.

    Poder absoluto.
    Desmesurado.

    Incompleto.

    Cuando la Luna Violeta se alzó,
    el aire se volvió denso.

    El mundo recordó algo olvidado:

    Todo poder necesita un límite.

    Desde el suelo surgió un trono sin nombre.
    Encadenado.
    Prohibido.

    No hecho para gobernar.
    Sino para impedir el exceso.

    Jason se detuvo frente a él.

    No se sentó.

    No aún.

    No habló para imponerse.
    No levantó la voz.

    Solo dejó clara su razón de existir.

    No estaba allí para reinar.
    No estaba allí para juzgar.

    Estaba allí para decidir
    cuando todos los demás
    ya hubieran ido demasiado lejos.

    Dicen que cuando Jason alza la mirada,
    la luna responde.

    Su resplandor no anuncia destrucción.

    Anuncia decisión.

    Y mientras los clanes murmuran su nombre
    con respeto
    y con temor,
    una verdad permanece escrita en las estrellas:

    Cuando la Luna Violeta se alce por completo,
    Jason Jaegerjaquez Ishtar
    decidirá el destino de todos los linajes.
    Recopilación de escrituras, tomo 7. "El Heredero de la Luna Violeta" Bajo un cielo inmóvil, donde las estrellas parecían contener la respiración, nació un niño que no lloró. No gritó. No reclamó nada. Abrió los ojos. Y la noche cambió de color. No fue la Luna Blanca. No fue la Carmesí. Fue la Luna Violeta. Un astro que no anuncia guerras. Un reflejo que no celebra conquistas. Solo aparece cuando el equilibrio está a punto de romperse. Jason Jaegerjaquez Ishtar. Hijo de Henry Grimmtael Jaegerjaquez Black, portador del juicio antiguo. Hijo de Hazuki Ishtar, sangre ardiente, voluntad indomable. De su padre heredó la templanza. El peso de decidir. El silencio del liderazgo. De su madre heredó la furia contenida. La determinación que no se arrodilla. La certeza de no retroceder. Pero la Luna Violeta le dio algo distinto. La capacidad de caminar entre la luz y la oscuridad. Sin perderse en ninguna. Jason no fue creado para gobernar. Tampoco para juzgar. Fue creado para observar. Para medir el pulso del mundo. Para notar la grieta antes de que se vuelva abismo. Cuando el equilibrio se rompe, él puede detenerlo. Cuando la anomalía surge, él puede retenerla. No con destrucción. Sino con contención. Pero su existencia tiene un precio. Un alma demoníaca nacida en carne humana. Un contrato sellado antes incluso de su renacimiento. Murió una vez. Y regresó. Cadenas invisibles que ni la muerte pudo romper. Por eso incomoda. Por eso su presencia pesa. Jason no debería existir. Y aun así, existe. El día que cruzó el umbral del Consejo, las lunas ya estaban allí. Azul. Blanca. Carmesí. Verde. Poder absoluto. Desmesurado. Incompleto. Cuando la Luna Violeta se alzó, el aire se volvió denso. El mundo recordó algo olvidado: Todo poder necesita un límite. Desde el suelo surgió un trono sin nombre. Encadenado. Prohibido. No hecho para gobernar. Sino para impedir el exceso. Jason se detuvo frente a él. No se sentó. No aún. No habló para imponerse. No levantó la voz. Solo dejó clara su razón de existir. No estaba allí para reinar. No estaba allí para juzgar. Estaba allí para decidir cuando todos los demás ya hubieran ido demasiado lejos. Dicen que cuando Jason alza la mirada, la luna responde. Su resplandor no anuncia destrucción. Anuncia decisión. Y mientras los clanes murmuran su nombre con respeto y con temor, una verdad permanece escrita en las estrellas: Cuando la Luna Violeta se alce por completo, Jason Jaegerjaquez Ishtar decidirá el destino de todos los linajes.
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  • Reza cuanto quieras, la oscuridad no escucha a quienes ya han sido marcados.

    Incluso cuando pretendes ser feliz, algo siempre regresa para recordarte la miseria de existir.

    Entonces nace la pregunta:
    ¿Debería?
    Quizás sí… las señales, borrosas, insisten en ser claras.
    Reza cuanto quieras, la oscuridad no escucha a quienes ya han sido marcados. Incluso cuando pretendes ser feliz, algo siempre regresa para recordarte la miseria de existir. Entonces nace la pregunta: ¿Debería? Quizás sí… las señales, borrosas, insisten en ser claras.
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  • Tal y como había advertido, pues no bromeaba con lo que salía de su boca, había tenido entrenando a sus compañeras hasta altas horas sin dejarlas partir a descansar hasta que la luna casi llegó a lo alto... Casi, a agradecer que había sido lo suficientemente benévola para dejarlas partir entonces y no cuando la luna estuviera en su punto más alto como había dicho que haría.
    Estaba cansada, pues resultaba agotador tener que tratar con todo un ejército se inútiles... Aunque siempre le habían resultado medio patéticas, ahora se pasaban de inútiles. Aunque no estuvo del todo segura si era el intenso entrenamiento lo que la había dejado agotada o era más bien un cansancio mental pues tampoco había dejado de darle vueltas en la cabeza al asunto de la reunión de Adán en el infierno.

    — ¿Bajar para una reunión? Tsk... —

    Había murmurado entre dientes en su retorno a su habitación. No recordaba el primer hombre accediera a una cosa como esa tan fácil, incluso recordaba que si utilizaba hologramas era para no tener que llevar su pura presencia a un lugar tan desagradable a excepción de los exterminios pues era divertido.
    Suponía que era otro truco de los demonios ¿Cómo no? Era beneficioso para ellos, además de que el arcángel había mencionado su tendencia a ir solo ¿Qué mejor ocasión para ellos que no podían ascender que aprovechar la soledad en la reunión para seguirle lavandole el cerebro? Por fortuna ahora había le había concedido el permiso de acompañarle y pese a que tendría que mantenerse en su lugar y no abrir la boca, al menos podría asegurarse, estando siempre a su lado, de que nadie podría seguir hechizandolo.

    Suspiró, desviando su mirada al cielo estrellado. Tan solo un manto nocturno despejado con pequeños puntos brillantes adornando... Luego observó el camino que la llevaba a su cuarto. Frunció el ceño, de todas formas no tenía sueño y necesitaba despejar la mente por lo que, desplegando sus alas y alzando el vuelo, desvió su camino en otra dirección. Una que ocasionalmente tomaba de forma solitaria y en su mayoría a altas horas de la noche.
    Sobrevolando la ciudad celestial, traspasó la vivaz animosidad de la ciudad dejando las luces y la civilización detrás, yendo incluso más lejos que las área de las exterminadoras. Las luces comenzaron a apagarse y los ruidos desaparecer tan solo quedándole como compañía el sonido de algún grillo distante o la luz de la luna como su única guía en lo que la oscuridad la rodeaba, más no la asustaba. Pues la oscuridad que bañaba el cielo no era más peligrosa que un mar calmado, tan sólo silencioso y solitario pero sin verdaderas amenazas que se escondieran entre sus sombras. Aún así no estaría a oscuras tanto tiempo pues pronto una luz brillante le llegaría, casi tan cegador como un faro para quien no lo conociera, una luz que al acercarse tomaría la forma de un árbol. Una planta que deslumbraba elegancia y delicadeza pero que también se veía antiguo.

    Sus alas se batieron para detenerse y luego sus pies tocaron la tierra reseca bajo ella. Un páramo, un desierto cuya una fuente de vida parecía ser aquella planta frente a ella pues no era otro sino el árbol de la vida.
    En silencio y con cuidado se acercó hasta su grueso tronco, apenas con cauteloso cuidado tocando su corteza un momento en lo que tomaba aire y suspiraba. Tal vez una forma de rendirle respeto antes de volver a volar, esta vez con más calma, hasta poder ascender a una de las tantas ramas y sentarse en ella. Desde allí observó el cielo estrellado cuyas estrellas parecían incluso estar más cerca que antes, más brillantes. Suspirando esbozó una sonrisa aprovechando la calma silenciosa que la rodeaba para aclarar su mente y eliminar sus preocupaciones
    Tal y como había advertido, pues no bromeaba con lo que salía de su boca, había tenido entrenando a sus compañeras hasta altas horas sin dejarlas partir a descansar hasta que la luna casi llegó a lo alto... Casi, a agradecer que había sido lo suficientemente benévola para dejarlas partir entonces y no cuando la luna estuviera en su punto más alto como había dicho que haría. Estaba cansada, pues resultaba agotador tener que tratar con todo un ejército se inútiles... Aunque siempre le habían resultado medio patéticas, ahora se pasaban de inútiles. Aunque no estuvo del todo segura si era el intenso entrenamiento lo que la había dejado agotada o era más bien un cansancio mental pues tampoco había dejado de darle vueltas en la cabeza al asunto de la reunión de Adán en el infierno. — ¿Bajar para una reunión? Tsk... — Había murmurado entre dientes en su retorno a su habitación. No recordaba el primer hombre accediera a una cosa como esa tan fácil, incluso recordaba que si utilizaba hologramas era para no tener que llevar su pura presencia a un lugar tan desagradable a excepción de los exterminios pues era divertido. Suponía que era otro truco de los demonios ¿Cómo no? Era beneficioso para ellos, además de que el arcángel había mencionado su tendencia a ir solo ¿Qué mejor ocasión para ellos que no podían ascender que aprovechar la soledad en la reunión para seguirle lavandole el cerebro? Por fortuna ahora había le había concedido el permiso de acompañarle y pese a que tendría que mantenerse en su lugar y no abrir la boca, al menos podría asegurarse, estando siempre a su lado, de que nadie podría seguir hechizandolo. Suspiró, desviando su mirada al cielo estrellado. Tan solo un manto nocturno despejado con pequeños puntos brillantes adornando... Luego observó el camino que la llevaba a su cuarto. Frunció el ceño, de todas formas no tenía sueño y necesitaba despejar la mente por lo que, desplegando sus alas y alzando el vuelo, desvió su camino en otra dirección. Una que ocasionalmente tomaba de forma solitaria y en su mayoría a altas horas de la noche. Sobrevolando la ciudad celestial, traspasó la vivaz animosidad de la ciudad dejando las luces y la civilización detrás, yendo incluso más lejos que las área de las exterminadoras. Las luces comenzaron a apagarse y los ruidos desaparecer tan solo quedándole como compañía el sonido de algún grillo distante o la luz de la luna como su única guía en lo que la oscuridad la rodeaba, más no la asustaba. Pues la oscuridad que bañaba el cielo no era más peligrosa que un mar calmado, tan sólo silencioso y solitario pero sin verdaderas amenazas que se escondieran entre sus sombras. Aún así no estaría a oscuras tanto tiempo pues pronto una luz brillante le llegaría, casi tan cegador como un faro para quien no lo conociera, una luz que al acercarse tomaría la forma de un árbol. Una planta que deslumbraba elegancia y delicadeza pero que también se veía antiguo. Sus alas se batieron para detenerse y luego sus pies tocaron la tierra reseca bajo ella. Un páramo, un desierto cuya una fuente de vida parecía ser aquella planta frente a ella pues no era otro sino el árbol de la vida. En silencio y con cuidado se acercó hasta su grueso tronco, apenas con cauteloso cuidado tocando su corteza un momento en lo que tomaba aire y suspiraba. Tal vez una forma de rendirle respeto antes de volver a volar, esta vez con más calma, hasta poder ascender a una de las tantas ramas y sentarse en ella. Desde allí observó el cielo estrellado cuyas estrellas parecían incluso estar más cerca que antes, más brillantes. Suspirando esbozó una sonrisa aprovechando la calma silenciosa que la rodeaba para aclarar su mente y eliminar sus preocupaciones
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  • La noche era serena, como pocas veces solía serlo en la vida de Kara. La luna colgaba sobre el cielo estrellado, reflejando su luz pálida sobre los techos de los cascacielos y demás edificios.

    Kara caminaba descalza sobre la orilla del techo de un edificio, dejando que el frio cemento acariciara sus pies. Sus ojos zafiro brillaban en la oscuridad, como dos faroles calmos.
    El viento era suave. No traía consigo amenazas ni voces. Solo calma. Por primera vez en mucho tiempo, Kara se sentía… completa.

    En la parte baja de su parcialmente descubierta su espalda. En ella, hay una herida provocada por kryptonita que se extendió con su radiación cuál ramas de un árbol fuesen.

    Se sentó a la orilla de techo dejando que el reflejo de la luna mostrara su herida verdosa.

    —Nunca pensé que todo sería tan doloroso así… —susurró para sí, con una sonrisa pequeña, cansada pero real.

    Recordó el combate contra Metallo.
    Kara cerró los ojos. Podía sentir aquella herida cómo un peso invisible en su espalda. Pero no la odiaba. No como habría esperado.
    La noche era serena, como pocas veces solía serlo en la vida de Kara. La luna colgaba sobre el cielo estrellado, reflejando su luz pálida sobre los techos de los cascacielos y demás edificios. Kara caminaba descalza sobre la orilla del techo de un edificio, dejando que el frio cemento acariciara sus pies. Sus ojos zafiro brillaban en la oscuridad, como dos faroles calmos. El viento era suave. No traía consigo amenazas ni voces. Solo calma. Por primera vez en mucho tiempo, Kara se sentía… completa. En la parte baja de su parcialmente descubierta su espalda. En ella, hay una herida provocada por kryptonita que se extendió con su radiación cuál ramas de un árbol fuesen. Se sentó a la orilla de techo dejando que el reflejo de la luna mostrara su herida verdosa. —Nunca pensé que todo sería tan doloroso así… —susurró para sí, con una sonrisa pequeña, cansada pero real. Recordó el combate contra Metallo. Kara cerró los ojos. Podía sentir aquella herida cómo un peso invisible en su espalda. Pero no la odiaba. No como habría esperado.
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  • ⸻"𝐴 𝑚𝑒𝑚𝑜𝑟𝑦 𝑟𝑒𝑠𝑖𝑑𝑖𝑛𝑔 𝑏𝑒𝑡𝑤𝑒𝑒𝑛 𝑙𝑜𝑣𝑒 𝑎𝑛𝑑 𝑝𝑎𝑖𝑛." | 𝐄𝐧𝐭𝐫𝐲: 𝐈


    […] Sentía la respiración más y más pesada a cada instante; suspiraba pesadamente al exhalar, y al inhalar, los pulmones le ardían mientras que un regusto a azufre invadía su lengua. El cerúleo de sus ojos cansinos se asomó apenas por sus entreabiertos párpados y los mechones rebeldes de su melena platinada, contemplando su silueta fragmentada en el espejo que tenía delante.

    La sangre escurría espesa y lenta —como si el vidrío sangrase desde cada lugar donde fue resquebrajado— tiñendo su pálido y distorsionado reflejo con un carmín sucio que parecía incluso desdibujar sus facciones. Tan solo su mirada, anclada al cristal, permanecía. Pero incluso sentía que esta ya no era suya. Entre más observaba, menos se reconocía.

    ¿Cuántas veces había contemplado su reflejo, solo para encontrar a alguien más detrás de él? A su padre, a su madre. A su hermano.

    Al propio hueco que la culpa había dejado en su pecho.

    Dante apretó los dientes al punto de hacerlos rechinar, así como su puño se ciñó a la empuñadura de su espada como si buscase aplastarla. La brea negra bajo sus pies comenzó a subir, mientras dejaba a la vista un precioso amuleto dorado frente a él, símbolo de sus más cruentos recuerdos.

    El cuerpo le pesaba, pero no iba a dejarse arrastrar por la culpa hasta el fondo de aquel mar negro. Con lo último que le quedaba de fuerzas, alzó la pesada hoja por encima del espejo, y la dejó caer. Un último impulso, un último anhelo. Y todo se volvió oscuridad sin encontrar en ello consuelo.

    Despertó agitado y empapado de sudor frío en uno de los sofás de su oficina. Los rayos cálidos del sol del atardecer le acariciaban el rostro en un contraste que le brindó tanto alivio como confusión.

    Otra vez había tenido ese sueño.
    ⸻"𝐴 𝑚𝑒𝑚𝑜𝑟𝑦 𝑟𝑒𝑠𝑖𝑑𝑖𝑛𝑔 𝑏𝑒𝑡𝑤𝑒𝑒𝑛 𝑙𝑜𝑣𝑒 𝑎𝑛𝑑 𝑝𝑎𝑖𝑛." | 𝐄𝐧𝐭𝐫𝐲: 𝐈 […] Sentía la respiración más y más pesada a cada instante; suspiraba pesadamente al exhalar, y al inhalar, los pulmones le ardían mientras que un regusto a azufre invadía su lengua. El cerúleo de sus ojos cansinos se asomó apenas por sus entreabiertos párpados y los mechones rebeldes de su melena platinada, contemplando su silueta fragmentada en el espejo que tenía delante. La sangre escurría espesa y lenta —como si el vidrío sangrase desde cada lugar donde fue resquebrajado— tiñendo su pálido y distorsionado reflejo con un carmín sucio que parecía incluso desdibujar sus facciones. Tan solo su mirada, anclada al cristal, permanecía. Pero incluso sentía que esta ya no era suya. Entre más observaba, menos se reconocía. ¿Cuántas veces había contemplado su reflejo, solo para encontrar a alguien más detrás de él? A su padre, a su madre. A su hermano. Al propio hueco que la culpa había dejado en su pecho. Dante apretó los dientes al punto de hacerlos rechinar, así como su puño se ciñó a la empuñadura de su espada como si buscase aplastarla. La brea negra bajo sus pies comenzó a subir, mientras dejaba a la vista un precioso amuleto dorado frente a él, símbolo de sus más cruentos recuerdos. El cuerpo le pesaba, pero no iba a dejarse arrastrar por la culpa hasta el fondo de aquel mar negro. Con lo último que le quedaba de fuerzas, alzó la pesada hoja por encima del espejo, y la dejó caer. Un último impulso, un último anhelo. Y todo se volvió oscuridad sin encontrar en ello consuelo. Despertó agitado y empapado de sudor frío en uno de los sofás de su oficina. Los rayos cálidos del sol del atardecer le acariciaban el rostro en un contraste que le brindó tanto alivio como confusión. Otra vez había tenido ese sueño.
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  • Hoy la luna se ve extraña.
    ¿Cuántos cientos de años había vivido tan desdichada criatura? Vagando por los anales de la historia, observando hasta el más insignificante detalle de la vida humana.
    No había sido sorpresa haber sido cazada, quemada, de mil maneras intentado ser asesinada. Talvez por eso, desdichado error de la naturaleza buscaba consuelo en la muerte alguna.
    Un pacto había sellado, la oscuridad con sus ojos había observado, sin embargo ella aún seguía respirando, sintiendo, observando las desdichas humanas una tras otra. Y a pesar de todo, su mundo parecía a la desgracia haber rotado.
    —Hoy, la luna se ve extraña...— fueron sus palabras antes de descender con su "Virgilio", a las penurias del infierno mismo.
    Hoy la luna se ve extraña. ¿Cuántos cientos de años había vivido tan desdichada criatura? Vagando por los anales de la historia, observando hasta el más insignificante detalle de la vida humana. No había sido sorpresa haber sido cazada, quemada, de mil maneras intentado ser asesinada. Talvez por eso, desdichado error de la naturaleza buscaba consuelo en la muerte alguna. Un pacto había sellado, la oscuridad con sus ojos había observado, sin embargo ella aún seguía respirando, sintiendo, observando las desdichas humanas una tras otra. Y a pesar de todo, su mundo parecía a la desgracia haber rotado. —Hoy, la luna se ve extraña...— fueron sus palabras antes de descender con su "Virgilio", a las penurias del infierno mismo.
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  • Update: 100%
    - Cambios -
    Apariencia física
    Mejora en atributos físicos
    Resistencia mejorada
    Fuerza incrementada
    - Habilidades cambiadas -

    Mimetismo - Antes: Podía copiar las habilidades de los demás prototypes pasando tiempo con ellos por un corto periodo de tiempo.
    - Mejora -
    Neo Mimetismo - Para poder adquirir alguna habilidad extra ya sea de un prototype o un amo, debe de cumplir las siguientes condiciones.

    1.- Habilidad por 1 momento - Okami debe besar los labios de la otra persona.
    2.- Habilidad por 1 hr - Okami debe estar con otra persona por un tiempo mayor a 1 dia.
    3.- Habilidad por 1 dia - Okami debe tener relaciones sexuales con la persona.

    - Nuevo -
    Puños de furia - Las espadas quedaron atrás, ahora Okami usa sus puños como armas, los golpes son imbuidos con energía elemental provocando daños a los adversarios. Para adquirir mas elementos debe escalar su relaciona con su amo.
    - Elementos desbloqueados -
    * Oscuridad
    * Tierra
    ---- Estado ----
    Sin amo.

    Update: 100% - Cambios - Apariencia física Mejora en atributos físicos Resistencia mejorada Fuerza incrementada - Habilidades cambiadas - Mimetismo - Antes: Podía copiar las habilidades de los demás prototypes pasando tiempo con ellos por un corto periodo de tiempo. - Mejora - Neo Mimetismo - Para poder adquirir alguna habilidad extra ya sea de un prototype o un amo, debe de cumplir las siguientes condiciones. 1.- Habilidad por 1 momento - Okami debe besar los labios de la otra persona. 2.- Habilidad por 1 hr - Okami debe estar con otra persona por un tiempo mayor a 1 dia. 3.- Habilidad por 1 dia - Okami debe tener relaciones sexuales con la persona. - Nuevo - Puños de furia - Las espadas quedaron atrás, ahora Okami usa sus puños como armas, los golpes son imbuidos con energía elemental provocando daños a los adversarios. Para adquirir mas elementos debe escalar su relaciona con su amo. - Elementos desbloqueados - * Oscuridad * Tierra ---- Estado ---- Sin amo.
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  • "Un vampiro y un cazador se encuentran en un bar, y el vampiro dice... "
    Fandom The Vampire Diaries - Supernatural
    Categoría Acción
    ㅤㅤㅤ
    Starter para Dean Winchester

    La caza en Mystic Falls se habia tornado, cuanto menos, un deporte de riesgo. Y, aunque no habia otra cosa de la que disfrutase más que de un buen rato jugando al ratón y el gato con los moralistas del pueblo que se pasaban el día criticándole por su estilo de vida, el Salvatore habia decidido ampliar su coto de caza. Si bien la carretera de Old Miller era un buen lugar donde pillar a conductores desprevenidos, el truco del muerto en la carretera era algo demasiado viejo. Nunca fallaba, esa era la verdad, pero necesitaba un truco nuevo.

    Esa era la razón por la que el camaro del Salvatore mayor habia terminado aparcado en un bar de Charlottesville, un pueblo a escasos kilómetros de Mystic Falls. Apenas hacia una semana que cazaba por allí, por lo que esperaba que, de momento Liz Forbes no uniese los puntos.

    Tras esconder el camaro en un barrio residencial, hizo lo de siempre: Desplazarse hasta un bar de mala muerte y hacerse el borracho perdido en el aparcamiento buscando torpemente las llaves de su coche. Un truco que solía funcionar con jovencitas dispuestas a ayudar y con maleantes que veían la oportunidad de robar. Sea como fuere, no muchos de ellos llegaban con vida al día siguiente…

    Y aquella noche.. no iba a ser distinta…

    -Maldita sea…- dijo, fingiendo una voz tomada por el alcohol, al escuchar que la puerta del bar se abría- ¿Dónde habré dejado las…? -se palpó la chaqueta torpemente- ¿Y las dichosas llaves…? -se tambaleó a propósito y curvó una rápida sonrisa al escuchar pasos que se acercaban.

    -Eh, amigo -una voz masculina lo llamó mientras llegaba hasta él en la oscuridad del parking- ¿Te encuentras bien?

    -Estupendamente…- el tono en la voz del vampiro cambió y se giró rápidamente mostrando los colmillos y aquel conjunto de venas negras bajo sus orbes ahora pozos negros heridos de hambre.
    ㅤㅤㅤ Starter para [bxbydriver] La caza en Mystic Falls se habia tornado, cuanto menos, un deporte de riesgo. Y, aunque no habia otra cosa de la que disfrutase más que de un buen rato jugando al ratón y el gato con los moralistas del pueblo que se pasaban el día criticándole por su estilo de vida, el Salvatore habia decidido ampliar su coto de caza. Si bien la carretera de Old Miller era un buen lugar donde pillar a conductores desprevenidos, el truco del muerto en la carretera era algo demasiado viejo. Nunca fallaba, esa era la verdad, pero necesitaba un truco nuevo. Esa era la razón por la que el camaro del Salvatore mayor habia terminado aparcado en un bar de Charlottesville, un pueblo a escasos kilómetros de Mystic Falls. Apenas hacia una semana que cazaba por allí, por lo que esperaba que, de momento Liz Forbes no uniese los puntos. Tras esconder el camaro en un barrio residencial, hizo lo de siempre: Desplazarse hasta un bar de mala muerte y hacerse el borracho perdido en el aparcamiento buscando torpemente las llaves de su coche. Un truco que solía funcionar con jovencitas dispuestas a ayudar y con maleantes que veían la oportunidad de robar. Sea como fuere, no muchos de ellos llegaban con vida al día siguiente… Y aquella noche.. no iba a ser distinta… -Maldita sea…- dijo, fingiendo una voz tomada por el alcohol, al escuchar que la puerta del bar se abría- ¿Dónde habré dejado las…? -se palpó la chaqueta torpemente- ¿Y las dichosas llaves…? -se tambaleó a propósito y curvó una rápida sonrisa al escuchar pasos que se acercaban. -Eh, amigo -una voz masculina lo llamó mientras llegaba hasta él en la oscuridad del parking- ¿Te encuentras bien? -Estupendamente…- el tono en la voz del vampiro cambió y se giró rápidamente mostrando los colmillos y aquel conjunto de venas negras bajo sus orbes ahora pozos negros heridos de hambre.
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    Grupal
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  • No le temo , la oscuridad ni las sombras y lo que puedo llegar a ser antes todos ellos
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