• tomo nota de un panel en mis retinas, que se filtro sin consentimiento en mis pensamientos, un dedo traspaso mi ojo: "un nuevo Dios ha nacido del sufrimiento ajeno, quieres verlo? intenta mas de cerca. el no teme, el es el temor, te tiene de presa, no puedes hacer nada, si lo intentas enfrentar conseguiras matarlo, que obtendras con eso? su oscuridad te consumira, seras un martirio, nadie quiere eso, tu si?"

    natus ex nebulis.
    tomo nota de un panel en mis retinas, que se filtro sin consentimiento en mis pensamientos, un dedo traspaso mi ojo: "un nuevo Dios ha nacido del sufrimiento ajeno, quieres verlo? intenta mas de cerca. el no teme, el es el temor, te tiene de presa, no puedes hacer nada, si lo intentas enfrentar conseguiras matarlo, que obtendras con eso? su oscuridad te consumira, seras un martirio, nadie quiere eso, tu si?" natus ex nebulis.
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  • #Notas: №7.

    "Creí que la enormidad y complejidad de las instalaciones estaba atrofiando mi estabilidad mental, pero los pasillos alargados y la aparición de áreas no ilustradas en los mapas son una realidad palpable. Estas anomalías aún carecen de un origen claro, pero creo que tiene relación directa con la nave nodriza en los niveles inferiores".

    -El papel es plegado bajo la frialdad y firmeza de los guantes de su oscura armadura. Él continúa descendiendo las escaleras, directo a la oscuridad que amenaza con consumir a aquellos que retan al abismo.


    ||POV: Black Ops.
    ||Mission: Recover and clean.
    ||Status: Alone and injured.
    #Notas: №7. "Creí que la enormidad y complejidad de las instalaciones estaba atrofiando mi estabilidad mental, pero los pasillos alargados y la aparición de áreas no ilustradas en los mapas son una realidad palpable. Estas anomalías aún carecen de un origen claro, pero creo que tiene relación directa con la nave nodriza en los niveles inferiores". -El papel es plegado bajo la frialdad y firmeza de los guantes de su oscura armadura. Él continúa descendiendo las escaleras, directo a la oscuridad que amenaza con consumir a aquellos que retan al abismo. ||POV: Black Ops. ||Mission: Recover and clean. ||Status: Alone and injured.
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  • Donde el caos acecha y la oscuridad gime, ahí es justo donde puedes encontrarme.
    Donde el caos acecha y la oscuridad gime, ahí es justo donde puedes encontrarme.
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  • Las garras de la inocencia

    Razor era conocido en Mondstadt como un chico enérgico, tranquilo e inocente. Para muchos, incluso tierno. Sin embargo, bajo esa apariencia se escondía una mente alerta al peligro, una inteligencia nata para el combate y, por encima de todo, un instinto feroz por proteger a su manada, a quienes consideraba su verdadera familia.

    El mercado negro surtía de todo a quienes buscaban lo que no podía conseguirse por medios legales: pociones adulteradas, alcohol, ingredientes a sobreprecio, armas, materiales… y pieles. Demasiadas pieles.

    Tras los últimos aullidos, profundos y majestuosos, la noche cayó sobre el bosque. La manada dormía. Razor se encontraba acurrucado bajo el tronco de un árbol, abrazado a uno de los lobos más viejos; los cachorros descansaban junto a sus madres, y el alfa vigilaba desde lo alto de una roca.

    Entonces, un crujido.

    Las orejas del alfa se alzaron de golpe. Razor abrió los ojos al mismo tiempo, conteniendo la respiración. No era un animal nocturno.

    Las antorchas se encendieron de repente, rodeando a la manada. El fuego crepitó, proyectando sombras torcidas entre los árboles. Humanos avanzaban con cautela, cuchillos y mazos en mano, sonriendo mientras hablaban del botín.

    El alfa saltó frente a su manada, erizando el pelaje y gruñendo. Dudaron un segundo… pero eran demasiados.

    Desde un punto ciego, varios bandidos se lanzaron sobre una de las lobas. Los chillidos de los cachorros cortaron el aire cuando fueron arrancados de su madre y metidos en un saco.

    La risa de uno de los hombres se apagó de golpe.

    Un impacto seco. Brutal.

    Razor había caído sobre él, clavándole la rodilla en el pecho. El bandido quedó inconsciente antes de tocar el suelo.

    +¿Q-qué fue eso? ¡Dijeron que no había nadie cuidando!

    Las espadas se alzaron. Entonces lo vieron.

    +¡Es solo un niño!
    —¡Yo… proteger… familia! —gruñó Razor, con los colmillos apretados—. ¡Ustedes… ser… malos!

    Se lanzó.

    Los lobos se unieron al ataque. Dientes, garras, gritos. Cada alarido de dolor de su manada hacía que los golpes de Razor fueran más fuertes, más salvajes.

    No luchaba como un caballero. No había técnica elegante, solo reflejos afilados, agilidad y una fuerza nacida del instinto.

    +¡No puede ser… tiene una Visión!

    Las garras Electro brillaron en la oscuridad. Uno a uno, los bandidos cayeron. Razor sangraba, respiraba con dificultad… pero en sus ojos no había dolor. Solo furia. Y determinación.

    Cuando el silencio volvió al bosque, todos yacían en el suelo.

    Razor los ató con ayuda de la manada. El bosque exigía sangre, y él lo sabía. Lo sentía. Pero recordó voces. Jean. Lisa. Kaeya.

    Convenció a los lobos de no matar.

    La ley del bosque era una. La de Mondstadt, otra.

    Y esta vez, eligió confiar. Herido y cansado llegó a Mondstadt bajo los primeros rayos del sol, dando pasos lentos con un pie y leves arrastres con el otro, herias en el cuerpo que si bien no eran mortales la cantidad de ellas hubieran dejado fuera de combate a cualquier otro. Los guardias de la puerta principal a la ciudad reconocieron a Razor de inmediato y, al ver el estado en el que se encontraba fueron a su auxilio de inmediato.

    -Gente...mala....bosque... -Alcanzó a decir a penas había sido alcanzado por uno de los guardias sosteniéndolo en brazos. Razor cayó inconsciente.-
    Las garras de la inocencia Razor era conocido en Mondstadt como un chico enérgico, tranquilo e inocente. Para muchos, incluso tierno. Sin embargo, bajo esa apariencia se escondía una mente alerta al peligro, una inteligencia nata para el combate y, por encima de todo, un instinto feroz por proteger a su manada, a quienes consideraba su verdadera familia. El mercado negro surtía de todo a quienes buscaban lo que no podía conseguirse por medios legales: pociones adulteradas, alcohol, ingredientes a sobreprecio, armas, materiales… y pieles. Demasiadas pieles. Tras los últimos aullidos, profundos y majestuosos, la noche cayó sobre el bosque. La manada dormía. Razor se encontraba acurrucado bajo el tronco de un árbol, abrazado a uno de los lobos más viejos; los cachorros descansaban junto a sus madres, y el alfa vigilaba desde lo alto de una roca. Entonces, un crujido. Las orejas del alfa se alzaron de golpe. Razor abrió los ojos al mismo tiempo, conteniendo la respiración. No era un animal nocturno. Las antorchas se encendieron de repente, rodeando a la manada. El fuego crepitó, proyectando sombras torcidas entre los árboles. Humanos avanzaban con cautela, cuchillos y mazos en mano, sonriendo mientras hablaban del botín. El alfa saltó frente a su manada, erizando el pelaje y gruñendo. Dudaron un segundo… pero eran demasiados. Desde un punto ciego, varios bandidos se lanzaron sobre una de las lobas. Los chillidos de los cachorros cortaron el aire cuando fueron arrancados de su madre y metidos en un saco. La risa de uno de los hombres se apagó de golpe. Un impacto seco. Brutal. Razor había caído sobre él, clavándole la rodilla en el pecho. El bandido quedó inconsciente antes de tocar el suelo. +¿Q-qué fue eso? ¡Dijeron que no había nadie cuidando! Las espadas se alzaron. Entonces lo vieron. +¡Es solo un niño! —¡Yo… proteger… familia! —gruñó Razor, con los colmillos apretados—. ¡Ustedes… ser… malos! Se lanzó. Los lobos se unieron al ataque. Dientes, garras, gritos. Cada alarido de dolor de su manada hacía que los golpes de Razor fueran más fuertes, más salvajes. No luchaba como un caballero. No había técnica elegante, solo reflejos afilados, agilidad y una fuerza nacida del instinto. +¡No puede ser… tiene una Visión! Las garras Electro brillaron en la oscuridad. Uno a uno, los bandidos cayeron. Razor sangraba, respiraba con dificultad… pero en sus ojos no había dolor. Solo furia. Y determinación. Cuando el silencio volvió al bosque, todos yacían en el suelo. Razor los ató con ayuda de la manada. El bosque exigía sangre, y él lo sabía. Lo sentía. Pero recordó voces. Jean. Lisa. Kaeya. Convenció a los lobos de no matar. La ley del bosque era una. La de Mondstadt, otra. Y esta vez, eligió confiar. Herido y cansado llegó a Mondstadt bajo los primeros rayos del sol, dando pasos lentos con un pie y leves arrastres con el otro, herias en el cuerpo que si bien no eran mortales la cantidad de ellas hubieran dejado fuera de combate a cualquier otro. Los guardias de la puerta principal a la ciudad reconocieron a Razor de inmediato y, al ver el estado en el que se encontraba fueron a su auxilio de inmediato. -Gente...mala....bosque... -Alcanzó a decir a penas había sido alcanzado por uno de los guardias sosteniéndolo en brazos. Razor cayó inconsciente.-
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  • 𝐌𝖾𝗅𝗂𝗇𝖺 𝐅𝗂𝗋𝖾𝖻𝗅𝗈𝗈𝗆

    Porque no fue solo tu primera vez…
    también fue la mía.

    Una revelación silenciosa, casi sagrada. Algo que ni siquiera los más de mil años que cargo sobre la piel me habían concedido sentir. Creí conocer todos los matices del deseo, todas las formas del cuerpo y del placer… pero esto era distinto. Esto tenía latido. Tenía tu nombre.

    Fue mi primera vez amando de verdad.
    Mi primera vez entregando el corazón sin defensas, dejando el alma desnuda a mercer de tus manos, liberando ese amor que había custodiado durante siglos como una reliquia peligrosa, y ofreciéndotelo sin miedo, sin reservas la oscuridad que albergo dentro de mi.

    Soy alguien para quien el tiempo no avanza: como un suspiro contenido. Alguien que existe fuera del ritmo común del mundo...

    Los seres longevos aprendemos a temer al amor. Sabemos que cuando el corazón se quiebra, no sangra… se agrieta durante siglos, sin la certeza de que este llegue a sanar algún día.

    Aun así, contigo, ese temor pierde fuerza. Incluso si el destino decidiera separarnos, incluso si algún día tuviera que aprender a vivir sin ti, cada segundo compartido a tu lado habrá valido la eternidad que pueda venir después.
    [Fire.bl00m] Porque no fue solo tu primera vez… también fue la mía. Una revelación silenciosa, casi sagrada. Algo que ni siquiera los más de mil años que cargo sobre la piel me habían concedido sentir. Creí conocer todos los matices del deseo, todas las formas del cuerpo y del placer… pero esto era distinto. Esto tenía latido. Tenía tu nombre. Fue mi primera vez amando de verdad. Mi primera vez entregando el corazón sin defensas, dejando el alma desnuda a mercer de tus manos, liberando ese amor que había custodiado durante siglos como una reliquia peligrosa, y ofreciéndotelo sin miedo, sin reservas la oscuridad que albergo dentro de mi. Soy alguien para quien el tiempo no avanza: como un suspiro contenido. Alguien que existe fuera del ritmo común del mundo... Los seres longevos aprendemos a temer al amor. Sabemos que cuando el corazón se quiebra, no sangra… se agrieta durante siglos, sin la certeza de que este llegue a sanar algún día. Aun así, contigo, ese temor pierde fuerza. Incluso si el destino decidiera separarnos, incluso si algún día tuviera que aprender a vivir sin ti, cada segundo compartido a tu lado habrá valido la eternidad que pueda venir después.
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  • La mosca en la nuca
    Categoría Contemporáneo
    El asfalto mojado bajo las ruedas de la motocicleta parecía un espejo oscuro que reflejaba un cielo que no le pertenecía. Alberto apretó el embrague, sintiendo la vibración del motor entre sus muslos como un recordatorio de que, en este mundo, todo era mecánico, tangible y finito. Exactamente como él quería que fuera.

    Había dejado atrás la ciudad hacía tres horas, pero el olor a ozono y azufre —ese rastro invisible que solo los de su clase podían detectar— no se despegaba de su nuca. No era una persecución ruidosa; era una sombra que se alargaba, un susurro entre el viento que le recordaba que la sangre de Belcebú no se limpia con agua, ni se esconde con identidades falsas.

    Se detuvo en una gasolinera olvidada, una mancha de luces de neón parpadeantes en mitad de la carretera nacional. Al bajar de la moto, sus manos temblaron ligeramente. No de miedo, sino de fatiga. Cada vez que usaba su don, cada vez que esa "anomalía" de su linaje brotaba para salvar una vida humana, su rastro en el mapa infernal brillaba como una bengala en la noche.

    «Curar es destruir el orden natural de la decadencia», le decía su ancestro. Alberto escupió a un lado, desafiando a la memoria.

    Entró en el pequeño local, compró un café aguado que sabía a plástico y regresó a su moto. El silencio del lugar era absoluto, roto solo por el clic metálico del motor enfriándose. Fue entonces cuando sintió la vibración en el bolsillo de su chaqueta de cuero.

    Sacó el móvil. No había número de remitente. No había prefijo. Solo un mensaje de texto que iluminó su rostro cansado con una luz blanca y aséptica.

    [Desconocido]: "La podredumbre siempre vuelve a su origen, Alberto. No importa cuántas veces remiendes la carne, el alma sigue teniendo nuestra marca. Mira detrás de ti."

    Alberto no se giró. Bloqueó la pantalla, guardó el teléfono y arrancó la moto de una patada, haciendo que el motor rugiera contra la oscuridad del bosque circundante. Sabía que la tregua se había terminado. Otro mensaje le llegó, pero ésta vez no se trataba de uno hostil:
    El asfalto mojado bajo las ruedas de la motocicleta parecía un espejo oscuro que reflejaba un cielo que no le pertenecía. Alberto apretó el embrague, sintiendo la vibración del motor entre sus muslos como un recordatorio de que, en este mundo, todo era mecánico, tangible y finito. Exactamente como él quería que fuera. Había dejado atrás la ciudad hacía tres horas, pero el olor a ozono y azufre —ese rastro invisible que solo los de su clase podían detectar— no se despegaba de su nuca. No era una persecución ruidosa; era una sombra que se alargaba, un susurro entre el viento que le recordaba que la sangre de Belcebú no se limpia con agua, ni se esconde con identidades falsas. Se detuvo en una gasolinera olvidada, una mancha de luces de neón parpadeantes en mitad de la carretera nacional. Al bajar de la moto, sus manos temblaron ligeramente. No de miedo, sino de fatiga. Cada vez que usaba su don, cada vez que esa "anomalía" de su linaje brotaba para salvar una vida humana, su rastro en el mapa infernal brillaba como una bengala en la noche. «Curar es destruir el orden natural de la decadencia», le decía su ancestro. Alberto escupió a un lado, desafiando a la memoria. Entró en el pequeño local, compró un café aguado que sabía a plástico y regresó a su moto. El silencio del lugar era absoluto, roto solo por el clic metálico del motor enfriándose. Fue entonces cuando sintió la vibración en el bolsillo de su chaqueta de cuero. Sacó el móvil. No había número de remitente. No había prefijo. Solo un mensaje de texto que iluminó su rostro cansado con una luz blanca y aséptica. [Desconocido]: "La podredumbre siempre vuelve a su origen, Alberto. No importa cuántas veces remiendes la carne, el alma sigue teniendo nuestra marca. Mira detrás de ti." Alberto no se giró. Bloqueó la pantalla, guardó el teléfono y arrancó la moto de una patada, haciendo que el motor rugiera contra la oscuridad del bosque circundante. Sabía que la tregua se había terminado. Otro mensaje le llegó, pero ésta vez no se trataba de uno hostil:
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    Individual
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  • Acércate. En la oscuridad no te queda nada, y yo lo tomaré.
    Acércate. En la oscuridad no te queda nada, y yo lo tomaré.
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  • El peligro no descansa
    Fandom Cualquiera
    Categoría Acción
    Aikaterine Ouro
    Serithra
    Dohanna Veythra Lili Queen Ishtar
    Elina Drakon

    En una gran aldea, los habitantes se encontraban descansando luego de dos noches de celebración, la aldean cumplía 200 años de existencia, y cómo tradición, suelen festejar a lo grande. Una aldea con al rededor de +15.000, sin embargo, en una noche que debería ser de paz, se convirtió en una noche de terror.
    El aullido feroz de lo que parecía ser a los ojos de los aldeanos, un Licántropo negro con cuernos demoníacos y ojos morados, expresando oscuridad, provocó que múltiples criaturas de aspecto aterrador, comenzaran a salir desde debajo de la tierra y atacaran sin piedad a los aldeanos, el ataque orquestado por Torcuart, uno de los Esbirros de La Princesa del Inframundo Judith Thompson. El Licántropo con poderes sobrenaturales, se encargaría de otro tipo de seres que intentarían estropear sus planes.

    Torcuart:
    — Huh... parece que hay gusanos intentando arruinarlo todo, muy bien, al menos tendré algo de acción y no me quedaré con los brazos cruzados! —

    Torcuart ha sentido la presencia de individuos no ordinarios que quieren detenerlo a él y a las criaturas demoníacas que trajo, ¿Podrán hacerlo?
    [Mercenary1x] [Sun_Goddess] [moon_energy_goddess] [Lili.Queen] [radiant_onyx_whale_635] En una gran aldea, los habitantes se encontraban descansando luego de dos noches de celebración, la aldean cumplía 200 años de existencia, y cómo tradición, suelen festejar a lo grande. Una aldea con al rededor de +15.000, sin embargo, en una noche que debería ser de paz, se convirtió en una noche de terror. El aullido feroz de lo que parecía ser a los ojos de los aldeanos, un Licántropo negro con cuernos demoníacos y ojos morados, expresando oscuridad, provocó que múltiples criaturas de aspecto aterrador, comenzaran a salir desde debajo de la tierra y atacaran sin piedad a los aldeanos, el ataque orquestado por Torcuart, uno de los Esbirros de La Princesa del Inframundo Judith Thompson. El Licántropo con poderes sobrenaturales, se encargaría de otro tipo de seres que intentarían estropear sus planes. Torcuart: — Huh... parece que hay gusanos intentando arruinarlo todo, muy bien, al menos tendré algo de acción y no me quedaré con los brazos cruzados! — Torcuart ha sentido la presencia de individuos no ordinarios que quieren detenerlo a él y a las criaturas demoníacas que trajo, ¿Podrán hacerlo?
    Tipo
    Grupal
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    Cualquier línea
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  • La consciencia no regresó con claridad, sino con peso.
    El sonido fue lo primero: un golpeteo metálico, constante, casi mecánico, marcando un ritmo que no parecía hecho para tranquilizar. Cuando abrieron los ojos, la escena no ofreció alivio alguno. Estaban dentro de un tren, largo y estrecho, cuyos límites se perdían entre sombras mal iluminadas.
    Las luces permanecían encendidas, pero parecían insuficientes, como si se negaran a cumplir del todo su función. El interior estaba intacto, ordenado… demasiado. No había señales de lucha, ni de abandono, ni de bienvenida. Solo un espacio preparado para ser ocupado.
    Las ventanas no mostraban paisaje.
    Solo oscuridad en movimiento.
    No existía recuerdo claro del abordaje. Tampoco una sensación de haber sido invitados. El aire era espeso, opresivo, y cada respiración confirmaba una verdad incómoda: el tren avanzaba, pero no ofrecía indicios de rumbo ni de final.
    No había voces.
    No había instrucciones.
    No había forma evidente de detenerlo.
    El silencio no era vacío, sino expectante, como si algo aguardara el momento exacto para manifestarse. El hecho de haber despertado juntos no parecía casualidad, sino parte de un proceso ya iniciado… uno del que ninguno había sido informado.
    El viaje continuaba.
    Y fuera cual fuera su destino, no parecía contemplar el consentimiento de sus pasajeros.

    Veythra Lili Queen Ishtar Axel Koroved Ryuリュウ・イシュタル・ヨキン Ishtar Yokin Usagi Rhett Zakharov Zagreo the Dark Demon Greek Mitology Verónica Valentine [Incub_Oli_Berry] Tobıαs Novαkovıc
    La consciencia no regresó con claridad, sino con peso. El sonido fue lo primero: un golpeteo metálico, constante, casi mecánico, marcando un ritmo que no parecía hecho para tranquilizar. Cuando abrieron los ojos, la escena no ofreció alivio alguno. Estaban dentro de un tren, largo y estrecho, cuyos límites se perdían entre sombras mal iluminadas. Las luces permanecían encendidas, pero parecían insuficientes, como si se negaran a cumplir del todo su función. El interior estaba intacto, ordenado… demasiado. No había señales de lucha, ni de abandono, ni de bienvenida. Solo un espacio preparado para ser ocupado. Las ventanas no mostraban paisaje. Solo oscuridad en movimiento. No existía recuerdo claro del abordaje. Tampoco una sensación de haber sido invitados. El aire era espeso, opresivo, y cada respiración confirmaba una verdad incómoda: el tren avanzaba, pero no ofrecía indicios de rumbo ni de final. No había voces. No había instrucciones. No había forma evidente de detenerlo. El silencio no era vacío, sino expectante, como si algo aguardara el momento exacto para manifestarse. El hecho de haber despertado juntos no parecía casualidad, sino parte de un proceso ya iniciado… uno del que ninguno había sido informado. El viaje continuaba. Y fuera cual fuera su destino, no parecía contemplar el consentimiento de sus pasajeros. [Lili.Queen] [Akly_5] [Ryu] [us4gi] [theannoyingcriminal75] [Dark_Demon] [fire_ruby_bull_303] [Incub_Oli_Berry] [phantasm_winter]
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  • Se acerca la guerra...

    — Cuanto tiempo ha pasado... — La voz de Morana resonó entre la oscuridad. — Volvemos una vez más a alzarnos en armas... — Aunque la emoción la recorriese, su voz sonaba... Cansada, diferente...

    Entonces en la oscuridad se hizo presente el sonido de sus pasos.

    Un paso. — Buscaron mandarme a la pira. —

    Otro paso. — Arrasaron con mi gente. — Su voz se volvió más grave.

    Otro paso. — Acabaron con mi esposo. — Se podía notar el dolor en su voz al mencionarlo.

    Se detuvo en seco. — Una guerra acabada hace siglos. — Suspiró. — Un pacto roto. — Respiró profundo, su voz calmándose nuevamente.

    — Si Dios no bendice mis armas en esta guerra, que su sangre sea la que alimente mi fuerza. —
    — Si realmente Dios desea mi muerte, que baje él mismo a crucificarme. —

    La puerta a la oscura habitación se abrió. — Marchamos a la guerra una vez más... — Finalmente salió de la oscura habitación, pero esta vez portando una nueva forma. — No me esconderé, se acabó el huir. — Su voz adquirió un tono firme.

    — Esta vez ni siquiera la muerte os puede proteger... Y no habrá misericordia. —

    Elijah Vítkov
    Se acerca la guerra... — Cuanto tiempo ha pasado... — La voz de Morana resonó entre la oscuridad. — Volvemos una vez más a alzarnos en armas... — Aunque la emoción la recorriese, su voz sonaba... Cansada, diferente... Entonces en la oscuridad se hizo presente el sonido de sus pasos. Un paso. — Buscaron mandarme a la pira. — Otro paso. — Arrasaron con mi gente. — Su voz se volvió más grave. Otro paso. — Acabaron con mi esposo. — Se podía notar el dolor en su voz al mencionarlo. Se detuvo en seco. — Una guerra acabada hace siglos. — Suspiró. — Un pacto roto. — Respiró profundo, su voz calmándose nuevamente. — Si Dios no bendice mis armas en esta guerra, que su sangre sea la que alimente mi fuerza. — — Si realmente Dios desea mi muerte, que baje él mismo a crucificarme. — La puerta a la oscura habitación se abrió. — Marchamos a la guerra una vez más... — Finalmente salió de la oscura habitación, pero esta vez portando una nueva forma. — No me esconderé, se acabó el huir. — Su voz adquirió un tono firme. — Esta vez ni siquiera la muerte os puede proteger... Y no habrá misericordia. — [fusion_bronze_monkey_923]
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