𝐌𝖾𝗅𝗂𝗇𝖺 𝐅𝗂𝗋𝖾𝖻𝗅𝗈𝗈𝗆
Porque no fue solo tu primera vez…
también fue la mía.
Una revelación silenciosa, casi sagrada. Algo que ni siquiera los más de mil años que cargo sobre la piel me habían concedido sentir. Creí conocer todos los matices del deseo, todas las formas del cuerpo y del placer… pero esto era distinto. Esto tenía latido. Tenía tu nombre.
Fue mi primera vez amando de verdad.
Mi primera vez entregando el corazón sin defensas, dejando el alma desnuda a mercer de tus manos, liberando ese amor que había custodiado durante siglos como una reliquia peligrosa, y ofreciéndotelo sin miedo, sin reservas la oscuridad que albergo dentro de mi.
Soy alguien para quien el tiempo no avanza: como un suspiro contenido. Alguien que existe fuera del ritmo común del mundo...
Los seres longevos aprendemos a temer al amor. Sabemos que cuando el corazón se quiebra, no sangra… se agrieta durante siglos, sin la certeza de que este llegue a sanar algún día.
Aun así, contigo, ese temor pierde fuerza. Incluso si el destino decidiera separarnos, incluso si algún día tuviera que aprender a vivir sin ti, cada segundo compartido a tu lado habrá valido la eternidad que pueda venir después.
Porque no fue solo tu primera vez…
también fue la mía.
Una revelación silenciosa, casi sagrada. Algo que ni siquiera los más de mil años que cargo sobre la piel me habían concedido sentir. Creí conocer todos los matices del deseo, todas las formas del cuerpo y del placer… pero esto era distinto. Esto tenía latido. Tenía tu nombre.
Fue mi primera vez amando de verdad.
Mi primera vez entregando el corazón sin defensas, dejando el alma desnuda a mercer de tus manos, liberando ese amor que había custodiado durante siglos como una reliquia peligrosa, y ofreciéndotelo sin miedo, sin reservas la oscuridad que albergo dentro de mi.
Soy alguien para quien el tiempo no avanza: como un suspiro contenido. Alguien que existe fuera del ritmo común del mundo...
Los seres longevos aprendemos a temer al amor. Sabemos que cuando el corazón se quiebra, no sangra… se agrieta durante siglos, sin la certeza de que este llegue a sanar algún día.
Aun así, contigo, ese temor pierde fuerza. Incluso si el destino decidiera separarnos, incluso si algún día tuviera que aprender a vivir sin ti, cada segundo compartido a tu lado habrá valido la eternidad que pueda venir después.
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Porque no fue solo tu primera vez…
también fue la mía.
Una revelación silenciosa, casi sagrada. Algo que ni siquiera los más de mil años que cargo sobre la piel me habían concedido sentir. Creí conocer todos los matices del deseo, todas las formas del cuerpo y del placer… pero esto era distinto. Esto tenía latido. Tenía tu nombre.
Fue mi primera vez amando de verdad.
Mi primera vez entregando el corazón sin defensas, dejando el alma desnuda a mercer de tus manos, liberando ese amor que había custodiado durante siglos como una reliquia peligrosa, y ofreciéndotelo sin miedo, sin reservas la oscuridad que albergo dentro de mi.
Soy alguien para quien el tiempo no avanza: como un suspiro contenido. Alguien que existe fuera del ritmo común del mundo...
Los seres longevos aprendemos a temer al amor. Sabemos que cuando el corazón se quiebra, no sangra… se agrieta durante siglos, sin la certeza de que este llegue a sanar algún día.
Aun así, contigo, ese temor pierde fuerza. Incluso si el destino decidiera separarnos, incluso si algún día tuviera que aprender a vivir sin ti, cada segundo compartido a tu lado habrá valido la eternidad que pueda venir después.
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