• « ¿En qué momento sucedió esto? »

    Fue una pregunta casual que cruzó su mente. De esas que llegan repentinamente cuando se intenta tener lucidez mental, como cuando intentas retroceder para entender ese pequeño momento donde las cosas se salieron de control. Así estaba Vincent, de pie, observando cómo ahora tenía tres gatos que alimentar en lugar de dos; no era algo habitual que tomara una decisión tan impulsiva de agregar una mascota más a su hogar pero, en realidad, no entendía aún cómo habían sucedido las cosas.

    "Debe ser porque tienes un corazón blando". Los comentarios de Monique siempre lo hacían reflexionar cuando parecían tan extraños como acertados. Sí, era cierto, solía ser débil ante ciertos impulsos como ese, ante la idea de no poder brindarle un hogar a una criatura que lo necesitaba o imaginarse el sufrimiento que debía estar pasando en soledad. En el frío y peligro de las calles, en el hambre del abandono y la tristeza del olvido. Cada vez que Vincent pensaba en cómo había encontrado a Massimo, más se sentía seguro de que la decisión era la correcta.

    "Debe ser por la culpa". Volvió a pensar. Lo hizo con profundidad y con pesadez, como si realmente no tuviera otra opción con la cual sentirse a gusto o una conclusión que lo dejara satisfecho. Era la idea de que podía ayudarlo por los gatos que, en su infancia, hubiese tenido que dejar de lado por no contar con los recursos en su hogar o no estar en su posibilidad. Ahora que tenía el espacio, el tiempo y los recursos, sentía que podía hacer una diferencia en la vida de sus tres gatos: Alessandro, Serafina y, ahora, Massimo.

    Vincent los volvió a observar y, otra vez, se quedó absorto intentando comprender la forma en que sus tres mininos habían terminado por relacionarse tan bien. En ese momento ni parecían ser los gatos que lo despertaban en la mañana, a primera hora, para pedir comida ni tampoco parecían ser los rebeldes que tenían su departamento patas arriba con el caos de sus juegos.

    — ¿Qué haría sin ustedes, chiquillos? Entonces, ¿aceptarían un gato más?
    « ¿En qué momento sucedió esto? » Fue una pregunta casual que cruzó su mente. De esas que llegan repentinamente cuando se intenta tener lucidez mental, como cuando intentas retroceder para entender ese pequeño momento donde las cosas se salieron de control. Así estaba Vincent, de pie, observando cómo ahora tenía tres gatos que alimentar en lugar de dos; no era algo habitual que tomara una decisión tan impulsiva de agregar una mascota más a su hogar pero, en realidad, no entendía aún cómo habían sucedido las cosas. "Debe ser porque tienes un corazón blando". Los comentarios de Monique siempre lo hacían reflexionar cuando parecían tan extraños como acertados. Sí, era cierto, solía ser débil ante ciertos impulsos como ese, ante la idea de no poder brindarle un hogar a una criatura que lo necesitaba o imaginarse el sufrimiento que debía estar pasando en soledad. En el frío y peligro de las calles, en el hambre del abandono y la tristeza del olvido. Cada vez que Vincent pensaba en cómo había encontrado a Massimo, más se sentía seguro de que la decisión era la correcta. "Debe ser por la culpa". Volvió a pensar. Lo hizo con profundidad y con pesadez, como si realmente no tuviera otra opción con la cual sentirse a gusto o una conclusión que lo dejara satisfecho. Era la idea de que podía ayudarlo por los gatos que, en su infancia, hubiese tenido que dejar de lado por no contar con los recursos en su hogar o no estar en su posibilidad. Ahora que tenía el espacio, el tiempo y los recursos, sentía que podía hacer una diferencia en la vida de sus tres gatos: Alessandro, Serafina y, ahora, Massimo. Vincent los volvió a observar y, otra vez, se quedó absorto intentando comprender la forma en que sus tres mininos habían terminado por relacionarse tan bien. En ese momento ni parecían ser los gatos que lo despertaban en la mañana, a primera hora, para pedir comida ni tampoco parecían ser los rebeldes que tenían su departamento patas arriba con el caos de sus juegos. — ¿Qué haría sin ustedes, chiquillos? Entonces, ¿aceptarían un gato más?
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  • Razor se encontraba descansando recostado en el tronco de un árbol justo en los campos detrás de Mondstadt, a orillas del lago.

    Había tenido una mañana bastante movida, en el bosque casó un jabalí, comió parte de su carne como carne empalada, el resto lo dividió en dos, carne para su manada, guardó otras porciones las cuales una de ellas las regaló a Sara, otra parte al igual que la piel, los colmillos y pezuñas las vendió en el mercado. Como respeto al animal aprovechó lo mejor posible cada parte de él. Jugó con los perros que rondaban en Mondstadt, ayudó con los carteles de búsqueda del tablón de encargos buscando algunas hierbas y encontrando mascotas, cosas sencillas que sabía hacer perfectamente.

    -Razor....jugó...mucho...hoy....Razor....feliz...

    Dijo con calma mientras comía unas galletas que compró con las moras ganadas.
    Razor se encontraba descansando recostado en el tronco de un árbol justo en los campos detrás de Mondstadt, a orillas del lago. Había tenido una mañana bastante movida, en el bosque casó un jabalí, comió parte de su carne como carne empalada, el resto lo dividió en dos, carne para su manada, guardó otras porciones las cuales una de ellas las regaló a Sara, otra parte al igual que la piel, los colmillos y pezuñas las vendió en el mercado. Como respeto al animal aprovechó lo mejor posible cada parte de él. Jugó con los perros que rondaban en Mondstadt, ayudó con los carteles de búsqueda del tablón de encargos buscando algunas hierbas y encontrando mascotas, cosas sencillas que sabía hacer perfectamente. -Razor....jugó...mucho...hoy....Razor....feliz... Dijo con calma mientras comía unas galletas que compró con las moras ganadas.
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  • — ¡Oww! ¡Eres tan adorable! —

    Llevaba entre sus manos a su nueva mascota, un regalo de su recién descubierto primo.
    Una criatura de lo más adorable que ahora no parecía querer soltar, incluso su cola moviéndose alegre de un lado a otro de tan solo sentir lo suave que resultaba ma criatura entre sus manos.

    — Tenemos que ponerte un nombre ¿No es así? Mmm... ¡Ya sé! ¡Algodón! ¡No, no, no! ¡Espera! ¡Ternurin! ¡Oh! ¡O mejor Peluchín! ¡Agh! ¡Hay tantas opciones! —

    Y de nuevo volvía a estrujarlo entre sus brazos con cuidado de no dañarlo
    — ¡Oww! ¡Eres tan adorable! — Llevaba entre sus manos a su nueva mascota, un regalo de su recién descubierto primo. Una criatura de lo más adorable que ahora no parecía querer soltar, incluso su cola moviéndose alegre de un lado a otro de tan solo sentir lo suave que resultaba ma criatura entre sus manos. — Tenemos que ponerte un nombre ¿No es así? Mmm... ¡Ya sé! ¡Algodón! ¡No, no, no! ¡Espera! ¡Ternurin! ¡Oh! ¡O mejor Peluchín! ¡Agh! ¡Hay tantas opciones! — Y de nuevo volvía a estrujarlo entre sus brazos con cuidado de no dañarlo
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  • — P-Chan es tan lindooo, nunca pude imaginarme que tendria a un cerdito tan bonito de mascota y el cual me ayuda mucho, aunque desaparece semanas me pregunto a donde ira?
    — P-Chan es tan lindooo, nunca pude imaginarme que tendria a un cerdito tan bonito de mascota y el cual me ayuda mucho, aunque desaparece semanas me pregunto a donde ira?
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  • -puede que se pasará de travieso y en unas de sus escapadas de su hogar tratara de conocer a los llamados "seres celestiales" con un poder digno de dioses . Su error ?
    Ser solo una simple mascota ante sus ojos, algo que ensucia su sagrado espacio con su presencia
    Y aunque trato de imitar la apariencia humanoide para no desencajar tanto, aún así los rasgos de su cuerpo lo delataron
    Termino preso más preocupado por el regaño y castigo que le dará el ser llamado madre que por el juicio a muerte al que lo están sentenciando. Por suerte o desgracia aún no conoce el significado de la palabra muerte -
    -puede que se pasará de travieso y en unas de sus escapadas de su hogar tratara de conocer a los llamados "seres celestiales" con un poder digno de dioses . Su error ? Ser solo una simple mascota ante sus ojos, algo que ensucia su sagrado espacio con su presencia Y aunque trato de imitar la apariencia humanoide para no desencajar tanto, aún así los rasgos de su cuerpo lo delataron Termino preso más preocupado por el regaño y castigo que le dará el ser llamado madre que por el juicio a muerte al que lo están sentenciando. Por suerte o desgracia aún no conoce el significado de la palabra muerte -
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  • Aquel era uno de esos días donde arrastraba los pies. El cansancio mental, a causa del estrés, la frustración y las pocas horas de sueño, terminaban pasandole la factura al hacerlo sentir agotado. Incluso sentía que sus ojos ardían y le pesaban con cada nueva luz roja que se encontraba en la pista de camino a la veterinaria. Además de su hogar, la veterinaria era el único lugar que disfrutaba visitar por una simple razón: Sus gatos. Siempre encontraba emocionante verlos convivir con otros gatos y le permitía recuperar su vitalidad ver la reacción que tenían luego de dejarlos un día completo. Y, aunque lo amaba, a veces sentía que su corazón se hacía pedazos con sus tiernos maullidos.

    — Ya estoy en aquí. ¿Dónde está mi niña?

    Vincent preguntó en el momento que entró en la guardería de mascotas. Su voz sonó de una manera chillona, diferente a la que solía utilizar durante las reuniones de scrum para ver avances; resultaba gracioso verlo modular su voz para hacerla tan dulce y jocosa, pero era más divertido ver cómo aquella gata blanca, se acercaba corriendo hacia él como si buscara consuelo.

    — Ay, ¿dónde está mi niña, dónde está? —Volvió a repetir, imprimiendo un fingido chillido cuando le abrió los brazos y la gata corrió maullando en su dirección hasta saltarle al pecho. Vincent la recibió y la apapachó con cada maullido nuevo que emitió. Era el júbilo de que finalmente estaba reunidos los dos. Un amor inseparable que solo las horas de trabajo era capaz de frenar.— Perdón, se me hizo tarde hoy, sucedieron muchas cosas y... —Un nuevo maullido interrumpió su diálogo. No era la gata, Serafina, la responsable de ello, Vincent lo sabía porque los maullidos del animal ahora parecían fuertes reclamos. Era Alessandro, su gato más joven, quien parecía sufrir por permanecer dos horas más en la guardería.— Hola a ti también, señor enojón. No volverá a... ¡Oye! No tienes que ser tan cruel.

    Alessandro terminó por morder su mano, siquiera dejó que su dueño se acercara para intentar acariciarlo, un poco al menos, y terminó por volver a llorar con demanda. Era un gato exigente que, al final, dejaba en claro que era el único capaz de girar órdenes hacia su humano.

    — Hoy no habrá churu para ti, muchacho. —Vincent se frotó la mano para intentar lidiar con el ardor que sintió, la mordida del gato no era profunda, pero la fuerza impuesta era suficiente para fastidiarlo.— Rina, gracias por cuidarlos hoy. Te juro que mañana pasaré temprano otra vez y...

    — Sí, sí, sí. Siempre dices lo mismo. Tienes suerte de que no te penalicemos todos los días, solo porque Serafina es muy linda. —La gatita maulló ante las palabras de Rina. La mujer sonrió y terminó riéndose mientras que ayudaba al hombre a organizar las mochilas y transportadoras de los gatos.— Quizá te cobre un favor, no lo sé, pensaría en una cena o ver una película. Pero no eres ese tipo de hombre así que... Hay un libro que me gustaría.

    — Está bien. Envíame el link de Amazon, te lo conseguiré mientras sigas cubriéndome la espalda. —Vincent cerró la transportadora de Alessandro, luego de varios intentos, y terminó asintiendo.— Y si me ayudas a regular su temperamento, te juro que te compraré la saga completa que quieras. Me gustaría recibir visitas en casa sin que Aless los intente morder o arañar.
    Aquel era uno de esos días donde arrastraba los pies. El cansancio mental, a causa del estrés, la frustración y las pocas horas de sueño, terminaban pasandole la factura al hacerlo sentir agotado. Incluso sentía que sus ojos ardían y le pesaban con cada nueva luz roja que se encontraba en la pista de camino a la veterinaria. Además de su hogar, la veterinaria era el único lugar que disfrutaba visitar por una simple razón: Sus gatos. Siempre encontraba emocionante verlos convivir con otros gatos y le permitía recuperar su vitalidad ver la reacción que tenían luego de dejarlos un día completo. Y, aunque lo amaba, a veces sentía que su corazón se hacía pedazos con sus tiernos maullidos. — Ya estoy en aquí. ¿Dónde está mi niña? Vincent preguntó en el momento que entró en la guardería de mascotas. Su voz sonó de una manera chillona, diferente a la que solía utilizar durante las reuniones de scrum para ver avances; resultaba gracioso verlo modular su voz para hacerla tan dulce y jocosa, pero era más divertido ver cómo aquella gata blanca, se acercaba corriendo hacia él como si buscara consuelo. — Ay, ¿dónde está mi niña, dónde está? —Volvió a repetir, imprimiendo un fingido chillido cuando le abrió los brazos y la gata corrió maullando en su dirección hasta saltarle al pecho. Vincent la recibió y la apapachó con cada maullido nuevo que emitió. Era el júbilo de que finalmente estaba reunidos los dos. Un amor inseparable que solo las horas de trabajo era capaz de frenar.— Perdón, se me hizo tarde hoy, sucedieron muchas cosas y... —Un nuevo maullido interrumpió su diálogo. No era la gata, Serafina, la responsable de ello, Vincent lo sabía porque los maullidos del animal ahora parecían fuertes reclamos. Era Alessandro, su gato más joven, quien parecía sufrir por permanecer dos horas más en la guardería.— Hola a ti también, señor enojón. No volverá a... ¡Oye! No tienes que ser tan cruel. Alessandro terminó por morder su mano, siquiera dejó que su dueño se acercara para intentar acariciarlo, un poco al menos, y terminó por volver a llorar con demanda. Era un gato exigente que, al final, dejaba en claro que era el único capaz de girar órdenes hacia su humano. — Hoy no habrá churu para ti, muchacho. —Vincent se frotó la mano para intentar lidiar con el ardor que sintió, la mordida del gato no era profunda, pero la fuerza impuesta era suficiente para fastidiarlo.— Rina, gracias por cuidarlos hoy. Te juro que mañana pasaré temprano otra vez y... — Sí, sí, sí. Siempre dices lo mismo. Tienes suerte de que no te penalicemos todos los días, solo porque Serafina es muy linda. —La gatita maulló ante las palabras de Rina. La mujer sonrió y terminó riéndose mientras que ayudaba al hombre a organizar las mochilas y transportadoras de los gatos.— Quizá te cobre un favor, no lo sé, pensaría en una cena o ver una película. Pero no eres ese tipo de hombre así que... Hay un libro que me gustaría. — Está bien. Envíame el link de Amazon, te lo conseguiré mientras sigas cubriéndome la espalda. —Vincent cerró la transportadora de Alessandro, luego de varios intentos, y terminó asintiendo.— Y si me ayudas a regular su temperamento, te juro que te compraré la saga completa que quieras. Me gustaría recibir visitas en casa sin que Aless los intente morder o arañar.
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  • —consegui una nueva mascota, su nombre es bipzy¡ Saluden a la pequeña bipzy ~
    *Giko sostenia a la araña en manos, parecía muy orgulloso de su pequeña araña mascota*
    —consegui una nueva mascota, su nombre es bipzy¡ Saluden a la pequeña bipzy ~ ✨ *Giko sostenia a la araña en manos, parecía muy orgulloso de su pequeña araña mascota*
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  • [fire_pink_magpie_984]
    —eres un gatito muy lindo~ ¿Puedo adoptarte? Serias una gran y adorable mascota¡
    [fire_pink_magpie_984] —eres un gatito muy lindo~ ¿Puedo adoptarte? Serias una gran y adorable mascota¡✨
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  • Ya tiene a Duolingo emputado, así que corre a hacer sus lecciones, antes de que el búho le secuestre a sus hijos, su marido y/o su mascota.
    Ya tiene a [Du0ling0] emputado, así que corre a hacer sus lecciones, antes de que el búho le secuestre a sus hijos, su marido y/o su mascota.
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  • Las cuevas son agradables y me ayudan a protegerme de los cazadores que me buscan como mascota, por mi leche, coleccion.

    Aun quisiera tener algo de compañía
    Las cuevas son agradables y me ayudan a protegerme de los cazadores que me buscan como mascota, por mi leche, coleccion. Aun quisiera tener algo de compañía
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