•el pequeño Cyno caminaba por la zona junto a su mascota Pochi, una especie de chacal pero con una evolución más avanzada•
Ten cuidado pochi, sostener así tu helado podría hacer que se resbale de tus patitas.
•el pequeño Cyno caminaba por la zona junto a su mascota Pochi, una especie de chacal pero con una evolución más avanzada•
Ten cuidado pochi, sostener así tu helado podría hacer que se resbale de tus patitas.
────Muchos tienen por mascotas a un perrito o a un gatito peludo. Algunos se decantan por peces o reptiles simpáticos. Yo decidí adoptar a dos seres bastante más sombríos. Uno es muy gruñón por naturaleza, y el otro es más sigiloso y tiene un apetito tan grande como el mío. Aunque, pensándolo bien, sospecho que tiene el paladar de una cabra; le gusta absolutamente de todo.
Mi corazón de pollo siempre ha tenido una debilidad especial por los excluidos y por las cosas rotas. Al principio me aterraban, y me fue difícil entenderme con ellos. Aún con todo, no tuve el corazón para dejarlos solos en el lugar en donde los encontré. Además... son los únicos que no se quejan de mis desastres culinarios. Eso cuenta como un gran bonus. Hum... creo uno tiene algo atorado entre los colmillos. Déjame ver... Okey, ya está. Tal vez hoy les compre algo rico para comer. Aunque, conociéndolos, más vale que lleve ese cereal con rueditas de colores.
────Muchos tienen por mascotas a un perrito o a un gatito peludo. Algunos se decantan por peces o reptiles simpáticos. Yo decidí adoptar a dos seres bastante más sombríos. Uno es muy gruñón por naturaleza, y el otro es más sigiloso y tiene un apetito tan grande como el mío. Aunque, pensándolo bien, sospecho que tiene el paladar de una cabra; le gusta absolutamente de todo.
Mi corazón de pollo siempre ha tenido una debilidad especial por los excluidos y por las cosas rotas. Al principio me aterraban, y me fue difícil entenderme con ellos. Aún con todo, no tuve el corazón para dejarlos solos en el lugar en donde los encontré. Además... son los únicos que no se quejan de mis desastres culinarios. Eso cuenta como un gran bonus. Hum... creo uno tiene algo atorado entre los colmillos. Déjame ver... Okey, ya está. Tal vez hoy les compre algo rico para comer. Aunque, conociéndolos, más vale que lleve ese cereal con rueditas de colores.
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ㅤㅤㅤ¿Qué tienen en común los mitos con la realidad?, que ambos se basan parcialmente en una mentira y parcialmente en una verdad, parecen opuestos, pero en realidad, beben de la incredulidad de la gente... Habían pasado años desde que un feroz y cercano cataclismo le mostró a la humanidad que había mucho más en el universo, fuerzas primordiales que eran incapaces de controlar o contener, personas que eran capaces de desafiar el sistema porque contaban con un poder natural, sobrehumano, que ni la naturaleza ni el dinero podían contener... Pero aquellas historias, en alguna vez, una sociedad humana común y corriente que experimentó el horror habían quedado en el pasado para un hombre que fue un protagonista de tantos entre las historias que se cuentan en el mundo. Apodado el ''Último Alquimista'' por quiénes lo veían como un salvador, y el ''Relámpago Negro'' por aquellos que lo veían como un castigo, aunque nadie parecía conocer al hombre detrás de una leyenda que se forjó en la inexactitud. Diez años habían pasado, diez años donde todo lo que alguna vez llegó a representar algo para él desapareció, conceptos como la familia, la amistad o la compañía lo habían abandonado... ese ''héroe legendario'', alguna vez joven y vivaz se había convertido en una pieza olvidada por quienes jamás conocieron su verdadera historia, su verdadero ser.
En una isla lejana, en alguna parte aún cercana pero a su vez, alejada América, descansaba de las personas en una pequeña granja que había montado con sus propias manos... una granja que servía a su vez, como un hogar, y su santuario, su laboratorio... era humilde, con lo poco que había podido rescatar de los escombros de lo que alguna vez fue su casa, su cuna y, que, por poco, se convertía en su tumba... y mientras disfrutaba de un atardecer propicio, en lo que él llamaba ''La Cueva'', una gran edificación como una mansión hecha de madera y piedra perfectamente tallada, se podía ver la cándida luz de una chimenea encendida a leña... a costado de un asiento construido a mano con madera, algodón y telas, reposaba una pequeña tortuga descansando en su compañía. El alquimista, con las manos en la espalda, observaba la costa silenciosa como siempre, no sabía el porqué había adquirido ese extraño hábito últimamente, esperaba algún día encontrarse con un barco, y podía verlos a veces a la lejanía, pero nadie se acercaba allí, y tampoco le interesaba que así sucediera... prefería la soledad, la tranquilidad de la naturaleza que lo había aceptado, o que al menos, él se había aceptado dentro de ella.
Su túnica negra ondeaba cuidadosamente con el viento nocturno que entraba a través de los vidrios ligeramente entreabiertos, brisa traída por las olas que se movían de manera inquieta para su curiosidad. ¿Será que debería ir a ver?, un resoplido de resignación salió de sus labios, y tomando el pliegue de su capucha, comenzó a levantarla cuidadosamente para colocársela sobre la cabeza, no sin antes, esconder a su preciada mascota de patas rojas en su gran pecera junto a su poca compañía, una tortuguita más pequeña que resultó ser su cría. El hombre abandonó la mansión, cerrando la puerta con un candado que solo él sabía abrir... sabía que la entrada podía ser forzada, pero había pasado tanto tiempo sin visitas que sabía que nadie vendría a husmear su hogar... por lo que cuando la densa noche lo recibió con un sordo eco de la brisa nocturna, el alquimista comenzó a caminar... tenía esa extraña sensación de que alguien, o algo, se había osado a entrar a sus tierras... Y aunque no era un bárbaro que lanzaba flechas y cuchillos a lo que sea que veía, el que alguien llegara ahí, la sola idea, le generaba algo de incomodidad.
Su caminata lo llevó a la zona de la isla dónde se encontraban las arboledas, se agachó por un momento para presenciar una pequeña hoja que parecía quebrada, estaba seca, si, pero quebrada, pisoteada, como si alguien la hubiera pasado por alto... La tomó, como una pequeña prueba y la inspeccionó silenciosamente, el suelo cubierto de restos de pasto y fango hacían difícil encontrar un patrón de huellas o algo similar, sea quien sea que estaba allí, o parecía ser muy cuidadoso con sus pasos, o caminaba por encima del suelo como un fantasma.
ㅤㅤㅤ¿Qué tienen en común los mitos con la realidad?, que ambos se basan parcialmente en una mentira y parcialmente en una verdad, parecen opuestos, pero en realidad, beben de la incredulidad de la gente... Habían pasado años desde que un feroz y cercano cataclismo le mostró a la humanidad que había mucho más en el universo, fuerzas primordiales que eran incapaces de controlar o contener, personas que eran capaces de desafiar el sistema porque contaban con un poder natural, sobrehumano, que ni la naturaleza ni el dinero podían contener... Pero aquellas historias, en alguna vez, una sociedad humana común y corriente que experimentó el horror habían quedado en el pasado para un hombre que fue un protagonista de tantos entre las historias que se cuentan en el mundo. Apodado el ''Último Alquimista'' por quiénes lo veían como un salvador, y el ''Relámpago Negro'' por aquellos que lo veían como un castigo, aunque nadie parecía conocer al hombre detrás de una leyenda que se forjó en la inexactitud. Diez años habían pasado, diez años donde todo lo que alguna vez llegó a representar algo para él desapareció, conceptos como la familia, la amistad o la compañía lo habían abandonado... ese ''héroe legendario'', alguna vez joven y vivaz se había convertido en una pieza olvidada por quienes jamás conocieron su verdadera historia, su verdadero ser.
En una isla lejana, en alguna parte aún cercana pero a su vez, alejada América, descansaba de las personas en una pequeña granja que había montado con sus propias manos... una granja que servía a su vez, como un hogar, y su santuario, su laboratorio... era humilde, con lo poco que había podido rescatar de los escombros de lo que alguna vez fue su casa, su cuna y, que, por poco, se convertía en su tumba... y mientras disfrutaba de un atardecer propicio, en lo que él llamaba ''La Cueva'', una gran edificación como una mansión hecha de madera y piedra perfectamente tallada, se podía ver la cándida luz de una chimenea encendida a leña... a costado de un asiento construido a mano con madera, algodón y telas, reposaba una pequeña tortuga descansando en su compañía. El alquimista, con las manos en la espalda, observaba la costa silenciosa como siempre, no sabía el porqué había adquirido ese extraño hábito últimamente, esperaba algún día encontrarse con un barco, y podía verlos a veces a la lejanía, pero nadie se acercaba allí, y tampoco le interesaba que así sucediera... prefería la soledad, la tranquilidad de la naturaleza que lo había aceptado, o que al menos, él se había aceptado dentro de ella.
Su túnica negra ondeaba cuidadosamente con el viento nocturno que entraba a través de los vidrios ligeramente entreabiertos, brisa traída por las olas que se movían de manera inquieta para su curiosidad. ¿Será que debería ir a ver?, un resoplido de resignación salió de sus labios, y tomando el pliegue de su capucha, comenzó a levantarla cuidadosamente para colocársela sobre la cabeza, no sin antes, esconder a su preciada mascota de patas rojas en su gran pecera junto a su poca compañía, una tortuguita más pequeña que resultó ser su cría. El hombre abandonó la mansión, cerrando la puerta con un candado que solo él sabía abrir... sabía que la entrada podía ser forzada, pero había pasado tanto tiempo sin visitas que sabía que nadie vendría a husmear su hogar... por lo que cuando la densa noche lo recibió con un sordo eco de la brisa nocturna, el alquimista comenzó a caminar... tenía esa extraña sensación de que alguien, o algo, se había osado a entrar a sus tierras... Y aunque no era un bárbaro que lanzaba flechas y cuchillos a lo que sea que veía, el que alguien llegara ahí, la sola idea, le generaba algo de incomodidad.
Su caminata lo llevó a la zona de la isla dónde se encontraban las arboledas, se agachó por un momento para presenciar una pequeña hoja que parecía quebrada, estaba seca, si, pero quebrada, pisoteada, como si alguien la hubiera pasado por alto... La tomó, como una pequeña prueba y la inspeccionó silenciosamente, el suelo cubierto de restos de pasto y fango hacían difícil encontrar un patrón de huellas o algo similar, sea quien sea que estaba allí, o parecía ser muy cuidadoso con sus pasos, o caminaba por encima del suelo como un fantasma.
— Esto no me agrada. —
@[Cursed_Bastard]
Mañana te llevaré al refugio para que te re-ubiquen, pero hoy puedes quedarte aquí ¿Eh? Somos parecidos, nuestra sed de sangre es muy grande, quizá, por eso dos depredadores de la naturaleza se llevan bien.
—La noche anterior su investigación la llevó a la casa de un capo de la mafia, que resultó ser un demonio, en dicha casa el demonio tenía a este León cachorro de mascota, por lo que dejarlo ahí sería inconcebible.—
Mañana te llevaré al refugio para que te re-ubiquen, pero hoy puedes quedarte aquí ¿Eh? Somos parecidos, nuestra sed de sangre es muy grande, quizá, por eso dos depredadores de la naturaleza se llevan bien.
—La noche anterior su investigación la llevó a la casa de un capo de la mafia, que resultó ser un demonio, en dicha casa el demonio tenía a este León cachorro de mascota, por lo que dejarlo ahí sería inconcebible.—
Luego de la muerte de Lucifer y la división de todo el territorio del infierno, los nuevos líderes pensaron que los demonios de la clase cazadora eran un problema. Sus habilidades y apetito que les permitía ir al mundo humano podía hacer que la ira del cielo cayera una vez más sobre ellos asi que todos los cazadores fueron condenados a ser sirvientes. Mascotas o accesorios que se venden a los precios más altos que ni el hombre más rico del planeta pudiera pagar. El mismo Cerberus fue encadenado como mascota al trono vacío del que antes pudo llamarse su amo.
Los líderes dijeron que ningún demonio podía volver a viajar hasta el mundo humano para lastimarlos. Los cazadores comen carne humana y por eso el peligro. Ahora los únicos que pueden ir ahí son demonios que se alimentan de otras cosas.
Asi había funcionado por miles de años hasta que Lucifer reencarnó de nuevo en la Tierra y los poderes de los cazadores despertaron una vez más para revelarse contra la ley que los cayó por siglos.
◤ ◥
𝐃𝐞𝐦𝐨𝐧𝐢𝐨𝐬 𓃵 𝐜𝐚𝐳𝐚𝐝𝐨𝐫𝐞𝐬
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Luego de la muerte de Lucifer y la división de todo el territorio del infierno, los nuevos líderes pensaron que los demonios de la clase cazadora eran un problema. Sus habilidades y apetito que les permitía ir al mundo humano podía hacer que la ira del cielo cayera una vez más sobre ellos asi que todos los cazadores fueron condenados a ser sirvientes. Mascotas o accesorios que se venden a los precios más altos que ni el hombre más rico del planeta pudiera pagar. El mismo Cerberus fue encadenado como mascota al trono vacío del que antes pudo llamarse su amo.
Los líderes dijeron que ningún demonio podía volver a viajar hasta el mundo humano para lastimarlos. Los cazadores comen carne humana y por eso el peligro. Ahora los únicos que pueden ir ahí son demonios que se alimentan de otras cosas.
Asi había funcionado por miles de años hasta que Lucifer reencarnó de nuevo en la Tierra y los poderes de los cazadores despertaron una vez más para revelarse contra la ley que los cayó por siglos.
El pasillo estaba completamente a oscuras cuando Mine llegó a la puerta de su casa. El silencio solo se rompió por el ruido de sus llaves, pero justo antes de entrar, sintió algo suave bajo su zapato. Entonces, se quedo quieto y miró al suelo.
Era un gato negro, uno de esos callejeros que siempre tienen aspecto de no haber comido en días. El animal ni se inmutó; se limitó a mirarlo fijamente con unos ojos amarillos muy brillantes, como si estuviera juzgando a Mine antes de dejarlo pasar.
—¿Otra vez tú? —suspiró Mine. Aunque se quejaba, su tono era más de resignación que de molestia.
En cuanto abrió la puerta, el gato pasó por debajo de sus piernas y entró al apartamento como si fuera el dueño. No era el primero que lo hacía; ya iban tres ese mes. El anterior apenas duró un par de noches antes de irse, pero este gato parecía incluso mas necio que él mismo.
Mine dejó el portafolios en la mesa y se quitó la chaqueta del traje, moviéndose despacio para soltar la tensión del día. Fue directo a la cocina por la bolsa de comida que había comprado la semana pasada. No es que quisiera tener una mascota, pero le parecía más sencillo darle de comer que tener al animal maullando en su puerta toda la noche.
—Aquí tienes —dijo, dejando el plato en el suelo—. Come y vete, no te hagas ilusiones.
El gato empezó a comer sin ninguna prisa. Mine se cruzó de brazos y se quedó mirándolo desde la entrada de la cocina. Él no era una persona afectuosa, pero cuando se acercó y le acarició el lomo, lo hizo con una suavidad que no encajaba con su apariencia de hombre duro.
—No tienes collar... —comentó para sí mismo.
Por un segundo imaginó cómo sería vivir con él, pero descartó la idea enseguida. Con su trabajo y las noches que pasaba fuera de casa, cuidar de alguien más era lo último que necesitaba... era un plan sin pies ni cabeza.
Sin embargo, cuando el gato terminó su plato, se acercó a Mine y empezó a ronronear, frotándose contra su pantalón de vestir sin ningún miedo. Mine se agachó para quedar a su altura y lo miró seriamente.
—Si mañana cuando abra los ojos todavía sigues aquí, entonces tendremos un trato.
Y esa es la historia de como el gato adoptó a Mine.
[[Recibo muchos gatitos en mi perfil por día, ¡No tengan miedo de mandarme mensaje! Soy buenito ]]
El pasillo estaba completamente a oscuras cuando Mine llegó a la puerta de su casa. El silencio solo se rompió por el ruido de sus llaves, pero justo antes de entrar, sintió algo suave bajo su zapato. Entonces, se quedo quieto y miró al suelo.
Era un gato negro, uno de esos callejeros que siempre tienen aspecto de no haber comido en días. El animal ni se inmutó; se limitó a mirarlo fijamente con unos ojos amarillos muy brillantes, como si estuviera juzgando a Mine antes de dejarlo pasar.
—¿Otra vez tú? —suspiró Mine. Aunque se quejaba, su tono era más de resignación que de molestia.
En cuanto abrió la puerta, el gato pasó por debajo de sus piernas y entró al apartamento como si fuera el dueño. No era el primero que lo hacía; ya iban tres ese mes. El anterior apenas duró un par de noches antes de irse, pero este gato parecía incluso mas necio que él mismo.
Mine dejó el portafolios en la mesa y se quitó la chaqueta del traje, moviéndose despacio para soltar la tensión del día. Fue directo a la cocina por la bolsa de comida que había comprado la semana pasada. No es que quisiera tener una mascota, pero le parecía más sencillo darle de comer que tener al animal maullando en su puerta toda la noche.
—Aquí tienes —dijo, dejando el plato en el suelo—. Come y vete, no te hagas ilusiones.
El gato empezó a comer sin ninguna prisa. Mine se cruzó de brazos y se quedó mirándolo desde la entrada de la cocina. Él no era una persona afectuosa, pero cuando se acercó y le acarició el lomo, lo hizo con una suavidad que no encajaba con su apariencia de hombre duro.
—No tienes collar... —comentó para sí mismo.
Por un segundo imaginó cómo sería vivir con él, pero descartó la idea enseguida. Con su trabajo y las noches que pasaba fuera de casa, cuidar de alguien más era lo último que necesitaba... era un plan sin pies ni cabeza.
Sin embargo, cuando el gato terminó su plato, se acercó a Mine y empezó a ronronear, frotándose contra su pantalón de vestir sin ningún miedo. Mine se agachó para quedar a su altura y lo miró seriamente.
—Si mañana cuando abra los ojos todavía sigues aquí, entonces tendremos un trato.
Y esa es la historia de como el gato adoptó a Mine.
[[Recibo muchos gatitos en mi perfil por día, ¡No tengan miedo de mandarme mensaje! Soy buenito 🥺]]
“Me causa algo de gracia que las personas aún piensen que no es un murciélago. A pesar de su clara diferencia en cuanto a su físico, sigue teniendo ese gusto particular por las frutas.”
-El hombre observaba las vistas de aquella ciudad desolada por bombardeos de hace un año. La guerra claramente era tan desastrosa como se espera, pero ello no quitaba que aquellos pequeños momentos con su mascota lo mantuviese cuerdo en aquel trabajo. Había visto tantas cosas raras, que por algo le decía a las personas que su mascota era algo normal, comparado a lo que ya estaba acostumbrado a ver.-
“Me causa algo de gracia que las personas aún piensen que no es un murciélago. A pesar de su clara diferencia en cuanto a su físico, sigue teniendo ese gusto particular por las frutas.”
-El hombre observaba las vistas de aquella ciudad desolada por bombardeos de hace un año. La guerra claramente era tan desastrosa como se espera, pero ello no quitaba que aquellos pequeños momentos con su mascota lo mantuviese cuerdo en aquel trabajo. Había visto tantas cosas raras, que por algo le decía a las personas que su mascota era algo normal, comparado a lo que ya estaba acostumbrado a ver.-
-se rasca la oreja con la pierna ya que tiene sus brazos amarrados a la espalda sin posibilidad de liberarse y tampoco parece que alguien este interesado en ayudarlo a liberarse de su castigo-
Debería conseguir una mascota que me cuide... Tal vez una cría humana .... Que fa más miedo que un humano? Le enseñaré a usar las garras y los colmillos !!
-se rasca la oreja con la pierna ya que tiene sus brazos amarrados a la espalda sin posibilidad de liberarse y tampoco parece que alguien este interesado en ayudarlo a liberarse de su castigo-
Debería conseguir una mascota que me cuide... Tal vez una cría humana .... Que fa más miedo que un humano? Le enseñaré a usar las garras y los colmillos !!