• -Que horror ¿Ahora a qué lugar extraño me llevarás vocecita horrible?

    Hablo al aire esperando una respuesta que no llego, como siempre.
    -Que horror ¿Ahora a qué lugar extraño me llevarás vocecita horrible? Hablo al aire esperando una respuesta que no llego, como siempre.
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  • *Suena la alarma a las 12 del día porque no escuché la de la mañana, y sacando una mano de la cama apagó la misma.*

    "Rayos....me quedé dormido...."

    *Arrastrando los pies me sentía algo extraño.*

    "Tengo la voz rara...más aguda de lo normal....y la delantera me pesa..."

    *Momento, con un miedo terrible, adelantando lo que estaba pasando comencé a temblar. Me toqué la delantera notando que mi busto era más grande, y con horror me miré dentro del pantalón*

    "Oh no...Oh no...."

    *Corrí rápidamente a verme al espejo, y al notar lo peor, aún así no pude evitar lanzar un grito de horror y frustración*

    "¡AHHHHHHHHHHHHHHHHH! ¡UUUUUUUUUUUUUUUUUUUSEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEER! ¡ME CONVERTISTE EN CHICAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!"

    *El grito se escuchó hasta Tangamandapio.....efectivamente, user hizo otra de sus transformaciones involuntarias...el muy desgraciado me había convertido en mujer.*
    *Suena la alarma a las 12 del día porque no escuché la de la mañana, y sacando una mano de la cama apagó la misma.* "Rayos....me quedé dormido...." *Arrastrando los pies me sentía algo extraño.* "Tengo la voz rara...más aguda de lo normal....y la delantera me pesa..." *Momento, con un miedo terrible, adelantando lo que estaba pasando comencé a temblar. Me toqué la delantera notando que mi busto era más grande, y con horror me miré dentro del pantalón* "Oh no...Oh no...." *Corrí rápidamente a verme al espejo, y al notar lo peor, aún así no pude evitar lanzar un grito de horror y frustración* "¡AHHHHHHHHHHHHHHHHH! ¡UUUUUUUUUUUUUUUUUUUSEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEER! ¡ME CONVERTISTE EN CHICAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!" :STK-77: *El grito se escuchó hasta Tangamandapio.....efectivamente, user hizo otra de sus transformaciones involuntarias...el muy desgraciado me había convertido en mujer.* :STK-22:
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  • ( 𝐀𝐔 — 新選組 ) / 𝟭𝟴𝟲𝟰’, 𝙃𝙞𝙟𝙞𝙠𝙖𝙩𝙖 𝙏𝙤𝙨𝙝𝙞𝙯𝙤, 𝙨𝙚𝙜𝙪𝙣𝙙𝙤 𝙖𝙡 𝙢𝙖𝙣𝙙𝙤. 𝙀𝙡 𝘿𝙚𝙢𝙤𝙣𝙞𝙤 𝙙𝙚𝙡 𝙎𝙝𝙞𝙣𝙨𝙚𝙣𝙜𝙪𝙢𝙞.

    El bochorno de Kioto en aquel julio de 1864 se había filtrado hasta la médula de los caídos, una humedad pegajosa que convertía el aire en algo sólido y difícil de tragar. Frente a la 𝗽𝗼𝘀𝗮𝗱𝗮 𝗜𝗸𝗲𝗱𝗮𝘆𝗮, el calor del verano era una mala combinación junto con el vaho de la madera calcinada y el rastro metálico de la carnicería. Hijikata se mantenía en pie, aunque el mundo a su alrededor oscilaba con un 𝗿𝗶𝘁𝗺𝗼 𝗳𝗲𝗯𝗿𝗶𝗹. Sus pulmones reclamaban aire, pero solo encontraba brasas invisibles en cada inhalación, un castigo tras dos horas de combate cuerpo a cuerpo en el interior de aquel horno de vigas y papel.
    La yukata azul oscuro que vestía bajo el haori castaño estaba tan empapada que se adhería a su piel. No era solo sudor; manchas irregulares, densas y oscuras, se extendían por la tela, testamento de 𝘃𝗶𝗱𝗮𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲 𝗵𝗮𝗯𝛊́𝗮𝗻 𝗲𝘅𝘁𝗶𝗻𝗴𝘂𝗶𝗱𝗼 𝗯𝗮𝗷𝗼 𝘀𝘂 𝗮𝗰𝗲𝗿𝗼. Por una vez, esa sangre no era la suya, pero el peso de la fatiga era tan letal como una herida abierta.
    A sus espaldas, la fachada del Ikedaya parecían salidas del mismo infierno. Las puertas de madera noble colgaban de sus goznes, astilladas por cortes de katana que habían partido el grano de la madera como si fuera pergamino. Los postigos yacían hechos añicos en el suelo, y a través de la entrada abierta de par en par, el caos se revelaba bajo la luz vacilante de las linternas: muebles destrozados, biombos fusuma desgarrados y cuerpos que parecían multiplicarse ante sus ojos cansados cada vez que parpadeaba para limpiarse el sudor. Ocho insurgentes del dominio de Choshu habían quedado allí, sus ambiciones cercenadas en el tatami, mientras otros treinta y dos aguardaban encadenados en la calle, destinados a un juicio que Hijikata sabía que terminaría con 𝘀𝘂𝘀 𝗰𝗮𝗯𝗲𝘇𝗮𝘀 𝗲𝘅𝗽𝘂𝗲𝘀𝘁𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗽𝗶𝗰𝗮𝘀 𝗳𝗿𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗮 𝗹𝗮 𝗰𝗮́𝗿𝗰𝗲𝗹 𝗱𝗲 𝗦𝗮𝗻𝗷𝗼.
    Dos horas, ciento veinte minutos de tensión absoluta donde la deshidratación había tirado de sus músculos como si fueran sogas a punto de romperse. Había visto a sus mejores hombres tambalearse, y el momento más amargo fue ver a su soldado más letal desplomarse sobre las esteras. No había sido el acero enemigo, sino el calor traicionero y el esfuerzo sobrehumano lo que había apagado su chispa. Hijikata mismo sentía que el control sobre su propio cuerpo se le escapaba; sus piernas vibraban bajo el hakama y un temblor involuntario recorría sus antebrazos, una reacción eléctrica al agotamiento que intentaba ocultar.
    Su mano derecha seguía aferrada a la empuñadura de su katana, los nudillos blancos y endurecidos por la tensión.

    ❛¡Kondō-san!❜­­ ­ llamó, y su voz surgió como un estallido de grava, áspera por los gritos de guerra y el humo denso de las lámparas de aceite.
    A pocos metros, Kondō Isami inspeccionaba los restos de la refriega. El comandante del Shinsengumi se giró hacia él. En su rostro se leía la misma fatiga, pero sus ojos brillaban con la luz salvaje de la victoria. Al preguntarle por las bajas, la respuesta de Kondō fue poco satisfactoria: un muerto en el acto, dos más que no verían el amanecer. Los números en el papel dirían que fue un triunfo aplastante, pero él sabía que las matemáticas nunca hacían justicia al horror de la lucha.

    Sus ojos recorrieron la calle principal de Kioto. El reloj de agua ya había marcado la hora del Buey, pero las calles estaban lejos de ser silenciosas. Los curiosos se asomaban desde los callejones como espectros atraídos por la luz de las antorchas. Su presencia le revolvió el estómago. Eran mirones que buscaban entretenimiento en el rastro de la carnicería.
    Cuando Hijikata avanzó hacia ellos, su figura pareció estirarse bajo el resplandor de las teas. Era un hombre imponente, cuya estatura superaba con creces el metro ochenta, una rareza física en aquel Japón que le otorgaba un aura casi mítica. Su constitución no era la de un hombre delgado o frágil; poseía una densidad física notable que hacían que su velocidad en combate fuera aún más aterradora. Su piel, bronceada por las interminables horas de entrenamiento bajo el sol de los campos de Tama, relucía con una pátina de sudor y violencia.

    Incluso en aquel estado lamentable, cubierto de hollín y sangre, Hijikata poseía una belleza destacable. Sus rasgos eran afilados, de una simetría perfecta que parecía haber sido esculpida en piedra para encarnar el ideal del guerrero. Los rumores que corrían por las casas de té no mentían: era el hombre más hermoso que jamás hubiera portado el uniforme del Shogún, pero era una belleza peligrosa, una que advertía que detrás de aquel rostro perfecto habitaba el 𝗗𝗲𝗺𝗼𝗻𝗶𝗼 𝗱𝗲 𝗠𝗶𝗯𝘂.

    ❛¡Ustedes!❜ su voz tronó, cortando el aire húmedo como un tajo limpio. ❛¡Largo de aquí!❜
    Los civiles retrocedieron en bloque, pero algunos permanecieron paralizados por el terror. Un anciano, apoyado en un bastón de bambú, parecía a punto de desfallecer al ver el rastro rojo que manchaba las sandalias de Hijikata. El vicecomandante dio un paso más, sintiendo cómo sus propias rodillas flaqueaban por un instante antes de recuperar la compostura. El temblor de su cuerpo era una danza de nervios agotados, pero su presencia seguía siendo temible.

    ❛¿No me han oído?❜ dijo, esta vez con calma, resultaba más aterradora que cualquier grito. ❛Esto no es un espectáculo para su diversión. Largo. Ahora.❜
    El pánico surtió efecto. Los civiles huyeron hacia las sombras de los callejones, desapareciendo como ratas ante la luz. Hijikata se quedó solo en mitad de la calle, con la respiración aún agitada y el corazón golpeando sus costillas como un animal enjaulado. El silencio que siguió fue denso, roto solo por los lamentos distantes de los heridos y el zumbido persistente en sus oídos.
    ( 𝐀𝐔 — 新選組 ) / 𝟭𝟴𝟲𝟰’, 𝙃𝙞𝙟𝙞𝙠𝙖𝙩𝙖 𝙏𝙤𝙨𝙝𝙞𝙯𝙤, 𝙨𝙚𝙜𝙪𝙣𝙙𝙤 𝙖𝙡 𝙢𝙖𝙣𝙙𝙤. 𝙀𝙡 𝘿𝙚𝙢𝙤𝙣𝙞𝙤 𝙙𝙚𝙡 𝙎𝙝𝙞𝙣𝙨𝙚𝙣𝙜𝙪𝙢𝙞. El bochorno de Kioto en aquel julio de 1864 se había filtrado hasta la médula de los caídos, una humedad pegajosa que convertía el aire en algo sólido y difícil de tragar. Frente a la 𝗽𝗼𝘀𝗮𝗱𝗮 𝗜𝗸𝗲𝗱𝗮𝘆𝗮, el calor del verano era una mala combinación junto con el vaho de la madera calcinada y el rastro metálico de la carnicería. Hijikata se mantenía en pie, aunque el mundo a su alrededor oscilaba con un 𝗿𝗶𝘁𝗺𝗼 𝗳𝗲𝗯𝗿𝗶𝗹. Sus pulmones reclamaban aire, pero solo encontraba brasas invisibles en cada inhalación, un castigo tras dos horas de combate cuerpo a cuerpo en el interior de aquel horno de vigas y papel. La yukata azul oscuro que vestía bajo el haori castaño estaba tan empapada que se adhería a su piel. No era solo sudor; manchas irregulares, densas y oscuras, se extendían por la tela, testamento de 𝘃𝗶𝗱𝗮𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲 𝗵𝗮𝗯𝛊́𝗮𝗻 𝗲𝘅𝘁𝗶𝗻𝗴𝘂𝗶𝗱𝗼 𝗯𝗮𝗷𝗼 𝘀𝘂 𝗮𝗰𝗲𝗿𝗼. Por una vez, esa sangre no era la suya, pero el peso de la fatiga era tan letal como una herida abierta. A sus espaldas, la fachada del Ikedaya parecían salidas del mismo infierno. Las puertas de madera noble colgaban de sus goznes, astilladas por cortes de katana que habían partido el grano de la madera como si fuera pergamino. Los postigos yacían hechos añicos en el suelo, y a través de la entrada abierta de par en par, el caos se revelaba bajo la luz vacilante de las linternas: muebles destrozados, biombos fusuma desgarrados y cuerpos que parecían multiplicarse ante sus ojos cansados cada vez que parpadeaba para limpiarse el sudor. Ocho insurgentes del dominio de Choshu habían quedado allí, sus ambiciones cercenadas en el tatami, mientras otros treinta y dos aguardaban encadenados en la calle, destinados a un juicio que Hijikata sabía que terminaría con 𝘀𝘂𝘀 𝗰𝗮𝗯𝗲𝘇𝗮𝘀 𝗲𝘅𝗽𝘂𝗲𝘀𝘁𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗽𝗶𝗰𝗮𝘀 𝗳𝗿𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗮 𝗹𝗮 𝗰𝗮́𝗿𝗰𝗲𝗹 𝗱𝗲 𝗦𝗮𝗻𝗷𝗼. Dos horas, ciento veinte minutos de tensión absoluta donde la deshidratación había tirado de sus músculos como si fueran sogas a punto de romperse. Había visto a sus mejores hombres tambalearse, y el momento más amargo fue ver a su soldado más letal desplomarse sobre las esteras. No había sido el acero enemigo, sino el calor traicionero y el esfuerzo sobrehumano lo que había apagado su chispa. Hijikata mismo sentía que el control sobre su propio cuerpo se le escapaba; sus piernas vibraban bajo el hakama y un temblor involuntario recorría sus antebrazos, una reacción eléctrica al agotamiento que intentaba ocultar. Su mano derecha seguía aferrada a la empuñadura de su katana, los nudillos blancos y endurecidos por la tensión. ❛¡Kondō-san!❜­­ ­ llamó, y su voz surgió como un estallido de grava, áspera por los gritos de guerra y el humo denso de las lámparas de aceite. A pocos metros, Kondō Isami inspeccionaba los restos de la refriega. El comandante del Shinsengumi se giró hacia él. En su rostro se leía la misma fatiga, pero sus ojos brillaban con la luz salvaje de la victoria. Al preguntarle por las bajas, la respuesta de Kondō fue poco satisfactoria: un muerto en el acto, dos más que no verían el amanecer. Los números en el papel dirían que fue un triunfo aplastante, pero él sabía que las matemáticas nunca hacían justicia al horror de la lucha. Sus ojos recorrieron la calle principal de Kioto. El reloj de agua ya había marcado la hora del Buey, pero las calles estaban lejos de ser silenciosas. Los curiosos se asomaban desde los callejones como espectros atraídos por la luz de las antorchas. Su presencia le revolvió el estómago. Eran mirones que buscaban entretenimiento en el rastro de la carnicería. Cuando Hijikata avanzó hacia ellos, su figura pareció estirarse bajo el resplandor de las teas. Era un hombre imponente, cuya estatura superaba con creces el metro ochenta, una rareza física en aquel Japón que le otorgaba un aura casi mítica. Su constitución no era la de un hombre delgado o frágil; poseía una densidad física notable que hacían que su velocidad en combate fuera aún más aterradora. Su piel, bronceada por las interminables horas de entrenamiento bajo el sol de los campos de Tama, relucía con una pátina de sudor y violencia. Incluso en aquel estado lamentable, cubierto de hollín y sangre, Hijikata poseía una belleza destacable. Sus rasgos eran afilados, de una simetría perfecta que parecía haber sido esculpida en piedra para encarnar el ideal del guerrero. Los rumores que corrían por las casas de té no mentían: era el hombre más hermoso que jamás hubiera portado el uniforme del Shogún, pero era una belleza peligrosa, una que advertía que detrás de aquel rostro perfecto habitaba el 𝗗𝗲𝗺𝗼𝗻𝗶𝗼 𝗱𝗲 𝗠𝗶𝗯𝘂. ❛¡Ustedes!❜ su voz tronó, cortando el aire húmedo como un tajo limpio. ❛¡Largo de aquí!❜ Los civiles retrocedieron en bloque, pero algunos permanecieron paralizados por el terror. Un anciano, apoyado en un bastón de bambú, parecía a punto de desfallecer al ver el rastro rojo que manchaba las sandalias de Hijikata. El vicecomandante dio un paso más, sintiendo cómo sus propias rodillas flaqueaban por un instante antes de recuperar la compostura. El temblor de su cuerpo era una danza de nervios agotados, pero su presencia seguía siendo temible. ❛¿No me han oído?❜ dijo, esta vez con calma, resultaba más aterradora que cualquier grito. ❛Esto no es un espectáculo para su diversión. Largo. Ahora.❜ El pánico surtió efecto. Los civiles huyeron hacia las sombras de los callejones, desapareciendo como ratas ante la luz. Hijikata se quedó solo en mitad de la calle, con la respiración aún agitada y el corazón golpeando sus costillas como un animal enjaulado. El silencio que siguió fue denso, roto solo por los lamentos distantes de los heridos y el zumbido persistente en sus oídos.
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  • Realidad
    Fandom Sobrenatural
    Categoría Suspenso
    ──── Asilo Psiquiátrico, Sala Común.

    Tate permanece inmóvil en la silla de plástico, una figura lánguida, relajada y atenta.
    Las luces del techo parpadean, perdiendo intensidad lentamente.

    Para cualquier observador, Tate solo mira una pared descascarada.
    Sin embargo, a su mirada, un insecto de caparazón vítreo y patas como agujas negras roe la pintura.
    El repiqueteo de esas pequeñas e insistentes garritas parece relajarle, un ritmo hipnótico que le mantiene en trance.
    Él no parpadea. Sus ojos oscuros siguen el rastro de la pequeña grieta que la criatura está abriendo en el tejido de la realidad.

    Siente como el espacio a su alrededor comienza a vibrar.
    Las sombras de las patas del insecto se proyectan sobre el suelo con una longitud inverosímil. Se alarga, se retuercen... Se acercan.
    Tate inclina levemente la cabeza, preguntándose qué pasará cuando ese insecto de horror le alcance.

    Un segundo después, a solo un centímetro de sus pies, las patas del insecto tuercen su camino.
    Tate vuelve la mirada, siguiendo el camino del insecto.
    Y allí estás tu, en medio de su nueva trayectoria.

    ┏─•─────•───♣──•───━━━──♥──
    │A TENER EN CUENTA:

    │Se admiten personajes femeninos tanto como masculinos, 3D o 2D.
    │Personajes invulnerables, furros, usuarios sensibles y akeyos ke ezcriven azi abstenerse.
    │Evitemos las biblias.
    │Solo rol serio.
    ┗━━━✦━♠━━───━━━━━━━━─━━━━━━━
    ──── Asilo Psiquiátrico, Sala Común. Tate permanece inmóvil en la silla de plástico, una figura lánguida, relajada y atenta. Las luces del techo parpadean, perdiendo intensidad lentamente. Para cualquier observador, Tate solo mira una pared descascarada. Sin embargo, a su mirada, un insecto de caparazón vítreo y patas como agujas negras roe la pintura. El repiqueteo de esas pequeñas e insistentes garritas parece relajarle, un ritmo hipnótico que le mantiene en trance. Él no parpadea. Sus ojos oscuros siguen el rastro de la pequeña grieta que la criatura está abriendo en el tejido de la realidad. Siente como el espacio a su alrededor comienza a vibrar. Las sombras de las patas del insecto se proyectan sobre el suelo con una longitud inverosímil. Se alarga, se retuercen... Se acercan. Tate inclina levemente la cabeza, preguntándose qué pasará cuando ese insecto de horror le alcance. Un segundo después, a solo un centímetro de sus pies, las patas del insecto tuercen su camino. Tate vuelve la mirada, siguiendo el camino del insecto. Y allí estás tu, en medio de su nueva trayectoria. ┏─•─────•───♣──•───━━━──♥── │A TENER EN CUENTA: │ │Se admiten personajes femeninos tanto como masculinos, 3D o 2D. │Personajes invulnerables, furros, usuarios sensibles y akeyos ke ezcriven azi abstenerse. │Evitemos las biblias. │Solo rol serio. ┗━━━✦━♠━━───━━━━━━━━─━━━━━━━
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  • Realidad
    Fandom Sobrenatural
    Categoría Suspenso
    ──── Asilo Psiquiátrico, Sala Común.

    Tate permanece inmóvil en la silla de plástico, una figura lánguida, relajada y atenta.
    Las luces del techo parpadean, perdiendo intensidad lentamente.

    Para cualquier observador, Tate solo mira una pared descascarada.
    Sin embargo, a su mirada, un insecto de caparazón vítreo y patas como agujas negras roe la pintura.
    El repiqueteo de esas pequeñas e insistentes garritas parece relajarle, un ritmo hipnótico que le mantiene en trance.
    Él no parpadea. Sus ojos oscuros siguen el rastro de la pequeña grieta que la criatura está abriendo en el tejido de la realidad.

    Siente como el espacio a su alrededor comienza a vibrar.
    Las sombras de las patas del insecto se proyectan sobre el suelo con una longitud inverosímil. Se alarga, se retuercen... Se acercan.
    Tate inclina levemente la cabeza, preguntándose qué pasará cuando ese insecto de horror le alcance.

    Un segundo después, a solo un centímetro de sus pies, las patas del insecto tuercen su camino.
    Tate vuelve la mirada, siguiendo el camino del insecto.
    Y allí estás tu, en medio de su nueva trayectoria.

    ┏─•─────•───♣──•───━━━──♥──
    │A TENER EN CUENTA:

    │Se admiten personajes femeninos tanto como masculinos, 3D o 2D.
    │Personajes invulnerables, furros, usuarios sensibles y akeyos ke ezcriven azi abstenerse.
    │Evitemos las biblias.
    │Solo rol serio.
    ┗━━━✦━♠━━───━━━━━━━━─━━━━━━━
    ──── Asilo Psiquiátrico, Sala Común. Tate permanece inmóvil en la silla de plástico, una figura lánguida, relajada y atenta. Las luces del techo parpadean, perdiendo intensidad lentamente. Para cualquier observador, Tate solo mira una pared descascarada. Sin embargo, a su mirada, un insecto de caparazón vítreo y patas como agujas negras roe la pintura. El repiqueteo de esas pequeñas e insistentes garritas parece relajarle, un ritmo hipnótico que le mantiene en trance. Él no parpadea. Sus ojos oscuros siguen el rastro de la pequeña grieta que la criatura está abriendo en el tejido de la realidad. Siente como el espacio a su alrededor comienza a vibrar. Las sombras de las patas del insecto se proyectan sobre el suelo con una longitud inverosímil. Se alarga, se retuercen... Se acercan. Tate inclina levemente la cabeza, preguntándose qué pasará cuando ese insecto de horror le alcance. Un segundo después, a solo un centímetro de sus pies, las patas del insecto tuercen su camino. Tate vuelve la mirada, siguiendo el camino del insecto. Y allí estás tu, en medio de su nueva trayectoria. ┏─•─────•───♣──•───━━━──♥── │A TENER EN CUENTA: │ │Se admiten personajes femeninos tanto como masculinos, 3D o 2D. │Personajes invulnerables, furros, usuarios sensibles y akeyos ke ezcriven azi abstenerse. │Evitemos las biblias. │Solo rol serio. ┗━━━✦━♠━━───━━━━━━━━─━━━━━━━
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  • 𝗘𝗹 𝗖𝗵𝗮𝗺𝗮́𝗻 𝘆 𝗲𝗹 𝗔𝗹𝗾𝘂𝗶𝗺𝗶𝘀𝘁𝗮 - 𝗣𝗧. 𝟭
    Fandom O.C. - Xros / Over.
    Categoría Acción
    ㅤㅤㅤ¿Qué tienen en común los mitos con la realidad?, que ambos se basan parcialmente en una mentira y parcialmente en una verdad, parecen opuestos, pero en realidad, beben de la incredulidad de la gente... Habían pasado años desde que un feroz y cercano cataclismo le mostró a la humanidad que había mucho más en el universo, fuerzas primordiales que eran incapaces de controlar o contener, personas que eran capaces de desafiar el sistema porque contaban con un poder natural, sobrehumano, que ni la naturaleza ni el dinero podían contener... Pero aquellas historias, en alguna vez, una sociedad humana común y corriente que experimentó el horror habían quedado en el pasado para un hombre que fue un protagonista de tantos entre las historias que se cuentan en el mundo. Apodado el ''Último Alquimista'' por quiénes lo veían como un salvador, y el ''Relámpago Negro'' por aquellos que lo veían como un castigo, aunque nadie parecía conocer al hombre detrás de una leyenda que se forjó en la inexactitud. Diez años habían pasado, diez años donde todo lo que alguna vez llegó a representar algo para él desapareció, conceptos como la familia, la amistad o la compañía lo habían abandonado... ese ''héroe legendario'', alguna vez joven y vivaz se había convertido en una pieza olvidada por quienes jamás conocieron su verdadera historia, su verdadero ser.

    En una isla lejana, en alguna parte aún cercana pero a su vez, alejada América, descansaba de las personas en una pequeña granja que había montado con sus propias manos... una granja que servía a su vez, como un hogar, y su santuario, su laboratorio... era humilde, con lo poco que había podido rescatar de los escombros de lo que alguna vez fue su casa, su cuna y, que, por poco, se convertía en su tumba... y mientras disfrutaba de un atardecer propicio, en lo que él llamaba ''La Cueva'', una gran edificación como una mansión hecha de madera y piedra perfectamente tallada, se podía ver la cándida luz de una chimenea encendida a leña... a costado de un asiento construido a mano con madera, algodón y telas, reposaba una pequeña tortuga descansando en su compañía. El alquimista, con las manos en la espalda, observaba la costa silenciosa como siempre, no sabía el porqué había adquirido ese extraño hábito últimamente, esperaba algún día encontrarse con un barco, y podía verlos a veces a la lejanía, pero nadie se acercaba allí, y tampoco le interesaba que así sucediera... prefería la soledad, la tranquilidad de la naturaleza que lo había aceptado, o que al menos, él se había aceptado dentro de ella.

    Su túnica negra ondeaba cuidadosamente con el viento nocturno que entraba a través de los vidrios ligeramente entreabiertos, brisa traída por las olas que se movían de manera inquieta para su curiosidad. ¿Será que debería ir a ver?, un resoplido de resignación salió de sus labios, y tomando el pliegue de su capucha, comenzó a levantarla cuidadosamente para colocársela sobre la cabeza, no sin antes, esconder a su preciada mascota de patas rojas en su gran pecera junto a su poca compañía, una tortuguita más pequeña que resultó ser su cría. El hombre abandonó la mansión, cerrando la puerta con un candado que solo él sabía abrir... sabía que la entrada podía ser forzada, pero había pasado tanto tiempo sin visitas que sabía que nadie vendría a husmear su hogar... por lo que cuando la densa noche lo recibió con un sordo eco de la brisa nocturna, el alquimista comenzó a caminar... tenía esa extraña sensación de que alguien, o algo, se había osado a entrar a sus tierras... Y aunque no era un bárbaro que lanzaba flechas y cuchillos a lo que sea que veía, el que alguien llegara ahí, la sola idea, le generaba algo de incomodidad.

    Su caminata lo llevó a la zona de la isla dónde se encontraban las arboledas, se agachó por un momento para presenciar una pequeña hoja que parecía quebrada, estaba seca, si, pero quebrada, pisoteada, como si alguien la hubiera pasado por alto... La tomó, como una pequeña prueba y la inspeccionó silenciosamente, el suelo cubierto de restos de pasto y fango hacían difícil encontrar un patrón de huellas o algo similar, sea quien sea que estaba allí, o parecía ser muy cuidadoso con sus pasos, o caminaba por encima del suelo como un fantasma.

    — Esto no me agrada. —

    @Illán
    ㅤㅤㅤ¿Qué tienen en común los mitos con la realidad?, que ambos se basan parcialmente en una mentira y parcialmente en una verdad, parecen opuestos, pero en realidad, beben de la incredulidad de la gente... Habían pasado años desde que un feroz y cercano cataclismo le mostró a la humanidad que había mucho más en el universo, fuerzas primordiales que eran incapaces de controlar o contener, personas que eran capaces de desafiar el sistema porque contaban con un poder natural, sobrehumano, que ni la naturaleza ni el dinero podían contener... Pero aquellas historias, en alguna vez, una sociedad humana común y corriente que experimentó el horror habían quedado en el pasado para un hombre que fue un protagonista de tantos entre las historias que se cuentan en el mundo. Apodado el ''Último Alquimista'' por quiénes lo veían como un salvador, y el ''Relámpago Negro'' por aquellos que lo veían como un castigo, aunque nadie parecía conocer al hombre detrás de una leyenda que se forjó en la inexactitud. Diez años habían pasado, diez años donde todo lo que alguna vez llegó a representar algo para él desapareció, conceptos como la familia, la amistad o la compañía lo habían abandonado... ese ''héroe legendario'', alguna vez joven y vivaz se había convertido en una pieza olvidada por quienes jamás conocieron su verdadera historia, su verdadero ser. En una isla lejana, en alguna parte aún cercana pero a su vez, alejada América, descansaba de las personas en una pequeña granja que había montado con sus propias manos... una granja que servía a su vez, como un hogar, y su santuario, su laboratorio... era humilde, con lo poco que había podido rescatar de los escombros de lo que alguna vez fue su casa, su cuna y, que, por poco, se convertía en su tumba... y mientras disfrutaba de un atardecer propicio, en lo que él llamaba ''La Cueva'', una gran edificación como una mansión hecha de madera y piedra perfectamente tallada, se podía ver la cándida luz de una chimenea encendida a leña... a costado de un asiento construido a mano con madera, algodón y telas, reposaba una pequeña tortuga descansando en su compañía. El alquimista, con las manos en la espalda, observaba la costa silenciosa como siempre, no sabía el porqué había adquirido ese extraño hábito últimamente, esperaba algún día encontrarse con un barco, y podía verlos a veces a la lejanía, pero nadie se acercaba allí, y tampoco le interesaba que así sucediera... prefería la soledad, la tranquilidad de la naturaleza que lo había aceptado, o que al menos, él se había aceptado dentro de ella. Su túnica negra ondeaba cuidadosamente con el viento nocturno que entraba a través de los vidrios ligeramente entreabiertos, brisa traída por las olas que se movían de manera inquieta para su curiosidad. ¿Será que debería ir a ver?, un resoplido de resignación salió de sus labios, y tomando el pliegue de su capucha, comenzó a levantarla cuidadosamente para colocársela sobre la cabeza, no sin antes, esconder a su preciada mascota de patas rojas en su gran pecera junto a su poca compañía, una tortuguita más pequeña que resultó ser su cría. El hombre abandonó la mansión, cerrando la puerta con un candado que solo él sabía abrir... sabía que la entrada podía ser forzada, pero había pasado tanto tiempo sin visitas que sabía que nadie vendría a husmear su hogar... por lo que cuando la densa noche lo recibió con un sordo eco de la brisa nocturna, el alquimista comenzó a caminar... tenía esa extraña sensación de que alguien, o algo, se había osado a entrar a sus tierras... Y aunque no era un bárbaro que lanzaba flechas y cuchillos a lo que sea que veía, el que alguien llegara ahí, la sola idea, le generaba algo de incomodidad. Su caminata lo llevó a la zona de la isla dónde se encontraban las arboledas, se agachó por un momento para presenciar una pequeña hoja que parecía quebrada, estaba seca, si, pero quebrada, pisoteada, como si alguien la hubiera pasado por alto... La tomó, como una pequeña prueba y la inspeccionó silenciosamente, el suelo cubierto de restos de pasto y fango hacían difícil encontrar un patrón de huellas o algo similar, sea quien sea que estaba allí, o parecía ser muy cuidadoso con sus pasos, o caminaba por encima del suelo como un fantasma. — Esto no me agrada. — @[Cursed_Bastard]
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  • Mmm… ¿Qué nueva aventura podría hacer? ¿Quizás una de supervivencia post apocalíptica donde la radiación hace casi imposible la vida en la tierra? ¿Huir de una ciudad maldita donde horrores acechan en cada esquina? ¿o una donde unos héroes tienen que salvar el mundo de un mal mayor? ¡Tantas ideas que no puedo decidirme por una sola!

    *Apuntando todas las ideas que se me ocurrían en mi libreta teniendo muchas páginas escritas*
    Mmm… ¿Qué nueva aventura podría hacer? ¿Quizás una de supervivencia post apocalíptica donde la radiación hace casi imposible la vida en la tierra? ¿Huir de una ciudad maldita donde horrores acechan en cada esquina? ¿o una donde unos héroes tienen que salvar el mundo de un mal mayor? ¡Tantas ideas que no puedo decidirme por una sola! *Apuntando todas las ideas que se me ocurrían en mi libreta teniendo muchas páginas escritas*
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
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    Yo solita me hice la maldad por no cuidar mi vocabulario -`/^/-` que horror //
    Yo solita me hice la maldad por no cuidar mi vocabulario -`/^/-` que horror //
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  • El despertar de Tsukoyomi
    Fandom Persona 3 / freerol
    Categoría Acción
    Estaba de camino al laboratorio cuando me vibra mi muñequera y tomo rápidamente mi móvil viendo un montón de mensajes.

    Había ido un cortocircuito y estaba sido un caos, pero lo más grave fue que una de las sombras que estaba atrapada en una de las salas había escapado. Solté un gemido de horror ya que ese día Niki había ido.

    - Pisa el acelerador por lo que más quieras -

    Grito a uno de mis hombres, mientras pulso mi primer contacto de emergencias y espero que me responda ya que me temía lo peor de cómo estaría nuestra hija.

    Akihiko Sanada
    Niki Sanada Kirijo
    Estaba de camino al laboratorio cuando me vibra mi muñequera y tomo rápidamente mi móvil viendo un montón de mensajes. Había ido un cortocircuito y estaba sido un caos, pero lo más grave fue que una de las sombras que estaba atrapada en una de las salas había escapado. Solté un gemido de horror ya que ese día Niki había ido. - Pisa el acelerador por lo que más quieras - Grito a uno de mis hombres, mientras pulso mi primer contacto de emergencias y espero que me responda ya que me temía lo peor de cómo estaría nuestra hija. [Sanada_Thcx] [Thxprincessice13]
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Terminado
    52 turnos 0 maullidos
  • △Esta publicación tiene contenido gore y maneja temas sensibles, la imagen pueden causar una fuerte sensación de incomodidad e incluso puede ser perturbadora para algunos. Todo en esta publicación es únicamente ficción, después de esta advertencia es bajo el propio riesgo de cada quien continuar leyendo o ver la imágene△


    ¿Sabes lo que es tener hambre?



    ¿Sabes lo que es que te duela el estomago del hambre?



    ¿Sabes lo que se siente estar débil por el hambre?



    ¿Sabes lo que es alucinar por el hambre?



    ¿Sabes lo que es sentir que tu estomago se devore a si mismo?



    ¿Sabes lo que es que comer tu propia carne para saciar el hambre?















    -Por favor…-

    Apenas tenia la la fuerza suficiente para decir un miserable susurro. Ya no sabia cuanto tiempo había pasado, para este punto los segundos se sentían como días y los días como una eternidad.

    La habitación estaba llena de arañazos y con marcas de golpes, del piso solo habían manchas negras de la sangre podrida de días, la peste era abrumadora.

    De la oscuridad unas cuencas vacías me miraban, fríos y carentes de compasión alguna.

    -Comida…-

    No me podía mover, el cuerpo apenas me respondia. Ni siquiera encerrada en esas cuatro paredes podía estar en paz, el zumbido interminable de las moscas no me permitía escuchar mis pensamientos, podía sentir como las larvas de las moscas se movían bajo mi piel, cada vez enterrándoselos más en mi carne.

    “Eso” no dijo nada, no hizo nada, solo me veía, parecía tan entretenido en mi agonía, como si pudiera sentir alguna clase de placer con el hecho que me estubiera pudriendo.

    No podía perderme en los rincones más lejanos de nuestra mente, tenia tanta hambre que mis músculos se habían consumido, ahora solo era un montón de huesos cubierto de miles de gusanos que se podían verse moviéndose bajo mi piel.

    Todo estaba oscuro, no habían ventanas, no habian muebles, solo en algún lugar había una puerta reforzada que no lograba distinguir ya.

    -“No hará nada”-

    Ella estaba frente a mi. Tirada en el suelo, cubierta de sangre seca, el cuerpo engullido, tan pálida que parecía un fantasma, no tenia su brazos izquierdo, no quedaba nada por debajo de su hombro donde se podía ver el hueso limpio de podredumbre y donde se podían ver a las larvas yendo de un lado para el otro.

    Las moscas estaban a nuestro alrededor buscando alimentarse de la manchas negras regadas por todas partes.

    -“Sabes que es lo que debes de hacer”-

    No quería, no quería hacerlo, papá había dicho…

    -“Papá esta muerto… Viste como lo mataron y desmembraron... Si no te das prisa terminaremos igual… Muertas… No queda mucho tiempo…”-

    Tenia razón, carajo sabia que no tenia alternativa, quise negarme de a hacer esto pero ya no podía, no podía soportarlo más.

    Incluso ahora “Eso” no le importaba si moría, no se movería de ahí si no hacia lo que él quería, lo odiaba, lo odiaba tanto, yo nunca pedí ser esto, yo nunca pedí nacer, desearía tanto que solo me mata, pero claro “Eso” alargaría tanto mi agonía como fuera posible. No me dejaría morir sin tan fácilmente.

    -Infernus… domus nostra… est… et… mundus cibus… est…-

    “El infierno es nuestra casa y el mundo es comida”

    #Horror #Original #Oc #+18 #Gore
    △Esta publicación tiene contenido gore y maneja temas sensibles, la imagen pueden causar una fuerte sensación de incomodidad e incluso puede ser perturbadora para algunos. Todo en esta publicación es únicamente ficción, después de esta advertencia es bajo el propio riesgo de cada quien continuar leyendo o ver la imágene△ ¿Sabes lo que es tener hambre? … ¿Sabes lo que es que te duela el estomago del hambre? … ¿Sabes lo que se siente estar débil por el hambre? … ¿Sabes lo que es alucinar por el hambre? … ¿Sabes lo que es sentir que tu estomago se devore a si mismo? … ¿Sabes lo que es que comer tu propia carne para saciar el hambre? … … … … -Por favor…- Apenas tenia la la fuerza suficiente para decir un miserable susurro. Ya no sabia cuanto tiempo había pasado, para este punto los segundos se sentían como días y los días como una eternidad. La habitación estaba llena de arañazos y con marcas de golpes, del piso solo habían manchas negras de la sangre podrida de días, la peste era abrumadora. De la oscuridad unas cuencas vacías me miraban, fríos y carentes de compasión alguna. -Comida…- No me podía mover, el cuerpo apenas me respondia. Ni siquiera encerrada en esas cuatro paredes podía estar en paz, el zumbido interminable de las moscas no me permitía escuchar mis pensamientos, podía sentir como las larvas de las moscas se movían bajo mi piel, cada vez enterrándoselos más en mi carne. “Eso” no dijo nada, no hizo nada, solo me veía, parecía tan entretenido en mi agonía, como si pudiera sentir alguna clase de placer con el hecho que me estubiera pudriendo. No podía perderme en los rincones más lejanos de nuestra mente, tenia tanta hambre que mis músculos se habían consumido, ahora solo era un montón de huesos cubierto de miles de gusanos que se podían verse moviéndose bajo mi piel. Todo estaba oscuro, no habían ventanas, no habian muebles, solo en algún lugar había una puerta reforzada que no lograba distinguir ya. -“No hará nada”- Ella estaba frente a mi. Tirada en el suelo, cubierta de sangre seca, el cuerpo engullido, tan pálida que parecía un fantasma, no tenia su brazos izquierdo, no quedaba nada por debajo de su hombro donde se podía ver el hueso limpio de podredumbre y donde se podían ver a las larvas yendo de un lado para el otro. Las moscas estaban a nuestro alrededor buscando alimentarse de la manchas negras regadas por todas partes. -“Sabes que es lo que debes de hacer”- No quería, no quería hacerlo, papá había dicho… -“Papá esta muerto… Viste como lo mataron y desmembraron... Si no te das prisa terminaremos igual… Muertas… No queda mucho tiempo…”- Tenia razón, carajo sabia que no tenia alternativa, quise negarme de a hacer esto pero ya no podía, no podía soportarlo más. Incluso ahora “Eso” no le importaba si moría, no se movería de ahí si no hacia lo que él quería, lo odiaba, lo odiaba tanto, yo nunca pedí ser esto, yo nunca pedí nacer, desearía tanto que solo me mata, pero claro “Eso” alargaría tanto mi agonía como fuera posible. No me dejaría morir sin tan fácilmente. -Infernus… domus nostra… est… et… mundus cibus… est…- “El infierno es nuestra casa y el mundo es comida” #Horror #Original #Oc #+18 #Gore
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