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Siempre he orado por tu nombre;
Dios sabe cuánto he pedido que seas la añil mariposa de mis ruegos.
¿Sería espanto tenderme entre el rosario de tus egos?
Víveme en la majestad de tu gloria soñada;
Oh, sueño contigo, espejo de mis cleros;
mi sombra inevitable.
Víveme el tiempo; aunque se corrompa con lo dócil de mis lágrimas.
Permíteme conocer el reguero de tus labios; que al morir la noche sueñan con el ser amado.
Si soy el desprecio de tus lechos; entre el onceavo eclipse de tus pechos al timbrar las doce campanas.
No me importa que dejes tu zapatilla de cristal en el umbral de mi puerta;
porque son tus líricos abismos;
Ah, tu canto de sirena; sombra mía;
la que confiere el rítmico delirio como un Crescendo;
entre nuestros cuerpos a la distancia.
Y mis almicos cimientos; sidéreo amor de mis tormentos;
bebe la hiel de mi sonrisa;
para que ampare ante tí una suave risa;
que encumbre la noche con las acuarelas del Amor;
acrescentadas en el Antumbra del alumbrado;
mis lirios más soñados.
Puente de mis cosenos; revestidos por tus manos.
Amparame en silencio;
Quemáte en mí;
incendía la catedral del llanto amargo;
el cristal que se sesga en la insania; que vive en un cuerpo sin nombre.
Díretes de los agrarios mortales;
como tú y como yo.
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Siempre he orado por tu nombre;
Dios sabe cuánto he pedido que seas la añil mariposa de mis ruegos.
¿Sería espanto tenderme entre el rosario de tus egos?
Víveme en la majestad de tu gloria soñada;
Oh, sueño contigo, espejo de mis cleros;
mi sombra inevitable.
Víveme el tiempo; aunque se corrompa con lo dócil de mis lágrimas.
Permíteme conocer el reguero de tus labios; que al morir la noche sueñan con el ser amado.
Si soy el desprecio de tus lechos; entre el onceavo eclipse de tus pechos al timbrar las doce campanas.
No me importa que dejes tu zapatilla de cristal en el umbral de mi puerta;
porque son tus líricos abismos;
Ah, tu canto de sirena; sombra mía;
la que confiere el rítmico delirio como un Crescendo;
entre nuestros cuerpos a la distancia.
Y mis almicos cimientos; sidéreo amor de mis tormentos;
bebe la hiel de mi sonrisa;
para que ampare ante tí una suave risa;
que encumbre la noche con las acuarelas del Amor;
acrescentadas en el Antumbra del alumbrado;
mis lirios más soñados.
Puente de mis cosenos; revestidos por tus manos.
Amparame en silencio;
Quemáte en mí;
incendía la catedral del llanto amargo;
el cristal que se sesga en la insania; que vive en un cuerpo sin nombre.
Díretes de los agrarios mortales;
como tú y como yo.