• Mi difunta madre Hijiri Byakuren como la extraño al menos mi hermana creció con ella yo no la pude conocer
    Mi difunta madre Hijiri Byakuren como la extraño al menos mi hermana creció con ella yo no la pude conocer
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  • — Saben la mayoría de personas se quedarían paralizadas y muertas de miedo en situaciones como está pero no yo y es precisamente por lo que hago esto, porque mientras otros pasan días llendo a trabajar, teniendo citas, o simplemente disfrutando de sus vidas aquí me tienes, con un arma apuntando a mi cara lo cual es extrañamente normal a diferencia de estar recibiendo golpes de tentáculos mecánicos, luchando con extraterrestres, soportando descargas eléctricas, o esquivando explosiones de un loco con disfraz de Halloween, y es en momentos como este cuando solo se me viene a la mente decir cosas como —

    — Hey ¿No prefieres hablarlo?
    — Saben la mayoría de personas se quedarían paralizadas y muertas de miedo en situaciones como está pero no yo y es precisamente por lo que hago esto, porque mientras otros pasan días llendo a trabajar, teniendo citas, o simplemente disfrutando de sus vidas aquí me tienes, con un arma apuntando a mi cara lo cual es extrañamente normal a diferencia de estar recibiendo golpes de tentáculos mecánicos, luchando con extraterrestres, soportando descargas eléctricas, o esquivando explosiones de un loco con disfraz de Halloween, y es en momentos como este cuando solo se me viene a la mente decir cosas como — — Hey ¿No prefieres hablarlo?
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  • Desde hacía ya bastante tiempo observando a los humanos, Connor había descubierto ciertos aspectos fascinantes sobre ellos.

    Uno de los más curiosos era la forma en que rompían sus propios patrones, traicionaban sus propias reglas y luego llamaban “destino” a las consecuencias.

    El homúnculo permanecía apoyado contra la pared de un estrecho callejón (casi a oscuras de no ser por una pequeña luz cercana), con la mirada perdida entre las luces de la ciudad. Un cigarro a medio consumir descansaba entre sus labios; una pequeña prueba de los hábitos humanos que, aunque seguía sin comprender del todo, tampoco terminaban de disgustarle.

    Sus ojos se desviaron apenas hacia los peatones que cruzaban a pocos metros de allí, completamente ajenos a su presencia. Los observaba en silencio, con esa quietud incómoda de quien parece notar cosas que nadie más puede ver.

    — No me extraña que sean tan fáciles de destruir... —

    Murmuró más para sí mismo que para alguien más.

    Y aun así, quizá era precisamente esa fragilidad lo que los volvía interesantes.
    Desde hacía ya bastante tiempo observando a los humanos, Connor había descubierto ciertos aspectos fascinantes sobre ellos. Uno de los más curiosos era la forma en que rompían sus propios patrones, traicionaban sus propias reglas y luego llamaban “destino” a las consecuencias. El homúnculo permanecía apoyado contra la pared de un estrecho callejón (casi a oscuras de no ser por una pequeña luz cercana), con la mirada perdida entre las luces de la ciudad. Un cigarro a medio consumir descansaba entre sus labios; una pequeña prueba de los hábitos humanos que, aunque seguía sin comprender del todo, tampoco terminaban de disgustarle. Sus ojos se desviaron apenas hacia los peatones que cruzaban a pocos metros de allí, completamente ajenos a su presencia. Los observaba en silencio, con esa quietud incómoda de quien parece notar cosas que nadie más puede ver. — No me extraña que sean tan fáciles de destruir... — Murmuró más para sí mismo que para alguien más. Y aun así, quizá era precisamente esa fragilidad lo que los volvía interesantes.
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  • Owen Weekes Nicole Thompson Rhys Feu Filyn Feu Rihanna Carther Bonesy The Necromancer Maximilian Serynthia Feu𝓨𝐯𝐨𝐧𝐧𝐞 Loki Queen Ishtar Drizz Whirlpool Lady Céleste Shane Miller ・❥・ Fenrir Queen・❥・ Chris Black Hiro 𝗚𝗘𝗡𝗘𝗥𝗔𝗟 𝗥𝗔𝗗𝗔𝗛𝗡 ˢᵗᵃʳˢᶜᵒᵘʳᵍᵉ Drogo Hitosaki Vincent Valentine Koseki Bijou Judith Thompson Zelk Hagok💧 Jero Rael 💀 [Tras el incidente de las fotos filtradas. Y una reunión sorpresa en el departamento de Bianca que cada vez se hacía más estrecho. Drizz casualmente transformó el departamento en una gigantesca mansión]

    *Mi mandíbula casi se cae al piso de la sorpresa* -¿PERO QUÉ?. Este día se pone cada vez más extraño.

    //TODO TEAM BIANCA SEA BIENVENIDO A LA INAGURACIÓN DEL NUEVO DEPARTAMENTO. FIESTA.
    [Ghostly_Singer_Spectrum] [nicole_goth] [RhysFeu7] [Filyn_blue] [storm_lavender_shark_168] [Necr0MANcer] [Maxi8] [pulse_green_whale_937][doucevi3] [loki_q1] [specter_gold_magician_349] [LadyCeleste2008] [ShaneMiller2000] [Sury_Sakai_1724] [echo_fuchsia_zebra_170] [Hiritox3] [Starscourge09] [fable_ivory_hippo_129] [CrybyLucreci4] [specter_gold_turtle_911] [illusion_amethyst_horse_472] [Zelkhagok01] [Jeroaberration0] [Tras el incidente de las fotos filtradas. Y una reunión sorpresa en el departamento de Bianca que cada vez se hacía más estrecho. Drizz casualmente transformó el departamento en una gigantesca mansión] *Mi mandíbula casi se cae al piso de la sorpresa* -¿PERO QUÉ?. Este día se pone cada vez más extraño. //TODO TEAM BIANCA SEA BIENVENIDO A LA INAGURACIÓN DEL NUEVO DEPARTAMENTO. FIESTA.
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  • — Lo cierto es que me gustaría ver ese libro que decís, puede que ahí mismo esté la solución a nuestros problemas, o al menos que encontremos un primer paso que dar, ¿Quieres compartir conmigo lo que tu encantador marido y tu habéis encontrado en esas páginas, Freya? -preguntó Eva.

    - Sí. Claro… -respondió la interpelada mientras se ponía en pie- Está en el despacho…- señaló indicando con una mano una de las habitaciones al otro lado del patio- Acompáñame…

    >> Las dos mujeres se hallaban delante del escritorio de madera oscura donde Freya habia colocado el libro. El resto de diccionarios y libros que llevaban utilizando esos dias para entender todos los conceptos estaban disgregados por la mesa como tambien las bolas de papel donde habían descartado los intentos del hechizo que habían creado para Elijah.

    -Está todo aquí… -pasó sus dedos por las paginas abiertas- Algunos de sus hechizos… -regresó hacia atrás- Su historia con Merlín…- pasó otra pagina hacia atrás- La primera vez que creó la Marca… He intentado emular el hechizo que usó, pero no hay ningún tipo de guía para saber como lo hizo… Y sin saber como lo hizo…- alzó su mirada hacia Eva- No puedo saber cómo deshacerlo. Aparentemente se necesita algo que perteneciera a Morgana y… -presionó sus labios mientras negaba con la cabeza- No sé donde empezar a buscar. Estoy… en un agujero sin salida… ¿Tienes alguna idea?


    ⸻ extracto de rol con 𝑬𝒗𝒂
    — Lo cierto es que me gustaría ver ese libro que decís, puede que ahí mismo esté la solución a nuestros problemas, o al menos que encontremos un primer paso que dar, ¿Quieres compartir conmigo lo que tu encantador marido y tu habéis encontrado en esas páginas, Freya? -preguntó Eva. - Sí. Claro… -respondió la interpelada mientras se ponía en pie- Está en el despacho…- señaló indicando con una mano una de las habitaciones al otro lado del patio- Acompáñame… >> Las dos mujeres se hallaban delante del escritorio de madera oscura donde Freya habia colocado el libro. El resto de diccionarios y libros que llevaban utilizando esos dias para entender todos los conceptos estaban disgregados por la mesa como tambien las bolas de papel donde habían descartado los intentos del hechizo que habían creado para Elijah. -Está todo aquí… -pasó sus dedos por las paginas abiertas- Algunos de sus hechizos… -regresó hacia atrás- Su historia con Merlín…- pasó otra pagina hacia atrás- La primera vez que creó la Marca… He intentado emular el hechizo que usó, pero no hay ningún tipo de guía para saber como lo hizo… Y sin saber como lo hizo…- alzó su mirada hacia Eva- No puedo saber cómo deshacerlo. Aparentemente se necesita algo que perteneciera a Morgana y… -presionó sus labios mientras negaba con la cabeza- No sé donde empezar a buscar. Estoy… en un agujero sin salida… ¿Tienes alguna idea? ⸻ extracto de rol con [JUST.EVA] ⸻
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  • ༒ 𝕸𝖆𝖓𝖉𝖗𝖆𝖌𝖔𝖗𝖆 𝕺𝖋𝖋𝖎𝖈𝖎𝖓𝖆𝖗𝖚𝖒.


    El cielo gris dejaba entrar apenas una luz tenue por las ventanas, la noche estaba por caer. El aroma amargo de hierbas secas impregnaba el aire. Todo estaba en calma.
    La leña de la chimenea que el fuego hacia crujir suavemente, el sonido del mortero golpeando plantas medicinales, y el lejano sonido de la lluvia comenzando afuera.

    Odette trabajaba en silencio detrás del mostrador.
    Sus manos trituraban lentamente algunas flores secas de árnica mientras revisaba mentalmente las mezclas que debía preparar antes del anochecer.

    Una rutina conocida. Mecánica, segura.

    Sin embargo… Algo extraño ocurrió.
    Primero fue apenas un murmullo, tan bajo que ni ella misma se dio cuenta al inicio.

    Una melodía suave escapando distraídamente de sus labios mientras seguía trabajando.
    —♪ 𝘐’𝘮 𝘢 𝘱𝘰𝘰𝘳 𝘭𝘰𝘯𝘦𝘴𝘰𝘮𝘦 𝘤𝘰𝘸𝘣𝘰𝘺… ♪

    El movimiento de sus manos se detuvo abruptamente. El mortero quedó quieto bajo sus dedos.
    Y frunció apenas el ceño, ¿por qué conocía esa canción?
    El fuego siguió crepitando detrás de ella mientras la lluvia golpeaba los cristales de las ventanas.

    Y por un instante algo se removió en lo profundo de su pecho.
    Algo lejano, como un recuerdo visto a través de agua oscura.

    Una risa grave y cansada.
    Un sombrero oscuro inclinado hacia ella bajo la luz naranja de un atardecer.

    Odette inhaló con dificultad.
    El aire se sintió extraño de pronto, demasiado pesado.

    La sensación desapareció casi inmediatamente, dejando detrás solo un vacío incómodo.

    Ella parpadeó varias veces mirando el mortero frente a sí. Confundida.
    No entendía por qué su corazón acababa de doler un poco.

    La lluvia arreció afuera.

    Odette apoyó una mano sobre el borde del mostrador mientras intentaba recuperar el hilo de sus pensamientos.

    Pero algo seguía ahí...

    Esa sensación imposible de explicar.
    Como extrañar algo que nunca tuvo.
    Como si hubiese olvidado a alguien importante sin haberlo conocido jamás.

    Sus labios se movieron otra vez antes de que pudiera evitarlo.
    —…𝘢 𝘭𝘰𝘯𝘨 𝘸𝘢𝘺 𝘧𝘳𝘰𝘮 𝘩𝘰𝘮𝘦… ♪ — La voz salió apenas en un susurro roto.

    Y entonces el recuerdo volvió por un segundo más fuerte.

    Una figura alta apoyada contra el marco de una puerta.
    Ojos azules cansados.
    Una sonrisa ladeada.
    La sensación cálida de volver a casa después de un día largo.

    Odette cerró los ojos abruptamente.

    Desapareció. Todo desapareció.

    Solo quedó la botica en silencio.

    El olor de las flores secas.

    El sonido de la lluvia.

    Y un extraño vacío en el pecho que no lograba entender.

    Estuvo inmóvil varios segundos antes de volver poco a poco a su trabajo.

    Pero ahora sus movimientos eran más lentos, distraídos.

    Y aunque intentó ignorarlo… Aquella melodía siguió dando vueltas en su cabeza el resto de la noche como el eco de algo o alguien que nunca existió.
    ༒ 𝕸𝖆𝖓𝖉𝖗𝖆𝖌𝖔𝖗𝖆 𝕺𝖋𝖋𝖎𝖈𝖎𝖓𝖆𝖗𝖚𝖒. El cielo gris dejaba entrar apenas una luz tenue por las ventanas, la noche estaba por caer. El aroma amargo de hierbas secas impregnaba el aire. Todo estaba en calma. La leña de la chimenea que el fuego hacia crujir suavemente, el sonido del mortero golpeando plantas medicinales, y el lejano sonido de la lluvia comenzando afuera. Odette trabajaba en silencio detrás del mostrador. Sus manos trituraban lentamente algunas flores secas de árnica mientras revisaba mentalmente las mezclas que debía preparar antes del anochecer. Una rutina conocida. Mecánica, segura. Sin embargo… Algo extraño ocurrió. Primero fue apenas un murmullo, tan bajo que ni ella misma se dio cuenta al inicio. Una melodía suave escapando distraídamente de sus labios mientras seguía trabajando. —♪ 𝘐’𝘮 𝘢 𝘱𝘰𝘰𝘳 𝘭𝘰𝘯𝘦𝘴𝘰𝘮𝘦 𝘤𝘰𝘸𝘣𝘰𝘺… ♪ El movimiento de sus manos se detuvo abruptamente. El mortero quedó quieto bajo sus dedos. Y frunció apenas el ceño, ¿por qué conocía esa canción? El fuego siguió crepitando detrás de ella mientras la lluvia golpeaba los cristales de las ventanas. Y por un instante algo se removió en lo profundo de su pecho. Algo lejano, como un recuerdo visto a través de agua oscura. Una risa grave y cansada. Un sombrero oscuro inclinado hacia ella bajo la luz naranja de un atardecer. Odette inhaló con dificultad. El aire se sintió extraño de pronto, demasiado pesado. La sensación desapareció casi inmediatamente, dejando detrás solo un vacío incómodo. Ella parpadeó varias veces mirando el mortero frente a sí. Confundida. No entendía por qué su corazón acababa de doler un poco. La lluvia arreció afuera. Odette apoyó una mano sobre el borde del mostrador mientras intentaba recuperar el hilo de sus pensamientos. Pero algo seguía ahí... Esa sensación imposible de explicar. Como extrañar algo que nunca tuvo. Como si hubiese olvidado a alguien importante sin haberlo conocido jamás. Sus labios se movieron otra vez antes de que pudiera evitarlo. —…𝘢 𝘭𝘰𝘯𝘨 𝘸𝘢𝘺 𝘧𝘳𝘰𝘮 𝘩𝘰𝘮𝘦… ♪ — La voz salió apenas en un susurro roto. Y entonces el recuerdo volvió por un segundo más fuerte. Una figura alta apoyada contra el marco de una puerta. Ojos azules cansados. Una sonrisa ladeada. La sensación cálida de volver a casa después de un día largo. Odette cerró los ojos abruptamente. Desapareció. Todo desapareció. Solo quedó la botica en silencio. El olor de las flores secas. El sonido de la lluvia. Y un extraño vacío en el pecho que no lograba entender. Estuvo inmóvil varios segundos antes de volver poco a poco a su trabajo. Pero ahora sus movimientos eran más lentos, distraídos. Y aunque intentó ignorarlo… Aquella melodía siguió dando vueltas en su cabeza el resto de la noche como el eco de algo o alguien que nunca existió.
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  • Siegmeyer había viajado en la carreta de un comerciante hosco que, al llegar al lindero del bosque, detuvo los caballos con manos temblorosas.
    —No sigo. —masculló, sin atreverse a mirarlo—. Baja. —

    El errante decidió no insistir y descendió. La carreta se alejó rápidamente. Un par de kilómetros antes de llegar un pueblo que se veia camuflado entre los arboles, había encontrado al anciano moribundo apoyado en un arbol. Con los labios agrietados y la voz convertida en un estertor, este le había clavado los dedos en el guantelete.

    —No entres… El aquelarre te va a oler. Han tomado Eichenbruch. Si cruzas sus calles… te reclamarán. Desearás haberte quedado a pudrirte aquí, conmigo. —Siegmeyer cerró sus ojos vidriosos y continuó.

    La niebla se arrastraba por las calles, espesa, fría y cargada de un olor dulzón a hierbas quemadas y podredumbre. El pueblo de Eichenbruch parecía una herida abierta en el bosque. Las casas torcidas de madera y piedra, techos hundidos y ventanas que observaban como ojos ciegos. Todo estaba demasiado quieto. Ahora caminaba por las calles empedradas, su armadura oscura y abollada resonando con cada paso. La capa raída goteaba agua sucia. Los pocos aldeanos que aún se atrevían a estar fuera se apartaban de su camino con terror evidente. Una mujer soltó un gemido ahogado y se escondió en un callejón. Un hombre cerró de golpe su puerta al verlo pasar.

    Parecía un enviado directo del clero, pero no servía a ningún rey, a ningún dios. El caballero no se detuvo, sus ojos azules, fríos y alerta, escaneaban las sombras. Al final de la calle principal distinguió un edificio más grande que los demás, con un letrero de madera medio podrido que apenas se leía: “El Jabalí Negro”. Una luz amarillenta y débil se filtraba por las ventanas empañadas. Parecía una posada o una trampa.

    Empujó la pesada puerta de madera. Esta chirrió como un animal herido. Dentro, el aire era denso, cargado de humo de chimenea y un olor extraño, casi dulzón. Varias cabezas se giraron hacia él al instante. El murmullo de conversaciones se cortó de golpe. Un tabernero de rostro pálido y ojos hundidos lo miró desde atrás de la barra como si acabara de ver a un muerto caminando. En las mesas, rostros demacrados lo observaban en silencio.

    Siegmeyer se detuvo bajo el umbral, la luz del fuego reflejándose en su armadura. Lentamente levantó la visera de su yelmo, revelando un rostro curtido, barba de varios días y aquellos ojos azules que no mostraban miedo, solo una cansada determinación.

    —Un plato de comida, el que tengas ya preparado. —dijo con voz grave y ronca, que cortó el silencio. — Y algo de vino o agua, lo que sepa mejor. — Nadie se movió. Solo se oía el crepitar del fuego.
    Siegmeyer había viajado en la carreta de un comerciante hosco que, al llegar al lindero del bosque, detuvo los caballos con manos temblorosas. —No sigo. —masculló, sin atreverse a mirarlo—. Baja. — El errante decidió no insistir y descendió. La carreta se alejó rápidamente. Un par de kilómetros antes de llegar un pueblo que se veia camuflado entre los arboles, había encontrado al anciano moribundo apoyado en un arbol. Con los labios agrietados y la voz convertida en un estertor, este le había clavado los dedos en el guantelete. —No entres… El aquelarre te va a oler. Han tomado Eichenbruch. Si cruzas sus calles… te reclamarán. Desearás haberte quedado a pudrirte aquí, conmigo. —Siegmeyer cerró sus ojos vidriosos y continuó. La niebla se arrastraba por las calles, espesa, fría y cargada de un olor dulzón a hierbas quemadas y podredumbre. El pueblo de Eichenbruch parecía una herida abierta en el bosque. Las casas torcidas de madera y piedra, techos hundidos y ventanas que observaban como ojos ciegos. Todo estaba demasiado quieto. Ahora caminaba por las calles empedradas, su armadura oscura y abollada resonando con cada paso. La capa raída goteaba agua sucia. Los pocos aldeanos que aún se atrevían a estar fuera se apartaban de su camino con terror evidente. Una mujer soltó un gemido ahogado y se escondió en un callejón. Un hombre cerró de golpe su puerta al verlo pasar. Parecía un enviado directo del clero, pero no servía a ningún rey, a ningún dios. El caballero no se detuvo, sus ojos azules, fríos y alerta, escaneaban las sombras. Al final de la calle principal distinguió un edificio más grande que los demás, con un letrero de madera medio podrido que apenas se leía: “El Jabalí Negro”. Una luz amarillenta y débil se filtraba por las ventanas empañadas. Parecía una posada o una trampa. Empujó la pesada puerta de madera. Esta chirrió como un animal herido. Dentro, el aire era denso, cargado de humo de chimenea y un olor extraño, casi dulzón. Varias cabezas se giraron hacia él al instante. El murmullo de conversaciones se cortó de golpe. Un tabernero de rostro pálido y ojos hundidos lo miró desde atrás de la barra como si acabara de ver a un muerto caminando. En las mesas, rostros demacrados lo observaban en silencio. Siegmeyer se detuvo bajo el umbral, la luz del fuego reflejándose en su armadura. Lentamente levantó la visera de su yelmo, revelando un rostro curtido, barba de varios días y aquellos ojos azules que no mostraban miedo, solo una cansada determinación. —Un plato de comida, el que tengas ya preparado. —dijo con voz grave y ronca, que cortó el silencio. — Y algo de vino o agua, lo que sepa mejor. — Nadie se movió. Solo se oía el crepitar del fuego.
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  • "¡Qué emoción volver a verte! Se te extrañaba muchísimo, esta siempre será tu casa."
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  • •Filyn había pasó varias noches durmiendo con su hermana por intentar cuidarla y que no le fuera a pasar nada, pero anoche cuando intentó ir a dormir con ella no pudo su esposo ya estaba allí y lo que menos quería era incómodar asique se fue a su habitación a descansar.

    Aunque anoche se Sentía extraña la temperatura de su cuerpo estaba me elevada de lo que debería y en esos momentos no la podía controlar, intento no tomarle mucha atención a ese detalle, aunque mientras dormía su habitación parecía un horno total.

    Lo que no se esperaba al despertar fue que sus escamas estaban a la vista cuando ella recordaba claramente que no las tenía cuando se fue a dormir y al observar más su cama habían escamas por toda la cama, tomo una de ellas para poder mirarla mejor y efectivamente... Era una de sus escamas•

    ¡¡Aaaah!! ¡¡Me estoy rompiendo!! ¡¡No me quiero romper!!

    •Filyn grito a todo pulmón por miedo a lo que ella pensaba que se estaba rompiendo y en realidad estaba teniendo su primera muda de escamas, pero ella no sabía cómo era una muda asique se asustó.

    Aparte de su muda algo más había cambiado, su cuerpo estaba más desarrollado de lo que de por si ya lo tenía, su pijama ya no le quedaba tan bien y le quedaba más apretado•

    ¿¡Que me pasaaaaa?! Me voy a morir!~
    •Filyn había pasó varias noches durmiendo con su hermana por intentar cuidarla y que no le fuera a pasar nada, pero anoche cuando intentó ir a dormir con ella no pudo su esposo ya estaba allí y lo que menos quería era incómodar asique se fue a su habitación a descansar. Aunque anoche se Sentía extraña la temperatura de su cuerpo estaba me elevada de lo que debería y en esos momentos no la podía controlar, intento no tomarle mucha atención a ese detalle, aunque mientras dormía su habitación parecía un horno total. Lo que no se esperaba al despertar fue que sus escamas estaban a la vista cuando ella recordaba claramente que no las tenía cuando se fue a dormir y al observar más su cama habían escamas por toda la cama, tomo una de ellas para poder mirarla mejor y efectivamente... Era una de sus escamas• ¡¡Aaaah!! ¡¡Me estoy rompiendo!! ¡¡No me quiero romper!! •Filyn grito a todo pulmón por miedo a lo que ella pensaba que se estaba rompiendo y en realidad estaba teniendo su primera muda de escamas, pero ella no sabía cómo era una muda asique se asustó. Aparte de su muda algo más había cambiado, su cuerpo estaba más desarrollado de lo que de por si ya lo tenía, su pijama ya no le quedaba tan bien y le quedaba más apretado• ¿¡Que me pasaaaaa?! Me voy a morir!~
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  • Hace rato no sé nada de ella, ¿Estará bien? La extraño tanto, me preocupa no saber nada.
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