Asi se suicidan las mariposas
Categoría Romance
La ciudad de Morvain respiraba lento, como si el aire le doliera.
La niebla se aferraba a las calles y la lluvia caía con una insistencia casi rabiosa, golpeando el pavimento como si quisiera despertar a quienes aún caminaban dormidos.
Para los de afuera, era un sueño entre montañas.
Para los de adentro… una jaula.
Esa noche, dos caminos comenzaron a acercarse sin saberlo.
Jhosh caminaba con la cabeza baja, cargando un peso que todavía no sabía nombrar, avanzando sin prisa… como si llegar a casa fuera la peor de sus opciones.
Khrist, en cambio, reía. Rodeado de voces, de luz, de aparente ligereza… aunque su mirada, por momentos, también parecía perderse.
Y entonces pasó.
Un cruce.
Una mirada.
Por un instante, sus ojos se encontraron.
No hubo palabras. No hubo gesto.
Solo esa sensación extraña de reconocer algo… sin entender qué.
En esta ciudad nacieron ellos, en ese lugar se cruzaron. Y aunque ninguno lo sabía, esa noche marcó el inicio de algo más grande. Porque así empieza esta historia, con una mirada bajo la lluvia, con una duda en el pecho, con dos almas que se rozaron sin tocarse.
Yo estaba ahí. Yo los vi. Y aunque en ese momento no entendí el peso de lo que presenciaba, ahora lo sé: fue el comienzo de todo. De una historia que no fue perfecta, pero que merecía ser contada. Una historia que no fue feliz… pero fue real.
Porque a veces, en las ciudades que parecen dormidas, también nacen revoluciones invisibles. A veces, en las jaulas, también se sueña.
La niebla se aferraba a las calles y la lluvia caía con una insistencia casi rabiosa, golpeando el pavimento como si quisiera despertar a quienes aún caminaban dormidos.
Para los de afuera, era un sueño entre montañas.
Para los de adentro… una jaula.
Esa noche, dos caminos comenzaron a acercarse sin saberlo.
Jhosh caminaba con la cabeza baja, cargando un peso que todavía no sabía nombrar, avanzando sin prisa… como si llegar a casa fuera la peor de sus opciones.
Khrist, en cambio, reía. Rodeado de voces, de luz, de aparente ligereza… aunque su mirada, por momentos, también parecía perderse.
Y entonces pasó.
Un cruce.
Una mirada.
Por un instante, sus ojos se encontraron.
No hubo palabras. No hubo gesto.
Solo esa sensación extraña de reconocer algo… sin entender qué.
En esta ciudad nacieron ellos, en ese lugar se cruzaron. Y aunque ninguno lo sabía, esa noche marcó el inicio de algo más grande. Porque así empieza esta historia, con una mirada bajo la lluvia, con una duda en el pecho, con dos almas que se rozaron sin tocarse.
Yo estaba ahí. Yo los vi. Y aunque en ese momento no entendí el peso de lo que presenciaba, ahora lo sé: fue el comienzo de todo. De una historia que no fue perfecta, pero que merecía ser contada. Una historia que no fue feliz… pero fue real.
Porque a veces, en las ciudades que parecen dormidas, también nacen revoluciones invisibles. A veces, en las jaulas, también se sueña.
La ciudad de Morvain respiraba lento, como si el aire le doliera.
La niebla se aferraba a las calles y la lluvia caía con una insistencia casi rabiosa, golpeando el pavimento como si quisiera despertar a quienes aún caminaban dormidos.
Para los de afuera, era un sueño entre montañas.
Para los de adentro… una jaula.
Esa noche, dos caminos comenzaron a acercarse sin saberlo.
Jhosh caminaba con la cabeza baja, cargando un peso que todavía no sabía nombrar, avanzando sin prisa… como si llegar a casa fuera la peor de sus opciones.
Khrist, en cambio, reía. Rodeado de voces, de luz, de aparente ligereza… aunque su mirada, por momentos, también parecía perderse.
Y entonces pasó.
Un cruce.
Una mirada.
Por un instante, sus ojos se encontraron.
No hubo palabras. No hubo gesto.
Solo esa sensación extraña de reconocer algo… sin entender qué.
En esta ciudad nacieron ellos, en ese lugar se cruzaron. Y aunque ninguno lo sabía, esa noche marcó el inicio de algo más grande. Porque así empieza esta historia, con una mirada bajo la lluvia, con una duda en el pecho, con dos almas que se rozaron sin tocarse.
Yo estaba ahí. Yo los vi. Y aunque en ese momento no entendí el peso de lo que presenciaba, ahora lo sé: fue el comienzo de todo. De una historia que no fue perfecta, pero que merecía ser contada. Una historia que no fue feliz… pero fue real.
Porque a veces, en las ciudades que parecen dormidas, también nacen revoluciones invisibles. A veces, en las jaulas, también se sueña. 🦋💖
Tipo
Individual
Líneas
5
Estado
Disponible
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