La discusión no era ruidosa, pero dolía más.
Nymera los observaba desde la distancia, quieta, sintiendo cómo el aire entre ellos se volvía pesado. No era odio. Era algo peor. Era el amor… cansándose...haciéndose añicos.
El colgante sobre su pecho vibró suavemente.
La mujer fue la primera en romperse. Su voz tembló, pero no retrocedió.
— Sentí que me mirabas con amor… —susurró, sosteniendo su propia herida— Pero quizás… quizás solo era el reflejo del mío —El silencio que siguió fue cruel.
Él no respondió.
Y en ese instante, ella lo sintió.
Algo pequeño se desprendió del pecho de la mujer. Una esencia tibia, frágil… el último lugar donde ese amor seguía vivo.
La pelirroja no se movió.
Solo esperó.
Porque sabía que, a veces, el alma no se rompe cuando dejan de amarse…sino cuando uno se da cuenta de que estuvo amando solo.
La discusión no era ruidosa, pero dolía más.
Nymera los observaba desde la distancia, quieta, sintiendo cómo el aire entre ellos se volvía pesado. No era odio. Era algo peor. Era el amor… cansándose...haciéndose añicos.
El colgante sobre su pecho vibró suavemente.
La mujer fue la primera en romperse. Su voz tembló, pero no retrocedió.
— Sentí que me mirabas con amor… —susurró, sosteniendo su propia herida— Pero quizás… quizás solo era el reflejo del mío —El silencio que siguió fue cruel.
Él no respondió.
Y en ese instante, ella lo sintió.
Algo pequeño se desprendió del pecho de la mujer. Una esencia tibia, frágil… el último lugar donde ese amor seguía vivo.
La pelirroja no se movió.
Solo esperó.
Porque sabía que, a veces, el alma no se rompe cuando dejan de amarse…sino cuando uno se da cuenta de que estuvo amando solo.