-El día estaba nublado, el cielo cubierto de gris dejaba pasar algo de luz que bañaba el parque.
Con muchas familias reunidas; los niños corrían, saltaban, jugaban y se reían sin parar. Con sus rostros elevados, observaban sus cometas surcar los cielos, pero de pronto se comenzó a desteñir la alegría.
Un viento helado se hizo presente y abrazó a todas las familias del parque. Entonces, el lugar emanaba una sensación totalmente opuesta a la del comienzo.
Los niños ya no jugaban, ya no reían; ni siquiera los adultos murmuraban alguna palabra. Todos quedaron estáticos en su lugar, mirando el cielo, el cual sería asumido por un rojizo antinatural, pues aún faltaban horas para el atardecer.
De repente, las rejas se abren, dándole la bienvenida a un desconocido.-
—Bienvenid@, has llegado en el mejor momento... ¿Nos quieres acompañar?
-Preguntó una de las madres, su rostro mostraba una sonrisa gigantesca, pero su voz emanaba algo diferente, como si las palabras no fueran de ella.-
-El día estaba nublado, el cielo cubierto de gris dejaba pasar algo de luz que bañaba el parque.
Con muchas familias reunidas; los niños corrían, saltaban, jugaban y se reían sin parar. Con sus rostros elevados, observaban sus cometas surcar los cielos, pero de pronto se comenzó a desteñir la alegría.
Un viento helado se hizo presente y abrazó a todas las familias del parque. Entonces, el lugar emanaba una sensación totalmente opuesta a la del comienzo.
Los niños ya no jugaban, ya no reían; ni siquiera los adultos murmuraban alguna palabra. Todos quedaron estáticos en su lugar, mirando el cielo, el cual sería asumido por un rojizo antinatural, pues aún faltaban horas para el atardecer.
De repente, las rejas se abren, dándole la bienvenida a un desconocido.-
—Bienvenid@, has llegado en el mejor momento... ¿Nos quieres acompañar?
-Preguntó una de las madres, su rostro mostraba una sonrisa gigantesca, pero su voz emanaba algo diferente, como si las palabras no fueran de ella.-