Nastya Petrova
La música no inundaba el bar, sino que acompañaba las voces de las personas. Cada conversación era un mundo y habían contratado a Mika precisamente para darle esa ambientación característica suya; música que no invadía, sino que fomentaba la conexión entre los demás.
Su voz suave y sus letras ligeramente reflexivas servían tanto para quienes escuchan por ritmo como para quienes se paran a analizar la letra, convirtiendo el bar en un espacio para todos y eso es algo que Mika adoraba; sentir que conectaba con la gente.
El pequeño escenario se encontraba en una esquina visible para todas las mesas, las luces eran suaves y esta noche no parecía haber demasiada gente, así que incluso los empleados podían aprovechar para relajarse. En un lugar así, era normal que la gente fuera a olvidarse del peso de la vida diaria en la ciudad.
Tras un buen rato cantando, su lista de canciones terminó por el momento, era hora de un descanso mientras el siguiente artista se preparaba para su turno. Mika bajó del escenario con su guitarra en mano, la llevaba casi a todos lados y en estos casos, aunque le ofrecieran una del local, era como su "amuleto de la suerte".
Se acercó a la barra con tranquilidad y con una sonrisa, el empleado de la barra estaba más que preparado para servirle algo.
"Invita la casa" Dijo el empleado, palabras a las que Mika ofreció una sonrisa.
— Con una coca cola me conformo, no quiero beber alcohol si después volveré a tocar.
Bromeó con el empleado, ella era así, siempre trataba de ser la estrellita del lugar, no para llamar la atención, sino para tratar de animar a los demás ¿Sería esta una de esas veces que alguien se le acercaba después de cantar? Tenía el presentimiento de que si, pero no sabía por qué.
[eclipse_bronze_octopus_653]
La música no inundaba el bar, sino que acompañaba las voces de las personas. Cada conversación era un mundo y habían contratado a Mika precisamente para darle esa ambientación característica suya; música que no invadía, sino que fomentaba la conexión entre los demás.
Su voz suave y sus letras ligeramente reflexivas servían tanto para quienes escuchan por ritmo como para quienes se paran a analizar la letra, convirtiendo el bar en un espacio para todos y eso es algo que Mika adoraba; sentir que conectaba con la gente.
El pequeño escenario se encontraba en una esquina visible para todas las mesas, las luces eran suaves y esta noche no parecía haber demasiada gente, así que incluso los empleados podían aprovechar para relajarse. En un lugar así, era normal que la gente fuera a olvidarse del peso de la vida diaria en la ciudad.
Tras un buen rato cantando, su lista de canciones terminó por el momento, era hora de un descanso mientras el siguiente artista se preparaba para su turno. Mika bajó del escenario con su guitarra en mano, la llevaba casi a todos lados y en estos casos, aunque le ofrecieran una del local, era como su "amuleto de la suerte".
Se acercó a la barra con tranquilidad y con una sonrisa, el empleado de la barra estaba más que preparado para servirle algo.
"Invita la casa" Dijo el empleado, palabras a las que Mika ofreció una sonrisa.
— Con una coca cola me conformo, no quiero beber alcohol si después volveré a tocar.
Bromeó con el empleado, ella era así, siempre trataba de ser la estrellita del lugar, no para llamar la atención, sino para tratar de animar a los demás ¿Sería esta una de esas veces que alguien se le acercaba después de cantar? Tenía el presentimiento de que si, pero no sabía por qué.