« ¿No has sentido alguna vez esa necesidad de estar con alguien? »
Una pregunta habitual. Entre confidencias, entre risas y anécdotas; siempre terminaba asomándose esa pregunta silenciosa e incómoda. La conversación parecía girar, una y otra vez, sobre la misma respuesta ambigua que daba cada vez.
"No realmente."
No. Realmente no necesitaba a alguien como decía. Realmente no sentía la necesidad de compartir, o más bien abrir, tanto su vida a otra persona. Los años desde su última relación le habían hecho desarrollar un gusto por la soledad o, quizá, por esa falta de rutina que se atiene a los horarios y gustos de alguien más. No debía levantarse temprano en los días de descanso para prepararse ante las visitas, no debía quebrarse la cabeza pensando qué almorzarian ese día ni tenía que complicarse con planes elaborados de actividades para hacer a lo largo del día. Cosas habituales que se habían vuelto una rutina cansada, agotadora, que odiaba volver a repetir.
Cuando ya estaba tan metido en sí mismo, en su vida y su espacio, acostumbrado a sus horarios y opciones; ¿cómo iba a acoplarse nuevamente a alguien que intempestivamente cambiara sus esquemas? ¿Cómo iba decirle que, por ese día o unas horas, prefería no verle y pasar el tiempo encerrado en casa jugando video juegos o mirando televisión? ¿Cómo hacerlo sin que se malinterpretara o los sentimientos mermaran? Una relación, a esas alturas de su vida, era una ruptura en su rutina, en su esencia. En su comodidad.
"No es algo que necesite".
No ahora. No pronto. No hasta quién sabe cuando. A Vincent siempre le había costado visualizarse en todo; era el último en responder esa pregunta cliché que hacía recursos humanos para motivar a los trabajadores: "¿cómo te ves de aquí a cinco años?" Su respuesta siempre era la misma, pero no tenía sentido ni lograba hacerse a la idea. Desde la universidad no se había imaginado en una relación, mucho menos casado y ni hablar de los hijos. En alguna ocasión la idea le cruzó por la cabeza, fugaz y de ensueño, pero con el tiempo se evaporó hasta ser olvidada.
El amor, últimamente, se le hacía complicado y más complejo le resultaba conocer personas. Siempre estaba trabajando y, cuando no lo hacía, estaba en casa con sus gatos. Vincent nunca había sido una persona de salir ni de verse extrovertido, siempre era reservado, tímido y callado. Con esos factores en contra, ¿cómo es que iba a conocer a alguien? En el trabajo no había nadie que ocasionara esa chispa, esa curiosidad, ese gusto. Para él solo era una rutina donde sus compañeros eran eso y nada más, amigos y compañeros con los que mantenía una estabilidad social mas no una compatibilidad emocional. Si en el único lugar que frecuentaba no sentía nada, ¿cómo iba a poder desarrollar una relación?
¿Presentarle a alguien? Ni hablar. ¿Una cita a ciegas? Ni de broma. ¿Siquiera por curiosidad? No, podía morir perfectamente sin saber cómo se sentía amar o, más bien, cómo volver a amar.
Vincent sabía lo que quería y lo que no quería. Mantener su libertad sin perder sus gustos, respetar sus límites sin arriesgar su seguridad, tener la cabez fría y no dejar que su corazón tomara nuevamente decisiones equivocadas. Y, al final, siempre terminaba negándose a experimentar porque sus conocidos no eran los casos de éxito ideales: Infidelidades, divorcios apresurados por engaños, demandas de atención excesivas, posesión desmedida y ciclos repetitivos de violencia difíciles de romper. ¿Con qué ánimos se podía aventurar a volver a experimentar cuando nada le motivaba a intentar?
Y, aún así, siempre existía la espinita que lo hacía reflexionar. ¿Alguna vez se iba a poder enamorar? ¿Alguna vez iba a poder sentir otra vez ese calor en el pecho por la emoción? ¿Sentiria de nuevo las mariposas en el estómago? ¿Alguna vez hallaría paz y seguridad en otra persona? Quizá sí, quizá no. El tiempo le daría algún día la respuesta, tendría la razón o la vida lo golpearía por su error.
El amor es complicado. Más para los asustados a salir lastimados otra vez, y para los que temen perder nuevamente sus sentimientos valiosos por error.
« ¿No has sentido alguna vez esa necesidad de estar con alguien? »
Una pregunta habitual. Entre confidencias, entre risas y anécdotas; siempre terminaba asomándose esa pregunta silenciosa e incómoda. La conversación parecía girar, una y otra vez, sobre la misma respuesta ambigua que daba cada vez.
"No realmente."
No. Realmente no necesitaba a alguien como decía. Realmente no sentía la necesidad de compartir, o más bien abrir, tanto su vida a otra persona. Los años desde su última relación le habían hecho desarrollar un gusto por la soledad o, quizá, por esa falta de rutina que se atiene a los horarios y gustos de alguien más. No debía levantarse temprano en los días de descanso para prepararse ante las visitas, no debía quebrarse la cabeza pensando qué almorzarian ese día ni tenía que complicarse con planes elaborados de actividades para hacer a lo largo del día. Cosas habituales que se habían vuelto una rutina cansada, agotadora, que odiaba volver a repetir.
Cuando ya estaba tan metido en sí mismo, en su vida y su espacio, acostumbrado a sus horarios y opciones; ¿cómo iba a acoplarse nuevamente a alguien que intempestivamente cambiara sus esquemas? ¿Cómo iba decirle que, por ese día o unas horas, prefería no verle y pasar el tiempo encerrado en casa jugando video juegos o mirando televisión? ¿Cómo hacerlo sin que se malinterpretara o los sentimientos mermaran? Una relación, a esas alturas de su vida, era una ruptura en su rutina, en su esencia. En su comodidad.
"No es algo que necesite".
No ahora. No pronto. No hasta quién sabe cuando. A Vincent siempre le había costado visualizarse en todo; era el último en responder esa pregunta cliché que hacía recursos humanos para motivar a los trabajadores: "¿cómo te ves de aquí a cinco años?" Su respuesta siempre era la misma, pero no tenía sentido ni lograba hacerse a la idea. Desde la universidad no se había imaginado en una relación, mucho menos casado y ni hablar de los hijos. En alguna ocasión la idea le cruzó por la cabeza, fugaz y de ensueño, pero con el tiempo se evaporó hasta ser olvidada.
El amor, últimamente, se le hacía complicado y más complejo le resultaba conocer personas. Siempre estaba trabajando y, cuando no lo hacía, estaba en casa con sus gatos. Vincent nunca había sido una persona de salir ni de verse extrovertido, siempre era reservado, tímido y callado. Con esos factores en contra, ¿cómo es que iba a conocer a alguien? En el trabajo no había nadie que ocasionara esa chispa, esa curiosidad, ese gusto. Para él solo era una rutina donde sus compañeros eran eso y nada más, amigos y compañeros con los que mantenía una estabilidad social mas no una compatibilidad emocional. Si en el único lugar que frecuentaba no sentía nada, ¿cómo iba a poder desarrollar una relación?
¿Presentarle a alguien? Ni hablar. ¿Una cita a ciegas? Ni de broma. ¿Siquiera por curiosidad? No, podía morir perfectamente sin saber cómo se sentía amar o, más bien, cómo volver a amar.
Vincent sabía lo que quería y lo que no quería. Mantener su libertad sin perder sus gustos, respetar sus límites sin arriesgar su seguridad, tener la cabez fría y no dejar que su corazón tomara nuevamente decisiones equivocadas. Y, al final, siempre terminaba negándose a experimentar porque sus conocidos no eran los casos de éxito ideales: Infidelidades, divorcios apresurados por engaños, demandas de atención excesivas, posesión desmedida y ciclos repetitivos de violencia difíciles de romper. ¿Con qué ánimos se podía aventurar a volver a experimentar cuando nada le motivaba a intentar?
Y, aún así, siempre existía la espinita que lo hacía reflexionar. ¿Alguna vez se iba a poder enamorar? ¿Alguna vez iba a poder sentir otra vez ese calor en el pecho por la emoción? ¿Sentiria de nuevo las mariposas en el estómago? ¿Alguna vez hallaría paz y seguridad en otra persona? Quizá sí, quizá no. El tiempo le daría algún día la respuesta, tendría la razón o la vida lo golpearía por su error.
El amor es complicado. Más para los asustados a salir lastimados otra vez, y para los que temen perder nuevamente sus sentimientos valiosos por error.