• — Los latidos de su corazón están muy acelerados. ¿Se encuentra bien?
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    || Podría hacerle una ficha a Hanary pero pfff ya me dio pereza solo de pensarlo
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  • 𝑪𝒓𝒐́𝒏𝒊𝒄𝒂 𝒅𝒆 𝑺𝒊𝒆𝒈𝒎𝒆𝒚𝒆𝒓, 𝑬𝒍 𝑬𝒓𝒓𝒐𝒓 𝒅𝒆 𝑬𝒍𝒅𝒆𝒏𝒎𝒐𝒐𝒓.

    En aquellos días, cuando mi sangre aún ardía con el fuego de la juventud y servía bajo los estandartes de la Orden, llegamos a un pueblo olvidado entre las colinas grises llamado Eldenmoor. Docenas de niños habían desaparecido bajo la luz de la luna llena. La Orden sospechaba un culto, y no se equivocaba.

    Aquella noche los encontramos en el sótano de la casa más grande del pueblo: un matrimonio respetado, pilares de la comunidad. El padre y la madre, con túnicas manchadas de sangre seca, terminaban un ritual. Un niño de no más de ocho años yacía atado al altar de piedra, aún vivo, mientras le abrían las venas para alimentar a la entidad oscura que invocaban. Sus rostros mostraban puro éxtasis. Sonreían.

    No hubo juicio. No hubo piedad. Los corté en pedazos allí mismo, delante del altar. Sus gritos se mezclaron con los del niño que logré salvar. Cuando terminé, la habitación olía a hierro y muerte. Pero había un testigo. El hijo de aquella escoria, un niño pequeño, dormía en la habitación contigua. Dudé y lo dejé vivir.

    Años después, el destino me trajo de vuelta a Eldenmoor. En el centro de la plaza principal, bajo un cielo plomizo, el joven, ahora convertido en un hombre consumido por el odio, me tenía acorralado contra la vieja fuente de piedra. El cuchillo oxidado entraba y salía de mi pecho y abdomen con furia salvaje. La sangre salpicaba el empedrado, tiñendo de rojo las grietas entre las piedras. Los aldeanos observaban desde las sombras, aterrorizados.

    Cada puñalada era más desesperada. Mis heridas se abrían y se cerraban casi al instante.

    " ¡¡Muere, maldito monstruo!! " Gritaba entre sollozos. " ¡¡Esto es por mi familia!! ¡Los degollaste como animales! "

    Lo dejé continuar unos segundos más, observándolo con absoluta frialdad. Entonces, en un movimiento rápido y preciso, levanté la mano y le agarré la muñeca con fuerza de hierro, deteniendo el cuchillo en el aire justo antes de que volviera a clavarse.

    El joven forcejeó, pero era inútil. Mis dedos se cerraron como una tenaza.

    — Mírame. —
    Ordené con voz baja y gélida, sin elevar el tono.
    — Sigue apuñalando cuanto quieras. No los vas a traer de vuelta. —

    El atacante intentó liberarse, gritando de rabia.

    " ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué los mataste, hijo de puta?! "

    Mantuve su muñeca inmovilizada y lo miré directamente a los ojos, sin una gota de compasión.

    — Porque tus padres no eran inocentes aldeanos. Eran pero que basura. —

    El joven soltó un alarido desgarrador e intentó apuñalarme de nuevo con la mano libre. Entonces, con un movimiento seco y brutal, torcí su muñeca y le rompí el brazo con un crujido audible. El hueso se fracturó limpiamente. El cuchillo cayó al suelo entre los gritos de dolor del joven.

    — Sigue desperdiciando tu vida si tanto lo deseas —
    Continué con la misma voz fría y monótona, soltando su brazo roto.
    — Nada de lo que hagas cambiará que tus padres eran escoria que se alimentaba de la sangre de inocentes. —

    El joven cayó de rodillas, sujetándose el brazo destrozado entre sollozos y maldiciones, mientras yo permanecía de pie frente a él, cubierto de mi propia sangre que ya empezaba a secarse.
    𝑪𝒓𝒐́𝒏𝒊𝒄𝒂 𝒅𝒆 𝑺𝒊𝒆𝒈𝒎𝒆𝒚𝒆𝒓, 𝑬𝒍 𝑬𝒓𝒓𝒐𝒓 𝒅𝒆 𝑬𝒍𝒅𝒆𝒏𝒎𝒐𝒐𝒓. En aquellos días, cuando mi sangre aún ardía con el fuego de la juventud y servía bajo los estandartes de la Orden, llegamos a un pueblo olvidado entre las colinas grises llamado Eldenmoor. Docenas de niños habían desaparecido bajo la luz de la luna llena. La Orden sospechaba un culto, y no se equivocaba. Aquella noche los encontramos en el sótano de la casa más grande del pueblo: un matrimonio respetado, pilares de la comunidad. El padre y la madre, con túnicas manchadas de sangre seca, terminaban un ritual. Un niño de no más de ocho años yacía atado al altar de piedra, aún vivo, mientras le abrían las venas para alimentar a la entidad oscura que invocaban. Sus rostros mostraban puro éxtasis. Sonreían. No hubo juicio. No hubo piedad. Los corté en pedazos allí mismo, delante del altar. Sus gritos se mezclaron con los del niño que logré salvar. Cuando terminé, la habitación olía a hierro y muerte. Pero había un testigo. El hijo de aquella escoria, un niño pequeño, dormía en la habitación contigua. Dudé y lo dejé vivir. Años después, el destino me trajo de vuelta a Eldenmoor. En el centro de la plaza principal, bajo un cielo plomizo, el joven, ahora convertido en un hombre consumido por el odio, me tenía acorralado contra la vieja fuente de piedra. El cuchillo oxidado entraba y salía de mi pecho y abdomen con furia salvaje. La sangre salpicaba el empedrado, tiñendo de rojo las grietas entre las piedras. Los aldeanos observaban desde las sombras, aterrorizados. Cada puñalada era más desesperada. Mis heridas se abrían y se cerraban casi al instante. " ¡¡Muere, maldito monstruo!! " Gritaba entre sollozos. " ¡¡Esto es por mi familia!! ¡Los degollaste como animales! " Lo dejé continuar unos segundos más, observándolo con absoluta frialdad. Entonces, en un movimiento rápido y preciso, levanté la mano y le agarré la muñeca con fuerza de hierro, deteniendo el cuchillo en el aire justo antes de que volviera a clavarse. El joven forcejeó, pero era inútil. Mis dedos se cerraron como una tenaza. — Mírame. — Ordené con voz baja y gélida, sin elevar el tono. — Sigue apuñalando cuanto quieras. No los vas a traer de vuelta. — El atacante intentó liberarse, gritando de rabia. " ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué los mataste, hijo de puta?! " Mantuve su muñeca inmovilizada y lo miré directamente a los ojos, sin una gota de compasión. — Porque tus padres no eran inocentes aldeanos. Eran pero que basura. — El joven soltó un alarido desgarrador e intentó apuñalarme de nuevo con la mano libre. Entonces, con un movimiento seco y brutal, torcí su muñeca y le rompí el brazo con un crujido audible. El hueso se fracturó limpiamente. El cuchillo cayó al suelo entre los gritos de dolor del joven. — Sigue desperdiciando tu vida si tanto lo deseas — Continué con la misma voz fría y monótona, soltando su brazo roto. — Nada de lo que hagas cambiará que tus padres eran escoria que se alimentaba de la sangre de inocentes. — El joven cayó de rodillas, sujetándose el brazo destrozado entre sollozos y maldiciones, mientras yo permanecía de pie frente a él, cubierto de mi propia sangre que ya empezaba a secarse.
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  • —No recomiendo entrar a ninguna estructura que, en los últimos tres días, haya manifestado cambios en su color, olor o temperatura ambiental.
    —No recomiendo entrar a ninguna estructura que, en los últimos tres días, haya manifestado cambios en su color, olor o temperatura ambiental.
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  • — Cuando dije que "como de todo", no me refería a que fueran a celebrarme el 1ro. de junio.

    Mira el pastel con una mezcla de sospecha y resignación.

    — Ahora la pregunta importante... ¿de qué es el pastel? Porque si la respuesta es "arcoíris", alguien va a terminar en Limbo en cuestión de unos segundos.
    — Cuando dije que "como de todo", no me refería a que fueran a celebrarme el 1ro. de junio. Mira el pastel con una mezcla de sospecha y resignación. — Ahora la pregunta importante... ¿de qué es el pastel? Porque si la respuesta es "arcoíris", alguien va a terminar en Limbo en cuestión de unos segundos.
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  • ..hm, no había otra cosa de mi talla?.. ..quizás algo NORMAL?..
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    Esto de volver a empezar de cero es difícil
    Esto de volver a empezar de cero es difícil 😔
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  • ☲ | ❖⎯⎯⎯⎯⎯⎯⎯⎯⎯⎯⎯⎯⎯ ❝It's already fuckin' Monday and I'm still hungover.❞
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  • — Entonces, es aquí donde todo ha de llegar a su fin ¿Eh? Muy bien, lo acepto... no he sido el mejor mago, ni el mejor guardián, pero tampoco he sido un desalmado en dejar el destino del mundo en la completa deriva.
    — Entonces, es aquí donde todo ha de llegar a su fin ¿Eh? Muy bien, lo acepto... no he sido el mejor mago, ni el mejor guardián, pero tampoco he sido un desalmado en dejar el destino del mundo en la completa deriva.
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  • “𝑻𝒉𝒆 𝒘𝒐𝒐𝒅𝒔 𝒓𝒆𝒎𝒆𝒎𝒃𝒆𝒓 𝒘𝒉𝒂𝒕 𝒄𝒊𝒗𝒊𝒍𝒊𝒛𝒂𝒕𝒊𝒐𝒏𝒔 𝒇𝒐𝒓𝒈𝒆𝒕.”
    “𝑻𝒉𝒆 𝒘𝒐𝒐𝒅𝒔 𝒓𝒆𝒎𝒆𝒎𝒃𝒆𝒓 𝒘𝒉𝒂𝒕 𝒄𝒊𝒗𝒊𝒍𝒊𝒛𝒂𝒕𝒊𝒐𝒏𝒔 𝒇𝒐𝒓𝒈𝒆𝒕.”
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