– No me acuerdo de su rostro, ni de dónde fue, ni que camiseta llevaba. Lo único de lo que me acuerdo es de como se miró la mano tras tocarse la cara llena de sangre. No mostró miedo ni enfado, solo... Resignación. Cómo si tras ver morir a sus padres delante suya ya no tenía motivos para importarle lo que le iba a pasar. El flequillo le llegaba hasta los ojos, pero aunque hubiera querido verselos, la sangre se los cubría, el golpe que le di en el cráneo fue contundente. Tenía la misma edad que yo cuando empecé en esto. Seguramente debí haberme puesto un límite moral tras aquello, una línea... Pero no lo hice.
– No me acuerdo de su rostro, ni de dónde fue, ni que camiseta llevaba. Lo único de lo que me acuerdo es de como se miró la mano tras tocarse la cara llena de sangre. No mostró miedo ni enfado, solo... Resignación. Cómo si tras ver morir a sus padres delante suya ya no tenía motivos para importarle lo que le iba a pasar. El flequillo le llegaba hasta los ojos, pero aunque hubiera querido verselos, la sangre se los cubría, el golpe que le di en el cráneo fue contundente. Tenía la misma edad que yo cuando empecé en esto. Seguramente debí haberme puesto un límite moral tras aquello, una línea... Pero no lo hice.