• Que bonita lencería....debería comprar alguna?

    *Mira la tienda ,no sabe que comprar *
    Que bonita lencería....debería comprar alguna? *Mira la tienda ,no sabe que comprar *
    Me encocora
    1
    1 turno 0 maullidos
  • ˖ ݁𖥔. ݁ . 𝑬𝒍 𝑫𝒊𝒂𝒓𝒊𝒐 𝒅𝒆 𝑺𝒄𝒂𝒓𝒍𝒆𝒕𝒕 . ݁.𖥔 ݁ ˖
    
𝑪𝒂𝒑í𝒕𝒖𝒍𝒐 𝑰𝑽: 𝑪𝒐𝒏𝒕𝒓𝒂𝒕𝒐 𝒆𝒏 𝑹𝒖𝒃í

    Querido diario…

    La mañana después de mi llegada al burdel no olía a pecado.

    Olía a café oscuro.

    A madera pulida.
A decisiones.
    Mirena Blackwood no me observaba como mercancía.
Me observaba como inversión.
    Yo ya había visto esa mirada antes, en salones cubiertos de oro y promesas firmadas con anillos.
En contratos disfrazados de matrimonio.
La diferencia era que aquí nadie fingía pureza.
    evaluaba mi postura o mis manos…
    Me hizo una sola pregunta.

    —¿Quién eres?

    No fue curiosidad.
Fue diagnóstico.
    Y por alguna razón que todavía no entiendo… respondí.

    Le hablé de la corona italiana que nunca se nombraba en voz alta, pero que marcaba cada cena.
De la Mansión Moretti.
Del compromiso arreglado con Nikolai Romanov.
Del anillo que pesaba más que el oro porque no era promesa… era sentencia.
    Le conté que huí.
Que rompí el espejo la noche en que entendí que mi reflejo ya no me pertenecía.
Que prefería el escándalo al encierro elegante.
    No omití nada.
    Y mientras hablaba, no me interrumpió.
    Cuando terminé, el silencio no fue incómodo.
Fue evaluador.
    Entonces sí lo dijo.

    —Eres hermosa —murmuró sin dulzura—
Y la belleza sin inteligencia es carne fresca para lobos.

    No bajé la mirada.
    Ya no.
    —No soy un cordero.

    Fue en ese momento cuando algo cambió.
    No vio una víctima.
No vio una fugitiva.
Vio a alguien que había tenido el mundo a sus pies… y aun así eligió incendiarlo.
    Me explicó cómo funcionaba su mundo.
Las chicas no eran obligadas.
Eran entrenadas.
Educadas.
Pulidas como piedras preciosas antes de tocar la vitrina

    —Aquí no se vende el cuerpo —dijo mientras servía el café—. Se vende ilusión.

    Y la ilusión es más cara.

    Los hombres que cruzaban esas puertas no eran bestias comunes.
Eran políticos.
Empresarios.
Herederos.
Apellidos que no se escribían.
Voces que no se grababan.
    No buscaban placer.
Buscaban silencio.
    Yo aún no entendía todas las reglas.
Pero comenzaba a reconocer el tablero.

    —No te arrojaré a los lobos —continuó—…
    Te enseñaré a sentarte a la mesa con ellos… hasta que olviden que podrían morderte.

    Entonces llegó la verdadera propuesta.
    Aprendería idiomas.
Finanzas.
Arte.
Negociación.
    Aprendería a leer a un hombre antes de que terminara su primera mentira.
    Me sostuvo la mirada como si ya hubiera tomado la decisión.

    —Te convertiré en algo que no puedan comprar por completo —dijo finalmente—
Lo verdaderamente exclusivo no es lo que se posee…
es lo que nunca se termina de alcanzar.

    Ahí entendí lo que había visto en mí.
    No mi historia.
No mi apellido.
    Mi contención.
    Mientras otras chicas aprendían a agradar, yo sabía observar.
Mientras ellas ofrecían, yo retenía.
Mientras suplicaban atención, yo sabía retirarla.
    No reaccionaba.
Medía.
    No buscaba protección.
Evaluaba riesgos.
    Eso no se enseña.
Se sobrevive.
    A cambio, trabajaría para ella.
    No sería exhibida.
Sería insinuada.
    La pausa antes del deseo.
La conversación que vale más que cualquier joya.
La fantasía servida en cristal fino… que nunca se vacía del todo.
    Y oficialmente…
    Sería su protegida.
    Su “hija”.
    La palabra me atravesó el pecho.
    No fue ternura.
Fue estrategia.
    Yo había dejado de ser hija la noche en que rompí el espejo.
Pero entendí lo que significaba en su mundo:
    Lo que se protege…
    se vuelve invaluable.
    —¿Y qué gana usted? —pregunté.
    Mirena llenó dos copas de vino.
El rojo brilló como rubí líquido.
    —Lealtad —respondió—…..
    Y una heredera que entienda que el poder no se implora… se administra.
    No era cariño lo que veía en mí.
Era potencial.

    Scarlett no era frágil.
Estaba sin tallar.

    Deslizó una copa hacia mí.
    —Los diamantes se forman bajo presión —dijo—
Pero el rubí… el rubí nace del fuego.

    Pensé en la corona.
En el anillo.
En la vida exhibida como porcelana.
    Allá mi destino era adornar.
Aquí… podía aprender a dirigir.

    —Acepto.

    No temblé.
    No fue un gesto maternal cuando extendió la mano.
Fue un contrato.
    Chocamos las copas.
    El sonido fue delicado.
Elegante.
Definitivo.

    Contrato en rubí.
    Después del brindis, Mirena se acercó a un pequeño escritorio y tomó una pluma.
—Si vas a renacer —dijo— necesitas un nombre que no tiemble.

    Escribió en un papel grueso, color marfil:
Scarlett Eleonor Moretti
    Mi segundo nombre.
El que mi madre pronunciaba cuando quería recordarme que la debilidad nunca fue una opción.
    Mirena observó el apellido unos segundos.
Luego, con precisión fría, trazó una línea firme sobre él.
    
Scarlett Eleonor Moretti.

    El gesto no fue desprecio.
Fue desafío.
Sentí el peso del silencio entre nosotras.
    Tomé la pluma de su mano.
Y debajo del apellido tachado… lo escribí otra vez.
    Scarlett Eleonor Moretti.
Más firme. Más mío.
    Mirena no sonrió.
Asintió.
—Bien —murmuró—
La sangre no se abandona.
Se domina.

    Entonces extendió la hoja hacia ella nuevamente.
Añadió, con tinta roja profunda, una última palabra al final del nombre

    Scarlett Eleonor Moretti Blackwood.

    El contraste era evidente.
Uno era herencia.
El otro, elección.

    —Moretti es tu origen —dijo con voz serena—
Blackwood será tu escudo.
    Observé el nombre completo.
No sentí ruptura.
Sentí expansión.
No estaba dejando atrás mi linaje.
Estaba sumando poder al mío.
    Me miré en el espejo intacto.

    No sonaba a huida.
Sonaba a advertencia.
Y comprendí algo, querido diario…
    Algunas mujeres nacen con un apellido.
Otras lo construyen.
Yo acababa de decidir portar ambos.

    — Scarlett Eleonor Moretti Blackwood ᢉ𐭩
    ˖ ݁𖥔. ݁ . 𝑬𝒍 𝑫𝒊𝒂𝒓𝒊𝒐 𝒅𝒆 𝑺𝒄𝒂𝒓𝒍𝒆𝒕𝒕 . ݁.𖥔 ݁ ˖ 
𝑪𝒂𝒑í𝒕𝒖𝒍𝒐 𝑰𝑽: 𝑪𝒐𝒏𝒕𝒓𝒂𝒕𝒐 𝒆𝒏 𝑹𝒖𝒃í Querido diario… La mañana después de mi llegada al burdel no olía a pecado.
 Olía a café oscuro.
 A madera pulida.
A decisiones. Mirena Blackwood no me observaba como mercancía.
Me observaba como inversión. Yo ya había visto esa mirada antes, en salones cubiertos de oro y promesas firmadas con anillos.
En contratos disfrazados de matrimonio.
La diferencia era que aquí nadie fingía pureza. evaluaba mi postura o mis manos… Me hizo una sola pregunta. —¿Quién eres? No fue curiosidad.
Fue diagnóstico. Y por alguna razón que todavía no entiendo… respondí. Le hablé de la corona italiana que nunca se nombraba en voz alta, pero que marcaba cada cena.
De la Mansión Moretti.
Del compromiso arreglado con Nikolai Romanov.
Del anillo que pesaba más que el oro porque no era promesa… era sentencia. Le conté que huí.
Que rompí el espejo la noche en que entendí que mi reflejo ya no me pertenecía.
Que prefería el escándalo al encierro elegante. No omití nada. Y mientras hablaba, no me interrumpió. Cuando terminé, el silencio no fue incómodo.
Fue evaluador. Entonces sí lo dijo. —Eres hermosa —murmuró sin dulzura—
Y la belleza sin inteligencia es carne fresca para lobos. No bajé la mirada. Ya no. —No soy un cordero. Fue en ese momento cuando algo cambió. No vio una víctima.
No vio una fugitiva.
Vio a alguien que había tenido el mundo a sus pies… y aun así eligió incendiarlo. Me explicó cómo funcionaba su mundo.
Las chicas no eran obligadas.
Eran entrenadas.
Educadas.
Pulidas como piedras preciosas antes de tocar la vitrina —Aquí no se vende el cuerpo —dijo mientras servía el café—. Se vende ilusión. Y la ilusión es más cara. Los hombres que cruzaban esas puertas no eran bestias comunes.
Eran políticos.
Empresarios.
Herederos.
Apellidos que no se escribían.
Voces que no se grababan. No buscaban placer.
Buscaban silencio. Yo aún no entendía todas las reglas.
Pero comenzaba a reconocer el tablero. —No te arrojaré a los lobos —continuó—… Te enseñaré a sentarte a la mesa con ellos… hasta que olviden que podrían morderte. Entonces llegó la verdadera propuesta. Aprendería idiomas.
Finanzas.
Arte.
Negociación. Aprendería a leer a un hombre antes de que terminara su primera mentira. Me sostuvo la mirada como si ya hubiera tomado la decisión. —Te convertiré en algo que no puedan comprar por completo —dijo finalmente—
Lo verdaderamente exclusivo no es lo que se posee…
es lo que nunca se termina de alcanzar. Ahí entendí lo que había visto en mí. No mi historia.
No mi apellido. Mi contención. Mientras otras chicas aprendían a agradar, yo sabía observar.
Mientras ellas ofrecían, yo retenía.
Mientras suplicaban atención, yo sabía retirarla. No reaccionaba.
Medía. No buscaba protección.
Evaluaba riesgos. Eso no se enseña.
Se sobrevive. A cambio, trabajaría para ella. No sería exhibida.
Sería insinuada. La pausa antes del deseo.
La conversación que vale más que cualquier joya.
La fantasía servida en cristal fino… que nunca se vacía del todo. Y oficialmente… Sería su protegida. Su “hija”. La palabra me atravesó el pecho. No fue ternura.
Fue estrategia. Yo había dejado de ser hija la noche en que rompí el espejo.
Pero entendí lo que significaba en su mundo: Lo que se protege… se vuelve invaluable. —¿Y qué gana usted? —pregunté. Mirena llenó dos copas de vino.
El rojo brilló como rubí líquido. —Lealtad —respondió—….. Y una heredera que entienda que el poder no se implora… se administra. No era cariño lo que veía en mí.
Era potencial. Scarlett no era frágil.
Estaba sin tallar. Deslizó una copa hacia mí. —Los diamantes se forman bajo presión —dijo—
Pero el rubí… el rubí nace del fuego. Pensé en la corona.
En el anillo.
En la vida exhibida como porcelana. Allá mi destino era adornar.
Aquí… podía aprender a dirigir. —Acepto. No temblé. No fue un gesto maternal cuando extendió la mano.
Fue un contrato. Chocamos las copas. El sonido fue delicado.
Elegante.
Definitivo. Contrato en rubí. Después del brindis, Mirena se acercó a un pequeño escritorio y tomó una pluma.
—Si vas a renacer —dijo— necesitas un nombre que no tiemble. Escribió en un papel grueso, color marfil:
Scarlett Eleonor Moretti Mi segundo nombre.
El que mi madre pronunciaba cuando quería recordarme que la debilidad nunca fue una opción. Mirena observó el apellido unos segundos.
Luego, con precisión fría, trazó una línea firme sobre él. 
Scarlett Eleonor Moretti. El gesto no fue desprecio.
Fue desafío.
Sentí el peso del silencio entre nosotras. Tomé la pluma de su mano.
Y debajo del apellido tachado… lo escribí otra vez. Scarlett Eleonor Moretti.
Más firme. Más mío. Mirena no sonrió.
Asintió.
—Bien —murmuró—
La sangre no se abandona.
Se domina. Entonces extendió la hoja hacia ella nuevamente.
Añadió, con tinta roja profunda, una última palabra al final del nombre Scarlett Eleonor Moretti Blackwood. El contraste era evidente.
Uno era herencia.
El otro, elección. —Moretti es tu origen —dijo con voz serena—
Blackwood será tu escudo. Observé el nombre completo.
No sentí ruptura.
Sentí expansión.
No estaba dejando atrás mi linaje.
Estaba sumando poder al mío. Me miré en el espejo intacto. No sonaba a huida.
Sonaba a advertencia.
Y comprendí algo, querido diario… Algunas mujeres nacen con un apellido.
Otras lo construyen.
Yo acababa de decidir portar ambos. — Scarlett Eleonor Moretti Blackwood ᢉ𐭩
    0 turnos 0 maullidos
  • Un corazón firme no tiene miedo, pero un corazón inestable está plagado de falta de armonía.
    Un corazón firme no tiene miedo, pero un corazón inestable está plagado de falta de armonía.
    0 turnos 0 maullidos
  • — ꜱɪ ꜱɪɢᴜᴇꜱ ᴅɪꜱᴛʀᴀʏᴇ́ɴᴅᴏᴍᴇ, ᴠᴏʏ ᴀ ᴛᴇɴᴇʀ ǫᴜᴇ ᴄᴇʀʀᴀʀ ᴇꜱᴛᴇ ᴛᴏᴍᴏ ʏ ᴇɴᴄᴀʀɢᴀʀᴍᴇ ᴅᴇ ᴛɪ ᴘᴇʀꜱᴏɴᴀʟᴍᴇɴᴛᴇ… (?)
    — ꜱɪ ꜱɪɢᴜᴇꜱ ᴅɪꜱᴛʀᴀʏᴇ́ɴᴅᴏᴍᴇ, ᴠᴏʏ ᴀ ᴛᴇɴᴇʀ ǫᴜᴇ ᴄᴇʀʀᴀʀ ᴇꜱᴛᴇ ᴛᴏᴍᴏ ʏ ᴇɴᴄᴀʀɢᴀʀᴍᴇ ᴅᴇ ᴛɪ ᴘᴇʀꜱᴏɴᴀʟᴍᴇɴᴛᴇ… (?)
    0 turnos 0 maullidos
  • — buenas, buenas, hoy me puse ropa de escuela, solo por la curiosidad, no es que vaya allí, supongo que es divertido
    — buenas, buenas, hoy me puse ropa de escuela, solo por la curiosidad, no es que vaya allí, supongo que es divertido :STK-62:
    Me encocora
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • (resubido: olvide quitar difuminado)
    Dejo esto aquí y me voy lentamente (?)
    Vivian Banshee ℍ𝕦𝕘𝕠 𝕍𝕝𝕒𝕕
    (resubido: olvide quitar difuminado) Dejo esto aquí y me voy lentamente (?) [Vivi.B] [VladHugoRavenlock093]
    Me enjaja
    2
    3 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    #Ro reto personal escribir más completas mis fichas de pjs
    #Ro reto personal escribir más completas mis fichas de pjs
    Me encocora
    1
    0 comentarios 0 compartidos
  • Caramelito para endulzar mi día < 3
    Caramelito para endulzar mi día < 3
    Me encocora
    1
    0 comentarios 0 compartidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    //He estado muy regazada con Flaky y estoy muy triste porque desapareció un chico con el cuál iban a tener una gran trama con Flaky... Siempre se me acercaba hombres queriendo sólo lemon con ella y eso no agradable.

    He decidido a mediados de este año dejar este personaje y que otro personaje tomé está cuenta. Devolveré los pocos roles que ando debiendo apenas me ponga al día en mi cuenta principal. Ya no publicaré nuevas fotos porque ya subí todas las editadas.

    Fin del Comunicado...
    //He estado muy regazada con Flaky y estoy muy triste porque desapareció un chico con el cuál iban a tener una gran trama con Flaky... Siempre se me acercaba hombres queriendo sólo lemon con ella y eso no agradable. He decidido a mediados de este año dejar este personaje y que otro personaje tomé está cuenta. Devolveré los pocos roles que ando debiendo apenas me ponga al día en mi cuenta principal. Ya no publicaré nuevas fotos porque ya subí todas las editadas. Fin del Comunicado...
    Me entristece
    2
    3 comentarios 0 compartidos
  • Quiero mantener una dieta saludable, pero los antojos no ayudan mucho.
    Quiero mantener una dieta saludable, pero los antojos no ayudan mucho.
    3 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados