• Academia de Magia
    Fandom Original
    Categoría Aventura
    *el muchacho de cabello café y ojos verdes se encontría en las afueras de la ciudad después de un vieje de dos horas a una cabaña abandonada donde tenía todo preparado para la invocación, una vez todo está listo el circulo de invocacion se encienden y empieza el ritual*

    POR LOS PODERES DEL INFIERNO, CONCEDEME AL DEMONIO QUE ME ACOMPAÑARÁ HASTA EL FIN DE MIS DÍAS.

    *corta un poco du muñeca y la sangre cae encendiendo el circulo mágico y trayendo a una demonio succubo desde el infierno, Kisuke tomó prestados algunas libros prohibidos fe nigromancia para poder realizar el ritual sin errores*

    (Espero que sea hermosa... Se como obtienen energía así que por lo menos debe a traerme un poco)
    *el muchacho de cabello café y ojos verdes se encontría en las afueras de la ciudad después de un vieje de dos horas a una cabaña abandonada donde tenía todo preparado para la invocación, una vez todo está listo el circulo de invocacion se encienden y empieza el ritual* POR LOS PODERES DEL INFIERNO, CONCEDEME AL DEMONIO QUE ME ACOMPAÑARÁ HASTA EL FIN DE MIS DÍAS. *corta un poco du muñeca y la sangre cae encendiendo el circulo mágico y trayendo a una demonio succubo desde el infierno, Kisuke tomó prestados algunas libros prohibidos fe nigromancia para poder realizar el ritual sin errores* (Espero que sea hermosa... Se como obtienen energía así que por lo menos debe a traerme un poco)
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    Individual
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    40
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  • ああ あなたを追っあつい

    El verano era de verdad inclemente. Y sin embargo lo prefería así.

    Sentir algo de calor, así lo fatigara demás era lo único que lo mantenía en una aparente calma. Por mucho que se asfixiara, por mucho que sintiera una abrumadora sed que no podía saciar a causa del control de líquidos. El diagnóstico había sido claro, lo llevaba en sus manos dentro de una carpeta sencilla con su nombre en la parte delantera. Sin un trasplante puede que no tuviera ni cinco años en su plazo de tiempo, pero está bien. Estaba realmente bien.

    Había entrado en la lista ¿No era eso lo importante? También estaba en prioridad con el DAV, eso era algo ¿no? Siendo sincero consigo mismo, no tenía ni la menor idea de que lograría en algún momento durar tanto, ya fuera por su salud o por su propia mano. Nunca había esperado rozar los 30 años. Se podría decir que ahora veía las cosas un poco diferentes. Solo un poco.

    Había estado lo suficiente reflexionando como para dejar de teñirse el cabello, ya tenía varias líneas argentosas que cruzaban su cabello. Al igual que su Yaeba, sentía una profunda inseguridad por las hebras pálidas que surcaban la cascada negra que era su cabello. Lo bueno es que le había dejado de tener manía incluso al tema de sonreír. Aunque de lejos pareciera desinteresado, o más bien cansado… Lo último era cierto, estaba muy cansado.

    En ese momento se refugiaba del sol al lado de una máquina expendedora, tanta caminata, el sol, el calor, haber ido tantos días al médico. Solo descansar recostado de la pared en ese lugar solitario de la ciudad a pesar de la época del año era suficiente —今日はあついですね — susurraba para si mismo en un momento, su voz exhalada y suave, seguiría caminando cuando recuperara el aliento.

    Valvon
    ああ あなたを追っあつい El verano era de verdad inclemente. Y sin embargo lo prefería así. Sentir algo de calor, así lo fatigara demás era lo único que lo mantenía en una aparente calma. Por mucho que se asfixiara, por mucho que sintiera una abrumadora sed que no podía saciar a causa del control de líquidos. El diagnóstico había sido claro, lo llevaba en sus manos dentro de una carpeta sencilla con su nombre en la parte delantera. Sin un trasplante puede que no tuviera ni cinco años en su plazo de tiempo, pero está bien. Estaba realmente bien. Había entrado en la lista ¿No era eso lo importante? También estaba en prioridad con el DAV, eso era algo ¿no? Siendo sincero consigo mismo, no tenía ni la menor idea de que lograría en algún momento durar tanto, ya fuera por su salud o por su propia mano. Nunca había esperado rozar los 30 años. Se podría decir que ahora veía las cosas un poco diferentes. Solo un poco. Había estado lo suficiente reflexionando como para dejar de teñirse el cabello, ya tenía varias líneas argentosas que cruzaban su cabello. Al igual que su Yaeba, sentía una profunda inseguridad por las hebras pálidas que surcaban la cascada negra que era su cabello. Lo bueno es que le había dejado de tener manía incluso al tema de sonreír. Aunque de lejos pareciera desinteresado, o más bien cansado… Lo último era cierto, estaba muy cansado. En ese momento se refugiaba del sol al lado de una máquina expendedora, tanta caminata, el sol, el calor, haber ido tantos días al médico. Solo descansar recostado de la pared en ese lugar solitario de la ciudad a pesar de la época del año era suficiente —今日はあついですね — susurraba para si mismo en un momento, su voz exhalada y suave, seguiría caminando cuando recuperara el aliento. [lord_havemercy]
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Son solo modas. Las modas pasan rápido.
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  • ενέργεια ενός θεού είναι εκπληκτικά ακόρεστη.
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    —Hay que reconocerle el mérito... no cualquiera convierte un 'no' en un monólogo tan largo...
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  • Yuhi habia sido citada a una pequeña prescentacion en el centro de la plaza, con cierta incertidumbre asistio y con alegria recibio aquella sorpresa siendo un grupo de mariachis que empezaron a tocar en cuando ella llego causandole una risita dulce a la dama -supongo que una cancion o esta de mas-.

    se disponia a sentarse epro el cantante principal la detuvo pues le pidio su mano apra bailar junto a el, Yuhi rodo los ojos divertida aceptando y empezando a bailar junto a el poco a poco atrayendo a ams personas a bailar al ritmo calmo de la cancion que le dedicaban a la bruja.

    https://music.youtube.com/watch?v=j44GMd04HCk&si=CFMX0uCkScPYeKcb
    Yuhi habia sido citada a una pequeña prescentacion en el centro de la plaza, con cierta incertidumbre asistio y con alegria recibio aquella sorpresa siendo un grupo de mariachis que empezaron a tocar en cuando ella llego causandole una risita dulce a la dama -supongo que una cancion o esta de mas-. se disponia a sentarse epro el cantante principal la detuvo pues le pidio su mano apra bailar junto a el, Yuhi rodo los ojos divertida aceptando y empezando a bailar junto a el poco a poco atrayendo a ams personas a bailar al ritmo calmo de la cancion que le dedicaban a la bruja. https://music.youtube.com/watch?v=j44GMd04HCk&si=CFMX0uCkScPYeKcb
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  • You're witnessing the signs of hell
    It burns, it burns, it burns
    You will find no salvation.
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  • Mi amigo pecador: El tanque volcado crujía bajo el viento. Más allá de aquel refugio improvisado, el campo de batalla se extendía como un desierto de cenizas. La tierra estaba teñida de gris, los árboles reducidos a esqueletos carbonizados y el aire olía a humo, sangre y pólvora.

    Dos jóvenes habían sobrevivido a lo imposible o eso parecía...

    Zelkova Legasov, el joven cura, respiraba agitadamente. Su rostro estaba manchado de hollín y sudor. Miró hacia la entrada del casco destrozado y apretó los dientes.

    ●Esos malditos nos engañaron...

    Se volvió hacia su compañero.

    ●¿Estás...?

    Las palabras murieron en su garganta.

    Hart Soger estaba apoyado contra una pared metálica. Una de sus manos presionaba desesperadamente su abdomen. La sangre brotaba entre sus dedos a borbotones, formando un charco oscuro bajo él.

    ○Me duele...

    Susurró Hart con una mueca de agonía.

    ○Me duele mucho... Voy a morir.

    ●¡No!

    Zelkova cayó de rodillas junto a él.

    ●Déjame revisarte. Intentaré cauterizar la herida.

    Hart soltó una risa débil y amarga.

    ○Es inútil, Zel... Intenté ayudarte, pero parece que la cagué... Ja...

    El cura comenzó a presionar la herida con ambas manos. Los guantes negros se empaparon de rojo en cuestión de segundos.

    ●Te sacaré de aquí. ¿Recuerdas? Me enseñaste la foto de tu novia. La verás pronto. Solo resiste...

    Hart emitió un quejido que terminó convirtiéndose en una carcajada rota.

    ○No hay ninguna novia.

    Zelkova parpadeó.

    ●¿Qué?

    ○Esa foto... se la robé a un amigo muerto. Estaba enamorado de ella. Lo envidiaba tanto...

    Su respiración empezó a volverse irregular.

    ○Compartí contigo esa historia porque... yo también quería presumir de un amor verdadero. Quería poner celosos a nuestros compañeros...

    Su mirada vagó hacia el exterior, donde los cadáveres yacían entre las cenizas.

    ○Y míralos... todos muertos.

    Una lágrima descendió por su rostro.

    ○Solo faltaba yo.

    Zelkova no encontró respuesta.

    Hart tragó saliva.

    ○He pecado... Iré al infierno junto a esos bastardos...

    Entonces comenzó a llorar.

    ●¿Por qué lloras?

    Preguntó Zelkova en voz baja.

    Hart cerró los ojos.

    ○Porque tengo miedo.

    Su voz temblaba.

    ○No quiero ir al infierno. Me arrepiento de todo lo que hice en mi vida. Ojalá pudiera ser tan recto como tú.

    Soltó una risa ahogada.

    ○Te envidio. Y eso me enerva porque eres amable con todos...

    Las lágrimas seguían cayendo.

    ○Si pudiera comenzar de cero, cambiaría todo...

    Miró sus manos ensangrentadas.

    ○Y ahora es demasiado tarde.

    Zelkova apoyó la espalda contra la pared metálica del tanque. Su mirada permaneció fija en su amigo.

    ●Nunca es tarde.

    Hart negó lentamente con la cabeza.

    ○No hay cielo para mí.

    Hubo un silencio pesado.

    El joven cura preguntó:

    ●¿Por qué temes al amor de Dios?

    Hart no respondió durante varios segundos. Sus labios temblaron.

    ○Por favor... léeme algo.

    Zelkova asintió.

    Con una voz firme, aunque quebrada por la emoción, recitó:

    ●"Porque yo soy el Señor tu Dios, que sostiene tu mano derecha; yo soy quien te dice: No temas, yo te ayudaré."

    Hart escuchó aquellas palabras como un hombre perdido en medio de una tormenta. Sus ojos estaban rojos e inundados de lágrimas.

    ○¿Por qué somos tan terribles?

    Preguntó.

    Zelkova guardó silencio un instante antes de responder:

    ●Somos larvas solamente, hechas para formar mariposas angélicas que algún día mirarán a Dios de frente.

    Hart sonrió débilmente. Su corazón latía cada vez más lento.

    ○Quédate conmigo...

    Buscó la mano de su amigo.

    ○No me dejes.

    Zelkova la sujetó con fuerza.

    ●Estoy aquí.

    Entonces dijo:

    ●Repite conmigo.

    Hart lo observó.

    Y el cura comenzó a recitar:

    ●"Busqué al Señor y Él me respondió; me libró de todos mis temores."

    Los labios de Hart se movieron.

    ○Busqué... al Señor... y Él me respondió...

    Su voz era apenas un susurro.

    ○Me libró... de todos mis temores...

    Una última exhalación escapó de sus labios. Después llegó el silencio. El viento siguió soplando entre los árboles carbonizados. La mano de Hart perdió toda fuerza. Y cayó inmóvil.

    Zelkova permaneció allí, sujetándola. Esperó. Un segundo. Dos. Diez. Como si se negara a aceptar lo evidente. Por fin comprendió que estaba solo. Las lágrimas comenzaron a descender por sus mejillas ennegrecidas. Luego vino un sollozo. Y después otro hasta que el joven cura alzó el rostro hacia el cielo gris y lanzó un aullido desgarrador.

    ●¡HAAAAART!

    Su voz atravesó el campo muerto.

    ●¡HART!

    Refulgió el eco de un nombre pronunciado por alguien que acababa de perder a su mejor amigo.
    Mi amigo pecador: El tanque volcado crujía bajo el viento. Más allá de aquel refugio improvisado, el campo de batalla se extendía como un desierto de cenizas. La tierra estaba teñida de gris, los árboles reducidos a esqueletos carbonizados y el aire olía a humo, sangre y pólvora. Dos jóvenes habían sobrevivido a lo imposible o eso parecía... Zelkova Legasov, el joven cura, respiraba agitadamente. Su rostro estaba manchado de hollín y sudor. Miró hacia la entrada del casco destrozado y apretó los dientes. ●Esos malditos nos engañaron... Se volvió hacia su compañero. ●¿Estás...? Las palabras murieron en su garganta. Hart Soger estaba apoyado contra una pared metálica. Una de sus manos presionaba desesperadamente su abdomen. La sangre brotaba entre sus dedos a borbotones, formando un charco oscuro bajo él. ○Me duele... Susurró Hart con una mueca de agonía. ○Me duele mucho... Voy a morir. ●¡No! Zelkova cayó de rodillas junto a él. ●Déjame revisarte. Intentaré cauterizar la herida. Hart soltó una risa débil y amarga. ○Es inútil, Zel... Intenté ayudarte, pero parece que la cagué... Ja... El cura comenzó a presionar la herida con ambas manos. Los guantes negros se empaparon de rojo en cuestión de segundos. ●Te sacaré de aquí. ¿Recuerdas? Me enseñaste la foto de tu novia. La verás pronto. Solo resiste... Hart emitió un quejido que terminó convirtiéndose en una carcajada rota. ○No hay ninguna novia. Zelkova parpadeó. ●¿Qué? ○Esa foto... se la robé a un amigo muerto. Estaba enamorado de ella. Lo envidiaba tanto... Su respiración empezó a volverse irregular. ○Compartí contigo esa historia porque... yo también quería presumir de un amor verdadero. Quería poner celosos a nuestros compañeros... Su mirada vagó hacia el exterior, donde los cadáveres yacían entre las cenizas. ○Y míralos... todos muertos. Una lágrima descendió por su rostro. ○Solo faltaba yo. Zelkova no encontró respuesta. Hart tragó saliva. ○He pecado... Iré al infierno junto a esos bastardos... Entonces comenzó a llorar. ●¿Por qué lloras? Preguntó Zelkova en voz baja. Hart cerró los ojos. ○Porque tengo miedo. Su voz temblaba. ○No quiero ir al infierno. Me arrepiento de todo lo que hice en mi vida. Ojalá pudiera ser tan recto como tú. Soltó una risa ahogada. ○Te envidio. Y eso me enerva porque eres amable con todos... Las lágrimas seguían cayendo. ○Si pudiera comenzar de cero, cambiaría todo... Miró sus manos ensangrentadas. ○Y ahora es demasiado tarde. Zelkova apoyó la espalda contra la pared metálica del tanque. Su mirada permaneció fija en su amigo. ●Nunca es tarde. Hart negó lentamente con la cabeza. ○No hay cielo para mí. Hubo un silencio pesado. El joven cura preguntó: ●¿Por qué temes al amor de Dios? Hart no respondió durante varios segundos. Sus labios temblaron. ○Por favor... léeme algo. Zelkova asintió. Con una voz firme, aunque quebrada por la emoción, recitó: ●"Porque yo soy el Señor tu Dios, que sostiene tu mano derecha; yo soy quien te dice: No temas, yo te ayudaré." Hart escuchó aquellas palabras como un hombre perdido en medio de una tormenta. Sus ojos estaban rojos e inundados de lágrimas. ○¿Por qué somos tan terribles? Preguntó. Zelkova guardó silencio un instante antes de responder: ●Somos larvas solamente, hechas para formar mariposas angélicas que algún día mirarán a Dios de frente. Hart sonrió débilmente. Su corazón latía cada vez más lento. ○Quédate conmigo... Buscó la mano de su amigo. ○No me dejes. Zelkova la sujetó con fuerza. ●Estoy aquí. Entonces dijo: ●Repite conmigo. Hart lo observó. Y el cura comenzó a recitar: ●"Busqué al Señor y Él me respondió; me libró de todos mis temores." Los labios de Hart se movieron. ○Busqué... al Señor... y Él me respondió... Su voz era apenas un susurro. ○Me libró... de todos mis temores... Una última exhalación escapó de sus labios. Después llegó el silencio. El viento siguió soplando entre los árboles carbonizados. La mano de Hart perdió toda fuerza. Y cayó inmóvil. Zelkova permaneció allí, sujetándola. Esperó. Un segundo. Dos. Diez. Como si se negara a aceptar lo evidente. Por fin comprendió que estaba solo. Las lágrimas comenzaron a descender por sus mejillas ennegrecidas. Luego vino un sollozo. Y después otro hasta que el joven cura alzó el rostro hacia el cielo gris y lanzó un aullido desgarrador. ●¡HAAAAART! Su voz atravesó el campo muerto. ●¡HART! Refulgió el eco de un nombre pronunciado por alguien que acababa de perder a su mejor amigo.
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  • Ese amor tan profundo como el veneno que te hace suplicar... ¿Dónde estás?
    Ese amor tan profundo como el veneno que te hace suplicar... ¿Dónde estás?
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    Extraño a mi esposa...
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