—Para una ocasión de tal magnitud, la elegancia es el único estandarte posible. No creo que su majestad, María Antonieta, encuentre agravio alguno en que porte mi uniforme de la Guardia Imperial incluso en una boda; después de todo, cuento con su venia real para disponer de este día. Mi espada y mi honor me acompañan, sea en el campo de batalla o en el salón de un banquete.—
—Para una ocasión de tal magnitud, la elegancia es el único estandarte posible. No creo que su majestad, María Antonieta, encuentre agravio alguno en que porte mi uniforme de la Guardia Imperial incluso en una boda; después de todo, cuento con su venia real para disponer de este día. Mi espada y mi honor me acompañan, sea en el campo de batalla o en el salón de un banquete.—