"El amor… siempre suena más sincero bajo la lluvia,
como si la noche obligara a los corazones a decir lo que el día les hace esconder, créanme, se los dije el hijo del amor "
— Elohim Rosenlicht
💗🌙🌧️
"El amor… siempre suena más sincero bajo la lluvia,
como si la noche obligara a los corazones a decir lo que el día les hace esconder, créanme, se los dije el hijo del amor ❤️"
— Elohim Rosenlicht
Maral Romanov no recordaba haber sentido el aire tan pesado.
—Vladimir… —empezó, pero la palabra se le rompió en la garganta.
Se obligó a enderezar la espalda. No podía quebrarse. No todavía. Sus manos temblaban, así que las entrelazó con fuerza frente a su cuerpo, clavando las uñas en la piel hasta sentir un leve dolor que la mantuviera presente.
—Vladimir está muerto.
El silencio que siguió fue antinatural, como si el mundo mismo se negara a aceptar lo que acababa de decir.
Miró a sus padres.
Los ojos de su padre eran dos pozos oscuros, inmóviles, esperando… negando. Pero fue su madre quien reaccionó primero.
—No… —susurró, y luego el susurro se convirtió en un grito desgarrador—. ¡No!
El sonido le atravesó el pecho a Maral.
Su madre cayó de rodillas, las manos temblorosas buscando algo que ya no estaba, algo que nunca volvería a estar. Su llanto llenó la habitación, crudo, sin dignidad, sin control. Era el dolor en su forma más pura.
Maral sintió cómo algo dentro de ella se resquebrajaba.
No llores.
No llores.
No llores.
Se repitió esas palabras como una oración mientras su visión se nublaba apenas. Parpadeó con rapidez, tragándose el ardor en los ojos. No podía permitirse caer. No ahora. No frente a ellos.
Su padre se movió al fin.
Se inclinó para sostener a su esposa, envolviéndola con una fuerza que no era consuelo, sino contención. Sus manos temblaban también. Maral lo notó. Nadie más lo habría hecho, pero ella sí.
Y entonces habló.
—¿Quién?
Una sola palabra. Fría. Mortal.
Maral sintió cómo su voz quería traicionarla otra vez, cómo el temblor amenazaba con romper su fachada cuidadosamente construida.
—Aún no lo sabemos —respondió, aunque cada sílaba le raspó la garganta—. Pero lo sabremos.
Su madre seguía llorando, llamando el nombre de Vladimir una y otra vez, como si pudiera traerlo de vuelta. Como si el amor fuera suficiente para vencer a la muerte.
Maral desvió la mirada apenas un segundo.
Solo un segundo.
Y en ese instante, el dolor la atravesó completa. Un vacío brutal, un golpe seco en el pecho, como si le hubieran arrancado algo esencial. Su hermano. Su compañero. Su historia compartida.
Casi se rompe.
Pero no.
Volvió a alzar la mirada.
Su padre la observaba ahora, y en sus ojos ya no había solo dolor.
Había fuego.
—Sangre por sangre —dijo él, con una voz baja, cargada de una promesa oscura.
Maral respiró hondo.
Sintió el temblor… y lo aplastó.
—Sangre por sangre —repitió.
Y esta vez, su voz no tembló.
Maral Romanov no recordaba haber sentido el aire tan pesado.
—Vladimir… —empezó, pero la palabra se le rompió en la garganta.
Se obligó a enderezar la espalda. No podía quebrarse. No todavía. Sus manos temblaban, así que las entrelazó con fuerza frente a su cuerpo, clavando las uñas en la piel hasta sentir un leve dolor que la mantuviera presente.
—Vladimir está muerto.
El silencio que siguió fue antinatural, como si el mundo mismo se negara a aceptar lo que acababa de decir.
Miró a sus padres.
Los ojos de su padre eran dos pozos oscuros, inmóviles, esperando… negando. Pero fue su madre quien reaccionó primero.
—No… —susurró, y luego el susurro se convirtió en un grito desgarrador—. ¡No!
El sonido le atravesó el pecho a Maral.
Su madre cayó de rodillas, las manos temblorosas buscando algo que ya no estaba, algo que nunca volvería a estar. Su llanto llenó la habitación, crudo, sin dignidad, sin control. Era el dolor en su forma más pura.
Maral sintió cómo algo dentro de ella se resquebrajaba.
No llores.
No llores.
No llores.
Se repitió esas palabras como una oración mientras su visión se nublaba apenas. Parpadeó con rapidez, tragándose el ardor en los ojos. No podía permitirse caer. No ahora. No frente a ellos.
Su padre se movió al fin.
Se inclinó para sostener a su esposa, envolviéndola con una fuerza que no era consuelo, sino contención. Sus manos temblaban también. Maral lo notó. Nadie más lo habría hecho, pero ella sí.
Y entonces habló.
—¿Quién?
Una sola palabra. Fría. Mortal.
Maral sintió cómo su voz quería traicionarla otra vez, cómo el temblor amenazaba con romper su fachada cuidadosamente construida.
—Aún no lo sabemos —respondió, aunque cada sílaba le raspó la garganta—. Pero lo sabremos.
Su madre seguía llorando, llamando el nombre de Vladimir una y otra vez, como si pudiera traerlo de vuelta. Como si el amor fuera suficiente para vencer a la muerte.
Maral desvió la mirada apenas un segundo.
Solo un segundo.
Y en ese instante, el dolor la atravesó completa. Un vacío brutal, un golpe seco en el pecho, como si le hubieran arrancado algo esencial. Su hermano. Su compañero. Su historia compartida.
Casi se rompe.
Pero no.
Volvió a alzar la mirada.
Su padre la observaba ahora, y en sus ojos ya no había solo dolor.
Había fuego.
—Sangre por sangre —dijo él, con una voz baja, cargada de una promesa oscura.
Maral respiró hondo.
Sintió el temblor… y lo aplastó.
—Sangre por sangre —repitió.
Y esta vez, su voz no tembló.
«Supongo que no se puede vivir para siempre en el anonimato absoluto, siendo prácticamente un don nadie.
Nox, es un buen nombre, lo usaré a partir de ahora. No tengo vínculos afectivos y consanguíneos que recuerde, las únicas relaciones que poseo se basan en el trabajo y las cosas que vayan saliendo de ahí, pero de ahí a más, realmente poco importa.
Al final, esa molesta pelirroja tuvo algo de creatividad y utilidad, me servirá como un "pseudo-registro civil andante", aunque con un montón de quejas y lloriqueos encima.
Nox, ese es el nombre que escogí, es quién seré a partir de ahora.»
Entre toda esa reflexión interna, finalizada con una conclusión ya clara. Había terminado otro trabajo más, como casi todos los días, la rutina, el día a día, su normalidad.
身元
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«Supongo que no se puede vivir para siempre en el anonimato absoluto, siendo prácticamente un don nadie.
Nox, es un buen nombre, lo usaré a partir de ahora. No tengo vínculos afectivos y consanguíneos que recuerde, las únicas relaciones que poseo se basan en el trabajo y las cosas que vayan saliendo de ahí, pero de ahí a más, realmente poco importa.
Al final, esa molesta pelirroja tuvo algo de creatividad y utilidad, me servirá como un "pseudo-registro civil andante", aunque con un montón de quejas y lloriqueos encima.
Nox, ese es el nombre que escogí, es quién seré a partir de ahora.»
Entre toda esa reflexión interna, finalizada con una conclusión ya clara. Había terminado otro trabajo más, como casi todos los días, la rutina, el día a día, su normalidad.
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¿He vuelto? Puede ser. Digamos que esto es una prueba para ver cómo andan mis ánimos y qué tanto interés hay por aquí. Si dejé algún hilo pendiente y quieren retomarlo, por favor déjenme el enlace en comentarios o etiquétenme. ¡Gracias y perdón por mis lapsus mentales!
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