• Me encanta cuando estamos asi ¿A ti no?
    Me encanta cuando estamos asi ¿A ti no?
    Me encocora
    1
    1 turno 0 maullidos
  • Ey Noah Black muchas felicidades por tu día, espero que te gusten los regalos
    Ey [Stone_thcx] muchas felicidades por tu día, espero que te gusten los regalos
    0 turnos 0 maullidos
  • Muchas felicidades Noah Black espero que te guste mi regalo
    Muchas felicidades [Stone_thcx] espero que te guste mi regalo
    0 turnos 0 maullidos
  • Paquete especial para Noah Black

    " mi querido cuñado muchísimas felicidades, espero que pases un día maravilloso con Lau, ya cuando os vuelva a ver lo celebramos como es debido y espero que te guste mi obsequio. Att Sae
    Paquete especial para [Stone_thcx] " mi querido cuñado muchísimas felicidades, espero que pases un día maravilloso con Lau, ya cuando os vuelva a ver lo celebramos como es debido y espero que te guste mi obsequio. Att Sae
    0 turnos 0 maullidos
  • Buuu que día más aburrido.

    Buuu que día más aburrido.
    0 turnos 0 maullidos
  • *chibi corre por toda la casa gritando y brincando para escapar ya que era día de baño * ono .... * brincaba contra las ventanas pero habían cerrado toda la casa *
    *chibi corre por toda la casa gritando y brincando para escapar ya que era día de baño * ono .... * brincaba contra las ventanas pero habían cerrado toda la casa *
    0 turnos 0 maullidos
  • 1꧁ঔৣ☬El Eco de los Cuatro Mil Años☬ঔৣ꧂


    El horizonte en el Elíseo de las Sombras no era un lugar, sino una herida abierta de color azul profundo. Allí, donde el tiempo se desangra sin morir, caminaba Eventus. Su figura, una torre de pesadilla coronada por cuernos que desafiaban al vacío, avanzaba con la pesadez de quien carga el peso de trillones de lamentos. En su pecho, las ramificaciones carmesíes brillaban con una luz enferma, alimentándose de la desesperación que él, por decreto del cosmos, debía custodiar.

    A su lado, una pequeña mota de ceniza con forma humana trotaba para no perderse. Un alma nueva. Una curiosidad insignificante en la inmensidad del castigo.

    —¿Eres tú quien decide mi final? —preguntó el alma, con una voz que aún conservaba el temblor de la vida—. Pareces cansado de oírnos. He pasado mi existencia huyendo del silencio, y ahora comprendo que tú eres su único dueño.

    Eventus no respondió. Se limitó a dar la vuelta, iniciando una marcha sin rumbo hacia la nada. Sus pasos no buscaban un destino, pues él ya estaba en todas partes. Caminaba simplemente para huir de la quietud absoluta.

    —Silencio... —retumbó la voz de Eventus, vibrando no en el aire, sino en la esencia misma del alma—. Eso es lo único que existe aquí. Silencio.

    A medida que avanzaban, un sonido rítmico comenzó a quebrar la nada: ploc, ploc. Eran gotas invisibles cayendo sobre un suelo inexistente. No había agua, pero el vacío lloraba.

    —Eres un alma inquieta —sentenció Eventus, sin detenerse—. Rompes la quietud que nos rodea con tus preguntas, pero pronto entenderás que no podrás romper el vacío que te aguarda. Olvida ya lo que es la emoción. Muy pronto, olvidarás la simpatía, el calor y lo que significa ser humano.

    Para demostrar su poder sobre la desolación, Eventus extendió una mano hacia el firmamento. Con un roce de sus dedos largos y sombríos, cambió el azul por un turquesa oscuro, una tonalidad tóxica y profunda. Luego, en un gesto de inesperada piedad —o quizás de nostalgia propia—, hizo descender un sol pálido.

    El vacío se tiñó de un atardecer artificial. No tenía el aroma de la tierra húmeda ni el calor del hogar, pero era belleza al fin y al cabo. Eventus se detuvo y, por un instante que duró milenios, meditó frente a su propia creación.

    —¿Qué hacías? —preguntó el alma tras un tiempo que pareció eterno.

    —¿Qué hacías tú? —replicó Eventus con una curiosidad gélida—. Han pasado mil años desde que nos detuvimos en este lugar. He visto pasar trillones de vidas mientras tú sigues aquí. Eres solo otra sombra que intenta aferrarse a algo que ya no existe. ¿Acaso recuerdas quién eras? ¿Fuiste hombre, mujer o nada? Ya no importa. Jamás lo recordarás.

    —Me aferro porque, si me olvido de mí, tú te quedarás solo —susurró el alma, ahora casi traslúcida—. Si yo dejo de hablar, ¿quién recordará que tú no eres solo un monstruo, sino un ser que anhela su propio camino?

    Eventus sintió una punzada en su interior hueco. Llevaban cuatro mil años caminando juntos. El alma ya no era un trámite; era un espejo.

    —Acepta tu destino —dijo Eventus, retomando la marcha con una tristeza renovada—. Termina tu camino para que puedas ser algo en el Todo. No te aferres por mí... soy solo algo con nada por dentro.

    El alma comenzó a desvanecerse, convirtiéndose en partículas de plata que el azul del fondo empezó a devorar. Antes de desaparecer, lanzó un último pensamiento al ser cósmico: Espero que algún día, el vacío también aprenda a escucharte a ti.

    Eventus se quedó solo una vez más. Se detuvo en mitad de la nada absoluta. No había más palabras, no más preguntas inquietas. Sin embargo, en la inmensidad de su memoria eterna, decidió guardar aquel pequeño destello de cuatro mil años.

    Él era la nada, sí. Pero ahora era una nada que recordaba haber sido acompañada.
    1꧁ঔৣ☬El Eco de los Cuatro Mil Años☬ঔৣ꧂ El horizonte en el Elíseo de las Sombras no era un lugar, sino una herida abierta de color azul profundo. Allí, donde el tiempo se desangra sin morir, caminaba Eventus. Su figura, una torre de pesadilla coronada por cuernos que desafiaban al vacío, avanzaba con la pesadez de quien carga el peso de trillones de lamentos. En su pecho, las ramificaciones carmesíes brillaban con una luz enferma, alimentándose de la desesperación que él, por decreto del cosmos, debía custodiar. A su lado, una pequeña mota de ceniza con forma humana trotaba para no perderse. Un alma nueva. Una curiosidad insignificante en la inmensidad del castigo. —¿Eres tú quien decide mi final? —preguntó el alma, con una voz que aún conservaba el temblor de la vida—. Pareces cansado de oírnos. He pasado mi existencia huyendo del silencio, y ahora comprendo que tú eres su único dueño. Eventus no respondió. Se limitó a dar la vuelta, iniciando una marcha sin rumbo hacia la nada. Sus pasos no buscaban un destino, pues él ya estaba en todas partes. Caminaba simplemente para huir de la quietud absoluta. —Silencio... —retumbó la voz de Eventus, vibrando no en el aire, sino en la esencia misma del alma—. Eso es lo único que existe aquí. Silencio. A medida que avanzaban, un sonido rítmico comenzó a quebrar la nada: ploc, ploc. Eran gotas invisibles cayendo sobre un suelo inexistente. No había agua, pero el vacío lloraba. —Eres un alma inquieta —sentenció Eventus, sin detenerse—. Rompes la quietud que nos rodea con tus preguntas, pero pronto entenderás que no podrás romper el vacío que te aguarda. Olvida ya lo que es la emoción. Muy pronto, olvidarás la simpatía, el calor y lo que significa ser humano. Para demostrar su poder sobre la desolación, Eventus extendió una mano hacia el firmamento. Con un roce de sus dedos largos y sombríos, cambió el azul por un turquesa oscuro, una tonalidad tóxica y profunda. Luego, en un gesto de inesperada piedad —o quizás de nostalgia propia—, hizo descender un sol pálido. El vacío se tiñó de un atardecer artificial. No tenía el aroma de la tierra húmeda ni el calor del hogar, pero era belleza al fin y al cabo. Eventus se detuvo y, por un instante que duró milenios, meditó frente a su propia creación. —¿Qué hacías? —preguntó el alma tras un tiempo que pareció eterno. —¿Qué hacías tú? —replicó Eventus con una curiosidad gélida—. Han pasado mil años desde que nos detuvimos en este lugar. He visto pasar trillones de vidas mientras tú sigues aquí. Eres solo otra sombra que intenta aferrarse a algo que ya no existe. ¿Acaso recuerdas quién eras? ¿Fuiste hombre, mujer o nada? Ya no importa. Jamás lo recordarás. —Me aferro porque, si me olvido de mí, tú te quedarás solo —susurró el alma, ahora casi traslúcida—. Si yo dejo de hablar, ¿quién recordará que tú no eres solo un monstruo, sino un ser que anhela su propio camino? Eventus sintió una punzada en su interior hueco. Llevaban cuatro mil años caminando juntos. El alma ya no era un trámite; era un espejo. —Acepta tu destino —dijo Eventus, retomando la marcha con una tristeza renovada—. Termina tu camino para que puedas ser algo en el Todo. No te aferres por mí... soy solo algo con nada por dentro. El alma comenzó a desvanecerse, convirtiéndose en partículas de plata que el azul del fondo empezó a devorar. Antes de desaparecer, lanzó un último pensamiento al ser cósmico: Espero que algún día, el vacío también aprenda a escucharte a ti. Eventus se quedó solo una vez más. Se detuvo en mitad de la nada absoluta. No había más palabras, no más preguntas inquietas. Sin embargo, en la inmensidad de su memoria eterna, decidió guardar aquel pequeño destello de cuatro mil años. Él era la nada, sí. Pero ahora era una nada que recordaba haber sido acompañada.
    Me encocora
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • Por que la noche solo deja estos momentos de completo silencio
    Por que la noche solo deja estos momentos de completo silencio
    0 turnos 0 maullidos
  • He caminado siglos observando, aprendiendo, he estudiado criaturas de toda índole, sus instintos, sus miedos, la forma en que nacen y mueren, cómo aman y cómo destruyen aquello que dicen proteger. El conocimiento nunca me fue esquivo, lo absorbí como la sangre, con paciencia y precisión. Y aun así, hay algo que se me escapa.

    Los sentimientos compartidos.

    Puedo nombrarlos, definirlos, incluso anticipar sus consecuencias. Sé cuándo una mirada significa apego, cuándo una palabra es promesa y cuándo el silencio es una herida pero vivirlos, eso es otra cosa.

    Las relaciones afectivas me resultan un lenguaje que los demás han experimentado. Todos parecen anhelar ser vistos, elegidos, comprendidos por otro, como si la propia existencia necesitara un reflejo externo para validarse. Yo no lo necesito… ¿o eso es lo que me he repetido durante años?.

    He vivido demasiado como para no notar la ironía: una vampira inmortal...

    Testigo de incontables vínculos, incapaz de descifrar por completo aquello que mueve al mundo. He visto juramentos eternos romperse en décadas, y amores fugaces marcar almas para siempre, las reglas nunca son claras y la lógica rara vez se impone.

    Tal vez el problema no sea la falta de conocimiento, sino el exceso de distancia. He observado tanto desde afuera que olvidé cómo se siente estar dentro de algo, vulnerable, expuesta, sin el control que tanto valoro o que mi familia me impuso.

    No temo a la soledad, la conozco bien pues dediqué mi vida al estudio, pero hay noches pocas, silenciosas en las que me pregunto si comprender los sentimientos requiere algo más que tiempo y estudio. Quizás exige rendirse un poco y eso, incluso para alguien como yo, sigue siendo el mayor de los misterios.

    #Sentimientos
    He caminado siglos observando, aprendiendo, he estudiado criaturas de toda índole, sus instintos, sus miedos, la forma en que nacen y mueren, cómo aman y cómo destruyen aquello que dicen proteger. El conocimiento nunca me fue esquivo, lo absorbí como la sangre, con paciencia y precisión. Y aun así, hay algo que se me escapa. Los sentimientos compartidos. Puedo nombrarlos, definirlos, incluso anticipar sus consecuencias. Sé cuándo una mirada significa apego, cuándo una palabra es promesa y cuándo el silencio es una herida pero vivirlos, eso es otra cosa. Las relaciones afectivas me resultan un lenguaje que los demás han experimentado. Todos parecen anhelar ser vistos, elegidos, comprendidos por otro, como si la propia existencia necesitara un reflejo externo para validarse. Yo no lo necesito… ¿o eso es lo que me he repetido durante años?. He vivido demasiado como para no notar la ironía: una vampira inmortal... Testigo de incontables vínculos, incapaz de descifrar por completo aquello que mueve al mundo. He visto juramentos eternos romperse en décadas, y amores fugaces marcar almas para siempre, las reglas nunca son claras y la lógica rara vez se impone. Tal vez el problema no sea la falta de conocimiento, sino el exceso de distancia. He observado tanto desde afuera que olvidé cómo se siente estar dentro de algo, vulnerable, expuesta, sin el control que tanto valoro o que mi familia me impuso. No temo a la soledad, la conozco bien pues dediqué mi vida al estudio, pero hay noches pocas, silenciosas en las que me pregunto si comprender los sentimientos requiere algo más que tiempo y estudio. Quizás exige rendirse un poco y eso, incluso para alguien como yo, sigue siendo el mayor de los misterios. #Sentimientos
    Me gusta
    Me encocora
    2
    1 turno 0 maullidos
  • Uhhh...estás segur@ de que esto es de mi talla?..
    Uhhh...estás segur@ de que esto es de mi talla?..💦
    Me encocora
    Me gusta
    4
    3 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados