La mañana apenas comenzaba en Mondstadt, y aun así las luces de la oficina de la Gran Maestra Interina ya permanecían encendidas.
Jean llevaba allí desde antes del amanecer.
Sentada detrás de su amplio escritorio de roble, repasaba informes militares y registros comerciales mientras el vapor de una taza de café recién servido ascendía lentamente junto a ella. Afuera, la ciudad apenas despertaba bajo el viento suave de la madrugada, pero una extraña sensación de inquietud había acompañado a Jean desde que abrió los ojos aquella mañana.
Como si algo estuviera por ocurrir.
Tres golpes suaves resonaron en la puerta.
—Adelante.
La puerta se abrió apenas lo suficiente para revelar a Noelle sosteniendo varias cartas cuidadosamente acomodadas entre sus brazos.
+Gran Maestra Jean, llegó la correspondencia de esta mañana.
—Déjala aquí, gracias, Noelle.
La joven obedeció con una sonrisa amable, colocando el montón de sobres sobre el escritorio. Sin embargo, en lugar de marcharse enseguida, permaneció cerca de la puerta, acomodando discretamente sus guantes mientras observaba a Jean revisar los documentos.
Jean apenas comenzaba a separar la correspondencia cuando algo llamó su atención.
Un sello plateado grabado sobre cera oscura.
Un copo de nieve rodeado por adornos espinosos.
Fatui.
El ambiente pareció enfriarse de golpe.
Jean frunció el ceño apenas tomó el sobre.
Noelle notó el cambio en su expresión casi al instante.
+¿Ocurre algo…?
Jean guardó silencio unos segundos antes de romper el sello con cuidado. Luego, en vez de quedarse detrás del escritorio, se acomodó sobre el borde del mismo, cruzando lentamente las piernas mientras comenzaba a leer.
La luz de la mañana iluminaba parcialmente su uniforme blanco y azul, reflejándose sobre los detalles dorados de la oficina mientras sus ojos recorrían cada línea de la carta.
—Como imaginaba… —murmuró en voz baja.
Noelle dudó un momento antes de acercarse un poco más.
+¿Es una mala noticia?
Jean dejó escapar un suspiro cansado.
—Depende de cómo se mire.
Sus dedos sostuvieron la carta con firmeza mientras levantaba la vista hacia Noelle.
—Es una invitación formal de los Fatui. Quieren una cena diplomática.
Noelle parpadeó sorprendida.
+¿Una cena…?
—Mhm. Oficialmente hablan de cooperación comercial, seguridad en rutas y relaciones entre Mondstadt y Snezhnaya…
Jean hizo una pequeña pausa antes de bajar la mirada nuevamente hacia la carta.
—Pero el verdadero objetivo es otro.
Noelle se acercó un poco más, curiosa y preocupada al mismo tiempo.
+¿Qué quieren realmente?
Jean apoyó la carta sobre su muslo y tomó lentamente la taza de café a su lado.
—Quieren establecer una base logística permanente cerca de Mondstadt.
Noelle abrió apenas los ojos.
+¿Los Fatui… aquí?
—“Temporal”, según ellos —respondió Jean con una ligera ironía—. Pero los Fatui rara vez hacen algo sin una intención más profunda.
La oficina quedó en silencio unos instantes.
Noelle observó a Jean con atención. Aunque mantenía aquella postura elegante y serena sobre el escritorio, podía notar el cansancio oculto detrás de su expresión.
La presión.
La responsabilidad.
Las decisiones imposibles.
+Entonces… ¿rechazará la invitación?
Jean permaneció callada unos segundos mientras el vapor del café ascendía lentamente entre ambas.
Finalmente negó con la cabeza.
—No puedo hacerlo.
La respuesta salió más suave de lo esperado.
—Si los ignoramos, podrían usarlo como excusa diplomática. Y si aceptamos demasiado rápido… podrían interpretarlo como debilidad.
Noelle bajó ligeramente la mirada.
+Eso suena difícil…
Jean dejó escapar una pequeña sonrisa cansada al escucharla.
—Bienvenida al trabajo administrativo de los Caballeros de Favonius.
Aquello hizo que Noelle sonriera apenas.
Jean volvió a mirar por la ventana de la oficina, observando cómo la luz del amanecer comenzaba a cubrir lentamente la ciudad.
—Asistiré a la cena —dijo finalmente—. Pero no pienso permitir que los Fatui crean que pueden poner un pie en Mondstadt sin supervisión.
Noelle asintió con firmeza casi de inmediato.
+Entonces me aseguraré de que todo esté preparado para usted, Gran Maestra Jean.
Jean la miró de reojo y, por primera vez esa mañana, su expresión se suavizó ligeramente.
—Gracias, Noelle.
La mañana apenas comenzaba en Mondstadt, y aun así las luces de la oficina de la Gran Maestra Interina ya permanecían encendidas.
Jean llevaba allí desde antes del amanecer.
Sentada detrás de su amplio escritorio de roble, repasaba informes militares y registros comerciales mientras el vapor de una taza de café recién servido ascendía lentamente junto a ella. Afuera, la ciudad apenas despertaba bajo el viento suave de la madrugada, pero una extraña sensación de inquietud había acompañado a Jean desde que abrió los ojos aquella mañana.
Como si algo estuviera por ocurrir.
Tres golpes suaves resonaron en la puerta.
—Adelante.
La puerta se abrió apenas lo suficiente para revelar a Noelle sosteniendo varias cartas cuidadosamente acomodadas entre sus brazos.
+Gran Maestra Jean, llegó la correspondencia de esta mañana.
—Déjala aquí, gracias, Noelle.
La joven obedeció con una sonrisa amable, colocando el montón de sobres sobre el escritorio. Sin embargo, en lugar de marcharse enseguida, permaneció cerca de la puerta, acomodando discretamente sus guantes mientras observaba a Jean revisar los documentos.
Jean apenas comenzaba a separar la correspondencia cuando algo llamó su atención.
Un sello plateado grabado sobre cera oscura.
Un copo de nieve rodeado por adornos espinosos.
Fatui.
El ambiente pareció enfriarse de golpe.
Jean frunció el ceño apenas tomó el sobre.
Noelle notó el cambio en su expresión casi al instante.
+¿Ocurre algo…?
Jean guardó silencio unos segundos antes de romper el sello con cuidado. Luego, en vez de quedarse detrás del escritorio, se acomodó sobre el borde del mismo, cruzando lentamente las piernas mientras comenzaba a leer.
La luz de la mañana iluminaba parcialmente su uniforme blanco y azul, reflejándose sobre los detalles dorados de la oficina mientras sus ojos recorrían cada línea de la carta.
—Como imaginaba… —murmuró en voz baja.
Noelle dudó un momento antes de acercarse un poco más.
+¿Es una mala noticia?
Jean dejó escapar un suspiro cansado.
—Depende de cómo se mire.
Sus dedos sostuvieron la carta con firmeza mientras levantaba la vista hacia Noelle.
—Es una invitación formal de los Fatui. Quieren una cena diplomática.
Noelle parpadeó sorprendida.
+¿Una cena…?
—Mhm. Oficialmente hablan de cooperación comercial, seguridad en rutas y relaciones entre Mondstadt y Snezhnaya…
Jean hizo una pequeña pausa antes de bajar la mirada nuevamente hacia la carta.
—Pero el verdadero objetivo es otro.
Noelle se acercó un poco más, curiosa y preocupada al mismo tiempo.
+¿Qué quieren realmente?
Jean apoyó la carta sobre su muslo y tomó lentamente la taza de café a su lado.
—Quieren establecer una base logística permanente cerca de Mondstadt.
Noelle abrió apenas los ojos.
+¿Los Fatui… aquí?
—“Temporal”, según ellos —respondió Jean con una ligera ironía—. Pero los Fatui rara vez hacen algo sin una intención más profunda.
La oficina quedó en silencio unos instantes.
Noelle observó a Jean con atención. Aunque mantenía aquella postura elegante y serena sobre el escritorio, podía notar el cansancio oculto detrás de su expresión.
La presión.
La responsabilidad.
Las decisiones imposibles.
+Entonces… ¿rechazará la invitación?
Jean permaneció callada unos segundos mientras el vapor del café ascendía lentamente entre ambas.
Finalmente negó con la cabeza.
—No puedo hacerlo.
La respuesta salió más suave de lo esperado.
—Si los ignoramos, podrían usarlo como excusa diplomática. Y si aceptamos demasiado rápido… podrían interpretarlo como debilidad.
Noelle bajó ligeramente la mirada.
+Eso suena difícil…
Jean dejó escapar una pequeña sonrisa cansada al escucharla.
—Bienvenida al trabajo administrativo de los Caballeros de Favonius.
Aquello hizo que Noelle sonriera apenas.
Jean volvió a mirar por la ventana de la oficina, observando cómo la luz del amanecer comenzaba a cubrir lentamente la ciudad.
—Asistiré a la cena —dijo finalmente—. Pero no pienso permitir que los Fatui crean que pueden poner un pie en Mondstadt sin supervisión.
Noelle asintió con firmeza casi de inmediato.
+Entonces me aseguraré de que todo esté preparado para usted, Gran Maestra Jean.
Jean la miró de reojo y, por primera vez esa mañana, su expresión se suavizó ligeramente.
—Gracias, Noelle.