-El silencio en la habitación era absoluto, apenas interrumpido por el tenue murmullo del viento colándose entre las rendijas. Vergil Sparda permanecía sentado en posición firme, las piernas cruzadas, la espalda recta como una espada envainada. Sus ojos estaban cerrados… pero su mente no conocía descanso.
La meditación, normalmente su refugio, hoy era un campo de batalla.
Cada respiración era medida, profunda controlada, sin embargo la ira seguía allí, ardiendo bajo la superficie con una intensidad peligrosa,aquel sujeto,aquel maldito atrevimiento,sus dedos se tensaron ligeramente sobre sus rodillas al recordar el momento exacto: la mano ajena posándose donde no debía,sobre Alastor,un error,uno que no debía haberse permitido,los párpados de Vergil se abrieron lentamente, revelando una mirada fría, cortante, donde la calma apenas lograba contener la tormenta. Eran celos?,Un principio inquebrantable: lo que le pertenecía no debía ser profanado.Su mandíbula se tensó apenas, y el aire a su alrededor pareció volverse más denso.-
Imperdonable…
—murmuró con voz baja, casi un susurro cargado de filo.
El recuerdo de la pelea del día anterior no le traía satisfacción solo una sensación incompleta. Como si la lección impartida no hubiera sido suficiente.Como si aún quedara algo pendiente.
Cerró los ojos una vez más, obligándose a retomar el control. Pero esta vez, su serenidad ya no era pura… estaba manchada por una promesa silenciosa.
Si alguien volvía a cruzar ese límite…
No habría segunda oportunidad.-
-El silencio en la habitación era absoluto, apenas interrumpido por el tenue murmullo del viento colándose entre las rendijas. Vergil Sparda permanecía sentado en posición firme, las piernas cruzadas, la espalda recta como una espada envainada. Sus ojos estaban cerrados… pero su mente no conocía descanso.
La meditación, normalmente su refugio, hoy era un campo de batalla.
Cada respiración era medida, profunda controlada, sin embargo la ira seguía allí, ardiendo bajo la superficie con una intensidad peligrosa,aquel sujeto,aquel maldito atrevimiento,sus dedos se tensaron ligeramente sobre sus rodillas al recordar el momento exacto: la mano ajena posándose donde no debía,sobre Alastor,un error,uno que no debía haberse permitido,los párpados de Vergil se abrieron lentamente, revelando una mirada fría, cortante, donde la calma apenas lograba contener la tormenta. Eran celos?,Un principio inquebrantable: lo que le pertenecía no debía ser profanado.Su mandíbula se tensó apenas, y el aire a su alrededor pareció volverse más denso.-
Imperdonable…
—murmuró con voz baja, casi un susurro cargado de filo.
El recuerdo de la pelea del día anterior no le traía satisfacción solo una sensación incompleta. Como si la lección impartida no hubiera sido suficiente.Como si aún quedara algo pendiente.
Cerró los ojos una vez más, obligándose a retomar el control. Pero esta vez, su serenidad ya no era pura… estaba manchada por una promesa silenciosa.
Si alguien volvía a cruzar ese límite…
No habría segunda oportunidad.-