• — Si hablar de más fuera delito, ¿cuántos criminales habría aquí?
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  • — Por favor, despejen el lugar.

    Un pequeño grupo de civiles se habían reunido, los restos de un reciente combate yacen presentes junto al cuerpo inerte del criminal que amenazaba con destruirlo todo.
    Ahí, el causante de tal resultado no podía hacer otra cosa más que apartar a los que no estaban involucrados.

    — Nexus se encargará del resto, regresen a sus labores.
    — Por favor, despejen el lugar. Un pequeño grupo de civiles se habían reunido, los restos de un reciente combate yacen presentes junto al cuerpo inerte del criminal que amenazaba con destruirlo todo. Ahí, el causante de tal resultado no podía hacer otra cosa más que apartar a los que no estaban involucrados. — Nexus se encargará del resto, regresen a sus labores.
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  • ⎯a ver... entonces..estás son las criminales que me describiste?
    ⎯Si si, las conozco, son todo un problema!
    ২—Comento, mientras enseñaba el dibujo.—২
    ⎯a ver... entonces..estás son las criminales que me describiste? ⎯Si si, las conozco, son todo un problema! ২—Comento, mientras enseñaba el dibujo.—২
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  • "El choque de guerreros. JIMOTO VS ALEJANDRO".
    Fandom Fantasía, ciencia ficción
    Categoría Acción
    La ciudad brillaba bajo el sol de la tarde, con los edificios reluciendo bajo un cielo despejado. La paz parecía reinar, pero una ruidosa explosión en la avenida principal rompió la calma.

    Un grupo de criminales armados intentaba huir con un botín millonario, disparando a las fuerzas del orden que los perseguían. Sin embargo, antes de que pudieran escapar, una silueta envuelta en una capa verde descendió del cielo.

    —¡Alto ahí, malhechores!— exclamó la imponente figura.

    Era **Gran Saiyaman**, o mejor dicho, Jimoto, un Saiyajin que se había convertido en protector de la Tierra. Con su traje característico, visera oscura y actitud heroica, se lanzó contra los criminales con precisión quirúrgica. En cuestión de segundos, los desarmó y los dejó inconscientes en la calle.

    Los ciudadanos comenzaron a aplaudir, pero antes de que Jimoto pudiera dar su clásico discurso de justicia, un ruido atronador rasgó el cielo. Un objeto metálico atravesó la atmósfera como un meteoro y descendió sobre la ciudad, causando una onda expansiva que sacudió los edificios cercanos.

    Entre el humo y los escombros, una figura emergió. Su traje blanco, ajustado y marcado con símbolos dorados en los codos, brillaba bajo la luz del sol. Su cabello castaño estaba perfectamente peinado hacia atrás, y sus ojos marrones observaron el mundo con una calma imponente.

    —Interesante planeta— murmuró, con una sonrisa apenas perceptible. Luego, elevó la voz—. ¡Habitantes de la Tierra, escuchen! Mi nombre es **Alejandro Zeppeli**, emisario del **Imperio Viltrum**. A partir de este momento, este mundo estará bajo el control de Viltrum. La rebelión no será tolerada.

    El silencio fue absoluto. Nadie entendía lo que estaba ocurriendo. Pero Jimoto, aún con su pose heroica, dio un paso al frente.

    —¡¿Bajo control de qué?!— gritó, ajustando sus guantes—. ¡La Tierra ya tiene un protector, y no dejaré que ningún villano se apodere de ella!

    Alejandro suspiró y extendió una mano con gesto paciente.

    —No soy un villano, joven. Soy un conquistador.

    Sin más palabras, ambos se lanzaron al combate.

    ### **Saiyajin vs. Viltrumita**

    Jimoto, sin perder tiempo, se transformó en **Super Saiyajin**, su cabello dorado brillando con intensidad. Lanzó un rápido combo de golpes, pero Alejandro bloqueó cada uno con una facilidad inquietante.

    —Nada mal— comentó el viltrumita, desviando un puñetazo y respondiendo con una patada que lanzó a Jimoto contra un edificio.

    Pero el Saiyajin no se quedó atrás. Antes de tocar el concreto, se impulsó con una onda de ki y regresó con un **ráfaga de golpes**, logrando impactar a Alejandro en el rostro.

    El viltrumita sonrió.

    —Al menos harás esto interesante.

    Ambos combatientes se elevaron en el aire, intercambiando golpes a una velocidad imposible de seguir para los humanos. Cada choque de sus puños generaba ondas de energía que sacudían la ciudad. Jimoto aprovechó un instante para lanzar un **Kamehameha**, pero Alejandro, en un despliegue de velocidad, lo esquivó en el último segundo y apareció detrás de él, estrellándolo contra el suelo con un golpe brutal.

    Jimoto se incorporó rápidamente, limpiándose la sangre del labio con el dorso de la mano.

    —Vaya, sí que eres duro…

    —No es personal— respondió Alejandro—. Pero si te interpones en los planes del Imperio Viltrum, tendré que eliminarte.

    Antes de que pudieran continuar, una alarma resonó en la ciudad. **Un ejército alienígena había llegado a la Tierra.**

    ### **Un enemigo en común**

    Desde el cielo descendían naves biomecánicas, liberando hordas de criaturas con piel metálica y ojos rojos. Sin dudarlo, comenzaron a arrasar la ciudad, disparando rayos de energía y destruyendo todo a su paso.

    Jimoto y Alejandro se detuvieron.

    —¿Estos son tuyos?— preguntó Jimoto con recelo.

    —No— respondió Alejandro, con un tono más serio—. Y eso es un problema.

    El viltrumita observó el caos con una mezcla de molestia y desdén.

    —Este planeta ya tiene dueño— murmuró, y luego miró a Jimoto—. Si alguien va a conquistar este mundo, será el Imperio Viltrum.

    El Saiyajin sonrió.

    —Eso sí que es una lógica extraña.

    Sin más palabras, ambos guerreros se lanzaron contra el ejército alienígena, luchando lado a lado. Alejandro destrozaba a los invasores con una precisión quirúrgica, mientras que Jimoto los aniquilaba con ráfagas de energía y técnicas de combate Saiyajin.

    La batalla se extendió por horas, hasta que finalmente los invasores fueron erradicados. La ciudad quedó en ruinas, pero la Tierra había sido protegida… por ahora.

    Alejandro flotó en el aire, observando el horizonte.

    —No te equivoques, Saiyajin— dijo, cruzándose de brazos—. Esto no cambia nada. La Tierra sigue siendo territorio viltrumita.

    Jimoto suspiró, cruzando los brazos.

    —Lo que digas, amigo. Pero si intentas algo, ya sabes que no te la pondré fácil.

    Alejandro sonrió levemente.

    —Eso espero.

    Y con esas palabras, el viltrumita se quedó en la Tierra, **vigilándola desde las sombras**, esperando el momento adecuado para reclamarla en nombre del Imperio Viltrum.
    La ciudad brillaba bajo el sol de la tarde, con los edificios reluciendo bajo un cielo despejado. La paz parecía reinar, pero una ruidosa explosión en la avenida principal rompió la calma. Un grupo de criminales armados intentaba huir con un botín millonario, disparando a las fuerzas del orden que los perseguían. Sin embargo, antes de que pudieran escapar, una silueta envuelta en una capa verde descendió del cielo. —¡Alto ahí, malhechores!— exclamó la imponente figura. Era **Gran Saiyaman**, o mejor dicho, Jimoto, un Saiyajin que se había convertido en protector de la Tierra. Con su traje característico, visera oscura y actitud heroica, se lanzó contra los criminales con precisión quirúrgica. En cuestión de segundos, los desarmó y los dejó inconscientes en la calle. Los ciudadanos comenzaron a aplaudir, pero antes de que Jimoto pudiera dar su clásico discurso de justicia, un ruido atronador rasgó el cielo. Un objeto metálico atravesó la atmósfera como un meteoro y descendió sobre la ciudad, causando una onda expansiva que sacudió los edificios cercanos. Entre el humo y los escombros, una figura emergió. Su traje blanco, ajustado y marcado con símbolos dorados en los codos, brillaba bajo la luz del sol. Su cabello castaño estaba perfectamente peinado hacia atrás, y sus ojos marrones observaron el mundo con una calma imponente. —Interesante planeta— murmuró, con una sonrisa apenas perceptible. Luego, elevó la voz—. ¡Habitantes de la Tierra, escuchen! Mi nombre es **Alejandro Zeppeli**, emisario del **Imperio Viltrum**. A partir de este momento, este mundo estará bajo el control de Viltrum. La rebelión no será tolerada. El silencio fue absoluto. Nadie entendía lo que estaba ocurriendo. Pero Jimoto, aún con su pose heroica, dio un paso al frente. —¡¿Bajo control de qué?!— gritó, ajustando sus guantes—. ¡La Tierra ya tiene un protector, y no dejaré que ningún villano se apodere de ella! Alejandro suspiró y extendió una mano con gesto paciente. —No soy un villano, joven. Soy un conquistador. Sin más palabras, ambos se lanzaron al combate. ### **Saiyajin vs. Viltrumita** Jimoto, sin perder tiempo, se transformó en **Super Saiyajin**, su cabello dorado brillando con intensidad. Lanzó un rápido combo de golpes, pero Alejandro bloqueó cada uno con una facilidad inquietante. —Nada mal— comentó el viltrumita, desviando un puñetazo y respondiendo con una patada que lanzó a Jimoto contra un edificio. Pero el Saiyajin no se quedó atrás. Antes de tocar el concreto, se impulsó con una onda de ki y regresó con un **ráfaga de golpes**, logrando impactar a Alejandro en el rostro. El viltrumita sonrió. —Al menos harás esto interesante. Ambos combatientes se elevaron en el aire, intercambiando golpes a una velocidad imposible de seguir para los humanos. Cada choque de sus puños generaba ondas de energía que sacudían la ciudad. Jimoto aprovechó un instante para lanzar un **Kamehameha**, pero Alejandro, en un despliegue de velocidad, lo esquivó en el último segundo y apareció detrás de él, estrellándolo contra el suelo con un golpe brutal. Jimoto se incorporó rápidamente, limpiándose la sangre del labio con el dorso de la mano. —Vaya, sí que eres duro… —No es personal— respondió Alejandro—. Pero si te interpones en los planes del Imperio Viltrum, tendré que eliminarte. Antes de que pudieran continuar, una alarma resonó en la ciudad. **Un ejército alienígena había llegado a la Tierra.** ### **Un enemigo en común** Desde el cielo descendían naves biomecánicas, liberando hordas de criaturas con piel metálica y ojos rojos. Sin dudarlo, comenzaron a arrasar la ciudad, disparando rayos de energía y destruyendo todo a su paso. Jimoto y Alejandro se detuvieron. —¿Estos son tuyos?— preguntó Jimoto con recelo. —No— respondió Alejandro, con un tono más serio—. Y eso es un problema. El viltrumita observó el caos con una mezcla de molestia y desdén. —Este planeta ya tiene dueño— murmuró, y luego miró a Jimoto—. Si alguien va a conquistar este mundo, será el Imperio Viltrum. El Saiyajin sonrió. —Eso sí que es una lógica extraña. Sin más palabras, ambos guerreros se lanzaron contra el ejército alienígena, luchando lado a lado. Alejandro destrozaba a los invasores con una precisión quirúrgica, mientras que Jimoto los aniquilaba con ráfagas de energía y técnicas de combate Saiyajin. La batalla se extendió por horas, hasta que finalmente los invasores fueron erradicados. La ciudad quedó en ruinas, pero la Tierra había sido protegida… por ahora. Alejandro flotó en el aire, observando el horizonte. —No te equivoques, Saiyajin— dijo, cruzándose de brazos—. Esto no cambia nada. La Tierra sigue siendo territorio viltrumita. Jimoto suspiró, cruzando los brazos. —Lo que digas, amigo. Pero si intentas algo, ya sabes que no te la pondré fácil. Alejandro sonrió levemente. —Eso espero. Y con esas palabras, el viltrumita se quedó en la Tierra, **vigilándola desde las sombras**, esperando el momento adecuado para reclamarla en nombre del Imperio Viltrum.
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    Grupal
    Líneas
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    Estado
    Disponible
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  • En una noche tranquila, tres maleantes corrían calle abajo, riendo entre ellos mientras cargaban un saco lleno de billetes robados de una tienda. Creían haber escapado sin problemas… hasta que una voz estridente y llena de dramatismo resonó desde lo alto de un poste de luz.

    *"¡ALTO AHÍ, CRIMINALES! ¡VUESTROS DÍAS DE MALDAD HAN LLEGADO A SU FIN!"*

    Los tres se detuvieron en seco y miraron hacia arriba. Ahí estaba él, con su pose exagerada, el casco brillante y su capa ondeando dramáticamente con el viento nocturno.

    *"¿Pero qué demonios…?"* murmuró uno de los ladrones.

    *"¡JAJA! ¿Quién es este payaso?"* dijo otro, sin poder contener la risa.

    El Gran Sayaman (o mejor dicho, Jimoto, con su orgullo por las nubes) bajó de un salto, aterrizando frente a ellos con otro giro innecesario. Se acomodó la capa con un movimiento elegante y señaló a los criminales con un dedo acusador.

    *"¡Soy el defensor de la justicia! ¡El azote de los villanos! ¡El protector de los inocentes! ¡Soy… EL GRAN SAYAMAN!"*

    Los maleantes intercambiaron miradas y luego estallaron en carcajadas.

    *"¡¿Este tipo es en serio?! ¡Hermano, estamos en una película de superhéroes baratos!"*

    Pero Jimoto no se dejó intimidar. Se agachó en posición de combate y declaró: *"¡Prepárense, porque en tres segundos estarán en el suelo!"*

    Los criminales, aún riendo, se lanzaron hacia él.

    **Un segundo después…**

    Los tres estaban en el suelo, atados con una cuerda que Jimoto sacó de quién sabe dónde. Uno de ellos tenía su cabeza metida en el saco de billetes, otro estaba bocabajo con la capa de Jimoto enredada en su cara, y el tercero simplemente se quedó tirado, sin entender qué había pasado.

    Jimoto se sacudió las manos y posó triunfalmente con los brazos en jarras.

    *"¡Les dije que en tres segundos estarían en el suelo! Aunque me tardé solo uno… debería controlarme un poco."*

    Justo en ese momento, llegó la policía, alertada por los gritos de los criminales. Un oficial bajó de la patrulla y miró la escena con incredulidad.

    *"Oh no… otra vez este tipo."*

    Jimoto hizo un saludo heroico y dijo: *"¡Justicia servida! Ahora debo partir hacia mi próximo desafío. ¡Adiós, fuerzas del orden!"* Y con un salto exagerado, desapareció en la noche… aunque tropezó en la azotea y casi se cae.

    Los oficiales suspiraron mientras los maleantes seguían atados. Uno de ellos murmuró: *"Eso fue humillante…"*

    El oficial negó con la cabeza. *"Sí, lo fue. Pero bueno, al menos atrapó a los idiotas de siempre."*
    En una noche tranquila, tres maleantes corrían calle abajo, riendo entre ellos mientras cargaban un saco lleno de billetes robados de una tienda. Creían haber escapado sin problemas… hasta que una voz estridente y llena de dramatismo resonó desde lo alto de un poste de luz. *"¡ALTO AHÍ, CRIMINALES! ¡VUESTROS DÍAS DE MALDAD HAN LLEGADO A SU FIN!"* Los tres se detuvieron en seco y miraron hacia arriba. Ahí estaba él, con su pose exagerada, el casco brillante y su capa ondeando dramáticamente con el viento nocturno. *"¿Pero qué demonios…?"* murmuró uno de los ladrones. *"¡JAJA! ¿Quién es este payaso?"* dijo otro, sin poder contener la risa. El Gran Sayaman (o mejor dicho, Jimoto, con su orgullo por las nubes) bajó de un salto, aterrizando frente a ellos con otro giro innecesario. Se acomodó la capa con un movimiento elegante y señaló a los criminales con un dedo acusador. *"¡Soy el defensor de la justicia! ¡El azote de los villanos! ¡El protector de los inocentes! ¡Soy… EL GRAN SAYAMAN!"* Los maleantes intercambiaron miradas y luego estallaron en carcajadas. *"¡¿Este tipo es en serio?! ¡Hermano, estamos en una película de superhéroes baratos!"* Pero Jimoto no se dejó intimidar. Se agachó en posición de combate y declaró: *"¡Prepárense, porque en tres segundos estarán en el suelo!"* Los criminales, aún riendo, se lanzaron hacia él. **Un segundo después…** Los tres estaban en el suelo, atados con una cuerda que Jimoto sacó de quién sabe dónde. Uno de ellos tenía su cabeza metida en el saco de billetes, otro estaba bocabajo con la capa de Jimoto enredada en su cara, y el tercero simplemente se quedó tirado, sin entender qué había pasado. Jimoto se sacudió las manos y posó triunfalmente con los brazos en jarras. *"¡Les dije que en tres segundos estarían en el suelo! Aunque me tardé solo uno… debería controlarme un poco."* Justo en ese momento, llegó la policía, alertada por los gritos de los criminales. Un oficial bajó de la patrulla y miró la escena con incredulidad. *"Oh no… otra vez este tipo."* Jimoto hizo un saludo heroico y dijo: *"¡Justicia servida! Ahora debo partir hacia mi próximo desafío. ¡Adiós, fuerzas del orden!"* Y con un salto exagerado, desapareció en la noche… aunque tropezó en la azotea y casi se cae. Los oficiales suspiraron mientras los maleantes seguían atados. Uno de ellos murmuró: *"Eso fue humillante…"* El oficial negó con la cabeza. *"Sí, lo fue. Pero bueno, al menos atrapó a los idiotas de siempre."*
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  • Con Shiori de criminal y medio consejo queriendo matarla mejor se va de vacaciones mentales a algún lugar paradisiaco remoto ¿quién quiere ahogarse conmigo? #yolo
    Con Shiori de criminal y medio consejo queriendo matarla mejor se va de vacaciones mentales a algún lugar paradisiaco remoto ¿quién quiere ahogarse conmigo? #yolo
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  • Son mañanas complicadas, hay días festivos próximos y la gente anda como loca por la calle, también lo está el tránsito y la maldita policía intolerante. Pero hay que trabajar igual porque como dijo una famosa filósofa de vida: no vives de ensalada.
    Con su espalda apoyada en la pared de esa esquina y auriculares en los oídos, finge estar esperando algo. Lleva una mochila universitaria aunque no es estudiante, y zapatillas super limpias. Todo es un acting, en verdad está haciendo tiempo en esa esquina, mientras su colega está asaltando el segundo piso de ese edificio. No son criminales serios, sólo buscan algo de efectivo rápido para cosas frugales.

    Imagina que su caco-partner saldrá por el balcón, todavía no lo resolvieron, lo único que es seguro es que debe distraer a cualquiera que quiera entrar a su casa esa mañana.
    Está muy tranquilo, porque así son todas las mañanas de su vida: inesperadas, llenas de adrenalina, aventuras, y tal vez una buena paliza al final del día para cenar.
    Son mañanas complicadas, hay días festivos próximos y la gente anda como loca por la calle, también lo está el tránsito y la maldita policía intolerante. Pero hay que trabajar igual porque como dijo una famosa filósofa de vida: no vives de ensalada. Con su espalda apoyada en la pared de esa esquina y auriculares en los oídos, finge estar esperando algo. Lleva una mochila universitaria aunque no es estudiante, y zapatillas super limpias. Todo es un acting, en verdad está haciendo tiempo en esa esquina, mientras su colega está asaltando el segundo piso de ese edificio. No son criminales serios, sólo buscan algo de efectivo rápido para cosas frugales. Imagina que su caco-partner saldrá por el balcón, todavía no lo resolvieron, lo único que es seguro es que debe distraer a cualquiera que quiera entrar a su casa esa mañana. Está muy tranquilo, porque así son todas las mañanas de su vida: inesperadas, llenas de adrenalina, aventuras, y tal vez una buena paliza al final del día para cenar.
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  • —¿Buscan algo en particular? —preguntó el librero, un hombre de aspecto amable con gafas redondas.

    —Estamos buscando... —comenzó Lena, hojeando un libro de poesía.

    —...algo que nos haga sentir mariposas en el estómago —completó Vera, con una sonrisa pícara, mientras recorría los estantes de novelas de misterio.

    —¿Mariposas? —repitió el librero, con una ceja levantada—. ¿Quizás una novela romántica?

    —Demasiado obvio —dijo Vera, con una mueca—. Necesitamos algo más... intrigante.

    —¿Intrigante? ¿Quizás una novela criminal? —preguntó el librero, con curiosidad.

    —No...más bien algo que nos haga cuestionar la realidad —explicó Lena, con una mirada profunda.

    —¿Un libro de filosofía? —sugirió el librero, señalando un estante lleno de libros gruesos.

    —Mmm... interesante —dijo Vera, con una sonrisa—. Pero... ¿y si le añadimos un toque de misterio?

    —¿Misterio? —repitió el librero, con una ceja levantada.

    —Un secreto oculto entre las páginas —dijo Lena, con una mirada enigmática.

    —¿Y qué tipo de secreto sería ese? —preguntó el librero, con cautela.

    Lena y Vera intercambiaron una mirada cómplice, antes de responder al unísono:

    —Un juego.
    —¿Buscan algo en particular? —preguntó el librero, un hombre de aspecto amable con gafas redondas. —Estamos buscando... —comenzó Lena, hojeando un libro de poesía. —...algo que nos haga sentir mariposas en el estómago —completó Vera, con una sonrisa pícara, mientras recorría los estantes de novelas de misterio. —¿Mariposas? —repitió el librero, con una ceja levantada—. ¿Quizás una novela romántica? —Demasiado obvio —dijo Vera, con una mueca—. Necesitamos algo más... intrigante. —¿Intrigante? ¿Quizás una novela criminal? —preguntó el librero, con curiosidad. —No...más bien algo que nos haga cuestionar la realidad —explicó Lena, con una mirada profunda. —¿Un libro de filosofía? —sugirió el librero, señalando un estante lleno de libros gruesos. —Mmm... interesante —dijo Vera, con una sonrisa—. Pero... ¿y si le añadimos un toque de misterio? —¿Misterio? —repitió el librero, con una ceja levantada. —Un secreto oculto entre las páginas —dijo Lena, con una mirada enigmática. —¿Y qué tipo de secreto sería ese? —preguntó el librero, con cautela. Lena y Vera intercambiaron una mirada cómplice, antes de responder al unísono: —Un juego.
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  • *-Cuando el detective entro hacia la sala no se esperaba encontrarse con aquel chico, el le sonreia con una expresion burlona..como si hubiese calculado friamente que se verian alli-*

    Muy buenas noches detectve..imagino que estara muuuy feliz de verme..cierto?~

    *-El detective muy irritado le pregunto casi que a gritos que habia hecho con los otros criminales que estaban en otras salas, porque los habia asesinado de forma tan fria sin poder tan siquiera defenderse?-*

    Oh..ellos..? Es simple detective..ustedes son los que ponen la ley no..? Pues lo hize por mi cuenta..segun usted..esta mal... Pero..usted no habria hecho lo mismo si le amenazaran..? usted ha matado personas todo por el "nombre de la ley" pero..despues de todo..usted es una basura igual que yo.
    *-Cuando el detective entro hacia la sala no se esperaba encontrarse con aquel chico, el le sonreia con una expresion burlona..como si hubiese calculado friamente que se verian alli-* Muy buenas noches detectve..imagino que estara muuuy feliz de verme..cierto?~ *-El detective muy irritado le pregunto casi que a gritos que habia hecho con los otros criminales que estaban en otras salas, porque los habia asesinado de forma tan fria sin poder tan siquiera defenderse?-* Oh..ellos..? Es simple detective..ustedes son los que ponen la ley no..? Pues lo hize por mi cuenta..segun usted..esta mal... Pero..usted no habria hecho lo mismo si le amenazaran..? usted ha matado personas todo por el "nombre de la ley" pero..despues de todo..usted es una basura igual que yo.
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  • Jimoto avanzaba por la carretera, con su chaqueta al hombro y una sonrisa confiada en el rostro. Había dejado atrás el bullicio de la última ciudad y ahora se acercaba a un nuevo destino. Cuando cruzó la colina, la vio: una ciudad resplandeciente bajo la luz del atardecer, con edificios de arquitectura elegante, calles limpias y parques rebosantes de vegetación.

    —Vaya… esto sí que es un cambio.

    No tardó en adentrarse en la ciudad, donde el ambiente era tranquilo y acogedor. Sin embargo, no todo era paz. Bastaron un par de horas antes de que algo llamara su atención: un intento de asalto en una calle comercial. Jimoto no dudó en intervenir.

    **Gran Saiyaman Omega entró en acción.**

    Saltó desde un edificio y aterrizó entre los criminales y sus víctimas. Con movimientos precisos, desarmó a los agresores y los dejó inconscientes antes de que pudieran reaccionar. Cuando todo terminó, cruzó los brazos con orgullo mientras la gente lo observaba con asombro.

    —¡No teman, ciudadanos! ¡Gran Saiyaman Omega protege esta ciudad!

    Algunos lo aplaudieron, otros simplemente se quedaron en silencio. Jimoto sintió la vergüenza ajena en el aire, pero no le importó. Una vez que la policía llegó, desapareció por los tejados.

    Más tarde, ya sin su traje, decidió buscar un lugar donde descansar. Se encontró con una cafetería con terraza, perfecta para relajarse. Se pidió un café y se dejó caer en una silla, disfrutando de la brisa fresca.

    Fue entonces cuando la vio.

    A unos metros, en otra mesa, una joven tomaba tranquilamente su bebida, observando la ciudad con una expresión serena. Su cabello reflejaba la luz del atardecer, y sus ojos parecían analizar el mundo con una calma intrigante.

    Jimoto parpadeó, sorprendido por la sensación repentina de que había algo especial en ella. No sabía qué era exactamente, pero su presencia le llamaba la atención.

    Tomó un sorbo de su café y la observó de reojo.

    —Interesante…
    Jimoto avanzaba por la carretera, con su chaqueta al hombro y una sonrisa confiada en el rostro. Había dejado atrás el bullicio de la última ciudad y ahora se acercaba a un nuevo destino. Cuando cruzó la colina, la vio: una ciudad resplandeciente bajo la luz del atardecer, con edificios de arquitectura elegante, calles limpias y parques rebosantes de vegetación. —Vaya… esto sí que es un cambio. No tardó en adentrarse en la ciudad, donde el ambiente era tranquilo y acogedor. Sin embargo, no todo era paz. Bastaron un par de horas antes de que algo llamara su atención: un intento de asalto en una calle comercial. Jimoto no dudó en intervenir. **Gran Saiyaman Omega entró en acción.** Saltó desde un edificio y aterrizó entre los criminales y sus víctimas. Con movimientos precisos, desarmó a los agresores y los dejó inconscientes antes de que pudieran reaccionar. Cuando todo terminó, cruzó los brazos con orgullo mientras la gente lo observaba con asombro. —¡No teman, ciudadanos! ¡Gran Saiyaman Omega protege esta ciudad! Algunos lo aplaudieron, otros simplemente se quedaron en silencio. Jimoto sintió la vergüenza ajena en el aire, pero no le importó. Una vez que la policía llegó, desapareció por los tejados. Más tarde, ya sin su traje, decidió buscar un lugar donde descansar. Se encontró con una cafetería con terraza, perfecta para relajarse. Se pidió un café y se dejó caer en una silla, disfrutando de la brisa fresca. Fue entonces cuando la vio. A unos metros, en otra mesa, una joven tomaba tranquilamente su bebida, observando la ciudad con una expresión serena. Su cabello reflejaba la luz del atardecer, y sus ojos parecían analizar el mundo con una calma intrigante. Jimoto parpadeó, sorprendido por la sensación repentina de que había algo especial en ella. No sabía qué era exactamente, pero su presencia le llamaba la atención. Tomó un sorbo de su café y la observó de reojo. —Interesante…
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