• COMUNICADO OFICIAL DE ZYXS

    Bueno.

    Ganaron.

    Habrá campamento.

    Mañana comenzamos oficialmente la actividad. Preparen a sus personajes, porque pasarán varios días perdidos en medio del bosque conviviendo con gente que probablemente no soportan.

    Habrá exploración, misiones, misterios, convivencia y oportunidades para que hagan avanzar sus tramas.

    También habrá consecuencias para las decisiones estúpidas.

    Algunas.

    Tal vez.

    Nos vemos mañana.

    Los odio mucho.
    COMUNICADO OFICIAL DE ZYXS Bueno. Ganaron. Habrá campamento. Mañana comenzamos oficialmente la actividad. Preparen a sus personajes, porque pasarán varios días perdidos en medio del bosque conviviendo con gente que probablemente no soportan. Habrá exploración, misiones, misterios, convivencia y oportunidades para que hagan avanzar sus tramas. También habrá consecuencias para las decisiones estúpidas. Algunas. Tal vez. Nos vemos mañana. Los odio mucho.
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  • —Y ya saben, gente. Si me muero, busquen primero en casa de Enthon. Fin del comunicado.
    —Y ya saben, gente. Si me muero, busquen primero en casa de Enthon. Fin del comunicado.
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  • *Tumbado en el sofá de casa haciendo zapping para encontrar algún canal que me entretuviese llevando así horas por no decir días, aburrido a más no poder refunfuñe levantándome del sofá y me estire haciendo sonar algunos huesos de los brazos y espalda*

    - Se acabó… una cosa es que no pase nada durante días y otra que me aburra como una ostra… es hora de entretenerme como en los viejos tiempos.

    *Mire de reojo a cámara sonriendo ampliamente mostrando mis dientes afilados*

    - Y si telespectadores, hoy voy a ser el “Maxi malo”, a los que se den de héroes mejor no miréis lo que viene a continuación~.

    *Abriendo un portal para pasar por este cerrándolo después, me había llevado a otra dimensión distinta del planeta Tierra estando en Jerusalén (¿Por qué? Me hacía gracia), entrelazando mis dedos para hacerlos crujir y acto seguido hice que toda la ciudad con parte de tierra levitara hacia el cielo, todas las personas gritaron de pánico encerrándose en sus casas, aunque de poco servirían para lo que pasaría después, cada persona empezó a desintegrarse hasta volverse polvo y dejar toda la ciudad sin habitantes, después de eso en mitad de la ciudad hice emerger un castillo estilo de tinieblas, dirigiéndome a mi castillo creado para entrar en la sala del trono, mientras caminaba una armadura fue apareciendo en mí y al alzar el brazo hacia un lado con la palma abierta al ir cerrándola una guadaña apareció*

    - Veamos cómo se las apaña esta dimensión para frenar el surgir de un Rey Demonio… sí sé que es muy cliché pero es lo que mola en los animes de hoy en día.

    *Al sentarme en el trono todo tipo de criaturas demoniacas y de pesadilla empezaron a aparecer por el castillo y la ciudad, incluso la misma ciudad cambio totalmente de estética a una más tipo Souls (si los juegos), las noticias no tardaron en anunciar el trozo de tierra flotante en el cielo, cada helicóptero que grababa la escena los dejaba unos minutos intactos para que pudieran ver lo que había encima y después dar la orden de que los derribasen, dejando a uno de los reporteros con vida junto con su cámara para que lo trajeran a la sala del trono, uno de los guardias le apunto con su espada para que empezara a grabar enfocándome*

    - Humanos… el día de hoy os postrareis ante mi como vuestro rey, los que se opongan a mí seran exterminados… y los que me sigan, seguirán con vida bajo unas ordenes muy estrictas… tenéis 48h para dar vuestro alegato.

    *Al finalizar el comunicado el guardia atravesó con su espada al cámara dejando caer la cámara al suelo dejando de grabar a los segundos pudiéndose ver por último la mano del muerto y sangre, el mundo entero ya supo de la existencia del ser que se autoproclamo su nuevo rey y como tenían que actuar ante dicha situación, con un gesto a uno de los guardias para que viniese hasta mi este se acercó inclinándose un poco*

    - Oye… ¿crees que lo hice bien? ¿parecí bastante imponente y aterrador? A ver tampoco quiero que se rindan tan rápido, es para que den algo de juego…

    Guardia: No se preocupe señor, fue lo justo y necesario para que no se rindiesen de inmediato, bueno al menos no todos.
    *Tumbado en el sofá de casa haciendo zapping para encontrar algún canal que me entretuviese llevando así horas por no decir días, aburrido a más no poder refunfuñe levantándome del sofá y me estire haciendo sonar algunos huesos de los brazos y espalda* - Se acabó… una cosa es que no pase nada durante días y otra que me aburra como una ostra… es hora de entretenerme como en los viejos tiempos. *Mire de reojo a cámara sonriendo ampliamente mostrando mis dientes afilados* - Y si telespectadores, hoy voy a ser el “Maxi malo”, a los que se den de héroes mejor no miréis lo que viene a continuación~. *Abriendo un portal para pasar por este cerrándolo después, me había llevado a otra dimensión distinta del planeta Tierra estando en Jerusalén (¿Por qué? Me hacía gracia), entrelazando mis dedos para hacerlos crujir y acto seguido hice que toda la ciudad con parte de tierra levitara hacia el cielo, todas las personas gritaron de pánico encerrándose en sus casas, aunque de poco servirían para lo que pasaría después, cada persona empezó a desintegrarse hasta volverse polvo y dejar toda la ciudad sin habitantes, después de eso en mitad de la ciudad hice emerger un castillo estilo de tinieblas, dirigiéndome a mi castillo creado para entrar en la sala del trono, mientras caminaba una armadura fue apareciendo en mí y al alzar el brazo hacia un lado con la palma abierta al ir cerrándola una guadaña apareció* - Veamos cómo se las apaña esta dimensión para frenar el surgir de un Rey Demonio… sí sé que es muy cliché pero es lo que mola en los animes de hoy en día. *Al sentarme en el trono todo tipo de criaturas demoniacas y de pesadilla empezaron a aparecer por el castillo y la ciudad, incluso la misma ciudad cambio totalmente de estética a una más tipo Souls (si los juegos), las noticias no tardaron en anunciar el trozo de tierra flotante en el cielo, cada helicóptero que grababa la escena los dejaba unos minutos intactos para que pudieran ver lo que había encima y después dar la orden de que los derribasen, dejando a uno de los reporteros con vida junto con su cámara para que lo trajeran a la sala del trono, uno de los guardias le apunto con su espada para que empezara a grabar enfocándome* - Humanos… el día de hoy os postrareis ante mi como vuestro rey, los que se opongan a mí seran exterminados… y los que me sigan, seguirán con vida bajo unas ordenes muy estrictas… tenéis 48h para dar vuestro alegato. *Al finalizar el comunicado el guardia atravesó con su espada al cámara dejando caer la cámara al suelo dejando de grabar a los segundos pudiéndose ver por último la mano del muerto y sangre, el mundo entero ya supo de la existencia del ser que se autoproclamo su nuevo rey y como tenían que actuar ante dicha situación, con un gesto a uno de los guardias para que viniese hasta mi este se acercó inclinándose un poco* - Oye… ¿crees que lo hice bien? ¿parecí bastante imponente y aterrador? A ver tampoco quiero que se rindan tan rápido, es para que den algo de juego… Guardia: No se preocupe señor, fue lo justo y necesario para que no se rindiesen de inmediato, bueno al menos no todos.
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  • [SclopetariusNox.txt]

    Era una noche como cualquier otra, una donde el club estaba lleno de vida y donde todo tipo de transacciones ocurrían: algunas a voluntad propia, otras a la fuerza. Pero todo era lo "normal" ahí dentro.

    Había una mezcla de aromas que, las primeras veces, hicieron que Oriana quisiera vomitar de inmediato. Alcohol, perfumes demasiado dulces, cigarro, incluso algo más primitivo y desagradable: olores que debían permanecer en la intimidad y no mezclarse con el aire de un salón abarrotado. Pero, hoy en día, ella ya no reaccionaba. Había logrado el entumecer sensaciones con el pasar de los años, aunque casi siempre con ayuda.

    Estaba sentada junto a quien solían llamar Niko, uno de los hombres importantes de la organización, y estos estaban haciendo lo que querían aprovechando que el jefe no estaba presente en esa ocasión.

    Los ojos violeta de la chica permanecían perdidos entre las luces de colores que parpadeaban de forma intermitente sobre el salón. La música que retumbaba por todas partes había dejado de tener sentido hacía rato, la escuchaba distante, sin mencionar las voces de los sujetos alrededor de la mesa que parecían estar festejando mientras también se discutían ciertos negocios. El tráfico de armas, drogas, personas... todo lo que hizo que Oriana cayera en ese infierno por un descuido.

    Pero, entre conversaciones, también se escapaban nombres, no siempre completos, a veces alias. En ocasiones podía recordarlos bien, otras esos recuerdos eran muy difusos, pero siempre tenía que fingir que no escuchaba nada si quería mantenerse con vida.

    Mientras tanto, sostenía una copa en su mano izquierda. Ni siquiera dio un sorbo al líquido, el efecto de otras sustancias había empezado a actuar en su sistema y la hundía lentamente en la sensación de desconexión qje tanto necesitaba para soportar noches difíciles. Movía apenas la copa, ya sin sentir sus dedos.

    -¿Pero no será un problema si se da cuenta de que ese adelanto será sustraído de la cuenta? -preguntó uno de los hombres, a lo que una carcajada siguió por parte del que estaba al lado de la pelinegra.

    -Nah, tendrá otras cosas que hacer y de todos modos se verá reflejado demasiado tarde. El jefe dijo que para cuando lo note nosotros ya habremos cambiado de ubicación. Mientras, nos hizo el trabajo gratis. -volvió a reír antes de descansar la mano en el muslo de la joven. Ella la sintió pesada y más como si fueran garras que dedos, clavándose en su carne.

    Bajó la vista de a poco, fijándose en los rostros que conocía, pero ya se veían borrosos, algunos más que otros. Y, aunque no entendió demasiado, supo identificar que algo no andaba bien. Había una tensión e incomodidad entre ellos que se le podría pegar a ella si no fuera porque estaba más bien ida.

    Antes de que la conversación cambiara ocurrió algo raro: la radio que otro de ellos tenía sonó. Pareció que alguien intentaría hablar del otro lado, pero después se escuchó una estática que, si bien duró pocos segundos, fue suficiente para dejar a todos callados.

    -¿Qué mierda fue eso?

    -Nada, seguro uno de estos tarados apretó sin querer el comunicador. Da igual... -pero no daba igual, en realidad. Pronto descubrirían que el tiro les había salido por la culata.
    [SclopetariusNox.txt] Era una noche como cualquier otra, una donde el club estaba lleno de vida y donde todo tipo de transacciones ocurrían: algunas a voluntad propia, otras a la fuerza. Pero todo era lo "normal" ahí dentro. Había una mezcla de aromas que, las primeras veces, hicieron que Oriana quisiera vomitar de inmediato. Alcohol, perfumes demasiado dulces, cigarro, incluso algo más primitivo y desagradable: olores que debían permanecer en la intimidad y no mezclarse con el aire de un salón abarrotado. Pero, hoy en día, ella ya no reaccionaba. Había logrado el entumecer sensaciones con el pasar de los años, aunque casi siempre con ayuda. Estaba sentada junto a quien solían llamar Niko, uno de los hombres importantes de la organización, y estos estaban haciendo lo que querían aprovechando que el jefe no estaba presente en esa ocasión. Los ojos violeta de la chica permanecían perdidos entre las luces de colores que parpadeaban de forma intermitente sobre el salón. La música que retumbaba por todas partes había dejado de tener sentido hacía rato, la escuchaba distante, sin mencionar las voces de los sujetos alrededor de la mesa que parecían estar festejando mientras también se discutían ciertos negocios. El tráfico de armas, drogas, personas... todo lo que hizo que Oriana cayera en ese infierno por un descuido. Pero, entre conversaciones, también se escapaban nombres, no siempre completos, a veces alias. En ocasiones podía recordarlos bien, otras esos recuerdos eran muy difusos, pero siempre tenía que fingir que no escuchaba nada si quería mantenerse con vida. Mientras tanto, sostenía una copa en su mano izquierda. Ni siquiera dio un sorbo al líquido, el efecto de otras sustancias había empezado a actuar en su sistema y la hundía lentamente en la sensación de desconexión qje tanto necesitaba para soportar noches difíciles. Movía apenas la copa, ya sin sentir sus dedos. -¿Pero no será un problema si se da cuenta de que ese adelanto será sustraído de la cuenta? -preguntó uno de los hombres, a lo que una carcajada siguió por parte del que estaba al lado de la pelinegra. -Nah, tendrá otras cosas que hacer y de todos modos se verá reflejado demasiado tarde. El jefe dijo que para cuando lo note nosotros ya habremos cambiado de ubicación. Mientras, nos hizo el trabajo gratis. -volvió a reír antes de descansar la mano en el muslo de la joven. Ella la sintió pesada y más como si fueran garras que dedos, clavándose en su carne. Bajó la vista de a poco, fijándose en los rostros que conocía, pero ya se veían borrosos, algunos más que otros. Y, aunque no entendió demasiado, supo identificar que algo no andaba bien. Había una tensión e incomodidad entre ellos que se le podría pegar a ella si no fuera porque estaba más bien ida. Antes de que la conversación cambiara ocurrió algo raro: la radio que otro de ellos tenía sonó. Pareció que alguien intentaría hablar del otro lado, pero después se escuchó una estática que, si bien duró pocos segundos, fue suficiente para dejar a todos callados. -¿Qué mierda fue eso? -Nada, seguro uno de estos tarados apretó sin querer el comunicador. Da igual... -pero no daba igual, en realidad. Pronto descubrirían que el tiro les había salido por la culata.
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  • ๏ฝก ๐—ง๐—ต๐—ถ๐˜€ ๐—ฐ๐—ถ๐˜๐˜† ๐—ป๐—ฒ๐˜ƒ๐—ฒ๐—ฟ ๐—ณ๐˜‚๐—ฐ๐—ธ๐—ถ๐—ป๐—ด ๐˜€๐—น๐—ฒ๐—ฒ๐—ฝ.
    Categorรญa Original
    La lluvia no caía.

    Se desplomaba.

    Ácida. Enferma. Con el mismo ánimo de vivir que la mayoría de los habitantes.

    Bajaba desde un cielo sin estrellas, atravesado por anuncios holográficos que parpadeaban sobre los edificios como heridas de neón. Cada gota dejaba manchas iridiscentes sobre el asfalto, mezclándose con vómito, combustible y sangre vieja arrastrada desde algún callejón donde a nadie le importaba quién había gritado por última vez.

    La ciudad seguía viva.

    Y ese era el problema.

    Vivía como viven las cucarachas dentro de un cadáver: moviéndose entre carne podrida, comiendo lo que quedaba y fingiendo que aquello era el progreso.

    Los rascacielos corporativos se elevaban sobre los barrios bajos como dioses en vidrio blindado. Arriba, los ejecutivos bebían agua purificada y vendían guerras con sonrisas perfectas. Abajo, la gente empeñaba pulmones, recuerdos, brazos, córneas y dignidad por una noche más de calefacción, una dosis más de calma o una bala menos en la cabeza.

    Las pantallas gigantes repetían propaganda gubernamental entre comerciales de implantes militares y cuerpos sintéticos de alquiler.

    OBEDECE. CONSUME. MEJORA. SOBREVIVE.


    En mitad de aquella avenida desdentada, bajo el toldo roto de una clínica ilegal de ripperdocs, estaba él.

    El cazador.

    Nadie tenia claro si era su nombre, su oficio o simplemente una advertencia.

    Llevaba un sombrero viejo, empapado por la lluvia y deformado por años de mugre, balas y malas decisiones. El parche sobre su ojo derecho estaba hecho de cuero negro cuarteado, sujeto con una correa que le cruzaba la sien como una cicatriz más en el rostro. Un abrigo largo de fibra antibalas remendada, botas gastadas, guantes sin dedos y una camisa que había sobrevivido a demasiadas peleas para seguir llamándose así misma prenda.

    En su cintura colgaba una pistola pesada, vieja, brutal. No era elegante. No tenía luces decorativas ni asistencia inteligente. Solo era metal, con un retroceso brutal y una tendencia a dejar agujeros enormes sobre la carne humana.

    El cazador aspiró el humo de un cigarrillo y miró el cadáver del hombre tirado frente a él.

    O lo que quedaba.

    Tenía la mandíbula arrancada, cables nerviosos saliéndole del cuello como lombrices plateadas y media cara convertida en una masa brillante de carne, cromo y hueso pulverizado. Sus ojos ópticos seguían encendidos, enfocando y desenfocando el vacío mientras una voz interna repetía, completamente rota:

    — Error... Error... Error…

    El cazador soltó humo por la nariz.

    — Bienvenido al club, idiota.

    A un lado, una mujer con uniforme corporativo temblaba bajo un paraguas transparente. El logo de su empresa brillaba sobre su pecho con una pulcritud obscena, completamente fuera de lugar en una calle donde hasta las ratas parecían tener deudas.

    — Usted fue contratado para traerlo vivo. —dijo ella, intentando sonar firme.

    El cazador giró la cabeza.

    Su único ojo visible era pálido, cansado, hundido bajo una ceja marcada por cicatrices viejas. No había culpa en su expresión.

    Tampoco orgullo.

    Solo hastío.

    — Y él fue contratado para no intentar partirme en dos con unas mantis oxidadas. —respondió con voz ronca—. Mira qué noche tan llena de putas decepciones, ¿no?

    La ejecutiva tragó saliva. Evidentemente nerviosa.

    — La corporación no pagará el total.

    El cazador apagó el cigarrillo contra la chapa ensangrentada del cadáver.

    — La corporación puede meterse el contrato por el puerto neural y actualizarse hasta sangrar por el culo.

    Los drones policiales pasaron por encima, proyectando luces rojas sobre los charcos de sangre.

    Nadie se detuvo. Nadie preguntó.

    En aquella ciudad, si un muerto no bloqueaba el tráfico ni afectaba las acciones de una compañía; era simplemente decoración urbana.

    El cazador se agachó junto al cuerpo y arrancó de su nuca un chip bañado en sangre.

    Lo observó al sostenerlo entre dos dedos, viendo cómo los filamentos internos todavía chisporroteaban como nervios expuestos.

    — Al menos esto sí vale algo.

    La mujer dio un paso atrás.

    — Eso es propiedad privada.

    Él la miró.

    Pesado.

    Despacio.

    Con una paciencia tan podrida que parecía violencia concentrada.

    — Cariño, todo aquí es propiedad privada. Los edificios, la lluvia, tus órganos, mi maldito cansancio. La diferencia es que yo todavía tengo manos para tomar lo que necesito.

    Guardó el chip en el bolsillo interior del abrigo.

    Y la mujer se fue con prisa. Aterrada. Agradecida de no haber muerto.

    Entonces su comunicador vibró.

    Una llamada entrante. Número oculto. Señal encriptada.
    Demasiado limpia para venir de alguien pobre. Demasiado sucia para venir de alguien honesto.

    El cazador suspiró.

    — Fantástico. Más mierda cayendo sobre mí.

    Aceptó la llamada.

    Una voz distorsionada llenó su oído, fría como metal bajo la lengua.

    — Tenemos otro trabajo para ti.

    Él observó la avenida, las pantallas, los cuerpos bajo plástico negro, los niños con implantes baratos rebuscando comida entre contenedores marcados con advertencias químicas.

    Veía a la ciudad entera abrir la boca, masticar a su gente y pedir más.

    — Qué sorpresa... —murmuró—. Por un segundo pensé que el mundo había decidido dejarme pudrir en paz.

    La voz continuó.

    — Hay un activo que se ha rebelado. Tráela. Con vida. 

    El cazador se quedó quieto.

    La lluvia golpeó el ala de su sombrero.

    Una gota bajó por el borde de su parche.

    — ¿Con vida? Eso es complicado.

    — Solo nos sirve con vida. No lo arruines.

    Él soltó una risa baja, áspera, sin humor.

    — Pero ese es mi encanto.

    Hubo un silencio al otro lado de la línea.

    — El riesgo es elevado. La paga alta.

    El cazador cerró el ojo.

    Por un instante, pareció casi dormido de pie bajo la lluvia venenosa.

    Luego sonrió.

    Una mueca desgastada.

    Cansada.

    — Entonces supongo que volveré a vender otro pedazo de mi alma. Total, ya nadie compra el lote completo.

    Cortó la llamada.

    A lo lejos, más allá de los bloques residenciales carcomidos por óxido y pantallas pornográficas defectuosas; una torre abandonada se alzaba contra el cielo eléctrico. Sus ventanas estaban oscuras. Demasiado oscuras para una ciudad que nunca dejaba morir la luz.

    El cazador se acomodó el sombrero, revisó su pistola y empezó a caminar.

    Cada paso chapoteaba en agua sucia, sangre diluida y reflejos de neón.

    — Veamos con que me sorprende esta ciudad de mierda.

    Gruñó para sí mismo, pero siguió avanzando porque en aquel mundo nadie era libre.

    Solo existían distintos precios para la misma condena.
    La lluvia no caía. Se desplomaba. Ácida. Enferma. Con el mismo ánimo de vivir que la mayoría de los habitantes. Bajaba desde un cielo sin estrellas, atravesado por anuncios holográficos que parpadeaban sobre los edificios como heridas de neón. Cada gota dejaba manchas iridiscentes sobre el asfalto, mezclándose con vómito, combustible y sangre vieja arrastrada desde algún callejón donde a nadie le importaba quién había gritado por última vez. La ciudad seguía viva. Y ese era el problema. Vivía como viven las cucarachas dentro de un cadáver: moviéndose entre carne podrida, comiendo lo que quedaba y fingiendo que aquello era el progreso. Los rascacielos corporativos se elevaban sobre los barrios bajos como dioses en vidrio blindado. Arriba, los ejecutivos bebían agua purificada y vendían guerras con sonrisas perfectas. Abajo, la gente empeñaba pulmones, recuerdos, brazos, córneas y dignidad por una noche más de calefacción, una dosis más de calma o una bala menos en la cabeza. Las pantallas gigantes repetían propaganda gubernamental entre comerciales de implantes militares y cuerpos sintéticos de alquiler. OBEDECE. CONSUME. MEJORA. SOBREVIVE. En mitad de aquella avenida desdentada, bajo el toldo roto de una clínica ilegal de ripperdocs, estaba él. El cazador. Nadie tenia claro si era su nombre, su oficio o simplemente una advertencia. Llevaba un sombrero viejo, empapado por la lluvia y deformado por años de mugre, balas y malas decisiones. El parche sobre su ojo derecho estaba hecho de cuero negro cuarteado, sujeto con una correa que le cruzaba la sien como una cicatriz más en el rostro. Un abrigo largo de fibra antibalas remendada, botas gastadas, guantes sin dedos y una camisa que había sobrevivido a demasiadas peleas para seguir llamándose así misma prenda. En su cintura colgaba una pistola pesada, vieja, brutal. No era elegante. No tenía luces decorativas ni asistencia inteligente. Solo era metal, con un retroceso brutal y una tendencia a dejar agujeros enormes sobre la carne humana. El cazador aspiró el humo de un cigarrillo y miró el cadáver del hombre tirado frente a él. O lo que quedaba. Tenía la mandíbula arrancada, cables nerviosos saliéndole del cuello como lombrices plateadas y media cara convertida en una masa brillante de carne, cromo y hueso pulverizado. Sus ojos ópticos seguían encendidos, enfocando y desenfocando el vacío mientras una voz interna repetía, completamente rota: — Error... Error... Error… El cazador soltó humo por la nariz. — Bienvenido al club, idiota. A un lado, una mujer con uniforme corporativo temblaba bajo un paraguas transparente. El logo de su empresa brillaba sobre su pecho con una pulcritud obscena, completamente fuera de lugar en una calle donde hasta las ratas parecían tener deudas. — Usted fue contratado para traerlo vivo. —dijo ella, intentando sonar firme. El cazador giró la cabeza. Su único ojo visible era pálido, cansado, hundido bajo una ceja marcada por cicatrices viejas. No había culpa en su expresión. Tampoco orgullo. Solo hastío. — Y él fue contratado para no intentar partirme en dos con unas mantis oxidadas. —respondió con voz ronca—. Mira qué noche tan llena de putas decepciones, ¿no? La ejecutiva tragó saliva. Evidentemente nerviosa. — La corporación no pagará el total. El cazador apagó el cigarrillo contra la chapa ensangrentada del cadáver. — La corporación puede meterse el contrato por el puerto neural y actualizarse hasta sangrar por el culo. Los drones policiales pasaron por encima, proyectando luces rojas sobre los charcos de sangre. Nadie se detuvo. Nadie preguntó. En aquella ciudad, si un muerto no bloqueaba el tráfico ni afectaba las acciones de una compañía; era simplemente decoración urbana. El cazador se agachó junto al cuerpo y arrancó de su nuca un chip bañado en sangre. Lo observó al sostenerlo entre dos dedos, viendo cómo los filamentos internos todavía chisporroteaban como nervios expuestos. — Al menos esto sí vale algo. La mujer dio un paso atrás. — Eso es propiedad privada. Él la miró. Pesado. Despacio. Con una paciencia tan podrida que parecía violencia concentrada. — Cariño, todo aquí es propiedad privada. Los edificios, la lluvia, tus órganos, mi maldito cansancio. La diferencia es que yo todavía tengo manos para tomar lo que necesito. Guardó el chip en el bolsillo interior del abrigo. Y la mujer se fue con prisa. Aterrada. Agradecida de no haber muerto. Entonces su comunicador vibró. Una llamada entrante. Número oculto. Señal encriptada. Demasiado limpia para venir de alguien pobre. Demasiado sucia para venir de alguien honesto. El cazador suspiró. — Fantástico. Más mierda cayendo sobre mí. Aceptó la llamada. Una voz distorsionada llenó su oído, fría como metal bajo la lengua. — Tenemos otro trabajo para ti. Él observó la avenida, las pantallas, los cuerpos bajo plástico negro, los niños con implantes baratos rebuscando comida entre contenedores marcados con advertencias químicas. Veía a la ciudad entera abrir la boca, masticar a su gente y pedir más. — Qué sorpresa... —murmuró—. Por un segundo pensé que el mundo había decidido dejarme pudrir en paz. La voz continuó. — Hay un activo que se ha rebelado. Tráela. Con vida.  El cazador se quedó quieto. La lluvia golpeó el ala de su sombrero. Una gota bajó por el borde de su parche. — ¿Con vida? Eso es complicado. — Solo nos sirve con vida. No lo arruines. Él soltó una risa baja, áspera, sin humor. — Pero ese es mi encanto. Hubo un silencio al otro lado de la línea. — El riesgo es elevado. La paga alta. El cazador cerró el ojo. Por un instante, pareció casi dormido de pie bajo la lluvia venenosa. Luego sonrió. Una mueca desgastada. Cansada. — Entonces supongo que volveré a vender otro pedazo de mi alma. Total, ya nadie compra el lote completo. Cortó la llamada. A lo lejos, más allá de los bloques residenciales carcomidos por óxido y pantallas pornográficas defectuosas; una torre abandonada se alzaba contra el cielo eléctrico. Sus ventanas estaban oscuras. Demasiado oscuras para una ciudad que nunca dejaba morir la luz. El cazador se acomodó el sombrero, revisó su pistola y empezó a caminar. Cada paso chapoteaba en agua sucia, sangre diluida y reflejos de neón. — Veamos con que me sorprende esta ciudad de mierda. Gruñó para sí mismo, pero siguió avanzando porque en aquel mundo nadie era libre. Solo existían distintos precios para la misma condena.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Comunicado Exprés:
    A Zenith no le agradan los varones de su raza, mucho menos cuando le llegan en modo conquistador.

    Ella los ve como ridículos, jocosos, cursis, sosos, ñoños, así que si ve a uno ligando, lo más probable es que se burle abiertamente o intente ella robar a la mujer para quitarles la conquista

    Como se las quita?
    Con planes de ir a comprar ropa, tomarse fotos eroticas, comer mientras ven algo en la tv y hacerse skin care ~
    Comunicado Exprés: A Zenith no le agradan los varones de su raza, mucho menos cuando le llegan en modo conquistador. Ella los ve como ridículos, jocosos, cursis, sosos, ñoños, así que si ve a uno ligando, lo más probable es que se burle abiertamente o intente ella robar a la mujer para quitarles la conquista Como se las quita? Con planes de ir a comprar ropa, tomarse fotos eroticas, comer mientras ven algo en la tv y hacerse skin care ~
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Tenlo en cuenta al responder.
    ||Me han pedido dejar un comunicado con todo y esta imagen, y dice así:

    Masthian dice que está ocupado, pero al rato viene por sus pendientes, gracias. (?)
    ||Me han pedido dejar un comunicado con todo y esta imagen, y dice así: Masthian dice que está ocupado, pero al rato viene por sus pendientes, gracias. (?)
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  • — Hoy les voy a enseñar a no enamorarse. Primer paso: No me conozcan. Fin del comunicado —Ya iba siendo hora de publicar los desvaríos mentales por Internet (??)
    — Hoy les voy a enseñar a no enamorarse. Primer paso: No me conozcan. Fin del comunicado —Ya iba siendo hora de publicar los desvaríos mentales por Internet (??)
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  • ๐™๐™๐™š ๐™Ž๐™๐™–๐™ฅ๐™š ๐™ฎ๐™ค๐™ช๐™ง ๐™›๐™š๐™–๐™ง ๐™ฉ๐™–๐™ ๐™š๐™จ — ๐‘๐‘’๐‘ค ๐‘Œ๐‘œ๐‘Ÿ๐‘˜ ๐ถ๐‘–๐‘ก๐‘ฆ
    Fandom X-Men/Marvel y rol libre
    Categorรญa Otros
    La lluvia caía con una constancia incómoda, fina pero suficiente para volver la ciudad un reflejo interminable de luces deformadas sobre el asfalto. Nueva York seguía despierta pese a la hora; taxis cruzando avenidas todavía congestionadas, conversaciones perdidas entre el ruido del tráfico y pantallas gigantes proyectando noticias como si el mundo necesitara recordarles cada cinco minutos exactamente a qué debía temerle.

    Caminaba entre la multitud sin prisa real. A veces salía del Instituto únicamente para eso. Caminar, respirar aire que no estuviera cargado de discusiones políticas, reportes de ataques o estudiantes preguntándose si el mundo terminaría odiándolos antes siquiera de que aprendieran a entenderse a sí mismos. No siempre ayudaba, pero aunque había una pizca de esperanza todavía, esta misma estaba extinguiéndose poco a poco; lo sabía.

    Últimamente casi nunca lo hacía.

    Una pantalla suspendida sobre la avenida volvió a cambiar de segmento mientras esperaba junto al cruce peatonal. El logo de Stark apareció acompañado de gráficos, declaraciones oficiales y palabras cuidadosamente escogidas para sonar tranquilizadoras.

    "Modernización, seguridad, implementación avanzada del programa SENTINEL"

    Sostuvo la mirada sobre la pantalla un instante, más de lo necesario. Todavía recordaba el sonido de las voces, el ruido de las secuelas que Genosha dejó. No el de las explosiones, pero sí de todo.

    El silencio imposible de una ciudad entera reducida a humo, concreto roto y cuerpos bajo escombros mientras Centinelas seguían sobrevolando como si aquello hubiera sido una operación cumplida. Recordaba sostener estructuras colapsadas con las manos ensangrentadas buscando sobrevivientes sabiendo, incluso antes de encontrarlos, que muchos ya no estaban vivos.

    ¿Y ahora? El mundo volvía a hablar de Centinelas como si solo fueran tecnología. Como si no existieran cadáveres enterrados bajo esa palabra maldita.

    Desvió finalmente la vista, y fue ahí cuando reanudó con su andar. La multitud seguía desplazándose a su alrededor como una corriente interminable de paraguas oscuros y pasos apresurados. Personas demasiado ocupadas sobreviviendo su propia rutina como para notar los detalles bajo la capucha de su suéter, o el visor rubí que brilla con poca intensidad para pasar desapercibido. La mirada de Summers se alzó ligeramente y con reconocimiento. No de inmediato como alguien conocido, sino como una imagen mal archivada en algún rincón incómodo de su memoria reciente. El rostro apareció primero fragmentado; una fotografía granulada proyectada sobre una mesa de la sala de estrategia, expedientes abiertos entre tazas de café frío y reportes acumulándose demasiado rápido como para ignorarlos.

    Hank había mencionado su nombre también. Posible exposición a manifestaciones psiquicas no clasificadas, episodios visuales recurrentes. Patrones extraños detectados por Cerebro cerca de su ubicación durante las últimas semanas. Nada concluyente todavía, pero suficiente para mantener ese perfil bajo y observación pasiva. Mantuvo la mirada todavía hacia delante, mientras el comunicador emite la voz de Ororo del otro lado.

    Desvió ligeramente el rostro, manteniendo la mirada fija conforme continúa con el canal privado activo, con un movimiento sutil y discreto de la mano cerca del cuello de la chaqueta. —Storm —el ruido de la lluvia cubrió parcialmente su voz. Esperó apenas un segundo, y continuó —, la encontré.

    Su todo bajó automáticamente, volviéndose más serio mientras seguía caminando sin acercarse demasiado todavía.

    —La chica de los reportes de Hank. Coincide con los registros que Cerebro detectó esta semana cerca del Midtown sector —sus ojos se elevaron brevemente hacia la pantalla suspendida sobre la avenida aledaña. Las imágenes publicitarias parpadearon apenas un instante; tan rápido que cualquier persona lo habría ignorado, pero no Scott.


    Tensó la mandíbula en señal de alerta.

    —Y creo que Hank se quedó corto con las anomalías —hizo una pausa. Observó nuevamente a la pantalla tan pronto una sombra se muestra a cierta distancia. Esta observa directo a él, a la multitud, pero con especial énfasis a la chica en cuestión. —No parece consciente de lo que está pasando —añadió finalmente—. Pero algo alrededor de ella está reaccionando.

    El comunicador quedó en silencio unos segundos mientras él intenta reducir apenas el paso y la distancia.

    ¿Entonces? Ocurrió de nuevo...

    Las pantallas sobre la avenida distorsionaron la imagen al mismo tiempo. No completamente; apenas una interferencia brevemente atravesando la señal. Colores deformándose, estática, y si se prestaba la suficiente atención a las pantallas, figuras; tres ojos, uno y miles después.
    La lluvia caía con una constancia incómoda, fina pero suficiente para volver la ciudad un reflejo interminable de luces deformadas sobre el asfalto. Nueva York seguía despierta pese a la hora; taxis cruzando avenidas todavía congestionadas, conversaciones perdidas entre el ruido del tráfico y pantallas gigantes proyectando noticias como si el mundo necesitara recordarles cada cinco minutos exactamente a qué debía temerle. Caminaba entre la multitud sin prisa real. A veces salía del Instituto únicamente para eso. Caminar, respirar aire que no estuviera cargado de discusiones políticas, reportes de ataques o estudiantes preguntándose si el mundo terminaría odiándolos antes siquiera de que aprendieran a entenderse a sí mismos. No siempre ayudaba, pero aunque había una pizca de esperanza todavía, esta misma estaba extinguiéndose poco a poco; lo sabía. Últimamente casi nunca lo hacía. Una pantalla suspendida sobre la avenida volvió a cambiar de segmento mientras esperaba junto al cruce peatonal. El logo de Stark apareció acompañado de gráficos, declaraciones oficiales y palabras cuidadosamente escogidas para sonar tranquilizadoras. "Modernización, seguridad, implementación avanzada del programa SENTINEL" Sostuvo la mirada sobre la pantalla un instante, más de lo necesario. Todavía recordaba el sonido de las voces, el ruido de las secuelas que Genosha dejó. No el de las explosiones, pero sí de todo. El silencio imposible de una ciudad entera reducida a humo, concreto roto y cuerpos bajo escombros mientras Centinelas seguían sobrevolando como si aquello hubiera sido una operación cumplida. Recordaba sostener estructuras colapsadas con las manos ensangrentadas buscando sobrevivientes sabiendo, incluso antes de encontrarlos, que muchos ya no estaban vivos. ¿Y ahora? El mundo volvía a hablar de Centinelas como si solo fueran tecnología. Como si no existieran cadáveres enterrados bajo esa palabra maldita. Desvió finalmente la vista, y fue ahí cuando reanudó con su andar. La multitud seguía desplazándose a su alrededor como una corriente interminable de paraguas oscuros y pasos apresurados. Personas demasiado ocupadas sobreviviendo su propia rutina como para notar los detalles bajo la capucha de su suéter, o el visor rubí que brilla con poca intensidad para pasar desapercibido. La mirada de Summers se alzó ligeramente y con reconocimiento. No de inmediato como alguien conocido, sino como una imagen mal archivada en algún rincón incómodo de su memoria reciente. El rostro apareció primero fragmentado; una fotografía granulada proyectada sobre una mesa de la sala de estrategia, expedientes abiertos entre tazas de café frío y reportes acumulándose demasiado rápido como para ignorarlos. Hank había mencionado su nombre también. Posible exposición a manifestaciones psiquicas no clasificadas, episodios visuales recurrentes. Patrones extraños detectados por Cerebro cerca de su ubicación durante las últimas semanas. Nada concluyente todavía, pero suficiente para mantener ese perfil bajo y observación pasiva. Mantuvo la mirada todavía hacia delante, mientras el comunicador emite la voz de Ororo del otro lado. Desvió ligeramente el rostro, manteniendo la mirada fija conforme continúa con el canal privado activo, con un movimiento sutil y discreto de la mano cerca del cuello de la chaqueta. —Storm —el ruido de la lluvia cubrió parcialmente su voz. Esperó apenas un segundo, y continuó —, la encontré. Su todo bajó automáticamente, volviéndose más serio mientras seguía caminando sin acercarse demasiado todavía. —La chica de los reportes de Hank. Coincide con los registros que Cerebro detectó esta semana cerca del Midtown sector —sus ojos se elevaron brevemente hacia la pantalla suspendida sobre la avenida aledaña. Las imágenes publicitarias parpadearon apenas un instante; tan rápido que cualquier persona lo habría ignorado, pero no Scott. Tensó la mandíbula en señal de alerta. —Y creo que Hank se quedó corto con las anomalías —hizo una pausa. Observó nuevamente a la pantalla tan pronto una sombra se muestra a cierta distancia. Esta observa directo a él, a la multitud, pero con especial énfasis a la chica en cuestión. —No parece consciente de lo que está pasando —añadió finalmente—. Pero algo alrededor de ella está reaccionando. El comunicador quedó en silencio unos segundos mientras él intenta reducir apenas el paso y la distancia. ¿Entonces? Ocurrió de nuevo... Las pantallas sobre la avenida distorsionaron la imagen al mismo tiempo. No completamente; apenas una interferencia brevemente atravesando la señal. Colores deformándose, estática, y si se prestaba la suficiente atención a las pantallas, figuras; tres ojos, uno y miles después.
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    ๐ป๐‘Ž๐‘๐œ„ฬ๐‘Ž ๐‘๐‘œ๐‘™๐‘ฃ๐‘œ ๐‘’๐‘› ๐‘ก๐‘œ๐‘‘๐‘Ž๐‘  ๐‘๐‘Ž๐‘Ÿ๐‘ก๐‘’๐‘ ...

    No esa clase de polvo que se acumula sobre muebles olvidados o edificios viejos. Era esa clase de ceniza mezclada con concreto molido, metal y algo que prefirió no identificar demasiado rápido. Cada vez que respiraba sentía la garganta arderle un poco más, pero dejó de prestarle atención después de los primeros minutos. Había demasiadas cosas alrededor reclamando espacio dentro de su cabeza, que el hecho de pensar se volvía un lujo innecesario en esos instantes.

    ๐บ๐‘’๐‘›๐‘œ๐‘ ๐˜ฉ๐‘Ž ๐‘ก๐‘œ๐‘‘๐‘Ž๐‘ฃ๐œ„ฬ๐‘Ž ๐‘’๐‘ ๐‘ก๐‘Ž๐‘๐‘Ž ๐˜ฉ๐‘ข๐‘š๐‘’๐‘Ž๐‘›๐‘‘๐‘œ.

    Columnas negras subían desde distintos puntos de la isla como si el suelo siguiera incendiándose desde adentro. A la distancia podían escucharse estructuras colapsando solas de vez en cuando; un estruendo seco, luego silencio otra vez. Y eso no fue lo peor. Era el silencio que, entre tanto horror, era lo que irónicamente lograba hacer más ruido. Una ciudad entera reducida a ruido de fuego, escombros y dolor.

    Avanzó entre restos de avenidas de lo que alguna vez fueron calles, pisó algo metálico ocasionalmente, después vidrio... y después ¿Una mano? Pero no se detuvo. Porque si empezaba a mirar demasiado tiempo algo específico, iba a perder el impulso de seguir caminando hasta derrumbarse.

    El comunicador en su oído no había dejado de sonar desde que aterrizaron. Voces entran y salen, intercambian información pero él no escucha. No puede escucharlos, no ahora. Coordenadas, nombres, Charles intentando mantener a todos concentrados en rescates y no en el shock emocional que eso conlleva. Pero Scott escuchaba, respondía cuando era necesario, daba órdenes incluso. El piloto perfecto, el líder, el soldado amaestrado.

    Pero existía algo acumulándose debajo de todo eso. Algo horrible, que llevaba años aprendiendo a mantener encerrado. Recordaba perfectamente una frase del profesor, mucho antes de Genosha, cuando él todavía era demasiado joven para entender lo cansado que podía llegar a sentirse alguien:

    "๐˜•๐˜ฐ ๐˜ฑ๐˜ถ๐˜ฆ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ด ๐˜ฑ๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ฎ๐˜ช๐˜ต๐˜ช๐˜ณ ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ฆ ๐˜ญ๐˜ข ๐˜ณ๐˜ข๐˜ฃ๐˜ช๐˜ข ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ค๐˜ช๐˜ฅ๐˜ข ๐˜ฑ๐˜ฐ๐˜ณ ๐˜ต๐˜ช"

    En ese entonces le había parecido sabio. Parado ahí, rodeado de millones de muertos, le parecía una broma cruel.

    Siguió avanzando entre cuerpos por todas partes. Algunos con la estructura ósea irreconocible, otros apenas mantenían sus rostros ante el horror vivido. Otros intactos, y otros... simplemente dejaron de existir en todo aspecto. Eso fue casi lo peor. Una mujer apoyada contra una pared destruida como si estuviera descansando, un chico enterrado hasta la cintura bajo el concreto. Mutantes que probablemente habían tenido una vida completa hacía menos de una hora y ahora eran parte del paraje destruido de una isla que el mundo ya empezaba a convertir en titular.

    Sintió algo quebrarse dentro suyo cuando encontró lo que quedaba de una escuela. El edificio había colapsado hacia un lado, aplastándose sobre sí mismo. Había dibujos infantiles pegados todavía en una pared partida a la mitad. Soles mal pintados, figuras con capas, y un centinela dibujado con crayones rojos.


    —๐ถ๐‘Ÿ๐‘–๐‘ ๐‘ก๐‘œ... —espeta, pues escuchó algo debajo de los escombros. Quizá creyó escucharlo, por lo que las voces en el transmisor se dispararon. Entre ellas, Charles, quien pedía que esperara por ayuda, que sea sensato. Pero él sabe que la ayuda tardaría en llegar eventualmente, y sería tarde para quien esté debajo.

    Negándose a acatar la orden directa por instinto de urgencia, simplemente se movió; metió ambas manos bajo una viga hundida y empujó con todas sus fuerzas. El concreto rechinó sobre su cabeza de forma amenazante, pero él consiguió seguir pese a todo pronóstico. Fragmentos comenzaron a desprenderse alrededor suyo mientras levantaba parte de la estructura apenas lo suficiente para abrir espacio debajo. Pero las voces no cesaron. Los músculos ardieron al instante y aún así continuó; porque tenía que haber alguien vivo, tenía que existir esa esperanza por más mínima que sea.

    ๐™” ๐™š๐™ฃ๐™ฉ๐™ค๐™ฃ๐™˜๐™š๐™จ ๐™ก๐™ค๐™จ ๐™ซ๐™ž๐™ค...

    Niños. Demasiado quietos para serlo, y lamentablemente para presenciarlo. Uno seguía abrazado a una mochila contra el pecho. Otro estaba cubierto por los restos de un pupitre, y había una niña con polvo gris cubriéndole las pestañas; como si simplemente se hubiera quedado dormida durante la clase.

    Dejó de escuchar el comunicador, y la voz de Charles siguió entrando por el auricular. Él sabía que no había nadie con vida, lo supo siempre y no tuvo las agallas de decírselo a Scott. Pero él no distinguía palabras, solo ruido lejano que se perdía conforme más mira la escena. El peso de la estructura continuaba sobre uno de sus brazos mientras observa en silencio, inmóvil. El visor reflejando rojo sobre el concreto destruido y los cuerpos que yacen.

    Y por primera vez en mucho tiempo, sintió miedo de sí mismo. Porque quiso tomar y destruir todo, algo. No era una sensación solo de golpear y gritar; era destruirlo todo simplemente. Quiso abrir los ojos y partir el horizonte entero en dos. Quiso encontrar cada fábrica, cada laboratorio, cada político que alguna vez permitió que existieran Centinelas y reducirlo todo a cenizas hasta no dejar nada funcionando. El impulso le atravesó el cuerpo tan rápido que tuvo que dejar de apretar la mandíbula para contenerlo, y fue lo que más lo enfermó después.

    No la muerte, no el horror; la facilidad con la que entendió que una parte de él realmente quería soltar el control y no lo hizo. Solo siguió ahí, sosteniendo toneladas de ruinas con una mano mientras miraba a los niños enterrados bajo la escuela.

    ๐™‰๐™ค ๐™ฉ๐™ช๐™ซ๐™ž๐™š๐™ง๐™ค๐™ฃ ๐™ช๐™ฃ๐™– ๐™ซ๐™ž๐™™๐™– ๐™ฅ๐™–๐™ง๐™– ๐™™๐™ž๐™จ๐™›๐™ง๐™ช๐™ฉ๐™–๐™ง, ๐™ฎ ๐™–๐™๐™ค๐™ง๐™– ๐™ฃ๐™ช๐™ฃ๐™˜๐™– ๐™ข๐™–ฬ๐™จ ๐™ก๐™– ๐™ฉ๐™š๐™ฃ๐™™๐™ง๐œพฬ๐™–๐™ฃ.
    ๐™€๐™ก ๐™จ๐™ค๐™ฃ๐™ž๐™™๐™ค ๐™™๐™š ๐™‚๐™š๐™ฃ๐™ค๐™จ๐™๐™– ๐™ข๐™ช๐™ง๐™ž๐™š๐™ฃ๐™™๐™ค — ๐‘š๐‘’๐‘š๐‘œ๐‘Ÿ๐‘–๐‘’๐‘  ๐ผ ๐ป๐‘Ž๐‘๐œ„ฬ๐‘Ž ๐‘๐‘œ๐‘™๐‘ฃ๐‘œ ๐‘’๐‘› ๐‘ก๐‘œ๐‘‘๐‘Ž๐‘  ๐‘๐‘Ž๐‘Ÿ๐‘ก๐‘’๐‘ ... No esa clase de polvo que se acumula sobre muebles olvidados o edificios viejos. Era esa clase de ceniza mezclada con concreto molido, metal y algo que prefirió no identificar demasiado rápido. Cada vez que respiraba sentía la garganta arderle un poco más, pero dejó de prestarle atención después de los primeros minutos. Había demasiadas cosas alrededor reclamando espacio dentro de su cabeza, que el hecho de pensar se volvía un lujo innecesario en esos instantes. ๐บ๐‘’๐‘›๐‘œ๐‘ ๐˜ฉ๐‘Ž ๐‘ก๐‘œ๐‘‘๐‘Ž๐‘ฃ๐œ„ฬ๐‘Ž ๐‘’๐‘ ๐‘ก๐‘Ž๐‘๐‘Ž ๐˜ฉ๐‘ข๐‘š๐‘’๐‘Ž๐‘›๐‘‘๐‘œ. Columnas negras subían desde distintos puntos de la isla como si el suelo siguiera incendiándose desde adentro. A la distancia podían escucharse estructuras colapsando solas de vez en cuando; un estruendo seco, luego silencio otra vez. Y eso no fue lo peor. Era el silencio que, entre tanto horror, era lo que irónicamente lograba hacer más ruido. Una ciudad entera reducida a ruido de fuego, escombros y dolor. Avanzó entre restos de avenidas de lo que alguna vez fueron calles, pisó algo metálico ocasionalmente, después vidrio... y después ¿Una mano? Pero no se detuvo. Porque si empezaba a mirar demasiado tiempo algo específico, iba a perder el impulso de seguir caminando hasta derrumbarse. El comunicador en su oído no había dejado de sonar desde que aterrizaron. Voces entran y salen, intercambian información pero él no escucha. No puede escucharlos, no ahora. Coordenadas, nombres, Charles intentando mantener a todos concentrados en rescates y no en el shock emocional que eso conlleva. Pero Scott escuchaba, respondía cuando era necesario, daba órdenes incluso. El piloto perfecto, el líder, el soldado amaestrado. Pero existía algo acumulándose debajo de todo eso. Algo horrible, que llevaba años aprendiendo a mantener encerrado. Recordaba perfectamente una frase del profesor, mucho antes de Genosha, cuando él todavía era demasiado joven para entender lo cansado que podía llegar a sentirse alguien: "๐˜•๐˜ฐ ๐˜ฑ๐˜ถ๐˜ฆ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ด ๐˜ฑ๐˜ฆ๐˜ณ๐˜ฎ๐˜ช๐˜ต๐˜ช๐˜ณ ๐˜ฒ๐˜ถ๐˜ฆ ๐˜ญ๐˜ข ๐˜ณ๐˜ข๐˜ฃ๐˜ช๐˜ข ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ค๐˜ช๐˜ฅ๐˜ข ๐˜ฑ๐˜ฐ๐˜ณ ๐˜ต๐˜ช" En ese entonces le había parecido sabio. Parado ahí, rodeado de millones de muertos, le parecía una broma cruel. Siguió avanzando entre cuerpos por todas partes. Algunos con la estructura ósea irreconocible, otros apenas mantenían sus rostros ante el horror vivido. Otros intactos, y otros... simplemente dejaron de existir en todo aspecto. Eso fue casi lo peor. Una mujer apoyada contra una pared destruida como si estuviera descansando, un chico enterrado hasta la cintura bajo el concreto. Mutantes que probablemente habían tenido una vida completa hacía menos de una hora y ahora eran parte del paraje destruido de una isla que el mundo ya empezaba a convertir en titular. Sintió algo quebrarse dentro suyo cuando encontró lo que quedaba de una escuela. El edificio había colapsado hacia un lado, aplastándose sobre sí mismo. Había dibujos infantiles pegados todavía en una pared partida a la mitad. Soles mal pintados, figuras con capas, y un centinela dibujado con crayones rojos. —๐ถ๐‘Ÿ๐‘–๐‘ ๐‘ก๐‘œ... —espeta, pues escuchó algo debajo de los escombros. Quizá creyó escucharlo, por lo que las voces en el transmisor se dispararon. Entre ellas, Charles, quien pedía que esperara por ayuda, que sea sensato. Pero él sabe que la ayuda tardaría en llegar eventualmente, y sería tarde para quien esté debajo. Negándose a acatar la orden directa por instinto de urgencia, simplemente se movió; metió ambas manos bajo una viga hundida y empujó con todas sus fuerzas. El concreto rechinó sobre su cabeza de forma amenazante, pero él consiguió seguir pese a todo pronóstico. Fragmentos comenzaron a desprenderse alrededor suyo mientras levantaba parte de la estructura apenas lo suficiente para abrir espacio debajo. Pero las voces no cesaron. Los músculos ardieron al instante y aún así continuó; porque tenía que haber alguien vivo, tenía que existir esa esperanza por más mínima que sea. ๐™” ๐™š๐™ฃ๐™ฉ๐™ค๐™ฃ๐™˜๐™š๐™จ ๐™ก๐™ค๐™จ ๐™ซ๐™ž๐™ค... Niños. Demasiado quietos para serlo, y lamentablemente para presenciarlo. Uno seguía abrazado a una mochila contra el pecho. Otro estaba cubierto por los restos de un pupitre, y había una niña con polvo gris cubriéndole las pestañas; como si simplemente se hubiera quedado dormida durante la clase. Dejó de escuchar el comunicador, y la voz de Charles siguió entrando por el auricular. Él sabía que no había nadie con vida, lo supo siempre y no tuvo las agallas de decírselo a Scott. Pero él no distinguía palabras, solo ruido lejano que se perdía conforme más mira la escena. El peso de la estructura continuaba sobre uno de sus brazos mientras observa en silencio, inmóvil. El visor reflejando rojo sobre el concreto destruido y los cuerpos que yacen. Y por primera vez en mucho tiempo, sintió miedo de sí mismo. Porque quiso tomar y destruir todo, algo. No era una sensación solo de golpear y gritar; era destruirlo todo simplemente. Quiso abrir los ojos y partir el horizonte entero en dos. Quiso encontrar cada fábrica, cada laboratorio, cada político que alguna vez permitió que existieran Centinelas y reducirlo todo a cenizas hasta no dejar nada funcionando. El impulso le atravesó el cuerpo tan rápido que tuvo que dejar de apretar la mandíbula para contenerlo, y fue lo que más lo enfermó después. No la muerte, no el horror; la facilidad con la que entendió que una parte de él realmente quería soltar el control y no lo hizo. Solo siguió ahí, sosteniendo toneladas de ruinas con una mano mientras miraba a los niños enterrados bajo la escuela. ๐™‰๐™ค ๐™ฉ๐™ช๐™ซ๐™ž๐™š๐™ง๐™ค๐™ฃ ๐™ช๐™ฃ๐™– ๐™ซ๐™ž๐™™๐™– ๐™ฅ๐™–๐™ง๐™– ๐™™๐™ž๐™จ๐™›๐™ง๐™ช๐™ฉ๐™–๐™ง, ๐™ฎ ๐™–๐™๐™ค๐™ง๐™– ๐™ฃ๐™ช๐™ฃ๐™˜๐™– ๐™ข๐™–ฬ๐™จ ๐™ก๐™– ๐™ฉ๐™š๐™ฃ๐™™๐™ง๐œพฬ๐™–๐™ฃ.
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