• •Las crónicas de Fenrir Queen•

    KAEL VIREON — ORIGEN

    “El niño que aprendió a romper”

    Antes de que nombres como Fenrir Queen o Yrus alteraran el equilibrio del universo, hubo una guerra. No fue una guerra cualquiera, sino una invasión que desgarró mundos enteros. El cielo se abría como si fuera frágil, la tierra se partía bajo fuerzas imposibles y civilizaciones completas desaparecían sin dejar rastro. En medio de ese caos, donde la destrucción era ley, un niño sobrevivía.

    Herido, abandonado y al borde de la muerte, Kael yacía en una cueva oculta entre montañas devastadas. Su respiración era débil, irregular, y sus heridas no eran normales; no solo estaba roto por fuera, algo en su interior ya mostraba señales de inestabilidad, como si la propia realidad rechazara su existencia.

    Fue allí donde lo encontró una niña. Fenrir, aún joven e inocente, sin comprender la magnitud de la guerra ni el papel que su propia familia jugaba en ella, solo vio a alguien que iba a morir… y decidió que no podía permitirlo. Se acercó lentamente, se arrodilló a su lado y apoyó sus manos sobre la herida. No sabía usar su poder, no lo controlaba, ni siquiera entendía lo que hacía, pero lo intentó. Su energía, pura e inestable, comenzó a fluir de forma torpe y desigual. La curación no fue inmediata ni perfecta; fue lenta, dolorosa, incompleta… pero constante.

    Pasaron días, y esos días se convirtieron en semanas. Fenrir regresaba cada jornada a la cueva, llevándole agua, comida y algo que Kael ya no tenía: compañía. Al principio él apenas reaccionaba, pero con el tiempo empezó a abrir los ojos más seguido, a observarla en silencio, a escucharla. Luego a responder. Poco a poco, sin darse cuenta, dejó de estar completamente solo.

    Una tarde, mientras la luz se colaba débilmente por la entrada de la cueva, ambos estaban sentados en silencio.

    —¿Siempre hablas tanto? —murmuró Kael, con la voz aún débil.

    Fenrir lo miró, sorprendida… y luego sonrió levemente.

    —¿Siempre eres tan serio?

    Kael desvió la mirada.

    —No.

    —Pues deberías —respondió ella, apoyando el mentón sobre sus rodillas—. Si no hablas, todo se vuelve más aburrido.

    —No creo que este lugar pueda ser más aburrido.

    Fenrir soltó una pequeña risa.

    —Entonces tendré que esforzarme más.

    Hubo un breve silencio, pero esta vez no era incómodo.

    —¿Cómo te llamas? —preguntó ella.

    Kael tardó unos segundos en responder.

    —Kael.

    —Kael… —repitió ella, como si probara el nombre—. Suena bien.

    —¿Y tú?

    —Fenrir.

    Kael frunció ligeramente el ceño.

    —Es un nombre raro.

    —El tuyo también —respondió ella sin dudar.

    Por un momento, ambos se miraron… y una ligera sonrisa apareció en el rostro de Kael.

    —Supongo que estamos igual.

    Días después, el ambiente ya no era tan tenso. Kael podía sentarse sin dificultad, y Fenrir seguía llegando cada día con la misma constancia.

    —¿Qué hay fuera? —preguntó Kael un día, mirando hacia la entrada.

    Fenrir dudó.

    —Cosas… malas.

    —¿Guerra?

    Ella bajó la mirada.

    —Creo que sí.

    Kael guardó silencio unos segundos.

    —¿Tienes miedo?

    Fenrir negó lentamente.

    —No… pero tampoco me gusta.

    —A mí tampoco.

    Ella lo miró con curiosidad.

    —Entonces, cuando todo termine… ¿qué harás?

    Kael pensó por un momento.

    —No lo sé… supongo que volver a casa.

    Fenrir sonrió suavemente.

    —Entonces asegúrate de llegar.

    Kael la observó en silencio, como si quisiera decir algo más, pero no lo hizo.

    —¿Y tú? —preguntó finalmente.

    Fenrir levantó la vista hacia el exterior.

    —Creo que… tengo que irme a algún lugar.

    —¿Volverás?

    Ella no respondió de inmediato.

    —…sí.

    Pero en su mirada había duda.

    Pasaron más días. Momentos simples, pequeñas conversaciones, silencios compartidos. Durante ese breve periodo, la guerra dejó de existir para ellos. Eran solo dos niños, construyendo un refugio en medio del fin del mundo.

    Hasta que un día, Fenrir dejó de venir.

    Kael despertó completamente recuperado, solo en la cueva que había sido su refugio. Esperó. Un día, luego otro, y otro más, pero Fenrir no regresó. Finalmente salió al exterior… y el mundo real lo golpeó sin piedad. Su hogar había desaparecido. Todo estaba destruido. El aire era denso, cargado de muerte, y los cuerpos cubrían el suelo como un recordatorio silencioso de lo ocurrido. Los pocos sobrevivientes tenían miradas vacías, rotas. Sus padres… ya no estaban.

    Fue entonces cuando, en la distancia, algo captó su atención. Una nave se elevaba lentamente, abandonando aquel mundo destruido. En ella viajaban los responsables, aquellos que habían causado la guerra, aquellos que lo habían arrebatado todo. Y entre ellos… estaba Fenrir. De pie, sin mirar atrás, marchándose junto a quienes habían provocado la masacre.

    No hubo gritos, ni lágrimas, ni desesperación visible. Solo una comprensión silenciosa, distorsionada y profunda. Sus manos temblaron levemente, y por primera vez el aire a su alrededor se quebró. Una pequeña grieta apareció, casi imperceptible, como si la realidad misma no pudiera sostener lo que estaba naciendo dentro de él. En ese instante, Kael entendió el mundo a su manera, una forma fría y definitiva que marcaría su destino para siempre.

    Ese momento no dio origen a un monstruo ni a un villano. Dio origen a algo mucho más peligroso: alguien que percibía la realidad como algo defectuoso, algo inherentemente roto. Desde ese día, Kael Vireon dejó de ver el mundo como algo estable y comenzó a entenderlo como algo que podía quebrarse, distorsionarse y corregirse. Porque en lo más profundo de su ser, una verdad quedó grabada para siempre: todo lo que existe puede romperse, incluso aquello que una vez te salvó.
    •Las crónicas de Fenrir Queen• 🔥 KAEL VIREON — ORIGEN “El niño que aprendió a romper” Antes de que nombres como Fenrir Queen o Yrus alteraran el equilibrio del universo, hubo una guerra. No fue una guerra cualquiera, sino una invasión que desgarró mundos enteros. El cielo se abría como si fuera frágil, la tierra se partía bajo fuerzas imposibles y civilizaciones completas desaparecían sin dejar rastro. En medio de ese caos, donde la destrucción era ley, un niño sobrevivía. Herido, abandonado y al borde de la muerte, Kael yacía en una cueva oculta entre montañas devastadas. Su respiración era débil, irregular, y sus heridas no eran normales; no solo estaba roto por fuera, algo en su interior ya mostraba señales de inestabilidad, como si la propia realidad rechazara su existencia. Fue allí donde lo encontró una niña. Fenrir, aún joven e inocente, sin comprender la magnitud de la guerra ni el papel que su propia familia jugaba en ella, solo vio a alguien que iba a morir… y decidió que no podía permitirlo. Se acercó lentamente, se arrodilló a su lado y apoyó sus manos sobre la herida. No sabía usar su poder, no lo controlaba, ni siquiera entendía lo que hacía, pero lo intentó. Su energía, pura e inestable, comenzó a fluir de forma torpe y desigual. La curación no fue inmediata ni perfecta; fue lenta, dolorosa, incompleta… pero constante. Pasaron días, y esos días se convirtieron en semanas. Fenrir regresaba cada jornada a la cueva, llevándole agua, comida y algo que Kael ya no tenía: compañía. Al principio él apenas reaccionaba, pero con el tiempo empezó a abrir los ojos más seguido, a observarla en silencio, a escucharla. Luego a responder. Poco a poco, sin darse cuenta, dejó de estar completamente solo. Una tarde, mientras la luz se colaba débilmente por la entrada de la cueva, ambos estaban sentados en silencio. —¿Siempre hablas tanto? —murmuró Kael, con la voz aún débil. Fenrir lo miró, sorprendida… y luego sonrió levemente. —¿Siempre eres tan serio? Kael desvió la mirada. —No. —Pues deberías —respondió ella, apoyando el mentón sobre sus rodillas—. Si no hablas, todo se vuelve más aburrido. —No creo que este lugar pueda ser más aburrido. Fenrir soltó una pequeña risa. —Entonces tendré que esforzarme más. Hubo un breve silencio, pero esta vez no era incómodo. —¿Cómo te llamas? —preguntó ella. Kael tardó unos segundos en responder. —Kael. —Kael… —repitió ella, como si probara el nombre—. Suena bien. —¿Y tú? —Fenrir. Kael frunció ligeramente el ceño. —Es un nombre raro. —El tuyo también —respondió ella sin dudar. Por un momento, ambos se miraron… y una ligera sonrisa apareció en el rostro de Kael. —Supongo que estamos igual. Días después, el ambiente ya no era tan tenso. Kael podía sentarse sin dificultad, y Fenrir seguía llegando cada día con la misma constancia. —¿Qué hay fuera? —preguntó Kael un día, mirando hacia la entrada. Fenrir dudó. —Cosas… malas. —¿Guerra? Ella bajó la mirada. —Creo que sí. Kael guardó silencio unos segundos. —¿Tienes miedo? Fenrir negó lentamente. —No… pero tampoco me gusta. —A mí tampoco. Ella lo miró con curiosidad. —Entonces, cuando todo termine… ¿qué harás? Kael pensó por un momento. —No lo sé… supongo que volver a casa. Fenrir sonrió suavemente. —Entonces asegúrate de llegar. Kael la observó en silencio, como si quisiera decir algo más, pero no lo hizo. —¿Y tú? —preguntó finalmente. Fenrir levantó la vista hacia el exterior. —Creo que… tengo que irme a algún lugar. —¿Volverás? Ella no respondió de inmediato. —…sí. Pero en su mirada había duda. Pasaron más días. Momentos simples, pequeñas conversaciones, silencios compartidos. Durante ese breve periodo, la guerra dejó de existir para ellos. Eran solo dos niños, construyendo un refugio en medio del fin del mundo. Hasta que un día, Fenrir dejó de venir. Kael despertó completamente recuperado, solo en la cueva que había sido su refugio. Esperó. Un día, luego otro, y otro más, pero Fenrir no regresó. Finalmente salió al exterior… y el mundo real lo golpeó sin piedad. Su hogar había desaparecido. Todo estaba destruido. El aire era denso, cargado de muerte, y los cuerpos cubrían el suelo como un recordatorio silencioso de lo ocurrido. Los pocos sobrevivientes tenían miradas vacías, rotas. Sus padres… ya no estaban. Fue entonces cuando, en la distancia, algo captó su atención. Una nave se elevaba lentamente, abandonando aquel mundo destruido. En ella viajaban los responsables, aquellos que habían causado la guerra, aquellos que lo habían arrebatado todo. Y entre ellos… estaba Fenrir. De pie, sin mirar atrás, marchándose junto a quienes habían provocado la masacre. No hubo gritos, ni lágrimas, ni desesperación visible. Solo una comprensión silenciosa, distorsionada y profunda. Sus manos temblaron levemente, y por primera vez el aire a su alrededor se quebró. Una pequeña grieta apareció, casi imperceptible, como si la realidad misma no pudiera sostener lo que estaba naciendo dentro de él. En ese instante, Kael entendió el mundo a su manera, una forma fría y definitiva que marcaría su destino para siempre. Ese momento no dio origen a un monstruo ni a un villano. Dio origen a algo mucho más peligroso: alguien que percibía la realidad como algo defectuoso, algo inherentemente roto. Desde ese día, Kael Vireon dejó de ver el mundo como algo estable y comenzó a entenderlo como algo que podía quebrarse, distorsionarse y corregirse. Porque en lo más profundo de su ser, una verdad quedó grabada para siempre: todo lo que existe puede romperse, incluso aquello que una vez te salvó.
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  • El tiempo pasa y no perdona a nada, ni a nadie.
    La humanidad nunca se da cuenta de ello, porque no son lo suficientemente longevos para comprender los patrones de las civilizaciones.

    Desde tiempos inmemoriales, siempre ha sido lo mismo. Una guerra de bandos.
    Los eventos son cíclicos y se repiten una y otra vez.

    Uno cree que es "La mejor opción", "El bueno de la historia", "El salvador".
    Derroca al enemigo en curso.
    Se convierte en el nuevo gobernante.
    Viene una era de paz...
    ...Hasta que se dan cuenta de que no era "tan buena opción" o lo traicionan.
    Se convierte en un enemigo a eliminar.
    Un nuevo grupo se considera "La mejor opción"...

    Y así, de forma interminable.
    Todo eso es aburrido. Repetitivo. Siempre lo mismo.
    Y aún así, ahí estaré, observando desde donde nadie más lo haga.

    Esperando a que, finalmente, algo cambie.
    Aunque muy probablemente, no cambie nada jamás.

    ¿Qué soy? No tengo ganas de decirlo.
    Así que me considero un espectador de los eventos del mundo.

    Puedo ver a todos, pero nadie me puede ver a mí...
    ..Si no quiero que me vean.

    ¿Te sientes observado/a cuando no hay nadie alrededor?
    Quién sabe. Tal vez yo estoy ahí.
    No te preocupes, no te haré daño.
    Solo me interesa saber si eres alguien interesante... O eres uno/a más en esta existencia.

    Y por la noche, cuando todos duerman, en lo más alto de algún edificio, tal vez, aquella silueta cobre forma finalmente.
    Cigarrillo en mano, con el rostro más aburrido en la historia del mundo, y comiendo una barra de chocolate.

    ¿Sabes? Al final, el chocolate es de las mejores cosas que ha dado esta sociedad.

    Supongo que no todo está tan perdido.. después de todo.

    ꧁𓊈𒆜𝓙𝓪𝔂 𝓔𝓵𝓪𝓻𝓲𝓼.𒆜𓊉꧂
    El tiempo pasa y no perdona a nada, ni a nadie. La humanidad nunca se da cuenta de ello, porque no son lo suficientemente longevos para comprender los patrones de las civilizaciones. Desde tiempos inmemoriales, siempre ha sido lo mismo. Una guerra de bandos. Los eventos son cíclicos y se repiten una y otra vez. Uno cree que es "La mejor opción", "El bueno de la historia", "El salvador". Derroca al enemigo en curso. Se convierte en el nuevo gobernante. Viene una era de paz... ...Hasta que se dan cuenta de que no era "tan buena opción" o lo traicionan. Se convierte en un enemigo a eliminar. Un nuevo grupo se considera "La mejor opción"... Y así, de forma interminable. Todo eso es aburrido. Repetitivo. Siempre lo mismo. Y aún así, ahí estaré, observando desde donde nadie más lo haga. Esperando a que, finalmente, algo cambie. Aunque muy probablemente, no cambie nada jamás. ¿Qué soy? No tengo ganas de decirlo. Así que me considero un espectador de los eventos del mundo. Puedo ver a todos, pero nadie me puede ver a mí... ..Si no quiero que me vean. ¿Te sientes observado/a cuando no hay nadie alrededor? Quién sabe. Tal vez yo estoy ahí. No te preocupes, no te haré daño. Solo me interesa saber si eres alguien interesante... O eres uno/a más en esta existencia. Y por la noche, cuando todos duerman, en lo más alto de algún edificio, tal vez, aquella silueta cobre forma finalmente. Cigarrillo en mano, con el rostro más aburrido en la historia del mundo, y comiendo una barra de chocolate. ¿Sabes? Al final, el chocolate es de las mejores cosas que ha dado esta sociedad. Supongo que no todo está tan perdido.. después de todo. ꧁𓊈𒆜𝓙𝓪𝔂 𝓔𝓵𝓪𝓻𝓲𝓼.𒆜𓊉꧂
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  • : Porque la prioridad por el modelo 44, ganamos otro planeta y los recursos de este sistema unisolar.

    : Es un recipiente importante para el próximo paso de nuestra evolución como seres de silicio, ¿Sabes lo que tienen los seres de carne y hueso que no nosotros?

    : Ninguna, simplemente somos superiores a todo en ellos, no nos toca la enfermedad, el hambre, la sed, el cansancio o la vejez.

    : Eres una unidad muy reciente, se nota, soy consciente de nuestras ventajas, pero aún así el deterioro nos corroe, la entropía no agobia y eventualmente nuestros cuerpos se debilitan y dependemos mucho de otros hermanos para reemplazar piezas viejas, malogradas o dañadas, pero no somos el mismo de alguna forma.

    : Si, pero hemos sobrevivido a cada extinción que está galaxia nos arroja, quizá con menos unidades que anteriormente.

    : Unidad 44 si puede repararse si depender de otras unidades, mientras exista materia, puede recuperarse todas las veces que lo desee, la materia no es infinita pero podemos reutilizar la casi de manera infinita, ninguno puede hacer lo que unidad 44 tiene como actualización y mejora, imagina que todos en nuestra sociedad pudiéramos tener su capacidad, no volveríamos a desaparecer por la entropía y depender de civilizaciones atraídas por nuestros inventos y maravillas que nos reaniman en cada ciclo de está galaxia.

    : ¿No se supone que guardamos respaldos para estos avances?

    : Hay humanos listos y se aseguraron de que no tuvieras ese conocimiento cuando despertamos en sus cuerpos.

    : Primero lo primero, nuestra base en este sistema, luego priorizamos la búsqueda de unidad 44.
    🌐: Porque la prioridad por el modelo 44, ganamos otro planeta y los recursos de este sistema unisolar. 👁️‍🗨️: Es un recipiente importante para el próximo paso de nuestra evolución como seres de silicio, ¿Sabes lo que tienen los seres de carne y hueso que no nosotros? 🌐: Ninguna, simplemente somos superiores a todo en ellos, no nos toca la enfermedad, el hambre, la sed, el cansancio o la vejez. 👁️‍🗨️: Eres una unidad muy reciente, se nota, soy consciente de nuestras ventajas, pero aún así el deterioro nos corroe, la entropía no agobia y eventualmente nuestros cuerpos se debilitan y dependemos mucho de otros hermanos para reemplazar piezas viejas, malogradas o dañadas, pero no somos el mismo de alguna forma. 🌐: Si, pero hemos sobrevivido a cada extinción que está galaxia nos arroja, quizá con menos unidades que anteriormente. 👁️‍🗨️: Unidad 44 si puede repararse si depender de otras unidades, mientras exista materia, puede recuperarse todas las veces que lo desee, la materia no es infinita pero podemos reutilizar la casi de manera infinita, ninguno puede hacer lo que unidad 44 tiene como actualización y mejora, imagina que todos en nuestra sociedad pudiéramos tener su capacidad, no volveríamos a desaparecer por la entropía y depender de civilizaciones atraídas por nuestros inventos y maravillas que nos reaniman en cada ciclo de está galaxia. 🌐: ¿No se supone que guardamos respaldos para estos avances? 👁️‍🗨️: Hay humanos listos y se aseguraron de que no tuvieras ese conocimiento cuando despertamos en sus cuerpos. 🌐: Primero lo primero, nuestra base en este sistema, luego priorizamos la búsqueda de unidad 44.
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  • -¡Groooooar!

    No le interesan los asuntos mundanos de otras civilizaciones o pueblos, sin embargo, más que la infestación, detesta que otros "cerebritos" han pensado que pueden domesticar la infestación como si fueran sus perros de guerra y ahora tiene que lidiar con un extraño tanque de guerra que devoro y asimilo a los tripulantes y que de repente le surgen patas y tejido debajo de su caparón de acero y placas de hormigón.

    "Eso... es un ojo."
    -¡Groooooar! No le interesan los asuntos mundanos de otras civilizaciones o pueblos, sin embargo, más que la infestación, detesta que otros "cerebritos" han pensado que pueden domesticar la infestación como si fueran sus perros de guerra y ahora tiene que lidiar con un extraño tanque de guerra que devoro y asimilo a los tripulantes y que de repente le surgen patas y tejido debajo de su caparón de acero y placas de hormigón. "Eso... es un ojo."
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  • "𝚀𝚞𝚊𝚍𝚊𝚖 𝚍𝚒𝚎 𝚏𝚞𝚒 𝚍𝚘𝚖𝚒𝚗𝚞𝚜 𝚖𝚘𝚛𝚝𝚒𝚜 𝚎𝚝 𝚗𝚞𝚗𝚌 𝚗𝚎 𝚖𝚎 𝚚𝚞𝚒𝚍𝚎𝚖 𝚟𝚒𝚍𝚎𝚛𝚎 𝚙𝚘𝚝𝚎𝚜𝚝."

    El mundo seguía cambiando y evolucionando con el paso de los siglos y con este, los humanos y sus civilizaciones.

    Nath-Rahel permanecía siendo el mismo día tras día, año tras año, siglo tras siglo, procurando adaptarse al mundo que le rodeaba y que parecía pudrirse y deteriorarse cada vez más rápido. Pero claro... ¿Podía alguien podrido y roto como él realmente quejarse del declive de la humanidad?

    Siglo tras siglo intentaba hallar la forma de recuperar su magnificencia, su inconmensurado poder, aquel que esa odiosa bruja que le maldijo, le arrebató.
    Buscaba en libros, viajaba a variados lugares del mundo en busca de posibles respuestas. Necesitaba volver a ser el poderoso y temido nigromante que un día fue. Y juraba vengarse de todo el linaje existente de aquella bruja una vez lo consiguiera.

    Ya hacía varios años que ejercía la misma profesión, debiendo mudarse a diversas ciudades y países cada ciertos años para no levantar sospechas por su carencia de rasgos de senectud, a pesar de sobrepasar con creces la esperanza de vida humana. Albañil. Ese era el empleo por el que optó y se le daba bastante bien, un lugar donde ejercer cierta fuerza para cansarse un poco, tranquilo, nadie le molestaba.
    Sus compañeros le tenían por alguien sombrío y solitario, pero a pesar de ello le creían muy buen hombre, amable, atento y de grato conversar. Una perfecta ilusión en la que caía casi todo aquel que le conociera.

    [...]

    Ese día se encontraba trabajando en una obra relativamente nueva, a penas estaban empezando con los cimientos del edificio.

    Nath era un hombre que a simple vista podía parecer común, del montón, pero de cerca y con detalle tenía ciertas características que le hacían destacar. Alto, con un cuerpo tan bien trabajado que parecía piedra tallada por un cincel divino. Un rostro de facciones varoniles pero no muy abruptas, cabello del más oscuro azabache y sus ojos, aquello que más podía llamar la atención, unos bellos zafiros bordeados por marcadas y oscuras ojeras.

    Por supuesto que más de una vez se aprovechó de su para nada desagradable apariencia para atraer a alguien con quien experimentar e intentar recuperar parte de su poder y conocimientos.

    Ya había perdido la cuenta de cuántos cadáveres tuvo que deshacerse a lo largo de los últimos años.
    "𝚀𝚞𝚊𝚍𝚊𝚖 𝚍𝚒𝚎 𝚏𝚞𝚒 𝚍𝚘𝚖𝚒𝚗𝚞𝚜 𝚖𝚘𝚛𝚝𝚒𝚜 𝚎𝚝 𝚗𝚞𝚗𝚌 𝚗𝚎 𝚖𝚎 𝚚𝚞𝚒𝚍𝚎𝚖 𝚟𝚒𝚍𝚎𝚛𝚎 𝚙𝚘𝚝𝚎𝚜𝚝." El mundo seguía cambiando y evolucionando con el paso de los siglos y con este, los humanos y sus civilizaciones. Nath-Rahel permanecía siendo el mismo día tras día, año tras año, siglo tras siglo, procurando adaptarse al mundo que le rodeaba y que parecía pudrirse y deteriorarse cada vez más rápido. Pero claro... ¿Podía alguien podrido y roto como él realmente quejarse del declive de la humanidad? Siglo tras siglo intentaba hallar la forma de recuperar su magnificencia, su inconmensurado poder, aquel que esa odiosa bruja que le maldijo, le arrebató. Buscaba en libros, viajaba a variados lugares del mundo en busca de posibles respuestas. Necesitaba volver a ser el poderoso y temido nigromante que un día fue. Y juraba vengarse de todo el linaje existente de aquella bruja una vez lo consiguiera. Ya hacía varios años que ejercía la misma profesión, debiendo mudarse a diversas ciudades y países cada ciertos años para no levantar sospechas por su carencia de rasgos de senectud, a pesar de sobrepasar con creces la esperanza de vida humana. Albañil. Ese era el empleo por el que optó y se le daba bastante bien, un lugar donde ejercer cierta fuerza para cansarse un poco, tranquilo, nadie le molestaba. Sus compañeros le tenían por alguien sombrío y solitario, pero a pesar de ello le creían muy buen hombre, amable, atento y de grato conversar. Una perfecta ilusión en la que caía casi todo aquel que le conociera. [...] Ese día se encontraba trabajando en una obra relativamente nueva, a penas estaban empezando con los cimientos del edificio. Nath era un hombre que a simple vista podía parecer común, del montón, pero de cerca y con detalle tenía ciertas características que le hacían destacar. Alto, con un cuerpo tan bien trabajado que parecía piedra tallada por un cincel divino. Un rostro de facciones varoniles pero no muy abruptas, cabello del más oscuro azabache y sus ojos, aquello que más podía llamar la atención, unos bellos zafiros bordeados por marcadas y oscuras ojeras. Por supuesto que más de una vez se aprovechó de su para nada desagradable apariencia para atraer a alguien con quien experimentar e intentar recuperar parte de su poder y conocimientos. Ya había perdido la cuenta de cuántos cadáveres tuvo que deshacerse a lo largo de los últimos años.
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  • || Me quedó con 2 reflexiones del problema de los 3 cuerpos.

    En el universo solo hay 2 civilizaciones, las calladas y las destruidas.

    La debilidad y la ignorancia dañan a la civilización, pero la arrogancia las destruye.
    || Me quedó con 2 reflexiones del problema de los 3 cuerpos. En el universo solo hay 2 civilizaciones, las calladas y las destruidas. La debilidad y la ignorancia dañan a la civilización, pero la arrogancia las destruye.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    ¡Aviso importante sobre Malvyna en el Tiempo!

    Antes que nada… sí, lo admito, soy una tikismiquis de primer nivel. Me obsesiono con los detalles, sobrepienso todo y, cuando menos lo espero, ya estoy reescribiendo medio universo porque "hmm, esto no me termina de cerrar". Pero bueno, ¡todo sea por una historia mejor contada!

    Dicho esto… ¡voy a relanzar la serie! Después de analizar, corregir, reestructurar y contrastar datos y epocas, ajusté los tiempos y narraciones para que todo encaje como debe ser. También tuve que priorizar algunas civilizaciones sobre otras, porque no puedo mandarla a todos los rincones de la historia (aunque ganas no me faltaban).

    Gracias por la paciencia y espero que todo esto valga la pena
    🔥¡Aviso importante sobre Malvyna en el Tiempo! 🔥 Antes que nada… sí, lo admito, soy una tikismiquis de primer nivel. :STK-38: Me obsesiono con los detalles, sobrepienso todo y, cuando menos lo espero, ya estoy reescribiendo medio universo porque "hmm, esto no me termina de cerrar". Pero bueno, ¡todo sea por una historia mejor contada! Dicho esto… ¡voy a relanzar la serie! 🎉 Después de analizar, corregir, reestructurar y contrastar datos y epocas, ajusté los tiempos y narraciones para que todo encaje como debe ser. También tuve que priorizar algunas civilizaciones sobre otras, porque no puedo mandarla a todos los rincones de la historia (aunque ganas no me faltaban). Gracias por la paciencia y espero que todo esto valga la pena✨ :STK-25:
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  • No puedo evitarlo, tengo un gusto por la exploración.

    En mis investigaciones descubrí civilizaciones perdidas en el tiempo. algunas ..es como si nunca hubieran pasado milenios, sus construcciones estan prácticamente nuevas

    Probablemente algunas deseaban desaparecer y enterrar sus secretos para que nadie los encuentre o quizás se escondían de algún mal que trágicamente acabo con todos
    No puedo evitarlo, tengo un gusto por la exploración. En mis investigaciones descubrí civilizaciones perdidas en el tiempo. algunas ..es como si nunca hubieran pasado milenios, sus construcciones estan prácticamente nuevas Probablemente algunas deseaban desaparecer y enterrar sus secretos para que nadie los encuentre o quizás se escondían de algún mal que trágicamente acabo con todos
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  • Blossom regresaba de un rescate de personas, bastante cansado tanto por la misión como por el viaje de regreso, los refugios se encontraban en las partes más oscuras y recónditas de las selvas y bosques de Silvania, debido a que está región está completamente llena de estos mismo al igual que lagos, ríos y cuevas, la gente de Silvania decidió no dañarlos si no que crear sus hogares usando lo mínimo posible haciendo que sus civilizaciones sean indetectables, con el paso del tiempo la scasas poco a poco fueron cambiando al igual que los edificios pero siguieron manteniendo su característica principal, ocultarse a simple vista.

    En cuanto Blossom entro a la casa varios niños saltaron sobre el gritando "YA LLEGASTE!" "COMO TE FUE BOSOM" "HEMANO!" haciendo que Blossom suelte unas risitas pues lo invadía un extraño sentimiento de nostalgia cada que sucedía -estoy de regreso mis niños, ahora, dónde está Daniel?- los niños alegres lo llevaron a travez de la casa hasta la cocina donde Daniel preparaba la comida, ambos simplemente se sintieron y suspiraron al ver que podían seguir viviendo apesar del peligro que conllevava la guerra
    Blossom regresaba de un rescate de personas, bastante cansado tanto por la misión como por el viaje de regreso, los refugios se encontraban en las partes más oscuras y recónditas de las selvas y bosques de Silvania, debido a que está región está completamente llena de estos mismo al igual que lagos, ríos y cuevas, la gente de Silvania decidió no dañarlos si no que crear sus hogares usando lo mínimo posible haciendo que sus civilizaciones sean indetectables, con el paso del tiempo la scasas poco a poco fueron cambiando al igual que los edificios pero siguieron manteniendo su característica principal, ocultarse a simple vista. En cuanto Blossom entro a la casa varios niños saltaron sobre el gritando "YA LLEGASTE!" "COMO TE FUE BOSOM" "HEMANO!" haciendo que Blossom suelte unas risitas pues lo invadía un extraño sentimiento de nostalgia cada que sucedía -estoy de regreso mis niños, ahora, dónde está Daniel?- los niños alegres lo llevaron a travez de la casa hasta la cocina donde Daniel preparaba la comida, ambos simplemente se sintieron y suspiraron al ver que podían seguir viviendo apesar del peligro que conllevava la guerra
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  • ¿Verdad o mito?
    Fandom Kuroshitsuji/Black Butler OC y otros
    Categoría Aventura
    En el mundo existían un sinfín de historias sobre humanos con habilidades más allá de lo imaginable, seres sobrenaturales y de otros mundos.
    Desde dioses de la mitología griega hasta la existencia de civilizaciones tecnológicamente avanzadas en el subsuelo del planeta.
    La civilización mitológica más famosa, y su favorita, era la Atlántida, que según decía Platón, se había hundido en el océano producto de un cataclismo.
    Estas historias, a lo largo del tiempo, había atraído a muchos entusiastas del misterio, que se habían incursionado en la búsqueda de la verdad, realizando expediciones y postulando sus teorías sobre el asunto en libros que lanzarían al mercado. Pero, al final del día nada era concluyente, las “pruebas” serían rápidamente destrozadas como insuficientes. Y para el resto del mundo, esos libros eran solo historias, un misterio sin resolver o un simple cuento inventado por alguien con mucho tiempo libre.
    Sin embargo, y conociendo el riesgo que corría su “reputación”, Junior se emprendió en la persecución de una historia fantasiosa que ni siquiera tenía a la humanidad como protagonista, tampoco a seres antropomórficos o teriomórficos, más bien, se trataba de una civilización de otro mundo. Podría decirse que extraterrestre, ¿o debería decir intraterrestre dado lo que sabía sobre sus orígenes? Bueno, Junior todavía no podía afirmar nada, al menos, no hasta encontrarlos y contrastar la información que tenía sobre “ellos”, quienes eran seres tan fascinantes como perturbadores.
    Desde luego que hallarlos era un gran reto para su intelecto, que cada día que transcurría en desuso, parecía oxidarse en la soledad de la mansión Phantomhive. Y por eso Junior estaba tan entusiasmado con el asunto.
    De hecho, su determinación fue tan fuerte que se vio capaz de cometer la desobediencia y el hito más importante de su corta vida: huir de la mansión. Llevando todo lo que necesitaba para su viaje en una mochila inadecuada para su tamaño, grande y pesada, para dirigirse hacia el London Bridge.
    La estación de tren fue tan bulliciosa y grande que lo asombró e incómodo a partes iguales. Por su búsqueda Junior había sido capaz de huir de casa y por primera vez, recorriendo y conociendo la ciudad.
    Era algo irónico que estuviera buscando una civilización de fantasía cuando ni siquiera conocía la de su propia especie.
    No obstante, siguiendo las indicaciones, pudo subirse a bordo de un tren, y su destino, fue el norte de Inglaterra, y casualmente, al hogar de su padre.
    Se decía que en Northumberland, en la frontera con Escocia, se hallaba un gran yacimiento de minerales, pero, lo que le había llamado la atención a Junior, era el rumor de que también había un yacimiento de gemas preciosas, tan valiosas que harían rico a cualquier persona que las encontrara.
    A Junior no le interesaba encontrarlas para hacerse rico, el dinero era algo de lo que nunca se había preocupado. Simplemente, dedujo que, yendo hasta ese lugar, encontraría lo que tanto había estado buscando tras horas interminables de investigación bajo libros de la biblioteca.
    ¿Lo encontraría? ¿O se llevaría una gran decepción?

    Tras días de un viaje aburrido en tren, donde solo veía campo y rumiantes pasteando, Junior llegó a su destino, sin ningún inconveniente.
    Era curioso como el dinero podía hacer que los adultos ignoraran su edad.
    Tras pagar una suma algo exagerada de monedas de oro, lo trajeron en carruaje hacia el supuesto yacimiento, que, según la gente local, eran solo rumores sin fundamento, ninguna entidad gubernamental o empresarial había aparecido con el interés de explotar estas tierras.
    Al parecer, la fuente de información de Junior se había quedado algo corta. Fue normal, la biblioteca de su hogar tenía sus límites...
    Pero, ahora que había llegado, no supo qué hacer.
    La vista del verde vibrante y el aroma de las flores silvestres del extenso campo abierto frente a sus ojos era tan hermosa como vacía, vacía de aquellos seres.
    ¿Cuándo aparecerían, cuánto debía esperar? ¿Había sido muy ingenuo al creer que los encontraría fácilmente?
    El lugar era tan extenso que el cielo se fusionaba con el suelo. Caminar por todo el terreno le llevaría quién sabe cuántas horas. Pero, obstinado de echarse atrás, Junior comenzó a caminar, y a caminar hasta donde lo llevara el camino.
    En el mundo existían un sinfín de historias sobre humanos con habilidades más allá de lo imaginable, seres sobrenaturales y de otros mundos. Desde dioses de la mitología griega hasta la existencia de civilizaciones tecnológicamente avanzadas en el subsuelo del planeta. La civilización mitológica más famosa, y su favorita, era la Atlántida, que según decía Platón, se había hundido en el océano producto de un cataclismo. Estas historias, a lo largo del tiempo, había atraído a muchos entusiastas del misterio, que se habían incursionado en la búsqueda de la verdad, realizando expediciones y postulando sus teorías sobre el asunto en libros que lanzarían al mercado. Pero, al final del día nada era concluyente, las “pruebas” serían rápidamente destrozadas como insuficientes. Y para el resto del mundo, esos libros eran solo historias, un misterio sin resolver o un simple cuento inventado por alguien con mucho tiempo libre. Sin embargo, y conociendo el riesgo que corría su “reputación”, Junior se emprendió en la persecución de una historia fantasiosa que ni siquiera tenía a la humanidad como protagonista, tampoco a seres antropomórficos o teriomórficos, más bien, se trataba de una civilización de otro mundo. Podría decirse que extraterrestre, ¿o debería decir intraterrestre dado lo que sabía sobre sus orígenes? Bueno, Junior todavía no podía afirmar nada, al menos, no hasta encontrarlos y contrastar la información que tenía sobre “ellos”, quienes eran seres tan fascinantes como perturbadores. Desde luego que hallarlos era un gran reto para su intelecto, que cada día que transcurría en desuso, parecía oxidarse en la soledad de la mansión Phantomhive. Y por eso Junior estaba tan entusiasmado con el asunto. De hecho, su determinación fue tan fuerte que se vio capaz de cometer la desobediencia y el hito más importante de su corta vida: huir de la mansión. Llevando todo lo que necesitaba para su viaje en una mochila inadecuada para su tamaño, grande y pesada, para dirigirse hacia el London Bridge. La estación de tren fue tan bulliciosa y grande que lo asombró e incómodo a partes iguales. Por su búsqueda Junior había sido capaz de huir de casa y por primera vez, recorriendo y conociendo la ciudad. Era algo irónico que estuviera buscando una civilización de fantasía cuando ni siquiera conocía la de su propia especie. No obstante, siguiendo las indicaciones, pudo subirse a bordo de un tren, y su destino, fue el norte de Inglaterra, y casualmente, al hogar de su padre. Se decía que en Northumberland, en la frontera con Escocia, se hallaba un gran yacimiento de minerales, pero, lo que le había llamado la atención a Junior, era el rumor de que también había un yacimiento de gemas preciosas, tan valiosas que harían rico a cualquier persona que las encontrara. A Junior no le interesaba encontrarlas para hacerse rico, el dinero era algo de lo que nunca se había preocupado. Simplemente, dedujo que, yendo hasta ese lugar, encontraría lo que tanto había estado buscando tras horas interminables de investigación bajo libros de la biblioteca. ¿Lo encontraría? ¿O se llevaría una gran decepción? Tras días de un viaje aburrido en tren, donde solo veía campo y rumiantes pasteando, Junior llegó a su destino, sin ningún inconveniente. Era curioso como el dinero podía hacer que los adultos ignoraran su edad. Tras pagar una suma algo exagerada de monedas de oro, lo trajeron en carruaje hacia el supuesto yacimiento, que, según la gente local, eran solo rumores sin fundamento, ninguna entidad gubernamental o empresarial había aparecido con el interés de explotar estas tierras. Al parecer, la fuente de información de Junior se había quedado algo corta. Fue normal, la biblioteca de su hogar tenía sus límites... Pero, ahora que había llegado, no supo qué hacer. La vista del verde vibrante y el aroma de las flores silvestres del extenso campo abierto frente a sus ojos era tan hermosa como vacía, vacía de aquellos seres. ¿Cuándo aparecerían, cuánto debía esperar? ¿Había sido muy ingenuo al creer que los encontraría fácilmente? El lugar era tan extenso que el cielo se fusionaba con el suelo. Caminar por todo el terreno le llevaría quién sabe cuántas horas. Pero, obstinado de echarse atrás, Junior comenzó a caminar, y a caminar hasta donde lo llevara el camino.
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