Preludio a la guerra.
Fandom OC
Categoría Drama
Konrad Eisenwulf
El silencio era pesado, roto solamente por el sonido del andar de la mujer. Su ropa era de otra época; mejor así, pues si bien ahora vivía en la época moderna, las brasas del conflicto de antaño habían vuelto a arder.
Cualquiera que la viera no la reconocería, no era Morana, ahora portaba su verdadera apariencia, una mujer rubia de ojos plateados y complexión delgada. Una mujer cuyo nombre nadie recordaba, pero durante esta guerra se volvería a pronunciar.
Nunca le pertenecieron nombres de nobleza, nunca tuvo derecho a títulos ni linajes, no heredó el estatus que su madre ostentó en vida, era un nombre común para alguien común, de la misma manera que los apellidos eran reservados para aquellos de nobleza...
Adela.
¿Dónde estaba? Solamente ella lo sabía...
Fortaleza alzada en su nombre, un altar a su persona construido por quienes en su momento fueron sus siervos, y destinado a ser su lugar de descanso.
Un lugar que la iglesia consideraría profano; sin embargo, era sagrado para ella.
La luz del exterior le iluminó el rostro en el momento que alzó la vista.
Las velas que se encontraban en los laterales del lugar se encendieron por si solas, reconociendo que al fin, su señora había vuelto.
Este sería el punto de reunión durante la guerra y, en caso de necesidad, sería donde transcurriría el encuentro final, pero eso no acontece ahora.
Se acercó a paso calmado hacia su asiento, acarició el reposabrazos con nostalgia, el polvo se adhirió a su mano, este lugar llevaba demasiado tiempo olvidado.
Se tomó un momento mirando su asiento, que aunque se mantuviera intacto, estaba marcado por el paso del tiempo.
Parece que los años no le pesaban solamente a ella.
Se dispuso a tomar asiento, posando su arma sobre su regazo, fue entonces cuando su voz cortó el silencio.
— Konrad Eisenwulf. — Pronunció con tono calmado, mas el caballero sabría que era una orden, requería de su presencia una vez más.
El silencio era pesado, roto solamente por el sonido del andar de la mujer. Su ropa era de otra época; mejor así, pues si bien ahora vivía en la época moderna, las brasas del conflicto de antaño habían vuelto a arder.
Cualquiera que la viera no la reconocería, no era Morana, ahora portaba su verdadera apariencia, una mujer rubia de ojos plateados y complexión delgada. Una mujer cuyo nombre nadie recordaba, pero durante esta guerra se volvería a pronunciar.
Nunca le pertenecieron nombres de nobleza, nunca tuvo derecho a títulos ni linajes, no heredó el estatus que su madre ostentó en vida, era un nombre común para alguien común, de la misma manera que los apellidos eran reservados para aquellos de nobleza...
Adela.
¿Dónde estaba? Solamente ella lo sabía...
Fortaleza alzada en su nombre, un altar a su persona construido por quienes en su momento fueron sus siervos, y destinado a ser su lugar de descanso.
Un lugar que la iglesia consideraría profano; sin embargo, era sagrado para ella.
La luz del exterior le iluminó el rostro en el momento que alzó la vista.
Las velas que se encontraban en los laterales del lugar se encendieron por si solas, reconociendo que al fin, su señora había vuelto.
Este sería el punto de reunión durante la guerra y, en caso de necesidad, sería donde transcurriría el encuentro final, pero eso no acontece ahora.
Se acercó a paso calmado hacia su asiento, acarició el reposabrazos con nostalgia, el polvo se adhirió a su mano, este lugar llevaba demasiado tiempo olvidado.
Se tomó un momento mirando su asiento, que aunque se mantuviera intacto, estaba marcado por el paso del tiempo.
Parece que los años no le pesaban solamente a ella.
Se dispuso a tomar asiento, posando su arma sobre su regazo, fue entonces cuando su voz cortó el silencio.
— Konrad Eisenwulf. — Pronunció con tono calmado, mas el caballero sabría que era una orden, requería de su presencia una vez más.
[Ultimate_Warrior]
El silencio era pesado, roto solamente por el sonido del andar de la mujer. Su ropa era de otra época; mejor así, pues si bien ahora vivía en la época moderna, las brasas del conflicto de antaño habían vuelto a arder.
Cualquiera que la viera no la reconocería, no era Morana, ahora portaba su verdadera apariencia, una mujer rubia de ojos plateados y complexión delgada. Una mujer cuyo nombre nadie recordaba, pero durante esta guerra se volvería a pronunciar.
Nunca le pertenecieron nombres de nobleza, nunca tuvo derecho a títulos ni linajes, no heredó el estatus que su madre ostentó en vida, era un nombre común para alguien común, de la misma manera que los apellidos eran reservados para aquellos de nobleza...
Adela.
¿Dónde estaba? Solamente ella lo sabía...
Fortaleza alzada en su nombre, un altar a su persona construido por quienes en su momento fueron sus siervos, y destinado a ser su lugar de descanso.
Un lugar que la iglesia consideraría profano; sin embargo, era sagrado para ella.
La luz del exterior le iluminó el rostro en el momento que alzó la vista.
Las velas que se encontraban en los laterales del lugar se encendieron por si solas, reconociendo que al fin, su señora había vuelto.
Este sería el punto de reunión durante la guerra y, en caso de necesidad, sería donde transcurriría el encuentro final, pero eso no acontece ahora.
Se acercó a paso calmado hacia su asiento, acarició el reposabrazos con nostalgia, el polvo se adhirió a su mano, este lugar llevaba demasiado tiempo olvidado.
Se tomó un momento mirando su asiento, que aunque se mantuviera intacto, estaba marcado por el paso del tiempo.
Parece que los años no le pesaban solamente a ella.
Se dispuso a tomar asiento, posando su arma sobre su regazo, fue entonces cuando su voz cortó el silencio.
— Konrad Eisenwulf. — Pronunció con tono calmado, mas el caballero sabría que era una orden, requería de su presencia una vez más.
Tipo
Individual
Líneas
Cualquier línea
Estado
Terminado