• El chico lobo había encontrado papas en el mercado de Mondstadt emocionado por haber hallado aquellos tubérculos compró varias piezas con las moras que se había ganado días atrás y claro, prepararía uno de sus platillos favoritos.

    Fue al Buen Cazador, con Sara a pedirle su cocina prestada para hacer sus croquetas de papa en forma de garra de lobo. Puso a hervir el ingrediente principal hasta que estuvieran a su punto suave para molerlas, añadió mantequilla, sal, pimienta, y otras hierbas de olor que había seleccionado con su olfato. Frunció el ceño en señal de concentración y hasta en ocasiones sacaba la lengua mientas con sus manos amoldaba y aplastaba cada bola con sus manos hasta hacerles la forma de garra, las pasó por bastante huevo batido y claro, el pan rallado.

    -...... -miró con complicidad hacia los lados y, con un gesto de victoria iba a meter las croquetas al aceite-

    +¡ALTO AHÍ!...-se escuchó de repente, era Sara- Ya te he dicho que me llames cuando vas a freír, esto es peligroso y te puedes quemar, Razor. A ver...yo hago esto, de todos modos, toda la preparación es tuya~.

    -...¡Tsk!... -Derrotado, Razor cede el último paso, la fritura. Después de varios minutos las croquetas son emplatadas acompañadas de brócoli salteado en mantequilla-

    +Listo, Razor, ya están y.. ¿Para quién llevas esto ahora?.

    Razor dejó nuevamente un plato para Sara como agradecimiento por dejarlo usar su cocina y tomó el resto.

    -Para...Jean....gracias... -Dijo sin más y se fue corriendo a la sede de los caballeros de Favonius. Lisa le había dicho hace mucho sobre Jean, por un comentario que Razor había hecho de ella, no descansaba y el que él cuidara a Klee de vez en cuando, Lisa le hizo ver que era una ayuda para la Maestra Intendente, sin embargo, le pareció bien llevarle algo de comer.-

    -...Hmmm... -Llegando a la cede, miró los platos y, con cierta travesura, removió las verduras del plato de él y las pasó al plato de Jean, cualquiera diría que era para que ella comiera más y, si fuera cierto, la realidad era que él odiaba las verduras-

    -...Jean -Tocó la puerta de la oficina un par de veces y, sin esperar entró, no estaba acostumbrado a las formalidades y, como entraba seguido a la Biblioteca de Lisa, le parecía normal- Traer...comida...para....Jean....
    El chico lobo había encontrado papas en el mercado de Mondstadt emocionado por haber hallado aquellos tubérculos compró varias piezas con las moras que se había ganado días atrás y claro, prepararía uno de sus platillos favoritos. Fue al Buen Cazador, con Sara a pedirle su cocina prestada para hacer sus croquetas de papa en forma de garra de lobo. Puso a hervir el ingrediente principal hasta que estuvieran a su punto suave para molerlas, añadió mantequilla, sal, pimienta, y otras hierbas de olor que había seleccionado con su olfato. Frunció el ceño en señal de concentración y hasta en ocasiones sacaba la lengua mientas con sus manos amoldaba y aplastaba cada bola con sus manos hasta hacerles la forma de garra, las pasó por bastante huevo batido y claro, el pan rallado. -...... -miró con complicidad hacia los lados y, con un gesto de victoria iba a meter las croquetas al aceite- +¡ALTO AHÍ!...-se escuchó de repente, era Sara- Ya te he dicho que me llames cuando vas a freír, esto es peligroso y te puedes quemar, Razor. A ver...yo hago esto, de todos modos, toda la preparación es tuya~. -...¡Tsk!... -Derrotado, Razor cede el último paso, la fritura. Después de varios minutos las croquetas son emplatadas acompañadas de brócoli salteado en mantequilla- +Listo, Razor, ya están y.. ¿Para quién llevas esto ahora?. Razor dejó nuevamente un plato para Sara como agradecimiento por dejarlo usar su cocina y tomó el resto. -Para...Jean....gracias... -Dijo sin más y se fue corriendo a la sede de los caballeros de Favonius. Lisa le había dicho hace mucho sobre Jean, por un comentario que Razor había hecho de ella, no descansaba y el que él cuidara a Klee de vez en cuando, Lisa le hizo ver que era una ayuda para la Maestra Intendente, sin embargo, le pareció bien llevarle algo de comer.- -...Hmmm... -Llegando a la cede, miró los platos y, con cierta travesura, removió las verduras del plato de él y las pasó al plato de Jean, cualquiera diría que era para que ella comiera más y, si fuera cierto, la realidad era que él odiaba las verduras- -...[little.lion] -Tocó la puerta de la oficina un par de veces y, sin esperar entró, no estaba acostumbrado a las formalidades y, como entraba seguido a la Biblioteca de Lisa, le parecía normal- Traer...comida...para....Jean....
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  • "Venga... otra canción." Neo rasga las cuerdas con cuidadito en la parte más profunda de la biblioteca, justo debajo de un cartel que ponía SE RUEGA GUARDAR SILENCIO. Pero nadie le regaña, todo el mundo está escuchando, incluso la bibliotecaria.
    "Venga... otra canción." Neo rasga las cuerdas con cuidadito en la parte más profunda de la biblioteca, justo debajo de un cartel que ponía SE RUEGA GUARDAR SILENCIO. Pero nadie le regaña, todo el mundo está escuchando, incluso la bibliotecaria.
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  • -Con un uniforme que consiguio que usaría, mientras este en la biblioteca, Robin estaba leyendo uno que otro libro, estaba bastate aburrida y nada mas busca algo para entrenerse, bosteza.

    Encontró uno interesante por lo que se recarga contra una columna de libros, comenzado a ojear el contenido.-
    -Con un uniforme que consiguio que usaría, mientras este en la biblioteca, Robin estaba leyendo uno que otro libro, estaba bastate aburrida y nada mas busca algo para entrenerse, bosteza. Encontró uno interesante por lo que se recarga contra una columna de libros, comenzado a ojear el contenido.-
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  • El chico lobo se encontraba jugando con uno de los perros de Mondstadt, aquella ciudadela libre a la que visitaba muy seguido para ser instruido por Lisa, su maestra y para comer aquella famosa carne a la miel.

    Un niño llorando dejó un cartel de Se busca en el tablón de recompensas y, Razor, sintiendo curiosidad por aquel llanto se acercó al infante, miró al cartel y al niño un par de veces hasta que cruzó palabra con él, claro, su gato se había perdido huyendo asustado por uno de los perros de la ciudad. Tenía que ir a la biblioteca con Lisa para su clase del día, sin embargo optó por presentarse tarde y disculparse después. Preguntó al niño por una pertenencia del felino y le fue entregado un cascabel, lo usó para captar su aroma y ponerse a buscar.

    Su olfato lo llevó hasta uno de los techos de las casas donde efectivamente se encontraba el felino, Razor se acercó con cuidado a una distancia prudente para no asustarlo, se sentó en cuclillas y dejó el tiempo pasar, lo suficiente para que el felino se acostumbrase a él, hasta que, el mismo gato se acercó a él sintiendo curiosidad y comenzó a olerlo tal vez reconocía el olor de su cascabel, maulló y, fue la señal para Razor y tomar al gato en brazos. Razor saltó de techo en techo hasta las casas de un solo piso, las más cercanas al suelo y de ahí saltó a suelo firme. Regresó con el niño y le entregó a su gato, este feliz entregó la recompensa, dos paletas de caramelo. Como el guerrero que es aceptó la recompensa manteniendo el "honor" del pequeño pues ¿Qué más podría ofrecerle un infante?.

    Las horas ya había pasado, sin duda iba tarde a su clase con Lisa ¿Se enojaría con él? ¿Le pospondría la clase para el siguiente día? Si bien el chico vivía fuera de la ciudad y fuera de sus reglas era un hecho que respetaba a Lisa, no era una escuela con un horario al cual ir, pero si tenía ciertos días de tutela.
    El chico lobo se encontraba jugando con uno de los perros de Mondstadt, aquella ciudadela libre a la que visitaba muy seguido para ser instruido por Lisa, su maestra y para comer aquella famosa carne a la miel. Un niño llorando dejó un cartel de Se busca en el tablón de recompensas y, Razor, sintiendo curiosidad por aquel llanto se acercó al infante, miró al cartel y al niño un par de veces hasta que cruzó palabra con él, claro, su gato se había perdido huyendo asustado por uno de los perros de la ciudad. Tenía que ir a la biblioteca con Lisa para su clase del día, sin embargo optó por presentarse tarde y disculparse después. Preguntó al niño por una pertenencia del felino y le fue entregado un cascabel, lo usó para captar su aroma y ponerse a buscar. Su olfato lo llevó hasta uno de los techos de las casas donde efectivamente se encontraba el felino, Razor se acercó con cuidado a una distancia prudente para no asustarlo, se sentó en cuclillas y dejó el tiempo pasar, lo suficiente para que el felino se acostumbrase a él, hasta que, el mismo gato se acercó a él sintiendo curiosidad y comenzó a olerlo tal vez reconocía el olor de su cascabel, maulló y, fue la señal para Razor y tomar al gato en brazos. Razor saltó de techo en techo hasta las casas de un solo piso, las más cercanas al suelo y de ahí saltó a suelo firme. Regresó con el niño y le entregó a su gato, este feliz entregó la recompensa, dos paletas de caramelo. Como el guerrero que es aceptó la recompensa manteniendo el "honor" del pequeño pues ¿Qué más podría ofrecerle un infante?. Las horas ya había pasado, sin duda iba tarde a su clase con Lisa ¿Se enojaría con él? ¿Le pospondría la clase para el siguiente día? Si bien el chico vivía fuera de la ciudad y fuera de sus reglas era un hecho que respetaba a Lisa, no era una escuela con un horario al cual ir, pero si tenía ciertos días de tutela.
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  • Entonces él dijo ser su padre, y Side, quien no guardaba recuerdos de su familia, sintió la punzada de la tentación, sintió la fascinación de jugar aquel juego.

    La idea de pretender ser una buena hija.
    ¿Cómo era eso?
    ¿Cómo se sentía?

    Él tomó su mano con una calidez que no le pertenecía. No para ella.

    Su tacto era firme, convincente, lleno de una autoridad que Side no reconocía, pero tampoco rechazaba.

    No apartó la mano.
    No mostró resistencia.

    Él la condujo por los largos pasillos de la inmensa mansión, caminos retorcidos, enmarañados, antinaturales. Todo en ese lugar era elegante, meticulosamente ordenado, pero afín a su naturaleza.

    La llevó hasta la biblioteca. Decenas de estanterías se alzaban hasta el techo, repletas de libros con títulos dorados y lomos rígidos, perfectamente alineados. Un mundo de historias encerradas en palabras. Historias de otros. Historias que no eran la suya.

    Él acercó una silla, la empujó con suavidad hasta que el respaldo tocó la parte trasera de sus rodillas y la obligó a sentarse.

    — Lee —ordenó, sin mirarla, sin esperar respuesta. Y sin más, salió de la habitación, cerrando la puerta con un chasquido, la llave girando en la cerradura.

    Side no se movió de inmediato.
    El silencio era denso.

    Escuchó su propia respiración, tranquila, ajena a la solemnidad del momento.

    Extendió una mano hacia el libro más cercano y pasó los dedos por el lomo cubierto de polvo.

    “El deber filial y la moral familiar”.

    Ladeó la cabeza.

    ¿Era una burla?
    ¿Una lección?
    Una prueba, quizás.

    La idea de jugar a ser una buena hija la había seducido por un instante. Pero Side no era buena. No quedaba nada bueno en ella.

    Sonrió.
    Una sonrisa torcida, hueca.

    Tomó el libro, lo abrió sin mirarlo realmente y tomó la página por el extremo.

    Tiró y la página se desprendió.
    La tinta y el papel eran cosas frágiles.
    Como las mentiras.


    Entonces él dijo ser su padre, y Side, quien no guardaba recuerdos de su familia, sintió la punzada de la tentación, sintió la fascinación de jugar aquel juego. La idea de pretender ser una buena hija. ¿Cómo era eso? ¿Cómo se sentía? Él tomó su mano con una calidez que no le pertenecía. No para ella. Su tacto era firme, convincente, lleno de una autoridad que Side no reconocía, pero tampoco rechazaba. No apartó la mano. No mostró resistencia. Él la condujo por los largos pasillos de la inmensa mansión, caminos retorcidos, enmarañados, antinaturales. Todo en ese lugar era elegante, meticulosamente ordenado, pero afín a su naturaleza. La llevó hasta la biblioteca. Decenas de estanterías se alzaban hasta el techo, repletas de libros con títulos dorados y lomos rígidos, perfectamente alineados. Un mundo de historias encerradas en palabras. Historias de otros. Historias que no eran la suya. Él acercó una silla, la empujó con suavidad hasta que el respaldo tocó la parte trasera de sus rodillas y la obligó a sentarse. — Lee —ordenó, sin mirarla, sin esperar respuesta. Y sin más, salió de la habitación, cerrando la puerta con un chasquido, la llave girando en la cerradura. Side no se movió de inmediato. El silencio era denso. Escuchó su propia respiración, tranquila, ajena a la solemnidad del momento. Extendió una mano hacia el libro más cercano y pasó los dedos por el lomo cubierto de polvo. “El deber filial y la moral familiar”. Ladeó la cabeza. ¿Era una burla? ¿Una lección? Una prueba, quizás. La idea de jugar a ser una buena hija la había seducido por un instante. Pero Side no era buena. No quedaba nada bueno en ella. Sonrió. Una sonrisa torcida, hueca. Tomó el libro, lo abrió sin mirarlo realmente y tomó la página por el extremo. Tiró y la página se desprendió. La tinta y el papel eran cosas frágiles. Como las mentiras.
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  • Alexa recordaba a la perfección las historias que su abuela le contaba cuando era niña cada vez que visitaba su casa, le resultaba imposible separarse de ella. Su abuela era una mujer hermosa, con cabello platinado y ojos de un azul profundo. Siempre, antes de dormir, le relataba las leyendas de su pueblo. Para los humanos, quizá eran simples cuentos de hadas; otros podrían pensar que eran fantasías, mitos o leyendas. Pero para la gente de Alexa, esas historias eran el pilar de todo lo que creían. Su abuela le hablaba de los dioses, pero sus favoritas siempre eran las leyendas sobre la diosa de la luna.

    En el pueblo, la conocían como la guardiana de las escrituras sagradas, y sus padres siempre decían que era la mejor sanadora de la aldea. Alexa, en ese entonces, no comprendía la posición social de su familia ni sabía que formaban parte de la nobleza del reino fae. Para ella, su abuela era simplemente la mujer más divertida e inteligente del mundo. Aunque solo era una niña de cuatro o cinco años, con el tiempo entendió que aquellas palabras no eran simples historias para dormir, cada palabra cobró significado y se reveló como una verdad indiscutible.

    Cuando su abuela hablaba, parecía recitar las historias directamente de un libro que llevaba en su mente. En alguna ocasión, Alexa visitó la biblioteca de su hogar, llena de libros en miles de idiomas, de diferentes culturas, todos hablando sobre los mismos dioses, aunque con diferentes nombres. Aún recordaba la historia favorita de su abuela, que también se convirtió en su preferida. La primera vez que se la contó fue cuando Alexa llegó llorando a casa porque unos niños, hijos de otros nobles, le dijeron que su cabello blanco y su piel pálida eran horribles. Alexa, desesperada, suplicó a su abuela que cambiara su cabello, que ya no quería tenerlo blanco, la mujer la sentó en su regazo, acariciando su cabello con ternura. Con una voz llena de amor, le explicó que su apariencia era una bendición de la madre luna, tomó un libro de portada azul con grabados plateados, cuyas ilustraciones parecían mágicas, como si las fases lunares y la silueta de una bella mujer se movieran. El libro, claramente viejo y valioso, estaba lleno de notas, recortes, dibujos e imágenes. En sus primeras páginas, estaba escrita una historia sobre la creación del mundo. Su abuela comenzó a leer:

    "Verás, mi niña, al principio todo era vacío, pero de repente surgió la luz, la vida, la creación. Sin embargo, todo debe tener equilibrio, así que junto a ellos nació la oscuridad, la muerte y la destrucción. Hermanos de una misma energía, se convirtieron en seres de infinito poder. Juntos, crearon cada cosa que existe en el mundo: el cielo, nacido de la luz y la oscuridad; la tierra, el mar, los animales, todos creados por la vida y destinados a la muerte cuando llegara su momento. Los años pasaron, y nuevas deidades nacieron, uniéndose al resto. El cielo tuvo tres hijos a quienes les dieron sus propias tareas: el sol, la luna y las estrellas. Selene, hija del cielo y diosa de la luna, encargada de velar por las noches, vio cómo los humanos comenzaron a rendirle culto y los bendijo con habilidades mágicas, naciendo así las hadas y elfos de luna. Un día, al descender a la tierra y ver que carecían de guía y protección, decidió darles una parte de ella, enviando a sus hijos con la misión de guiar, proteger y cuidar al pueblo de la luna. Con habilidades superiores, de cabello platinado, ojos azules y piel blanca como la nieve, eran inconfundibles entre otros seguidores de la luna. Como todos los hijos de dioses, se unieron a mortales, dando lugar al linaje de la luna. Pero solo algunos fueron bendecidos con las habilidades y características físicas de la diosa; a estos se les llamó hijos de la luna. Algunos creen que los dioses unen las almas de unos pocos elegidos para encontrarse en la tierra. No era de extrañar que siempre dos hijos de la luna terminaran enamorados, enviados del cielo y elegidos por la madre luna para estar juntos, con un amor inquebrantable y puro, capaz de vencer cualquier adversidad."

    Al terminar la historia, Alexa quedó fascinada. Su abuela, entonces, la miró con seriedad y le dijo con firmeza: "Jamás reniegues de tu aspecto, cariño. Es una bendición. Nuestra madre te eligió como una digna hija suya y te bendijo con habilidades inigualables. Viniste a este mundo con un propósito, una misión, y quién sabe, tal vez también te eligió un compañero."

    Esa historia se la repitió tantas veces que Alexa comenzó a anhelar descubrir cuál sería la misión que la madre luna tenía reservada para ella. Jamás pensó que dicha misión la llevaría a la mayor batalla que los siete reinos habían presenciado jamás, y que el hombre al que tendría que enfrentarse sería, nada más y nada menos, que el compañero que la luna había elegido para ella.

    Alexa recordaba a la perfección las historias que su abuela le contaba cuando era niña cada vez que visitaba su casa, le resultaba imposible separarse de ella. Su abuela era una mujer hermosa, con cabello platinado y ojos de un azul profundo. Siempre, antes de dormir, le relataba las leyendas de su pueblo. Para los humanos, quizá eran simples cuentos de hadas; otros podrían pensar que eran fantasías, mitos o leyendas. Pero para la gente de Alexa, esas historias eran el pilar de todo lo que creían. Su abuela le hablaba de los dioses, pero sus favoritas siempre eran las leyendas sobre la diosa de la luna. En el pueblo, la conocían como la guardiana de las escrituras sagradas, y sus padres siempre decían que era la mejor sanadora de la aldea. Alexa, en ese entonces, no comprendía la posición social de su familia ni sabía que formaban parte de la nobleza del reino fae. Para ella, su abuela era simplemente la mujer más divertida e inteligente del mundo. Aunque solo era una niña de cuatro o cinco años, con el tiempo entendió que aquellas palabras no eran simples historias para dormir, cada palabra cobró significado y se reveló como una verdad indiscutible. Cuando su abuela hablaba, parecía recitar las historias directamente de un libro que llevaba en su mente. En alguna ocasión, Alexa visitó la biblioteca de su hogar, llena de libros en miles de idiomas, de diferentes culturas, todos hablando sobre los mismos dioses, aunque con diferentes nombres. Aún recordaba la historia favorita de su abuela, que también se convirtió en su preferida. La primera vez que se la contó fue cuando Alexa llegó llorando a casa porque unos niños, hijos de otros nobles, le dijeron que su cabello blanco y su piel pálida eran horribles. Alexa, desesperada, suplicó a su abuela que cambiara su cabello, que ya no quería tenerlo blanco, la mujer la sentó en su regazo, acariciando su cabello con ternura. Con una voz llena de amor, le explicó que su apariencia era una bendición de la madre luna, tomó un libro de portada azul con grabados plateados, cuyas ilustraciones parecían mágicas, como si las fases lunares y la silueta de una bella mujer se movieran. El libro, claramente viejo y valioso, estaba lleno de notas, recortes, dibujos e imágenes. En sus primeras páginas, estaba escrita una historia sobre la creación del mundo. Su abuela comenzó a leer: "Verás, mi niña, al principio todo era vacío, pero de repente surgió la luz, la vida, la creación. Sin embargo, todo debe tener equilibrio, así que junto a ellos nació la oscuridad, la muerte y la destrucción. Hermanos de una misma energía, se convirtieron en seres de infinito poder. Juntos, crearon cada cosa que existe en el mundo: el cielo, nacido de la luz y la oscuridad; la tierra, el mar, los animales, todos creados por la vida y destinados a la muerte cuando llegara su momento. Los años pasaron, y nuevas deidades nacieron, uniéndose al resto. El cielo tuvo tres hijos a quienes les dieron sus propias tareas: el sol, la luna y las estrellas. Selene, hija del cielo y diosa de la luna, encargada de velar por las noches, vio cómo los humanos comenzaron a rendirle culto y los bendijo con habilidades mágicas, naciendo así las hadas y elfos de luna. Un día, al descender a la tierra y ver que carecían de guía y protección, decidió darles una parte de ella, enviando a sus hijos con la misión de guiar, proteger y cuidar al pueblo de la luna. Con habilidades superiores, de cabello platinado, ojos azules y piel blanca como la nieve, eran inconfundibles entre otros seguidores de la luna. Como todos los hijos de dioses, se unieron a mortales, dando lugar al linaje de la luna. Pero solo algunos fueron bendecidos con las habilidades y características físicas de la diosa; a estos se les llamó hijos de la luna. Algunos creen que los dioses unen las almas de unos pocos elegidos para encontrarse en la tierra. No era de extrañar que siempre dos hijos de la luna terminaran enamorados, enviados del cielo y elegidos por la madre luna para estar juntos, con un amor inquebrantable y puro, capaz de vencer cualquier adversidad." Al terminar la historia, Alexa quedó fascinada. Su abuela, entonces, la miró con seriedad y le dijo con firmeza: "Jamás reniegues de tu aspecto, cariño. Es una bendición. Nuestra madre te eligió como una digna hija suya y te bendijo con habilidades inigualables. Viniste a este mundo con un propósito, una misión, y quién sabe, tal vez también te eligió un compañero." Esa historia se la repitió tantas veces que Alexa comenzó a anhelar descubrir cuál sería la misión que la madre luna tenía reservada para ella. Jamás pensó que dicha misión la llevaría a la mayor batalla que los siete reinos habían presenciado jamás, y que el hombre al que tendría que enfrentarse sería, nada más y nada menos, que el compañero que la luna había elegido para ella.
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  • [ROL LIBRE]

    Sacudir, administrar las pociones, rociar con agua del estanque mágico las plantas, cosechar las margaritas para crear mas pociones antiespectros... ¡Oh cielos! En estos momentos me gustaría tanto tener un asistente.

    ~ Suspiro la mujer con pesadez mientras comtemplaba en silencio todo el pequeño caos que tenía en su estudio privado, mucha gente pensaria que por ser una bruja usaría su magia para acabar rápido con todo, pero las veces que la habia usado para algo asi resultaba aun peor, una vez incluso el director de la academia de magia en donde trabajaba la castigo por que ella quiso limpiar la biblioteca con magia, pero resultó que habia invocado mal el hechizo, lo cual provoco que los fantasmas que tenían encerrados en frascos magicos fueran liberados, siendo toda la culpa de ella.

    No perderia más el tiempo en recordar fracasos absurdos, tomo una pila grande de libros y comenzo a acomodarlos en el estante cercano. ~
    [ROL LIBRE] Sacudir, administrar las pociones, rociar con agua del estanque mágico las plantas, cosechar las margaritas para crear mas pociones antiespectros... ¡Oh cielos! En estos momentos me gustaría tanto tener un asistente. ~ Suspiro la mujer con pesadez mientras comtemplaba en silencio todo el pequeño caos que tenía en su estudio privado, mucha gente pensaria que por ser una bruja usaría su magia para acabar rápido con todo, pero las veces que la habia usado para algo asi resultaba aun peor, una vez incluso el director de la academia de magia en donde trabajaba la castigo por que ella quiso limpiar la biblioteca con magia, pero resultó que habia invocado mal el hechizo, lo cual provoco que los fantasmas que tenían encerrados en frascos magicos fueran liberados, siendo toda la culpa de ella. No perderia más el tiempo en recordar fracasos absurdos, tomo una pila grande de libros y comenzo a acomodarlos en el estante cercano. ~
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  • La biblioteca infinita era un lugar que, a simple vista, podría haber sido impresionante. Estanterías que se extendían hasta donde el ojo no podía alcanzar, libros que se apilaban sin fin en pasillos interminables. Pero, sinceramente, ya me estaba aburriendo. ¿Cuánto tiempo llevaba aquí? ¿Horas? ¿Días? ¿Eones? No lo sabía, y la verdad, no me importaba. Lo único que deseaba en ese momento era un descanso, algo para distraerme de la nada constante que me rodeaba.

    Miré a mi alrededor. Los libros, aunque en su mayoría parecían antiguos, no me decían nada. Había algo desolado en todo eso, como si el conocimiento aquí almacenado ya no tuviera propósito. Decidí que no iba a investigar. No ahora. No con esta paz extraña que me envolvía. Me dejé caer sobre una silla, recostándome hacia atrás, mirando al techo… que, por supuesto, también era blanco. Un suspiro escapó de mis labios.

    Entonces, sin darme cuenta, una pequeña esfera de energía apareció entre mis manos. Una chispa juguetona, un capricho. Empecé a jugar con ella, lanzándola de una mano a la otra, viéndola girar y vibrar. Pero algo me dio curiosidad, y decidí que no podía quedarme con algo tan simple.

    No lo pensé dos veces. Lo tomé con una mano invisible y lo lancé al aire, observando cómo danzaba. Se movía en espirales, absorbiendo todo a su paso, pero de alguna manera, no destruía nada, solo… se divertía con la materia. Como si fuera una pelotita de energía oscura. La giré en mis manos como un niño con un juguete nuevo, haciéndola flotar de un lado a otro, riendo suavemente mientras lo hacía.

    —¡Esto es mucho más divertido que leer libros! —exclamé en voz alta, disfrutando del momento.

    Me acomodé en mi silla, lanzando y atrapando el agujero negro sin prisa, sin preocupaciones. En este lugar tan vacío y blanco, al menos tenía mi propia forma de entretenerme. Al final, siempre puedo hacer mi propio caos, aunque sea un caos pequeño y juguetón.
    La biblioteca infinita era un lugar que, a simple vista, podría haber sido impresionante. Estanterías que se extendían hasta donde el ojo no podía alcanzar, libros que se apilaban sin fin en pasillos interminables. Pero, sinceramente, ya me estaba aburriendo. ¿Cuánto tiempo llevaba aquí? ¿Horas? ¿Días? ¿Eones? No lo sabía, y la verdad, no me importaba. Lo único que deseaba en ese momento era un descanso, algo para distraerme de la nada constante que me rodeaba. Miré a mi alrededor. Los libros, aunque en su mayoría parecían antiguos, no me decían nada. Había algo desolado en todo eso, como si el conocimiento aquí almacenado ya no tuviera propósito. Decidí que no iba a investigar. No ahora. No con esta paz extraña que me envolvía. Me dejé caer sobre una silla, recostándome hacia atrás, mirando al techo… que, por supuesto, también era blanco. Un suspiro escapó de mis labios. Entonces, sin darme cuenta, una pequeña esfera de energía apareció entre mis manos. Una chispa juguetona, un capricho. Empecé a jugar con ella, lanzándola de una mano a la otra, viéndola girar y vibrar. Pero algo me dio curiosidad, y decidí que no podía quedarme con algo tan simple. No lo pensé dos veces. Lo tomé con una mano invisible y lo lancé al aire, observando cómo danzaba. Se movía en espirales, absorbiendo todo a su paso, pero de alguna manera, no destruía nada, solo… se divertía con la materia. Como si fuera una pelotita de energía oscura. La giré en mis manos como un niño con un juguete nuevo, haciéndola flotar de un lado a otro, riendo suavemente mientras lo hacía. —¡Esto es mucho más divertido que leer libros! —exclamé en voz alta, disfrutando del momento. Me acomodé en mi silla, lanzando y atrapando el agujero negro sin prisa, sin preocupaciones. En este lugar tan vacío y blanco, al menos tenía mi propia forma de entretenerme. Al final, siempre puedo hacer mi propio caos, aunque sea un caos pequeño y juguetón.
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  • No pude aguantar y me meti a una biblioteca a leer
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  • Había pasado la tarde en la floristería, buscando algunas plantas nuevas para la biblioteca, cuando un suave gorjeo llamó mi atención. En una pequeña jaula, entre el verdor de las enredaderas y los lirios en flor, una cotorra azul me observaba con curiosidad, ladeando la cabeza de un lado a otro. Sus plumas tenían un tono celeste vibrante

    —Eres un pequeño curioso, ¿no es así? —murmuré, acercando un dedo a los barrotes de su jaula. Para mi sorpresa, no se alejó. Al contrario, trepó con sus diminutas patitas y soltó un suave piar que, de alguna forma, me hizo sonreír.

    No tardé mucho en tomar una decisión. Una hora después, ya estaba en casa con una pequeña caja de cartón y un nuevo habitante en mi hogar. Lo dejé salir con cuidado, viendo cómo extendía sus alas y se acomodaba en la repisa de la ventana.

    —Bienvenido a casa, pequeño. —
    Había pasado la tarde en la floristería, buscando algunas plantas nuevas para la biblioteca, cuando un suave gorjeo llamó mi atención. En una pequeña jaula, entre el verdor de las enredaderas y los lirios en flor, una cotorra azul me observaba con curiosidad, ladeando la cabeza de un lado a otro. Sus plumas tenían un tono celeste vibrante —Eres un pequeño curioso, ¿no es así? —murmuré, acercando un dedo a los barrotes de su jaula. Para mi sorpresa, no se alejó. Al contrario, trepó con sus diminutas patitas y soltó un suave piar que, de alguna forma, me hizo sonreír. No tardé mucho en tomar una decisión. Una hora después, ya estaba en casa con una pequeña caja de cartón y un nuevo habitante en mi hogar. Lo dejé salir con cuidado, viendo cómo extendía sus alas y se acomodaba en la repisa de la ventana. —Bienvenido a casa, pequeño. —
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